{"id":6442,"date":"2020-08-09T12:20:39","date_gmt":"2020-08-09T18:20:39","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=6442"},"modified":"2022-07-27T12:46:27","modified_gmt":"2022-07-27T18:46:27","slug":"amor-con-amor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=6442","title":{"rendered":"Amor con amor"},"content":{"rendered":"\n<p style=\"text-align: justify;\">.<br \/><strong>\u00cdndice: Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), amor con amor<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><a href=\"#STBaca0\">Introducci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#STBaca1\">1 Patria y casa paterna<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#STBaca2\">2 Ni\u00f1ez y juventud<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#STBaca3\">3 Alumna del convento<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#STBaca4\">4 Decisi\u00f3n vocacional&#8230;.<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#STBaca5\">5 En el convento de la Encarnaci\u00f3n: Noviciado<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#STBaca6\">6 En la escuela del sufrir. Vida interior<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#STBaca7\">7 Infidelidad<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#STBaca8\">8 Retorno<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#STBaca9\">9 S\u00f3lo Dios basta<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#STBaca10\">10 Nuevas pruebas<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#STBaca11\">11 Trabajando para el Se\u00f1or<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#STBaca12\">12 San Jos\u00e9 de \u00c1vila: primer convento de la Reforma<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#STBaca13\">13 Extensi\u00f3n de la Reforma<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#STBaca14\">14 Priora en el convento de la Encarnaci\u00f3n<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#STBaca15\">15 Luchando por su obra<\/a><\/strong><br \/><strong><a href=\"#STBaca16\">16 El final<\/a><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><a id=\"STBaca0\"><\/a><br \/>Amor con amor<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Vida y obra de Teresa de Jes\u00fas<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ayer tuvimos en nuestra iglesia conventual adoraci\u00f3n del Sant\u00edsimo. Desde las seis de la ma\u00f1ana hasta las diez de la noche se reuni\u00f3, para cantar y rezar en torno al altar, la fiel comunidad simpatizante del Carmelo. Despu\u00e9s se cerr\u00f3 la Iglesia y durante la noche las hermanas se turnaron para adorar al Sant\u00edsimo. Mientras fuera, el jaleo de los Carnavales induce a los hombres a la borrachera y al frenes\u00ed, el poder pol\u00edtico da\u00f1a a los esp\u00edritus y muy duras necesidades presionan tanto los \u00e1nimos que muchos olvidan alzar la mirada al cielo, en lugares silenciosos de oraci\u00f3n como \u00e9ste est\u00e1n los corazones abiertos al Se\u00f1or: por la frialdad, la desatenci\u00f3n que fuera ofrecen al Se\u00f1or, estos corazones le ofrecen un caluroso amor como compensaci\u00f3n; por las molestias que tiene que soportar diariamente el coraz\u00f3n divino ellos ofrecen sacrificios expiatorios; con sus llantos dirigidos a Dios suplican su gracia y misericordia para cuantos est\u00e1n en el pecado y sufren necesidad. En nuestra \u00e9poca, en la que se ha hecho manifiesta la impotencia de todos los medios naturales para combatir la miseria presente en todas las tierras, se ha despertado nuevamente una nueva comprensi\u00f3n por el poder de la oraci\u00f3n, de la expiaci\u00f3n y de la reparaci\u00f3n vicaria. De aqu\u00ed la afluencia de los creyentes a lugares de oraci\u00f3n y el clamoroso deseo por los conventos de vida contemplativa, cuya vida est\u00e1 consagrada a la oraci\u00f3n y a la expiaci\u00f3n. Por eso se habla tambi\u00e9n del Carmelo en todos los rincones, una Orden que hace pocos a\u00f1os era muy poco conocida. En los diversos conventos han surgido el deseo por nuevas fundaciones. Uno se siente trasladado en el tiempo en que nuestra Santa Madre Teresa, la fundadora del Carmelo reformado, atravesaba Espa\u00f1a de Norte a Sur y de Este a Oeste, plantando nuevas vi\u00f1as para el Se\u00f1or. Y querr\u00eda transplantar en nuestro tiempo algo del esp\u00edritu que invad\u00eda a esta gran mujer que en un siglo de luchas y turbulencias construy\u00f3 un maravilloso edificio. Quiera ella enviarnos su bendici\u00f3n para que al menos este peque\u00f1o escrito sobre su vida y obras, ilumine algo de su esp\u00edritu y lo contagie en el coraz\u00f3n de los lectores; y que despierte el deseo de conocerla m\u00e1s cercanamente en las fuentes, en el rico tesoro de sus propios escritos; y quien aprenda a beber de estas fuentes, no se cansar\u00e1 de recoger all\u00ed de nuevo el \u00e1nimo y la fuerza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Carmelo de Colonia\u2011Lindenthal, fiesta de la Presentaci\u00f3n de Mar\u00eda de 1934<\/strong>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em><a id=\"STBaca1\"><\/a><br \/>1 Patria y casa paterna<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el siglo de las luchas religiosas y del gran cisma de la Iglesia, desarroll\u00f3 su actividad Teresa, compa\u00f1era en raza y genio del defensor de la fe, Ignacio de Loyola. Cuando vino a este mundo, hab\u00edan pasado apenas 20 a\u00f1os de la expulsi\u00f3n de los moros y de la uni\u00f3n de toda la pen\u00ednsula ib\u00e9rica en la fe cat\u00f3lica. Ocho siglos de guerras continuas entre la cruz y la media luna hab\u00edan dejado detr\u00e1s de s\u00ed el pueblo espa\u00f1ol. En tantas luchas se hab\u00eda acrisolado un pueblo de h\u00e9roes, un ej\u00e9rcito de Cristo Rey. La patria de Teresa, el reino de Castilla, era la fortaleza de donde la cruz, en lucha empedernida, avanz\u00f3 m\u00e1s y m\u00e1s hacia el sur y los caballeros castellanos formaban la tropa escogida de los soldados de la fe. De una de esas familias de h\u00e9roes descend\u00eda la audaz batalladora de Dios. Una ciudad arraigada en firmes roqueros, la fortaleza de \u00c1vila, llamada tambi\u00e9n \u00ab\u00c1vila de los santos\u00bb, fue su ciudad natal. De nobleza ancestral eran sus padres, don Alonso de Cepeda y su segunda esposa, do\u00f1a Beatriz de Ahumada. Seg\u00fan costumbre de su tiempo y patria fue conocida con el apellido materno Teresa de Ahumada. Cuando al rayar el alba del 28 de marzo de 1515 vino a este mundo, repiqueteaban las campanas del reci\u00e9n fundado convento de las carmelitas, llamando a los fieles a la consagraci\u00f3n de la capilla mon\u00e1stica. Era el convento que, m\u00e1s tarde, por varias d\u00e9cadas, se convertir\u00eda en su hogar, y donde el Se\u00f1or hab\u00eda determinado modelar su vaso de elecci\u00f3n. Teresa era la sexta de los hijos de su padre, y la tercera de su joven madre, que cont\u00f3, entre los propios, una hija y dos hijos de la primera esposa de su marido. A estos cinco mayores se unieron con el tiempo seis m\u00e1s. Don Alonso de Cepeda era un hombre de profunda piedad y de virtudes. Con gran inter\u00e9s vigilaba la educaci\u00f3n de sus hijos, procurando apartar de ellos toda influencia negativa, anim\u00e1ndoles a practicar el bien y siendo \u00e9l mismo un modelo de vida aut\u00e9nticamente cristiana. La delicada do\u00f1a Beatriz, humilde y suave, ten\u00eda una profunda piedad, y por su d\u00e9bil salud recibi\u00f3 agradecida los servicios de la hija mayor de su marido, Mar\u00eda, en la educaci\u00f3n de los muchos hijos. Esa ininterrumpida convivencia materna, hizo aflorar espont\u00e1neamente en los corazones infantiles el amor a Dios y el amor a la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em><a id=\"STBaca2\"><\/a><br \/>2 Ni\u00f1ez y juventud<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El coraz\u00f3n de la peque\u00f1a Teresa estaba lleno de amor y respeto hacia sus nobles padres y de confianza sincera hacia sus hermanos. Sus hermanos m\u00e1s j\u00f3venes eran sus mejores compa\u00f1eros. La austera Mar\u00eda, cargada con las responsabilidades de los adultos, como compa\u00f1era no era la adecuada; tampoco pod\u00eda serlo, la benjamina, que era varios a\u00f1os m\u00e1s joven. El \u00edntimo de su infancia fue Rodrigo, cuatro a\u00f1os mayor que ella. Los piadosos relatos de la madre y las primeras lecturas llenaron de celo a esta peque\u00f1a espa\u00f1ola. A pesar de lo que disfrutaba y se alegraba en las reuniones, prefer\u00eda retirarse en alg\u00fan rinc\u00f3n del jard\u00edn para rezar en la soledad. Se llenaba de alegr\u00eda cuando pod\u00eda dar limosna a los pobres. Y un buen d\u00eda esta ni\u00f1a de siete a\u00f1os le cuenta a su hermano predilecto un plan secreto en el que ella hab\u00eda pensado. Ella misma nos lo narra as\u00ed en su autobiograf\u00eda: \u00abJunt\u00e1bamonos a leer vidas de santos&#8230; Como ve\u00eda los martirios que por Dios las santas pasaban, parec\u00edame compraban muy barato el ir a gozar de Dios y deseaba yo mucho morir as\u00ed\u00bb (V 1,4). Para ella no hab\u00eda casi diferencia entre el deseo y la puesta en pr\u00e1ctica, y su hermano se sinti\u00f3 contagiado por ese entusiasmo. \u00abConcert\u00e1bamos irnos a tierra de moros, pidiendo por amor de Dios, para que all\u00e1 nos descabezasen; y par\u00e9ceme que nos daba el Se\u00f1or \u00e1nimo en tan tierna edad, si vi\u00e9ramos alg\u00fan medio, sino que el tener padres nos parec\u00eda el mayor embarazo\u00bb (V 1,4). Pero el pensamiento del gozo eterno, se sobrepuso al dolor de la separaci\u00f3n. \u00abEspant\u00e1banos mucho el decir que pena y gloria era para siempre, en lo que le\u00edamos. Acaec\u00edanos estar muchos ratos tratando de esto y gust\u00e1bamos de decir muchas veces: \u00a1para siempre, siempre, siempre! (V 1,4). Y al d\u00eda siguiente, bien de ma\u00f1anita, a escondidas, se pusieron en camino. Pero no fueron muy lejos. Muy felices hab\u00edan atravesado la puerta de la muralla, pero poco despu\u00e9s se encontraron con su t\u00edo paterno que condujo a los peque\u00f1os fugitivos de nuevo a su casa. Ya se les hab\u00eda echado de menos, y fueron recibidos con reproches. \u00abYo me he marchado\u00bb, replic\u00f3 Teresa, \u00abporque quer\u00eda ver a Dios, y para verlo hay que morir primero\u00bb. Para ella fue muy doloroso el fracaso de su hermoso plan. Pero su celo religioso no desapareci\u00f3 por ello. Con su hermano Rodrigo constru\u00eda ermitas en el jard\u00edn, con sus amigas jugaba a ser monja y multiplicaba sus actos religiosos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La muerte prematura de la madre supuso en la vida de la joven Teresa un corte radical. Ten\u00eda entonces trece a\u00f1os de edad. Ella misma lo narra as\u00ed: \u00abComo yo comenc\u00e9 a entender lo que hab\u00eda perdido, afligida fuime a una imagen de Nuestra Se\u00f1ora y supliqu\u00e9la fuese mi madre, con muchas l\u00e1grimas. Par\u00e9ceme que aunque se hizo con simpleza, que me ha valido; porque conocidamente he hallado a esta Virgen soberana en cuanto me he encomendado a ella y, en fin, me ha tornado a s\u00ed\u00bb(V 1,7). La joven se daba cuenta muy bien que precisaba de una ayuda especial, que hab\u00eda perdido precisamente a la madre cuando m\u00e1s la necesitaba. En Teresa hab\u00edan florecido los encantos naturales de la juventud. Hermosos rizos negros ca\u00edan sobre su frente blanca; sus luminosos ojos negros delataban el ardor de su alma; su andar y ademanes eran de un garbo natural y nobleza. La vivacidad de su esp\u00edritu y su encantadora amabilidad constitu\u00edan en sus relaciones sociales un est\u00edmulo al que nadie se pod\u00eda resistir. Los peligros, que la sombra de esos dones naturales favorec\u00edan, fueron creciendo a causa de una inclinaci\u00f3n cong\u00e9nita que ya en vida de la madre estaba despierta en la joven. Do\u00f1a Beatriz, que a causa de sus dolores, viv\u00eda continuamente encerrada en casa, buscaba entretenimiento en la lectura de novelas de caballer\u00edas y permit\u00eda, a escondidas del marido, que sus hijos tambi\u00e9n las leyesen. Despu\u00e9s de su muerte, se sumergi\u00f3 Teresa en esas apasionantes lecturas sin trabas, devorando libros y m\u00e1s libros, d\u00eda y noche. Esos libros de caballer\u00edas est\u00e1n hoy olvidados. Pero su car\u00e1cter y efectos perniciosos son de todos bien conocidos, gracias a la s\u00e1tira maestra que Cervantes en su <em>Don Quijote<\/em> describi\u00f3. El \u00abCaballero de la Triste Figura\u00bb, para quien los molinos de viento se convert\u00edan en gigantes, y la criada del labriego en una princesa, es v\u00edctima de una fant\u00e1stica alucinaci\u00f3n de la vida real. Tambi\u00e9n la fantas\u00eda alborotada de Teresa se sinti\u00f3 afectada por las descripciones fabulosas de los caballeros rom\u00e1nticos. Su colorido chill\u00f3n hizo desvanecer el suave encanto de las leyendas piadosas de su ni\u00f1ez. Con amargos arrepentimientos juzgar\u00eda m\u00e1s tarde esos extrav\u00edos de su juventud: \u00abFat\u00edgame ahora ver y pensar en qu\u00e9 estuvo el no haber yo estado entera en los buenos deseos que comenc\u00e9. !Oh Se\u00f1or m\u00edo!, pues parece ten\u00e9is determinado que me salve, plega a Vuestra Majestad sea as\u00ed&#8230; ?no tuvierais por bien&#8230; que no se ensuciara tanto posada adonde tan continuo hab\u00edais de morar? Fat\u00edgame, Se\u00f1or, aun decir esto, porque s\u00e9 que fue m\u00eda toda la culpa; porque no me parece os qued\u00f3 a Vos nada por hacer para que desde esta edad no fuera toda vuestra\u00bb (V 1,7\u20118).