{"id":6424,"date":"2020-08-09T18:17:21","date_gmt":"2020-08-10T00:17:21","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=6424"},"modified":"2022-07-15T18:23:47","modified_gmt":"2022-07-16T00:23:47","slug":"como-llegue-al-carmelo-de-colonia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=6424","title":{"rendered":"C\u00f3mo llegu\u00e9 al Carmelo de Colonia"},"content":{"rendered":"\n<p style=\"text-align: justify;\">.<br \/><strong>\u00cdndice: Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), <em>C\u00f3mo llegue al Carmelo de Colonia<\/em><\/strong><br \/><br \/><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>C\u00f3mo llegu\u00e9 al Carmelo de Colonia<br \/><\/strong>(4\u00ba domingo de adviento, 18-XII-1938)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quiz\u00e1s pronto, despu\u00e9s de Navidad, abandonar\u00e9 esta casa. Las circunstancias que han hecho necesario mi traslado a Echt (Holanda) me recuerdan vivamente las condiciones del momento de mi entrada. Una profunda conexi\u00f3n existe en todo ello.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando a principios del a\u00f1o 1933 se erigi\u00f3 el \u00abTercer Reich\u00bb, hac\u00eda un a\u00f1o que era profesora en el instituto alem\u00e1n de Pedagog\u00eda en M\u00fcnster (Westfalia). Viv\u00eda en el \u00abCollegium Marianum\u00bb en medio de un gran n\u00famero de estudiantes religiosas de distintas congregaciones y de un peque\u00f1o grupo de otras estudiantes, cari\u00f1osamente atendida por las religiosas de Nuestra Se\u00f1ora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una tarde de cuaresma regres\u00e9 tarde a casa de una reuni\u00f3n de la Asociaci\u00f3n de Acad\u00e9micos Cat\u00f3licos. No s\u00e9 si hab\u00eda olvidado la llave o estaba metida otra llave por dentro. De todos modos, no pude entrar en casa. Con el timbre y con palmadas trat\u00e9 de ver si alguien se asomaba a la ventana, pero fue in\u00fatil. Las estudiantes que dorm\u00edan en las habitaciones que dan a la calle estaban ya de vacaciones. Un se\u00f1or que pasaba por all\u00ed me pregunt\u00f3 si pod\u00eda ayudarme. Al dirigirme hacia \u00e9l, hizo una profunda reverencia y dijo: \u00abSrta. doctora Stein, ahora la reconozco\u00bb. Era un maestro cat\u00f3lico, miembro de la Asociaci\u00f3n de trabajo del instituto. Pidi\u00f3 perd\u00f3n por un momento para hablar con su mujer que, con otra se\u00f1ora, iba m\u00e1s adelante. Habl\u00f3 un par de palabras con ella y se volvi\u00f3 hacia m\u00ed. \u201cMi se\u00f1ora la invita de todo coraz\u00f3n a pasar esta noche con nosotros\u00bb. Era una buena soluci\u00f3n; acept\u00e9 d\u00e1ndole las gracias. Me llevaron a una sencilla casa burguesa de M\u00fcnster. Tomamos asiento en el sal\u00f3n. La amable se\u00f1ora coloc\u00f3 una fuente con fruta sobre la mesa y se march\u00f3 para prepararme una habitaci\u00f3n. Su marido comenz\u00f3 a conversar y a contarme lo que los peri\u00f3dicos americanos dec\u00edan de las crueldades que se comet\u00edan contra los jud\u00edos. Eran noticias sin fundamento que no quiero repetir. Solo me basta expresar la impresi\u00f3n que tuve aquella noche. Ya antes hab\u00eda o\u00eddo hablar de las fuertes medidas contra los jud\u00edos. Pero entonces me vino de repente una luz, que Dios hab\u00eda dejado caer nuevamente su mano pesada sobre su pueblo y que el destino de este pueblo tambi\u00e9n era el m\u00edo. Yo no dej\u00e9 advertir al se\u00f1or que estaba conmigo lo que en aquel instante pasaba dentro de m\u00ed. Parec\u00eda que nada sab\u00eda \u00e9l de mi origen. En tales casos sol\u00eda hacer inmediatamente la oportuna observaci\u00f3n. Esta vez no lo hice. Me parec\u00eda como herir la hospitalidad, si con tal noticia iba a perturbar su descanso nocturno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El jueves de la Semana de Pasi\u00f3n fui a Beuron. Desde 1928 hab\u00eda celebrado all\u00ed todos los a\u00f1os la Semana Santa y Pascua, haciendo en silencio ejercicios espirituales. Esta vez me llevaba un motivo especial. En las \u00faltimas semanas hab\u00eda continuamente si no podr\u00eda hacer algo en la cuesti\u00f3n pensado de los jud\u00edos. Al final hab\u00eda planeado viajar a Roma y tener con el Santo Padre una audiencia privada para pedirle una enc\u00edclica. Sin embargo, no quer\u00eda dar este paso por mi propia cuenta. Hab\u00eda hecho ya hac\u00eda varios a\u00f1os los santos votos en privado. Desde que hall\u00e9 en Beuron una especie de hogar mon\u00e1stico, vi en el abad Rafael\u00bb a \u00abmi abad\u00bb, y le presentaba, para su resoluci\u00f3n, toda cuesti\u00f3n importante. Sin embargo, no era seguro que le pudiera encontrar. Hab\u00eda emprendido a principios de enero un viaje al Jap\u00f3n. Pero sab\u00eda que \u00e9l har\u00eda todo lo posible por estar all\u00ed en la Semana Santa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque era muy propio de mi manera de ser dar tal paso exterior, sent\u00eda, sin embargo, que a\u00fan no era el \u00aboportuno\u00bb. En qu\u00e9 consistiese lo oportuno, a\u00fan no lo sab\u00eda. En Colonia interrump\u00ed el viaje del jueves