{"id":5315,"date":"2022-02-02T00:01:39","date_gmt":"2022-02-02T06:01:39","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=5315"},"modified":"2022-03-17T17:03:04","modified_gmt":"2022-03-17T23:03:04","slug":"moradas-del-castillo-interior","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=5315","title":{"rendered":"Moradas del castillo interior"},"content":{"rendered":"<p><strong><a id=\"topM\"><\/a>\u00cdndice: Santa Teresa de Jes\u00fas, <em>Moradas del Castillo interior<\/em><\/strong><\/p>\n<p><a href=\"#MProl\"><strong>Pr\u00f3logo<\/strong><\/a><br \/>\n<strong><br \/>\n<a href=\"#M11\">Moradas primeras<\/a><\/strong><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M11\">Cap\u00edtulo 1<\/a><\/strong><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M12\">Cap\u00edtulo 2<\/a><\/strong><\/p>\n<p><a href=\"#M21\"><strong>Moradas segundas<\/strong><\/a><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M21\">Cap\u00edtulo \u00fanico<\/a><\/strong><\/p>\n<p><a href=\"#M31\"><strong>Terceras moradas<\/strong><\/a><br \/>\n<strong>\u00a0<a href=\"#M31\"> Cap\u00edtulo 1<\/a><\/strong><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M32\">Cap\u00edtulo 2<\/a><\/strong><\/p>\n<p><a href=\"#M41\"><strong>Cuartas moradas<\/strong><\/a><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M41\">Cap\u00edtulo 1<\/a><\/strong><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M42\">Cap\u00edtulo 2<\/a><\/strong><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M43\">Cap\u00edtulo 3<\/a><\/strong><\/p>\n<p><a href=\"#M51\"><strong>Moradas quintas<\/strong><\/a><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M51\">Cap\u00edtulo 1<\/a><\/strong><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M52\">Cap\u00edtulo 2<\/a><\/strong><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M53\">Cap\u00edtulo 3<\/a><\/strong><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M54\">Cap\u00edtulo 4<\/a><\/strong><\/p>\n<p><a href=\"#M61\"><strong>Moradas sextas<\/strong><\/a><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M61\">Cap\u00edtulo 1<\/a><\/strong><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M62\">Cap\u00edtulo 2<\/a><\/strong><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M63\">Cap\u00edtulo 3<\/a><\/strong><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M64\">Cap\u00edtulo 4<\/a><\/strong><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M65\">Cap\u00edtulo 5<\/a><\/strong><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M66\">Cap\u00edtulo 6<\/a><\/strong><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M67\">Cap\u00edtulo 7<\/a><\/strong><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M68\">Cap\u00edtulo 8<\/a><\/strong><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M69\">Cap\u00edtulo 9<\/a><\/strong><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M610\">Cap\u00edtulo 10<\/a><\/strong><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M611\">Cap\u00edtulo 11<\/a><\/strong><\/p>\n<p><a href=\"#M71\"><strong>S\u00e9ptimas moradas<\/strong><\/a><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M71\">Cap\u00edtulo 1<\/a><\/strong><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M72\">Cap\u00edtulo 2<\/a><\/strong><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M73\">Cap\u00edtulo 3<\/a><\/strong><br \/>\n<strong>\u00a0 <a href=\"#M73\">Cap\u00edtulo 4<\/a><\/strong><\/p>\n<p><a href=\"#MEpi\"><strong>Ep\u00edlogo<\/strong><\/a><\/p>\n<p><strong>Moradas del castillo interior<\/strong><br \/>\n<strong>Santa Teresa de Jes\u00fas<\/strong><\/p>\n<p>JHS<\/p>\n<p><strong><a id=\"MProl\"><\/a>Pr\u00f3logo<\/strong><\/p>\n<p>Este tratado, llamado Castillo interior escribi\u00f3 Teresa de Jes\u00fas, monja de nuestra Se\u00f1ora del Carmen, a sus hermanas e hijas las monjas Carmelitas Descalzas.<\/p>\n<p>JHS<\/p>\n<p>1. Pocas cosas que me ha mandado la obediencia, se me han hecho tan dificultosas como escribir ahora cosas de oraci\u00f3n; lo uno, porque no me parece me da el Se\u00f1or esp\u00edritu para hacerlo ni deseo; lo otro, por tener la cabeza tres meses ha con un ruido y flaqueza tan grande, que aun los negocios forzosos escribo con pena. Mas, entendiendo que la fuerza de la obediencia suele allanar cosas que parecen imposibles, la voluntad se determina a hacerlo muy de buena gana, aunque el natural parece que se aflige mucho; porque no me ha dado el Se\u00f1or tanta virtud que el pelear con la enfermedad continua y con ocupaciones de muchas maneras se pueda hacer sin gran contradicci\u00f3n suya. H\u00e1galo el que ha hecho otras cosas m\u00e1s dificultosas por hacerme merced, en cuya misericordia conf\u00edo.<\/p>\n<p>2. Bien creo he de saber decir poco m\u00e1s que lo que he dicho en otras cosas que me han mandado escribir, antes temo que han de ser casi todas las mismas; porque as\u00ed como los p\u00e1jaros que ense\u00f1an a hablar no saben m\u00e1s de lo que les muestran u oyen, y esto repiten muchas veces, soy yo al pie de la letra.<\/p>\n<p>Si el Se\u00f1or quisiere diga algo nuevo, Su Majestad lo dar\u00e1 o ser\u00e1 servido traerme a la memoria lo que otras veces he dicho, que aun con esto me contentar\u00eda, por tenerla tan mala que me holgar\u00eda de atinar a algunas cosas que dec\u00edan estaban bien dichas, por si se hubieren perdido.<\/p>\n<p>Si tampoco me diere el Se\u00f1or esto, con cansarme y acrecentar el mal de cabeza por obediencia, quedar\u00e9 con ganancia, aunque de lo que dijere no se saque ning\u00fan provecho.<\/p>\n<p>3. Y as\u00ed, comienzo a cumplirla hoy, d\u00eda de la Sant\u00edsima Trinidad, a\u00f1o de 1577 en este monasterio de San Jos\u00e9 del Carmen en Toledo adonde al presente estoy, sujet\u00e1ndome en todo lo que dijere al parecer de quien me lo manda escribir, que son personas de grandes letras.<\/p>\n<p>4. Si alguna cosa dijere que no vaya conforme a lo que tiene la santa Iglesia Cat\u00f3lica Romana, ser\u00e1 por ignorancia y no por malicia. Esto se puede tener por cierto, y que siempre estoy y estar\u00e9 sujeta por la bondad de Dios, y lo he estado a ella. Sea por siempre bendito, am\u00e9n, y glorificado.<\/p>\n<p>5. D\u00edjome quien me mand\u00f3 escribir que como estas monjas de estos monasterios de nuestra Se\u00f1ora del Carmen tienen necesidad de quien algunas dudas de oraci\u00f3n las declare, y que le parec\u00eda que mejor se entienden el lenguaje unas mujeres de otras, y con el amor que me tienen les har\u00eda m\u00e1s al caso lo que yo les dijese, tiene entendido por esta causa ser\u00e1 de alguna importancia, si se acierta a decir alguna cosa; y por esto ir\u00e9 hablando con ellas en lo que escribir\u00e9, y porque parece desatino pensar que puede hacer al caso a otras personas. Harta merced me har\u00e1 nuestro Se\u00f1or, si alguna de ellas se aprovechare para alabarle alg\u00fan poquito m\u00e1s: bien sabe Su Majestad que yo no pretendo otra cosa; y est\u00e1 muy claro que, cuando algo se atinare a decir, entender\u00e1n no es m\u00edo, pues no hay causa para ello, si no fuere tener tan poco entendimiento como yo habilidad para cosas semejantes, si el Se\u00f1or por su misericordia no la da.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M11\"><\/a>Moradas primeras<\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M11\"><\/a>Cap\u00edtulo 1<\/strong><br \/>\nEn que trata de la hermosura y dignidad de nuestras almas. Pone una comparaci\u00f3n para entenderse, y dice la ganancia que es entenderla y saber las mercedes que recibimos de Dios. C\u00f3mo la puerta de este castillo es la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. Estando hoy suplicando a nuestro Se\u00f1or hablase por m\u00ed, porque yo no atinaba a cosa que decir ni c\u00f3mo comenzar a cumplir esta obediencia, se me ofreci\u00f3 lo que ahora dir\u00e9, para comenzar con alg\u00fan fundamento: que es considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, as\u00ed como en el cielo hay muchas moradas. Que si bien lo consideramos, hermanas, no es otra cosa el alma del justo sino un para\u00edso adonde dice El tiene sus deleites. Pues \u00bfqu\u00e9 tal os parece que ser\u00e1 el aposento adonde un Rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita? No hallo yo cosa con que comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad; y verdaderamente apenas deben llegar nuestros entendimientos, por agudos que fuesen, a comprenderla, as\u00ed como no pueden llegar a considerar a Dios, pues El mismo dice que nos cri\u00f3 a su imagen y semejanza.<\/p>\n<p>Pues si esto es, como lo es, no hay para qu\u00e9 nos cansar en querer comprender la hermosura de este castillo; porque puesto que hay la diferencia de \u00e9l a Dios que del Criador a la criatura, pues es criatura, basta decir Su Majestad que es hecha a su imagen para que apenas podamos entender la gran dignidad y hermosura del \u00e1nima.<\/p>\n<p>2. No es peque\u00f1a l\u00e1stima y confusi\u00f3n que, por nuestra culpa, no entendamos a nosotros mismos ni sepamos qui\u00e9n somos. \u00bfNo ser\u00eda gran ignorancia, hijas m\u00edas, que preguntasen a uno qui\u00e9n es, y no se conociese ni supiese qui\u00e9n fue su padre ni su madre ni de qu\u00e9 tierra? Pues si esto ser\u00eda gran bestialidad, sin comparaci\u00f3n es mayor la que hay en nosotras cuando no procuramos saber qu\u00e9 cosa somos, sino que nos detenemos en estos cuerpos, y as\u00ed a bulto, porque lo hemos o\u00eddo y porque nos lo dice la fe, sabemos que tenemos almas. Mas qu\u00e9 bienes puede haber en esta alma o qui\u00e9n est\u00e1 dentro en esta alma o el gran valor de ella, pocas veces lo consideramos; y as\u00ed se tiene en tan poco procurar con todo cuidado conservar su hermosura: todo se nos va en la groser\u00eda del engaste o cerca de este castillo, que son estos cuerpos.<\/p>\n<p>3. Pues consideremos que este castillo tiene -como he dicho- muchas moradas, unas en lo alto, otras en bajo, otras a los lados; y en el centro y mitad de todas \u00e9stas tiene la m\u00e1s principal, que es adonde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma.<\/p>\n<p>Es menester que vay\u00e1is advertidas a esta comparaci\u00f3n. Quiz\u00e1 ser\u00e1 Dios servido pueda por ella daros algo a entender de las mercedes que es Dios servido hacer a las almas y las diferencias que hay en ellas, hasta donde yo hubiere entendido que es posible; que todas ser\u00e1 imposible entenderlas nadie, seg\u00fan son muchas, cu\u00e1nto m\u00e1s quien es tan ruin como yo; porque os ser\u00e1 gran consuelo, cuando el Se\u00f1or os las hiciere, saber que es posible; y a quien no, para alabar su gran bondad; que as\u00ed como no nos hace da\u00f1o considerar las cosas que hay en el cielo y lo que gozan los bienaventurados, antes nos alegramos y procuramos alcanzar lo que ellos gozan, tampoco nos har\u00e1 ver que es posible en este destierro comunicarse un tan gran Dios con unos gusanos tan llenos de mal olor; y amar una bondad tan buena y una misericordia tan sin tasa. Tengo por cierto que a quien hiciere da\u00f1o entender que es posible hacer Dios esta merced en este destierro, que estar\u00e1 muy falta de humildad y del amor del pr\u00f3jimo; porque si esto no es, \u00bfc\u00f3mo nos podemos dejar de holgar de que haga Dios estas mercedes a un hermano nuestro, pues no impide para hac\u00e9rnoslas a nosotras, y de que Su Majestad d\u00e9 a entender sus grandezas, sea en quien fuere? Que algunas veces ser\u00e1 s\u00f3lo por mostrarlas, como dijo del ciego que dio vista, cuando le preguntaron los ap\u00f3stoles si era por sus pecados o de sus padres. Y as\u00ed acaece no las hacer por ser m\u00e1s santos a quien las hace que a los que no, sino porque se conozca su grandeza, como vemos en San Pablo y la Magdalena, y para que nosotros le alabemos en sus criaturas.<\/p>\n<p>4. Podr\u00e1se decir que parecen cosas imposibles y que es bien no escandalizar los flacos. &#8211; Menos se pierde en que ellos no lo crean, que no en que se dejen de aprovechar a los que Dios las hace; y se regalar\u00e1n y despertar\u00e1n a m\u00e1s amar a quien hace tantas misericordias, siendo tan grande su poder y majestad; cu\u00e1nto m\u00e1s que s\u00e9 que hablo con quien no habr\u00e1 este peligro, porque saben y creen que hace Dios aun muy mayores muestras de amor. Yo s\u00e9 que quien esto no creyere no lo ver\u00e1 por experiencia, porque es muy amigo de que no pongan tasa a sus obras, y as\u00ed, hermanas, jam\u00e1s os acaezca a las que el Se\u00f1or no llevare por este camino.<\/p>\n<p>5. Pues tornando a nuestro hermoso y deleitoso castillo, hemos de ver c\u00f3mo podremos entrar en \u00e9l. Parece que digo alg\u00fan disparate; porque si este castillo es el \u00e1nima claro est\u00e1 que no hay para qu\u00e9 entrar, pues se es \u00e9l mismo; como parecer\u00eda desatino decir a uno que entrase en una pieza estando ya dentro. &#8211; Mas hab\u00e9is de entender que va mucho de estar a estar; que hay muchas almas que se est\u00e1n en la ronda del castillo que es adonde est\u00e1n los que le guardan, y que no se les da nada de entrar dentro ni saben qu\u00e9 hay en aquel tan precioso lugar ni qui\u00e9n est\u00e1 dentro ni aun qu\u00e9 piezas tiene. Ya habr\u00e9is o\u00eddo en algunos libros de oraci\u00f3n aconsejar al alma que entre dentro de s\u00ed; pues esto mismo es.<\/p>\n<p>6. Dec\u00edame poco ha un gran letrado que son las almas que no tienen oraci\u00f3n como un cuerpo con perles\u00eda o tullido, que aunque tiene pies y manos no los puede mandar; que as\u00ed son, que hay almas tan enfermas y mostradas a estarse en cosas exteriores, que no hay remedio ni parece que pueden entrar dentro de s\u00ed; porque ya la costumbre la tiene tal de haber siempre tratado con las sabandijas y bestias que est\u00e1n en el cerco del castillo, que ya casi est\u00e1 hecha como ellas, y con ser de natural tan rica y poder tener su conversaci\u00f3n no menos que con Dios, no hay remedio. Y si estas almas no procuran entender y remediar su gran miseria, quedarse han hechas estatuas de sal por no volver la cabeza hacia s\u00ed, as\u00ed como lo qued\u00f3 la mujer de Lot por volverla.<\/p>\n<p>7. Porque, a cuanto yo puedo entender, la puerta para entrar en este castillo es la oraci\u00f3n y consideraci\u00f3n, no digo m\u00e1s mental que vocal, que como sea oraci\u00f3n ha de ser con consideraci\u00f3n; porque la que no advierte con qui\u00e9n habla y lo que pide y qui\u00e9n es quien pide y a qui\u00e9n, no la llamo yo oraci\u00f3n, aunque mucho menee los labios; porque aunque algunas veces s\u00ed ser\u00e1, aunque no lleve este cuidado, mas es habi\u00e9ndole llevado otras. Mas quien tuviese de costumbre hablar con la majestad de Dios como hablar\u00eda con su esclavo, que ni mira si dice mal, sino lo que se le viene a la boca y tiene deprendido por hacerlo otras veces, no la tengo por oraci\u00f3n, ni plega a Dios que ning\u00fan cristiano la tenga de esta suerte; que entre vosotras, hermanas, espero en Su Majestad no lo habr\u00e1, por la costumbre que hay de tratar de cosas interiores, que es harto bueno para no caer en semejante bestialidad.<\/p>\n<p>8. Pues no hablemos con estas almas tullidas, que si no viene el mismo Se\u00f1or a mandarlas se levanten -como al que hab\u00eda treinta a\u00f1os que estaba en la piscina-, tienen harta malaventura y gran peligro, sino con otras almas que, en fin, entran en el castillo; porque aunque est\u00e1n muy metidas en el mundo, tienen buenos deseos, y alguna vez, aunque de tarde en tarde, se encomiendan a nuestro Se\u00f1or y consideran qui\u00e9n son, aunque no muy despacio; alguna vez en un mes rezan llenos de mil negocios, el pensamiento casi lo ordinario en esto, porque est\u00e1n tan asidos a ellos, que como adonde est\u00e1 su tesoro se va all\u00e1 el coraz\u00f3n, ponen por s\u00ed algunas veces de desocuparse, y es gran cosa el propio conocimiento y ver que no van bien para atinar a la puerta. En fin, entran en las primeras piezas de las bajas; mas entran con ellos tantas sabandijas, que ni le dejan ver la hermosura del castillo, ni sosegar; harto hacen en haber entrado.<\/p>\n<p>9. Pareceros ha, hijas, que es esto impertinente, pues por la bondad del Se\u00f1or no sois de \u00e9stas. &#8211; Hab\u00e9is de tener paciencia, porque no sabr\u00e9 dar a entender, como yo tengo entendido, algunas cosas interiores de oraci\u00f3n si no es as\u00ed, y aun plega al Se\u00f1or que atine a decir algo, porque es bien dificultoso lo que querr\u00eda daros a entender, si no hay experiencia; si la hay, ver\u00e9is que no se puede hacer menos de tocar en lo que plega al Se\u00f1or no nos toque por su misericordia.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><a id=\"M12\"><\/a><strong><a>Cap\u00edtulo 2<\/a><\/strong><br \/>\nTrata de cu\u00e1n fea cosa es un alma que est\u00e1 en pecado mortal y c\u00f3mo quiso Dios dar a entender algo de esto a una persona. &#8211; Trata tambi\u00e9n algo sobre el propio conocimiento. &#8211; Es de provecho, porque hay algunos puntos de notar. &#8211; Dice c\u00f3mo se han de entender estas moradas.<\/p>\n<p>1. Antes que pase adelante, os quiero decir que consider\u00e9is qu\u00e9 ser\u00e1 ver este castillo tan resplandeciente y hermoso, esta perla oriental, este \u00e1rbol de vida que est\u00e1 plantado en las mismas aguas vivas de la vida, que es Dios, cuando cae en un pecado mortal: no hay tinieblas m\u00e1s tenebrosas, ni cosa tan oscura y negra, que no lo est\u00e9 mucho m\u00e1s. No quer\u00e1is m\u00e1s saber de que, con estarse el mismo sol que le daba tanto resplandor y hermosura todav\u00eda en el centro de su alma, es como si all\u00ed no estuviese para participar de El, con ser tan capaz para gozar de Su Majestad como el cristal para resplandecer en \u00e9l el sol. Ninguna cosa le aprovecha; y de aqu\u00ed viene que todas las buenas obras que hiciere, estando as\u00ed en pecado mortal, son de ning\u00fan fruto para alcanzar gloria; porque no procediendo de aquel principio, que es Dios, de donde nuestra virtud es virtud, y apart\u00e1ndonos de El, no puede ser agradable a sus ojos; pues, en fin, el intento de quien hace un pecado mortal no es contentarle, sino hacer placer al demonio, que como es las mismas tinieblas, as\u00ed la pobre alma queda hecha una misma tiniebla.<\/p>\n<p>2. Yo s\u00e9 de una persona a quien quiso nuestro Se\u00f1or mostrar c\u00f3mo quedaba un alma cuando pecaba mortalmente. Dice aquella persona que le parece si lo entendiesen no ser\u00eda posible ninguno pecar, aunque se pusiese a mayores trabajos que se pueden pensar por huir de las ocasiones. Y as\u00ed le dio mucha gana que todos lo entendieran; y as\u00ed os la d\u00e9 a vosotras, hijas, de rogar mucho a Dios por los que est\u00e1n en este estado, todos hechos una oscuridad, y as\u00ed son sus obras; porque as\u00ed como de una fuente muy clara lo son todos los arroyicos que salen de ella, como es un alma que est\u00e1 en gracia, que de aqu\u00ed le viene ser sus obras tan agradables a los ojos de Dios y de los hombres, porque proceden de esta fuente de vida, adonde el alma est\u00e1 como un \u00e1rbol plantado en ella, que la frescura y fruto no tuviera si no le procediere de all\u00ed, que esto le sustenta y hace no secarse y que d\u00e9 buen fruto; as\u00ed el alma que por su culpa se aparta de esta fuente y se planta en otra de muy negr\u00edsima agua y de muy mal olor, todo lo que corre de ella es la misma desventura y suciedad.<\/p>\n<p>3. Es de considerar aqu\u00ed que la fuente y aquel sol resplandeciente que est\u00e1 en el centro del alma no pierde su resplandor y hermosura que siempre est\u00e1 dentro de ella, y cosa no puede quitar su hermosura. Mas si sobre un cristal que est\u00e1 al sol se pusiese un pa\u00f1o muy negro, claro est\u00e1 que, aunque el sol d\u00e9 en \u00e9l, no har\u00e1 su claridad operaci\u00f3n en el cristal.<\/p>\n<p>4. \u00a1Oh almas redimidas por la sangre de Jesucristo! \u00a1Entendeos y habed l\u00e1stima de vosotras! \u00bfC\u00f3mo es posible que entendiendo esto no procur\u00e1is quitar esta pez de este cristal? Mirad que, si se os acaba la vida, jam\u00e1s tornar\u00e9is a gozar de esta luz. \u00a1Oh Jes\u00fas, qu\u00e9 es ver a un alma apartada de ella! \u00a1Cu\u00e1les quedan los pobres aposentos del castillo! \u00a1qu\u00e9 turbados andan los sentidos, que es la gente que vive en ellos! Y las potencias, que son los alcaides y mayordomos y maestresalas, \u00a1con qu\u00e9 ceguedad, con qu\u00e9 mal gobierno! En fin, como adonde est\u00e1 !plantado el \u00e1rbol que es el demonio, \u00bfqu\u00e9 fruto puede dar?<br \/>\n5. O\u00ed una vez a un hombre espiritual que no se espantaba de cosas que hiciese uno que est\u00e1 en pecado mortal, sino de lo que no hac\u00eda. Dios por su misericordia nos libre de tan gran mal, que no hay cosa mientras vivimos que merezca este nombre de mal, sino \u00e9sta, pues acarrea males eternos para sin fin. Esto es, hijas, de lo que hemos de andar temerosas y lo que hemos de pedir a Dios en nuestras oraciones; porque, si El no guarda la ciudad, en vano trabajaremos, pues somos la misma vanidad.<\/p>\n<p>Dec\u00eda aquella persona que hab\u00eda sacado dos cosas de la merced que Dios le hizo: la una, un temor grand\u00edsimo de ofenderle, y as\u00ed siempre le andaba suplicando no la dejase caer, viendo tan terribles da\u00f1os; la segunda, un espejo para la humildad, mirando c\u00f3mo cosa buena que hagamos no viene su principio de nosotros, sino de esta fuente adonde est\u00e1 plantado este \u00e1rbol de nuestras almas, y de este sol que da calor a nuestras obras. Dice que se le represent\u00f3 esto tan claro, que en haciendo alguna cosa buena o vi\u00e9ndola hacer, acud\u00eda a su principio y entend\u00eda c\u00f3mo sin esta ayuda no pod\u00edamos nada; y de aqu\u00ed le proced\u00eda ir luego a alabar a Dios y, lo m\u00e1s ordinario, no se acordar de s\u00ed en cosa buena que hiciese.<\/p>\n<p>6. No ser\u00eda tiempo perdido, hermanas, el que gastaseis en leer esto ni yo en escribirlo, si qued\u00e1semos con estas dos cosas, que los letrados y entendidos muy bien las saben, mas nuestra torpeza de las mujeres todo lo ha menester; y as\u00ed por ventura quiere el Se\u00f1or que vengan a nuestra noticia semejantes comparaciones. Plega a su bondad nos d\u00e9 gracia para ello.<\/p>\n<p>7. Son tan oscuras de entender estas cosas interiores, que a quien tan poco sabe como yo, forzado habr\u00e1 de decir muchas cosas superfluas y aun desatinadas para decir alguna que acierte. Es menester tenga paciencia quien lo leyere, pues yo la tengo para escribir lo que no s\u00e9; que, cierto algunas veces tomo el papel como una cosa boba, que ni s\u00e9 qu\u00e9 decir ni c\u00f3mo comenzar.<\/p>\n<p>Bien entiendo que es cosa importante para vosotras declarar algunas interiores, como pudiere; porque siempre o\u00edmos cu\u00e1n buena es la oraci\u00f3n, y tenemos de constituci\u00f3n tenerla tantas horas, y no se nos declara m\u00e1s de lo que podemos nosotras; y de cosas que obra el Se\u00f1or en un alma decl\u00e1rase poco, digo sobrenatural. Dici\u00e9ndose y d\u00e1ndose a entender de muchas maneras, sernos ha mucho consuelo considerar este artificio celestial interior tan poco entendido de los mortales aunque vayan muchos por \u00e9l. Y aunque en otras cosas que he escrito ha dado el Se\u00f1or algo a entender, entiendo que algunas no las hab\u00eda entendido como despu\u00e9s ac\u00e1, en especial de las m\u00e1s dificultosas. El trabajo es que para llegar a ellas -como he dicho- se habr\u00e1n de decir muchas muy sabidas porque no puede ser menos para mi rudo ingenio.<\/p>\n<p>8. Pues tornemos ahora a nuestro castillo de muchas moradas. No hab\u00e9is de entender estas moradas una en pos de otra, como cosa en hilada, sino poned los ojos en el centro, que es la pieza o palacio adonde est\u00e1 el rey, y considerar como un palmito, que para llegar a lo que es de comer tiene muchas coberturas que todo lo sabroso cercan. As\u00ed ac\u00e1, en rededor de esta pieza est\u00e1n muchas, y encima lo mismo. Porque las cosas del alma siempre se han de considerar con plenitud y anchura y grandeza, pues no le levantan nada, que capaz es de mucho m\u00e1s que podremos considerar, y a todas partes de ella se comunica este sol que est\u00e1 en este palacio.<\/p>\n<p>Esto importa mucho a cualquier alma que tenga oraci\u00f3n, poca o mucha, que no la arrincone ni apriete. D\u00e9jela andar por estas moradas, arriba y abajo y a los lados, pues Dios la dio tan gran dignidad; no se estruje en estar mucho tiempo en una pieza sola. \u00a1Oh que si es en el propio conocimiento! Que con cu\u00e1n necesario es esto (miren que me entiendan), aun a las que las tiene el Se\u00f1or en la misma morada que El est\u00e1, que jam\u00e1s -por encumbrada que est\u00e9- le cumple otra cosa ni podr\u00e1 aunque quiera; que la humildad siempre labra como la abeja en la colmena la miel, que sin esto todo va perdido. Mas consideremos que la abeja no deja de salir a volar para traer flores; as\u00ed el alma en el propio conocimiento, cr\u00e9ame y vuele algunas veces a considerar la grandeza y majestad de su Dios. Aqu\u00ed hallar\u00e1 su bajeza mejor que en s\u00ed misma, y m\u00e1s libre de las sabandijas adonde entran en las primeras piezas, que es el propio conocimiento; que aunque, como digo, es harta misericordia de Dios que se ejercite en esto, tanto es lo de m\u00e1s como lo de menos -suelen decir-. Y cr\u00e9anme, que con la virtud de Dios obraremos muy mejor virtud que muy atadas a nuestra tierra.<\/p>\n<p>9. No s\u00e9 si queda dado bien a entender, porque es cosa tan importante este conocernos que no querr\u00eda en ello hubiese jam\u00e1s relajaci\u00f3n, por subidas que est\u00e9is en los cielos; pues mientras estamos en esta tierra no hay cosa que m\u00e1s nos importe que la humildad. Y as\u00ed torno a decir que es muy bueno y muy rebueno tratar de entrar primero en el aposento adonde se trata de esto, que volar a los dem\u00e1s; porque \u00e9ste es el camino, y si podemos ir por lo seguro y llano, \u00bfpara qu\u00e9 hemos de querer alas para volar?; mas que busque c\u00f3mo aprovechar m\u00e1s en esto; y a mi parecer jam\u00e1s nos acabamos de conocer si no procuramos conocer a Dios; mirando su grandeza, acudamos a nuestra bajeza; y mirando su limpieza, veremos nuestra suciedad; considerando su humildad, veremos cu\u00e1n lejos estamos de ser humildes.<\/p>\n<p>10. Hay dos ganancias de esto: la primera, est\u00e1 claro que parece una cosa blanca muy m\u00e1s blanca cabe la negra, y al contrario la negra cabe la blanca; la segunda es, porque nuestro entendimiento y voluntad se hace m\u00e1s noble y m\u00e1s aparejado para todo bien tratando a vueltas de s\u00ed con Dios; y si nunca salimos de nuestro cieno de miserias, es mucho inconveniente. As\u00ed como dec\u00edamos de los que est\u00e1n en pecado mortal cu\u00e1n negras y de mal olor son sus corrientes, as\u00ed ac\u00e1 (aunque no son como aqu\u00e9llas, Dios nos libre, que esto es comparaci\u00f3n), metidos siempre en la miseria de nuestra tierra, nunca la corriente saldr\u00e1 de cieno de temores, de pusilanimidad y cobard\u00eda: de mirar si me miran, no me miran; si, yendo por este camino, me suceder\u00e1 mal; si osar\u00e9 comenzar aquella obra, si ser\u00e1 soberbia; si es bien que una persona tan miserable trate de cosa tan alta como la oraci\u00f3n; si me tendr\u00e1n por mejor si no voy por el camino de todos; que no son buenos los extremos, aunque sea en virtud; que, como soy tan pecadora, ser\u00e1 caer de m\u00e1s alto; quiz\u00e1 no ir\u00e9 adelante y har\u00e9 da\u00f1o a los buenos; que una como yo no ha menester particularidades.<\/p>\n<p>11. \u00a1Oh v\u00e1lgame Dios, hijas, qu\u00e9 de almas debe el demonio de haber hecho perder mucho por aqu\u00ed! Que todo esto les parece humildad, y otras muchas cosas que pudiera decir, y viene de no acabar de entendernos; tuerce el propio conocimiento y, si nunca salimos de nosotros mismos, no me espanto, que esto y m\u00e1s se puede temer. Por eso digo, hijas, que pongamos los ojos en Cristo, nuestro bien, y all\u00ed deprenderemos la verdadera humildad, y en sus santos, y ennoblecerse ha el entendimiento -como he dicho- y no har\u00e1 el propio conocimiento ratero y cobarde; que, aunque \u00e9sta es la primera morada, es muy rica y de tan gran precio, que si se descabulle de las sabandijas de ella, no se quedar\u00e1 sin pasar adelante. Terribles son los ardides y ma\u00f1as del demonio para que las almas no se conozcan ni entiendan sus caminos.<\/p>\n<p>12. De estas moradas primeras podr\u00e9 yo dar muy buenas se\u00f1as de experiencia. Por eso digo que no consideren pocas piezas, sino un mill\u00f3n; porque de muchas maneras entran almas aqu\u00ed, unas y otras con buena intenci\u00f3n. Mas, como el demonio siempre la tiene tan mala, debe tener en cada una muchas legiones de demonios para combatir que no pasen de unas a otras y, como la pobre alma no lo entiende, por mil maneras nos hace trampantojos, lo que no puede tanto a las que est\u00e1n m\u00e1s cerca de donde est\u00e1 el rey, que aqu\u00ed, como a\u00fan se est\u00e1n embebidas en el mundo y engolfadas en sus contentos y desvanecidas en sus honras y pretensiones, no tienen la fuerza los vasallos del alma (que son los sentidos y potencias) que Dios les dio de su natural, y f\u00e1cilmente estas almas son vencidas, aunque anden con deseos de no ofender a Dios, y hagan buenas obras. Las que se vieren en este estado han menester acudir a menudo, como pudieren, a Su Majestad, tomar a su bendita Madre por intercesora, y a sus Santos, para que ellos peleen por ellas, que sus criados poca fuerza tienen para se defender. A la verdad, en todos estados es menester que nos venga de Dios. Su Majestad nos la d\u00e9 por su misericordia, am\u00e9n.<\/p>\n<p>13. \u00a1Qu\u00e9 miserable es la vida en que vivimos! Porque en otra parte dije mucho del da\u00f1o que nos hace, hijas, no entender bien esto de la humildad y propio conocimiento, no os digo m\u00e1s aqu\u00ed, aunque es lo que m\u00e1s nos importa y aun plega al Se\u00f1or haya dicho algo que os aproveche.<\/p>\n<p>14. Hab\u00e9is de notar que en estas moradas primeras a\u00fan no llega casi nada la luz que sale del palacio donde est\u00e1 el Rey; porque, aunque no est\u00e1n oscurecidas y negras como cuando el alma est\u00e1 en pecado, est\u00e1 oscurecida en alguna manera para que no la pueda ver -el que est\u00e1 en ella digo- y no por culpa de la pieza -que no s\u00e9 darme a entender-, sino porque con tantas cosas malas de culebras y v\u00edboras y cosas emponzo\u00f1osas que entraron con \u00e9l, no le dejan advertir a la luz. Como si uno entrase en una parte adonde entra mucho sol y llevase tierra en los ojos, que casi no los pudiese abrir. Clara est\u00e1 la pieza, mas \u00e9l no lo goza por el impedimento o cosas de esas fieras y bestias que le hacen cerrar los ojos para no ver sino a ellas. As\u00ed me parece debe ser un alma que, aunque no est\u00e1 en mal estado, est\u00e1 tan metida en cosas del mundo y tan empapada en la hacienda u honra o negocios -como tengo dicho- que, aunque en hecho de verdad se querr\u00eda ver y gozar de su hermosura, no le dejan, ni parece que puede descabullirse de tantos impedimentos. Y conviene mucho, para haber de entrar a las segundas moradas, que procure dar de mano a las cosas y negocios no necesarios, cada uno conforme a su estado; que es cosa que le importa tanto para llegar a la morada principal, que si no comienza a hacer esto lo tengo por imposible; y aun estar sin mucho peligro en la que est\u00e1, aunque haya entrado en el castillo, porque entre cosas tan ponzo\u00f1osas, una vez u otra es imposible dejarle de morder.<\/p>\n<p>15. Pues \u00bfqu\u00e9 ser\u00eda, hijas, si a las que ya est\u00e1n libres de estos tropiezos como nosotras y hemos ya entrado muy m\u00e1s dentro a otras moradas secretas del castillo, si por nuestra culpa torn\u00e1semos a salir a estas bara\u00fandas, como por nuestros pecados debe haber muchas personas, que las ha hecho Dios mercedes y por su culpa las echan a esta miseria? Ac\u00e1 libres estamos en lo exterior; en lo interior plega al Se\u00f1or que lo estemos y nos libre. Guardaos, hijas m\u00edas, de cuidados ajenos. Mirad que en pocas moradas de este castillo dejan de combatir los demonios. Verdad es que en algunas tienen fuerza las guardas para pelear -como creo he dicho que son las potencias-, mas es mucho menester no nos descuidar para entender sus ardides y que no nos enga\u00f1e, hecho \u00e1ngel de luz; que hay una multitud de cosas con que nos puede hacer da\u00f1o entrando poco a poco, y hasta haberle hecho no le entendemos.<\/p>\n<p>16. Ya os dije otra vez que es como una lima sorda, que hemos menester entenderle a los principios. Quiero decir alguna cosa para d\u00e1roslo mejor a entender. Pone en una hermana unos \u00edmpetus de penitencia, que le parece no tiene descanso sino cuando se est\u00e1 atormentando. Este principio bueno es; mas si la priora ha mandado que no hagan penitencia sin licencia, y le hace parecer que en cosa tan buena bien se puede atrever, y escondidamente se da tal vida que viene a perder la salud y no hacer lo que manda su Regla, ya veis en qu\u00e9 par\u00f3 este bien.<\/p>\n<p>Pone a otra un celo de la perfecci\u00f3n muy grande. Esto muy bueno es; mas podr\u00eda venir de aqu\u00ed que cualquier faltita de las hermanas le pareciese una gran quiebra, y un cuidado de mirar si las hacen, y acudir a la priora; y aun a las veces podr\u00eda ser no ver las suyas por el gran celo que tiene de la religi\u00f3n. Como las otras no entienden lo interior y ven el cuidado, podr\u00eda ser no lo tomar tan bien.<\/p>\n<p>17. Lo que aqu\u00ed pretende el demonio no es poco, que es enfriar la caridad y el amor de unas con otras, que ser\u00eda gran da\u00f1o. Entendamos, hijas m\u00edas, que la perfecci\u00f3n verdadera es amor de Dios y del pr\u00f3jimo, y mientras con m\u00e1s perfecci\u00f3n guard\u00e1remos estos dos mandamientos, seremos m\u00e1s perfectas. Toda nuestra Regla y Constituciones no sirven de otra cosa sino de medios para guardar esto con m\u00e1s perfecci\u00f3n. Dej\u00e9monos de celos indiscretos, que nos pueden hacer mucho da\u00f1o. Cada una se mire a s\u00ed.<\/p>\n<p>Porque en otra parte os he dicho harto sobre esto, no me alargar\u00e9.<\/p>\n<p>18. Importa tanto este amor de unas con otras, que nunca querr\u00eda que se os olvidase; porque de andar mirando en las otras unas nader\u00edas, que a las veces no ser\u00e1 imperfecci\u00f3n, sino, como sabemos poco, quiz\u00e1 lo echaremos a la peor parte, puede el alma perder la paz y aun inquietar la de las otras: mirad si costar\u00eda caro la perfecci\u00f3n. Tambi\u00e9n podr\u00eda el demonio poner esta tentaci\u00f3n con la priora, y ser\u00eda m\u00e1s peligrosa. Para esto es menester mucha discreci\u00f3n; porque, si fuesen cosas que van contra la Regla y Constituci\u00f3n, es menester que no todas veces se eche a buena parte, sino avisarla, y si no se enmendare, al prelado. Esto es caridad. Y tambi\u00e9n con las hermanas, si fuese alguna cosa grave; y dejarlo todo por miedo si es tentaci\u00f3n, ser\u00eda la misma tentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Mas hase de advertir mucho (porque no nos enga\u00f1e el demonio) no lo tratar una con otra, que de aqu\u00ed puede sacar el demonio gran ganancia y comenzar costumbre de murmuraci\u00f3n; sino con quien ha de aprovechar, como tengo dicho. Aqu\u00ed, gloria a Dios, no hay tanto lugar, como se guarda tan continuo silencio; mas bien es que estemos sobre aviso.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M21\"><\/a>Moradas segundas<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p><a id=\"M21\"><\/a><strong>Cap\u00edtulo \u00fanico<\/strong><br \/>\nQue trata de lo mucho que importa la perseverancia para llegar a las postreras moradas, y la gran guerra que da el demonio, y cu\u00e1nto conviene no errar el camino en el principio. Para acertar, da un medio que ha probado ser muy eficaz.<\/p>\n<p>1. Ahora vengamos a hablar cu\u00e1les ser\u00e1n las almas que entran a las segundas moradas y qu\u00e9 hacen en ellas. Querr\u00eda deciros poco, porque lo he dicho en otras partes bien largo, y ser\u00e1 imposible dejar de tornar a decir otra vez mucho de ello, porque cosa no se me acuerda de lo dicho; que si lo supiera guisar de diferentes maneras, bien s\u00e9 que no os enfadar\u00edais, como nunca nos cansamos de los libros que tratan de esto, con ser muchos.<\/p>\n<p>2. Es de los que han ya comenzado a tener oraci\u00f3n y entendido lo que les importa no se quedar en las primeras moradas, mas no tienen a\u00fan determinaci\u00f3n para dejar muchas veces de estar en ella, porque no dejan las ocasiones, que es harto peligro. Mas harta misericordia es que alg\u00fan rato procuren huir de las culebras y cosas emponzo\u00f1osas, y entender que es bien dejarlas.<\/p>\n<p>Estos, en parte, tienen harto m\u00e1s trabajo que los primeros, aunque no tanto peligro, porque ya parece los entienden, y hay gran esperanza de que entrar\u00e1n m\u00e1s adentro. Digo que tienen m\u00e1s trabajo,porque los primeros son como mudos que no oyen, y as\u00ed pasan mejor su trabajo de no hablar, lo que no pasar\u00edan, sino muy mayor, los que oyesen y no pudiesen hablar. Mas no por eso se desea m\u00e1s lo de los que no oyen, que en fin es gran cosa entender lo que nos dicen. As\u00ed \u00e9stos entienden los llamamientos que les hace el Se\u00f1or; porque, como van entrando m\u00e1s cerca de donde est\u00e1 Su Majestad, es muy buen vecino, y tanta su misericordia y bondad, que aun est\u00e1ndonos en nuestros pasatiempos y negocios y contentos y barater\u00edas del mundo, y aun cayendo y levantando en pecados (porque estas bestias son tan ponzo\u00f1osas y peligrosa su compa\u00f1\u00eda y bulliciosas que por maravilla dejar\u00e1n de tropezar en ellas para caer), con todo esto, tiene en tanto este Se\u00f1or nuestro que le queramos y procuremos su compa\u00f1\u00eda, que una vez u otra no nos deja de llamar para que nos acerquemos a El; y es esta voz tan dulce que se deshace la pobre alma en no hacer luego lo que le manda; y as\u00ed -como digo- es m\u00e1s trabajo que no lo o\u00edr.<\/p>\n<p>3. No digo que son estas voces y llamamientos como otras que dir\u00e9 despu\u00e9s sino con palabras que oyen a gente buena o sermones o con lo que leen en buenos libros y cosas muchas que hab\u00e9is o\u00eddo, por donde llama Dios, o enfermedades, trabajos, y tambi\u00e9n con una verdad que ense\u00f1a en aquellos ratos que estamos en la oraci\u00f3n; sea cuan flojamente quisiereis, ti\u00e9nelos Dios en mucho. Y vosotras, hermanas, no teng\u00e1is en poco esta primera merced ni os desconsol\u00e9is aunque no respond\u00e1is luego al Se\u00f1or, que bien sabe Su Majestad aguardar muchos d\u00edas y a\u00f1os, en especial cuando ve perseverancia y buenos deseos. Esta es lo m\u00e1s necesario aqu\u00ed, porque con ella jam\u00e1s se deja de ganar mucho. Mas es terrible la bater\u00eda que aqu\u00ed dan los demonios de mil maneras y con m\u00e1s pena del alma que aun en la pasada; porque acull\u00e1 estaba muda y sorda, al menos o\u00eda muy poco y resist\u00eda menos, como quien tiene en parte perdida la esperanza de vencer; aqu\u00ed est\u00e1 el entendimiento m\u00e1s vivo y las potencias m\u00e1s h\u00e1biles: andan los golpes y la artiller\u00eda de manera que no lo puede el alma dejar de o\u00edr. Porque aqu\u00ed es el representar los demonios estas culebras de las cosas del mundo y el hacer los contentos de \u00e9l casi eternos, la estima en que est\u00e1 tenido en \u00e9l, los amigos y parientes, la salud en las cosas de penitencia (que siempre comienza el alma que entra en esta morada a desear hacer alguna), y otras mil maneras de impedimentos.<\/p>\n<p>4. \u00a1Oh Jes\u00fas, qu\u00e9 es la bara\u00fanda que aqu\u00ed ponen los demonios, y las aflicciones de la pobre alma, que no sabe si pasar adelante o tornar a la primera pieza! Porque la raz\u00f3n, por otra parte, le representa el enga\u00f1o que es pensar que todo esto vale nada en comparaci\u00f3n de lo que pretende; la fe la ense\u00f1a cu\u00e1les lo que le cumple; la memoria le representa en lo que paran todas estas cosas, tray\u00e9ndole presente la muerte de los que mucho gozaron estas cosas, que ha visto: c\u00f3mo algunas ha visto s\u00fabitas, cu\u00e1n presto son olvidados de todos, c\u00f3mo ha visto a algunos que conoci\u00f3 en gran prosperidad pisar debajo de la tierra y aun pasado por la sepultura \u00e9l muchas veces, y mirar que est\u00e1n en aquel cuerpo hirviendo muchos gusanos, y otras hartas cosas que le puede poner delante; la voluntad se inclina a amar adonde tan innumerables cosas y muestras ha visto de amor, y querr\u00eda pagar alguna: en especial se le pone delante c\u00f3mo nunca se quita de con \u00e9l este verdadero amador, acompa\u00f1\u00e1ndole, d\u00e1ndole vida y ser. Luego el entendimiento acude con darle a entender que no puede cobrar mejor amigo, aunque viva muchos a\u00f1os; que todo el mundo est\u00e1 lleno de falsedad, y estos contentos que le pone el demonio, de trabajos y cuidados y contradicciones; y le dice que est\u00e9 cierto que fuera de este castillo no hallar\u00e1 seguridad ni paz; que se deje de andar por casas ajenas, pues la suya es tan llena de bienes, si la quiere gozar; que qui\u00e9n hay que halle todo lo que ha menester como en su casa, en especial teniendo tal hu\u00e9sped que le har\u00e1 se\u00f1or de todos los bienes, si \u00e9l quiere no andar perdido, como el hijo pr\u00f3digo, comiendo manjar de puercos.<\/p>\n<p>5. Razones son \u00e9stas para vencer los demonios. Mas \u00a1oh Se\u00f1or y Dios m\u00edo! que la costumbre en las cosas de vanidad y el ver que todo el mundo trata de esto lo estraga todo. Porque est\u00e1 tan muerta la fe, que queremos m\u00e1s lo que vemos que lo que ella nos dice; y a la verdad, no vemos sino harta malaventura en los que se van tras estas cosas visibles. Mas eso han hecho estas cosas ponzo\u00f1osas que tratamos: que, como si a uno muerde una v\u00edbora se emponzo\u00f1a todo y se hincha, as\u00ed es ac\u00e1; no nos guardamos; claro est\u00e1 que es menester muchas curas para sanar; y harta merced nos hace Dios, si no morimos de ello. Cierto, pasa el alma aqu\u00ed grandes trabajos; en especial si entiende el demonio que tiene aparejo en su condici\u00f3n y costumbres para ir muy adelante, todo el infierno juntar\u00e1 para hacerle tornar a salir fuera.<\/p>\n<p>6. \u00a1Oh Se\u00f1or m\u00edo!, aqu\u00ed es menester vuestra ayuda, que sin ella no se puede hacer nada. Por vuestra misericordia no consint\u00e1is que esta alma sea enga\u00f1ada para dejar lo comenzado. Dadle luz para que vea c\u00f3mo est\u00e1 en esto todo su bien, y para que se aparte de malas compa\u00f1\u00edas; que grand\u00edsima cosa es tratar con los que tratan de esto; allegarse no s\u00f3lo a los que viere en estos aposentos que \u00e9l est\u00e1, sino a los que entendiere que han entrado a los de m\u00e1s cerca; porque le ser\u00e1 gran ayuda, y tanto los puede conversar, que le metan consigo. Siempre est\u00e9 con aviso de no sedejar vencer; porque si el demonio le ve con una gran determinaci\u00f3n de que antes perder\u00e1 la vida y el descanso y todo lo que le ofrece que tornar a la pieza primera, muy m\u00e1s presto le dejar\u00e1. Sea var\u00f3n y no de los que se echaban a beber de bruces, cuando iban a la batalla, no me acuerdo con qui\u00e9n, sino que se determine que va a pelear con todos los demonios y que no hay mejores armas que las de la cruz.<\/p>\n<p>7. Aunque otras veces he dicho esto, importa tanto que lo torno a decir aqu\u00ed: es que no se acuerde que hay regalos en esto que comienza, porque es muy baja manera de comenzar a labrar un tan precioso y grande edificio; y si comienzan sobre arena, dar\u00e1n con todo en el suelo; nunca acabar\u00e1n de andar disgustados y tentados. Porque no son \u00e9stas las moradas adonde se llueve el man\u00e1; est\u00e1n m\u00e1s adelante, adonde todo sabe a lo que quiere un alma, porque no quiere sino lo que quiere Dios. Es cosa donosa que a\u00fan nos estamos con mil embarazos e imperfecciones y las virtudes que aun no saben andar, sino que ha poco que comenzaron a nacer, y aun plega a Dios est\u00e9n comenzadas, \u00bfy no habemos verg\u00fcenza de querer gustos en la oraci\u00f3n y quejarnos de sequedades? Nunca os acaezca, hermanas; abrazaos con la cruz que vuestro Esposo llev\u00f3 sobre s\u00ed y entended que \u00e9sta ha de ser vuestra empresa; la que m\u00e1s pudiere padecer, que padezca m\u00e1s por El, y ser\u00e1 la mejor librada. Lo dem\u00e1s, como cosa accesoria, si os lo diere el Se\u00f1or dadle muchas gracias.