{"id":6097,"date":"2022-02-02T15:13:57","date_gmt":"2022-02-02T21:13:57","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=6097"},"modified":"2022-05-14T15:19:20","modified_gmt":"2022-05-14T21:19:20","slug":"grandeza-de-nuestra-vocacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=6097","title":{"rendered":"Grandeza de nuestra vocaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Grandeza de nuestra vocaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>J.M. + J.T.<\/p>\n<p>1. \u00a1He aqu\u00ed, por fin, a Sabel, que viene a colocarse con su l\u00e1piz cerca de su Francisca querida! Digo con su l\u00e1piz porque la instalaci\u00f3n de coraz\u00f3n a coraz\u00f3n hace mucho que est\u00e1 hecha. \u00bfverdad?, y permanecemos unidas las dos. \u00a1Cu\u00e1nto me gusta nuestro encuentro de la noche!. Es como el preludio de la comuni\u00f3n que se establecer\u00e1 entre nuestras almas del cielo a la tierra. Me parece que estoy inclinada sobre ti, como una madre sobre su hijo predilecto. Levanto los ojos, miro a Dios, despu\u00e9s los bajo a ti, exponi\u00e9ndote a los rayos de su Amor. Francisca, no le hablo de ti, pero El me comprende mejor, prefiere mi silencio. Hija m\u00eda querida, quisiera ser santa para poder ayudarte desde aqu\u00ed abajo, esperando hacerlo all\u00e1 arriba. \u00a1Qu\u00e9 no sufrir\u00eda yo para obtenerte las gracias de fortaleza que necesitas!<\/p>\n<p>2.\u00a0Quiero responder a tus preguntas. Tratemos primeramente de la humildad. He le\u00eddo sobre ella en el libro de que te he hablado p\u00e1ginas magn\u00edficas. El piadoso autor dice que nada puede \u00abturbar\u00bb al humilde, que \u00e9l posee \u00abla paz imperturbable, porque se ha precipitado en un abismo tal que nadie ir\u00e1 a buscarle hasta all\u00ed\u00bb. Dice tambi\u00e9n que el humilde encuentra el mayor consuelo de su vida en el sentimiento de su \u00abimpotencia\u00bb \u00abante Dios\u00bb. Francisquita, el orgullo no es una cosa que se puede destruir con un golpe de espada. Ciertamente, algunos actos heroicos de humildad, como se ve en las vidas de los Santos, le dan un golpe, no mortal, pero que por lo menos le debilitan considerablemente. Pero, fuera de estos casos, hay que hacerle morir cada d\u00eda. \u201cQuotidie morior, gritaba San Pablo; muero cada d\u00eda\u201d (I Cor. 15, 31).<\/p>\n<p>3.\u00a0Francisca, esta doctrina de morir a s\u00ed mismo, que es, sin embargo, la ley despu\u00e9s que Cristo ha dicho: \u201cSi alguno quiere venir en pos de m\u00ed, que tome su cruz y se renuncie\u201d (Mt. 16, 24), esta doctrina, que parece tan austera, es de una suavidad deliciosa, cuando se mira el t\u00e9rmino de esta muerte, que es la vida de Dios en lugar de nuestra vida de pecado y miserias. Es lo que quer\u00eda decir San Pablo cuando escrib\u00eda: \u201cDespojaos del hombre viejo y revest\u00edos del nuevo, seg\u00fan la imagen del que le ha creado\u201d (Col. 3, 9\u201110). Esta imagen es Dios mismo. \u00bfTe acuerdas de ese deseo que El expresa tan formalmente el d\u00eda de la creaci\u00f3n: \u201cHagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza?\u201d (Gen. 1, 26). \u00a1Oh!, ya ves, si pens\u00e1semos m\u00e1s en el origen de nuestra alma, las cosas de la tierra nos parecer\u00edan tan pueriles que no tendr\u00edamos otra cosa que desprecio hacia ellas&#8230; San Pedro escribe en una de sus ep\u00edstolas \u201cque hemos sido hechos part\u00edcipes de la naturaleza divina\u201d (II Pe. 1, 4), y San Pablo recomienda que \u201cconservemos hasta el fin el principio de su ser que El nos ha dado\u201d (Heb. 3, 14).