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era natural que la joven Teresa intentara asemejarse a las hero\u00ednas de sus novelas: \u00abComenc\u00e9 a traer galas y a desear contentar en parecer bien, con mucho cuidado de manos y cabello y olores y todas las vanidades que en esto pod\u00eda tener&#8230; Dur\u00f3me mucha curiosidad de limpieza demasiada y cosas que me parec\u00eda a m\u00ed no eran ning\u00fan pecado, muchos a\u00f1os\u00bb (V 2,2). No faltaban admiradores de su belleza. Pero el riguroso padre no admit\u00eda en su casa a j\u00f3venes extra\u00f1os. S\u00f3lo los primos de la misma edad ten\u00edan entrada: \u00abEran casi de mi edad, poco mayores que yo. And\u00e1bamos siempre juntos. Ten\u00edanme gran amor, y en todas las cosas que les daba contento, los sustentaba pl\u00e1tica y o\u00eda sucesos de sus aficiones y ni\u00f1er\u00edas no nada buenas; y lo que peor fue, mostrarse el alma a lo que fue causa de todo su mal\u00bb (V 2,2). De un modo especial fue negativa la influencia de un familiar: \u00abEra tan de livianos tratos, que mi madre la hab\u00eda mucho procurado desviar que tratase en casa; parece adivinaba el mal que por ella me hab\u00eda de venir, y era tanta la ocasi\u00f3n que hab\u00eda para entrar, que no hab\u00eda podido. A esta que digo, me aficion\u00e9 a tratar. Con ella era mi conversaci\u00f3n y pl\u00e1ticas, porque me ayudaba a todas las cosas de pasatiempo que yo quer\u00eda, y aun me pon\u00eda en ellas y daba parte de sus conversaciones y vanidades. Hasta que trat\u00e9 con ella, que fue de edad de catorce a\u00f1os, y creo que m\u00e1s (para tener amistad conmigo \u2011digo\u2011 y darme parte de sus cosas) no me parece hab\u00eda dejado a Dios por culpa mortal, ni perdido el temor de Dios, aunque le ten\u00eda mayor de la honra. Este tuvo fuerza para no la perder del todo, ni me parece por ninguna cosa del mundo en esto me pod\u00eda mudar, ni hab\u00eda amor de persona de \u00e9l que a esto me hiciese rendir\u00bb (V 2,3). Con todo el influjo fue muy profundo. \u00abY es as\u00ed que de tal manera me mud\u00f3 esta conversaci\u00f3n, que de natural y alma virtuosa no me dej\u00f3 casi ninguna y me parece me imprim\u00eda sus condiciones ella y otra que ten\u00eda la misma manera de pasatiempos\u00bb (V 2,4). El padre y la hermana mayor, que con cuidado materno se preocupaba de los hermanos m\u00e1s peque\u00f1os, notaron sorprendidos la transformaci\u00f3n, y decidieron tomar una soluci\u00f3n. Cuando Mar\u00eda tuvo que abandonar la casa paterna para seguir a su marido, don Alonso confi\u00f3 a su hija predilecta, para su educaci\u00f3n, a las agustinas. De repente y sin despedirse, desapareci\u00f3 Teresa de aquel c\u00edrculo alegre donde ella hab\u00eda sido el punto de atenci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em><a id=\"STBaca3\"><\/a><br \/>3 En el convento de las Agustinas<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El convento de Nuestra Se\u00f1ora de la Gracia era en \u00c1vila muy bien considerado. Las grandes familias de la ciudad le confiaban sus hijas. Los primeros d\u00edas, dentro de los muros claustrales, le parec\u00edan a Teresa como si estuviera en una c\u00e1rcel. A aquella soledad se un\u00eda un martirio de escr\u00fapulos por lo acaecido durante los \u00faltimos meses; remordimientos de conciencia la atormentaban. Pero ese estado de \u00e1nimo no dur\u00f3 mucho; pronto recuper\u00f3 tranquilidad de esp\u00edritu y se ajust\u00f3 sin dificultad a la vida del pensionado. Mar\u00eda de Brice\u00f1o, maestra de las ni\u00f1as seglares y gran educadora, acapar\u00f3 toda su atenci\u00f3n. \u00abDorm\u00eda una monja con las que est\u00e1bamos seglares, que por medio suyo parece quiso el Se\u00f1or comenzar a darme luz\u00bb (V 2,10). \u00abPues comenzando a gustar de la buena y santa conversaci\u00f3n de esta monja, holg\u00e1bame de o\u00edrla cu\u00e1n bien hablaba de Dios, porque era muy discreta y santa&#8230; Comenz\u00f3me a contar c\u00f3mo ella hab\u00eda venido a ser monja por s\u00f3lo leer lo que dice el Evangelio: <em>Muchos son los llamados y pocos los escogidos<\/em>. Dec\u00edame el premio que daba el Se\u00f1or a los que todo lo dejan por El. Comenzome esta buena compa\u00f1\u00eda a desterrar las costumbres que hab\u00eda hecho la mala y a tornar a poner en mi pensamiento deseos de las cosas eternas y a quitar algo de la gran enemistad que ten\u00eda con ser monja, que se me hab\u00eda puesto grand\u00edsima\u00bb (V 3,1).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abEstuve a\u00f1o y medio en este monasterio harto mejorada. Comenc\u00e9 a rezar muchas oraciones vocales y a procurar con todas me encomendasen a Dios, que me diese el estado en que le hab\u00eda de servir, mas todav\u00eda deseaba no fuese monja, que \u00e9ste no fuese Dios servido de d\u00e1rmele, aunque tambi\u00e9n tem\u00eda el casarme. A cabo de este tiempo que estuve aqu\u00ed, ya ten\u00eda m\u00e1s amistad de ser monja, aunque no en aquella casa, por las cosas m\u00e1s virtuosas que despu\u00e9s entend\u00ed ten\u00edan, que me parec\u00edan extremos demasiados&#8230; Tambi\u00e9n ten\u00eda yo una grande amiga en otro monasterio, y esto me era parte para no ser monja, si lo hubiera de ser, sino donde ella estaba. Miraba m\u00e1s el gusto de mi sensualidad y vanidad que lo bien que me estaba a mi alma. Estos buenos pensamientos de ser monja me ven\u00edan algunas veces y luego se quitaban, y no pod\u00eda persuadirme a serlo\u00bb (V 3,2).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em><a id=\"STBaca4\"><\/a><br \/>4 Decisi\u00f3n vocacional<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Teresa regres\u00f3 a casa sin tener ideas claras sobre su futuro. El motivo fue una grave enfermedad. En los d\u00edas de reconvalecencia, y para reponerse, fue a la casa de campo de su hermana Mar\u00eda, quien la recibi\u00f3 con mucho amor y la hubiera retenido consigo. Pero el padre no se pod\u00eda apartar de su compa\u00f1\u00eda. El mismo fue a recogerla, y de vuelta la dej\u00f3 por algunas semanas en casa de su hermano, Pedro S\u00e1nchez, en Hortigosa, mientras \u00e9l trataba de resolver algunos negocios. La permanencia en la casa del t\u00edo iba a ser decisiva para Teresa. La vida del t\u00edo estaba completamente dedicada a la oraci\u00f3n y lectura de libros espirituales. El la suplic\u00f3 se los leyera. \u00abAunque no era amiga de ellos, mostraba que s\u00ed, porque en esto de dar contento a otros he tenido extremo, aunque a m\u00ed me hiciese pesar\u00bb(V 3,4). Esta vez no ser\u00eda para su pesar. Bien pronto fue cautivada por lo libros que su t\u00edo la daba a leer. Las <em>Ep\u00edstolas <\/em>de S. Jer\u00f3nimo, los <em>Morales<\/em> de S. Gregorio, y las obras de S. Agust\u00edn conquistan su esp\u00edritu y hacen renacer en ella el entusiasmo por lo santo de los a\u00f1os juveniles. A veces se corta la lectura, y se engarza un di\u00e1logo entre el anciano y la joven lectora sobre temas serios y eternos. En ese ambiente madura la firme resoluci\u00f3n de Teresa. Una mirada r\u00e1pida a su vida pasada. \u00bfQu\u00e9 hubiera sido de ella si el Se\u00f1or la hubiese llamado de esta vida en los d\u00edas de vanidades y traiciones? A semejante peligro no quer\u00eda exponerse m\u00e1s. La salvaci\u00f3n eterna, he ah\u00ed la meta de su vida futura, y para no perderla m\u00e1s de vista, tendr\u00e1 que vencer como verdadera hero\u00edna su antipat\u00eda por ser monja, su amor exaltado a la libertad, y su tierna afici\u00f3n a padre y hermanos. A la lucha interna, sigue una lucha externa m\u00e1s encarnizada. A pesar de su religiosidad, don Alonso no quiere separarse de su hija predilecta. Todas las s\u00faplicas, todas las intervenciones del t\u00edo y de los hermanos, son in\u00fatiles. Pero Teresa no es menos testaruda que su padre. Dado que \u00e9ste no concede el permiso, abandona a escondidas la casa paterna. Como en su primera y pueril aventura, es tambi\u00e9n un hermano el confidente en esta segunda y m\u00e1s trascendental aventura. Ya no es Rodrigo \u2011\u00e9l no est\u00e1 en Espa\u00f1a pues presta sus servicios en las reci\u00e9n descubiertas tierras americanas\u2011, en su lugar es Antonio el confidente, dos a\u00f1os m\u00e1s joven que Teresa. Ella misma nos lo cuenta as\u00ed: \u00abEn estos d\u00edas que andaba con estas determinaciones, hab\u00eda persuadido a un hermano m\u00edo a que se metiese fraile, dici\u00e9ndole la vanidad del mundo, y concertamos entrambos de irnos un d\u00eda muy de ma\u00f1ana al monasterio adonde estaba aquella mi amiga, que era al que yo ten\u00eda mucha afici\u00f3n&#8230; Acu\u00e9rdaseme, a todo un parecer y con verdad que cuando sal\u00ed de casa de mi padre no creo ser\u00e1 m\u00e1s el sentimiento cuando me muera; porque me parece cada hueso se me apartaba por s\u00ed, que, como no hab\u00eda amor de Dios que quitase el amor del padre y parientes, era todo haciendo una fuerza tan grande que, si el Se\u00f1or no me ayudara, no bastaran mis consideraciones para ir adelante. Aqu\u00ed me dio \u00e1nimo contra m\u00ed, de manera que lo puse por obra.\u00bb (V 4,1). Antonio acompa\u00f1\u00f3 a su hermana hasta la puerta del convento de las carmelitas y \u00e9l se dirigi\u00f3 despu\u00e9s al de Sto. Tom\u00e1s de los dominicos, en donde pidi\u00f3 ser admitido. Era el d\u00eda de \u00e1nimas de 1533 .<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em><a id=\"STBaca5\"><\/a>5 En el convento de la Encarnaci\u00f3n: Noviciado<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La casa, que en las infantiles consideraciones de Teresa aventajaba a la de las agustinas por tener en ella a una querida amiga \u2011Juana Su\u00e1rez, hermana carnal de su educadora Mar\u00eda Brice\u00f1o\u2011, era el convento de las Carmelitas de la Encarnaci\u00f3n. Pero ten\u00eda tambi\u00e9n otras ventajas naturales, que a un esp\u00edritu sensible pod\u00edan f\u00e1cilmente seducir: su enclave panor\u00e1mico, su armon\u00eda arquitect\u00f3nica, la huerta amplia cruzada por arroyos de aguas cristalinas. Pero tales cosas estaban muy lejos de influir en la decisi\u00f3n de Teresa. \u00ab&#8230; al monasterio&#8230; que era al que yo ten\u00eda mucha afici\u00f3n, puesto que ya en esta postrera determinaci\u00f3n ya yo estaba de suerte, que a cualquiera que pensara servir m\u00e1s a Dios o mi padre quisiera, fuera; que m\u00e1s miraba ya al remedio de mi alma, que del descanso ning\u00fan caso hac\u00eda \u00e9l\u00bb(V 4,1). Era, pues, bien claro que la gracia de Dios la guiaba a donde con infalible certeza interior deb\u00eda dirigir sus pasos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La <em>Orden de la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda del Monte Carmelo<\/em>, a la que Teresa pertenec\u00eda, ten\u00eda un largo pasado rico de fama. Veneraba al profeta El\u00edas como su fundador, quien guio a sus disc\u00edpulos a una vida de oraci\u00f3n y penitencia en las cuevas del Monte Carmelo. Cuando con su oraci\u00f3n liber\u00f3 al pueblo de Israel de la terrible sequ\u00eda, vio, \u2011seg\u00fan narran las leyendas de la Orden\u2011, la imagen de la Madre de Dios en aquella nubecilla anunciadora de las aguas deseadas, s\u00edmbolo de la gracia divina. El fue el primer venerador de la Madre de Dios, y en las alturas del Monte Carmelo se levantar\u00eda el primer santuario mariano. En el tiempo de las Cruzadas recibieron los ermita\u00f1os del Monte Carmelo una organizaci\u00f3n monacal y el patriarca Alberto de Jerusal\u00e9n les escribi\u00f3, tras muchos ruegos, la regla primitiva hacia 1200: en soledad y silencio deben meditar las leyes del Se\u00f1or d\u00eda y noche, ayunar asiduamente seg\u00fan antigua costumbre, y seg\u00fan consejo del Ap\u00f3stol, ganarse lo necesario para vivir con el trabajo de sus manos. La persecuci\u00f3n de los religiosos por los mahometanos, nuevos conquistadores de Palestina, provoc\u00f3 el traslado de la Orden hacia Occidente. Aqu\u00ed le sucedi\u00f3 lo mismo que a las dem\u00e1s Ordenes al ocaso de la Edad Media: la austera observancia de los a\u00f1os primeros, fue relaj\u00e1ndose; el papa Eugenio IV mitig\u00f3 la regla primitiva, y seg\u00fan esa mitigaci\u00f3n fueron fundados los primeros conventos de las carmelitas en el siglo XV. Seg\u00fan esa Regla mitigada se fund\u00f3 tambi\u00e9n el convento de la Encarnaci\u00f3n. Cuando Teresa entr\u00f3 en \u00e9l, no hac\u00eda muchos decenios desde su fundaci\u00f3n, y nadie pod\u00eda decir que estuviese relajado. Las Constituciones se observaban con fidelidad puesto que entre las monjas del convento, hab\u00eda muchas de profunda religiosidad y ejemplar conducta, pero del esp\u00edritu austero de la regla primitiva quedaba bien poco. El decorado interior del convento era casi fastuoso y permit\u00eda una vida c\u00f3moda. Los rigurosos ayunos y penitencias hab\u00edan sido en gran parte suprimidos y en el trato con seglares reinaba gran libertad. La afluencia a un lugar tan pintoresco era tal, que en 1560 contaba el convento con unas 190 monjas. A pesar de todo, proporcionaban las Constituciones un ambiente donde cada cual se pod\u00eda entregar del todo a la oraci\u00f3n: Teresa recorri\u00f3 aqu\u00ed todas las etapas de la vida interior hasta la c\u00faspide.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las \u00faltimas sombras de la felicidad de la joven novicia se disiparon por completo cuando don Alonso manifest\u00f3 conformidad con la decisi\u00f3n de Teresa y con celo fervoroso se arriesg\u00f3 a escalar con su hija predilecta y bajo su direcci\u00f3n el monte de la perfecci\u00f3n cristiana. Con la misma entereza con que hab\u00eda abandonado la casa paterna, acomete ahora la nueva vida claustral, entreg\u00e1ndose a la oraci\u00f3n, al ejercicio de la obediencia, y a la caridad con sus hermanas. La recompensa divina fue enorme. El miedo ante el juicio divino y la preocupaci\u00f3n por la salud eterna, que en un principio la hab\u00edan decidido a tomar tal valiente resoluci\u00f3n, ceden paso a un amor inflamado por la misericordia de Dios. \u00abEn tomando el h\u00e1bito, luego me dio el Se\u00f1or a entender c\u00f3mo favorece a los que se hacen fuerza para servirle&#8230; A la hora me dio un tan gran contento de tener aquel estado, que nunca jam\u00e1s me falt\u00f3 hasta hoy, y mud\u00f3 Dios la sequedad que ten\u00eda mi alma en grand\u00edsima ternura. D\u00e1banme deleite todas cosas de religi\u00f3n, y es verdad que andaba algunas veces barriendo en horas que yo sol\u00eda ocupar en mi regalo y gala, y acord\u00e1ndoseme que estaba libre de aquello me daba un nuevo gozo, que yo me espantaba y no pod\u00eda entender por d\u00f3nde ven\u00eda. Cuando de esto me acuerdo, no hay cosa que delante se me pusiese, por grave que fuese, que dudase de acometerla; porque ya tengo experiencia en muchas que, si me ayudo al principio a determinarme a hacerlo (que, siendo s\u00f3lo por Dios, hasta comenzarlo quiere, para que m\u00e1s merezcamos, que el alma sienta aquel espanto, y mientras mayor, si sale con ella, mayor premio y m\u00e1s sabroso se hace despu\u00e9s)\u00bb (V 4, 2).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con santa alegr\u00eda tomaba parte la joven novicia en los rezos corales. Pero estos rezos prescritos no eran suficientes para su celo. En los ratos libres pasaba horas enteras en meditaci\u00f3n ante el tabern\u00e1culo. Pero este celo por la oraci\u00f3n suscit\u00f3 malentendidos y cr\u00edticas por parte de monjas menos amigas de la oraci\u00f3n. Pero nada ni nadie pudo apartarla del camino emprendido. El amor a Dios transform\u00f3 su natural amabilidad y su disposici\u00f3n a agradar a todos, con un nuevo est\u00edmulo y con una m\u00e1s noble motivaci\u00f3n. Un d\u00eda pasado sin haber hecho algo por amor al pr\u00f3jimo, era para ella un d\u00eda perdido. Por eso aprovechaba la m\u00e1s m\u00ednima ocasi\u00f3n. Sobre todo el cuidado de los enfermos la llenaba de alegr\u00eda. A una monja, que padec\u00eda una enfermedad tan horripilante que a todas las dem\u00e1s les daba n\u00e1useas, la cuidaba ella con la m\u00e1s fina ternura y se esmeraba en hacerla ver que no le causaba n\u00e1usea ninguna. La paciencia de esta monja con tantos dolores la asombraba de tal forma, que despert\u00f3 en ella el deseo de padecer otro tanto. \u00ab&#8230; ped\u00eda a Dios que, d\u00e1ndomela as\u00ed a m\u00ed, me diese las enfermedades que fuese servido. Ninguna me parece tem\u00eda, porque estaba tan puesta en ganar bienes eternos, que por cualquier medio me determinaba a ganarlos. Y esp\u00e1ntome, porque a\u00fan no ten\u00eda, a mi parecer, amor de Dios, como despu\u00e9s que comenc\u00e9 a tener oraci\u00f3n me parec\u00eda a m\u00ed le he tenido, sino una luz de parecerme todo de poca estima lo que se acaba y de mucho precio los bienes que se pueden ganar con ello, pues son eternos.