{"id":5340,"date":"2022-02-02T00:04:35","date_gmt":"2022-02-02T06:04:35","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=5340"},"modified":"2022-03-17T17:00:33","modified_gmt":"2022-03-17T23:00:33","slug":"el-cielo-en-la-fe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=5340","title":{"rendered":"El Cielo en la fe"},"content":{"rendered":"\n<p style=\"text-align: left;\"><strong><a id=\"topCf\"><\/a>\u00a0<\/strong><br \/><strong>Indice: Santa Isabel de la Trinidad, <em>El Cielo en la fe<\/em><\/strong><br \/><strong><br \/><a href=\"#Cf-101\">D\u00eda primero<\/a><\/strong><br \/><strong>\u00a0 <a href=\"#Cf-101\">Primera oraci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><strong>\u00a0 <a href=\"#Cf-102\">Segunda oraci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><br \/><a href=\"#Cf-201\"><strong>D\u00eda segundo<\/strong><\/a><br \/><strong>\u00a0 <a href=\"#Cf-201\">Primera oraci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><strong>\u00a0 <a href=\"#Cf-202\">Segunda oraci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a href=\"#Cf-301\">D\u00eda tercero<\/a><br \/>\u00a0 <a href=\"#Cf-301\">Primera oraci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><strong>\u00a0<a href=\"#Cf-302\"> Segunda oraci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><br \/><a href=\"#Cf-401\"><strong>D\u00eda cuarto<\/strong><\/a><br \/><strong>\u00a0 <a href=\"#Cf-401\">Primera oraci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><strong>\u00a0 <a href=\"#Cf-402\">Segunda oraci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a href=\"#Cf-501\">D\u00eda quinto<\/a><br \/>\u00a0 <a href=\"#Cf-501\">Primera oraci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><strong>\u00a0 <a href=\"#Cf-501\">Segunda oraci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><br \/><a href=\"#Cf-601\"><strong>D\u00eda sexto<\/strong><\/a><br \/><strong>\u00a0 <a href=\"#Cf-601\">Primera oraci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><strong>\u00a0 <a href=\"#Cf-602\">Segunda oraci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><br \/><a href=\"#Cf-701\"><strong>D\u00eda s\u00e9ptimo<\/strong><\/a><br \/><strong>\u00a0 <a href=\"#Cf-701\">Primera oraci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><strong>\u00a0 <a href=\"#Cf-702\">Segunda oraci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><br \/><a href=\"#Cf-801\"><strong>D\u00eda octavo<\/strong><\/a><br \/><strong>\u00a0<a href=\"#Cf-801\"> Primera oraci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><strong>\u00a0 <a href=\"#Cf-802\">Segunda oraci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a href=\"#Cf-901\">D\u00eda noveno<\/a><br \/>\u00a0 <a href=\"#Cf-901\">Primera oraci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><strong>\u00a0 <a href=\"#Cf-902\">Segunda oraci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><br \/><a href=\"#Cf-1001\"><strong>D\u00eda d\u00e9cimo<\/strong><\/a><br \/><strong>\u00a0<a href=\"#Cf-1001\"> Primera oraci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><strong>\u00a0 <a href=\"#Cf-1002\">Segunda oraci\u00f3n<\/a><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><a id=\"Cf-101\"><\/a>El Cielo en la fe<br \/><br \/><a id=\"Cf-101\"><\/a>D\u00eda primero<\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"Cf-101\"><\/a>Primera oraci\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>1. \u201cPadre, quiero que all\u00ed donde yo estoy est\u00e9n conmigo los que me diste, para que ellos contemplen la gloria que me hab\u00e9is dado, porque me has amado antes de la creaci\u00f3n del mundo\u201d (Jn 17, 24). Tal es la \u00faltima voluntad de Cristo, su plegaria suprema antes de volver al Padre. Quiere que donde est\u00e1 El estemos tambi\u00e9n nosotros, no s\u00f3lo durante la eternidad, sino ya en el tiempo, que es la eternidad comenzada, aunque siempre en constante progreso. Importa, pues, saber d\u00f3nde debemos vivir con El para realizar su sue\u00f1o divino. \u00abEl lugar donde est\u00e1 escondido el Hijo de Dios es el seno del Padre, que es la esencia divina, la cual es ajena a todo ojo mortal y escondida de todo humano entendimiento\u00bb, lo que hizo decir a Isa\u00edas: \u201cVerdaderamente, t\u00fa eres Dios escondido\u201d (Is 45, 15). Y, sin embargo, su voluntad es que nosotros seamos fijados en El, que habitemos donde El habita, en la unidad de amor, que seamos, por decirlo as\u00ed, como su propia sombra.<br \/><br \/>2. Por el bautismo, dice San Pablo, hemos sido injertados en Jesucristo. Y tambi\u00e9n: \u201cDios nos ha hecho sentar en los cielos en Jesucristo para mostrar a los siglos venideros las riquezas de su gracia\u201d (Ef 2, 67). Y m\u00e1s adelante: \u201cVosotros ya no sois hu\u00e9spedes o extranjeros, sino conciudadanos de los santos y de la casa de Dios\u201d (Ef 2, 19). La Trinidad, he ah\u00ed nuestra morada, nuestra \u201ccasa\u201d, la casa paterna, de donde no debemos salir jam\u00e1s. El Maestro lo ha dicho un d\u00eda: \u201cEl esclavo no permanece en casa para siempre, pero el hijo permanece siempre\u201d (San Juan) (Jn 8,35)<br \/><strong><a href=\"#topCf\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"Cf-102\"><\/a>Segunda oraci\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>3. \u00abPermaneced en mi\u00bb (Jn 15, 4). Es el Verbo de Dios quien da esta orden, quien manifiesta esta voluntad. Permaneced en m\u00ed no s\u00f3lo unos instantes, algunas horas pasajeras, sino \u201cpermaneced&#8230;\u201d de un modo permanente, habitual. Permaneced en m\u00ed, orad en m\u00ed, adorad en m\u00ed, amad en m\u00ed, sufrid en m\u00ed, trabajad, obrad en m\u00ed. Permaneced en m\u00ed para presentaros a cualquier persona, a cualquier cosa, penetrad siempre cada vez m\u00e1s en esta profundidad. Es \u00e9sta verdaderamente \u201cla soledad adonde Dios quiere atraer al alma para hablarle\u201d, como cantaba el profeta.<br \/><br \/>4. Mas para escuchar esta palabra llena de misterio no hay que quedarse, por decirlo as\u00ed, en la superficie; es necesario entrar siempre m\u00e1s en el Ser divino por medio del recogimiento. \u201cVoy siguiendo mi carrera\u201d (Flp 3, 12), dec\u00eda San Pablo. As\u00ed tambi\u00e9n debemos nosotros descender cada d\u00eda por este sendero del Abismo que es Dios. Dej\u00e9monos deslizar por esta pendiente con una confianza toda llena de amor. \u201cUn abismo llama a otro abismo\u201d (Sal. 41, 8). Es ah\u00ed en lo m\u00e1s profundo donde se efectuar\u00e1 este encuentro divino, donde el abismo de nuestra nada, de nuestra miseria, se encontrar\u00e1 cara a cara con el Abismo de la misericordia, de la inmensidad del todo de Dios. Es ah\u00ed donde encontraremos la fortaleza para morir a nosotros mismos y, perdiendo nuestro propio rastro, seremos cambiados en amor. \u201cBienaventurados los que mueren en el Se\u00f1or\u201d (Ap 14, 13).