{"id":6196,"date":"2021-12-14T08:54:14","date_gmt":"2021-12-14T14:54:14","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=6196"},"modified":"2022-05-24T09:51:31","modified_gmt":"2022-05-24T15:51:31","slug":"noche-oscura-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=6196","title":{"rendered":"Noche oscura"},"content":{"rendered":"\n<p>.<br \/><strong>\u00cdndice de la noche oscura<\/strong><br \/><br \/><strong><a href=\"#noProl\">Pr\u00f3logo<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#noCanc\">Canciones del alma<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no1-1\">Libro I<\/a><\/strong><br \/><a href=\"#no1-1\"><strong>Cap\u00edtulo 1: Pone el primer verso y comienza a tratar de las imperfecciones de los principiantes<\/strong><\/a><br \/><strong><a href=\"#no1-2\">Cap\u00edtulo 2: De algunas imperfecciones espirituales que tienen los principiantes acerca del h\u00e1bito de la soberbia<\/a><\/strong> <br \/><strong><a href=\"#no1-3\">Cap\u00edtulo 3:De algunas imperfecciones que suelen tener algunos de \u00e9stos acerca del segundo vicio capital, que es la avaricia, espiritualmente hablando<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no1-4\">Cap\u00edtulo 4: De otras imperfecciones que suelen tener estos principiantes acerca del tercer vicio, que es lujuria<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no1-5\">Cap\u00edtulo 5: De las imperfecciones en que caen los principiantes acerca del vicio de la ira<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no1-6\">Cap\u00edtulo 6: De las imperfecciones acerca de la gula espiritual<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no1-7\">Cap\u00edtulo 7:De las imperfecciones acerca de la envidia y acidia espiritual<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no1-8\">Cap\u00edtulo 8: En que se declara el primer verso de la primera canci\u00f3n y se comienza a explicar esta noche oscura<\/a> <\/strong><br \/><strong><a href=\"#no1-9\">Cap\u00edtulo 9:De las se\u00f1ales en que se conocer\u00e1 que el espiritual va por el camino de esta noche y purgaci\u00f3n sensitiva<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no1-10\">Cap\u00edtulo 10: Del modo que se han de haber \u00e9stos en esta noche oscura.<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no1-11\">Cap\u00edtulo 11: Decl\u00e1ranse los tres versos de la canci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no1-12\">Cap\u00edtulo 12: De los provechos que causa en el alma esta noche<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no1-13\">Cap\u00edtulo 13: De otros provechos que causa en el alma esta noche del sentido<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no1-14\">Cap\u00edtulo 14: En que se declara el \u00faltimo verso de la primera canci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><br \/><strong><a href=\"#no2-1\">Libro II<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no2-1\">Cap\u00edtulo 1:Comi\u00e9nzase a tratar de la noche oscura del esp\u00edritu. D\u00edcese a qu\u00e9 tiempo comienza<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no2-2\">Cap\u00edtulo 2: Prosigue en otras imperfecciones que tienen estos aprovechados<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no2-3\">Cap\u00edtulo 3: Anotaci\u00f3n para lo que se sigue<\/a> <\/strong><br \/><strong><a href=\"#no2-4\">Cap\u00edtulo 4: P\u00f3nese la primera canci\u00f3n y su declaraci\u00f3n<\/a> <\/strong><br \/><strong><a href=\"#no2-5\">Cap\u00edtulo 5: P\u00f3nese el primer verso y comienza a declarar c\u00f3mo esta contemplaci\u00f3n oscura no s\u00f3lo es noche para el alma, sino tambi\u00e9n pena y tormento<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no2-6\">Cap\u00edtulo 6: De otras maneras de pena que el alma padece en esta noche<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no2-7\">Cap\u00edtulo 7: Prosigue en la misma materia de otras aflicciones y aprietos de la voluntad<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no2-8\">Cap\u00edtulo 8: De otras penas que afligen al alma en este estado<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no2-9\">Cap\u00edtulo 9: C\u00f3mo aunque esta noche oscurece al esp\u00edritu, es para ilustrarle y darle luz<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no2-10\">Cap\u00edtulo 10: Expl\u00edcase de ra\u00edz esta purgaci\u00f3n por una comparaci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no2-11\">Cap\u00edtulo 11: Comi\u00e9nzase a explicar el segundo verso de la primera canci\u00f3n. Dice c\u00f3mo el alma, por fruto de estos rigurosos aprietos, se halla con vehemente pasi\u00f3n de amor divino<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no2-12\">Cap\u00edtulo 12: Dice c\u00f3mo esta horrible noche es purgatorio, y c\u00f3mo en ella ilumina la divina Sabidur\u00eda a los hombres en el suelo con la misma iluminaci\u00f3n que purga e ilumina a los \u00e1ngeles en el cielo<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no2-13\">Cap\u00edtulo 13: De otros sabrosos efectos que obra en el alma esta oscura noche de contemplaci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no2-14\">Cap\u00edtulo 14: En que se ponen y explican los tres versos \u00faltimos de la primera canci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no2-15\">Cap\u00edtulo 15: P\u00f3nese la segunda canci\u00f3n y su declaraci\u00f3n<\/a> <\/strong><br \/><strong><a href=\"#no2-16\">Cap\u00edtulo 16: P\u00f3nese el primer verso y expl\u00edcase c\u00f3mo, yendo el alma a oscuras, va segura<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no2-17\">Cap\u00edtulo 17: P\u00f3nese el segundo verso y expl\u00edcase c\u00f3mo esta oscura contemplaci\u00f3n sea secreta<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no2-18\">Cap\u00edtulo 18: Decl\u00e1rase como esta sabidur\u00eda secreta sea tambi\u00e9n escala<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no2-19\">Cap\u00edtulo 19: Comienza a explicar los diez grados de la escala m\u00edstica de amor divino seg\u00fan San Bernardo y Santo Tom\u00e1s. P\u00f3nense los cinco primeros<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no2-20\">Cap\u00edtulo 20: P\u00f3nense los otros cinco grados de amor<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#no2-21\">Cap\u00edtulo 21: Decl\u00e1rase esta palabra \u00abdisfrazada\u00bb, y d\u00edcense los colores del disfraz del alma en esta noche<\/a> <\/strong><br \/><strong><a href=\"#no2-22\">Cap\u00edtulo 22: Expl\u00edcase el tercer verso de la segunda canci\u00f3n<\/a> <\/strong><br \/><strong><a href=\"#no2-23\">Cap\u00edtulo 23: Decl\u00e1rase el cuarto verso. Dice el admirable escondrijo en que es puesta el alma en esta noche, y c\u00f3mo, aunque el demonio tiene entrada en otros muy altos no en \u00e9ste<\/a> <\/strong><br \/><strong><a href=\"#no2-24\">Cap\u00edtulo 24: Ac\u00e1base de explicar la segunda canci\u00f3n<\/a> <\/strong><br \/><strong><a href=\"#no2-25\">Cap\u00edtulo 25: En que brevemente se declara la tercera canci\u00f3n<\/a><\/strong> <br \/><br \/><br \/>Declaraci\u00f3n de las canciones del modo que tiene el alma en el camino espiritual para llegar a la perfecta uni\u00f3n de amor con Dios, cual se puede en esta vida. D\u00edcese tambi\u00e9n las propiedades que tiene el que ha llegado a la dicha perfecci\u00f3n, seg\u00fan en las canciones se contiene.<br \/><br \/><a id=\"noProl\"><\/a><br \/><strong>Pr\u00f3logo<\/strong><br \/><br \/>En este libro se ponen primero todas las canciones que se han de declarar. Despu\u00e9s se declara cada canci\u00f3n de por s\u00ed, poniendo cada una de ellas antes de su declaraci\u00f3n, y luego se va declarando cada verso de por s\u00ed, poni\u00e9ndole tambi\u00e9n al principio.<br \/><br \/>En las dos primeras canciones se declaran los efectos de las dos purgaciones espirituales de la parte sensitiva del hombre y de la espiritual. En las otras seis se declaran varios y admirables efectos de la iluminaci\u00f3n espiritual y uni\u00f3n de amor con Dios.<br \/><br \/><a id=\"noCanc\"><\/a><br \/><strong>Canciones del alma<\/strong><br \/><br \/>1. En una noche oscura,<br \/>con ansias, en amores inflamada,<br \/>\u00a1oh dichosa ventura!,<br \/>sal\u00ed sin ser notada<br \/>estando ya mi casa sosegada.<br \/><br \/>2. \u00a0A oscuras y segura,<br \/>por la secreta escala, disfrazada,<br \/>\u00a1oh dichosa ventura!,<br \/>a oscuras y en celada,<br \/>estando ya mi casa sosegada.<br \/><br \/>3. En la noche dichosa,<br \/>en secreto, que nadie me ve\u00eda,<br \/>ni yo miraba cosa,<br \/>sin otra luz y gu\u00eda<br \/>sino la que en el coraz\u00f3n ard\u00eda.<br \/><br \/>4. Aqu\u00e9sta me guiaba<br \/>m\u00e1s cierto que la luz de mediod\u00eda,<br \/>adonde me esperaba<br \/>quien yo bien me sab\u00eda,<br \/>en parte donde nadie parec\u00eda.<br \/><br \/>5. \u00a0\u00a1Oh noche que guiaste!<br \/>\u00a1oh noche amable m\u00e1s que el alborada!<br \/>\u00a1oh noche que juntaste<br \/>Amado con amada,<br \/>amada en el Amado transformada!<br \/><br \/>6. \u00a0En mi pecho florido,<br \/>que entero para \u00e9l solo se guardaba,<br \/>all\u00ed qued\u00f3 dormido,<br \/>y yo le regalaba,<br \/>y el ventalle de cedros aire daba.<br \/><br \/>7. El aire de la almena,<br \/>cuando yo sus cabellos esparc\u00eda,<br \/>con su mano serena<br \/>en mi cuello her\u00eda<br \/>y todos mis sentidos suspend\u00eda.<br \/><br \/>8. Qued\u00e9me y olvid\u00e9me,<br \/>el rostro reclin\u00e9 sobre el Amado,<br \/>ces\u00f3 todo y dej\u00e9me,<br \/>dejando mi cuidado<br \/>entre las azucenas olvidado.<br \/><br \/>Fin<br \/><br \/>Comienza la declaraci\u00f3n de las canciones que tratan del modo y manera que tiene el alma en el camino de la uni\u00f3n del amor con Dios, por el padre fray Juan de la Cruz.<br \/><br \/>Antes que entremos en la declaraci\u00f3n de estas canciones, conviene saber aqu\u00ed que el alma las dice estando ya en la perfecci\u00f3n, que es la uni\u00f3n de amor con Dios, habiendo ya pasado por los estrechos trabajos y aprietos, mediante el ejercicio espiritual del camino estrecho de la vida eterna que dice nuestro Salvador en el Evangelio (Mt. 7, 74), por el cual camino ordinariamente pasa para llegar a esta alta y dichosa uni\u00f3n con Dios. El cual por ser tan estrecho y por ser tan pocos los que entran por \u00e9l, como tambi\u00e9n dice el mismo Se\u00f1or (Mt. 7, 14), tiene el alma por gran dicha y ventura haber pasado por \u00e9l a la dicha perfecci\u00f3n de amor, como ella lo canta en esta primera canci\u00f3n, llamando noche oscura con harta propiedad a este camino estrecho, como se declarar\u00e1 adelante en los versos de la dicha canci\u00f3n.<br \/><br \/>Dice, pues, el alma, gozosa de haber pasado por este angosto camino de donde tanto bien se le sigui\u00f3, en esta manera:<br \/><br \/><a id=\"no1-1\"><\/a><br \/><strong>Libro I<\/strong><br \/>En que se trata de la noche del sentido.<br \/><br \/>Canci\u00f3n 1\u00aa<br \/><br \/>En una noche oscura,<br \/>con ansias, en amores inflamada,<br \/>\u00a1oh dichosa ventura!,<br \/>sal\u00ed sin ser notada<br \/>estando ya mi casa sosegada.<br \/><br \/><strong>Declaraci\u00f3n<\/strong> <br \/><br \/>1. Cuenta el alma en esta primera canci\u00f3n el modo y manera que tuvo en salir, seg\u00fan la afici\u00f3n, de s\u00ed y de todas las cosas, muriendo por verdadera mortificaci\u00f3n a todas ellas y a s\u00ed misma, para venir a vivir vida de amor dulce y sabrosa con Dios. Y dice que este salir de s\u00ed y de todas las cosas fue una noche oscura, que aqu\u00ed entiende por la contemplaci\u00f3n purgativa, como despu\u00e9s se dir\u00e1, la cual pasivamente causa en el alma la dicha negaci\u00f3n de s\u00ed misma y de todas las cosas.<br \/><br \/>2. \u00a0Y esta salida dice ella aqu\u00ed que pudo hacer con la fuerza y calor que para ello le dio el amor de su Esposo en la dicha contemplaci\u00f3n oscura. En lo cual encarece la buena dicha que tuvo en caminar a Dios por esta noche con tan pr\u00f3spero suceso que ninguno de los tres enemigos, que son mundo, demonio y carne, que son los que siempre contrar\u00edan este camino, se lo pudiese impedir; por cuanto la dicha noche de contemplaci\u00f3n purificativa hizo adormecer y amortiguar en la casa de su sensualidad todas las pasiones y apetitos seg\u00fan sus apetitos y movimientos contrarios. Dice, pues, el verso:<br \/><br \/>En una noche oscura.<br \/><br \/><strong>Cap\u00edtulo 1<\/strong><br \/>Pone el primer verso y comienza a tratar de las imperfecciones de los principiantes.<br \/><br \/>1. En esta noche oscura comienzan a entrar las almas cuando Dios las va sacando de estado de principiantes, que es de los que meditan en el camino espiritual, y las comienza a poner en el de los aprovechantes, que es ya el de los contemplativos, para que, pasando por aqu\u00ed, lleguen al estado de los perfectos, que es el de la divina uni\u00f3n del alma con Dios. Por tanto, para entender y declarar mejor qu\u00e9 noche sea \u00e9sta por que el alma pasa, y por qu\u00e9 causa la pone Dios en ella, primero convendr\u00e1 tocar aqu\u00ed algunas propiedades de los principiantes. Lo cual, aunque ser\u00e1 con la brevedad que pudiere, no dejar\u00e1 tambi\u00e9n de servir a los mismos principiantes, para que, entendiendo la flaqueza del estado que llevan, se animen y deseen que los ponga Dios en esta noche, donde se fortalece y confirma el alma en las virtudes y para los inestimables deleites del amor de Dios. Y, aunque nos detengamos un poco, no ser\u00e1 m\u00e1s de lo que basta para tratar luego de esta noche oscura.<br \/><br \/>2. \u00a0Es, pues, de saber que el alma, despu\u00e9s que determinadamente se convierte a servir a Dios, ordinariamente la va Dios criando en esp\u00edritu y regalando, al modo que la amorosa madre hace al ni\u00f1o tierno, al cual al calor de sus pechos le calienta, y con leche sabrosa y manjar blando y dulce le cr\u00eda, y en sus brazos le trae y le regala. Pero, a la medida que va creciendo, le va la madre quitando el regalo y, escondiendo el tierno amor, pone el amargo ac\u00edbar en el dulce pecho, y, abaj\u00e1ndole de los brazos, le hace andar por su pie, porque, perdiendo las propiedades de ni\u00f1o, se d\u00e9 a cosas m\u00e1s grandes y sustanciales. La amorosa madre de la gracia de Dios, luego que por nuevo calor y hervor de servir a Dios reengendra al alma, eso mismo hace con ella; porque la hace hallar dulce y sabrosa la leche espiritual sin alg\u00fan trabajo suyo en todas las cosas de Dios, y en los ejercicios espirituales gran gusto, porque le da Dios aqu\u00ed su pecho de amor tierno, bien as\u00ed como a ni\u00f1o tierno (1 Pe. 2, 2\u00ad3).<br \/><br \/>3. Por tanto, su deleite halla pasarse grandes ratos en oraci\u00f3n, y por ventura las noches enteras; sus gustos son las penitencias, sus contentos los ayunos, y sus consuelos usar de los sacramentos y comunicar en las cosas divinas; las cuales cosas, aunque con grande eficacia y porf\u00eda asisten a ellas y las usan y tratan con grande cuidado los espirituales, hablando espiritualmente, com\u00fanmente se han muy flaca e imperfectamente en ellas. Porque, como son movidos a estas cosas y ejercicios espirituales por el consuelo y gusto que all\u00ed hallan, y, como tambi\u00e9n ellos no est\u00e1n habilitados por ejercicios de fuerte lucha en las virtudes, acerca de estas sus obras espirituales tienen muchas faltas e imperfecciones; porque, al fin, cada uno obra conforme al h\u00e1bito de perfecci\u00f3n que tiene; y, como \u00e9stos no han tenido lugar de adquirir los h\u00e1bitos fuertes, de necesidad han de obrar como flacos ni\u00f1os, flacamente. <br \/><br \/>Lo cual para que m\u00e1s claramente se vea, y cu\u00e1n faltos van estos principiantes en las virtudes acerca de lo que con el dicho gusto con facilidad obran, ir\u00e9moslo notando por los siete vicios capitales, diciendo algunas de las muchas imperfecciones que en cada uno de ellos tienen, en que se ver\u00e1 claro cu\u00e1n de ni\u00f1os es el obrar que \u00e9stos obran; y ver\u00e1se tambi\u00e9n cu\u00e1ntos bienes trae consigo la noche oscura de que luego habemos de tratar, pues de todas estas imperfecciones limpia al alma y la purifica. <br \/><br \/><a id=\"no1-2\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 2<\/strong><br \/>De algunas imperfecciones espirituales que tienen los principiantes acerca del h\u00e1bito de la soberbia.<br \/><br \/>1. Como estos principiantes se sienten tan fervorosos y diligentes en las cosas espirituales y ejercicios devotos, de esta propiedad (aunque es verdad que las cosas santas de suyo humillan) por su imperfecci\u00f3n les nace muchas veces cierto ramo de soberbia oculta, de donde vienen a tener alguna satisfacci\u00f3n de sus obras y de s\u00ed mismos. Y de aqu\u00ed tambi\u00e9n les nace cierta gana algo vana, y a veces muy vana, de hablar cosas espirituales delante de otros, y aun a veces de ense\u00f1arlas m\u00e1s que de aprenderlas, y condenan en su coraz\u00f3n a otros cuando no los ven con la manera de devoci\u00f3n que ellos querr\u00edan, y aun a veces lo dicen de palabra, pareci\u00e9ndose en esto al fariseo, que se jactaba alabando a Dios sobre las obras que hac\u00eda, y despreciando al publicano (Lc. 18, 11\u00ad12). <br \/><br \/>2. \u00a0A estos muchas veces los acrecienta el demonio el fervor y gana de hacer m\u00e1s estas y otras obras porque les vaya creciendo la soberbia y presunci\u00f3n. Porque sabe muy bien el demonio que todas estas obras y virtudes que obran, no solamente no les valen nada, mas antes se les vuelven en vicio. Y a tanto mal suelen llegar algunos de \u00e9stos, que no querr\u00edan que pareciese bueno otro sino ellos; y as\u00ed, con la obra y palabra, cuando se ofrece, les condenan y detraen, mirando la motica en el ojo de su hermano, y no considerando la viga que est\u00e1 en el suyo (Mt.7,37); cuelan el mosquito ajeno y tr\u00e1ganse su camello (Mt. 23, 24).<br \/><br \/>3. A veces tambi\u00e9n, cuando sus maestros espirituales, como son confesores y prelados, no les aprueban su esp\u00edritu y modo de proceder (porque tienen gana que estimen y alaben sus cosas), juzgan que no los entienden el esp\u00edritu, o que ellos no son espirituales, pues no aprueban aquello y condescienden con ello. Y as\u00ed, luego desean y procuran tratar con otro que cuadre con su gusto; porque ordinariamente desean tratar su esp\u00edritu con aquellos que entienden que han de alabar y estimar sus cosas, y huyen, como de la muerte, de aquellos que se los deshacen para ponerlos en camino seguro, y aun a veces toman ojeriza con ellos. Presumiendo, suelen proponer mucho y hacen muy poco. Tienen algunas veces gana de que los otros entiendan su esp\u00edritu y su devoci\u00f3n, y para esto a veces hacen muestras exteriores de movimientos, suspiros y otras ceremonias; y, a veces, algunos arrobamientos, en p\u00fablico m\u00e1s que en secreto, a los cuales les ayuda el demonio, y tienen complacencia en que les entiendan aquello, y muchas veces codicia.<br \/><br \/>4. Muchos quieren preceder y privar con los confesores, y de aqu\u00ed les nacen mil envidias y desquietudes. Tienen empacho de decir sus pecados desnudos porque no los tengan sus confesores en menos, y vanlos coloreando porque no parezcan tan malos, lo cual m\u00e1s es irse a excusar que a acusar. Y a veces buscan otro confesor para decir lo malo porque el otro no piense que tienen nada malo, sino bueno; y as\u00ed, siempre gustan de decirle lo bueno, y a veces por t\u00e9rminos que parezca antes m\u00e1s de lo que es que menos, con gana de que le parezca bueno, como quiera que fuera m\u00e1s humildad, como lo diremos, deshacerlo y tener gana que ni \u00e9l ni nadie lo tuviesen en algo.<br \/><br \/>5. \u00a0Tambi\u00e9n algunos de \u00e9stos tienen en poco sus faltas, y otras veces se entristecen demasiado de verse caer en ellas, pensando que ya hab\u00edan de ser santos, y se enojan contra s\u00ed mismos con impaciencia, lo cual es otra imperfecci\u00f3n. Tienen muchas veces grandes ansias con Dios porque les quite sus imperfecciones y faltas, m\u00e1s por verse sin la molestia de ellas en paz que por Dios; no mirando que, si se las quitase, por ventura se har\u00edan m\u00e1s soberbios y presuntuosos. Son enemigos de alabar a otros y amigos que los alaben, y a veces lo pretenden; en lo cual son semejantes a las v\u00edrgenes locas, que, teniendo sus l\u00e1mparas muertas, buscaban \u00f3leo por de fuera (Mt. 25, 8).<br \/><br \/>6. \u00a0De estas imperfecciones algunos llegan a tener muchas muy intensamente, y a mucho mal en ellas; pero algunos tienen menos, algunos m\u00e1s, y algunos solos primeros movimientos o poco m\u00e1s; y apenas hay algunos de estos principiantes que al tiempo de estos fervores no caigan en algo de esto.<br \/><br \/>Pero los que en este tiempo van en perfecci\u00f3n, muy de otra manera proceden y con muy diferente temple de esp\u00edritu; porque se aprovechan y edifican mucho con la humildad, no s\u00f3lo teniendo sus propias cosas en nada, mas con muy poca satisfacci\u00f3n de s\u00ed; a todos los dem\u00e1s tienen por muy mejores, y les suelen tener una santa envidia, con gana de servir a Dios como ellos; porque, cuanto m\u00e1s fervor llevan y cuantas m\u00e1s obras hacen y gusto tienen en ellas, como van en humildad, tanto m\u00e1s conocen lo mucho que Dios merece y lo poco que es todo cuanto hacen por \u00e9l; y as\u00ed, cuanto m\u00e1s hacen, tanto menos se satisfacen. Que tanto es lo que de caridad y amor querr\u00edan hacer por \u00e9l, que todo lo que hacen no les parezca nada; y tanto les solicita, ocupa y embebe este cuidado de amor, que nunca advierten en si los dem\u00e1s hacen o no hacen; y si advierten, todo es, como digo, creyendo que todos los dem\u00e1s son muy mejores que ellos. De donde, teni\u00e9ndose en poco, tienen gana tambi\u00e9n que los dem\u00e1s los tengan en poco y que los deshagan y desestimen sus cosas. Y tienen m\u00e1s, que, aunque se los quieran alabar y estimar, en ninguna manera lo pueden creer, y les parece cosa extra\u00f1a decir de ellos aquellos bienes.<br \/><br \/>7. Estos, con mucha tranquilidad y humildad, tienen gran deseo que les ense\u00f1e cualquiera que los pueda aprovechar; harta contraria cosa de la que tienen los que habemos dicho arriba, que lo querr\u00edan ellos ense\u00f1ar todo, y aun cuando parece les ense\u00f1an algo, ellos mismos toman la palabra de la boca como que ya se lo saben. Pero \u00e9stos, estando muy lejos de querer ser maestros de nadie, est\u00e1n muy prontos de caminar y echar por otro camino del que llevan, si se lo mandaren, porque nunca piensan que aciertan en nada. De que alaben a los dem\u00e1s se gozan; s\u00f3lo tienen pena de que no sirven a Dios como ellos.<br \/><br \/>No tienen gana de decir sus cosas, porque las tienen en tan poco, que aun a sus maestros espirituales tienen verg\u00fcenza de decirlas, pareci\u00e9ndoles que no son cosas que merezcan hacer lenguaje de ellas. M\u00e1s gana tienen de decir sus faltas y pecados, o que los entiendan, que no sus virtudes; y as\u00ed se inclinan m\u00e1s a tratar su alma con quien en menos tienen sus cosas y su esp\u00edritu, lo cual es propiedad de esp\u00edritu sencillo, puro y verdadero, y muy agradable a Dios. Porque, como mora en estas humildes almas el esp\u00edritu sabio de Dios, luego las mueve e inclina a guardar adentro sus tesoros en secreto y echar afuera sus males. Porque da Dios a los humildes, junto con las dem\u00e1s virtudes, esta gracia, as\u00ed como a los soberbios la niega (Sab. 4, 6).<br \/><br \/>8. Dar\u00e1n \u00e9stos la sangre de su coraz\u00f3n a quien sirve a Dios, y ayudar\u00e1n, cuanto esto es en s\u00ed, a que le sirvan. En las imperfecciones que se ven caer, con humildad se sufren, y con blandura de esp\u00edritu y temor amoroso de Dios, esperando en \u00e9l.<br \/><br \/>Pero almas que al principio caminen con esta manera de perfecci\u00f3n, entiendo son, como queda dicho, las menos y muy pocas; que ya nos contentar\u00edamos que no cayesen en las cosas contrarias. Que, por eso, como despu\u00e9s diremos, pone Dios en la noche oscura a los que quiere purificar de todas estas imperfecciones para llevarlos adelante.<br \/><br \/><a id=\"no1-3\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 3<\/strong><br \/>De algunas imperfecciones que suelen tener algunos de \u00e9stos acerca del segundo vicio capital, que es la avaricia, espiritualmente hablando.<br \/><br \/>1. Tienen muchos de estos principiantes tambi\u00e9n a veces mucha avaricia espiritual, porque apenas les ver\u00e1n contentos en el esp\u00edritu que Dios les da; andan muy desconsolados y quejosos porque no hallan el consuelo que querr\u00edan en las cosas espirituales. Muchos no se acaban de hartar de o\u00edr consejos y aprender preceptos espirituales y tener y leer muchos libros que traten de eso, y v\u00e1seles m\u00e1s en esto el tiempo que en obrar la mortificaci\u00f3n y perfecci\u00f3n de la pobreza interior de esp\u00edritu que deben. Porque, a m\u00e1s de esto, se cargan de im\u00e1genes y rosarios bien curiosos; ahora dejan unos, ya toman otros; ahora truecan, ahora destruecan; ya los quieren de esta manera, ya de esotra, aficion\u00e1ndose m\u00e1s a esta cruz que a aqu\u00e9lla, por ser m\u00e1s curiosa. Y ver\u00e9is a otros arreados de \u00abagnusdeis\u00bb y reliquias y n\u00f3minas, como los ni\u00f1os de dijes. <br \/><br \/>En lo cual yo condeno la propiedad de coraz\u00f3n y el asimiento que tienen al modo, multitud y curiosidad de cosas, por cuanto es muy contra la pobreza de esp\u00edritu, que s\u00f3lo mira en la sustancia de la devoci\u00f3n, aprovech\u00e1ndose s\u00f3lo de aquello que basta para ella, y cans\u00e1ndose de esotra multiplicidad y de la curiosidad de ella; pues que la verdadera devoci\u00f3n ha de salir del coraz\u00f3n, s\u00f3lo en la verdad y sustancia de lo que representan las cosas espirituales, y todo lo dem\u00e1s es asimiento y propiedad de imperfecci\u00f3n, que, para pasar a alguna manera de perfecci\u00f3n, es necesario que se acabe el tal apetito.<br \/><br \/>2. \u00a0Yo conoc\u00ed una persona que m\u00e1s de diez a\u00f1os se aprovech\u00f3 de una cruz hecha toscamente de un ramo bendito, clavada con un alfiler retorcida alrededor, y nunca la hab\u00eda dejado, tray\u00e9ndola consigo hasta que yo se la tom\u00e9; y no era persona de poca raz\u00f3n y entendimiento. Y vi otra que rezaba por cuentas que eran de huesos de las espinas del pescado, cuya devoci\u00f3n es cierto que por eso no era de menos quilates delante de Dios; pues se ve claro que \u00e9stos no la ten\u00edan en la hechura y valor.<br \/><br \/>Los que van, pues, bien encaminados desde estos principios, no se asen a los instrumentos visibles, ni se cargan de ellos, ni se les da nada de saber m\u00e1s de lo que conviene saber para obrar; porque s\u00f3lo ponen los ojos en ponerse bien con Dios y agradarle, y en esto es su codicia. Y as\u00ed con gran largueza dan cuanto tienen, y su gusto es saberse quedar sin ello por Dios y por la caridad del pr\u00f3jimo, no me da m\u00e1s que sean cosas espirituales que temporales; porque, como digo, s\u00f3lo ponen los ojos en las veras de la perfecci\u00f3n interior: dar a Dios gusto, y no a s\u00ed mismo en nada.<br \/><br \/>3. Pero de estas imperfecciones tampoco, como de las dem\u00e1s, no se puede el alma purificar cumplidamente hasta que Dios le ponga en la pasiva purgaci\u00f3n de aquella oscura noche que luego diremos. Mas conviene al alma, en cuanto pudiere, procurar de su parte hacer por perfeccionarse, porque merezca que Dios le ponga en aquella divina cura, donde sana el alma de todo lo que ella no alcanzaba a remediarse; porque, por m\u00e1s que el alma se ayude, no puede ella activamente purificarse de manera que est\u00e9 dispuesta en la menor parte para la divina uni\u00f3n de perfecci\u00f3n de amor, si Dios no toma la mano y la purga en aquel fuego oscuro para ella, c\u00f3mo y de la manera que habemos de decir.<br \/><br \/><a id=\"no1-4\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 4<\/strong><br \/>De otras imperfecciones que suelen tener estos principiantes acerca del tercer vicio, que es lujuria.<br \/><br \/>1. Otras muchas imperfecciones m\u00e1s de las que acerca de cada vicio voy diciendo tienen muchos de estos principiantes, que por evitar prolijidad dejo, tocando algunas de las m\u00e1s principales, que son como origen y causa de las otras.<br \/><br \/>Y as\u00ed, acerca de este vicio de lujuria (dejado aparte lo que es caer en este pecado en los espirituales, pues mi intento es tratar de las imperfecciones que se han de purgar por la noche oscura) tienen muchas imperfecciones muchos, que se podr\u00edan llamar lujuria espiritual, no porque as\u00ed lo sea, sino porque procede de cosas espirituales. Porque muchas veces acaece que en los mismos ejercicios espirituales, sin ser en manos de ellos, se levantan y acaecen en la sensualidad movimientos y actos torpes, y a veces aun cuando el esp\u00edritu est\u00e1 en mucha oraci\u00f3n, o ejercitando los Sacramentos de la Penitencia o Eucarist\u00eda. Los cuales, sin ser, como digo, en su mano, proceden de una de tres causas:<br \/><br \/>2. \u00a0La primera, proceden muchas veces del gusto que tiene el natural en las cosas espirituales; porque, como gusta el esp\u00edritu y sentido, con aquella recreaci\u00f3n se mueve cada parte del hombre a deleitarse seg\u00fan su porci\u00f3n y propiedad; porque entonces el esp\u00edritu se mueve a recreaci\u00f3n y gusto de Dios, que es la parte superior; y la sensualidad, que es la porci\u00f3n inferior, se mueve a gusto y deleite sensual, porque no sabe ella tener y tomar otro, y toma entonces el m\u00e1s conjunto a s\u00ed, que es el sensual torpe. Y as\u00ed, acaece que el alma est\u00e1 en mucha oraci\u00f3n con Dios seg\u00fan el esp\u00edritu, y, por otra parte, seg\u00fan el sentido siente rebeliones y movimientos y actos sensuales pasivamente, no sin harta desgana suya; lo cual muchas veces acaece en la Comuni\u00f3n, que, como en este acto de amor recibe el alma alegr\u00eda y regalo, porque se le hace este Se\u00f1or, pues para eso se da, la sensualidad toma tambi\u00e9n el suyo, como habemos dicho, a su modo. Que, como, en fin, estas dos partes son un supuesto, ordinariamente participan entrambas de lo que una recibe, cada una a su modo; porque, como dice el Fil\u00f3sofo, cualquiera cosa que se recibe, est\u00e1 en el recipiente al modo del mismo recipiente. Y as\u00ed en estos principios, y aun cuando ya el alma est\u00e1 aprovechada, como est\u00e1 la sensualidad imperfecta, recibe el esp\u00edritu de Dios con la misma imperfecci\u00f3n muchas veces. Que, cuando esta parte sensitiva est\u00e1 reformada por la purgaci\u00f3n de la noche oscura que diremos, ya no tiene ella estas flaquezas; porque no es ella la que recibe ya, mas antes est\u00e1 recibida ella en el esp\u00edritu; y as\u00ed lo tiene todo entonces al modo del esp\u00edritu.<br \/><br \/>3. La segunda causa, de donde a veces proceden estas rebeliones, es el demonio, que, por desquietar y turbar el alma al tiempo que est\u00e1 en oraci\u00f3n o la procura tener, procura levantar en el natural estos movimientos torpes, con que, si al alma se le da algo de ellos, le hace harto da\u00f1o. Porque no s\u00f3lo por el temor de esto aflojan en la oraci\u00f3n, que es lo que \u00e9l pretende, por ponerse a luchar con ellos, mas algunos dejan la oraci\u00f3n del todo, pareci\u00e9ndoles que en aquel ejercicio les acaecen m\u00e1s aquellas cosas que fuera de \u00e9l, como es la verdad, porque se las pone el demonio m\u00e1s en aquella que en otra cosa, por que dejen el ejercicio espiritual. Y no s\u00f3lo eso, sino que llega a representarles muy al vivo cosas muy feas y torpes, y a veces muy conjuntamente acerca de cualesquier cosas espirituales y personas que aprovechan sus almas, para aterrarlas y acobardarlas; de manera, que los que de ello hacen caso, aun no se atreven a mirar nada ni poner la consideraci\u00f3n en nada, porque luego tropiezan en aquello. <br \/><br \/>Y esto en los que son tocados de melancol\u00eda acaece con tanta eficacia y frecuencia, que es de haberlos l\u00e1stima grande, porque padecen vida triste, porque llega a tanto en algunas personas este trabajo cuando tienen este mal humor, que les parece claro que sienten tener consigo acceso el demonio, sin ser libres para poderlo evitar, aunque algunas personas de \u00e9stas puedan evitar el tal acceso con gran fuerza y trabajo. Cuando estas cosas torpes acaecen a los tales por medio de la melancol\u00eda, ordinariamente no se libran de ellas hasta que sanan de aquella calidad de humor, si no es que entrase en la noche oscura el alma, que la priva sucesivamente de todo.<br \/><br \/>4. El tercer origen, de donde suelen proceder y hacer guerra estos movimientos torpes, suele ser el temor que ya tienen cobrado estos tales a estos movimientos y representaciones torpes; porque el temor que les da la s\u00fabita memoria en lo que ven o tratan o piensan, les hace padecer estos actos sin culpa suya.<br \/><br \/>5. \u00a0Hay tambi\u00e9n algunas almas, de naturales tan tiernos y deleznables, que, en vini\u00e9ndoles cualquier gusto de esp\u00edritu o de oraci\u00f3n, luego es con ellos el esp\u00edritu de la lujuria, que de tal manera les embriaga y regala la sensualidad, que se hallan como engolfados en aquel jugo y gusto de este vicio; y dura lo uno con lo otro pasivamente; y algunas veces echan de ver haber sucedido algunos torpes y rebeldes actos. La causa es que, como estos naturales sean, como digo, deleznables y tiernos, con cualquier alteraci\u00f3n se les remueven los humores y la sangre, y suceden de aqu\u00ed estos movimientos; porque a \u00e9stos lo mismo les acaece cuando se encienden en ira o tienen alg\u00fan alboroto o pena.<br \/><br \/>6. \u00a0Algunas veces tambi\u00e9n en estos espirituales, as\u00ed en hablar como en obrar cosas espirituales, se levanta cierto br\u00edo y gallard\u00eda con memoria de las personas que tienen delante, y tratan con alguna manera de vano gusto; lo cual nace tambi\u00e9n de lujuria espiritual, al modo que aqu\u00ed la entendemos; lo cual ordinariamente viene con complacencia en la voluntad.