\u00bb (V 5,2). Bien pronto fueron escuchadas sus oraciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em><a id=\"STBaca6\"><\/a><br \/>6 En la escuela del sufrir. Vida interior<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Poco despu\u00e9s de hacer la profesi\u00f3n (el 3 de noviembre de 1537) un fuerte dolor de coraz\u00f3n la oblig\u00f3 a guardar cama. Sobrellev\u00f3 los dolores, la forzada inactividad y la imposibilidad de acudir a los actos de comunidad con no menos paciencia, que aquella monja enferma a la que admir\u00f3, de forma que se gan\u00f3 el amor de las hermanas, aun de aquellas que la criticaban en muchos puntos y la malentend\u00edan. Su querido padre no dejaba de buscar todos los medios posibles para curarla y, ya que los m\u00e9dicos no la sirvieron de nada, decidi\u00f3 llevarla a una curandera que gozaba de mucha fama. Como en el convento de la Encarnaci\u00f3n no se guardaba estrecha clausura, no hab\u00eda ning\u00fan reparo en confiar a la joven enferma al cuidado de la familia. El largo viaje pas\u00f3 primero por Hortigosa. Pedro S\u00e1nchez la dio un libro del padre Osuna sobre la oraci\u00f3n de recogimiento, que bien pronto se convertir\u00eda en su gu\u00eda espiritual. El invierno lo pas\u00f3 Teresa en la casa de campo de su hermana Mar\u00eda de Cepeda. Y aun cuando aqu\u00ed, como en a\u00f1os pasados, se vio rodeada del cari\u00f1o de los suyos a los que correspond\u00eda con amor fraternal, supo Teresa distribuir las horas del d\u00eda de tal forma, que la quedase siempre tiempo para dedicarse a la oraci\u00f3n de recogimiento, y de esta forma ser fiel al esp\u00edritu de su vocaci\u00f3n claustral aun fuera de la Orden. La enfermedad se agrav\u00f3 mucho, de forma que fue para todos un alivio al llegar la primavera, fecha que la curandera de Becedas hab\u00eda determinado para comenzar con las curas. El largo viaje fue un verdadero martirio, pero a\u00fan mucho mayor fue el tratamiento, que en lugar de aliviarla, recrudeci\u00f3 los sufrimientos. Y a pesar de los dolores insoportables, se aferr\u00f3 a su oraci\u00f3n contemplativa siguiendo a su nuevo gu\u00eda. Y el Se\u00f1or recompens\u00f3 esa fidelidad heroica, levant\u00e1ndola ya entonces a un alto grado de vida interior.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La maestra de la oraci\u00f3n ha descrito m\u00e1s tarde en sus escritos, con incomparable claridad, la vida m\u00edstica de la gracia en todos sus grados. La principiante, que entonces comenzaba a probar la oraci\u00f3n, no sab\u00eda lo que pasaba en su alma. Pero para comprender el desarrollo de su vida interior, es necesario que digamos antes algo sobre la vida interior.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La oraci\u00f3n es el trato del alma con Dios. Dios es amor, y amor es bondad que se regala a s\u00ed misma; una plenitud existencial que no se encierra en s\u00ed, sino que se derrama, que quiere regalarse y hacer feliz. A ese desbordante amor de Dios debe toda la creaci\u00f3n su ser. Las creaturas m\u00e1s dignas son los seres dotados de esp\u00edritu, que reciben ese amor de Dios entendi\u00e9ndole y libremente pueden corresponder: los \u00e1ngeles y los hombres. La oraci\u00f3n es la haza\u00f1a m\u00e1s sublime de la cual es capaz el esp\u00edritu humano. Pero no es rendimiento humano s\u00f3lo. La oraci\u00f3n es como la escala de Jacob, por la que el esp\u00edritu humano trepa hacia Dios, y la gracia de Dios desciende a los hombres. Los escalones de la oraci\u00f3n se diferencian entre s\u00ed, a medida de la participaci\u00f3n entre la potencia del alma y la gracia de Dios. All\u00ed donde el alma con sus potencias no puede actuar m\u00e1s, sino que es como un c\u00e1ntaro que rellena la gracia, se habla de vida m\u00edstica de la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El primer grado es la oraci\u00f3n vocal, que se realiza con determinadas f\u00f3rmulas habladas: el Padre Nuestro, el Ave Mar\u00eda, el rosario, las Horas can\u00f3nicas. Esa oraci\u00f3n vocal no debe de entenderse de forma, que consista s\u00f3lo en pronunciar las palabras. Donde la oraci\u00f3n vocal se practica de forma que el esp\u00edritu no se eleva hacia Dios, es una apariencia de oraci\u00f3n, no una oraci\u00f3n verdadera. Las palabras son un apoyo para el esp\u00edritu, indic\u00e1ndole un camino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un nivel m\u00e1s alto es la meditaci\u00f3n. Aqu\u00ed se desenvuelve el esp\u00edritu en libertad, sin trabas de lenguaje. Por ejemplo, uno medita sobre el misterio del nacimiento de Jes\u00fas. La fantas\u00eda le transporta a la gruta de Bel\u00e9n, le muestra al Ni\u00f1o en el pesebre, a sus santos padres, a los pastores y a los reyes. Su entendimiento pondera la grandeza de la misericordia divina, el coraz\u00f3n se siente sobrecogido de amor y agradecimiento, la voluntad se decide a hacerse m\u00e1s digna del amor divino. De esta forma acapara la meditaci\u00f3n todas las potencias del alma, y, ejercida perseverantemente, puede poco a poco cambiar al hombre por completo. El Se\u00f1or suele premiar esa perseverancia en la meditaci\u00f3n de otra forma: le eleva a una forma de oraci\u00f3n m\u00e1s alta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ese grado m\u00e1s alto lo denomina la Santa oraci\u00f3n de quietud. A la desbordante actividad del entendimiento, sigue un recogimiento de todas las potencias del alma. El alma ya no es capaz de hacer grandes cabriolas intelectuales y decidir resoluciones concretas; se ve abrumada por algo, que se le echa encima sin poderlo resistir; es la presencia divina que la ensombra y la reposa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras que los primeros grados de la oraci\u00f3n los puede escalar cualquier creyente con humano tes\u00f3n, aunque, claro est\u00e1, siempre ayudado por la gracia divina, topamos aqu\u00ed las fronteras de la vida m\u00edstica de la gracia, que no se pueden atravesar con la fuerza humana, sino que es s\u00f3lo fuerza divina la que nos arrastra a ella.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y si la evidencia de la presencia divina acapara totalmente al alma y la hace rebosar de incomparables gozos humanos, la uni\u00f3n con Dios sobrepuja de manera inaudita esos gozos, que aqu\u00ed, si bien como chispas fugaces, se la regalan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este grado de gracias m\u00edsticas se acumulan variedad de experiencias, que aun al exterior pueden apreciarse como extraordinarias: \u00e9xtasis y visiones. Las potencias interiores del alma se sienten de tal forma imantadas por actuaciones sobrenaturales, que sus potencias exteriores, los sentidos, se ven atrofiados: ni ve, ni oye, el cuerpo es incapaz de percibir el dolor, y est\u00e1 a veces r\u00edgido como un cad\u00e1ver. En cambio el alma, aligerada del cuerpo, redunda de actividad: ya ve al Se\u00f1or en imagen corp\u00f3rea, ya a la Madre de Dios, ya a los \u00e1ngeles, ya a los santos. Contempla esos cuerpos celestiales como si los viera con sus propios ojos. O bien el entendimiento se ve iluminado por una luz sobrenatural y le permite contemplar verdades ocultas. Estas revelaciones personales tienen por lo general el fin de instruir al alma sobre su propio estado, o sobre el estado de otras almas; de familiarizar al alma con los secretos divinos y preparar al alma para una determinada misi\u00f3n, que el Se\u00f1or le tiene preparada. No faltan nunca en la vida de los santos, si bien no es lo esencial de su santidad. La mayor\u00eda de las veces aparecen en un determinado estado para desaparecer de nuevo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las almas que el Se\u00f1or ha preparado y probado mediante frecuentes uniones temporales, revelaciones extraordinarias, sufrimientos y tentaciones de toda clase, las quiere El vincular consigo. Establece una alianza con ellas, lo que se llama desposorio m\u00edstico. El espera de esas almas que se dediquen por completo a su servicio; El se preocupa de ellas y est\u00e1 siempre dispuesto a cumplir sus peticiones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente, el grado m\u00e1s alto de la gracia divina, Teresa la llama matrimonio m\u00edstico. Las manifestaciones extraordinarias cesan, pero el alma est\u00e1 siempre unida con el Se\u00f1or; goza de su presencia aun en medio de los negocios exteriores, que no la impiden para nada la uni\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos estos grados de la oraci\u00f3n ha recorrido la Santa en un desarrollo espiritual de muchos a\u00f1os, antes de poder darse cuenta de ellos y poderlos explicar a otros. Los comienzos tuvieron precisamente lugar en un estado de dolores f\u00edsicos terribles: \u00abComenz\u00f3me su Majestad a hacer tantas mercedes en los principios, que al fin de este tiempo que estuve aqu\u00ed&#8230; comenz\u00f3 el Se\u00f1or a regalarme tanto por este camino, que me hac\u00eda merced de darme oraci\u00f3n de quietud, y alguna vez llegaba a uni\u00f3n, aunque yo no entend\u00eda qu\u00e9 era lo uno ni lo otro, y lo mucho que era de preciar, que creo me fuera gran bien entenderlo. Verdad es que duraba tan poco esto de uni\u00f3n, que no s\u00e9 si era Avemar\u00eda; mas quedaba con unos efectos tan grandes, que con no haber en este tiempo veinte a\u00f1os, me parece tra\u00eda el mundo debajo de los pies, y as\u00ed me acuerdo que hab\u00eda l\u00e1stima a los que le segu\u00edan, aunque fuere en cosas l\u00edcitas. Procuraba lo m\u00e1s que pod\u00eda traer a Jesucristo, nuestro bien y Se\u00f1or, dentro de m\u00ed presente, y \u00e9sta era mi manera de oraci\u00f3n. Si pensaba en alg\u00fan paso, le representaba en lo interior&#8230;\u00bb (V 4,7).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El efecto de la vida de oraci\u00f3n, era un crecimiento progresivo en el amor a Dios y a las almas. Si ya en un principio sus encantos naturales influenciaban de forma inaudita sus relaciones humanas, la fuerza de su amor sobrenatural le daban ahora un poder irresistible. El primero que experiment\u00f3 ese poder, fue un sacerdote con quien se confesaba en Becedas. A la vista de esa alma pura, que se acusaba con amargo arrepentimiento de inocentes tropiezos, le toc\u00f3 de tal manera que confes\u00f3 a su penitenta el grav\u00edsimo pecado en que hac\u00eda a\u00f1os viv\u00eda. Ella no pudo descansar, hasta verle romper las cadenas que le apresaban. La fuerza de sus palabras y ruegos le convirtieron en un penitente arrepentido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de volver a la casa paterna de \u00c1vila, se agrav\u00f3 el estado de la enferma de tal modo que se perdi\u00f3 toda esperanza de mejor\u00eda. Cuatro d\u00edas enteros estuvo sin conocimiento. La noticia de su muerte se corri\u00f3 por toda la ciudad. En el convento de la Encarnaci\u00f3n se hab\u00eda abierto la fosa. Las carmelitas de \u00c1vila hab\u00edan cantado una misa solemne por el eterno descanso de su alma. S\u00f3lo el padre y los hermanos no cesaban de asediar con s\u00faplicas al cielo. Al fin abri\u00f3 los ojos. Al despertar pronunci\u00f3 algunas palabras que dejaban entrever, que durante su muerte aparente hab\u00eda visto cosas extraordinarias. En sus \u00faltimos d\u00edas confesaba haberla mostrado Dios cielo e infierno, adem\u00e1s de su actividad por la Orden, la muerte edificante de su padre y de su amiga Juana Su\u00e1rez, as\u00ed como su propia muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tan pronto como experiment\u00f3 una liviana mejor\u00eda, pidi\u00f3 la llevasen sin m\u00e1s tardanza al convento. Pero muchos a\u00f1os se vio amarrada al lecho, parec\u00eda tullida para siempre y padec\u00eda dolores incre\u00edbles. Su estado an\u00edmico durante esos a\u00f1os de prueba, la describe ella misma as\u00ed: \u00abTodos los pas\u00e9 con gran conformidad y, si no fue estos principios, con gran alegr\u00eda; porque todo se me hac\u00eda nonada comparado con los dolores y tormentos del principio. Estaba muy conforme con la voluntad de Dios, aunque me dejase as\u00ed siempre. Par\u00e9ceme era toda mi ansia de sanar por estar a solas en la oraci\u00f3n como ven\u00eda mostrada, porque en la enfermer\u00eda no hab\u00eda aparejo&#8230;, edificaba a todos, y se espantaban de la paciencia que el Se\u00f1or me daba; porque, a no venir de mano de su Majestad, parec\u00eda imposible poder sufrir tanto mal con tanto contento.\u00bb (V 6,2)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abGran cosa fue haberme hecho la merced en la oraci\u00f3n que me hab\u00eda hecho, que \u00e9sta me hac\u00eda entender qu\u00e9 cosa era amarle; porque de aquel poco tiempo vi nuevas en m\u00ed estas virtudes, aunque no fuertes&#8230; : no tratar mal de nadie por poco que fuese, sino lo ordinario era excusar toda murmuraci\u00f3n, porque tra\u00eda muy delante c\u00f3mo no hab\u00eda de querer ni decir de otra persona lo que no quer\u00eda dijesen de m\u00ed. Tomaba esto en harto extremo para las ocasiones que hab\u00eda, aunque no tan perfectamente que algunas veces, cuando me las daban grandes, en algo no quebrase; mas lo continuo era esto; y as\u00ed, a las que estaban conmigo y me trataban persuad\u00eda tanto en esto, que se quedaron en costumbre. V\u00ednose a entender que adonde yo estaba ten\u00edan seguras las espaldas, y en esto estaban con las que yo ten\u00eda amistad y deudo&#8230;\u00bb (V 6,3).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante tres a\u00f1os hab\u00eda sufrido Teresa sin rogar al Se\u00f1or que la sanase. No sabemos por qu\u00e9 despu\u00e9s cambi\u00f3 de idea. Ella cuenta solamente que se decidi\u00f3 a suplicar al Cielo que pusiese t\u00e9rmino a su enfermedad. A este fin hizo celebrar una misa y se encomend\u00f3 a quien durante toda su vida guardaba una confianza sin l\u00edmites y quien por su celo recobr\u00f3 una veneraci\u00f3n floreciente: \u00ab&#8230; que no s\u00e9 c\u00f3mo se puede pensar en la Reina de los \u00e1ngeles en el tiempo que tanto pas\u00f3 con el Ni\u00f1o Jes\u00fas, que no den gracias a San Jos\u00e9 por lo bien que les ayud\u00f3 en ellos.\u00bb (V 6,8). A \u00e9l le atribuye su salud completa: \u00abVi claro que as\u00ed de esta necesidad como de otras mayores de honra y p\u00e9rdida de alma este padre y se\u00f1or m\u00edo me sac\u00f3 con m\u00e1s bien que yo le sab\u00eda pedir&#8230; Par\u00e9ceme ha algunos a\u00f1os que cada a\u00f1o en su d\u00eda le pido una cosa, y siempre la veo cumplida&#8230;\u00bb (V 6,6.7). \u00abPues \u00e9l hizo como quien es en hacer de manera que pudiese levantarme y andar y no estar tullida.