{"id":6101,"date":"2021-11-25T10:28:12","date_gmt":"2021-11-25T16:28:12","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=6101"},"modified":"2022-05-15T11:33:04","modified_gmt":"2022-05-15T17:33:04","slug":"ultimos-ejercicios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=6101","title":{"rendered":"\u00daltimos ejercicios"},"content":{"rendered":"\n<p><a id=\"topSITue\"><\/a>.<br \/><strong>\u00cdndice: Santa Isabel de la Trinidad, <em>\u00daltimos ejercicios<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"#SITue1\">D\u00eda primero \u00a0 \u00a01<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue2\">2<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#SITue3\">D\u00eda segundo \u00a0 \u00a03<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue4\">4<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue5\">5<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#SITue6\">D\u00eda tercero \u00a0 \u00a06<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue7\">7<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue8\">8<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#SITue9\">D\u00eda cuarto \u00a0 \u00a09<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue10\">10<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue11\">11<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#SITue12\">D\u00eda quinto \u00a0 \u00a012<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue13\">13<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue14\">14<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#SITue15\">D\u00eda sexto \u00a0 \u00a015<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue16\">16<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#SITue17\">D\u00eda s\u00e9ptimo \u00a0 \u00a017<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue18\">18<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue19\">19<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#SITue20\">D\u00eda octavo \u00a0 \u00a020<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue21\">21<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#SITue22\">D\u00eda noveno \u00a0 \u00a022<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue23\">23<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue24\">24<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#SITue25\">D\u00eda d\u00e9cimo \u00a0 \u00a025<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue26\">26<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#SITue27\">D\u00eda und\u00e9cimo (continuaci\u00f3n) \u00a0 \u00a027<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue28\">28<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#SITue29\">D\u00eda duod\u00e9cimo \u00a0 \u00a029<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue30\">30<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue31\">31<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#SITue32\">D\u00eda decimotercero \u00a0 \u00a032<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue33\">33<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue34\">34<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue35\">35<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#SITue36\">D\u00eda decimocuarto \u00a0 \u00a036<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue37\">37<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue38\">38<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue39\">39<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#SITue40\">D\u00eda decimoquinto \u00a0 \u00a040<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue41\">41<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#SITue42\">D\u00eda decimosexto \u00a0 \u00a042<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue43\">43<\/a> \u00a0 \u00a0 \u00a0<a href=\"#SITue44\">44<\/a><\/strong><br \/><br \/>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><a id=\"SITue1\"><\/a><strong>D\u00eda primero<\/strong><\/p>\n<p>Jueves 16 de agosto<\/p>\n<p>1. \u00abNescivi\u00bb. \u00abNo supe nada m\u00e1s.\u00bb Esto es lo que canta \u00abla esposa de los Cantares\u00bb despu\u00e9s de haber sido introducida en \u00abla bodega interior\u00bb. Me parece que tal debe ser tambi\u00e9n el lema de una alabanza de gloria en este primer d\u00eda de Ejercicios, en que el Maestro la ha hecho penetrar en el fondo del abismo sin fondo, para ense\u00f1arle a cumplir el oficio que tendr\u00e1 durante toda la eternidad y en el que debe ejercitarse ya en el tiempo, que es la eternidad comenzada, pero siempre en progreso. \u00a1\u00abNescivi!\u00bb No s\u00e9 nada m\u00e1s, no quiero saber nada m\u00e1s, sino \u00abconocerle a El, la comuni\u00f3n en sus sufrimientos, la conformidad con su muerte\u00bb (Flp. 3, 10). \u00abA los que Dios conoci\u00f3 en su presciencia, los ha predestinado tambi\u00e9n a ser conformes con la imagen de su divino Hijo\u00bb (Rom. 8, 29), el Crucificado por amor. Cuando yo est\u00e9 completamente identificada con este ejemplar divino, toda transformada en El y El en m\u00ed, entonces cumplir\u00e9 mi vocaci\u00f3n eterna; aquella para la que Dios me ha \u00abelegido en El\u00bb (Ef. 1, 4) \u00abin principio\u00bb, la que yo continuar\u00e9 \u00abin aeternum\u00bb cuando, sumergida en el seno de mi Trinidad, ser\u00e9 la incesante alabanza de su gloria, \u00abLaudem Gloriae ejus\u00bb (Ef. 1, 12).<\/p>\n<p><a id=\"SITue2\"><\/a>2. \u00abNadie ha visto al Padre, nos dice San Juan, si no es el Hijo y aquellos a quienes el Hijo quiso revel\u00e1rselo\u00bb. Me parece que tambi\u00e9n se puede decir: \u00abNadie ha penetrado el misterio de Cristo en su profundidad, salvo la Virgen. Juan y la Magdalena han penetrado mucho en este misterio, San Pablo habla frecuentemente del conocimiento que se le ha dado (Ef. 3, 34), y, sin embargo, \u00a1c\u00f3mo todos los Santos quedan en la sombra cuando se contemplan las claridades de la Virgen!&#8230;<\/p>\n<p>Ella es lo indecible, [es] el \u00absecreto que ella guardaba y meditaba en su coraz\u00f3n\u00bb (Lc. 2, 19), que ninguna lengua ha podido revelar, ninguna pluma traducir. Esta Madre de gracia va a formar mi alma, para que su hijita sea una imagen viva, \u00abexpresiva\u00bb, de su primer Hijo (Lc. 2, 7), el Hijo del Eterno, Aquel que fue la perfecta alabanza de gloria de su Padre.<\/p>\n<p><strong><a href=\"#topSITue\">&#8211; volver a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><a id=\"SITue3\"><\/a><strong>D\u00eda segundo<\/strong><\/p>\n<p>3. \u00abMi alma est\u00e1 siempre en mis manos\u00bb (Sal. 118, 109). He aqu\u00ed lo que se cantaba en el alma de mi Maestro, he aqu\u00ed tambi\u00e9n por qu\u00e9 El, entre toda clase de angustias, permanec\u00eda siempre pac\u00edfico y fuerte. \u00a1Mi alma est\u00e1 siempre en mis manos!&#8230; \u00bfQu\u00e9 quiere decir esto sino el pleno dominio de s\u00ed en presencia del Pac\u00edfico? Hay otro canto de Cristo que quisiera repetir sin cesar: \u00abMi fortaleza guardar\u00e9 para Vos\u00bb&#8230; Mi Regla me dice: \u00abEn el silencio estar\u00e1 vuestra fortaleza\u00bb. Me parece que conservar su fortaleza para el Se\u00f1or es hacer la unidad en todo su ser por el silencio interior, es juntar todas las potencias para \u00abocuparlas\u00bb en el \u00absolo ejercicio del amor\u00bb, es tener ese \u00abojo simple\u00bb que permite a la luz de Dios iluminarnos. Un alma que discute con su yo, que se ocupa de sus sensibilidades, que va detr\u00e1s de un pensamiento in\u00fatil, de un deseo cualquiera, esta alma dispersa sus fuerzas, no est\u00e1 toda ordenada a Dios; su lira no vibra al un\u00edsono y el Maestro, al tocarla, no puede hacer brotar armon\u00edas divinas. Hay all\u00ed demasiado de humano, hay disonancias. El alma que guarda todav\u00eda alguna cosa en su \u00abreino interior\u00bb, que no tiene todas sus potencias \u00abrecluidas\u00bb en Dios, no puede ser una alabanza perfecta de gloria; no est\u00e1 en disposici\u00f3n de cantar sin interpretaci\u00f3n el \u00abcanticum magnum\u00bb de que habla San Pablo, porque no reina en ella la unidad, y en lugar de proseguir su alabanza a trav\u00e9s de todas las cosas en la simplicidad, es necesario que junte sin cesar las cuerdas de su instrumento, dispersas por todas partes.