<\/p>\n<p>8. Pareceros ha que para los trabajos exteriores bien determinadas est\u00e1is, con que os regale Dios en lo interior. &#8211; Su Majestad sabe mejor lo que nos conviene; no hay para qu\u00e9 le aconsejar lo que nos ha de dar, que nos puede con raz\u00f3n decir, que no sabemos lo que pedimos. Toda la pretensi\u00f3n de quien comienza oraci\u00f3n (y no se os olvide esto, que importa mucho) ha de ser trabajar y determinarse y disponerse con cuantas diligencias pueda a hacer su voluntad conformar con la de Dios; y -como dir\u00e9 despu\u00e9s- estad muy cierta que en esto consiste toda la mayor perfecci\u00f3n que se puede alcanzar en el camino espiritual: quien m\u00e1s perfectamente tuviere esto, m\u00e1s recibir\u00e1 del Se\u00f1or y m\u00e1s adelante est\u00e1 en este camino. No pens\u00e9is que hay aqu\u00ed m\u00e1s algarab\u00edas ni cosas no sabidas y entendidas, que en esto consiste todo nuestro bien. Pues si erramos en el principio, queriendo luego que el Se\u00f1or haga la nuestra y que nos lleve como imaginamos, \u00bfqu\u00e9 firmeza puede llevar este edificio?<\/p>\n<p>9. Procuremos hacer lo que es en nosotros y guardarnos de estas sabandijas ponzo\u00f1osas; que muchas veces quiere el Se\u00f1or que nos persigan malos pensamientos y nos aflijan, sin poderlos echar de nosotros, y sequedades; y aun algunas veces permite que nos muerdan, para que nos sepamos mejor guardar despu\u00e9s y para probar si nos pesa mucho de haberle ofendido.<\/p>\n<p>Por eso, no os desanim\u00e9is, si alguna vez cayereis, para dejar de procurar ir adelante; que aun de esa ca\u00edda sacar\u00e1 Dios bien, como hace el que vende la triaca para probar si es buena, que bebe la ponzo\u00f1a primero. Cuando no vi\u00e9semos en otra cosa nuestra miseria y el gran da\u00f1o que nos hace andar derramados, sino en esta bater\u00eda que se pasa para tornarnos a recoger, bastaba. \u00bfPuede ser mayor mal que no nos hallemos en nuestra misma casa? \u00bfQu\u00e9 esperanza podemos tener de hallar sosiego en otras cosas, pues en las propias no podemos sosegar? Sino que tan grandes y verdaderos amigos y parientes y con quien siempre, aunque no queramos, hemos de vivir, como son las potencias, \u00e9sas parece nos hacen la guerra, como sentidas de las que a ellas les han hecho nuestros vicios. \u00a1Paz, paz!, hermanas m\u00edas, dijo el Se\u00f1or, y amonest\u00f3 a sus Ap\u00f3stoles tantas veces. Pues cr\u00e9eme, que si no la tenemos y procuramos en nuestra casa, que no la hallaremos en los extra\u00f1os.<\/p>\n<p>Ac\u00e1bese ya esta guerra; por la sangre que derram\u00f3 por nosotros lo pido yo a los que no han comenzado a entrar en s\u00ed; y a los que han comenzado, que no baste para hacerlos tornar atr\u00e1s. Miren que es peor la reca\u00edda que la ca\u00edda; ya ven su p\u00e9rdida; conf\u00eden en la misericordia de Dios y nonada en s\u00ed, y ver\u00e1n c\u00f3mo Su Majestad le lleva de unas moradas a otras y le mete en la tierra adonde estas fieras ni le puedan tocar ni cansar, sino que \u00e9l las sujete a todas y burle de ellas, y goce de muchos m\u00e1s bienes que podr\u00eda desear, aun en esta vida digo.<\/p>\n<p>10. Porque -como dije al principio-, os tengo escrito c\u00f3mo os hab\u00e9is de haber en estas turbaciones que aqu\u00ed pone el demonio, y c\u00f3mo no ha de ir a fuerza de brazos el comenzarse a recoger, sino con suavidad, para que pod\u00e1is estar m\u00e1s continuamente, no lo dire aqu\u00ed, m\u00e1s de que, de mi parecer hace mucho al caso tratar con personas experimentadas; porque en cosas que son necesario hacer, pensar\u00e9is que hay gran quiebra. Como no sea el dejarlo, todo lo guiar\u00e1 el Se\u00f1or a nuestro provecho, aunque no hallemos quien nos ense\u00f1e; que para este mal no hay remedio si no se torna a comenzar, sino ir perdiendo poco a poco cada d\u00eda m\u00e1s el alma, y aun plega a Dios que lo entienda.<\/p>\n<p>11. Podr\u00eda alguna pensar que si tanto mal es tornar atr\u00e1s, que mejor ser\u00e1 nunca comenzarlo, sino estarse fuera del castillo. &#8211; Ya os dije al principio, y el mismo Se\u00f1or lo dice, que quien anda en el peligro en \u00e9l perece, y que la puerta para entrar en este castillo es la oraci\u00f3n. Pues pensar que hemos de entrar en el cielo y no entrar en nosotros, conoci\u00e9ndonos y considerando nuestra miseria y lo que debemos a Dios y pidi\u00e9ndole muchas veces misericordia, es desatino. El mismo Se\u00f1or dice: Ninguno subir\u00e1 a mi Padre, sino por M\u00ed; no s\u00e9 si dice as\u00ed, creo que s\u00ed; y quien me ve a M\u00ed, ve a mi Padre. Pues si nunca le miramos ni consideramos lo que le debemos y la muerte que pas\u00f3 por nosotros, no s\u00e9 c\u00f3mo le podemos conocer ni hacer obras en su servicio; porque la fe sin ellas y sin ir llegadas al valor de los merecimientos de Jesucristo, bien nuestro, \u00bfqu\u00e9 valor pueden tener? \u00bfNi qui\u00e9n nos despertar\u00e1 a amar a este Se\u00f1or?<\/p>\n<p>Plega a Su Majestad nos d\u00e9 a entender lo mucho que le costamos y c\u00f3mo no es m\u00e1s el siervo que el Se\u00f1or, y qu\u00e9 hemos menester obrar para gozar su gloria, y que para esto nos es necesario orar para no andar siempre en tentaci\u00f3n.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M31\"><\/a>Terceras moradas<\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M31\"><\/a>Cap\u00edtulo primero<br \/>\n<\/strong>Trata de la poca seguridad que podemos tener mientras se vive en este destierro, aunque el estado sea subido, y c\u00f3mo conviene andar con temor. &#8211; Hay algunos buenos puntos.<\/p>\n<p>1. A los que por la misericordia de Dios han vencido estos combates, y con la perseverancia entrado a las terceras moradas \u00bfqu\u00e9 les diremos, sino bienaventurado el var\u00f3n que teme al Se\u00f1or?<\/p>\n<p>No ha sido poco hacer Su Majestad que entienda yo ahora qu\u00e9 quiere decir el romance de este verso a este tiempo, seg\u00fan soy torpe en este caso. Por cierto, con raz\u00f3n le llamaremos bienaventurado, pues si no torna atr\u00e1s, a lo que podemos entender lleva camino seguro de su salvaci\u00f3n. Aqu\u00ed ver\u00e9is, hermanas, lo que importa vencer las batallas pasadas; porque tengo por cierto que nunca deja el Se\u00f1or de ponerle en seguridad de conciencia, que no es poco bien. Digo en seguridad, y dije mal, que no la hay en esta vida, y por eso siempre entended que digo \u00absi no torna a dejar el camino comenzado\u00bb.<\/p>\n<p>2. Harto gran miseria es vivir en vida que siempre hemos de andar como los que tienen los enemigos a la puerta, que ni pueden dormir ni comer sin armas, y siempre con sobresalto si por alguna parte pueden desportillar esta fortaleza. \u00a1Oh Se\u00f1or m\u00edo y bien m\u00edo!, \u00bfc\u00f3mo quer\u00e9is que se desee vida tan miserable, que no es posible dejar de querer y pedir nos saqu\u00e9is de ella si no es con esperanza de perderla por Vos o gastarla muy de veras en vuestro servicio, y sobre todo entender que es vuestra voluntad? Si lo es, Dios m\u00edo, muramos con Vos, como dijo Santo Tom\u00e1s, que no es otra cosa sino morir muchas veces vivir sin Vos y con estos temores de que puede ser posible perderos para siempre. Por eso digo, hijas, que la bienaventuranza que hemos de pedir es estar ya en seguridad con los bienaventurados; que con estos temores \u00bfqu\u00e9 contento puede tener quien todo su contento es contentar a Dios? Y considerad que \u00e9ste, y muy mayor, ten\u00edan algunos santos que cayeron en graves pecados; y no tenemos seguro que nos dar\u00e1 Dios la mano para salir de ellos y hacer la penitencia que ellos (enti\u00e9ndese del auxilio particular).<\/p>\n<p>3. Por cierto, hijas m\u00edas, que estoy con tanto temor escribiendo esto, que no s\u00e9 c\u00f3mo lo escribo ni c\u00f3mo vivo cuando se me acuerda, que es muy muchas veces. Pedidle, hijas m\u00edas, que viva Su Majestad en m\u00ed siempre; porque si no es as\u00ed, \u00bfqu\u00e9 seguridad puede tener una vida tan mal gastada como la m\u00eda? Y no os pese de entender que esto es as\u00ed, como algunas veces lo he visto en vosotras cuando os lo digo, y procede de que quisierais que hubiera sido muy santa, y ten\u00e9is raz\u00f3n: tambi\u00e9n lo quisiera yo; mas \u00a1qu\u00e9 tengo de hacer si lo perd\u00ed por sola mi culpa! Que no me quejar\u00e9 de Dios que dej\u00f3 de darme bastantes ayudas para que se cumplieran vuestros deseos; que no puedo decir esto sin l\u00e1grimas y gran confusi\u00f3n de ver que escriba yo cosa para las que me pueden ense\u00f1ar a m\u00ed. \u00a1Recia obediencia ha sido! Plega al Se\u00f1or que, pues se hace por El, sea para que os aprovech\u00e9is de algo porque le pid\u00e1is perdone a esta miserable atrevida.<\/p>\n<p>Mas bien sabe Su Majestad que s\u00f3lo puedo presumir de su misericordia, y ya que no puedo dejar de ser la que he sido, no tengo otro remedio, sino llegarme a ella y confiar en los m\u00e9ritos de su Hijo y de la Virgen, madre suya, cuyo h\u00e1bito indignamente traigo y tra\u00e9is vosotras. Alabadle, hijas m\u00edas, que lo sois de esta Se\u00f1ora verdaderamente; y as\u00ed no ten\u00e9is para qu\u00e9 os afrentar de que sea yo ruin, pues ten\u00e9is tan buena madre. Imitadla y considerad qu\u00e9 tal debe ser la grandeza de esta Se\u00f1ora y el bien de tenerla por patrona, pues no han bastado mis pecados y ser la que soy para deslustrar en nada esta sagrada Orden.<\/p>\n<p>4. Mas una cosa os aviso: que no por ser tal y tener tal madre est\u00e9is seguras, que muy santo era David, y ya veis lo que fue Salom\u00f3n; ni hag\u00e1is caso del encerramiento y penitencia en que viv\u00eds, ni os asegure el tratar siempre de Dios y ejercitaros en la oraci\u00f3n tan continuo y estar tan retiradas de las cosas del mundo y tenerlas a vuestro parecer aborrecidas. Bueno es todo esto, mas no basta &#8211; como he dicho- para que dejemos de temer; y as\u00ed continuad este verso y traedle en la memoria muchas veces: Beatus vir, qui timet Dominum.<\/p>\n<p>5. Ya no s\u00e9 lo que dec\u00eda, que me he divertido mucho y, en acord\u00e1ndome de m\u00ed, se me quiebran las alas para decir cosa buena; y as\u00ed lo quiero dejar por ahora. Tornando a lo que os comenc\u00e9 a decir de las almas que han entrado a las terceras moradas, que no las ha hecho el Se\u00f1or peque\u00f1a merced en que hayan pasado las primeras dificultades, sino muy grande, de \u00e9stas, por la bondad del Se\u00f1or, creo hay muchas en el mundo: son muy deseosas de no ofender a Su Majestad ni aun de los pecados veniales se guardan, y de hacer penitencia amigas, sus horas de recogimiento, gastan bien el tiempo, ejerc\u00edtanse en obras de caridad con los pr\u00f3jimos, muy concertadas en su hablar y vestir y gobierno de casa, los que las tienen. Cierto, estado para desear y que, al parecer, no hay por qu\u00e9 se les niegue la entrada hasta la postrera morada ni se la negar\u00e1 el Se\u00f1or, si ellos quieren, que linda disposici\u00f3n es para que las haga toda merced.<\/p>\n<p>\u00a1Oh Jes\u00fas!, \u00bfy qui\u00e9n dir\u00e1 que no quiere un tan gran bien, habiendo ya en especial pasado por lo m\u00e1s trabajoso? &#8211; No, ninguna. Todas decimos que lo queremos; mas como aun es menester m\u00e1s para que del todo posea el Se\u00f1or el alma, no basta decirlo, como no bast\u00f3 al mancebo cuando le dijo el Se\u00f1or que si quer\u00eda ser perfecto. Desde que comenc\u00e9 a hablar en estas moradas le traigo delante; porque somos as\u00ed al pie de la letra, y lo m\u00e1s ordinario vienen de aqu\u00ed las grandes sequedades en la oraci\u00f3n, aunque tambi\u00e9n hay otras causas; y dejo unos trabajos interiores, que tienen muchas almas buenas, intolerables y muy sin culpa suya, de los cuales siempre las saca el Se\u00f1or con mucha ganancia, y de las que tienen melancol\u00eda y otras enfermedades. En fin, en todas las cosas hemos de dejar aparte los juicios de Dios.<\/p>\n<p>6. De lo que yo tengo para m\u00ed que es lo m\u00e1s ordinario, es lo que he dicho; porque como estas almas se ven que por ninguna cosa har\u00edan un pecado, y muchas que aun venial de advertencia no le har\u00edan, y que gastan bien su vida y su hacienda, no pueden poner a paciencia que se les cierre la puerta para entrar adonde est\u00e1 nuestro Rey, por cuyos vasallos se tienen y lo son. Mas aunque ac\u00e1 tenga muchos el rey de la tierra, no entran todos hasta su c\u00e1mara. Entrad, entrad, hijas m\u00edas, en lo interior; pasad adelante de vuestras obrillas, que por ser cristianas deb\u00e9is todo eso y mucho m\u00e1s y os basta que se\u00e1is vasallas de Dios; no quer\u00e1is tanto, que os qued\u00e9is sin nada. Mirad los santos que entraron a la c\u00e1mara de este Rey, y ver\u00e9is la diferencia que hay de ellos a nosotras. No pid\u00e1is lo que no ten\u00e9is merecido, ni hab\u00eda de llegar a nuestro pensamiento que por mucho que sirvamos lo hemos de merecer los que hemos ofendido a Dios.<\/p>\n<p>\u00a1Oh humildad, humildad! No s\u00e9 qu\u00e9 tentaci\u00f3n me tengo en este caso que no puedo acabar de creer a quien tanto caso hace de estas sequedades, sino que es un poco de falta de ella.<\/p>\n<p>7. Digo que dejo los trabajos grandes interiores que he dicho, que aqu\u00e9llos son mucho m\u00e1s que falta de devoci\u00f3n. Prob\u00e9monos a nosotras mismas, hermanas m\u00edas, o pru\u00e9benos el Se\u00f1or, que lo sabe bien hacer, aunque muchas veces no queremos entenderlo; y vengamos a estas almas tan concertadas, veamos qu\u00e9 hacen por Dios y luego veremos c\u00f3mo no tenemos raz\u00f3n de quejarnos de Su Majestad. Porque si le volvemos las espaldas y nos vamos tristes, como el mancebo del Evangelio, cuando nos dice lo que hemos de hacer para ser perfectos, \u00bfqu\u00e9 quer\u00e9is que haga Su Majestad, que ha de dar el premio conforme al amor que le tenemos? Y este amor, hijas, no ha de ser fabricado en nuestra imaginaci\u00f3n, sino probado por obras; y no pens\u00e9is que ha menester nuestras obras, sino la determinaci\u00f3n de nuestra voluntad.<\/p>\n<p>8. Parecernos ha que las que tenemos h\u00e1bito de religi\u00f3n y le tomamos de nuestra voluntad y dejamos todas las cosas del mundo y lo que ten\u00edamos por El (aunque sea las redes de San Pedro, que harto le parece que da quien da lo que tiene), que ya est\u00e1 todo hecho. &#8211; Harto buena disposici\u00f3n es, si persevera en aquello y no se torna a meter en las sabandijas de las primeras piezas, aunque sea con el deseo; que no hay duda sino que si persevera en esta desnudez y dejamiento de todo, que alcanzar\u00e1 lo que pretende. Mas ha de ser con condici\u00f3n, y mirad que os aviso de esto, que se tenga por siervo sin provecho -como dice San Pablo, o Cristo- y crea que no ha obligado a Nuestro Se\u00f1or para que le haga semejantes mercedes; antes, como quien m\u00e1s ha recibido, queda m\u00e1s adeudado. \u00bfQu\u00e9 podemos hacer por un Dios tan generoso que muri\u00f3 por nosotros y nos crio y da ser, que no nos tengamos por venturosos en que se vaya desquitando algo de lo que le debemos, por lo que nos ha servido (de mala gana dije esta palabra, mas ello es as\u00ed que no hizo otra cosa todo lo que vivi\u00f3 en el mundo), sin que le pidamos mercedes de nuevo y regalos?<\/p>\n<p>9. Mirad mucho, hijas, algunas cosas que aqu\u00ed van apuntadas, aunque arrebujadas, que no lo s\u00e9 m\u00e1s declarar. El Se\u00f1or os lo dar\u00e1 a entender, para que saqu\u00e9is de las sequedades humildad y no inquietud, que es lo que pretende el demonio; y creed que adonde la hay de veras, que, aunque nunca d\u00e9 Dios regalos, dar\u00e1 una paz y conformidad con que anden m\u00e1s contentas que otros con regalos; que muchas veces -como hab\u00e9is le\u00eddo- los da la divina Majestad a los m\u00e1s flacos; aunque creo de ellos que no los trocar\u00edan por las fortalezas de los que andan con sequedad. Somos amigos de contentos m\u00e1s que de cruz. Pru\u00e9banos, t\u00fa, Se\u00f1or, que sabes las verdades, para que nos conozcamos.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M32\"><\/a>Cap\u00edtulo 2<\/strong><br \/>\nProsigue en lo mismo y trata de las sequedades en la oraci\u00f3n y de lo que podr\u00eda suceder a su parecer, y c\u00f3mo es menester probarnos y prueba el Se\u00f1or a los que est\u00e1n en estas moradas.<\/p>\n<p>1. Yo he conocido algunas almas, y aun creo puedo decir hartas, de las que han llegado a este estado, y estado y vivido muchos a\u00f1os en esta rectitud y concierto, alma y cuerpo, a lo que se puede entender, y despu\u00e9s de ellos que ya parece hab\u00edan de estar se\u00f1ores del mundo, al menos bien desenga\u00f1ados de \u00e9l, probarlos Su Majestad en cosas no muy grandes, y andar con tanta inquietud y apretamiento de coraz\u00f3n, que a m\u00ed me tra\u00edan tonta y aun temerosa harto. Pues darles consejo no hay remedio, porque, como ha tanto que tratan de virtud, par\u00e9celes que pueden ense\u00f1ar a otros y que les sobra raz\u00f3n en sentir aquellas cosas.<\/p>\n<p>En fin, que yo no he hallado remedio ni le hallo para consolar a semejantes personas, si no es mostrar gran sentimiento de su pena (y a la verdad se tiene de verlos sujetos a tanta miseria), y no contradecir su raz\u00f3n; porque todas las conciertan en su pensamiento que por Dios las sienten, y as\u00ed no acaban de entender que es imperfecci\u00f3n; que es otro enga\u00f1o para gente tan aprovechada; que de que lo sientan, no hay que espantar, aunque a mi parecer, hab\u00eda de pasar presto el sentimiento de cosas semejantes. Porque muchas veces quiere Dios que sus escogidos sientan su miseria, y aparta un poco su favor, que no es menester m\u00e1s, que a osadas que nos conozcamos bien presto. Y luego se entiende esta manera de probarlos, porque entienden ellos su falta muy claramente, y a las veces les da m\u00e1s pena \u00e9sta de ver que, sin poder m\u00e1s, sienten cosas de la tierra y no muy pesadas, que lo mismo de que tienen pena. Esto t\u00e9ngolo yo por gran misericordia de Dios; y aunque es falta, muy gananciosa para la humildad.<\/p>\n<p>2. En las personas que digo, no es as\u00ed sino que canonizan -como he dicho- en sus pensamientos estas cosas, y as\u00ed querr\u00edan que otros las canonizasen. Quiero decir alguna de ellas, porque nos entendamos y nos probemos a nosotras mismas antes que nos pruebe el Se\u00f1or, que ser\u00eda muy gran cosa estar apercibidas y habernos entendido primero.<\/p>\n<p>3. Viene a una persona rica, sin hijos ni para qui\u00e9n querer la hacienda, una falta de ella, mas no es de manera que en lo que le queda le puede faltar lo necesario para s\u00ed y para su casa, y sobrado. Si \u00e9ste anduviese con tanto desasosiego e inquietud como si no le quedara un pan que comer, \u00bfc\u00f3mo ha de pedirle nuestro Se\u00f1or que lo deje todo por El? Aqu\u00ed entra el que lo siente porque lo quiere para los pobres. &#8211; Yo creo que quiere Dios m\u00e1s que yo me conforme con lo que Su Majestad hace y, aunque lo procure, tenga quieta mi alma, que no esta caridad. Y ya que no lo hace, porque no ha lleg\u00e1dole el Se\u00f1or a tanto, enhorabuena; mas entienda que le falta esta libertad de esp\u00edritu, y con esto se dispondr\u00e1 para que el Se\u00f1or se la d\u00e9, porque se la pedir\u00e1.<\/p>\n<p>4. Tiene una persona bien de comer, y aun sobrado; ofr\u00e9cesele poder adquirir m\u00e1s hacienda: tomarlo, si se lo dan, enhorabuena, pase; mas procurarlo y, despu\u00e9s de tenerlo, procurar m\u00e1s y m\u00e1s, tenga cuan buena intenci\u00f3n quisiere (que s\u00ed debe tener, porque -como he dicho- son estas personas de oraci\u00f3n y virtuosas), que no hayan miedo que suban a las moradas m\u00e1s juntas al Rey.<\/p>\n<p>5. De esta manera es si se les ofrece algo de que los desprecien o quiten un poco de honra; que, aunque les hace Dios merced de que lo sufran bien muchas veces (porque es muy amigo de favorecer la virtud en p\u00fablico porque no padezca la misma virtud en que est\u00e1n tenidos, y aun ser\u00e1 porque le han servido, que es muy bueno este Bien nuestro), all\u00e1 les queda una inquietud que no se pueden valer, ni acaba de acabarse tan presto. \u00a1V\u00e1lgame Dios! \u00bfNo son \u00e9stos los que ha tanto que consideran c\u00f3mo padeci\u00f3 el Se\u00f1or y cu\u00e1n bueno es padecer y a\u00fan lo desean? Querr\u00edan a todos tan concertados como ellos traen sus vidas, y plega a Dios que no piensen que la pena que tienen es de la culpa ajena y la hagan en su pensamiento meritoria.<\/p>\n<p>6. Pareceros ha, hermanas, que hablo fuera de prop\u00f3sito y no con vosotras, porque estas cosas no las hay ac\u00e1, que ni tenemos hacienda ni la queremos ni procuramos, ni tampoco nos injuria nadie. &#8211; Por eso las comparaciones no es lo que pasa; mas s\u00e1case de ellas otras muchas cosas que pueden pasar, que ni ser\u00eda bien se\u00f1alarlas ni hay para qu\u00e9. Por \u00e9stas entender\u00e9is si est\u00e1is bien desnudas de lo que dejasteis; porque cosillas se ofrecen, aunque no de esta suerte, en que os pod\u00e9is muy bien probar y entender si est\u00e1is se\u00f1oras de vuestras pasiones. Y creedme que no est\u00e1 el negocio en tener h\u00e1bito de religi\u00f3n o no, sino en procurar ejercitar las virtudes y rendir nuestra voluntad a la de Dios en todo, y que el concierto de nuestra vida sea lo que Su Majestad ordenare de ella, y no queramos nosotras que se haga nuestra voluntad, sino la suya. Ya que no hayamos llegado aqu\u00ed -como he dicho- humildad, que es el ung\u00fcento de nuestras heridas; porque, si la hay de veras, aunque tarde alg\u00fan tiempo, vendr\u00e1 el cirujano, que es Dios, a sanarnos.<\/p>\n<p>7. Las penitencias que hacen estas almas son tan concertadas como su vida; qui\u00e9renla mucho para servir a nuestro Se\u00f1or con ella, que todo esto no es malo, y as\u00ed tienen gran discreci\u00f3n en hacerlas porque no da\u00f1en a la salud. No hay\u00e1is miedo que se maten, porque su raz\u00f3n est\u00e1 muy en s\u00ed; no est\u00e1 a\u00fan el amor para sacar de raz\u00f3n; mas querr\u00eda yo que la tuvi\u00e9semos para no nos contentar con esta manera de servir a Dios, siempre a un paso paso, que nunca acabaremos de andar este camino. Y como a nuestro parecer siempre andamos y nos cansamos (porque creed que es un camino abrumador), harto bien ser\u00e1 que no nos perdamos. Mas \u00bfpar\u00e9ceos, hijas, si yendo a una tierra desde otra pudi\u00e9semos llegar en ocho d\u00edas, que ser\u00eda bueno andarlo en un a\u00f1o por ventas y nieves y aguas y malos caminos? \u00bfNo valdr\u00eda m\u00e1s pasarlo de una vez? Porque todo esto hay y peligros de serpientes. \u00a1Oh, qu\u00e9 buenas se\u00f1as podr\u00e9 yo dar de esto! Y plega a Dios que haya pasado de aqu\u00ed, que hartas veces me parece que no.<\/p>\n<p>8. Como vamos con tanto seso, todo nos ofende, porque todo lo tememos; y as\u00ed no osamos pasar adelante, como si pudi\u00e9semos nosotras llegar a estas moradas y que otros anduviesen el camino. Pues no es esto posible, esforc\u00e9monos, hermanas m\u00edas, por amor del Se\u00f1or; dejemos nuestra raz\u00f3n y temores en sus manos; olvidemos esta flaqueza natural, que nos puede ocupar mucho. El cuidado de estos cuerpos t\u00e9nganle los prelados; all\u00e1 se avengan; nosotras de s\u00f3lo caminar a prisa para ver este Se\u00f1or; que, aunque el regalo que ten\u00e9is es poco o ninguno, el cuidado de la salud nos podr\u00eda enga\u00f1ar; cu\u00e1nto m\u00e1s que no se tendr\u00e1 m\u00e1s por esto, yo lo s\u00e9; y tambi\u00e9n s\u00e9 que no est\u00e1 el negocio en lo que toca al cuerpo, que esto es lo menos; que el caminar que digo es con una grande humildad; que si hab\u00e9is entendido, aqu\u00ed creo est\u00e1 el da\u00f1o de las que no van adelante; sino que nos parezca que hemos andado pocos pasos y lo creamos as\u00ed, y los que andan nuestras hermanas nos parezcan muy presurosos, y no s\u00f3lo deseemos sino que procuremos nos tengan por la m\u00e1s ruin de todas.<\/p>\n<p>9. Y con esto este estado es excelent\u00edsimo; y si no, toda nuestra vida nos estaremos en \u00e9l y con mil penas y miserias. Porque, como no hemos dejado a nosotras mismas, es muy trabajoso y pesado; porque vamos muy cargadas de esta tierra de nuestra miseria, lo que no van los que suben a los aposentos que faltan. En \u00e9stos no deja el Se\u00f1or de pagar como justo, y aun como misericordioso, que siempre da mucho m\u00e1s que merecemos, con darnos \u00abcontentos\u00bb harto mayores que los podemos tener en los que dan los regalos y distraimientos de la vida; mas no pienso que da muchos \u00abgustos\u00bb si no es alguna vez, para convidarlos con ver lo que pasa en las dem\u00e1s moradas, porque se dispongan para entrar en ellas.<\/p>\n<p>10. Pareceros ha que contentos y gustos todo es uno, que para qu\u00e9 hago esta diferencia en los nombres. &#8211; A m\u00ed par\u00e9ceme que la hay muy grande; ya me puedo enga\u00f1ar. Dir\u00e9 lo que en esto entendiere en las moradas cuartas que vienen tras \u00e9stas; porque como se habr\u00e1 de declarar algo de los gustos que all\u00ed da el Se\u00f1or, viene mejor, y aunque parece sin provecho, podr\u00e1 ser de alguno, para que, entendiendo lo que es cada cosa, pod\u00e1is esforzaros a seguir lo mejor; y es mucho consuelo para las almas que Dios llega all\u00ed y confusi\u00f3n para las que les parece que lo tienen todo, y si son humildes moverse han a hacimiento de gracias; si hay alguna falta de esto, darles ha un desabrimiento interior y sin prop\u00f3sito; pues no est\u00e1 la perfecci\u00f3n en los gustos, sino en quien ama m\u00e1s, y el premio lo mismo, y en quien mejor obrare con justicia y verdad.<\/p>\n<p>11. Pareceros ha que de qu\u00e9 sirve tratar de estas mercedes interiores y dar a entender c\u00f3mo son, si es esto verdad, como lo es. Yo no lo s\u00e9; preg\u00fantese a quien me lo manda escribir, que yo no soy obligada a disputar con los superiores, sino a obedecer, ni ser\u00eda bien hecho. Lo que os puedo decir con verdad es que, cuando yo no ten\u00eda ni a\u00fan sab\u00eda por experiencia ni pensaba saberlo en mi vida (y con raz\u00f3n, que harto contento fuera para m\u00ed saber o por conjeturas entender que agradaba a Dios en algo), cuando le\u00eda en los libros de estas mercedes y consuelos que hace el Se\u00f1or a las almas que le sirven, me le daba grand\u00edsimo y era motivo para que mi alma diese grandes alabanzas a Dios. Pues si la m\u00eda, con ser tan ruin, hac\u00eda esto, las que son buenas y humildes le alabar\u00e1n mucho m\u00e1s; y por sola una que le alabe una vez, es muy bien que se diga, a mi parecer, y que entendamos el contento y deleites que perdemos por nuestra culpa. Cu\u00e1nto m\u00e1s que si son de Dios, vienen cargados de amor y fortaleza, con que se puede caminar m\u00e1s sin trabajo e ir creciendo en las obras y virtudes. No pens\u00e9is que importa poco que no quede por nosotros, que cuando no es nuestra la falta, justo es el Se\u00f1or, y Su Majestad os dar\u00e1 por otros caminos lo que os quita por \u00e9ste por lo que Su Majestad sabe, que son muy ocultos sus secretos; al menos ser\u00e1 lo que m\u00e1s nos conviene, sin duda ninguna.<\/p>\n<p>12. Lo que me parece nos har\u00eda mucho provecho a las que por la bondad del Se\u00f1or est\u00e1n en este estado (que, como he dicho, no les hace poca misericordia, porque est\u00e1n muy cerca de subir a m\u00e1s), es estudiar mucho en la prontitud de la obediencia; y aunque no sean religiosos, seria gran cosa -como lo hacen muchas personas- tener a quien acudir para no hacer en nada su voluntad, que es lo ordhnario en que nos da\u00f1amos; y no buscar otro de su humor, como dicen, que vaya con tanto tiento en todo, sino procurar quien est\u00e9 con mucho desenga\u00f1o de las cosas del mundo, que en gran manera aprovecha tratar con quien ya le conoce para conocernos, y porque algunas cosas que nos parecen imposibles, vi\u00e9ndolas en otros tan posibles y con la suavidad que las llevan, anima mucho y parece que con su vuelo nos atrevemos a volar, como hacen los hijos de las aves cuando se ense\u00f1an, que aunque no es de presto dar un gran vuelo, poco a poco imitan a sus padres. En gran manera aprovecha esto, yo lo s\u00e9. Acertar\u00e1n, por determinadas que est\u00e9n en no ofender al Se\u00f1or personas semejantes, no se meter en ocasiones de ofenderle; porque como est\u00e1n cerca de las primeras moradas, con facilidad se podr\u00e1n tornar a ellas; porque su fortaleza no est\u00e1 fundada en tierra firme, como los que est\u00e1n ya ejercitados en padecer, que conocen las tempestades del mundo, cu\u00e1n poco hay que temerlas ni que desear sus contentos y ser\u00eda posible con una persecuci\u00f3n grande volverse a ellos, que sabe bien urdirlas el demonio para hacernos mal, y que yendo con buen celo, queriendo quitar pecados ajenos, no pudiese resistir lo que sobre esto se le podr\u00eda suceder.<\/p>\n<p>13. Miremos nuestras faltas y dejemos las ajenas, que es mucho de personas tan concertadas espantarse de todo; y por ventura de quien nos espantamos, podr\u00edamos bien deprender en lo principal; y en la compostura exterior y en su manera de trato le hacemos ventajas; y no es esto lo de m\u00e1s importancia, aunque es bueno, ni hay para qu\u00e9 querer luego que todos vayan por nuestro camino, ni ponerse a ense\u00f1ar el del esp\u00edritu quien por ventura no sabe qu\u00e9 cosa es; que con estos deseos que nos da Dios, hermanas, del bien de las almas podemos hacer muchos yerros; y as\u00ed es mejor llegarnos a lo que dice nuestra Regla: \u00aben silencio y esperanza procurar vivir siempre\u00bb, que el Se\u00f1or tendr\u00e1 cuidado de sus almas. Como no nos descuidemos nosotras en suplicarlo a Su Majestad, haremos harto provecho con su favor. Sea por siempre bendito.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M41\"><\/a>Cuartas moradas<\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M41\"><\/a>Cap\u00edtulo 1<br \/>\n<\/strong>Trata de la diferencia que hay de contentos y ternura en la oraci\u00f3n y de gustos, y dice el contento que le dio entender que es cosa diferente el pensamiento y el entendimiento. &#8211; Es de provecho para quien se divierte mucho en la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. Para comenzar a hablar de las cuartas moradas bien he menester lo que he hecho, que es encomendarme al Esp\u00edritu Santo y suplicarle de aqu\u00ed adelante hable por m\u00ed, para decir algo de las que quedan de manera que lo entend\u00e1is; porque comienzan a ser cosas sobrenaturales, y es dificultos\u00edsimo de dar a entender, si Su Majestad no lo hace, como en otra parte que se escribi\u00f3 hasta donde yo hab\u00eda entendido, catorce a\u00f1os ha, poco m\u00e1s o menos. Aunque un poco m\u00e1s luz me parece tengo de estas mercedes que el Se\u00f1or hace a algunas almas, es diferente el saberlas decir. H\u00e1galo Su Majestad si se ha de seguir alg\u00fan provecho, y si no, no.<\/p>\n<p>2. Como ya estas moradas se llegan m\u00e1s adonde est\u00e1 el Rey, es grande su hermosura y hay cosas tan delicadas que ver y que entender, que el entendimiento no es capaz para poder dar traza c\u00f3mo se diga siquiera algo que venga tan al justo que no quede bien oscuro para los que no tienen experiencia; que quien la tiene muy bien lo entender\u00e1, en especial si es mucha.<\/p>\n<p>Parecer\u00e1 que para llegar a estas moradas se ha de haber vivido en las otras mucho tiempo; y aunque lo ordinario es que se ha de haber estado en la que acabamos de decir, no es regla cierta, como ya habr\u00e9is o\u00eddo muchas veces; porque da el Se\u00f1or cuando quiere y como quiere y a quien quiere, como bienes suyos, que no hace agravio a nadie.<\/p>\n<p>3. En estas moradas pocas veces entran las cosas ponzo\u00f1osas, y si entran no hacen da\u00f1o, antes dejan con ganancia. Y tengo por muy mejor cuando entran y dan guerra en este estado de oraci\u00f3n; porque podr\u00eda el demonio enga\u00f1ar, a vueltas de los gustos que da Dios, si no hubiese tentaciones, y hacer mucho m\u00e1s da\u00f1o que cuando las hay, y no ganar tanto el alma, por lo menos apartando todas las cosas que la han de hacer merecer, y dejarla en un embebecimiento ordinario. Que cuando lo es en un ser, no le tengo por seguro ni me parece posible estar en un ser el esp\u00edritu del Se\u00f1or en este destierro.<\/p>\n<p>4. Pues hablando de lo que dije que dir\u00eda aqu\u00ed, de la diferencia que hay entre contentos en la oraci\u00f3n o gustos, los contentos me parece a m\u00ed se pueden llamar los que nosotros adquirimos con nuestra meditaci\u00f3n y peticiones a nuestro Se\u00f1or, que procede de nuestro natural, aunque en fin ayuda para ello Dios, que hase de entender en cuanto dijere que no podemos nada sin El; mas nacen de la misma obra virtuosa que hacemos y parece a nuestro trabajo lo hemos ganado, y con raz\u00f3n nos da contento habernos empleado en cosas semejantes. Mas, si lo consideramos, los mismos contentos tendremos en muchas cosas que nos pueden suceder en la tierra: as\u00ed en una gran hacienda que de presto se provea a alguno; como de ver una persona que mucho amamos, de presto; como de haber acertado en un negocio importante y cosa grande, de que todos dicen bien; como si a alguna le han dicho que es muerto su marido o hermano o hijo y le ve venir vivo. Yo he visto derramar l\u00e1grimas de un gran contento, y aun me ha acaecido alguna vez. Par\u00e9ceme a m\u00ed que as\u00ed como estos contentos son naturales, as\u00ed en los que nos dan las cosas de Dios, sino que son de linaje m\u00e1s noble, aunque estotros no eran tampoco malos. En fin, comienzan de nuestro natural mismo y acaban en Dios.<\/p>\n<p>5. Los gustos comienzan de Dios y si\u00e9ntelos el natural y goza tanto de ellos como gozan los que tengo dichos y mucho m\u00e1s. \u00a1Oh Jes\u00fas, y qu\u00e9 deseo tengo de saber declararme en esto!; porque entiendo, a mi parecer, muy conocida diferencia y no alcanza mi saber a darme a entender. H\u00e1galo el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Ahora me acuerdo en un verso que decimos a Prima, al fin del postrer salmo, que al cabo del verso dice: Cum dilatasti cor meum. A quien tuviere mucha experiencia esto le basta para ver la diferencia que hay de lo uno a lo otro; a quien no, es menester m\u00e1s. Los contentos que est\u00e1n dichos no ensanchan el coraz\u00f3n, antes lo m\u00e1s ordinariamente parece aprietan un poco, aunque con contento todo de ver que se hace por Dios; mas vienen unas l\u00e1grimas congojosas, que en alguna manera parece las mueve la pasi\u00f3n. Yo s\u00e9 poco de estas pasiones del alma -que quiz\u00e1 me diera a entender-, y lo que procede de la sensualidad y de nuestro natural, porque soy muy torpe; que yo me supiera declarar, si como he pasado por ello lo entendiera. Gran cosa es el saber y las letras para todo.<\/p>\n<p>6. Lo que tengo de experiencia de este estado, digo de estos regalos y contentos en la meditaci\u00f3n, es que si comenzaba a llorar por la Pasi\u00f3n, no sab\u00eda acabar hasta que se me quebraba la cabeza; si por mis pecados, lo mismo. Harta merced me hac\u00eda nuestro Se\u00f1or, que no quiero yo ahora examinar cu\u00e1l es mejor lo uno o lo otro, sino la diferencia que hay de lo uno a lo otro querr\u00eda saber decir. Para estas cosas algunas veces van estas l\u00e1grimas y estos deseos ayudados del natural y como est\u00e1 la disposici\u00f3n; mas, en fin, como he dicho, vienen a parar en Dios, aunque sea esto. Y es de tener en mucho, si hay humildad para entender que no son mejores por eso; porque no se puede entender si son todos efectos del amor, y cuando sea, es dado de Dios.<\/p>\n<p>Por la mayor parte, tienen estas devociones las almas de las moradas pasadas, porque van casi continuo con obra de entendimiento, empleadas en discurrir con el entendimiento y en meditaci\u00f3n; y van bien, porque no se les ha dado m\u00e1s, aunque acertar\u00edan en ocuparse un rato en hacer actos y en alabanzas de Dios y holgarse de su bondad y que sea el que es, y en desear su honra y gloria. Esto como pudiere, porque despierta mucho la voluntad. Y est\u00e9n con gran aviso cuando el Se\u00f1or les diere estotro no lo dejar por acabar la meditaci\u00f3n que se tiene de costumbre.<\/p>\n<p>7. Porque me he alargado mucho en decir esto en otras partes, no lo dir\u00e9 aqu\u00ed. S\u00f3lo quiero que est\u00e9is advertidas que, para aprovechar mucho en este camino y subir a las moradas que deseamos, no est\u00e1 la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho; y as\u00ed lo que m\u00e1s os despertare a amar, eso haced.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 no sabemos qu\u00e9 es amar, y no me espantar\u00e9 mucho; porque no est\u00e1 en el mayor gusto, sino en la mayor determinaci\u00f3n de desear contentar en todo a Dios y procurar, en cuanto pudi\u00e9remos, no le ofender, y rogarle que vaya siempre adelante la honra y gloria de su Hijo y el aumento de la Iglesia Cat\u00f3lica. Estas son las se\u00f1ales del amor, y no pens\u00e9is que est\u00e1 la cosa en no pensar otra cosa, y que si os divert\u00eds un poco va todo perdido.<\/p>\n<p>8. Yo he andado en esto de esta barah\u00fanda del pensamiento bien apretada algunas veces, y habr\u00e1 poco m\u00e1s de cuatro a\u00f1os que vine a entender por experiencia que el pensamiento (o imaginaci\u00f3n, porque mejor se entienda) no es el entendimiento, y pregunt\u00e9lo a un letrado y d\u00edjome que era as\u00ed, que no fue para m\u00ed poco contento. Porque, como el entendimiento es una de las potencias del alma, hac\u00edaseme recia cosa estar tan tortolito a veces, y lo ordinario vuela el pensamiento de presto, que s\u00f3lo Dios puede atarle, cuando nos ata a S\u00ed de manera que parece estamos en alguna manera desatados de este cuerpo. Yo ve\u00eda, a mi parecer, las potencias del alma empleadas en Dios y estar recogidas con El, y por otra parte el pensamiento alborotado: tra\u00edame tonta.<\/p>\n<p>9. \u00a1Oh Se\u00f1or, tomad en cuenta lo mucho que pasamos en este camino por falta de saber! Y es el mal que, como no pensamos que hay que saber m\u00e1s de pensar en Vos, aun no sabemos preguntar a los que saben ni entendemos qu\u00e9 hay que preguntar, y p\u00e1sanse terribles trabajos, porque no nos entendemos, y lo que no es malo, sino bueno, pensamos que es mucha culpa. De aqu\u00ed proceden las aflicciones de mucha gente que trata de oraci\u00f3n y el quejarse de trabajos interiores, a lo menos mucha parte en gente que no tiene letras, y vienen las melancol\u00edas y a perder la salud y aun a dejarlo del todo, porque no consideran que hay un mundo interior ac\u00e1 dentro; y as\u00ed como no podemos tener el movimiento del cielo, sino que anda a prisa con toda velocidad, tampoco podemos tener nuestro pensamiento, y luego metemos todas las potencias del alma con \u00e9l y nos parece que estamos perdidas y gastado mal el tiempo que estamos delante de Dios; y est\u00e1se el alma por ventura toda junta con El en las moradas muy cercanas, y el pensamiento en el arrabal del castillo padeciendo con mil bestias fieras y ponzo\u00f1osas y mereciendo con este padecer; y as\u00ed, ni nos ha de turbar ni lo hemos de dejar, que es lo que pretende el demonio. Y por la mayor parte, todas las inquietudes y trabajos vienen de este no nos entender.<\/p>\n<p>10. Escribiendo esto, estoy considerando lo que pasa en mi cabeza del gran ruido de ella que dije al principio, por donde se me hizo casi imposible poder hacer lo que me mandaban de escribir. No parece sino que est\u00e1n en ella muchos r\u00edos caudalosos, y por otra parte, que estas aguas se despe\u00f1an; muchos pajarillos y silbos, y no en los o\u00eddos, sino en lo superior de la cabeza, adonde dicen que est\u00e1 lo superior del alma. Y yo estuve en esto harto tiempo, por parecer que el movimiento grande del esp\u00edritu hacia arriba sub\u00eda con velocidad. Plega a Dios que se me acuerde en las moradas de adelante decir la causa de esto, que aqu\u00ed no viene bien, y no ser\u00e1 mucho que haya querido el Se\u00f1or darme este mal de cabeza para entenderlo mejor; porque con toda esta barah\u00fanda de ella, no me estorba a la oraci\u00f3n ni a lo que estoy diciendo, sino que el alma se est\u00e1 muy entera en su quietud y amor y deseos y claro conocimiento.<\/p>\n<p>11. Pues si en lo superior de la cabeza est\u00e1 lo superior del alma, \u00bfc\u00f3mo no la turba? &#8211; Eso no lo s\u00e9 yo; mas s\u00e9 que es verdad lo que digo. Pena da cuando no es la oraci\u00f3n con suspensi\u00f3n, que entonces hasta que se pasa no se siente ning\u00fan mal; mas harto mal fuera si por este impedimento lo dejara yo todo. Y as\u00ed no es bien que por los pensamientos nos turbemos ni se nos d\u00e9 nada; que si los pone el demonio, cesar\u00e1 con esto; y si es, como lo es, de la miseria que nos qued\u00f3 del pecado de Ad\u00e1n con otras muchas, tengamos paciencia y sufr\u00e1moslo por amor de Dios.<\/p>\n<p>12. Pues estamos tambi\u00e9n sujetas a comer y dormir, sin poderlo excusar, que es harto trabajo. Conozcamos nuestra miseria, y deseemos ir adonde \u00abnadie nos menosprecia\u00bb; que algunas veces me acuerdo haber o\u00eddo esto que dice la Esposa en los Cantares, y verdaderamente que no hallo en toda la vida cosa adonde con m\u00e1s raz\u00f3n se pueda decir; porque todos los menosprecios y trabajos que puede haber en la vida no me parece que llegan a estas batallas interiores. Cualquier desasosiego y guerra se puede sufrir con hallar paz adonde vivimos -como ya he dicho-; mas que queremos venir a descansar de mil trabajos que hay en el mundo y que quiera el Se\u00f1or aparejarnos el descanso, y que en nosotras mismas est\u00e9 el estorbo, no puede dejar de ser muy penoso y casi insufridero. Por eso, llevadnos, Se\u00f1or, adonde no nos menosprecien estas miserias, que parecen algunas veces que est\u00e1n haciendo burla del alma.<\/p>\n<p>13. Aun en esta vida la libra el Se\u00f1or de esto, cuando ha llegado a la postrera morada, como diremos, si Dios fuere servido.<\/p>\n<p>Y no dar\u00e1n a todos tanta pena estas miserias ni las acometer\u00e1n, como a m\u00ed hicieron muchos a\u00f1os por ser ruin, que parece que yo misma me quer\u00eda vengar de m\u00ed. Y como cosa tan penosa para m\u00ed, pienso que quiz\u00e1 ser\u00e1 para vosotras as\u00ed y no hago sino decirlo en un cabo y en otro, para si acertase alguna vez a daros a entender c\u00f3mo es cosa forzosa, y no os traiga inquietas y afligidas, sino que dejemos andar esta tarabilla de molino y molamos nuestra harina, no dejando de obrar la voluntad y entendimiento.<\/p>\n<p>14. Hay m\u00e1s y menos en este estorbo, conforme a la salud y a los tiempos. Padezca la pobre alma, aunque no tenga en esto culpa, que otras haremos por donde es raz\u00f3n que tengamos paciencia. Y porque no basta lo que leemos y nos aconsejan, que es que no hagamos caso de estos pensamientos, para las que poco sabemos no me parece tiempo perdido todo lo que gasto en declararlo m\u00e1s y consolaros en este caso; mas hasta que el Se\u00f1or nos quiera dar luz, poco aprovecha. Mas es menester y quiere Su Majestad que tomemos medios y nos entendamos, y lo que hace la flaca imaginaci\u00f3n y el natural y demonio no pongamos la culpa al alma.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M42\"><\/a>Cap\u00edtulo 2<\/strong><br \/>\nProsigue en lo mismo y declara por una comparaci\u00f3n qu\u00e9 es gustos y c\u00f3mo se han de alcanzar no procur\u00e1ndolos.<\/p>\n<p>1. \u00a1V\u00e1lgame Dios en lo que me he metido! Ya ten\u00eda olvidado lo que trataba, porque los negocios y salud me hace dejarlo al mejor tiempo; y como tengo poca memoria, ir\u00e1 todo desconcertado por no poder tornarlo a leer. Y aun quiz\u00e1s se es todo desconcierto cuanto digo; al menos es lo que siento.<\/p>\n<p>Par\u00e9ceme queda dicho de los consuelos espirituales. C\u00f3mo algunas como veces van envueltos con nuestras pasiones, traen consigo unos alborotos de sollozos, y aun a personas he o\u00eddo que se les aprieta el pecho y aun vienen a movimientos exteriores, que no se pueden ir a la mano, y es la fuerza de manera que les hace salir sangre de narices y cosas as\u00ed penosas. De esto no s\u00e9 decir nada, porque no he pasado por ello, mas debe quedar consuelo; porque -como digo- todo va a parar en desear contentar a Dios y gozar de Su Majestad.<\/p>\n<p>2. Los que yo llamo \u00abgustos de Dios\u00bb -que en otra parte lo he nombrado \u00aboraci\u00f3n de quietud\u00bb- es muy de otra manera, como entender\u00e9is las que lo hab\u00e9is probado por la misericordia de Dios. Hagamos cuenta, para entenderlo mejor, que vemos dos fuentes con dos pilas que se hinchen de agua, que no me hallo cosa m\u00e1s a prop\u00f3sito para declarar algunas de esp\u00edritu que esto de agua; y es, como s\u00e9 poco y el ingenio no ayuda y soy tan amiga de este elemento, que le he mirado con m\u00e1s advertencia que otras cosas; que en todas las que crio tan gran Dios, tan sabio, debe haber hartos secretos de que nos podemos aprovechar, y as\u00ed lo hacen los que lo entienden, aunque creo que en cada cosita que Dios cri\u00f3 hay m\u00e1s de lo que se entiende, aunque sea una hormiguita.