<br \/><strong><a href=\"#topCf\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"Cf-201\"><\/a>D\u00eda segundo<br \/><\/strong><br \/><strong><a id=\"Cf-201\"><\/a>Primera oraci\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>5. \u201cEl reino de Dios est\u00e1 dentro de vosotros\u201d (Lc 17, 21). Hace un instante Dios nos invitaba a \u201cpermanecer en El\u201d, a vivir con el alma en su herencia de gloria (Ef 1, 18), y ahora nos revela que no hemos de salir de nosotros para encontrarle: \u201cEl reino de Dios est\u00e1 dentro&#8230;\u201d San Juan de la Cruz dice que es \u00aben la sustancia del alma, donde ni el centro del sentido ni el demonio pueden llegar\u00bb, donde Dios se comunica al alma; entonces \u00abtodos los movimientos de la tal alma son divinos; y aunque son suyos, de \u00e9l, de ella lo son tambi\u00e9n, porque los hace Dios en ella con ella\u00bb.<br \/><br \/>6. El mismo Santo dice tambi\u00e9n que \u00abel centro del alma es Dios, al cual, habiendo ella llegado seg\u00fan toda la capacidad de su ser y seg\u00fan la fuerza de su operaci\u00f3n, habr\u00e1 llegado al \u00faltimo y m\u00e1s profundo centro del alma, que ser\u00e1 cuando con todas sus fuerzas ame y entienda y goce a Dios\u00bb. Antes de llegar all\u00e1, el alma, \u00abaunque est\u00e9 en Dios, que es su centro&#8230;, no en el m\u00e1s profundo, pues puede ir a m\u00e1s\u00bb.<br \/><br \/>\u00abEl amor une el alma con Dios; y cuantos m\u00e1s grados de amor tuviere, m\u00e1s profundamente entra en Dios y se concentra con El.\u00bb Cuando \u00abtiene un grado de amor, ya est\u00e1 en su centro\u00bb; mas cuando ese amor haya alcanzado la perfecci\u00f3n, habr\u00e1 logrado el alma llegar \u00abhasta el m\u00e1s profundo centro\u00bb, transformada de tal suerte hasta el punto \u00abque parezca Dios\u00bb. A esta alma que vive dentro de s\u00ed se pueden aplicar las palabras del Padre Lacordaire a Santa Magdalena: \u201cNo preguntes por el Maestro a nadie en la tierra ni en el cielo, porque El es vuestra alma y vuestra alma es El\u201d.<br \/><strong><a href=\"#topCf\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"Cf-202\"><\/a>Segunda oraci\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>7. \u201cDate prisa a bajar, porque es necesario que hoy me hospede en tu casa\u201d (Lc 19, 5). El Maestro repite sin descanso a nuestra alma esta palabra que un d\u00eda dirigi\u00f3 a Zaqueo. \u201cDate prisa a bajar.\u201d Pero \u00bfcu\u00e1l es, entonces, esta bajada que El exige de nosotros sino una entrada m\u00e1s profunda en nuestro abismo interior? Este acto no es \u00abuna separaci\u00f3n exterior de las cosas exteriores\u00bb, sino una \u00absoledad del esp\u00edritu\u00bb, un desasimiento de todo<br \/>lo que no es Dios.<br \/><br \/>8. \u00abMientras nuestra voluntad tenga caprichos ajenos a la uni\u00f3n divina, fantas\u00edas de s\u00ed y de no, quedamos en estado de infancia, no caminamos a paso de gigante en el amor, pues el fuego no ha consumido a\u00fan toda la escoria; el oro no est\u00e1 puro, todav\u00eda nos buscamos a nosotros mismos, Dios no ha consumido toda nuestra hostilidad hacia El. Pero cuando la ebullici\u00f3n de la caldera ha consumido \u201ctodo amor vicioso, todo dolor vicioso, todo temor vicioso\u00bb, \u00abentonces el amor es perfecto, y el anillo de oro de nuestra alianza es m\u00e1s ancho que el cielo y la tierra. He aqu\u00ed la bodega secreta donde el amor coloca a sus elegidos\u00bb; este \u00abamor nos arrastra por los caminos y veredas que El solo conoce; y nos arrastra sin retorno, y no volveremos m\u00e1s sobre nuestros pasos\u00bb<br \/><strong><a href=\"#topCf\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"Cf-301\"><\/a>D\u00eda tercero<br \/><br \/><a id=\"Cf-301\"><\/a>Primera oraci\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>9. \u201cSi alguno me ama, guardar\u00e1 mi palabra, y mi Padre le amar\u00e1 y vendremos a \u00e9l y haremos en \u00e9l nuestra morada\u201d (Jn 14, 23). He aqu\u00ed el Maestro que nos manifiesta nuevamente su deseo de habitar en nosotros. \u201c\u00a1Si alguno me ama!\u201d El amor, eso es lo que atrae, lo que arrastra a Dios hacia su criatura. No un amor sensible, sino el \u201camor fuerte como la muerte, al que no pueden apagar las aguas abundantes\u201d (Cant 8, 67).<br \/><br \/>10. \u201cPorque amo a mi Padre, hago siempre lo que le agrada\u201d (Jn 14, 31; 8, 29). As\u00ed hablaba el Maestro santo, y toda alma que quiere vivir en intimidad con El debe vivir tambi\u00e9n observando esta m\u00e1xima. El benepl\u00e1cito del Padre debe ser su alimento, su pan cotidiano. Debe dejarse inmolar seg\u00fan la voluntad del Padre, seg\u00fan el ejemplo de su Cristo adorado. Cada acontecimiento y suceso, cada sufrimiento y alegr\u00eda son un sacramento que le comunica Dios. Por eso, ella no hace ya diferencia entre estas cosas; ella pasa por encima, las supera para descansar, por encima de todo, en su mismo Maestro. Ella le \u00abeleva\u00bb muy alto \u00aben la monta\u00f1a de su coraz\u00f3n\u00bb; s\u00ed, \u00abpor encima de sus dones, de sus consuelos, y las dulzuras que de El proceden\u00bb. \u00abLa propiedad del amor es no buscarse nunca, no reservarse nada, sino dar todo a quien ama\u00bb. \u00abBienaventurada el alma que ama\u00bb de verdad. \u00abEl Se\u00f1or se ha hecho su prisionero por amor\u00bb.<br \/><strong><a href=\"#topCf\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"Cf-302\"><\/a>Segunda oraci\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>11. \u201cEst\u00e1is muertos y vuestra vida est\u00e1 escondida con Cristo en Dios\u201d (Col 3, 3). He aqu\u00ed a San Pablo que viene a darnos su luz, para alumbrar el sendero del abismo. \u00ab\u00a1Est\u00e1is muertos!\u00bb \u00bfQu\u00e9 otra cosa quiere decir, sino que el alma que aspira a vivir en contacto con Dios \u00aben la fortaleza inexpugnable del santo recogimiento\u00bb debe estar \u00abseparada, despojada, alejada de todas las cosas\u00bb (cuanto al esp\u00edritu)? Esta alma \u00abencuentra en ella misma una sencilla inclinaci\u00f3n de amor que va hacia Dios, hagan lo que hagan las criaturas; tal alma es invencible por las cosas que\u00bb pasan, \u00abporque pasa por encima de ellas mirando a Dios\u00bb.<br \/><br \/>12. \u201cQuotidie morior\u201d (I Cor 15, 31). \u201cYo muero cada d\u00eda\u201d, yo disminuyo, me renuncio cada d\u00eda m\u00e1s, para que Cristo crezca y sea exaltado en m\u00ed. Yo \u00abpermanezco\u00bb en mi peque\u00f1ez \u00aben el fondo de mi pobreza\u00bb; veo \u00bb mi nada, mi miseria, mi impotencia; me veo incapaz de progresar, de perseverar. Veo la multitud de mis negligencias, de mis defectos y me veo en mi indigencia\u00bb. \u00abMe prosterno en mi miseria, reconociendo mi pobreza y la pongo delante de la misericordia\u00bb de mi Maestro. \u201cQuotidie morior.