<br \/><br \/>7. Cobran algunos de \u00e9stos aficiones con algunas personas por v\u00eda espiritual, que muchas veces nacen de lujuria, y no de esp\u00edritu; lo cual se conoce ser as\u00ed cuando, con la memoria de aquella afici\u00f3n, no crece m\u00e1s la memoria y amor de Dios, sino remordimiento en la conciencia. Porque, cuando la afici\u00f3n es puramente espiritual, creciendo ella, crece la de Dios, y cuanto m\u00e1s se acuerda de ella, tanto m\u00e1s se acuerda de Dios y le da gana de Dios, y creciendo en lo uno crece en lo otro; porque eso tiene el esp\u00edritu de Dios, que lo bueno aumenta con lo bueno, por cuanto hay semejanza y conformidad. Pero cuando el tal amor nace del dicho vicio sensual, tiene los efectos contrarios; porque cuanto m\u00e1s crece lo uno, tanto m\u00e1s decrece lo otro y la memoria juntamente; porque, si crece aquel amor, luego ver\u00e1 que se va resfriando en el de Dios y olvid\u00e1ndose de \u00e9l con aquella memoria y alg\u00fan remordimiento en la conciencia; y, por el contrario, si crece el amor de Dios en el alma, se va resfriando en el otro y olvid\u00e1ndole, porque, como son contrarios amores, no s\u00f3lo no ayuda el uno al otro, mas antes el que predomina apaga y confunde el otro y se fortalece en s\u00ed mismo, como dicen los fil\u00f3sofos. Por lo cual dijo nuestro Salvador en el Evangelio (Jn. 3, 6) que lo que nace de carne, es carne, y lo que nace de esp\u00edritu, es esp\u00edritu, esto es: el amor que nace de sensualidad, para en sensualidad, y el que de esp\u00edritu, para en esp\u00edritu de Dios y h\u00e1cele crecer. Y \u00e9sta es la diferencia que hay entre los dos amores para conocerlos.<br \/><br \/>8. Cuando el alma entrare en la noche oscura, todos estos amores pone en raz\u00f3n; porque al uno fortalece y purifica, que es el que es seg\u00fan Dios, y al otro quita y acaba; y, al principio a entrambos los hace perder de vista, como despu\u00e9s se dir\u00e1.<br \/><br \/><a id=\"no1-5\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 5<\/strong><br \/>De las imperfecciones en que caen los principiantes acerca del vicio de la ira.<br \/><br \/>1. Por causa de la concupiscencia que tienen muchos principiantes en los gustos espirituales, les poseen muy de ordinario muchas imperfecciones del vicio de la ira; porque, cuando se les acaba el sabor y gusto en las cosas espirituales, naturalmente se hallan desabridos y, con aquel sinsabor que traen consigo, traen mala gracia en las cosas que tratan, y se a\u00edran muy f\u00e1cilmente por cualquier cosilla, y aun a veces no hay quien los sufra. Lo cual muchas veces acaece despu\u00e9s que han tenido alg\u00fan muy gustoso recogimiento sensible en la oraci\u00f3n, que, como se les acaba aquel gusto y sabor, naturalmente queda el natural desabrido y desganado; bien as\u00ed como el ni\u00f1o cuando le apartan del pecho de que estaba gustando a su sabor. En el cual natural, cuando no se dejan llevar de la desgana, no hay culpa, sino imperfecci\u00f3n que se ha de purgar por la sequedad y aprieto de la noche oscura.<br \/><br \/>2. \u00a0Tambi\u00e9n hay otros de estos espirituales que caen en otra manera de ira espiritual, y es que se a\u00edran contra los vicios ajenos con cierto celo desasosegado, notando a otros; y a veces les dan \u00edmpetus de reprenderles enojosamente, y aun hacen algunas veces, haci\u00e9ndose ellos due\u00f1os de la virtud. Todo lo cual es contra la mansedumbre espiritual. <br \/><br \/>3. Hay otros que, cuando se ven imperfectos, con impaciencia no humilde se a\u00edran contra s\u00ed mismos; acerca de lo cual tienen tanta impaciencia, que querr\u00edan ser santos en un d\u00eda. De \u00e9stos hay muchos que proponen mucho y hacen grandes prop\u00f3sitos, y como no son humildes ni desconf\u00edan de s\u00ed, cuantos m\u00e1s prop\u00f3sitos hacen, tanto m\u00e1s caen y tanto m\u00e1s se enojan, no teniendo paciencia para esperar a que se lo d\u00e9 Dios cuando \u00e9l fuere servido: que tambi\u00e9n es contra la dicha mansedumbre espiritual; que del todo no se puede remediar sino por la purgaci\u00f3n de la noche oscura. Aunque algunos tienen tanta paciencia en esto del querer aprovechar, que no querr\u00eda Dios ver en ellos tanta.<br \/><br \/><a id=\"no1-6\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 6<\/strong><br \/>De las imperfecciones acerca de la gula espiritual.<br \/><br \/>1. Acerca del cuarto vicio, que es gula espiritual, hay mucho que decir, porque apenas hay uno de estos principiantes que, por bien que proceda, no caiga en algo de las muchas imperfecciones que acerca de este vicio les nacen a estos principiantes por medio del sabor que hallan a los principios en los ejercicios espirituales. <br \/><br \/>Porque muchos de \u00e9stos, engolosinados con el sabor y gusto que hallan en los tales ejercicios, procuran m\u00e1s el sabor del esp\u00edritu que la pureza y discreci\u00f3n de \u00e9l, que es lo que Dios mira y acepta en todo el camino espiritual. Por lo cual, dem\u00e1s de las imperfecciones que tienen en pretender estos sabores, la golosina que ya tienen les hace salir mucho del pie a la mano, pasando de los l\u00edmites del medio en que consisten y se granjean las virtudes. Porque, atra\u00eddos del gusto que all\u00ed hallan, algunos se matan a penitencias, y otros se debilitan con ayunos, haciendo m\u00e1s de lo que su flaqueza sufre, sin orden y consejo; antes procuran hurtar el cuerpo a quien deben obedecer en lo tal; y aun algunos se atreven a hacerlo aunque les han mandado lo contrario.<br \/><br \/>2. \u00a0Estos son imperfect\u00edsimos, gente sin raz\u00f3n, que posponen la sujeci\u00f3n y obediencia, que es penitencia de raz\u00f3n y discreci\u00f3n, y por eso es para Dios m\u00e1s acepto y gustoso sacrificio que todos los dem\u00e1s, a la penitencia corporal, que, dejada estotra parte, no es m\u00e1s que penitencia de bestias, a que tambi\u00e9n como bestias se mueven por el apetito y gusto que all\u00ed hallan. En lo cual, por cuanto todos los extremos son viciosos, y en esta manera de proceder \u00e9stos hacen su voluntad, antes van creciendo en vicios que en virtudes; porque, por lo menos, ya en esta manera adquieren gula espiritual y soberbia, pues no va en obediencia (lo que hacen). <br \/><br \/>Y tanto empuja el demonio a muchos de \u00e9stos, atiz\u00e1ndoles esta gula por gustos y apetitos que les acrecienta, que ya que m\u00e1s no pueden, o mudan o a\u00f1aden o var\u00edan lo que les mandan, porque les es aceda toda obediencia acerca de esto. En lo cual algunos llegan a tanto mal, que, por el mismo caso que van por obediencia los tales ejercicios, se les quita la gana y devoci\u00f3n de hacerlos, porque sola su gana y gusto es hacer lo que les mueve; todo lo cual por ventura les valiera m\u00e1s no hacerlo.<br \/><br \/>3. Ver\u00e9is a muchos de \u00e9stos muy porfiados con sus maestros espirituales porque les concedan lo que quieren, y all\u00e1 medio por fuerza lo sacan; y si no, se entristecen como ni\u00f1os y andan de mala gana, y les parece que no sirven a Dios cuando no los dejan hacer lo que querr\u00edan. Porque, como andan arrimados al gusto y voluntad propia, y esto tienen por su Dios, luego que se lo quitan y les quieren poner en voluntad de Dios, se entristecen y aflojan y faltan. Piensan \u00e9stos que el gustar ellos y estar satisfechos, es servir a Dios y satisfacerle. <br \/><br \/>4. Hay tambi\u00e9n otros que por esta golosina tienen tan poco conocida su bajeza y propia miseria y tan echado aparte el amoroso temor y respeto que deben a la grandeza de Dios, (que) no dudan de porfiar mucho con sus confesores sobre que les dejen comulgar muchas veces. Y lo peor es que muchas veces se atreven a comulgar sin licencia y parecer del ministro y despensero de Cristo, s\u00f3lo por su parecer, y le procuran encubrir la verdad. Y a esta causa, con ojo de ir comulgando, hacen como quiera las confesiones, teniendo m\u00e1s codicia en comer que en comer limpia y perfectamente; como quiera que fuera m\u00e1s sano y santo tener la inclinaci\u00f3n contraria, rogando a sus confesores que no les manden llegar tan a menudo; aunque entre lo uno y lo otro mejor es la resignaci\u00f3n humilde, pero los dem\u00e1s atrevimientos cosa es para grande mal y castigo de ellos sobre tal temeridad.<br \/><br \/>5. \u00a0Estos, en comulgando, todo se les va en procurar alg\u00fan sentimiento y gusto m\u00e1s que en reverenciar y alabar en s\u00ed con humildad a Dios: y de tal manera se apropian a esto, que, cuando no han sacado alg\u00fan gusto o sentimiento sensible, piensan que no han hecho nada, lo cual es juzgar muy bajamente de Dios, no entendiendo que el menor de los provechos que hace este Sant\u00edsimo Sacramento es el que toca al sentido, porque mayor es el invisible de la gracia que da; que, porque pongan en \u00e9l los ojos de la fe, quita Dios muchas veces esotros gustos y sabores sensibles. Y as\u00ed, quieren sentir a Dios y gustarle como si fuese comprensible y accesible, no s\u00f3lo en \u00e9ste, sino tambi\u00e9n en los dem\u00e1s ejercicios espirituales, todo lo cual es muy grande imperfecci\u00f3n y muy contra la condici\u00f3n de Dios, porque es impureza en la fe.<br \/><br \/>6. \u00a0Lo mismo tienen \u00e9stos en la oraci\u00f3n que ejercitan, que piensan que todo el negocio de ella est\u00e1 en hallar gusto y devoci\u00f3n sensible, y procuran sacarle, como dicen, a fuerza de brazos, cansando y fatigando las potencias y la cabeza; y, cuando no han hallado el tal gusto, se desconsuelan mucho pensando que no han hecho nada. Y por esta pretensi\u00f3n pierden la verdadera devoci\u00f3n y esp\u00edritu, que consiste en perseverar all\u00ed con paciencia y humildad, desconfiando de s\u00ed, s\u00f3lo por agradar a Dios. A esta causa, cuando no han hallado una vez sabor en este u otro ejercicio, tienen mucha desgana y repugnancia de volver a \u00e9l, y a veces lo dejan; que, en fin, son, como habemos dicho, semejantes a los ni\u00f1os, que no se mueven ni obran por raz\u00f3n, sino por el gusto.<br \/><br \/>Todo se les va a \u00e9stos en buscar gusto y consuelo de esp\u00edritu, y por esto nunca se hartan de leer libros, y ahora toman una meditaci\u00f3n, ahora otra, andando a caza de este gusto con las cosas de Dios; a los cuales les niega Dios muy justa, discreta y amorosamente, porque, si esto no fuese, crecer\u00edan por esta gula y golosina espiritual en males sin cuento. Por lo cual conviene mucho a \u00e9stos entrar en la noche oscura que habemos de dar, para que se purguen de estas ni\u00f1er\u00edas.<br \/><br \/>7. Estos que as\u00ed est\u00e1n inclinados a estos gustos, tambi\u00e9n tienen otra imperfecci\u00f3n muy grande, y es que son muy flojos y remisos en ir por el camino \u00e1spero de la cruz; porque el alma que se da al sabor, naturalmente le da en rostro todo sinsabor de negaci\u00f3n propia.<br \/><br \/>8. Tienen \u00e9stos otras muchas imperfecciones que de aqu\u00ed les nacen, las cuales el Se\u00f1or a tiempos les cura con tentaciones, sequedades y otros trabajos, que todo es parte de la noche oscura. De las cuales, por no me alargar, no quiero tratar aqu\u00ed m\u00e1s, sino s\u00f3lo decir que la sobriedad y templanza espiritual lleva otro temple muy diferente de mortificaci\u00f3n, temor y sujeci\u00f3n en todas sus cosas, echando de ver que no est\u00e1 la perfecci\u00f3n y valor de las cosas en la multitud y gusto de las obras, sino en saberse negar a s\u00ed mismo en ellas; lo cual ellos han de procurar hacer cuanto pudieren de su parte, hasta que Dios quiera purificarlos de hecho entr\u00e1ndolos en la noche oscura, a la cual por llegar me voy dando priesa con estas imperfecciones. <br \/><br \/><a id=\"no1-7\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 7<\/strong><br \/>De las imperfecciones acerca de la envidia y acidia espiritual.<br \/><br \/>1. Acerca tambi\u00e9n de los otros dos vicios, que son envidia y acidia espiritual, no dejan estos principiantes de tener hartas imperfecciones. Porque acerca de la envidia muchos de \u00e9stos suelen tener movimientos de pesarles del bien espiritual de los otros, d\u00e1ndoles alguna pena sensible que les lleven ventaja en este camino, y no querr\u00edan verlos alabar; porque se entristecen de las virtudes ajenas, y a veces no lo pueden sufrir sin decir ellos lo contrario, deshaciendo aquellas alabanzas como pueden, y les crece, como dicen, el ojo no hacerse con ellos otro tanto, porque querr\u00edan ellos ser preferidos en todo. Todo lo cual es muy contrario a la caridad, la cual, como dice san Pablo (1 Cor. 13, 6), se goza de la verdad; y, si alguna envidia tiene, es envidia santa, pes\u00e1ndole de no tener las virtudes del otro, con gozo de que el otro las tenga, y holg\u00e1ndose de que todos le lleven la ventaja porque sirvan a Dios, ya que \u00e9l est\u00e1 tan falto en ello. <br \/><br \/>2. \u00a0Tambi\u00e9n, acerca de la acidia espiritual, suelen tener tedio en las cosas que son m\u00e1s espirituales y huyen de ellas, como son aquellas que contradicen al gusto sensible; porque, como ellos est\u00e1n tan saboreados en las cosas espirituales, en no hallando sabor en ellas las fastidian. Porque, si una vez no hallaron en la oraci\u00f3n la satisfacci\u00f3n que ped\u00eda su gusto (porque en fin conviene que se le quite Dios para probarlos), no querr\u00edan volver a ella, o a veces la dejan o van de mala gana. Y as\u00ed, por esta acidia, posponen el camino de perfecci\u00f3n, que es el de la negaci\u00f3n de su voluntad y gusto por Dios, al gusto y sabor de su voluntad, a la cual en esta manera andan ellos por satisfacer m\u00e1s que a la de Dios.<br \/><br \/>3. Y muchos de \u00e9stos querr\u00edan que quisiese Dios lo que ellos quieren, y se entristecen de querer lo que quiere Dios, con repugnancia de acomodar su voluntad a la de Dios. De donde les nace que, muchas veces, en lo que ellos no hallan su voluntad y gusto, piensen que no es voluntad de Dios; y que, por el contrario, cuando ellos se satisfacen, crean que Dios se satisface, midiendo a Dios consigo, y no a si mismos con Dios, siendo muy al contrario lo que \u00e9l mismo ense\u00f1\u00f3 en el Evangelio (Mt. 16, 25), diciendo que el que perdiese su voluntad por \u00e9l, ese la ganar\u00eda, el que la quisiese ganar, \u00e9se la perder\u00eda.<br \/><br \/>4. Estos tambi\u00e9n tienen tedio cuando les mandan lo que no tiene gusto para ellos. Estos, porque se andan al regalo y sabor del esp\u00edritu, son muy flojos para la fortaleza y trabajo de perfecci\u00f3n, hechos semejantes a los que se cr\u00edan en regalo, que huyen con tristeza de toda cosa \u00e1spera, y of\u00e9ndense de la cruz, en que est\u00e1n los deleites del esp\u00edritu; y en las cosas m\u00e1s espirituales m\u00e1s tedio tienen, porque, como ellos pretenden andar en las cosas espirituales a sus anchuras y gusto de su voluntad, h\u00e1celes gran tristeza y repugnancia entrar por el camino estrecho, que dice Cristo (Mt. 7, 14), de la vida.<br \/><br \/>5. \u00a0Estas imperfecciones baste aqu\u00ed haber referido de las muchas en que viven los de este primer estado de principiantes, para que se vea cu\u00e1nta sea la necesidad que tienen de que Dios los ponga en estado de aprovechados, que se hace entr\u00e1ndolos en la noche oscura que ahora decimos, donde, destet\u00e1ndolos Dios de los pechos de estos gustos y sabores en puras sequedades y tinieblas interiores, les quita todas estas impertinencias y ni\u00f1er\u00edas, y hace ganar las virtudes por medios muy diferentes. Porque, por m\u00e1s que el principiante en mortificar en s\u00ed se ejercite todas sus acciones y pasiones, nunca del todo, ni con mucho, puede hasta que Dios lo hace pasivamente por medio de la purgaci\u00f3n de la dicha noche. En la cual para hablar algo que sea en su provecho, sea Dios servido darme su divina luz, porque es bien menester en noche tan oscura y materia tan dificultosa para ser hablada y recitada. Es, pues, el verso: <br \/><br \/>En una noche oscura.<br \/><br \/><a id=\"no1-8\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 8<\/strong><br \/>En que se declara el primer verso de la primera canci\u00f3n y se comienza a explicar esta noche oscura.<br \/><br \/>1. Esta noche, que decimos ser la contemplaci\u00f3n, dos maneras de tinieblas causa en los espirituales o purgaciones, seg\u00fan las dos partes del hombre, conviene a saber, sensitiva y espiritual. <br \/><br \/>Y as\u00ed, la una noche o purgaci\u00f3n ser\u00e1 sensitiva, con que se purga el alma seg\u00fan el sentido, acomod\u00e1ndolo al esp\u00edritu; y la otra es noche o purgaci\u00f3n espiritual, con que se purga y desnuda el alma seg\u00fan el esp\u00edritu, acomod\u00e1ndole y disponi\u00e9ndole para la uni\u00f3n de amor con Dios. La sensitiva es com\u00fan y que acaece a muchos, y \u00e9stos son los principiantes, de la cual trataremos primero; la espiritual es de muy pocos, y \u00e9stos ya de los ejercitados y aprovechados, de que trataremos despu\u00e9s. <br \/><br \/>2. \u00a0La primera purgaci\u00f3n o noche es amarga y terrible para el sentido, como ahora diremos. La segunda no tiene comparaci\u00f3n, porque es horrenda y espantable para el esp\u00edritu, como luego diremos. Y porque en orden es primero y acaece primero la sensitiva, de ella con brevedad diremos alguna cosa primero, porque de ella, como cosa m\u00e1s com\u00fan, se hallan m\u00e1s cosas escritas, por pasar a tratar m\u00e1s de prop\u00f3sito de la noche espiritual, por haber de ella muy poco lenguaje, as\u00ed de pl\u00e1tica como de escritura, y aun de experiencia muy poco.<br \/><br \/>3. Pues, como el estilo que llevan los principiantes en el camino de Dios es bajo y que frisa mucho con su propio amor y gusto, como arriba queda dado a entender, queriendo Dios llevarlos adelante, y sacarlos de este bajo modo de amor a m\u00e1s alto grado de amor de Dios y librarlos de bajo ejercicio del sentido y discurso, con que tan tasadamente y con tantos inconvenientes, como habemos dicho, andan buscando a Dios, y ponerlos en el ejercicio de esp\u00edritu, en que m\u00e1s abundantemente y m\u00e1s libres de imperfecciones pueden comunicarse con Dios; ya que se han ejercitado alg\u00fan tiempo en el camino de la virtud, perseverando en meditaci\u00f3n y oraci\u00f3n, en que con el sabor y gusto que all\u00ed han hallado se han desaficionado de las cosas del mundo y cobrado algunas espirituales fuerzas en Dios, con que tienen algo refrenados los apetitos de las criaturas, con que podr\u00e1n sufrir por Dios un poco de carga y sequedad sin volver atr\u00e1s, al mejor tiempo, cuando m\u00e1s a sabor y gusto andan en estos ejercicios espirituales, y cuando m\u00e1s claro a su parecer les luce el sol de los divinos favores, oscur\u00e9celes Dios toda esta luz y ci\u00e9rrales la puerta y manantial de la dulce agua espiritual que andaban gustando en Dios todas las veces y todo el tiempo que ellos quer\u00edan; porque, como eran flacos y tiernos, no hab\u00eda puerta cerrada para \u00e9stos, como dice san Juan en el Apocalipsis (3, 8). Y as\u00ed, los deja tan a oscuras que no saben d\u00f3nde ir con el sentido de la imaginaci\u00f3n y el discurso, porque no pueden dar un paso en meditar como antes sol\u00edan, anegado ya el sentido interior en estas noches, y d\u00e9jalos tan a secas que no solo no hallan jugo y gusto en las cosas espirituales y buenos ejercicios en que sol\u00edan ellos hallar sus deleites y gustos, mas, en lugar de esto, hallan por el contrario sinsabor y amargura en las dichas cosas; porque, como he dicho, sinti\u00e9ndolos ya Dios aqu\u00ed algo crecidillos, para que se fortalezcan y salgan de mantillas los desarrima del dulce pecho y, abaj\u00e1ndolos de sus brazos, los veza a andar por sus pies; en lo cual sienten ellos gran novedad porque se les ha vuelto todo al rev\u00e9s. <br \/><br \/>4. Esto a la gente recogida com\u00fanmente acaece m\u00e1s en breve, despu\u00e9s que comienzan, que a los dem\u00e1s, por cuanto est\u00e1n m\u00e1s libres de ocasiones para volver atr\u00e1s y reformar m\u00e1s presto los apetitos de las cosas del siglo, que es lo que se requiere para comenzar a entrar en esta dichosa noche del sentido. Ordinariamente no pasa mucho tiempo, despu\u00e9s que comienzan, en entrar en esta noche del sentido; y todos los m\u00e1s entran en ella, porque com\u00fanmente les ver\u00e1n caer en estas sequedades.<br \/><br \/>5. \u00a0De esta manera de purgaci\u00f3n sensitiva, por ser tan com\u00fan, podr\u00edamos traer aqu\u00ed grande n\u00famero de autoridades de la Escritura divina, donde a cada paso, particularmente en los Salmos y en los Profetas, se hallan muchas. Por tanto, no quiero en esto gastar tiempo, porque el que all\u00ed no las supiere mirar, bastarle ha la com\u00fan experiencia que de ella se tiene.<\/p>\n<p><a id=\"no1-9\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 9<\/strong><br \/>De las se\u00f1ales en que se conocer\u00e1 que el espiritual va por el camino de esta noche y purgaci\u00f3n sensitiva.<br \/><br \/>1. Pero, porque estas sequedades podr\u00edan proceder muchas veces no de la dicha noche y purgaci\u00f3n del apetito sensitivo, sino de pecados e imperfecciones o de flojedad y tibieza, o de alg\u00fan mal humor o indisposici\u00f3n corporal, pondr\u00e9 aqu\u00ed algunas se\u00f1ales en que se conoce si es la tal dicha purgaci\u00f3n, o si nace de alguno de los dichos vicios. Para lo cual hallo que hay tres se\u00f1ales principales.<br \/><br \/>2. \u00a0La primera es si, as\u00ed como no halla gusto ni consuelo en las cosas de Dios, tampoco le halla en alguna de las cosas criadas; porque, como pone Dios al alma en esta oscura noche a fin de enjugarle y purgarle el apetito sensitivo, en ninguna cosa le deja engolosinar ni hallar sabor. Y en esto se conoce muy probablemente que esta sequedad y sinsabor no proviene ni de pecados ni de imperfecciones nuevamente cometidas; porque, si esto fuese, sentirse h\u00eda en el natural alguna inclinaci\u00f3n o gana de gustar de otra alguna cosa que de las de Dios; porque, cuando quiera que se relaja el apetito en alguna imperfecci\u00f3n, luego se siente quedar inclinado a ella, poco o mucho, seg\u00fan el gusto y afici\u00f3n que all\u00ed aplic\u00f3.<br \/><br \/>Pero, porque este no gustar ni de cosa de arriba ni de abajo podr\u00eda provenir de alguna indisposici\u00f3n o humor melanc\u00f3lico, el cual muchas veces no deja hallar gusto en nada, es menester la segunda se\u00f1al y condici\u00f3n. <br \/><br \/>3. La segunda se\u00f1al para que se crea ser la dicha purgaci\u00f3n es que ordinariamente trae la memoria en Dios con solicitud y cuidado penoso, pensando que no sirve a Dios, sino que vuelve atr\u00e1s, como se ve en aquel sinsabor en las cosas de Dios. Y en esto se ve que no sale de flojedad y tibieza este sinsabor y sequedad; porque de raz\u00f3n de la tibieza es no se le dar mucho ni tener solicitud interior por las cosas de Dios.<br \/><br \/>De donde entre la sequedad y tibieza hay mucha diferencia; porque la que es tibieza tiene mucha flojedad y remisi\u00f3n en la voluntad y en el \u00e1nimo, sin solicitud de servir a Dios; la que s\u00f3lo es sequedad purgativa tiene consigo ordinaria solicitud con cuidado y pena, como digo, de que no sirve a Dios. Y \u00e9sta, aunque algunas veces sea ayudada de la melancol\u00eda u otro humor, como muchas veces lo es, no por eso deja de hacer su efecto purgativo del apetito, pues de todo gusto est\u00e1 privado, y s\u00f3lo su cuidado trae en Dios; porque, cuando es puro humor, s\u00f3lo se va en disgusto y estrago del natural, sin estos deseos de servir a Dios que tiene la sequedad purgativa, con la cual aunque la parte sensitiva est\u00e1 muy ca\u00edda y floja y flaca para obrar por el poco gusto que halla, el esp\u00edritu, empero, est\u00e1 pronto y fuerte.<br \/><br \/>4. Porque la causa de esta sequedad es porque muda Dios los bienes y fuerza del sentido al esp\u00edritu, de los cuales, por no ser capaz el sentido y fuerza natural, se queda ayuno, seco y vac\u00edo. Porque la parte sensitiva no tiene habilidad para lo que es puro esp\u00edritu, y as\u00ed, gustando el esp\u00edritu se desabre la carne y se afloja para obrar; mas el esp\u00edritu que va recibiendo el manjar, anda fuerte y m\u00e1s alerto y sol\u00edcito que antes en el cuidado de no faltar a Dios, el cual, si no siente luego al principio el sabor y deleite espiritual, sino la sequedad y sinsabor, es por la novedad del trueque; porque, habiendo tenido el paladar hecho a esotros gustos sensibles (y todav\u00eda tiene los ojos puestos en ellos), y porque tambi\u00e9n el paladar espiritual no est\u00e1 acomodado ni purgado para tan sutil gusto, hasta que sucesivamente se vaya disponiendo por medio de esta seca y oscura noche no puede sentir el gusto y bien espiritual, sino la sequedad y sinsabor, a falta del gusto que antes con tanta facilidad gustaba.<br \/><br \/>5. \u00a0Porque \u00e9stos que comienza Dios a llevar por estas soledades del desierto son semejantes a los hijos de Israel, que luego que en el desierto les comenz\u00f3 Dios a dar el manjar del cielo, que de suyo ten\u00eda todos los sabores, y, como all\u00ed dice (Sab. 16, 20\u00ad21), se convert\u00eda al sabor que cada uno quer\u00eda, con todo, sent\u00edan m\u00e1s la falta de los gustos y sabores de las carnes y cebollas que com\u00edan antes en Egipto, por haber tenido el paladar hecho y engolosinado en ellas, que la dulzura delicada del man\u00e1 ang\u00e9lico, y lloraban y gem\u00edan por las carnes entre los manjares del cielo (N\u00fam. 11, 4\u00ad6). Que a tanto llega la bajeza de nuestro apetito, que nos hace llorar nuestras miserias y fastidiar el bien incomunicable del cielo.<br \/><br \/>6. \u00a0Pero, como digo, cuando estas sequedades provienen de la vida purgativa del apetito sensible, aunque el esp\u00edritu no siente al principio el sabor por las causas que acabamos de decir, siente la fortaleza y br\u00edo para obrar en la sustancia que le da el manjar interior, el cual manjar es principio de oscura y seca contemplaci\u00f3n para el sentido; la cual contemplaci\u00f3n, que es oculta y secreta para el mismo que la tiene, ordinariamente, junto con la sequedad y vac\u00edo que hace al sentido, da al alma inclinaci\u00f3n y gana de estarse a solas y en quietud, sin poder pensar en cosa particular ni tener gana de pensarla. <br \/>Y entonces, si a los que esto acaece se supiesen quietar, descuidando de cualquier obra interior y exterior, sin solicitud de hacer all\u00ed nada, luego en aquel descuido y ocio sentir\u00e1n delicadamente aquella refecci\u00f3n interior; la cual es tan delicada que, ordinariamente, si tiene gana o cuidado en sentirla, no la siente; porque, como digo, ella obra en el mayor ocio y descuido del alma; que es como el aire, que, en queriendo cerrar el pu\u00f1o, se sale.<br \/><br \/>7. Y a este prop\u00f3sito podemos entender lo que a la Esposa dijo el Esposo en los Cantares (6, 4): Aparta tus ojos de m\u00ed, porque ellos me hacen volar; porque de tal manera pone Dios al alma en este estado y en tan diferente camino la lleva, que, si ella quiere obrar con sus potencias, antes estorba la obra que Dios en ella va haciendo, que ayuda; lo cual antes era muy al rev\u00e9s. La causa es porque ya en este estado de contemplaci\u00f3n, que es cuando sale del discurso y entra en el estado de aprovechados, ya Dios es el que obra en el \u00e1nima, porque por eso la ata las potencias interiores, no dej\u00e1ndole arrimo en el entendimiento, ni jugo en la voluntad, ni discurso en la memoria. Porque, en este tiempo, lo que de suyo puede obrar el alma no sirve sino, como habemos dicho, de estorbar la paz interior y la obra que en aquella sequedad del sentido hace Dios en el esp\u00edritu. La cual, como espiritual y delicada, hace obra quieta, delicada, solitaria, satisfactoria y pac\u00edfica, muy ajena de todos esotros gustos primeros, que eran muy palpables y sensibles; porque es la paz \u00e9sta que dice David (Sal. 84, 9) que habla Dios en el alma para hacerla espiritual. Y de aqu\u00ed es la tercera.<br \/><br \/>8. La tercera se\u00f1al que hay para que se conozca esta purgaci\u00f3n del sentido es el no poder ya meditar ni discurrir en el sentido de la imaginaci\u00f3n, como sol\u00eda, aunque m\u00e1s haga de su parte. Porque, como aqu\u00ed comienza Dios a comunicarse, no ya por el sentido, como antes hac\u00eda por medio del discurso que compon\u00eda y divid\u00eda las noticias, sino por el esp\u00edritu puro, en que no cae discurso sucesivamente, comunic\u00e1ndosele con acto de sencilla contemplaci\u00f3n, la cual no alcanza los sentidos de la parte inferior, exteriores ni interiores, de aqu\u00ed es que la imaginativa y fantas\u00eda no pueden hacer arrimo en alguna consideraci\u00f3n ni hallar en ella pie ya de ah\u00ed adelante.<br \/><br \/>9. En esta tercera se\u00f1al se ha de tener que este empacho de las potencias y del gusto de ellas no proviene de alg\u00fan mal humor; porque, cuando de aqu\u00ed nace, en acabando aquel humor (porque nunca permanece en un ser), luego con alg\u00fan cuidado que ponga el alma vuelve a poder lo que antes, y hallan sus arrimos las potencias, lo cual en la purgaci\u00f3n del apetito no es as\u00ed, porque, en comenzando a entrar en ella, siempre va delante el no poder discurrir con las potencias. Que, aunque es verdad que, a los principios, en algunos, a veces no entra con tanta continuaci\u00f3n que algunas veces dejen de llevar sus gustos y discursos sensibles, porque, por ventura, por su flaqueza no convendr\u00eda destetarlos de un golpe, con todo van siempre entrando m\u00e1s en ella y acabando con la obra sensitiva, si es que han de ir adelante. Porque los que no van por camino de contemplaci\u00f3n muy diferente modo llevan, porque esta noche de sequedades no suele ser en ellos continua en el sentido, porque, aunque algunas veces las tienen, otras veces no; y aunque algunas no pueden discurrir, otras pueden; porque, como s\u00f3lo les mete Dios en esta noche a \u00e9stos para ejercitarlos y humillarlos y reformarles el apetito porque no vayan criando golosina viciosa en las cosas espirituales, y no para llevarlos a la vida del esp\u00edritu, que es la contemplaci\u00f3n (porque no todos los que se ejercitan de prop\u00f3sito en el camino del esp\u00edritu lleva Dios a contemplaci\u00f3n, ni a\u00fan la mitad: el por qu\u00e9, \u00e9l se lo sabe), de aqu\u00ed es que a \u00e9stos nunca les acaba de hecho de desarrimar el sentido de los pechos de las consideraciones y discursos, sino algunos ratos a temporadas, como habemos dicho. <br \/><br \/><a id=\"no1-10\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 10<\/strong><br \/>Del modo que se han de haber \u00e9stos en esta noche oscura.<br \/><br \/>1. En el tiempo, pues, de las sequedades de esta noche sensitiva (en la cual hace Dios el trueque que habemos dicho arriba, sacando el alma de la vida del sentido a la del esp\u00edritu, que es de la meditaci\u00f3n a contemplaci\u00f3n, donde ya no hay poder obrar ni discurrir en las cosas de Dios el alma con sus potencias, como queda dicho) padecen los espirituales grandes penas, no tanto por las sequedades que padecen, como por el recelo que tienen de que van perdidos en el camino, pensando que se les ha acabado el bien espiritual y que los ha dejado Dios, pues no hallan arrimo ni gusto en cosa buena. Entonces se fatigan y procuran, como lo han habido de costumbre, arrimar con alg\u00fan gusto las potencias a alg\u00fan objeto de discurso, pensando ellos que, cuando no hacen esto y se sienten obrar, no se hace nada; lo cual hacen no sin harta desgana y repugnancia interior del alma, que gustaba de estarse en aquella quietud y ocio, sin obrar con las potencias. En lo cual, estrag\u00e1ndose en lo uno, no aprovechan en lo otro; porque, por buscar esp\u00edritu, pierden el esp\u00edritu que ten\u00edan de tranquilidad y paz. Y as\u00ed son semejantes al que deja lo hecho para volverlo a hacer, o al que se sale de la ciudad para volver a entrar en ella, o al que deja la caza que tiene para volver a andar a caza. Y esto en esta parte es excusado, porque no hallar\u00e1 nada ya por aquel primer estilo de proceder, como queda dicho.<br \/><br \/>2. \u00a0Estos, en este tiempo, si no hay quien los entienda, vuelven atr\u00e1s, dejando el camino, aflojando, o, a lo menos, se estorban de ir adelante, por las muchas diligencias que ponen de ir por el camino de meditaci\u00f3n y discurso, fatigando y trabajando demasiadamente el natural, imaginando que queda por su negligencia o pecados. Lo cual les es escusado, porque los lleva ya Dios por otro camino, que es de contemplaci\u00f3n, diferent\u00edsimo del primero; porque el uno es de meditaci\u00f3n y discurso, y el otro no cae en imaginaci\u00f3n ni discurso. <br \/><br \/>3. Los que de esta manera se vieren, convi\u00e9neles que se consuelen perseverando en paciencia, no teniendo pena; conf\u00eden en Dios, que no deja a los que con sencillo y recto coraz\u00f3n le buscan, ni los dejar\u00e1 de dar lo necesario para el camino, hasta llevarlos a la clara y pura luz de amor, que les dar\u00e1 por medio de la noche oscura del esp\u00edritu, si merecieren que Dios los ponga en ella.<br \/><br \/>4. El estilo que han de tener en \u00e9sta del sentido es que no se den nada por el discurso y meditaci\u00f3n, pues ya no es tiempo de eso, sino que dejen estar el alma en sosiego y quietud, aunque les parezca claro que no hacen nada y que pierden tiempo, y aunque les parezca que por su flojedad no tienen gana de pensar all\u00ed nada; que harto har\u00e1n en tener paciencia en perseverar en la oraci\u00f3n sin hacer ellos nada. S\u00f3lo lo que aqu\u00ed han de hacer es dejar el alma libre y desembarazada y descansada de todas las noticias y pensamientos, no teniendo cuidado all\u00ed de qu\u00e9 pensar\u00e1n y meditar\u00e1n, content\u00e1ndose s\u00f3lo con una advertencia amorosa y sosegada en Dios, y estar sin cuidado y sin eficacia y sin gana de gustarle o de sentirle; porque todas estas pretensiones desquietan y distraen el alma de la sosegada quietud y ocio suave de contemplaci\u00f3n que aqu\u00ed se da.<br \/><br \/>5. \u00a0Y aunque m\u00e1s escr\u00fapulos se vengan de que pierde tiempo y que ser\u00eda bueno hacer otra cosa, pues en la oraci\u00f3n no puede hacer ni pensar nada, s\u00fafrase y est\u00e9se sosegado, como que no va all\u00ed m\u00e1s que a estarse a su placer y anchura de esp\u00edritu; porque, si de suyo quiere algo obrar con las potencias interiores, ser\u00e1 estorbar y perder los bienes que Dios por medio de aquella paz y ocio del alma est\u00e1 asentando e imprimiendo en ella; bien as\u00ed como si alg\u00fan pintor estuviera pintando o alcoholando un rostro, que si el rostro se menease en querer hacer algo, no dejar\u00eda hacer nada al pintor, y deturbar\u00eda lo que estaba haciendo. Y as\u00ed, cuando el alma se quiere estar en paz y ocio interior, cualquiera operaci\u00f3n o afici\u00f3n o advertencia que ella quiera entonces tener, la distraer\u00e1 y desquietar\u00e1 y har\u00e1 sentir la sequedad y vac\u00edo del sentido, porque, cuanto m\u00e1s pretendiere tener alg\u00fan arrimo de afecto y noticia, tanto m\u00e1s sentir\u00e1 la falta, de la cual no puede ya ser suplida por aquella v\u00eda. <br \/><br \/>6. \u00a0De donde a esta tal alma le conviene no hacer aqu\u00ed caso que se le pierdan las operaciones de las potencias, antes ha de gustar que se le pierdan presto, porque, no estorbando la operaci\u00f3n de la contemplaci\u00f3n infusa que va Dios dando, con m\u00e1s abundancia pac\u00edfica la reciba, y d\u00e9 lugar a que arda y se encienda en el esp\u00edritu el amor que esta oscura y secreta contemplaci\u00f3n trae consigo y pega al alma. Porque contemplaci\u00f3n no es otra cosa que infusi\u00f3n secreta, pac\u00edfica y amorosa de Dios, que, si la dan lugar, inflama al alma en esp\u00edritu de amor, seg\u00fan ella da a entender en el verso siguiente, es a saber.