<\/p>\n<p>3. Estos dos pilones se hinchen de agua de diferentes maneras: el uno viene de m\u00e1s lejos por muchos arcaduces y artificio; el otro est\u00e1 hecho en el mismo nacimiento del agua y vase hinchendo sin ning\u00fan ruido, y si es el manantial caudaloso, como \u00e9ste de que hablamos, despu\u00e9s de henchido este pil\u00f3n procede un gran arroyo; ni es menester artificio, ni se acaba el edificio de los arcaduces, sino siempre est\u00e1 procediendo agua de all\u00ed.<\/p>\n<p>4. Es la diferencia que la que viene por arcaduces es, a mi parecer, los \u00abcontentos\u00bb que tengo dicho que se sacan con la meditaci\u00f3n; porque los traemos con los pensamientos, ayud\u00e1ndonos de las criaturas en la meditaci\u00f3n y cansando el entendimiento; y como viene en fin con nuestras diligencias, hace ruido cuando ha de haber alg\u00fan henchimiento de provechos que hace en el alma, como queda dicho.<\/p>\n<p>Estotra fuente, viene el agua de su mismo nacimiento, que es Dios, y as\u00ed como Su Majestad quiere, cuando es servido hacer alguna merced sobrenatural, produce con grand\u00edsima paz y quietud y suavidad de lo muy interior de nosotros mismos, yo no s\u00e9 hacia d\u00f3nde ni c\u00f3mo, ni aquel contento y deleite se siente como los de ac\u00e1 en el coraz\u00f3n -digo en su principio, que despu\u00e9s todo lo hinche-, vase revertiendo este agua por todas las moradas y potencias hasta llegar al cuerpo; que por eso dije que comienza de Dios y acaba en nosotros; que cierto, como ver\u00e1 quien lo hubiere probado, todo el hombre exterior goza de este gusto y suavidad.<\/p>\n<p>5. Estaba yo ahora mirando -escribiendo esto- que en el verso que dije: Dilatasti cor meum, dice que ensanch\u00f3 el coraz\u00f3n; y no me parece que es cosa -como digo- que su nacimiento es del coraz\u00f3n, sino de otra parte aun m\u00e1s interior, como una cosa profunda. Pienso que debe ser el centro del alma, como despu\u00e9s he entendido y dir\u00e9 a la postre; que, cierto, veo secretos en nosotros mismos que me traen espantada muchas veces. Y \u00a1cu\u00e1ntos m\u00e1s debe haber!<\/p>\n<p>\u00a1Oh Se\u00f1or m\u00edo y Dios m\u00edo, qu\u00e9 grandes son vuestras grandezas!, y andamos ac\u00e1 como unos pastorcillos bobos, que nos parece alcanzamos algo de Vos y debe ser tanto como nonada, pues en nosotros mismos est\u00e1n grandes secretos que no entendemos. Digo tanto como nonada, para lo muy muy mucho que hay en Vos, que no porque no son muy grandes las grandezas que vemos, aun de lo que podemos alcanzar de vuestras obras.<\/p>\n<p>6. Tornando al verso, en lo que me puede aprovechar, a mi parecer, para aqu\u00ed, es en aquel ensanchamiento; que as\u00ed parece que, como comienza a producir aquella agua celestial de este manantial que digo de lo profundo de nosotros, parece que se va dilatando y ensanchando todo nuestro interior y produciendo unos bienes que no se pueden decir, ni aun el alma sabe entender qu\u00e9 es lo que se le da all\u00ed. Entiende una fragancia -digamos ahora- como si en aquel hond\u00f3n interior estuviese un brasero adonde se echasen olorosos perfumes; ni se ve la lumbre, ni d\u00f3nde est\u00e1; mas el calor y humo oloroso penetra toda el alma y aun hartas veces -como he dicho- participa el cuerpo. Mirad, entendedme, que ni se siente calor ni se huele olor, que m\u00e1s delicada cosa es que estas cosas; sino para d\u00e1roslo a entender. Y entiendan las personas que no han pasado por esto, que es verdad que pasa as\u00ed y que se entiende, y lo entiende el alma m\u00e1s claro que yo lo digo ahora; que no es esto cosa que se puede antojar, porque por diligencias que hagamos no lo podemos adquirir, y en ello mismo se ve no ser de nuestro metal, sino de aquel pur\u00edsimo oro de la sabidur\u00eda divina. Aqu\u00ed no est\u00e1n las potencias unidas, a mi parecer, sino embebidas y mirando como espantadas qu\u00e9 es aquello.<\/p>\n<p>7. Podr\u00e1 ser que en estas cosas interiores me contradiga algo de lo que tengo dicho en otras partes. No es maravilla, porque en casi quince a\u00f1os que ha que lo escrib\u00ed, quiz\u00e1 me ha dado el Se\u00f1or m\u00e1s claridad en estas cosas de lo que entonces entend\u00eda, y ahora y entonces puedo errar en todo, mas no mentir, que, por la misericordia de Dios, antes pasar\u00eda mil muertes. Digo lo que entiendo.<\/p>\n<p>8. La voluntad bien me parece que debe estar unida en alguna manera con la de Dios; mas en los efectos y obras de despu\u00e9s se conocen estas verdades de oraci\u00f3n, que no hay mejor crisol para probarse. Harto gran merced es de nuestro Se\u00f1or, si la conoce quien la recibe, y muy grande si no torna atr\u00e1s.<\/p>\n<p>9. Luego querr\u00e9is, mis hijas, procurar tener esta oraci\u00f3n, y ten\u00e9is raz\u00f3n; que -como he dicho- no acaba de entender el alma las que all\u00ed la hace el Se\u00f1or y con el amor que la va acercando m\u00e1s a S\u00ed, que cierto est\u00e1 desear saber c\u00f3mo alcanzaremos esta merced. Yo os dir\u00e9 lo que en esto he entendido.<\/p>\n<p>10. Dejemos cuando el Se\u00f1or es servido de hacerla porque Su Majestad quiere y no por m\u00e1s. El sabe el porqu\u00e9; no nos hemos de meter en eso. Despu\u00e9s de hacer lo que los de las moradas pasadas, \u00a1humildad, humildad! Por \u00e9sta se deja vencer el Se\u00f1or a cuanto de \u00e9l queremos; y lo primero en que ver\u00e9is si la ten\u00e9is, es en no pensar que merec\u00e9is estas mercedes y gustos del Se\u00f1or ni los hab\u00e9is de tener en vuestra vida. Dir\u00e9isme que de esta manera que \u00bfc\u00f3mo se han de alcanzar no los procurando?. A esto respondo que no hay otra mejor de la que os he dicho y no los procurar, por estas razones: la primera, porque lo primero que para esto es menester es amar a Dios sin inter\u00e9s; la segunda, porque es un poco de poca humildad pensar que por nuestros servicios miserables se ha de alcanzar cosa tan grande; la tercera, porque el verdadero aparejo para esto es deseo de padecer y de imitar al Se\u00f1or y no gustos, los que, en fin, le hemos ofendido; la cuarta, porque no est\u00e1 obligado Su Majestad a d\u00e1rnoslos, como a darnos la gloria si guardamos sus mandamientos, que sin esto nos podremos salvar y sabe mejor que nosotros lo que nos conviene y qui\u00e9n le ama de verdad; y as\u00ed es cosa cierta, yo lo s\u00e9, y conozco personas que van por el camino del amor como han de ir, por s\u00f3lo servir a su Cristo crucificado, que no s\u00f3lo no le piden gustos ni los desean, mas le suplican no se los d\u00e9 en esta vida. Esto es verdad. La quinta es, porque trabajaremos en balde, que como no se ha de traer esta agua por arcaduces como la pasada, si el manantial no la quiere producir, poco aprovecha que nos cansemos. Quiero decir que aunque m\u00e1s meditaci\u00f3n tengamos y aunque m\u00e1s nos estrujemos y tengamos l\u00e1grimas, no viene este agua por aqu\u00ed. S\u00f3lo se da a quien Dios quiere y cuando m\u00e1s descuidada est\u00e1 muchas veces el alma.<\/p>\n<p>Suyas somos, hermanas; haga lo que quisiere de nosotras; ll\u00e9venos por donde fuere servido. Bien creo que quien de verdad se humillare y desasiere (digo de verdad, porque no ha de ser por nuestros pensamientos, que muchas veces nos enga\u00f1an, sino que estemos desasidas del todo), que no dejar\u00e1 el Se\u00f1or de hacernos esta merced y otras muchas que no sabremos desear. Sea por siempre alabado y bendito, am\u00e9n.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M43\"><\/a>Cap\u00edtulo 3<\/strong><br \/>\nEn que trata qu\u00e9 es oraci\u00f3n de recogimiento, que por la mayor parte la da el Se\u00f1or antes de la dicha. &#8211; Dice sus efectos y los que quedan de la pasada que trat\u00f3, de los gustos que da el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>1. Los efectos de esta oraci\u00f3n son muchos: algunos dir\u00e9, y primero, otra manera de oraci\u00f3n que comienza casi siempre primero que \u00e9sta, y por haberla dicho en otras partes, dir\u00e9 poco. Un recogimiento que tambi\u00e9n me parece sobrenatural, porque no es estar en oscuro ni cerrar los ojos, ni consiste en cosa exterior, puesto que, sin quererlo, se hace esto de cerrar los ojos y desear soledad; y sin artificio, parece que se va labrando el edificio para la oraci\u00f3n que queda dicha; porque estos sentidos y cosas exteriores parece que van perdiendo de su derecho porque el alma vaya cobrando el suyo que ten\u00eda perdido.<\/p>\n<p>2. Dicen que \u00abel alma se entra dentro de s\u00ed\u00bb y otras veces que \u00absube sobre s\u00ed\u00bb. Por este lenguaje no sabr\u00e9 yo aclarar nada, que esto tengo malo que por el que yo lo s\u00e9 decir pienso que me hab\u00e9is de entender, y quiz\u00e1 ser\u00e1 sola para m\u00ed. Hagamos cuenta que estos sentidos y potencias (que ya he dicho que son la gente de este castillo, que es lo que he tomado para saber decir algo), que se han ido fuera y andan con gente extra\u00f1a, enemiga del bien de este castillo, d\u00edas y a\u00f1os; y que ya se han ido, viendo su perdici\u00f3n, acercando a \u00e9l, aunque no acaban de estar dentro -porque esta costumbre es recia cosa-, sino no son ya traidores y andan alrededor. Visto ya el gran Rey, que est\u00e1 en la morada de este castillo, su buena voluntad, por su gran misericordia, qui\u00e9relos tornar a \u00e9l y, como buen pastor, con un silbo tan suave, que aun casi ellos mismos no le entienden, hace que conozcan su voz y que no anden tan perdidos, sino que se tornen a su morada. Y tiene tanta fuerza este silbo del pastor, que desamparan las cosas exteriores en que estaban enajenados y m\u00e9tense en el castillo.<\/p>\n<p>3. Par\u00e9ceme que nunca lo he dado a entender como ahora, porque para buscar a Dios en lo interior (que se halla mejor y m\u00e1s a nuestro provecho que en las criaturas, como dice San Agust\u00edn que le hall\u00f3, despu\u00e9s de haberle buscado en muchas partes), es gran ayuda cuando Dios hace esta merced. Y no pens\u00e9is que es por el entendimiento adquirido procurando pensar dentro de s\u00ed a Dios, ni por la imaginaci\u00f3n, imagin\u00e1ndole en s\u00ed. Bueno es esto y excelente manera de meditaci\u00f3n, porque se funda sobre verdad, que lo es estar Dios dentro de nosotros mismos; mas no es esto, que esto cada uno lo puede hacer (con el favor del Se\u00f1or, se entiende, todo). Mas lo que digo es en diferente manera, y que algunas veces, antes que se comience a pensar en Dios, ya esta gente est\u00e1 en el castillo, que no s\u00e9 por d\u00f3nde ni c\u00f3mo oy\u00f3 el silbo de su pastor. Que no fue por los o\u00eddos, que no se oye nada, mas si\u00e9ntese notablemente un encogimiento suave a lo interior, como ver\u00e1 quien pasa por ello, que yo no lo s\u00e9 aclarar mejor. Par\u00e9ceme que he le\u00eddo que como un erizo o tortuga, cuando se retiran hacia s\u00ed, y deb\u00edalo de entender bien quien lo escribi\u00f3. Mas \u00e9stos, ellos se entran cuando quieren; ac\u00e1 no est\u00e1 en nuestro querer sino cuando Dios nos quiere hacer esta merced. Tengo para m\u00ed que cuando Su Majestad la hace, es a personas que van ya dando de mano a las cosas del mundo. No digo que sea por obra los que tienen estado que no pueden, sino por el deseo, pues los llama particularmente para que est\u00e9n atentos a las interiores; y as\u00ed creo que, si queremos dar lugar a Su Majestad, que no dar\u00e1 s\u00f3lo esto a quien comienza a llamar para m\u00e1s.<\/p>\n<p>4. Al\u00e1bele mucho quien esto entendiere en s\u00ed, porque es muy mucha raz\u00f3n que conozca la merced, y el hacimiento de gracias por ella har\u00e1 que se disponga para otras mayores. Y es disposici\u00f3n para poder escuchar, como se aconseja en algunos libros, que procuren no discurrir, sino estarse atentos a ver qu\u00e9 obra el Se\u00f1or en el alma; que si Su Majestad no ha comenzado a embebernos, no puedo acabar de entender c\u00f3mo se pueda detener el pensamiento de manera que no haga m\u00e1s da\u00f1o que provecho, aunque ha sido contienda bien platicada entre algunas personas espirituales, y de m\u00ed confieso mi poca humildad que nunca me han dado raz\u00f3n para que yo me rinda a lo que dicen. Uno me aleg\u00f3 con cierto libro del santo Fray Pedro de Alc\u00e1ntara -que yo creo lo es- a quien yo me rindiera, porque s\u00e9 que lo sab\u00eda; y le\u00edmoslo y dice lo mismo que yo, aunque no por estas palabras; mas enti\u00e9ndese en lo que dice que ha de estar ya despierto el amor.<\/p>\n<p>5. Ya puede ser que yo me enga\u00f1e, mas voy por estas razones: la primera, que en esta obra de esp\u00edritu quien menos piensa y quiere hacer, hace m\u00e1s; lo que habemos de hacer es pedir como pobres necesitados delante de un grande y rico emperador, y luego bajar los ojos y esperar con humildad. Cuando por sus secretos caminos parece que entendemos que nos oye, entonces es bien callar, pues nos ha dejado estar cerca de \u00e9l, y no ser\u00e1 malo procurar no obrar con el entendimiento -si podemos digo- Mas si este Rey aun no entendemos que nos ha o\u00eddo ni nos ve, no nos hemos de estar bobos, que lo queda harto el alma cuando ha procurado esto, y queda mucho m\u00e1s seca y por ventura m\u00e1s inquieta la imaginaci\u00f3n con la fuerza que se ha hecho a no pensar nada, sino que quiere el Se\u00f1or que le pidamos y consideremos estar en su presencia, que El sabe lo que nos cumple. Yo no puedo persuadirme a industrias humanas en cosas que parece puso Su Majestad l\u00edmite y las quiso dejar para S\u00ed; lo que no dej\u00f3 otras muchas que podemos con su ayuda, as\u00ed de penitencia, como de obras, como de oraci\u00f3n, hasta donde puede nuestra miseria.<\/p>\n<p>6. La segunda raz\u00f3n es, que estas obras interiores son todas suaves y pac\u00edficas, y hacer cosa penosa, antes da\u00f1a que aprovecha. Llamo penosa fuerza que nos queramos hacer, como ser\u00eda pena detener el huelgo; sino dejarse el alma en las manos de Dios, haga lo que quisiere de ella, con el mayor descuido de su provecho que pudiere y mayor resignaci\u00f3n a la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>7. La tercera es, que el mismo cuidado que se pone en no pensar nada quiz\u00e1 despertar\u00e1 el pensamiento a pensar mucho.<\/p>\n<p>8. La cuarta es, que lo m\u00e1s sustancial y agradable a Dios es que nos acordemos de su honra y gloria y nos olvidemos de nosotros mismos y de nuestro provecho y regalo y gusto. Pues \u00bfc\u00f3mo est\u00e1 olvidado de s\u00ed el que con mucho cuidado est\u00e1, que no se osa bullir, ni aun deja a su entendimiento y deseos que se bullan a desear la mayor gloria de Dios, ni que se huelgue de la que tiene? Cuando Su Majestad quiere que el entendimiento cese, oc\u00fapale por otra manera y da una luz en el conocimiento tan sobre la que podemos alcanzar, que le hace quedar absorto, y entonces, sin saber c\u00f3mo, queda muy mejor ense\u00f1ado que no con todas nuestras diligencias para echarle m\u00e1s a perder; que pues Dios nos dio las potencias para que con ellas trabaj\u00e1semos y se tiene todo su premio, no hay para qu\u00e9 las encantar, sino dejarlas hacer su oficio, hasta que Dios las ponga en otro mayor.<\/p>\n<p>Lo que entiendo que m\u00e1s conviene que ha de hacer el alma que ha querido el Se\u00f1or meter a esta morada es lo dicho, y que sin ninguna fuerza ni ruido procure atajar el discurrir del entendimiento, mas no el suspenderle ni el pensamiento, sino que es bien que se acuerde que est\u00e1 delante de Dios y qui\u00e9n es este Dios. Si lo mismo que siente en s\u00ed le embebiere, enhorabuena; mas no procure entender lo que es, porque es dado a la voluntad; d\u00e9jela gozar sin ninguna industria m\u00e1s de algunas palabras amorosas, que aunque no procuremos aqu\u00ed estar sin pensar nada, se est\u00e1 muchas veces, aunque muy breve tiempo.<\/p>\n<p>Mas -como dije en otra parte- la causa porque en esta manera de oraci\u00f3n (digo en la que comenc\u00e9 esta morada, que he metido la de recogimiento con \u00e9sta que hab\u00eda de decir primero, y es muy menos que la de los gustos que he dicho de Dios, sino que es principio para venir a ella; que en la del recogimiento no se ha de dejar la meditaci\u00f3n, ni la obra del entendimiento) en esta fuente manantial que no viene por arcaduces \u00e9l se comide o le hace comedir ver que no entiende lo que quiere; y as\u00ed anda de un cabo a otro, como tonto que en nada hace asiento. La voluntad le tiene tan grande en su Dios, que la da gran pesadumbre su bullicio, y as\u00ed no ha menester hacer caso de \u00e9l, que la har\u00e1 perder mucho de lo que goza, sino dejarle y dejarse a s\u00ed en los brazos del amor, que Su Majestad la ense\u00f1ar\u00e1 lo que ha de hacer en aquel punto, que casi todo es hallarse indigna de tanto bien y emplearse en hacimiento de gracias.<\/p>\n<p>9. Por tratar de la oraci\u00f3n de recogimiento, dej\u00e9 los efectos o se\u00f1ales que tienen las almas a quien Dios nuestro Se\u00f1or da esta oraci\u00f3n. As\u00ed como se entiende claro un dilatamiento o ensanchamiento en el alma, a manera de como si el agua que mana de una fuente no tuviese corriente, sino que la misma fuente estuviese labrada de una cosa que mientras m\u00e1s agua manase m\u00e1s grande se hiciese el edificio, as\u00ed parece en esta oraci\u00f3n, y otras muchas maravillas que hace Dios en el alma, que la habilita y va disponiendo para que quepa todo en ella. As\u00ed esta suavidad y ensanchamiento interior se ve en el que le queda para no estar tan atada como antes en las cosas del servicio de Dios, sino con mucha m\u00e1s anchura. As\u00ed en no se apretar con el temor del infierno, porque aunque le queda mayor de no ofender a Dios, el servil pi\u00e9rdese aqu\u00ed: queda con gran confianza que le ha de gozar. El que sol\u00eda tener, para hacer penitencia, de perder la salud, ya le parece que todo lo podr\u00e1 en Dios; tiene m\u00e1s deseos de hacerla que hasta all\u00ed. El temor que sol\u00eda tener a los trabajos, ya va m\u00e1s templado; porque est\u00e1 m\u00e1s viva la fe y entiende que, si los pasa por Dios, Su Majestad le dar\u00e1 gracia para que los sufra con paciencia, y aun algunas veces los desea, porque queda tambi\u00e9n una gran voluntad de hacer algo por Dios. Como va m\u00e1s conociendo su grandeza, ti\u00e9nese ya por m\u00e1s miserable; como ha probado ya los gustos de Dios, ve que es una basura los del mundo, vase poco a poco apartando de ellos y es m\u00e1s se\u00f1ora de s\u00ed para hacerlo. En fin, en todas las virtudes queda mejorada y no dejar\u00e1 de ir creciendo, si no torna atr\u00e1s ya, a hacer ofensas de Dios, porque entonces todo se pierde, por subida que est\u00e9 un alma en la cumbre. Tampoco se entiende que de una vez o dos que Dios haga esta merced a un alma, quedan todas \u00e9stas hechas si no va perseverando en recibirlas, que en esta perseverancia est\u00e1 todo nuestro bien.<\/p>\n<p>10. De una cosa aviso mucho a quien se viere en este estado: que se guarde muy mucho de ponerse en ocasiones de ofender a Dios; porque aqu\u00ed no est\u00e1 a\u00fan el alma criada, sino como un ni\u00f1o que comienza a mamar, que si se aparta de los pechos de su madre, \u00bfqu\u00e9 se puede esperar de \u00e9l sino la muerte? Yo he mucho temor que a quien Dios hubiere hecho esta merced y se apartare de la oraci\u00f3n, que ser\u00e1 as\u00ed, si no es con grand\u00edsima ocasi\u00f3n o si no torna presto a ella, porque ir\u00e1 de mal en peor. Yo s\u00e9 que hay mucho que temer en este caso, y conozco a algunas personas que me tienen harto lastimada y he visto lo que digo, por haberse apartado de quien con tanto amor se le quer\u00eda dar por amigo y mostr\u00e1rselo por obras. Aviso tanto que no se pongan en ocasiones, porque pone mucho el demonio m\u00e1s por un alma de \u00e9stas que por muy muchas a quien el Se\u00f1or no haga estas mercedes; porque le pueden hacer gran da\u00f1o con llevar otras consigo, y hacer gran provecho, podr\u00eda ser, en la Iglesia de Dios; y aunque no haya otra cosa sino ver el que Su Majestad las muestra amor particular, basta para que \u00e9l se deshaga porque se pierdan; y as\u00ed son muy combatidas y aun mucho m\u00e1s perdidas que otras, si se pierden.<\/p>\n<p>11. Vosotras, hermanas, libres est\u00e1is de estos peligros, a lo que podemos entender; de soberbia y vanagloria os libre Dios; y de que el demonio quiera contrahacer estas mercedes, conocerse ha en que no har\u00e1 estos efectos, sino todo al rev\u00e9s.<\/p>\n<p>De un peligro os quiero avisar (aunque os lo he dicho en otra parte) en que he visto caer a personas de oraci\u00f3n, en especial mujeres, que como somos m\u00e1s flacas, ha m\u00e1s lugar para lo que voy a decir. Y es que algunas, de la mucha penitencia y oraci\u00f3n y vigilias y aun sin esto, sonse flacas de complexi\u00f3n; en teniendo alg\u00fan regalo, suj\u00e9tales el natural y, como sienten contento alguno interior y caimiento en lo exterior y una flaqueza, cuando hay un sue\u00f1o que llaman espiritual, que es un poco m\u00e1s de lo que queda dicho, par\u00e9celes que es lo uno como lo otro y d\u00e9janse embebecer. Y mientras m\u00e1s se dejan, se embebecen m\u00e1s, porque se enflaquece m\u00e1s el natural, y en su seso les parece arrobamiento; y ll\u00e1mole yo abobamiento, que no es otra cosa m\u00e1s de estar perdiendo tiempo all\u00ed y gastando su salud.<\/p>\n<p>A una persona le acaec\u00eda estar ocho horas), que ni est\u00e1n sin sentido, ni sienten cosa de Dios. Con dormir y comer y no hacer tanta penitencia, se le quit\u00f3 a esta persona, porque hubo quien la entendiese, que a su confesor tra\u00eda enga\u00f1ado y a otras personas y a s\u00ed misma, que ella no quer\u00eda enga\u00f1ar. Bien creo que har\u00eda el demonio alguna diligencia para sacar alguna ganancia, y no comenzaba a sacar poca.<\/p>\n<p>12. Hase de entender que cuando es cosa verdaderamente de Dios, que aunque hay caimiento interior y exterior, que no le hay en el alma, que tiene grandes sentimientos de verse tan cerca de Dios, ni tampoco dura tanto, sino muy poco espacio, bien que se torna a embebecer; y en esta oraci\u00f3n, si no es flaqueza -como he dicho- no llega a tanto que derrueque el cuerpo ni haga ning\u00fan sentimiento exterior en \u00e9l.<\/p>\n<p>13. Por eso tengan aviso que cuando sintieren esto en s\u00ed, lo digan a la prelada y divi\u00e9rtanse lo que pudieren y h\u00e1galas no tener horas tantas de oraci\u00f3n sino muy poco, y procure que duerman bien y coman, hasta que se les vaya tornando la fuerza natural, si se perdi\u00f3 por aqu\u00ed. Si es de tan flaco natural que no le baste esto, cr\u00e9anme que no la quiere Dios sino para la vida activa, que de todo ha de haber en los monasterios; oc\u00fapenla en oficios, y siempre se tenga cuenta que no tenga mucha soledad, porque vendr\u00e1 a perder del todo la salud. Harta mortificaci\u00f3n ser\u00e1 para ella; aqu\u00ed quiere probar el Se\u00f1or el amor que le tiene en c\u00f3mo lleva esta ausencia, y ser\u00e1 servido de tornarle la fuerza despu\u00e9s de alg\u00fan tiempo, y si no, con oraci\u00f3n vocal ganar\u00e1 y con obedecer, y merecer\u00e1 lo que hab\u00eda de merecer por aqu\u00ed y por ventura m\u00e1s.<\/p>\n<p>14. Tambi\u00e9n podr\u00eda haber algunas de tan flaca cabeza e imaginaci\u00f3n -como yo las he conocido- que todo lo que piensan les parece que lo ven; es harto peligroso.<\/p>\n<p>15. Porque quiz\u00e1 se tratar\u00e1 de ello adelante, no m\u00e1s aqu\u00ed, que me he alargado mucho en esta morada, porque es en la que m\u00e1s almas creo entran, y como es tambi\u00e9n natural junto con lo sobrenatural, puede el demonio hacer m\u00e1s da\u00f1o; que en las que est\u00e1n por decir, no le da el Se\u00f1or tanto lugar. Sea por siempre alabado, am\u00e9n.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M51\"><\/a>Moradas quintas<\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M51\"><\/a>Cap\u00edtulo 1<\/strong><br \/>\nComienza a tratar c\u00f3mo en la oraci\u00f3n se une el ama con Dios. &#8211; Dice en qu\u00e9 se conocer\u00e1 no ser enga\u00f1o.<\/p>\n<p>1. \u00a1Oh hermanas!, \u00bfc\u00f3mo os podr\u00eda yo decir la riqueza y tesoros y deleites que hay en las quintas moradas? Creo fuera mejor no decir nada de las que faltan, pues no se ha de saber decir ni el entendimiento lo sabe entender ni las comparaciones pueden servir de declararlo, porque son muy bajas las cosas de la tierra para este fin. Enviad, Se\u00f1or m\u00edo, del cielo luz para que yo pueda dar alguna a estas vuestras siervas, pues sois servido de que gocen algunas de ellas tan ordinariamente de estos gozos, porque no sean enga\u00f1adas, transfigur\u00e1ndose el demonio en \u00e1ngel de luz, pues todos sus deseos se emplean en desear contentaros.<\/p>\n<p>2. Y aunque dije \u00abalgunas\u00bb, bien pocas hay que no entren en esta morada que ahora dir\u00e9. Hay m\u00e1s y menos, y a esta causa digo que son las m\u00e1s las que entran en ellas. En algunas cosas de las que aqu\u00ed dir\u00e9 que hay en este aposento, bien creo que son pocas; mas aunque no sea sino llegar a la puerta, es harta misericordia la que las hace Dios; porque, puesto que son muchos los llamados, pocos son los escogidos.<\/p>\n<p>3. As\u00ed digo ahora que aunque todas las que traemos este h\u00e1bito sagrado del Carmen somos llamadas a la oraci\u00f3n y contemplaci\u00f3n (porque \u00e9ste fue nuestro principio, de esta casta venimos, de aquellos santos Padres nuestros del Monte Carmelo, que en tan gran soledad y con tanto desprecio del mundo buscaban este tesoro, esta preciosa margarita de que hablamos), pocas nos disponemos para que nos la descubra el Se\u00f1or. Porque cuanto a lo exetiror vamos bien para llegar a lo que es menester; en las virtudes para llegar aqu\u00ed, hemos menester mucho, mucho, y no nos descuidar poco ni mucho. Por eso, hermanas m\u00edas, alto a pedir al Se\u00f1or, que pues en alguna manera podemos gozar del cielo en la tierra, que nos d\u00e9 su favor para que no quede por nuestra culpa y nos muestre el camino y d\u00e9 fuerzas en el alma para cavar hasta hallar este tesoro escondido, pues es verdad que le hay en nosotras mismas, que esto querr\u00eda yo dar a entender, si el Se\u00f1or es servido que sepa.<\/p>\n<p>4. Dije \u00abfuerzas en el alma\u00bb, porque entend\u00e1is que no hacen falta las del cuerpo a quien Dios nuestro Se\u00f1or no las da; no imposibilita a ninguno para comprar sus riquezas; con que d\u00e9 cada uno lo que tuviere, se contenta. Bendito sea tan gran Dios. Mas mirad, hijas, que para esto que tratamos no quiere que os qued\u00e9is con nada; poco o mucho, todo lo quiere para s\u00ed, y conforme a lo que entendi\u00e9reis de vos que os han dado, se os har\u00e1n mayores o menores mercedes. No hay mejor prueba para entender si llega a uni\u00f3n o si no nuestra oraci\u00f3n. No pens\u00e9is que es cosa so\u00f1ada, como la pasada. Digo so\u00f1ada, porque as\u00ed parece est\u00e1 el alma como adormezida, que ni bien parece est\u00e1 dormida ni se siente despierta. Aqu\u00ed con estar todas dormidas, y bien dormidas, a las cosas del mundo y a nosotras mismas (porque en hecho de verdad se queda como sin sentido aquello poco que dura, que ni hay poder pensar, aunque quieran, aqu\u00ed no es menester con artificio suspender el pensamiento; hasta el amar -si lo hace- no entiende c\u00f3mo, ni qu\u00e9 es lo que ama ni qu\u00e9 querr\u00eda; en fin, como quien de todo punto ha muerto al mundo para vivir m\u00e1s en Dios, que as\u00ed es: una muerte sabrosa, un arrancamiento del alma de todas las operaciones que puede tener estando en el cuerpo; deleitosa, porque aunque de verdad parece se aparta el alma de \u00e9l para mejor estar en Dios, de manera que aun no s\u00e9 yo si le queda vida para resolgar (ahora lo estaba pensando y par\u00e9ceme que no, al menos si lo hace no se entiende si lo hace), todo su entendimiento se querr\u00eda emplear en entender algo de lo que siente y, como no llegan sus fuerzas a esto, qu\u00e9dase espantado de manera que, si no se pierde del todo, no menea pie ni mano, como ac\u00e1 decimos de una persona que est\u00e1 tan desmayada que nos parece est\u00e1 muerta.<\/p>\n<p>\u00a1Oh secretos de Dios!, que no me hartar\u00eda de procurar dar a entenderlos si pensase acertar en algo, y as\u00ed dir\u00e9 mil desatinos, por si alguna vez atinase, para que alabemos mucho al Se\u00f1or.<\/p>\n<p>5. Dije que no era cosa so\u00f1ada, porque en la morada que queda dicha, hasta que la experiencia es mucha queda el alma dudosa de qu\u00e9 fue aquello: si se le antoj\u00f3, si estaba dormida, si fue dado de Dios, si se transfigur\u00f3 el demonio en \u00e1ngel de luz. Queda con mil sospechas, y es bien que las tenga, porque -como dije- aun el mismo natural nos puede enga\u00f1ar all\u00ed alguna vez; porque aunque no hay tanto lugar para entrar las cosas ponzo\u00f1osas, unas lagartijillas s\u00ed, que como son agudas por doquiera se meten; y aunque no hacen da\u00f1o, en especial si no hacen caso de ellas &#8211; como dije- porque son pensamientillos que proceden de la imaginaci\u00f3n y de lo que queda dicho, importunan muchas veces. Aqu\u00ed, por ayudas que son las lagartijas, no pueden entrar en esta morada; porque ni hay imaginaci\u00f3n, ni memoria ni entendimiento que pueda impedir este bien. Y osar\u00e9 afirmar que si verdaderamente es uni\u00f3n de Dios, que no puede entrar el demonio ni hacer ning\u00fan da\u00f1o; porque est\u00e1 Su Majestad tan junto y unido con la esencia del alma, que no osar\u00e1 llegar ni aun debe de entender este secreto. Y est\u00e1 claro: pues dicen que no entiende nuestro pensamiento, menos entender\u00e1 cosa tan secreta, que aun no la f\u00eda Dios de nuestro pensamiento. \u00a1Oh gran bien, estado adonde este maldito no nos hace mal! As\u00ed queda el alma con tan grandes ganancias, por obrar Dios en ella sin que nadie le estorbe, ni nosotros mismos. \u00bfQu\u00e9 no dar\u00e1 quien es tan amigo de dar y puede dar todo lo que quiere?<\/p>\n<p>6. Parece que os dejo confusas en decir si es uni\u00f3n de Dios y que hay otras uniones. Y \u00a1c\u00f3mo si las hay! Aunque sean en cosas vanas, cuando se aman mucho, tambi\u00e9n los transportar\u00e1 el demonio; mas no con la manera que Dios ni con el deleite y satisfacci\u00f3n del alma y paz y gozo. Es sobre todos los gozos de la tierra y sobre todos los deleites y sobre todos los contentos y m\u00e1s, que no tiene que ver adonde se engendran estos contentos o los de la tierra, que es muy diferente su sentir como lo tendr\u00e9is experimentado. Dije yo una vez, que es como si fuesen en esta groser\u00eda del cuerpo, o en los tu\u00e9tanos, y atin\u00e9 bien, que no s\u00e9 c\u00f3mo lo decir mejor.<\/p>\n<p>7. Par\u00e9ceme que a\u00fan no os veo satisfechas, porque os parecer\u00e1 que os pod\u00e9is enga\u00f1ar, que esto interior es cosa recia de examinar; y aunque para quien ha pasado por ello basta lo dicho, porque es grande la diferencia, qui\u00e9roos decir una se\u00f1al clara por donde no os podr\u00e9is enga\u00f1ar ni dudar si fue de Dios, que Su Majestad me la ha tra\u00eddo hoy a la memoria, y a mi parecer es la cierta.<\/p>\n<p>8. Siempre en cosas dificultosas, aunque me parece que lo entiendo y que digo verdad, voy con este lenguaje de que \u00abme parece\u00bb; porque si me enga\u00f1are, estoy muy aparejada a creer lo que dijeren los que tienen letras muchas; porque aunque no hayan pasado por estas cosas, tienen un no s\u00e9 qu\u00e9 grandes letrados, que como Dios los tiene para luz de su Iglesia, cuando es una verdad, d\u00e1sela para que se admita; y si no son derramados sino siervos de Dios, nunca se espantan de sus grandezas, que tienen bien entendido que puede mucho m\u00e1s y m\u00e1s. Y, en fin, aunque algunas cosas no tan declaradas, otras deben hallar escritas, por donde ven que pueden pasar \u00e9stas.<\/p>\n<p>De esto tengo grand\u00edsima experiencia, y tambi\u00e9n la tengo de unos medioletrados espantadizos, porque me cuestan muy caro. Al menos creo que quien no creyere que puede Dios mucho m\u00e1s y que ha tenido por bien y tiene algunas veces comunicarlo a sus criaturas, que tiene bien cerrada la puerta para recibirlas. Por eso, hermanas, nunca os acaezca, sino creed de Dios mucho m\u00e1s y m\u00e1s, y no pong\u00e1is los ojos en si son ruines o buenos a quien las hace, que Su Majestad lo sabe, como os lo he dicho; no hay para qu\u00e9 nos meter en esto, sino con simpleza de coraz\u00f3n y humildad servir a Su Majestad y alabarle por sus obras y maravillas.<\/p>\n<p>9. Pues tornando a la se\u00f1al que digo es la verdadera, ya veis esta alma que la ha hecho Dios boba del todo para imprimir mejor en ella la verdadera sabidur\u00eda, que ni ve ni oye ni entiende en el tiempo que est\u00e1 as\u00ed, que siempre es breve, y aun harto m\u00e1s breve le parece a ella de lo que debe de ser. Fija Dios a s\u00ed mismo en lo interior de aquel alma de manera que cuando torna en si en ninguna manera pueda dudar que estuvo en Dios y Dios en ella. Con tanta firmeza le queda esta verdad, que aunque pase a\u00f1os sin tornarle Dios a hacer aquella merced, ni se le olvida ni puede dudar que estuvo. Aun dejemos por los efectos con que queda, que \u00e9stos dir\u00e9 despu\u00e9s; esto es lo que hace mucho al caso.<\/p>\n<p>10. Pues dir\u00e9isme: \u00bfc\u00f3mo lo vio o c\u00f3mo lo entendi\u00f3, si no ve ni entiende? No digo que lo vio entonces, sino que lo ve despu\u00e9s claro; y no porque es visi\u00f3n, sino una certidumbre que queda en el alma que s\u00f3lo Dios la puede poner. Yo s\u00e9 de una persona que no hab\u00eda llegado a su noticia que estaba Dios en todas las cosas por presencia y potencia y esencia, y de una merced que le hizo Dios de esta suerte lo vino a creer de manera, que aunque un medioletrado de los que tengo dichos a quien pregunt\u00f3 c\u00f3mo estaba Dios en nosotros (\u00e9l lo sab\u00eda tan poco como ella antes que Dios se lo diese a entender) le dijo que no estaba m\u00e1s de por gracia, ella ten\u00eda ya tan fija la verdad, que no le crey\u00f3 y pregunt\u00f3lo a otros que le dijeron la verdad, con que se consol\u00f3 mucho.<\/p>\n<p>11. No os hab\u00e9is de enga\u00f1ar pareci\u00e9ndoos que esta certidumbre queda en forma corporal, como el cuerpo de nuestro Se\u00f1or Jesucristo est\u00e1 en el Sant\u00edsimo Sacramento, aunque no le vemos, porque ac\u00e1 no queda as\u00ed, sino de sola la divinidad. Pues \u00bfc\u00f3mo lo que no vimos se nos queda con esa certidumbre? &#8211; Eso no lo s\u00e9 yo, son obras suyas: mas s\u00e9 que digo la verdad, y quien no quedare con esta certidumbre, no dir\u00eda yo que es uni\u00f3n de toda el alma con Dios, sino de alguna potencia, y otras muchas maneras de mercedes que hace Dios al alma.<\/p>\n<p>12. Hemos de dejar en todas estas cosas de buscar razones para ver c\u00f3mo fue; pues no llega nuestro entendimiento a entenderlo, \u00bfpara qu\u00e9 nos queremos desvanecer? Basta ver que es todopoderoso el que lo hace, y pues no somos ninguna parte por diligencias que hagamos para alcanzarlo, sino que es Dios el que lo hace, no lo queramos ser para entenderlo.<\/p>\n<p>13. Ahora me acuerdo, sobre esto que digo de que \u00abno somos parte\u00bb, de lo que hab\u00e9is o\u00eddo que dice la Esposa en los Cantares: Llev\u00f3me el rey a la bodega del vino, o metiome, creo que dice. Y no dice que ella se fue. Y dice tambi\u00e9n que andaba buscando a su Amado por una parte y por otra. Esta entiendo yo es la bodega adonde nos quiere meter el Se\u00f1or cuando quiere y como quiere; mas por diligencias que nosotros hagamos, no podemos entrar. Su Majestad nos ha de meter y entrar El en el centro de nuestra alma y, para mostrar sus maravillas mejor, no quiere que tengamos en \u00e9sta m\u00e1s parte de la voluntad que del todo se le ha rendido, ni que se le abra la puerta de las potencias y sentidos, que todos est\u00e1n dormidos; sino entrar en el centro del alma sin ninguna, como entr\u00f3 a sus disc\u00edpulos cuando dijo: Pax vobis, y sali\u00f3 del sepulcro sin levantar la piedra.<\/p>\n<p>14. Adelante ver\u00e9is c\u00f3mo Su Majestad quiere que le goce el alma en su mismo centro, aun m\u00e1s que aqu\u00ed mucho en la postrera morada.<br \/>\n\u00a1Oh hijas, qu\u00e9 mucho veremos si no queremos ver m\u00e1s de nuestra bajeza y miseria, y entender que no somos dignas de ser siervas de un Se\u00f1or tan grande, que no podemos alcanzar sus maravillas! Sea por siempre alabado, am\u00e9n.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M52\"><\/a>Cap\u00edtulo 2<\/strong><br \/>\nProsigue en lo mismo. &#8211; Declara la oraci\u00f3n de uni\u00f3n por una comparaci\u00f3n delicada. &#8211; Dice los efectos con que queda el alma. &#8211; Es muy de notar.<\/p>\n<p>1. Pareceros ha que ya est\u00e1 todo dicho lo que hay que ver en esta morada, y falta mucho, porque -como dije- hay m\u00e1s y menos. Cuanto a lo que es uni\u00f3n, no creo sabr\u00e9 decir m\u00e1s; mas cuando el alma a quien Dios hace estas mercedes se dispone, hay muchas cosas que decir de lo que el Se\u00f1or obra en ellas. Algunas dir\u00e9 y de la manera que queda. Para darlo mejor a entender, me quiero aprovechar de una comparaci\u00f3n que es buena para este fin, y tambi\u00e9n para que veamos c\u00f3mo, aunque en esta obra que hace el Se\u00f1or no podemos hacer nada, mas para que Su Majestad nos haga esta merced, podemos hacer mucho disponi\u00e9ndonos.<\/p>\n<p>2. Ya habr\u00e9is o\u00eddo sus maravillas en c\u00f3mo se cr\u00eda la seda, que s\u00f3lo El pudo hacer semejante invenci\u00f3n, y c\u00f3mo de una simiente, que dicen que es a manera de granos de pimienta peque\u00f1os (que yo nunca la he visto, sino o\u00eddo, y as\u00ed si algo fuere torcido no es m\u00eda la culpa), con el calor, en comenzando a haber hoja en los morales, comienza esta simiente a vivir; que hasta que hay este mantenimiento de que se sustentan, se est\u00e1 muerta; y con hojas de moral se cr\u00edan, hasta que, despu\u00e9s de grandes, les ponen unas ramillas y all\u00ed con las boquillas van de s\u00ed mismos hilando la seda y hacen unos capuchillos muy apretados adonde se encierran; y acaba este gusano que es grande y feo, y sale del mismo capucho una mariposica blanca, muy graciosa. Mas si esto no se viese, sino que nos lo contaran de otros tiempos, \u00bfqui\u00e9n lo pudiera creer? \u00bfNi con qu\u00e9 razones pudi\u00e9ramos sacar que una cosa tan sin raz\u00f3n como es un gusano y una abeja, sean tan diligentes en trabajar para nuestro provecho y con tanta industria, y el pobre gusanillo pierda la vida en la demanda? Para un rato de meditaci\u00f3n basta esto, hermanas, aunque no os diga m\u00e1s, que en ello pod\u00e9is considerar las maravillas y sabidur\u00eda de nuestro Dios. Pues \u00bfqu\u00e9 ser\u00e1 si supi\u00e9semos la propiedad de todas las cosas? De gran provecho es ocuparnos en pensar estas grandezas y regalarnos en ser esposas de Rey tan sabio y poderoso.<\/p>\n<p>3. Tornemos a lo que dec\u00eda. Entonces comienza a tener vida este gusano, cuando con el calor del Esp\u00edritu Santo se comienza a aprovechar del auxilio general que a todos nos da Dios y cuando comienza a aprovecharse de los remedios que dej\u00f3 en su Iglesia, as\u00ed de continuar las confesiones, como con buenas lecciones y sermones, que es el remedio que un alma que est\u00e1 muerta en su descuido y pecados y metida en ocasiones puede tener. Entonces comienza a vivir y vase sustentando en esto y en buenas meditaciones, hasta que est\u00e1 crecida, que es lo que a m\u00ed me hace al caso, que estotro poco importa.<\/p>\n<p>4. Pues crecido este gusano -que es lo que en los principios queda dicho de esto que he escrito-, comienza a labrar la seda y edificar la casa adonde ha de morir. Esta casa querr\u00eda dar a entender aqu\u00ed, que es Cristo. En una parte me parece he le\u00eddo u o\u00eddo que nuestra vida est\u00e1 escondida en Cristo, o en Dios, que todo es uno, o que nuestra vida es Cristo. En que esto sea o no, poco va para mi prop\u00f3sito.<\/p>\n<p>5. Pues veis aqu\u00ed, hijas, lo que podemos con el favor de Dios hacer: que Su Majestad mismo sea nuestra morada, como lo es en esta oraci\u00f3n de uni\u00f3n, labr\u00e1ndola nosotras. Parece que quiero decir que podemos quitar y poner en Dios, pues digo que El es la morada y la podemos nosotras fabricar para meternos en ella. Y \u00a1c\u00f3mo si podemos!, no quitar de Dios ni poner, sino quitar de nosotros y poner, como hacen estos gusanitos; que no habremos acabado de hacer en esto todo lo que podemos, cuando este trabajillo, que no es nada, junte Dios con su grandeza y le d\u00e9 tan gran valor que el mismo Se\u00f1or sea el premio de esta obra. Y as\u00ed como ha sido el que ha puesto la mayor costa, as\u00ed quiere juntar nuestros trabajillos con los grandes que padeci\u00f3 Su Majestad y que todo sea una cosa.<\/p>\n<p>6. Pues \u00a1ea, hijas m\u00edas!, prisa a hacer esta labor y tejer este capuchillo, quitando nuestro amor propio y nuestra voluntad, el estar asidas a ninguna cosa de la tierra, poniendo obras de penitencia, oraci\u00f3n, mortificaci\u00f3n, obediencia, todo lo dem\u00e1s que sab\u00e9is; que \u00a1as\u00ed obr\u00e1semos como sabemos y somos ense\u00f1adas de lo que hemos de hacer! \u00a1Muera, muera este gusano, como lo hace en acabando de hacer para lo que fue criado!, y ver\u00e9is c\u00f3mo vemos a Dios y nos vemos tan metidas en su grandeza como lo est\u00e1 este gusanillo en este capucho. Mirad que digo ver a Dios, como dejo dicho quese da a sentir en esta manera de uni\u00f3n.<\/p>\n<p>7. Pues veamos qu\u00e9 se hace este gusano, que es para lo que he dicho todo lo dem\u00e1s, que cuando est\u00e1 en esta oraci\u00f3n bien muerto est\u00e1 al mundo: sale una mariposita blanca. \u00a1Oh grandeza de Dios, y cu\u00e1l sale una alma de aqu\u00ed, de haber estado un poquito metida en la grandeza de Dios y tan junta con El; que a mi parecer nunca llega a media hora! Yo os digo de verdad que la misma alma no se conoce a s\u00ed; porque, mirad la diferencia que hay de un gusano feo a una mariposica blanca, que la misma hay ac\u00e1. No sabe de d\u00f3nde pudo merecer tanto bien -de d\u00f3nde le pudo venir, quise decir, que bien sabe que no le merece-; vese con un deseo de alabar al Se\u00f1or, que se querr\u00eda deshacer, y de morir por El mil muertes. Luego le comienza a tener de padecer grandes trabajos, sin poder hacer otra cosa. Los deseos de penitencia grand\u00edsimos, el de soledad, el de que todos conociesen a Dios; y de aqu\u00ed le viene una pena grande de ver que es ofendido. Y aunque en la morada que viene se tratar\u00e1 m\u00e1s de estas cosas en particular, porque aunque casi lo que hay en esta morada y en la que viene despu\u00e9s es todo uno, es muy diferente la fuerza de los efectos; porque -como he dicho- si despu\u00e9s que Dios llega a un alma aqu\u00ed se esfuerza a ir adelante, ver\u00e1 grandes cosas.<\/p>\n<p>8. \u00a1Oh, pues ver el desasosiego de esta mariposita, con no haber estado m\u00e1s quieta y sosegada en su vida, es cosa para alabar a Dios! Y es que no sabe ad\u00f3nde posar y hacer su asiento, que como le ha tenido tal, todo lo que ve en la tierra le descontenta, en especial cuando son muchas las veces que la da Dios de este vino; casi de cada una queda con nuevas ganancias. Ya no tiene en nada las obras que hac\u00eda siendo gusano, que era poco a poco tejer el capucho; hanle nacido alas, \u00bfc\u00f3mo se ha de contentar, pudiendo volar, de andar paso a paso? Todo se le hace poco cuanto puede hacer por Dios, seg\u00fan son sus deseos. No tiene en mucho lo que pasaron los santos, entendiendo ya por experiencia c\u00f3mo ayuda el Se\u00f1or y transforma un alma, que no parece ella ni su figura. Porque la flaqueza que antes le parec\u00eda tener para hacer penitencia, ya la halla fuerte; el atamiento con deudos o amigos o hacienda (que ni le bastaban actos, ni determinaciones, ni quererse apartar, que entonces le parec\u00eda se hallaba m\u00e1s junta), ya se ve de manera que le pesa estar obligada a lo que, para no ir contra Dios, es menester hacer. Todo le cansa, porque ha probado que el verdadero descanso no le pueden dar las criaturas.<\/p>\n<p>9. Parece que me alargo, y mucho m\u00e1s podr\u00eda decir, y a quien Dios hubiere hecho esta merced ver\u00e1 que quedo corta; y as\u00ed no hay que espantar que esta mariposilla busque asiento de nuevo, as\u00ed como se halla nueva de las cosas de la tierra. Pues \u00bfad\u00f3nde ir\u00e1 la pobrecica? Que tornar adonde sali\u00f3 no puede, que -como est\u00e1 dicho- no es en nuestra mano, aunque m\u00e1s hagamos, hasta que es Dios servido de tornarnos a hacer esta merced.<\/p>\n<p>\u00a1Oh Se\u00f1or!, y \u00a1qu\u00e9 nuevos trabajos comienzan a esta alma! \u00bfQui\u00e9n dijera tal despu\u00e9s de merced tan subida? En fin, fin, de una manera o de otra ha de haber cruz mientras vivimos, y quien dijere que, despu\u00e9s que lleg\u00f3 aqu\u00ed, siempre est\u00e1 con descanso y regalo, dir\u00eda yo que nunca lleg\u00f3, sino que por ventura fue alg\u00fan gusto, si entr\u00f3 en la morada pasada, y ayudado de flaqueza natural, y aun, por ventura, del demonio, que le da paz para hacerle despu\u00e9s mucha mayor guerra.