<\/p>\n<p><a id=\"SITue4\"><\/a>4. \u00a1Qu\u00e9 indispensable es esta bella unidad interior al alma que quiere vivir en la tierra la vida de los bienaventurados, es decir, de seres simples, de esp\u00edritus! Me parece que a eso se refer\u00eda el Maestro cuando hablaba a Magdalena del \u00abUnum necesarium\u00bb. \u00a1C\u00f3mo lo hab\u00eda comprendido la gran Santa! \u00abEl ojo de su alma iluminada por la luz de la fe\u00bb hab\u00eda reconocido a su Dios bajo el velo de la humanidad; y en el silencio, en la unidad de sus potencias, \u00abella escuchaba la palabra que El le dec\u00eda\u00bb (Lc. 10, 39). Ella pod\u00eda cantar: \u00abMi alma est\u00e1 siempre en mis manos\u00bb, y esta \u00fanica palabra: \u00abNescivi\u00bb. S\u00ed, \u00a1ella no sab\u00eda nada m\u00e1s que El! Pod\u00eda hacerse ruido, agitarse a su alrededor: \u00ab\u00a1Nescivi! \u00bb. Se pod\u00eda acusarla: \u00ab\u00a1Nescivi! \u00bb. Ni su honor ni las cosas exteriores pod\u00edan sacarla de su \u00absagrado silencio\u00bb<\/p>\n<p><a id=\"SITue5\"><\/a>5. As\u00ed ocurre al alma que ha entrado en \u00abla fortaleza del santo recogimiento\u00bb: el ojo de su alma, abierto bajo las claridades de la fe, descubre a su Dios presente, viviendo en ella; a su vez, ella permanece tan presente a El, en la bella simplicidad, que El la guarda con un cuidado celoso. Pueden, entonces, sobrevenir las agitaciones de fuera, las tempestades de dentro, se puede atacar su punto de honor: \u00ab\u00a1Nescivi! \u00bb. Puede Dios esconderse y retirarle la gracia sensible: \u00ab\u00a1Nescivi! \u00bb. Y con San Pablo: \u00abPor su amor he perdido todo\u00bb (Flp. 3, 8). Entonces el Maestro tiene libertad para derramarse, para darse \u00abseg\u00fan su medida\u00bb. Y el alma as\u00ed simplificada, unificada, se hace trono del Inmutable, ya que \u00abla unidad es el trono de la Santa Trinidad\u00bb?<\/p>\n<p><strong><a href=\"#topSITue\">&#8211; volver a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><a id=\"SITue6\"><\/a><strong>D\u00eda tercero<\/strong><\/p>\n<p>6. \u00abHemos sido predestinados seg\u00fan el decreto de Aquel que hace todas las cosas seg\u00fan el consejo de su voluntad, para que seamos la alabanza de su gloria\u00bb (Ef. 1, 11\u201112). Es San Pablo quien nos comunica esta elecci\u00f3n divina, San Pablo, que penetr\u00f3 tan profundamente el \u00absecreto escondido en el coraz\u00f3n de Dios desde los siglos\u00bb (Ef. 3, 9). El nos va ahora a dar luz acerca de la vocaci\u00f3n a que hemos sido llamados. \u00abDios, dice \u00e9l, nos ha elegido en El antes de la creaci\u00f3n para que seamos santos e inmaculados en su presencia, en el amor\u00bb (Ef. 1, 4). Si acerco estas dos manifestaciones del plan divino y eternamente inmutable, concluyo que para cumplir dignamente mi oficio de \u00abLaudem Gloriae\u00bb debo mantenerme a trav\u00e9s de todas las cosas \u00aben presencia de Dios\u00bb; m\u00e1s a\u00fan: el Ap\u00f3stol nos dice \u00abin charitate\u00bb, es decir, en Dios, \u00abDeus charitas est&#8230; \u00bb; y es el contacto del Ser divino el que me har\u00e1 \u00abinmaculada y santa\u00bb ante sus ojos.<\/p>\n<p><a id=\"SITue7\"><\/a>7. Yo aplico esto a la bella virtud de la simplicidad, de la que ha escrito un autor piadoso: \u00abElla da al alma el reposo del abismo\u00bb, es decir, el reposo en Dios, Abismo insondable, preludio y eco del s\u00e1bado eterno, del que habla San Pablo diciendo: \u00abNosotros, que hemos cre\u00eddo, seremos introducidos en este reposo\u00bb (Heb. 4, 3).<\/p>\n<p>Los bienaventurados tienen este reposo del abismo porque ellos contemplan a Dios en la simplicidad de su esencia. \u00abEllos le conocen, dice San Pablo, como son conocidos por El\u00bb (I Cor., 13, 12); es decir, por la visi\u00f3n intuitiva, la mirada simple. Y es por esto por lo que prosigue el gran Santo: \u00abEllos son transformados de claridad en claridad, por el poder de su Esp\u00edritu, en su propia imagen\u00bb (II Cor. 3, 18); entonces ellos son una incesante alabanza de gloria del Ser divino que contempla en ellos su propio esplendor.<\/p>\n<p><a id=\"SITue8\"><\/a>8. Me parece que ser\u00e1 dar una gran alegr\u00eda al Coraz\u00f3n de Dios ejercitarse en el cielo de su alma en esta ocupaci\u00f3n de los bienaventurados y unirse a El por esta contemplaci\u00f3n simple, que acerca a la criatura al estado de inocencia en que Dios la hab\u00eda creado antes del pecado original \u00aba su imagen y semejanza\u00bb (Gen. 1, 26). Tal fue el anhelo del Creador: poder contemplarse en su criatura, ver en ella reflejadas todas sus perfecciones, toda su hermosura, como a trav\u00e9s de un cristal puro y sin mancha. \u00bfNo es esto una manera de extensi\u00f3n de su propia gloria?<\/p>\n<p>El alma, por la simplicidad de la mirada con que contempla su divino objeto, se halla separada de todo lo que la rodea, separada sobre todo de s\u00ed misma. Entonces ella resplandece con la \u00abciencia de la claridad de Dios\u00bb (2 Cor. 4, 6) de que habla el Ap\u00f3stol, porque ella permite al Ser divino reflejarse en ella \u00aby todos sus atributos le son comunicados\u00bb. En verdad, esta alma es la alabanza de gloria de todos sus dones. Canta a trav\u00e9s de todo y en los actos m\u00e1s sencillos el \u00abcanticum magnum, el canticum novum\u00bb&#8230; y este c\u00e1ntico hace conmoverse a Dios hasta lo m\u00e1s profundo de su Ser.<\/p>\n<p>\u00abTu luz, se le puede decir con Isa\u00edas, brillar\u00e1 en las tinieblas, y las tinieblas brillar\u00e1n como el mediod\u00eda. El Se\u00f1or te har\u00e1 gozar de un perpetuo reposo, llenar\u00e1 tu alma de resplandores, fortificar\u00e1 tus huesos. Ser\u00e1s como un jard\u00edn que se riega siempre, como una fuente cuyas aguas no se agotan nunca&#8230; Yo te levantar\u00e9 por encima de lo m\u00e1s elevado de este mundo\u00bb (Is. 58, 10\u201111, 14)<\/p>\n<p><strong><a href=\"#topSITue\">&#8211; volver a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><a id=\"SITue9\"><\/a><strong>D\u00eda cuarto<\/strong><\/p>\n<p>9. Ayer San Pablo, alzando un poco el velo, me permit\u00eda lanzar la mirada a \u00abla herencia de los santos en la luz\u00bb (Col. 1, 12), para ver su ocupaci\u00f3n y ensayar en lo posible de conformar mi vida con la suya, para cumplir mi oficio de \u00abLaudem Gloriae\u00bb. Hoy es San Juan, el disc\u00edpulo a quien amaba Jes\u00fas (Jn. 13, 23). el que me va a entreabrir \u00ablas puertas eternas\u00bb (Sal. 23, 7 y 9), para que pueda reposar mi alma en \u00abla santa Jerusal\u00e9n, dulce visi\u00f3n de paz\u00bb&#8230; Y me dice, en primer lugar, que en la ciudad no hay luz, \u00abporque la claridad de Dios la ha iluminado y el Cordero es la antorcha&#8230; \u00bb (Ap. 21, 23).<\/p>\n<p>Si quiero que mi ciudad interior tenga alguna conformidad y semejanza con la \u00abdel Rey de los siglos inmortal\u00bb y reciba la gran iluminaci\u00f3n de Dios, es necesario que apague toda otra luz y que, como en la Ciudad Santa, sea el Cordero \u00abla sola antorcha\u00bb.<\/p>\n<p><a id=\"SITue10\"><\/a>10. Y he aqu\u00ed que la fe, la bella luz de la fe, me sale al encuentro. Es ella sola la que debe alumbrarme para ir delante del Esposo. El salmista canta que \u00e9l se \u00abesconde en las tinieblas\u00bb (Sal. 17, 12). Despu\u00e9s parece contradecirse al decir que \u00abla luz le envuelve como un vestido\u00bb (Sal. 103, 2). Lo que yo concluyo de esta contradicci\u00f3n aparente es que debo sumergirme en \u00abla tiniebla sagrada\u00bb, haciendo la noche y el vac\u00edo en todas mis potencias. Entonces encontrar\u00e9 a mi Maestro, y \u00abla luz que le envuelve como un manto\u00bb me envolver\u00e1 tambi\u00e9n, pues El quiere que la Esposa sea luminosa con su luz, con su sola luz, \u00abteniendo la claridad de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Se dice de Mois\u00e9s que era \u00abinconmovible en su fe, como si hubiera visto al Invisible\u00bb (Heb. 11, 27). Me parece que tal debe ser la actitud de una alabanza de gloria que quiere proseguir a trav\u00e9s de todo su himno de acci\u00f3n de gracias: \u00abinconmovible en su fe al demasiado amor\u00bb (Ef. 2, 4). \u00abNosotros hemos conocido el amor de Dios hacia nosotros, y nosotros hemos cre\u00eddo\u00bb (I Jn. 4, 16).