<br \/><br \/>Con ansias en amores inflamada.<br \/><br \/><a id=\"no1-11\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 11<\/strong><br \/>Decl\u00e1ranse los tres versos de la canci\u00f3n.<br \/><br \/>1. La cual inflamaci\u00f3n de amor, aunque com\u00fanmente a los principios no se siente, por no haber uviado o comenzado a emprenderse por la impureza del natural, o por no le dar lugar pac\u00edfico en s\u00ed el alma por no entenderse, como habemos dicho (aunque, a veces, sin eso y con eso comienza luego a sentirse alguna ansia de Dios), cuanto m\u00e1s va, m\u00e1s se va viendo el alma aficionada e inflamada en amor de Dios, sin saber ni entender c\u00f3mo y de d\u00f3nde le nace el tal amor y afici\u00f3n, sino que ve crecer tanto en s\u00ed a veces esta llama e inflamaci\u00f3n, que con ansias de amor desea a Dios, seg\u00fan David estando en esta noche, lo dice de s\u00ed por estas palabras (Sal. 72, 21\u00ad22), es a saber: Porque se inflam\u00f3 mi coraz\u00f3n, es a saber en amor de contemplaci\u00f3n, tambi\u00e9n mis renes se mudaron, esto es, mis apetitos de afecciones sensitivas se mudaron, es a saber, de la vida sensitiva a la espiritual, que es la sequedad y cesaci\u00f3n en todos ellos que vamos diciendo; y yo, dice, fui resuelto en nada y aniquilado, y no supe; porque, como habemos dicho, sin saber el alma por d\u00f3nde va, se ve aniquilada acerca de todas las cosas de arriba y de abajo que sol\u00eda gustar, y s\u00f3lo se ve enamorada sin saber c\u00f3mo y por qu\u00e9. Y, porque a veces crece mucho la inflamaci\u00f3n de amor en el esp\u00edritu, son las ansias por Dios tan grandes en el alma, que parece se le secan los huesos en esta sed, y se marchita el natural, y se estraga su calor y fuerza por la viveza de la sed de amor, porque siente el alma que es viva esta sed de amor. La cual tambi\u00e9n David (Sal. 41, 3) ten\u00eda y sent\u00eda, cuando dijo: Mi alma tuvo sed a Dios vivo; que es tanto como decir: Viva fue la sed que tuvo mi alma. La cual sed, por ser viva, podemos decir que mata de sed. Pero es de notar que la vehemencia de esta sed no es continua, sino algunas veces, aunque de ordinario suele sentir alguna sed.<br \/><br \/>2. \u00a0Pero hase de advertir que, como aqu\u00ed comenc\u00e9 a decir, que a los principios com\u00fanmente no se siente este amor, sino la sequedad y vac\u00edo que vamos diciendo; y entonces, en lugar de este amor que despu\u00e9s se va encendiendo, lo que trae el alma en medio de aquellas sequedades y vac\u00edos de las potencias es un ordinario cuidado y solicitud de Dios, con pena y recelo de que no le sirve; que no es para Dios poco agradable sacrificio ver andar el esp\u00edritu contribulado y sol\u00edcito por su amor (Sal. 50, 19). Esta solicitud y cuidado pone en el alma aquella secreta contemplaci\u00f3n hasta que, por tiempo habiendo purgado algo el sentido, esto es, la parte sensitiva, de las fuerzas y aficiones naturales por medio de las sequedades que en ella pone, va ya encendiendo en el esp\u00edritu este amor divino. Pero entretanto, en fin, como el que est\u00e1 puesto en cura, todo es padecer en esta oscura y seca purgaci\u00f3n del apetito, cur\u00e1ndose de muchas imperfecciones e imponi\u00e9ndose en muchas virtudes para hacerse capaz del dicho amor, como ahora se dir\u00e1 sobre el verso siguiente:<br \/><br \/>\u00a1Oh dichosa ventura!<br \/><br \/>3. Que por cuanto pone Dios el alma en esta noche sensitiva a fin de purgar el sentido de la parte inferior y acomodarle y sujetarle y unirle con el esp\u00edritu, oscureci\u00e9ndole y haci\u00e9ndole cesar acerca de los discursos, como tambi\u00e9n despu\u00e9s, al fin de purificar el esp\u00edritu para unirle con Dios, como despu\u00e9s se dir\u00e1, le pone en la noche espiritual, gana el alma, aunque a ella no se lo parece, tantos provechos, que tiene por dichosa ventura haber salido del lazo y apertura del sentido de la parte inferior por esta dicha noche. Dice el presente verso, es a saber: \u00a1oh dichosa ventura! Acerca de la cual nos conviene aqu\u00ed notar los provechos que halla en esta noche el alma, por causa de los cuales tiene por buena ventura pasar por ella. Todos los cuales provechos encierra el alma en el siguiente verso, es a saber:<br \/><br \/>Sal\u00ed sin ser notada.<br \/><br \/>4. La cual salida se entiende de la sujeci\u00f3n que ten\u00eda el alma a la parte sensitiva en buscar a Dios por operaciones tan flacas, tan limitadas y tan ocasionadas como las de esta parte inferior son; pues que a cada paso tropezaba con mil imperfecciones e ignorancias, como habemos notado arriba en los siete vicios capitales, de todos los cuales se libra, apag\u00e1ndole esta noche todos los gustos de arriba y de abajo, y oscureci\u00e9ndole todos los discursos, y haci\u00e9ndole otros innumerables bienes en la ganancia de las virtudes, como ahora diremos. Que ser\u00e1 cosa gustosa y de gran consuelo para el que por aqu\u00ed camina, ver c\u00f3mo cosa que tan \u00e1spera y adversa parece al alma y tan contraria al gusto espiritual, obra tantos bienes en ella.<br \/><br \/>Los cuales, como decimos, se consigue en salir el alma seg\u00fan la afecci\u00f3n y operaci\u00f3n, por medio de esta noche, de todas las cosas criadas, y caminar a las eternas, que es grande dicha y ventura: lo uno, por el grande bien que es apagar el apetito y afecci\u00f3n acerca de todas las cosas; lo otro, por ser muy pocos los que sufren y perseveran en entrar por este puerta angosta, y por el camino estrecho que gu\u00eda a la vida, como dice nuestro Salvador (Mt. 7, 14). Porque la angosta puerta es esta noche del sentido, del cual se despoja y desnuda el alma para entrar en ella, junt\u00e1ndose en fe, que es ajena de todo sentido, para caminar despu\u00e9s por el camino estrecho, que es la otra noche de esp\u00edritu, en que despu\u00e9s entra el alma para caminar a Dios en pura fe, que es el medio por donde el alma se une con Dios. Por el cual camino, por ser tan estrecho, oscuro y terrible (que no hay comparaci\u00f3n de esta noche de sentido a la oscuridad y trabajos de aqu\u00e9lla, como diremos all\u00ed), son muchos menos los que caminan por \u00e9l, pero son sus provechos sin comparaci\u00f3n mucho mayores que los de \u00e9sta. De los cuales comenzaremos ahora a decir algo, con la brevedad que se pudiere, por pasar a la otra noche.<br \/><br \/><a id=\"no1-12\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 12<\/strong><br \/>De los provechos que causa en el alma esta noche.<br \/><br \/>1. Esta noche y purgaci\u00f3n del apetito, dichosa para el alma, tantos bienes y provechos hace en ella (aunque a ella antes le parece, como habemos dicho, que se los quita), que as\u00ed como Abraham hizo gran fiesta cuando quit\u00f3 la leche a su hijo Isaac (Gn. 21, 8), se gozan en el cielo de que ya saque Dios a esta alma de pa\u00f1ales, de que la baje de los brazos, de que la haga andar por su pie, de que tambi\u00e9n, quit\u00e1ndola el pecho de la leche y blando y dulce manjar de ni\u00f1os, la haga comer pan con corteza, y que comience a gustar el manjar de robustos, que en estas sequedades y tinieblas del sentido se comienza a dar al esp\u00edritu vac\u00edo y seco de los jugos del sentido, que es la contemplaci\u00f3n infusa que habemos dicho.<br \/><br \/>2. \u00a0Y \u00e9ste es el primero y principal provecho que causa esta seca y oscura noche de contemplaci\u00f3n: el conocimiento de s\u00ed y de su miseria. Porque, dem\u00e1s de que todas las mercedes que Dios hace al alma ordinariamente las hace envueltas en este conocimiento, estas sequedades y vac\u00edo de la potencia acerca de la abundancia que antes sent\u00eda y la dificultad que halla el alma en las cosas buenas, la hacen conocer de s\u00ed la bajeza y miseria que en el tiempo de su prosperidad no echaba de ver.<br \/><br \/>De esto hay buena figura en el Exodo (33, 5), donde, queriendo Dios humillar a los hijos de Israel y que se conociesen les mand\u00f3 quitar y desnudar el traje y atav\u00edo festival con que ordinariamente andaban compuestos en el desierto, diciendo: Ahora ya de aqu\u00ed adelante despojaos el ornato festival y poneos vestidos comunes y de trabajo, para que sep\u00e1is el tratamiento que merec\u00e9is; lo cual es como si dijera: Por cuanto el traje que tra\u00e9is, por ser de fiesta y alegr\u00eda, os ocasion\u00e1is a no sentir de vosotros tan bajamente como vosotros sois, quitaos ya ese traje, para que de aqu\u00ed adelante, vi\u00e9ndoos vestidos de vilezas, conozc\u00e1is que no merec\u00e9is m\u00e1s y qui\u00e9n sois vosotros. De donde la verdad, que el alma antes no conoc\u00eda, de su miseria: porque en el tiempo que andaba como de fiesta, hallando en Dios mucho gusto y consuelo y arrimo, andaba m\u00e1s satisfecha y contenta, pareci\u00e9ndole que en algo serv\u00eda a Dios; porque esto, aunque entonces expresamente no lo tenga en s\u00ed, a lo menos, en la satisfacci\u00f3n que halla en el gusto, se le asienta algo de ello y ya puesta en estotro traje de trabajo, de sequedad y desamparo, oscurecidas sus primeras luces, tiene m\u00e1s de veras \u00e9stas en esta tan excelente y necesaria virtud del conocimiento propio, no se teniendo ya en nada ni teniendo satisfacci\u00f3n ninguna de s\u00ed; porque ve que de suyo no hace nada ni puede nada. <br \/><br \/>Y esta poca satisfacci\u00f3n de s\u00ed y desconsuelo que tiene de que no sirve a Dios, tiene y estima Dios en m\u00e1s que todas las obras y gustos primeros que ten\u00eda el alma y hac\u00eda, por m\u00e1s que ellos fuesen, por cuanto en ellos se ocasionaba para muchas imperfecciones e ignorancias; y de este traje de sequedad, no s\u00f3lo lo que habemos dicho, sino tambi\u00e9n los provechos que ahora diremos y muchos m\u00e1s, que se quedar\u00e1n por decir, nacen, que como de su fuente y origen, del conocimiento propio proceden.<br \/><br \/>3. Cuanto a lo primero, n\u00e1cele al alma tratar con Dios con m\u00e1s comedimiento y m\u00e1s cortes\u00eda, que es lo que siempre ha de tener el trato con el Alt\u00edsimo, lo cual en la prosperidad de su gusto y consuelo no hac\u00eda; porque aquel sabor gustoso que sent\u00eda, hac\u00eda ser al apetito acerca de Dios algo m\u00e1s atrevido de lo que bastaba y descort\u00e9s y mal mirado. Como acaeci\u00f3 a Mois\u00e9s (Ex. 3, 2\u00ad6): cuando sinti\u00f3 que Dios le hablaba, cegado de aquel gusto y apetito, sin m\u00e1s consideraci\u00f3n, se atrev\u00eda a llegar, si no le mandara Dios que se detuviera y descalzara. Por lo cual se denota el respeto y discreci\u00f3n en desnudez de apetito con que se ha de tratar con Dios; de donde, cuando obedeci\u00f3 en esto Mois\u00e9s, qued\u00f3 tan puesto en raz\u00f3n y tan advertido, que dice la Escritura que no s\u00f3lo no se atrevi\u00f3 a llegar, m\u00e1s que ni aun osaba considerar; porque, quitados los zapatos de los apetitos y gustos, conoc\u00eda su miseria grandemente delante de Dios, porque as\u00ed le conven\u00eda para o\u00edr la palabra de Dios.<br \/><br \/>Como tambi\u00e9n la disposici\u00f3n que dio Dios a Job para hablar con \u00e9l, no fueron aquellos deleites y glorias que el mismo Job all\u00ed refiere que sol\u00eda tener en su Dios (Jb. 1, 1\u00ad8), sino tenerle desnudo en el muladar, desamparado y aun perseguido de sus amigos, lleno de angustia y amargura, y sembrado de gusanos el suelo (29\u00ad30); y entonces de esta manera se preci\u00f3 el que levanta al pobre del esti\u00e9rcol (Sal. 112, 7), el Alt\u00edsimo Dios, de descender y hablar all\u00ed cara a cara con \u00e9l, descubri\u00e9ndole las altezas profundas, grandes, de su sabidur\u00eda, cual nunca antes hab\u00eda hecho en el tiempo de la prosperidad (Jb. 38\u00ad42).<br \/><br \/>4. Y as\u00ed nos conviene notar otro excelente provecho que hay en esta noche y sequedad del sensitivo apetito, pues habemos venido a dar en \u00e9l, y es: que en esta noche oscura del apetito (porque se verifique lo que dice el profeta (Is. 58, 10), es a saber: Lucir\u00e1 tu luz en las tinieblas), alumbrar\u00e1 Dios al alma, no s\u00f3lo d\u00e1ndole conocimiento de su bajeza y miseria, como habemos dicho, sino tambi\u00e9n de la grandeza y excelencia de Dios. Porque, dem\u00e1s de que, apagados los apetitos y gustos y arrimos sensibles, queda limpio y libre el entendimiento para entender la verdad (porque el gusto sensible y apetito, aunque sea de cosas espirituales, ofusca y embaraza el esp\u00edritu), y, dem\u00e1s tambi\u00e9n que aquel aprieto y sequedad del sentido ilustra y aviva el entendimiento, como dice Isa\u00edas (28, 19), que (con) la vejaci\u00f3n hace entender Dios c\u00f3mo en el alma vac\u00eda y desembarazada, que es lo que se requiere para su divina influencia, sobrenaturalmente por medio de esta noche oscura y seca de contemplaci\u00f3n la va, como habemos dicho, instruyendo en su divina sabidur\u00eda, lo cual por los jugos y gustos primeros no hac\u00eda.<br \/><br \/>5. \u00a0Esto da muy bien a entender el mismo profeta Isa\u00edas (28, 9), diciendo: \u00bfA qui\u00e9n ense\u00f1ar\u00e1 Dios su ciencia y a qui\u00e9n har\u00e1 o\u00edr su audici\u00f3n? A los destetados, dice, de la leche, a los desarrimados de los pechos; en lo cual se da a entender que para esta divina influencia no es la disposici\u00f3n la leche primera de la suavidad espiritual, ni el arrimo del pecho de los sabrosos discursos de las potencias sensitivas que gustaba el alma, sino el carecer de lo uno y desarrimo de lo otro, por cuanto para o\u00edr a Dios le conviene al alma estar muy en pie y desarrimada, seg\u00fan el afecto y sentido, como de s\u00ed lo dice el profeta (Hab. 2, 1), diciendo: Estar\u00e9 en pie sobre mi custodia, esto es, desarrimado el apetito, y afirmar\u00e9 el paso, esto es, no discurrir\u00e9 con el sentido, para contemplar, esto es, para entender lo que de parte de Dios se me alegare. De manera que ya tenemos que de esta noche seca sale conocimiento de s\u00ed primeramente, de donde, como de fundamento, sale esotro conocimiento de Dios. Que por eso dec\u00eda san Agust\u00edn a Dios: Con\u00f3zcame yo, Se\u00f1or, a m\u00ed, y conocerte he a ti. Porque, como dicen los fil\u00f3sofos, un extremo se conoce bien por otro.<br \/><br \/>6. \u00a0Y para probar m\u00e1s claramente la eficacia que tiene esta noche sensitiva en su sequedad y desabrigo para ocasionar la luz que de Dios decimos recibir aqu\u00ed el alma, alegaremos aquella autoridad de David (Sal. 62, 3) en que da bien a entender la virtud grande que tiene esta noche para este alto conocimiento de Dios. Dice, pues, as\u00ed: En la tierra desierta, sin agua, seca y sin camino parec\u00ed delante de ti para poder ver tu virtud y tu gloria. Lo cual es cosa admirable; que no da aqu\u00ed a entender David que los deleites espirituales y gustos muchos que \u00e9l hab\u00eda tenido le fuesen disposici\u00f3n y medio para conocer la gloria de Dios, sino las sequedades y desarrimos de la parte sensitiva, que se entiende aqu\u00ed por la tierra seca y desierta; y que no diga tambi\u00e9n que los conceptos y discursos divinos, de que \u00e9l hab\u00eda usado mucho, fuesen camino para sentir y ver la virtud de Dios, sino el no poder fijar el concepto en Dios, ni caminar con el discurso de la consideraci\u00f3n imaginaria, que se entiende aqu\u00ed por la tierra sin camino. De manera que, para conocer a Dios y a s\u00ed mismo, esta noche oscura es el medio con sus sequedades y vac\u00edos, aunque no con la plenitud y abundancia que en la otra del esp\u00edritu, porque este conocimiento es como principio de la otra.<br \/><br \/>7. Saca tambi\u00e9n el alma en las sequedades y vac\u00edos de esta noche del apetito humildad espiritual, que es la virtud contraria al primer vicio capital que dijimos ser soberbia espiritual; por la cual humildad, que adquiere por el dicho conocimiento propio, se purga de todas aquellas imperfecciones en que ca\u00eda acerca de aquel vicio de soberbia en el tiempo de su prosperidad. Porque, como se ve tan seca y miserable, ni aun por primer movimiento le parece que va mejor que los otros, ni que los lleva ventaja, como antes hac\u00eda; antes, por el contrario, conoce que los otros van mejor.<br \/><br \/>8. Y de aqu\u00ed nace el amor del pr\u00f3jimo, porque los estima y no los juzga como antes sol\u00eda cuando se ve\u00eda a s\u00ed con mucho fervor y a los otros no. S\u00f3lo conoce su miseria y la tiene delante de los ojos: tanto, que no la deja ni da lugar para poner los ojos en nadie, lo cual admirablemente David, estando en esta noche, manifiesta, diciendo: Enmudec\u00ed y fui humillado y tuve silencio en los bienes y renov\u00f3se mi dolor (Sal. 38, 3). Esto dice, porque le parec\u00eda que los bienes de su alma estaban tan acabados, que no solamente no hab\u00eda ni hallaba lenguaje de ellos, mas acerca de los ajenos tambi\u00e9n enmudeci\u00f3 con el dolor del conocimiento de su miseria.<br \/><br \/>9. Aqu\u00ed tambi\u00e9n se hacen sujetos y obedientes en el camino espiritual, que, como se ven tan miserables, no s\u00f3lo oyen lo que los ense\u00f1an, mas aun desean que cualquiera los encamine y diga lo que deben hacer; qu\u00edtaseles la presunci\u00f3n afectiva que en la prosperidad a veces ten\u00edan. Y, finalmente, de camino se les barren todas las dem\u00e1s imperfecciones que notamos all\u00ed acerca de este vicio primero que es soberbia espiritual.<br \/><br \/><a id=\"no1-13\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 13<\/strong><br \/>De otros provechos que causa en el alma esta noche del sentido.<br \/><br \/>1. Acerca de las imperfecciones que en la avaricia espiritual ten\u00eda, en que codiciaba unas y otras cosas espirituales y nunca se ve\u00eda satisfecha el alma de unos ejercicios y otros, con la codicia del apetito y gusto que hallaba en ellos, ahora en esta noche seca y oscura anda bien reformada; porque, como no halla el gusto y sabor que sol\u00eda, antes halla en ellas sinsabor y trabajo, con tanta templanza usa de ellas, que por ventura podr\u00eda perder ya por punto de corto como antes perd\u00eda por largo. Aunque a los que Dios pone en esta noche com\u00fanmente les da humildad y prontitud, aunque con sinsabor, para que s\u00f3lo por Dios hagan aquello que se les manda; y desaprov\u00e9chanse de muchas cosas porque no hallan gusto en ellas.<br \/><br \/>2. \u00a0Acerca de la lujuria espiritual tambi\u00e9n se ve claro que, por esta sequedad y sinsabor de sentido que halla el alma en las cosas espirituales, se librar\u00e1 de aquellas impurezas que all\u00ed notamos; pues, com\u00fanmente, dijimos que proced\u00edan del gusto que del esp\u00edritu redundaba en el sentido.<br \/><br \/>3. Pero de las imperfecciones que se libra el alma en esta noche oscura acerca del cuarto vicio, que es la gula espiritual, pu\u00e9dense ver all\u00ed, aunque no est\u00e1n all\u00ed dichas todas, porque son innumerables; y as\u00ed yo aqu\u00ed no las referir\u00e9, porque querr\u00eda ya concluir con esta noche para pasar a la otra, de la cual tenemos grave palabra y doctrina.<br \/>Baste, para entender los innumerables provechos que dem\u00e1s de los dichos gana el alma en esta noche acerca de este vicio de la gula espiritual, decir que de todas aquellas imperfecciones que all\u00ed quedan dichas se libra, y de otros muchos y mayores males y feas abominaciones que, como digo, all\u00ed no est\u00e1n escritas, en que vinieron a dar muchos de que habemos tenido experiencia, por no tener ellos reformado el apetito en esta golosina espiritual. Porque, como Dios en esta seca y oscura noche, en que pone al alma, tiene refrenada la concupiscencia y enfrenado el apetito de manera que no se puede cebar de ning\u00fan gusto ni sabor sensible de cosa de arriba ni de abajo, y esto lo va continuando de tal manera que queda impuesta el alma, reformada y emprensada seg\u00fan la concupiscencia y apetito, pierde la fuerza de las pasiones y concupiscencia y se hace est\u00e9ril, no us\u00e1ndose el gusto, bien as\u00ed como no acostumbrando a sacar leche de la ubre se secan los cursos de la leche. Y, enjugados as\u00ed los apetitos del alma, s\u00edguense, dem\u00e1s de los dichos, por medio de esta sobriedad espiritual admirables provechos en ella; porque, apagados los apetitos y concupiscencias, vive el alma en paz y tranquilidad espiritual; porque donde no reina apetito y concupiscencia no hay perturbaci\u00f3n, sino paz y consuelo de Dios.<br \/><br \/>4. Sale de aqu\u00ed otro segundo provecho, y es que trae ordinaria memoria de Dios, con temor y recelo de volver atr\u00e1s, como queda dicho, en el camino espiritual; el cual es grande provecho y es no de los menores en esta sequedad y purgaci\u00f3n del apetito, porque se purifica el alma y limpia de las imperfecciones que se le pegaban por medio de los apetitos y afecciones, que de suyo embotan y ofuscan el \u00e1nima.<br \/><br \/>5. \u00a0Hay otro provecho muy grande en esta noche para el alma, y es que se ejercita en las virtudes de por junto, como en la paciencia y longanimidad, que se ejercita bien en estos vac\u00edos y sequedades, sufriendo el perseverar en los espirituales ejercicios sin consuelo y sin gusto. Ejerc\u00edtase la caridad de Dios, pues ya no por el gusto atra\u00eddo y saboreado que halla en la obra es movido, sino s\u00f3lo por Dios. Ejercita aqu\u00ed tambi\u00e9n la virtud de la fortaleza, porque en estas dificultades y sinsabores que halla en el obrar saca fuerzas de flaquezas, y as\u00ed se hace fuerte. Y, finalmente, en todas las virtudes, as\u00ed teologales como cardinales y morales, corporal y espiritualmente se ejercita el alma en estas sequedades. <br \/><br \/>6. \u00a0Y que en esta noche consiga el alma estos cuatro provechos que habemos dicho, conviene a saber: delectaci\u00f3n de paz, ordinaria memoria y solicitud de Dios, limpieza y pureza del alma y el ejercicio de virtudes que acabamos de decir, d\u00edcelo David (Sal. 76, 4), como lo experiment\u00f3 \u00e9l mismo estando en esta noche, por estas palabras: Mi alma desech\u00f3 las consolaciones, tuve memoria de Dios y hall\u00e9 consuelo y ejercit\u00e9me, y desfalleci\u00f3 mi esp\u00edritu. Y luego dice (v. 7): Y medit\u00e9 de noche con mi coraz\u00f3n, y ejercit\u00e1bame, y barr\u00eda y purificaba mi esp\u00edritu, conviene a saber, de todas las afecciones.<br \/><br \/>7. Acerca de las imperfecciones de los otros tres vicios espirituales que all\u00ed dijimos que son ira, envidia y acidia, tambi\u00e9n en esta sequedad del apetito se purga el alma y adquiere las virtudes a ellas contrarias; porque, ablandada y humillada por estas sequedades y dificultades y otras tentaciones y trabajos en que a vueltas de esta noche Dios la ejercita, se hace mansa para con Dios y para consigo y tambi\u00e9n para con el pr\u00f3jimo; de manera que ya no se enoja con alteraci\u00f3n sobre las faltas propias contra s\u00ed, ni sobre las ajenas contra el pr\u00f3jimo, ni acerca de Dios trae disgusto y querellas descomedidas porque no le hace presto bueno.<br \/><br \/>8. Pues acerca de la envidia, tambi\u00e9n aqu\u00ed tiene caridad con los dem\u00e1s; porque, si alguna envidia tiene, no es viciosa como antes sol\u00eda cuando le daba pena que otros fuesen a \u00e9l preferidos y que le llevasen la ventaja, porque ya aqu\u00ed se la tiene dada, vi\u00e9ndose tan miserable como se ve; y la envidia que tiene, si la tiene, es virtuosa, deseando imitarlos, lo cual es mucha virtud.<br \/><br \/>9. Las acidias y tedios que aqu\u00ed tiene de las cosas espirituales tampoco son viciosas como antes; porque aqu\u00e9llos proced\u00edan de los gustos espirituales que a veces ten\u00eda y pretend\u00eda tener cuando no los hallaba; pero estos tedios no proceden de esta flaqueza del gusto, porque se le tiene Dios quitado acerca de todas las cosas en esta purgaci\u00f3n del apetito.<br \/><br \/>10. Dem\u00e1s de estos provechos que est\u00e1n dichos, otros innumerables consigue por medio de esta seca contemplaci\u00f3n; porque en medio de estas sequedades y aprietos, muchas veces, cuando menos piensa, comunica Dios al alma suavidad espiritual y amor muy puro y noticias espirituales, a veces muy delicadas, cada una de mayor provecho y precio que cuanto antes gustaba; aunque el alma en los principios no piensa as\u00ed, porque es muy delicada la influencia espiritual que aqu\u00ed se da, y no la percibe el sentido.<br \/><br \/>11. Finalmente, por cuanto aqu\u00ed el alma se purga de las afecciones y apetitos sensitivos, consigue libertad de esp\u00edritu, en que se van granjeando los doce frutos del Esp\u00edritu Santo. Tambi\u00e9n aqu\u00ed admirablemente se libra de las manos de los tres enemigos, mundo, demonio y carne; porque, apag\u00e1ndose el sabor y gusto sensitivo acerca de las cosas, no tiene el demonio, ni el mundo, ni la sensualidad armas ni fuerzas contra el esp\u00edritu. <br \/><br \/>12. Estas sequedades hacen, pues, al alma andar con pureza en el amor de Dios, pues que ya no se mueve a obrar por el gusto y sabor de la obra, como por ventura lo hac\u00eda cuando gustaba, sino s\u00f3lo por dar gusto a Dios. H\u00e1cese no presumida ni satisfecha, como por ventura en el tiempo de la prosperidad sol\u00eda, sino recelosa y temerosa de s\u00ed, no teniendo en s\u00ed satisfacci\u00f3n ninguna, en lo cual est\u00e1 el santo temor que conserva y aumenta las virtudes. Apaga tambi\u00e9n esta sequedad las concupiscencias y br\u00edos naturales, como tambi\u00e9n queda dicho; porque aqu\u00ed, si no es el gusto que de suyo Dios le infunde algunas veces, por maravilla halla gusto y consuelo sensible por su diligencia en alguna obra y ejercicio espiritual, como ya queda dicho.<br \/><br \/>13. Cr\u00e9cele en esta noche seca el cuidado de Dios y las ansias por servirle, porque, como se le van enjugando los pechos de la sensualidad, con que sustentaba y criaba los apetitos tras que iba, s\u00f3lo queda en seco y en desnudo el ansia de servir a Dios, que es cosa para Dios muy agradable, pues, como dice David (Sal. 50, 19), el esp\u00edritu atribulado es sacrificio para Dios.<br \/><br \/>14. Como el alma, pues, conoce que en esta purgaci\u00f3n seca por donde pas\u00f3, sac\u00f3 y consigui\u00f3 tantos y tan preciosos provechos como aqu\u00ed se han referido, no hace mucho en decir, en la canci\u00f3n que vamos declarando, el dicho verso, es a saber: \u00a1oh dichosa ventura! \u00adsal\u00ed sin ser notada; esto es: sal\u00ed de los lazos y sujeci\u00f3n de mis apetitos sensitivos y afecciones, sin ser notada, es a saber, sin que los dichos tres enemigos me lo pudiesen impedir. Los cuales, como habemos dicho, con los apetitos y gustos, as\u00ed como con lazos, enlazan al alma y la detienen que no salga de s\u00ed a la libertad de amor de Dios; sin los cuales ellos no pueden combatir al alma, como queda dicho.<br \/><br \/>15. De donde, en soseg\u00e1ndose por continua mortificaci\u00f3n las cuatro pasiones del alma, que son: gozo, dolor, esperanza y temor, y en durmi\u00e9ndose en la sensualidad por ordinarias sequedades los apetitos naturales, y en alzando de obra la armon\u00eda de los sentidos y potencias interiores, cesando sus operaciones discursivas, como habemos dicho, lo cual es toda la gente y morada de la parte inferior del alma, que es lo que aqu\u00ed llama su casa, diciendo:<br \/><br \/>Estando ya mi casa sosegada.<br \/><br \/><a id=\"no1-14\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 14<\/strong><br \/>En que se declara el \u00faltimo verso de la primera canci\u00f3n.<br \/><br \/>1. Estando ya esta casa de la sensualidad sosegada, esto es, mortificada, sus pasiones apagadas y apetitos sosegados y dormidos por medio de esta dichosa noche de la purgaci\u00f3n sensitiva, sali\u00f3 el alma a comenzar el camino y v\u00eda del esp\u00edritu, que es de los aprovechantes y aprovechados, que, por otro nombre, llaman v\u00eda iluminativa o de contemplaci\u00f3n infusa, con que Dios de suyo anda apacentando y reficionando al alma, sin discurso ni ayuda activa de la misma alma.<br \/><br \/>Tal es, como habemos dicho, la noche y purgaci\u00f3n del sentido en el alma; la cual, en los que despu\u00e9s han de entrar en la otra m\u00e1s grave del esp\u00edritu, para pasar a la divina uni\u00f3n de amor (porque no todos, sino los menos, pasan ordinariamente), suele ir acompa\u00f1ada con graves trabajos y tentaciones sensitivas, que duran mucho tiempo, aunque en unos m\u00e1s que en otros. Porque a algunos se les da el \u00e1ngel de Satan\u00e1s (2 Cor. 12, 7), que es el esp\u00edritu de fornicaci\u00f3n, para que les azote los sentidos con abominables y fuertes tentaciones, y les atribule el esp\u00edritu con feas advertencias y representaciones m\u00e1s visibles en la imaginaci\u00f3n, que a veces les es mayor pena que el morir.<br \/><br \/>2. \u00a0Otras veces se les a\u00f1ade en esta noche el esp\u00edritu de blasfemia, el cual en todos sus conceptos y pensamientos se anda atravesando con intolerables blasfemias, y a veces con tanta fuerza sugeridas en la imaginaci\u00f3n, que casi se las hace pronunciar, que les es grave tormento.<br \/><br \/>3. Otras veces se les da otro abominable esp\u00edritu, que llama Isa\u00edas (19, 14) spiritus vertiginis, no porque caigan, sino porque los ejercite; el cual de tal manera les oscurece el sentido, que los llena de mil escr\u00fapulos y perplejidades tan intrincadas al juicio de ellos, que nunca pueden satisfacerse con nada, ni arrimar el juicio a consejo ni concepto; el cual es uno de los m\u00e1s graves est\u00edmulos y horrores de esta noche, muy vecino a lo que pasa en la noche espiritual.<br \/><br \/>4. Estas tempestades y trabajos ordinariamente env\u00eda Dios en esta noche y purgaci\u00f3n sensitiva a los que, como digo, ha de poner despu\u00e9s en la otra, aunque no todos pasan a ella, para que castigados y abofeteados de esta manera se vayan ejercitando y disponiendo y curtiendo los sentidos y potencias para la uni\u00f3n de la Sabidur\u00eda que all\u00ed les han de dar. Porque si el alma no es tentada, ejercitada y probada con trabajos y tentaciones, no puede avivar su sentido para la sabidur\u00eda. Que por eso dijo el Eclesi\u00e1stico (34, 9\u00ad10): El que no es tentado, \u00bfqu\u00e9 sabe? Y el que no es probado, \u00bfcu\u00e1les son las cosas que reconoce? De la cual verdad da Jerem\u00edas (31, 18) buen testimonio, diciendo: Castig\u00e1steme, Se\u00f1or, y fui ense\u00f1ado. Y la m\u00e1s propia manera de este castigo para entrar en sabidur\u00eda son los trabajos interiores que aqu\u00ed decimos, por cuanto son de los que m\u00e1s eficazmente purgan el sentido de todos los gustos y consuelos a que con flaqueza natural estaba afectado, y donde es humillada el alma de veras para el ensalzamiento que ha de tener.<br \/><br \/>5. \u00a0Pero el tiempo que al alma tengan en este ayuno y penitencia del sentido, cu\u00e1nto sea, no es cosa cierta decirlo, porque no pasa en todos de una manera ni unas mismas tentaciones; porque esto va medido por la voluntad de Dios conforme a lo m\u00e1s o menos que cada uno tiene de imperfecci\u00f3n que purgar; y tambi\u00e9n, conforme al grado de amor de uni\u00f3n a que Dios la quiere levantar, la humillar\u00e1 m\u00e1s o menos intensamente, o m\u00e1s o menos tiempo. Los que tienen sujeto y m\u00e1s fuerza para sufrir con m\u00e1s intensi\u00f3n, los purga m\u00e1s presto. Porque a los muy flacos con mucha remisi\u00f3n y flacas tentaciones mucho tiempo les lleva por esta noche, d\u00e1ndoles ordinarias refecciones al sentido porque no vuelvan atr\u00e1s, y tarde llegan a la pureza de perfecci\u00f3n en esta vida, y algunos de \u00e9stos nunca; que ni bien est\u00e1n en la noche, ni bien fuera de ella; porque, aunque no pasan adelante, para que se conserven en humildad y conocimiento propio, los ejercita Dios algunos ratos y d\u00edas en aquellas tentaciones y sequedades; y les acude con el consuelo otras veces y temporadas, para que desmayando no se vuelvan a buscar el del mundo. A otras almas m\u00e1s flacas anda Dios con ellas como pareciendo y trasponiendo, para ejercitarlas en su amor, porque sin desv\u00edos no aprendieran a llegarse a Dios.<br \/><br \/>6. \u00a0Pero las almas que han de pasar a tan dichoso y alto estado como es la uni\u00f3n de amor, por muy apriesa que Dios las lleve, harto tiempo suelen durar en estas sequedades y tentaciones ordinariamente, como est\u00e1 visto por experiencia. <br \/>Tiempo es, pues, de comenzar a tratar de la segunda noche.<br \/><br \/>Noche Oscura<br \/><br \/><a id=\"no2-1\"><\/a><br \/><strong>Libro II<\/strong><br \/><br \/><strong>Cap\u00edtulo 1<\/strong><br \/>Comi\u00e9nzase a tratar de la noche oscura del esp\u00edritu. D\u00edcese a qu\u00e9 tiempo comienza.<br \/><br \/>1. Un alma que Dios ha de llevar adelante, no luego que sale de las sequedades y trabajos de la primera purgaci\u00f3n y noche del sentido, la pone Su Majestad en esta noche de esp\u00edritu, antes suele pasar harto tiempo y a\u00f1os en que, salida el alma del estado de principiantes, se ejercita en el de aprovechados, en el cual, as\u00ed como el que ha salido de una estrecha c\u00e1rcel, anda en las cosas de Dios con mucha m\u00e1s anchura y satisfacci\u00f3n del alma y con m\u00e1s abundante e interior deleite que hac\u00eda a los principios, antes que entrase en la dicha noche, no trayendo atada ya la imaginaci\u00f3n y potencias al discurso y cuidado espiritual, como sol\u00eda; porque con gran facilidad halla luego en su esp\u00edritu muy serena y amorosa contemplaci\u00f3n y sabor espiritual sin trabajo del discurso. Aunque, como no est\u00e1 bien hecha la purgaci\u00f3n del alma, porque falta la principal parte, que es la del esp\u00edritu (sin la cual, por la comunicaci\u00f3n que hay de la una parte a la otra, por raz\u00f3n de ser un solo supuesto, tampoco la purgaci\u00f3n sensitiva, aunque m\u00e1s fuerte haya sido, queda acabada y perfecta), nunca le faltan a veces algunas necesidades, sequedades, tinieblas y aprietos, a veces mucho m\u00e1s intensos que los pasados, que son como presagios y mensajeros de la noche venidera del esp\u00edritu; aunque no son \u00e9stos durables, como ser\u00e1 la noche que espera. Porque, habiendo pasado un rato, o ratos, o d\u00edas de esta noche y tempestad, luego vuelve a su acostumbrada serenidad; y de esta manera va purgando Dios a algunas almas que no han de subir a tan alto grado de amor como las otras, meti\u00e9ndolas a ratos interpoladamente en esta noche de contemplaci\u00f3n y purgaci\u00f3n espiritual, haciendo anochecer y amanecer a menudo, porque se cumpla lo que dice David (Sal. 147, 17), que env\u00eda su cristal, esto es, su contemplaci\u00f3n, como a bocados. Aunque estos bocados de oscura contemplaci\u00f3n nunca son tan intensos como lo es aquella horrenda noche de la contemplaci\u00f3n que habemos de decir, en que de prop\u00f3sito pone Dios al alma para llevarla a la divina uni\u00f3n.