por la tarde hasta el viernes por la ma\u00f1ana. Ten\u00eda all\u00ed una catec\u00famena a la que, en cualquier ocasi\u00f3n que se me presentase, ten\u00eda que dedicar algo de tiempo. Le escrib\u00ed que se enterara de d\u00f3nde podr\u00edamos asistir por la tarde a la \u00abHora Santa\u00bb. Era la v\u00edspera del primer viernes de abril y en aquel \u00abA\u00f1o Santo\u00bb de 1933 se celebraba en todos los sitios m\u00e1s solemnemente la memoria de la Pasi\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or. A las ocho de la tarde nos encontramos en la Hora Santa en el Carmelo de Colonia-Lindental. Un sacerdote (el vicario catedralicio W\u00fcsten&#8217;, como supe despu\u00e9s) dirigi\u00f3 una alocuci\u00f3n anunciando que en adelante se tendr\u00eda aquella celebraci\u00f3n todos los jueves. Hablaba bien y de forma impactante, pero a mi me ocupaba otra cosa m\u00e1s honda que sus palabras. Yo hablaba con el Salvador y le dec\u00eda que sab\u00eda que era su cruz la que ahora hab\u00eda sido puesta sobre el pueblo jud\u00edo. La mayor\u00eda no lo comprender\u00edan, pero aquellos que lo supieran, deber\u00edan cargarla libremente sobre s\u00ed en nombre de todos. Yo quer\u00eda hacer esto. \u00c9l \u00fanicamente deb\u00eda mostrarme c\u00f3mo. Al terminar la celebraci\u00f3n tuve la certeza interior de que hab\u00eda sido escuchada. Pero en que consist\u00eda el llevar la cruz eso a\u00fan no lo sab\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la ma\u00f1ana siguiente continu\u00e9 mi viaje a Beuron. Al hacer trasbordo al atardecer en Immendingen me encontr\u00e9 con el P. Aloys Magers. El \u00faltimo trayecto lo hicimos juntos. Poco despu\u00e9s del saludo me comunic\u00f3 la noticia m\u00e1s importante de Beuron: \u00abel P. Abad ha regresado esta ma\u00f1ana sano y salvo del Jap\u00f3n\u00bb. As\u00ed que todo estaba en orden.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mis indagaciones en Roma dieron por resultado que a causa del gran ajetreo no ten\u00eda posibilidades de una audiencia privada. Solo para una \u00abpeque\u00f1a\u00bb audiencia (es decir, en un grupo peque\u00f1o) se me podr\u00eda ayudar en algo. Con eso no me bastaba, por lo que desist\u00ed de mi viaje y me decid\u00ed por escribir. S\u00e9 que mi carta fue entregada sellada al Santo Padre. Alg\u00fan tiempo despu\u00e9s recib\u00ed su bendici\u00f3n para m\u00ed y para mis familiares. Ninguna otra cosa se consigui\u00f3. M\u00e1s adelante he pensado muchas veces si no le habr\u00eda pasado por la cabeza el contenido de mi carta, pues, en los a\u00f1os sucesivos se ha ido cumpliendo punto por punto lo que yo all\u00ed anunciaba para el futuro del Catolicismo en Alemania.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antes de mi partida pregunt\u00e9 al Padre Abad qu\u00e9 deb\u00eda hacer yo si tuviera que dejar mi actividad en M\u00fcnster. Para \u00e9l era imposible pensar que pudiera suceder aquello. Durante mi viaje a M\u00fcnster le\u00ed en un peri\u00f3dico la cr\u00f3nica de una gran reuni\u00f3n de maestros nacional-socialistas, en la que hab\u00edan tenido que participar tambi\u00e9n asociaciones confesionales. Era claro para m\u00ed que en la ense\u00f1anza era donde menos se tolerar\u00edan influencias contrarias a la direcci\u00f3n del poder. El instituto en el que yo trabajaba era exclusivamente cat\u00f3lico, fundado por la Liga de Maestros y Maestras Cat\u00f3licos y sostenido, asimismo, por ella. Por lo mismo, sus d\u00edas estaban contados. Por eso mismo, yo ten\u00eda que contar con el fin de mi breve carrera de profesora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El 19 de abril estaba de vuelta en M\u00fcnster. Al d\u00eda siguiente fui al instituto. El Director estaba de vacaciones en Grecia. El administrador, un profesor cat\u00f3lico, me condujo a su oficina y desahog\u00f3 conmigo su dolor. Hac\u00eda semanas que estaba haciendo agitadas gestiones y se hallaba desmoralizado. \u00abF\u00edjese usted, se\u00f1orita doctora, que alguien vino a hablarme y me ha dicho: \u00bfla se\u00f1orita doctora Stein no podr\u00e1 continuar dando sus lecciones, verdad?\u00bb. Ser\u00eda mejor que renunciara yo a anunciar lecciones para este verano y trabajara en silencio en el Marianum. Para el oto\u00f1o se aclarar\u00eda la situaci\u00f3n, el instituto podr\u00eda pasar a cargo de la Iglesia y entonces nada se opondr\u00eda a mi colaboraci\u00f3n. Recib\u00ed el comunicado muy serenamente. Esta esperanza consoladora poco me importaba. \u00abSi esto no resulta -dije yo-, entonces ya no queda para m\u00ed ninguna posibilidad en Alemania\u00bb. El administrador me expres\u00f3 su admiraci\u00f3n de que yo viera tan claro, a pesar de que viv\u00eda tan abstra\u00edda y me preocupaba tan poco de las cosas de este mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me sent\u00eda casi aliviada al ver que tambi\u00e9n me tocaba la suerte general, pero ten\u00eda que reflexionar sobre lo que deb\u00eda hacer en adelante. Pregunt\u00e9 su opini\u00f3n a la presidenta de la Liga de Maestras Cat\u00f3licas. Ella hab\u00eda sido la causa de que yo hubiese venido a