\u201d Pongo la alegr\u00eda de mi alma (en cuanto a la voluntad, no en cuanto a la sensibilidad) en todo lo que puede inmolarme, destruirme, abajarme, pues quiero hacer lugar a mi Maestro. No soy yo ya quien vive, es El quien vive en m\u00ed; no quiero \u00abvivir m\u00e1s de mi propia vida, sino ser transformada en Jesucristo, para que mi vida sea m\u00e1s divina que humana\u00bb, y el Padre, inclin\u00e1ndose sobre m\u00ed, pueda reconocer la imagen del Hijo muy amado en quien El ha puesto todas sus complacencias (Mt 17, 5)<br \/><strong><a href=\"#topCf\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"Cf-401\"><\/a>D\u00eda cuarto<br \/><\/strong><br \/><strong><a id=\"Cf-401\"><\/a>Primera oraci\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>13. \u201cDeus ignis consumens\u201d. Nuestro Dios, escrib\u00eda San Pablo, es un fuego devorador, es decir, \u00abun fuego de amor\u00bb que destruye y \u00abtransforma en s\u00ed mismo todo cuanto toca\u00bb. \u00abLas delicias de este divino abrazo son renovadas en el fondo de nosotros mediante una actividad jam\u00e1s interrumpida. Es el abrazo del amor en una complacencia mutua y eterna. Es una renovaci\u00f3n que se hace continuamente en el v\u00ednculo del amor\u00bb. Algunas almas \u00abhan escogido este asilo para descansar all\u00ed eternamente, y \u00e9ste es el silencio en que ellas en cierto modo se han perdido\u00bb. \u00abSacadas de su prisi\u00f3n navegan por el oc\u00e9ano de la Divinidad sin que ninguna creatura les sea obst\u00e1culo o les moleste\u00bb.<br \/><br \/>14. Para estas almas, la muerte m\u00edstica de que nos hablaba San Pablo \u00a1qu\u00e9 sencilla y suave es! Piensan mucho menos en el trabajo de destrucci\u00f3n y de despojo que les queda por hacer que en sumergirse en el horno del amor que arde en ellas y que no es otro que el Esp\u00edritu Santo, ese mismo Amor que en la Trinidad es el lazo de uni\u00f3n del Padre y de su Verbo. Ellas \u00abentran en El por la fe viva, y all\u00ed, simplificadas y pacificadas\u00bb, son \u00abtransportadas por El\u00bb por encima de las cosas y de los gustos sensibles \u00aba la tiniebla sagrada\u00bb y \u00abtransformadas en la imagen\u00bb divina. Ellas viven, seg\u00fan la expresi\u00f3n de San Juan, \u201cen comuni\u00f3n\u201d (Jn 1, 3) con las Tres adorables Personas. Su vida es \u00abcom\u00fan\u00bb, y esto es \u00abla vida contemplativa\u00bb. Esta contemplaci\u00f3n \u00abconduce a la posesi\u00f3n\u00bb. \u00abAhora bien, esta posesi\u00f3n sencilla es la vida eterna gustada en el lugar sin fondo. Es all\u00ed donde por encima de la raz\u00f3n nos espera la tranquilidad profunda de la inmutabilidad divina\u00bb<br \/><strong><a href=\"#topCf\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"Cf-402\"><\/a>Segunda oraci\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>15. \u201cHe venido a encender fuego en la tierra y \u00bfqu\u00e9 otra cosa deseo, sino que arda?\u201d (Lc 12, 49). Es el Maestro mismo quien viene a manifestarnos su deseo de ver arder el fuego del amor. En efecto, \u00abtodas nuestras obras, todos nuestros trabajos, no son nada delante de El. Nosotros no podemos darle nada, ni satisfacer su \u00fanico deseo, que es de realzar la dignidad de nuestra alma\u00bb. Nada le agrada m\u00e1s que verla \u00abcrecer\u00bb. \u00abAhora bien, nada puede elevarla tanto como el llegar a ser en cierta manera igual a Dios. He aqu\u00ed por qu\u00e9 El exige de ella el tributo de su amor, siendo la propiedad del amor igualar en lo posible al amante con el amado. El alma en posesi\u00f3n de este amor\u00bb \u00abaparece con Jes\u00fas en pie de igualdad, porque su amor rec\u00edproco hace todo com\u00fan entre el uno y la otra\u00bb. \u201cYo os he llamado amigos, porque os he manifestado todo lo que he o\u00eddo decir a mi Padre\u201d (Jn 15, 15)<br \/><br \/>16. Pero para llegar a este amor el alma debe haberse \u00abentregado toda entera\u00bb, su \u00abvoluntad debe haberse perdido dulcemente en la de Dios\u00bb, para que sus \u00abinclinaciones\u00bb, \u00absus facultades\u00bb, \u00abno se muevan m\u00e1s que en este amor y por este amor. Hago todo con amor, sufro todo con amor: tal es el sentido de lo que cantaba David: \u201cGuardar\u00e9 para ti mi fortaleza\u201d. Entonces \u00abel amor la llena de tal manera, la absorbe y la protege\u00bb tan bien \u00abque ella encuentra en todo el secreto de crecer en el amor\u00bb, \u00abincluso en sus relaciones sociales\u00bb. En medio de las preocupaciones de la vida, puede afirmar con todo derecho: \u201cS\u00f3lo en amar es mi ejercicio\u201d<br \/><strong><a href=\"#topCf\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"Cf-501\"><\/a>D\u00eda quinto<br \/><br \/><a id=\"Cf-501\"><\/a>Primera oraci\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>17. \u201cMira que estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien oye mi voz y me abre la puerta, yo entrar\u00e9 en su casa y cenar\u00e9 con \u00e9l y \u00e9l conmigo\u201d (Ap 3, 20). \u00a1Dichosos los o\u00eddos del alma suficientemente despierta, suficientemente recogida para escuchar esta palabra del Verbo de Dios! \u00a1Dichosos tambi\u00e9n los ojos (Mt 13, 16) del alma que con la luz de la fe viva y profunda puede estar presente a la \u201cllegada\u201d del Maestro a su santuario \u00edntimo! Pero \u00bfen qu\u00e9 consiste esta llegada? \u00abEs una generaci\u00f3n incesante, una ilustraci\u00f3n que no merma.\u00bb Cristo \u00abviene con sus tesoros, pero es tal el misterio de la rapidez divina, que El llega continuamente, siempre por vez primera, como si no hubiese venido nunca, pues su llegada, independiente del tiempo, consiste en un eterno \u201cahora\u201d y un eterno deseo renueva eternamente las alegr\u00edas de la llegada. Las delicias que El trae son infinitas, porque ellas son El mismo\u00bb. \u00abLa capacidad del alma, dilatada por la llegada del Maestro, parece salir de s\u00ed misma para pasar a trav\u00e9s de los muros a la inmensidad de Aquel que llega. Y sucede este fen\u00f3meno: es Dios, que en el fondo de nosotros recibe a Dios que viene a nosotros, y \u00a1Dios contempla a Dios! Dios, en quien consiste la bienaventuranza\u00bb.<br \/><strong><a href=\"#topCf\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"Cf-502\"><\/a>Segunda oraci\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>18. \u201cQuien come mi carne y bebe mi sangre permanece en m\u00ed y yo en \u00e9l\u201d (Jn 6, 56). \u00abEl primer signo del amor es que Jes\u00fas nos ha dado a comer su carne y a beber su sangre.\u00bb \u00abLo propio del amor es dar siempre y siempre recibir. Ahora bien, el amor\u00bb de Cristo es \u00abliberal. Todo lo que tiene, todo lo que es, lo da; todo lo que tenemos, todo lo que somos El lo toma. Nos pide m\u00e1s de lo que nosotros somos capaces de darle con nuestro propio poder. Tiene un hambre inmensa que quiere devorarnos totalmente. El penetra hasta la m\u00e9dula de nuestros huesos, y cuanto m\u00e1s le permitimos con amor, con tanta mayor amplitud le gozamos\u00bb. \u00abEl sabe que somos pobres, pero El no lo tiene en cuenta y nos lo quita todo. El se hace en nosotros su pan, quemando de antemano en su propio amor vicios, faltas y pecados. Despu\u00e9s, cuando nos ve purificados, El llega con las fauces abiertas, como un buitre, con ansias de devorarlo todo. Quiere consumir nuestra vida para cambiarla en la suya, la nuestra llena de vicios, la suya llena de gracia y de gloria, toda preparada para nosotros con tal que nos renunciemos. Si nuestros ojos fueran lo suficientemente limpios para ver esos anhelos \u00e1vidos de Cristo, que tiene hambre de nuestra salvaci\u00f3n, todos nuestros esfuerzos ser\u00edan incapaces de impedirnos volar a su boca abierta.