<\/p>\n<p>4.\u00a0Me parece que el alma que tiene conciencia de su grandeza entra en esta \u201csanta libertad de los hijos de Dios\u201d de que habla el Ap\u00f3stol (Rom. 8, 21), es decir, que ella trasciende todas las cosas y se trasciende a s\u00ed misma. Me parece que el alma m\u00e1s libre es la que m\u00e1s se olvida de s\u00ed misma. Si se me preguntase el secreto de la felicidad, yo dir\u00eda que es no tenerse en cuenta a s\u00ed mismo, negarse en todo tiempo. He aqu\u00ed un modo eficaz de hacer morir el orgullo: \u00a1matarle de hambre! Ya ves, e! orgullo es el amor de nosotros mismos; pues bien, es necesario que el amor de Dios sea tan fuerte que apague todo nuestro amor propio. San Agust\u00edn dice que nosotros tenemos dentro dos ciudades, la ciudad de Dios y la ciudad del YO. En la medida que crezca la primera se destruir\u00e1 la segunda. Un alma que viviese en la fe, bajo la mirada de Dios, que tuviese el \u201cojo simple\u201d de que habla Cristo en el Evangelio, es decir, esa pureza \u00abde intenci\u00f3n\u00bb \u00abque no mira m\u00e1s que a Dios\u00bb, esa alma me parece que vivir\u00eda siempre en la humildad. Ella sabr\u00eda reconocer los dones recibidos, pues \u00abla humildad es la verdad\u00bb. Pero ella no se apropia nada, lo dirige todo a Dios, como hac\u00eda la santa Virgen.<\/p>\n<p>5.\u00a0Francisca, todos los movimientos de orgullo que sientes en ti no son faltas m\u00e1s que cuando la voluntad los consiente. Cuando esto no hay, podr\u00e1s sufrir mucho pero no ofendes a Dios. Esas faltas que se te escapan, como me dices, sin reflexionar, denotan sin duda un fondo de amor propio; pero esto, querida m\u00eda, forma parte de nosotros&#8230; Lo que el buen Dios te pide es que nunca te detengas voluntariamente en cualquier pensamiento de orgullo, y no hacer nunca un acto inspirado por \u00e9l; porque esto no est\u00e1 bien. Y si todav\u00eda notas alguna de estas cosas, no hay que desanimarse, porque es a\u00fan el orgullo el que se irrita, sino debes \u00abexponer tu miseria\u00bb, como Magdalena a los pies del Maestro, y pedirle que te libre. \u00a1Le gusta tanto que el alma reconozca su impotencia! Entonces, como dec\u00eda una gran santa, \u00abel abismo de la inmensidad de Dios se encuentra cara a cara con el abismo de la nada\u00bb de la creatura y Dios estrecha esa nada.<\/p>\n<p>6.\u00a0No es orgullo, hija querida, pensar que no quieres una vida f\u00e1cil. Yo creo que Dios quiere que tu vida discurra en un ambiente donde se respire el aire divino. \u00a1Oh!, ya ves, tengo una compasi\u00f3n profunda de las almas que no viven m\u00e1s alto que la tierra y sus cosas vanas. Me parece que son esclavas, y quisiera decirles: Sacudid ese yugo que pesa sobre vosotras. \u00bfQu\u00e9 hac\u00e9is con estos lazos que os encadenan a vosotras mismas y a las cosas m\u00e1s peque\u00f1as que vosotras? Me parece que los bienaventurados en este mundo son los que tienen suficiente desprecio y olvido de s\u00ed para elegir la Cruz por su porci\u00f3n. Cuando se sabe colocar la alegr\u00eda en el sufrimiento \u00a1qu\u00e9 deliciosa paz!<\/p>\n<p>7.