M\u00fcnster. Me aconsej\u00f3 que me quedara en todo caso, aquel verano en M\u00fcnster y que prosiguiese el trabajo cient\u00edfico comenzado. La Liga cuidar\u00eda de mi sustento, ya que de todos modos los resultados de mi trabajo podr\u00edan serle \u00fatiles. Si no me fuera posible reanudar mi actividad en el instituto, podr\u00eda mirar m\u00e1s adelante las posibilidades que se ofrecieran en el extranjero. Efectivamente, me lleg\u00f3 un ofrecimiento de Sudam\u00e9rica. Mas cuando me vino esto, se me hab\u00eda mostrado ya otro camino muy distinto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Unos diez d\u00edas despu\u00e9s de mi retorno de Beuron me vino el pensamiento: \u00bfno ser\u00e1 ya tiempo, por fin, de ir al Carmelo? Desde hac\u00eda casi doce a\u00f1os era el Carmelo mi meta. Desde que en el verano de 1921 cay\u00f3 en mis manos la \u00abVida\u00bb de nuestra Santa Madre Teresa y puso fin a mi larga b\u00fasqueda de la verdadera fe. Cuando recib\u00ed el bautismo el d\u00eda de A\u00f1o Nuevo de 1922, pens\u00e9 que aquello era solo una preparaci\u00f3n para la entrada en la Orden. Pero unos meses m\u00e1s tarde, despu\u00e9s de mi bautismo, al encontrarme frente a mi madre, vi muy claro que no podr\u00eda encajar por el momento el segundo golpe. No hubiese muerto, pero hubiese sido como llenarla de una amargura que yo no podr\u00eda tomar sobre m\u00ed. Deb\u00eda esperar con paciencia. As\u00ed me lo aseguraron tambi\u00e9n mis directores espirituales. La espera se me hizo \u00faltimamente muy dura. Me hab\u00eda vuelto una extranjera en el mundo. Antes de aceptar la actividad en M\u00fcnster y despu\u00e9s del primer semestre ped\u00ed con mucho apremio permiso para entrar en la Orden. Me fue negado con miras a mi madre y a la actividad que desempe\u00f1aba desde hac\u00eda varios a\u00f1os en la vida cat\u00f3lica. Me avine a ello. Pero ahora los muros hab\u00edan sido derribados. Mi actividad hab\u00eda tocado a su fin. Y mi madre, \u00bfno preferir\u00eda saber que estaba en un convento de Alemania que no en una escuela en Sudam\u00e9rica? El 30 de abril, domingo del Buen Pastor, se celebraba en la iglesia de San Ludgerio la fiesta de su patr\u00f3n con trece horas de adoraci\u00f3n. A \u00faltima hora de la tarde me dirig\u00ed all\u00ed y me dije: \u00abno me ir\u00e9 de aqu\u00ed hasta que no vea claramente si puedo ir ya al Carmelo\u00bb. Cuando se imparti\u00f3 la bendici\u00f3n ten\u00eda yo el s\u00ed del Buen Pastor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquella misma noche escrib\u00ed al Padre Abad. Estaba en Roma y no quise enviar la carta por la frontera. Encima del escritorio esperar\u00eda hasta que la pudiese enviar a Beuron. Hacia mediados de mayo obtuve el permiso para dar los primeros pasos. Lo hice enseguida. Por mi catec\u00famena en Colonia supliqu\u00e9 una entrevista a la se\u00f1orita doctora Cosack. Nos hab\u00edamos encontrado en octubre de 1932 en Aquisgr\u00e1n. Se me present\u00f3 porque sab\u00eda que yo interiormente rondaba muy cerca del Carmelo y me dijo que ella manten\u00eda una estrecha relaci\u00f3n con la Orden y especialmente con el Carmelo de Colonia. Por ella quer\u00eda enterarme de las posibilidades. Me contest\u00f3 que el domingo siguiente (era el domingo de <em>rogate<\/em>) o en la fiesta de la Ascensi\u00f3n podr\u00eda disponer de alg\u00fan tiempo para m\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recib\u00ed la noticia el s\u00e1bado con el correo de la ma\u00f1ana. A mediod\u00eda me dirig\u00ed hacia Colonia. Qued\u00e9 de acuerdo por tel\u00e9fono con la Srta. Doctora Cosack para que fuera a buscarme a la ma\u00f1ana siguiente\u00a0 para dar un paseo juntas. Ni ella ni mi catec\u00famena sab\u00edan por el momento para qu\u00e9 hab\u00eda venido. Esta me acompa\u00f1\u00f3 a la misa de la ma\u00f1ana al Carmelo. A la vuelta me dijo: \u00abEdith, mientras estaba arrodillada a su lado, me vino la idea: pero, \u00bfno querr\u00e1 entrar ahora en el Carmelo, verdad?\u00bb. No quise ocultarle por m\u00e1s tiempo mi secreto. Me prometi\u00f3 no decir nada. Algo m\u00e1s tarde lleg\u00f3 la Se\u00f1orita Doctora Cosack.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tan pronto como estuvimos de camino hacia el bosque de la ciudad, le dije lo que deseaba. Le a\u00f1ad\u00ed, adem\u00e1s, lo que se podr\u00eda alegar contra m\u00ed: mi edad (42 a\u00f1os), mi ascendencia jud\u00eda, mi falta de bienes. Ella encontr\u00f3 que esto no dificultar\u00eda mi deseo. Me dio esperanzas de que podr\u00eda ser admitida aqu\u00ed en Colonia, ya que quedar\u00edan algunos puestos libres con la nueva fundaci\u00f3n de Silesia: una nueva fundaci\u00f3n a las puertas de mi ciudad, Breslau. \u00bfNo era esto una nueva se\u00f1al del cielo?