\u00bb Esto \u00abparece un absurdo. \u00ab\u00a1Los que aman lo comprender\u00e1n!\u00bb. Cuando nosotros recibimos a Cristo \u00abcon entrega \u00edntima, su sangre llena de calor y de gloria circula por nuestras venas, y el fuego prende en el fondo de nosotros\u00bb, \u00aby la semejanza de sus virtudes se nos transmite, y El vive en nosotros y nosotros en El, y El nos da su alma con la plenitud de la gracia por la que el alma persiste en la caridad y alabanza del Padre\u00bb. \u00abEl amor arrastra hacia s\u00ed su objeto; nosotros arrastramos a Jes\u00fas hacia nosotros y Jes\u00fas nos arrastra hacia El. Entonces, arrebatados por encima de nosotros mismos en el interior de su amor\u00bb, mirando a Dios, \u00abmarchamos delante de El, delante de su Esp\u00edritu, que es su amor, y este amor nos quema, nos consume y nos atrae hacia la unidad donde nos espera la bienaventuranza\u00bb. \u00abA esto se refer\u00eda Jesucristo cuando dec\u00eda: \u201cHe deseado ardientemente comer esta pascua con vosotros\u201d\u00bb.<br \/><strong><a href=\"#topCf\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"Cf-601\"><\/a>D\u00eda sexto<br \/><\/strong><br \/><strong><a id=\"Cf-601\"><\/a>Primera oraci\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>19. \u201cPara acercarse a Dios es necesario creer\u201d (Heb 11, 6). Es San Pablo quien habla as\u00ed. Y en otro lugar: \u201cLa fe es la sustancia de las cosas que se deben esperar y la demostraci\u00f3n de las que no se ven\u201d (Heb 11, 1). Es decir, que \u00abla fe nos hace tan ciertos y presentes los bienes futuros, que, mediante ella, adquieren ser en nuestra alma y subsisten antes que gocemos de ellos\u00bb. San Juan de la Cruz dice que ella nos sirve de \u00abpies\u00bb para ir \u00aba Dios\u00bb, e incluso que es \u00abla posesi\u00f3n de Dios en la oscuridad\u00bb. S\u00f3lo ella \u00abpuede darnos un conocimiento verdadero\u00bb sobre Aquel a quien amamos, y nuestra alma debe \u00abescogerla como el medio de llegar a la uni\u00f3n bienaventurada\u00bb. \u00abEs ella la que derrama a raudales en el fondo de nosotros todos los bienes espirituales. Jesucristo, hablando a la Samaritana, se refer\u00eda a la fe al prometer a cuantos creyesen en El darles \u201cuna fuente de agua viva que saltar\u00eda hasta la vida eterna\u201d\u00bb. \u00abAs\u00ed pues, la fe nos da a Dios, aun en esta vida, encubierto, es verdad, en el velo en que le oculta; pero, sin embargo, es el mismo Dios\u00bb. \u00abCuando llegue lo que es perfecto\u00bb, es decir, la clara visi\u00f3n, \u201clo que es imperfecto\u201d, o, en otras palabras, el conocimiento dado por la fe, \u201crecibir\u00e1 toda su perfecci\u00f3n\u201d\u00bb<br \/><strong><a href=\"#topCf\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/>20. \u201cNosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y cre\u00eddo en \u00e9l\u201d (1Jn 4, 16). En esto consiste el grande acto de nuestra fe; es el medio de dar a Dios amor por amor; es \u201cel secreto escondido\u201d en el coraz\u00f3n del Padre de que habla San Pablo, en el que nosotros penetramos al fin, con estremecimiento de toda nuestra alma (Col 1, 26). Cuando ella sabe creer en este \u201cdemasiado amor\u201d (Ef 2, 4) para con ella, se puede decir, como se dice de Mois\u00e9s: \u201cPersever\u00f3 firme en su fe como si hubiera visto al invisible\u201d (Heb. 11, 27). Tal alma no se detiene en los consuelos o sentimientos; le importa poco sentir a Dios o no sentirle, si le da alegr\u00eda o sufrimiento: ella cree en su amor. Cuanto m\u00e1s probada es, m\u00e1s crece su fe, porque ella pasa por encima de todos los obst\u00e1culos para ir a reposarse en el seno de Amor infinito, que no puede hacer sino obras de amor. A esta alma, siempre alerta en su fe, la voz del Maestro puede decirla en su secreto \u00edntimo la palabra que un d\u00eda dirigi\u00f3 a Mar\u00eda Magdalena: \u201cVete en paz, tu fe te ha salvado\u201d (Lc 7, 50).<br \/><strong><a href=\"#topCf\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"Cf-602\"><\/a>Segunda oraci\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>21. \u201cSi tu ojo es simple, todo tu cuerpo ser\u00e1 luminoso\u201d (Mt 6, 22). \u00bfQu\u00e9 otra cosa es ese ojo simple de que nos habla el Maestro sino esa \u00absimplicidad de intenci\u00f3n\u00bb que \u00abreduce a la unidad todas las fuerzas dispersas del alma y une a Dios el mismo esp\u00edritu? Es la simplicidad la que rinde a Dios honor y alabanza, la que le presenta y ofrece las virtudes. Despu\u00e9s, penetr\u00e1ndose y trascendiendo su ser, penetrando y trascendiendo todas las criaturas, encuentra a Dios en su profundidad. Ella es el principio y el fin de las virtudes, su esplendor y su gloria. Llamo intenci\u00f3n simple la que no mira sino a Dios, dirigiendo todas las cosas a Dios\u00bb. \u00abEs ella la que coloca al hombre en presencia de Dios, la que le comunica luz y valor, la que la hace vac\u00edo y libre de todo temor hoy y en el d\u00eda del juicio.\u00bb \u00abElla es la tendencia interior\u00bb y \u00abel fundamento de toda la vida espiritual\u00bb. \u00abElla pisotea la naturaleza perversa, da la paz, impone silencio a los ruidos vanos que se levantan en nosotros.\u00bb Es ella la que \u00abaumentar\u00e1 de hora en hora nuestra semejanza divina. Y despu\u00e9s, dejando de lado los intermediarios, nos transportar\u00e1 a la profundidad donde Dios habita y nos dar\u00e1 el reposo del abismo. La herencia que el Se\u00f1or nos ha preparado en la eternidad nos la dar\u00e1 la sencillez. Toda la vida de los esp\u00edritus y toda su virtud consiste, juntamente con la semejanza divina, en la simplicidad, y su reposo supremo en la altura tambi\u00e9n se realiza en la simplicidad\u00bb. \u00abY siguiendo la medida de su amor cada esp\u00edritu posee una b\u00fasqueda de Dios m\u00e1s o menos profunda en su propia profundidad\u00bb. El alma simple, \u00abelev\u00e1ndose en virtud de su mirada interior, se concentra en s\u00ed misma y contempla en su propio abismo el santuario donde ella es tocada\u00bb, con un toque de la Trinidad santa. Ella ha penetrado as\u00ed en su profundidad \u00abhasta su fundamento, que es la puerta de la vida eterna\u00bb<br \/><strong><a href=\"#topCf\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"Cf-701\"><\/a>D\u00eda s\u00e9ptimo<br \/><\/strong><br \/><strong><a id=\"Cf-701\"><\/a>Primera oraci\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>22. \u201cDios nos ha elegido en El antes de la creaci\u00f3n para que seamos santos e inmaculados ante El en el amor\u201d (Ef 1, 4). \u00abLa Trinidad santa nos ha creado a su imagen, conforme al ejemplar eterno que de nosotros pose\u00eda en su seno antes de la creaci\u00f3n del mundo\u00bb, en este \u00abcomienzo sin comienzo\u00bb de que habla Bossuet, despu\u00e9s de San Juan: \u201cIn principio erat Verbum\u201d (Jn 1,1), en el principio exist\u00eda el Verbo. Y se puede a\u00f1adir: en el principio estaba la nada, pues Dios en su eterna soledad nos ten\u00eda ya en su pensamiento. \u00abEl Padre se contempla a s\u00ed mismo\u00bb \u00aben el abismo de su fecundidad, y he aqu\u00ed que por el acto mismo de comprenderse engendra a otra persona, el Hijo, su Verbo eterno. La idea de todas las cosas que a\u00fan no hab\u00edan salido de la nada estaba en El eternamente y Dios las ve\u00eda y las contemplaba en su idea, pero en El mismo. Esta vida eterna que nuestras ideas ejemplares poseen sin nosotros en Dios es la causa de nuestra creaci\u00f3n\u00bb.