<\/p>\n<p>10. No quiero decir que no tienen paz los que llegan aqu\u00ed, que s\u00ed tienen y muy grande; porque los mismos trabajos son de tanto valor y de tan buena ra\u00edz, que, con serlo muy grandes, de ellos mismos sale la paz y el contento. Del mismo descontento que dan las cosas del mundo nace un deseo de salir de \u00e9l tan penoso, que si alg\u00fan alivio tiene es pensar que quiere Dios viva en este destierro, y aun no basta, porque aun el alma con todas estas ganancias no est\u00e1 tan rendida en la voluntad de Dios, como se ver\u00e1 adelante, aunque no deja de conformarse; mas es con un gran sentimiento, que no puede m\u00e1s, porque no le han dado m\u00e1s, y con muchas l\u00e1grimas. Cada vez que tiene oraci\u00f3n es \u00e9sta su pena. En alguna manera quiz\u00e1 procede de la muy grande que le da de ver que es ofendido Dios y poco estimado en este mundo y de las muchas almas que se pierden, as\u00ed de herejes, como de moros; aunque las que m\u00e1s la lastiman son las de los cristianos, que aunque ve es grande la misericordia de Dios, que por mal que vivan se pueden enmendar y salvarse, teme que se condenan muchos.<\/p>\n<p>11. \u00a1Oh grandeza de Dios!, que pocos a\u00f1os antes estaba esta alma, y aun quiz\u00e1 d\u00edas, que no se acordaba sino de s\u00ed, \u00bfqui\u00e9n la ha metido en tan penosos cuidados? Que, aunque queramos tener muchos a\u00f1os de meditaci\u00f3n, tan penosamente como ahora esta alma lo siente no lo podremos sentir. Pues \u00a1v\u00e1lgame Dios!, si muchos d\u00edas y a\u00f1os yo me procuro ejercitar en el gran mal que es ser Dios ofendido y pensar que estos que se condenan son hijos suyos y hermanos m\u00edos, y los peligros en que vivimos, cu\u00e1n bien nos est\u00e1 salir de esta miserable vida, \u00bfno bastar\u00e1? -Que no, hijas, no es la pena que se siente aqu\u00ed como las de ac\u00e1; que eso bien podr\u00edamos con el favor del Se\u00f1or tenerla, pensando mucho esto; mas no llega a lo \u00edntimo de las entra\u00f1as como aqu\u00ed, que parece desmenuza un alma y la muele, sin procurarlo ella y aun a veces sin quererlo. Pues \u00bfqu\u00e9 es esto? \u00bfDe d\u00f3nde procede? -Yo os lo dir\u00e9.<\/p>\n<p>12. \u00bfNo hab\u00e9is o\u00eddo -que ya aqu\u00ed lo he dicho otra vez, aunque no a este prop\u00f3sito- de la Esposa, que la meti\u00f3 Dios a la bodega del vino y orden\u00f3 en ella la caridad? Pues esto es; que como aquel alma ya se entrega en sus manos y el gran amor la tiene tan rendida que no sabe ni quiere m\u00e1s de que haga Dios lo que quisiere de ella (que jam\u00e1s har\u00e1 Dios, a lo que yo pienso, esta merced sino a alma que ya toma muy por suya), quiere que, sin que ella entienda c\u00f3mo, salga de all\u00ed sellada con su sello. Porque verdaderamente el alma all\u00ed no hace m\u00e1s que la cera cuando imprime otro el sello, que la cera no se le imprime a s\u00ed, s\u00f3lo est\u00e1 dispuesta, digo blanda; y aun para esta disposici\u00f3n tampoco se ablanda ella, sino que se est\u00e1 queda y lo consiente. \u00a1Oh bondad de Dios, que todo ha de ser a vuestra costa! S\u00f3lo quer\u00e9is nuestra voluntad y que no haya impedimento en la cera.<\/p>\n<p>13. Pues veis aqu\u00ed, hermanas, lo que nuestro Dios hace aqu\u00ed para que esta alma ya se conozca por suya; da de lo que tiene, que es lo que tuvo su Hijo en esta vida; no nos puede hacer mayor merced. \u00bfQui\u00e9n m\u00e1s deb\u00eda querer salir de esta vida? Y as\u00ed lo dijo Su Majestad en la Cena: Con deseo he deseado.<\/p>\n<p>Pues \u00bfc\u00f3mo, Se\u00f1or, no se os puso delante la trabajosa muerte que hab\u00e9is de morir tan penosa y espantosa? -No; porque el grande amor que tengo y deseo de que se salven las almas sobrepuja sin comparaci\u00f3n a esas penas; y las muy grand\u00edsimas que he padecido y padezco, despu\u00e9s que estoy en el mundo, son bastantes para no tener esas en nada en su comparaci\u00f3n.<\/p>\n<p>14. Es as\u00ed que muchas veces he considerado en esto, y sabiendo yo el tormento que pasa y ha pasado cierta alma que conozco de ver ofender a nuestro Se\u00f1or, tan insufridero que se quisiera mucho m\u00e1s morir que sufrirla, y pensando si una alma con tan poqu\u00edsima caridad, comparada a la de Cristo, que se puede decir casi ninguna en esta comparaci\u00f3n, sent\u00eda este tormento tan insufridero, \u00bfqu\u00e9 ser\u00eda el sentimiento de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, y qu\u00e9 vida deb\u00eda pasar, pues todas las cosas le eran presentes y estaba siempre viendo las grandes ofensas que se hac\u00edan a su Padre? Sin duda creo yo que fueron muy mayores que las de su sacrat\u00edsima Pasi\u00f3n; porque entonces ya ve\u00eda el fin de estos trabajos, y con esto y con el contento de ver nuestro remedio con su muerte y de mostrar el amor que ten\u00eda a su Padre en padecer tanto por El, moderar\u00eda los dolores, como acaece ac\u00e1 a los que con fuerza de amor hacen grandes penitencias, que no las sienten casi, antes querr\u00edan hacer m\u00e1s y m\u00e1s, y todo se le hace poco. Pues \u00bfqu\u00e9 ser\u00eda a Su Majestad, vi\u00e9ndose en tan gran ocasi\u00f3n, para mostrar a su Padre cu\u00e1n cumplidamente cumpl\u00eda el obedecerle, y con el amor del pr\u00f3jimo? \u00a1Oh gran deleite, padecer en hacer la voluntad de Dios! Mas en ver tan continuo tantas ofensas a Su Majestad hechas, e ir tantas almas al infierno, t\u00e9ngolo por cosa tan recia, que creo, si no fuera m\u00e1s de hombre, un d\u00eda de aquella pena bastaba para acabar muchas vidas, \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s una!<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M53\"><\/a>Cap\u00edtulo 3<\/strong><br \/>\nContin\u00faa la misma materia. &#8211; Dice de otra manera de uni\u00f3n que puede alcanzar el alma con el favor de Dios, y lo que importa para esto el amor del pr\u00f3jimo. &#8211; Es de mucho provecho.<\/p>\n<p>1. Pues tornemos a nuestra palomica y veamos algo de lo que Dios da en este estado. Siempre se entiende que ha de procurar ir adelante en el servicio de nuestro Se\u00f1or y en el conocimiento propio; que si no hace m\u00e1s de recibir esta merced y, como cosa ya segura, descuidarse en su vida y torcer el camino del cielo, que son los mandamientos, acaecerle ha lo que a la que sale del gusano, que echa la simiente para que produzcan otras y ella queda muerta para siempre. Digo que echa la simiente, porque tengo para m\u00ed que quiere Dios que no sea dada en balde una merced tan grande; sino que ya que no se aproveche de ella para s\u00ed, aproveche a otros. Porque como queda con estos deseos y virtudes dichas, el tiempo que dura en el bien siempre hace provecho a otras almas y de su calor les pega calor; y aun cuando le tienen ya perdido, acaece quedar con esa gana de que se aprovechen otros, y gusta de dar a entender las mercedes que Dios hace a quien le ama y sirve.<\/p>\n<p>2. Yo he conocido persona que le acaec\u00eda as\u00ed, que, estando muy perdida, gustaba de que se aprovechasen otras con las mercedes que Dios le hab\u00eda hecho y mostrarles el camino de oraci\u00f3n a las que no le entend\u00edan, e hizo harto provecho, harto. Despu\u00e9s le torn\u00f3 el Se\u00f1or a dar luz. Verdad es que a\u00fan no ten\u00eda los efectos que quedan dichos. Mas \u00a1cu\u00e1ntos debe haber que los llama el Se\u00f1or al apostolado, como a Judas, comunicando con ellos, y los llama para hacer reyes, como a Sa\u00fal, y despu\u00e9s por su culpa se pierden! De donde sacaremos, hermanas, que para ir mereciendo m\u00e1s y m\u00e1s y no perdi\u00e9ndonos como \u00e9stos, la seguridad que podemos tener es la obediencia y no torcer de la ley de Dios; digo a quien hiciere semejantes mercedes, y aun a todos.<\/p>\n<p>3. Par\u00e9ceme que queda algo oscura, con cuanto he dicho, esta morada. Pues hay tanta ganancia de entrar en ella, bien ser\u00e1 que no parezca quedan sin esperanza a los que el Se\u00f1or no da cosas tan sobrenaturales; pues la verdadera uni\u00f3n se puede muy bien alcanzar, con el favor de nuestro Se\u00f1or, si nosotros nos esforzamos a procurarla, con no tener voluntad sino atada con lo que fuere la voluntad de Dios. \u00a1Oh, qu\u00e9 de ellos habr\u00e1 que digamos esto y nos parezca que no queremos otra cosa y morir\u00edamos por esta verdad, como creo ya he dicho! Pues yo os digo, y lo dir\u00e9 muchas veces, que cuando lo fuere, que hab\u00e9is alcanzado esta merced del Se\u00f1or, y ninguna cosa se os d\u00e9 de estotra uni\u00f3n regalada que queda dicha, que lo que hay de mayor precio en ella es por proceder de \u00e9sta que ahora digo y por no poder llegar a lo que queda dicho si no es muy cierta la uni\u00f3n de estar resignada nuestra voluntad en la de Dios. \u00a1Oh, qu\u00e9 uni\u00f3n \u00e9sta para desear! Venturosa el alma que la ha alcanzado, que vivir\u00e1 en esta vida con descanso y en la otra tambi\u00e9n; porque ninguna cosa de los sucesos de la tierra la afligir\u00e1, si no fuere si se ve en alg\u00fan peligro de perder a Dios o ver si es ofendido; ni enfermedad, ni pobreza, ni muertes, si no fuere de quien ha de hacer falta en la Iglesia de Dios; que ve bien esta alma, que El sabe mejor lo que hace que ella lo que desea.<\/p>\n<p>4. Hab\u00e9is de notar que hay penas y penas; porque algunas penas hay producidas de presto de la naturaleza, y contentos lo mismo, y aun de caridad de apiadarse de los pr\u00f3jimos, como hizo nuestro Se\u00f1or cuando resucit\u00f3 a L\u00e1zaro; y no quitan \u00e9stas el estar unidas con la voluntad de Dios, ni tampoco turban el \u00e1nima con una pasi\u00f3n inquieta, desasosegada, que dura mucho. Estas penas pasan de presto; que, como dije, de los gozos en la oraci\u00f3n, parece que no llegan a lo hondo del alma, sino a estos sentidos y potencias. Andan por estas moradas pasadas, mas no entran en la que est\u00e1 por decir postrera, pues para esto es menester lo que queda dicho de suspensi\u00f3n de potencias, que poderoso es el Se\u00f1or de enriquecer las almas por muchos caminos y llegarlas a estas moradas y no por el atajo que queda dicho.<\/p>\n<p>5. Mas advertid mucho, hijas, que es necesario que muera el gusano, y m\u00e1s a vuestra costa; porque acull\u00e1 ayuda mucho para morir el verse en vida tan nueva; ac\u00e1 es menester que, viviendo en \u00e9sta, le matemos nosotras. Yo os confieso que ser\u00e1 a mucho o m\u00e1s trabajo, mas su precio se tiene; as\u00ed ser\u00e1 mayor el galard\u00f3n si sal\u00eds con victoria. Mas de ser posible no hay que dudar como lo sea la uni\u00f3n verdaderamente con la voluntad de Dios.<br \/>\nEsta es la uni\u00f3n que toda mi vida he deseado; \u00e9sta es la que pido siempre a nuestro Se\u00f1or y la que est\u00e1 m\u00e1s clara y segura.<\/p>\n<p>6. Mas \u00a1ay de nosotros, qu\u00e9 pocos debemos de llegar a ella, aunque a quien se guarda de ofender al Se\u00f1or y ha entrado en religi\u00f3n le parezca que todo lo tiene hecho! \u00a1Oh!, que quedan unos gusanos que no se dan a entender, hasta que, como el que roy\u00f3 la yedra a Jon\u00e1s, nos han ro\u00eddo las virtudes, con un amor propio, una propia estimaci\u00f3n, un juzgar los pr\u00f3jimos, aunque sea en pocas cosas, una falta de caridad con ellos, no los queriendo como a nosotros mismos; que, aunque arrastrando cumplimos con la obligaci\u00f3n para no ser pecado, no llegamos con mucho a lo que ha de ser para estar del todo unidas con la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>7. \u00bfQu\u00e9 pens\u00e1is, hijas, que es su voluntad? Que seamos del todo perfectas; que para ser unos con El y con el Padre, como Su Majestad le pidi\u00f3, mirad qu\u00e9 nos falta para llegar a esto. Yo os digo que lo estoy escribiendo con harta pena de verme tan lejos, y todo por mi culpa; que no ha menester el Se\u00f1or hacernos grandes regalos para esto; basta lo que nos ha dado en darnos a su Hijo, que nos ense\u00f1ase el camino. No pens\u00e9is que est\u00e1 la cosa en si se muere mi padre o hermano, conformarme tanto con la voluntad de Dios que no lo sienta; y si hay trabajos y enfermedades, sufrirlos con contento. Bueno es, y a las veces consiste en discreci\u00f3n, porque no podemos m\u00e1s, y hacemos de la necesidad virtud. Cu\u00e1ntas cosas de \u00e9stas hac\u00edan los fil\u00f3sofos, o aunque no sea de \u00e9stas, de otras, de tener mucho saber. Ac\u00e1 solas estas dos que nos pide el Se\u00f1or: amor de Su Majestad y del pr\u00f3jimo, es en lo que hemos de trabajar. Guard\u00e1ndolas con perfecci\u00f3n, hacemos su voluntad, y as\u00ed estaremos unidos con El. Mas \u00a1qu\u00e9 lejos estamos de hacer, como debemos a tan gran Dios, estas dos cosas, como tengo dicho! Plega a Su Majestad nos d\u00e9 gracia para que merezcamos llegar a este estado, que en nuestra mano est\u00e1, si queremos.<\/p>\n<p>8. La m\u00e1s cierta se\u00f1al que, a mi parecer, hay de si guardamos estas dos cosas, es guardando bien la del amor del pr\u00f3jimo; porque si amamos a Dios no se puede saber, aunque hay indicios grandes para entender que le amamos; mas el amor del pr\u00f3jimo, s\u00ed. Y estad ciertas que mientras m\u00e1s en \u00e9ste os viereis aprovechadas, m\u00e1s lo est\u00e1is en el amor de Dios; porque es tan grande el que Su Majestad nos tiene, que en pago del que tenemos al pr\u00f3jimo har\u00e1 que crezca el que tenemos a Su Majestad por mil maneras. En esto yo no puedo dudar.<\/p>\n<p>9. Imp\u00f3rtanos mucho andar con gran advertencia c\u00f3mo andamos en esto, que si es con mucha perfecci\u00f3n, todo lo tenemos hecho; porque creo yo que seg\u00fan es malo nuestro natural, que si no es naciendo de ra\u00edz del amor de Dios, que no llegaremos a tener con perfecci\u00f3n el del pr\u00f3jimo. Pues tanto nos importa esto, hermanas, procuremos irnos entendiendo en cosas aun menudas, y no haciendo caso de unas muy grandes, que as\u00ed por junto vienen en la oraci\u00f3n, de parecer que haremos y aconteceremos por los pr\u00f3jimos y por sola un alma que se salve; porque si no vienen despu\u00e9s conformes las obras, no hay para qu\u00e9 creer que lo haremos. As\u00ed digo de la humildad tambi\u00e9n y de todas las virtudes. Son grandes los ardides del demonio, que por hacernos entender que tenemos una, no la teniendo, dar\u00e1 mil vueltas al infierno. Y tiene raz\u00f3n, porque es muy da\u00f1oso, que nunca estas virtudes fingidas vienen sin alguna vanagloria, como son de tal ra\u00edz; as\u00ed como las que da Dios est\u00e1n libres de ella ni de soberbia.<\/p>\n<p>10. Yo gusto algunas veces de ver unas almas, que, cuando est\u00e1n en oraci\u00f3n, les parece querr\u00edan ser abatidas y p\u00fablicamente afrentadas por Dios, y despu\u00e9s una falta peque\u00f1a encubrir\u00edan si pudiesen, o que si no la han hecho y se la cargan, Dios nos libre. Pues m\u00edrese mucho quien esto no sufre, para no hacer caso de lo que a solas determin\u00f3, a su parecer; que en hecho de verdad no fue determinaci\u00f3n de la voluntad, que cuando \u00e9sta hay verdadera es otra cosa; sino alguna imaginaci\u00f3n, que en \u00e9sta hace el demonio sus saltos y enga\u00f1os; y a mujeres o gente sin letras, podr\u00e1 hacer muchos, porque no sabemos entender las diferencias de potencias e imaginaci\u00f3n y otras mil cosas que hay interiores. \u00a1Oh hermanas, c\u00f3mo se ve claro ad\u00f3nde est\u00e1 de veras el amor del pr\u00f3jimo en algunas de vosotras, y en las que no est\u00e1 con esta perfecci\u00f3n! Si entendieseis lo que nos importa esta virtud, no traer\u00edais otro estudio.<\/p>\n<p>11. Cuando yo veo almas muy diligentes a entender la oraci\u00f3n que tienen y muy encapotadas cuando est\u00e1n en ella, que parece no se osan bullir ni menear el pensamiento porque no se les vaya un poquito de gusto y devoci\u00f3n que han tenido, h\u00e1ceme ver cu\u00e1n poco entienden del camino por donde se alcanza la uni\u00f3n, y piensan que all\u00ed est\u00e1 todo el negocio. Que no, hermanas, no; obras quiere el Se\u00f1or, y que si ves una enferma a quien puedes dar alg\u00fan alivio, no se te d\u00e9 nada de perder esa devoci\u00f3n y te compadezcas de ella; y si tiene alg\u00fan dolor, te duela a ti; y si fuere menester, lo ayunes, porque ella lo coma, no tanto por ella, como porque sabes que tu Se\u00f1or quiere aquello. Esta es la verdadera uni\u00f3n con su voluntad, y que si vieres loar mucho a una persona te alegres m\u00e1s mucho que si te loasen a ti. Esto, a la verdad, f\u00e1cil es, que si hay humildad, antes tendr\u00e1 pena de verse loar. Mas esta alegr\u00eda de que se entiendan las virtudes de las hermanas es gran cosa, y cuando vi\u00e9remos alguna falta en alguna, sentirla como si fuera en nosotras y encubrirla.<\/p>\n<p>12. Mucho he dicho en otras partes de esto, porque veo, hermanas, que si hubiese en ello quiebra vamos perdidas. Plega al Se\u00f1or nunca la haya, que como esto sea, yo os digo que no dej\u00e9is de alcanzar de Su Majestad la uni\u00f3n que queda dicha. Cuando os vi\u00e9reis faltas en esto, aunque teng\u00e1is devoci\u00f3n y regalos, que os parezca hab\u00e9is llegado ah\u00ed, y alguna suspensioncilla en la oraci\u00f3n de quietud (que algunas luego les parecer\u00e1 que est\u00e1 todo hecho), creedme que no hab\u00e9is llegado a uni\u00f3n, y pedid a nuestro Se\u00f1or que os d\u00e9 con perfecci\u00f3n este amor del pr\u00f3jimo, y dejad hacer a Su Majestad, que El os dar\u00e1 m\u00e1s que sep\u00e1is desear, como vosotras os esforc\u00e9is y procur\u00e9is en todo lo que pudiereis esto; y forzar vuestra voluntad para que se haga en todo la de las hermanas, aunque perd\u00e1is de vuestro derecho, y olvidar vuestro bien por el suyo, aunque m\u00e1s contradicci\u00f3n os haga el natural; y procurar tomar trabajo por quitarle al pr\u00f3jimo, cuando se ofreciere. No pens\u00e9is que no ha de costar algo y que os lo hab\u00e9is de hallar hecho. Mirad lo que cost\u00f3 a nuestro Esposo el amor que nos tuvo, quepor librarnos de la muerte, la muri\u00f3 tan penosa como muerte de cruz.<\/p>\n<p><strong><a id=\"M54\"><\/a>Cap\u00edtulo 4<\/strong><br \/>\nProsigue en lo mismo, declarando m\u00e1s esta manera de oraci\u00f3n. &#8211; Dice lo mucho que importa andar con aviso, porque el demonio le trae grande para hacer tornar atr\u00e1s de lo comenzado.<\/p>\n<p>1. Par\u00e9ceme que est\u00e1is con deseo de ver qu\u00e9 se hace esta palomica y ad\u00f3nde asienta, pues queda entendido que no es en gustos espirituales ni en contentos de la tierra: m\u00e1s alto es su vuelo. Y no os puedo satisfacer de este deseo hasta la postrera morada, y aun plega a Dios se me acuerde o tenga lugar de escribirlo; porque han pasado casi cinco meses desde que lo comenc\u00e9 hasta ahora; y como la cabeza no est\u00e1 para tornarlo a leer, todo debe ir desbaratado y por ventura dicho algunas cosas dos veces. Como es para mis hermanas, poco va en ello.<\/p>\n<p>2. Todav\u00eda quiero m\u00e1s declararos lo que me parece que es esta oraci\u00f3n de uni\u00f3n. Conforme a mi ingenio pondr\u00e9 una comparaci\u00f3n; despu\u00e9s diremos m\u00e1s de esta mariposica, que no para, porque no halla su verdadero reposo, aunque siempre fruct\u00edfera hacienda bien a s\u00ed y a otras almas.<\/p>\n<p>3. Ya tendr\u00e9is o\u00eddo muchas veces que se desposa Dios con las almas espiritualmente. \u00a1Bendita sea su misericordia que tanto se quiere humillar! Y aunque sea grosera comparaci\u00f3n, yo no hallo otra que m\u00e1s pueda dar a entender lo que pretendo que el sacramento del matrimonio. Porque aunque de diferente manera, porque en esto que tratamos jam\u00e1s hay cosa que no sea espiritual (esto corp\u00f3reo va muy lejos, y los contentos espirituales que da el Se\u00f1or, y los gustos, al que deben tener los que se desposan, van mil leguas lo uno de lo otro), porque todo es amor con amor, y sus operaciones son limp\u00edsimas y tan delicad\u00edsimas y suaves, que no hay c\u00f3mo se decir, mas sabe el Se\u00f1or darlas muy bien a sentir.<\/p>\n<p>4. Par\u00e9ceme a m\u00ed que la uni\u00f3n a\u00fan no llega a desposorio espiritual; sino, como por ac\u00e1 cuando se han de desposar dos, se trata si son conformes y que el uno y el otro quieran, y aun que se vean, para que m\u00e1s se satisfaga el uno del otro, as\u00ed ac\u00e1, presupuesto que el concierto est\u00e1 ya hecho y que esta alma est\u00e1 muy bien informada cu\u00e1n bien le est\u00e1 y determinada a hacer en todo la voluntad de su Esposo de todas cuantas maneras ella viere que le ha de dar contento, y Su Majestad, como quien bien entender\u00e1 si es as\u00ed, lo est\u00e1 de ella, y as\u00ed hace esta misericordia, que quiere que entienda m\u00e1s y que -como dicen- vengan a vistas y juntarla consigo. Podemos decir que es as\u00ed esto, porque pasa en brev\u00edsimo tiempo. All\u00ed no hay m\u00e1s dar y tomar, sino un ver el alma, por una manera secreta, qui\u00e9n es este Esposo que ha de tomar; porque por los sentidos y potencias en ninguna manera pod\u00eda entender en mil a\u00f1os lo que aqu\u00ed entiende en brev\u00edsimo tiempo; mas como es tal el Esposo, de sola aquella vista la deja m\u00e1s digna de que se vengan a dar las manos, como dicen; porque queda el alma tan enamorada, que hace de su parte lo que puede para que no se desconcierte este divino desposorio. Mas si esta alma se descuida a poner su afici\u00f3n en cosa que no sea El, pi\u00e9rdelo todo, y es tan grand\u00edsima p\u00e9rdida como lo son las mercedes que va haciendo, y mucho mayor que se puede encarecer.<\/p>\n<p>5. Por eso, almas cristianas, a las que el Se\u00f1or ha llegado a estos t\u00e9rminos, por El os pido que no os descuid\u00e9is, sino que os apart\u00e9is de las ocasiones, que a\u00fan en este estado no est\u00e1 el alma tan fuerte que se pueda meter en ellas, como lo est\u00e1 despu\u00e9s de hecho el desposorio, que es en la morada que diremos tras \u00e9sta; porque la comunicaci\u00f3n no fue m\u00e1s de una vista -como dicen- y el demonio andar\u00e1 con gran cuidado a combatirla y a desviar este desposorio; que despu\u00e9s, como ya la ve del todo rendida al Esposo, no osa tanto, porque la ha miedo, y tiene experiencia que, si alguna vez lo hace, queda con gran p\u00e9rdida y ella con m\u00e1s ganancia.<\/p>\n<p>6. Yo os digo, hijas, que he conocido a personas muy encumbradas, y llegar a este estado y con la gran sutileza y ardid del demonio, tornarlas a ganar para s\u00ed; porque debe de juntarse todo el infierno para ello, porque, como muchas veces digo, no pierden un alma sola, sino gran multitud. Ya \u00e9l tiene experiencia en este caso; porque, si miramos la multitud de almas que por medio de una trae Dios a s\u00ed, es para alabarle mucho los millares que convert\u00edan los m\u00e1rtires: \u00a1una doncella como Santa Ursula! Pues \u00a1las que habr\u00e1 perdido el demonio por Santo Domingo y San Francisco y otros fundadores de Ordenes, y pierde ahora por el Padre Ignacio, el que fund\u00f3 la Compa\u00f1\u00eda!, que todos est\u00e1 claro -como lo leemos- recib\u00edan mercedes semejantes de Dios. \u00bfQu\u00e9 fue esto, sino que se esforzaron a no perder por su culpa tan divino desposorio? \u00a1Oh hijas m\u00edas!, que tan aparejado est\u00e1 este Se\u00f1or a hacernos merced ahora como entonces, y aun en parte m\u00e1s necesitado de que las queramos recibir, porque hay pocos que miren por su honra, como entonces hab\u00eda. Quer\u00e9monos mucho; hay muy mucha cordura para no perder de nuestro derecho. \u00a1Oh, qu\u00e9 enga\u00f1o tan grande! El Se\u00f1or nos d\u00e9 luz para no caer en semejantes tinieblas, por su misericordia.<\/p>\n<p>7. Podr\u00e9isme preguntar o estar con duda de dos cosas: la primera, que si est\u00e1 el alma tan puesta con la voluntad de Dios como queda dicho, que \u00bfc\u00f3mo se puede enga\u00f1ar, pues ella en todo no quiere hacer la suya? La segunda, \u00bfpor qu\u00e9 v\u00edas puede entrar el demonio tan peligrosamente que se pierda vuestra alma, estando tan apartadas del mundo y tan llegadas a los sacramentos y en compa\u00f1\u00eda -podemos decir- de \u00e1ngeles, pues por la bondad del Se\u00f1or todas no traen otros deseos sino de servirley agradarle en todo?; que ya los que est\u00e1n metidos en las ocasiones del mundo, no es mucho. Yo digo que en esto ten\u00e9is raz\u00f3n, que harta misericordia nos ha hecho Dios; mas cuando veo -como he dicho- que estaba Judas en compa\u00f1\u00eda de los Ap\u00f3stoles, y tratando siempre con el mismo Dios, y oyendo sus palabras, entiendo que no hay seguridad en esto.<\/p>\n<p>8. Respondiendo a lo primero, digo que si esta alma se estuviese siempre asida a la voluntad de Dios, que est\u00e1 claro que no se perder\u00eda; mas viene el demonio con unas sutilezas grandes, y debajo de color de bien vala desquiciando en poquitas cosas de ella y metiendo en algunas que \u00e9l le hace entender que no son malas, y poco a poco oscureciendo el entendimiento y entibiando la voluntad y haciendo crecer en ella el amor propio, hasta que de uno en otro la va apartando de la voluntad de Dios y llegando a la suya.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed queda respondido a lo segundo; porque no hay encerramiento tan encerrado adonde \u00e9l no pueda entrar, ni desierto tan partado adonde deje de ir. Y aun otra cosa os digo, que quiz\u00e1 lo permite el Se\u00f1or para ver c\u00f3mo se ha aquel alma a quien quiere poner por luz de otras; que m\u00e1s vale que en los principios, si ha de ser ruin, lo sea que no cuando da\u00f1e a muchas.<\/p>\n<p>9. La diligencia que a m\u00ed se me ofrece m\u00e1s cierta (despu\u00e9s de pedir siempre a Dios en la oraci\u00f3n que nos tenga de su mano, y pensar muy continuo c\u00f3mo, si El nos deja, seremos luego en el profundo, como es verdad, y jam\u00e1s estar confiadas en nosotras, pues ser\u00e1 desatino estarlo), es andar con particular cuidado y aviso, mirando c\u00f3mo vamos en las virtudes: si vamos mejorando o disminuyendo en algo, en especial en el amor unas con otras y en el deseo de ser tenida por la menor y en cosas ordinarias; que si miramos en ello y pedimos al Se\u00f1or que nos d\u00e9 luz, luego veremos la ganancia o la p\u00e9rdida. Que no pens\u00e9is que alma que llega Dios a tanto la deja tan a prisa de su mano, que no tenga bien el demonio que trabajar, y siente Su Majestad tanto en que se le pierda, que le da mil avisos interiores de muchas maneras; as\u00ed que no se le podr\u00e1 esconder el da\u00f1o.<\/p>\n<p>10. En fin, sea la conclusi\u00f3n en esto, que procuremos siempre ir adelante, y si esto no hay, andemos con gran temor, porque sin duda alg\u00fan salto nos quiere hacer el demonio; pues no es posible que, habiendo llegado a tanto, deje ir creciendo, que el amor jam\u00e1s est\u00e1 ocioso, y as\u00ed ser\u00e1 harto mala se\u00f1al. Porque alma que ha pretendido ser esposa del mismo Dios y trat\u00e1dose ya con Su Majestad y llegado a los t\u00e9rminos que queda dicho, no se ha de echar a dormir.<\/p>\n<p>11. Y para que ve\u00e1is, hija, lo que hace con las que ya tiene por esposas, comencemos a tratar de las sextas moradas, y ver\u00e9is c\u00f3mo es poco todo lo que pudi\u00e9remos servir y padecer y hacer para disponernos a tan grandes mercedes. Que podr\u00e1 ser haber ordenado nuestro Se\u00f1or que me lo mandasen escribir para que, puestos los ojos en el premio y viendo cu\u00e1n sin tasa es su misericordia, pues con unos gusanos quiere as\u00ed comunicarse y mostrarse, olvidemos nuestros contentillos de tierra y, puestos los ojos en su grandeza, corramos encendidas en su amor.<\/p>\n<p>12. Plega a El que acierte yo a declarar algo de cosas tan dificultosas; que si Su Majestad y el Esp\u00edritu Santo no menea la pluma, bien s\u00e9 que ser\u00e1 imposible. Y si no ha de ser para vuestro provecho, le suplico no acierte a decir nada; pues sabe Su Majestad que no es otro mi deseo, a cuanto puedo entender de m\u00ed, sino que sea alabado su nombre, y que nos esforcemos a servir a un Se\u00f1or que as\u00ed paga a\u00fan ac\u00e1 en la tierra; por donde podemos entender algo de lo que nos ha de dar en el cielo, sin los intervalos y trabajos y peligros que hay en este mar de tempestades. Porque, a no le haber de perderle y ofenderle, descanso ser\u00eda que no se acabase la vida hasta el fin del mundo, por trabajar por tan gran Dios y Se\u00f1or y Esposo. Plega a Su Majestad merezcamos hacerle alg\u00fan servicio, sin tantas faltas como siempre tenemos, aun en las obras buenas, am\u00e9n.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M61\"><\/a>Moradas sextas<\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M61\"><\/a>Cap\u00edtulo 1<\/strong><br \/>\nTrata c\u00f3mo en comenzando el Se\u00f1or a hacer mayores mercedes hay m\u00e1s grandes trabajos. &#8211; Dice algunos y c\u00f3mo se han en ellos los que est\u00e1n ya en esta morada. &#8211; Es bueno para quien los pasa interiores.<\/p>\n<p>1. Pues vengamos con el favor del Esp\u00edritu Santo a hablar en las sextas moradas, adonde el alma ya queda herida del amor del Esposo y procura m\u00e1s lugar para estar sola y quitar todo lo que puede, conforme a su estado, que la puede estorbar de esta soledad.<\/p>\n<p>Est\u00e1 tan esculpida en el alma aquella vista, que todo su deseo es tornarla a gozar. Ya he dicho, que en esta oraci\u00f3n no se ve nada, que se pueda decir ver, ni con la imaginaci\u00f3n; digo vista, por la comparaci\u00f3n que puse. Ya el alma bien determinada queda a no tomar otro esposo; mas el Esposo no mira a los grandes deseos que tiene de que se haga ya el desposorio, que aun quiere que lo desee m\u00e1s y que le cueste algo bien que es el mayor de los bienes. Y aunque todo es poco para tan grand\u00edsima ganancia, yo os digo, hijas, que no deja de ser menester la muestra y se\u00f1al que ya se tiene de ella, para poderse llevar.<\/p>\n<p>2. \u00a1Oh, v\u00e1lgame Dios, y qu\u00e9 son los trabajos interiores y exteriores que padece hasta que entra en la s\u00e9ptima morada! Por cierto que algunas veces lo considero y que temo que si se entendiesen antes, ser\u00eda dificultos\u00edsimo determinarse la flaqueza natural para poderlo sufrir, ni determinarse a pasarlo, por bienes que se le representasen, salvo si no hubiese llegado a la s\u00e9ptima morada, que ya all\u00ed nada no se teme de arte que no se arroje muy de ra\u00edz el alma a pasarlo por Dios. Y es la causa que est\u00e1 casi siempre tan junta a Su Majestad, que de all\u00ed le viene la fortaleza.<\/p>\n<p>3. Creo ser\u00e1 bien contaros algunos de los que yo s\u00e9 que se pasan con certidumbre. Quiz\u00e1 no ser\u00e1n todas las almas llevadas por este camino, aunque dudo mucho que vivan libres de trabajos de la tierra de una manera o de otra las almas que a tiempos gozan tan de veras de cosas del cielo.<\/p>\n<p>Aunque no ten\u00eda por m\u00ed de tratar de esto, he pensado que alg\u00fan alma que se vea en ello le ser\u00e1 gran consuelo saber qu\u00e9 pasa en las que Dios hace semejantes mercedes, porque verdaderamente parece entonces que est\u00e1 todo perdido. No llevar\u00e9 por concierto como suceden, sino como se me ofreciere a la memoria.<\/p>\n<p>4. Y quiero comenzar de los m\u00e1s peque\u00f1os, que es una grita de las personas con quien se trata, y aun con las que no trata sino que en su vida le pareci\u00f3 se pod\u00edan acordar de ella: \u00abque se hace santa\u00bb; \u00abque hace extremos para enga\u00f1ar el mundo y para hacer a los otros ruines; que son mejores cristianos sin esas ceremonias\u00bb; y hase de notar que no hay ninguna, sino procurar guardar bien su estado. Los que ten\u00eda por amigos, se apartan de ella y son los que le dan mejor bocado, y es de los que mucho se sienten: \u00abque va perdida aquel alma y notablemente enga\u00f1ada\u00bb; \u00abque son cosas del demonio\u00bb; \u00abque ha de ser como aquella y la otra persona que se perdi\u00f3, y ocasi\u00f3n de que caiga la virtud\u00bb; \u00abque trae enga\u00f1ados los confesores\u00bb, e ir a ellos y dec\u00edrselo, poni\u00e9ndole ejemplos de lo que acaeci\u00f3 a algunos que se perdieron por aqu\u00ed; mil maneras de mofas y de dichos de estos.<\/p>\n<p>Yo s\u00e9 de una persona que tuvo harto miedo no hab\u00eda de haber quien la confesase, seg\u00fan andaban las cosas, que por ser muchas no hay para qu\u00e9 me detener. Y es lo peor que no pasan de presto, sino que es toda la vida, y el avisarse unos a otros que se guarden de tratar personas semejantes.<\/p>\n<p>5. Dir\u00e9isme que tambi\u00e9n hay quien diga bien. &#8211; \u00a1Oh hijas, y qu\u00e9 pocos hay que crean ese bien, en comparaci\u00f3n de los muchos que abominan! \u00a1Cu\u00e1nto m\u00e1s que ese es otro trabajo mayor que los dichos! Porque, como el alma ve claro que si tiene alg\u00fan bien es dado de Dios y en ninguna manera no suyo, porque poco antes se vio muy pobre y metida en grandes pecados, esle un tormento intolerable, al menos a los principios, que despu\u00e9s no tanto, por algunas razones: la primera, porque la experiencia le hace claro ver que tan presto dicen bien como mal, y as\u00ed no hace m\u00e1s caso de lo uno que de lo otro; la segunda, porque le ha dado el Se\u00f1or mayor luz de que ninguna cosa es buena suya, sino dada de Su Majestad, y como si la viese en tercera persona, olvidada de que tiene all\u00ed ninguna parte, se vuelve a alabar a Dios; la tercera, si ha visto algunas almas aprovechadas de ver las mercedes que Dios la hace, piensa que tom\u00f3 Su Majestad este medio de que la tuviesen por buena no lo siendo, para que a ellas les viniese bien; la cuarta, porque como tiene m\u00e1s delante la honra y gloria de Dios que la suya, qu\u00edtase una tentaci\u00f3n que da a los principios de que esas alabanzas han de ser para destruirla, como ha visto algunas, y d\u00e1sele poco de ser deshonrada a trueco de que siquiera una vez sea Dios alabado por su medio; despu\u00e9s, venga lo que viniere.<\/p>\n<p>6. Estas razones y otras aplacan la mucha pena que dan estas alabanzas, aunque casi siempre se siente alguna, si no es cuando poco ni mucho se advierte; mas sin comparaci\u00f3n es mayor trabajo verse as\u00ed en p\u00fablico tener por buena sin raz\u00f3n, que no los dichos; y cuando ya viene a no le tener mucho de esto, muy mucho menos le tiene de esotro, antes se huelga y le es como una m\u00fasica muy suave. Esto es gran verdad, y antes fortalece el alma que la acobarda; porque ya la experiencia la tiene ense\u00f1ada la gran ganancia que le viene por este camino, y par\u00e9cele que no ofenden a Dios los que la persiguen; antes, que lo permite Su Majestad para gran ganancia suya; y como la siente claramente, t\u00f3males un amor particular muy tierno, que le parece aquellos son m\u00e1s amigos y que la dan m\u00e1s a ganar que los que dicen bien.<\/p>\n<p>7. Tambi\u00e9n suele dar el Se\u00f1or enfermedades grand\u00edsimas. Este es muy mayor trabajo, en especial cuando son dolores agudos, que en parte, si ellos son recios, me parece el mayor que hay en la tierra &#8211; digo exterior- aunque entren cuantos quisieren; si es de los muy recios dolores, digo, porque descompone lo interior y exterior de manera que aprieta un alma que no sabe qu\u00e9 hacer de s\u00ed; y de muy buena gana tomar\u00eda cualquier martirio de presto, que estos dolores; aunque en grand\u00edsimo extremo no duran tanto, que en fin no da Dios m\u00e1s de lo que se puede sufrir, y da Su Majestad primero la paciencia; mas de otros grandes en lo ordinario y enfermedades de muchas maneras.<\/p>\n<p>Yo conozco una persona que desde que comenz\u00f3 el Se\u00f1or a hacerla esta merced que queda dicha, que ha cuarenta a\u00f1os, no puede decir con verdad que ha estado d\u00eda sin tener dolores y otras maneras de padecer, de falta de salud corporal, digo, sin otros grandes trabajos. Verdad es que hab\u00eda sido muy ruin, y para el infierno que merec\u00eda todo se le hace poco. Otras, que no hayan ofendido tanto a nuestro Se\u00f1or, las llevar\u00e1 por otro camino; mas yo siempre escoger\u00eda el del padecer, siquiera por imitar a nuestro Se\u00f1or Jesucristo, aunque no hubiese otra ganancia; en especial, que siempre hay muchas.<\/p>\n<p>8. \u00a1Oh!, pues si tratamos de los interiores, estotros parecer\u00edan peque\u00f1os, si estos se acertasen a decir, sino que es imposible darse a entender de la manera que pasan.<\/p>\n<p>Comencemos por el tormento que da topar con un confesor tan cuerdo y poco experimentado, que no hay cosa que tenga por segura: todo lo teme, en todo pone duda, como ve cosas no ordinarias; en especial, si en el alma que las tiene ve alguna imperfecci\u00f3n (que les parece han de ser \u00e1ngeles a quien Dios hiciere estas mercedes, y es imposible mientras estuvieren en este cuerpo), luego es todo condenado a demonio o melancol\u00eda. Y de \u00e9sta est\u00e1 el mundo tan lleno, que no me espanto; que hay tanta ahora en el mundo y hace el demonio tantos males por este camino, que tienen muy mucha raz\u00f3n de temerlo y mirarlo muy bien los confesores. Mas la pobre alma que anda con el mismo temor y va al confesor como a juez, y \u00e9se la condena, no puede dejar de recibir tan gran tormento y turbaci\u00f3n, que s\u00f3lo entender\u00e1 cu\u00e1n gran trabajo es quien hubiere pasado por ello. Porque \u00e9ste es otro de los grandes trabajos que estas almas padecen, en especial si han sido ruines, pensar que por sus pecados ha Dios de permitir que sean enga\u00f1adas; y aunque cuando Su Majestad les hace la merced est\u00e1n seguros y no pueden creer ser otro esp\u00edritu sino de Dios, como es cosa que pasa de presto y el acuerdo de los pecados se est\u00e1 siempre y ve en s\u00ed faltas -que \u00e9stas nunca faltan-, luego viene este tormento. Cuando el confesor la asegura, apl\u00e1case, aunque torna; mas cuando \u00e9l ayuda con m\u00e1s temor, es cosa casi insufrible; en especial, cuando tras estos vienen unas sequedades, que no parece que jam\u00e1s se ha acordado de Dios ni se ha de acordar, y que como una persona de quien oy\u00f3 decir desde lejos, es cuando oye hablar de Su Majestad.<\/p>\n<p>9. Todo no es nada, si no es que sobre esto venga el parecer que no sabe informar a los confesores y que los trae enga\u00f1ados; y aunque m\u00e1s piensa y ve que no hay primer movimiento que no los diga, no aprovecha; que est\u00e1 el entendimiento tan oscuro que no es capaz de ver la verdad, sino creer lo que la imaginaci\u00f3n le representa que entonces ella es la se\u00f1ora), y los desatinos que el demonio la quiere representar, a quien debe nuestro Se\u00f1or de dar licencia para que la pruebe y aun para que la haga entender que est\u00e1 reprobada de Dios. Porque son muchas las cosas que la combaten con un apretamiento interior de manera tan sentible e intolerable, que yo no s\u00e9 a qu\u00e9 se pueda comparar, sino a los que padecen en el infierno; porque ning\u00fan consuelo se admite en esta tempestad. Si le quieren tomar con el confesor, parece han acudido los demonios a \u00e9l para que la atormente m\u00e1s; y as\u00ed, tratando uno con un alma que estaba en este tormento, despu\u00e9s de pasado que parece apretamiento peligroso por ser de tantas cosas juntas), la dec\u00eda le avisase cuando estuviese as\u00ed, y siempre era tan peor, que vino \u00e9l a entender que no era m\u00e1s en su mano. Pues si se quiere tomar un libro de romance, persona que le sab\u00eda bien leer, le acaec\u00eda no entender m\u00e1s de \u00e9l que si no supiera letra, porque no estaba el entendimiento capaz.<\/p>\n<p>10. En fin, que ning\u00fan remedio hay en esta tempestad, sino aguardar a la misericordia de Dios, que a deshora, con una palabra sola suya o una ocasi\u00f3n que acaso sucedi\u00f3, lo quita todo tan de presto, que parece no hubo nublado en aquel alma, seg\u00fan queda llena de sol y de mucho m\u00e1s consuelo; y como quien se ha escapado de una batalla peligrosa con haber ganado la victoria, queda alabando a nuestro Se\u00f1or, que fue el que pele\u00f3 para el vencimiento; porque conoce muy claro que ella no pele\u00f3; que todas las armas con que se pod\u00eda defender le parece que las ve en manos de su contrario, y as\u00ed conoce claramente su miseria y lo poqu\u00edsimo que podemos de nosotros si nos desamparase el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>11. Parece que ya no ha menester consideraci\u00f3n para entender esto, porque la experiencia de pasar por ello, habi\u00e9ndose visto del todo inhabilitada, le hac\u00eda entender nuestra nonada, y cu\u00e1n miserable cosa somos; porque la gracia aunque no debe estar sin ella, pues con toda esta tormenta no ofende a Dios ni le ofender\u00eda por cosa de la tierra), est\u00e1 tan escondida, que ni aun una centella muy peque\u00f1a le parece no ve de que tiene amor de Dios ni que le tuvo jam\u00e1s; porque si ha hecho alg\u00fan bien o Su Majestad le ha hecho alguna merced, todo le parece cosa so\u00f1ada y que fue antojo. Los pecados ve cierto que los hizo.<\/p>\n<p>12. \u00a1Oh Jes\u00fas, y qu\u00e9 es ver un alma desamparada de esta suerte, y -como he dicho- cu\u00e1n poco le aprovecha ning\u00fan consuelo de la tierra! Por eso no pens\u00e9is, hermanas, si alguna vez os viereis as\u00ed, que los ricos y los que est\u00e1n con libertad tendr\u00e1n para estos tiempos m\u00e1s remedio. No, no, que me parece a m\u00ed es como si a los condenados les pusiesen cuantos deleites hay en el mundo delante, no bastar\u00edan para darles alivio, antes les acrecentar\u00eda el tormento; as\u00ed ac\u00e1 viene de arriba, y no valen aqu\u00ed nada cosas de la tierra. Quiere este gran Dios que conozcamos rey y nuestra miseria, e importa mucho para lo de adelante.<\/p>\n<p>13. Pues \u00bfqu\u00e9 har\u00e1 esta pobre alma cuando muchos d\u00edas le durare as\u00ed? Porque si reza, es como si no rezase, para su consuelo, digo; que no se admite en lo interior, ni aun se entiende lo que reza ella misma a s\u00ed, aunque sea vocal, que para mental no es este tiempo en ninguna manera, porque no est\u00e1n las potencias para ello, antes hace mayor da\u00f1o la soledad, con que es otro tormento por s\u00ed estar con nadie ni que la hablen. Y as\u00ed, por muy mucho que se esfuerce, anda con un desabrimiento y mala condici\u00f3n en lo exterior, que se le echa mucho de ver. \u00bfEs verdad que sabr\u00e1 decir lo que ha? &#8211; Es indecible; porque son apretamientos y penas espirituales, que no se saben poner nombre. El mejor remedio -no digo para que se quite, que yo no le hallo, sino para que se pueda sufrir- es entender en obras de caridad y exteriores, y esperar en la misericordia de Dios, que nunca falta a los que en El esperan. Sea por siempre bendito, am\u00e9n.<\/p>\n<p>14. Otros trabajos que dan los demonios, exteriores, no deben ser tan ordinarios, y as\u00ed no hay para qu\u00e9 hablar en ellos, ni son tan penosos con gran parte; porque, por mucho que hagan, no llegan a inhabilitar as\u00ed las potencias, a mi parecer, ni a turbar el alma de esta manera; que, en fin, queda raz\u00f3n para pensar que no pueden hacer m\u00e1s de lo que el Se\u00f1or les diere licencia, y cuando \u00e9sta no est\u00e1 perdida, todo es poco en comparaci\u00f3n de lo que queda dicho.<\/p>\n<p>15. Otras penas interiores iremos diciendo en esta morada, tratando diferencias de oraci\u00f3n y mercedes del Se\u00f1or; que aunque algunas son aun m\u00e1s recio que lo dicho en el padecer, como se ver\u00e1 por cu\u00e1l deja el cuerpo, no merecen nombre de trabajos, ni es raz\u00f3n que se le pongamos, por ser tan grandes mercedes del Se\u00f1or, y que en medio de ellos entiende el alma que lo son y muy fuera de sus merecimientos. Viene ya esta pena grande para entrar en la s\u00e9ptima morada, con otros hartos, que algunos dir\u00e9, porque todos ser\u00e1 imposible, ni aun declarar c\u00f3mo son, porque vienen de otro linaje que los dichos, muy m\u00e1s alto; y si en ellos, con ser de m\u00e1s baja casta, no he podido declarar m\u00e1s de lo dicho, menos podr\u00e9 en estotro. El Se\u00f1or d\u00e9 para todo su favor por los m\u00e9ritos de su Hijo, am\u00e9n.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M62\"><\/a>Cap\u00edtulo 2<\/strong><br \/>\nTrata de algunas maneras con que despierta nuestro Se\u00f1or al alma, que parece no hay en ellas qu\u00e9 temer, aunque es cosa muy subida.<\/p>\n<p>1. Parece que hemos dejado mucho la palomica, y no hemos; porque estos trabajos son los que la hacen tener m\u00e1s alto vuelo. Pues comencemos ahora a tratar de la manera que se ha con ella el Esposo y c\u00f3mo antes que del todo lo sea se lo hace bien desear, por unos medios tan delicados, que el alma misma no los entiende, ni yo creo acertar\u00e9 a decir para que lo entienda, si no fueren las que han pasado por ello; porque son unos impulsos tan delicados y sutiles, que proceden de lo muy interior del alma, que no s\u00e9 comparaci\u00f3n que poner que cuadre.