\u00bb (V 6,8)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em><a id=\"STBaca7\"><\/a><br \/>7 Infidelidad<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin duda, el heroico coraz\u00f3n de Teresa estaba decidido a gastar la vida, que nuevamente le hab\u00eda sido regalada, en servicio de su amado Se\u00f1or. No pod\u00eda imaginarse que la salud pod\u00eda conllevar sus peligros y, que al abandonar la soledad de la enfermer\u00eda, perder\u00eda nuevamente todo lo alcanzado durante mucho tiempo. \u00abPor esto me parece a m\u00ed me hizo harto da\u00f1o no estar en monasterio encerrado; porque la libertad que las que eran buenas pod\u00edan tener con bondad&#8230; para m\u00ed, que soy ruin, hubi\u00e9rame cierto llevado al infierno, si con tantos remedios y medios el Se\u00f1or con muy particulares mercedes suyas no me hubiera sacado de este peligro.\u00bb (V 7,3).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era natural que los familiares y las amigas saludasen con j\u00fabilo a la que hab\u00eda vuelto a la vida, que la llamasen continuamente al locutorio, que su amabilidad, su esp\u00edritu vivaz y su extraordinario don de conversaci\u00f3n, embelesaran a cuantos la visitaban y los encantase. Todos los estudios dan como cierto que el trato de Teresa con extra\u00f1os que, con mirada retrospectiva, ella misma reprueba con amargo arrepentimiento, era un trato limpio, y no una reca\u00edda en vanidades humanas. Ese trato ejerc\u00eda en los visitantes un efecto saludable, y de nada habla con ellos con tanto entusiasmo como de cosas divinas. Sin embargo, su arrepentimiento es sincero: el trato con personas, la distra\u00eda del trato con Dios. Perdi\u00f3 el gusto por la oraci\u00f3n y, una vez perdido ese gusto, se consideraba indigna de tal gracia. \u00abEste fue el m\u00e1s terrible enga\u00f1o&#8230; de parecer humildad, que comenc\u00e9 a temer de tener oraci\u00f3n, de verme tan perdida; y parec\u00edame era mejor andar como los muchos&#8230; y rezar lo que estaba obligada y vocalmente, que no tener oraci\u00f3n mental y tanto trato con Dios la que merec\u00eda estar con los demonios, y que enga\u00f1aba a la gente&#8230;\u00bb (V 7,1). A las dem\u00e1s hermanas del convento daba Teresa en aquel entonces la impresi\u00f3n de una monja cabal&#8230; \u00abComo me ve\u00edan tan moza y en tantas ocasiones y apartarme muchas veces a soledad a rezar y leer, mucho hablar de Dios, amiga de hacer pintar su imagen en muchas partes y de tener oratorio y procurar en \u00e9l cosas que hiciesen devoci\u00f3n, no decir mal&#8230;\u00bb (V 7,2). Todo esto suced\u00eda \u00ab&#8230;no de advertencia fingiendo cristiandad; porque en esto de hipocres\u00eda y vanagloria, gloria a Dios, jam\u00e1s me acuerdo haberle ofendido que yo entienda; que en vini\u00e9ndome primer movimiento, me daba tanta pena que el demonio iba con p\u00e9rdida y yo quedaba con ganancia&#8230;\u00bb (V 7,1). Pero el Se\u00f1or esperaba de ella mucho m\u00e1s: \u00ab&#8230;estando con una persona, bien al principio de conocerla, quiso el Se\u00f1or darme a entender que no me conven\u00edan aquellas amistades, y avisarme y darme luz en tan gran ceguedad: represent\u00f3seme Cristo delante con mucho rigor, d\u00e1ndome a entender lo que de aquello le pesaba. Vile con los ojos del alma m\u00e1s claramente que le pudiera ver con los del cuerpo, y qued\u00f3me tan imprimido que ha esto m\u00e1s de veinte y seis a\u00f1os y me parece lo tengo presente. Yo qued\u00e9 muy espantada y turbada, y no quer\u00eda ver m\u00e1s a con qui\u00e9n estaba. H\u00edzome mucho da\u00f1o no saber yo que era posible ver nada si no era con los ojos del cuerpo, y el demonio que me ayud\u00f3 a que lo creyese as\u00ed y hacerme entender era imposible y que se me hab\u00eda antojado y que pod\u00eda ser el demonio&#8230; puesto que siempre me quedaba en parecerme era Dios y que no era antojo; mas, como no era a mi gusto yo me hac\u00eda a m\u00ed misma desmentir&#8230;, no lo os\u00e9 tratar con nadie&#8230; asegur\u00e1ndome que no era mal ver persona semejante ni perd\u00eda honra, antes que la ganaba, torn\u00e9 a la misma conversaci\u00f3n.\u00bb (V 7,6.7)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El m\u00e1s duro reproche a su conducta era el comportamiento de su padre, que se hab\u00eda dejado guiar precisamente por su propia hija en el camino interior de la oraci\u00f3n, permaneciendo fiel hasta el fin. El natural sincero de Teresa no pod\u00eda soportar que su padre viviera en el enga\u00f1o de que tambi\u00e9n ella segu\u00eda fiel el mismo camino. \u00ab&#8230;d\u00edjele que ya yo no ten\u00eda oraci\u00f3n, aunque no la causa; p\u00fasele mis enfermedades por inconveniente; que, aunque san\u00e9 de aquella tan grave, siempre hasta ahora las he tenido y tengo bien grandes&#8230; D\u00edjele, porque mejor lo creyese (que bien ve\u00eda yo que para esto no hab\u00eda disculpa), que harto hac\u00eda en poder servir el coro; y aunque tampoco era causa bastante para dejar cosa que no son menester fuerzas corporales para ella, sino s\u00f3lo amar y costumbre&#8230; Mas \u00e9l, con la opini\u00f3n que ten\u00eda de m\u00ed y el amor que me ten\u00eda, todo me lo crey\u00f3, antes me hubo l\u00e1stima. Mas como \u00e9l estaba ya en tan subido estado, no estaba despu\u00e9s tanto conmigo, sino como me hab\u00eda visto, \u00edbase, que dec\u00eda era tiempo perdido. Como yo le gastaba en otras vanidades, d\u00e1baseme poco.\u00bb(V 7,11\u201113). Al menos un a\u00f1o, sino m\u00e1s, vivi\u00f3 as\u00ed Teresa. En modo alguno se sent\u00eda satisfecha, continuamente la asaltaban inquietudes de esp\u00edritu, pero siempre se retra\u00eda por una mal entendida humildad. \u00abPas\u00e9 as\u00ed muchos a\u00f1os, que ahora me espanto qu\u00e9 sujeto bast\u00f3 a sufrir que no dejase lo uno o lo otro. Bien s\u00e9 que dejar la oraci\u00f3n no era ya en mi mano, porque me ten\u00eda con las suyas el que me quer\u00eda para hacerme mayores mercedes.\u00bb (V 7,17)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em><a id=\"STBaca8\"><\/a><br \/>8 Retorno<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ante el lecho de muerte de su padre hab\u00eda de encontrar Teresa salvaci\u00f3n. A la noticia de la grave enfermedad, la permitieron salir del convento y cuidarle en los \u00faltimos d\u00edas. \u00abCon estar yo harto mala&#8230; tuve tan gran \u00e1nimo para no le mostrar pena y estar hasta que muri\u00f3 como si ninguna cosa sintiera, pareci\u00e9ndome se arrancaba mi alma cuando ve\u00eda acabar su vida, porque le quer\u00eda mucho. Fue cosa para alabar al Se\u00f1or la muerte que muri\u00f3 y la gana que ten\u00eda de morirse, los consejos que nos daba despu\u00e9s de haber recibido la Extremaunci\u00f3n, el encargarnos le encomend\u00e1semos a Dios y le pidi\u00e9semos misericordia para \u00e9l y que siempre le sirvi\u00e9semos, que mir\u00e1semos se acababa todo. Y con l\u00e1grimas nos dec\u00eda la pena grande que ten\u00eda de no haberle \u00e9l servido, que quisiera ser un fraile, digo, haber sido de los m\u00e1s estrechos que hubiera&#8230; Fue su principal mal de un dolor grand\u00edsimo de espaldas, que jam\u00e1s se le quitaba; algunas veces le apretaba tanto, que le congojaba mucho. D\u00edjele yo que, pues era tan devoto de cuando el Se\u00f1or llevaba la cruz a cuestas, que pensase Su Majestad le quer\u00eda dar a sentir algo de lo que hab\u00eda pasado con aquel dolor: consol\u00f3se tanto, que me parece nunca m\u00e1s le o\u00ed quejar. Estuvo tres d\u00edas muy falto el sentido. El d\u00eda que muri\u00f3 se le torn\u00f3 el Se\u00f1or tan entero que nos espant\u00e1bamos, y le tuvo hasta que a la mitad del credo, dici\u00e9ndole \u00e9l mismo, expir\u00f3. Qued\u00f3 como un \u00e1ngel. As\u00ed me parec\u00eda a mi lo era \u00e9l \u2011a manera de decir\u2011 en alma y disposici\u00f3n, que la ten\u00eda muy buena&#8230; Dec\u00eda su confesor \u2011que era dominico, muy gran letrado\u2011 que no dudaba de que se iba derecho al cielo&#8230;\u00bb (V 7,14\u201116)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ese dominico, Padre Vicente Barr\u00f3n, hab\u00eda impresionado a Teresa profundamente, por la manera como hab\u00eda acompa\u00f1ado al moribundo. Le rog\u00f3 la confesara, y le descubri\u00f3 sin tapujos el estado de su alma. Este Padre vio enseguida lo que necesitaba, en contraposici\u00f3n con los que hasta entonces la hab\u00edan confesado, y la orden\u00f3 volver a la oraci\u00f3n. \u00abComenc\u00e9 a tornar a ella&#8230; y nunca m\u00e1s la dej\u00e9.\u00bb (V 7,17)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero no consigui\u00f3 por eso la paz imperturbable, sino mas bien muchos a\u00f1os de una lucha espiritual a vida o muerte. \u00abPasaba una vida trabajos\u00edsima, porque en la oraci\u00f3n entend\u00eda m\u00e1s mis faltas: por una parte me llamaba Dios; por otra, yo segu\u00eda al mundo&#8230; \u00a1Oh Se\u00f1or de mi alma! \u00bfC\u00f3mo podr\u00e9 encarecer las mercedes que en estos a\u00f1os me hicisteis? \u00a1Y c\u00f3mo en el tiempo en que yo m\u00e1s os ofend\u00eda, en breve me dispon\u00edais con un grand\u00edsimo arrepentimiento, para que gustase de vuestros regalos y mercedes! A la verdad, tom\u00e1bais, Rey m\u00edo, el m\u00e1s delicado y penoso castigo por medio que para mi pod\u00eda ser, como quien bien entend\u00eda lo que me hab\u00eda de ser m\u00e1s penoso. Con regalos grandes castig\u00e1bais mis delitos&#8230; Era tan m\u00e1s penoso para mi condici\u00f3n recibir mercedes, cuando hab\u00eda ca\u00eddo en grandes culpas, que recibir castigos&#8230;; porque lo postrero ve\u00eda lo merec\u00eda, y parec\u00edame pagaba algo de mis pecados, aunque todo era poco, seg\u00fan ellos eran muchos; mas verme de recibir nuevas mercedes, pagando tan mal las recibidas, es un g\u00e9nero de tormento para m\u00ed terrible, y creo para todos los que tuvieren alg\u00fan conocimiento o amor de Dios&#8230;\u00bb (V 7,17.19)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se trata de un proceso ordinario de la vida interior, seg\u00fan lo describen la mayor\u00eda de las almas privilegiadas, que Dios las atrae hacia si, generalmente, haci\u00e9ndolas gustar su presencia con alegr\u00edas sobrenaturales, para luego someter a prueba su fidelidad, retirando esas alegr\u00edas y dejarlas agostarse en sequedad. \u00ab&#8230;y muy muchas veces, algunos a\u00f1os, ten\u00eda m\u00e1s cuenta con desear se acabase la hora, que ten\u00eda por mi de estar y escuchar cu\u00e1ndo daba el reloj, que no en otras cosas buenas; y hartas veces no s\u00e9 qu\u00e9 penitencia grave se me pusiera delante que no la acometiera de mejor gana que recogerme a tener oraci\u00f3n. Y es cierto que era tan incomportable la fuerza que el demonio me hac\u00eda o mi ruin costumbre que no fuese a la oraci\u00f3n, y la tristeza que me daba en entrando en el oratorio, que era menester ayudarme de todo mi \u00e1nimo&#8230; para forzarme, y en fin me ayudaba el Se\u00f1or. Y despu\u00e9s que me hab\u00eda hecho esta fuerza me hallaba con m\u00e1s quietud y regalo que algunas veces que ten\u00eda deseo de rezar.\u00bb (V 8,7)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Catorce a\u00f1os aguant\u00f3 la Santa estas luchas, sin que pereciera su fidelidad. La semana santa de 1555 le trajo la hora de la salvaci\u00f3n. \u00abAcaeci\u00f3me que, entrando un d\u00eda en el oratorio, vi una imagen que hab\u00edan tra\u00eddo all\u00ed a guardar, que se hab\u00eda buscado para cierta fiesta que se hac\u00eda en casa. Era de Cristo muy llagado y tan devota que, en mir\u00e1ndola, toda me turb\u00f3 de verle tal, porque representaba bien lo que pas\u00f3 por nosotros&#8230;, que el coraz\u00f3n me parece que se me part\u00eda, y arroj\u00e9me cabe El con grand\u00edsimo derramamiento de l\u00e1grimas, suplic\u00e1ndole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle. Era yo muy devota de la gloriosa Magdalena y muy muchas veces pensaba en su conversi\u00f3n&#8230; y encomend\u00e1bame a aquesta gloriosa Santa para que me alcanzase perd\u00f3n. &#8230;estaba ya muy desconfiada de mi y pon\u00eda toda mi confianza en Dios. Par\u00e9ceme le dije entonces que no me hab\u00eda de levantar de all\u00ed hasta que hiciese lo que suplicaba. Creo cierto me aprovech\u00f3, porque fui mejorando mucho desde entonces.\u00bb (V 9, 1\u20113)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Poco despu\u00e9s, este impulso de la Gracia fue corroborado por otro igualmente saludable. \u00abEn este tiempo me dieron las <em>Confesiones<\/em> de S. Agust\u00edn, que parece el Se\u00f1or lo orden\u00f3, porque yo no las procur\u00e9 ni nunca las hab\u00eda visto&#8230; Como comenc\u00e9 a leer las <em>Confesiones<\/em>, par\u00e9ceme me ve\u00eda yo all\u00ed. Comenc\u00e9 a encomendarme mucho a este glorioso Santo.\u00bb (V 9, 7\u20118) \u00abYo soy muy aficionada a san Agust\u00edn, porque el monasterio adonde estuve seglar, era de su Orden y tambi\u00e9n por haber sido pecador, que en los santos que despu\u00e9s de serlo el Se\u00f1or torn\u00f3 a S\u00ed hallaba yo mucho consuelo, pareci\u00e9ndome en ellos hab\u00eda de hallar ayuda y que como los hab\u00eda el Se\u00f1or perdonado, pod\u00eda hacer a mi&#8230; Cuando llegu\u00e9 a su conversi\u00f3n y le\u00ed c\u00f3mo oy\u00f3 aquella voz en el huerto no me parece sino que el Se\u00f1or me la dio a m\u00ed seg\u00fan sinti\u00f3 mi coraz\u00f3n. Estuve por gran rato que toda me deshac\u00eda en l\u00e1grimas y entre m\u00ed misma con gran afici\u00f3n y fatiga&#8230; Sea Dios alabado que me dio vida para salir de muerte tan mortal. Par\u00e9ceme que gan\u00f3 grandes fuerzas mi alma&#8230; y que deb\u00eda o\u00edr mis clamores y haber l\u00e1stima de tantas l\u00e1grimas. &#8230; y con verdad hab\u00eda mucha misericordia conmigo en consentirme delante de s\u00ed y traerme a su presencia&#8230;\u00bb (V 9,7\u20119)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em><a id=\"STBaca9\"><\/a><br \/>9 S\u00f3lo Dios basta<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Teresa hab\u00eda cumplido los cuarenta a\u00f1os de edad cuando el Se\u00f1or premi\u00f3 su perseverancia, y la atrajo de nuevo a S\u00ed para siempre. Hasta aqu\u00ed hab\u00eda trabajado en la meditaci\u00f3n como un jardinero, (ella misma se sirve de esta comparaci\u00f3n en el libro de la <em>Vida<\/em> para describir las diferentes formas de oraci\u00f3n) el cual con mucho esfuerzo saca el agua con un caldero de un pozo profundo para regar el jard\u00edn: se hab\u00eda servido con preferencia de la fantas\u00eda para representarse al Se\u00f1or, sobre todo en el huerto de los olivos, y permanecer a su lado. De aqu\u00ed en adelante, sale Dios a su encuentro. Y como un jardinero, que disponiendo de agua en abundancia, no necesita m\u00e1s que dejarla correr, as\u00ed puede ella descansar de todos sus trabajos. El entendimiento y la memoria pueden abandonar su actividad. En esta oraci\u00f3n de quietud \u00absola la voluntad se ocupa de manera que, sin saber como, se cautiva, s\u00f3lo da consentimiento para que la encarcele Dios, como quien sabe ser cautivo de quien ama. \u00ab(V 14,2). \u00ab&#8230;porque se va ya esta alma subiendo de su miseria y d\u00e1sele ya un poco de noticia de los gustos de la gloria. Esto creo las hace m\u00e1s crecer y tambi\u00e9n llegar m\u00e1s cerca de la verdadera virtud, de donde todas las virtudes vienen, que es Dios; porque comienza Su Majestad a comunicarse a esta alma y quiere que se sienta ella c\u00f3mo se la comunica. Comi\u00e9nzase luego, en llegando aqu\u00ed, a perder codicia de lo de ac\u00e1 y ?pocas gracias!: porque ve claro que un momento de aquel gusto no se puede hacer ac\u00e1, ni hay riquezas ni se\u00f1or\u00edos ni honras ni deleites que basten a dar un cierra ojo y abre de este contentamiento, porque es verdadero y contento que se ve que nos contenta.