<br \/><br \/>2. \u00a0Este sabor, pues, y gusto interior que decimos, que con abundancia y facilidad hallan y gustan estos aprovechantes en su esp\u00edritu, con mucha m\u00e1s abundancia que antes se les comunica, redundando de ah\u00ed en el sentido m\u00e1s que sol\u00eda antes de esta sensible purgaci\u00f3n; que, por cuanto \u00e9l est\u00e1 ya m\u00e1s puro, con m\u00e1s facilidad puede sentir los gustos del esp\u00edritu a su modo. Y como, en fin, esta parte sensitiva del alma es flaca e incapaz para las cosas fuertes del esp\u00edritu, de aqu\u00ed es que estos aprovechados, a causa de esta comunicaci\u00f3n espiritual que se hace en la parte sensitiva, padecen en ella muchas debilitaciones y detrimentos y flaquezas de est\u00f3mago, y en el esp\u00edritu, consiguientemente, fatigas; porque, como dice el Sabio (Sab. 9, 15): El cuerpo que se corrompe, agrava el alma. De aqu\u00ed es que las comunicaciones de \u00e9stos no pueden ser muy fuertes, ni muy intensas, ni muy espirituales, cuales se requieren para la divina uni\u00f3n con Dios, por la flaqueza y corrupci\u00f3n de la sensualidad que participa en ellas.<br \/><br \/>De aqu\u00ed vienen los arrobamientos y traspasos y descoyuntamientos de huesos, que siempre acaecen cuando las comunicaciones no son puramente espirituales, esto es, al esp\u00edritu s\u00f3lo, como son las de los perfectos, purificados ya por la noche segunda del esp\u00edritu, en las cuales cesan ya estos arrobamientos y tormentos del cuerpo, gozando ellos de la libertad del esp\u00edritu, sin que se anuble ni trasponga el sentido. <br \/><br \/>3. Y, porque se entienda la necesidad que \u00e9stos tienen de entrar en esta noche de esp\u00edritu, notaremos aqu\u00ed algunas imperfecciones y peligros que tienen estos aprovechados. <br \/><br \/><a id=\"no2-2\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 2<\/strong><br \/>Prosigue en otras imperfecciones que tienen estos aprovechados.<br \/><br \/>1. Dos maneras de imperfecciones tienen estos aprovechados: unas son habituales, otras actuales.<br \/><br \/>Las habituales son las afecciones y h\u00e1bitos imperfectos que todav\u00eda, como ra\u00edces, han quedado en el esp\u00edritu, donde la purgaci\u00f3n del sentido no pudo llegar; en la purgaci\u00f3n de los cuales la diferencia que hay a estotra, es la que de la ra\u00edz a la rama, o sacar una mancha fresca o una muy asentada y vieja. Porque, como dijimos, la purgaci\u00f3n del sentido s\u00f3lo es puerta y principio de contemplaci\u00f3n para la del esp\u00edritu, que, como tambi\u00e9n habemos dicho, m\u00e1s sirve de acomodar el sentido al esp\u00edritu, que de unir el esp\u00edritu con Dios. Mas todav\u00eda se quedan en el esp\u00edritu las manchas del hombre viejo, aunque a \u00e9l no se le parece, ni las echa de ver; las cuales si no salen por el jab\u00f3n y fuerte lej\u00eda de la purgaci\u00f3n de esta noche, no podr\u00e1 el esp\u00edritu venir a pureza de uni\u00f3n divina.<br \/><br \/>2. \u00a0Tienen \u00e9stos tambi\u00e9n la hebetudo mentis y la rudeza natural que todo hombre contrae por el pecado, y la distracci\u00f3n y exterioridad del esp\u00edritu; lo cual conviene que se ilustre, clarifique y recoja por la penalidad y aprieto de aquella noche. Estas habituales imperfecciones, todos los que no han pasado de este estado de aprovechados las tienen; las cuales no pueden estar, como decimos, con el estado perfecto de uni\u00f3n por amor.<br \/><br \/>3. En las actuales no caen todos de una manera. Mas algunos, como traen estos bienes espirituales tan afuera y tan manuales en el sentido, caen en mayores inconvenientes y peligros que a los principios dijimos. Porque, como ellos hallan tan a manos llenas tantas comunicaciones y aprehensiones espirituales al sentido y esp\u00edritu, donde muchas veces ven visiones imaginarias y espirituales (porque todo esto, con otros sentimientos sabrosos, acaece a muchos de \u00e9stos en este estado, en lo cual el demonio y la propia fantas\u00eda muy ordinariamente hace trampantojos al alma), y como con tanto gusto suele imprimir y sugerir el demonio al alma las aprensiones dichas y sentimientos, con grande facilidad la embelesa y enga\u00f1a, no teniendo ella cautela para resignarse y defenderse fuertemente en fe de estas visiones y sentimientos.<br \/><br \/>Porque aqu\u00ed hace el demonio a muchos creer visiones vanas y profec\u00edas falsas; aqu\u00ed en este puesto les procura hacer presumir que habla Dios y los santos con ellos, y creen muchas veces a su fantas\u00eda; aqu\u00ed los suele llenar el demonio de presunci\u00f3n y soberbia, y, atra\u00eddos de la vanidad y arrogancia, se dejan ser vistos en actos exteriores que parezcan de santidad, como son arrobamientos y otras apariencias. H\u00e1cense as\u00ed atrevidos a Dios, perdiendo el santo temor, que es llave y custodia de todas las virtudes; y tantas falsedades y enga\u00f1os suelen multiplicarse en algunos de \u00e9stos, y tanto se envejecen en ellos, que es muy dudosa la vuelta de ellos al camino puro de la virtud y verdadero esp\u00edritu. En las cuales miserias vienen a dar, comenzando a darse con demasiada seguridad a las aprensiones y sentimientos espirituales, cuando comenzaban a aprovechar en el camino.<br \/><br \/>4. Hab\u00eda tanto que decir de las imperfecciones de \u00e9stos y de c\u00f3mo les son m\u00e1s incurables por tenerlas ellos por m\u00e1s espirituales que las primeras, que lo quiero dejar. S\u00f3lo digo, para fundar la necesidad que hay de la noche espiritual, que es la purgaci\u00f3n para el que ha de pasar adelante, que a lo menos ninguno de estos aprovechados, por bien que le hayan andado las manos, deja de tener muchas de aquellas afecciones naturales y h\u00e1bitos imperfectos, que dijimos primero ser necesario preceder purificaci\u00f3n para pasar a la divina uni\u00f3n.<br \/><br \/>5. \u00a0Y, dem\u00e1s de esto, lo que arriba dejamos dicho, es a saber: que, por cuanto todav\u00eda participa la parte inferior en estas comunicaciones espirituales, no pueden ser tan intensas, puras y fuertes como se requieren para la dicha uni\u00f3n; por tanto, para venir a ella, convi\u00e9nele al alma entrar en la segunda noche del esp\u00edritu, donde desnudando al sentido y esp\u00edritu perfectamente de todas estas aprensiones y sabores, le han de hacer caminar en oscura y pura fe, que es propio y adecuado medio por donde el alma se une con Dios, seg\u00fan por Oseas (2, 20) lo dice, diciendo: Yo te desposar\u00e9, esto es, te unir\u00e9 conmigo, por fe. <br \/><br \/><a id=\"no2-3\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 3<\/strong><br \/>Anotaci\u00f3n para lo que se sigue.<br \/><br \/>1. Estando ya, pues, estos (espirituales) ya aprovechados, por el tiempo que han pasado cebando los sentidos con dulces comunicaciones, para que as\u00ed atra\u00edda y saboreada del espiritual gusto la parte sensitiva, que del esp\u00edritu le manaba, se aunase y acomodase en uno con el esp\u00edritu, (est\u00e1n) comiendo cada uno en su manera de un mismo manjar espiritual en un mismo plato de un solo supuesto y sujeto, para que as\u00ed ellos, en alguna manera juntos y conformes en uno, juntos est\u00e9n dispuestos para sufrir la \u00e1spera y dura purgaci\u00f3n del esp\u00edritu que les espera. Porque en ella se han de purgar cumplidamente estas dos partes del alma, espiritual y sensitiva, porque la una nunca se purga bien sin la otra, porque la purgaci\u00f3n v\u00e1lida para el sentido es cuando de prop\u00f3sito comienza la del esp\u00edritu. De donde la noche que habemos dicho del sentido, m\u00e1s se puede y debe llamar cierta reformaci\u00f3n y enfrenamiento del apetito que purgaci\u00f3n. La causa es porque todas las imperfecciones y des\u00f3rdenes de la parte sensitiva tienen su fuerza y ra\u00edz en el esp\u00edritu, donde se sujetan todos los h\u00e1bitos buenos y malos, y as\u00ed, hasta que \u00e9stos se purgan, las rebeliones y siniestros del sentido no se pueden bien purgar.<br \/><br \/>2. \u00a0De donde en esta noche que se sigue se purgan entrambas partes juntas, que \u00e9ste es el fin porque conven\u00eda haber pasado por la reformaci\u00f3n de la primera noche y la bonanza que de ello sali\u00f3, para que, aunado con el esp\u00edritu el sentido, en cierta manera se purgue y padezca aqu\u00ed con m\u00e1s fortaleza, porque para tan fuerte y dura purga es menester (disposici\u00f3n) tan grande; que, sin haber reform\u00e1dose antes la flaqueza de la parte inferior y cobrado fortaleza en Dios por el dulce y sabroso trato que con \u00e9l despu\u00e9s tuvo, ni tuviera fuerza ni disposici\u00f3n el natural para sufrirla.<br \/><br \/>3. Por tanto, porque estos aprovechados todav\u00eda el trato y operaciones que tienen con Dios son muy bajas y muy naturales, a causa de no tener purificado e ilustrado el oro del esp\u00edritu; por lo cual todav\u00eda entienden de Dios como peque\u00f1uelos, y saben y sienten de Dios como peque\u00f1uelos, seg\u00fan dice san Pablo (1 Cor. 13, 11), por no haber llegado a la perfecci\u00f3n, que es la uni\u00f3n del alma con Dios; por la cual uni\u00f3n ya, como grandes, obran grandezas en su esp\u00edritu, siendo ya sus obras y potencias m\u00e1s divinas que humanas, como despu\u00e9s se dir\u00e1. Queriendo Dios desnudarlos de hecho de este viejo hombre y vestirlos del nuevo, que seg\u00fan Dios es criado en la novedad del sentido, que dice el Ap\u00f3stol (Cl. 3, 10), desn\u00fadales las potencias y afecciones y sentidos, as\u00ed espirituales como sensitivos, as\u00ed exteriores como interiores, dejando a oscuras el entendimiento, y la voluntad a secas, y vac\u00eda la memoria, y las afecciones del alma en suma aflicci\u00f3n, amargura y aprieto, priv\u00e1ndola del sentido y gusto que antes sent\u00eda de los bienes espirituales, para que esta privaci\u00f3n sea uno de los principios que se requiere en el esp\u00edritu para que se introduzca y una en \u00e9l la forma espiritual del esp\u00edritu, que es la uni\u00f3n de amor.<br \/><br \/>Todo lo cual obra el Se\u00f1or en ella por medio de una pura y oscura contemplaci\u00f3n, como el alma lo da a entender por la primera canci\u00f3n. La cual, aunque est\u00e1 declarada al prop\u00f3sito de la primera noche del sentido, principalmente la entiende el alma por esta segunda del esp\u00edritu, por ser la principal parte de la purificaci\u00f3n del alma. Y as\u00ed, a este prop\u00f3sito la pondremos y declararemos aqu\u00ed otra vez.<br \/><br \/><a id=\"no2-4\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 4<\/strong><br \/>P\u00f3nese la primera canci\u00f3n y su declaraci\u00f3n.<br \/><br \/><strong>Canci\u00f3n 1\u00aa<\/strong><br \/><br \/>En una noche oscura,<br \/>con ansias, en amores inflamada,<br \/>\u00a1oh dichosa ventura!,<br \/>sal\u00ed sin ser notada<br \/>estando ya mi casa sosegada.<br \/><br \/><strong>Declaraci\u00f3n<\/strong> <br \/>1. Entendiendo ahora esta canci\u00f3n a prop\u00f3sito de la purgaci\u00f3n contemplativa, o desnudez y pobreza de esp\u00edritu, que todo aqu\u00ed casi es una misma cosa, pod\u00e9mosla declarar en esta manera, y que dice el alma as\u00ed: <br \/><br \/>En pobreza, desamparo y desarrimo de todas las aprensiones de mi alma, esto es, en oscuridad de mi entendimiento y aprieto de mi voluntad, en afici\u00f3n y angustia acerca de la memoria, dej\u00e1ndome a oscuras en pura fe (la cual es noche oscura para las dichas potencias naturales) s\u00f3lo la voluntad tocada de dolor y aflicciones y ansias de amor de Dios, sal\u00ed de m\u00ed misma, esto es, de mi bajo modo de entender, y de mi flaca suerte de amar, y de mi pobre y escasa manera de gustar de Dios, sin que la sensualidad ni el demonio me lo estorben. <br \/><br \/>2. \u00a0Lo cual fue grande dicha y buena ventura para m\u00ed; porque, en acab\u00e1ndose de aniquilarse y sosegarse las potencias, pasiones, apetitos y afecciones de mi alma, con que bajamente sent\u00eda y gustaba de Dios, sal\u00ed del trato y operaci\u00f3n humana m\u00eda a operaci\u00f3n y trato de Dios, es a saber: <br \/><br \/>Mi entendimiento sali\u00f3 de s\u00ed, volvi\u00e9ndose de humano y natural en divino; porque, uni\u00e9ndose por medio de esta purgaci\u00f3n con Dios, ya no entiende por su vigor y luz natural, sino por la divina Sabidur\u00eda con que se uni\u00f3.<br \/><br \/>Y mi voluntad sali\u00f3 de s\u00ed, haci\u00e9ndose divina, porque, unida con el divino amor, ya no ama bajamente con su fuerza natural, sino con fuerza y pureza del Esp\u00edritu Santo; y as\u00ed la voluntad acerca de Dios no obra humanamente. <br \/><br \/>Y, ni m\u00e1s ni menos, la memoria se ha trocado en aprensiones eternas de gloria.<br \/><br \/>Y, finalmente, todas las fuerzas y afectos del alma, por medio de esta noche y purgaci\u00f3n del viejo hombre, todas se renuevan en temples y deleites divinos. S\u00edguese el verso: <br \/>En una noche oscura.<br \/><br \/><a id=\"no2-5\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 5<\/strong><br \/>P\u00f3nese el primer verso y comienza a declarar c\u00f3mo esta contemplaci\u00f3n oscura no s\u00f3lo es noche para el alma, sino tambi\u00e9n pena y tormento.<br \/><br \/>1. Esta noche oscura es una influencia de Dios en el alma, que la purga de sus ignorancias e imperfecciones habituales, naturales y espirituales, que llaman los contemplativos contemplaci\u00f3n infusa o m\u00edstica teolog\u00eda, en que de secreto ense\u00f1a Dios al alma y la instruye en perfecci\u00f3n de amor, sin ella hacer nada ni entender c\u00f3mo. Esta contemplaci\u00f3n infusa, por cuanto es sabidur\u00eda de Dios amorosa, hace dos principales efectos en el alma, porque la dispone purg\u00e1ndola e ilumin\u00e1ndola para la uni\u00f3n de amor de Dios. De donde la misma sabidur\u00eda amorosa que purga los esp\u00edritus bienaventurados ilustr\u00e1ndolos es la que aqu\u00ed purga al alma y la ilumina.<br \/><br \/>2. \u00a0Pero es la duda: \u00bfpor qu\u00e9, pues es lumbre divina, que, como decimos, ilumina y purga el alma de sus ignorancias, la llama aqu\u00ed el alma noche oscura? A lo cual se responde que por dos casas es esta divina Sabidur\u00eda no s\u00f3lo noche y tiniebla para el alma, mas tambi\u00e9n pena y tormento: la primera es por la alteza de la Sabidur\u00eda divina, que excede al talento del alma, y en esta manera le es tiniebla; la segunda, por la bajeza e impureza de ella, y de esta manera le es penosa y aflictiva, y tambi\u00e9n oscura.<br \/><br \/>3. Para probar la primera conviene suponer cierta doctrina del Fil\u00f3sofo, que dice que cuanto las cosas divinas son en s\u00ed m\u00e1s claras y manifiestas, tanto m\u00e1s son al alma oscuras y ocultas naturalmente; as\u00ed como la luz, cuanto m\u00e1s clara es, tanto m\u00e1s ciega y oscurece la pupila de la lechuza, y cuanto el sol se mira m\u00e1s de lleno, m\u00e1s tinieblas causa a la potencia visiva y la priva, excedi\u00e9ndola por su flaqueza.<br \/><br \/>De donde, cuando esta divina luz de contemplaci\u00f3n embiste en el alma que a\u00fan no est\u00e1 ilustrada totalmente, le hace tinieblas espirituales, porque no s\u00f3lo la excede, pero tambi\u00e9n la priva y oscurece el acto de su inteligencia natural. Que por esta causa san Dionisio y otros m\u00edsticos te\u00f3logos llaman a esta contemplaci\u00f3n infusa rayo de tiniebla, conviene a saber, para el alma no ilustrada y purgada, porque de su gran luz sobrenatural es vencida la fuerza natural intelectiva y privada.<br \/><br \/>Por lo cual David (Sal. 96, 2) tambi\u00e9n dijo que cerca de Dios y en rededor de \u00e9l est\u00e1 oscuridad y nube; no porque en s\u00ed ello sea as\u00ed, sino para nuestros entendimientos flacos, que en tan inmensa luz se oscurecen y quedan ofuscados, no alcanzando. Que por eso el mismo David (Sal. 17, 13) lo declar\u00f3 luego, diciendo: Por el gran resplandor de su presencia se atravesaron nubes, es a saber, entre Dios y nuestro entendimiento. Y \u00e9sta es la causa por que, en derivando de s\u00ed Dios al alma que a\u00fan no est\u00e1 transformada este esclarecido rayo de su sabidur\u00eda secreta, le hace tinieblas oscuras en el entendimiento. <br \/><br \/>4. Y que esta oscura contemplaci\u00f3n tambi\u00e9n le sea al alma penosa a estos principios, est\u00e1 claro; porque, como esta divina contemplaci\u00f3n infusa tiene muchas excelencias en extremo buenas y el alma que las recibe, por no estar purgada, tiene muchas miserias tambi\u00e9n en extremo malas, de aqu\u00ed es que, no pudiendo caber dos contrarios en el sujeto del alma, de necesidad haya de penar y padecer el alma, siendo ella el sujeto en que contra s\u00ed se ejercitan estos dos contrarios, haciendo los unos contra los otros, por raz\u00f3n de la purgaci\u00f3n que de las imperfecciones del alma por esta contemplaci\u00f3n se hace. Lo cual probaremos por inducci\u00f3n en esta manera. <br \/><br \/>5. \u00a0Cuanto a lo primero, porque la luz y sabidur\u00eda de esta contemplaci\u00f3n es muy clara y pura y el alma en que ella embiste est\u00e1 oscura e impura, de aqu\u00ed es que pena mucho el alma recibi\u00e9ndola en s\u00ed, como cuando los ojos est\u00e1n de mal humor impuros y enfermos, del embestimiento de la clara luz reciben pena.<br \/><br \/>Y esta pena en el alma, a causa de su impureza, es inmensa cuando de veras es embestida de esta divina luz, porque embisti\u00e9ndose en el alma esta luz pura a fin de expeler la impureza del alma, si\u00e9ntese el alma tan impura y miserable que le parece estar Dios contra ella y que ella est\u00e1 hecha contraria a Dios. Lo cual es de tanto sentimiento y pena para el alma, porque le parece aqu\u00ed que la ha Dios arrojado, que uno de los mayores trabajos que sent\u00eda Job (7, 20) cuando Dios le ten\u00eda en este ejercicio, era \u00e9ste, diciendo: \u00bfPor qu\u00e9 me has puesto contrario a ti, y soy grave y pesado para m\u00ed mismo? Porque viendo el alma claramente aqu\u00ed por medio de esta pura luz, aunque a oscuras, su impureza, conoce claro que no es digna de Dios ni de criatura alguna. Y lo que m\u00e1s le pena es que piensa que nunca lo ser\u00e1, y que ya se le acabaron sus bienes. Esto le causa la profunda inmersi\u00f3n que tiene de la mente en el conocimiento y sentimiento de sus males y miserias; porque aqu\u00ed se las muestra todas al ojo esta divina y oscura luz, y que vea claro c\u00f3mo de suyo no podr\u00e1 tener ya otra cosa. Podemos entender a este sentido aquella autoridad de David (Sal. 38, 12), que dice: Por la iniquidad corregiste al hombre, e hiciste deshacer y contabescer su alma; como la ara\u00f1a se desentra\u00f1a.<br \/><br \/>6. \u00a0\u00adLa segunda manera en que pena el alma es causa de su flaqueza natural, moral y espiritual; porque, como esta divina contemplaci\u00f3n embiste en el alma con alguna fuerza, al fin de la ir fortaleciendo y domando, de tal manera pena en su flaqueza, que poco menos desfallece, particularmente algunas veces cuando con alguna m\u00e1s fuerza embiste. Porque el sentido y esp\u00edritu, as\u00ed como si estuviese debajo de una inmensa y oscura carga, est\u00e1 penando y agonizando tanto, que tomar\u00eda por alivio y partido el morir. Lo cual habiendo experimentado el profeta Job (23, 6), dec\u00eda: No quiero que trate conmigo con mucha fortaleza, porque no me oprima con el peso de su grandeza.<br \/><br \/>7. En la fuerza de esta opresi\u00f3n y peso se siente el alma tan ajena de ser favorecida, que le parece, y as\u00ed es, que aun en lo que sol\u00eda hallar alg\u00fan arrimo se acab\u00f3 con lo dem\u00e1s, y que no hay quien se compadezca de ella. A cuyo prop\u00f3sito dice tambi\u00e9n Job (19, 21): Compadeceos de m\u00ed, a lo menos vosotros mis amigos, porque me ha tocado la mano del Se\u00f1or.<br \/><br \/>\u00a1Cosa de grande maravilla y l\u00e1stima que sea aqu\u00ed tanta la flaqueza e impureza del alma, que, siendo la mano de Dios de suyo tan blanda y suave, la sienta el alma aqu\u00ed tan grave y contraria, con no cargar ni asentar, sino solamente tocando, y eso misericordiosamente, pues lo hace a fin de hacer mercedes al alma, y no de castigarla!<br \/><br \/><a id=\"no2-6\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 6<\/strong><br \/>De otras maneras de pena que el alma padece en esta noche.<br \/><br \/>1. La tercera manera de pasi\u00f3n y pena que el alma aqu\u00ed padece es a causa de otros dos extremos, conviene a saber, divino y humano, que aqu\u00ed se juntan. El divino es esta contemplaci\u00f3n purgativa, y el humano es sujeto del alma. Que como el divino embiste a fin de renovarla para hacerla divina, desnud\u00e1ndola de las afecciones habituales y propiedades del hombre viejo, en que ella est\u00e1 muy unida, conglutinada y conformada, de tal manera la destrica y descuece la sustancia espiritual, absorbi\u00e9ndola en una profunda y honda tiniebla, que el alma se siente estar deshaciendo y derritiendo en la haz y vista de sus miserias con muerte de esp\u00edritu cruel; as\u00ed como si, tragada de una bestia, en su vientre tenebroso se sintiese estar digiriendo, padeciendo estas angustias como Jon\u00e1s (2, 1) en el vientre de aquella marina bestia. Porque en este sepulcro de oscura muerte la conviene estar para la espiritual resurrecci\u00f3n que espera.<br \/><br \/>2. \u00a0La manera de esta pasi\u00f3n y pena, aunque de verdad ella es sobre manera, descr\u00edbela David (Sal. 17, 5\u00ad7), diciendo: Cerc\u00e1ronme los gemidos de la muerte, los dolores del infierno me rodearon, en mi tribulaci\u00f3n clam\u00e9.<br \/><br \/>Pero lo que esta doliente alma aqu\u00ed m\u00e1s siente, es parecerle claro que Dios la ha desechado y, aborreci\u00e9ndola, arrojado en las tinieblas, que para ella es grave y lastimera pena creer que la ha dejado Dios. La cual tambi\u00e9n David, sinti\u00e9ndola mucho en este caso, dice (Sal. 87, 6\u00ad8): De la manera que los llagados est\u00e1n muertos en los sepulcros, dejados ya de tu mano, de que no te acuerdas m\u00e1s, as\u00ed me pusieron a m\u00ed en el lago m\u00e1s hondo e inferior en tenebrosidades y sombra de muerte, y est\u00e1 sobre mi confirmado tu furor, y todas tus olas descargaste sobre m\u00ed. Porque, verdaderamente, cuando esta contemplaci\u00f3n purgativa aprieta, sombra de muerte y gemidos de muerte y dolores de infierno siente el alma muy a lo vivo, que consiste en sentirse sin Dios y castigada y arrojada e indigna de \u00e9l, y que est\u00e1 enojado, que todo se siente aqu\u00ed; y m\u00e1s, que le parece que ya es para siempre.<br \/><br \/>3. Y el mismo desamparo siente de todas las criaturas y desprecio acerca de ellas, particularmente de los amigos. Que por eso prosigue luego David (Sal. 87, 9), diciendo: Alejaste de m\u00ed mis amigos y conocidos; tuvi\u00e9ronme por abominaci\u00f3n. Todo lo cual, como quien tan bien lo experiment\u00f3 en el vientre de la bestia corporal y espiritualmente, testifica bien Jon\u00e1s (2, 4\u00ad7), diciendo as\u00ed: Arroj\u00e1steme al profundo en el coraz\u00f3n de la mar, y la corriente me cerc\u00f3; todos sus golfos y olas pasaron sobre m\u00ed y dije: arrojado estoy de la presencia de tus ojos; pero otra vez ver\u00e9 tu santo templo (lo cual dice, porque aqu\u00ed purifica Dios al alma para verlo); cerc\u00e1ronme las aguas hasta el alma, el abismo me ci\u00f1\u00f3, el pi\u00e9lago me cubri\u00f3 mi cabeza, a los extremos de los montes descend\u00ed; los cerrojos de la tierra me encerraron para siempre. Los cuales cerrojos se entienden aqu\u00ed a este prop\u00f3sito por las imperfecciones del alma, que la tienen impedida que no goce esta sabrosa contemplaci\u00f3n.<br \/><br \/>4. La cuarta manera de pena causa en el alma otra excelencia de esta oscura contemplaci\u00f3n, que es la majestad y grandeza de ella, la cual hace sentir en el alma otro extremo que hay en ella de \u00edntima pobreza y miseria; la cual es de las principales penas que padece en esta purgaci\u00f3n. Porque siente en s\u00ed un profundo vac\u00edo y pobreza de tres maneras de bienes que se ordenan al gusto del alma, que son temporal, natural y espiritual, vi\u00e9ndose puesta en los males contrarios, conviene a saber: miserias de imperfecciones, sequedades y vac\u00edos de las aprensiones de las potencias y desamparo del esp\u00edritu en tiniebla. Que, por cuanto aqu\u00ed purga Dios al alma seg\u00fan la sustancia sensitiva y espiritual y seg\u00fan las potencias interiores y exteriores, conviene que el alma sea puesta en vac\u00edo y pobreza y desamparo de todas estas partes, dej\u00e1ndola seca, vac\u00eda y en tinieblas; porque la parte sensitiva se purifica en sequedad, y las potencias en su vac\u00edo de sus aprensiones, y el esp\u00edritu en tiniebla oscura.<br \/><br \/>5. \u00a0Todo lo cual hace Dios por medio de esta oscura contemplaci\u00f3n; en la cual no s\u00f3lo padece el alma el vac\u00edo y suspensi\u00f3n de estos arrimos naturales y aprensiones, que es un padecer muy congojoso, de manera que si a uno suspendiesen o detuviesen en el aire, que no respirase, mas tambi\u00e9n est\u00e1 purgando el alma, aniquilando y vaciando o consumiendo en ella, as\u00ed como hace el fuego al or\u00edn y moho del metal, todas las afecciones y h\u00e1bitos imperfectos que ha contra\u00eddo toda la vida. Que, por estar ellos muy arraigados en la sustancia del alma, sobrepadece grave deshacimiento y tormento interior, dem\u00e1s de la dicha pobreza y vac\u00edo natural y espiritual, para que se verifique aqu\u00ed la autoridad de Ezequiel que dice: Juntar\u00e9 los huesos, y encenderlos he en fuego, consumirse han las carnes y cocerse ha toda la composici\u00f3n, y deshacerse han los huesos (Ez. 24, 10). En lo cual se entiende la pena que padece en el vac\u00edo y pobreza de la sustancia del alma sensitiva y espiritual. Y sobre esto dice luego (24, 11): Ponedla tambi\u00e9n as\u00ed vac\u00eda sobre las ascuas, para que se caliente y se derrita su metal, y se deshaga en medio de ella su inmundicia y sea consumido su moho. En lo cual se da a entender la grave pasi\u00f3n que el alma aqu\u00ed padece en la purgaci\u00f3n del fuego de esta contemplaci\u00f3n, pues dice el profeta que para que se purifique y deshaga el or\u00edn de las afecciones que est\u00e1n en medio del alma, es menester en cierta manera que ella misma se aniquile y deshaga, seg\u00fan est\u00e1 en naturalizada en estas pasiones e imperfecciones.<br \/><br \/>6. \u00a0De donde, porque en esta fragua se purifica el alma como el oro en el crisol, seg\u00fan el Sabio dice (Sab. 3, 6), siente este grande deshacimiento en la misma sustancia del alma, con extremada pobreza, en que est\u00e1 como acabando, como se puede ver por lo que a este prop\u00f3sito dijo David (Sal. 68, 2\u00ad4) por estas palabras, clamando a Dios: S\u00e1lvame, Se\u00f1or, porque han entrado las aguas hasta el alma m\u00eda; fijado estoy en el limo del profundo, y no hay donde me sustente; vine hasta el profundo del mar, y la tempestad me aneg\u00f3; trabaj\u00e9 clamando, enronqueci\u00e9ronseme mis gargantas, desfallecieron mis ojos en tanto que espero en mi Dios.<br \/><br \/>En esto humilla Dios mucho al alma para ensalzarla mucho despu\u00e9s y, si \u00e9l no ordenase que estos sentimientos, cuando se avivan en el alma, se adormeciesen presto, morir\u00eda muy en breves d\u00edas; mas son interpolados los ratos en que se siente su \u00edntima viveza. Lo cual algunas veces se siente tan a lo vivo, que la parece al alma que ve abierto el infierno y la perdici\u00f3n. Porque de \u00e9stos son los que de veras descienden al infierno viviendo (Sal. 54, 16), pues aqu\u00ed se purgan a la manera que all\u00ed; porque esta purgaci\u00f3n es la que all\u00ed se hab\u00eda de hacer. Y as\u00ed el alma que por aqu\u00ed pasa, o no entra en aquel lugar, o se detiene all\u00ed muy poco, porque aprovecha m\u00e1s una hora aqu\u00ed que muchas all\u00ed. <br \/><br \/><a id=\"no2-7\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 7<\/strong><br \/>Prosigue en la misma materia de otras aflicciones y aprietos de la voluntad.<br \/><br \/>1. Las aflicciones de la voluntad y aprietos son aqu\u00ed tambi\u00e9n inmensos y de manera que algunas veces traspasan al alma en la s\u00fabita memoria de los males en que se ve, con la incertidumbre de su remedio. Y a\u00f1\u00e1dese a esto la memoria de las prosperidades pasadas; porque \u00e9stos, ordinariamente, cuando entran en esta noche, han tenido muchos gustos en Dios y h\u00e9chole muchos servicios, y esto les causa m\u00e1s dolor, ver que est\u00e1n ajenos de aquel bien y que ya no pueden entrar en \u00e9l. Esto dice Job (16, 13\u00ad17), tambi\u00e9n como lo experiment\u00f3 por aquellas palabras: Yo, aqu\u00e9l que sol\u00eda ser opulento y rico, de repente estoy deshecho y contrito; asi\u00f3me la cerviz, quebrant\u00f3me y p\u00fasome como se\u00f1uelo suyo para herir en m\u00ed; cerc\u00f3me con sus lanzas, llag\u00f3 todos mis lomos, no perdon\u00f3, derram\u00f3 en la tierra mis entra\u00f1as, rompi\u00f3me como llaga sobre llaga; embisti\u00f3 en m\u00ed como fuerte gigante; cos\u00ed saco sobre mi piel, y cubr\u00ed con ceniza mi carne; mi rostro se ha hinchado en llanto y ceg\u00e1dose mis ojos.<br \/><br \/>2. \u00a0Tantas y tan graves son las penas de esta noche, y tantas autoridades hay en la Escritura que a este prop\u00f3sito se podr\u00edan alegar, que nos faltar\u00eda tiempo y fuerzas escribiendo, porque sin duda todo lo que se puede decir es menos. Por las autoridades ya dichas se podr\u00e1 barruntar algo de ello.<br \/><br \/>Y para ir concluyendo con este verso y dando a entender m\u00e1s lo que obra en el alma esta noche, dir\u00e9 lo que en ella siente Jerem\u00edas (Lm. 3, 1\u00ad20), la cual por ser tanto, lo dice y llora \u00e9l por muchas palabras en esta manera: Yo, var\u00f3n, que veo mi pobreza en la vara de su indignaci\u00f3n, hame amenazado, y tr\u00e1jome a las tinieblas, y no a la luz. \u00a1Tanto ha vuelto y convertido su manos sobre m\u00ed todo el d\u00eda! Hizo vieja mi piel y mi carne, desmenuz\u00f3 mis huesos; en rededor de m\u00ed hizo cerca, y cerc\u00f3me de hiel y de trabajo; en tenebrosidades me coloc\u00f3, como muertos sempiternos. Cerc\u00f3 en rededor contra m\u00ed porque no salga, agrav\u00f3me las prisiones. Y tambi\u00e9n, cuando hubiere clamado y rogado, ha excluido mi oraci\u00f3n. Cerr\u00e1dome ha mis salidas y v\u00edas con piedras cuadradas: desbarat\u00f3me mis pasos. Oso acechador es hecho para m\u00ed, le\u00f3n en escondrijos. Mis pisadas trastorn\u00f3 y desmenuz\u00f3me, p\u00fasome desamparada, extendi\u00f3 su arco, y p\u00fasome a mi como se\u00f1uelo a su saeta. Arroj\u00f3 a mis entra\u00f1as las hijas de su aljaba. Hecho soy para escarnio de todo el pueblo, y para risa y mofa de ellos todo el d\u00eda. Llen\u00e1dome ha de amarguras, embriag\u00f3me con absintio. Por n\u00famero me quebrant\u00f3 mis dientes, apacent\u00f3me con ceniza. Arrojada est\u00e1 mi alma de la paz, olvidado estoy de los bienes. Y dije: frustrado y acabado est\u00e1 mi fin y pretensi\u00f3n y mi esperanza del Se\u00f1or. Acu\u00e9rdate de mi pobreza y de mi exceso, del absintio y de la hiel. Acordarme he con memoria, y mi alma en m\u00ed se deshar\u00e1 en penas.<br \/><br \/>3. Todos estos llantos hace Jerem\u00edas sobre este trabajo, en que pinta muy al vivo las pasiones del alma en esta purgaci\u00f3n y noche espiritual. De donde grande compasi\u00f3n conviene tener al alma que Dios pone en esta tempestuosa y horrenda noche; porque, aunque le corre muy buena dicha por los grandes bienes que de ella le han de nacer cuando, como dice Job (12, 22), levantare Dios en el alma de las tinieblas profundos bienes y produzca en luz la sombra de muerte, de manera que, como dice David (Sal. 138, 12), venga a ser su luz como fueron sus tinieblas; con todo eso, con la inmensa pena con que anda penando, y por la grande incertidumbre que tiene de su remedio (pues cree, como aqu\u00ed dice este profeta, que no ha de acabarse su mal, pareci\u00e9ndole, como tambi\u00e9n dice David (Sal. 142, 3), que la coloc\u00f3 Dios en las oscuridades, como los muertos del siglo, angusti\u00e1ndose por esto en ella su esp\u00edritu, y turb\u00e1ndose en ella su coraz\u00f3n), es de haberle gran dolor y l\u00e1stima. <br \/><br \/>Porque se a\u00f1ade a esto, a causa de la soledad y desamparo que en esta oscura noche la causa, no hallar consuelo ni arrimo en ninguna doctrina ni en maestro espiritual; porque, aunque por muchas v\u00edas le testifique las causas del consuelo que puede tener por los bienes que hay en estas penas, no lo puede creer. Porque, como ella est\u00e1 tan embebida e inmersa en aquel sentimiento de males en que ve tan claramente sus miserias, par\u00e9cele que, como ellos no ven lo que ella ve y siente, no la entendiendo dicen aquello, y, en vez de consuelo, antes recibe nuevo dolor, pareci\u00e9ndole que no es aqu\u00e9l el remedio de su mal, y a la verdad as\u00ed es. Porque hasta que el Se\u00f1or acabe de purgarla de la manera que \u00e9l lo quiere hacer, ning\u00fan medio ni remedio le sirve ni aprovecha para su dolor; cu\u00e1nto m\u00e1s, que puede el alma tan poco en este puesto como el que tienen aprisionado en una oscura mazmorra atado de pies y manos, sin poderse mover ni ver, ni sentir alg\u00fan favor de arriba ni de abajo, hasta que aqu\u00ed se humille, ablande y purifique el esp\u00edritu, y se ponga tan sutil y sencillo y delgado, que pueda hacerse uno con el esp\u00edritu de Dios, seg\u00fan el grado que su misericordia quisiere concederle de uni\u00f3n de amor, que conforme a esto es la purgaci\u00f3n m\u00e1s o menos fuerte y de m\u00e1s o menos tiempo.<br \/><br \/>4. Mas, si ha de ser algo de veras, por fuerte que sea, dura algunos a\u00f1os; puesto que en estos medios hay interpolaciones de alivios, en que por dispensaci\u00f3n de Dios, dejando esta contemplaci\u00f3n oscura de embestir en forma y modo purgativo, embiste iluminativa y amorosamente, en que el alma, bien como salida de tal mazmorra y tales prisiones, y puesta en recreaci\u00f3n de anchura y libertad, siente y gusta gran suavidad de paz y amigabilidad amorosa con Dios con abundancia f\u00e1cil de comunicaci\u00f3n espiritual.