\u00a0\u201cCumplo en mi carne lo que falta a la Pasi\u00f3n de Jesucristo por su cuerpo, que es la Iglesia\u201d (Col. 1, 24). He aqu\u00ed lo que constitu\u00eda la felicidad del Ap\u00f3stol. Este pensamiento me persigue y te confieso que experimento una alegr\u00eda \u00edntima y profunda al pensar que Dios me ha escogido para asociarme a la Pasi\u00f3n de su Cristo, y este camino del Calvario que subo cada d\u00eda me parece m\u00e1s bien la ruta de la felicidad. \u00bfNo has visto esas estampas que representan a la muerte segando con la hoz? Pues bien, \u00e9se es mi estado; me parece que la siento destruirme as\u00ed&#8230; Para la naturaleza esto es a veces doloroso, y te aseguro que si me quedase ah\u00ed, no sentir\u00eda m\u00e1s que flaqueza en el sufrimiento. Pero esto es la consideraci\u00f3n humana, y muy pronto \u00ababro el ojo de mi alma a la luz de la fe\u00bb, y esta fe me dice que es el amor el que me destruye, quien me consume lentamente, y mi alegr\u00eda es inmensa y me ofrezco a \u00e9l como presa.<\/p>\n<p>8. Francisca, para llegar a la vida ideal del alma creo que hay que vivir en lo sobrenatural, es decir, no obrar nunca \u201cnaturalmente\u201d&#8230; Hay que tomar conciencia de que Dios est\u00e1 en lo m\u00e1s \u00edntimo de nosotros y que hay que ir a todo con El. Entonces nunca se es superficial, aun haciendo las acciones m\u00e1s ordinarias, porque no se vive en estas cosas, las supera. Un alma sobrenatural no trata nunca con las causas segundas, sino solamente con Dios. \u00a1Oh!, \u00a1c\u00f3mo se simplifica su vida, c\u00f3mo se acerca a la vida de los bienaventurados, c\u00f3mo est\u00e1 libre de ella misma y de todas las cosas! Para ella todo se reduce a la unidad, a ese \u201c\u00fanico necesario\u201d (Lc. 10, 42) de que hablaba el Maestro a la Magdalena. Entonces ella es verdaderamente grande, verdaderamente libre, porque ella \u201cha encerrado su voluntad en la voluntad de Dios\u201d<\/p>\n<p>9.\u00a0Francisca m\u00eda, cuando se contempla nuestra eterna predestinaci\u00f3n parecen las cosas visibles tan despreciables&#8230; Escucha a San Pablo: \u201cA los que Dios ha conocido en su presencia, los ha predestinado a ser conformes con la imagen de su Hijo\u201d (Rom. 8, 29). \u00a1Esto no es todo. Vas a ver, mi peque\u00f1a, que t\u00fa perteneces al n\u00famero de los \u201cconocidos\u201d.) \u201cY a los que ha conocido, los ha llamado\u201d: es el bautismo quien te ha hecho hija de adopci\u00f3n (Rom. 8, 15), el que te ha marcado con el sello de la Santa Trinidad. \u201cA los que El ha llamado, El los ha justificado\u201d: \u00a1cu\u00e1ntas veces lo has sido t\u00fa por el sacramento de la penitencia y por todos estos toques de Dios en tu alma, sin que te des cuenta!<\/p>\n<p>\u201cY a los que El ha justificado, tambi\u00e9n los ha glorificado.\u201d \u00a1Esto es lo que te espera en la eternidad! Pero recuerda que nuestro grado de gloria ser\u00e1 el grado de gracia en que nos encuentre al momento de la muerte. Perm\u00edtele acabar en ti la obra de su predestinaci\u00f3n, y para ello escucha a\u00fan a San Pablo, que te va a dar un programa de vida.<\/p>\n<p>10.\u00a0\u201cCaminad en Jesucristo, enraizada en El, edificada sobre El, asegurada en la fe y creciendo en El en la acci\u00f3n de gracias\u201d. S\u00ed, hijita de mi alma y de mi coraz\u00f3n, camina por Cristo Jes\u00fas. El te hace este camino ancho, t\u00fa no est\u00e1s hecha para los caminos estrechos de aqu\u00ed abajo. Enra\u00edzate en El, y para esto desarr\u00e1igate de ti misma, o cosa parecida; es decir, neg\u00e1ndote cada vez que te encuentres. Permanece edificada sobre El, muy por encima de todo lo pasajero, all\u00e1 donde todo es puro, luminoso.