<\/p>\n<p><a id=\"SITue11\"><\/a>11. \u00abLa fe, dice San Pablo, es la sustancia de las cosas que se deben esperar y la demostraci\u00f3n de las que no se ven\u00bb (Heb. 11, 1).<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 importa al alma, que se ha recogido en la claridad que crea en ella esta palabra, sentir o no sentir, estar en la oscuridad o en la luz, gozar o no gozar?&#8230; Ella prueba una especie de verg\u00fcenza al hacer diferencia entre estas cosas; y cuando se siente afectada por ellas, se desprecia profundamente por su poco amor y mira inmediatamente a su Maestro para hacerse librar por El. Ella \u00able exalta\u00bb, seg\u00fan la expresi\u00f3n de un gran m\u00edstico, \u00aben la m\u00e1s alta cima de la monta\u00f1a de su coraz\u00f3n, por encima de las dulzuras y los consuelos que brotan de El, porque ella ha resuelto dejarlo todo atr\u00e1s para unirse con el que ella ama\u00bb. Me parece que a esta alma inconmovible en su fe a Dios Amor pueden dirigirse estas palabras del Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles: \u00abPorque cre\u00e9is ser\u00e9is colmados de una alegr\u00eda inconmovible y glorificada\u00bb (I Pe. 1, 8).<\/p>\n<p><strong><a href=\"#topSITue\">&#8211; volver a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><a id=\"SITue12\"><\/a><strong>D\u00eda quinto<\/strong><\/p>\n<p>12. \u00abVi una gran multitud que nadie pod\u00eda contar&#8230; Son los que vienen de la gran tribulaci\u00f3n y han lavado y blanqueado sus vestiduras en la Sangre del Cordero. Por eso est\u00e1n delante del trono de Dios y le sirven noche y d\u00eda en su templo, y el que est\u00e1 sentado en el trono habitar\u00e1 con ellos. No tendr\u00e1n en adelante ni hambre ni sed, ni caer\u00e1 sobre ellos el sol ni ardor alguno, porque el Cordero ser\u00e1 su pastor, y los guiar\u00e1 a las fuentes de las aguas de la vida, y Dios enjugar\u00e1 toda l\u00e1grima de sus ojos\u00bb (Ap. 7, 9, 14\u201117)<\/p>\n<p>Todos estos elegidos que tienen la palma en la mano (Ap. 7, 9) y est\u00e1n todos iluminados por la gran luz de Dios han debido antes pasar por la \u00abgran tribulaci\u00f3n\u00bb, conocer ese dolor, cantado por el salmista, \u00abinmenso como el mar\u00bb. Antes de contemplar \u00aba cara descubierta la gloria del Se\u00f1or\u00bb (II Cor. 3, 18) han participado en las humillaciones de Cristo; antes de ser \u00abtransformados de claridad en claridad en la imagen del Ser divino\u00bb (II Cor. 3,18), ellos han sido conformes a la del Verbo Encarnado, el Crucificado por amor.<\/p>\n<p><a id=\"SITue13\"><\/a>13. El alma que quiere servir a Dios noche y d\u00eda en su templo, es decir, en el santuario interior de que habla San Pablo cuando dice: \u00abEl templo de Dios es santo, y ese templo sois vosotros\u00bb (I Cor. 3, 17), debe estar resuelta a participar efectivamente de la pasi\u00f3n de su Maestro. Es una rescatada que debe rescatar otras almas a su vez, y para esto cantar\u00e1 con su lira: \u00abYo me glor\u00edo en la cruz de Jesucristo\u00bb (Gal. 6,14). Estoy clavada con Cristo en la cruz. Y todav\u00eda: \u00abSufro en mi cuerpo lo que falta a la pasi\u00f3n de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia\u00bb (Col. 1, 24). \u00abLa reina est\u00e1 en pie a su derecha\u00bb (Sal. 44, 11); tal es la actitud de esta alma; ella camina por la ruta del Calvario a la derecha de su Rey crucificado, aniquilado, humillado, y, sin embargo, tan fuerte, tan sereno, tan lleno de majestad, que va a la Pasi\u00f3n para \u00abhacer brillar la gloria de su gracia\u00bb, seg\u00fan la expresi\u00f3n de San Pablo (Ef. 1, 6). El quiere asociar a su Esposa a su obra de redenci\u00f3n. Y esta v\u00eda dolorosa por donde camina le parece la ruta de la felicidad; no s\u00f3lo porque conduce a ella, sino porque el Maestro santo le hace comprender que debe pasar por lo que hay de amargo en el sufrimiento para encontrar en \u00e9l su reposo, como El.<\/p>\n<p><a id=\"SITue14\"><\/a>14. Entonces ella puede servir a Dios \u00abnoche y d\u00eda en su templo\u00bb. Las pruebas de fuera y de dentro no pueden hacerla salir de la fortaleza donde el Maestro la ha encerrado. Ella no tiene ya \u00abni hambre ni sed\u00bb, porque, a pesar de su deseo ardiente de la Bienaventuranza, ella encuentra su saciedad en el alimento que fue el de su Maestro: \u00abla voluntad del Padre\u00bb (Jn. 4, 32\u201134). \u00abElla no siente caer sobre ella el calor del sol\u00bb, es decir, ella no sufrir\u00e1 ya porque sufre. Entonces el Cordero puede \u00abguiarla a las fuentes de la vida\u00bb, all\u00ed donde El quiere, como le parece, porque ella no mira los senderos por donde pasa, mira simplemente al Pastor que la conduce (Sal. 22, 34). Dios, inclin\u00e1ndose sobre esta alma, su hija adoptiva, tan conforme con la imagen de su Hijo \u00abprimog\u00e9nito de toda criatura\u00bb, la reconoce por una de aquellas que El \u00abha predestinado, llamado, justificado\u00bb (Rom. 8, 30). Y El se conmueve en sus entra\u00f1as de Padre, pensando consumar su obra (Jn. 17. 4), es decir, \u00abglorificarla\u00bb (Jn. 17, 4), llev\u00e1ndola a su reino (Col. 1, 13), para cantar all\u00ed por los siglos de los siglos la alabanza de su gloria (Ef. 1, 12).<\/p>\n<p><strong><a href=\"#topSITue\">&#8211; volver a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><a id=\"SITue15\"><\/a><strong>D\u00eda sexto<\/strong><\/p>\n<p>15. \u00abVi y he aqu\u00ed el Cordero, que estaba de pie sobre el monte Si\u00f3n, y con El ciento cuarenta y cuatro mil que llevaban su nombre y el nombre de su Padre escrito en sus frentes. Y o\u00ed una voz, como la voz de grandes aguas, y como la voz de un trueno. Y la voz que o\u00ed era como de muchos tocadores de harpa que tocan sus harpas. Y cantaban como un c\u00e1ntico nuevo delante del trono. Y nadie pod\u00eda decir el c\u00e1ntico sino estos ciento cuarenta y cuatro mil, porque son v\u00edrgenes&#8230; Estos siguen al Cordero adonde quiera que vaya\u00bb (Ap. 14, 14).<\/p>\n<p>Hay seres que desde la tierra forman parte de esta \u00abgeneraci\u00f3n pura como la luz\u00bb (Sab. 4, 1); llevan ya en sus frentes el nombre del Cordero y el de su Padre. \u00abEl nombre del Cordero\u00bb: por su semejanza y conformidad con Aquel que San Juan llama \u00abel Fiel, el Verdadero\u00bb (Ap. 19, 11) y nos le presenta \u00abvestido de una vestidura te\u00f1ida de sangre\u00bb (Ap. 19, 13). Aquellos seres son tambi\u00e9n los fieles, los verdaderos, y su vestidura est\u00e1 te\u00f1ida en la sangre de una inmolaci\u00f3n continua. \u00abEl nombre de su Padre\u00bb: porque El refleja en ellos la belleza de sus perfecciones, todos sus atributos divinos se reflejan en estas almas; y son como otras tantas cuerdas que vibran y cantan \u00abel c\u00e1ntico nuevo\u00bb. Ellas \u00absiguen al Cordero adondequiera que vaya\u00bb; no s\u00f3lo en los caminos anchos y f\u00e1ciles de recorrer, sino en los senderos espinosos, entre las zarzas del camino. Y es porque estas almas son \u00abv\u00edrgenes\u00bb, es decir, libres, separadas, despojadas, libres de todo menos de su amor, separadas de todo y, sobre todo, de ellas mismas, despojadas de todas las cosas tanto en el orden sobrenatural como en el orden natural.<\/p>\n<p><a id=\"SITue16\"><\/a>16. \u00a1Lo que supone esta salida de s\u00ed! \u00a1Qu\u00e9 muerte! Dig\u00e1moslo con palabras de San Pablo: \u00abQuotidie morior\u00bb. El gran Santo escrib\u00eda a los colosenses: \u00abEst\u00e1is muertos y vuestra vida est\u00e1 escondida con Jesucristo en Dios\u00bb (Col. 3, 3).<\/p>\n<p>He aqu\u00ed la condici\u00f3n: \u00a1es necesario estar muerto! Sin esto se puede estar escondido en Dios a ciertas horas; pero no se VIVE habitualmente en este Ser divino, porque las susceptibilidades, los ego\u00edsmos personales y el resto vienen a hacernos salir.<\/p>\n<p>El alma que contempla a su Maestro con ese \u00abojo simple que hace todo el cuerpo luminoso\u00bb (Mt. 6, 22) est\u00e1 defendida \u00abdel fondo de iniquidad que hay en ella\u00bb, del que se quejaba el profeta (Sal. 17, 24). El Se\u00f1or la hace entrar en \u00abese lugar espacioso\u00bb, que no es otro que El mismo. All\u00ed todo es puro, todo es santo.