<br \/><br \/>Lo cual es al alma indicio de la salud que va en ella obrando la dicha purgaci\u00f3n y prenuncio de la abundancia que espera. Y a\u00fan, que esto es tanto a veces, que le parece al alma que son acabados ya sus trabajos. Porque de esta cualidad son las cosas espirituales en el alma, cuando son m\u00e1s puramente espirituales, que, cuando son trabajos, le parece al alma que nunca han de salir de ellos, y que se le acabaron ya los bienes, como se ha visto por las autoridades alegadas; y, cuando son bienes espirituales, tambi\u00e9n le parece al alma que ya se acabaron sus males, y que no le faltar\u00e1n ya los bienes, como David (Sal. 29, 7), vi\u00e9ndose en ellos, lo confes\u00f3, diciendo: Yo dije en mi abundancia: No me mover\u00e9 para siempre. <br \/><br \/>5. \u00a0Y esto acaece porque la posesi\u00f3n actual de un contrario en el esp\u00edritu, de suyo remueve la actual posesi\u00f3n y sentimiento del otro contrario; lo cual no acaece as\u00ed en la parte sensitiva del alma, por ser flaca de aprensi\u00f3n. Mas, como quiera que el esp\u00edritu a\u00fan no est\u00e1 aqu\u00ed bien purgado y limpio de las afecciones que de la parte inferior tiene contra\u00eddas, aunque en cuanto esp\u00edritu no se mude, en cuanto est\u00e1 afectado con ellas se podr\u00e1 mudar en penas, como vemos que despu\u00e9s se mud\u00f3 David (Sal. 29, 7), sintiendo muchos males y penas, aunque en el tiempo de su abundancia le hab\u00eda parecido y dicho que no se hab\u00eda de mover jam\u00e1s. As\u00ed el alma, como entonces se ve actuada con aquella abundancia de bienes espirituales, no echando de ver la ra\u00edz de imperfecci\u00f3n e impureza que todav\u00eda le queda, piensa que se acabaron sus trabajos. <br \/><br \/>6. \u00a0Mas este pensamiento las menos veces acaece, porque, hasta que est\u00e1 acabada de hacer la purificaci\u00f3n espiritual, muy raras veces suele ser la comunicaci\u00f3n suave tan abundante que le cubra la ra\u00edz que queda, de manera que deje el alma de sentir all\u00e1 en el interior un no s\u00e9 qu\u00e9 que le falta o que est\u00e1 por hacer, que no le deja cumplidamente gozar de aquel alivio, sintiendo ella dentro como un enemigo suyo, que, aunque est\u00e1 como sosegado y dormido, se recela que volver\u00e1 a revivir y hacer de las suyas. Y as\u00ed es que, cuando m\u00e1s segura est\u00e1 y menos se cata, vuelve a tragar y absorber el alma en otro grado peor y m\u00e1s duro, oscuro y lastimero que el pasado, el cual dura otra temporada, por ventura m\u00e1s larga que la primera. Y aqu\u00ed el alma otra vez viene a creer que todos los bienes est\u00e1n acabados para siempre; que no le basta la experiencia que tuvo del bien pasado que goz\u00f3 despu\u00e9s del primer trabajo, en que tambi\u00e9n pensaba que ya no hab\u00eda m\u00e1s que penar, para dejar de creer en este segundo grado de aprieto que estaba ya todo acabado y que no volver\u00e1 como la vez pasada. Porque, como digo, esta creencia tan confirmada se causa en el alma de la actual aprensi\u00f3n del esp\u00edritu, que aniquila en \u00e9l todo lo que a ella es contrario.<br \/><br \/>7. Esta es la causa por que los que yacen en el purgatorio padecen grandes dudas de que han de salir de all\u00ed jam\u00e1s y de que se han de acabar sus penas. Porque, aunque habitualmente tienen las tres virtudes teologales, que son fe, esperanza y caridad, la actualidad que tienen del sentimiento de las penas y privaci\u00f3n de Dios, no les deja gozar del bien actual y consuelo de estas virtudes. Porque, aunque ellos echan de ver que quieren bien a Dios, no les consuela esto; porque les parece que no les quiere Dios a ellos ni que de tal cosa son dignos; antes, como se ven privados de \u00e9l, puestos en sus miserias, par\u00e9celes que tienen muy bien en s\u00ed por qu\u00e9 ser aborrecidos y desechados de Dios con mucha raz\u00f3n para siempre.<br \/><br \/>Y as\u00ed, el alma en esta purgaci\u00f3n, aunque ella ve que quiere bien a Dios y que dar\u00eda mil vidas por \u00e9l (como es as\u00ed la verdad, porque en estos trabajos aman con muchas veras estas almas a su Dios), con todo no le es alivio esto, antes le causa m\u00e1s pena; porque, queri\u00e9ndole ella tanto, que no tiene otra cosa que le d\u00e9 cuidado, como se ve tan m\u00edsera, no pudiendo creer que Dios la quiere a ella, ni que tiene ni tendr\u00e1 jam\u00e1s por qu\u00e9, sino antes tiene por qu\u00e9 ser aborrecida, no s\u00f3lo de \u00e9l, sino de toda criatura para siempre, du\u00e9lese de ver en s\u00ed causas por que merezca ser desechada de quien ella tanto quiere y desea.<br \/><br \/><a id=\"no2-8\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 8<\/strong><br \/>De otras penas que afligen al alma en este estado.<br \/><br \/>1. Pero hay aqu\u00ed otra cosa que al alma aqueja y desconsuela mucho, y es que, como esta oscura noche la tiene impedidas las potencias y afecciones, ni puede levantar afecto ni mente a Dios, ni le puede rogar, pareci\u00e9ndole lo que a Jerem\u00edas (Lm. 3, 44), que ha puesto Dios una nube delante porque no pase la oraci\u00f3n. Porque esto quiere decir lo que en la autoridad alegada (Lm. 3, 9) dice, es saber: Atranc\u00f3 y cerr\u00f3 mis v\u00edas con piedras cuadradas. Y si algunas veces ruega, es tan sin fuerza y sin jugo, que le parece que ni lo oye Dios ni hace caso de ello, como tambi\u00e9n este profeta da a entender en la misma autoridad (Lm. 3, 8), diciendo: Cuando clamare y rogare, ha excluido mi oraci\u00f3n. A la verdad no es \u00e9ste tiempo de hablar con Dios, sino de poner, como dice Jerem\u00edas (Lm. 3, 29), su boca en el polvo, si por ventura le viniese alguna actual esperanza, sufriendo con paciencia su purgaci\u00f3n. Dios es el que anda aqu\u00ed haciendo pasivamente la obra en el alma; por eso ella no puede nada. De donde ni rezar ni asistir con advertencia a las cosas divinas puede, ni menos en las dem\u00e1s cosas y tratos temporales. Tiene no s\u00f3lo esto, sino tambi\u00e9n muchas veces tales enajenamientos y tan profundos olvidos en la memoria, que se le pasan muchos ratos sin saber lo que se hizo ni qu\u00e9 pens\u00f3, ni qu\u00e9 es lo que hace ni qu\u00e9 va a hacer, ni puede advertir, aunque quiera, a nada de aquello en que est\u00e1. <br \/><br \/>2. \u00a0Que, por cuanto aqu\u00ed no s\u00f3lo se purga el entendimiento de su lumbre y la voluntad de sus afecciones, sino tambi\u00e9n la memoria de sus discursos y noticias, conviene tambi\u00e9n aniquilarla acerca de todas ellas, para que se cumpla lo que de s\u00ed dice David (Sal. 72, 22) en esta purgaci\u00f3n, es a saber: Fui yo aniquilado y no supe. El cual no saber se refiere aqu\u00ed a estas insipiencias y olvidos de la memoria, las cuales enajenaciones y olvidos son causados del interior recogimiento en que esta contemplaci\u00f3n absorbe al alma. Porque, para que el alma quede dispuesta y templada a lo divino con sus potencias para la divina uni\u00f3n de amor, conven\u00eda que primero fuese absorta con todas ellas en esta divina y oscura luz espiritual de contemplaci\u00f3n, y as\u00ed fuese abstra\u00edda de todas las afecciones y aprensiones de criatura, lo cual singularmente dura seg\u00fan es la intensi\u00f3n. Y as\u00ed, cuanto esta divina luz embiste m\u00e1s sencilla y pura en el alma, tanto m\u00e1s la oscurece, vac\u00eda y aniquila acerca de sus aprensiones y afecciones particulares, as\u00ed de cosas de arriba como de abajo; y tambi\u00e9n, cuanto menos sencilla y pura embiste, tanto menos la priva y menos oscura le es. Que es cosa que parece incre\u00edble decir que la luz sobrenatural y divina tanto m\u00e1s oscurece al alma cuanto ella tiene m\u00e1s de claridad y pureza; y cuanto menos, le sea menos oscura. Lo cual se entiende bien si consideramos lo que arriba queda probado con la sentencia del Fil\u00f3sofo, conviene a saber; que las cosas sobrenaturales tanto son a nuestro entendimiento m\u00e1s oscuras, cuanto ellas en s\u00ed son m\u00e1s claras y manifiestas. <br \/><br \/>3. Y, para que m\u00e1s claramente se entienda, pondremos aqu\u00ed una semejanza de la luz natural y com\u00fan. Vemos que el rayo del sol que entra por la ventana, cuanto m\u00e1s limpio y puro es de \u00e1tomos, tanto menos claramente se ve, y cuanto m\u00e1s de \u00e1tomos y motas tiene el aire, tanto parece m\u00e1s claro al ojo. La causa es porque la luz no es la que por s\u00ed misma se ve, sino el medio con que se ven las dem\u00e1s cosas que embiste; y entonces ella, por la reverberaci\u00f3n que hace en ellas, tambi\u00e9n se ve, y si no diese en ellas, ni ellas ni ella se ver\u00edan; de tal manera que, si el rayo del sol entrase por la ventana de un aposento y pasase por otra de la otra parte por medio del aposento, como no topase en alguna cosa ni hubiese en el aire \u00e1tomos en que reverberar, no tendr\u00eda el aposento m\u00e1s luz que antes, ni el rayo se echar\u00eda de ver; antes, si bien se mirase, entonces hay m\u00e1s oscuridad por donde est\u00e1 el rayo, porque priva y oscurece algo de la otra luz, y \u00e9l no se ve, porque, como habemos dicho, no hay objetos visibles en que pueda reverberar. <br \/><br \/>4. Pues ni m\u00e1s ni menos hace este divino rayo de contemplaci\u00f3n en el alma, que, embistiendo en ella con su lumbre divina, excede la natural del alma, y en esto la oscurece y priva de todas las aprensiones y afecciones naturales que antes mediante la luz natural aprehend\u00eda: y as\u00ed, no s\u00f3lo la deja oscura, sino tambi\u00e9n vac\u00eda seg\u00fan las potencias y apetitos, as\u00ed espirituales como naturales, y, dej\u00e1ndola as\u00ed vac\u00eda y a oscuras, la purga e ilumina con divina luz espiritual, sin pensar el alma que la tiene, sino que est\u00e1 en tinieblas, como habemos dicho del rayo, que, aunque est\u00e1 en medio del aposento, si est\u00e1 puro y no tiene en qu\u00e9 topar, no se ve. Pero en esta luz espiritual de que est\u00e1 embestida el alma, cuando tiene en qu\u00e9 reverberar, esto es, cuando se ofrece alguna cosa que entender espiritual y de perfecci\u00f3n o de imperfecci\u00f3n, por m\u00ednimo \u00e1tomo que sea, o juicio de lo que es falso o verdadero, luego lo ve y entiende mucho m\u00e1s claramente que antes que estuviese en estas oscuridades. Y, ni m\u00e1s ni menos conoce la luz que tiene espiritual para conocer con facilidad la imperfecci\u00f3n que se le ofrece, as\u00ed como cuando el rayo que habemos dicho est\u00e1 oscuro en el aposento, aunque \u00e9l no se ve, si se ofrece pasar por \u00e9l una mano o cualquiera cosa, luego se ve la mano, y se conoce que estaba all\u00ed aquella luz del sol.<br \/><br \/>5. \u00a0Donde, por ser esta luz espiritual tan sencilla, pura y general, no afectada ni particularizada a ning\u00fan particular inteligible natural ni divino, pues acerca de todas estas aprensiones tiene las potencias del alma vac\u00edas y aniquiladas, de aqu\u00ed es que con grande generalidad y facilidad conoce y penetra el alma cualquiera cosa de arriba o de abajo que se ofrece; que por eso dijo el Ap\u00f3stol (1 Cor. 2, 10) que el espiritual todas las cosas penetra, hasta los profundos de Dios. Porque de esta sabidur\u00eda general y sencilla se entiende lo que por el Sabio (Sab. 7, 24) dice el Esp\u00edritu Santo, es a saber: Que toca hasta doquiera por su pureza, es a saber, porque no se particulariza a ning\u00fan particular inteligible ni afecci\u00f3n.<br \/><br \/>Y \u00e9sta es la propiedad del esp\u00edritu purgado y aniquilado acerca de todas particulares afecciones e inteligencias, que, en este no gustar nada ni entender nada en particular, morando en su vac\u00edo y tiniebla, lo abraza todo con grande disposici\u00f3n, para que se verifique en \u00e9l lo de san Pablo (2 Cor. 6, 10): Nihil habentes, et omnia possidentes. Porque tal bienaventuranza se debe a tal pobreza de esp\u00edritu. <br \/><br \/><a id=\"no2-9\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 9<\/strong><br \/>C\u00f3mo aunque esta noche oscurece al esp\u00edritu, es para ilustrarle y darle luz.<br \/><br \/>1. Resta, pues, decir aqu\u00ed que en esta dichosa noche, aunque oscurece el esp\u00edritu, no lo hace sino por darle luz todas las cosas; y, aunque lo humilla y pone miserable, no es sino para ensalzarle y levantarle; y, aunque le empobrece y vac\u00eda de toda posesi\u00f3n y afecci\u00f3n natural, no es sino para que divinamente pueda extender a gozar y gustar de todas las cosas de arriba y de abajo, siendo con libertad de esp\u00edritu general en todo.<br \/><br \/>Porque, as\u00ed como los elementos para que se comuniquen en todos los compuestos y entes naturales, conviene que con ninguna particularidad de color, olor ni sabor est\u00e9n afectados, para poder concurrir con todos los sabores, olores y colores, as\u00ed al esp\u00edritu le conviene estar sencillo, puro y desnudo de todas maneras de afecciones naturales, as\u00ed actuales como habituales, para poder comunicar con libertad con la anchura del esp\u00edritu con divina Sabidur\u00eda, en que por su limpieza gusta todos los sabores de todas las cosas con cierta eminencia de excelencia. Y sin esta purgaci\u00f3n en ninguna manera podr\u00e1 sentir ni gustar la satisfacci\u00f3n de toda esta abundancia de sabores espirituales; porque una sola afici\u00f3n que tenga o particularidad a que est\u00e9 el esp\u00edritu asido, actual o habitualmente, basta para no sentir ni gustar ni comunicar la delicadeza e \u00edntimo sabor del esp\u00edritu de amor, que contiene en s\u00ed todos los sabores con gran eminencia.<br \/><br \/>2. \u00a0Porque, as\u00ed como los hijos de Israel, s\u00f3lo porque les hab\u00eda quedado una sola afici\u00f3n y memoria de las carnes y comidas de Egipto (Ex. 16, 3), no pod\u00edan gustar del delicado pan de \u00e1ngeles en el desierto, que era el man\u00e1, el cual, como dice la divina Escritura (Sab. 16, 21), ten\u00eda suavidad de todos los gustos y se convert\u00eda al gusto que cada uno quer\u00eda, as\u00ed no puede llegar a gustar los deleites del esp\u00edritu de libertad, seg\u00fan la voluntad desea, el esp\u00edritu que todav\u00eda estuviere afectado con alguna afici\u00f3n actual o habitual, o con particulares inteligencias o cualquiera otra aprehensi\u00f3n. <br \/><br \/>La raz\u00f3n de esto es porque las afecciones, sentimientos y aprehensiones del esp\u00edritu perfecto, porque son divinas, son de otra suerte y g\u00e9nero tan diferente de lo natural y eminente, que, para poseer las unas actual y habitualmente, habitual y actualmente se han de expeler y aniquilar las otras, como hacen dos contrarios, que no pueden estar juntos en un sujeto. Por tanto, conviene mucho y es necesario para que el alma haya de pasar a estas grandezas, que esta noche oscura de contemplaci\u00f3n la aniquile y deshaga primero en sus bajezas, poni\u00e9ndola a oscuras, seca y apretada y vac\u00eda; porque la luz que se le ha de dar es una alt\u00edsima luz divina que excede toda luz natural, que no cabe naturalmente en el entendimiento.<br \/><br \/>3. Y as\u00ed, conviene que, para que el entendimiento pueda llegar a unirse con ella y hacerse divino en el estado de perfecci\u00f3n, sea primero purgado y aniquilado en su lumbre natural, poni\u00e9ndole actualmente a oscuras por medio de esta oscura contemplaci\u00f3n. La cual tiniebla conviene que le dure tanto cuanto sea menester para expeler y aniquilar el h\u00e1bito que de mucho tiempo tiene en su manera de entender en s\u00ed formado y, en su lugar, quede la ilustraci\u00f3n y luz divina. Y as\u00ed, por cuanto aquella fuerza que ten\u00eda de entender antes es natural, de aqu\u00ed se sigue que las tinieblas que aqu\u00ed padece son profundas y horribles y muy penosas, porque, como se sienten en la profunda sustancia del esp\u00edritu, parecen tinieblas sustanciales.<br \/><br \/>Ni m\u00e1s ni menos, por cuanto la afecci\u00f3n de amor que se le ha de dar en la divina uni\u00f3n de amor es divina, y por eso muy espiritual, sutil y delicada y muy interior, que excede a todo afecto y sentimiento de la voluntad, y todo apetito de ello, conviene que, para que la voluntad pueda venir a sentir y gustar por uni\u00f3n de amor esta divina afecci\u00f3n y deleite tan subido, que no cae en la voluntad naturalmente, sea primero purgada y aniquilada en todas sus afecciones y sentimientos, dej\u00e1ndola en seco y en aprieto, tanto cuanto conviene seg\u00fan el h\u00e1bito que ten\u00eda de naturales afecciones, as\u00ed acerca de lo divino como de lo humano, para que, extenuada y enjuta y bien extricada en el fuego de esta divina contemplaci\u00f3n de todo g\u00e9nero de demonio, como el coraz\u00f3n del pez de Tob\u00edas en las brasas (Tb. 6, 19), tenga disposici\u00f3n pura y sencilla y el paladar purgado y sano para sentir los subidos y peregrinos toques del divino amor en que se ver\u00e1 transformada divinamente, expelidas todas las contrariedades actuales y habituales, como decimos, que antes ten\u00eda.<br \/><br \/>4. Tambi\u00e9n porque en la dicha uni\u00f3n, a que la dispone y encamina esta oscura noche, ha de estar el alma llena y dotada de cierta magnificencia gloriosa en la comunicaci\u00f3n con Dios, que encierra en s\u00ed innumerables bienes de deleites que exceden toda la abundancia que el alma naturalmente puede poseer, porque en tan flaco e impuro natural no la puede recibir, porque, seg\u00fan dice Isa\u00edas (64, 4): Ni ojo lo vio, ni o\u00eddo lo oy\u00f3, ni cay\u00f3 en coraz\u00f3n humano lo que aparej\u00f3, etc., conviene que primero sea puesta el alma en vac\u00edo y pobreza de esp\u00edritu, purg\u00e1ndola de todo arrimo, consuelo y aprensi\u00f3n natural acerca de todo lo de arriba y de abajo, para que, as\u00ed vac\u00eda, est\u00e9 bien pobre de esp\u00edritu y desnuda del hombre viejo para vivir aquella nueva y bienaventurada vida que por medio de esta noche se alcanza, que es el estado de la uni\u00f3n con Dios.<br \/><br \/>5. \u00a0Y porque el alma ha de venir a tener un sentido y noticia divina muy generosa y sabrosa acerca de todas las cosas divinas y humanas que no cae en el com\u00fan sentir y saber natural del alma (que les mirar\u00e1 con ojos tan diferentes que antes, como difiere el esp\u00edritu del sentido y lo divino de lo humano), convi\u00e9nele al esp\u00edritu adelgazarse y curtirse acerca del com\u00fan y natural sentir, poni\u00e9ndole por medio de esta purgativa contemplaci\u00f3n en grande angustia y aprieto, y a la memoria remota de toda amigable y pac\u00edfica noticia, con sentido interior y temple de peregrinaci\u00f3n y extra\u00f1ez de todas las cosas, en que le parece que todas son extra\u00f1as y de otra manera que sol\u00edan ser.<br \/><br \/>Porque en esto va sacando esta noche al esp\u00edritu de su ordinario y com\u00fan sentir de las cosas, para traerle a sentido divino, el cual es extra\u00f1o y ajeno de toda humana manera. Aqu\u00ed le parece el alma que anda fuera de s\u00ed en penas. Otras veces piensa si es encantamiento el que tiene o embelesamiento, y anda maravillada de las cosas que ve y oye, pareci\u00e9ndole muy peregrinas y extra\u00f1as, siendo las mismas que sol\u00eda tratar com\u00fanmente; de lo cual es causa el irse ya haciendo remota el alma y ajena del com\u00fan sentido y noticia acerca de las cosas, para que, aniquilada en \u00e9ste, quede informada en el divino, que es m\u00e1s de la otra vida que de \u00e9sta. <br \/><br \/>6. \u00a0Todas estas aflictivas purgaciones del esp\u00edritu para reengendrarlo en vida de esp\u00edritu por medio de esta divina influencia, las padece el alma, y con estos dolores viene a parir el esp\u00edritu de salud, porque se cumpla la sentencia de Isa\u00edas (26, 17\u00ad18), que dice: De tu faz, Se\u00f1or, concebimos, y estuvimos con dolores de parto, y parimos el esp\u00edritu de salud.<br \/><br \/>Dem\u00e1s de esto, porque por medio de esta noche contemplativa se dispone el alma para venir a la tranquilidad y paz interior, que es tal y tan deleitable que, como dice la Iglesia, excede todo sentido (Fil. 4, 7), convi\u00e9nele al alma que toda la paz primera que, por cuanto estaba envuelta con imperfecciones, no era paz, aunque a la dicha alma le parec\u00eda (porque andaba a su sabor, que era paz, paz, dos voces, esto es, que ten\u00eda ya adquirida la paz del sentido y del esp\u00edritu, seg\u00fan se ve\u00eda llena de abundancias espirituales) que esta paz del sentido y del esp\u00edritu, que, como digo, a\u00fan es imperfecta, sea primero purgada en ella y quitada y perturbada de la paz, como lo sent\u00eda y lloraba Jerem\u00edas en la autoridad que de \u00e9l alegamos para declarar las calamidades de esta noche pasada, diciendo: Quitada y despedida est\u00e1 mi alma de la paz (Lm. 3, 17). <br \/><br \/>7. Esta es una penosa turbaci\u00f3n de muchos recelos, imaginaciones y combates que tiene el alma dentro de s\u00ed, en que, con la aprehensi\u00f3n y sentimiento de las miserias en que se ve, sospecha que est\u00e1 perdida y acabados sus bienes para siempre. De aqu\u00ed es que trae en el esp\u00edritu un dolor y gemido tan profundo que le causa fuertes rugidos y bramidos espirituales, pronunci\u00e1ndolos a veces por la boca, y resolvi\u00e9ndose en l\u00e1grimas cuando hay fuerza y virtud para poderlo hacer, aunque las menos veces hay este alivio.<br \/><br \/>David declara muy bien esto, como quien tan bien lo experiment\u00f3, en un salmo (37, 9) diciendo: Fui muy afligido y humillado, rug\u00eda del gemido de mi coraz\u00f3n. El cual rugido es cosa de gran dolor, porque algunas veces, con la s\u00fabita y aguda memoria de estas miserias en que se ve el alma, tanto se levanta y cerca en dolor y pena las afecciones del alma, que no s\u00e9 c\u00f3mo se podr\u00e1 dar a entender sino por la semejanza que el profeta Job (3, 24), estando en el mismo trabajo de \u00e9l, por estas palabras dice: De la manera que son las avenidas de las aguas, as\u00ed el rugido m\u00edo; porque as\u00ed como algunas veces las aguas hacen tales avenidas que todo lo anegan y llenan, as\u00ed este rugido y sentimiento del alma algunas veces crece tanto, que, aneg\u00e1ndola y traspas\u00e1ndola toda, llena de angustias y dolores espirituales todos sus afectos profundos y fuerzas sobre todo lo que se puede encarecer.<br \/><br \/>8. Tal es la obra que en ella hace esta noche encubridora de las esperanzas de la luz del d\u00eda. Porque a este prop\u00f3sito dice tambi\u00e9n el profeta Job (30, 17): En la noche es horadada mi boca con dolores, y los que me comen no duermen. Porque aqu\u00ed por la boca se entiende la voluntad, la cual es traspasada con estos dolores que en despedazar al alma ni cesan ni duermen, porque las dudas y recelos que traspasan al alma as\u00ed nunca duermen.<br \/><br \/>9. Profunda es esta guerra y combate, porque la paz que espera ha de ser muy profunda; y el dolor espiritual es \u00edntimo y delgado, porque el amor que ha de poseer ha de ser tambi\u00e9n muy \u00edntimo y apurado; porque, cuanto m\u00e1s \u00edntima y esmerada ha de ser y quedar la obra, tanto m\u00e1s \u00edntima, esmerada y pura ha de ser la labor, y tanto m\u00e1s fuerte cuando el edificio m\u00e1s firme. Por eso, como dice Job (30, 16, 27), se est\u00e1 marchitando en s\u00ed misma el alma, e hirviendo sus interiores sin alguna esperanza.<br \/><br \/>Y ni m\u00e1s ni menos, porque el alma ha de venir a poseer y gozar en el estado de perfecci\u00f3n, a que por medio de esta purgativa noche camina, a innumerables bienes de dones y virtudes, as\u00ed seg\u00fan la sustancia del alma como tambi\u00e9n seg\u00fan las potencias de ella, conviene que primero generalmente se vea y sienta ajena y privada de todos ellos y vac\u00eda y pobre de ellos, y le parezca que de ellos est\u00e1 tan lejos, que no se pueda persuadir que jam\u00e1s ha de venir a ellos, sino que todo bien se le acab\u00f3; como tambi\u00e9n lo da a entender Jerem\u00edas en la dicha autoridad (Lm. 3, 17), cuando dice: Olvidado estoy de los bienes. <br \/><br \/>10. Pero veamos ahora cu\u00e1l sea la causa por que siendo esta luz de contemplaci\u00f3n tan suave y amigable para el alma, que no hay m\u00e1s que desear (pues, como arriba queda dicho, es la misma con que se ha de unir el alma y hallar en ella todos los bienes en el estado de la perfecci\u00f3n que desea), le cause con su embestimiento a estos principios tan penosos y esquivos efectos como aqu\u00ed habemos dicho.<br \/><br \/>11. A esta duda f\u00e1cilmente se responde diciendo lo que ya en parte habemos dicho, y es que la causa de esto es que no hay de parte de la contemplaci\u00f3n e infusi\u00f3n divina cosa que de suyo pueda dar pena, antes mucha suavidad y deleite, como despu\u00e9s se dir\u00e1, sino que la causa es la flaqueza e imperfecci\u00f3n que entonces tiene el alma, y disposiciones que en s\u00ed tiene y contrarios para recibirlos; en los cuales embistiendo la dicha lumbre divina, ha de padecer el alma de la manera ya dicha.<br \/><br \/><a id=\"no2-10\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 10<\/strong><br \/>Expl\u00edcase de ra\u00edz esta purgaci\u00f3n por una comparaci\u00f3n.<br \/><br \/>1. De donde, para mayor claridad de lo dicho y de lo que se ha de decir, conviene aqu\u00ed notar que esta purgativa y amorosa noticia o luz divina que aqu\u00ed decimos, de la misma manera se ha en el alma, purg\u00e1ndola y disponi\u00e9ndola para unirla consigo perfectamente, que se ha el fuego en el madero para transformarle en s\u00ed. Porque el fuego material, en aplic\u00e1ndose al madero, lo primero que hace es comenzarle a secar, ech\u00e1ndole la humedad fuera y haci\u00e9ndole llorar el agua que en s\u00ed tiene; luego le va poniendo negro, oscuro y feo, y aun de mal olor, y, y\u00e9ndole secando poco a poco, le va sacando a luz y echando afuera todos los accidentes feos y oscuros que tiene contrarios a fuego; y, finalmente, comenz\u00e1ndole a inflamar por de fuera y calentarle, viene a transformarle en s\u00ed y ponerle tan hermoso como el mismo fuego. En el cual t\u00e9rmino ya de parte del madero ninguna pasi\u00f3n hay ni acci\u00f3n propia, salva la gravedad y cantidad m\u00e1s espesa que la del fuego, porque las propiedades del fuego y acciones tiene en s\u00ed; porque est\u00e1 seco, y seca; est\u00e1 caliente, y calienta; est\u00e1 claro y esclarece; est\u00e1 ligero mucho m\u00e1s que antes, obrando el fuego en \u00e9l estas propiedades y efectos.<br \/><br \/>2. \u00a0A este mismo modo, pues, habemos de filosofar acerca de este divino fuego de amor de contemplaci\u00f3n, que, antes que una y transforme el alma en s\u00ed, primero la purga de todos sus accidentes contrarios; h\u00e1cela salir afuera sus fealdades y p\u00f3nela negra y oscura, y as\u00ed parece peor que antes y m\u00e1s fea y abominable que sol\u00eda. Porque, como esta divina purga anda removiendo todos los malos y viciosos humores, que por estar ellos muy arraigados y asentados en el alma, no los echaba ella de ver, y as\u00ed no entend\u00eda que ten\u00eda en s\u00ed tanto mal; y ahora, para echarlos fuera y aniquilarlos, se los ponen al ojo, y los ve tan claramente alumbrada por esta oscura luz de divina contemplaci\u00f3n (aunque no es peor que antes, ni en s\u00ed ni para con Dios), como ve en s\u00ed lo que antes no ve\u00eda, par\u00e9cele claro que est\u00e1 mal, que no s\u00f3lo no est\u00e1 para que Dios la vea, mas que est\u00e1 para que la aborrezca, y que ya la tiene aborrecida. De esta comparaci\u00f3n podemos ahora entender muchas cosas acerca de lo que vamos diciendo y pensamos decir.<br \/><br \/>3. Lo primero, podemos entender c\u00f3mo la misma luz y sabidur\u00eda amorosa que se ha de unir y transformar en el alma, es la misma que al principio la purga y dispone; as\u00ed como el mismo fuego que transforma en s\u00ed al madero incorpor\u00e1ndose en \u00e9l, es el que primero le estuvo disponiendo para el mismo efecto.<br \/><br \/>4. Lo segundo, echaremos de ver c\u00f3mo estas penalidades no las siente el alma de parte de la dicha sabidur\u00eda, pues, como dice el Sabio (Sab. 7, 11), todos los bienes juntos le vienen al alma con ella, sino de parte de la flaqueza e imperfecci\u00f3n que tiene el alma para no poder recibir sin esta purgaci\u00f3n su luz divina, suavidad y deleite (as\u00ed como el madero, que no puede luego que se le aplica el fuego ser transformado hasta que sea dispuesto), y por eso pena tanto. Lo cual el Eclesi\u00e1stico (51, 29) aprueba bien, diciendo lo que \u00e9l padeci\u00f3 para venir a unirse con ella y gozarla, diciendo as\u00ed: Mi \u00e1nima agoniz\u00f3 en ella, y mis entra\u00f1as se enturbiaron en adquirirla; por eso poseer\u00e9 buena posesi\u00f3n. <br \/><br \/>5. \u00a0Lo tercero, podemos sacar de aqu\u00ed de camino la manera de penar de los del purgatorio. Porque el fuego no tendr\u00eda en ellos poder, aunque se les aplicase, si ellos no tuviesen imperfecciones en qu\u00e9 padecer, que son la materia en que all\u00ed puede el fuego; la cual acabada, no hay m\u00e1s que arder; como aqu\u00ed, acabadas las imperfecciones, se acaba el penar del alma y queda el gozar.<br \/><br \/>6. \u00a0Lo cuarto, sacaremos de aqu\u00ed c\u00f3mo al modo que se va purgando y purificando por medio de este fuego de amor, se va m\u00e1s inflamando en amor; as\u00ed como el madero, al modo y paso que se va disponiendo, se va m\u00e1s calentando. Aunque esta inflamaci\u00f3n de amor no siempre la siente el alma, sino algunas veces cuando deja de embestir la contemplaci\u00f3n tan fuertemente, porque entonces tiene lugar el alma de ver y aun de gozar la labor que se va haciendo, porque se la descubren; porque parece que alzan la mano de la obra y sacan al hierro de la hornaza para que parezca en alguna manera la labor que se va haciendo; y entonces hay lugar para que el alma eche de ver en s\u00ed el bien que no ve\u00eda cuando andaba la obra. As\u00ed tambi\u00e9n, cuando deja de herir la llama en el madero, se da lugar para que se vea bien cu\u00e1nto haya inflam\u00e1dole. <br \/><br \/>7. Lo quinto, sacaremos tambi\u00e9n de esta comparaci\u00f3n lo que arriba queda dicho, conviene a saber, c\u00f3mo sea verdad que despu\u00e9s de estos alivios vuelve el alma a padecer m\u00e1s intensa y delgadamente que antes. Porque, despu\u00e9s de aquella muestra, que se hace despu\u00e9s que se han purificado las imperfecciones m\u00e1s de afuera, vuelve el fuego de amor a herir en lo que est\u00e1 por consumir y purificar m\u00e1s adentro. En lo cual es m\u00e1s \u00edntimo y sutil y espiritual el padecer del alma, cuanto le va adelgazando las m\u00e1s \u00edntimas y delgadas y espirituales imperfecciones y m\u00e1s arraigadas en lo m\u00e1s adentro. Y esto acaece al modo que en el madero: cuando el fuego va entrando m\u00e1s adentro, va con m\u00e1s fuerza y furor disponiendo a lo m\u00e1s interior para poseerlo. <br \/><br \/>8. Lo sexto, se sacar\u00e1 tambi\u00e9n de aqu\u00ed la causa por que le parece al alma que todo bien se le acab\u00f3 y que est\u00e1 llena de males, pues otra cosa en este tiempo no la llega sino todo amarguras; as\u00ed tambi\u00e9n como al madero, que aire ni otra cosa da en \u00e9l m\u00e1s que fuego consumidor. Pero, despu\u00e9s que se hagan otras muestras como las primeras, gozar\u00e1 m\u00e1s de adentro, porque ya se hizo la purificaci\u00f3n m\u00e1s adentro.<br \/><br \/>9. Lo s\u00e9ptimo, sacaremos que, aunque el alma se goza muy anchamente en estos intervalos (tanto que, como dijimos, a veces le parece que no han de volver m\u00e1s), con todo, cuando han de volver presto, no deja de sentir, si advierte (y a veces ella se hace advertir) una ra\u00edz que queda, que no deja tener el gozo cumplido, porque parece que est\u00e1 amenazando para volver a embestir; y cuando es as\u00ed, presto vuelve. En fin, aquello que est\u00e1 por purgar e ilustrar m\u00e1s adentro, no se puede bien encubrir al alma acerca de lo ya purificado; as\u00ed como tambi\u00e9n en el madero lo que m\u00e1s adentro est\u00e1 por ilustrar es bien sensible la diferencia que tiene de lo purgado; y cuando vuelve a embestir m\u00e1s adentro esta purificaci\u00f3n no hay que maravillar que le parezca al alma otra vez que todo el bien se le acab\u00f3, y que no piense volver m\u00e1s a los bienes, pues que, puesta en pasiones m\u00e1s interiores, todo el bien de afuera se le ceg\u00f3.<br \/><br \/>10. Llevando, pues, delante de los ojos esta comparaci\u00f3n con la noticia que ya queda dada sobre el primer verso de la primera canci\u00f3n de esta oscura noche y de sus propiedades terribles, ser\u00e1 bueno salir de estas cosas tristes del alma y comenzar ya a tratar del fruto de sus l\u00e1grimas y de sus propiedades dichosas, que se comienzan a cantar desde este segundo verso: <br \/><br \/>Con ansias en amores inflamada.<br \/><br \/><a id=\"no2-11\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 11<\/strong><br \/>Comi\u00e9nzase a explicar el segundo verso de la primera canci\u00f3n. Dice c\u00f3mo el alma, por fruto de estos rigurosos aprietos, se halla con vehemente pasi\u00f3n de amor divino.<br \/><br \/>1. En el cual verso da a entender el alma el fuego de amor que habemos dicho, que, a manera del fuego material en el madero, se va prendiendo en el alma en esta noche de contemplaci\u00f3n penosa. La cual inflamaci\u00f3n, aunque es en cierta manera como la que arriba declaramos que pasaba en la parte sensitiva del alma, es en alguna manera tan diferente de aqu\u00e9lla \u00e9sta que ahora dice, como lo es el alma del cuerpo, o la parte espiritual de la sensitiva. Porque \u00e9sta es una inflamaci\u00f3n de amor en el esp\u00edritu en que, en medio de estos oscuros aprietos, se siente estar herida el alma viva y agudamente en fuerte amor divino en cierto sentimiento y barrunto de Dios, aunque sin entender cosa particular, porque, como decimos, el entendimiento est\u00e1 a oscuras.<br \/><br \/>2. \u00a0Si\u00e9ntese aqu\u00ed el esp\u00edritu apasionado en amor mucho, porque esta inflamaci\u00f3n espiritual hace pasi\u00f3n de amor; que, por cuanto este amor es infuso, es m\u00e1s pasivo que activo, y as\u00ed engendra en el alma pasi\u00f3n fuerte de amor. Va teniendo ya este amor algo de uni\u00f3n con Dios, y as\u00ed participa algo de sus propiedades, las cuales son m\u00e1s acciones de Dios que de la misma alma, las cuales se sujetan en ella pasivamente; aunque el alma lo que aqu\u00ed hace es dar el consentimiento; mas al calor y fuerza, y temple y pasi\u00f3n de amor o inflamaci\u00f3n, como aqu\u00ed la llama el alma, s\u00f3lo el amor de Dios que se va uniendo con ella se le pega. El cual amor tanto m\u00e1s lugar y disposici\u00f3n halla con el alma para unirse y herir en ella, cuanto m\u00e1s encerrados, enajenados e inhabilitados le tiene todos los apetitos para gustar de cosa del cielo ni de la tierra.<br \/><br \/>3. Lo cual en esta oscura purgaci\u00f3n, como ya queda dicho, acaece en gran manera, pues tiene Dios tan destetados los gustos y tan recogidos, que no pueden gustar de cosa que ellos quieran. Todo lo cual hace Dios a fin de que, apart\u00e1ndolos y recogi\u00e9ndolos todos para s\u00ed, tenga el alma m\u00e1s fortaleza y habilidad para recibir esta fuerte uni\u00f3n de amor de Dios, que por este medio purgativo le comienza ya a dar, en que el alma ha de amar con gran fuerza de todas las fuerzas y apetitos espirituales y sensitivos del alma: lo cual no podr\u00eda ser si ellos se derramasen en gustar de otra cosa. Que, por eso, para poder David recibir la fortaleza del amor de esta uni\u00f3n de Dios, dec\u00eda a Dios (Sal. 58, 10): Mi fortaleza guardar\u00e9 para ti, esto es, de toda la habilidad y apetitos y fuerzas de mis potencias, no queriendo emplear su operaci\u00f3n ni gusto fuera de ti en otra cosa.