<br \/><br \/>23. \u00abNuestra esencia creada pide unirse a su principio\u00bb. El Verbo, \u00abesplendor del Padre, es el ejemplar eterno conforme al cual han sido modeladas las criaturas el d\u00eda de su creaci\u00f3n\u201d. He aqu\u00ed \u00abpor qu\u00e9 Dios quiere que, librados de nosotros mismos, tendamos nuestros brazos hacia nuestro ejemplar y que le poseamos\u00bb, \u00absubiendo\u00bb por encima de todas las cosas \u00abhacia nuestro modelo\u00bb. \u00abEsta contemplaci\u00f3n abre\u00bb al alma \u00abhorizontes insospechados\u00bb, \u00abella posee en cierta manera la corona a que aspira\u00bb. \u00abLas riquezas inmensas que Dios tiene por naturaleza podemos tenerlas nosotros por la virtud de la caridad, por su inhabitaci\u00f3n en nosotros, por nuestra morada en El\u00bb. \u00abEs tambi\u00e9n en virtud de este amor inmenso\u00bb por lo que nos sentimos atra\u00eddos al fondo del \u00absantuario \u00edntimo\u00bb, donde Dios \u00abimprime en nosotros una especie de reflejo de su majestad\u00bb. Es, pues, gracias al amor y por el amor, como dice el Ap\u00f3stol, como podemos ser santos e inmaculados en la presencia de Dios (Ef 1, 4), y cantar con David: \u201cSer\u00e9 intachable y me defender\u00e9 del fondo de iniquidad que hay en m\u00ed\u201d.<br \/><strong><a href=\"#topCf\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"Cf-702\"><\/a>Segunda oraci\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>24. \u201cSed santos, porque yo soy santo\u201d. Es el Se\u00f1or quien habla as\u00ed. \u00abCualquiera que sea nuestro g\u00e9nero de vida o el h\u00e1bito que nos cubre, cada uno de nosotros debe ser el santo de Dios\u00bb \u00bfQui\u00e9n es, pues, \u00abel m\u00e1s santo?\u00bb. \u00abEs el que m\u00e1s ama, el que mira m\u00e1s a Dios y cumple m\u00e1s plenamente las exigencias de su mirada\u00bb. \u00bfC\u00f3mo satisfacer las exigencias de la mirada de Dios sino manteni\u00e9ndose \u00absencilla y amorosamente\u00bb vuelto hacia El, para que pueda reflejar su propia imagen, como el sol se refleja a trav\u00e9s de un puro cristal? \u201cHagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza\u201d (Gen 1, 26). Tal fue el gran deseo del Coraz\u00f3n de nuestro Dios. \u00abSin el parecido que viene de la gracia, nos espera la condenaci\u00f3n eterna. Desde que Dios nos ve capaces de recibir su gracia, su libre bondad est\u00e1 dispuesta a darnos el don que causa su semejanza. Nuestra aptitud para recibir su gracia depende de la integridad interior con la que nos movemos hacia El.\u00bb Y Dios, \u00abtray\u00e9ndonos sus dones\u00bb, puede, entonces, \u00abdarse a S\u00ed mismo, imprimirnos su semejanza, absolvernos y librarnos\u00bb<br \/><br \/>25. Dice un piadoso autor que \u00abla perfecci\u00f3n m\u00e1s alta en esta vida consiste en permanecer unidos a Dios de tal modo que el alma con todas sus facultades est\u00e9 recogida en Dios\u00bb, \u00abque sus afectos, unidos en el gozo del amor, no encuentren otro reposo que en la posesi\u00f3n del Creador. La imagen de Dios, impresa en el alma, est\u00e1, en efecto, constituida por el entendimiento, la memoria y la voluntad. Mientras estas facultades no lleven la imagen perfecta de Dios, no se les asemejan como en el d\u00eda de la creaci\u00f3n. La forma del alma es Dios, que debe imprimirse en ella como el sello sobre la cera, como la etiqueta en su objeto. Ahora bien, esto no se realiza plenamente m\u00e1s que si la raz\u00f3n est\u00e1 completamente iluminada por el conocimiento de Dios, la voluntad encadenada al amor del bien soberano y la memoria est\u00e1 plenamente absorta en la contemplaci\u00f3n y alegr\u00eda de la felicidad eterna\u00bb. \u00abY como la gloria de los bienaventurados no consiste en otra cosa que, en la posesi\u00f3n perfecta de este estado, es claro que la posesi\u00f3n comenzada de estos bienes constituye la perfecci\u00f3n de esta vida\u00bb. Para \u00abllegar a conseguir este ideal\u00bb es necesario \u00abmantenerse recogido dentro de s\u00ed mismo\u00bb, \u00abpermanecer en silencio en presencia de Dios\u00bb, mientras el alma \u00abse abisma, se dilata, se inflama y se funde en El con una plenitud sin l\u00edmites\u00bb.<br \/><strong><a href=\"#topCf\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"Cf-801\"><\/a>D\u00eda octavo<br \/><\/strong><br \/><strong><a id=\"Cf-801\"><\/a>Primera oraci\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>26. \u201cA los que Dios ha conocido en su presciencia, les ha predestinado tambi\u00e9n a ser conformes con la imagen de su divino Hijo&#8230; Y a los que ha predestinado, los ha llamado; y a los que ha llamado, los ha justificado; y a los que ha justificado, los ha glorificado. Despu\u00e9s de esto \u00bfqu\u00e9 decimos? Si Dios est\u00e1 por nosotros, \u00bfqui\u00e9n estar\u00e1 contra nosotros?&#8230; \u00bfQui\u00e9n me separar\u00e1 del amor de Jesucristo?\u201d. Tal aparec\u00eda a la mirada iluminada del Ap\u00f3stol el misterio de la predestinaci\u00f3n, el misterio de la elecci\u00f3n divina. \u00bf\u201cA los que El ha conocido.? \u00bfNo hemos sido nosotros de ese n\u00famero? \u00bfNo puede Dios decir a nuestra alma lo que dec\u00eda en otro tiempo por la voz de su profeta: \u00abPas\u00e9 junto a ti y te mir\u00e9. Vi que hab\u00eda llegado para ti el tiempo de ser amada. Tend\u00ed sobre ti mi manto, hice juramento de protegerte, hice alianza contigo y fuiste m\u00eda\u00bb? (Ez 16, 8).<br \/><br \/>27. S\u00ed, nosotras hemos llegado a ser suyas por el bautismo. Es esto lo que quiere decir San Pablo con las palabras: \u201cLos llam\u00f3.