<\/p>\n<p>\u00a1Oh, bienaventurada muerte en Dios! \u00a1Oh, suave y dulce p\u00e9rdida de s\u00ed en el Ser amado, que permite decir a la criatura: \u00abVivo yo, ya no yo, es Cristo quien vive en m\u00ed. Y lo que tengo de vida en este cuerpo de muerte, lo tengo en la fe del Hijo de Dios, que me ha amado y se ha entregado por m\u00ed\u00bb! (Gal. 2, 20).<\/p>\n<p><strong><a href=\"#topSITue\">&#8211; volver a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><a id=\"SITue17\"><\/a><strong>D\u00eda s\u00e9ptimo<\/strong><\/p>\n<p>17. \u00abCoeli enarrant gloriam Dei\u00bb. He aqu\u00ed lo que pregonan los cielos: la gloria de Dios.<\/p>\n<p>Ya que mi alma es un cielo, donde vivo esperando \u00abla Jerusal\u00e9n celeste\u00bb (Heb. 12, 22). Es necesario que este cielo cante tambi\u00e9n la gloria del Eterno, nada m\u00e1s que la gloria del Eterno.<\/p>\n<p>\u00abEl d\u00eda transmite al d\u00eda este mensaje\u00bb (Sal. 18, 3). Todas las luces, todas las comunicaciones de Dios a mi alma son este \u00abd\u00eda que transmite el mensaje de su gloria al d\u00eda\u00bb. \u00abEl decreto de Yahv\u00e9 es puro, canta el salmista, e ilumina la mirada&#8230; \u00bb (Sal. 18, 9). Por consiguiente, mi fidelidad en corresponder a cada uno de sus decretos, de sus mandatos interiores, me hace vivir en su luz. Ella tambi\u00e9n es un \u00abmensaje que transmite gloria\u00bb. Pero he aqu\u00ed la dulce maravilla: \u00abYahv\u00e9, quien te mira, resplandece\u00bb (Sal. 33, 6), grita el profeta. El alma que por la profundidad de su mirada interior contempla a su Dios en todas las cosas en la simplicidad que la separa de toda otra cosa, esta alma es \u00abresplandeciente\u00bb. \u00abElla es un d\u00eda que transmite al d\u00eda el mensaje de su gloria. \u00bb<\/p>\n<p><a id=\"SITue18\"><\/a>18. \u00abLa noche lo anuncia a la noche\u00bb (Sal. 18, 3). \u00a1Qu\u00e9 consolador es esto! Mis debilidades, mis repugnancias, hasta mis mismas faltas publican la gloria del Eterno. Mis sufrimientos de alma o de cuerpo publican tambi\u00e9n la gloria de mi Maestro. David cantaba: \u00ab\u00bfQu\u00e9 dar\u00e9 al Se\u00f1or por los beneficios que me ha hecho? \u00bb Esto: \u00abTomar\u00e9 el c\u00e1liz de la salud\u00bb (Sal. 115, 12\u201113). Si le tomo, este c\u00e1liz enrojecido con la sangre de mi Maestro, y, d\u00e1ndole gracias, toda alegre, mezclo mi sangre con la de la V\u00edctima divina, \u00e9l es casi de valor infinito, y puede dar al Padre una alabanza magn\u00edfica. Entonces mi sufrimiento es \u00abun mensaje que transmite la gloria\u00bb del Eterno.<\/p>\n<p><a id=\"SITue19\"><\/a>19. \u00abAll\u00ed \u00a1en el alma que narra su gloria! El ha colocado una tienda para el sol\u00bb (Sal. 18, 5). El sol es el Verbo, es el \u00abEsposo\u00bb. Si El halla mi alma vac\u00eda de todo lo que no est\u00e1 comprendido en estas dos palabras: su amor, su gloria, entonces El la escoge para ser \u00absu c\u00e1mara nupcial\u00bb. El se \u00ablanza\u00bb \u00abcomo gigante que se precipita triunfante en su carrera\u00bb, y yo no puedo \u00absustraerme a su calor\u00bb. Es este \u00abfuego consumidor\u00bb el que har\u00e1 la feliz transformaci\u00f3n de que habla San Juan de la Cruz cuando dice: \u00abCada uno parece ser el otro y los dos no son m\u00e1s que uno\u00bb, para ser \u00abalabanza de gloria\u00bb (Ef. 1, 12) del Padre.<\/p>\n<p><strong><a href=\"#topSITue\">&#8211; volver a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><a id=\"SITue20\"><\/a><strong>D\u00eda octavo<\/strong><\/p>\n<p>20. \u00abNo tienen reposo ni de d\u00eda ni de noche diciendo: Santo, santo, santo, el Se\u00f1or todopoderoso, el que era, es y ser\u00e1 por los siglos de los siglos&#8230; Y ellos se prosternaban y adoraban y arrojaban sus coronas delante del trono, diciendo: Digno sois, Se\u00f1or, de recibir la gloria, el honor y el poder&#8230; \u00bb (Ap. 4, 8, 10\u201111).<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo imitar en el cielo de mi alma esta ocupaci\u00f3n incesante de los bienaventurados en el cielo de la gloria? \u00bfC\u00f3mo continuar esta alabanza, esta adoraci\u00f3n interrumpida?. San Pablo me comunica sobre esto una luz, cuando escribe a los suyos que el Padre les fortifique y robustezca con su Esp\u00edritu cuanto al hombre interior, de modo que Jesucristo habite por la fe en sus corazones y sean enraizados y fundados en el amor (Ef. 3, 16\u201117). Ser enraizado y fundado en el amor: Tal es, me parece, la condici\u00f3n para llenar dignamente su oficio de \u00ablaudem gloriae\u00bb. El alma que penetra y permanece en estas \u00abprofundidades de Dios\u00bb cantadas por el rey profeta; que hace, por consiguiente, todo \u00aben El, con El, por El y para El\u00bb, con esa mirada limpia que le da una cierta semejanza con el Ser simple, esta alma con cada uno de sus movimientos y aspiraciones, as\u00ed como por cada uno de sus actos, por ordinarios que sean, \u00abse enra\u00edza\u00bb m\u00e1s profundamente en Aquel que ella ama. Todo en ella rinde homenaje al Dios tres veces santo. Ella es, por decirlo as\u00ed, un \u00abSanctus\u00bb perpetuo, una alabanza de gloria incesante&#8230;<\/p>\n<p><a id=\"SITue21\"><\/a>21. \u00abEllos se prosternan, adoran y arrojan sus coronas\u00bb&#8230; Primeramente el alma se debe \u00abprosternar\u00bb, sumergirse en el abismo de su nada, zambullirse all\u00ed de tal modo que, seg\u00fan la maravillosa expresi\u00f3n de un m\u00edstico, ella encuentre \u00abla paz verdadera, inmutable y perfecta, porque se ha precipitado tan bajo que nadie ir\u00e1 a buscarla all\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>Entonces ella podr\u00e1 \u00abadorar\u00bb. La adoraci\u00f3n, \u00a1ah!, es una palabra de cielo. Me parece que podr\u00eda defin\u00edrsela: el \u00e9xtasis del amor. Es el amor vencido por la belleza, la fuerza, la grandeza inmensa del Objeto amado, que \u00abcae en una especie de desfallecimiento\u00bb, en un silencio lleno, profundo; este silencio del que habla David al escribir: \u00ab\u00a1El silencio es tu alabanza! \u00bb. S\u00ed, es la m\u00e1s bella alabanza, ya que es la que se canta eternamente en el seno de la apacible Trinidad; y es tambi\u00e9n el \u00faltimo esfuerzo del alma que rebosa y no puede decir m\u00e1s&#8230; (Lacordaire).<\/p>\n<p>\u00abAdorad al Se\u00f1or, porque es santo\u00bb (Sal. 98, 9), se dice en un salmo. Y adem\u00e1s: \u00abSe le adorar\u00e1 siempre por causa de S\u00ed mismo\u00bb (Sal. 71, 15). El alma que se recoge en estos pensamientos, que los penetra con ese \u00absentido de Dios\u00bb (Rom. 11, 34, y I Cor. 2, 16) de que habla San Pablo, vive en un cielo anticipado, por encima de la nubes, por encima de ella misma. Ella sabe que Aquel que ella adora posee en s\u00ed toda felicidad y toda gloria, y, \u00abarrojando su corona\u00bb en su presencia, como los bienaventurados, se desprecia, se pierde de vista y encuentra su bienaventuranza en la del Ser adorado, en medio de todo sufrimiento y dolor. Porque ella se ha abandonado, se ha \u00abpasado\u00bb a otro. Me parece que en esta actitud adorante el alma \u00abse parece a estos pozos\u00bb de los que habla San Juan de la Cruz que reciben \u00ablas aguas que descienden de L\u00edbano\u00bb y se puede decir al verla: \u00abLa impetuosidad del r\u00edo alegra la ciudad de Dios\u00bb (Sal. 45, 5)<\/p>\n<p><strong><a href=\"#topSITue\">&#8211; volver a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><a id=\"SITue22\"><\/a><strong>D\u00eda noveno<\/strong><\/p>\n<p>22. \u00abSed santos, porque yo soy santo\u00bb (I Pe. 1, 16; Lev. 11, 44\u201145). \u00bfQui\u00e9n es, pues, el que puede dar un mandamiento semejante?