<br \/><br \/>4. Seg\u00fan esto, en alguna manera se podr\u00eda considerar cu\u00e1nta y cu\u00e1n fuerte podr\u00e1 ser esta inflamaci\u00f3n de amor en el esp\u00edritu, donde Dios tiene recogidas todas las fuerzas, potencias y apetitos del alma, as\u00ed espirituales como sensitivas, para que toda esta armon\u00eda emplee sus fuerzas y virtud en este amor, y as\u00ed venga a cumplir de veras con el primer precepto, que, no desechando nada del hombre ni excluyendo cosa suya de este amor, dice (Dt. 6, 5): Amar\u00e1s a tu Dios de todo tu coraz\u00f3n, y de toda tu mente, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas.<br \/><br \/>5. \u00a0Recogidos aqu\u00ed, pues, en esta inflamaci\u00f3n de amor todos los apetitos y fuerzas del alma, estando ella herida y tocada, seg\u00fan todos ellos, y apasionada, \u00bfcu\u00e1les podremos entender que ser\u00e1n los movimientos y digresiones de todas estas fuerzas y apetitos, vi\u00e9ndose inflamadas y heridas de fuerte amor y sin la posesi\u00f3n y satisfacci\u00f3n de \u00e9l, en oscuridad y duda?; sin duda, padeciendo hambre, como los canes, que dice David (Sal. 58, 7, 15\u00ad16) rodearon la ciudad, y, no se viendo hartos de este amor, quedaron ahullando y gimiendo. Porque el toque de este amor y fuego divino de tal manera seca al esp\u00edritu y le enciende tanto los apetitos por satisfacer su sed de este divino amor, que da mil vueltas en s\u00ed y se ha de mil modos y maneras a Dios con la codicia y deseo del apetito. David da muy bien a entender esto en un salmo (62, 2), diciendo: Mi alma tuvo sed de ti: \u00a1cu\u00e1n de muchas maneras se ha mi carne a ti!, esto es, en deseos. Y otra translaci\u00f3n dice: Mi alma tuvo sed de ti, mi alma se pierde o perece por ti.<br \/><br \/>6. \u00a0Esta es la causa por que dice el alma en el verso que \u00abcon ansias en amores\u00bb y no dice: \u00abcon ansias en amor inflamada\u00bb, porque en todas las cosas y pensamientos que en s\u00ed revuelve y en todos los negocios y cosas que se le ofrecen ama de muchas maneras, y desea y padece en el deseo tambi\u00e9n a este modo en muchas maneras en todos los tiempos y lugares, no sosegando en cosa, sintiendo esta ansia en la inflamada herida, seg\u00fan el profeta Job (7, 2-4) lo da a entender, diciendo: As\u00ed como el siervo desea la sombra y como el mercenario desea el fin de su obra, as\u00ed tuve yo los meses vac\u00edos y cont\u00e9 las noches prolijas y trabajosas para m\u00ed. Si me recostare a dormir, dir\u00e9: \u00bfcu\u00e1ndo me levantar\u00e9? Y luego esperar\u00e9 la tarde, y ser\u00e9 lleno de dolores hasta las tinieblas de la noche.<br \/><br \/>H\u00e1cesele a esta alma todo angosto, no cabe en s\u00ed, no cabe en el cielo ni en la tierra, y ll\u00e9nase de dolores hasta las tinieblas que aqu\u00ed dice Job, hablando espiritualmente y a nuestro prop\u00f3sito: esperar y padecer sin consuelo de cierta esperanza de alguna luz y bien espiritual, como aqu\u00ed lo padece el alma. De donde el ansia y pena de esta alma en esta inflamaci\u00f3n de amor es mayor, por cuanto es multiplicada de dos partes: lo uno, de parte de las tinieblas espirituales en que se ve, que con sus dudas y recelos la afligen; lo otro, de parte del amor de Dios, que la inflama y estimula, que con su herida amorosa ya maravillosamente la atemoriza.<br \/><br \/>7. Las cuales dos maneras de padecer en semejante saz\u00f3n da bien a entender Isa\u00edas (26, 9), diciendo: Mi alma te dese\u00f3 en la noche, esto es, en la miseria; y \u00e9sta es la una manera de padecer de parte de esta noche oscura. Pero con mi esp\u00edritu, dice, en mis entra\u00f1as hasta la ma\u00f1ana velar\u00e9 por ti; y \u00e9sta es la segunda manera de penar en deseo y ansia de parte del amor en las entra\u00f1as del esp\u00edritu, que son las afecciones espirituales.<br \/><br \/>Pero en medio de estas penas oscuras y amorosas siente el alma cierta compa\u00f1\u00eda y fuerza en su interior, que la acompa\u00f1a y esfuerza tanto, que, si se le acaba este peso de apretada tiniebla, muchas veces se siente sola, vac\u00eda y floja. Y la causa es entonces que, como la fuerza y eficacia del alma era pegada y comunicada pasivamente del fuego tenebroso de amor que en ella embest\u00eda, de aqu\u00ed es que, cesando de embestir en ella, cesa la tiniebla y la fuerza y calor de amor en el alma.<br \/><br \/><a id=\"no2-12\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 12<\/strong><br \/>Dice c\u00f3mo esta horrible noche es purgatorio, y c\u00f3mo en ella ilumina la divina Sabidur\u00eda a los hombres en el suelo con la misma iluminaci\u00f3n que purga e ilumina a los \u00e1ngeles en el cielo.<br \/><br \/>1. Por lo dicho echaremos de ver c\u00f3mo esta oscura noche de fuego amoroso, as\u00ed como a oscuras va al alma inflamando. Echaremos de ver tambi\u00e9n c\u00f3mo, as\u00ed como se purgan los esp\u00edritus en la otra vida con fuego tenebroso material, en esta vida se purgan y limpian con fuego amoroso tenebroso espiritual; porque \u00e9sta es la diferencia: que all\u00e1 se limpian con fuego, y ac\u00e1 se limpian e iluminan s\u00f3lo con amor. El cual amor pidi\u00f3 David (Sal. 50, 12)) cuando dijo: Cor mundum crea in me, Deus, etc. Porque la limpieza de coraz\u00f3n no es menos que el amor y gracia de Dios; porque los limpios de coraz\u00f3n son llamados por nuestro Salvador bienaventurados (Mt. 5, 8), lo cual es tanto como decir \u00abenamorados\u00bb, pues que la bienaventuranza no se da por menos que amor.<br \/><br \/>2. \u00a0Y que se purgue ilumin\u00e1ndose el alma con este fuego de sabidur\u00eda amorosa (porque nunca da Dios sabidur\u00eda m\u00edstica sin amor, pues el mismo amor la infunde), mu\u00e9stralo bien Jerem\u00edas (Lm. 1, 13) donde dice: Envi\u00f3 fuego en mis huesos y ense\u00f1\u00f3me. Y David (Sal. 111, 7) dice que la sabidur\u00eda de Dios es plata examinada en fuego, esto es, en fuego purgativo de amor. Porque esta oscura contemplaci\u00f3n juntamente infunde en el alma amor y sabidur\u00eda, a cada uno seg\u00fan su capacidad y necesidad, alumbrando al alma y purg\u00e1ndola, como dice el Sabio (Ecli. 51, 25\u00ad26) de sus ignorancias, como dice que lo hizo con \u00e9l.<br \/><br \/>3. De aqu\u00ed tambi\u00e9n inferiremos que purga estas almas y las ilumina la misma Sabidur\u00eda de Dios que purga a los \u00e1ngeles de sus ignorancias, haci\u00e9ndolos saber, alumbr\u00e1ndolos de lo que no sab\u00edan, deriv\u00e1ndose desde Dios por las jerarqu\u00edas primeras hasta las postreras, y de ah\u00ed a los hombres. Que, por eso, todas las obras que hacen los \u00e1ngeles e inspiraciones, se dicen con verdad en la Escritura y propiedad hacerlas Dios y hacerlas ellos; porque de ordinario las deriva por ellos, y ellos tambi\u00e9n de unos en otros sin alguna dilaci\u00f3n, as\u00ed como el rayo del sol comunicado de muchas vidrieras ordenadas entre s\u00ed; que, aunque es verdad que de suyo el rayo pasa por todas, todav\u00eda cada una le env\u00eda e infunde en la otra m\u00e1s modificado, conforme al modo de aquella vidriera, algo m\u00e1s abreviada y remisamente, seg\u00fan ella est\u00e1 m\u00e1s o menos cerca del sol. <br \/><br \/>4. De donde se sigue que los superiores esp\u00edritus y los de abajo, cuanto m\u00e1s cercanos est\u00e1n a Dios, m\u00e1s purgados est\u00e1n y clarificados con m\u00e1s general purificaci\u00f3n; y que los postreros recibir\u00e1n esta iluminaci\u00f3n muy m\u00e1s tenue y remota. De donde se sigue que el hombre, que est\u00e1 el postrero, hasta el cual se viene derivando esta contemplaci\u00f3n de Dios amorosa, cuando Dios se la quiere dar, que la ha de recibir a su modo, muy limitada y penosamente. <br \/><br \/>Porque la luz de Dios que al \u00e1ngel ilumina, esclareci\u00e9ndole y suaviz\u00e1ndole en amor, por ser puro esp\u00edritu, dispuesto para la tal infusi\u00f3n, al hombre, por ser impuro y flaco, naturalmente le ilumina, como arriba queda dicho, oscureci\u00e9ndole, d\u00e1ndole pena y aprieto, como hace el sol al ojo lega\u00f1oso y enfermo, y le enamora apasionada y aflictivamente, hasta que este mismo fuego de amor le espiritualice y sutilice, purific\u00e1ndole hasta que con suavidad pueda recibir la uni\u00f3n de esta amada influencia a modo de los \u00e1ngeles y ya purgado, como despu\u00e9s diremos, mediante el Se\u00f1or. Pero, en el entretanto, esa contemplaci\u00f3n y noticia amorosa rec\u00edbela con el aprieto y ansia de amor que decimos aqu\u00ed.<br \/><br \/>5. \u00a0Esta inflamaci\u00f3n y ansia de amor no siempre el alma la anda sintiendo; porque a los principios que comienza esta purgaci\u00f3n espiritual, todo se le va a este divino fuego m\u00e1s en enjugar y disponer la madera del alma que en calentarla; pero ya, andando el tiempo, cuando ya este fuego va calentando el alma, muy de ordinario siente esta inflamaci\u00f3n y calor de amor.<br \/><br \/>Aqu\u00ed, como se va m\u00e1s purgando el entendimiento por medio de esta tiniebla, acaece que algunas veces esta m\u00edstica y amorosa teolog\u00eda, juntamente con inflamar la voluntad, hiere tambi\u00e9n ilustrando la otra potencia del entendimiento con alguna noticia y lumbre divina, tan sabrosa y delgadamente, que, ayudada de ella, la voluntad se afervora maravillosamente, ardiendo en ella, sin ella hacerse nada, ese divino fuego de amor en vivas llamas, de manera que ya al alma le parece \u00e9l vivo fuego por causa de la viva inteligencia que se le da. Y de aqu\u00ed es aquello que dice David en un salmo (38, 4), diciendo: Calent\u00f3se mi coraz\u00f3n dentro de m\u00ed, y cierto fuego, en tanto que yo entend\u00eda, se encend\u00eda.<br \/><br \/>6. \u00a0Y este entendimiento de amor con uni\u00f3n de estas dos potencias, entendimiento y voluntad, que se unen aqu\u00ed, es cosa de gran riqueza y deleite para el alma; porque es cierto toque en la Divinidad y ya principios de la perfecci\u00f3n de la uni\u00f3n de amor que espera. Y as\u00ed, a este toque de tan subido sentir y amor de Dios no se llega sino habiendo pasado muchos trabajos y gran parte de la purgaci\u00f3n; mas para otros m\u00e1s bajos, que muy ordinariamente acaecen, no es menester tanta purgaci\u00f3n.<br \/><br \/>7. De lo que habemos dicho aqu\u00ed se colige c\u00f3mo en estos bienes espirituales, que pasivamente se infunden por Dios en el alma, puede muy bien amar la voluntad sin entender el entendimiento, as\u00ed como el entendimiento puede entender sin que ame la voluntad; porque, pues esta noche oscura de contemplaci\u00f3n consta de luz divina y amor, as\u00ed como el fuego tiene luz y calor, no es inconveniente que, cuando se comunica esta luz amorosa, algunas veces hiera m\u00e1s en la voluntad, inflam\u00e1ndola con el amor, dejando a oscuras al entendimiento sin herir en \u00e9l con la luz; y otras, alumbr\u00e1ndole con la luz, dando inteligencia, dejando seca la voluntad, como tambi\u00e9n acaece poder recibir el calor del fuego sin ver la luz, y tambi\u00e9n ver la luz sin recibir el calor del fuego, y esto obr\u00e1ndolo el Se\u00f1or que infunde como quiere.<br \/><br \/><a id=\"no2-13\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 13<\/strong><br \/>De otros sabrosos efectos que obra en el alma esta oscura noche de contemplaci\u00f3n.<br \/><br \/>1. Por este modo de inflamaci\u00f3n podemos entender alguno de los sabrosos efectos que va ya obrando en el alma esta contemplaci\u00f3n; porque algunas veces, seg\u00fan acabamos de decir, en medio de estas oscuridades es ilustrada el alma, y luce la luz en las tinieblas (Jn. 1, 5), deriv\u00e1ndose esta inteligencia m\u00edstica al entendimiento, qued\u00e1ndose seca la voluntad, quiero decir, sin uni\u00f3n actual de amor, con una serenidad y sencillez tan delgada y deleitable al sentido del alma, que no se le puede poner nombre, unas veces en una manera de sentir de Dios, otras en otra.<br \/><br \/>2. \u00a0Algunas veces tambi\u00e9n hiere juntamente, como queda dicho, en la voluntad, y prende el amor subida, tierna y fuertemente, porque ya decimos que se unen algunas veces estas dos potencias entendimiento y voluntad, cuando se va m\u00e1s purgando el entendimiento; tanto m\u00e1s perfecta y calificadamente cuanto ellas m\u00e1s van; pero, antes de llegar aqu\u00ed, m\u00e1s com\u00fan es sentir la voluntad el toque de la inflamaci\u00f3n que el entendimiento el de la inteligencia.<br \/><br \/>3. Pero parece aqu\u00ed una duda, y es: \u00bfpor qu\u00e9, pues estas potencias se van purgando a la par, se siente a los principios m\u00e1s com\u00fanmente en la voluntad la inflamaci\u00f3n y amor de la contemplaci\u00f3n purgativa, que en el entendimiento la inteligencia de ella?<br \/><br \/>A esto se responde que aqu\u00ed no hiere derechamente este amor pasivo en la voluntad, porque la voluntad es libre, y esta inflamaci\u00f3n de amor m\u00e1s es pasi\u00f3n de amor que acto libre de la voluntad; porque hiere en la sustancia del alma este calor de amor, y as\u00ed mueve las afecciones pasivamente. Y as\u00ed, \u00e9sta antes se llama pasi\u00f3n de amor que acto libre de la voluntad; el cual, en tanto se llama acto de la voluntad, en cuanto es libre. Pero, porque estas pasiones y afecciones se reducen a la voluntad, por eso se dice que, si el alma est\u00e1 apasionada con alguna afecci\u00f3n, lo est\u00e1 la voluntad, y as\u00ed es la verdad; porque de esta manera se cautiva la voluntad y pierde su libertad, de manera que la lleva tras s\u00ed el \u00edmpetu y fuerza de la pasi\u00f3n. Y por eso podemos decir que esta inflamaci\u00f3n de amor es en la voluntad, esto es, inflama al apetito de la voluntad; y as\u00ed, \u00e9sta antes se llama, como decimos, pasi\u00f3n de amor que obra libre de la voluntad. Y porque la pasi\u00f3n receptiva del entendimiento s\u00f3lo puede recibir la inteligencia desnuda y pasivamente (y esto no puede sin estar purgado), por eso, antes que lo est\u00e9, siente el alma menos veces el toque de inteligencia que el de la pasi\u00f3n de amor. Porque para esto no es menester que la voluntad est\u00e9 tan purgada acerca de las pasiones, pues que a\u00fan las pasiones la ayudan a sentir amor apasionado.<br \/><br \/>4. Esta inflamaci\u00f3n y sed de amor, por ser ya aqu\u00ed del esp\u00edritu, es diferent\u00edsima de la otra que dijimos en la noche del sentido. Porque, aunque aqu\u00ed el sentido tambi\u00e9n lleva su parte, porque no deja de participar del trabajo del esp\u00edritu, pero la ra\u00edz y el vivo de la sed de amor si\u00e9ntese en la parte superior del alma, esto es, en el esp\u00edritu, sintiendo y entendiendo de tal manera lo que siente y la falta que le hace lo que desea, que todo el penar del sentido, aunque sin comparaci\u00f3n es mayor que en la primera noche sensitiva, no le tiene en nada, porque en el interior conoce una falta de un gran bien, que con nada ve se puede medir.<br \/><br \/>5. \u00a0Pero aqu\u00ed conviene notar que, aunque a los principios, cuando comienza esta noche espiritual, no se siente esta inflamaci\u00f3n de amor, por no haber empezado este fuego de amor a emprender, en lugar de eso da desde luego Dios al alma un amor estimativo tan grande de Dios, que, como habemos dicho, todo lo m\u00e1s que padece y siente en los trabajos de esta noche, es ansia de pensar si tiene perdido a Dios y pensar si est\u00e1 dejada de \u00e9l. Y as\u00ed, siempre podremos decir que desde el principio de esta noche va el alma tocada con ansias de amor, ahora de estimaci\u00f3n, ahora tambi\u00e9n de inflamaci\u00f3n. <br \/><br \/>Y vese que la mayor pasi\u00f3n que siente en estos trabajos es este recelo; porque, si entonces se pudiese certificar que no est\u00e1 todo perdido y acabado, sino que aquello que pasa es por mejor, como lo es, y que Dios no est\u00e1 enojado, no se le dar\u00eda nada de todas aquellas penas, antes se holgar\u00eda sabiendo que de ello se sirve Dios. Porque es tan grande el amor de estimaci\u00f3n que tiene a Dios, aunque a oscuras sin sentirlo ella, que no s\u00f3lo eso, sino que se holgar\u00eda de morir muchas veces por satisfacerle. Pero cuando ya la llama ha inflamado el alma, juntamente con la estimaci\u00f3n que ya tiene de Dios, tal fuerza y br\u00edo suele cobrar y ansia con Dios, comunic\u00e1ndose el calor de amor, que, con grande osad\u00eda, sin mirar en cosa alguna, ni tener respeto a nada, en la fuerza y embriaguez del amor y deseo, sin mirar lo que hace, har\u00eda cosas extra\u00f1as e inusitadas por cualquier modo y manera que se le ofrece (por) poder encontrar con el que ama su alma.<br \/><br \/>6. \u00a0Esta es la causa por que Mar\u00eda Magdalena, con ser tan estimada en s\u00ed como antes era, no le hizo al caso la turba de hombres principales y no principales del convite, ni el mirar que no ven\u00eda bien ni lo parecer\u00eda ir a llorar y derramar l\u00e1grimas entre los convidados (Lc. 7, 37-38), a trueque de, sin dilatar una hora esperando otro tiempo y saz\u00f3n, poder llegar ante aquel de quien estaba ya su alma herida e inflamada. Y \u00e9sta es la embriaguez y osad\u00eda de amor, que, con saber que su Amado estaba encerrado en el sepulcro con una gran piedra sellada y cercado de soldados -que por que no le hurtasen sus disc\u00edpulos le guardaban (Mt. 27, 60-66)- no le dio lugar para que alguna de estas cosas se le pusiese delante, para que dejara de ir antes del d\u00eda con los ung\u00fcentos para ungirle (Jn. 20, 1). <br \/><br \/>7. Y, finalmente, esta embriaguez y ansia de amor la hizo preguntar al que, creyendo que era el hortelano, le hab\u00eda hurtado del sepulcro, que le dijese, si le hab\u00eda \u00e9l tomado, d\u00f3nde le hab\u00eda puesto, para que ella le tomase (Jn. 20, 15); no mirando que aquella pregunta, en libre juicio y raz\u00f3n, era disparate, pues que est\u00e1 claro que si el otro lo hab\u00eda hurtado, no se lo hab\u00eda de decir, ni menos se lo hab\u00eda de dejar tomar.<br \/><br \/>Pero esto tiene la fuerza y vehemencia de amor, que todo le parece posible y todos le parece que andan en lo mismo que anda \u00e9l; porque no cree que hay otra cosa en que nadie se deba emplear, ni buscar sino a quien ella busca y a quien ella ama, pareci\u00e9ndole que no hay otra cosa que querer ni en qu\u00e9 se emplear sino aquello, y que tambi\u00e9n todos andan en aquello. Que, por eso, cuando la Esposa sali\u00f3 a buscar a su amado por las plazas y arrabales, creyendo que los dem\u00e1s andaban en lo mismo, les dijo que, si lo hallasen ellos, le hablasen, diciendo de ella que penaba de su amor (Ct. 5, 8). Tal era la fuerza del amor de esta Mar\u00eda, que le pareci\u00f3 que, si el hortelano le dijera d\u00f3nde le hab\u00eda escondido, fuera ella y lo tomara, aunque m\u00e1s le fuera defendido.<br \/><br \/>8. A este talle, pues, son las ansias de amor que va sintiendo esta alma, cuando ya va aprovechada en esta espiritual purgaci\u00f3n. Porque de noche se levanta, esto es, en estas tinieblas purgativas seg\u00fan las afecciones de la voluntad; y con las ansias y fuerzas que la leona u osa va a buscar sus cachorros cuando se los han quitado y no los halla (2 Re. 17, 8; Os. 13, 8), anda herida esta alma a buscar a su Dios, porque, como est\u00e1 en tinieblas, si\u00e9ntese sin \u00e9l, estando muriendo de amor por \u00e9l. Y \u00e9ste es el amor impaciente, que no puede durar mucho el sujeto sin recibir o morir, seg\u00fan el que ten\u00eda Raquel a los hijos cuando dijo a Jacob: Dame hijos; si no, morir\u00e9 (Gn. 30, 1). <br \/><br \/>9. Pero es aqu\u00ed de ver c\u00f3mo el alma, sinti\u00e9ndose tan miserable y tan indigna de Dios, como hace aqu\u00ed en estas tinieblas purgativas, tenga tan osada y atrevida fuerza para ir a juntarse con Dios. La causa es que, como ya el amor le va dando fuerza con que le ame de veras, y la propiedad del amor sea quererse unir y juntar e igualar y asimilar a la cosa amada, para perfeccionarse en el bien de amor, de aqu\u00ed es que, no estando esta alma perfeccionada en amor, por no haber llegado a la uni\u00f3n, la hambre y sed que tiene de lo que le falta, que es la uni\u00f3n, y las fuerzas que ya el amor ha puesto en la voluntad con que le ha hecho apasionada, la haga ser osada y atrevida seg\u00fan la voluntad inflamada, aunque seg\u00fan el entendimiento, por estar a oscuras y no ilustrado, se siente indigno y se conoce miserable.<br \/><br \/>10. No quiero dejar aqu\u00ed de decir la causa por que, pues esta luz divina es siempre luz para el alma, no la da, luego que embiste en ella, luz, como lo hace despu\u00e9s, antes le causa las tinieblas y trabajos que habemos dicho. Algo estaba ya dicho antes de esto, pero a este particular se responde: que las tinieblas y los dem\u00e1s males que el alma siente cuando esta divina luz embiste, no son tinieblas ni males de la luz, sino de la misma alma, y la luz le alumbra para que las vea. De donde, desde luego le da luz esta divina luz; pero con ella no puede ver el alma primero sino lo que tiene m\u00e1s cerca de s\u00ed o, por mejor decir, en s\u00ed, que son sus tinieblas o miserias, las cuales ve ya por la misericordia de Dios, y antes no las ve\u00eda, porque no daba en ella esta luz sobrenatural. Y \u00e9sta es la causa por que al principio no siente sino tinieblas y males; mas, despu\u00e9s de purgada con el conocimiento y sentimiento de ellos, tendr\u00e1 ojos para que esta luz la muestre los bienes de la luz divina; expelidas ya todas estas tinieblas e impresiones del alma, ya parece que van pareciendo los provechos y bienes grandes que va consiguiendo el alma en esta dichosa noche de contemplaci\u00f3n.<br \/><br \/>11. Pues por lo dicho queda entendido c\u00f3mo Dios hace merced aqu\u00ed al alma de limpiarla y curarla con esta fuerte lej\u00eda y amarga purga, seg\u00fan la parte sensitiva y la espiritual, de todas las afecciones y h\u00e1bitos imperfectos que en s\u00ed ten\u00eda acerca de lo temporal y de lo natural, sensitivo y especulativo y espiritual, oscureci\u00e9ndole las potencias interiores y vaci\u00e1ndoselas acerca de todo esto, y apret\u00e1ndole y enjug\u00e1ndole las afecciones sensitivas y espirituales, y debilit\u00e1ndole y adelgaz\u00e1ndole las fuerzas naturales del alma acerca de todo ello (lo cual nunca el alma por s\u00ed misma pudiera conseguir, como luego diremos) haci\u00e9ndola Dios desfallecer en esta manera a todo lo que no es Dios naturalmente, para irla vistiendo de nuevo, desnuda y desollada ya ella de su antiguo pellejo. Y as\u00ed, se le renueva, como al \u00e1guila, su juventud (Sal. 102, 5), quedando vestida del nuevo hombre, que es criado, como dice el Ap\u00f3stol (Ef. 4, 24), seg\u00fan Dios. Lo cual no es otra cosa sino alumbrarle el entendimiento con la lumbre sobrenatural, de manera que de entendimiento humano se haga divino unido con el divino; y, ni m\u00e1s ni menos, informarle la voluntad de amor divino, de manera que ya no sea voluntad menos que divina, no amando menos que divinamente, hecha y unida en uno con la divina voluntad y amor; y la memoria, ni m\u00e1s ni menos: y tambi\u00e9n las afecciones y apetitos todos mudados y vueltos seg\u00fan Dios divinamente. Y as\u00ed, esta alma ser\u00e1 ya alma del cielo, celestial, y m\u00e1s divina que humana.<br \/><br \/>Todo lo cual, seg\u00fan se ha ido viendo por lo que habemos dicho, va Dios haciendo y obrando en ella por medio de esta noche, ilustr\u00e1ndola e inflam\u00e1ndola divinamente con ansias de solo Dios, y no de otra cosa alguna. Por lo cual, muy justa y razonablemente a\u00f1ade luego el alma el tercer verso de la canci\u00f3n, que dice:<br \/><br \/>\u00a1oh dichosa ventura!<br \/><br \/><a id=\"no2-14\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 14<\/strong><br \/>En que se ponen y explican los tres versos \u00faltimos de la primera canci\u00f3n.<br \/><br \/>1. Esta \u00abdichosa ventura\u00bb fue por lo que dice luego en los siguientes versos, diciendo:<br \/><br \/>sal\u00ed sin ser notada<br \/>estando ya mi casa sosegada,<br \/><br \/>tomando la met\u00e1fora del que, por hacer mejor su hecho, sale de su casa de noche, a oscuras, sosegados ya los de la casa, porque ninguno se lo estorbe.<br \/><br \/>Porque, como esta alma hab\u00eda de salir a hacer un hecho tan heroico y tan raro, que era unirse con su Amado divino afuera, porque el Amado no se halla sino solo afuera, en la soledad, que por eso la Esposa le deseaba hallar solo, diciendo (Ct. 8, 1): \u00bfQui\u00e9n te me diese, hermano m\u00edo, que te hallase yo solo afuera y se comunicase contigo mi amor?, convi\u00e9nele al alma enamorada, para conseguir su fin deseado, hacerlo tambi\u00e9n as\u00ed, que saliese de noche, adormidos y sosegados todos los dom\u00e9sticos de su casa, esto es, las operaciones bajas y pasiones y apetitos de su alma adormidos y apagados por medio de esta noche, que son la gente de casa, que recordada, siempre estorban el alma estos sus bienes, enemiga de que el alma salga libre a ellos. Porque \u00e9stos son los dom\u00e9sticos que dice nuestro Salvador en el Evangelio (Mt. 10, 36) que son los enemigos del hombre. Y as\u00ed conven\u00eda que las operaciones de \u00e9stos con sus movimientos est\u00e9n dormidos en esta noche, para que no impidan al alma los bienes sobrenaturales de la uni\u00f3n de amor de Dios, porque durante la viveza y operaci\u00f3n de \u00e9stos no puede ser; porque toda su obra y movimiento natural antes estorba que ayuda a recibir los bienes espirituales de la uni\u00f3n de amor, por cuanto queda corta toda habilidad natural acerca de los bienes sobrenaturales que Dios por s\u00f3lo infusi\u00f3n suya pone en el alma pasiva y secretamente, en el silencio. Y as\u00ed es menester que le tengan todas las potencias y se hayan pasivamente para recibirle, no entremetiendo all\u00ed su baja obra y vil inclinaci\u00f3n. <br \/><br \/>2. \u00a0Pero fue dichosa ventura en esta alma que Dios en esta noche le adormeciese toda la gente dom\u00e9stica de su casa, esto es, todas las potencias, pasiones, afecciones y apetitos que viven en el alma sensitiva y espiritualmente, para que ella, sin ser notada, esto es, sin ser impedida de estas afecciones, etc., (por quedar ellas adormidas y mortificadas en esta noche, en que las dejaron a oscuras para que no pudiesen notar ni sentir a su modo bajo natural, y as\u00ed impidiesen al alma el salir de s\u00ed y de la casa de la sensualidad) (llegase) a la uni\u00f3n espiritual de perfecto amor de Dios.<br \/><br \/>3. \u00a1Oh, cu\u00e1n dichosa ventura es poder el alma librarse de la casa de la sensualidad! No se puede bien entender si no fuera, a mi ver, el alma que ha gustado de ello; porque ver\u00e1 claro cu\u00e1n m\u00edsera servidumbre era la que ten\u00eda y a cu\u00e1ntas miserias estaba sujeta cuando lo estaba a la obra de sus potencias y apetitos y conocer\u00e1 c\u00f3mo la vida del esp\u00edritu es verdadera libertad y riqueza que trae consigo bienes inestimables, como iremos notando algunos de ellos en las siguientes canciones, en que se ver\u00e1 m\u00e1s claro cu\u00e1nta raz\u00f3n tenga el alma de cantar por dichosa ventura el paso de esta horrenda noche que arriba queda dicho. <br \/><br \/><a id=\"no2-15\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 15<\/strong><br \/>P\u00f3nese la segunda canci\u00f3n y su declaraci\u00f3n.<br \/><br \/><strong>Canci\u00f3n 2\u00aa<\/strong><br \/><br \/>A oscuras y segura<br \/>por la secreta escala, disfrazada,<br \/>\u00a1oh dichosa ventura!,<br \/>a oscuras y en celada,<br \/>estando ya mi casa sosegada.<br \/><br \/><strong>Declaraci\u00f3n<\/strong> <br \/>1. Va el alma cantando en esta canci\u00f3n todav\u00eda algunas propiedades de la oscuridad de esta noche, repitiendo la buena dicha que le vino con ellas. D\u00edcelas, respondiendo a cierta objeci\u00f3n t\u00e1cita, diciendo que no se piense que, por haber en esta noche y oscuridad pasado por tanta tormenta de angustias, dudas, recelos y horrores, como se ha dicho, corr\u00eda por eso m\u00e1s peligro de perderse, porque antes en la oscuridad de esta noche se gan\u00f3; porque en ella se libraba y escapaba sutilmente de sus contrarios, que le imped\u00edan siempre el paso, porque en la oscuridad de la noche iba mudado el traje y disfrazada con tres libreas y colores que despu\u00e9s diremos, y por una escala muy secreta, que ninguno de casa lo sab\u00eda, que, como tambi\u00e9n en su lugar notaremos, es la viva fe, por la cual sali\u00f3 tan encubierta y en celada, para poder bien hacer su hecho, que no pod\u00eda dejar de ir muy segura, mayormente estando ya en esta noche purgativa los apetitos, afecciones y pasiones, etc., de su \u00e1nima adormidos, morticados y apagados, que son los que, estando despiertos y vivos, no se lo consintieron. S\u00edguese, pues, el verso, y dice as\u00ed:<br \/><br \/>A oscuras y segura.<br \/><br \/><a id=\"no2-16\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 16<\/strong><br \/>P\u00f3nese el primer verso y expl\u00edcase c\u00f3mo, yendo el alma a oscuras, va segura.<br \/><br \/>1. La oscuridad que aqu\u00ed dice el alma, ya habemos dicho que es acerca de los apetitos y potencias sensitivas, interiores y espirituales, porque todas se oscurecen de su natural lumbre en esta noche porque, purg\u00e1ndose acerca de ellas, puedan ser ilustradas acerca de lo sobrenatural. Porque los apetitos sensitivos y espirituales est\u00e1n adormecidos y amortiguados sin poder gustar de cosa ni divina ni humana; las afecciones del alma, oprimidas y apretadas, sin poderse mover a ella ni hallar arrimo en nada; la imaginaci\u00f3n, atada, sin poder hacer alg\u00fan discurso de bien; la memoria, acabada; el entendimiento, entenebrecido, sin poder entender cosa, y de aqu\u00ed tambi\u00e9n la voluntad seca y apretada, y todas las potencias vac\u00edas e in\u00fatiles, y, sobre todo esto, una espesa y pesada nube sobre el alma, que la tiene angustiada y ajenada de Dios. De esta manera a oscuras, dice aqu\u00ed el alma que iba segura. <br \/><br \/>2. \u00a0La causa de esto est\u00e1 bien declarada; porque, ordinariamente, el alma nunca yerra sino por sus apetitos o sus gustos, o sus discursos, o sus inteligencias, o sus afecciones; porque de ordinario en \u00e9stas excede o falta, o var\u00eda o desatina, o da y se inclina en lo que no conviene. De donde, impedidas todas estas operaciones y movimientos, claro est\u00e1 que queda el alma segura de errar en ellos, porque, no s\u00f3lo se libra de s\u00ed, sino tambi\u00e9n de los otros enemigos, que son mundo y demonio, los cuales apagadas las afecciones y operaciones del alma, no le pueden hacer guerra por otra parte ni de otra manera.<br \/><br \/>3. De aqu\u00ed se sigue que, cuanto el alma va m\u00e1s a oscuras y vac\u00eda de sus operaciones naturales, va m\u00e1s segura; porque, como dice el profeta (Os. 13, 9), la perdici\u00f3n al alma solamente le viene de s\u00ed misma, esto es, de sus operaciones y apetitos interiores y sensitivos, y el bien, dice Dios, solamente de m\u00ed. Por tanto, impedida ella as\u00ed de sus males, resta que le vengan luego los bienes de la uni\u00f3n de Dios en sus apetitos y potencias, en que las har\u00e1 divinas y celestiales. De donde en el tiempo de las tinieblas, si el alma mira en ello, muy bien echar\u00e1 de ver cu\u00e1n poco se le divierte el apetito y las potencias a cosas in\u00fatiles y da\u00f1osas, y cu\u00e1n segura est\u00e1 de vanagloria, soberbia y presunci\u00f3n vana y falso gozo, y de otras muchas cosas. Luego, bien se sigue que, por ir a oscuras, no s\u00f3lo no va perdida, sino aun muy ganada, pues aqu\u00ed va ganando las virtudes.<br \/><br \/>4. Pero a la duda que de aqu\u00ed nace luego, conviene a saber: que, pues las cosas de Dios de suyo hacen bien al alma y la ganan y aseguran, \u00bfpor qu\u00e9 en esta noche le oscurece Dios los apetitos y potencias tambi\u00e9n acerca de estas cosas buenas, de manera que tampoco pueda gustar de ellas, ni tratarlas como las dem\u00e1s, y aun en alguna manera menos? Resp\u00f3ndese que entonces conviene que tampoco le quede operaci\u00f3n ni gusto acerca de las cosas espirituales, porque tiene las potencias y apetitos impuros y bajos y muy naturales; y as\u00ed, aunque les den el sabor y trato a estas potencias de las cosas sobrenaturales y divinas, no le podr\u00edan recibir sino muy baja y naturalmente, muy a su modo. Porque, como dice el Fil\u00f3sofo, cualquier cosa que se recibe est\u00e1 en el recipiente al modo que lo recibe.<br \/><br \/>De donde, porque estas naturales potencias no tienen pureza ni fuerza ni caudal para poder recibir y gustar las cosas sobrenaturales al modo de ellas, que es divino, sino s\u00f3lo al suyo, que es humano y bajo, como habemos dicho, conviene que sean oscurecidas tambi\u00e9n acerca de esto divino, porque, destetadas y purgadas y aniquiladas en aquello primero, pierdan aquel bajo y humano modo de recibir y obrar, y as\u00ed vengan a quedar dispuestas y templadas todas estas potencias y apetitos del alma para poder recibir, sentir y gustar lo divino y sobrenatural alta y subidamente, lo cual no puede ser si primero no muere el hombre viejo.<br \/><br \/>5. \u00a0De aqu\u00ed es que todo lo espiritual, si de arriba no viene comunicado del Padre de las lumbres (Sant. 1, 17) sobre el albedr\u00edo y apetito humano, aunque m\u00e1s se ejercite el gusto y potencias del hombre con Dios y por mucho que les parezca los gustan, no los gustar\u00e1n divina y espiritualmente, sino humana y naturalmente, como gustan las dem\u00e1s cosas, porque los bienes no van del hombre a Dios, sino vienen de Dios al hombre. Acerca de lo cual, si \u00e9ste fuera lugar de ello, pudi\u00e9ramos aqu\u00ed declarar c\u00f3mo hay muchas personas que tienen muchos gustos y aficiones y operaciones de sus potencias acerca de Dios o de cosas espirituales, y por ventura pensar\u00e1n ellos que aquello es sobrenatural y espiritual, y por ventura no son m\u00e1s que actos y apetitos m\u00e1s naturales y humanos, que, como los tienen de las dem\u00e1s cosas, los tienen en el mismo temple de aquellas cosas buenas, por cierta facilidad natural que tienen en mover el apetito y potencias a cualquier cosa.<br \/><br \/>6. \u00a0Si por ventura encontr\u00e1remos ocasi\u00f3n en lo restante, lo trataremos, diciendo algunas se\u00f1ales de cu\u00e1ndo los movimientos y acciones interiores del alma sean s\u00f3lo naturales, y cu\u00e1ndo s\u00f3lo espirituales, y cu\u00e1ndo espirituales y naturales acerca del trato con Dios. Basta aqu\u00ed saber que, para que los actos y movimientos interiores del alma puedan venir a ser movidos por Dios divinamente, primero han de ser oscurecidos y adormidos, asosegados naturalmente acerca de toda su habilidad y operaci\u00f3n hasta que desfallezcan. <br \/><br \/>7. \u00a1Oh, pues, alma espiritual!, cuando vieres oscurecido tu apetito, tus aficiones secas y apretadas, e inhabilitadas tus potencias para cualquier ejercicio interior, no te penes por eso, antes lo ten a buena dicha; pues que te va Dios librando de ti misma, quit\u00e1ndote de las manos la hacienda; con las cuales, por bien que ellas te anduviesen, no obraras tan cabal, perfecta y seguramente, a causa de la impureza y torpeza de ellas, como ahora que, tomando Dios la mano tuya, te gu\u00eda a oscuras como a ciego, a donde y por donde t\u00fa no sabes, ni jam\u00e1s con tus ojos y pies, por bien que anduvieran, atinaras a caminar. <br \/><br \/>8. La causa tambi\u00e9n por que el alma no s\u00f3lo va segura, cuando va as\u00ed a oscuras, sino a\u00fan se va m\u00e1s ganando y aprovechando, es porque, com\u00fanmente, cuando el alma va recibiendo mejor\u00eda de nuevo y aprovechando, es por donde ella menos entiende, antes muy de ordinario piensa que se va perdiendo, porque, como ella nunca ha experimentado aquella novedad que le hace salir y deslumbrar y desatinar de su primer modo de proceder, antes piensa que se va perdiendo que acertando y ganando, como ve que se pierde acerca de lo que sab\u00eda y gustaba, y se ve ir por donde no sabe ni gusta.