(&#8230;) Par\u00e9cele, como no ha llegado a m\u00e1s, que no le queda qu\u00e9 desear y que de buena gana dir\u00eda con San Pedro que fuese all\u00ed su morada.\u00bb (V 14,5; 15,1)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pronto el Se\u00f1or pasa a desempe\u00f1ar el papel de jardinero: el alma es elevada de la oraci\u00f3n de quietud (a la que los te\u00f3logos denominan normalmente como contemplaci\u00f3n), a la oraci\u00f3n de uni\u00f3n. \u00abPar\u00e9ceme este modo de oraci\u00f3n uni\u00f3n muy conocida de toda el alma con Dios, sino que parece quiere su Majestad dar licencia a las potencias para que entiendan y gocen de lo mucho que obra all\u00ed. Acaece algunas y muy muchas veces, estando unida la voluntad (&#8230;), vese claro y enti\u00e9ndese que est\u00e1 la voluntad atada y gozando; digo que \u00abse ve claro\u00bb, y en mucha quietud est\u00e1 sola la voluntad, y est\u00e1 por otra parte el entendimiento y memoria tan libres, que pueden tratar en negocios y entender en obras de caridad&#8230; As\u00ed, no le satisface ni querr\u00eda entonces contento del mundo, porque en s\u00ed tiene el que le satisface m\u00e1s: mayores contentos de Dios, deseos de satisfacer su deseo, de gozar m\u00e1s, de estar con El.\u00bb (V 17,4\u20115)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El tiempo que duraban estos estados de uni\u00f3n en la vida m\u00edstica de Santa Teresa eran al principio muy breves; ella dice que \u00abapenas un avemar\u00eda\u00bb. Pero los efectos se pod\u00edan constatar: \u00ab&#8230; que en una llegada de estas, por poco que dure, como es tal el hortelano, en fin criador del agua, dala sin medida, y lo que la pobre del alma con trabajo por ventura de veinte a\u00f1os de cansar el entendimiento no ha podido acaudalar, h\u00e1cele este hortelano celestial en un punto&#8230; Comienza a obrar grandes cosas con el olor que dan de s\u00ed las flores, que quiere el Se\u00f1or se abran para que ella vea que tiene virtudes, aunque ve muy bien que no las pod\u00eda ella, ni ha podido, ganar en muchos a\u00f1os, y que en aquello poquito el celestial hortelano se las dio. Aqu\u00ed es muy mayor la humildad y m\u00e1s profunda que al alma queda, que en lo pasado&#8230;\u00bb (V 17,2\u20113). \u00ab<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A menudo se intensificaba la uni\u00f3n con los \u00e9xtasis: embelesada el alma por el poder de la gracia y la alegr\u00eda sobrenatural, perd\u00eda el uso de sus potencias naturales y el control sobre su cuerpo. \u00abAqu\u00ed no hay ning\u00fan remedio de resistir&#8230;Y digo que se entiende y veisos llevar, y no sab\u00e9is d\u00f3nde; porque aunque es con deleite, la flaqueza de nuestro natural hace temer a los principios, y es menester \u00e1nima determinada y animosa&#8230; sino que me llevaba el alma y aun casi ordinario la cabeza tras ella, sin poderla tener, y algunas todo el cuerpo, hasta levantarle&#8230; Es as\u00ed que me parec\u00eda, cuando quer\u00eda resistir que desde abajo de los pies me levantaban fuerzas tan grandes que no s\u00e9 c\u00f3mo lo comparar, que era con mucho m\u00e1s \u00edmpetu que estotras cosas de esp\u00edritu, y as\u00ed quedaba hecha pedazos; porque es una pelea grande y, en fin, aprovecha poco cuando el Se\u00f1or quiere, que no hay poder contra su poder&#8230; A los que esto hace son grandes (efectos): lo uno, mu\u00e9strase el gran poder del Se\u00f1or y c\u00f3mo no somos parte, cuando Su Majestad quiere, de detener tan poco el cuerpo como el alma, ni somos se\u00f1ores de ello; sino que, mal que nos pese, vemos que hay superior y que estas mercedes son dadas de El y que nosotros no podemos en nada e impr\u00edmese mucha humildad&#8230; y queda un gran temor de ofender a tan gran Dios;&#8230; Tambi\u00e9n deja un desasimiento extra\u00f1o, que yo no podr\u00e9 decir c\u00f3mo es. Par\u00e9ceme que puedo decir es diferente en alguna manera, digo, m\u00e1s que estotras cosas de s\u00f3lo esp\u00edritu; porque, ya que est\u00e9n cuanto al esp\u00edritu con todo desasimiento de las cosas, aqu\u00ed parece quiere el Se\u00f1or el mismo cuerpo lo ponga por obra, y h\u00e1cese una extra\u00f1eza nueva para con las cosas de la tierra, que es muy m\u00e1s penosa la vida.\u00bb (V 20,3\u20118). \u00abEsto digo que fue poco rato; mas como fue grande el \u00edmpetu y levantamiento de esp\u00edritu, y aunque estas tornen a bullirse, queda engolfada la voluntad, hace, como se\u00f1ora del todo, aquella operaci\u00f3n en el cuerpo; porque, ya que las otras dos potencias bullidoras la quieren estorbar, de los enemigos los menos: no la estorben tambi\u00e9n los sentidos&#8230;\u00bb (V 20, 19). \u00ab?Qu\u00e9 se\u00f1or\u00edo tiene un alma que el Se\u00f1or llega aqu\u00ed, que lo mire todo sin estar enredada en ello! ?Qu\u00e9 corrida est\u00e1 del tiempo que lo estuvo! ?Qu\u00e9 espantada de su ceguedad! ?Qu\u00e9 lastimada de los que est\u00e1n en ella, en especial si es gente de oraci\u00f3n y a quien Dios ya regala! Querr\u00eda dar voces para dar a entender qu\u00e9 enga\u00f1ados est\u00e1n, y aun as\u00ed lo hace algunas veces, y llu\u00e9venle en la cabeza mil persecuciones&#8230; Aqu\u00ed no s\u00f3lo las telara\u00f1as ve de su alma y las faltas grandes, sino un polvito que haya, por peque\u00f1o que sea&#8230;\u00bb (V 20,25.28)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas confesiones nos revelan toda la esencia de la Santa: la delicadeza de su conciencia, que se acusaba con amargo arrepentimiento, mientras que nadie pod\u00eda descubrir en ella una mancha; el ardor de su amor, que estaba preparado a ofrecerse por la gloria de Dios; la preocupaci\u00f3n por las almas, que con todas sus fuerzas quer\u00eda arrancar de la corrupci\u00f3n y conducirlas a la paz del Se\u00f1or. Pero como le fue dado el realizar grandes cosas como instrumento elegido del Se\u00f1or, ten\u00eda que experimentar a\u00fan los m\u00e1s amargos sufrimientos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em><a id=\"STBaca10\"><\/a><br \/>10 Nuevas pruebas<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La primera dificultad brotaba de su desconocimiento de la Teolog\u00eda m\u00edstica. En su profunda humildad no pod\u00eda imaginarse como una \u00abmujer ruin\u00bb, (como ella misma se llamaba), podr\u00eda recibir gracias tan extraordinarias. Cierto, que mientras duraban los efectos de la oraci\u00f3n, no pod\u00eda dudar de su genuinidad. Pero cuando estos efectos desaparec\u00edan le apenaba profundamente el pensar que aquellos fen\u00f3menos m\u00edsticos pod\u00edan ser enga\u00f1os del demonio. La misma Teresa recalcar\u00eda m\u00e1s tarde sin cesar, por propia experiencia, cu\u00e1n necesario es a todas las almas que viven esta vida interior, tener un gu\u00eda espiritual sabio y esclarecido. El Padre Vicente Barr\u00f3n, que tan beneficiosamente la hab\u00eda influenciado despu\u00e9s de la muerte de su padre, hab\u00eda sido destinado fuera de \u00c1vila. En su situaci\u00f3n angustiosa, y aconsejada por un caballero noble y religioso amigo suyo, don Francisco de Salcedo, se confi\u00f3 a un sacerdote que en la ciudad de \u00c1vila ten\u00eda fama de sabio y santo, don Gaspar Daza. Su juicio fue aniquilador: declar\u00f3 que todas las gracias sobrenaturales de su oraci\u00f3n eran trucos del demonio y la aconsej\u00f3 abandonase el camino que llevaba. La santa se vio en gran apuro: si bien se ve\u00eda recargada de gracias celestiales, el juicio tajante de los expertos amenazaba con apartarla a los influjos sobrenaturales. En tal angustia encontr\u00f3 una salida: hac\u00eda poco que la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas hab\u00eda fundado un Colegio en \u00c1vila. Teresa, admiradora de la nueva Orden, se hab\u00eda alegrado de la noticia, pero no hab\u00eda osado tratar su caso con ninguno de los Padres famosos. Sin m\u00e1s, busca en ellos refugio, y encuentra salvaci\u00f3n. El Padre Juan de Pr\u00e1danos la tranquiliz\u00f3 por completo sobre el origen de su estado m\u00edstico, y la aconsej\u00f3 seguir el camino andado; s\u00f3lo la pidi\u00f3, que para hacerse digna de esas gracias, deb\u00eda hacer m\u00e1s mortificaciones. Mortificaci\u00f3n, seg\u00fan ella misma dice, era por aquel entonces para ella una palabra casi desconocida. Pero con su decisi\u00f3n propia acogi\u00f3 esta propuesta y comenz\u00f3 a acostumbrarse a duras penitencias. Ante el reparo de que por su falta de salud tal vez no pudiera soportar tales penitencias, la ayud\u00f3 el P. Pr\u00e1danos a encontrar el modo: \u00abD\u00edjome aquel var\u00f3n santo que me confes\u00f3, que algunas veces no me pod\u00eda da\u00f1ar; que por ventura me daba Dios tanto mal, porque yo no hac\u00eda penitencia, me la quer\u00eda dar Su Majestad. Mand\u00e1bame hacer algunas mortificaciones no muy sabrosas para m\u00ed\u00bb(V 24,2). Y, efectivamente, la salud de la santa mejor\u00f3 con esa nueva forma de vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si bien su maestro espiritual no ten\u00eda la menor duda de que sus dones de oraci\u00f3n eran de origen sobrenatural, consider\u00f3 era conveniente ense\u00f1arla a poner resistencia ante esa afluencia de gracias. Pero bien pronto caer\u00edan esas resistencias. El Colegio de la Compa\u00f1\u00eda recibi\u00f3 la visita de san Francisco de Borja y el P. Pr\u00e1danos le suplic\u00f3 hablase con Teresa y ver lo que le parec\u00eda. Ella misma lo cuenta as\u00ed: \u00abPues despu\u00e9s que me hubo o\u00eddo, d\u00edjome que era esp\u00edritu de Dios y que le parec\u00eda que no era bien ya resistirle m\u00e1s, que hasta entonces estaba bien hecho, sino que siempre comenzase la oraci\u00f3n con un paso de la Pasi\u00f3n, y que si despu\u00e9s el Se\u00f1or me llevase el esp\u00edritu, que no lo resistiese, sino que dejase llevarle a Su Majestad, no lo procurando yo&#8230; Yo qued\u00e9 muy consolada\u00bb (V 24,3).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si bien la santa se tranquiliz\u00f3 por completo ante tales testimonios, no sucedi\u00f3 lo mismo entre los que la rodeaban. A pesar de la sentencia dictaminada por san Francisco de Borja, a pesar de la inteligente gu\u00eda que encontr\u00f3 en un joven y santo hermano de h\u00e1bito del P. Pr\u00e1danos (este hab\u00eda sido trasladado de \u00c1vila), llamado Baltasar \u00c1lvarez, sus amigos de siempre no acababan de tranquilizarse. Estos buscaron consejo en otros y r\u00e1pidamente se extendi\u00f3 por toda \u00c1vila los acontecimientos maravillosos de la Encarnaci\u00f3n y amonestaron al joven jesuita no se dejara enga\u00f1ar de su hija espiritual. Si bien el P. Baltasar \u00c1lvarez no dio ning\u00fan cr\u00e9dito a tales habladur\u00edas, le pareci\u00f3 conveniente poner a Teresa a prueba: la prohibi\u00f3 la soledad, la orden\u00f3 que durante veinte d\u00edas no comulgase. Teresa se someti\u00f3. Por eso no es de extra\u00f1ar que la inquietud alborotara de nuevo su coraz\u00f3n, ya que todos dudaban o aparentaban dudar de su veracidad. Su \u00fanico remedio fue la bondad del Se\u00f1or, quien una y otra vez la tranquilizaba, quien en medio de las conversaciones a que la hab\u00edan forzado, la arrebataba, ya que no pod\u00eda tener oraci\u00f3n en soledad. Sobre todo la fortalec\u00eda el Se\u00f1or inculc\u00e1ndola, que en ninguna manera dejase de obedecer, por m\u00e1s dura que fuese la obediencia. El premio consist\u00eda en nuevas gracias, siempre m\u00e1s elevadas. Sent\u00eda al Se\u00f1or a su lado, a veces el d\u00eda entero; en un principio invisible, pero m\u00e1s tarde de forma visible. Estas apariciones encend\u00edan m\u00e1s y m\u00e1s el amor de Teresa, y la confirmaban en la seguridad de que nadie pod\u00eda ser m\u00e1s que el Se\u00f1or, quien sobre ella tales gracias derramaba. Qu\u00e9 duro debi\u00f3 de ser para la santa, cuando, en ausencia del Padre \u00c1lvarez, otro confesor la orden\u00f3: \u00abque, ya no hab\u00eda remedio de resistir, que siempre me santiguase cuando alguna visi\u00f3n viese, y diese higas&#8230;\u00bb (V 29,5). Aun en esto obedeci\u00f3. Al mismo tiempo se arrodillaba a sus pies y le ped\u00eda perd\u00f3n, \u00ab&#8230;pues yo lo hac\u00eda por obedecer al que ten\u00eda en su lugar, y que no me culpase, pues eran los ministros que El ten\u00eda puestos en su Iglesia\u00bb (V 29,6). Y el Se\u00f1or la tranquilizaba: \u00a1&#8230;que no se me diese nada, que bien hac\u00eda en obedecer, mas que \u00e9l har\u00eda que se entendiese la verdad.\u00bb (V 29,6)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Santa consider\u00f3 siempre que la obediencia a la Iglesia da la seguridad de que un alma va por buen camino: \u00abTengo por muy cierto que el demonio no enga\u00f1ar\u00e1, ni lo permitir\u00e1 Dios, a alma que de ninguna cosa se f\u00eda de s\u00ed y est\u00e1 fortalecida en la fe, que entienda ella de s\u00ed que por un punto de ella morir\u00eda mil muertes. Y con este amor a la fe, que infunde luego Dios, que es una fe viva fuerte, siempre procura ir conforme a lo que tiene la Iglesia, preguntando a unos y a otros, como quien tiene ya hecho asiento fuerte en estas verdades, que no la mover\u00edan cuantas revelaciones pueda imaginar, aunque viese abiertos los cielos, un punto de lo que tiene la Iglesia. Si alguna vez se viese vacilar en su pensamiento contra esto, tambi\u00e9n puede ser verdad, como lo que dec\u00eda a los santos, (no digo que lo crea, sino que el demonio la comience a tentar por primer movimiento, que detenerse en ello ya se ve que es mal\u00edsimo, mas aun primeros movimientos muchas veces en este caso creo no vendr\u00e1n si el alma est\u00e1 en esto tan fuerte como la hace el Se\u00f1or a quien da estas cosas, que le parece desmenuzar\u00eda los demonios sobre una verdad de lo que tiene la Iglesia muy peque\u00f1a)&#8230;\u00bb (V 25,12).\u00bb&#8230;sab\u00eda bien de m\u00ed que en cosa de la fe contra la menor ceremonia de la Iglesia que alguien viese yo iba, por ella o por cualquier verdad de la Sagrada Escritura me pondr\u00eda yo a morir mil muertes&#8230;\u00bb (V 33,5). Tranquilizaba a la Santa ver, que cada gracia recibida m\u00e1s acrecentaba el amor y m\u00e1s se arraigaba la humildad, y los hombres espirituales que la trataban, ve\u00edan en ella las se\u00f1ales de un estado espiritual aut\u00e9ntico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este per\u00edodo de gracias sobrenaturales extraordinarias, y al mismo tiempo de pruebas dur\u00edsimas, recibi\u00f3 Teresa una se\u00f1al evidente del amor ardiente que abrasaba su coraz\u00f3n: \u00abVe\u00eda un \u00e1ngel cabe m\u00ed hacia el lado izquierdo, en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla&#8230; el rostro tan encendido que parec\u00eda de los \u00e1ngeles muy subidos que parece todos se abrasan&#8230; Ve\u00edale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parec\u00eda tener un poco de fuego; \u00e9ste me parec\u00eda meter por el coraz\u00f3n algunas veces y que me llegaba a las entra\u00f1as. Al sacarle, me parec\u00eda las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios.\u00bb (V 29,13). El coraz\u00f3n de la Santa, que se conserva en el convento de Alba de Tormes y hasta hoy incorrupto, muestra una herida larga y profunda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em><a id=\"STBaca11\"><\/a><br \/>11 Trabajando para el Se\u00f1or<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quien ama se apresura a hacer algo por el amado. Teresa, que ya de ni\u00f1a mostraba su osad\u00eda resoluta y esp\u00edritu de acci\u00f3n, ard\u00eda en ansias de demostrar al Se\u00f1or su amor y agradecimiento por medio de las obras. Como monja en un convento contemplativo, parec\u00eda imposibilitada para realizar cualquier actividad externa. As\u00ed decidi\u00f3 hacer lo que pod\u00eda santific\u00e1ndose a s\u00ed misma. Con permiso de su confesor (Padre \u00c1lvarez) y de su Superior en la Orden, emiti\u00f3 voto de hacer en todo lo que a Dios m\u00e1s agradara. Para evitar dudas e inseguridades, sobre qu\u00e9 ser\u00eda lo m\u00e1s perfecto, consultaba siempre con el confesor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero a un alma tan abrasada de amor, no la bastaba la propia salvaci\u00f3n y alegrar al Se\u00f1or con una vida m\u00e1s perfecta. Un d\u00eda fue plantada de pies en el infierno mediante una visi\u00f3n horripilante: \u00abEntend\u00ed que quer\u00eda el Se\u00f1or que viese el lugar que los demonios all\u00e1 me ten\u00edan aparejado, y yo merec\u00eda por mis pecados. Ello fue en brev\u00edsimo espacio, mas aunque yo viviese muchos a\u00f1os, me parece imposible olvid\u00e1rseme.\u00bb (V 32,1). Entendi\u00f3 muy bien, de qu\u00e9 la hab\u00eda librado la bondad del Se\u00f1or: \u00ab&#8230; y que quiso el Se\u00f1or que verdaderamente yo viese por vista de ojos de d\u00f3nde me hab\u00eda librado su misericordia.\u00bb (V 32,3) Pero los peligros amenazaban continuamente a innumerables almas: \u00abDe aqu\u00ed tambi\u00e9n gan\u00e9 la grand\u00edsima pena que me da las muchas almas que se condenan&#8230; y los \u00edmpetus grandes de aprovechar almas, que me parece, cierto, a m\u00ed que, por librar una sola de tan grand\u00edsimos tormentos, pasar\u00eda yo muchas muertes muy de buena gana.\u00bb (V 32,6). Era por entonces cuando Alemania se ve\u00eda desgarrada por herej\u00edas, Francia carcomida por luchas religiosas, y toda Europa en confusi\u00f3n de doctrinas heterodoxas. \u00abDi\u00f3me gran fatiga, y como si yo pudiera algo, o fuera algo, lloraba con el Se\u00f1or y le suplicaba remediase tanto mal. Parec\u00edame que mil vidas pusiera yo para remedio de una alma de las muchas que all\u00ed se perd\u00edan. Y como me vi mujer y ruin e imposibilitaba de aprovechar en lo que yo quisiera en el servicio del Se\u00f1or&#8230;\u00bb (C 1,2). En medio de estas reflexiones brot\u00f3 la idea de romper las trabas de la regla mitigada del convento donde viv\u00eda e \u00abimitar a los santos que la hab\u00edan precedido viviendo en soledad, descansando por completo en Dios. Ya que no pod\u00eda, seg\u00fan sus ansias, pregonar en todo el mundo las misericordias del Se\u00f1or, se decidi\u00f3 a reunir en torno suyo algunas almas predilectas que, en pobreza y soledad, quisieran consagrarse a cumplir la observancia de la regla primitiva en permanente oraci\u00f3n. Rebosante de tales ideas, que ya no eran antojos sino firme decisi\u00f3n, plane\u00f3 reunir en torno suyo un grupo peque\u00f1o de almas heroicas que como ella estuviesen dispuestas a hacer siempre lo m\u00e1s perfecto. So\u00f1aba verse ya en el estado del para\u00edso, morando en una casa peque\u00f1a, revestida de saco, cercada de muros, orando continuamente, y con sus compa\u00f1eras ir a zaga del Amado\u00bb. No pasar\u00eda mucho tiempo antes de que estos sue\u00f1os se hiciesen realidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em><a id=\"STBaca12\"><\/a><br \/>12 San Jos\u00e9 de \u00c1vila: primer convento de la Reforma<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En un peque\u00f1o grupo de monjas y amigas seglares, que se juntaron en el convento de la Encarnaci\u00f3n con motivo de la fiesta de Nuestra Se\u00f1ora del Carmen, el 16 de julio de 1560, se hablaba de los inconvenientes que hab\u00eda para llevar una vida de oraci\u00f3n en un convento de tantas monjas y de tan frecuentes visitas. Mar\u00eda de Ocampo, familiar de la Santa y mujer de mucha belleza, lanz\u00f3 la idea de fundar un convento donde se pudiera imitar a los ermita\u00f1os del Carmelo. Y con toda seriedad ofreci\u00f3 para este fin su misma dote. Al d\u00eda siguiente santa Teresa dio parte de esta conversaci\u00f3n a su amiga y confidente Do\u00f1a Guiomar de Ulloa, una joven viuda, que como ella llevaba una vida de oraci\u00f3n bajo la r\u00edgida tutela del Padre \u00c1lvarez. Do\u00f1a Guiomar acogi\u00f3 con entusiasmo esta idea. Pero lo m\u00e1s decisivo fue que el mismo Se\u00f1or orden\u00f3 acometer la empresa: \u00abHabiendo un d\u00eda comulgado, mand\u00f3me mucho Su Majestad lo procurase con todas mis fuerzas, haci\u00e9ndome grandes promesas de que no se dejar\u00eda de hacer el monasterio, y que se servir\u00eda mucho en \u00e9l, y que se llamase San Jos\u00e9, y que a la una puerta nos guardar\u00eda \u00e9l, y nuestra Se\u00f1ora la otra, y que Cristo andar\u00eda con nosotras, y que ser\u00eda una estrella que diese de s\u00ed gran resplandor, y que, aunque las Religiones estaban relajadas, que no pensase se serv\u00eda poco en ellas; que qu\u00e9 ser\u00eda del mundo si no fuese por los religiosos&#8230;\u00bb (V 32,11). As\u00ed pues, seg\u00fan la voluntad del Se\u00f1or, la nueva casa deb\u00eda consagrarse a S. Jos\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Santa Teresa no vacil\u00f3 m\u00e1s. Primero se lo comunic\u00f3 a su confesor. Este condicionaba su permiso a la aprobaci\u00f3n del Provincial de los Carmelitas, Padre \u00c1ngel de Salazar. La aprobaci\u00f3n result\u00f3 m\u00e1s f\u00e1cil de lo que se esperaba, gracias a la intercesi\u00f3n de Do\u00f1a Guiomar de Ulloa. Tres religiosos de vida probada, con los que se aconsej\u00f3 Teresa, la animaron en el empe\u00f1o: el jesuita Francisco de Borja, el dominico Luis Beltr\u00e1n y el franciscano Pedro de Alc\u00e1ntara. El nuevo paso a dar era encontrar una casa. Pero antes de encontrarla, ya corr\u00edan rumores de los planes de la Santa entre el pueblo, y se alz\u00f3 una tormenta de indignaci\u00f3n contra ella y su amiga. Es comprensible, que las monjas de la Encarnaci\u00f3n juzgasen como arrogancia, que una de las suyas abandonara el convento para vivir en mayor perfecci\u00f3n de la que se ten\u00eda en una comunidad donde ella hab\u00eda sido educada. Y el mismo sentimiento irritaba a los habitantes de la ciudad. Las dos pobres mujeres recibieron ayuda del sabio y muy admirado dominico P. Pedro Ib\u00e1\u00f1ez. Cuando, acosado por las monjas de la Encarnaci\u00f3n, el Provincial retir\u00f3 el permiso de fundaci\u00f3n y prohibi\u00f3 a la santa salir del convento, cort\u00e1ndola toda actividad, fueron sus amigos los que continuaron el trabajo: Do\u00f1a Guiomar, empujada por el Padre Ib\u00e1\u00f1ez, don Francisco de Salcedo y Gaspar Daza, (estos dos \u00faltimos eran los que algunos a\u00f1os atr\u00e1s tanto la martirizaron con sus dudas, pero que ahora la apoyaban incondicionalmente). Se dio con una casa. Su cu\u00f1ado Juan de Ovalle esposo de su hermana m\u00e1s joven, Juana, tambi\u00e9n educada en el convento de la Encarnaci\u00f3n y que amaba a su hermana entra\u00f1ablemente, compr\u00f3 la casa, y se traslad\u00f3 a ella para guardarla, hasta que llegara el tiempo de entregarla para su destino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un gran impedimento para sus planes pareci\u00f3 surgir, cuando el Provincial le dio la orden inesperada de trasladarse a Toledo, al palacio de la duquesa Do\u00f1a Luisa de la Cerda, para consolarla en la muerte de su esposo. Sus amigos sintieron mucho verla salir de \u00c1vila. Pero la nueva residencia tendr\u00eda sus ventajas. Do\u00f1a Luisa vendr\u00eda a ser un apoyo fuerte y fiel de la Reforma. En el grupo de damas y j\u00f3venes que se reunieron en torno a Teresa y la ped\u00edan consejo, hab\u00eda una, que bien pronto se convertir\u00eda en su m\u00e1s firme sost\u00e9n: era la joven Mar\u00eda de Salazar (en la Orden Mar\u00eda de S. Jos\u00e9, Priora de Sevilla). Y sobre todo encontr\u00f3 all\u00ed Teresa tranquilidad para realizar la empresa que hac\u00eda un a\u00f1o el Padre Ib\u00e1\u00f1ez le hab\u00eda encargado: escribir el relato de su vida, el libro que har\u00eda conocer su nombre en todos los pa\u00edses cat\u00f3licos y que durante siglos enteros servir\u00eda de camino espiritual a innumerables almas. Pero a\u00fan para la fundaci\u00f3n de \u00c1vila no pas\u00f3 all\u00ed el tiempo en vano. En esta casa de Do\u00f1a Luisa de la Cerda la visit\u00f3 Mar\u00eda de Jes\u00fas, una carmelita de Granada, que ten\u00eda los mismo deseos de reforma, y que sobre este asunto quer\u00eda aconsejarse de Teresa. Aqu\u00ed tuvo tambi\u00e9n la oportunidad de aconsejarse ella misma con el santo Pedro de Alc\u00e1ntara, quien a\u00f1os atr\u00e1s hab\u00eda aprobado su estado de alma y que tanto la hab\u00eda consolado. Ahora la anim\u00f3 decididamente a fundar el convento de S. Jos\u00e9 sin rentas, como lo prescrib\u00eda la regla primitiva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de seis meses de ausencia, pudo por fin volver Teresa a \u00c1vila, en junio de 1562. Una sorpresa agradable la esperaba all\u00ed el d\u00eda de su llegada: el breve pontificio que otorgaba el permiso para que Do\u00f1a Guiomar y su madre fundasen un convento de Carmelitas seg\u00fan la regla primitiva, bajo la jurisdicci\u00f3n del obispo diocesano, con los mismos derechos que los dem\u00e1s conventos de la Orden, y prohibiendo que nadie lo estorbara. El nombre de Teresa no aparec\u00eda en el rescripto. Por disposici\u00f3n divina se encontraba tambi\u00e9n en \u00c1vila el santo Pedro de Alc\u00e1ntara (por \u00faltima vez ya que poco despu\u00e9s muri\u00f3). Gracias a su esfuerzo, se consigui\u00f3 ganar para la reforma al obispo de \u00c1vila, don \u00c1lvaro de Mendoza. Este se convirti\u00f3 desde entonces en el m\u00e1s celoso promotor de la Reforma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gracias a la enfermedad de su cu\u00f1ado Juan de Ovalle, consigui\u00f3 Teresa permiso del Provincial para atenderle en su casa, el futuro convento. As\u00ed pudo controlar personalmente los trabajos de la obra. Cuando los alba\u00f1iles hab\u00edan acabado de arreglar la casa, san\u00f3 tambi\u00e9n el enfermo, y la casa pudo transformarse en convento. Y ahora faltaba lo principal, dar con las piedras vivas para la nueva fundaci\u00f3n. Con cuatro postulantes contaba ya, de las que la santa Madre escribe: \u00abPues fue para mi como estar en una gloria&#8230; que se remediaron cuatro hu\u00e9rfanas pobres (porque no se tomaban con dote) y grandes siervas de Dios (que esto se pretendi\u00f3 al principio, que entrasen personas que con su ejemplo fuesen fundamento para en que se pudiese el intento que llev\u00e1bamos de mucha perfecci\u00f3n y oraci\u00f3n, efectuar)&#8230; que estas eran mis ansias.\u00bb (V 36,6)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El 24 de agosto, fiesta de S. Bartolom\u00e9, llegaron las cuatro carmelitas, primeras de la Reforma, al peque\u00f1o convento, donde las esperaba Teresa. Tambi\u00e9n se encontraban all\u00ed los amigos que hab\u00edan ayudado a la Fundaci\u00f3n. Por orden del obispo de \u00c1vila, celebr\u00f3 la primera misa Don Gaspar de Daza y expuso el SSmo. Sacramento en la peque\u00f1a capilla. Con este acto se hab\u00eda implantado la primera Fundaci\u00f3n. Teresa dio el h\u00e1bito a las primeras carmelitas Descalzas: h\u00e1bito y escapulario de burda tela marr\u00f3n, un manto blanco, toca de lino y el velo blanco de novicias. Rebosantes de alegr\u00eda quedaron las cuatro novicias con Teresa cuando se marcharon los visitantes. Pero aquella paz no fue muy duradera. La noticia de la nueva fundaci\u00f3n se extendi\u00f3 r\u00e1pidamente por la ciudad. Los que se opon\u00edan provocaron un tumulto entre los habitantes. Un nuevo convento sin renta hab\u00eda de consumir por necesidad las limosnas de los pobres. La Priora de la Encarnaci\u00f3n, acosada por las hermanas, dio a Teresa la orden de volver inmediatamente a su convento. La Santa obedeci\u00f3 sin demora. Dej\u00f3 a las cuatro novicias bajo la direcci\u00f3n de la de m\u00e1s edad, Ursula de Todos los Santos, encomend\u00e1ndolas a su Patr\u00f3n S. Jos\u00e9. El 26 de agosto \u00ab&#8230;junt\u00e1ronse algunos de los regidores y corregidor y del cabildo, y todos juntos dijeron que en ninguna manera se hab\u00eda de consentir\u00bb (V 36,15), y el corregidor en persona llev\u00f3 la resoluci\u00f3n al reci\u00e9n fundado convento. Pero las j\u00f3venes hijas de Teresa no se dejaron intimidar. Contestaron a trav\u00e9s de las rejas, cuando las amenazaron con sacarlas a la fuerza: \u00abPueden usar violencia, pero tengan en cuenta, que tal acto tiene aqu\u00ed en la tierra un juez, su Majestad Felipe II, y en el cielo otro juez a quien deben temer m\u00e1s, el Dios todopoderoso, el juez de los oprimidos\u00bb. El corregidor se alej\u00f3 sin haber conseguido su prop\u00f3sito, y convoc\u00f3 para el d\u00eda siguiente una reuni\u00f3n m\u00e1s amplia. Consigui\u00f3 una mayor\u00eda que le secundaba, cuando pidi\u00f3 la palabra un Padre dominico. Era nada menos que el Padre B\u00e1\u00f1ez, que casualmente se encontraba en \u00c1vila, al que todos admiraban por su erudici\u00f3n. No conoc\u00eda a Teresa, pero su amor a la justicia, le hizo defensor de la buena causa. O\u00eddo su discurso, se disolvi\u00f3 la asamblea, y el convento fue salvado, pero duraron muchos los meses de tratos y esfuerzos sacrificados de los amigos, hasta quitar todos los obst\u00e1culos. Por fin, el 5 de diciembre de 1562 dio el Provincial a Teresa el permiso de juntarse con sus amigas, y hasta le permiti\u00f3 llevar consigo otras cuatro monjas del convento de la Encarnaci\u00f3n. Llena de agradecimiento hacia el Se\u00f1or, se consagr\u00f3 de nuevo y consagr\u00f3 al servicio de Dios toda su peque\u00f1a familia religiosa. Visti\u00f3 el rudo h\u00e1bito de la Reforma y cambi\u00f3 sus zapatos por alpargatas \u00e1speras de esparto. Al mismo tiempo renunci\u00f3 a su nombre de familia, como se\u00f1al de renuncia a todo rango y prestigio en el mundo, y escogi\u00f3 un t\u00edtulo noble, de origen eclesial: desde entonces Teresa de Ahumada, se convirti\u00f3 en Teresa de Jes\u00fas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El primer confesor de S. Jos\u00e9 y compa\u00f1ero fiel de la Santa en la Reforma