&#8230; El mismo ha revelado su nombre, el nombre que le es propio, que El solo puede llevar. \u00abYo soy, dijo El a Mois\u00e9s, el que soy\u00bb (Ex. 3, 14), el solo viviente, el principio de todos los dem\u00e1s seres. \u00abEn El, dice el Ap\u00f3stol, tenemos el movimiento, el ser y la vida\u00bb (Heb. 17, 28). \u00ab\u00a1Sed santos, porque yo soy santo! \u00bb Es \u00e9ste, me parece, el mismo deseo que manifiesta el d\u00eda de la creaci\u00f3n, cuando Dios dice: \u00abHagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza\u00bb (Gen. 1, 26). \u00a1Es siempre el deseo del Creador identificarse, asociarse a su criatura! San Pedro dice que \u00abhemos sido hechos part\u00edcipes de la naturaleza divina\u00bb (II Pe. 1, 4). San Pablo recomienda que conservemos \u00abese principio de su Ser\u00bb (Heb. 3, 14) que El nos ha dado. Y el disc\u00edpulo amado nos dice: \u00abDesde ahora nosotros somos hijos de Dios, y no ha aparecido todav\u00eda lo que seremos. Sabemos que, cuando El se manifieste, seremos semejantes a El, porque le veremos tal cual es. Y todo el que tiene esta esperanza en El, se santifica, como El mismo es santo\u00bb (I Jn. 3, 23). Ser santo como Dios es santo, tal es, parece, la medida de los hijos de su amor. \u00bfNo ha dicho el Maestro: \u00abSed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto\u00bb? (Mt. 5, 48).<\/p>\n<p><a id=\"SITue23\"><\/a>23. Hablando con Abraham le dijo Dios: \u00abCamina en mi presencia y s\u00e9 perfecto\u00bb (Gen. 17, 1). Aqu\u00ed est\u00e1, por consiguiente, el medio para llegar a la perfecci\u00f3n que nuestro Padre celestial nos pide. San Pablo, despu\u00e9s de haberse sumergido en los divinos consejos (Ef. 1, 11), revelaba bien esto a nuestras almas escribiendo \u00abque Dios nos ha elegido en El antes de la creaci\u00f3n, para que seamos inmaculados y santos en su presencia en el amor\u00bb (Ef. 1, 4). Todav\u00eda, a la luz de este mismo Santo, me voy a declarar, para caminar, sin rodeos, por este camino magn\u00edfico de la presencia de Dios, en el que el alma camina \u00absola con el Solo\u00bb, conducida por la \u00abfortaleza de su diestra\u00bb (Lc. 1, 51), \u00abbajo la protecci\u00f3n de sus alas, sin temer a los espantos nocturnos, ni la flecha que vuela de d\u00eda, ni al mal que se desliza en las tinieblas, ni los asaltos del demonio meridiano&#8230; \u00bb (Sal. 90, 4\u20116).<\/p>\n<p><a id=\"SITue24\"><\/a>24. \u00abDespojaos del hombre viejo seg\u00fan el cual hab\u00e9is vivido en vuestra vida pasada, me dice, me dice \u00e9l, y revest\u00edos del hombre nuevo que ha sido creado por Dios, en la justicia y santidad\u00bb (Ef 4,22-24). He aqu\u00ed el camino indicado. No queda m\u00e1s que recorrerle como Dios quiere. Despojarse, morir a s\u00ed mismo, perderse de vista, a esto me parece se refer\u00eda el Maestro cuando dec\u00eda: \u00abSi alguno quiere venir en pos de m\u00ed, tome su cruz y renuncie\u00bb (Mt 16, 24). \u00abSi viv\u00eds seg\u00fan la carne, dice tambi\u00e9n el Ap\u00f3stol, morir\u00e9is; pero si mortific\u00e1is por el esp\u00edritu las obras de la carne, vivir\u00e9is\u00bb (Rom. 8, 13). He aqu\u00ed la muerte que Dios pide, de la que se dice: \u00abLa muerte ha sido absorbida por la victoria\u00bb (I Cor. 15, 54). \u00ab\u00a1Oh, muerte, yo ser\u00e9 tu muerte, dice el Se\u00f1or! \u00bb (Os. 13, 14), es decir: \u00a1Oh, alma, mi hija adoptiva, m\u00edrame y te perder\u00e1s de vista; vu\u00e9lcate toda entera en mi Ser, ven a morir en M\u00ed, para que yo viva en ti!&#8230;<\/p>\n<p><strong><a href=\"#topSITue\">&#8211; volver a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><a id=\"SITue25\"><\/a><strong>D\u00eda d\u00e9cimo<\/strong><\/p>\n<p>25. \u00abSed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto\u00bb (Mt. 5, 48). Cuando mi Maestro me hace escuchar esta palabra en el fondo del alma, me parece que me pide vivir como el Padre \u00aben un eterno presente\u00bb, \u00absin antes ni despu\u00e9s\u00bb, sino toda entera en la unidad de mi ser en este \u00abahora\u00bb eterno. \u00bfCu\u00e1l es este presente? He aqu\u00ed que David me responde: \u00abSe le adorar\u00e1 siempre por ser quien es\u00bb (Sal. 71, 15).<\/p>\n<p>He aqu\u00ed el presente eterno en el que \u00abLaudem Gloriae\u00bb debe estar fija. Pero para que ella sea aut\u00e9ntica en esta actitud de adoraci\u00f3n, para que pueda cantar: \u00abDespierto a la aurora\u00bb (Sal. 56, 9), es necesario que pueda decir con San Pablo: \u00abHe perdido todo por su amor\u00bb (Flp. 3, 8); es decir, por El; para adorarle siempre, me he \u00abaislado, separado, despojado\u00bb de m\u00ed misma y de todas las cosas, tanto en el orden natural como en el sobrenatural con relaci\u00f3n a los dones de Dios. Porque un alma que no est\u00e1 as\u00ed \u00abdestruida y librada\u00bb de s\u00ed misma tendr\u00e1 que ser a la fuerza en algunas ocasiones superficial y natural, y esto no es digno de una hija de Dios, de una esposa de Cristo, de un templo del Esp\u00edritu Santo. Para premunirse contra esta vida natural es necesario que el alma est\u00e9 toda despierta en su fe con la mirada puesta en el Maestro. Entonces ella \u00abcaminar\u00e1, como cantaba el rey profeta, en la rectitud de su coraz\u00f3n, por el interior de la casa\u00bb. Entonces ella \u00abadorar\u00e1 siempre a su Dios por ser quien es\u00bb y vivir\u00e1 a su imagen, en el eterno presente en que El vive&#8230;<\/p>\n<p><a id=\"SITue26\"><\/a>26. \u00abSed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto\u00bb. Dios, dice San Dionisio, es el \u00abgran solitario\u00bb. Mi Maestro me pide imitar esta perfecci\u00f3n, rendirle homenaje siendo una gran solitaria. El Ser divino vive en una soledad eterna, inmensa; El no sale jam\u00e1s de ella, aun interes\u00e1ndose por las necesidades de sus criaturas, porque no sale jam\u00e1s de S\u00ed mismo. Y esta soledad no es otra cosa que su divinidad.<\/p>\n<p>Para que nada me saque de este hermoso silencio interior hay que guardar siempre las mismas condiciones, el mismo aislamiento, la misma separaci\u00f3n, el mismo despojo. Si mis deseos, mis temores, mis alegr\u00edas, y mis dolores, si todos los movimientos provenientes de estas \u00abcuatro pasiones\u00bb no est\u00e1n perfectamente ordenados a Dios, no ser\u00e9 un alma solitaria, y habr\u00e1 en m\u00ed ruido. Es necesario, pues, el sosiego, el \u00absue\u00f1o de las potencias\u00bb, la unidad del ser. \u00abEscucha, hija m\u00eda, inclina el o\u00eddo, olvida a tu pueblo y la casa paterna, y el Rey ser\u00e1 cautivo de tu belleza\u00bb (Sal. 44, 12\u201113).<\/p>\n<p>Me parece que esta llamada es una invitaci\u00f3n al silencio: escucha&#8230; inclina el o\u00eddo&#8230; Pero para o\u00edr hay que olvidar \u00abla casa de su padre\u00bb, es decir, todo lo atinente a la vida natural, esa vida de la que quiere hablar el Ap\u00f3stol cuando dice: \u00abSi viv\u00eds seg\u00fan la carne, morir\u00e9is\u00bb (Rom. 8, 13). \u00abOlvidar su pueblo\u00bb me parece que es m\u00e1s dif\u00edcil; porque este pueblo es todo este mundo, que hace, por decirlo as\u00ed, parte de nosotros mismos: la sensibilidad, los recuerdos, las impresiones, etc., el yo en una palabra. Hay que olvidarlo, abandonarlo. Y cuando el alma ha hecho esta ruptura, cuando est\u00e1 libre de todo esto, el Rey ser\u00e1 cautivo de su belleza. Porque la belleza es la unidad, al menos as\u00ed es la de Dios.<\/p>\n<p><strong><a href=\"#topSITue\">&#8211; volver a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><a id=\"SITue27\"><\/a><strong>D\u00eda und\u00e9cimo<\/strong> (continuaci\u00f3n)<\/p>\n<p>27. \u00abEl Se\u00f1or me hace entrar en un lugar espacioso, ha tenido buena voluntad para conmigo\u00bb (Sal. 17, 20). El Creador, viendo el hermoso silencio que reina en su criatura, consider\u00e1ndola toda recogida en su unidad interior, queda cautivo de su belleza y la hace pasar a esta soledad inmensa, infinita, a este \u00ablugar espacioso\u00bb cantado por el profeta y que no es otro que El mismo: \u00abEntrar\u00e9 en las profundidades del poder de Dios\u00bb (Sal. 70, 16). Hablando por su profeta ha dicho el Se\u00f1or: \u00abLa llevar\u00e9 a la soledad y le hablar\u00e9 al coraz\u00f3n\u00bb (Os. 2, 14). \u00a1He aqu\u00ed a esta alma entrada en esta vasta soledad donde Dios se har\u00e1 o\u00edr! \u00abSu palabra, dice San Pablo, es viva y eficaz, m\u00e1s penetrante que una espada de doble filo; llega hasta la divisi\u00f3n del alma y del esp\u00edritu y hasta las coyunturas y la m\u00e9dula\u00bb (Heb. 4, 12). Es, pues, ella directamente la que acabar\u00e1 el trabajo de despojo en el alma; porque ella tiene esto de propio y de particular: es ella la que obra, la que crea lo que hace o\u00edr con tal que el alma consienta en dejarse trabajar.