<br \/><br \/>As\u00ed como el caminante que, para ir a nuevas tierras no sabidas, va por nuevos caminos no sabidos ni experimentados, que camina no guiado por lo que sab\u00eda antes, sino en duda y por el dicho de otros. Y claro est\u00e1 que \u00e9ste no podr\u00eda venir a nuevas tierras, ni saber m\u00e1s de lo que antes sab\u00eda, si no fuera por caminos nuevos nunca sabidos, y dejados los que sab\u00eda; ni m\u00e1s ni menos, el que va sabiendo m\u00e1s particularidades en un oficio o arte siempre va a oscuras, no por su saber primero, porque, si aqu\u00e9l no dejase atr\u00e1s, nunca saldr\u00eda de \u00e9l ni aprovechar\u00eda en m\u00e1s; as\u00ed, de la misma manera, cuando el alma va aprovechando m\u00e1s, va a oscuras y no sabiendo. Por tanto, siendo, como habemos dicho, Dios el maestro y gu\u00eda de este ciego del alma bien puede ella, ya que le ha venido a entender como aqu\u00ed decimos, con verdad alegrarse y decir: a oscuras y segura.<br \/><br \/>9. Otra causa tambi\u00e9n por que en estas tinieblas ha ido el alma segura es porque iba padeciendo; porque el camino de padecer es m\u00e1s seguro y aun m\u00e1s provechoso que el de gozar y hacer: lo uno, porque en el padecer se le a\u00f1aden fuerzas de Dios, y en el hacer y gozar ejercita el alma sus flaquezas e imperfecciones; y lo otro, porque en el padecer se van ejercitando y ganando las virtudes y purificando el alma y haciendo m\u00e1s sabia y cauta.<br \/><br \/>10. Pero aqu\u00ed hay otra m\u00e1s principal causa por que aqu\u00ed el alma a oscuras va segura, y es de parte de la dicha luz o sabidur\u00eda oscura; porque de tal manera la absorbe y embebe en s\u00ed esta oscura noche de contemplaci\u00f3n y la pone tan cerca de Dios, que la ampara y libra de todo lo que no es Dios. Porque, como est\u00e1 puesta aqu\u00ed en cura esta alma para que consiga su salud, que es el mismo Dios, ti\u00e9nela Su Majestad en dieta y abstinencia de todas las cosas, estragado el apetito para todas ellas; bien as\u00ed como para que sane el enfermo, que en su casa es estimado, le tienen tan adentro guardado, que no le dejan tocar del aire ni aun gozar de la luz, ni que sienta las pisadas, ni aun el rumor de los de casa, y la comida muy delicada y muy por tasa, de sustancia m\u00e1s que de sabor.<br \/><br \/>11. Todas estas propiedades, que todas son de seguridad y guarda del alma, causa en ella esta oscura contemplaci\u00f3n, porque ella est\u00e1 puesta m\u00e1s cerca de Dios; porque, cuanto el alma m\u00e1s a \u00e9l se acerca, m\u00e1s oscuras tinieblas siente y m\u00e1s profunda oscuridad por su flaqueza; as\u00ed como el que m\u00e1s cerca del sol llegase, m\u00e1s tinieblas y pena le causar\u00eda su grande resplandor por la flaqueza e impureza de su ojo. De donde tan inmensa es la luz espiritual de Dios, y tanto excede al entendimiento natural, que, cuando llega m\u00e1s cerca, le ciega y oscurece.<br \/><br \/>Y \u00e9sta es la causa por que en el salmo 17 (v. 12) dice David que puso Dios por su escondrijo y cubierta las tinieblas, y su tabern\u00e1culo en rededor de s\u00ed, tenebrosa agua en las nubes del aire. La cual agua tenebrosa en las nubes del aire es la oscura contemplaci\u00f3n y sabidur\u00eda divina en las almas, como vamos diciendo; la cual ellas van sintiendo como cosa que est\u00e1 cerca de \u00e9l, como tabern\u00e1culo donde \u00e9l mora, cuando Dios a s\u00ed la va m\u00e1s juntando. Y as\u00ed, lo que en Dios es luz y claridad m\u00e1s alta, es para el hombre tiniebla m\u00e1s oscura, como dice san Pablo (1 Cor. 2, 14) seg\u00fan lo declara luego David en el mismo salmo (17, 13), diciendo: Por causa del resplandor que est\u00e1 en su presencia, salieron nubes y cataratas, conviene a saber, para el entendimiento natural, cuya luz, como dice Isa\u00edas en el Cap\u00edtulo 5 (v. 30), obtenebrata est in caligine eius.<br \/><br \/>12. \u00a1Oh m\u00edsera suerte de vida, donde con tanto peligro se vive y con tanta dificultad la verdad se conoce, pues lo m\u00e1s claro y verdadero nos es m\u00e1s oscuro y dudoso, y por eso huimos de ello siendo lo que m\u00e1s nos conviene, y lo que m\u00e1s luce y llena nuestro ojo lo abrazamos y vamos tras de ello, siendo lo que peor nos est\u00e1 y lo que a cada paso nos hace dar de ojos! \u00a1En cu\u00e1nto peligro y temor vive el hombre, pues la misma lumbre de sus ojos natural, con que se ha de guiar, es la primera que le encandila y enga\u00f1a para ir a Dios, y, que si ha de acertar a ver por d\u00f3nde va, tenga necesidad de llevar cerrados los ojos y de ir a oscuras para ir seguro de los enemigos dom\u00e9sticos de su casa, que son sus sentidos y potencias!<br \/><br \/>13. Bien est\u00e1, pues, el alma aqu\u00ed escondida y amparada en esta agua tenebrosa, que est\u00e1 cerca de Dios. Porque, as\u00ed como al mismo Dios sirve de tabern\u00e1culo y morada, le servir\u00e1, ni m\u00e1s ni menos, al alma de otro tanto y de amparo perfecto y seguridad, aunque a ella en tinieblas, en que est\u00e1 escondida y amparada de s\u00ed misma y de todos los da\u00f1os de criaturas, como habemos dicho. Porque de los tales se entiende lo que tambi\u00e9n David dice en otro salmo (30, 21), diciendo: Esconderlos has en el escondrijo de tu rostro de la turbaci\u00f3n de los hombres; ampararlos has en tu tabern\u00e1culo de la contradicci\u00f3n de las lenguas, en lo cual se entiende toda manera de amparo. Porque \u00abestar escondidos en el rostro de Dios de la turbaci\u00f3n de los hombres\u00bb es estar fortalecidos en esta oscura contemplaci\u00f3n contra todas las ocasiones que de parte de los hombres les pueden sobrevenir. Y \u00abestar amparados en su tabern\u00e1culo de la contradicci\u00f3n de las lenguas\u00bb es estar el alma engolfada en esta agua tenebrosa, que es el tabern\u00e1culo que habemos dicho de David. Donde, por tener el alma todos los apetitos y afecciones destetados y las potencias oscurecidas, est\u00e1 libre de todas las imperfecciones que contradicen al esp\u00edritu, as\u00ed de su misma carne como de las dem\u00e1s criaturas. De donde esta alma bien puede decir que va a oscuras y segura.<br \/><br \/>14. Hay tambi\u00e9n otra causa no menos eficaz que la pasada para acabar bien de entender que esta tal alma va segura a oscuras, y es por la fortaleza que esta oscura, penosa y tenebrosa agua de Dios desde luego pone en el alma. Que, en fin, aunque es tenebrosa, es agua, y por eso no ha de dejar de reficionar y fortalecer al alma en lo que m\u00e1s le conviene, aunque a oscuras y penosamente. Porque, desde luego, ve el alma en s\u00ed una verdadera determinaci\u00f3n y eficacia de no hacer cosa que entienda ser ofensa de Dios, ni dejar de hacer lo que parece cosa de su servicio; porque aquel amor oscuro se le pega con un muy vigilante cuidado y solicitud interior de qu\u00e9 har\u00e1 o dejar\u00e1 por \u00e9l para contentarle, mirando y dando mil vueltas si ha sido causa de enojarle; y todo esto con mucho m\u00e1s cuidado y solicitud que antes, como arriba queda dicho en lo de las ansias de amor. Porque aqu\u00ed todos los apetitos y fuerzas y potencias del alma est\u00e1n recogidas de todas las dem\u00e1s cosas, empleando su conato y fuerza s\u00f3lo en obsequio de su Dios.<br \/><br \/>De esta manera sale el alma de s\u00ed misma y de todas las cosas criadas a la dulce y deleitosa uni\u00f3n de amor de Dios, a oscuras y segura,<br \/><br \/>por la secreta escala disfrazada.<br \/><br \/><a id=\"no2-17\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 17<\/strong><br \/>P\u00f3nese el segundo verso y expl\u00edcase c\u00f3mo esta oscura contemplaci\u00f3n sea secreta.<br \/><br \/>1. Tres propiedades conviene declarar acerca de tres vocablos que contiene el presente verso. Las dos, conviene a saber, secreta escala, pertenecen a la noche oscura de contemplaci\u00f3n que vamos tratando; la tercera, conviene a saber, disfrazada, pertenece al alma por raz\u00f3n del modo que lleva en esta noche.<br \/><br \/>Cuanto a lo primero, es de saber que el alma llama aqu\u00ed en este verso a esta oscura contemplaci\u00f3n por donde ella va saliendo a la uni\u00f3n de amor, secreta escala por estas dos propiedades que hay en ella, es a saber, ser secreta y ser escala, y diremos de cada una de por s\u00ed.<br \/><br \/>2. \u00a0Primeramente llama secreta a esta contemplaci\u00f3n tenebrosa, por cuanto, seg\u00fan habemos tocado arriba, \u00e9sta es la teolog\u00eda m\u00edstica, que llaman los te\u00f3logos sabidur\u00eda secreta, la cual dice Santo Tom\u00e1s que se comunica e infunde en el alma por amor, lo cual acaece secretamente a oscuras de la obra del entendimiento y de las dem\u00e1s potencias. De donde, por cuanto las dichas potencias no la alcanzan, sino que el Esp\u00edritu Santo la infunde y ordena en el alma, como dice la Esposa en los Cantares (2, 4) sin ella saberlo, ni entenderlo c\u00f3mo sea, se llama secreta. Y, a la verdad, no s\u00f3lo ella no lo entiende, pero nadie, ni el mismo demonio; por cuanto el Maestro que la ense\u00f1a est\u00e1 dentro del alma sustancialmente, donde no puede llegar el demonio, ni el sentido natural, ni el entendimiento.<br \/><br \/>3. Y no s\u00f3lo por esto se puede llamar secreta, sino tambi\u00e9n por los efectos que hace en el alma. Porque no solamente en las tinieblas y aprietos de la purgaci\u00f3n, cuando esta sabidur\u00eda de amor purga el alma, es secreta, para no saber decir de ella el alma nada; mas tambi\u00e9n despu\u00e9s en la iluminaci\u00f3n, cuando m\u00e1s a las claras se le comunica esta sabidur\u00eda, le es al alma tan secreta para decir y ponerle nombre para decirla, que, dem\u00e1s de que ninguna gana le d\u00e9 al alma de decirla, no halla modo ni manera ni s\u00edmil que le cuadre para poder significar inteligencia tan subida y sentimiento espiritual tan delicado. Y as\u00ed, aunque m\u00e1s gana tuviese de decirlo, y m\u00e1s significaciones trajese, siempre se quedar\u00eda secreto y por decir.<br \/><br \/>Porque, como aquella sabidur\u00eda interior es tan sencilla y tan general y espiritual, que no entr\u00f3 al entendimiento envuelta ni paliada con alguna especie o imagen sujeta al sentido, de aqu\u00ed es que el sentido e imaginativa, como no entr\u00f3 por ellas ni sintieron su traje y color, no saben dar raz\u00f3n ni imaginarla para decir algo de ella, aunque claramente ve que entiende y gusta aquella sabrosa y peregrina sabidur\u00eda. Bien as\u00ed como el que viese una cosa nunca vista, cuyo semejante tampoco jam\u00e1s vio, que, aunque la entendiese y gustase, no le sabr\u00eda poner nombre ni decir lo que es, aunque m\u00e1s hiciese, y esto con ser cosa que la percibi\u00f3 con los sentidos; cu\u00e1nto menos se podr\u00e1 manifestar lo que no entr\u00f3 por ellos. Porque esto tiene el lenguaje de Dios, que por ser muy \u00edntimo al alma y espiritual, en que excede todo sentido, luego hace cesar y enmudecer toda la armon\u00eda y habilidad de los sentidos exteriores e interiores. <br \/><br \/>4. De lo cual tenemos autoridad y ejemplos juntamente en la divina Escritura. Porque la cortedad del manifestarlo y hablarlo exteriormente mostr\u00f3 Jerem\u00edas (1, 6), cuando, habiendo Dios hablado con \u00e9l, no supo qu\u00e9 decir, sino: a, a, a. Y la cortedad interior, esto es, del sentido interior de la imaginaci\u00f3n, y juntamente la del exterior acerca de esto, tambi\u00e9n la manifest\u00f3 Mois\u00e9s delante de Dios en la zarza (Ex. 4, 10), cuando, no solamente dijo a Dios que despu\u00e9s que hablaba con \u00e9l, no sab\u00eda ni acertaba a hablar, pero aun, seg\u00fan se dice en los Actos de los Ap\u00f3stoles (7, 32), con la imaginaci\u00f3n interior no se atrev\u00eda a considerar, pareci\u00e9ndole que la imaginaci\u00f3n estaba muy lejos y muda, no s\u00f3lo para formar algo de aquello que entend\u00eda en Dios, pero ni aun capacidad para recibir algo de ello. De donde, por cuanto la sabidur\u00eda de esta contemplaci\u00f3n es lenguaje de Dios al alma de puro esp\u00edritu a esp\u00edritu puro, todo lo que es menos que esp\u00edritu, como son los sentidos, no lo reciben, y as\u00ed les es secreto y no lo saben ni pueden decir, ni tienen gana porque no ven c\u00f3mo.<br \/><br \/>5. \u00a0De donde podr\u00edamos sacar la causa por que algunas personas que van por este camino, que, por tener almas buenas y temerosas, querr\u00edan dar cuenta a quien las rige de lo que tienen, no saben ni pueden. De aqu\u00ed tienen en decirlo grande repugnancia, mayormente cuando la contemplaci\u00f3n es algo m\u00e1s sencilla, que la misma alma apenas la siente; que s\u00f3lo saben decir que el alma est\u00e1 satisfecha y quieta y contenta, o decir que sienten a Dios y que les va bien, a su parecer; mas no hay decir lo que el alma tiene ni la sacar\u00e1n m\u00e1s que t\u00e9rminos generales semejantes a \u00e9stos. Otra cosa es cuando las cosas que el alma tiene son particulares, como visiones, sentimientos, etc., las cuales, como ordinariamente se reciben debajo de alguna especie en que participa el sentido, que entonces debajo de aquella especie se puede, o de otra semejanza, decir. Pero este poderlo decir ya no es en raz\u00f3n de pura contemplaci\u00f3n, porque \u00e9sta es indecible, como habemos dicho, y por eso se llama secreta.<br \/><br \/>6. \u00a0Y no s\u00f3lo por eso se llama y es secreta, sino porque tambi\u00e9n esta sabidur\u00eda m\u00edstica tiene propiedad de esconder al alma en s\u00ed. Porque, dem\u00e1s de lo ordinario, algunas veces de tal manera absorbe al alma y sume en su abismo secreto, que el alma echa de ver claro que est\u00e1 puesta alejad\u00edsima y remot\u00edsima de toda criatura; de suerte que le parece que la colocan en una profund\u00edsima y anch\u00edsima soledad, donde no puede llegar alguna humana criatura, como un inmenso desierto que por ninguna parte tiene fin, tanto m\u00e1s deleitoso, sabroso y amoroso, cuanto m\u00e1s profundo, ancho y solo, donde el alma se ve tan secreta cuando se ve sobre toda temporal criatura levantada. <br \/><br \/>Y tanto levanta entonces y engrandece este abismo de sabidur\u00eda al alma, meti\u00e9ndola en las venas de la ciencia de amor, que le hace conocer no solamente quedar muy baja toda condici\u00f3n de criatura acerca de este supremo saber y sentir divino, sino tambi\u00e9n echar de ver cu\u00e1n bajos y cortos y en alguna manera impropios son todos los t\u00e9rminos y vocablos con que en esta vida se trata de las cosas divinas, y c\u00f3mo es imposible, por v\u00eda y modo natural, aunque m\u00e1s alta y sabiamente se hable en ellas, poder conocer ni sentir de ellas como ellas son, sin la iluminaci\u00f3n de esta m\u00edstica teolog\u00eda. Y as\u00ed, viendo el alma en la iluminaci\u00f3n de ella esta verdad, de que no se puede alcanzar y menos declarar por t\u00e9rminos vulgares y humanos, con raz\u00f3n la llama secreta.<br \/><br \/>7. Esta propiedad de ser secreta y sobre la capacidad natural esta divina contemplaci\u00f3n, ti\u00e9nela no s\u00f3lo por ser cosa sobrenatural, sino tambi\u00e9n es cuanto es v\u00eda que gu\u00eda y lleva al alma a las perfecciones de la uni\u00f3n de Dios; las cuales, como son cosas no sabidas humanamente, hase de caminar a ellas humanamente no sabiendo y divinamente ignorando. Porque, hablando m\u00edsticamente, como aqu\u00ed vamos hablando, las cosas y perfecciones divinas no se conocen ni entienden como ellas son cuando las van buscando y ejercitando, sino cuando las tiene halladas y ejercitadas. Porque a este prop\u00f3sito dice el profeta Baruc (3, 31) de esta Sabidur\u00eda divina: No hay quien pueda saber, dice, sus v\u00edas, ni quien pueda pensar sus sendas. Tambi\u00e9n el profeta real de este camino del alma dice de esta manera, hablando con Dios: Y tus ilustraciones lucieron y alumbraron a la redondez de la tierra, conmovi\u00f3se y contremi\u00f3 la tierra. En el mar est\u00e1 tu v\u00eda, y tus sendas en muchas aguas, y tus pisadas no ser\u00e1n conocidas (Sal. 76, 19\u00ad20).<br \/><br \/>8. Todo lo cual, hablando espiritualmente, se entiende al prop\u00f3sito que vamos hablando. Porque \u00abalumbrar las coruscaciones de Dios a la redondez de la tierra\u00bb es la ilustraci\u00f3n que hace esta divina contemplaci\u00f3n en las potencias del alma; y \u00abconmoverse y tremer la tierra\u00bb es la purgaci\u00f3n penosa que en ella causa; y decir que \u00abla v\u00eda y camino de Dios\u00bb, por donde el alma va a \u00e9l, \u00abes en el mar, y sus pisadas en muchas aguas y que por eso no ser\u00e1n conocidas\u00bb es decir que este camino de ir a Dios es tan secreto y oculto para el sentido del alma como lo es para el del cuerpo el que se lleva por la mar, cuyas sendas y pisadas no se conocen. Que esta propiedad tienen los pasos y pisadas que Dios va dando en las almas que Dios quiere llegar a s\u00ed, haci\u00e9ndolas grandes en la uni\u00f3n de su Sabidur\u00eda, que no se conocen. Por lo cual, en el libro de Job (37, 16) se dicen, encareciendo este negocio, estas palabras: \u00bfPor ventura, dice, has t\u00fa conocido las sendas de las nubes grandes o las perfectas ciencias?; entendiendo por esto las v\u00edas y caminos por donde Dios va engrandeciendo a las almas y perfeccion\u00e1ndolas en su sabidur\u00eda, las cuales son aqu\u00ed entendidas por las nubes. Queda, pues, que esta contemplaci\u00f3n, que va guiando al alma a Dios, es sabidur\u00eda secreta. <br \/><br \/><a id=\"no2-18\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 18<\/strong><br \/>Decl\u00e1rase como esta sabidur\u00eda secreta sea tambi\u00e9n escala.<br \/><br \/>1. Pero resta ahora ver lo segundo, conviene saber, c\u00f3mo esta sabidur\u00eda secreta sea tambi\u00e9n escala. Acerca de lo cual es de saber que por muchas razones podemos llamar a esta secreta contemplaci\u00f3n escala.<br \/><br \/>Primeramente, porque as\u00ed como con la escala se sube y escalan los bienes y tesoros y cosas que hay en las fortalezas, as\u00ed tambi\u00e9n por esta secreta contemplaci\u00f3n, sin saberse c\u00f3mo, sube el alma a escalar, conocer y poseer los bienes y tesoros del cielo. Lo cual da bien a entender el real profeta (Sal. 83, 6\u00ad8), cuando dice: Bienaventurado el que tiene tu favor y ayuda, porque en su coraz\u00f3n este tal puso sus subidas en el valle de l\u00e1grimas en el lugar que puso; porque de esta manera el se\u00f1or de la ley dar\u00e1 bendici\u00f3n, e ir\u00e1n de virtud en virtud como de grado en grado, y ser\u00e1 visto el Dios de los dioses en Si\u00f3n, el cual es el tesoro de la fortaleza de Si\u00f3n, que es la bienaventuranza. <br \/><br \/>2. \u00a0Podemos tambi\u00e9n llamarla escala porque, as\u00ed como la escala, esos mismos pasos que tiene para subir, los tiene tambi\u00e9n para bajar, as\u00ed tambi\u00e9n esta secreta contemplaci\u00f3n, esas mismas comunicaciones que hace al alma, que la levanta en Dios, la humillan en s\u00ed misma. Porque las comunicaciones que verdaderamente son de Dios esta propiedad tienen: que de una vez levantan y humillan al alma; porque en este camino el bajar es subir, y el subir, bajar, pues el que se humilla es ensalzado, y el que se ensalza, humillado (Lc. 14, 11). Y, dem\u00e1s de esto de que la virtud de la humildad es grandeza, para ejercitar al alma en ella, suele Dios hacerla subir por esta escala para que baje, y hacerla bajar para que suba, para que as\u00ed se cumpla lo que dice el Sabio (Pv. 18, 12), es a saber: Antes que el alma sea ensalzada, es humillada; y antes que sea humillada, es ensalzada. <br \/><br \/>3. Lo cual, hablando ahora naturalmente, echar\u00e1 bien de ver el alma que quisiere mirar en ello, y c\u00f3mo en este camino (dejando aparte lo espiritual que no se siente) echar\u00e1 de ver cu\u00e1ntos altos y bajos padece, y c\u00f3mo tras la prosperidad que goza, luego se sigue alguna tempestad y trabajo, tanto, que parece que le dieron aquella bonanza para prevenirla y esforzarla para la siguiente penuria, y c\u00f3mo tambi\u00e9n, despu\u00e9s de la miseria y tormenta, se sigue abundancia y bonanza; de manera que le parece al alma que, para hacerla aquella fiesta, la pusieron primero en aquella vigilia. Y \u00e9ste es el ordinario estilo y ejercicio del estado de contemplaci\u00f3n hasta llegar al estado quieto: que nunca permanece en un estado, sino todo es subir y bajar.<br \/><br \/>4. Y la causa de esto es que, como el estado de perfecci\u00f3n, que consiste en perfecto amor de Dios y desprecio de s\u00ed, no puede estar sino con estas dos partes, que es conocimiento de Dios y de s\u00ed mismo, de necesidad ha de ser el alma ejercitada primero en el uno y en el otro, d\u00e1ndole ahora a gustar lo uno engrandeci\u00e9ndola, y haci\u00e9ndola ahora probar lo otro y humill\u00e1ndola, hasta que, adquiridos los h\u00e1bitos perfectos, cese ya el subir y bajar, habiendo ya llegado y vi\u00e9ndose con Dios, que est\u00e1 en el fin de esta escala, en quien la escala se arrima y estriba.<br \/><br \/>Porque esta escala de contemplaci\u00f3n, que, como habemos dicho, se deriva de Dios, es figurada por aquella escala que vio Jacob durmiendo, por la cual sub\u00edan y descend\u00edan \u00e1ngeles de Dios al hombre y del hombre a Dios, el cual estaba estribando en el extremo de la escala (Gn. 28, 12). Todo lo cual dice la Escritura divina que pasaba de noche y Jacob dormido para dar a entender cu\u00e1n secreto y diferente del saber del hombre es este camino y subida para Dios. Lo cual se ve bien, pues que, ordinariamente, lo que en \u00e9l es de m\u00e1s provecho, que es irse perdiendo y aniquilando a s\u00ed mismo, tiene por peor, y lo que menos vale, que es hallar su consuelo y gusto, en que ordinariamente antes pierde que gana, si a eso se hace, tiene por mejor.<br \/><br \/>5. \u00a0Pero, hablando ahora algo m\u00e1s sustancialmente de esta escala de contemplaci\u00f3n secreta, diremos que la propiedad principal por que aqu\u00ed se llama escala es porque la contemplaci\u00f3n es ciencia de amor, la cual, como habemos dicho, es noticia infusa de Dios amorosa, que juntamente va ilustrando y enamorando el alma, hasta subirla de grado hasta Dios, su Criador, porque s\u00f3lo el amor es el que une y junta al alma con Dios. <br \/>De donde, porque m\u00e1s claro se vea, iremos aqu\u00ed apuntando los grados de esta divina escala, diciendo con brevedad las se\u00f1ales y efectos de cada uno, para que por all\u00ed pueda conjeturar el alma en cual de ellos estar\u00e1. Y as\u00ed, los distinguiremos por sus efectos, como hace san Bernardo y santo Tom\u00e1s; porque conocerlos en s\u00ed, por cuanto esta escala de amor es, como habemos dicho, tan secreta que s\u00f3lo Dios es el que la mide y pondera, no es posible por v\u00eda natural.<br \/><br \/><a id=\"no2-19\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 19<\/strong><br \/>Comienza a explicar los diez grados de la escala m\u00edstica de amor divino seg\u00fan San Bernardo y Santo Tom\u00e1s. P\u00f3nense los cinco primeros.<br \/><br \/>1. Decimos, pues, que los grados de esta escala de amor, por donde el alma de uno en otro va subiendo a Dios, son diez.<br \/>El primer grado de amor hace enfermar al alma provechosamente. En este grado de amor habla la Esposa (Ct. 5, 8) cuando dice: Conj\u00faroos, hijas de Jerusal\u00e9n, que, si encontr\u00e1redes a mi Amado, le dig\u00e1is que estoy enferma de amores. Pero esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, porque en esta enfermedad desfallece el alma al pecado y a todas las cosas que no son Dios, por el mismo Dios, como David (Sal. 142, 7) testifica diciendo: Desfalleci\u00f3 mi alma, esto es, acerca de todas las cosas a tu salud. Porque as\u00ed como el enfermo pierde el apetito y gusto de todos los manjares y muda de color primero, as\u00ed tambi\u00e9n en este grado de amor pierde el alma el gusto y apetito de todas las cosas, y muda como amante el color y accidente de la vida pasada. Esta enfermedad no cae en ella el alma si de arriba no le env\u00edan el exceso de calor, seg\u00fan se da a entender por este verso de David (Sal. 67, 10), que dice: Pluviam voluntariam segregabis, Deus, haereditati tuae, et infirmata est, etc.<br \/><br \/>Esta enfermedad y desfallecimiento a todas las cosas, que es el principio y primer grado para ir a Dios, bien lo habemos dado a entender arriba, cuando dijimos la aniquilaci\u00f3n en que se ve el alma cuando comienza a entrar en esta escala de purgaci\u00f3n contemplativa, cuando en ninguna cosa puede hallar gusto, arrimo, ni consuelo, ni asiento. Por lo cual, de este grado luego va comenzando a subir al segundo grado, y es:<br \/><br \/>2. \u00a0El segundo grado hace al alma buscar sin cesar. De donde, cuando la Esposa dice que, busc\u00e1ndole de noche en su lecho, cuando seg\u00fan el primer grado de amor estaba desfallecida, y no le hall\u00f3, dijo (Ct. 3, 2): Levantarme he, y buscar\u00e9 al que ama mi alma. Lo cual, como decimos, el alma hace sin cesar, como lo aconseja David (Sal. 104, 4), diciendo: Buscando siempre la cara de Dios, y, busc\u00e1ndole en todas las cosas, en ninguna repare hasta hallarle, como la Esposa, que, en preguntando por \u00e9l a las guardas, luego pas\u00f3 y las dej\u00f3 (Ct. 3, 3\u00ad4). Mar\u00eda Magdalena ni aun en los \u00e1ngeles del sepulcro repar\u00f3 (Jn 20, 14). <br \/><br \/>Aqu\u00ed, en este grado, tan sol\u00edcita anda el alma, que en todas las cosas busca al Amado; en todo cuanto piensa, luego piensa en el Amado; en cuanto habla, en cuantos negocios se ofrecen, luego es hablar y tratar del Amado; cuando come, cuando duerme, cuando vela, cuando hace cualquier cosa, todo su cuidado es en el Amado, seg\u00fan arriba queda dicho en las ansias de amor.<br \/><br \/>Aqu\u00ed, como va ya el alma convaleciendo y cobrando fuerzas en el amor de este segundo grado, luego comienza a subir al tercero por medio de alg\u00fan grado de nueva purgaci\u00f3n en la noche, como despu\u00e9s diremos, el cual hace en el alma los efectos siguientes.<br \/><br \/>3. El tercer grado de la escala amorosa es el que hace al alma obrar y la pone calor para no faltar. De esto dice el Real Profeta (Sal. 111, 1) que: Bienaventurado el var\u00f3n que teme al Se\u00f1or, porque sus mandamientos codicia obrar mucho. Donde, si el temor, por ser hijo del amor, le hace esta obra de codicia, \u00bfqu\u00e9 har\u00e1 el mismo amor? En este grado las obras grandes por el Amado tiene por peque\u00f1as, las muchas por pocas, el largo tiempo en que le sirve por corto, por el incendio de amor que ya va ardiendo. Como a Jacob, que, con haberle hecho servir siete a\u00f1os sobre otros siete, le parec\u00edan pocos por la grandeza del amor (Gn. 29, 20). Pues si el amor con Jacob, con ser de criatura, tanto pod\u00eda, \u00bfqu\u00e9 podr\u00e1 el del Criador cuando en este tercer grado se apodera del alma?<br \/><br \/>Tiene el alma aqu\u00ed, por el grande amor que tiene a Dios, grandes l\u00e1stimas y penas de lo poco que hace por Dios; y, si le fuese l\u00edcito deshacerse mil veces por \u00e9l, estar\u00eda consolada. Por eso se tiene por in\u00fatil en todo cuanto hace, y le parece vive de balde.<br \/><br \/>H\u00e1cele aqu\u00ed otro efecto admirable, y es que se tiene por m\u00e1s mala averiguadamente para consigo que todas las otras almas: lo uno, porque le va el amor ense\u00f1ando lo que merece Dios; y lo otro, porque, como las obras que aqu\u00ed hace por Dios son muchas, y todas las conoce por faltas e imperfectas, de todas saca confusi\u00f3n y pena, conociendo tan baja manera de obrar por un tan alto Se\u00f1or. En este tercer grado, muy lejos va el alma de tener vanagloria o presunci\u00f3n y de condenar a los otros. Estos sol\u00edcitos efectos causa en el alma, con otros muchos a este talle, este tercer grado; y por eso en \u00e9l cobra \u00e1nimo y fuerzas para subir hasta el cuarto, que es el que sigue.<br \/><br \/>4. El cuarto grado de esta escala de amor es en el cual se causa en el alma, por raz\u00f3n del Amado, un ordinario sufrir sin fatigarse. Porque, como dice san Agust\u00edn, todas las cosas grandes, graves y pesadas, casi ningunas las hace el amor. En este grado hablaba la Esposa (Ct. 8, 6), cuando, deseando ya verse en el \u00faltimo dijo al Esposo: Ponme como se\u00f1al en tu coraz\u00f3n, como se\u00f1al en tu brazo; porque la dilecci\u00f3n, esto es, el acto y obra de amor, es fuerte como la muerte, y dura emulaci\u00f3n y porf\u00eda como el infierno. El esp\u00edritu aqu\u00ed tiene tanta fuerza, que tiene tan sujeta a la carne y la tiene tan en poco como el \u00e1rbol a una de sus hojas. En ninguna manera aqu\u00ed el alma busca su consuelo ni gusto, ni en Dios ni en otra cosa, ni anda deseando ni pretendiendo pedir mercedes a Dios, porque ve claro que hartas las tiene hechas, y queda todo su cuidado en c\u00f3mo podr\u00e1 dar alg\u00fan gusto a Dios y servirle algo por lo que \u00e9l merece y de \u00e9l tiene recibido, aunque fuese muy a su costa. Dice en su coraz\u00f3n y esp\u00edritu: \u00a1Ay, Dios y Se\u00f1or m\u00edo, cu\u00e1n muchos hay que andan a buscar en ti consuelo y gusto y a que les concedas mercedes y dones, mas los que a ti pretenden dar gusto y darte algo a su costa, pospuesto su particular, son muy pocos. Porque no est\u00e1 la falta, Dios m\u00edo, en no nos querer t\u00fa hacer mercedes de nuevo, sino en no emplear nosotros las recibidas s\u00f3lo en tu servicio, para obligarte a que nos las hagas de continuo! <br \/><br \/>Harto levantado es este grado de amor, porque, como aqu\u00ed el alma con tan verdadero amor se anda siempre tras Dios con esp\u00edritu de padecer por \u00e9l, dale Su Majestad muchas veces y muy de ordinario el gozar, visit\u00e1ndola en esp\u00edritu sabrosa y deleitablemente, porque el inmenso amor del Verbo Cristo no puede sufrir penas de su amante sin acudirle. Lo cual por Jerem\u00edas (2, 2) lo afirma \u00e9l, diciendo: Acord\u00e1dome he de ti, apiad\u00e1ndome de tu adolescencia y ternura cuando me seguiste en el desierto. Hablando espiritualmente es el desarrimo que aqu\u00ed interiormente trae el alma de toda criatura, no parando ni quiet\u00e1ndose en nada. Este cuarto grado inflama de manera al alma y la enciende tal deseo de Dios, que la hace subir al quinto, el cual es el que se sigue. <br \/><br \/>5. \u00a0El quinto grado de la escala de amor hace al alma apetecer y codiciar a Dios impacientemente. En este grado el amante tanta es la vehemencia que tiene por comprehender al Amado y unirse con \u00e9l, que toda dilaci\u00f3n, por m\u00ednima que sea, se le hace muy larga, molesta y pesada, y siempre piensa que halla al Amado; y cuando se ve frustrado su deseo, lo cual es casi a cada paso, desfallece en su codicia, seg\u00fan hablando en este grado lo dice el Salmista (Sal. 83, 2), diciendo: Codicia y desfallece mi alma a las moradas del Se\u00f1or. En este grado el amante no puede dejar de ver lo que ama o morir; en el cual Raquel, por la gran codicia que ten\u00eda a los hijos, dijo a Jacob su esposo: Dame hijos; si no, yo morir\u00e9 (Gn. 30, 1). Padecen aqu\u00ed hambre como canes y cercan y rodean la ciudad de Dios (Sal. 58, 7). En este hambriento grado se ceba el alma en amor, porque seg\u00fan la hambre es la hartura. De manera que de aqu\u00ed puede subir al sexto grado, que hace los efectos que se siguen.<br \/><br \/><a id=\"no2-20\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 20<\/strong><br \/>P\u00f3nense los otros cinco grados de amor.<br \/><br \/>1. El sexto grado hace correr al alma ligeramente a Dios y dar muchos toques en \u00e9l, y sin desfallecer corre por la esperanza, que aqu\u00ed el amor (que) la ha fortificado la hace volar ligero. En el cual grado tambi\u00e9n dice el profeta Isa\u00edas: Los santos que esperan en Dios mudar\u00e1n la fortaleza, tomar\u00e1n alas como de \u00e1guila y volar\u00e1n y no desfallecer\u00e1n (Is. 40, 31), como hac\u00edan en el grado quinto. A este grado pertenece tambi\u00e9n aquello del salmo (41, 2): As\u00ed como el ciervo desea las aguas, mi alma desea a ti, Dios; porque el ciervo en la sed con gran ligereza corre a las aguas. La causa de esta ligereza en amor que tiene el alma en este grado es por estar ya muy dilatada la caridad en ella, por estar aqu\u00ed el alma poco menos que purificada del todo, como se dice tambi\u00e9n en el salmo (58, 5), es a saber: Sine iniquitate cucurri; y en otro salmo (118, 32): El camino de tus mandamientos corr\u00ed cuando dilataste mi coraz\u00f3n. Y as\u00ed, de este sexto grado se pone luego en el s\u00e9ptimo, que es el que sigue.<br \/><br \/>2. \u00a0El s\u00e9ptimo grado de esta escala hace atrever al alma con vehemencia. Aqu\u00ed el amor ni se aprovecha del juicio para esperar, ni usa de consejo para se retirar, ni con verg\u00fcenza se puede enfrenar, porque el favor, que ya Dios aqu\u00ed hace al alma, la hace atrever con vehemencia. De donde se sigue lo que dice el Ap\u00f3stol (1 Cor. 13, 7), y es: La caridad todo lo cree, todo lo espera y todo lo puede. De este grado habl\u00f3 Mois\u00e9s (Ex. 32, 31\u00ad32), cuando dijo a Dios que perdonase al pueblo, y, si no, que le borrase a \u00e9l del libro de la vida en que le hab\u00eda escrito. Estos alcanzan de Dios lo que con gusto le piden. De donde dice David (Sal. 36, 4): Del\u00e9itate en Dios, y darte ha las peticiones de tu coraz\u00f3n. En este grado se atrevi\u00f3 la Esposa (Ct. 1, 1) y dijo: Osculetur me osculo oris sui. A este grado no le es l\u00edcito al alma atreverse, si no sintiere el favor interior del cetro del rey inclinado para ella (Est. 6, 11), porque por ventura no caiga de los dem\u00e1s grados que hasta all\u00ed ha subido, en los cuales siempre se ha de conservar en humildad. De esta osad\u00eda y mano, que Dios la da al alma en este s\u00e9ptimo grado para atreverse a Dios con vehemencia de amor, se sigue el octavo, que es hacer ella presa en el Amado y unirse con \u00e9l, seg\u00fan se sigue. <br \/><br \/>3. El octavo grado de amor hace al alma asir y apretar sin soltar, seg\u00fan la Esposa dice (Ct. 3, 4) en esta manera: Hall\u00e9 al que ama mi coraz\u00f3n y \u00e1nima, y t\u00favele, y no le soltar\u00e9. En este grado de uni\u00f3n satisface el alma su deseo, mas no de continuo, porque algunos llegan a poner el pie y luego lo vuelven a quitar; porque si durase, ser\u00eda cierta gloria en esta vida, y as\u00ed muy pocos espacios causa el alma en \u00e9l. Al profeta Daniel (10, 11), por ser var\u00f3n de deseos, se le mand\u00f3 de parte de Dios que permaneciese en este grado, dici\u00e9ndole: Daniel, est\u00e1 sobre tu grado, porque eres var\u00f3n de deseos. De este grado se sigue el nono, que es ya el de los perfectos, como diremos despu\u00e9s, que es el que se sigue.