Teresiana, el capell\u00e1n Juli\u00e1n de \u00c1vila, escribi\u00f3, despu\u00e9s de la muerte de la Santa, la primera historia de la fundaci\u00f3n de S. Jos\u00e9. El esboza un cuadro de la vida paradis\u00edaca en aquella soledad. \u00abDios quiso&#8230; tener una casa donde recrearse, una morada donde consolarse. Quer\u00eda un jard\u00edn florecido, pero no de flores que se abran en la tierra, sino de las que florecen en el cielo&#8230; un jard\u00edn de almas escogidas, entre las que pudiera descansar, revelar sus misterios y abrir su coraz\u00f3n\u00bb. La misma Santa hab\u00eda escrito: \u00abToda mi ansia era, y aun es, que pues el Se\u00f1or tiene tantos enemigos y tan pocos amigos, que estos fuesen buenos\u00bb. Y as\u00ed model\u00f3 ella las almas j\u00f3venes que confiaron en sus manos, como buenos amigos del Se\u00f1or. Bellas en juventud, ricas y resplandecientes de dones, acud\u00edan las j\u00f3venes a S. Jos\u00e9 para consagrarse al Se\u00f1or en humilde obediencia, en generosidad sin l\u00edmites al sacrificio, arrojando a los pies de la Santa todas sus joyas. Tambi\u00e9n acud\u00edan postulantes sin dote, que tambi\u00e9n eran admitidas con j\u00fabilo, y con m\u00e1s preferencia a\u00fan si cabe. Porque lo que importaba a la santa Madre no eran bienes materiales, sino el nuevo esp\u00edritu de la Orden en su convento. Bien pronto llegaron a ser 13, n\u00famero tope determinado por la santa. (M\u00e1s tarde elev\u00f3 ese n\u00famero a 21). Con gran sabidur\u00eda organiz\u00f3 la vida claustral. Cada hermana ten\u00eda un oficio al servicio de las necesidades de la familia conventual. El horario del d\u00eda fue bien distribuido entre oraci\u00f3n y trabajo. Y ese trabajo, que hab\u00eda de servir para mantener la vida conventual, deb\u00eda de ser sencillo y recatado, para no dar cabida al orgullo y no entorpecer la vida de recogimiento. Debe de trabajarse en soledad y silencio. S\u00f3lo en la hora de recreaci\u00f3n se re\u00fanen todas las hermanas para hablar afablemente de sus cosas. Esa hora de recreaci\u00f3n ten\u00eda para Teresa el car\u00e1cter de ejercicio obligatorio y le daba una importancia extraordinaria: para relajar el esp\u00edritu, exigido por la naturaleza, y para dar una ocasi\u00f3n propicia al ejercicio del amor fraterno. Pero a\u00fan en esa hora de recreaci\u00f3n, no se debe de dar entrada a la holgazaner\u00eda: a\u00fan en medio de la m\u00e1s animada conversaci\u00f3n, o c\u00e1nticos alegres, invitan las manos diestras al desaf\u00edo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El esp\u00edritu que animaba a su peque\u00f1a familia, era para Teresa el m\u00e1s precioso galard\u00f3n a sus esfuerzos y sacrificios. Y ah\u00ed est\u00e1 Teresa sobrecogida de asombro ante sus hijas: \u00ab&#8230;que es para m\u00ed grand\u00edsimo consuelo de verme aqu\u00ed metida con almas tan desasidas. Su trato es entender c\u00f3mo ir\u00e1n adelante en el servicio de Dios. La soledad es su consuelo, y pensar de ver a nadie que no sea para ayudarlas a encender m\u00e1s el amor de su Esposo, les es trabajo, aunque sean muy deudos; y as\u00ed no viene nadie a esta casa, sino quien trata de esto, porque ni las contenta ni los contenta. No es su lenguaje otro sino hablar de Dios, y as\u00ed no entienden ni las entiende sino quien habla el mismo.\u00bb(V 36,26). La santa no ten\u00eda otro anhelo que vivir retirada del mundo con su peque\u00f1a familia, guiarla cada vez m\u00e1s adentro en la vida de oraci\u00f3n, en el ejercicio de virtudes heroicas, (humildad, pobreza, amor intenso a Dios y al pr\u00f3jimo) y junto con ellas gastar la vida entera en oraci\u00f3n, en sacrificio, en espont\u00e1neas mortificaciones, (esto \u00faltimo con sabia medida y sin extremos nocivos), para honra de Dios y de su Iglesia, para salvaci\u00f3n de las almas y para ayudar a los sacerdotes en la lucha contra los errores de aquel tiempo. Pero no era su destino acabar la vida en la intimidad silenciosa de S. Jos\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em><a id=\"STBaca13\"><\/a><br \/>13 Extensi\u00f3n de la Reforma<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El celo ardiente por la salvaci\u00f3n de las almas fue lo que empuj\u00f3 a Teresa a nuevos cometidos. Un d\u00eda la visit\u00f3 un franciscano que ven\u00eda de las misiones, y le cont\u00f3 la situaci\u00f3n desolada en que se encontraban los hombres en los pa\u00edses paganos. Conmovida se retir\u00f3 a la ermita del jard\u00edn, \u00ab&#8230;clamaba a nuestro Se\u00f1or, suplic\u00e1ndole diese medio c\u00f3mo yo pudiese algo para ganar alg\u00fan alma para su servicio, pues tantas llevaba el demonio y que pudiese mi oraci\u00f3n algo, ya que yo no era para m\u00e1s.\u00bb (F 1,7). Habiendo pasado muchos d\u00edas en esta angustia de alma, se le apareci\u00f3 el Se\u00f1or consol\u00e1ndola con las siguientes palabras: \u00abEspera un poco, hija y ver\u00e1s grandes cosas\u00bb (F 2,8). Seis meses m\u00e1s tarde se cumpli\u00f3 la promesa. En la primavera de 1567 recibi\u00f3 la noticia de la visita del General Juan Bautista Rubeo a los conventos de Espa\u00f1a. \u00abSiempre nuestros Generales residen en Roma, y jam\u00e1s ninguno vino a Espa\u00f1a, y as\u00ed parec\u00eda cosa imposible venir ahora. Mas como para lo que nuestro Se\u00f1or quiere no hay cosa que lo sea, orden\u00f3 su Majestad que lo que nunca hab\u00eda sido fuese ahora\u00bb (F 2,1). Una monja, que hab\u00eda abandonado su convento para fundar otro, ten\u00eda mucha raz\u00f3n de temer la visita del General. Este ten\u00eda el poder de deshacer la nueva obra. De acuerdo con el obispo de \u00c1vila, al que estaba sujeto el nuevo convento, le invit\u00f3 a que las visitara. Vino, y Teresa le narr\u00f3 con toda veracidad la historia de la nueva fundaci\u00f3n. El se pudo convencer a ojos vistas del esp\u00edritu que animaba a aquel convento y se conmovi\u00f3 profundamente. Lo que sus ojos ve\u00edan, era la realizaci\u00f3n m\u00e1s perfecta del fin por el que \u00e9l hab\u00eda venido a Espa\u00f1a. Tambi\u00e9n \u00e9l pensaba en una reforma de toda la Orden, un retorno a la viejas tradiciones, pero no ten\u00eda el coraje de hacerlo tan radicalmente como lo hac\u00eda la Madre Teresa. Felipe II le hab\u00eda pedido venir a Espa\u00f1a para que renovase en sus conventos la disciplina claustral. En otras partes no hab\u00eda sido recibido con mucho entusiasmo. El mismo hizo a Teresa confidente de sus preocupaciones. Teresa por su parte le abrumaba con el amor y confianza de una hija. Antes de abandonar \u00c1vila, le dio \u00abmuy cumplidas patentes\u00bb para que pudiese fundar m\u00e1s conventos de monjas reformadas. Todos los nuevos conventos deb\u00edan de estar sujetos directamente al General; ning\u00fan Provincial pod\u00eda alegar derechos para impedir las nuevas fundaciones, ni entrometerse en sus negocios. De vuelta a Madrid, habl\u00f3 el Padre Rubeo entusiasmado con el Rey, de Teresa y su obra. Felipe II se encomend\u00f3 a las oraciones de Teresa y sus hijas, y a partir de entonces fue el amigo m\u00e1s poderoso y protector de la Reforma. De vuelta a Roma, envi\u00f3 el General a Teresa m\u00e1s poderes por los cuales pod\u00eda fundar dos conventos de varones seg\u00fan la regla primitiva, siempre que consiguiera el permiso del Provincial actual y de su predecesor. Ese permiso lo consigui\u00f3 el obispo de \u00c1vila, que hab\u00eda sido el primero en manifestar el deseo de que fundase tambi\u00e9n conventos de varones. El estado en que ahora se encontraba Teresa era indescriptible: ella, que no ten\u00eda otro anhelo que retirarse a su palomarcico con un pu\u00f1ado de almas escogidas, deb\u00eda fundar una nueva Orden de monjas y de monjes. \u00abHela aqu\u00ed una pobre monja descalza, sin ayuda de ninguna posibilidad para ponerlo por obra\u00bb (F 2,6). Bastaba la ayuda del Se\u00f1or. Lo m\u00e1s necesario para fundar un convento de varones, era eso: tener varones. Y los consigui\u00f3 bien pronto. En la fundaci\u00f3n de Medina del Campo, la ayud\u00f3 mucho el Prior de los Carmelitas de la antigua observancia, Padre Antonio de Heredia. Al confesarle el prop\u00f3sito que ten\u00eda de fundar un convento de varones de la regla primitiva, se ofreci\u00f3 espont\u00e1neamente para ser \u00abel primer Carmelita Descalzo\u00bb. Teresa qued\u00f3 m\u00e1s sorprendida que entusiasmada, porque en sus adentros tem\u00eda le hab\u00edan de faltar fuerzas para aguantar el rigor de la regla primitiva. Pero el Padre Antonio se aferr\u00f3 en su decisi\u00f3n. Pocos d\u00edas m\u00e1s tarde encontr\u00f3 un compa\u00f1ero para el Padre Antonio, que a la santa le embeles\u00f3: era un joven carmelita, llamado entonces Juan de santo Mat\u00edas, quien desde su juventud llevaba una vida de oraci\u00f3n y de la m\u00e1s dura penitencia. Hab\u00eda conseguido de sus superiores el permiso para seguir la regla primitiva. Pero no contento con esto, cultivaba el prop\u00f3sito de entrar en la Cartuja. Teresa logr\u00f3 disuadirle de tal idea, y en su lugar convertirse en piedra sillar de la Orden Carmelitana seg\u00fan la regla primitiva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por este tiempo la ofrecieron a la Santa una propiedad para la planeada fundaci\u00f3n en Duruelo, entre \u00c1vila y Medina del Campo. Su estado era desolador, pero ni la Santa ni los Padres se echaron atr\u00e1s por eso. El Padre Antonio necesit\u00f3 algo de tiempo para renunciar a su cargo y arreglar sus asuntos. El Padre Juan acompa\u00f1\u00f3 a la Santa Madre, para aprender bajo su gu\u00eda y direcci\u00f3n el esp\u00edritu y vida de la Reforma. El 20 de septiembre de 1568 se dirigi\u00f3 a Duruelo, revestido con el nuevo h\u00e1bito de la Reforma, que la Santa Madre personalmente le hab\u00eda preparado. Seg\u00fan los planes de Teresa, transform\u00f3 el Padre Juan la \u00fanica c\u00e1mara de la miserable casucha, en dos celdas, el desv\u00e1n en coro y el portal en capilla, donde al d\u00eda siguiente celebr\u00f3 la primera misa. Bien pronto fue venerado por la gente del contorno como un santo. El 27 de noviembre se le uni\u00f3 el padre Antonio. Juntos prometieron seguir la regla primitiva y mudaron los nombres: en adelante se llamar\u00edan Antonio de Jes\u00fas y Juan de la Cruz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Unos meses m\u00e1s tarde pudo visitarles Teresa y ver qu\u00e9 vida llevaban. Ella misma lo describe as\u00ed: \u00abLa cuaresma adelante, viniendo de la fundaci\u00f3n de Toledo, me vine por all\u00ed. Llegu\u00e9 una ma\u00f1ana. Estaba el P. fray Antonio de Jes\u00fas barriendo la puerta de la iglesia, con un rostro de alegr\u00eda que tiene \u00e9l siempre. Yo le dije: \u00bfqu\u00e9 es esto, mi Padre?, \u00bfqu\u00e9 se ha hecho la honra?. D\u00edjome estas palabras, dici\u00e9ndome el gran contento que ten\u00eda: Yo maldigo el tiempo que la tuve. Como entr\u00e9 en la iglesita, qu\u00e9deme espantada de ver el esp\u00edritu que el Se\u00f1or hab\u00eda puesto all\u00ed. Y no era yo sola, que dos mercaderes que hab\u00edan venido de Medina hasta all\u00ed conmigo, que eran mis amigos, no hac\u00edan otra cosa sino llorar. \u00a1Ten\u00eda tantas cruces!, \u00a1tantas calaveras! Nunca se me olvida una cruz peque\u00f1a de palo que ten\u00eda para el agua bendita, que ten\u00eda en ella pegada una imagen de papel con un Cristo que parec\u00eda pon\u00eda m\u00e1s devoci\u00f3n que si fuera de cosa muy bien labrada. El coro era el desv\u00e1n, que por mitad estaba alto, que pod\u00edan decir las horas; mas hab\u00edanse de abajar mucho para entrar y para o\u00edr misa. Ten\u00edan a los dos rincones, hacia la iglesia, dos ermitillas, adonde no pod\u00edan estar sino echados o sentados, llenos de heno (porque el lugar era muy fr\u00edo, y el tejado casi les daba sobre las cabezas), con dos ventanillas hacia el altar y dos piedras por cabeceras, y all\u00ed sus cruces y calaveras. Supe que despu\u00e9s que acababan maitines hasta prima no se tornaban a ir, sino all\u00ed se quedaban en oraci\u00f3n, que la ten\u00edan tan grande, que les acaec\u00eda ir con harta nieve los h\u00e1bitos cuando iban a prima, y no haberlo sentido.\u00bb (F 14,6\u20117)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Duruelo fue la cuna de la Reforma teresiana entre los varones. Desde aqu\u00ed se extendi\u00f3 vitalmente, siempre acompa\u00f1ada con la oraci\u00f3n y consejos maternales de la Santa, pero andando por sus pies. El humilde Juan de la Cruz, el gran santo y doctor de la Iglesia, ha inspirado el esp\u00edritu. El era todo un hombre de oraci\u00f3n, de penitencia e iluminado sobrenaturalmente para la gu\u00eda de almas. La direcci\u00f3n externa la asumieron otros: junto al P. Antonio el sufrido italiano, P. Mariano y el P. Nicol\u00e1s Doria. Pero de entre todos destaca el fiel protector de la Madre Teresa, a quien ella ve\u00eda como el instrumento principal de la Reforma, el P. Jer\u00f3nimo Graci\u00e1n de la Madre de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Teresa misma, desde que hab\u00eda abandonado la tranquilidad del convento de S. Jos\u00e9, para fundar el de Medina del Campo, apenas hab\u00eda tenido tiempo de gozar del silencio claustral. Siempre se ve\u00eda acosada de peticiones para fundar ac\u00e1 y all\u00e1 un nuevo convento de la Reforma. A pesar de su continua falta de salud y de su avanzada edad, emprendi\u00f3 sin titubeos viajes de aventura, siempre que el servicio del Se\u00f1or lo demandaba. En todas partes ten\u00eda que acometer luchas dur\u00edsimas: unas veces con autoridades religiosas y civiles, otras con dificultades para encontrar una casa apropiada para la fundaci\u00f3n; o bien faltaba lo m\u00e1s imprescindible para vivir, o bien ten\u00eda que enfrentarse a donantes de noble alcurnia con pretensiones inadmisibles para el convento. Y hab\u00eda conseguido, por fin, sobreponerse a todos los obst\u00e1culos y preparar todo de forma que la vida claustral pudiera dar comienzo, ella, que todo lo hab\u00eda hecho, ella ten\u00eda que abandonarlo todo, y seguir sin reposo adelante en nuevas empresas. Su \u00fanico consuelo era el haber dejado tras de s\u00ed un nuevo jard\u00edn floreciente donde el Esposo pudiera descansar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em><a id=\"STBaca14\"><\/a><br \/>14 Priora en el convento de la Encarnaci\u00f3n<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras los jardines espirituales de Teresa iban dejando su perfume por toda Espa\u00f1a, su otra cuna espiritual, el convento de la Encarnaci\u00f3n, se encontraba en un estado desolador. Los ingresos no crec\u00edan en proporci\u00f3n al n\u00famero de monjas, y acostumbradas \u00e9stas a vivir c\u00f3modamente, y al no darlas la santa pobreza ninguna alegr\u00eda como a las monjas reformadas por Teresa, de ah\u00ed que se arraig\u00f3 el disgusto y somnolencia espirituales. El a\u00f1o 1570 vino a la Encarnaci\u00f3n el P. Hern\u00e1ndez, de la Orden de Sto. Domingo. El Papa P\u00edo V le hab\u00eda nombrado Visitador Apost\u00f3lico, con la encomienda de examinar la disciplina claustral en todos los conventos de Castilla. Como