<\/p>\n<p>Va bien diferente de todo lo que ac\u00e1 podemos procurar y aun de los gustos que quedan dichos, que muchas veces estando la misma persona descuidada y sin tener la memoria en Dios, Su Majestad la despierta, a manera de una cometa que pasa de presto, o un trueno, aunque no se oye ruido; mas entiende muy bien el alma que fue llamada de Dios, y tan entendido, que algunas veces, en especial a los principios, la hace estremecer y aun quejar, sin ser cosa que le duele. Siente ser herida sabros\u00edsimamente, mas no atina c\u00f3mo ni qui\u00e9n la hiri\u00f3; mas bien conoce ser cosa preciosa y jam\u00e1s querr\u00eda ser sana de aquella herida. Qu\u00e9jase con palabras de amor, aun exteriores, sin poder hacer otra cosa, a su Esposo; porque entiende que est\u00e1 presente, mas no se quiere manifestar de manera que deje gozarse. Y es harta pena, aunque sabrosa y dulce; y aunque quiera no tenerla, no puede; mas esto no querr\u00eda jam\u00e1s: mucho m\u00e1s le satisface que el embebecimiento sabroso que carece de pena, de la oraci\u00f3n de quietud.<\/p>\n<p>2. Deshaci\u00e9ndome estoy, hermanas, por daros a entender esta operaci\u00f3n de amor, y no s\u00e9 c\u00f3mo. Porque parece cosa contraria dar a entender el Amado claramente que est\u00e1 con el alma, y parecer que la llama con una se\u00f1a tan cierta que no se puede dudar y un silbo tan penetrativo para entenderle el alma que no le puede dejar de o\u00edr; porque no parece sino que en hablando el Esposo, que est\u00e1 en la s\u00e9ptima morada, por esta manera que no es habla formada), toda la gente que est\u00e1 en las otras no se osan bullir, ni sentidos, ni imaginaci\u00f3n, ni potencias. \u00a1Oh mi poderoso Dios, qu\u00e9 grandes son vuestros secretos, y qu\u00e9 diferentes las cosas del Esp\u00edritu Santo a cuanto por ac\u00e1 se puede ver ni entender, pues con ninguna cosa se puede declarar \u00e9sta tan peque\u00f1a, para las muy grandes que obr\u00e1is con las almas!<\/p>\n<p>3. Hace en ella tan gran operaci\u00f3n, que se est\u00e1 deshaciendo de deseo y no sabe qu\u00e9 pedir, porque claramente le parece que est\u00e1 con ella su Dios. Dir\u00e9isme: pues si esto entiende, \u00bfqu\u00e9 desea, o qu\u00e9 le da pena?, \u00bfqu\u00e9 mayor bien quiere? &#8211; No lo s\u00e9; s\u00e9 que parece le llega a las entra\u00f1as esta pena, y que, cuando de ellas saca la saeta el que la hiere, verdaderamente parece que se las lleva tras s\u00ed, seg\u00fan el sentimiento de amor siente.<\/p>\n<p>4. Estaba pensando ahora si ser\u00eda que de este fuego del brasero encendido que es mi Dios, saltaba alguna centella y daba en el alma, de manera que se dejaba sentir aquel encendido fuego, y como no era a\u00fan bastante para quemarla y \u00e9l es tan deleitoso, queda con aquella pena y al tocar hace aquella operaci\u00f3n; y par\u00e9ceme es la mejor comparaci\u00f3n que he acertado a decir. Porque este dolor sabroso -y no es dolor- no est\u00e1 en un ser; aunque a veces dura gran rato, otras de presto se acaba, como quiere comunicarle el Se\u00f1or, que no es cosa que se puede procurar por ninguna v\u00eda humana. Mas aunque est\u00e1 algunas veces rato, qu\u00edtase y torna; en fin, nunca est\u00e1 estante, y por eso no acaba de abrasar el alma, sino ya que se va a encender, mu\u00e9rese la centella y queda con deseo de tornar a padecer aquel dolor amoroso que le causa.<\/p>\n<p>5. Aqu\u00ed no hay que pensar si es cosa movida del mismo natural, ni causada de melancol\u00eda, ni tampoco enga\u00f1o del demonio, ni si es antojo; porque es cosa que se deja muy bien entender ser este movimiento de adonde est\u00e1 el Se\u00f1or, que es inmutable; y las operaciones no son como de otras devociones, que el mucho embebecimiento del gusto nos puede hacer dudar. Aqu\u00ed est\u00e1n todos los sentidos y potencias sin ning\u00fan embebecimiento, mirando qu\u00e9 podr\u00e1 ser, sin estorbar nada ni poder acrecentar aquella pena deleitosa ni quitarla, a mi parecer.<\/p>\n<p>A quien nuestro Se\u00f1or hiciere esta merced que, si se la ha hecho, en leyendo esto lo entender\u00e1), d\u00e9le muy muchas gracias, que no tiene que temer si es enga\u00f1o; tema mucho si ha de ser ingrato a tan gran merced, y procure esforzarse a servir y a mejorar en todo su vida, y ver\u00e1 en lo que para y c\u00f3mo recibe m\u00e1s y m\u00e1s; aunque a una persona que esto tuvo pas\u00f3 algunos a\u00f1os con ello y con aquella merced estaba bien satisfecha, que si multitud de a\u00f1os sirviera al Se\u00f1or con grandes trabajos, quedaba con ella muy bien pagada. Sea bendito por siempre jam\u00e1s, am\u00e9n.<\/p>\n<p>6. Podr\u00e1 ser que repar\u00e9is en c\u00f3mo m\u00e1s en esto que en otras cosas hay seguridad &#8211; A mi parecer por estas razones: la primera, porque jam\u00e1s el demonio debe dar pena sabrosa como \u00e9sta; podr\u00e1 \u00e9l dar el sabor y el deleite que parezca espiritual; mas juntar pena, y tanta, con quietud y gusto del alma, no es de su facultad; que todos sus poderes est\u00e1n por las adefueras, y sus penas, cuando \u00e9l las da, no son, a mi parecer, jam\u00e1s sabrosas ni con paz, sino inquietas y con guerra. La segunda, porque esta tempestad sabrosa viene de otra regi\u00f3n de las que \u00e9l puede se\u00f1orear. La tercera, por los grandes provechos que quedan en el alma, que es lo m\u00e1s ordinario determinarse a padecer por Dios y desear tener muchos trabajos, y quedar muy m\u00e1s determinada a apartarse de los contentos y conversaciones de la tierra, y otras cosas semejantes.<\/p>\n<p>7. El no ser antojo, est\u00e1 muy claro; porque aunque otras veces lo procure, no podr\u00e1 contrahacer aquello. Y es cosa tan notoria, que en ninguna manera se puede antojar, digo parecer que es, no siendo, ni dudar de que es; y si alguna quedare, sepan que no son \u00e9stos verdaderos \u00edmpetus; digo, si dudare en si le tuvo, o si no; porque as\u00ed se da a sentir, como a los o\u00eddos una gran voz.<\/p>\n<p>8. Pues ser melancol\u00eda, no lleva camino ninguno, porque la melancol\u00eda no hace y fabrica sus antojos sino en la imaginaci\u00f3n; estotro procede de lo interior del alma. Ya puede ser que yo me enga\u00f1e, mas hasta o\u00edr otras razones a quien lo entienda, siempre estar\u00e9 en esta opini\u00f3n; y as\u00ed s\u00e9 de una persona harto llena de temor de estos enga\u00f1os, que de esta oraci\u00f3n jam\u00e1s le pudo tener.<\/p>\n<p>9. Tambi\u00e9n suele nuestro Se\u00f1or tener otras maneras de despertar el alma: que a deshora, estando rezando vocalmente y con descuido de cosa interior, parece viene una inflamaci\u00f3n deleitosa, como si de presto viniese un olor tan grande que se comunicase por todos los sentidos no digo que es olor, sino pongo esta comparaci\u00f3n) o cosa de esta manera, s\u00f3lo para dar a sentir que est\u00e1 all\u00ed el Esposo; mueve un deseo sabroso de gozar el alma de El, y con esto queda dispuesta para hacer grandes actos y alabanzas a nuestro Se\u00f1or. Su nacimiento de esta merced es de donde lo que queda dicho; mas aqu\u00ed no hay cosa que d\u00e9 pena, ni los deseos mismos de gozar a Dios son penosos: esto es m\u00e1s ordinario sentirlo el alma. Tampoco me parece que hay aqu\u00ed que temer, por algunas razones de las dichas, sino procurar admitir esta merced con hacimiento de gracias.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M63\"><\/a>Cap\u00edtulo 3<\/strong><br \/>\nTrata de la misma materia y dice de la manera que habla Dios al alma cuando es servido, y avisa c\u00f3mo se han de haber en esto y no seguirse por su parecer. &#8211; Pone algunas se\u00f1ales para que se conozca cu\u00e1ndo no es enga\u00f1o y cu\u00e1ndo lo es. &#8211; Es de harto provecho.<\/p>\n<p>1. Otra manera tiene Dios de despertar al alma, y aunque en alguna manera parece mayor merced que las dichas, podr\u00e1 ser m\u00e1s peligrosa y por eso me detendr\u00e9 algo en ella, que son unas hablas con el alma de muchas maneras: unas parece vienen de fuera, otras de lo muy interior del alma, otras de lo superior de ella, otras tan en lo exterior que se oyen con los o\u00eddos, porque parece es voz formada. Algunas veces, y muchas, puede ser antojo, en especial en personas de flaca imaginaci\u00f3n o melanc\u00f3licas, digo de melancol\u00eda notable.<\/p>\n<p>2. De estas dos maneras de personas no hay que hacer caso, a mi parecer, aunque digan que ven y oyen y entienden, ni inquietarlas con decir que es demonio; sino o\u00edrlas como a personas enfermas, diciendo la priora o confesor, a quien lo dijere, que no haga caso de ello, que no es la sustancia para servir a Dios y que a muchos ha enga\u00f1ado el demonio por all\u00ed, aunque no ser\u00e1 quiz\u00e1 as\u00ed a ella, por no la afligir m\u00e1s que trae con su humor; porque si le dicen que es melancol\u00eda, nunca acabar\u00e1, que jurar\u00e1 que lo ve y lo oye, porque le parece as\u00ed.<\/p>\n<p>3. Verdad es, que es menester traer cuenta con quitarle la oraci\u00f3n, y lo m\u00e1s que se pudiere que no haga caso de ello; porque suele el demonio aprovecharse de estas almas as\u00ed enfermas, aunque no sea para su da\u00f1o, para el de otros; y a enfermas y sanas, siempre de estas cosas hay que temer hasta ir entendiendo el esp\u00edritu. Y digo que siempre es lo mejor a los principios deshac\u00e9rsele; porque si es de Dios, es m\u00e1s ayuda para ir adelante, y antes crece cuando es probado. Esto es as\u00ed, mas no sea apretando mucho el alma e inquiet\u00e1ndola, porque verdaderamente ella no puede m\u00e1s.<\/p>\n<p>4. Pues tornando a lo que dec\u00eda de las hablas con el \u00e1nima, de todas las maneras que he dicho, pueden ser de Dios y tambi\u00e9n del demonio y de la propia imaginaci\u00f3n. Dir\u00e9, si acertare, con el favor del Se\u00f1or, las se\u00f1ales que hay en estas diferencias y cu\u00e1ndo ser\u00e1n estas hablas peligrosas. Porque hay muchas almas que las entienden entre gente de oraci\u00f3n, y querr\u00eda, hermanas, que no pens\u00e9is hac\u00e9is mal en no las dar cr\u00e9dito, ni tampoco en d\u00e1rsele cuando son solamente para vosotras mismas, de regalo o aviso de faltas vuestras, d\u00edgalas quien las dijere, o sea antojo, que poco va en ello. De una cosa os aviso, que no pens\u00e9is, aunque sean de Dios, ser\u00e9is por eso mejores, que harto habl\u00f3 a los fariseos, y todo el bien est\u00e1 c\u00f3mo se aprovechan de estas palabras; y ninguna que no vaya muy conforme a la Escritura hag\u00e1is m\u00e1s caso de ellas que si las oyeseis al mismo demonio; porque aunque sean de vuestra flaca imaginaci\u00f3n, es menester tomarse como una tentaci\u00f3n de cosas de la fe, y as\u00ed resistir siempre, para que se vayan quitando; y s\u00ed quitar\u00e1n, porque llevan poca fuerza consigo.<\/p>\n<p>5. Pues tornando a lo primero, que venga de lo interior, que de lo superior, que de lo exterior, no importa para dejar de ser de Dios. Las m\u00e1s ciertas se\u00f1ales que se puede tener, a mi parecer, son \u00e9stas: la primera y m\u00e1s verdadera es el poder\u00edo y se\u00f1or\u00edo que traen consigo, que es hablando y obrando. Decl\u00e1rome m\u00e1s: est\u00e1 un alma en toda la tribulaci\u00f3n y alboroto interior que queda dicho y oscuridad del entendimiento y sequedad; con una palabra de \u00e9stas que diga solamente: no tengas pena, queda sosegada y sin ninguna, y con gran luz, quitada toda aquella pena con que le parec\u00eda que todo el mundo y letrados que se juntaran a darle razones para que no la tuviese, no la pudieran con cuanto trabajaran quitar de aquella aflicci\u00f3n. Est\u00e1 afligida por haberle dicho su confesor y otros, que es esp\u00edritu del demonio el que tiene, y toda llena de temor: y con una palabra que se le diga s\u00f3lo: Yo soy, no hayas miedo, se le quita del todo y queda consolad\u00edsima, y pareci\u00e9ndole que ninguno bastar\u00e1 a hacerla creer otra cosa. Est\u00e1 con mucha pena de algunos negocios graves, que no sabe c\u00f3mo han de suceder: entiende, que se sosiegue que todo suceder\u00e1 bien. Queda con certidumbre y sin pena. Y de esta manera otras muchas cosas.<\/p>\n<p>6. La segunda raz\u00f3n, una gran quietud que queda en el alma, y recogimiento devoto y pac\u00edfico, y dispuesta para alabanzas de Dios. \u00a1Oh Se\u00f1or! Si una palabra enviada a decir con un paje vuestro que a lo que dicen, al menos \u00e9stas en esta morada no las dice el mismo Se\u00f1or, sino alg\u00fan \u00e1ngel), tienen tanta fuerza, \u00bfqu\u00e9 tal la dejar\u00e9is en el alma que est\u00e1 atada por amor con Vos y Vos con ella?<\/p>\n<p>7. La tercera se\u00f1al es no pasarse estas palabras de la memoria en muy mucho tiempo y algunas jam\u00e1s, como se pasan las que por ac\u00e1 entendemos, digo que o\u00edmos de los hombres; que aunque sean muy graves y letrados, no las tenemos tan esculpidas en la memoria, ni tampoco, si son en cosas por venir, las creemos como a \u00e9stas; que queda una certidumbre grand\u00edsima, de manera que, aunque algunas veces en cosas muy imposibles al parecer, no deja de venirle duda si ser\u00e1 o no ser\u00e1 y andan con algunas vacilaciones el entendimiento, en la misma alma est\u00e1 una seguridad que no se puede rendir, aunque le parezca que vaya todo al contrario de lo que entendi\u00f3, y pasan a\u00f1os, no se le quita aquel pensar que Dios buscar\u00e1 otros medios que los hombres no entienden, mas que, en fin, se ha de hacer; y as\u00ed es que se hace; aunque, como digo, no se deja de padecer cuando ve muchos desv\u00edos, porque como ha tiempo que lo entendi\u00f3 y las operaciones y certidumbre que al presente quedan de ser Dios es ya pasado, han lugar estas dudas, pensando si fue demonio, si fue de la imaginaci\u00f3n. Ninguna de \u00e9stas le queda al presente, sino que morir\u00eda por aquella verdad. Mas, como digo, con todas estas imaginaciones, que debe poner el demonio para dar pena y acobardar el alma, en especial si es en negocio que en el hacerse lo que se entendi\u00f3 ha de haber muchos bienes de almas, y es obras para gran honra y servicio de Dios, y en ellas hay gran dificultad, \u00bfqu\u00e9 no har\u00e1? Al menos enflaquece la fe, que es harto da\u00f1o no creer que Dios es poderoso para hacer obras que no entienden nuestros entendimientos.<\/p>\n<p>8. Con todos estos combates, aunque haya quien diga a la misma persona que son disparates digo los confesores con quien se tratan estas cosas), y con cuantos malos sucesos hubiere para dar a entender que no se pueden cumplir, queda una centella -no s\u00e9 d\u00f3nde- tan viva de que ser\u00e1, aunque todas las dem\u00e1s esperanzas est\u00e9n muertas, que no podr\u00eda, aunque quisiese, dejar de estar viva aquella centella de seguridad. Y en fin -como he dicho- se cumple la palabra del Se\u00f1or, y queda el alma tan contenta y alegre, que no querr\u00eda sino alabar siempre a Su Majestad y mucho m\u00e1s por ver cumplido lo que se le hab\u00eda dicho, que por la misma obra, aunque le vaya muy mucho en ella.<\/p>\n<p>9. No s\u00e9 en qu\u00e9 va esto que tiene en tanto el alma que salgan estas palabras verdaderas, que si a la misma persona la tomasen en algunas mentiras, no creo sentir\u00eda tanto; como si ella en esto pudiese m\u00e1s, que no dice sino lo que la dicen. Infinitas veces se acordaba cierta persona de Jon\u00e1s, profeta, sobre esto, cuando tem\u00eda no hab\u00eda de perderse N\u00ednive. En fin, como es esp\u00edritu de Dios, es raz\u00f3n se le tenga esta fidelidad en desear no le tengan por falso, pues es la suma verdad. Y as\u00ed es grande la alegr\u00eda, cuando despu\u00e9s de mil rodeos y en cosas dificultos\u00edsimas lo ve cumplido; aunque a la misma persona se le hayan de seguir grandes trabajos de ello, los quiere m\u00e1s pasar que no que deje de cumplirse lo que tiene por cierto le dijo el Se\u00f1or. Quiz\u00e1 no todas personas tendr\u00e1n esta flaqueza, si lo es, que no lo puedo condenar por malo.<\/p>\n<p>10. Si son de la imaginaci\u00f3n, ninguna de estas se\u00f1ales hay, ni certidumbre ni paz y gusto interior; salvo que podr\u00eda acaecer, y aun yo s\u00e9 de algunas personas a quien ha acaecido, estando muy embebidas en oraci\u00f3n de quietud y sue\u00f1o espiritual, que algunas son tan flacas de complexi\u00f3n o imaginaci\u00f3n, o no s\u00e9 la causa, que verdaderamente en este gran recogimiento est\u00e1n tan fuera de s\u00ed, que no se sienten en lo exterior, y est\u00e1n tan adormecidos todos los sentidos, que como una persona que duerme, y aun quiz\u00e1 es as\u00ed que est\u00e1n adormizidas, como manera de sue\u00f1o les parece que las hablan y aun que ven cosas, y piensan que es de Dios, y dejan los efectos en fin como de sue\u00f1o. Y tambi\u00e9n podr\u00eda ser pidiendo una cosa a nuestro Se\u00f1or afectuosamente, parecerles que le dicen lo que quieren, y esto acaece algunas veces. Mas a quien tuviere mucha experiencia de las hablas de Dios, no se podr\u00e1 enga\u00f1ar en esto -a mi parecer- de la imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p>11. Del demonio hay m\u00e1s que temer. Mas si hay las se\u00f1ales que quedan dichas, mucho se puede asegurar ser de Dios, aunque no de manera que si es cosa grave lo que se le dice y que se ha de poner por obra de s\u00ed o de negocios de terceras personas, jam\u00e1s haga nada, ni le pase por pensamiento, sin parecer de confesor letrado y avisado y siervo de Dios, aunque m\u00e1s y m\u00e1s entienda y le parezca claro ser de Dios; porque esto quiere Su Majestad, y no es dejar de hacer lo que El manda, pues nos tiene dicho tengamos al confesor en su lugar, adonde no se puede dudar ser palabras suyas; y \u00e9stas ayudan a dar \u00e1nimo, si es negocio dificultoso, y nuestro Se\u00f1or le pondr\u00e1 al confesor y le har\u00e1 crea es esp\u00edritu suyo, cuando El lo quisiere; y si no, no est\u00e1n m\u00e1s obligados. Y hacer otra cosa sino lo dicho y seguirse nadie por su parecer en esto, t\u00e9ngolo por cosa muy peligrosa; y as\u00ed, hermanas, os amonesto de parte de nuestro Se\u00f1or que jam\u00e1s os acaezca.<\/p>\n<p>12. Otra manera hay como habla el Se\u00f1or al alma, que yo tengo para m\u00ed ser muy cierto de su parte, con alguna visi\u00f3n intelectual, que adelante dir\u00e9 c\u00f3mo es. Es tan en lo \u00edntimo del alma, y par\u00e9cele tan claro o\u00edr aquellas palabras con los o\u00eddos del alma al mismo Se\u00f1or y tan en secreto, que la misma manera del entenderlas, con las operaciones que hace la misma visi\u00f3n, asegura y da certidumbre no poder el demonio tener parte all\u00ed. Deja grandes efectos para creer esto; al menos hay seguridad de que no procede de la imaginaci\u00f3n; y tambi\u00e9n, si hay advertencia, la puede siempre tener de esto, por estas razones: la primera, porque debe ser diferente en la claridad de la habla, que lo es tan clara, que una s\u00edlaba que falte de lo que entendi\u00f3, se acuerda, y si se dijo por un estilo o por otro, aunque sea todo una sentencia; y en lo que se antoja por la imaginaci\u00f3n, ser\u00e1 no habla tan clara ni palabras tan distintas, sino como cosa medio so\u00f1ada.<\/p>\n<p>13. La segunda, porque ac\u00e1 no se pensaba muchas veces en lo que se entendi\u00f3 -digo que es a deshora y aun algunas estando en conversaci\u00f3n-, aunque hartas se responde a lo que pasa de presto por el pensamiento o a lo que antes se ha pensado; mas muchas es en cosas que jam\u00e1s tuvo acuerdo de que hab\u00edan de ser ni ser\u00edan, y as\u00ed no las pod\u00eda haber fabricado la imaginaci\u00f3n para que el alma se enga\u00f1ase en antoj\u00e1rsele lo que no hab\u00eda deseado ni querido ni venido a su noticia.<\/p>\n<p>14. La tercera, porque lo uno es como quien oye, y lo de la imaginaci\u00f3n es como quien va componiendo lo que \u00e9l mismo quiere que le digan, poco a poco.<\/p>\n<p>15. La cuarta, porque las palabras son muy diferentes, y con una se comprende mucho, lo que nuestro entendimiento no podr\u00eda componer tan de presto.<\/p>\n<p>16. La quinta, porque junto con las palabras muchas veces, por un modo que yo no sabr\u00e9 decir, se da a entender mucho m\u00e1s de lo que ellas suenan sin palabras. En este modo de entender hablar\u00e9 en otra parte m\u00e1s, que es cosa muy delicada y para alabar a nuestro Se\u00f1or. Porque en esta manera y diferencias ha habido personas muy dudosas en especial alguna por quien ha pasado y as\u00ed habr\u00e1 otras) que no acababan de entenderse; y as\u00ed s\u00e9 que lo ha mirado con mucha advertencia, porque han sido muy muchas veces las que el Se\u00f1or le hace esta merced, y la mayor duda que ten\u00eda era en esto si se le antojaba, a los principios; que el ser demonio m\u00e1s presto se puede entender, aunque son tantas sus sutilezas, que sabe bien contrahacer el esp\u00edritu de luz; mas ser\u00e1 -a mi parecer- en las palabras, decirlas muy claras, que tampoco quede duda si se entendieron como en el esp\u00edritu de verdad; mas no podr\u00e1 contrahacer los efectos que quedan dichos, ni dejar esa paz en el alma, ni luz; antes inquietud y alboroto. Mas puede hacer poco da\u00f1o o ninguno, si el alma es humilde y hace lo que he dicho, de no se mover a hacer nada por cosa que entienda.<\/p>\n<p>17. Si son favores y regalos del Se\u00f1or, mire con atenci\u00f3n si por ello se tiene por mejor; y si mientras mayor palabra de regalo, no quedare m\u00e1s confundida, crea que no es esp\u00edritu de Dios. Porque es cosa muy cierta que, cuando lo es, mientras mayor merced le hace, muy m\u00e1s en menos se tiene la misma alma y m\u00e1s acuerdo trae de sus pecados y m\u00e1s olvidada de su ganancia y m\u00e1s empleada su voluntad y memoria en querer s\u00f3lo la honra de Dios, ni acordarse de su propio provecho, y con m\u00e1s temor anda de torcer en ninguna cosa su voluntad, y con mayor certidumbre de que nunca mereci\u00f3 aquellas mercedes, sino el infierno. Como hagan estos efectos todas las cosas y mercedes que tuviere en la oraci\u00f3n, no ande el alma espantada, sino confiada en la misericordia del Se\u00f1or, que es fiel y no dejar\u00e1 al demonio que la enga\u00f1e, aunque siempre es bien se ande con temor.<\/p>\n<p>18. Podr\u00e1 ser que a las que no lleva el Se\u00f1or por este camino les parezca que podr\u00edan estas almas no escuchar estas palabras que les dicen y, si son interiores, distraerse de manera que no se admitan, y con esto andar\u00e1n sin estos peligros.<\/p>\n<p>A esto respondo que es imposible. No hablo de las que se les antoja, que con no estar tanto apeteciendo alguna cosa ni queriendo hacer caso de las imaginaciones, tienen remedio. Ac\u00e1 ninguno; porque de tal manera el mismo Esp\u00edritu que habla hace parar todos los otros pensamientos y advertir a lo que se dice, que en alguna manera me parece, y creo es as\u00ed, que ser\u00eda m\u00e1s posible no entender a una persona que hablase muy a voces a otra que oyese muy bien; porque podr\u00eda no advertir, y poner el pensamiento y entendimiento en otra cosa; mas en lo que tratamos no se puede hacer: no hay o\u00eddos que se tapar, ni poder para pensar sino en lo que se le dice, en ninguna manera; porque el que pudo hacer parar el sol -por petici\u00f3n de Josu\u00e9 creo era- puede hacer parar las potencias y todo el interior de manera que ve bien el alma que otro mayor Se\u00f1or gobierna aquel castillo que ella, y h\u00e1cela harta devoci\u00f3n y humildad. As\u00ed que en excusarlo no hay remedio ninguno. D\u00e9nosle la divina Majestad, para que s\u00f3lo pongamos los ojos en contentarle y nos olvidemos de nosotros mismos, como he dicho, am\u00e9n. Plega a El que haya acertado a dar a entender lo que en esto he pretendido y que sea de alg\u00fan aviso para quien lo tuviere.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M64\"><\/a>Cap\u00edtulo 4<\/strong><br \/>\nTrata de cuando suspende Dios el alma en la oraci\u00f3n con arrobamiento o \u00e9xtasis o rapto, que todo es uno a mi parecer, y c\u00f3mo es menester gran \u00e1nimo para recibir tan grandes mercedes de su Majestad.<\/p>\n<p>1. Con estas cosas dichas de trabajos y las dem\u00e1s, \u00bfqu\u00e9 sosiego puede traer la pobre mariposica? Todo es para m\u00e1s desear gozar al Esposo; y Su Majestad, como quien conoce nuestra flaqueza, vala habilitando con estas cosas y otras muchas para que tenga \u00e1nimo de juntarse con tan gran Se\u00f1or y tomarle por Esposo.<\/p>\n<p>2. Re\u00edros heis de que digo esto y pareceros ha desatino, porque cualquiera de vosotras os parecer\u00e1 que no es menester y que no habr\u00e1 ninguna mujer tan baja que no le tenga para desposarse con el rey. &#8211; As\u00ed lo creo yo con el de la tierra, mas con el del cielo yo os digo que es menester m\u00e1s de lo que pens\u00e1is; porque nuestro natural es muy t\u00edmido y bajo para tan gran cosa, y tengo por cierto que, si no le diese Dios, con cuanto veis que nos est\u00e1 bien, ser\u00eda imposible. Y as\u00ed ver\u00e9is lo que hace Su Majestad para concluir este desposorio, que entiendo yo debe ser cuando da arrobamientos, que la saca de sus sentidos; porque si estando en ellos se viese tan cerca de esta gran majestad, no era posible por ventura quedar con vida. Enti\u00e9ndese arrobamientos que lo sean, y no flaquezas de mujeres como por ac\u00e1 tenemos, que todo nos parece arrobamiento y \u00e9xtasis y como creo dejo dicho, hay complexiones tan flacas, que con una oraci\u00f3n de quietud se mueren.<\/p>\n<p>Quiero poner aqu\u00ed algunas maneras que yo he entendido como he tratado con tantas personas espirituales) que hay de arrobamientos, aunque no s\u00e9 si acertar\u00e9, como en otra parte que lo escrib\u00ed, esto y algunas cosas de las que van aqu\u00ed, que por algunas razones ha parecido no va nada tornarlo a decir, aunque no sea sino porque vayan las moradas por junto aqu\u00ed.<\/p>\n<p>3. Una manera hay que estando el alma, aunque no sea en oraci\u00f3n, tocada con alguna palabra que se acord\u00f3 u oye de Dios, parece que Su Majestad desde lo interior del alma hace crecer la centella que dijimos ya, movido de piedad de haberla visto padecer tanto tiempo por su deseo, que abrasada toda ella como un ave f\u00e9nix queda renovada y, piadosamente se puede creer, perdonadas sus culpas; hase de entender, con la disposici\u00f3n y medios que esta alma habr\u00e1 tenido, como la Iglesia lo ense\u00f1a), y as\u00ed limpia, la junta consigo, sin entender aqu\u00ed nadie sino ellos dos, ni aun la misma alma entiende de manera que lo pueda despu\u00e9s decir, aunque no est\u00e1 sin sentido interior; porque no es como a quien toma un desmayo o paroxismo, que ninguna cosa interior ni exterior entiende. Lo que yo entiendo en este caso, es que el alma nunca estuvo tan despierta para las cosas de Dios ni con tan gran luz y conocimiento de Su Majestad.<\/p>\n<p>4. Parecer\u00e1 imposible, porque si las potencias est\u00e1n tan absortas, que podemos decir que est\u00e1n muertas, y los sentidos lo mismo, \u00bfc\u00f3mo se puede entender que entiende ese secreto? -Yo no lo s\u00e9, ni quiz\u00e1 ninguna criatura, sino el mismo Criador, y otras cosas muchas que pasan en este estado, digo en estas dos moradas; que \u00e9sta y la postrera se pudieran juntar bien, porque de la una a la otra no hay puerta cerrada. Porque hay cosas en la postrera que no se han manifestado a los que a\u00fan no han llegado a ella, me pareci\u00f3 dividirlas.<\/p>\n<p>5. Cuando estando el alma en esta suspensi\u00f3n, el Se\u00f1or tiene por bien de mostrarle algunos secretos, como de cosas del cielo y visiones imaginarias, esto s\u00e1belo despu\u00e9s decir, y de tal manera queda imprimido en la memoria, que nunca jam\u00e1s se olvida; mas cuando son visiones intelectuales, tampoco las sabe decir; porque debe haber algunas en estos tiempos tan subidas que no las convienen entender los que viven en la tierra para poderlas decir; aunque estando en sus sentidos, por ac\u00e1 se pueden decir muchas de estas visiones intelectuales. Podr\u00e1 ser que no entend\u00e1is algunas qu\u00e9 cosa es visi\u00f3n, en especial las intelectuales. Yo lo dir\u00e9 a su tiempo, porque me lo ha mandado quien puede; y aunque parezca cosa impertinente, quiz\u00e1 para algunas almas ser\u00e1 de provecho.<\/p>\n<p>6. Pues dir\u00e9isme: si despu\u00e9s no ha de haber acuerdo de esas mercedes tan subidas que ah\u00ed hace el Se\u00f1or al alma, \u00bfqu\u00e9 provecho le traen? &#8211; \u00a1Oh hijas!, que es tan grande, que no se puede encarecer; porque, aunque no las saben decir, en lo muy interior del alma quedan bien escritas y jam\u00e1s se olvidan.<\/p>\n<p>Pues si no tienen imagen ni las entienden las potencias, \u00bfc\u00f3mo se pueden acordar? &#8211; Tampoco entiendo eso; mas entiendo que quedan unas verdades en esta alma tan fijas de la grandeza de Dios, que cuando no tuviera fe que le dice qui\u00e9n es y que est\u00e1 obligada a creerle por Dios, le adorara desde aquel punto por tal, como hizo Jacob cuando vio la escala, que con ella deb\u00eda de entender otros secretos, que no los supo decir; que por s\u00f3lo ver una escala que bajaban y sub\u00edan \u00e1ngeles, si no hubiera m\u00e1s luz interior, no entendiera tan grandes misterios.<\/p>\n<p>7. No s\u00e9 si atino en lo que digo, porque aunque lo he o\u00eddo, no s\u00e9 si se me acuerda bien. Ni tampoco Mois\u00e9s supo decir todo lo que vio en la zarza, sino lo que quiso Dios que dijese; mas si no mostrara Dios a su alma secretos con certidumbre para que viese y creyese que era Dios, no se pusiera en tantos y tan grandes trabajos; mas deb\u00eda entender tan grandes cosas dentro de los espinos de aquella zarza, que le dieron \u00e1nimo para hacer lo que hizo por el pueblo de Israel. As\u00ed que, hermanas, las cosas ocultas de Dios no hemos de buscar razones para entenderlas, sino que, como creemos que es poderoso, est\u00e1 claro que hemos de creer que un gusano de tan limitado poder como nosotros que no ha de entender sus grandezas. Alab\u00e9mosle mucho, porque es servido que entendamos algunas.<\/p>\n<p>8. Deseando estoy acertar a poner una comparaci\u00f3n para si pudiese dar a entender algo de esto que estoy diciendo, y creo no la hay que cuadre, mas digamos \u00e9sta: entr\u00e1is en un aposento de un rey o gran se\u00f1or, o creo camar\u00edn los llaman, adonde tienen infinitos g\u00e9neros de vidrios y barros y muchas cosas, puestas por tal orden, que casi todas se ven en entrando. Una vez me llevaron a una pieza de \u00e9stas en casa de la Duquesa de Alba adonde viniendo de camino me mand\u00f3 la obediencia estar, por haberlos importunado esta se\u00f1ora), que me qued\u00e9 espantada en entrando, y consideraba de qu\u00e9 pod\u00eda aprovechar aquella bara\u00fanda de cosas y ve\u00eda que se pod\u00eda alabar al Se\u00f1or de ver tantas diferencias de cosas, y ahora me cae en gracia c\u00f3mo me ha aprovechado para aqu\u00ed; y aunque estuve all\u00ed un rato, era tanto lo que hab\u00eda que ver, que luego se me olvid\u00f3 todo de manera que de ninguna de aquellas piezas me qued\u00f3 m\u00e1s memoria que si nunca las hubiera visto, ni sabr\u00eda decir de qu\u00e9 hechura eran mas por junto acu\u00e9rdase que lo vio. As\u00ed ac\u00e1, estando el alma tan hecha una cosa con Dios, metida en este aposento de cielo emp\u00edreo que debemos tener en lo interior de nuestras almas porque claro est\u00e1, que pues Dios est\u00e1 en ellas, que tiene alguna de estas moradas), y aunque cuando est\u00e1 as\u00ed el alma en \u00e9xtasis, no debe siempre el Se\u00f1or querer que vea estos secretos porque est\u00e1 tan embebida en gozarle, que le basta tan gran bien), algunas veces gusta que se desembeba y de presto vea lo que est\u00e1 en aquel aposento, y as\u00ed queda, despu\u00e9s que torna en s\u00ed, con aquel represent\u00e1rsele las grandezas que vio; mas no puede decir ninguna, ni llega su natural a m\u00e1s de lo que sobrenatural ha querido Dios que vea.<\/p>\n<p>9. Luego ya confieso que fue ver, y que es visi\u00f3n imaginaria. &#8211; No quiero decir tal, que no es esto de que trato sino visi\u00f3n intelectual; que, como no tengo letras, mi torpeza no sabe decir nada; que, lo que he dicho hasta aqu\u00ed en esta oraci\u00f3n, entiendo claro que, si va bien, que no soy yo la que lo he dicho.<\/p>\n<p>Yo tengo para m\u00ed que si algunas veces no entiende de estos secretos, en los arrobamientos, el alma a quien los ha dado Dios, que no son arrobamientos, sino alguna flaqueza natural, que puede ser a personas de flaca complexi\u00f3n, como somos las mujeres, con alguna fuerza de esp\u00edritu sobrepujar al natural y quedarse as\u00ed embebidas, como creo dije en la oraci\u00f3n de quietud. Aqu\u00e9llos no tienen que ver con arrobamientos; porque el que lo es, creed que roba Dios toda el alma para s\u00ed, y que como a cosa suya propia y ya esposa suya, la va mostrando alguna partecita del reino que ha ganado, por serlo; que por poca que sea, es todo mucho lo que hay en este gran Dios, y no quiere estorbo de nadie, ni de potencias, ni sentidos; sino de presto manda cerrar las puertas de estas moradas todas, y s\u00f3lo en la que El est\u00e1 queda abierta para entrambos. Bendita sea tanta misericordia, y con raz\u00f3n ser\u00e1n malditos los que no quisieren aprovecharse de ella y perdieren a este Se\u00f1or. \u00a1Oh hermanas m\u00edas, que no es nada lo que dejamos, ni es nada cuanto hacemos ni cuanto pudi\u00e9remos hacer por un Dios que as\u00ed se quiere comunicar a un gusano!<\/p>\n<p>10. Y si tenemos esperanza de aun en esta vida gozar de este bien, \u00bfqu\u00e9 hacemos?, \u00bfen qu\u00e9 nos detenemos?, \u00bfqu\u00e9 es bastante para que un momento dejemos de buscar a este Se\u00f1or, como lo hac\u00eda la Esposa por barrios y plazas? \u00a1Oh, que es burler\u00eda todo lo del mundo, si no nos llega y ayuda a esto, aunque duraran para siempre sus deleites y riquezas y gozos, cuantos se pudieren imaginar, que es todo asco y basura comparado a estos tesoros que se han de gozar sin fin! Ni aun \u00e9stos no son nada en comparaci\u00f3n de tener por nuestro al Se\u00f1or de todos los tesoros y del cielo y de la tierra.<\/p>\n<p>11. \u00a1Oh ceguedad humana! \u00bfHasta cu\u00e1ndo, hasta cu\u00e1ndo se quitar\u00e1 esta tierra de nuestros ojos? Que aunque entre nosotras no parece es tanta que nos ciegue del todo, veo unas motillas, unas chinillas, que si las dejamos crecer bastar\u00e1n a hacernos gran da\u00f1o; sino que, por amor de Dios, hermanas, nos aprovechemos de estas faltas, para conocer nuestra miseria y ellas nos den mayor vista, como la dio el lodo del ciego que san\u00f3 nuestro Esposo; y as\u00ed, vi\u00e9ndonos tan imperfectas, crezca m\u00e1s el suplicarle saque bien de nuestras miserias, para en todo contentar a Su Majestad.<\/p>\n<p>12. Mucho me he divertido sin entenderlo. Perdonadme, hermanas, y creed que, llegada a estas grandezas de Dios, digo a hablar en ellas, no puede dejar de lastimarme mucho ver lo que perdemos por nuestra culpa. Porque, aunque es verdad que son cosas que las da el Se\u00f1or a quien quiere, si quisi\u00e9semos a Su Majestad como El nos quiere, a todas las dar\u00eda. No est\u00e1 deseando otra cosa, sino tener a quien dar, que no por eso se disminuyen sus riquezas.<\/p>\n<p>13. Pues, tornando a lo que dec\u00eda, manda el Esposo cerrar las puertas de las moradas y aun las del castillo y cerca; que en queriendo arrebatar esta alma, se le quita el huelgo de manera que aunque duren un poquito m\u00e1s algunas veces los otros sentidos, en ninguna manera puede hablar; aunque otras veces todo se quita de presto y se enfr\u00edan las manos y el cuerpo de manera que no parece tiene alma, ni se entiende algunas veces si echa el huelgo. Esto dura poco espacio, digo para estar en un ser; porque quit\u00e1ndose esta gran suspensi\u00f3n un poco, parece que el cuerpo torna algo en s\u00ed y alienta para tornarse a morir y dar mayor vida al alma, y con todo no dura mucho este tan gran \u00e9xtasis.<\/p>\n<p>14. Mas acaece, aunque se quita, quedarse la voluntad tan embebida y el entendimiento tan enajenado, y durar as\u00ed d\u00eda, y aun d\u00edas, que parece no es capaz para entender en cosa que no sea para despertar la voluntad a amar, y ella se est\u00e1 harto despierta para esto y dormida para arrostrar a asirse a ninguna criatura.<\/p>\n<p>15. \u00a1Oh, cuando el alma torna ya del todo en s\u00ed, qu\u00e9 es la confusi\u00f3n que le queda y los deseos tan grand\u00edsimos de emplearse en Dios de todas cuantas maneras se quisiere servir de ella! Si de las oraciones pasadas quedan tales efectos como quedan dichos, \u00bfqu\u00e9 ser\u00e1 de una merced tan grande como \u00e9sta? Querr\u00eda tener mil vidas para emplearlas todas en Dios, y que todas cuantas cosas hay en la tierra fuesen lenguas para alabarle por ella. Los deseos de hacer penitencia, grand\u00edsimos; y no hace mucho en hacerla, porque con la fuerza del amor siente poco cuanto hace y ve claro que no hac\u00edan mucho los m\u00e1rtires en los tormentos que padec\u00edan, porque con esta ayuda de parte de nuestro Se\u00f1or, es f\u00e1cil, y as\u00ed se quejan estas almas a Su Majestad cuando no se les ofrece en qu\u00e9 padecer.<\/p>\n<p>16. Cuando esta merced les hace en secreto, ti\u00e9nenla por muy grande; porque cuando es delante de algunas personas, es tan grande el corrimiento y afrenta que les queda, que en alguna manera desembebe el alma de lo que goz\u00f3, con la pena y cuidado que le da pensar qu\u00e9 pensar\u00e1n los que lo han visto. Porque conocen la malicia del mundo, y entienden que no lo echar\u00e1n por ventura a lo que es, sino que, por lo que hab\u00edan de alabar al Se\u00f1or, por ventura les ser\u00e1 ocasi\u00f3n para echar juicios.<\/p>\n<p>17. En alguna manera me parece esta pena y corrimiento falta de humildad; mas ello no es m\u00e1s en su mano; porque si esta persona desea ser vituperada, \u00bfqu\u00e9 se le da? Como entendi\u00f3 una que estaba en esta aflicci\u00f3n de parte de nuestro Se\u00f1or: No tengas pena, que o ellos han de alabarme a M\u00ed, o murmurar de ti; y en cualquiera cosa de \u00e9stas ganas t\u00fa. Supe despu\u00e9s que esta persona se hab\u00eda mucho animado con estas palabras y consolado; y porque si alguna se viere en esta aflicci\u00f3n, os las pongo aqu\u00ed. Parece que quiere nuestro Se\u00f1or que todos entiendan que aquel alma es ya suya, que no ha de tocar nadie en ella; en el cuerpo, en la honra, en la hacienda, enhorabuena, que de todo se sacar\u00e1 honra para Su Majestad; mas en el alma, eso no, que si ella, con muy culpable atrevimiento, no se aparta de su Esposo, El la amparar\u00e1 de todo el mundo y aun de todo el infierno.<\/p>\n<p>18. No s\u00e9 si queda dado algo a entender de qu\u00e9 cosa es arrobamiento, que todo es imposible, como he dicho; y creo no se ha perdido nada en decirlo para que se entienda lo que lo es; porque hay efectos muy diferentes en los fingidos arrobamientos. No digo fingidos, porque quien los tiene quiere enga\u00f1ar, sino porque ella lo est\u00e1; y como las se\u00f1ales y efectos no conforman con tan gran merced, queda infamada de manera que con raz\u00f3n no se cree despu\u00e9s a quien el Se\u00f1or la hiciere. Sea por siempre bendito y alabado, am\u00e9n, am\u00e9n.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M65\"><\/a>Cap\u00edtulo 5<\/strong><br \/>\nProsigue en lo mismo, y pone una manera de cuando levanta Dios el alma con un vuelo del esp\u00edritu en diferente manera de lo que queda dicho. &#8211; Dice alguna causa por que es menester \u00e1nimo. &#8211; Declara algo de esta merced que hace el Se\u00f1or, por sabrosa manera. &#8211; Es harto provechoso.<\/p>\n<p>1. Otra manera de arrobamientos hay, o vuelo del esp\u00edritu le llamo yo, que aunque todo es uno en la sustancia, en el interior se siente muy diferente; porque muy de presto algunas veces se siente un movimiento tan acelerado del alma, que parece es arrebatado el esp\u00edritu con una velocidad que pone harto temor, en especial a los principios; que por eso os dec\u00eda que es menester \u00e1nimo grande para a quien Dios ha de hacer estas mercedes, y aun fe y confianza y resignaci\u00f3n grande de que haga nuestro Se\u00f1or del alma lo que quisiere. \u00bfPens\u00e1is que es poca turbaci\u00f3n estar una persona muy en su sentido y verse arrebatar el alma y aun algunos hemos le\u00eddo que el cuerpo con ella) sin saber ad\u00f3nde va, qu\u00e9 o qui\u00e9n la lleva o c\u00f3mo?; que al principio de este moment\u00e1neo movimiento no hay tanta certidumbre de que es Dios.<\/p>\n<p>2. Pues \u00bfhay alg\u00fan remedio de poder resistir? &#8211; En ninguna manera; antes es peor; que yo s\u00e9 de alguna persona que parece quiere Dios dar a entender al alma que, pues tantas veces con tan grandes veras se ha puesto en sus manos, y con tan entera voluntad se le ha ofrecido toda, que entienda que ya no tiene parte en s\u00ed, y notablemente con m\u00e1s impetuoso movimiento es arrebatada; y tomaba ya por s\u00ed no hacer m\u00e1s que hace una paja cuando la levanta el \u00e1mbar, si lo hab\u00e9is mirado, y dejarse en las manos de quien tan poderoso es, que ve es lo m\u00e1s acertado hacer de la necesidad virtud. Y porque dije de la paja, este nuestro gran gigante y poderoso arrebata el esp\u00edritu.<\/p>\n<p>3. No parece sino que aquel pilar de agua que dijimos -creo era en la cuarta morada, que no me acuerdo bien-, que con tanta suavidad y mansedumbre, digo sin ning\u00fan movimiento, se hench\u00eda, aqu\u00ed desat\u00f3 este gran Dios, que detiene los manantiales de las aguas y no deja salir la mar de sus t\u00e9rminos, los manantiales por donde ven\u00eda a este pilar del agua; y con un \u00edmpetu grande se levanta una ola tan poderosa, que sube a lo alto esta navecica de nuestra alma. Y as\u00ed como no puede una nave, ni es poderoso el piloto, ni todos los que la gobiernan, para que las olas, si vienen con furia, la dejen estar adonde quieren, muy menos puede lo interior del alma detenerse en donde quiere, ni hacer que sus sentidos ni potencias hagan m\u00e1s de lo que les tienen mandado, que lo exterior no se hace aqu\u00ed caso de ello.<\/p>\n<p>4. Es cierto, hermanas, que de s\u00f3lo irlo escribiendo me voy espantando de c\u00f3mo se muestra aqu\u00ed el gran poder de este gran Rey y Emperador; \u00a1qu\u00e9 har\u00e1 quien pasa por ello! Tengo para m\u00ed, que si los que andan muy perdidos por el mundo se les descubriese Su Majestad, como hace a estas almas, que aunque no fuese por amor, por miedo no le osar\u00edan ofender. Pues \u00a1oh, cu\u00e1n obligadas estar\u00e1n las que han sido avisadas por camino tan subido a procurar con todas sus fuerzas no enojar este Se\u00f1or! Por El os suplico, hermanas, a las que hubiere hecho Su Majestad estas mercedes u otras semejantes, que no os descuid\u00e9is con no hacer m\u00e1s que recibir. Mirad que quien mucho debe, mucho ha de pagar.<\/p>\n<p>5. Para esto tambi\u00e9n es menester gran \u00e1nimo, que es una cosa que acobarda en gran manera; y si nuestro Se\u00f1or no se le diese, andar\u00eda siempre con gran aflicci\u00f3n; porque mirando lo que Su Majestad hace con ella y torn\u00e1ndose a mirar a s\u00ed, cu\u00e1n poco sirve para lo que est\u00e1 obligada, y eso poquillo que hace lleno de faltas y quiebras y flojedad, que por no se acordar de cu\u00e1n imperfectamente hace alguna obra, si la hace, tiene por mejor procurar que se le olvide y traer delante sus pecados y meterse en la misericordia de Dios, que, pues no tiene con qu\u00e9 pagar, supla la piedad y misericordia que siempre tuvo con los pecadores.<\/p>\n<p>6. Quiz\u00e1s le responder\u00e1 lo que a una persona que estaba muy afligida delante de un crucifijo en este punto, considerando que nunca hab\u00eda tenido qu\u00e9 dar a Dios ni qu\u00e9 dejar por El: d\u00edjole el mismo Crucificado, consol\u00e1ndola, que El le daba todos los dolores y trabajos que hab\u00eda pasado en su Pasi\u00f3n, que los tuviese por propios, para ofrecer a su Padre. Qued\u00f3 aquel alma tan consolada y tan rica, seg\u00fan de ella he entendido, que no se le puede olvidar; antes cada vez que se ve tan miserable, acord\u00e1ndosele, queda animada y consolada.<\/p>\n<p>Algunas cosas de \u00e9stas podr\u00eda decir aqu\u00ed, que como he tratado tantas personas santas y de oraci\u00f3n, s\u00e9 muchas; porque no pens\u00e9is que soy yo, me voy a la mano. Esta par\u00e9ceme de gran provecho para que entend\u00e1is lo que se contenta nuestro Se\u00f1or de que nos conozcamos y procuremos siempre mirar y remirar nuestra pobreza y miseria, y que no tenemos nada que no lo recibimos. As\u00ed que, hermanas m\u00edas, para esto y otras muchas cosas que se ofrece a un alma que ya el Se\u00f1or la tiene en este punto, es menester \u00e1nimo; y a mi parecer, para esto postrero m\u00e1s que para nada, si hay humildad. D\u00e9nosla el Se\u00f1or, por quien El es.