<br \/><br \/>4. El nono grado de amor hace arder al alma con suavidad. Este grado es el de los perfectos, los cuales arden ya en Dios suavemente, porque este ardor suave y deleitoso les causa el Esp\u00edritu Santo por raz\u00f3n de la uni\u00f3n que tienen con Dios. Por esto dice san Gregorio de los Ap\u00f3stoles que, cuando el Esp\u00edritu Santo visiblemente vino sobre ellos, que interiormente ardieron por amor suavemente.<br \/><br \/>De los bienes y riquezas de Dios que el alma goza en este grado, no se puede hablar; porque, si de ello escribiesen muchos libros, quedar\u00eda lo m\u00e1s por decir. Del cual, por esto y porque despu\u00e9s diremos alguna cosa, aqu\u00ed no digo m\u00e1s sino que de \u00e9ste se sigue el d\u00e9cimo y el \u00faltimo grado de esta escala de amor, que ya no es de esta vida.<br \/><br \/>5. \u00a0El d\u00e9cimo y \u00faltimo grado de esta escala secreta de amor hace el alma asimilarse totalmente a Dios, por raz\u00f3n de la clara visi\u00f3n de Dios que luego posee inmediatamente el alma, que, habiendo llegado en esta vida al nono grado, sale de la carne. Porque \u00e9stos, pocos que son, por cuanto ya por el amor est\u00e1n purgad\u00edsimos, no entran en el purgatario. De donde san Mateo (5, 8), dice: Beati mundo corde, quoniam ipsi Deum videbunt, etc. Y, como decimos, esta visi\u00f3n es la causa de la similitud total del alma con Dios, porque as\u00ed lo dice san Juan (1 Jn. 3, 2), diciendo: Sabemos que seremos semejantes a \u00e9l, no porque el alma se har\u00e1 tan capaz como Dios, porque eso es imposible, sino porque todo lo que ella es se har\u00e1 semejante a Dios; por lo cual se llamar\u00e1, y lo ser\u00e1, Dios por participaci\u00f3n. <br \/><br \/>6. \u00a0Esta es la escala secreta que aqu\u00ed dice el alma, aunque ya en estos grados de arriba no es muy secreta para el alma, porque mucho se le descubre el amor por los grandes efectos que en ella hace. Mas en este \u00faltimo grado de clara visi\u00f3n, que es lo \u00faltimo de la escala donde estriba Dios, como ya dijimos, ya no hay cosa para el alma encubierta, por raz\u00f3n de la total asimilaci\u00f3n; de donde nuestro Salvador (Jn. 16, 23) dice: En aquel d\u00eda ninguna cosa me preguntar\u00e9is, etc. Pero hasta este d\u00eda todav\u00eda, aunque el alma m\u00e1s alta vaya, le queda algo encubierto, y tanto cuanto le falta para la asimilaci\u00f3n total con la divina esencia. <br \/><br \/>De esta manera, por esta teolog\u00eda m\u00edstica y amor secreto, se va el alma saliendo de todas las cosas y de s\u00ed misma y subiendo a Dios. Porque el amor es asimilado al fuego, que siempre sube hacia arriba, con apetito de engolfarse en el centro de su esfera.<br \/><br \/><a id=\"no2-21\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 21<\/strong><br \/>Decl\u00e1rase esta palabra \u00abdisfrazada\u00bb, y d\u00edcense los colores del disfraz del alma en esta noche.<br \/><br \/>1. Resta, pues, ahora saber, despu\u00e9s que habemos declarado las causas por que el alma llamaba a esta contemplaci\u00f3n secreta escala, acerca de la tercera palabra del verso, conviene a saber disfrazada, por qu\u00e9 causa tambi\u00e9n dice el alma que ella sali\u00f3 por esta secreta escala disfrazada.<br \/><br \/>2. \u00a0Para inteligencia de esto conviene saber que disfrazarse no es otra cosa que disimularse y encubrirse debajo de otro traje y figura que de suyo ten\u00eda: ahora por debajo de aquella forma y traje, mostrar de fuera la voluntad y pretensi\u00f3n que en el coraz\u00f3n tiene para ganar la gracia y voluntad de quien bien quiere; ahora tambi\u00e9n para encubrirse de sus \u00e9mulos, y as\u00ed poder hacer mejor su hecho. Y entonces aquellos trajes y librea toma que m\u00e1s represente y signifique la afecci\u00f3n de su coraz\u00f3n, y con que mejor se pueda acerca de los contrarios disimular.<br \/><br \/>3. El alma, pues, aqu\u00ed tocada del amor del Esposo Cristo, pretendiendo caerle en gracia y ganarle la voluntad, aqu\u00ed sale disfrazada con aquel disfraz que m\u00e1s al vivo represente las afecciones de su esp\u00edritu y con que m\u00e1s segura vaya de los adversarios suyos y enemigos, que son: demonio, mundo y carne. Y as\u00ed, la librea que lleva es de tres colores principales, que son blanco, verde y colorado, por los cuales son denotadas las tres virtudes teologales, que son: fe, esperanza y caridad, con las cuales no solamente ganar\u00e1 la gracia y voluntad de su Amado, pero ir\u00e1 muy amparada y segura de sus tres enemigos. Porque la fe es una t\u00fanica interior de una blancura tan levantada, que disgrega la vista de todo entendimiento. Y as\u00ed, yendo el alma vestida de fe, no ve ni atina el demonio a empecerla, porque con la fe va muy amparada, m\u00e1s que con todas las dem\u00e1s virtudes, contra el demonio, que es el m\u00e1s fuerte y astuto enemigo. <br \/><br \/>4. Que, por eso, san Pedro (1 Pe. 5, 9) no hall\u00f3 otro mayor amparo que ella para librarse de \u00e9l, cuando dijo: Cui resistite fortes in fide. Y para conseguir la gracia y uni\u00f3n del Amado no puede el alma haber mejor t\u00fanica y camisa interior, para fundamento y principio de las dem\u00e1s vestiduras de virtudes, que esta blancura de fe, porque sin ella, como dice el Ap\u00f3stol (Heb. 11, 6), imposible es agradar a Dios, y con ella es imposible dejarle de agradar, pues \u00e9l mismo dice por el profeta Oseas (2, 20): Desponsabo te mihi in fide. Que es como decir: Si te quieres, alma, unir y desposar conmigo, has de venir interiormente vestida de fe. <br \/><br \/>5. \u00a0Esta blancura de fe llevaba el alma en la salida de esta noche oscura, cuando caminando, como habemos dicho arriba, en tinieblas y aprietos interiores, no d\u00e1ndole su entendimiento alg\u00fan alivio de luz, ni de arriba, pues le parec\u00eda el cielo cerrado y Dios escondido, ni de abajo, pues los que la ense\u00f1aban no le satisfac\u00edan, sufri\u00f3 con constancia y persever\u00f3, pasando por aquellos trabajos sin desfallecer y faltar al Amado; el cual en los trabajos y tribulaciones prueba la fe de su Esposa, de manera que pueda ella despu\u00e9s con verdad decir aquel dicho de David (Sal. 16, 4), es a saber: Por las palabras de tus labios yo guard\u00e9 caminos duros.<br \/><br \/>6. \u00a0Luego, sobre esta t\u00fanica blanca de fe se sobrepone aqu\u00ed el alma el segundo color, que es una almilla de verde, por el cual, como dijimos, es significada la virtud de la esperanza; con la cual, cuanto a lo primero, el alma se libra y ampara del segundo enemigo, que es el mundo. Porque esta verdura de esperanza viva en Dios da al alma una tal viveza y animosidad y levantamiento a las cosas de la vida eterna, que, en comparaci\u00f3n de lo que all\u00ed espera, todo lo del mundo le parece, como es la verdad, seco y lacio y muerto, de ning\u00fan valor. Y aqu\u00ed se despoja y desnuda de todas estas vestiduras y traje del mundo, no poniendo su coraz\u00f3n en nada, ni esperando nada de lo que hay o ha de haber en \u00e9l, viviendo solamente vestida de esperanza de vida eterna. Por lo cual, teniendo el coraz\u00f3n tan levantado del mundo, no s\u00f3lo no le puede tocar y asir el coraz\u00f3n, pero ni alcanzarle de vista.<br \/><br \/>7. Y as\u00ed, con esta verde librea y disfraz va el alma muy segura de este segundo enemigo del mundo. Porque a la esperanza llama san Pablo (1 Tes. 5, 8) yelmo de salud, que es una arma que ampara toda la cabeza y la cubre de manera que no la queda descubierto sino una visera por donde ver. Y eso tiene la esperanza, que todos los sentidos de la cabeza del alma cubre, de manera que no se engolfan en cosa ninguna del mundo, ni les quede por donde les pueda herir alguna saeta del siglo. S\u00f3lo le deja una visera para que el ojo pueda mirar hacia arriba, y no m\u00e1s, que es el oficio que de ordinario hace la esperanza en el alma, que es levantar los ojos a mirar a Dios, como dice David (Sal. 24, 15) que hac\u00eda en \u00e9l cuando dijo: Oculi mei semper ad Dominum, no esperando bien ninguno de otra parte, sino, como \u00e9l mismo en otro salmo (122, 2) dice: Que as\u00ed como los ojos de la sierva est\u00e1n en las manos de su se\u00f1ora puestos, as\u00ed los nuestros en Nuestro Se\u00f1or Dios, hasta que se apiade de nosotros, esperando en \u00e9l.<br \/><br \/>8. Por esta causa, (es) esta librea verde, porque siempre est\u00e1 mirando a Dios y no pone los ojos en otra cosa ni se paga sino s\u00f3lo de \u00e9l; se agrada tanto el Amado del alma, que es verdad decir que tanto alcanza de \u00e9l cuanto ella de \u00e9l espera. Que por eso el Esposo en los Cantares (4, 9) le dice a ella, que en solo el mirar de un ojo le llag\u00f3 el coraz\u00f3n. Sin esta librea verde de s\u00f3lo esperanza de Dios no le conven\u00eda al alma salir a esta pretensi\u00f3n de amor, porque no alcanzara nada, por cuanto la que mueve y vence es la esperanza porfiada. <br \/><br \/>9. De esta librea de esperanza va disfrazada el alma por esta oscura y secreta noche que habemos dicho, pues que va tan vac\u00eda de toda posesi\u00f3n y arrimo, que no lleva los ojos en otra cosa ni el cuidado si no es en Dios, poniendo en el polvo su boca si por ventura hubiere esperanza, como entonces alegamos de Jerem\u00edas (Lm. 3, 29).<br \/><br \/>10. Sobre el blanco y verde, para el remate y perfecci\u00f3n de este disfraz y librea, lleva el alma aqu\u00ed el tercer color, que es una excelente toga colorada, por la cual es denotada la tercera virtud, que es caridad, con la cual no solamente da gracia a las otras dos colores, pero hace levantar tanto al alma de punto, que la pone cerca de Dios tan hermosa y agradable, que se atreve ella a decir: Aunque soy morena, \u00a1oh hijas de Jerusal\u00e9n!, soy hermosa; y por eso me ha amado el rey, y met\u00eddome en su lecho (Ct. 1, 4).<br \/><br \/>Con esta librea de caridad, que es ya la del amor, que en el Amado hace m\u00e1s amor, no s\u00f3lo se ampara y encubre el alma del tercer enemigo, que es la carne (porque donde hay verdadero amor de Dios, no entrar\u00e1 amor de s\u00ed ni de sus cosas), pero aun hace v\u00e1lidas a las dem\u00e1s virtudes, d\u00e1ndoles vigor y fuerza para amparar al alma, y gracia y donaire para agradar al Amado con ellas, porque sin caridad ninguna virtud es graciosa delante de Dios; porque \u00e9sta es la p\u00farpura que se dice en los Cantares (3, 10), sobre que se recuesta Dios, vi\u00e9ndose en el alma. De esta librea colorada va el alma vestida, cuando, como arriba queda declarado en la primera canci\u00f3n, en la noche oscura sale de s\u00ed y de todas las cosas criadas, con ansias en amores inflamada, por esta secreta escala de contemplaci\u00f3n, a la perfecta uni\u00f3n de amor de Dios, su amada salud.<br \/><br \/>11. Este, pues, es el disfraz que el alma dice que lleva en la noche de fe por esta secreta escala, y \u00e9stas son las tres colores de \u00e9l; las cuales son una acomodad\u00edsima disposici\u00f3n para unirse el alma con Dios seg\u00fan sus tres potencias, que son: entendimiento, memoria y voluntad.<br \/><br \/>Porque la fe oscurece y vac\u00eda al entendimiento de toda su inteligencia y en esto le dispone para unirle con la Sabidur\u00eda divina.<br \/><br \/>Y la esperanza vac\u00eda y aparta la memoria de toda la posesi\u00f3n de criatura, porque, como dice san Pablo (Rm. 8, 24), la esperanza es de lo que no se posee, y as\u00ed aparta la memoria de lo que se puede poseer, y p\u00f3nela en lo que espera. Y por esto la esperanza de Dios sola dispone la memoria puramente para unirla con Dios.<br \/><br \/>La caridad, ni m\u00e1s ni menos, vac\u00eda y aniquila las afecciones y apetitos de la voluntad de cualquiera cosa que no es Dios, y s\u00f3lo se los pone en \u00e9l; y as\u00ed esta virtud dispone esta potencia y la une con Dios por amor. Y as\u00ed, porque estas virtudes tienen por oficio apartar al alma de todo lo que es menos que Dios, le tienen consiguientemente de juntarla con Dios.<br \/><br \/>12. Y as\u00ed, sin caminar a las veras con el traje de estas tres virtudes, es imposible llegar a la perfecci\u00f3n de uni\u00f3n con Dios por amor. De donde, para alcanzar el alma lo que pretend\u00eda, que era esta amorosa y deleitosa uni\u00f3n con su Amado, muy necesario y conveniente traje y disfraz fue este que tom\u00f3 aqu\u00ed el alma. Y tambi\u00e9n atin\u00e1rsele a vestir y perseverar con \u00e9l hasta conseguir pretensi\u00f3n y fin tan deseado como era la uni\u00f3n de amor, fue gran ventura, y por eso nos lo dice este verso:<br \/><br \/>\u00a1Oh dichosa ventura!<br \/><br \/><a id=\"no2-22\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 22<\/strong><br \/>Expl\u00edcase el tercer verso de la segunda canci\u00f3n.<br \/><br \/>1. Bien claro est\u00e1 que le fue dichosa ventura al alma salir con una tal empresa, como \u00e9sta su salida fue; en la cual se libr\u00f3 del demonio y del mundo y de su misma sensualidad, como habemos dicho, y, alcanzado la libertad dichosa y deseada de todos, del esp\u00edritu, sali\u00f3 de lo bajo a lo alto, de terrestre se hizo celestial, y de humana, divina, viniendo a tener su conversaci\u00f3n en los cielos (Fil. 3, 20), como acaece en este estado de perfecci\u00f3n al alma, como en lo restante se ir\u00e1 diciendo, aunque ya con alguna m\u00e1s brevedad.<br \/><br \/>2. \u00a0Porque lo que era de m\u00e1s importancia, y por lo que yo principalmente me puse en esto, que fue declarar esta noche a muchas almas que, pasando por ella, estaban de ella ignorantes, como en el pr\u00f3logo se dice, est\u00e1 ya medianamente declarado, y dado a entender, aunque harto menos de lo que ello es: cu\u00e1ntos sean los bienes que consigo trae al alma, y cu\u00e1n dichosa ventura le sea al que por ella va, para que, cuando se espantaren con el horror de tantos trabajos, se animen con la cierta esperanza de tantos y tan aventajados bienes de Dios como en ella se alcanzan. <br \/><br \/>Tambi\u00e9n, dem\u00e1s de esto, le fue dichosa ventura al alma por lo que dice luego en el verso siguiente, es a saber: <br \/><br \/>A oscuras y en celada.<br \/><br \/><a id=\"no2-23\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 23<\/strong><br \/>Decl\u00e1rase el cuarto verso. Dice el admirable escondrijo en que es puesta el alma en esta noche, y c\u00f3mo, aunque el demonio tiene entrada en otros muy altos no en \u00e9ste.<br \/><br \/>1. En celada es tanto como decir: escondido o encubierto. Y as\u00ed, lo que aqu\u00ed dice el alma, conviene a saber, que a oscuras y en celada sali\u00f3, es m\u00e1s cumplidamente dar entender la gran seguridad que ha dicho en el primer verso de esta canci\u00f3n que lleva por medio de esta oscura contemplaci\u00f3n en el camino de la uni\u00f3n de amor de Dios. Decir, pues, el alma a oscuras y en celada, es decir que, por cuanto iba a oscuras de la manera dicha, iba encubierta y escondida del demonio y de sus cautelas y asechanzas. <br \/><br \/>2. \u00a0La causa por que el alma en la oscuridad de esta contemplaci\u00f3n va libre y escondida de las asechanzas del demonio, es porque la contemplaci\u00f3n infusa, que aqu\u00ed lleva, se infunde pasiva y secretamente en el alma a excusas de los sentidos y potencias interiores y exteriores de la parte sensitiva. Y de aqu\u00ed es que no s\u00f3lo del impedimento, que con su natural flaqueza le pueden ser estas potencias, va escondida y libre, sino tambi\u00e9n del demonio, el cual, si no es por medio de estas potencias de la parte sensitiva, no puede alcanzar ni conocer lo que hay en el alma, ni lo que en ella pasa. De donde, cuanto la comunicaci\u00f3n es m\u00e1s espiritual, interior y remota de los sentidos, tanto menos el demonio alcanza a entenderla. <br \/><br \/>3. Y as\u00ed, es mucho lo que importa para la seguridad del alma que el trato interior con Dios sea de manera que sus mismos sentidos de la parte inferior queden a oscuras y ayunos de ello y no lo alcancen: lo uno, porque haya lugar que la comunicaci\u00f3n espiritual sea m\u00e1s abundante, no impidiendo la flaqueza de la parte sensitiva la libertad del esp\u00edritu; lo otro, porque, como decimos, va m\u00e1s segura, no alcanzando el demonio tan adentro. De donde podemos entender a este prop\u00f3sito aquella autoridad de nuestro Salvador (Mt. 6, 3), hablando espiritualmente, conviene a saber: No sepa tu siniestra lo que hace tu diestra, que es como si dijera: Lo que pasa en la parte diestra, que es la superior y espiritual del alma, no lo sepa (la siniestra), esto es, sea de manera que la porci\u00f3n inferior de tu alma, que es la parte sensitiva, no lo alcance; sea s\u00f3lo secreto entre el esp\u00edritu y Dios.<br \/><br \/>4. Bien es verdad que muchas veces, cuando hay en el alma y pasan estas comunicaciones espirituales muy interiores y secretas, aunque el demonio no alcance cu\u00e1les y c\u00f3mo sean, por la gran pausa y silencio que causan algunas de ellas en los sentidos y potencias de la parte sensitiva, por aqu\u00ed hecha de ver que las hay y que recibe el alma alg\u00fan bien. Y entonces, como ve que no puede alcanzar a contradecirlas al fondo del alma, hace cuanto puede por alborotar y turbar la parte sensitiva, que es donde alcanza, ahora con dolores, ahora con horrores y miedos, con intento de desquietar y turbar por este medio a la parte superior y espiritual del alma, acerca de aquel bien que entonces recibe y goza.<br \/><br \/>Pero muchas veces, cuando la comunicaci\u00f3n de la tal contemplaci\u00f3n tiene su puro embestimiento en el esp\u00edritu y hace fuerza en \u00e9l, no le aprovecha al demonio su diligencia para desquietarle, antes el alma entonces recibe nuevo provecho y mayor y m\u00e1s segura paz. Porque, en sintiendo la turbadora presencia del enemigo, \u00a1cosa admirable!, que, sin saber c\u00f3mo es aquello y sin ella hacer nada de su parte, se entra ella m\u00e1s adentro del fondo interior, sintiendo ella muy bien que se pone en cierto refugio, donde se ve estar m\u00e1s alejada del enemigo y escondida, y all\u00ed aument\u00e1rsele la paz y el gozo que el demonio le pretend\u00eda quitar. Y entonces todo aquel temor le cae por defuera, sinti\u00e9ndolo ella claramente y holg\u00e1ndose de verse tan a lo seguro gozar de aquella quieta paz y sabor del Esposo escondido, que ni mundo ni demonio puede dar ni quitar, sintiendo all\u00ed el alma la verdad de lo que la Esposa a este prop\u00f3sito dice en los Cantares (3, 7\u00ad8), es a saber: Mirad que al lecho de Salom\u00f3n cercan sesenta fuertes, etc., por los temores de la noche. Y esta fortaleza y paz siente, aunque muchas veces siente atormentar la carne y los huesos por defuera. <br \/><br \/>5. \u00a0Otras veces, cuando la comunicaci\u00f3n espiritual no comunica mucho en el esp\u00edritu, sino que participa en el sentido, con m\u00e1s facilidad alcanza el demonio a turbar el esp\u00edritu y alborotarle por medio del sentido con estos horrores. Y entonces es grande el tormento y pena que causa en el esp\u00edritu, y algunas veces m\u00e1s de lo que se puede decir; porque, como va de esp\u00edritu a esp\u00edritu desnudamente, es intolerable el horror que causa el malo en el bueno, digo en el del \u00e1nima, cuando le alcanza su alboroto. Lo cual tambi\u00e9n da a entender la Esposa en los Cantares (6, 10), cuando dice haberle a ella acaecido as\u00ed al tiempo que quer\u00eda descender al interior recogimiento a gozar de estos bienes, diciendo: Descend\u00ed al huerto de las nueces para ver las manzanas de los valles y si hab\u00eda florecido la vi\u00f1a; no supe; conturb\u00f3me mi alma por las cuadrigas, esto es, por los carros y estruendos de Aminadab, que es el demonio.<br \/><br \/>6. \u00a0Otras veces acaece, y esto cuando es por medio del \u00e1ngel bueno, que algunas veces el demonio echa de ver alguna merced que Dios quiere hacer al alma. Porque las que son por este medio del \u00e1ngel bueno, ordinariamente permite Dios que las entienda el adversario: lo uno, para que haga contra ellas lo que pudiere seg\u00fan la proporci\u00f3n de la justicia, y as\u00ed no pueda alegar el demonio de su derecho, diciendo que no le dan lugar para conquistar al alma, como hizo de Job (1, 9\u00ad11; 2, 4\u00ad8); lo cual ser\u00eda si no dejase Dios lugar a que hubiese cierta paridad en los dos guerreros, conviene a saber, el \u00e1ngel bueno y el malo, acerca del alma, y as\u00ed la victoria de cualquiera sea m\u00e1s estimada, y el alma victoriosa y fiel en la tentaci\u00f3n sea m\u00e1s premiada.<br \/><br \/>7. Donde nos conviene notar que \u00e9sta es la causa por que, a la misma medida y modo que va Dios llevando al alma y habi\u00e9ndose con ella, da licencia al demonio para que de esa misma manera se haya \u00e9l con ella: que, si tiene visiones verdaderas por medio del \u00e1ngel bueno (que ordinariamente son por este medio, aunque se muestre Cristo, porque \u00e9l en su misma persona casi nunca parece), tambi\u00e9n da Dios licencia al \u00e1ngel malo para que en aquel mismo g\u00e9nero se las pueda representar falsas, de manera que, seg\u00fan son de aparentes, el alma que no es cauta f\u00e1cilmente puede ser enga\u00f1ada, como muchas de esta manera lo han sido. De lo cual hay figura en el Exodo (7, 11-12; 8, 7), donde se dice que, todas las se\u00f1ales que hac\u00eda Mois\u00e9s verdaderas, hac\u00edan tambi\u00e9n los m\u00e1gicos de Fara\u00f3n aparentes; que, si \u00e9l sacaba ranas, ellos tambi\u00e9n las sacaban; si \u00e9l volv\u00eda el agua en sangre, ellos tambi\u00e9n la volv\u00edan.<br \/><br \/>8. Y no s\u00f3lo en este g\u00e9nero de visiones corporales imita, sino tambi\u00e9n en las espirituales comunicaciones, cuando son por medio del \u00e1ngel, alcanz\u00e1ndolas a ver, como decimos, porque, como dice Job (41, 25): Omne sublime videt, imita y se entremete. Aunque en \u00e9stas, como son sin forma y figura (porque de raz\u00f3n del esp\u00edritu es no tenerla), no las puede \u00e9l imitar y formar como las otras que debajo de alguna especie o figura se representan. Y as\u00ed, para impugnarla, al mismo modo que el alma es visitada, repres\u00e9ntala su temor espiritual para impugnar y destruir espiritual con espiritual.<br \/><br \/>Cuando esto acaece as\u00ed, al tiempo que el \u00e1ngel bueno va a comunicar al alma la espiritual contemplaci\u00f3n, no puede el alma ponerse tan presto en lo escondido y celada de la contemplaci\u00f3n que no sea notada del demonio y la alcance de vista con alg\u00fan horror y turbaci\u00f3n espiritual, a veces harto penosa para el alma. Entonces algunas veces se puede el alma despedir presto, sin que haya lugar de hacer en ella impresi\u00f3n en el dicho horror del esp\u00edritu malo, y se recoge dentro de s\u00ed, favorecida para esto de la eficaz merced espiritual que el \u00e1ngel bueno entonces le hace.<br \/><br \/>9. Otras veces prevalece el demonio y comprehende al alma la turbaci\u00f3n y el horror, lo cual es al alma de mayor pena que ning\u00fan tormento de esta vida le podr\u00eda ser; porque, como esta horrenda comunicaci\u00f3n va de esp\u00edritu a esp\u00edritu, algo desnuda y claramente de todo lo que es cuerpo, es penosa sobre todo sentido; y dura esto alg\u00fan tanto en el esp\u00edritu, no mucho, porque saldr\u00eda el esp\u00edritu de las carnes con la vehemente comunicaci\u00f3n del otro esp\u00edritu; despu\u00e9s queda la memoria que basta para dar gran pena. <br \/><br \/>10. Todo esto que habemos dicho pasa en el alma pasivamente, sin ser ella parte en hacer y deshacer acerca de ello. Pero es aqu\u00ed de saber que, cuando el \u00e1ngel bueno permite al demonio esta ventaja de alcanzar al alma con este espiritual horror, h\u00e1celo para purificarla y disponerla con esta vigilia espiritual para alguna gran fiesta y merced espiritual: que le quiere hacer el que nunca mortifica sino para dar vida, ni humilla sino para ensalzar (1 Re. 2, 6-7). Lo cual acaece de all\u00ed a poco, que el alma, conforme a la purgaci\u00f3n tenebrosa y horrible que padeci\u00f3, goza de admirable y sabrosa contemplaci\u00f3n espiritual, a veces tan subida, que no hay lenguaje para ella; pero sutiliz\u00f3la mucho el esp\u00edritu para poder recibir este bien el antecedente horror del esp\u00edritu malo; porque estas visiones espirituales m\u00e1s son de la otra vida que de \u00e9sta, y, cuando se ve una, dispone para otra.<br \/><br \/>11. Lo dicho se entiende acerca de cuando visita Dios al alma por medio del \u00e1ngel bueno, en lo cual no va ella, seg\u00fan se ha dicho, totalmente tan a oscuras y en celada, que no le alcance algo el enemigo. Pero cuando Dios por s\u00ed mismo la visita, entonces se verifica bien el dicho verso, porque totalmente a oscuras y en celada del enemigo recibe las mercedes espirituales de Dios. La causa es porque como Su Majestad mora sustancialmente en el alma, donde ni \u00e1ngel ni demonio puede llegar a entender lo que pasa, no puede conocer las \u00edntimas y secretas comunicaciones que entre ella y Dios all\u00ed pasan. Estas, por cuanto las hace el Se\u00f1or por s\u00ed mismo, totalmente son divinas y soberanas, porque todos son toques sustanciales de divina uni\u00f3n entre el alma y Dios, en uno de los cuales, por ser \u00e9ste el m\u00e1s alto grado de oraci\u00f3n que hay, recibe el alma mayor bien que en todo el resto.<br \/><br \/>12. Porque \u00e9stos son los toques que ella le entr\u00f3 pidiendo en los Cantares (1, 1), diciendo: Osculetur me osculo oris sui, etc. Que por ser cosa que tan a lo justo pasa con Dios, donde el alma con tantas ansias codicia llegar, estima y codicia un toque de esta Divinidad m\u00e1s que todas las dem\u00e1s mercedes que Dios le hace. Por lo cual, despu\u00e9s que en los dichos Cantares le hab\u00eda hecho muchas, que ella all\u00ed ha contado, no hall\u00e1ndose satisfecha, dice, pidiendo estos toques divinos: \u00bfQui\u00e9n te me dar\u00e1 hermano m\u00edo, que te hallase yo sola afuera mamando de los pechos de mi madre, porque con la boca de mi alma te besase, y as\u00ed no me despreciase ni se me atreviese ninguno? (8, 1). Dando a entender por esto que, siendo la comunicaci\u00f3n que Dios le hiciese para s\u00ed s\u00f3lo, como vamos diciendo, afuera y a excusa de todas las criaturas, que esto quiere decir \u00absolo y afuera mamando\u00bb, esto es, enjugando y apagando los pechos de los apetitos y afecciones de la parte sensitiva (lo cual es cuando ya con libertad de esp\u00edritu, sin que la parte sensitiva alcance a impedirlo, ni el demonio por medio de ella a contradecirlo, goza el alma en sabor y paz \u00edntima estos bienes), que entonces no se le atrever\u00eda el demonio, porque no lo alcanzar\u00eda, ni podr\u00e1 llegar a entender estos divinos toques en la sustancia del alma en la amorosa sustancia de Dios.<br \/><br \/>13. A este bien ninguno llega si no es por \u00edntima purgaci\u00f3n y desnudez y escondrijo espiritual de todo lo que es criatura. Lo cual a oscuras, como largamente habemos dicho atr\u00e1s y decimos acerca de este verso en celada y escondido; en el cual escondido, como ahora habemos dicho, se va confirmando el alma en la uni\u00f3n con Dios por amor. Y, por eso lo canta ella en el dicho verso, diciendo: a oscuras y en celada.<br \/><br \/>14. Cuando acaece que aquellas mercedes se le hacen al alma en celada, que es s\u00f3lo, como habemos dicho, en esp\u00edritu, suele en algunas de ellas el alma verse sin saber c\u00f3mo es aquello, tan apartada y alejada seg\u00fan la parte espiritual y superior de la porci\u00f3n inferior y sensitiva, que conoce en s\u00ed dos partes tan distintas entre s\u00ed, que le parece no tiene que ver la una con la otra, pareci\u00e9ndole que est\u00e1 muy remota y apartada de la una. Y la verdad, en cierta manera as\u00ed lo est\u00e1; porque seg\u00fan la operaci\u00f3n, que entonces es toda espiritual, no comunica en la parte sensitiva. De esta suerte se va haciendo el alma toda espiritual; en estos escondrijos de contemplaci\u00f3n unitiva se le acaban por sus t\u00e9rminos de quitar las pasiones y apetitos espirituales en mucho grado. Y as\u00ed, hablando de la porci\u00f3n superior del alma, dice luego este \u00faltimo verso:<br \/><br \/>Estando ya mi casa sosegada.<br \/><br \/><a id=\"no2-24\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 24<\/strong><br \/>Ac\u00e1base de explicar la segunda canci\u00f3n.<br \/><br \/>1. Lo cual es tanto como decir: estando la porci\u00f3n superior de mi alma ya tambi\u00e9n, como la inferior, sosegada seg\u00fan sus apetitos y potencias, sal\u00ed a la divina uni\u00f3n de amor de Dios.<br \/><br \/>2. \u00a0Por cuanto de dos maneras por medio de aquella guerra de la oscura noche, como queda dicho, es combatida y purgada el alma, conviene a saber, seg\u00fan la parte sensitiva y la espiritual, con sus sentidos, potencias y pasiones, tambi\u00e9n de dos maneras, conviene saber, seg\u00fan estas dos partes sensitiva y espiritual, con todas sus potencias y apetitos, viene el alma a conseguir paz y sosiego. Que, por eso, como tambi\u00e9n queda dicho, repite dos veces este verso, conviene a saber, en esta canci\u00f3n y la pasada, por raz\u00f3n de estas dos porciones del alma, espiritual y sensitiva; las cuales, para poder ella salir a la divina uni\u00f3n de amor, conviene que est\u00e9n primero reformadas, ordenadas y quietas acerca de lo sensitivo y espiritual conforme al modo del estado de la inocencia que hab\u00eda en Ad\u00e1n. Y as\u00ed este verso, que en la primera canci\u00f3n es entendido del sosiego de la porci\u00f3n inferior y sensitiva, en esta segunda se entiende particularmente de la superior y espiritual, que por eso le ha repetido dos veces.<br \/><br \/>3. Este sosiego y quietud de esta casa espiritual viene a conseguir el alma, habitual y perfectamente, seg\u00fan esta condici\u00f3n de vida sufre, por medio de los actos de toques sustanciales de uni\u00f3n que acabamos de decir, y que, en celada y escondida de la turbaci\u00f3n del demonio y de los sentidos y pasiones, ha ido recibiendo de la Divinidad, en que el alma se ha ido purificando, como digo, sosegando y fortaleciendo y haciendo estable para poder de asiento recibir la dicha uni\u00f3n, que es el divino desposorio entre el alma y el Hijo de Dios.<br \/><br \/>El cual, luego que estas dos casas del alma se acaban de sosegar y fortalecer en uno con todos sus dom\u00e9sticos de potencias y apetitos, poni\u00e9ndolos en sue\u00f1o y silencio acerca de todas las cosas de arriba y de abajo, inmediatamente esta divina Sabidur\u00eda se une en el alma con un nuevo nudo de posesi\u00f3n de amor, y se cumple como ella lo dice en el libro de la Sabidur\u00eda (18, 14-15) diciendo: Dum quietum silentium contineret omnia, et nox in suo cursu medium iter haberet, omnipotens sermo tuus, Domine, a regalibus sedibus. Lo mismo da a entender la Esposa en los Cantares, diciendo que despu\u00e9s que pas\u00f3 los que la desnudaron el manto de noche y la llagaron (5, 7), hall\u00f3 al que deseaba su \u00e1nima (3, 4).<br \/><br \/>4. No se puede venir a esta uni\u00f3n sin gran pureza, y esta pureza no se alcanza sin gran desnudez de toda cosa criada y viva mortificaci\u00f3n. Lo cual es significado por desnudar el manto a la Esposa y llagarla de noche en la busca y pretensi\u00f3n del Esposo; porque el nuevo manto que pretend\u00eda del desposorio no se le pod\u00eda vestir sin desnudar el viejo. Por tanto, el que rehusare salir en la noche ya dicha a buscar al Amado y ser desnudado de su voluntad y mortificado, sino que en su lecho y acomodamiento le busca, como hac\u00eda la Esposa, no llegar\u00e1 a hallarle, como esta alma dice de s\u00ed que lo hall\u00f3, saliendo ya a oscuras y con ansia de amor. <br \/><br \/><a id=\"no2-25\"><\/a><br \/><strong>Cap\u00edtulo 25<\/strong><br \/>En que brevemente se declara la tercera canci\u00f3n.<br \/><br \/><strong>Canci\u00f3n 3\u00aa<\/strong><br \/><br \/>En la noche dichosa,<br \/>en secreto, que nadie me ve\u00eda,<br \/>ni yo miraba cosa,<br \/>sin otra luz y gu\u00eda<br \/>sino la que en el coraz\u00f3n ard\u00eda.<br \/><br \/><strong>Declaraci\u00f3n<\/strong> <br \/>1. Continuando todav\u00eda el alma la met\u00e1fora y semejanza de la noche temporal en esta suya espiritual, va todav\u00eda contando y engrandeciendo las buenas propiedades que hay en ella, y que por medio de ella hall\u00f3 y llev\u00f3, para que breve y seguramente consiguiese su deseado fin, de las cuales aqu\u00ed pone tres.<br \/><br \/>2. \u00a0La primera, dice, es que en esta dichosa noche de contemplaci\u00f3n lleva Dios el alma por tan solitario y secreto modo de contemplaci\u00f3n y tan remoto y ajeno del sentido, que cosa ninguna perteneciente a \u00e9l, ni toque de criatura, alcanza a llegarle al alma, de manera que la estorbase y detuviese en el camino de la uni\u00f3n de amor.<br \/><br \/>3. La segunda propiedad que dice, es por causa de las tinieblas espirituales de esta noche, en que todas las potencias de la parte superior del alma est\u00e1n a oscuras; no mirando el alma ni pudiendo mirar en nada, no se detiene en nada fuera de Dios para ir a \u00e9l, por cuanto va libre de los obst\u00e1culos de formas y figuras y de las aprehensiones naturales, que son las que suelen empachar el alma para no se unir siempre con el ser de Dios.<br \/><br \/>4. La tercera es que, aunque ni va arrimada a alguna particular luz interior del entendimiento ni a alguna gu\u00eda exterior para recibir satisfacci\u00f3n de ella en este alto camino, teni\u00e9ndola privada de todo esto estas oscuras tinieblas; pero el amor solo que en este tiempo arde, solicitando el coraz\u00f3n por el Amado, es el que gu\u00eda y mueve al alma entonces, y la hace volar a su Dios por el camino de la soledad, sin ella saber c\u00f3mo y de qu\u00e9 manera.<br \/>S\u00edguese el verso:<br \/>En la noche dichosa.<br \/><br \/>Fin de la obra<br \/><br \/><br \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>.\u00cdndice de la noche oscura Pr\u00f3logoCanciones del almaLibro ICap\u00edtulo 1: Pone el primer verso y comienza a tratar de las imperfecciones de los principiantesCap\u00edtulo 2: De algunas imperfecciones espirituales que tienen los principiantes acerca del h\u00e1bito de la soberbia Cap\u00edtulo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=6196\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[33],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-1BW","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6196"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=6196"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6196\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6199,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6196\/revisions\/6199"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=6196"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=6196"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=6196"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}