<\/p>\n<p>11.\u00a0Aseg\u00farate en la fe, es decir, no obres m\u00e1s que bajo la luz potente de Dios, nunca seg\u00fan las impresiones y la imaginaci\u00f3n. Cree que El te ama, que quiere ayudarte El mismo en las luchas que tendr\u00e1s que sostener. Cree en su amor, su demasiado gran amor, como dice San Pablo (Ef. 2, 4). Alimenta tu alma de las grandes verdades de la fe, que le revelan toda su riqueza y el fin para el que Dios la ha creado. Si t\u00fa vives en todas sus cosas, tu piedad no ser\u00e1 una exaltaci\u00f3n nerviosa, como temes, sino ser\u00e1 verdadera. \u00a1Es tan hermosa la verdad, la verdad del amor: \u201cEl me ha amado, El se ha entregado por m\u00ed\u201d \u00a1Gal. 2, 20)! He aqu\u00ed, hijita, lo que es ser verdadero.<\/p>\n<p>12.\u00a0Y despu\u00e9s crece en la acci\u00f3n de gracias. Es la \u00faltima palabra del programa y es su consecuencia: si marchas arraigada en Jesucristo, asegurada en tu fe, vivir\u00e1s en la acci\u00f3n de gracias. \u00a1El amor de los hijos de Dios! Me pregunto c\u00f3mo el alma que ha sondeado el amor que existe en el Coraz\u00f3n de Dios \u201chacia ella\u201d puede dejar de estar siempre alegre, incluso en todo sufrimiento y dolor. Acu\u00e9rdate de que \u201cEl te ha elegido en El antes de la creaci\u00f3n para que seas inmaculada y pura en su presencia, en el amor\u201d (Ef. 1, 4). Es tambi\u00e9n San Pablo el que dice esto. Por consiguiente, no temas la lucha, la tentaci\u00f3n: \u201cCuando yo soy d\u00e9bil, dec\u00eda el Ap\u00f3stol, es entonces cuando soy fuerte, porque la fortaleza de Cristo habita en m\u00ed\u201d (2 Cor. 12, 10, 9).<\/p>\n<p>13.\u00a0Me pregunto qu\u00e9 va a pensar nuestra Reverenda Madre si ve este diario. Ella no me permite escribir m\u00e1s, pues estoy sumamente d\u00e9bil y me siento desfallecer a cada momento. Esta carta ser\u00e1 posiblemente la \u00faltima de tu Sabel; ella ha tardado muchos d\u00edas en escrib\u00edrtela, lo que te explicar\u00e1 su incoherencia. Y esta noche no me puedo decidir a dejarte. Estoy sola, son las siete y media de la tarde, la comunidad est\u00e1 en recreaci\u00f3n&#8230; y yo me creo ya un poco en el cielo en mi celdita, sola con El solo, llevando mi cruz con mi Maestro. Francisca, mi felicidad crece en proporci\u00f3n con mi sufrimiento. \u00a1Si supieras qu\u00e9 dulzura se encuentra en el fondo del c\u00e1liz preparado por el Padre del cielo!<\/p>\n<p>Adi\u00f3s, Francisca querida, no puedo continuar. Y en el silencio de nuestros encuentros t\u00fa adivinar\u00e1s, t\u00fa comprender\u00e1s lo que no te digo. Te abrazo. Te amo como una madre a su hijo peque\u00f1ito. Adi\u00f3s, mi peque\u00f1ita&#8230; \u00abque a la sombra de sus alas te guarde de todo mal\u00bb (Sal. 90, 4, 10, 11).<\/p>\n<p>Hna. M. Isabel de la Trinidad<\/p>\n<p>Laudem Gloriae (Este ser\u00e1 mi nombre en el cielo)<\/p>\n<p>Un recuerdo respetuoso y filial a tu querida mam\u00e1, amistades y a la querida Mar\u00eda Luisa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Grandeza de nuestra vocaci\u00f3n J.M. + J.T. 1. \u00a1He aqu\u00ed, por fin, a Sabel, que viene a colocarse con su l\u00e1piz cerca de su Francisca querida! 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