<\/p>\n<p><a id=\"SITue28\"><\/a>28. Pero no basta con escuchar esta palabra, \u00a1hay que guardarla! (Jn. 14, 23). Y es guard\u00e1ndola como el alma ser\u00e1 \u00absantificada en la verdad\u00bb, seg\u00fan el deseo del Maestro: \u00ab\u00a1Santif\u00edcalos en la verdad, vuestra palabra es verdad! \u00bb (Jn. 17, 17). Al que observa su palabra \u00bfno ha hecho El la promesa: \u00abMi Padre le amar\u00e1, y vendremos a \u00e9l, y haremos morada en \u00e9l\u00bb? (Jn. 14, 23). \u00a1Toda la Trinidad habita en el alma que la ama de verdad, es decir, observando su palabra!&#8230; Y cuando esta alma ha comprendido su riqueza, todas las alegr\u00edas naturales o sobrenaturales que le pueden venir de parte de las criaturas o de parte del mismo Dios no sirven de otra cosa que de invitaci\u00f3n a entrar en s\u00ed misma para gozar del bien sustancial que ella posee, y que no es otro que Dios mismo. Y as\u00ed tiene ella, dice San Juan de la Cruz, una cierta semejanza con el Ser divino.<\/p>\n<p>\u00abSed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto\u00bb. San Pablo me dice \u00abque El obra todas las cosas seg\u00fan el consejo de su voluntad\u00bb (Ef. 1, 11), y mi Maestro me pide rendirle homenaje en esto: \u00aben hacer todas las cosas seg\u00fan el consejo de su voluntad\u00bb. No dejarme nunca gobernar por las impresiones, por los primeros movimientos de la naturaleza, sino poseerme a m\u00ed mismo por la voluntad&#8230; Y para que esta voluntad sea libre, es necesario, seg\u00fan la expresi\u00f3n de un autor piadoso, \u00abencerrarla en la de Dios\u00bb. Entonces yo ser\u00e9 \u00abmovida por su Esp\u00edritu\u00bb, como dice San Pablo (Rom. 8, 14). No har\u00e9 m\u00e1s que obras divinas, eternas, y a imagen de mi Inmutable, vivir\u00e9 desde aqu\u00ed abajo en un eterno presente.<\/p>\n<p><strong><a href=\"#topSITue\">&#8211; volver a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><a id=\"SITue29\"><\/a><strong>D\u00eda duod\u00e9cimo<\/strong><\/p>\n<p>29. \u00abVerbum caro factum est et habitavit in nobis\u00bb (Jn. 1, 14). Dios hab\u00eda dicho: \u00abSed santos, porque yo soy santo\u00bb (I Pe. 1, 16); pero El permanec\u00eda oculto en su inaccesible [luz] y la criatura ten\u00eda necesidad de que El descendiese hasta ella, viviese su vida, para que, poniendo sus pasos en la huella de los suyos (I Pe. 2, 21), ella pudiese de este modo remontarse hasta El y hacerse santa con su santidad. \u00abYo me santifico por ellos, para que ellos sean tambi\u00e9n santificados en la verdad\u00bb (Jn. 17,19). Heme aqu\u00ed en presencia \u00abdel secreto oculto a los siglos y a las generaciones\u00bb, del \u00abmisterio que es Cristo\u00bb: \u00abpara nosotros, dice San Pablo, esperanza de la gloria\u00bb (Col. 1, 26\u201127). Y a\u00f1ade que le ha sido concedida \u00abla inteligencia de este misterio\u00bb (Ef. 3, 4). As\u00ed pues, voy a instruirme en el gran Ap\u00f3stol para poseer esta ciencia, que, seg\u00fan su expresi\u00f3n, \u00absobrepasa toda otra ciencia: la ciencia de la caridad de Jesucristo\u00bb (Ef. 3, 19).<\/p>\n<p><a id=\"SITue30\"><\/a>30. Y en primer lugar me dice que El es \u00abmi paz\u00bb (Ef. 2, 14), que es \u00abpor El como yo tengo acceso al Padre\u00bb (Ef. 2, 18); porque plugo al \u00abPadre de los astros\u00bb (Sant. 1, 17), que \u00abhabitase en El toda la plenitud, y reconciliar todo en El mismo, pacificando por la sangre de su cruz lo que hay tanto en la tierra como en el cielo\u00bb (Col. 1, 19\u201120)&#8230; \u00abVosotros est\u00e1is llenos en El, prosigue el Ap\u00f3stol, sepultados en El por el bautismo y resucitados con El por la fe en la obra de Dios&#8230; El os ha hecho revivir con El, perdon\u00e1ndoos todos vuestros pecados, borrando la c\u00e9dula del decreto de condena que pesaba sobre vosotros; El la ha anulado, clav\u00e1ndola en la cruz. Y despojando los principados y las potestades, El los ha arrastrado cautivos victoriosamente, triunfando de ellos en S\u00ed mismo\u00bb (Col. 2, 10, 12\u201115) \u00abpara haceros santos, puros, irreprensibles ante El\u00bb (Col. 1, 22).<\/p>\n<p><a id=\"SITue31\"><\/a>31. He aqu\u00ed la obra de Cristo para con toda alma de buena voluntad, y es la obra que su inmenso amor, su \u00abdemasiado grande amor\u00bb (Ef. 2, 4) le est\u00e1 urgiendo hacer en m\u00ed. El quiere ser mi paz, para que nada pueda distraerme o hacerme salir de \u00abla fortaleza inexpugnable del santo recogimiento\u00bb. Es all\u00ed donde El me dar\u00e1 \u00abel acceso al Padre\u00bb y me conservar\u00e1 inm\u00f3vil y tranquila en su presencia, como si ya mi alma estuviera en la eternidad. Es por la Sangre de su cruz por la que pacificar\u00e1 todo en mi peque\u00f1o cielo, para que \u00e9l sea verdaderamente el reposo de los Tres. El me llenar\u00e1 de El, me sepultar\u00e1 en El, me har\u00e1 revivir con El, de su vida: \u00ab\u00a1Mihi vivere Christus est! \u00bb. Y si caigo a cada paso, me har\u00e9 levantar por El con una fe toda confiada, y s\u00e9 que El me perdonar\u00e1, que borrar\u00e1 todo con un exquisito cuidado; m\u00e1s a\u00fan, El me \u00abdespojar\u00e1\u00bb, me \u00ablibrar\u00e1\u00bb de todas mis miserias, de todo lo que es obst\u00e1culo a la acci\u00f3n divina, y que \u00abEl arrastrar\u00e1 todas mis potencias\u00bb, las har\u00e1 cautivas, triunfando de ellas en S\u00ed mismo. Entonces yo estar\u00e9 transformada toda en El, y podr\u00e9 decir: \u00abYo no vivo ya. Mi Maestro vive en m\u00ed\u00bb (Gal. 2, 20). Y yo ser\u00e9 \u00absanta, pura, irreprensible\u00bb a los ojos del Padre.<\/p>\n<p><strong><a href=\"#topSITue\">&#8211; volver a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><a id=\"SITue32\"><\/a><strong>D\u00eda decimotercero<\/strong><\/p>\n<p>32. \u00abInstaurare omnia in Christo\u00bb (Ef. 1, 10). Es todav\u00eda San Pablo el que me ense\u00f1a, San Pablo, que acaba de penetrar en el gran consejo de Dios (Ef. 1, 11) y que me dice que \u00abEl ha resuelto en S\u00ed mismo restaurar todas las cosas en Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>Para que yo realice perfectamente este plan divino, una vez m\u00e1s viene San Pablo a ayudarme y me va a trazar un programa de vida. \u00abCaminad en Jesucristo, me dice, enraizada en El, edificada sobre El, asegurada en la fe y creciendo cada vez m\u00e1s en El por la acci\u00f3n de gracias\u00bb (Col. 2, 6\u20117).<\/p>\n<p><a id=\"SITue33\"><\/a>33. Caminar en Jesucristo me parece que es salir de s\u00ed, perderse de vista, abandonarse, para entrar m\u00e1s profundamente en El a cada minuto que pasa, tan profundamente que uno sea enraizado, y que en todo momento, en toda ocasi\u00f3n, pueda lanzar este valiente reto: \u00ab\u00bfQui\u00e9n me separar\u00e1 del amor de Cristo? \u00bb (Rom. 8, 35). Cuando el alma est\u00e1 fijada en El con tal profundidad, cuando sus ra\u00edces est\u00e1n tan hondas, la savia divina la invade a raudales y destruye todo lo que es vida imperfecta, superficial, natural; entonces, seg\u00fan el lenguaje del Ap\u00f3stol, \u00ablo mortal es absorbido por la vida\u00bb (II Cor. 5, 4). El alma as\u00ed \u00abdespojada\u00bb de s\u00ed misma y \u00abrevestida\u00bb de Jesucristo no tiene que temer las relaciones de fuera ni las dificultades de dentro, porque estas cosas, lejos de ser para ella un obst\u00e1culo, no sirven m\u00e1s que para \u00abenraizarla m\u00e1s profundamente en el amor\u00bb de su Maestro. A trav\u00e9s de todo, con todo y contra todo, ella est\u00e1 en situaci\u00f3n de \u00ab\u00abadorarle siempre por ser quien es\u00bb (Sal. 71, 15). Porque ella es libre, librada de ella misma y de todo; ella puede cantar con el salmista: \u00abSi un ej\u00e9rcito me cerca, no temo; si surge una batalla, espero a pesar de todo, porque Yahv\u00e9 me esconde en lo secreto de su tienda\u00bb (Sal. 26, 3, 5), y esta tienda no es otra que El mismo. He aqu\u00ed, me parece, lo que San Pablo quiere decir por \u00abestar enraizados en Cristo\u00bb.