hab\u00eda conocido profundamente alguno de los conventos reformados de Teresa, debi\u00f3 de haberle estremecido el notorio contraste. Prescribi\u00f3 una cura radical: en virtud de su poder de Visitador Apost\u00f3lico, nombr\u00f3 a la Madre Teresa como Priora del convento de la Encarnaci\u00f3n, y la oblig\u00f3 a volver inmediatamente a \u00c1vila para tomar posesi\u00f3n de su cargo. Arrancada casi bruscamente de su labor de Fundadora, tuvo que echarse a los hombros esa tarea. Exhortada directamente por el Se\u00f1or, se dispuso a realizar este servicio; si bien ella aclar\u00f3 por escrito, con la aprobaci\u00f3n del P. Fern\u00e1ndez, que seguir\u00eda viviendo bajo la Regla primitiva. Se puede muy bien comprender la indignaci\u00f3n de las monjas a las que se les impon\u00eda una priora sin haberla ellas elegido. Y m\u00e1s cuando \u00e9sta era una hermana que con ellas hab\u00eda vivido hac\u00eda ocho a\u00f1os y a la que ve\u00edan como una aventurera e inquieta fundadora. La tormenta inici\u00f3 cuando el P. Provincial, P. \u00c1ngel de Salazar, la introdujo en el convento. No consigui\u00f3 que le escuchasen en medio de un grupo que gritaba ferozmente; el canto del Te Deum, que \u00e9l enton\u00f3, fue cubierto por los gritos de indignaci\u00f3n. Pero la bondad y humildad de Teresa consiguieron, finalmente, aplacar los \u00e1nimos de las monjas que regresaron a sus celdas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La resistencia contraria de las monjas, fue aniquilada ya en el primer cap\u00edtulo conventual; cu\u00e1l no ser\u00eda su asombro, cuando al o\u00edr la campana de oficios y entrar en la sala capitular, vieron en la silla prioral una imagen de nuestra Sra. del Carmen, sosteniendo en sus manos las llaves del convento y a sus pies, de rodillas, a la nueva Priora. En un instante se gan\u00f3 todos los corazones antes de abrir sus labios para explicarlas, de manera irresistible y animada por el amor, c\u00f3mo pensaba gobernar. Bajo sus indicaciones y acompa\u00f1amiento, sobre todo gracias a su ser y conducta, el esp\u00edritu de la casa se transform\u00f3 en poco tiempo. Su mejor apoyo fue Juan de la Cruz al que llam\u00f3 como confesor del convento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este per\u00edodo, lleno de tensiones, ya que junto al priorato dirige espiritualmente a sus ocho conventos reformados, fue tambi\u00e9n un tiempo de especiales gracias. Por entonces tuvo la visi\u00f3n que ella llama \u00abmatrimonio espiritual\u00bb. El 18 de noviembre de 1972 se le apareci\u00f3 el Se\u00f1or durante la comuni\u00f3n: \u00ab&#8230; y di\u00f3me su mano derecha, y d\u00edjome: \u00a1Mira este clavo, que es se\u00f1al que ser\u00e1s mi esposa desde hoy. Hasta ahora no lo hab\u00edas merecido; de aqu\u00ed adelante, no s\u00f3lo como Criador y como Rey y tu Dios mirar\u00e1s mi honra, sino como verdadera esposa m\u00eda: mi honra es ya tuya y la tuya m\u00eda!.\u00bb (R 35). Desde ese instante comenz\u00f3 Teresa a vivir la uni\u00f3n beatificante con Dios, uni\u00f3n que hab\u00eda ido experimentando en las \u00faltimas d\u00e9cadas y que la hab\u00edan llevado a morir a s\u00ed misma, \u00abcon grand\u00edsima alegr\u00eda de haber hallado reposo, y que vive en ella Cristo\u00bb (7M 3,1). Como primer efecto de esta uni\u00f3n se\u00f1ala \u00abun olvido se s\u00ed, que verdaderamente parece ya no es, como queda dicho; porque todo est\u00e1 de tal manera que no se conoce ni se acuerda que para ella ha de haber cielo ni vida ni honra, porque toda est\u00e1 empleada en procurar la de Dios\u00bb (7M 3,2). El segundo efecto es \u00abun deseo de padecer grande, mas no de manera que la inquiete como sol\u00eda; porque es en tanto extremo el deseo que queda en estas almas de que se haga la voluntad de Dios en ellas, que todo lo que su Majestad hace tienen por bueno\u00bb (7M 3,4).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abLo que m\u00e1s me espanta de todo, es que ya hab\u00e9is visto los trabajos y aflicciones que han tenido por morirse, por gozar de nuestro Se\u00f1or; ahora es tan grande el deseo que tienen de servirle y que por ellas sea alabado, y de aprovechar alg\u00fan alma si pudiesen, que no s\u00f3lo no desean morirse, mas vivir muchos a\u00f1os padeciendo grand\u00edsimos trabajos&#8230;\u00bb (7M 3,6).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab&#8230; que casi nunca hay sequedad ni alborotos interiores de los que hab\u00eda en todas las otras a tiempos, sino que est\u00e1 el alma en quietud casi siempre&#8230; Pasa con tanta quietud y tan sin ruido todo lo que el Se\u00f1or aprovecha aqu\u00ed el alma y la ense\u00f1a, que me parece es como en la edificaci\u00f3n del templo de Salom\u00f3n, adonde no se hab\u00eda de o\u00edr ning\u00fan ruido; as\u00ed en este templo de Dios, en esta morada suya, s\u00f3lo El y el alma se gozan con grand\u00edsimo silencio\u00bb (7M 3,10\u201111).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em><a id=\"STBaca15\"><\/a><br \/>15 Luchando por su obra<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las gracias m\u00e1s altas que un alma puede recibir, eran bien necesarias para fortalecer a la Santa contra las terribles tormentas que bien pronto hab\u00edan de irrumpir contra la Reforma. Ya incluso durante su priorato en la Encarnaci\u00f3n tuvo que reemprender sus viajes de fundadora dejando una sustituta en \u00c1vila. Cuando acab\u00f3 su priorato gran esfuerzo tuvo que hacer para no volver a ser elegida: tanto era el amor que la hab\u00edan cogido cuanto grande hab\u00eda sido la oposici\u00f3n a su cargo al inicio. Su humildad y bondad, su natural simpat\u00eda y sus sabias medidas dieron como resultado la superaci\u00f3n de la ruptura entre \u00abCalzados\u00bb y \u00abDescalzos\u00bb. No tan afortunados fueron sus hijos espirituales. Ellos hab\u00edan fundado m\u00e1s de los dos conventos permitidos por el General de la Orden, el P. Rubeo; esto se hizo por indicaci\u00f3n del Visitador Apost\u00f3lico de Andaluc\u00eda, el P. Vargas, pero sin el permiso de los superiores de la Orden. Su extraordinaria vida de penitencia (que la misma Santa contempl\u00f3 a veces con preocupaci\u00f3n) y su celo por las almas despertaron pronto la admiraci\u00f3n del pueblo. Esta situaci\u00f3n y las preferencias mostradas por el Visitador Apost\u00f3lico hacia los conventos reformados provoc\u00f3 entre los no reformados un cierto recelo de que pronto quedar\u00edan eclipsados o que la reforma podr\u00eda afectar a toda la Orden. Sus mensajes enviados al General calificando a los Descalzos de desobedientes y agitadores fueron aceptados. Para oprimir este estado floreciente de los Descalzos fue enviado el P. Tostado, un carmelita portugu\u00e9s, a Espa\u00f1a y dotado de poderes extraordinarios. Estall\u00f3 as\u00ed la lucha entre las dos ramas de la Orden. Esta situaci\u00f3n fue muy dolorosa para ese coraz\u00f3n humilde y amante de la paz de la Madre Teresa. Estos ataques amenazaban con destruir la obra de toda su vida. Ella misma fue calificada por el nuncio en Espa\u00f1a como \u00abinquieta y andariega\u00bb, \u00abdesobediente y ambiciosa, que arrogantemente pretend\u00eda ense\u00f1ar a los dem\u00e1s como un Doctor a pesar de la prohibici\u00f3n paulina\u00bb; tambi\u00e9n se la orden\u00f3 elegir uno de sus conventos para quedarse all\u00ed y no andar en m\u00e1s viajes (qu\u00e9 tranquila hubiese estado ella en el convento de Toledo, d\u00f3nde el P. Graci\u00e1n la orden\u00f3 ir, si no fuera por esas voluntades enemigas); y que no se recibiesen novicias en ning\u00fan convento descalzo con lo que estaban condenados a desaparecer. Sus hijos fueron perseguidos e injuriados: el P. Juan de la Cruz, que se mantuvo lejos de toda disputa, fue capturado y llevado prisionero al convento de los Calzados en Toledo, hasta que la Virgen, su protectora desde la infancia, le libr\u00f3 milagrosamente. En medio de esta tormenta que a todos desanim\u00f3, Teresa resisti\u00f3. Junto con sus hijas impetraba a los cielos, y no se cansaba de animarles continuamente en sus cartas y de buscar la ayuda de sus amigos para convencer al P. General de la aut\u00e9ntica situaci\u00f3n, y buscando la protecci\u00f3n de los poderosos y del rey. Finalmente encontr\u00f3 la soluci\u00f3n a estos problemas, la \u00fanica recomendable: la total separaci\u00f3n de los Descalzos convirti\u00e9ndose en una Provincia. Mucho tiempo le llev\u00f3 a la Congregaci\u00f3n de Religiosos el decidir sobre esta contienda. El Papa decidi\u00f3 que se hiciese la separaci\u00f3n. Un Breve del 27 de Junio de 1580 anunciaba esta decisi\u00f3n. El cap\u00edtulo de Alcal\u00e1 eligi\u00f3 en marzo de 1581, por deseo de la Madre Teresa, el primer provincial de los Descalzos, el P. Jer\u00f3nimo Graci\u00e1n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em><a id=\"STBaca16\"><\/a><br \/>16 El final<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rebosante de alegr\u00eda acogi\u00f3 Teresa el final de este suplicio: \u00abY verlo ya acabado, si no es quien sabe los trabajos que se ha padecido, no puede entender el gozo que vino a mi coraz\u00f3n y el deseo que yo ten\u00eda que todo el mundo alabase a nuestro Se\u00f1or y le ofreci\u00e9semos a este nuestro santo rey Don Felipe, por cuyo medio lo hab\u00eda Dios tra\u00eddo a tan buen fin; que el demonio se hab\u00eda dado tal ma\u00f1a, que ya iba todo por el suelo, si no fuera por \u00e9l. Ahora estamos todos en paz, Calzados y Descalzos; no nos estorba nadie a servir a nuestro Se\u00f1or. Por eso, hermanos y hermanas m\u00edas, pues tan bien ha o\u00eddo sus oraciones, prisa a servir a Su Majestad\u00bb (F 29,31\u201132). Ella misma ofreci\u00f3 el poco tiempo que a\u00fan le quedaba y sus pocas fuerzas para emprender nuevos viajes fundacionales. Mucho trabajo y tiempo cost\u00f3 la fundaci\u00f3n del convento de Burgos, el \u00faltimo que fund\u00f3 Teresa. El 2 de enero dej\u00f3 \u00c1vila para dirijirse a Burgos. S\u00f3lo en julio pudo emprender el viaje de vuelta. Pero despu\u00e9s de visitar alg\u00fan convento en el camino, vino a recogerla el P. Antonio para llevarla a Alba donde la duquesa, Mar\u00eda Henr\u00edquez, gran benefactora de la reforma, la esperaba. Aqu\u00ed lleg\u00f3 totalmente agotada el 20 de septiembre de 1582. (Seg\u00fan algunos testimonios la Santa habr\u00eda previsto que por esa \u00e9poca tornar\u00eda a Alba y de aqu\u00ed se ir\u00eda al Cielo). A pesar de haber avisado al m\u00e9dico su estado no mejoraba, si bien hasta el 29 de septiembre sigui\u00f3 cumpliendo con el horario del convento. A partir de ese d\u00eda tuvo que guardar cama. El 2 de octubre se confes\u00f3 con el P. Antonio y el d\u00eda 3 recibi\u00f3 el vi\u00e1tico. Una testigo presencial dice: \u00abEn el momento en que el Sant\u00edsimo Sacramento fue llevado a su celda, se levanto nuestra santa Madre sin que nadie la ayudase, y se puso de rodillas. Ella misma regresar\u00eda a la cama sin que nadie se lo impidiese. Una belleza grande cubr\u00eda su rostro, resplandeciente de amor divino. Con una impresionante alegr\u00eda y piedad habl\u00f3 al Se\u00f1or de tal modo que a todas nos produjo una poderosa devoci\u00f3n\u00bb. A lo largo del d\u00eda repiti\u00f3 las palabras del Miserere; \u00abUn coraz\u00f3n despreciado y humillado, t\u00fa no lo desprecias, Se\u00f1or\u00bb. Por la tarde recibi\u00f3 los santos \u00f3leos. Sobre su \u00faltimo d\u00eda, el 4 de octubre, tenemos el testimonio directo de Mar\u00eda de San Francisco: \u00ab&#8230;por la ma\u00f1ana, a eso de las siete, se ech\u00f3 de un lado, el rostro vuelto a las hermanas, con un Cristo en las manos, el rostro muy bello y encendido, con tanta hermosura que me pareci\u00f3 no se la hab\u00eda visto mayor en su vida&#8230; De esta suerte se estuvo en oraci\u00f3n, con grande quietud y paz&#8230; parec\u00eda como si la hablasen y ella respondiera&#8230; todo con maravillosas mudanzas de rostro de encendimiento e inflamaci\u00f3n, que no parec\u00eda sino una luna llena&#8230; as\u00ed dio su alma al Se\u00f1or, en profunda oraci\u00f3n, muy alborozada y alegre&#8230; quedando con aventajada hermosura y resplandor, su rostro como un sol encendido\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los acontecimientos extraordinarios que se dieron junto a su tumba, el cuerpo incorrupto, los numerosos milagros que durante su vida y especialmente despu\u00e9s de su muerte realiz\u00f3, as\u00ed como la entusiasmada veneraci\u00f3n de todo el pueblo espa\u00f1ol hacia su Santa aceleraron el proceso de canonizaci\u00f3n. En 1595 comenzaron las investigaciones para la canonizaci\u00f3n. Fue beatificada por Pablo V con un Breve del 24 de abril de 1614. La canonizaci\u00f3n lleg\u00f3 con Gregorio XV el 22 de marzo de 1622. Su fiesta fue trasladada al 15 de octubre a causa de la reforma del calendario gregoriano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fray Luis de Le\u00f3n dijo de Santa Teresa: \u00abYo no he conocido ni visto en vida a la Santa. Pero hoy, si bien ella est\u00e1 en los cielos, la veo y la conozco en sus dos im\u00e1genes vivas: sus hijas y sus escritos.\u00bb De hecho hay pocos santos que se presenten a nosotros tan humanos y cercanos como nuestra santa Madre. Sus obras, escritas por obediencia a sus confesores a pesar de los trabajos y ocupaciones, se cuentan hoy entre los cl\u00e1sicos de la literatura espa\u00f1ola. En un lenguaje llano, incomparable y aut\u00e9ntico narra los milagros que la gracia de Dios ha obrado en un alma escogida; cuenta las infatigables trabajos de una mujer fuerte y viril; desvela la inteligencia natural y la sabidur\u00eda divina, la profundidad del conocimiento humano, el humor ingenioso de un esp\u00edritu rico, la abundancia infinita del amor de un coraz\u00f3n esponsal y maternal. Dentro de la familia religiosa que ella fund\u00f3, todos miran a la que fue colmada de gracias sobreabundantes, con gran amor y agradecimiento. Y no tienen otro deseo si no el de ser colmados de su esp\u00edritu para recorrer, de su mano, el camino de la perfecci\u00f3n hasta la meta final.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>.\u00cdndice: Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), amor con amor Introducci\u00f3n1 Patria y casa paterna2 Ni\u00f1ez y juventud3 Alumna del convento4 Decisi\u00f3n vocacional&#8230;.5 En el convento de la Encarnaci\u00f3n: Noviciado6 En la escuela del sufrir. Vida interior7 Infidelidad8 &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=6442\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[36],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-1FU","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6442"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=6442"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6442\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6446,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6442\/revisions\/6446"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=6442"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=6442"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=6442"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}