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Di a la se\u00f1orita Cosack tan amplio informe de mi evoluci\u00f3n para que ella misma pudiera formarse un juicio sobre mi vocaci\u00f3n al Carmelo. Me propuso hacer las dos juntas una visita al Carmelo. Ella manten\u00eda especialmente contacto con la Hna. Marianne (Condesa Praschma), que ten\u00eda que ir a Silesia para la fundaci\u00f3n. Con ella quer\u00eda hablar primero. Mientras ella estaba en el locutorio, estaba yo arrodillada muy cerca del altar de Santa Teresita. Me sobrecogi\u00f3 la paz del hombre que ha llegado a su fin. La entrevista dur\u00f3 mucho. Cuando finalmente me llam\u00f3 la se\u00f1orita Cosack, me dijo confiadamente: \u00abCreo que se har\u00e1 algo\u00bb. Hab\u00eda hablado primero con la hermana Marianne y a continuaci\u00f3n con la Madre Priora (entonces Madre Josefa del Sant\u00edsimo Sacramento) y me hab\u00eda preparado bien el camino. Pero ya no daba el horario del monasterio m\u00e1s tiempo para locutorio. Ten\u00eda que volver despu\u00e9s de v\u00edsperas. Mucho antes de visperas ya estaba yo nuevamente en la capilla y rec\u00e9 las v\u00edsperas con ellas. Ten\u00edan tambi\u00e9n el ejercicio de mayo tras las rejas del coro. Pronto ser\u00edan las tres y media cuando, por fin, fui llamada al locutorio. Madre Josefa y nuestra amada Madre (Teresa Renata del Esp\u00edritu Santo, entonces subpriora y maestra de novicias) estaban en la reja. Nuevamente di cuenta de mi camino: c\u00f3mo el pensamiento del Carmelo no me hab\u00eda abandonado nunca; que hab\u00eda estado ocho a\u00f1os en las dominicas de Espira como profesora; cu\u00e1n \u00edntimamente hab\u00eda estado unida con el convento y no pod\u00eda entrar all\u00ed; hab\u00eda considerado a Beuron como la antesala del cielo y, no obstante, nunca pens\u00e9 hacerme benedictina. Siempre fue como si el Se\u00f1or me reservase en el Carmelo lo que solo ah\u00ed pod\u00eda encontrar. Les conmovi\u00f3. La Madre Teresa ten\u00eda \u00fanicamente el reparo de la responsabilidad que se pod\u00eda adquirir admitiendo a alguien del mundo que pudiera hacer a\u00fan tanto fuera. Por \u00faltimo me dijeron que tendr\u00eda que volver cuando el P. Provincial estuviera all\u00ed. Le esperaban pronto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por la tarde regres\u00e9 a M\u00fcnster. Hab\u00eda adelantado mucho m\u00e1s de lo que hubiera podido esperar a mi partida. Pero el P. Provincial se hizo esperar. Durante los d\u00edas de Pentecost\u00e9s estuve muchas veces en la catedral de M\u00fcnster. Movida por el Esp\u00edritu Santo escrib\u00ed a la Madre Josefa pidi\u00e9ndole con insistencia una respuesta r\u00e1pida, ya que por mi situaci\u00f3n incierta quer\u00eda saber con claridad con qu\u00e9 pod\u00eda contar. Fui llamada a Colonia. El Padre delegado del convento quer\u00eda recibirme sin aguardar m\u00e1s al Provincial. Deb\u00eda ser propuesta esta vez a las capitulares que deb\u00edan votar mi admisi\u00f3n. Estuve en Colonia otra vez desde el s\u00e1bado por la tarde hasta el domingo por la noche (creo que era el 18-19 de junio). Habl\u00e9 con la Madre Josefa, la Madre Teresa y la Hna. Marianne antes de hacer mi visita al se\u00f1or Prelado; pude tambi\u00e9n presentar a mi amiga.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya iba para casa del Dr. Lenn\u00e9 cuando fui sorprendida por una tormenta, llegando completamente empapada. Tuve que esperar una hora antes de que \u00e9l apareciese. Despu\u00e9s del saludo se llev\u00f3 la mano a la frente y me dijo: \u00ab\u00bfQu\u00e9 era, pues, lo que t\u00fa deseabas de m\u00ed? Lo he olvidado completamente\u00bb. Le respond\u00ed que era una aspirante para el Carmelo de la cual \u00e9l ya ten\u00eda noticia. Cay\u00f3 en la cuenta y ces\u00f3 de tutearme. M\u00e1s tarde vi con claridad que con aquello quer\u00eda probarme. Yo lo hab\u00eda tragado todo sin pesta\u00f1ear. Me hizo que le contase de nuevo todo lo que \u00e9l ya sab\u00eda. Me dijo los reparos que \u00e9l ten\u00eda contra m\u00ed, pero me hizo la consoladora aseveraci\u00f3n de que las monjas ordinariamente no se volv\u00edan atr\u00e1s por sus objeciones y que \u00e9l sol\u00eda llegar a un acuerdo buenamente con ellas. Luego me despidi\u00f3 d\u00e1ndome su bendici\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de v\u00edsperas vinieron todas las capitulares a la reja. Nuestra amada Madre Teresa, la m\u00e1s anciana, se acerc\u00f3 m\u00e1s a ella para ver y o\u00edr mejor. La Hna. Aloisia, muy entusiasta de la liturgia, quiso saber algo de Beuron. Con esto pod\u00eda tener esperanzas. Por \u00faltimo tuve que cantar una cancioncilla. Ya me lo hab\u00edan dicho el d\u00eda anterior, pero yo lo hab\u00eda tomado como una broma. Cant\u00e9: \u00abBendice, T\u00fa, Mar\u00eda&#8230;\u00bb, algo t\u00edmida y en voz baja. Despu\u00e9s dije que se me hab\u00eda hecho m\u00e1s dif\u00edcil que hablar ante mil personas. Seg\u00fan supe m\u00e1s tarde, las monjas no lo captaron pues no estaban enteradas de mi actividad de conferenciante. Una vez que las monjas se hab\u00edan alejado, me dijo la Madre Josefa que la votaci\u00f3n no podr\u00eda hacerse hasta la ma\u00f1ana siguiente. Tuve que partir aquella noche sin saber nada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Hna. Marianne, con quien habl\u00e9 a lo \u00faltimo a solas, me prometi\u00f3 un aviso telegr\u00e1fico. Efectivamente, al d\u00eda siguiente recib\u00ed el telegrama: \u00abAlegre