<\/p>\n<p><a id=\"SITue34\"><\/a>34. Y ahora \u00bfqu\u00e9 quiere decir estar edificados sobre El? El profeta canta tambi\u00e9n: \u00abEl me ha elevado sobre una roca; entonces mi cabeza se alza sobre los enemigos que me cercan\u00bb (Sal. 26, 56). Me parece que esto es la figura del alma \u00abedificada sobre Jesucristo\u00bb. El es la roca donde ella [est\u00e1] elevada por encima de ella misma, de los sentidos. de la naturaleza, por encima de los consuelos o de los dolores, por encima de lo que no es \u00fanicamente El. Y all\u00ed, en plena posesi\u00f3n de s\u00ed misma, ella se domina, ella se trasciende a s\u00ed misma y trasciende tambi\u00e9n todas las cosas.<\/p>\n<p>Ahora San Pablo me recomienda estar asegurada en la fe: en esta fe, que no permite jam\u00e1s dormitar al alma, sino que la tiene despierta bajo la mirada del Maestro, toda recogida en su palabra creadora, en esa fe \u00aben el demasiado amor\u00bb (Ef. 2, 4), que permite a Dios, me dice San Pablo, llenar al alma \u00abseg\u00fan su plenitud\u00bb (Ef. 3, 19).<\/p>\n<p><a id=\"SITue35\"><\/a>35. En fin, El quiere que yo \u00abcrezca en Jesucristo por la acci\u00f3n de gracias\u00bb \u00a1Es en ella donde todo debe acabar! \u00ab\u00a1Padre, os doy gracias! \u00bb (Jn. 11, 41). He aqu\u00ed lo que se cantaba en el alma de mi Maestro y \u00a1El quiere escuchar su eco en la m\u00eda! Pero me parece que el \u00abc\u00e1ntico nuevo\u00bb (Ap. 14, 3) que m\u00e1s le puede agradar y cautivar a mi Dios es el de un alma despojada, librada de ella misma, en la que El puede reflejar todo lo que El es, y hacer todo lo que quiere. Esta alma se parece a una lira tocada por Dios, y sus dones son como otras tantas cuerdas que vibran para cantar d\u00eda y noche la alabanza de su gloria.<\/p>\n<p><strong><a href=\"#topSITue\">&#8211; volver a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><a id=\"SITue36\"><\/a><strong>D\u00eda decimocuarto<\/strong><\/p>\n<p>36. \u00abMe parece que todo es p\u00e9rdida desde que s\u00e9 lo que tiene de sublime el conocimiento de Cristo Jes\u00fas, mi Se\u00f1or. Por su amor lo he sacrificado todo, teniendo todas las cosas por basura, con el fin de ganar a Cristo, para ser hallado en El no con mi propia justicia, sino con la justicia que viene de Dios por la fe. Lo que quiero es conocerle a El, y la participaci\u00f3n en sus padecimientos, y la conformidad con su muerte. Prosigo mi carrera, procurando llegar all\u00ed adonde Cristo me ha destinado al tomarme. Todo mi cuidado es olvidar lo que est\u00e1 detr\u00e1s y tender constantemente hacia lo que est\u00e1 delante. Corro derecho a la meta&#8230;, al premio de la vocaci\u00f3n celeste, a la que Dios me ha llamado en Cristo Jes\u00fas\u00bb. El Ap\u00f3stol ha revelado frecuentemente la grandeza de esta vocaci\u00f3n: \u00abDios, dice \u00e9l, nos ha elegido en El antes de la creaci\u00f3n, para que seamos inmaculados y santos en su presencia, en el amor&#8230; Hemos sido predestinados por un decreto del que obra todo seg\u00fan el consejo de su voluntad, para que seamos la alabanza de su gloria\u00bb (Ef. 1, 4, 11\u201112).<\/p>\n<p><a id=\"SITue37\"><\/a>37. Pero \u00bfc\u00f3mo responder a la dignidad de esta vocaci\u00f3n? He aqu\u00ed el secreto: \u00ab\u00a1Mihi vivere Christus est!&#8230; Vivo enim, jam non ego, vivit vero in me Christus\u00bb. Hay que estar transformados en Jes\u00fas; es San Pablo quien me lo dice: \u00abA los que Dios ha conocido en su presciencia, los ha predestinado para ser conformes a la imagen de su Hijo\u00bb (Rom. 8, 29).<\/p>\n<p>Importa, pues, que estudie este divino Modelo, para identificarme tan perfectamente con El que pueda continuamente reproducirle ante los ojos del Padre. Y, en primer lugar, \u00bfqu\u00e9 dice El al entrar en el mundo? \u00abHeme aqu\u00ed, oh Dios, que vengo a hacer tu voluntad\u00bb (Heb. 10, 9). Me parece que esta oraci\u00f3n deber\u00eda ser como el latido del coraz\u00f3n de la esposa: \u00abHenos aqu\u00ed, oh Padre, para hacer vuestra voluntad! \u00bb<\/p>\n<p><a id=\"SITue38\"><\/a>38. El Maestro \u00a1fue tan verdadero en esta primera oblaci\u00f3n! Su vida no fue otra cosa, por as\u00ed decirlo, que la consecuencia de esto. \u00abMi alimento, le gustaba decir, es hacer la voluntad del que me ha enviado\u00bb (Jn. 4, 34). Este debe ser el de la esposa y al mismo tiempo la espada que la sacrifica&#8230; \u00abSi es posible, que este c\u00e1liz se aparte de m\u00ed; pero no como yo quiero, Padre, sino como vos quer\u00e9is\u00bb (Mt. 26, 39). Y entonces ella marcha en paz, alegre, a toda inmolaci\u00f3n, como su Maestro, alegr\u00e1ndose \u00abde haber sido conocida\u00bb por el Padre, ya que la crucifica con su Hijo. \u00abHe escogido vuestros mandatos por mi herencia perpetua, porque ellos son la delicia de mi coraz\u00f3n\u00bb (Sal. 118, 111). Esto era lo que se cantaba en el alma del Maestro y debe tener un eco permanente en el alma de la esposa. Es a trav\u00e9s de la fidelidad de todos los momentos a esos \u00abmandatos\u00bb exteriores o interiores como ella \u00abdar\u00e1 testimonio de la verdad\u00bb (Jn. 18, 37), y podr\u00e1 decir: \u00abEl que me ha enviado no me ha dejado sola; est\u00e1 siempre conmigo, porque hago siempre lo que le agrada\u00bb (Jn. 8, 29). Y no abandon\u00e1ndole jam\u00e1s, manteniendo su contacto muy fuertemente, ella podr\u00e1 irradiar esta virtud secreta\u00bb (Lc. 6, 19) que salva y libra las almas. Despojada, librada de s\u00ed misma y de todo, podr\u00e1 seguir al Maestro al monte para hacer con El en su alma \u00abuna oraci\u00f3n de Dios\u00bb (Lc. 6, 12). Despu\u00e9s, siempre por el divino Adorante, Aquel que hace la gran alabanza de la gloria del Padre, ella \u00abofrecer\u00e1 sin cesar una hostia de alabanza, es decir, el fruto de los labios que dan gloria a su nombre\u00bb (Heb. 13, 15) (San Pablo). Y como canta el salmista, ella le alabar\u00e1 \u00aben la expansi\u00f3n de su poder, seg\u00fan la inmensidad de su grandeza\u00bb (Sal. 150, 1-2).<\/p>\n<p><a id=\"SITue39\"><\/a>39. Despu\u00e9s, cuando llegue la hora de la humillaci\u00f3n, de la aniquilaci\u00f3n, ella se acordar\u00e1 de estas pocas palabras: \u00abJes\u00fas autem tacebat\u00bb (Mt. 26, 63), y ella se callar\u00e1, guardando, \u00abconservando toda su fortaleza para el Se\u00f1or\u00bb (Sal. 58, 10); esta fuerza que \u00abse saca en el silencio\u00bb (Is. 30, 15). Entonces, cuando venga el abandono, el desamparo, la angustia que hicieron lanzar a Cristo este gran grito: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb (Mt 27, 46), ella se acordar\u00e1 de esta oraci\u00f3n: \u00abque ellos tengan en s\u00ed la plenitud de mi alegr\u00eda\u00bb (Jn 17, 13): y bebiendo hasta las heces el \u00abc\u00e1liz preparado por el Padre\u00bb (Jn. 18, 11) sabr\u00e1 encontrar en su amargura una suavidad divina. En fin, despu\u00e9s de haber dicho frecuentemente \u00abtengo sed\u00bb (Jn. 19, 30), sed de poseeros en la gloria, cantar\u00e1: \u00abTodo est\u00e1 consumado. Entrego mi esp\u00edritu en vuestras manos\u00bb (Lc. 23, 46). Y el Padre vendr\u00e1 a tomarla para \u00abtrasladarla a su heredad\u00bb (Col 1, 12-13), donde en \u00abla luz ella ver\u00e1 la luz\u00bb (Sal 35,10).<\/p>\n<p>\u00abSabed, cantaba David, que Dios ha glorificado maravillosamente a su Santo\u00bb (Sal. 4, 4). S\u00ed, el Santo de Dios habr\u00e1 sido glorificado en esta alma, porque El habr\u00e1 destruido todo para \u00abrevestirla de El mismo\u00bb (Gal. 3, 27), y ella habr\u00e1 realizado pr\u00e1cticamente la palabra del Precursor: \u00abEs necesario que \u00e9l crezca y que yo disminuya\u00bb (Jn. 3, 30).