<\/p>\n<p>7. Pues tornando a este apresurado arrebatar el esp\u00edritu, es de tal manera que verdaderamente parece sale del cuerpo, y por otra parte claro est\u00e1 que no queda esta persona muerta; al menos ella no puede decir si est\u00e1 en el cuerpo o si no, por algunos instantes. Par\u00e9cele que toda junta ha estado en otra regi\u00f3n muy diferente de en \u00e9sta que vivimos, adonde se le muestra otra luz tan diferente de la de ac\u00e1, que si toda su vida ella la estuviera fabricando junto con otras cosas, fuera imposible alcanzarlas. Y acaece que en un instante le ense\u00f1an tantas cosas juntas que en muchos a\u00f1os que trabajara en ordenarlas con su imaginaci\u00f3n y pensamiento no pudiera de mil partes la una. Esto no es visi\u00f3n intelectual, sino imaginaria, que se ve con los ojos del alma muy mejor que ac\u00e1 vemos con los del cuerpo, y sin palabras se le da a entender algunas cosas; digo como si ve algunos santos, los conoce como si los hubiera mucho tratado.<\/p>\n<p>8. Otras veces, junto con las cosas que ve con los ojos del alma, por visi\u00f3n intelectual se le representan otras, en especial multitud de \u00e1ngeles con el Se\u00f1or de ellos; y sin ver nada con los ojos del cuerpo, por un conocimiento admirable que yo no sabr\u00e9 decir, se le representa lo que digo y otras muchas cosas que no son para decir. Quien pasare por ellas, que tenga m\u00e1s habilidad que yo, las sabr\u00e1 quiz\u00e1 dar a entender, aunque me parece bien dificultoso. Si esto todo pasa estando en el cuerpo, o no, yo no lo sabr\u00e9 decir; al menos ni jurar\u00eda que est\u00e1 en el cuerpo ni tampoco que est\u00e1 el cuerpo sin alma.<\/p>\n<p>9. Muchas veces he pensado, si como el sol est\u00e1ndose en el cielo, que sus rayos tienen tanta fuerza que no mud\u00e1ndose \u00e9l de all\u00ed, de presto llegan ac\u00e1, si el alma y el esp\u00edritu, que son una misma cosa como lo es el sol y sus rayos, puede, qued\u00e1ndose ella en su puesto, con la fuerza del calor que le viene del verdadero Sol de Justicia, alguna parte superior salir sobre s\u00ed misma. En fin, yo no s\u00e9 lo que digo. Lo que es verdad, es que con la presteza que sale la pelota de un arcabuz cuando la ponen el fuego, se levanta en el interior un vuelo que yo no s\u00e9 otro nombre que le poner), que aunque no hace ruido, hace movimiento tan claro que no puede ser antojo en ninguna manera; y muy fuera de s\u00ed misma, a todo lo que puede entender, se le muestran grandes cosas; y cuando torna a sentirse en s\u00ed, es con tan grandes ganancias y teniendo en tan poco todas las cosas de la tierra para en comparaci\u00f3n de las que ha visto, que le parecen basura; y desde ah\u00ed adelante vive en ella con harta pena, y no ve cosa de las que le sol\u00edan parecer bien, que le haga d\u00e1rsele nada de ella. Parece que le ha querido el Se\u00f1or mostrar algo de la tierra adonde ha de ir, como llevaron se\u00f1as los que enviaron a la tierra de promisi\u00f3n los del pueblo de Israel, para que pase los trabajos de este camino tan trabajoso, sabiendo ad\u00f3nde ha de ir a descansar.<\/p>\n<p>10. Aunque cosa que pasa tan de presto no os parecer\u00e1 de mucho provecho, son tan grandes los que deja en el alma que si no es por quien pasa, no se sabr\u00e1 entender su valor. Por donde se ve bien no ser cosa del demonio; que de la propia imaginaci\u00f3n es imposible, ni el demonio podr\u00eda representar cosas que tanta operaci\u00f3n y paz y sosiego y aprovechamiento deja en el alma, en especial tres cosas muy en subido grado: conocimiento de la grandeza de Dios, porque mientras m\u00e1s cosas vi\u00e9remos de ella, m\u00e1s se nos da a entender. Segunda raz\u00f3n: propio conocimiento y humildad de ver c\u00f3mo cosa tan baja en comparaci\u00f3n del Criador de tantas grandezas, la ha osado ofender ni osa mirarle; la tercera, tener en muy poco todas las cosas de la tierra, si no fueren las que puede aplicar para servicio de tan gran Dios.<\/p>\n<p>11. Estas son las joyas que comienza el Esposo a dar a su esposa, y son de tanto valor que no las pondr\u00e1 a mal recaudo; que as\u00ed quedan esculpidas en la memoria estas visitas, que creo es imposible olvidarlas hasta que las goce para siempre, si no fuese para grand\u00edsimo mal suyo; mas el Esposo que se las da, es poderoso para darle gracia que no las pierda.<\/p>\n<p>12. Pues tornando al \u00e1nimo que es menester, \u00bfpar\u00e9ceos que es tan liviana cosa?; que verdaderamente parece que el alma se aparta del cuerpo, porque se ve perder los sentidos y no entiende para qu\u00e9. Menester es que le d\u00e9 el que da todo lo dem\u00e1s. Dir\u00e9is que bien pagado va este temor. As\u00ed lo digo yo. Sea para siempre alabado el que tanto puede dar. Plega a Su Majestad, que nos d\u00e9 para que merezcamos servirle, am\u00e9n.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><a id=\"M66\"><\/a><a><strong>Cap\u00edtulo 6<\/strong><\/a><br \/>\nEn que dice un efecto de la oraci\u00f3n que est\u00e1 dicha en el cap\u00edtulo pasado. Y en qu\u00e9 se entender\u00e1 que es verdadera y no enga\u00f1o. &#8211; Trata de otra merced que hace el Se\u00f1or al alma para emplearla en sus alabanzas.<\/p>\n<p>1. De estas mercedes tan grandes queda el alma tan deseosa de gozar del todo al que se las hace, que vive con harto tormento, aunque sabroso; unas ansias grand\u00edsimas de morirse, y as\u00ed, con l\u00e1grimas muy ordinarias pide a Dios la saque de este destierro. Todo la cansa cuanto ve en \u00e9l; en vi\u00e9ndose a solas tiene alg\u00fan alivio, y luego acude esta pena, y en estando sin ella, no se hace. En fin, no acaba esta mariposica de hallar asiento que dure; antes, como anda el alma tan tierna del amor, cualquier ocasi\u00f3n que sea para encender m\u00e1s ese fuego la hace volar; y as\u00ed en esta morada son muy continuos los arrobamientos, sin haber remedio de excusarlos, aunque sea en p\u00fablico, y luego las persecuciones y murmuraciones, que aunque ella quiera estar sin temores no la dejan, porque son muchas las personas que se los ponen, en especial los confesores.<\/p>\n<p>Y aunque en lo interior del alma parece tiene gran seguridad por una parte, en especial cuando est\u00e1 a solas con Dios, por otra anda muy afligida; porque teme si la ha de enga\u00f1ar el demonio de manera que ofenda a quien tanto ama, que de las murmuraciones tiene poca pena, si no es cuando el mismo confesor la aprieta, como si ella pudiese m\u00e1s.<\/p>\n<p>2. No hace sino pedir a todos oraciones y suplicar a Su Majestad la lleve por otro camino, porque le dicen que lo haga, porque \u00e9ste es muy peligroso; mas como ella ha hallado por \u00e9l tan gran aprovechamiento, que no puede dejar de ver que le lleva, como lee y oye y sabe por los mandamientos de Dios el que va al cielo, no lo acaba de desear, aunque quiere, sino dejarse en sus manos. Y aun este no lo poder desear le da pena, por parecerle que no obedece al confesor; que en obedecer y no ofender a nuestro Se\u00f1or le parece que est\u00e1 todo su remedio para no ser enga\u00f1ada; y as\u00ed no har\u00eda un pecado venial de advertencia porque la hiciesen pedazos, a su parecer; y afl\u00edgese en gran manera de ver que no se puede excusar de hacer muchos sin entenderse.<\/p>\n<p>3. Da Dios a estas almas un deseo tan grand\u00edsimo de no le descontentar en cosa ninguna, por poquito que sea, ni hacer una imperfecci\u00f3n, si pudiese, que por solo esto, aunque no fuese por m\u00e1s, querr\u00eda huir de las gentes y ha gran envidia a los que viven y han vivido en los desiertos. Por otra parte, se querr\u00eda meter en mitad del mundo, por ver si pudiese ser parte para que un alma alabase m\u00e1s a Dios; y si es mujer, se aflige del atamiento que le hace su natural porque no puede hacer esto, y ha gran envidia a los que tienen libertad para dar voces, publicando qui\u00e9n es este gran Dios de las Caballer\u00edas.<\/p>\n<p>4. \u00a1Oh pobre mariposilla, atada con tantas cadenas, que no te dejan volar lo que querr\u00edas! Habedla l\u00e1stima, mi Dios; ordenad ya de manera que ella pueda cumplir en algo sus deseos para vuestra honra y gloria. No os acord\u00e9is de lo poco que lo merece y de su bajo natural. Poderoso sois Vos, Se\u00f1or, para que la gran mar se retire y el gran Jord\u00e1n, y dejen pasar los hijos de Israel. No la hay\u00e1is l\u00e1stima, que, con vuestra fortaleza ayudada, puede pasar muchos trabajos; ella est\u00e1 determinada a ello y los desea padecer. Alargad, Se\u00f1or, vuestro poderoso brazo, no se le pase la vida en cosas tan bajas. Par\u00e9zcase vuestra grandeza en cosa tan femenil y baja, para que, entendiendo el mundo que no es nada de ella, os alaben a Vos, cu\u00e9stele lo que le costare, que eso quiere, y dar mil vidas porque un alma os alabe un poquito m\u00e1s a su causa, si tantas tuviera; y las da por muy bien empleadas y entiende con toda verdad que no merece padecer por Vos un muy peque\u00f1o trabajo, cu\u00e1nto m\u00e1s morir.<\/p>\n<p>5. No s\u00e9 a qu\u00e9 prop\u00f3sito he dicho esto, hermanas, ni para qu\u00e9, que no me he entendido. Entendamos que son estos los efectos que quedan de estas suspensiones o \u00e9xtasis, sin duda ninguna; porque no son deseos que se pasan sino que est\u00e1n en un ser, y cuando se ofrece algo en que mostrarlo se ve que no era fingido. \u00bfPor qu\u00e9 digo estar en un ser? &#8211; Algunas veces se siente el alma cobarde, y en las cosas m\u00e1s bajas, y atemorizada y con tan poco \u00e1nimo que no le parece posible tenerle para cosa: entiendo yo que la deja el Se\u00f1or entonces en su natural para mucho mayor bien suyo; porque ve entonces que, si para algo le ha tenido, ha sido de Su Majestad, con una claridad que la deja aniquilada a s\u00ed y con mayor conocimiento de la misericordia de Dios y de su grandeza, que en cosa tan baja la ha querido mostrar. Mas, lo m\u00e1s ordinario, est\u00e1 como antes hemos dicho.<\/p>\n<p>6. Una cosa advertid, hermanas, en estos grandes deseos de ver a nuestro Se\u00f1or: que aprietan algunas veces tanto que es menester no ayudar a ellos, sino divertiros, si pod\u00e9is digo; porque en otros que dir\u00e9 adelante, en ninguna manera se puede, como ver\u00e9is. En estos primeros, alguna vez s\u00ed podr\u00e1n, porque hay raz\u00f3n entera para conformarse con la voluntad de Dios, y decir lo que dec\u00eda San Mart\u00edn; y podr\u00e1se volver la consideraci\u00f3n si mucho aprietan; porque como es, al parecer, deseo que ya parece de personas muy aprovechadas, ya podr\u00eda el demonio moverle, porque pens\u00e1semos que lo estamos, que siempre es bien andar con temor. Mas tengo para m\u00ed que no podr\u00e1 poner la quietud y paz que esta pena da en el alma, sino que ser\u00e1 moviendo con \u00e9l alguna pasi\u00f3n, como se tiene cuando por cosas del siglo tenemos alguna pena. Mas a quien no tuviere experiencia de lo uno y de lo otro, no lo entender\u00e1, y pensando es una gran cosa, ayudar\u00e1 cuanto pudiere, y har\u00edale mucho da\u00f1o a la salud: porque es continua esta pena, o al menos muy ordinaria.<\/p>\n<p>7. Tambi\u00e9n advertid que suele causar la complexi\u00f3n flaca cosas de estas penas, en especial si es en unas personas tiernas que por cada cosita lloran; mil veces las har\u00e1 entender que lloran por Dios, que no sea as\u00ed. Y aun puede acaecer ser cuando viene una multitud de l\u00e1grimas, digo, por un tiempo que a cada palabrita que oiga o piense de Dios no se puede resistir de ellas) haberse allegado alg\u00fan humor al coraz\u00f3n, que ayuda m\u00e1s que el amor que se tiene a Dios, que no parece han de acabar de llorar; y como ya tienen entendido que las l\u00e1grimas son buenas, no se van a la mano ni querr\u00edan hacer otra cosa, y ayudan cuanto pueden a ellas. Pretende el demonio aqu\u00ed que se enflaquezcan de manera, que despu\u00e9s ni puedan tener oraci\u00f3n ni guardar su Regla.<\/p>\n<p>8. Par\u00e9ceme que os estoy mirando c\u00f3mo dec\u00eds que qu\u00e9 hab\u00e9is de hacer, si en todo pongo peligro, pues en una cosa tan buena como las l\u00e1grimas, me parece puede haber enga\u00f1o; que yo soy la enga\u00f1ada; y ya puede ser, mas creed que no hablo sin haber visto que le puede haber en algunas personas, aunque no en m\u00ed; porque no soy nada tierna, antes tengo un coraz\u00f3n tan recio, que algunas veces me da pena; aunque cuando el fuego de adentro es grande, por recio que sea el coraz\u00f3n, destila como hace una alquitara; y bien entender\u00e9is cu\u00e1ndo vienen las l\u00e1grimas de aqu\u00ed, que son m\u00e1s confortadoras y pacifican, que no alborotadoras, y pocas veces hacen mal. El bien es en este enga\u00f1o -cuando lo fuere- que sera da\u00f1o del cuerpo digo, si hay humildad y no del alma; y cuando no le hay, no ser\u00e1 malo tener esta sospecha.<\/p>\n<p>9. No pensemos que est\u00e1 todo hecho en llorando mucho, sino que echemos mano del obrar mucho y de las virtudes, que son las que nos han de hacer al caso, y las l\u00e1grimas v\u00e9nganse cuando Dios las enviare, no haciendo nosotras diligencias para traerlas. Estas dejar\u00e1n esta tierra seca regada, y son gran ayuda para dar fruto; mientras menos caso hici\u00e9remos de ellas, m\u00e1s, porque es agua que cae del cielo; la que sacamos cans\u00e1ndonos en cavar para sacarla, no tiene que ver con \u00e9sta, que muchas veces cavaremos y quedaremos molidas, y no hallaremos ni un charco de agua, cu\u00e1nto m\u00e1s pozo manantial. Por eso, hermanas, tengo por mejor que nos pongamos delante del Se\u00f1or y miremos su misericordia y grandeza y nuestra bajeza, y d\u00e9nos El lo que quisiere, siquiera haya agua, siquiera sequedad: El sabe mejor lo que nos conviene. Y con esto andaremos descansadas y el demonio no tendr\u00e1 tanto lugar de hacernos trampantojos.<\/p>\n<p>10. Entre estas cosas penosas y sabrosas juntamente da nuestro Se\u00f1or al alma algunas veces unos j\u00fabilos y oraci\u00f3n extra\u00f1a, que no sabe entender qu\u00e9 es. Porque si os hiciere esta merced, le alab\u00e9is mucho y sep\u00e1is que es cosa que pasa, la pongo aqu\u00ed. Es, a mi parecer, una uni\u00f3n grande de las potencias, sino que las deja nuestro Se\u00f1or con libertad para que gocen de este gozo, y a los sentidos lo mismo, sin entender qu\u00e9 es lo que gozan y c\u00f3mo lo gozan. Parece esto algarab\u00eda, y cierto pasa as\u00ed, que es un gozo tan excesivo del alma, que no querr\u00eda gozarle a solas, sino decirlo a todos para que la ayudasen a alabar a nuestro Se\u00f1or, que aqu\u00ed va todo su movimiento. \u00a1Oh, qu\u00e9 de fiestas har\u00eda y qu\u00e9 de muestras, si pudiese, para que todos entendiesen su gozo! Parece que se ha hallado a s\u00ed, y que, como el padre del hijo pr\u00f3digo, querr\u00eda convidar a todos y hacer grandes fiestas, por ver su alma en puesto que no puede dudar que est\u00e1 en seguridad, al menos por entonces. Y tengo para m\u00ed que es con raz\u00f3n; porque tanto gozo interior de lo muy \u00edntimo del alma, y con tanta paz, y que todo su content provoca a alabanzas de Dios, no es posible darle el demonio.<\/p>\n<p>11. Es harto, estando con este gran \u00edmpetu de alegr\u00eda, que calle y pueda disimular, y no poco penoso. Esto deb\u00eda sentir San Francisco, cuando le toparon los ladrones, que andaba por el campo dando voces y les dijo que era pregonero del gran Rey, y otros santos que se van a los desiertos por poder pregonar lo que San Francisco estas alabanzas de su Dios. Yo conoc\u00ed uno llamado fray Pedro de Alc\u00e1ntara -que creo lo es, seg\u00fan fue su vida-, que hac\u00eda esto mismo, y le ten\u00edan por loco los que alguna vez le oyeron. \u00a1Oh, qu\u00e9 buena locura, hermanas, si nos la diese Dios a todas! Y \u00a1qu\u00e9 mercedes os ha hecho de teneros en parte que, aunque el Se\u00f1or os haga \u00e9sta y deis muestras de ello, antes ser\u00e1 para ayudaros que no para murmuraci\u00f3n, como fuerais si estuvierais en el mundo, que se usa tan poco este preg\u00f3n, que no es mucho que le murmuren!<\/p>\n<p>\u00a1Oh desventurados tiempos y miserable vida en la que ahora vivimos, y dichosas a las que les ha cabido tan buena suerte, que est\u00e9n fuera de el. Algunas veces me es particular gozo, cuando estando juntas, las veo a estas hermanas tenerle tan grande interior, que la que m\u00e1s puede, m\u00e1s alabanzas da a nuestro Se\u00f1or de verse en el monasterio; porque se les ve muy claramente que salen aquellas alabanzas de lo interior del alma. Muchas veces, querr\u00eda, hermanas, hicieseis esto, que una que comienza despierta a las dem\u00e1s. \u00bfEn qu\u00e9 mejor se puede emplear vuestra lengua cuando est\u00e9is juntas que en alabanzas de Dios, pues tenemos tanto por qu\u00e9 se las dar?<\/p>\n<p>12. Plega a Su Majestad que muchas veces nos d\u00e9 esta oraci\u00f3n, pues es tan segura y gananciosa; que adquirirla no podremos, porque es cosa muy sobrenatural; y acaece durar un d\u00eda, y anda el alma como uno que ha bebido mucho, mas no tanto que est\u00e9 enajenado de los sentidos; o un melanc\u00f3lico, que del todo no ha perdido el seso, mas no sale de una cosa que se le puso en la imaginaci\u00f3n ni hay quien le saque de ella.<\/p>\n<p>Harto groseras comparaciones son \u00e9stas para tan preciosa causa, mas no alcanza otras mi ingenio; porque ello es as\u00ed que este gozo la tiene tan olvidada de s\u00ed y de todas las cosas, que no advierte ni acierta a hablar, sino en lo que procede de su gozo, que son alabanzas de Dios. Ayudemos a esta alma, hijas m\u00edas, todas. \u00bfPara qu\u00e9 queremos tener m\u00e1s seso?; \u00bfqu\u00e9 nos puede dar mayor contento? \u00a1Y ay\u00fadennos todas las criaturas, por todos los siglos de los siglos, am\u00e9n, am\u00e9n, am\u00e9n!<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M67\"><\/a>Cap\u00edtulo 7<\/strong><br \/>\nTrata de la manera que es la pena que sienten de sus pecados las almas a quien Dios hace las mercedes dichas. &#8211; Dice cu\u00e1n gran yerro es no ejercitarse, por muy espirituales que sean, en traer presente la Humanidad de nuestro Se\u00f1or y Salvador Jesucristo, y su sacrat\u00edsima Pasi\u00f3n y vida, y su gloriosa Madre y santos. &#8211; Es de mucho provecho.<\/p>\n<p>1. Pareceros ha hermanas, que a estas almas que el Se\u00f1or se comunica tan particularmente en especial podr\u00e1n pensar esto que dir\u00e9 las que no hubieren llegado a estas mercedes, porque si lo han gozado, y es de Dios, ver\u00e1n lo que yo dir\u00e9), que estar\u00e1n ya tan seguras de que han de gozarle para siempre, que no tendr\u00e1n que temer ni que llorar sus pecados; y ser\u00e1 muy gran enga\u00f1o, porque el dolor de los pecados crece m\u00e1s, mientras m\u00e1s se recibe de nuestro Dios. Y tengo yo para m\u00ed que hasta que estemos adonde ninguna cosa puede dar pena, que \u00e9sta no se quitar\u00e1.<\/p>\n<p>2. Verdad es que unas veces aprieta m\u00e1s que otras, y tambi\u00e9n es de diferente manera; porque no se acuerda de la pena que ha de tener por ellos, sino de c\u00f3mo fue tan ingrata a quien tanto debe y a quien tanto merece ser servido; porque en estas grandezas que le comunica, entiende mucho m\u00e1s la de Dios. Esp\u00e1ntase c\u00f3mo fue tan atrevida; llora su poco respeto; par\u00e9cele una cosa tan desatinada su desatino, que no acaba de lastimar jam\u00e1s, cuando se acuerda por las cosas tan bajas que dejaba una tan gran Majestad. Mucho m\u00e1s se acuerda de esto que de las mercedes que recibe, siendo tan grandes como las dichas y las que est\u00e1n por decir; parece que las lleva un r\u00edo caudaloso y las trae a sus tiempos; esto de los pecados est\u00e1 como un cieno, que siempre parece se avivan en la memoria y es harto gran cruz.<\/p>\n<p>3. Yo s\u00e9 de una persona que, dejado de querer morirse por ver a Dios, lo deseaba por no sentir tan ordinariamente pena de cu\u00e1n desagradecida hab\u00eda sido a quien tanto debi\u00f3 siempre y hab\u00eda de deber; y as\u00ed no le parec\u00eda pod\u00edan llegar maldades de ninguno a las suyas, porque entend\u00eda que no le habr\u00eda a quien tanto hubiese sufrido Dios y tantas mercedes hubiese hecho. En lo que toca a miedo del infierno, ninguno tienen. De si han de perder a Dios, a veces aprieta mucho; mas es pocas veces. Todo su temor es no las deje Dios de su mano para ofenderle y se vean en estado tan miserable como se vieron en alg\u00fan tiempo; que de pena ni gloria suya propia, no tienen cuidado, y si desean no estar mucho en purgatorio, es m\u00e1s por no estar ausentes de Dios, lo que all\u00ed estuvieren, que por las penas que han de pasar.<\/p>\n<p>4. Yo no tendr\u00eda por seguro, por favorecida que un alma est\u00e9 de Dios, que se olvidase de que en alg\u00fan tiempo se vio en miserable estado; porque, aunque es cosa penosa, aprovecha para muchas. Quiz\u00e1 como yo he sido tan ruin, me parece esto, y \u00e9sta es la causa de traerlo siempre en la memoria. Las que han sido buenas, no tendr\u00e1n que sentir, aunque siempre hay quiebras mientras vivimos en este cuerpo mortal. Para esta pena ning\u00fan alivio es pensar que tiene nuestro Se\u00f1or ya perdonados los pecados y olvidados; antes a\u00f1ade a la pena ver tanta bondad y que se hacen mercedes a quien no merec\u00eda sino infierno. Yo pienso que fue \u00e9ste un gran martirio en San Pedro y la Magdalena; porque, como ten\u00edan el amor tan crecido y hab\u00edan recibido tantas mercedes y ten\u00edan entendida la grandeza y majestad de Dios, ser\u00eda harto recio de sufrir, y con muy tierno sentimiento.<\/p>\n<p>5. Tambi\u00e9n os parecer\u00e1 que quien goza de cosas tan altas no tendr\u00e1 meditaci\u00f3n en los misterios de la sacrat\u00edsima Humanidad de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, porque se ejercitar\u00e1 ya toda en amor. &#8211; Esto es una cosa que escrib\u00ed largo en otra parte, y aunque me han contradecido en ella y dicho que no lo entiendo, porque son caminos por donde lleva nuestro Se\u00f1or, y que cuando ya han pasado de los principios es mejor tratar en cosas de la divinidad y huir de las corp\u00f3reas, a m\u00ed no me har\u00e1n confesar que es buen camino. Yo puede ser que me enga\u00f1e y que digamos todos una cosa; mas vi yo que me quer\u00eda enga\u00f1ar el demonio por ah\u00ed, y as\u00ed estoy tan escarmentada que pienso, aunque lo haya dicho m\u00e1s veces, dec\u00edroslo otra vez aqu\u00ed, porque vay\u00e1is en esto con mucha advertencia; y mirad que oso decir que no cre\u00e1is a quien os dijere otra cosa. Y procurar\u00e9 darme m\u00e1s a entender, que hice en otra parte; porque por ventura si alguno lo ha escrito, como \u00e9l lo dijo, si m\u00e1s se alargara en declararlo, dec\u00eda bien; y decirlo as\u00ed por junto a las que no entendemos tanto, puede hacer mucho mal.<\/p>\n<p>6. Tambi\u00e9n les parecer\u00e1 a algunas almas que no pueden pensar en la Pasi\u00f3n; pues menos podr\u00e1n en la sacrat\u00edsima Virgen, ni en la vida de los Santos, que tan gran provecho y aliento nos da su memoria. Yo no puedo pensar en qu\u00e9 piensan; porque, apartados de todo lo corp\u00f3reo, para esp\u00edritus ang\u00e9licos es estar siempre abrasados en amor, que no para los que vivimos en cuerpo mortal, que es menester trate y piense y se acompa\u00f1e de los que, teni\u00e9ndole, hicieron tan grandes haza\u00f1as por Dios; cu\u00e1nto m\u00e1s apartarse de industria de todo nuestro bien y remedio que es la sacrat\u00edsima Humanidad de nuestro Se\u00f1or Jesucristo. Y no puedo creer que lo hacen, sino que no se entienden, y as\u00ed har\u00e1n da\u00f1o a s\u00ed y a los otros. Al menos yo les aseguro que no entren a estas dos moradas postreras; porque si pierden la gu\u00eda, que es el buen Jes\u00fas, no acertar\u00e1n el camino; harto ser\u00e1 si se est\u00e1n en las dem\u00e1s con seguridad. Porque el mismo Se\u00f1or dice que es camino; tambi\u00e9n dice el Se\u00f1or que es luz, y que no puede ninguno ir al Padre sino por El; y \u00abquien me ve a m\u00ed ve a mi Padre\u00bb. Dir\u00e1n que se da otro sentido a estas palabras. Yo no s\u00e9 esotros sentidos; con \u00e9ste que siempre siente mi alma ser verdad, me ha ido muy bien.<\/p>\n<p>7. Hay algunas almas -y son hartas las que lo han tratado conmigo- que como nuestro Se\u00f1or las llega a dar contemplaci\u00f3n perfecta, querr\u00edanse siempre estar all\u00ed, y no puede ser; mas quedan con esta merced del Se\u00f1or de manera que despu\u00e9s no pueden discurrir en los misterios de la Pasi\u00f3n y de la vida de Cristo como antes. Y no s\u00e9 qu\u00e9 es la causa, mas es esto muy ordinario, que queda el entendimiento m\u00e1s inhabilitado para la meditaci\u00f3n. Creo debe ser la causa, que como en la meditaci\u00f3n es todo buscar a Dios, como una vez se halla y queda el alma acostumbrada por obra de la voluntad a tornarle a buscar, no quiere cansarse con el entendimiento. Y tambi\u00e9n me parece que, como la voluntad est\u00e9 ya encendida, no quiere esta potencia generosa aprovecharse de estotra si pudiese; y no hace mal, mas ser\u00e1 imposible, en especial hasta que llegue a estas postreras moradas, y perder\u00e1 tiempo, porque muchas veces ha menester ser ayudada del entendimiento para encender la voluntad.<\/p>\n<p>8. Y notad, hermanas, este punto, que es importante, y as\u00ed le quiero declarar m\u00e1s: est\u00e1 el alma deseando emplearse toda en amor y querr\u00eda no entender en otra cosa, mas no podr\u00e1 aunque quiera; porque, aunque la voluntad no est\u00e9 muerta, est\u00e1 mortecino el fuego que la suele hacer quemar, y es menester quien le sople para echar calor de s\u00ed. \u00bfSer\u00eda bueno que se estuviese el alma con esta sequedad, esperando fuego del cielo que queme este sacrificio que est\u00e1 haciendo de s\u00ed a Dios, como hizo nuestro Padre El\u00edas? No, por cierto, ni es bien esperar milagros. El Se\u00f1or los hace cuando es servido, por esta alma, como queda dicho y se dir\u00e1 adelante; mas quiere Su Majestad que nos tengamos por tan ruines que no merecemos los haga, sino que nos ayudemos en todo lo que pudi\u00e9remos. Y tengo para m\u00ed que hasta que muramos, por subida oraci\u00f3n que haya, es menester esto.<\/p>\n<p>9. Verdad es que a quien mete ya el Se\u00f1or en la s\u00e9ptima morada, es muy pocas veces, o casi nunca, las que ha menester hacer esta diligencia, por la raz\u00f3n que en ella dir\u00e9, si se me acordare; mas es muy continuo no se apartar de andar con Cristo nuestro Se\u00f1or por una manera admirable, adonde divino y humano junto es siempre su compa\u00f1\u00eda. As\u00ed que, cuando no hay encendido el fuego que queda dicho en la voluntad ni se siente la presencia de Dios, es menester que la busquemos; que esto quiere Su Majestad, como lo hac\u00eda la Esposa en los Cantares, y que preguntemos a las criaturas qui\u00e9n las hizo -como dice San Agust\u00edn, creo, en sus Meditaciones o Confesiones-, y no nos estemos bobos perdiendo tiempo por esperar lo que una vez se nos dio, que a los principios podr\u00e1 ser que no lo d\u00e9 el Se\u00f1or en un a\u00f1o, y aun en muchos; Su Majestad sabe el porqu\u00e9; nosotras no hemos de querer saberlo, ni hay para qu\u00e9. Pues sabemos el camino como hemos de contentar a Dios por los mandamientos y consejos, en esto andemos muy diligentes, y en pensar su vida y muerte, y lo mucho que le debemos; lo dem\u00e1s venga cuando el Se\u00f1or quisiere.<\/p>\n<p>10. Aqu\u00ed viene el responder que no pueden detenerse en estas cosas, y por lo que queda dicho, quiz\u00e1 tendr\u00e1n raz\u00f3n en alguna manera. Ya sab\u00e9is que discurrir con el entendimiento es uno, y representar la memoria al entendimiento verdades es otro. Dec\u00eds, quiz\u00e1, que no me entend\u00e9is, y verdaderamente podr\u00e1 ser que no lo entienda yo para saberlo decir; mas dir\u00e9lo como supiere. Llamo yo meditaci\u00f3n a discurrir mucho con el entendimiento de esta manera: comenzamos a pensar en la merced que no hizo Dios en darnos a su \u00fanico Hijo, y no paramos all\u00ed, sino vamos adelante a los misterios de toda su gloriosa vida; o comenzamos en la oraci\u00f3n del Huerto y no para el entendimiento hasta que est\u00e1 puesto en la cruz; o tomamos un paso de la Pasi\u00f3n, digamos como el prendimiento, y andamos en este misterio, considerando por menudo las cosas que hay que pensar en \u00e9l y que sentir, as\u00ed de la traici\u00f3n de Judas, como de la huida de los ap\u00f3stoles y todo lo dem\u00e1s; y es admirable y muy meritoria oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>11. Esta es la que digo que tendr\u00e1n raz\u00f3n quien ha llegado a llevarla Dios a cosas sobrenaturales y a perfecta contemplaci\u00f3n; porque -como he dicho- no s\u00e9 la causa, mas lo m\u00e1s ordinario no podr\u00e1. Mas no la tendr\u00e1, digo raz\u00f3n, si dice que no se detiene en estos misterios y los trae presentes muchas veces, en especial cuando los celebra la Iglesia Cat\u00f3lica; ni es posible que pierda memoria el alma que ha recibido tanto de Dios, de muestras de amor tan preciosas, porque son vivas centellas para encenderla m\u00e1s en el que tiene a nuestro Se\u00f1or; sino que no se entiende, porque entiende el alma estos misterios por manera m\u00e1s perfecta: y es que se los representa el entendimiento, y est\u00e1mpanse en la memoria de manera que de s\u00f3lo ver al se\u00f1or ca\u00eddo con aquel espantoso sudor en el Huerto, aquello le basta para no s\u00f3lo una hora, sino muchos d\u00edas, mirando con una sencilla vista qui\u00e9n es y cu\u00e1n ingratos hemos sido a tan gran pena; luego acude la voluntad, aunque no sea con ternura, a desear servir en algo tan gran merced y a desear padecer algo por quien tanto padeci\u00f3 y a otras cosas semejantes, en que ocupa la memoria y el entendimiento. Y creo que por esta raz\u00f3n no puede pasar a discurrir m\u00e1s en la Pasi\u00f3n, y esto le hace parecer que no puede pensar en ella.<\/p>\n<p>12. Y si esto no hace, es bien que lo procure hacer, que yo s\u00e9 que no lo impedir\u00e1 la muy subida oraci\u00f3n, y no tengo por bueno que no se ejercite en esto muchas veces. Si de aqu\u00ed la suspendiere el Se\u00f1or, muy enhorabuena, que aunque no quiera la har\u00e1 dejar en lo que est\u00e1. Y tengo por muy cierto que no es estorbo esta manera de proceder, sino gran ayuda para todo bien, lo que ser\u00eda si mucho trabajase en el discurrir que dije al principio, y tengo para m\u00ed que no podr\u00e1 quien ha llegado a m\u00e1s. Ya puede ser que s\u00ed, que por muchos caminos lleva Dios las almas; mas no se condenen las que no pudieren ir por \u00e9l, ni las juzguen inhabilitadas para gozar de tan grandes bienes como est\u00e1n encerrados en los misterios de nuestro bien Jesucristo; ni nadie me har\u00e1 entender, sea cuan espiritual quisiere, que ir\u00e1 bien por aqu\u00ed.<\/p>\n<p>13. Hay unos principios, y aun medios, que tienen algunas almas, que como comienzan a llegar a oraci\u00f3n de quietud y a gustar de los regalos y gustos que da el Se\u00f1or, par\u00e9celes que es muy gran cosa estarse all\u00ed siempre gustando. Pues cr\u00e9anme y no se embeban tanto -como ya he dicho en otra parte- que es larga la vida, y hay en ella muchos trabajos, y hemos menester mirar a nuestro dechado Cristo, c\u00f3mo los pas\u00f3, y aun a sus ap\u00f3stoles y Santos, para llevarlos con perfecci\u00f3n. Es muy buena compa\u00f1\u00eda el buen Jes\u00fas para no nos apartar de ella, y su Sacrat\u00edsima Madre, y gustar mucho de que nos dolamos de sus penas, aunque dejemos nuestro contento y gusto algunas veces. Cu\u00e1nto m\u00e1s, hijas, que no es tan ordinario el regalo en la oraci\u00f3n que no haya tiempo para todo; y la que dijere que es en un ser, tendr\u00edalo yo por sospechoso, digo que nunca puede hacer lo que queda dicho; y as\u00ed lo tened y procurad salir de ese enga\u00f1o y desembeberos con todas vuestras fuerzas; y si no bastaren, decirlo a la priora, para que os d\u00e9 un oficio de tanto cuidado que se quite ese peligro; que al menos para el seso y cabeza es muy grande, si durase mucho tiempo.<\/p>\n<p>14. Creo queda dado a entender lo que conviene, por espirituales que sean, no huir tanto de cosas corp\u00f3reas que les parezca a\u00fan hace da\u00f1o la Humanidad sacrat\u00edsima. Alegan lo que el Se\u00f1or dijo a sus disc\u00edpulos, que conven\u00eda que El se fuese. Yo no puedo sufrir esto. A osadas que no lo dijo a su Madre Sacrat\u00edsima, porque estaba firme en la fe, que sab\u00eda que era Dios y hombre, y aunque le amaba m\u00e1s que ellos, era con tanta perfecci\u00f3n, que antes la ayudaba. No deb\u00edan estar entonces los ap\u00f3stoles tan firmes en la fe como despu\u00e9s estuvieron, y tenemos raz\u00f3n de estar nosotros ahora.<\/p>\n<p>15. Yo os digo, hijas, que le tengo por peligroso camino y que podr\u00eda el demonio venir a hacer perder la devoci\u00f3n con el Sant\u00edsimo Sacramento.<\/p>\n<p>El enga\u00f1o que me pareci\u00f3 a m\u00ed que llevaba no lleg\u00f3 a tanto como esto, sino a no gustar de pensar en nuestro Se\u00f1or Jesucristo tanto, sino andarme en aquel embebecimiento, aguardando aquel regalo. Y vi claramente que iba mal; porque como no pod\u00eda ser tenerle siempre, andaba el pensamiento de aqu\u00ed para all\u00ed, y el alma, me parece, como un ave revolando que no halla adonde parar, y perdiendo harto tiempo, y no aprovechando en las virtudes ni medrando en la oraci\u00f3n. Y no entend\u00eda la causa, ni la entendiera, a mi parecer, porque me parec\u00eda que era aquello muy acertado, hasta que, tratando la oraci\u00f3n que llevaba con una persona sierva de Dios, me avis\u00f3. Despu\u00e9s vi claro cu\u00e1n errada iba, y nunca me acaba de pesar de que haya habido ning\u00fan tiempo que yo careciese de entender que se pod\u00eda mal ganar con tan gran p\u00e9rdida; y cuando pudiera, no quiero ning\u00fan bien, sino adquirido por quien nos vinieron todos los bienes. Sea para siempre alabado, am\u00e9n.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M68\"><\/a>Cap\u00edtulo 8<\/strong><br \/>\nTrata de c\u00f3mo se comunica Dios al alma por visi\u00f3n intelectual, y da algunos avisos, y dice los efectos que hace cuando es verdadera. &#8211; Encarga el secreto de estas mercedes.<\/p>\n<p>1. Para que m\u00e1s claro ve\u00e1is, hermanas, que es as\u00ed lo que os he dicho y que mientras m\u00e1s adelante va un alma m\u00e1s acompa\u00f1ada es de este buen Jes\u00fas, ser\u00e1 bien que tratemos de c\u00f3mo, cuando Su Majestad quiere, no podemos sino andar siempre con El, como se ve claro por las maneras y modos con que Su Majestad se nos comunica y nos muestra el amor que nos tiene, con algunos aparecimientos y visiones tan admirables; que por si alguna merced de \u00e9stas os hiciere, no and\u00e9is espantadas, quiero decir -si el Se\u00f1or fuere servido que acierte- en suma, alguna cosa de \u00e9stas, para que le alabemos mucho, aunque no nos las haga a nosotras, de que se quiera as\u00ed comunicar con una criatura, siendo de tanta majestad y poder.<\/p>\n<p>2. Acaece, estando el alma descuidada de que se le ha de hacer esta merced ni haber jam\u00e1s pensado merecerla, que siente cabe s\u00ed a Jesucristo nuestro Se\u00f1or, aunque no le ve, ni con los ojos del cuerpo ni del alma. Esta llaman visi\u00f3n intelectual, no s\u00e9 yo por qu\u00e9. Vi a esta persona que le hizo Dios esta merced, con otras que dir\u00e9 adelante, fatigada en los principios harto, porque no pod\u00eda entender qu\u00e9 cosa era, pues no la ve\u00eda; y entend\u00eda tan cierto ser Jesucristo nuestro Se\u00f1or el que se le mostraba de aquella suerte, que no lo pod\u00eda dudar, digo que estaba all\u00ed aquella visi\u00f3n; que si era de Dios o no, aunque tra\u00eda consigo grandes efectos para entender que lo era, todav\u00eda andaba con miedo, y ella jam\u00e1s hab\u00eda o\u00eddo visi\u00f3n intelectual, ni pens\u00f3 que la hab\u00eda de tal suerte; mas entend\u00eda muy claro que era este Se\u00f1or el que le hablaba muchas veces de la manera que queda dicho, porque hasta que le hizo esta merced que digo, nunca sab\u00eda qui\u00e9n la hablaba, aunque entend\u00eda las palabras.<\/p>\n<p>3. S\u00e9 que estando temerosa de esta visi\u00f3n porque no es como las imaginarias, que pasan de presto, sino que dura muchos d\u00edas, y aun m\u00e1s que un a\u00f1o alguna vez), se fue a su confesor harto fatigada. El le dijo que, si no ve\u00eda nada, que c\u00f3mo sab\u00eda que era nuestro Se\u00f1or; que le dijese qu\u00e9 rostro ten\u00eda. Ella le dijo que no sab\u00eda, ni ve\u00eda rostro, ni pod\u00eda decir m\u00e1s de lo dicho; que lo que sab\u00eda era que era El el que la hablaba y que no era antojo. Y aunque le pon\u00edan hartos temores, todav\u00eda muchas veces no pod\u00eda dudar, en especial cuando la dec\u00eda: No hayas miedo, que yo soy. Ten\u00edan tanta fuerza estas palabras, que no lo pod\u00eda dudar por entonces, y quedaba muy esforzada y alegre con tan buena compa\u00f1\u00eda; que ve\u00eda claro serle gran ayuda para andar con una ordinaria memoria de Dios y un miramiento grande de no hacer cosa que le desagradase, porque le parec\u00eda la estaba siempre mirando. Y cada vez que quer\u00eda tratar con Su Majestad en oraci\u00f3n, y aun sin ella, le parec\u00eda estar tan cerca, que no la pod\u00eda dejar de o\u00edr; aunque el entender las palabras no era cuando ella quer\u00eda, sino a deshora, cuando era menester. Sent\u00eda que andaba al lado derecho, mas no con estos sentidos que podemos sentir que est\u00e1 cabe nosotros una persona; porque es por otra v\u00eda m\u00e1s delicada, que no se debe de saber decir; mas es tan cierto y con tanta certidumbre y aun mucho m\u00e1s; porque ac\u00e1 ya se podr\u00eda antojar, mas en esto no, que viene con grandes ganancias y efectos interiores, que ni los podr\u00eda haber, si fuese melancol\u00eda, ni tampoco el demonio har\u00eda tanto bien, ni andar\u00eda el alma con tanta paz y con tan continuos deseos de contentar a Dios y con tanto desprecio de todo lo que no la llega a El.<\/p>\n<p>4. Y despu\u00e9s se entendi\u00f3 claro no ser demonio, porque se iba m\u00e1s y m\u00e1s dando a entender. Con todo, s\u00e9 yo que a ratos andaba harto temerosa; otros con grand\u00edsima confusi\u00f3n, que no sab\u00eda por d\u00f3nde le hab\u00eda venido tanto bien. Eramos tan una cosa ella y yo, que no pasaba cosa por su alma que yo estuviese ignorante de ella, y as\u00ed puedo ser buen testigo y me pod\u00e9is creer ser verdad todo lo que en esto dijere. Es merced del Se\u00f1or que trae grand\u00edsima confusi\u00f3n consigo y humildad.<\/p>\n<p>Cuando fuese del demonio, todo ser\u00eda al contrario. Y como es cosa que notablemente se entiende ser dada de Dios, que no bastar\u00eda industria humana para poderse as\u00ed sentir, en ninguna manera puede pensar quien lo tiene que es bien suyo, sino dado de la mano de Dios. Y aunque, a mi parecer, es mayor merced algunas de las que quedan dichas, \u00e9sta trae consigo un particular conocimiento de Dios, y de esta compa\u00f1\u00eda tan continua nace un amor tern\u00edsimo con Su Majestad y unos deseos aun mayores que los que quedan dichos de entregarse toda a su servicio, y una limpieza de conciencia grande, porque hace advertir a todo la presencia que trae cabe s\u00ed; porque aunque ya sabemos que lo est\u00e1 Dios a todo lo que hacemos, es nuestro natural tal, que se descuida en pensarlo: lo que no se puede descuidar ac\u00e1, que la despierta el Se\u00f1or que est\u00e1 cabe ella. Y aun para las mercedes que quedan dichas, como anda el alma casi continuo con un actual amor al que ve o entiende estar cabe s\u00ed, son muy m\u00e1s ordinarias.<\/p>\n<p>5. En fin, en la ganancia del alma se ve ser grand\u00edsima merced y muy mucho de preciar, y agradecer al Se\u00f1or que se la da tan sin poderlo merecer, y por ning\u00fan tesoro ni deleite de la tierra la trocar\u00eda. Y as\u00ed, cuando el Se\u00f1or es servido que se la quite, queda con mucha soledad; mas todas las diligencias posibles que pusiese para tornar a tener aquella compa\u00f1\u00eda, aprovechan poco; que lo da el Se\u00f1or cuando quiere, y no se puede adquirir. Algunas veces tambi\u00e9n es de alg\u00fan santo, y es tambi\u00e9n de gran provecho.<\/p>\n<p>6. Dir\u00e9is que si no se ve, que c\u00f3mo se entiende que es Cristo, o cu\u00e1ndo es santo, o su Madre glorios\u00edsima. Eso no sabr\u00e1 el alma decir, ni puede entender c\u00f3mo lo entiende, sino que lo sabe con una grand\u00edsima certidumbre. Aun ya el Se\u00f1or, cuando habla, m\u00e1s f\u00e1cil parece; mas el santo, que no habla, sino que parece le pone el Se\u00f1or all\u00ed por ayuda de aquel alma y por compa\u00f1\u00eda, es m\u00e1s de maravillar. As\u00ed son otras cosas espirituales, que no se saben decir, mas enti\u00e9ndese por ellas cu\u00e1n bajo es nuestro natural para entender las grandes grandezas de Dios, pues aun \u00e9stas no somos capaces, sino que, con admiraci\u00f3n y alabanzas a Su Majestad pase quien se las diere; y as\u00ed le haga particulares gracias por ellas, que pues no es merced que se hace a todos, hase mucho de estimar y procurar hacer mayores servicios, pues por tantas maneras la ayuda Dios a ello. De aqu\u00ed viene no se tener por eso en m\u00e1s, y parecerle que es la que menos sirve a Dios de cuantos hay en la tierra, porque le parece est\u00e1 m\u00e1s obligada a ello que ninguno, y cualquier falta que hace le atraviesa las entra\u00f1as y con muy grande raz\u00f3n.<\/p>\n<p>7. Estos efectos con que anda el alma, que quedan dichos, podr\u00e1 advertir cualquiera de vosotras a quien el Se\u00f1or llevare por este camino, para entender que no es enga\u00f1o ni tampoco antojo porque -como he dicho- no tengo que es posible durar tanto siendo demonio, haciendo tan notable provecho al alma y tray\u00e9ndola con tanta paz interior, que no es de su costumbre, ni puede, aunque quiere, cosa tan mala hacer tanto bien; que luego habr\u00eda unos humos de propia estimaci\u00f3n y pensar era mejor que los otros. Mas este andar siempre el alma tan asida de Dios y ocupado su pensamiento en El, har\u00edale tanta rabia, que aunque lo intentase, no tornase muchas veces; y es Dios tan fiel, que no permitir\u00e1 darle tanta mano con alma que no pretende otra cosa sino agradar a Su Majestad y poner su vida por su honra y gloria, sino que luego ordenar\u00e1 c\u00f3mo sea desenga\u00f1ada.<\/p>\n<p>8. Mi tema es y ser\u00e1 que como el alma ande de la manera que aqu\u00ed se ha dicho la dejan estas mercedes de Dios, que Su Majestad la sacar\u00e1 con ganancia, si permite alguna vez se le atreva el demonio y que \u00e9l quedar\u00e1 corrido. Por eso, hijas, si alguna fuere por este camino -como he dicho- no and\u00e9is asombradas. Bien es que haya temor y andemos con m\u00e1s aviso, ni tampoco confiadas que, por ser tan favorecidas, os pod\u00e9is m\u00e1s descuidar, que esto ser\u00e1 se\u00f1al no ser de Dios, si no os viereis con los efectos que queda dicho. Es bien que a los principios lo comuniqu\u00e9is debajo de confesi\u00f3n con un muy buen letrado, que son los que nos han de dar la luz, o, si hubiere, alguna persona muy espiritual; y si no lo es, mejor es muy letrado; si le hubiere, con el uno y con el otro. Y si os dijeren que es antojo, no se os d\u00e9 nada, que el antojo poco mal ni bien puede hacer a vuestra alma; encomendaos a la divina Majestad, que no consienta se\u00e1is enga\u00f1ada. Si os dijeren es demonio, ser\u00e1 m\u00e1s trabajo; aunque no dir\u00e1, si es buen letrado, y hay los efectos dichos, mas cuando lo diga, yo s\u00e9 que el mismo Se\u00f1or, que anda con vos, os consolar\u00e1 y asegurar\u00e1, y a \u00e9l le ir\u00e1 dando luz para que os la d\u00e9.<\/p>\n<p>9. Si es persona que aunque tiene oraci\u00f3n no la ha llevado el Se\u00f1or por ese camino, luego se espantar\u00e1 y lo condenar\u00e1. Por eso os aconsejo que sea muy letrado y, si se hallare, tambi\u00e9n espiritual, y la priora d\u00e9 licencia para ello, porque, aunque vaya segura el alma por ver su buena vida, estar\u00e1 obligada la priora a que se comunique, para que anden con seguridad entrambas. Y, tratado con estas personas, qui\u00e9tese y no ande m\u00e1s dando parte de ello; que algunas veces, sin haber de qu\u00e9 temer, pone el demonio unos temores tan demasiados, que fuerzan al alma a no se contentar de una vez. En especial si el confesor es de poca experiencia y le ve medroso, y \u00e9l mismo la hace andar comunicando, vi\u00e9nese a publicar lo que hab\u00eda de raz\u00f3n estar muy secreto, y a ser esta alma perseguida y atormentada; porque cuando piensa que est\u00e1 secreto, lo ve p\u00fablico, y de aqu\u00ed suceden muchas cosas trabajosas para ella, y podr\u00edan suceder para la Orden, seg\u00fan andan estos tiempos.