\u201d S\u00ed, llamadas a recibir el sello de la Santa Trinidad. Al mismo tiempo que hemos sido hechas \u201cpart\u00edcipes de la naturaleza divina\u201d, seg\u00fan la expresi\u00f3n de San Pedro (II Pe 1, 4), hemos recibido \u201cun principio de su ser\u201d (Heb 3, 14). Despu\u00e9s, El nos ha justificado por sus sacramentos, por sus \u00abtoques\u00bb directos en el recogimiento \u00aben el fondo\u00bb de nuestra alma. Justificadas tambi\u00e9n por la fe (Rom 5, 1) y seg\u00fan la medida de nuestra fe en la redenci\u00f3n que Jesucristo nos adquiri\u00f3. Por fin, El quiere glorificarnos y para eso, dice San Pablo, El \u201cnos ha hecho dignas de tener parte en la herencia de los santos en la luz\u201d (Col 1, 12); pero seremos glorificadas en la medida que seamos conformes con la imagen de su Hijo divino (Rom 8, 29). Contemplemos, pues, esta imagen adorada, permanezcamos sin cesar bajo su irradiaci\u00f3n, para que ella se imprima en nosotras; despu\u00e9s, vayamos a todas las cosas con la actitud de alma con que iba nuestro Maestro santo. Entonces realizaremos el gran deseo por el que Dios \u201cdetermin\u00f3 en s\u00ed mismo restaurar todas las cosas en Cristo\u201d (Ef 1, 9\u201110).<br \/><strong><a href=\"#topCf\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"Cf-802\"><\/a>Segunda oraci\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>28. \u201cMe parece que todo es p\u00e9rdida despu\u00e9s que s\u00e9 lo que tiene de trascendente el conocimiento de Cristo Jes\u00fas, mi Se\u00f1or. Por su amor lo he perdido todo, teniendo todas las cosas por esti\u00e9rcol, para ganar a Cristo. Lo que quiero es conocerle a El, la comuni\u00f3n en sus padecimientos y la conformidad con su muerte. Prosigo mi carrera, procurando llegar hasta all\u00ed donde me ha destinado al tomarme. Todo mi cuidado es olvidar lo que est\u00e1 detr\u00e1s, tendiendo constantemente hacia lo que est\u00e1 delante. Corro derecha a la meta, a la vocaci\u00f3n a que me ha llamado Cristo Jes\u00fas\u201d (Flp 3, 8\u201110 y 12\u201114). Es decir, no quiero otra cosa m\u00e1s que identificarme con El: \u201cMihi vivere Christus est\u201d, \u201cCristo es mi vida&#8230;\u201d (Flp 1, 21). <br \/><br \/>En estas l\u00edneas queda manifiesta el alma ardiente de San Pablo. Durante estos Ejercicios., cuyo fin es hacernos m\u00e1s semejantes a nuestro Maestro adorado, m\u00e1s a\u00fan, fundirnos de tal manera en El que podamos decir: \u201cNo vivo yo, es \u00c9l el que vive en m\u00ed, y lo que vivo en este cuerpo de muerte lo vivo en la fe del Hijo de Dios, que me ha amado y se ha entregado por m\u00ed\u201d (Gal 2, 20). \u00ab\u00a1Oh! Estudiemos este divino Modelo: su conocimiento, nos dice el Ap\u00f3stol, es tan \u201csublime\u201d (Flp 3, 8).<br \/><br \/>29. Y, en primer lugar, \u00bfqu\u00e9 ha dicho al entrar en el mundo? \u201cLos holocaustos no te agradan ya; entonces he tomado un cuerpo. Heme aqu\u00ed, oh Dios, para hacer tu voluntad\u201d (Heb. 10, 57). Durante sus treinta y tres a\u00f1os esta voluntad fue de tal modo su pan de cada d\u00eda que en el momento de entregar su alma en las manos de su Padre pod\u00eda decirle: \u201cTodo est\u00e1 consumado\u201d (Jn 19, 30). S\u00ed, todos vuestros deseos, todos, han sido cumplidos. Por eso \u201cYo os he glorificado en la tierra\u201d (Jn 17, 4). En efecto, Jesucristo, hablando a sus ap\u00f3stoles del alimento que no conoc\u00edan, les dec\u00eda \u201cque era hacer la voluntad del que le hab\u00eda enviado\u201d (Jn 4, 34). Por eso pod\u00eda decir tambi\u00e9n: \u201cYo no estoy solo. El que me ha enviado est\u00e1 siempre conmigo, porque hago siempre lo que le agrada\u201d (Jn 8, 29).<br \/><br \/>30. Comamos con amor este pan de la voluntad de Dios. Si algunas veces sus determinaciones son muy dolorosas, podemos decir sin duda con nuestro Maestro adorado: \u201cPadre, si es posible, pase de m\u00ed este c\u00e1liz\u201d; pero a\u00f1adiremos inmediatamente: \u201cNo como yo quiero, sino como Vos quer\u00e9is\u201d (Mt 26, 39). Y con serenidad y fortaleza subiremos tambi\u00e9n nuestro Calvario con el divino Crucificado, cantando en el fondo de nuestras almas, haciendo subir hacia el Padre un himno de acci\u00f3n de gracias, porque los que van por esta v\u00eda dolorosa son aquellos a quienes \u201cEl ha conocido y predestinado a ser conformes con la imagen de su divino Hijo\u201d (Rom 8, 29), el Crucificado por amor.<br \/><strong><a href=\"#topCf\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"Cf-901\"><\/a>D\u00eda noveno<br \/><br \/><a id=\"Cf-901\"><\/a>Primera oraci\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>31. \u201cDios nos predestin\u00f3 a la adopci\u00f3n de hijos suyos por Jesucristo, en uni\u00f3n con El, conforme al decreto de su voluntad, para hacer resplandecer la gloria de su gracia, por la que nos justific\u00f3 en su Hijo querido, en quien tenemos la redenci\u00f3n por su sangre, la remisi\u00f3n de los pecados, seg\u00fan las riquezas de su gracia, que ha sobreabundado en nosotros con toda sabidur\u00eda y prudencia\u201d (Ef 1, 58). \u00abEl alma que ha llegado realmente a ser hija de Dios es, seg\u00fan el Ap\u00f3stol, movida por el mismo Esp\u00edritu Santo: \u201cTodos los que son movidos por el Esp\u00edritu de Dios son hijos de Dios\u201d\u00bb. Y en otro lugar: \u201cNosotros no hemos recibido el esp\u00edritu de servidumbre para movernos todav\u00eda por el temor, sino el esp\u00edritu de adopci\u00f3n de hijos, por el que clamamos: &#8216;\u00a1Abba, Padre!&#8217; En efecto, el Esp\u00edritu mismo da testimonio a nuestro esp\u00edritu de que somos hijos de Dios. Pero si somos hijos, somos tambi\u00e9n herederos; digo herederos de Dios y coherederos con Jesucristo, supuesto que suframos con El, para ser glorificados con El\u201d (Rom 8, 15\u201117). \u00abDios nos ha creado a su imagen y semejanza para hacernos llegar hasta este abismo de gloria\u00bb. <br \/><br \/>\u201cVed, dice San Juan, qu\u00e9 amor nos ha mostrado el Padre concediendo ser llamados hijos de Dios, y de serlo de hecho&#8230; Ya desde ahora somos hijos de Dios y todav\u00eda no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que cuando El se manifieste seremos semejantes a El, porque le veremos seg\u00fan es. Y todo el que tiene esta esperanza en El se santifica, como El mismo es santo\u201d (I Jn 3, 13).<br \/><br \/>32. He aqu\u00ed la medida de la santidad de los hijos de Dios: \u201cser santos como Dios, santos con la santidad de Dios\u201d. Y esto viviendo en contacto con El en el fondo del abismo sin fondo, \u201cdentro\u201d. \u00abEl alma parece tener entonces una cierta semejanza con Dios, el cual, aun teniendo sus delicias en todas las cosas, nunca encuentra tantas como en S\u00ed mismo, porque El posee en S\u00ed un bien elevad\u00edsimo ante el cual desaparecen todos los dem\u00e1s. Por eso todas las alegr\u00edas que sobrevienen al alma son otros tantos avisos que la invitan a saborear con preferencia el bien que posee, con el cual ning\u00fan otro se puede comparar\u00bb. \u201cPadre nuestro que est\u00e1s en los cielos&#8230;\u201d (Mt 6, 9). Es en \u00abeste peque\u00f1o cielo\u00bb que El se ha hecho en el centro de nuestra alma donde nosotros debemos buscarle y, sobre todo, donde debemos morar.