<\/p>\n<p><strong><a href=\"#topSITue\">&#8211; volver a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><a id=\"SITue40\"><\/a><strong>D\u00eda decimoquinto<\/strong><\/p>\n<p>40. Despu\u00e9s de Jesucristo, y con la distancia que hay de lo infinito a lo finito, existe una criatura que fue tambi\u00e9n la grande alabanza de gloria de la Santa Trinidad. Ella respondi\u00f3 plenamente a la elecci\u00f3n divina de que habla el Ap\u00f3stol; ella fue siempre \u00abpura, inmaculada, irreprensible\u00bb (Col. 1, 22) a los ojos del Dios tres veces santo. Fue su alma tan sencilla&#8230; Sus movimientos son tan profundos que no se les puede descubrir. Parece reproducir en la tierra la vida del Ser divino, el Ser simple. Tambi\u00e9n ella es tan transparente, tan luminosa, que se la tomar\u00eda por la luz, aunque no es m\u00e1s que el \u00abespejo\u00bb del Sol de justicia: \u00abSpeculum justitiae\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abLa Virgen conservaba todas estas cosas en su coraz\u00f3n\u00bb (Lc. 2, 19 y 51): toda su historia puede resumirse en estas pocas palabras. Fue en su coraz\u00f3n donde ella vivi\u00f3, y con tal profundidad que no la puede seguir ninguna mirada humana. Cuando leo en el Evangelio \u00abque Mar\u00eda corri\u00f3 con toda diligencia a las monta\u00f1as de Judea\u00bb (Lc. 1, 39) para ir a cumplir su oficio de caridad con su prima Isabel, la veo caminar tan bella, tan serena, tan majestuosa, tan recogida dentro con el Verbo de Dios&#8230; Como la de El, su oraci\u00f3n fue siempre: \u00abEcce, \u00a1heme aqu\u00ed!\u00bb \u00bfQui\u00e9n? \u00abLa sierva del Se\u00f1or\u00bb (Lc. 1, 38), la \u00faltima de sus criaturas. Ella, \u00a1su madre! Ella fue tan verdadera en su humildad porque siempre estuvo olvidada, ignorante, libre de s\u00ed misma. Por eso pod\u00eda cantar: \u00abEl Todopoderoso ha hecho en m\u00ed grandes cosas; desde ahora me llamar\u00e1n feliz todas las generaciones\u00bb (Lc. 1, 48, 49).<\/p>\n<p><a id=\"SITue41\"><\/a>41. Esta Reina de las v\u00edrgenes es tambi\u00e9n Reina de los m\u00e1rtires. Pero una vez m\u00e1s fue en su coraz\u00f3n donde la espada la traspas\u00f3 (Lc. 2, 35), porque en ella todo se realiza por dentro&#8230; \u00a1Oh!, qu\u00e9 hermoso es contemplarla durante su largo martirio, tan serena, envuelta en una especie de majestad que manifiesta juntamente la fortaleza y la dulzura&#8230; Es que ella hab\u00eda aprendido del Verbo mismo c\u00f3mo deben sufrir los que v\u00edctimas, los que ha determinado asociar a la gran obra de la redenci\u00f3n, los que El \u00abha conocido y predestinado a ser conformes a su Cristo\u00bb (Rom. 8, 29), crucificado por amor.<\/p>\n<p>Ella est\u00e1 all\u00ed al pie de la cruz, de pie, llena de fortaleza de valor, y he aqu\u00ed que mi Maestro me dice: \u00abEcce Mater tua\u00bb (Jn 19, 27) , El me la da por madre&#8230; Y ahora que El ha vuelto al Padre, que \u00abyo sufra en mi cuerpo lo que falta a la pasi\u00f3n por su cuerpo, que es la Iglesia\u00bb (Col. 1, 24), la Virgen est\u00e1 todav\u00eda all\u00ed, para ense\u00f1arme a sufrir como El, para decirme y hacerme escuchar estos \u00faltimos cantos de su alma que nadie, fuera de ella, su Madre, ha sabido percibir.<\/p>\n<p>Cuando yo haya dicho mi \u00abconsummatum est\u00bb (Jn. 19, 30, ser\u00e1 ella, \u00abJanua coeli\u00bb, la que me introducir\u00e1 en los atrios eternos, dici\u00e9ndome en voz baja las misteriosas palabras: \u00abLaetatussum in his quae dicta sunt mihi, in domum Domini ibimus\u00bb.<\/p>\n<p><strong><a href=\"#topSITue\">&#8211; volver a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p><a id=\"SITue42\"><\/a><strong>D\u00eda decimosexto<\/strong><\/p>\n<p>42. \u00abComo la cierva sedienta suspira por las fuentes de agua viva, as\u00ed mi alma suspira por ti, oh Dios. \u00a1Mi alma tiene sed del Dios vivo! \u00bfCu\u00e1ndo ir\u00e9 y aparecer\u00e9 ante su rostro?\u00bb (Sal. 41, 1-2).<\/p>\n<p>Y, sin embargo, como \u201cel p\u00e1jaro que ha encontrado un lugar para esconderse\u00bb, como \u00abla golondrina que ha encontrado un nido para colocar sus polluelos\u00bb (Sal. 83, 3), as\u00ed \u00abLaudem Gloriae\u00bb ha encontrado -mientras espera ser llevada a la santa Jerusal\u00e9n, \u00abbeata pacis visio\u00bb- su retiro, su bienaventuranza, su cielo anticipado, donde comienza su vida de eternidad. \u00abMi alma est\u00e1 silenciosa en el Se\u00f1or; de El espero mi liberaci\u00f3n. S\u00ed, El es la roca donde encuentro la salvaci\u00f3n, mi refugio, y no ser\u00e9 quebrantada\u00bb(Sal. 61, 2-3).<\/p>\n<p>\u00a1He aqu\u00ed el misterio que canta hoy mi lira! Como a Zaqueo, me ha dicho mi Maestro: \u00abDate prisa a bajar, porque es necesario que me hospede en tu casa\u00bb (Lc. 19, 5). Date prisa a bajar, pero \u00bfad\u00f3nde? A lo m\u00e1s profundo de m\u00ed misma; despu\u00e9s de haberme dejado, separado de m\u00ed misma, despojado de m\u00ed misma, en una palabra, sin m\u00ed misma.<\/p>\n<p><a id=\"SITue43\"><\/a>43. \u00ab\u00a1Es necesario que me hospede en tu casa!\u00bb Es mi Maestro quien me manifiesta este deseo. Mi Maestro que quiere habitar en m\u00ed, con el Padre y el Esp\u00edritu de amor, para que, seg\u00fan la expresi\u00f3n del disc\u00edpulo amado, yo tenga \u00abcomuni\u00f3n\u00bb (I Jn. 1, 3) con Ellos. \u00abVosotros no sois ya hu\u00e9spedes o extranjeros, sino de la casa de Dios\u00bb (Ef. 2, 19), dice San Pablo. He aqu\u00ed c\u00f3mo entiendo yo ser \u00abde la casa de Dios\u00bb: es viviendo en el seno de la tranquila Trinidad, en mi abismo interior, en esta \u00abfortaleza inexpugnable del santo recogimiento\u00bb de que habla San Juan de la Cruz.<\/p>\n<p>David cantaba: \u00abMi alma desfallece entrando en los atrios del Se\u00f1or\u00bb (Sal. 83, 3) . Me parece que tal debe ser la actitud de toda alma que entra en sus atrios interiores para contemplar all\u00ed a su Dios y sentir fuertemente su contacto. Ella \u00abdesfallece\u00bb, en un divino desfallecimiento, en presencia de este Amor omnipotente, de esta Majestad infinita que mora en ella. No es que la abandone la vida, es ella la que desprecia esta vida natural y se retira&#8230; Porque ella comprende que no es digna de su esencia tan rica, y ella desea morir y desaparecer en su Dios.<\/p>\n<p><a id=\"SITue44\"><\/a>44. \u00a1Oh!, qu\u00e9 bella es esta criatura as\u00ed despojada y liberada de s\u00ed misma! Ella est\u00e1 en estado de \u00abdisponer ascensiones en su coraz\u00f3n para pasar del valle de l\u00e1grimas\u00bb (es decir, todo lo es menos que Dios) \u00abhacia el lugar que es su fin\u00bb (Sal. 83 6 este \u00ablugar espacioso\u00bb (Sal. 17, 20), cantado es, me parece, la insondable Trinidad: \u00abImmensus Pater, immen. sus Filius, immensus Spiritus Sanctus\u00bb. Ella sube, se eleva por encima de los sentidos, de la naturaleza; ella se trasciende a s\u00ed misma. Ella pasa por encima de toda alegr\u00eda y dolor, y a trav\u00e9s delas nubes, para no reposarse m\u00e1s que cuando haya penetrado \u00aben lo interior\u00bb de Aquel a quien ama y que le dar\u00e1 El mismo \u00abel reposo del abismo\u00bb. \u00ab\u00a1Y todo esto sin haber salido de la santa fortaleza!\u00bb El Maestro le ha dicho: \u00abDate prisa a bajar &#8230; salir de all\u00ed, ella vivir\u00e1 a imagen de la Trinidad inmutable en un eterno presente\u00bb, \u00abador\u00e1ndola sin cesar por ser quien es\u00bb (Sal. 71, 15) y llegando a ser por una mirada cada vez m\u00e1s sencilla, m\u00e1s unitiva, \u00abel esplendor de su gloria\u00bb (Heb. 1, 3), o, con otras palabras, la incesante alabanza de gloria de sus perfecciones adorables.<\/p>\n<p><strong><a href=\"#topSITue\">&#8211; volver a \u00edndice &#8211;<\/a><\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>.\u00cdndice: Santa Isabel de la Trinidad, \u00daltimos ejercicios D\u00eda primero \u00a0 \u00a01 \u00a0 \u00a0 \u00a02D\u00eda segundo \u00a0 \u00a03 \u00a0 \u00a0 \u00a04 \u00a0 \u00a0 \u00a05D\u00eda tercero \u00a0 \u00a06 \u00a0 \u00a0 \u00a07 \u00a0 \u00a0 \u00a08D\u00eda cuarto \u00a0 \u00a09 \u00a0 \u00a0 \u00a010 \u00a0 &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=6101\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[37],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-1Ap","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6101"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=6101"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6101\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6105,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6101\/revisions\/6105"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=6101"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=6101"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=6101"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}