<\/p>\n<p>10. As\u00ed que es menester grande aviso en esto, y a las prioras lo encomiendo mucho; y que no piense que por tener una hermana cosas semejantes, es mejor que las otras; lleva el Se\u00f1or a cada una como ve que es menester. Aparejo es para venir a ser muy sierva de Dios, si se ayuda; mas, a las veces, lleva Dios por este camino a las m\u00e1s flacas. Y as\u00ed no hay en esto por qu\u00e9 aprobar ni condenar, sino mirar a las virtudes, y a quien con m\u00e1s mortificaci\u00f3n y humildad y limpieza de conciencia sirviere a nuestro Se\u00f1or, que \u00e9sa ser\u00e1 la m\u00e1s santa, aunque la certidumbre poco se puede saber ac\u00e1, hasta que el verdadero Juez d\u00e9 a cada uno lo que merece. All\u00e1 nos espantaremos de ver cu\u00e1n diferente es su juicio de lo que ac\u00e1 podemos entender. Sea para siempre alabado, am\u00e9n.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M69\"><\/a>Cap\u00edtulo 9<\/strong><br \/>\nTrata de c\u00f3mo se comunica el Se\u00f1or al alma por visi\u00f3n imaginaria, y avisa mucho se guarden de desear ir por este camino. &#8211; Da para ello razones. &#8211; Es de mucho provecho.<\/p>\n<p>1. Ahora vengamos a las visiones imaginarias, que dicen que son adonde puede meterse el demonio m\u00e1s que en las dichas, y as\u00ed debe de ser; mas cuando son de nuestro Se\u00f1or, en alguna manera me parecen m\u00e1s provechosas, porque son m\u00e1s conformes a nuestro natural; salvo de las que el Se\u00f1or da a entender en la postrera morada, que a \u00e9stas no llegan ningunas.<\/p>\n<p>2. Pues miremos ahora como os he dicho en el cap\u00edtulo pasado que est\u00e1 este Se\u00f1or, que es como si en una pieza de oro tuvi\u00e9semos una piedra preciosa de grand\u00edsimo valor y virtudes; sabemos cert\u00edsimo que est\u00e1 all\u00ed, aunque nunca la hemos visto; mas las virtudes de la piedra no nos dejan de aprovechar, si la traemos con nosotras. Aunque nunca la hemos visto, no por eso la dejamos de preciar, porque por experiencia hemos visto que nos ha sanado de algunas enfermedades, para que es apropiada; mas no la osamos mirar, ni abrir el relicario, ni podemos, porque la manera de abrirle s\u00f3lo la sabe cuya es la joya, y aunque nos la prest\u00f3 para que nos aprovech\u00e1semos de ella, \u00e9l se qued\u00f3 con la llave y, como cosa suya, abrir\u00e1 cuando nos la quisiere mostrar, y aun la tomar\u00e1 cuando le parezca, como lo hace.<\/p>\n<p>3. Pues digamos ahora que quiere alguna vez abrirla de presto, por hacer bien a quien la ha prestado: claro est\u00e1 que le ser\u00e1 despu\u00e9s muy mayor contento cuando se acuerde del admirable resplandor de la piedra, y as\u00ed quedar\u00e1 m\u00e1s esculpida en su memoria. Pues as\u00ed acaece ac\u00e1: cuando nuestro Se\u00f1or es servido de regalar m\u00e1s a esta alma, mu\u00e9strale claramente su sacrat\u00edsima Humanidad de la manera que quiere, o como andaba en el mundo, o despu\u00e9s de resucitado; y aunque es con tanta presteza que lo podr\u00edamos comparar a la de un rel\u00e1mpago, queda tan esculpido en la imaginaci\u00f3n esta imagen glorios\u00edsima, que tengo por imposible quitarse de ella hasta que la vea adonde para sin fin la pueda gozar.<\/p>\n<p>4. Aunque digo imagen, enti\u00e9ndese que no es pintada al parecer de quien la ve, sino verdaderamente viva, y algunas veces se est\u00e1 hablando con el alma y aun mostr\u00e1ndole grandes secretos. Mas hab\u00e9is de entender que aunque en esto se detenga alg\u00fan espacio, no se puede estar mirando m\u00e1s que estar mirando al sol, y as\u00ed esta vista siempre pasa muy de presto; y no porque su resplandor da pena, como el del sol, a la vista interior, que es la que ve todo esto que cuando es con la vista exterior no sabr\u00e9 decir de ello ninguna cosa, porque esta persona que he dicho, de quien tan particularmente yo puedo hablar, no hab\u00eda pasado por ello; y de lo que no hay experiencia, mal se puede dar raz\u00f3n cierta), porque su resplandor es como una luz infusa y de un sol cubierto de una cosa tan delgada como un diamante, si se puede labrar; como una holanda parece la vestidura, y casi todas las veces que Dios hace esta merced al alma, se queda en arrobamiento, que no puede su bajeza sufrir tan espantosa vista. Digo espantosa, porque con ser la m\u00e1s hermosa y de mayor deleite que podr\u00eda una persona imaginar, aunque viviese mil a\u00f1os y trabajase en pensarlo, porque va muy adelante de cuanto cabe en nuestra imaginaci\u00f3n ni entendimiento), es su presencia de tan grand\u00edsima majestad, que hace gran espanto al alma.<\/p>\n<p>5. A osadas que no es menester aqu\u00ed preguntar c\u00f3mo sabe qui\u00e9n es sin que se lo hayan dicho, que se da bien a conocer que es Se\u00f1or del cielo y de la tierra; lo que no har\u00e1n los reyes de ella, que por s\u00ed mismos bien en poco se tendr\u00e1n, si no va junto con \u00e9l su acompa\u00f1amiento, o lo dicen.<\/p>\n<p>\u00a1Oh Se\u00f1or, c\u00f3mo os desconocemos los cristianos! \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 aquel d\u00eda cuando nos veng\u00e1is a juzgar, pues viniendo aqu\u00ed tan de amistad a tratar con vuestra esposa, pone miraros tanto temor? \u00a1Oh hijas! \u00bfy qu\u00e9 ser\u00e1 cuando con tan rigurosa voz dijere: Id malditos de mi Padre?<\/p>\n<p>6. Qu\u00e9denos ahora esto en la memoria de esta merced que hace Dios al alma, que no nos ser\u00e1 poco bien, pues San Jer\u00f3nimo, con ser santo, no la apartaba de la suya, y as\u00ed no se nos har\u00e1 nada cuanto aqu\u00ed padeci\u00e9remos en el rigor de la religi\u00f3n que guardamos, pues cuando mucho durare, es un momento, comparado con aquella eternidad.<\/p>\n<p>7. Yo os digo de verdad que, con cuan ruin soy, nunca he tenido miedo de los tormentos del infierno, que fuse nada en comparaci\u00f3n de cuando me acordaba que hab\u00edan los condenados de ver airados estos ojos tan hermosos y mansos y benignos del Se\u00f1or, que no parece lo pod\u00eda sufrir mi coraz\u00f3n: esto ha sido toda mi vida. \u00a1Cu\u00e1nto m\u00e1s lo temer\u00e1 la persona a quien as\u00ed se le ha representado, pues es tanto el sentimiento, que la deja sin sentir! Esta debe ser la causa de quedar con suspensi\u00f3n; que ayuda el Se\u00f1or a su flaqueza con que se junte con su grandeza en esta tan subida comunicaci\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p>8. Cuando pudiere el alma estar con mucho espacio mirando este Se\u00f1or, yo no creo que ser\u00e1 visi\u00f3n, sino alguna vehemente consideraci\u00f3n, fabricada en la imaginaci\u00f3n alguna figura; ser\u00e1 como cosa muerta en estotra comparaci\u00f3n.<\/p>\n<p>9. Acaece a algunas personas y s\u00e9 que es verdad, que lo han tratado conmigo, y no tres o cuatro, sino muchas) ser de tan flaca imaginaci\u00f3n, o el entendimiento tan eficaz, o no s\u00e9 qu\u00e9 es, que se embeben de manera en la imaginaci\u00f3n, que todo lo que piensan claramente les parece que lo ven; aunque si hubiesen visto la verdadera visi\u00f3n, entender\u00edan, muy sin quedarles duda, el enga\u00f1o; porque van ellas mismas componiendo lo que ven con su imaginaci\u00f3n, y no hace despu\u00e9s ning\u00fan efecto, sino que se quedan fr\u00edas, mucho m\u00e1s que si viesen una imagen devota. Es cosa muy entendida no ser para hacer caso de ello, y as\u00ed se olvida mucho m\u00e1s que cosa so\u00f1ada.<\/p>\n<p>10. En lo que tratamos no es as\u00ed, sino que estando el alma muy lejos de que ha de ver cosa, ni pasarle por pensamiento, de presto se le representa muy por junto y revuelve todas las potencias y sentidos con un gran temor y alboroto, para ponerlas luego en aquella dichosa paz. As\u00ed como cuando fue derrocado San Pablo, vino aquella tempestad y alboroto en el cielo, as\u00ed ac\u00e1 en este mundo interior se hace gran movimiento, y en un punto -como he dicho- queda todo sosegado, y esta alma tan ense\u00f1ada de unas tan grandes verdades, que no ha menester otro maestro; que la verdadera sabidur\u00eda sin trabajo suyo la ha quitado la torpeza, y dura con una certidumbre el alma de que esta merced es de Dios, alg\u00fan espacio de tiempo, que aunque m\u00e1s le dijesen lo contrario, entonces no la podr\u00edan poner temor de que puede haber enga\u00f1o. Despu\u00e9s, poni\u00e9ndosele el confesor, la deja Dios para que ande vacilando en que por sus pecados ser\u00eda posible; mas no creyendo, sino -como he dicho en estotras cosas- a manera de tentaciones en cosas de la fe, que puede el demonio alborotar, mas no dejar el alma de estar firme en ella; antes mientras m\u00e1s la combate, m\u00e1s queda con certidumbre de que el demonio no la podr\u00eda dejar con tantos bienes, como ello es as\u00ed, que no puede tanto en lo interior del alma; podr\u00e1 \u00e9l representarlo, mas no con esta verdad y majestad y operaciones.<\/p>\n<p>11. Como los confesores no pueden ver esto ni, por ventura, a quien Dios hace esta merced, sab\u00e9rselo decir, temen y con mucha raz\u00f3n. Y as\u00ed es menester ir con aviso, hasta aguardar tiempo del fruto que hacen estas apariciones, e ir poco a poco mirando la humildad con que dejan al alma y la fortaleza en la virtud; que si es de demonio, presto dar\u00e1 se\u00f1al y le coger\u00e1n en mil mentiras. Si el confesor tiene experiencia y ha pasado por estas cosas, poco tiempo ha menester para entenderlo, que luego en la relaci\u00f3n ver\u00e1 si es Dios, o imaginaci\u00f3n, o demonio, en especial si le ha dado Su Majestad don de conocer esp\u00edritus, que si \u00e9ste tiene y letras, aunque no tenga experiencia, lo conocer\u00e1 muy bien.<\/p>\n<p>12. Lo que es mucho menester, hermanas, es que and\u00e9is con gran llaneza y verdad con el confesor, no digo en decir los pecados, que eso claro est\u00e1, sino en contar la oraci\u00f3n; porque si no hay esto, no aseguro que vais bien, ni que es Dios el que os ense\u00f1a; que es muy amigo que al que est\u00e1 en su lugar se trate con la verdad y claridad que consigo mismo, deseando entienda todos sus pensamientos, cu\u00e1nto m\u00e1s las obras, por peque\u00f1as que sean.<\/p>\n<p>13. Y con esto no and\u00e9is turbadas ni inquietas, que aunque no fuese de Dios, si ten\u00e9is humildad y buena conciencia no os da\u00f1ar\u00e1; que sabe Su Majestad sacar de los males bienes, y que por el camino que el demonio os quer\u00eda hacer perder, ganar\u00e9is m\u00e1s. Pensando que os hace tan grandes mercedes, os esforzar\u00e9is a contentarle mejor y andar siempre ocupada en la memoria su figura, que como dec\u00eda un gran letrado, que el demonio es gran pintor, y si le mostrase muy al vivo una imagen del Se\u00f1or, que no le pesar\u00eda, para con ella avivar la devoci\u00f3n y hacer al demonio guerra con sus mismas maldades; que aunque un pintor sea muy malo, no por eso se ha de dejar de reverenciar la imagen que hace, si es de todo nuestro Bien.<\/p>\n<p>Parec\u00edale muy mal lo que algunos aconsejan, que den higas cuando as\u00ed viesen alguna visi\u00f3n; porque dec\u00eda que adondequiera que veamos pintado a nuestro Rey, le hemos de reverenciar; y veo que tiene raz\u00f3n, porque aun ac\u00e1 se sentir\u00eda: si supiese una persona que quiere bien a otra que hac\u00eda semejantes vituperios a su retrato, no gustar\u00eda de ello. Pues \u00bfcu\u00e1nto m\u00e1s es raz\u00f3n que siempre se tenga respeto adonde vi\u00e9remos un crucifijo o cualquier retrato de nuestro Emperador? Aunque he escrito en otra parte esto, me holgu\u00e9 de ponerlo aqu\u00ed, porque vi que una persona anduvo afligida, que la mandaban tomar este remedio. No s\u00e9 qui\u00e9n le invent\u00f3 tan para atormentar a quien no pudiere hacer menos de obedecer, si el confesor le da este consejo, pareci\u00e9ndole va perdida si no lo hace, y el m\u00edo es que, aunque os le d\u00e9, le dig\u00e1is esta raz\u00f3n con humildad y no le tom\u00e9is. En extremo me cuadr\u00f3 mucho las buenas que me dio quien me lo dijo en este caso.<\/p>\n<p>14. Una gran ganancia saca el alma de esta merced del Se\u00f1or, que es, cuando piensa en El o en su vida y Pasi\u00f3n, acordarse de su mans\u00edsimo y hermoso rostro, que es grand\u00edsimo consuelo, como ac\u00e1 nos le dar\u00eda mayor haber visto a una persona que nos hace mucho bien que si nunca la hubi\u00e9semos conocido. Yo os digo que hace harto consuelo y provecho tan sabrosa memoria.<\/p>\n<p>15. Otros bienes trae consigo hartos, mas como queda dicho tanto de los efectos que hacen estas cosas y se ha de decir m\u00e1s, no me quiero cansar ni cansaros, sino avisaros mucho que cuando sab\u00e9is u o\u00eds que Dios hace estas mercedes a las almas, jam\u00e1s le supliqu\u00e9is ni dese\u00e9is que os lleve por este camino; aunque os parezca muy bueno, y se ha de tener en mucho y reverenciar.<\/p>\n<p>16. No conviene por algunas razones: la primera, porque es falta de humildad querer vos se os d\u00e9 lo que nunca hab\u00e9is merecido, y as\u00ed creo que no tendr\u00e1 mucha quien lo deseare; porque as\u00ed como un bajo labrador est\u00e1 lejos de desear ser rey, pareci\u00e9ndole imposible, porque no lo merece, as\u00ed lo est\u00e1 el humilde de cosas semejantes; y creo yo que nunca se dar\u00e1n, porque primero da el Se\u00f1or un gran conocimiento propio que hace estas mercedes. Pues \u00bfc\u00f3mo entender\u00e1 con verdad que se la hace muy grande en no tenerla en el infierno, quien tiene tales pensamientos? &#8211; La segunda, porque est\u00e1 muy cierto ser enga\u00f1ado, o muy a peligro, porque no ha menester el demonio m\u00e1s de ver una puerta peque\u00f1a abierta para hacernos mil trampantojos. &#8211; La tercera, la misma imaginaci\u00f3n, cuando hay un gran deseo, y la misma persona se hace entender que ve aquello que desea, y lo oye, como los que andan con gana de una cosa entre d\u00eda y mucho pensando en ella, que acaece venirla a so\u00f1ar. &#8211; La cuarta, es muy gran atrevimiento que quiera yo escoger camino no sabiendo el que me conviene m\u00e1s, sino dejar al Se\u00f1or, que me conoce, que me lleve por el que conviene, para que en todo haga su voluntad. &#8211; La quinta, \u00bfpens\u00e1is que son pocos los trabajos que padecen los que el Se\u00f1or hace estas mercedes? No, sino grand\u00edsimos y de muchas maneras. \u00bfQu\u00e9 sab\u00e9is vos si ser\u00edais para sufrirlos? &#8211; La sexta, si por lo mismo que pens\u00e1is ganar, perder\u00e9is, como hizo Sa\u00fal por ser rey.<\/p>\n<p>17. En fin, hermanas, sin \u00e9stas hay otras; y creedme que es lo m\u00e1s seguro no querer sino lo que quiere Dios, que nos conoce m\u00e1s que nosotros mismos y nos ama. Pong\u00e1monos en sus manos, para que sea hecha su voluntad en nosotras, y no podemos errar, si con determinada voluntad nos estamos siempre en esto.<\/p>\n<p>18. Y hab\u00e9is de advertir, que por recibir muchas mercedes de \u00e9stas no se merece m\u00e1s gloria, porque antes quedan m\u00e1s obligadas a servir, pues es recibir m\u00e1s. En lo que es m\u00e1s merecer, no nos lo quita el Se\u00f1or, pues est\u00e1 en nuestra mano; y as\u00ed hay muchas personas santas que jam\u00e1s supieron qu\u00e9 cosa es recibir una de aquestas mercedes; y otras que las reciben, que no lo son.<\/p>\n<p>19. Y no pens\u00e9is que es continuo, antes por una vez que las hace el Se\u00f1or son muy muchos los trabajos; y as\u00ed el alma no se acuerda si las ha de recibir m\u00e1s, sino c\u00f3mo las servir.<\/p>\n<p>20. Verdad es que debe ser grand\u00edsima ayuda para tener las virtudes en m\u00e1s subida perfecci\u00f3n; mas el que las tuviere con haberlas ganado a costa de su trabajo, mucho m\u00e1s merecer\u00e1.<\/p>\n<p>21. Yo s\u00e9 de una persona, a quien el Se\u00f1or hab\u00eda hecho algunas de estas mercedes -y aun de dos, la una era hombre-, que estaban tan deseosas de servir a Su Majestad a su costa, sin estos grandes regalos, y tan ansiosas por padecer, que se quejaban a nuestro Se\u00f1or porque se los daba, y si pudieran no recibirlos, lo excusaran. Digo regalos, no de estas visiones, que, en fin, ven la gran ganancia y son mucho de estimar, sino los que da el Se\u00f1or en la contemplaci\u00f3n.<\/p>\n<p>22. Verdad es que tambi\u00e9n son estos deseos sobrenaturales, a mi parecer, y de almas muy enamoradas, que querr\u00edan viese el Se\u00f1or que no le sirven por sueldo; y as\u00ed -como he dicho- jam\u00e1s se les acuerda que han de recibir gloria por cosa, para esforzarse m\u00e1s por eso a servir, sino de contentar al amor, que es su natural obrar siempre de mil maneras. Si pudiese, querr\u00eda buscar invenciones para consumirse el alma en \u00e9l; y si fuese menester quedar para siempre aniquilada para la mayor honra de Dios lo har\u00eda de muy buena gana. Sea alabado para siempre, am\u00e9n, que abaj\u00e1ndose a comunicar con tan miserables criaturas, quiere mostrar su grandeza.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M610\"><\/a>Cap\u00edtulo 10<\/strong><br \/>\nDice de otras mercedes que hace Dios al alma por diferente manera que las dichas, y del gran provecho que queda de ellas.<\/p>\n<p>1. De muchas maneras se comunica el Se\u00f1or al alma con estas apariciones; algunas, cuando est\u00e1 afligida; otras, cuando le ha de venir alg\u00fan trabajo grande; otras, por regalarse Su Majestad con ella y regalarla. No hay para qu\u00e9 particularizar m\u00e1s cada cosa, pues el intento no es sino dar a entender cada una de las diferencias que hay en este camino, hasta donde yo entendiere, para que entend\u00e1is, hermanas, de la manera que son y los efectos que dejan; porque no se nos antoje que cada imaginaci\u00f3n es visi\u00f3n, y porque cuando lo sea, entendiendo que es posible, no and\u00e9is alborotadas ni afligidas, que gana mucho el demonio y gusta en gran manera de ver afligida e inquieta un alma, porque ve que le es estorbo para emplearse toda en amar y alabar a Dios.<\/p>\n<p>2. Por otras maneras se comunica Su Majestad harto m\u00e1s subidas y menos peligrosas, porque el demonio creo no las podr\u00e1 contrahacer, y as\u00ed se pueden mal decir, por ser cosa muy oculta, que las imaginarias pu\u00e9dense m\u00e1s dar a entender.<\/p>\n<p>3. Acaece, cuando el Se\u00f1or es servido, estando el alma en oraci\u00f3n y muy en sus sentidos, venirle de presto una suspensi\u00f3n, adonde le da el Se\u00f1or a entender grandes secretos, que parece los ve en el mismo Dios; que \u00e9stas no son visiones de la sacrat\u00edsima Humanidad, ni aunque digo que ve, no ve nada, porque no es visi\u00f3n imaginaria, sino muy intelectual, adonde se le descubre c\u00f3mo en Dios se ven todas las cosas y las tiene todas en s\u00ed mismo. Y es de gran provecho, porque, aunque pasa en un momento, qu\u00e9dase muy esculpido y hace grand\u00edsima confusi\u00f3n, y vese m\u00e1s claro la maldad de cuando ofendemos a Dios, porque en el mismo Dios -digo, estando dentro en El- hacemos grandes maldades. Quiero poner una comparaci\u00f3n, si acertare, para d\u00e1roslo a entender, que aunque esto es as\u00ed y lo o\u00edmos muchas veces, o no reparamos en ello, o no lo queremos entender; porque no parece ser\u00eda posible, si se entendiese como es, ser tan atrevidos.<\/p>\n<p>4. Hagamos ahora cuenta que es Dios como una morada o palacio muy grande y hermoso y que este palacio, como digo, es el mismo Dios. \u00bfPor ventura puede el pecador, para hacer sus maldades, apartarse de este palacio? No, por cierto; sino que dentro en el mismo palacio, que es el mismo Dios, pasan las abominaciones y deshonestidades y maldades que hacemos los pecadores. \u00a1Oh cosa temerosa y digna de gran consideraci\u00f3n y muy provechosa para los que sabemos poco, que no acabamos de entender estas verdades, que no ser\u00eda posible tener atrevimiento tan desatinado! Consideremos, hermanas, la gran misericordia y sufrimiento de Dios en no nos hundir all\u00ed luego, y d\u00e9mosle grand\u00edsimas gracias, y hayamos verg\u00fcenza de sentirnos de cosa que se haga ni se diga contra nosotras; que es la mayor maldad del mundo ver que sufre Dios nuestro Criador tantas a sus criaturas dentro en S\u00ed mismo y que nosotras sintamos alguna vez una palabra que se dijo en nuestra ausencia y quiz\u00e1 con no mala intenci\u00f3n.<\/p>\n<p>5. \u00a1Oh miseria humana! \u00bfHasta cu\u00e1ndo, hijas, imitaremos en algo este gran Dios? \u00a1Oh!, pues no se nos haga ya que hacemos nada en sufrir injurias, sino que de muy buena gana pasemos por todo y amemos a quien nos las hace, pues este gran Dios no nos ha dejado de amar a nosotras aunque le hemos mucho ofendido, y as\u00ed tiene muy gran raz\u00f3n en querer que todos perdonen por agravios que los hagan.<\/p>\n<p>Yo os digo, hijas, que aunque pasa de presto esta visi\u00f3n, que es una gran merced que hace nuestro Se\u00f1or a quien la hace, si se quiere aprovechar de ella, tray\u00e9ndola presente muy ordinario.<\/p>\n<p>6. Tambi\u00e9n acaece, as\u00ed muy de presto y de manera que no se puede decir, mostrar Dios en s\u00ed mismo una verdad, que parece deja oscurecidas todas las que hay en las criaturas, y muy claro dado a entender que El solo es verdad que no puede mentir; y dase bien a entender lo que dice David en un salmo, que todo hombre es mentiroso, lo que no se entendiera jam\u00e1s as\u00ed, aunque muchas veces se oyera. Es verdad que no puede faltar. Acu\u00e9rdaseme de Pilatos lo mucho que preguntaba a nuestro Se\u00f1or cuando en su Pasi\u00f3n le dijo qu\u00e9 era verdad, y lo poco que entendemos ac\u00e1 de esta suma Verdad.<\/p>\n<p>7. Yo quisiera poder dar m\u00e1s a entender en este caso, mas no se puede decir. Saquemos de aqu\u00ed, hermanas, que para conformarnos con nuestro Dios y Esposo en algo, ser\u00e1 bien que estudiemos siempre mucho de andar en esta verdad. No digo s\u00f3lo que no digamos mentira, que en eso, gloria a Dios, ya veo que tra\u00e9is gran cuenta en estas casas con no decirla por ninguna cosa; sino que andemos en verdad delante de Dios y de las gentes de cuantas maneras pudi\u00e9remos, en especial no queriendo nos tengan por mejores de lo que somos, y en nuestras obras dando a Dios lo que es suyo y a nosotras lo que es nuestro, y procurando sacar en todo la verdad, y as\u00ed tendremos en poco este mundo, que es todo mentira y falsedad, y como tal no es durable.<\/p>\n<p>8. Una vez estaba yo considerando por qu\u00e9 raz\u00f3n era nuestro Se\u00f1or tan amigo de esta virtud de la humildad, y p\u00fasoseme delante -a mi parecer sin considerarlo, sino de presto- esto: que es porque Dios es suma Verdad, y la humildad es andar en verdad, que lo es muy grande no tener cosa buena de nosotros, sino la miseria y ser nada; y quien esto no entiende, anda en mentira. A quien m\u00e1s lo entienda agrada m\u00e1s a la suma Verdad, porque anda en ella. Plega a Dios, hermanas, nos haga merced de no salir jam\u00e1s de este propio conocimiento, am\u00e9n.<\/p>\n<p>9. De estas mercedes hace nuestro Se\u00f1or al alma, porque como a verdadera esposa, que ya est\u00e1 determinada a hacer en todo su voluntad, le quiere dar alguna noticia de en qu\u00e9 la ha de hacer y de sus grandezas. No hay para qu\u00e9 tratar de m\u00e1s, que estas dos cosas he dicho por parecerme de gran provecho; que en cosas semejantes no hay que temer, sino que alabar al Se\u00f1or porque las da; que el demonio, a mi parecer, ni aun la imaginaci\u00f3n propia, tienen aqu\u00ed poca cabida, y as\u00ed el alma queda con gran satisfacci\u00f3n.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M611\"><\/a>Cap\u00edtulo 11<\/strong><br \/>\nTrata de unos deseos tan grandes e impetuosos que da Dios al alma de gozarle, que ponen en peligro de perder la vida, y con el provecho que se queda de esta merced que hace el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>1. \u00bfSi habr\u00e1n bastado todas estas mercedes que ha hecho el Esposo al alma para que la palomilla o mariposilla est\u00e9 satisfecha no pens\u00e9is que la tengo olvidada) y haga asiento adonde ha de morir? No, por cierto; antes est\u00e1 muy peor. Aunque haya muchos a\u00f1os que reciba estos favores, siempre gime y anda llorosa, porque de cada uno de ellos le queda mayor dolor. Es la causa, que como va conociendo m\u00e1s y m\u00e1s las grandezas de su Dios y se ve estar tan ausente y apartada de gozarle, crece mucho m\u00e1s el deseo; porque tambi\u00e9n crece el amar mientras m\u00e1s se le descubre lo que merece ser amado este gran Dios y Se\u00f1or; y viene en estos a\u00f1os creciendo poco a poco este deseo de manera que la llega a tan gran pena como ahora dir\u00e9. He dicho a\u00f1os, conform\u00e1ndome con lo que ha pasado por la persona que he dicho aqu\u00ed, que bien entiendo que a Dios no hay que poner t\u00e9rmino, que en un momento puede llegar a un alma a lo m\u00e1s subido que se dice aqu\u00ed. Poderoso es Su Majestad para todo lo que quisiere hacer y ganoso de hacer mucho por nosotros.<\/p>\n<p>2. Pues viene veces que estas ansias y l\u00e1grimas y suspiros y los grandes \u00edmpetus que quedan dichos que todo esto parece procedido de nuestro amor con gran sentimiento, mas todo no es nada en comparaci\u00f3n de estotro, porque esto parece un fuego que est\u00e1 humeando y pu\u00e9dese sufrir, aunque con pena), and\u00e1ndose as\u00ed esta alma, abras\u00e1ndose en s\u00ed misma, acaece muchas veces por un pensamiento muy ligero, o por una palabra que oye de que se tarda el morir, venir de otra parte -no se entiende de d\u00f3nde ni c\u00f3mo- un golpe, o como si viniese una saeta de fuego. No digo que es saeta, mas cualquier cosa que sea, se ve claro que no pod\u00eda proceder de nuestro natural. Tampoco es golpe, aunque digo golpe; mas agudamente hiere. Y no es adonde se sienten ac\u00e1 las penas, a mi parecer, sino en lo muy hondo e \u00edntimo del alma, adonde este rayo, que de presto pasa, todo cuanto halla de esta tierra de nuestro natural y lo deja hecho polvos, que por el tiempo que dura es imposible tener memoria de cosa de nuestro Se\u00f1or; porque en un punto ata las potencias de manera que no quedan con ninguna libertad para cosa, sino para las que le han de hacer acrecentar este dolor.<\/p>\n<p>3. No querr\u00eda pareciese encarecimiento, porque verdaderamente voy viendo que quedo corta, porque no se puede decir. Ello es un arrobamiento de sentidos y potencias para todo lo que no es, como he dicho, ayudar a sentir esta aflicci\u00f3n. Porque el entendimiento est\u00e1 muy vivo para entender la raz\u00f3n que hay que sentir de estar aquel alma ausente de Dios; y ayuda Su Majestad con una tan viva noticia de S\u00ed en aquel tiempo, de manera que hace crecer la pena en tanto grado, que procede quien la tiene en dar grandes gritos. Con ser persona sufrida y mostrada a padecer grandes dolores, no puede hacer entonces m\u00e1s; porque este sentimiento no es en el cuerpo -como queda dicho-, sino en lo interior del alma. Por esto sac\u00f3 esta persona cu\u00e1n m\u00e1s recios son los sentimientos de ella que los del cuerpo, y se le represent\u00f3 ser de esta manera los que padecen en purgatorio, que no les impide no tener cuerpo para dejar de padecer mucho m\u00e1s que todos los que ac\u00e1, teni\u00e9ndole, padecen.<\/p>\n<p>4. Yo vi una persona as\u00ed, que verdaderamente pens\u00e9 que se mor\u00eda, y no era mucha maravilla, porque, cierto, es gran peligro de muerte. Y as\u00ed, aunque dure poco, deja el cuerpo muy descoyuntado, y en aquella saz\u00f3n los pulsos tienen tan abiertos como si el alma quisiese ya dar a Dios, que no es menos; porque el calor natural falta y le abrasa de manera que con otro poquito m\u00e1s hubiera cumpl\u00eddole Dios sus deseos. No porque siente poco ni mucho dolor en el cuerpo, aunque se descoyunta, como he dicho, de manera que queda dos o tres d\u00edas despu\u00e9s sin poder a\u00fan tener fuerza para escribir, y con grandes dolores; y aun siempre me parece le queda el cuerpo m\u00e1s sin fuerza que de antes. El no sentirlo debe ser la causa ser tan mayor el sentimiento interior del alma, que ninguna cosa hace caso del del cuerpo; como si ac\u00e1 tenemos un dolor muy agudo en una parte: aunque haya otros muchos, se sienten poco; esto yo lo he bien probado. Ac\u00e1, ni poco ni mucho, ni creo sentir\u00eda si la hiciesen pedazos.<\/p>\n<p>5. Dir\u00e9isme que es imperfecci\u00f3n; que por qu\u00e9 no se conforma con la voluntad de Dios, pues le est\u00e1 tan rendida. &#8211; Hasta aqu\u00ed pod\u00eda hacer eso, y con eso pasaba la vida. Ahora no, porque su raz\u00f3n est\u00e1 de suerte, que no es se\u00f1ora de ella, ni de pensar sino la raz\u00f3n que tiene para penar, pues est\u00e1 ausente de su bien, que para qu\u00e9 quiere vida. Siente una soledad extra\u00f1a, porque criatura de toda la tierra no la hace compa\u00f1\u00eda, ni creo se la har\u00edan los del cielo como no fuese el que ama, antes todo la atormenta. Mas vese como una persona colgada, que no asienta en cosa de la tierra, ni al cielo puede subir; abrasada con esta sed, y no puede llegar al agua; y no sed que puede sufrir, sino ya en tal t\u00e9rmino que con ninguna se le quitar\u00eda, ni quiere que se le quite, si no es con la que dijo nuestro Se\u00f1or a la Samaritana, y eso no se lo dan.<\/p>\n<p>6. \u00a1Oh, v\u00e1lgame Dios, Se\u00f1or, c\u00f3mo apret\u00e1is a vuestros amadores! Mas todo es poco para lo que les dais despu\u00e9s. Bien es que lo mucho cueste mucho. Cu\u00e1nto m\u00e1s que, si es purificar esta alma para que entre en la s\u00e9ptima morada, como los que han de entrar en el cielo se limpian en el purgatorio, es tan poco este padecer, como ser\u00eda una gota de agua en la mar. Cu\u00e1nto m\u00e1s que con todo este tormento y aflicci\u00f3n, que no puede ser mayor, a lo que yo creo, de todas las que hay en la tierra y que esta persona hab\u00eda pasado muchas, as\u00ed corporales, como espirituales, mas todo le parece nada en esta comparaci\u00f3n), siente el alma que es de tanto precio esta pena, que entiende muy bien no la pod\u00eda ella merecer; sino que no es este sentimiento de manera que la alivia ninguna cosa, mas con esto la sufre de muy buena gana y sufrir\u00eda toda su vida, si Dios fuese de ello servido; aunque no ser\u00eda morir de una vez, sino estar siempre muriendo, que verdaderamente no es menos.<\/p>\n<p>7. Pues consideremos, hermanas, aquellos que est\u00e1n en el infierno, que no est\u00e1n con esta conformidad, ni con este contento y gusto que pone Dios en el alma, ni viendo ser ganancioso este padecer, sino que siempre padecen m\u00e1s y m\u00e1s, digo m\u00e1s y m\u00e1s, cuanto a las penas accidentales). Siendo el tormento del alma tan m\u00e1s recio que los del cuerpo y los que ellos pasan mayores sin comparaci\u00f3n que \u00e9ste que aqu\u00ed hemos dicho, y \u00e9stos ver que han de ser para siempre jam\u00e1s, \u00bfqu\u00e9 ser\u00e1 de estas desventuradas almas? Y \u00bfqu\u00e9 podemos hacer en vida tan corta, ni padecer, que sea nada para librarnos de tan terribles y eternales tormentos? Yo os digo que ser\u00e1 imposible dar a entender cu\u00e1n sentible cosa es el padecer del alma, y cu\u00e1n diferente al del cuerpo, si no se pasa por ello; y quiere el mismo Se\u00f1or que lo entendamos, para que m\u00e1s conozcamos lo mucho que le debemos en traernos a estado, que, por su misericordia, tenemos esperanza de que nos ha de librar y perdonar nuestros pecados.<\/p>\n<p>8. Pues tornando a lo que trat\u00e1bamos que dejamos esta alma con mucha pena), en este rigor es poco lo que le dura; ser\u00e1, cuando m\u00e1s, tres o cuatro horas, a mi parecer, porque si mucho durase, si no fuese por milagro, ser\u00eda imposible sufrirlo la flaqueza natural. Acaecido ha no durar m\u00e1s que un cuarto de hora y quedar hecha pedazos. Verdad es que esta vez del todo perdi\u00f3 el sentido, seg\u00fan vino con rigor y estando en conversaci\u00f3n, Pascua de Resurrecci\u00f3n, el postrer d\u00eda, y habiendo estado toda la Pascua con tanta sequedad, que casi no entend\u00eda lo era), de s\u00f3lo o\u00edr una palabra de no acabarse la vida.<\/p>\n<p>\u00a1Pues pensar que se puede resistir!, no m\u00e1s que si, metida en un fuego, quisiese hacer a la llama que no tuviese calor para quemarle. No es el sentimiento que se puede pasar en disimulaci\u00f3n, sin que las que est\u00e1n presentes entiendan el gran peligro en que est\u00e1, aunque de lo interior no pueden ser testigos; es verdad que le son alguna compa\u00f1\u00eda, como si fuesen sombras, y as\u00ed le parecen todas las cosas de la tierra.<\/p>\n<p>9. Y porque ve\u00e1is que es posible, si alguna vez os viereis en esto, acudir aqu\u00ed nuestra flaqueza y natural, acaece alguna vez que estando el alma como hab\u00e9is visto, que se muere por morir cuando aprieta tanto que ya parece que para salir del cuerpo no le falta casi nada, verdaderamente teme y querr\u00eda aflojase la pena por no acabar de morir. Bien se deja entender ser este temor de flaqueza natural que por otra parte no se quita su deseo ni es posible haber remedio que se quite esta pena hasta que la quita el mismo Se\u00f1or, que casi es lo ordinario con un arrobamiento grande, o con alguna visi\u00f3n, adonde el verdadero Consolador la consuela y fortalece, para que quiera vivir todo lo que fuere su voluntad.<\/p>\n<p>10. Cosa penosa es \u00e9sta, mas queda el alma con grand\u00edsimos efectos y perdido el miedo a los trabajos que le pueden suceder; porque en comparaci\u00f3n del sentimiento tan penoso que sinti\u00f3 su alma, no le parece son nada. De manera queda aprovechada, que gustar\u00eda padecerle muchas veces. Mas tampoco puede eso en ninguna manera, ni hay ning\u00fan remedio para tornarle a tener hasta que quiere el Se\u00f1or, como no le hay para resistirle ni quitarle cuando le viene. Queda con muy mayor desprecio del mundo que antes, porque ve que cosa de \u00e9l no le vali\u00f3 en aquel tormento, y muy m\u00e1s desasida de las criaturas, porque ya ve que s\u00f3lo el Criador es el que puede consolar y hartar su alma, y con mayor temor y cuidado de no ofenderle, porque ve que tambi\u00e9n puede atormentar como consolar.<\/p>\n<p>11. Dos cosas me parece a m\u00ed que hay en este camino espiritual que son peligro de muerte: la una \u00e9sta, que verdaderamente lo es y no peque\u00f1o; la otra, de muy excesivo gozo y deleite, que es en tan grand\u00edsimo extremo, que verdaderamente parece que desfallece el alma de suerte que no le falta tantito para acabar de salir del cuerpo: a la verdad, no ser\u00eda poca dicha la suya.<\/p>\n<p>12. Aqu\u00ed ver\u00e9is, hermanas, si he tenido raz\u00f3n en decir que es menester \u00e1nimo y que tendr\u00e1 raz\u00f3n el Se\u00f1or, cuando le pidi\u00e9reis estas cosas, de deciros lo que respondi\u00f3 a los hijos del Zebedeo: Si podr\u00edan beber el c\u00e1liz.<\/p>\n<p>Todas creo, hermanas, que responderemos que s\u00ed, y con mucha raz\u00f3n; porque Su Majestad da esfuerzo a quien ve que le ha menester, y en todo defiende a estas almas, y responde por ellas en las persecuciones y murmuraciones, como hac\u00eda por la Magdalena, aunque no sea por palabras, por obras; y en fin, en fin, antes que se mueran se lo paga todo junto, como ahora ver\u00e9is. Sea por siempre bendito y al\u00e1benle todas las criaturas, am\u00e9n.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M71\"><\/a>S\u00e9ptimas moradas<\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M71\"><\/a>Cap\u00edtulo 1<\/strong><br \/>\nTrata de mercedes grandes que hace Dios a las almas que han llegado a entrar en las s\u00e9ptimas moradas. &#8211; Dice c\u00f3mo, a su parecer, hay diferencia alguna del alma al esp\u00edritu, aunque es todo uno. &#8211; Hay cosas de notar.<\/p>\n<p>1. Pareceros ha, hermanas, que est\u00e1 dicho tanto en este camino espiritual, que no es posible quedar nada por decir. Harto desatino ser\u00eda pensar esto; pues la grandeza de Dios no tiene t\u00e9rmino, tampoco le tendr\u00e1n sus obras. \u00bfQui\u00e9n acabar\u00e1 de contar sus misericordias y grandezas? Es imposible, y as\u00ed no os espant\u00e9is de lo que est\u00e1 dicho y se dijere, porque es una cifra de lo que hay que contar de Dios. Harta misericordia nos hace que haya comunicado estas cosas a persona que las podamos venir a saber, para que mientras m\u00e1s supi\u00e9remos que se comunica con las criaturas, m\u00e1s alabaremos su grandeza y nos esforzaremos a no tener en poco almas con que tanto se deleita el Se\u00f1or, pues cada una de nosotras la tiene, sino que como no las preciamos como merece criatura hecha a la imagen de Dios, as\u00ed no entendemos los grandes secretos que est\u00e1n en ella.<\/p>\n<p>Plega a Su Majestad, si es servido, menee la pluma y me d\u00e9 a entender c\u00f3mo yo os diga algo de lo mucho que hay que decir y da Dios a entender a quien mete en esta morada. Harto lo he suplicado a Su Majestad, pues sabe que mi intento es que no est\u00e9n ocultas sus misericordias, para que m\u00e1s sea alabado y glorificado su nombre.<\/p>\n<p>2. Esperanza tengo que, no por m\u00ed, sino por nosotras, hermanas, me ha de hacer esta merced, para que entend\u00e1is lo que os importa que no quede por vosotras el celebrar vuestro Esposo este espiritual matrimonio con vuestras almas, pues trae tantos bienes consigo como ver\u00e9is.<\/p>\n<p>\u00a1Oh gran Dios!, parece que tiembla una criatura tan miserable como yo de tratar en cosa tan ajena de lo que merezco entender. Y es verdad que he estado en gran confusi\u00f3n pensando si ser\u00e1 mejor acabar con pocas palabras esta morada; porque me parece que han de pensar que yo lo s\u00e9 por experiencia, y h\u00e1ceme grand\u00edsima verg\u00fcenza, porque, conoci\u00e9ndome la que soy, es terrible cosa. Por otra parte, me ha parecido que es tentaci\u00f3n y flaqueza, aunque m\u00e1s juicios de estos ech\u00e9is. Sea Dios alabado y entendido un poquito m\u00e1s, y gr\u00edteme todo el mundo; cu\u00e1nto m\u00e1s que estar\u00e9 yo quiz\u00e1 muerta cuando se viniere a ver. Sea bendito el que vive para siempre y vivir\u00e1, am\u00e9n.<\/p>\n<p>3. Cuando nuestro Se\u00f1or es servido haber piedad de lo que padece y ha padecido por su deseo esta alma que ya espiritualmente ha tomado por esposa, primero que se consuma el matrimonio espiritual m\u00e9tela en su morada, que es esta s\u00e9ptima; porque as\u00ed como la tiene en el cielo, debe tener en el alma una estancia adonde s\u00f3lo Su Majestad mora, y digamos otro cielo. Porque nos importa mucho, hermanas, que no entendamos es el alma alguna cosa oscura; que como no la vemos, lo m\u00e1s ordinario debe parecer que no hay otra luz interior sino \u00e9sta que vemos, y que est\u00e1 dentro de nuestra alma alguna oscuridad. De la que no est\u00e1 en gracia yo os lo confieso, y no por falta del Sol de Justicia que est\u00e1 en ella d\u00e1ndole ser; sino por no ser ella capaz para recibir la luz, como creo dije en la primera morada, que hab\u00eda entendido una persona que estas desventuradas almas es as\u00ed que est\u00e1n como en una c\u00e1rcel oscura, atadas de pies y manos para hacer ning\u00fan bien que les aproveche para merecer, y ciegas y mudas. Con raz\u00f3n podemos compadecernos de ellas y mirar que alg\u00fan tiempo nos vimos as\u00ed y que tambi\u00e9n puede el Se\u00f1or haber misericordia de ellas.<\/p>\n<p>4. Tomemos, hermanas, particular cuidado de suplic\u00e1rselo y no nos descuidar, que es grand\u00edsima limosna rogar por los que est\u00e1n en pecado mortal; muy mayor que ser\u00eda si vi\u00e9semos un Cristiano atadas las manos atr\u00e1s con una fuerte cadena y \u00e9l amarrado a un poste y muriendo de hambre, y no por falta de qu\u00e9 coma, que tiene cabe s\u00ed muy extremados manjares, sino que no los puede tomar para llegarlos a la boca, y aun est\u00e1 con grande hast\u00edo, y ve que va ya a expirar, y no muerte como ac\u00e1, sino eterna, \u00bfno ser\u00eda gran crueldad estarle mirando y no le llegar a la boca qu\u00e9 comiese? Pues \u00bfqu\u00e9 si por vuestra oraci\u00f3n le quitasen las cadenas? Ya lo veis. Por amor de Dios os pido que siempre teng\u00e1is acuerdo en vuestras oraciones de almas semejantes.<\/p>\n<p>5. No hablamos ahora con ellas, sino con las que ya, por la misericordia de Dios, han hecho penitencia por sus pecados y est\u00e1n en gracia, que podemos considerar no una cosa arrinconada y limitada, sino un mundo interior, adonde caben tantas y tan lindas moradas como hab\u00e9is visto; y as\u00ed es raz\u00f3n que sea, pues dentro de esta alma hay morada para Dios.<\/p>\n<p>6. Pues cuando Su Majestad es servido de hacerle la merced dicha de este divino matrimonio, primero la mete en su morada, y quiere Su Majestad que no sea como otras veces que la ha metido en estos arrobamientos, que yo bien creo que la une consigo entonces y en la oraci\u00f3n que queda dicha de uni\u00f3n, aunque no le parece al alma que es tan llamada para entrar en su centro, como aqu\u00ed en esta morada, sino a la parte superior. En esto va poco: sea de una manera o de otra, el Se\u00f1or la junta consigo; mas es haci\u00e9ndola ciega y muda, como lo qued\u00f3 San Pablo en su conversi\u00f3n, y quit\u00e1ndola el sentir c\u00f3mo o de qu\u00e9 manera es aquella merced que goza; porque el gran deleite que entonces siente el alma, es de verse cerca de Dios. Mas cuando la junta consigo, ninguna cosa entiende, que las potencias todas se pierden.<\/p>\n<p>7. Aqu\u00ed es de otra manera: quiere ya nuestro buen Dios quitarla las escamas de los ojos y que vea y entienda algo de la merced que le hace, aunque es por una manera extra\u00f1a; y metida en aquella morada, por visi\u00f3n intelectual, por cierta manera de representaci\u00f3n de la verdad, se le muestra la Sant\u00edsima Trinidad, todas tres personas, con una inflamaci\u00f3n que primero viene a su esp\u00edritu a manera de una nube de grand\u00edsima claridad, y estas Personas distintas, y por una noticia admirable que se da al alma, entiende con grand\u00edsima verdad ser todas tres Personas una sustancia y un poder y un saber y un solo Dios; de manera que lo que tenemos por fe, all\u00ed lo entiende el alma, podemos decir, por vista, aunque no es vista con los ojos del cuerpo, porque no es visi\u00f3n imaginaria. Aqu\u00ed se le comunican todas tres Personas, y la hablan, y la dan a entender aquellas palabras que dice el Evangelio que dijo el Se\u00f1or: que vendr\u00eda El y el Padre y el Esp\u00edritu Santo a morar con el alma que le ama y guarda sus mandamientos.<\/p>\n<p>8. \u00a1Oh, v\u00e1lgame Dios! \u00a1Cu\u00e1n diferente cosa es o\u00edr estas palabras y creerlas, a entender por esta manera cu\u00e1n verdaderas son! Y cada d\u00eda se espanta m\u00e1s esta alma, porque nunca m\u00e1s le parece se fueron de con ella, sino que notoriamente ve, de la manera que queda dicho, que est\u00e1n en lo interior de su alma, en lo muy muy interior, en una cosa muy honda, que no sabe decir c\u00f3mo es, porque no tiene letras, siente en s\u00ed esta divina compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>9. Pareceros ha que, seg\u00fan esto, no andar\u00e1 en s\u00ed, sino tan embebida que no pueda entender en nada. &#8211; Mucho m\u00e1s que antes, en todo lo que es servicio de Dios, y en faltando las ocupaciones, se queda con aquella agradable compa\u00f1\u00eda; y si no falta a Dios el alma, jam\u00e1s El la faltar\u00e1, a mi parecer, de darse a conocer tan conocidamente su presencia; y tiene gran confianza que no la dejar\u00e1 Dios, pues la ha hecho esta merced, para que la pierda; y as\u00ed se puede pensar, aunque no deja de andar con m\u00e1s cuidado que nunca, para no le desagradar en nada.<\/p>\n<p>10. El traer esta presencia enti\u00e9ndese que no es tan enteramente, digo tan claramente, como se le manifiesta la primera vez y otras algunas que quiere Dios hacerle este regalo; porque si esto fuese, era imposible entender en otra cosa, ni aun vivir entre la gente; mas aunque no es con esta tan clara luz siempre que advierte se halla con esta compa\u00f1\u00eda. Digamos ahora como una persona que estuviese en una muy clara pieza con otras y cerrasen las ventanas y se quedase a oscuras; no porque se quit\u00f3 la luz para verlas y que hasta tornar la luz no las ve, deja de entender que est\u00e1n all\u00ed.<\/p>\n<p>11. Es de preguntar si cuando torna la luz y las quiere tornar a ver, si puede. Esto no est\u00e1 en su mano, sino cuando quiere nuestro Se\u00f1or que se abra la ventana del entendimiento; harta misericordia la hace en nunca se ir de con ella y querer que ella lo entienda tan entendido.<\/p>\n<p>Parece que quiere aqu\u00ed la divina Majestad disponer el alma para m\u00e1s con esta admirable compa\u00f1\u00eda; porque est\u00e1 claro que ser\u00e1 bien ayudada para en todo ir adelante en la perfecci\u00f3n y perder el temor que tra\u00eda algunas veces de las dem\u00e1s mercedes que la hac\u00eda, como queda dicho. Y as\u00ed fue, que en todo se hallaba mejorada, y le parec\u00eda que por trabajos y negocios que tuviese, lo esencial de su alma jam\u00e1s se mov\u00eda de aquel aposento, de manera que en alguna manera le parec\u00eda hab\u00eda divisi\u00f3n en su alma, y andando con grandes trabajos, que poco despu\u00e9s que Dios le hizo esta merced tuvo, se quejaba de ella, a manera de Marta cuando se quej\u00f3 de Mar\u00eda, y algunas veces la dec\u00eda que se estaba ella siempre gozando de aquella quietud a su placer, y la deja a ella en tantos trabajos y ocupaciones, que no la puede tener compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>12. Esto os parecer\u00e1, hijas, desatino, mas verdaderamente pasa as\u00ed; que aunque se entiende que el alma est\u00e1 toda junta, no es antojo lo que he dicho, que es muy ordinario. Por donde dec\u00eda yo que se ven cosas interiores, de manera que cierto se entiende hay diferencia en alguna manera, y muy conocida, del alma al esp\u00edritu, aunque m\u00e1s sea todo uno. Con\u00f3cese una divisi\u00f3n tan delicada, que algunas veces parece obra de diferente manera lo uno de lo otro, como el sabor que les quiere dar el Se\u00f1or. Tambi\u00e9n me parece que el alma es diferente cosa de las potencias y que no es todo una cosa. Hay tantas y tan delicadas en lo interior, que ser\u00eda atrevimiento ponerme yo a declararlas. All\u00e1 lo veremos, si el Se\u00f1or nos hace merced de llevarnos por su misericordia, adonde entendamos estos secretos.