aprobaci\u00f3n. Saludos. Carmelo\u00bb. Lo le\u00ed y me fui a la capilla para dar gracias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hab\u00edamos convenido ya todo lo dem\u00e1s. Hasta el 15 de julio ten\u00eda tiempo para liquidar todo en M\u00fcnster. El d\u00eda 16, festividad de la Reina del Carmelo, lo celebrar\u00eda en Colonia. All\u00ed deb\u00eda permanecer un mes como hu\u00e9sped en las habitaciones de la porter\u00eda, a mediados de agosto ir a casa, y en la fiesta de nuestra Santa Madre, 15 de octubre, ser recibida en clausura. Se hab\u00eda previsto, adem\u00e1s, mi traslado posterior al Carmelo de Silesia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seis grandes ba\u00fales de libros precedieron mi viaje a Colonia. Escrib\u00ed por esto que ninguna otra carmelita hab\u00eda llevado consigo un tal ajuar. La Hna. \u00darsula se preocup\u00f3 de su custodia y se dio buena ma\u00f1a para dejar separados, al desempaquetar, los de teolog\u00eda, filosof\u00eda, filolog\u00eda, etc. (as\u00ed estaban clasificados los ba\u00fales). Pero al final todos se mezclaron.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En M\u00fcnster sab\u00edan muy pocas personas a d\u00f3nde iba. Quer\u00eda, en cuanto fuera posible, mantenerlo en secreto mientras mis familiares a\u00fan no lo supiesen. Una de las pocas era la superiora del Marianum. Se lo hab\u00eda confiado tan pronto como recib\u00ed el telegrama. Se hab\u00eda preocupado por m\u00ed y se alegr\u00f3 much\u00edsimo. En la sala de m\u00fasica del colegio tuvo lugar, poco antes de mi partida, una velada de despedida. Las estudiantes la hab\u00edan preparado con mucho cari\u00f1o y tambi\u00e9n las religiosas tomaron parte en ella. Yo se lo agradec\u00ed en dos palabras y les dije que cuando se enterasen m\u00e1s tarde de d\u00f3nde estaba se alegrar\u00edan conmigo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las religiosas de casa me regalaron una cruz relicario que les hab\u00eda dado a ellas el difunto obispo Juan Poggenburg. La Madre superiora me lo trajo en una bandeja cubierta de rosas. Cinco estudiantes y la bibliotecaria fueron conmigo hasta el tren. Pude llevar hermosos ramos de rosas para la Reina del Carmelo en su fiesta. Poco m\u00e1s de a\u00f1o y medio hac\u00eda que hab\u00eda llegado como una extra\u00f1a a M\u00fcnster. Prescindiendo de mi actividad docente, hab\u00eda vivido all\u00ed en el retiro claustral. No obstante, dejaba ahora un gran c\u00edrculo de personas que me ten\u00edan amor y fidelidad. Siempre he conservado el recuerdo cari\u00f1oso y agradecido de la hermosa y vieja ciudad y toda la comarca de M\u00fcnster.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hab\u00eda escrito a casa diciendo que hab\u00eda encontrado acogida entre las monjas de Colonia y que en octubre me trasladar\u00eda definitivamente all\u00ed. Me felicitaron como por un nuevo puesto de trabajo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El mes en las habitaciones de la porter\u00eda del convento fue un tiempo felic\u00edsimo. Segu\u00eda todo el horario, trabajaba en las horas libres y pod\u00eda ir con frecuencia al locutorio. Todas las cuestiones que surg\u00edan se las hac\u00eda presentes a la Madre Josefa. Su decisi\u00f3n era siempre tal como hubiera sido la m\u00eda. Esta \u00edntima conformidad me alegraba much\u00edsimo. A menudo estaba mi catec\u00famena conmigo. Quer\u00eda ser bautizada antes de mi partida, a fin de que pudiera ser su madrina. El 1 de agosto la bautiz\u00f3 el Prelado Lenn\u00e9 en la sala capitular de la catedral, y a la ma\u00f1ana siguiente recibi\u00f3 la Primera Comuni\u00f3n en la capilla del convento. Su esposo estuvo presente en las dos ceremonias, pero no pudo decidirse a seguirla. El 10 de agosto me encontr\u00e9 con el P. Abad en Tr\u00e9veris, y recib\u00ed su bendici\u00f3n para el duro camino hacia Breslau. Vi la santa t\u00fanica y ped\u00ed fuerza. Tambi\u00e9n permanec\u00ed largo rato arrodillada delante de la imagen de San Mat\u00edas. Por la noche recib\u00ed cari\u00f1oso hospedaje en el Carmelo de Cordel donde nuestra amada Madre Teresa Renata fue maestra de novicias durante nueve a\u00f1os hasta que fue requerida para Colonia como subpriora. El 14 de agosto part\u00ed junto con mi ahijada a Maria Laach para la fiesta de la Asunci\u00f3n. Desde all\u00ed prosegu\u00ed mi viaje hasta Breslau.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la estaci\u00f3n me esperaba mi hermana Rosa. Como hac\u00eda mucho tiempo que pertenec\u00eda en su interior a la Iglesia y estaba perfectamente unida conmigo, le dije inmediatamente lo que pretend\u00eda. No se mostr\u00f3 sorprendida, pero pude advertir que ni tan siquiera se le hab\u00eda pasado por la imaginaci\u00f3n. Los dem\u00e1s no preguntaron nada hasta despu\u00e9s de dos o tres semanas. Solo mi sobrino Wolfgang (entonces de 21 a\u00f1os) se inform\u00f3 tan pronto como lleg\u00f3 a hacerme una visita de lo que iba a hacer en Colonia. Le di una respuesta verdadera y le supliqu\u00e9 que guardara silencio por entonces.