<br \/><br \/>33. Cristo dec\u00eda un d\u00eda a la Samaritana que \u201cel Padre buscaba verdaderos adoradores en esp\u00edritu y verdad\u201d (Jn 4, 23). Para alegrar su coraz\u00f3n, seamos estas grandes almas adorantes. Ador\u00e9mosle en \u201cesp\u00edritu\u201d, es decir, tengamos el coraz\u00f3n y el pensamiento fijos en El, y el esp\u00edritu lleno de su conocimiento mediante la luz de la fe. Ador\u00e9mosle en \u201cverdad\u201d, es decir, con nuestras obras, pues es sobre todo por nuestras obras como nos mostramos veraces; es hacer siempre lo que agrada al Padre (Jn 8, 29), de quien somos hijos. En fin, \u201cadoremos en esp\u00edritu y en verdad\u201d, es decir, por Jesucristo y con Jesucristo, pues s\u00f3lo El es el verdadero adorador en esp\u00edritu y en verdad.<br \/><br \/>34. Entonces nosotras seremos hijas de Dios; \u00abconoceremos por experiencia la verdad de las palabras de Isa\u00edas: \u201cSer\u00e9is llevados a los pechos y se os acariciar\u00e1 sobre las rodillas\u201d\u00bb (Is 66, 12). En efecto, \u00abtodo el cuidado de Dios parece ser llenar al alma de caricias y de se\u00f1ales de afecto, como una madre que cr\u00eda a su hijo y le alimenta con su leche\u00bb. \u00a1Oh! \u00a1Estemos atentas a la voz misteriosa de nuestro Padre! \u201cHija m\u00eda, dice ella, dame tu coraz\u00f3n\u201d (Prov. 23, 26).<br \/><strong><a href=\"#topCf\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"Cf-901\"><\/a>Segunda oraci\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>35. \u201cDios, que es rico en misericordia, movido de su mucho amor, cuando est\u00e1bamos muertos por nuestros pecados, nos dio la vida en Jesucristo\u201d (Ef 2, 45). \u201cPorque todos pecaron y tienen necesidad de la gloria de Dios; son justificados gratuitamente por su gracia, por la redenci\u00f3n de Cristo Jes\u00fas, a quien Dios ha preestablecido como propiciaci\u00f3n por los pecados, mostrando juntamente que El es justo y que justifica a quien tiene fe en El\u201d (Rom 3, 23\u201126) (San Pablo). <br \/><br \/>\u00abEl pecado es un mal tan espantoso que no debe cometerse ni para conseguir cualquier bien ni para evitar cualquier mal.\u00bb \u00abAhora bien, nosotros hemos cometido muchos. \u00ab\u00bfC\u00f3mo podemos no \u00abdesfallecer en adoraci\u00f3n cuando nos arrojamos al abismo de la misericordia y los ojos de nuestra alma se fijan en este hecho: Dios nos ha perdonado los pecados?\u00bb. El lo ha dicho: \u201cBorrar\u00e9 todas sus iniquidades y no me acordar\u00e9 m\u00e1s de sus pecados\u201d (Is 43, 25).<br \/><br \/>\u00abEl Se\u00f1or en su clemencia ha querido dirigir nuestros pecados contra ellos mismos y en favor nuestro. El ha encontrado el medio de hac\u00e9rnosles \u00fatiles, de convertirles en nuestras manos en instrumentos de salvaci\u00f3n. Que esto no disminuya en nada ni nuestro miedo de pecar ni nuestro dolor de haber pecado. Pero nuestros pecados\u00bb \u00abse han convertido para nosotros en una fuente de humildad\u00bb<br \/><br \/>36. Cuando el alma \u00abconsidera en lo \u00edntimo de s\u00ed misma, con los ojos abrasados en amor, la inmensidad de Dios, su fidelidad, sus pruebas de amor, sus beneficios, que no pueden a\u00f1adir nada a su felicidad; cuando despu\u00e9s se mira a s\u00ed misma y ve sus ofensas contra el inmenso Se\u00f1or, ella se vuelve hacia su propio fondo con un tal desprecio de s\u00ed misma que no sabe qu\u00e9 hacer para acallar su horror\u00bb. \u00abLo mejor que puede hacer es quejarse ante Dios, su Amigo, de la insuficiencia de sus fuerzas, que la traicionan, no coloc\u00e1ndola tan bajo como ella quer\u00eda. Ella se resigna a la voluntad de Dios y en la abnegaci\u00f3n \u00edntima halla la paz verdadera, invencible y perfecta, que nada turbar\u00e1, pues ella se ha precipitado en un abismo tan grande que nadie ir\u00e1 a buscarla all\u00e1\u00bb<br \/><br \/>37. \u00abSi alguno dijera que haber encontrado este fondo es vivir sumergido en la humildad, yo no le desmentir\u00eda. Me parece, sin embargo, que estar sumergido en la humildad es estar sumergido en Dios, porque Dios es el fondo del abismo. Por eso la humildad, como la caridad, puede crecer siempre\u00bb. \u00abYa que ese fondo de humildad es el vaso que se necesita, el vaso capaz de la gracia que Dios quiere arrojar en \u00e9l\u00bb, seamos \u00abhumildes\u00bb. \u00abJam\u00e1s el humilde colocar\u00e1 a Dios demasiado alto, ni a s\u00ed mismo demasiado bajo. Y \u00e9sta es la maravilla: su impotencia se convertir\u00e1 en sabidur\u00eda, y la imperfecci\u00f3n de su acto, siempre deficiente a sus ojos, ser\u00e1 el mayor gusto de su vida. Quien posee un fondo de humildad no tiene necesidad de muchas palabras para instruirse. Dios le dice m\u00e1s cosas que las que se le pueden ense\u00f1ar; los disc\u00edpulos de Dios se encuentran en esta situaci\u00f3n\u00bb<br \/><strong><a href=\"#topCf\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"Cf-1001\"><\/a>D\u00eda d\u00e9cimo<br \/><\/strong><br \/><strong><a id=\"Cf-1001\"><\/a>Primera oraci\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>38. \u201cSi scires donum Dei\u201d (Jn 4, 10). Si conocieras el don de Dios, dec\u00eda una tarde Cristo a la Samaritana. Pero \u00bfcu\u00e1l es el don de Dios sino El mismo? Y, nos dice el disc\u00edpulo amado, El vino a su casa, pero los suyos no le recibieron (Jn 1, 11). San Juan Bautista podr\u00eda dirigir todav\u00eda a muchas almas estas palabras de reproche: \u201cHay uno, en medio de vosotros, &#8216;en vosotros&#8217;, a quien no conoc\u00e9is\u201d (Jn 1, 26).<br \/><br \/>39. \u201cSi conocieras el don de Dios&#8230;\u201d Hay una creatura que conoci\u00f3 este don de Dios, una creatura que no perdi\u00f3 ni una part\u00edcula, una creatura que fue tan pura, tan luminosa que parece ser la misma luz: Speculum justitiae\u201d. Una creatura cuya vida fue tan sencilla, tan abstra\u00edda en Dios, que no se puede decir casi nada de ella.<br \/><br \/>\u201cVirgo fidelis\u201d: es la Virgen fiel, \u201cla que guardaba todas las cosas en su coraz\u00f3n\u201d (Lc 2, 19 y 51). Ella se manten\u00eda tan peque\u00f1a, tan recogida delante de Dios en el secreto del templo, que atra\u00eda las complacencias de la Santa Trinidad: \u201c\u00a1Porque ha mirado la bajeza de su sierva, en adelante todas las generaciones me llamar\u00e1n bienaventurada!\u201d (Lc 1, 48). El Padre, inclin\u00e1ndose hacia esta criatura tan bella, tan ignorante de su belleza, quiso que ella fuese la madre en el tiempo de Aquel de quien El es el Padre en la eternidad. Entonces, el Esp\u00edritu de amor, que preside todas las obras de Dios, sobrevino. La Virgen dijo su fiat: \u201cHe aqu\u00ed la sierva del Se\u00f1or, h\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra\u201d (Lc 1, 38), y tuvo lugar el m\u00e1s grande de los misterios. Y por la bajada del Verbo a ella, Mar\u00eda fue para siempre la presa de Dios.