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M72\"><\/a>Cap\u00edtulo 2<\/strong><br \/>\nProcede en lo mismo. &#8211; Dice la diferencia que hay de uni\u00f3n espiritual a matrimonio espiritual. &#8211; Decl\u00e1ralo por delicadas comparaciones, en que da a entender c\u00f3mo muere aqu\u00ed la mariposilla que ha dicho en la quinta morada.<\/p>\n<p>1. Pues vengamos ahora a tratar del divino y espiritual matrimonio, aunque esta gran merced no debe cumplirse con perfecci\u00f3n mientras vivimos pues si nos apart\u00e1semos de Dios, se perder\u00eda este tan gran bien.<\/p>\n<p>La primera vez que Dios hace esta merced quiere Su Majestad mostrarse al alma por visi\u00f3n imaginaria de su sacrat\u00edsima Humanidad, para que lo entienda bien y no est\u00e9 ignorante de que recibe tan soberano don. A otras personas ser\u00e1 por otra forma, a \u00e9sta de quien hablamos, se le represent\u00f3 el Se\u00f1or, acabando de comulgar, con forma de gran resplandor y hermosura y majestad, como despu\u00e9s de resucitado, y le dijo que ya era tiempo de que sus cosas tomase ella por suyas, y El tendr\u00eda cuidado de las suyas, y otras palabras que son m\u00e1s para sentir que para decir.<\/p>\n<p>2. Parecer\u00e1 que no era \u00e9sta novedad, pues otras veces se hab\u00eda representado el Se\u00f1or a esta alma en esta manera. Fue tan diferente, que la dej\u00f3 bien desatinada y espantada: lo uno, porque fue con gran fuerza esta visi\u00f3n; lo otro, porque las palabras que le dijo, y tambi\u00e9n porque en lo interior de su alma, adonde se le represent\u00f3, si no es la visi\u00f3n pasada, no hab\u00eda visto otras; porque entended que hay grand\u00edsima diferencia de todas las pasadas a las de esta morada, y tan grande del desposorio espiritual, al matrimonio espiritual, como le hay entre dos desposados, a los que ya no se pueden apartar.<\/p>\n<p>3. Ya he dicho que, aunque se ponen estas comparaciones, porque no hay otras m\u00e1s a prop\u00f3sito, que se entienda que aqu\u00ed no hay memoria de cuerpo m\u00e1s que si el alma no estuviese en \u00e9l, sino s\u00f3lo esp\u00edritu, y en el matrimonio espiritual, muy menos, porque pasa esta secreta uni\u00f3n en el centro muy interior del alma, que debe ser adonde est\u00e1 el mismo Dios, y a mi parecer no ha menester puerta por donde entre. Digo que no es menester puerta, porque en todo lo que se ha dicho hasta aqu\u00ed, parece que va por medio de los sentidos y potencias, y este aparecimiento de la Humanidad del Se\u00f1or as\u00ed deb\u00eda ser; mas lo que pasa en la uni\u00f3n del matrimonio espiritual es muy diferente: apar\u00e9cese el Se\u00f1or en este centro del alma sin visi\u00f3n imaginaria sino intelectual, aunque m\u00e1s delicada que las dichas, como se apareci\u00f3 a los Ap\u00f3stoles sin entrar por la puerta, cuando les dijo: \u00abPax vobis\u00bb.<\/p>\n<p>4. Es un secreto tan grande y una merced tan subida lo que comunica Dios all\u00ed al alma en un instante, y el grand\u00edsimo deleite que siente el alma, que no s\u00e9 a qu\u00e9 lo comparar, sino a que quiere el Se\u00f1or manifestarle por aquel momento la gloria que hay en el cielo, por m\u00e1s subida manera que por ninguna visi\u00f3n ni gusto espiritual. No se puede decir m\u00e1s de que -a cuanto se puede entender- queda el alma, digo el esp\u00edritu de esta alma, hecho una cosa con Dios que, como es tambi\u00e9n esp\u00edritu, ha querido Su Majestad mostrar el amor que nos tiene, en dar a entender a algunas personas hasta adonde llega para que alabemos su grandeza, porque de tal manera ha querido juntarse con la criatura, que as\u00ed como los que ya no se pueden apartar, no se quiere apartar El de ella.<\/p>\n<p>5. El desposorio espiritual es diferente, que muchas veces se apartan, y la uni\u00f3n tambi\u00e9n lo es; porque, aunque uni\u00f3n es juntarse dos cosas en una, en fin, se pueden apartar y quedar cada cosa por s\u00ed, como vemos ordinariamente, que pasa de presto esta merced del Se\u00f1or, y despu\u00e9s se queda el alma sin aquella compa\u00f1\u00eda, digo de manera que lo entienda. En estotra merced del Se\u00f1or, no; porque siempre queda el alma con su Dios en aquel centro.<\/p>\n<p>6. Digamos que sea la uni\u00f3n, como si dos velas de cera se juntasen tan en extremo, que toda la luz fuese una, o que el p\u00e1bilo y la luz y la cera es todo uno; mas despu\u00e9s bien se puede apartar la una vela de la otra, y quedan en dos velas, o el p\u00e1bilo de la cera. Ac\u00e1 es como si cayendo agua del cielo en un r\u00edo o fuente, adonde queda hecho todo agua, que no podr\u00e1n ya dividir ni apartar cual es el agua, del r\u00edo, o lo que cay\u00f3 del cielo; o como si un arroyico peque\u00f1o entra en la mar, no habr\u00e1 remedio de apartarse; o como si en una pieza estuviesen dos ventanas por donde entrase gran luz; aunque entra dividida se hace todo una luz.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 es esto lo que dice San Pablo: El que se arrima y allega a Dios, h\u00e1cese un esp\u00edritu con El, tocando este soberano matrimonio, que presupone haberse llegado Su Majestad al alma por uni\u00f3n. Y tambi\u00e9n dice: Mihi vivere Chistus est, mori lucrum; as\u00ed me parece puede decir aqu\u00ed el alma, porque es adonde la mariposilla, que hemos dicho, muere y con grand\u00edsimo gozo, porque su vida es ya Cristo.<\/p>\n<p>7. Y esto se entiende mejor, cuando anda el tiempo, por los efectos, porque se entiende claro, por unas secretas aspiraciones, ser Dios el que da vida a nuestra alma, muy muchas veces tan vivas, que en ninguna manera se puede dudar, porque las siente muy bien el alma, aunque no se saben decir, mas que es tanto este sentimiento que producen algunas veces unas palabras regaladas, que parecen no se pueden excusar de decir: \u00a1Oh, vida de mi vida y sustento que me sustentas!, y cosas de esta manera. Porque de aquellos pechos divinos adonde parece est\u00e1 Dios siempre sustentando el alma, salen unos rayos de leche que toda la gente del castillo conforta; que parece quiere el Se\u00f1or que gocen de alguna manera de lo mucho que goza el alma, y que de aquel r\u00edo caudaloso, adonde se consumi\u00f3 esta fontecita peque\u00f1a, salgan algunas veces alg\u00fan golpe de aquel agua para sustentar los que en lo corporal han de servir a estos dos desposados.<\/p>\n<p>8. Y as\u00ed como sentir\u00eda este agua una persona que est\u00e1 descuidada si la ba\u00f1asen de presto en ello, y no lo pod\u00eda dejar de sentir, de la misma manera, y aun con m\u00e1s certidumbre se entienden estas operaciones que digo. Porque as\u00ed como no nos podr\u00eda venir un gran golpe de agua, si no tuviese principio -como he dicho-, as\u00ed se entiende claro que hay en lo interior quien arroje estas saetas y d\u00e9 vida a esta vida, y que hay sol de donde procede una gran luz, que se env\u00eda a las potencias, de lo interior del alma. Ella -como he dicho- no se muda de aquel centro ni se le pierde la paz; porque el mismo que la dio a los ap\u00f3stoles, cuando estaban juntos se la puede dar a ella.<\/p>\n<p>9. Heme acordado que esta salutaci\u00f3n del Se\u00f1or deb\u00eda ser mucho m\u00e1s de lo que suena, y el decir a la gloriosa Magdalena que se fuese en paz; porque como las palabras del Se\u00f1or son hechas como obras en nosotros, de tal manera deb\u00edan hacer la operaci\u00f3n en aquellas almas que estaban ya dispuestas, que apartase en ellos todo lo que es corp\u00f3reo en el alma y la dejase en puro esp\u00edritu, para que se pudiese juntar en esta uni\u00f3n celestial con el esp\u00edritu increado, que es muy cierto que en vaciando nosotros todo lo que es criatura y desasi\u00e9ndonos de ella por amor de Dios, el mismo Se\u00f1or la ha de henchir de S\u00ed. Y as\u00ed, orando una vez Jesucristo nuestro Se\u00f1or por sus ap\u00f3stoles -no s\u00e9 ad\u00f3nde es- dijo, que fuesen una cosa con el Padre y con El, como Jesucristo nuestro Se\u00f1or est\u00e1 en el Padre y el Padre en El.<\/p>\n<p>10. \u00a1No s\u00e9 qu\u00e9 mayor amor puede ser que \u00e9ste! Y no dejamos de entrar aqu\u00ed todos, porque as\u00ed dijo Su Majestad: No s\u00f3lo ruego por ellos, sino por todos aquellos que han de creer en mi tambi\u00e9n, y dice: Yo estoy en ellos.<\/p>\n<p>\u00a1Oh, v\u00e1lgame Dios, qu\u00e9 palabras tan verdaderas!, y \u00a1c\u00f3mo las entiende el alma, que en esta oraci\u00f3n lo ve por s\u00ed! Y \u00a1c\u00f3mo lo entender\u00edamos todas si no fuese por nuestra culpa, pues las palabras de Jesucristo nuestro Rey y Se\u00f1or no pueden faltar! Mas como faltamos en no disponernos y desviarnos de todo lo que puede embarazar esta luz, no nos vemos en este espejo que contemplamos, adonde nuestra imagen est\u00e1 esculpida.<\/p>\n<p>11. Pues tornando a lo que dec\u00edamos, en metiendo el Se\u00f1or al alma en esta morada suya, que es el centro de la misma alma, as\u00ed como dicen que el cielo emp\u00edreo, adonde est\u00e1 nuestro Se\u00f1or, no se mueve como los dem\u00e1s, as\u00ed parece no hay los movimientos en esta alma, en entrando aqu\u00ed, que suele haber en las potencias e imaginaci\u00f3n, de manera que la perjudiquen ni la quiten su paz.<\/p>\n<p>12. Parece que quiero decir que llegando el alma a hacerla Dios esta merced, est\u00e1 segura de su salvaci\u00f3n y de tornar a caer. No digo tal, y en cuantas partes tratare de esta manera, que parece est\u00e1 el alma en seguridad, se entienda mientras la divina Majestad la tuviere as\u00ed de su mano y ella no le ofendiere. Al menos s\u00e9 cierto que, aunque se ve en este estado y le ha durado a\u00f1os, que no se tiene por segura, sino que anda con mucho m\u00e1s temor que antes en guardarse de cualquier peque\u00f1a ofensa de Dios y con tan grandes deseos de servirle como se dir\u00e1 adelante, y con ordinaria pena y confusi\u00f3n de verlo poco que puede hacer y lo mucho a que est\u00e1 obligada, que no es peque\u00f1a cruz, sino harto gran penitencia, porque el hacer penitencia esta alma, mientras m\u00e1s grande, le es mayor deleite. La verdadera penitencia es cuando le quita Dios la salud para poderla hacer y fuerzas; que aunque en otra parte he dicho la gran pena que esto da, es muy mayor aqu\u00ed, y todo le debe venir de la ra\u00edz adonde est\u00e1 plantada; que as\u00ed como el \u00e1rbol que est\u00e1 cabe las corrientes de las aguas est\u00e1 m\u00e1s fresco y da m\u00e1s fruto, \u00bfqu\u00e9 hay que maravillar de deseos que tenga esta alma, pues el verdadero esp\u00edritu de ella est\u00e1 hecho uno con el agua celestial que dijimos?<\/p>\n<p>13. Pues, tornando a lo que dec\u00eda, no se entienda que las potencias y sentidos y pasiones est\u00e1n siempre en esta paz; el alma s\u00ed; mas en estotras moradas no deja de haber tiempos de guerra y de trabajos y fatigas; mas son de manera que no se quita de su paz y puesto: esto es lo ordinario.<\/p>\n<p>14. Este centro de nuestra alma, o este esp\u00edritu, es una cosa tan dificultosa de decir y aun de creer, que pienso, hermanas, por no me saber dar a entender, no os d\u00e9 alguna tentaci\u00f3n de no creer lo que digo; porque decir que hay trabajos y penas, y que el alma se est\u00e1 en paz, es cosa dificultosa. Qui\u00e9roos poner una comparaci\u00f3n o dos. Plega a Dios que sean tales que diga algo; mas si no lo fuere, yo s\u00e9 que digo verdad en lo dicho.<\/p>\n<p>Est\u00e1 el Rey en su palacio, y hay muchas guerras en su reino y muchas cosas penosas, mas no por eso deja de estarse en su puesto; as\u00ed ac\u00e1, aunque en estotras moradas anden muchas bara\u00fandas y fieras ponzo\u00f1osas y se oye el ruido, nadie entra en aqu\u00e9lla que la haga quitar de all\u00ed; ni las cosas que oye, aunque le dan alguna pena, no es de manera que la alboroten y quiten la paz, porque las pasiones est\u00e1n ya vencidas, de suerte que han miedo de entrar all\u00ed, porque salen m\u00e1s rendidas.<\/p>\n<p>Du\u00e9lenos todo el cuerpo; mas si la cabeza est\u00e1 sana, no porque duele el cuerpo, doler\u00e1 la cabeza.<\/p>\n<p>Ri\u00e9ndome estoy de estas comparaciones, que no me contentan, mas no s\u00e9 otras. Pensad lo que quisiereis; ello es verdad lo que he dicho.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M73\"><\/a>Cap\u00edtulo 3<\/strong><br \/>\nTrata los grandes efectos que causa esta oraci\u00f3n dicha. &#8211; Es menester ir con atenci\u00f3n y acuerdo de los que hacen las cosas pasadas, que es cosa admirable la diferencia que hay.<\/p>\n<p>1. Ahora, pues, decimos que esta mariposica ya muri\u00f3, con grand\u00edsima alegr\u00eda de haber hallado reposo, y que vive en ella Cristo. Veamos qu\u00e9 vida hace, o qu\u00e9 diferencia hay de cuando ella viv\u00eda; porque en los efectos veremos si es verdadero lo que queda dicho. A lo que puedo entender, son los que dir\u00e9:<\/p>\n<p>El primero un olvido de s\u00ed, que verdaderamente parece ya no es, como queda dicho; porque toda est\u00e1 de tal manera que no se conoce ni se acuerda que para ella ha de haber cielo ni vida ni honra, porque toda est\u00e1 empleada en procurar la de Dios, que parece que las palabras que le dijo Su Majestad hicieron efecto de obra, que fue que mirase por sus cosas, que El mirar\u00eda por las suyas. Y as\u00ed, de todo lo que puede suceder no tiene cuidado, sino un extra\u00f1o olvido, que -como digo- parece ya no es ni querr\u00eda ser en nada nada, si no es para cuando entiende que puede haber por su parte algo en que acreciente un punto la gloria y honra de Dios, que por esto pondr\u00eda muy de buena gana su vida.<\/p>\n<p>No entend\u00e1is por esto, hijas, que deja de tener cuenta con comer y dormir, que no le es poco tormento, y hacer todo lo que est\u00e1 obligada conforme a su estado; que hablamos en cosas interiores, que de obras exteriores poco hay que decir, que antes \u00e9sa es su pena ver que es nada lo que ya pueden sus fuerzas. En todo lo que puede y entiende que es servicio de nuestro Se\u00f1or, no lo dejar\u00eda de hacer por cosa de la tierra.<\/p>\n<p>2. Lo segundo un deseo de padecer grande, mas no de manera que la inquiete como sol\u00eda; porque es en tanto extremo el deseo que queda en estas almas de que se haga la voluntad de Dios en ellas, que todo lo que Su Majestad hace tienen por bueno: si quisiere que padezca, enhorabuena; si no, no se mata como sol\u00eda.<\/p>\n<p>3. Tienen tambi\u00e9n estas almas un gran gozo interior cuando son perseguidas, con mucha m\u00e1s paz que lo que queda dicho, y sin ninguna enemistad con los que las hacen mal o desean hacer; antes les cobran amor particular, de manera que si los ven en alg\u00fan trabajo lo sienten tiernamente, y cualquiera tomar\u00edan por librarlos de \u00e9l, y encomi\u00e9ndanlos a Dios muy de gana, y de las mercedes que les hace Su Majestad holgar\u00edan perder por que se las hiciese a ellos, porque no ofendiesen a nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n<p>4. Lo que m\u00e1s me espanta de todo, es que ya hab\u00e9is visto los trabajos y aflicciones que han tenido por morirse, por gozar de nuestro Se\u00f1or; ahora es tan grande el deseo que tienen de servirle y que por ellas sea alabado, y de aprovechar alg\u00fan alma si pudiesen, que no s\u00f3lo no desean morirse, mas vivir muy muchos a\u00f1os padeciendo grand\u00edsimos trabajos, por si pudiesen que fuese el Se\u00f1or alabado por ellos, aunque fuese en cosa muy poca. Y si supiesen cierto que en saliendo el alma del cuerpo ha de gozar de Dios, no les hace al caso, ni pensar en la gloria que tienen los santos; no desean por entonces verse en ella: su gloria tienen puesta en si pudiesen ayudar en algo al Crucificado, en especial cuando ven que es tan ofendido, y los pocos que hay que de veras miren por su honra, desasidos de todo lo dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Verdad es que algunas veces que se olvida de esto tornan con ternura los deseos de gozar de Dios y desear salir de este destierro, en especial viendo lo poco que le sirve; mas luego torna y mira en s\u00ed misma con la continuanza que le tiene consigo, y con aquello se contenta y ofrece a Su Majestad el querer vivir, como una ofrenda la m\u00e1s costosa para ella que le puede dar.<\/p>\n<p>5. Temor ninguno tiene de la muerte, m\u00e1s que tendr\u00eda de un suave arrobamiento. El caso es que el que daba aquellos deseos con tormento tan excesivo, da ahora estotros. Sea por siempre bendito y alabado.<\/p>\n<p>6. El fin es que los deseos de estas almas no son ya de regalos ni de gustos, como tienen consigo al mismo Se\u00f1or, y Su Majestad es el que ahora vive. Claro est\u00e1 que su vida no fue sino continuo tormento, y as\u00ed hace que sea la nuestra, al menos con los deseos, que nos lleva como a flacos en lo dem\u00e1s; aunque bien les cabe de su fortaleza cuando ve que la han menester.<\/p>\n<p>7. Un desasimiento grande de todo y deseo de estar siempre o solas u ocupadas en cosa que sea provecho de alg\u00fan alma.<\/p>\n<p>8. No sequedades ni trabajos interiores, sino con una memoria y ternura con nuestro Se\u00f1or, que nunca querr\u00eda estar sino d\u00e1ndole alabanzas; y cuando se descuida, el mismo Se\u00f1or la despierta de la manera que queda dicho, que se ve clar\u00edsimamente que procede aquel impulso, o no s\u00e9 c\u00f3mo le llame, de lo interior del alma, como se dijo de los \u00edmpetus. Ac\u00e1 es con gran suavidad, mas ni procede del pensamiento, ni de la memoria, ni cosa que se pueda entender que el alma hizo nada de su parte. Esto es tan ordinario y tantas veces -que se ha mirado bien con advertencia-, que as\u00ed como un fuego no echa la llama hacia abajo, sino hacia arriba, por grande que quieran encender el fuego, as\u00ed se entiende ac\u00e1 que este movimiento interior procede del centro del alma y despierta las potencias.<\/p>\n<p>9. Por cierto, cuando no hubiera otra cosa de ganancia en este camino de oraci\u00f3n, sino entender el particular cuidado que Dios tiene de comunicarse con nosotros y andarnos rogando -que no parece esto otra cosa- que nos estemos con El, me parece eran bien empleados cuantos trabajos se pasan por gozar de estos toques de su amor, tan suaves y penetrativos.<\/p>\n<p>Esto habr\u00e9is, hermanas, experimentado; porque pienso, en llegando a tener oraci\u00f3n de uni\u00f3n, anda el Se\u00f1or con este cuidado, si nosotros no nos descuidamos de guardar sus mandamientos. Cuando esto os acaeciere, acordaos que es de esta morada interior, adonde est\u00e1 Dios en nuestra alma, y alabadle mucho; porque, cierto, es suyo aquel recaudo o billete escrito con tanto amor, y de manera que s\u00f3lo vos quiere entend\u00e1is aquella letra y lo que por ella os pide, y en ninguna manera dej\u00e9is de responder a Su Majestad, aunque est\u00e9is ocupadas exteriormente y en conversaci\u00f3n con algunas personas; porque acaecer\u00e1 muchas veces en p\u00fablico querer nuestro Se\u00f1or haceros esta secreta merced, y es muy f\u00e1cil &#8211; como ha de ser la respuesta interior- hacer lo que digo haciendo un acto de amor, o decir lo que San Pablo: \u00bfqu\u00e9 quer\u00e9is, Se\u00f1or, que haga? de muchas maneras os ense\u00f1ar\u00e1 all\u00ed con qu\u00e9 le agrad\u00e9is y es tiempo acepto; porque parece se entiende que nos oye, y casi siempre dispone el alma este toque tan delicado para poder hacer lo que queda dicho con voluntad determinada.<\/p>\n<p>10. La diferencia que hay aqu\u00ed en esta morada es lo dicho: que casi nunca hay sequedad ni alborotos interiores de los que hab\u00eda en todas las otras a tiempos, sino que est\u00e1 el alma en quietud casi siempre; el no temer que esta merced tan subida puede contrahacer el demonio, sino estar en un ser con seguridad que es Dios; porque -como est\u00e1 dicho- no tienen que ver aqu\u00ed los sentidos ni potencias, que se descubri\u00f3 Su Majestad al alma y la meti\u00f3 consigo adonde, a mi parecer, no osar\u00e1 entrar el demonio ni le dejar\u00e1 el Se\u00f1or; ni todas las mercedes que hace aqu\u00ed al alma -como he dicho- son con ning\u00fan ayuda de la misma alma, sino la que ya ella ha hecho de entregarse toda a Dios.<\/p>\n<p>11. Pasa con tanta quietud y tan sin ruido todo lo que el Se\u00f1or aprovecha aqu\u00ed al alma y la ense\u00f1a, que me parece es como en la edificaci\u00f3n del templo de Salom\u00f3n, adonde no se hab\u00eda de o\u00edr ning\u00fan ruido; as\u00ed en este templo de Dios, en esta morada suya, s\u00f3lo El y el alma se gozan con grand\u00edsimo silencio. No hay para qu\u00e9 bullir ni buscar nada el entendimiento, que el Se\u00f1or que le crio le quiere sosegar aqu\u00ed, y que por una resquicia peque\u00f1a mire lo que pasa; porque aunque a tiempos se pierde esta vista y no le dejan mirar, es poqu\u00edsimo intervalo; porque, a mi parecer, aqu\u00ed no se pierden las potencias, mas no obran, sino est\u00e1n como espantadas.<\/p>\n<p>12. Yo lo estoy de ver que en llegando aqu\u00ed el alma todos los arrobamientos se le quitan, si no es alguna vez, el quitarse llama aqu\u00ed cuanto a perder los sentidos), y \u00e9sta no con aquellos arrebatamientos y vuelo de esp\u00edritu, y son muy raras veces y \u00e9sas casi siempre no en p\u00fablico como antes, que era muy ordinario; ni le hacen al caso grandes ocasiones de devoci\u00f3n que vea, como antes, que si ven una imagen devota u oyen un serm\u00f3n -que casi no era o\u00edrle- o m\u00fasica, como la pobre mariposilla andaba tan ansiosa, todo la espantaba y hac\u00eda volar. Ahora, o es que hall\u00f3 su reposo, o que el alma ha visto tanto en esta morada que no se espanta de nada, o que no se halla con aquella soledad que sol\u00eda, pues goza de tal compa\u00f1\u00eda; en fin, hermanas, yo no s\u00e9 qu\u00e9 sea la causa, que en comenzando el Se\u00f1or a mostrar lo que hay en esta morada y metiendo el alma all\u00ed, se les quita esta gran flaqueza que les era harto trabajo, y antes no se quit\u00f3. Quiz\u00e1 es que la ha fortalecido el Se\u00f1or y ensanchado y habilitado; o pudo ser que quer\u00eda dar a entender en p\u00fablico lo que hac\u00eda con estas almas en secreto, por algunos fines que Su Majestad sabe, que sus juicios son sobre todo lo que ac\u00e1 podemos imaginar.<\/p>\n<p>13. Estos efectos, con todos los dem\u00e1s que hemos dicho que sean buenos en los grados de oraci\u00f3n que quedan dichos, da Dios cuando llega el alma a S\u00ed, con este \u00f3sculo que ped\u00eda la Esposa, que yo entiendo aqu\u00ed se le cumple esta petici\u00f3n. Aqu\u00ed se dan las aguas a esta cierva, que va herida, en abundancia. Aqu\u00ed se deleita en el tabern\u00e1culo de Dios. Aqu\u00ed halla la paloma que envi\u00f3 No\u00e9 a ver si era acabada la tempestad, la oliva, por se\u00f1al que ha hallado tierra firme dentro en las aguas y tempestades de este mundo. \u00a1Oh Jes\u00fas! Y \u00a1qui\u00e9n supiera las muchas cosas de la Escritura que debe haber para dar a entender esta paz del alma! Dios m\u00edo, pues veis lo que nos importa, haced que quieran los cristianos buscarla, y a los que la hab\u00e9is dado, no se le quit\u00e9is, por vuestra misericordia; que, en fin, hasta que les deis la verdadera, y las llev\u00e9is adonde no se puede acabar, siempre se ha de vivir con temor. Digo la verdadera, no porque entienda \u00e9sta no lo es, sino porque se podr\u00eda tornar la guerra primera, si nosotros nos apart\u00e1semos de Dios.<\/p>\n<p>14. Mas \u00bfqu\u00e9 sentir\u00e1n estas almas de ver que podr\u00edan carecer de tan gran bien? Esto les hace andar m\u00e1s cuidadosas y procurar sacar fuerzas de su flaqueza, para no dejar cosa que se les pueda ofrecer, para m\u00e1s agradar a Dios, por culpa suya. Mientras m\u00e1s favorecidas de Su Majestad, andan m\u00e1s acobardadas y temerosas de s\u00ed. Y como en estas grandezas suyas han conocido m\u00e1s sus miserias y se les hacen m\u00e1s graves sus pecados, andan muchas veces que no osan alzar los ojos, como el publicano; otras con deseos de acabar la vida por verse en seguridad, aunque luego tornan, con el amor que le tienen, a querer vivir para servirle -como queda dicho- y f\u00edan todo lo que les toca de su misericordia. Algunas veces las muchas mercedes las hacen andar m\u00e1s aniquiladas, que temen que, como una nao que va muy demasiado de cargada se va a lo hondo, no les acaezca as\u00ed.<\/p>\n<p>15. Yo os digo, hermanas, que no les falta cruz, salvo que no las inquieta ni hace perder la paz, sino pasan de presto, como una ola, algunas tempestades, y torna bonanza; que la presencia que traen del Se\u00f1or les hace que luego se les olvide todo. Sea por siempre bendito y alabado de todas sus criaturas, am\u00e9n.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"M74\"><\/a>Cap\u00edtulo 4<\/strong><br \/>\nCon que acaba, dando a entender lo que le parece pretende nuestro Se\u00f1or en hacer tan grandes mercedes al alma, y c\u00f3mo es necesario que anden juntas Marta y Mar\u00eda. &#8211; Es muy provechoso.<\/p>\n<p>1. No hab\u00e9is de entender, hermanas, que siempre en un ser est\u00e1n estos efectos que he dicho en estas almas, que por eso adonde se me acuerda digo \u00ablo ordinario\u00bb; que algunas veces las deja nuestro Se\u00f1or en su natural, y no parece sino que entonces se juntan todas las cosas ponzo\u00f1osas del arrabal y moradas de este castillo para vengarse de ellas por el tiempo que no las pueden haber a las manos.<\/p>\n<p>Verdad es que dura poco: un d\u00eda lo m\u00e1s, o poco m\u00e1s; y en este gran alboroto, que procede lo ordinario de alguna ocasi\u00f3n, se ve lo que gana el alma en la buena compa\u00f1\u00eda que est\u00e1, porque la da el Se\u00f1or una gran entereza para no torcer en nada de su servicio y buenas determinaciones, sino que parece le crecen, y por un primer movimiento muy peque\u00f1o no tuercen de esta determinaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. Como digo, es pocas veces, sino que quiere nuestro Se\u00f1or que no pierda la memoria de su ser, para que siempre est\u00e9 humilde, lo uno; lo otro, porque entienda m\u00e1s lo que debe a Su Majestad y la grandeza de la merced que recibe, y le alabe.<\/p>\n<p>3. Tampoco os pase por pensamiento que por tener estas almas tan grandes deseos y determinaci\u00f3n de no hacer una imperfecci\u00f3n por cosa de la tierra, dejan de hacer muchas, y aun pecados. De advertencia no, que las debe el Se\u00f1or a estas tales dar muy particular ayuda para esto. Digo pecados veniales, que de los mortales, que ellas entiendan, est\u00e1n libres, aunque no seguras; que tendr\u00e1n algunos que no entienden, que no les ser\u00e1 peque\u00f1o tormento. Tambi\u00e9n se le dan las almas que ven que se pierden; y aunque en alguna manera tienen gran esperanza que no ser\u00e1n de ellas, cuando se acuerdan de algunos que dice la Escritura que parec\u00eda eran favorecidos del Se\u00f1or, como un Salom\u00f3n, que tanto comunic\u00f3 con Su Majestad, no pueden dejar de temer, como tengo dicho; y la que se viere de vosotras con mayor seguridad en s\u00ed, \u00e9sa tema m\u00e1s, porque bienaventurado el var\u00f3n que teme a Dios, dice David. Su Majestad nos ampare siempre; suplic\u00e1rselo para que no le ofendamos es la mayor seguridad que podemos tener. Sea por siempre alabado, am\u00e9n.<\/p>\n<p>4. Bien ser\u00e1, hermanas, deciros qu\u00e9 es el fin para que hace el Se\u00f1or tantas mercedes en este mundo. Aunque en los efectos de ellas lo habr\u00e9is entendido, si advertisteis en ello, os lo quiero tornar a decir aqu\u00ed, porque no piense alguna que es para s\u00f3lo regalar estas almas, que ser\u00eda grande yerro; porque no nos puede Su Majestad hacer mayor, que es darnos vida que sea imitando a la que vivi\u00f3 su Hijo tan amado; y as\u00ed tengo yo por cierto que son estas mercedes para fortalecer nuestra flaqueza -como aqu\u00ed he dicho alguna vez- para poderle imitar en el mucho padecer.<\/p>\n<p>5. Siempre hemos visto que los que m\u00e1s cercanos anduvieron a Cristo nuestro Se\u00f1or fueron los de mayores trabajos: miremos los que pas\u00f3 su gloriosa Madre y los gloriosos ap\u00f3stoles. \u00bfC\u00f3mo pens\u00e1is que pudiera sufrir San Pablo tan grand\u00edsimos trabajos? Por \u00e9l podemos ver qu\u00e9 efectos hacen las verdaderas visiones y contemplaci\u00f3n, cuando es de nuestro Se\u00f1or y no imaginaci\u00f3n o enga\u00f1o del demonio. \u00bfPor ventura escondi\u00f3se con ellas para gozar de aquellos regalos y no entender en otra cosa? Ya lo veis, que no tuvo d\u00eda de descanso, a lo que podemos entender, y tampoco le deb\u00eda tener de noche, pues en ella ganaba lo que hab\u00eda de comer. Gusto yo mucho de San Pedro cuando iba huyendo de la c\u00e1rcel y le apareci\u00f3 nuestro Se\u00f1or y le dijo que iba a Roma a ser crucificado otra vez. Ninguna rezamos esta fiesta adonde esto est\u00e1, que no me es particular consuelo. \u00bfC\u00f3mo qued\u00f3 San Pedro de esta merced del Se\u00f1or, o qu\u00e9 hizo? Irse luego a la muerte; y no es poca misericordia del Se\u00f1or hallar quien se la d\u00e9.<\/p>\n<p>6. \u00a1Oh hermanas m\u00edas, qu\u00e9 olvidado debe tener su descanso, y qu\u00e9 poco se le debe de dar de honra, y qu\u00e9 fuera debe estar de querer ser tenida en nada el alma adonde est\u00e1 el Se\u00f1or tan particularmente! Porque si ella est\u00e1 mucho con El, como es raz\u00f3n, poco se debe de acordar de s\u00ed; toda la memoria se le va en c\u00f3mo m\u00e1s contentarle, y en qu\u00e9 o por d\u00f3nde mostrar\u00e1 el amor que le tiene. Para esto es la oraci\u00f3n, hijas m\u00edas; de esto sirve este matrimonio espiritual: de que nazcan siempre obras, obras.<\/p>\n<p>7. Esta es la verdadera muestra de ser cosa y merced hecha de Dios -como ya os he dicho-, porque poco me aprovecha estarme muy recogida a solas haciendo actos con nuestro Se\u00f1or, proponiendo y prometiendo de hacer maravillas por su servicio, si en saliendo de all\u00ed, que se ofrece la ocasi\u00f3n, lo hago todo al rev\u00e9s.<\/p>\n<p>8. Mal dije que aprovechar\u00e1 poco, que todo lo que se est\u00e1 con Dios aprovecha mucho; y estas determinaciones, aunque seamos flacos en no las cumplir despu\u00e9s, alguna vez, nos dar\u00e1 Su Majestad c\u00f3mo lo hagamos, y aun quiz\u00e1 aunque nos pese, como acaece muchas veces: que, como ve un alma muy cobarde, dale un muy gran trabajo, bien contra su voluntad, y s\u00e1cala con ganancia; y despu\u00e9s, como esto entiende el alma, queda m\u00e1s perdido el miedo, para ofrecerse m\u00e1s a El. Quise decir que es poco, en comparaci\u00f3n de lo mucho m\u00e1s que es que conformen las obras con los actos y palabras, y que la que no pudiere por junto, sea poco a poco; vaya doblando su voluntad, si quiere que le aproveche la oraci\u00f3n: que dentro de estos rincones no faltar\u00e1n hartas ocasiones en que lo pod\u00e1is hacer.<\/p>\n<p>9. Mirad que importa esto mucho m\u00e1s que yo os sabr\u00e9 encarecer. Poned los ojos en el Crucificado y har\u00e1seos todo poco. Si Su Majestad nos mostr\u00f3 el amor con tan espantables obras y tormentos, \u00bfc\u00f3mo quer\u00e9is contentarle con s\u00f3lo palabras? \u00bfSab\u00e9is qu\u00e9 es ser espirituales de veras? Hacerse esclavos de Dios, a quien, se\u00f1alados con su hierro que es el de la cruz, porque ya ellos le han dado su libertad, los pueda vender por esclavos de todo el mundo, como El lo fue; que no les hace ning\u00fan agravio ni peque\u00f1a merced. Y si a esto no se determinan, no hayan miedo que aprovechen mucho, porque todo este edificio -como he dicho- es su cimiento humildad; y si no hay \u00e9sta muy de veras, aun por vuestro bien no querr\u00e1 el Se\u00f1or subirle muy alto, porque no d\u00e9 todo en el suelo. As\u00ed que, hermanas, para que lleve buenos cimientos, procurad ser la menor de todas y esclava suya, mirando c\u00f3mo o por d\u00f3nde las pod\u00e9is hacer placer y servir; pues lo que hiciereis en este caso, hac\u00e9is m\u00e1s por vos que por ellas, poniendo piedras tan firmes, que no se os caiga el castillo.<\/p>\n<p>10. Torno a decir, que para esto es menester no poner vuestro fundamento s\u00f3lo en rezar y contemplar; porque, si no procur\u00e1is virtudes y hay ejercicio de ellas, siempre os quedar\u00e9is enanas; y aun plega a Dios que sea s\u00f3lo no crecer, porque ya sab\u00e9is que quien no crece, descrece; porque el amor tengo por imposible contentarse de estar en un ser, adonde le hay.<\/p>\n<p>11. Pareceros ha que hablo con los que comienzan, y que despu\u00e9s pueden ya descansar. Ya os he dicho que el sosiego que tienen estas almas en lo interior, es para tenerle muy menos, ni querer tenerle, en lo exterior. \u00bfPara qu\u00e9 pens\u00e1is que son aquellas inspiraciones que he dicho, o por mejor decir aspiraciones, y aquellos recaudos que env\u00eda el alma del centro interior a la gente de arriba del castillo, y a las moradas que est\u00e1n fuera de donde ella est\u00e1? \u00bfEs para que se echen a dormir? \u00a1No, no, no!, que m\u00e1s guerra les hace desde all\u00ed, para que no est\u00e9n ociosas potencias y sentidos y todo lo corporal, que les ha hecho cuando andaba con ellos padeciendo; porque entonces no entend\u00eda la ganancia tan grande que son los trabajos, que por ventura han sido medios para traerla Dios all\u00ed, y c\u00f3mo la compa\u00f1\u00eda que tiene le da fuerzas muy mayores que nunca. Porque si ac\u00e1 dice David que con los santos seremos santos, no hay que dudar, sino que, estando hecha una cosa con el Fuerte por la uni\u00f3n tan soberana de esp\u00edritu con esp\u00edritu, se le ha de pegar fortaleza, y as\u00ed veremos la que han tenido los santos para padecer y morir.<\/p>\n<p>12. Es muy cierto que aun de la que ella all\u00ed se le pega, acude a todos los que est\u00e1n en el castillo, y aun al mismo cuerpo, que parece muchas veces no se siente; sino, esforzado con el esfuerzo que tiene el alma bebiendo del vino de esta bodega, adonde la ha tra\u00eddo su Esposo y no la deja salir, redunda en el flaco cuerpo, como ac\u00e1 el manjar que se pone en el est\u00f3mago da fuerza a la cabeza y a todo \u00e9l. Y as\u00ed tiene harta malaventura mientras vive; porque, por mucho que haga, es mucho m\u00e1s la fuerza interior y la guerra que se le da, que todo le parece nonada.<\/p>\n<p>13. De aqu\u00ed deb\u00edan venir las grandes penitencias que hicieron muchos santos, en especial la gloriosa Magdalena, criada siempre en tanto regalo, y aquella hambre que tuvo nuestro padre El\u00edas de la honra de su Dios y tuvo Santo Domingo y San Francisco de allegar almas para que fuese alabado; que yo os digo que no deb\u00edan pasar poco, olvidados de s\u00ed mismos.<\/p>\n<p>14. Esto quiero yo, mis hermanas, que procuremos alcanzar, y no para gozar, sino para tener estas fuerzas para servir: deseemos y nos ocupemos en la oraci\u00f3n; no queramos ir por camino no andado, que nos perderemos al mejor tiempo; y ser\u00eda bien nuevo pensar tener estas mercedes de Dios por otro que el que El fue y han ido todos sus santos; no nos pase por pensamiento; creedme, que Marta y Mar\u00eda han de andar juntas para hospedar al Se\u00f1or y tenerle siempre consigo, y no le hacer mal hospedaje no le dando de comer. \u00bfC\u00f3mo se lo diera Mar\u00eda, sentada siempre a sus pies, si su hermana no le ayudara? Su manjar es que de todas las maneras que pudi\u00e9remos lleguemos almas para que se salven y siempre le alaben.<\/p>\n<p>15. Decirme heis dos cosas: la una, que dijo que Mar\u00eda hab\u00eda escogido la mejor parte. Y es que ya hab\u00eda hecho el oficio de Marta, regalando al Se\u00f1or en lavarle los pies y limpiarlos con sus cabellos, y \u00bfpens\u00e1is que le ser\u00eda poca mortificaci\u00f3n a una se\u00f1ora como ella era, irse por esas calles, y por ventura sola, porque no llevaba hervor para entender c\u00f3mo iba, y entrar adonde nunca hab\u00eda entrado, y despu\u00e9s sufrir la murmuraci\u00f3n del fariseo y otras muy muchas que deb\u00eda sufrir? Porque ver en el pueblo una mujer como ella hacer tanta mudanza, y como sabemos, entre tan mala gente, que bastaba ver que ten\u00eda amistad con el Se\u00f1or, a quien ellos ten\u00edan tan aborrecido, para traer a la memoria la vida que hab\u00eda hecho, y que se quer\u00eda ahora hacer santa, porque est\u00e1 claro que luego mudar\u00eda vestido y todo lo dem\u00e1s; pues ahora se dice a personas, que no son tan nombradas, \u00bfqu\u00e9 ser\u00eda entonces? Yo os digo, hermanas, que ven\u00eda \u00abla mejor parte\u00bb sobre hartos trabajos y mortificaci\u00f3n, que aunque no fuera sino ver a su Maestro tan aborrecido, era intolerable trabajo. Pues los muchos que despu\u00e9s pas\u00f3 en la muerte del Se\u00f1or y en los a\u00f1os que vivi\u00f3, en verse ausente de El, que ser\u00edan de terrible tormento, se ver\u00e1 que no estaba siempre con regalo de contemplaci\u00f3n a los pies del Se\u00f1or. Tengo para m\u00ed que el no haber recibido martirio fue por haberle pasado en ver morir al Se\u00f1or.<\/p>\n<p>16. La otra, que no pod\u00e9is vosotras, ni ten\u00e9is c\u00f3mo allegar almas a Dios; que lo har\u00edais de buena gana, mas que no habiendo de ense\u00f1ar ni de predicar, como hac\u00edan los ap\u00f3stoles, que no sab\u00e9is c\u00f3mo. A esto he respondido por escrito algunas veces, y aun no s\u00e9 si en este Castillo; mas porque es cosa que creo os pasa por pensamiento, con los deseos que os da el Se\u00f1or, no dejar\u00e9 de decirlo aqu\u00ed.<\/p>\n<p>17. Ya os dije en otra parte que algunas veces nos pone el demonio deseos grandes, porque no echemos mano de lo que tenemos a mano para servir a nuestro Se\u00f1or en cosas posibles, y quedemos contentas con haber deseado las imposibles. Dejado que en la oraci\u00f3n ayudar\u00e9is mucho, no quer\u00e1is aprovechar a todo el mundo, sino a las que est\u00e1n en vuestra compa\u00f1\u00eda, y as\u00ed ser\u00e1 mayor la obra, porque est\u00e1is a ellas m\u00e1s obligada. \u00bfPens\u00e1is que es poca ganancia que sea vuestra humildad tan grande, y mortificaci\u00f3n, y el servir a todas, y una gran caridad con ellas, y un amor del Se\u00f1or, que ese fuego las encienda a todas, y con las dem\u00e1s virtudes siempre las and\u00e9is despertando? No ser\u00e1 sino mucha, y muy agradable servicio al Se\u00f1or, y con esto que pon\u00e9is por obra -que pod\u00e9is-, entender\u00e1 Su Majestad que har\u00edais mucho m\u00e1s; y as\u00ed os dar\u00e1 premio como si le ganaseis muchas.<\/p>\n<p>18. Dir\u00e9is que esto no es convertir, porque todas son buenas. \u00bfQui\u00e9n os mete en eso? Mientras fueren mejores, m\u00e1s agradables ser\u00e1n sus alabanzas al Se\u00f1or y m\u00e1s aprovechar\u00e1 su oraci\u00f3n a los pr\u00f3jimos.<\/p>\n<p>En fin, hermanas m\u00edas, con lo que concluyo es, que no hagamos torres sin fundamento, que el Se\u00f1or no mira tanto la grandeza de las obras como el amor con que se hacen; y como hagamos lo que pudi\u00e9remos, har\u00e1 Su Majestad que vayamos pudiendo cada d\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s, como no nos cansemos luego, sino que lo poco que dura esta vida -y quiz\u00e1 ser\u00e1 m\u00e1s poco de lo que cada una piensa- interior y exteriormente ofrezcamos al Se\u00f1or el sacrificio que pudi\u00e9remos, que Su Majestad le juntar\u00e1 con el que hizo en la cruz por nosotras al Padre, para que tenga el valor que nuestra voluntad hubiere merecido, aunque sean peque\u00f1as las obras.<\/p>\n<p>19. Plega a Su Majestad, hermanas e hijas m\u00edas, que nos veamos todas adonde siempre le alabemos, y me d\u00e9 gracia para que yo obre algo de lo que os digo, por los m\u00e9ritos de su Hijo, que vive y reina por siempre jam\u00e1s am\u00e9n; que yo os digo que es harta confusi\u00f3n m\u00eda, y as\u00ed os pido por el mismo Se\u00f1or que no olvid\u00e9is en vuestras oraciones esta pobre miserable.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong><a id=\"MEpi\"><\/a>Ep\u00edlogo<\/strong><\/p>\n<p>JHS<\/p>\n<p>20. Aunque cuando comenc\u00e9 a escribir esto que aqu\u00ed va fue con la contradicci\u00f3n que al principio digo, despu\u00e9s de acabado me ha dado mucho contento y doy por bien empleado el trabajo, aunque confieso que ha sido harto poco. Considerando el mucho encerramiento y pocas cosas de entretenimiento que ten\u00e9is, mis hermanas, y no casas tan bastantes como conviene en algunos monasterios de los vuestros, me parece os ser\u00e1 consuelo deleitaros en este castillo interior, pues sin licencia de las superioras pod\u00e9is entrar y pasearos por \u00e9l a cualquier hora.<\/p>\n<p>21. Verdad es que no en todas las moradas podr\u00e9is entrar por vuestras fuerzas, aunque os parezca las ten\u00e9is grandes, si no os mete el mismo Se\u00f1or del castillo. Por eso os aviso, que ninguna fuerza pong\u00e1is, si hallareis resistencia alguna, porque le enojar\u00e9is de manera, que nunca os deje entrar en ellas. Es muy amigo de humildad. Con teneros por tales que no merec\u00e9is a\u00fan entrar en las terceras, le ganar\u00e9is m\u00e1s presto la voluntad para llegar a las quintas; y de tal manera le pod\u00e9is servir desde all\u00ed, continuando a ir muchas veces a ellas, que os meta en la misma morada que tiene para S\u00ed, de donde no salg\u00e1is m\u00e1s, si no fuereis llamada de la priora cuya voluntad quiere tanto este gran Se\u00f1or que cumpl\u00e1is como la suya misma; y aunque mucho est\u00e9is fuera por su mandado, siempre cuando tornareis, os tendr\u00e1 la puerta abierta. Una vez mostradas a gozar de este castillo, en todas las cosas hallar\u00e9is descanso, aunque sean de mucho trabajo, con esperanza de tornar a \u00e9l, y que no os lo puede quitar nadie.<\/p>\n<p>22. Aunque no se trata de m\u00e1s de siete moradas, en cada una de \u00e9stas hay muchas: en lo bajo y alto y a los lados, con lindos jardines y fuentes y laberintos y cosas tan deleitosas, que desear\u00e9is deshaceros en alabanzas del gran Dios, que lo cri\u00f3 a su imagen y semejanza.<\/p>\n<p>23 Si algo hallareis bueno en la orden de daros noticia de \u00e9l, creed verdaderamente que lo dijo Su Majestad por daros a vosotras contento, y lo malo que hallareis, es dicho de m\u00ed.<\/p>\n<p>24. Por el gran deseo que tengo de ser alguna parte para ayudaros a servir a este mi Dios y Se\u00f1or, os pido que en mi nombre, cada vez que leyereis aqu\u00ed, alab\u00e9is mucho a Su Majestad y le pid\u00e1is el aumento de su Iglesia y luz para los luteranos; y para m\u00ed, que me perdone mis pecados y me saque del purgatorio, que all\u00e1 estar\u00e9 quiz\u00e1, por la misericordia de Dios, cuando esto se os diere a leer si estuviere para que se vea, despu\u00e9s de visto de letrados. Y si algo estuviere en error, es por m\u00e1s no lo entender, y en todo me sujeto a lo que tiene la santa Iglesia Cat\u00f3lica Romana, que en esto vivo y protesto y prometo vivir y morir.<\/p>\n<p>Sea Dios nuestro Se\u00f1or por siempre alabado y bendito, am\u00e9n, am\u00e9n.<\/p>\n<p>25. Acab\u00f3se esto de escribir en el monasterio de San Jos\u00e9 de \u00c1vila, a\u00f1o de 1577, v\u00edspera de San Andr\u00e9s, para gloria de Dios, que vive y reina por siempre jam\u00e1s, am\u00e9n.<br \/>\n<strong><a href=\"#topM\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00cdndice: Santa Teresa de Jes\u00fas, Moradas del Castillo interior Pr\u00f3logo Moradas primeras \u00a0 Cap\u00edtulo 1 \u00a0 Cap\u00edtulo 2 Moradas segundas \u00a0 Cap\u00edtulo \u00fanico Terceras moradas \u00a0 Cap\u00edtulo 1 \u00a0 Cap\u00edtulo 2 Cuartas moradas \u00a0 Cap\u00edtulo 1 \u00a0 Cap\u00edtulo 2 \u00a0 &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=5315\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[34],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-1nJ","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/5315"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=5315"}],"version-history":[{"count":7,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/5315\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5563,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/5315\/revisions\/5563"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=5315"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=5315"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=5315"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}