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi mam\u00e1 sufr\u00eda mucho a causa de las circunstancias de aquellos tiempos. La alteraba el que \u00abhubiera hombres tan malos\u00bb. A esto se sum\u00f3 una p\u00e9rdida personal que la afect\u00f3 mucho. Mi hermana Erna tuvo que tomar a su cargo la consulta de nuestra amiga Lilli Berg, que entonces march\u00f3 con su familia a Palestina. Los Biberstein tuvieron que alojarse en la casa de los Berg al sur de la ciudad, abandonando la nuestra. Erna y sus dos ni\u00f1os eran el consuelo y la alegr\u00eda de mam\u00e1. Tener que apartarse de su trato diario fue para ella muy amargo. Pero a pesar de todas estas preocupaciones que la oprim\u00edan, revivi\u00f3 cuando yo llegu\u00e9. Apareci\u00f3 de nuevo su alegr\u00eda y su humor. Al regresar de su negocio, se sentaba muy satisfecha con su labor de punto al lado de mi escritorio cont\u00e1ndome todas sus preocupaciones caseras y profesionales. Hice que me refiriera tambi\u00e9n sus primeros recuerdos como materia para una historia de nuestra familia que entonces comenc\u00e9. Se ve\u00eda claramente que esta \u00edntima convivencia le hac\u00eda bien. Pero yo pensaba para m\u00ed: \u00a1Si supieras&#8230;!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para m\u00ed era sumamente consolador que estuvieran entonces en Breslau la Hna. Marianne con su prima, la Hna. Elisabeth (Condesa Stolberg), preparando la fundaci\u00f3n del convento. Hab\u00edan partido desde Colonia ya antes que yo. La Hna. Marianne hab\u00eda visitado a mi madre y le hab\u00eda llevado mis saludos. Estando yo presente vino dos veces a casa y trataba amistosamente con mi madre. La visit\u00e9 en las Ursulinas de Ritterplatz, donde se hospedaba, pudi\u00e9ndole contar libremente c\u00f3mo estaba mi coraz\u00f3n. Yo recib\u00ed a mi vez cuenta detallada de las alegr\u00edas y sufrimientos de la fundaci\u00f3n. Tambi\u00e9n inspeccion\u00e9 con ellas el solar de Pawelwitz (ahora Wendelborn).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ayud\u00e9 mucho a Erna en el traslado. En una de las idas en el tranv\u00eda a la nueva casa le expuse finalmente la cuesti\u00f3n de mis relaciones con Colonia. Cuando le expliqu\u00e9 se qued\u00f3 p\u00e1lida y derram\u00f3 l\u00e1grimas. \u00abEs algo horrible este mundo\u00bb, replic\u00f3 ella, \u00ablo que a uno hace feliz es para otro lo peor que le pudiera pasar\u00bb. No hizo ning\u00fan esfuerzo por disuadirme. Unos d\u00edas m\u00e1s tarde me dijo por encargo de su esposo que si en algo influ\u00eda en mi resoluci\u00f3n la preocupaci\u00f3n por mi existencia, pod\u00eda estar segura de poder vivir con ellos mientras algo tuvieran. (Lo mismo me hab\u00eda dicho mi cu\u00f1ado en Hamburgo). Erna a\u00f1adi\u00f3 que ella era solo trasmisora de aquello. Sab\u00eda bien que tales motivos no supon\u00edan nada para m\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El primer domingo de septiembre estaba sola con mi madre en casa. Ella estaba sentada haciendo punto junto a la ventana. Yo muy cerca de ella. Por fin me solt\u00f3 la pregunta por largo tiempo esperada: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es lo que vas a hacer en las monjas de Colonia?\u00bb. \u00abVivir con ellas\u00bb. Sigui\u00f3 una resistencia desesperada. Mi madre no ces\u00f3 de trabajar. Su ovillo se enred\u00f3, tratando con sus manos temblorosas de ponerlo nuevamente en orden, a lo que la ayud\u00e9 yo, mientras continuaba el di\u00e1logo entre las dos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde aquel momento se perdi\u00f3 la paz. Un peso oprimi\u00f3 toda la casa. De vez en cuando mi madre me dirig\u00eda un nuevo ataque al que segu\u00eda una nueva desesperaci\u00f3n en silencio. Mi sobrina Erika, la jud\u00eda m\u00e1s piadosa y estricta, sinti\u00f3 como un deber suyo influirme. Mis hermanos no lo hicieron, porque sab\u00edan que no ten\u00eda remedio alguno. Se empeor\u00f3 el asunto cuando lleg\u00f3 de Hamburgo mi hermana Else para el cumplea\u00f1os de mi madre. Al hablar conmigo, mi madre se dominaba, pero al hablar con Else se excitaba. Mi hermana me volv\u00eda a contar aquellas explosiones, pensando que yo no conoc\u00eda lo que supon\u00eda aquello para mi madre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pesaba tambi\u00e9n sobre la familia una gran preocupaci\u00f3n econ\u00f3mica. El negocio hac\u00eda tiempo que iba mal. Ahora quedaba vac\u00eda la mitad de nuestra casa, donde hab\u00edan vivido los Biberstein. Todos los d\u00edas ven\u00edan personas para ver las condiciones, pero no resultaba nada. Uno de los solicitantes m\u00e1s interesados era una comunidad de la iglesia protestante. Vinieron dos pastores y a ruegos de mi madre fui con ellos a ver el solar vac\u00edo, pues ella estaba muy cansada. Llevamos las cosas tan adelante que incluso se formularon las condiciones. Lo comuniqu\u00e9 a mi madre que me pidi\u00f3 que escribiese inmediatamente al Pastor principal solicit\u00e1ndole por escrito una respuesta afirmativa. Esta fue dada. Pero poco antes de mi partida, el asunto amenazaba fracasar. Quise quitar, al menos, esta preocupaci\u00f3n a mi madre y me present\u00e9 en casa del referido se\u00f1or. Parec\u00eda