<br \/><br \/>40. Me parece que la actitud de la Virgen durante los meses transcurridos entre la Anunciaci\u00f3n y el Nacimiento es el modelo de las almas interiores; de esos seres que Dios ha escogido para vivir dentro de s\u00ed, en el fondo del abismo sin fondo. \u00a1Con qu\u00e9 paz, con qu\u00e9 recogimiento Mar\u00eda se somet\u00eda y se prestaba a todas las cosas! \u00a1C\u00f3mo, aun las m\u00e1s vulgares, eran divinizadas por Ella! Porque a trav\u00e9s de todo la Virgen no dejaba de ser la adoradora del don de Dios. Esto no la imped\u00eda entregarse a las cosas de fuera cuando se trataba de ejercitar la caridad. El Evangelio nos dice que Mar\u00eda subi\u00f3 con toda diligencia a las monta\u00f1as de Judea para ir a casa de su prima Isabel (Lc 1, 39\u201140). Jam\u00e1s la visi\u00f3n inefable que ella contemplaba en s\u00ed misma disminuy\u00f3 su caridad exterior. Porque, como dice un autor piadoso, si la contemplaci\u00f3n \u00abtiende hacia la alabanza y a la eternidad de su Se\u00f1or, ella posee la unidad y nunca la perder\u00e1. Si llega un mandato del cielo, ella se vuelve hacia los hombres, se compadece de todas sus necesidades, se inclina hacia todas sus miserias. Es necesario que ella llore y que ella fecunde. Alumbra como el fuego; como \u00e9l, ella quema, absorbe y devora, elevando hacia el cielo lo que ha devorado. Y una vez que ha acabado su misi\u00f3n en la tierra se remonta y emprende nuevamente, ardiendo en su fuego, el camino de la altura\u00bb<br \/><strong><a href=\"#topCf\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a id=\"Cf-1002\"><\/a>Segunda oraci\u00f3n<\/strong><br \/><br \/>41. \u201cHemos sido predestinados por un decreto de Aquel que obra todas las cosas seg\u00fan el consejo de su voluntad, para que seamos la alabanza de su gloria (Ef 1, 11\u201112).<\/p>\n<p>Es San Pablo quien habla as\u00ed, San Pablo ense\u00f1ado por el mismo Dios. \u00bfC\u00f3mo realizar este gran sue\u00f1o del coraz\u00f3n de nuestro Dios, este deseo inmutable sobre nuestras almas? \u00bfC\u00f3mo, en una palabra, responder a nuestra vocaci\u00f3n y llegar a ser perfectas Alabanzas de gloria de la Sant\u00edsima Trinidad?<br \/><br \/>42. \u00abEn el cielo\u00bb cada alma es una alabanza de gloria del Padre, del Verbo y del Esp\u00edritu Santo, porque cada alma est\u00e1 establecida en el puro amor y \u00abno vive m\u00e1s de su propia vida, sino de la vida de Dios\u00bb. Entonces ella le conoce, dice San Pablo, como ella es conocida de El (I Cor , 13, 12), en otras palabras: \u00absu entendimiento es el entendimiento de Dios; su voluntad, la voluntad de Dios; su amor, el amor de Dios. Es, en realidad, el Esp\u00edritu de amor y de fortaleza el que transforma el alma, que, habiendo sido dado para suplir lo que le falta\u00bb, como dice San Pablo, \u00abobra en ella esta gloriosa transformaci\u00f3n\u00bb. San Juan de la Cruz afirma que \u00abfalta poco para que el alma entregada al amor no se eleve en esta vida por virtud del Esp\u00edritu Santo hasta el grado de amor de que acabamos de hablar\u00bb, ya desde aqu\u00ed abajo. Esto es lo que yo llamo una perfecta alabanza de gloria.<br \/><br \/>43. Una alabanza de gloria es un alma que mora en Dios, que le ama con un amor puro y desinteresado, sin buscarse en la dulzura de este amor; que le ama por encima de sus dones, incluso cuando no hubiera recibido nada de El; que s\u00f3lo desea el bien del objeto as\u00ed amado. Ahora bien, \u00bfc\u00f3mo desear y querer efectivamente el bien de Dios, si no es cumpliendo su voluntad, ya que esta voluntad ordena todas las cosas a su mayor gloria? Entonces esta alma debe entregarse plenamente, totalmente, hasta no querer otra cosa que lo que Dios quiera.<br \/><br \/>Una alabanza de gloria es un alma de silencio que permanece como una lira bajo el toque misterioso del Esp\u00edritu Santo para que El arranque de ella armon\u00edas divinas; sabe que el sufrimiento es una cuerda que produce los m\u00e1s bellos sonidos; por eso ella desea verla en su instrumento para conmover m\u00e1s deliciosamente el Coraz\u00f3n de Dios.<br \/><br \/>Una alabanza de gloria es un alma que mira fijamente a Dios en la fe y en la simplicidad. Es un reflector de todo lo que El es. Es como un abismo sin fondo en el cual El puede verterse y expansionarse. Es tambi\u00e9n como un cristal a trav\u00e9s del cual El puede irradiar y contemplar todas sus perfecciones y su propio esplendor. Un alma que de este modo permite al Ser Divino apagar en ella su deseo de comunicar \u00abtodo lo que El es y todo lo que tiene\u00bb, es, en realidad, la alabanza de gloria de todos sus dones.<br \/><br \/>Una alabanza de gloria es, en fin, un ser que siempre permanece en actitud de acci\u00f3n de gracias. Cada uno de sus actos, de sus movimientos, cada uno de sus pensamientos, de sus aspiraciones, al mismo tiempo que la arraigan m\u00e1s profundamente en el amor, son como un eco del Sanctus eterno.<br \/><br \/>44. En el cielo los bienaventurados no tienen \u00abreposo d\u00eda y noche diciendo: Santo, santo, santo, el Se\u00f1or Todopoderoso&#8230; Y prostern\u00e1ndose adoran al que vive en los siglos\u00bb (Ap 4, 8\u201110).<br \/><br \/>En el cielo de su alma la alabanza de gloria comienza ya el oficio que tendr\u00e1 en la eternidad. Su c\u00e1ntico no cesa, porque est\u00e1 bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, que obra todo en ella; y aunque ella no sea siempre consciente de ello, porque la debilidad de la naturaleza no le permite estar siempre fija en Dios sin distracciones, ella canta siempre, adora siempre; ella se ha convertido, por decirlo as\u00ed, en la alabanza y el amor, en la pasi\u00f3n por la gloria de su Dios. En el cielo de nuestra alma seamos alabanzas de gloria de la Sant\u00edsima Trinidad, alabanza de amor de nuestra Madre Inmaculada. Un d\u00eda se descorrer\u00e1 el velo, seremos introducidas en los atrios eternos y all\u00ed cantaremos en el seno del Amor infinito. Y Dios nos dar\u00e1 el nombre prometido al vencedor (Ap 2, 17). \u00bfCu\u00e1l ser\u00e1? &#8230;<br \/><strong><a href=\"#topCf\">&#8211; ir a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><br \/><br \/><br \/><br \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0Indice: Santa Isabel de la Trinidad, El Cielo en la feD\u00eda primero\u00a0 Primera oraci\u00f3n\u00a0 Segunda oraci\u00f3n D\u00eda segundo\u00a0 Primera oraci\u00f3n\u00a0 Segunda oraci\u00f3n D\u00eda tercero\u00a0 Primera oraci\u00f3n\u00a0 Segunda oraci\u00f3n D\u00eda cuarto\u00a0 Primera oraci\u00f3n\u00a0 Segunda oraci\u00f3n D\u00eda quinto\u00a0 Primera oraci\u00f3n\u00a0 Segunda oraci\u00f3n &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=5340\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[37],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-1o8","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/5340"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=5340"}],"version-history":[{"count":11,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/5340\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5560,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/5340\/revisions\/5560"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=5340"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=5340"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=5340"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}