que no hab\u00eda ya nada que hacer. Cuando me fui a despedir, me dijo: \u00abPor lo visto queda usted muy triste y eso me apena\u00bb. Le cont\u00e9 c\u00f3mo mi madre estaba entonces tan acongojada con sus muchas preocupaciones. Me pregunt\u00f3 qu\u00e9 clase de preocupaciones eran aquellas. Le habl\u00e9 brevemente de mi conversi\u00f3n y de mis deseos por el convento. Esto le impresion\u00f3 profundamente. \u00abDebe usted saber antes de irse que aqu\u00ed ha conquistado un coraz\u00f3n\u00bb. Llam\u00f3 a su se\u00f1ora y tras una r\u00e1pida consulta decidieron convocar nuevamente la junta directiva de la Iglesia y proponer otra vez la oferta. A\u00fan antes de marcharme vino el Pastor principal con su colega a nuestra casa para cerrar el trato. Al despedirse me dijo en voz baja: \u00ab\u00a1Dios la guarde!\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Hna. Marianne tuvo todav\u00eda a solas una entrevista con mi madre. No se pod\u00eda alcanzar mucho m\u00e1s. La Hna. Marianne no pod\u00eda dejarse coaccionar (como mi madre esperaba) para retenerme. Ella no quer\u00eda otro consuelo. Naturalmente ambas hermanas no se hubieran atrevido a fortalecer con palabras de aliento mi decisi\u00f3n. La decisi\u00f3n era tan dif\u00edcil que nadie pod\u00eda asegurarme: este o aquel camino es el recto. Para ambos se pod\u00edan aducir buenas razones. Deb\u00eda dar el paso sumergida completamente en la oscuridad de la fe. Muchas veces durante aquellas semanas pensaba: \u00bfQui\u00e9n se quebrantar\u00e1 de las dos, mi madre o yo? Pero ambas perseveramos hasta el fin.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Poco antes de partir fui tambi\u00e9n a que me miraran los dientes. Estaba sentada en la sala de espera de la doctora, cuando de repente se abri\u00f3 la puerta y entr\u00f3 mi sobrina Susel. Se puso radiante de alegr\u00eda. Hab\u00edamos pedido la vez al mismo tiempo sin saberlo. Pasamos juntas a la consulta y me acompa\u00f1\u00f3 despu\u00e9s a casa. Ella se apoyaba en mi brazo, yo ten\u00eda cogida su morena mano de ni\u00f1a en las m\u00edas. Susel ten\u00eda entonces doce a\u00f1os, siendo muy madura y reflexiva para su edad. Yo no hab\u00eda podido hablar nunca a los ni\u00f1os de mi conversi\u00f3n a la fe. Pero Erna se lo hab\u00eda contado. Yo le estaba agradecida por ello. Le ped\u00ed a la ni\u00f1a que cuando yo me fuese procurara hacer muchas visitas a la abuelita. Ella me lo prometi\u00f3. \u00abPero, \u00bfpor qu\u00e9 haces t\u00fa ahora esto?\u00bb, me pregunt\u00f3. Pude darme cuenta de las conversaciones que ella hab\u00eda o\u00eddo a sus pap\u00e1s. Yo le expliqu\u00e9 mis motivos como a una persona mayor. Escuch\u00f3 muy atentamente y me comprendi\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dos d\u00edas antes de partir vino a visitarme su padre (Hans Biberstein). Era grande el apremio que le mov\u00eda a exponerme sus reparos, aunque no se prometiera ning\u00fan resultado. Lo que yo quer\u00eda realizar, le parec\u00eda que acentuaba agudamente la l\u00ednea de divisi\u00f3n con el pueblo jud\u00edo, ahora que estaba tan oprimido. \u00c9l no pod\u00eda comprender que desde mi punto de vista se ve\u00eda muy diverso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El \u00faltimo d\u00eda que yo pas\u00e9 en casa fue el 12 de octubre, d\u00eda de mi cumplea\u00f1os. Era, a la vez, una festividad jud\u00eda, el cierre de la fiesta de los tabern\u00e1culos. Mi madre asisti\u00f3 a la celebraci\u00f3n en la sinagoga del seminario de rabinos. Yo la acompa\u00f1\u00e9, pues al menos aquel d\u00eda quer\u00edamos pasarlo juntas. El maestro preferido por Erika, un gran sabio, tuvo una bella exhortaci\u00f3n. Durante el viaje de ida en el tranv\u00eda no hablamos mucho. Para darle un peque\u00f1o consuelo le dije: \u00abLa primera temporada es solo de prueba\u00bb. Pero esto no ayud\u00f3 en nada. \u00abCuando te propones t\u00fa una prueba, bien s\u00e9 yo que la superas\u00bb. Despu\u00e9s se le antoj\u00f3 a mi madre volver a pie. \u00a1Algo m\u00e1s de tres cuartos de hora con sus 84 a\u00f1os! Pero tuve que acceder, pues not\u00e9 que quer\u00eda hablar francamente conmigo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-\u00ab\u00bfNo era hermosa la homil\u00eda?\u00bb. -\u00abSi\u00bb.<br \/>-\u00ab\u00bfPor lo tanto, tambi\u00e9n como jud\u00edo se puede ser piadoso?\u00bb. -\u00abCiertamente, cuando no se conoce otra cosa\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En aquel momento se volvi\u00f3 hacia m\u00ed exasperada: -\u00ab\u00bfEntonces por qu\u00e9 la has conocido t\u00fa? No quiero decir nada contra \u00e9l. Puede que haya sido un hombre bueno. Pero, \u00bfpor qu\u00e9 se ha hecho Dios?\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Concluida la comida se march\u00f3 al negocio para que mi hermana Frieda\u00b3\u2079 no estuviera sola durante la comida de mi hermano. Pero me dijo que pensaba volver enseguida. Y as\u00ed lo hizo (solo por m\u00ed; en otro caso estaba durante todo el d\u00eda en el negocio). Despu\u00e9s de comer y por la tarde llegaron muchos hu\u00e9spedes, todos los hermanos con los ni\u00f1os y mis amigas. Por una parte estaba bien en cuanto que quitaba un poco la tensi\u00f3n del ambiente. Pero por otro lado era peor a medida que uno tras otro se iban despidiendo. Al final quedamos mi madre y yo solas en el cuarto. Mis hermanas ten\u00edan a\u00fan mucho que lavar y recoger. De pronto ech\u00f3 ambas manos a su rostro y comenz\u00f3 a llorar. Me puse detr\u00e1s de su silla y estrech\u00e9 fuertemente su cabeza plateada sobre mi pecho. As\u00ed permanecimos largo rato hasta que se la convenci\u00f3 para que se marchara a la cama. La llev\u00e9 hasta arriba y la ayud\u00e9 a desnudarse, la primera vez en la vida. Me sent\u00e9 despu\u00e9s en su cama hasta que me mand\u00f3 a dormir. Ninguna de las dos pudimos conciliar el sue\u00f1o aquella noche.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi tren part\u00eda algo temprano, alrededor de las ocho. Else y Rosa quisieron acompa\u00f1arme al tren. Igualmente Erna hab\u00eda deseado ir a la estaci\u00f3n, pero le rogu\u00e9 que viniera temprano a casa para quedarse con mi madre. Sab\u00eda que esta podr\u00eda tranquilizarse m\u00e1s con ella que con nadie. Como las dos m\u00e1s peque\u00f1as, hab\u00edamos conservado siempre la ternura filial para con la madre. Los hermanos mayores rehu\u00edan manifestarlo, aunque su amor no era ciertamente menor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A las cinco y media sal\u00ed, como siempre, de casa para o\u00edr la primera misa en la iglesia de San Miguel. Luego nos volvimos a juntar todos para el desayuno. Erna vino hacia las siete. Mi madre trat\u00f3 de tomar algo, pero en seguida retir\u00f3 la taza y comenz\u00f3 a llorar como la noche anterior. Nuevamente me acerqu\u00e9 a ella y la tuve abrazada hasta el momento de partir. Hice una se\u00f1al a Erna para que viniera a ocupar mi lugar. Me puse el sombrero y el abrigo en la habitaci\u00f3n de al lado. Y luego la despedida. Mi madre me abraz\u00f3 y bes\u00f3 con el mayor cari\u00f1o. Erika agradeci\u00f3 mi ayuda (hab\u00eda trabajado con ella para sus ex\u00e1menes de maestra en la escuela media; viniendo a m\u00ed con sus preguntas mientras yo estaba haciendo mis maletas). Al final exclam\u00f3: \u00abEl Eterno te asista\u00bb. Cuando estaba abrazando a Erna, mi madre sollozaba en alto. Sal\u00ed r\u00e1pidamente. Rosa y Else me siguieron. Al pasar el tranv\u00eda por delante de nuestra casa, no hab\u00eda nadie a la ventana para hacer, como otras veces, unas se\u00f1ales de adi\u00f3s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la estaci\u00f3n tuvimos que esperar algo hasta que lleg\u00f3 el tren. Elsa se agarr\u00f3 fuertemente a m\u00ed. Cuando ocup\u00e9 el asiento, mir\u00e9 a mis dos hermanas, qued\u00e9 sorprendida de la diferencia de ambas caras. Rosa estaba tan serena y tranquila como si se viniera conmigo la paz del convento. El aspecto de Else se torn\u00f3 s\u00fabitamente por el dolor como el de una anciana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por fin, el tren se puso en movimiento. Ambas continuaron agitando sus manos mientras se pod\u00eda ver algo. Despu\u00e9s desaparecieron. Me pude acomodar en mi puesto en el compartimiento. Era realidad lo que hac\u00eda poco apenas me atrev\u00eda a so\u00f1ar. Ninguna explosi\u00f3n de alegr\u00eda al exterior, pues era terrible lo que quedaba tras de m\u00ed. Pero estaba profundamente tranquila, en el puerto de la voluntad divina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hacia el anochecer llegu\u00e9 a Colonia. Mi ahijada me rog\u00f3 que pasara nuevamente la noche con ella. Ser\u00eda recibida en la clausura al d\u00eda siguiente despu\u00e9s de v\u00edsperas. Muy temprano avis\u00e9 por tel\u00e9fono de mi llegada al convento y pude acercarme a la reja para saludar. Despu\u00e9s de comer est\u00e1bamos nuevamente all\u00ed para asistir a v\u00edsperas desde la capilla. Eran las primeras v\u00edsperas de la fiesta de nuestra Santa Madre. Cuando anteriormente me arrodill\u00e9 en el presbiterio, o\u00ed susurrar en el torno de la sacrist\u00eda: -\u00ab\u00bfEst\u00e1 Edith fuera?\u00bb. Entonces trajeron enormes crisantemos blancos. Los hab\u00edan enviado como saludo las profesoras desde el Palatinado. Los ten\u00eda que ver antes de que adornaran el altar. Despu\u00e9s de las v\u00edsperas tomamos a\u00fan juntas el caf\u00e9. Luego se acerc\u00f3 una se\u00f1ora, que se present\u00f3 con la hermana de nuestra amada Madre Teresa Renata. Pregunt\u00f3 cu\u00e1l de nosotras era la postulante, pues quer\u00eda animarla un poco. Pero no lo necesitaba. Esta protectora y mi ahijada me acompa\u00f1aron hasta la puerta de la clausura. Finalmente se abri\u00f3. Y yo atraves\u00e9 con profunda paz el umbral de la casa del Se\u00f1or.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>.\u00cdndice: Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), C\u00f3mo llegue al Carmelo de Colonia \u00a0 C\u00f3mo llegu\u00e9 al Carmelo de Colonia(4\u00ba domingo de adviento, 18-XII-1938) \u00a0 Quiz\u00e1s pronto, despu\u00e9s de Navidad, abandonar\u00e9 esta casa. 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