{"id":6451,"date":"2020-08-09T15:16:34","date_gmt":"2020-08-09T21:16:34","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=6451"},"modified":"2022-07-27T15:21:30","modified_gmt":"2022-07-27T21:21:30","slug":"elevacion-de-la-cruz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=6451","title":{"rendered":"Elevaci\u00f3n de la Cruz"},"content":{"rendered":"\n<p style=\"text-align: justify;\">.<br \/><strong>\u00cdndice: Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), Elevaci\u00f3n de la Cruz<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Elevaci\u00f3n de la Cruz<\/strong><br \/>14 &#8211; IX &#8211; 1941<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">San Benito determin\u00f3 en su <em>Sancta Regula<\/em> que el tiempo de ayuno para los religiosos deb\u00eda comenzar con la fiesta de la Exaltaci\u00f3n de la Cruz. La prolongada alegr\u00eda del tiempo pascual y de las solemnidades del verano, y al final, todav\u00eda, la fiesta de la Coronaci\u00f3n de la Reina del Cielo, podr\u00edan empalidecer o dejar pasar a un segundo plano la imagen del Crucificado, tal como sucedi\u00f3 en los primeros siglos del cristianismo. Pero cuando lleg\u00f3 su momento, la cruz apareci\u00f3 llena de luz en el cielo y apremi\u00f3 a la b\u00fasqueda del madero de la ignominia, enterrado y olvidado, y a reconocer en \u00e9l el signo de la salvaci\u00f3n, el s\u00edmbolo de la fe y el distintivo de los creyentes. Cada a\u00f1o, cuando la Iglesia la levanta ante nosotros, hemos de recordar la exhortaci\u00f3n del Se\u00f1or: \u201cEl que quiera venir en pos de m\u00ed, que tome su cruz&#8230;\u00bb. Acoger la cruz significa recorrer el camino de la penitencia y de la renuncia. Para nosotros, los religiosos, seguir al Salvador significa dejarse clavar en la cruz con los tres clavos de los santos votos. La Exaltaci\u00f3n de la Cruz y la renovaci\u00f3n de los votos est\u00e1n \u00edntimamente unidas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Salvador nos ha precedido en el camino de la pobreza. A \u00c9l le pertenecen todos los bienes del cielo y de la tierra. Estos no eran ning\u00fan peligro para \u00c9l; \u00c9l pod\u00eda hacer uso de ellos y a la vez mantener el coraz\u00f3n perfectamente libre. Pero sab\u00eda, sin embargo, que los hombres dif\u00edcilmente habr\u00edan sido capaces de poseer bienes sin apegarse y dejarse esclavizar. Por eso, renunciando a todo nos ha ense\u00f1ado, m\u00e1s con el ejemplo que por palabras, que todo lo posee quien nada posee. Su nacimiento en un pesebre y su huida a Egipto ya nos demuestran que el Hijo del Hombre no ten\u00eda ning\u00fan lugar donde apoyar la cabeza. Quien le sigue debe saber que nosotros no tenemos aqu\u00ed un lugar duradero. Cuanto m\u00e1s vivamente lo sintamos, tanto mayor ser\u00e1 nuestro celo por el futuro y nuestra alegr\u00eda por el pensamiento de que nuestra ciudadan\u00eda est\u00e1 en el cielo. Hoy conviene tener presente que la posibilidad de tener que abandonar el querido convento forma parte de nuestra pobreza. Nosotras nos hemos comprometido a observar la clausura y lo hacemos nuevamente siempre que renovamos nuestra profesi\u00f3n. Pero Dios no est\u00e1 obligado a mantenernos siempre dentro de los muros de la clausura. \u00c9l no los necesita, porque tiene otros muros para protegernos. En este sentido \u00c9l se comporta de modo parecido con los sacramentos. Son los medios destinados a transmitirnos la gracia y nosotros no somos capaces de recibirlos como conviene. Pero Dios no est\u00e1 atado a ellos. En el momento en que por una violencia externa nos vi\u00e9semos privados de recibir los sacramentos, \u00c9l podr\u00eda ofrec\u00e9rnoslos de otras maneras y abundantemente; y \u00c9l lo har\u00e1 tan de seguro y copiosamente seg\u00fan la fidelidad con que nosotros nos hayamos acercado antes a los Sacramentos. Por eso tenemos la santa obligaci\u00f3n de observar la clausura con la mayor fidelidad posible para poder llevar a cabo, sin obst\u00e1culos, nuestra vida escondida con Cristo en Dios. Si somos fieles en esto y fu\u00e9ramos arrojadas a la calle, el Se\u00f1or enviar\u00eda a sus \u00e1ngeles para que protegieran nuestras almas con sus alas invisibles mejor que los m\u00e1s altos y robustos muros. Ciertamente no hemos de desear tal situaci\u00f3n. Podemos rezar para que no tengamos que sufrir esta experiencia, pero s\u00f3lo con el deseo sincero y serio: Que no se haga mi voluntad, sino la tuya. El voto de pobreza quiere ser renovado sin reservas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1H\u00e1gase tu voluntad!. Este fue el contenido de la vida del Salvador. Vino al mundo para cumplir la voluntad del Padre; no s\u00f3lo para reparar con su obediencia el pecado de la desobediencia, sino para guiar a los hombres por el camino de la obediencia a su meta. La voluntad de las criaturas no tiene capacidad para ser libre aut\u00f3nomamente. Ella est\u00e1 llamada a adecuarse a la voluntad divina. Si se somete libremente a ello, entonces se le concede cooperar libremente en el perfeccionamiento de la Creaci\u00f3n. Si la criatura libre rechaza esta adecuaci\u00f3n, pierde su libertad. La voluntad del hombre todav\u00eda es capaz de elegir, pero se encuentra a\u00fan en el \u00e1mbito de las criaturas que la arrastran y empujan en direcciones que le apartan del desarrollo de su naturaleza, querido por Dios, y de la meta a la que estaba destinada en su libertad originaria. Junto a la libertad originaria perdi\u00f3 el hombre la seguridad de su decisi\u00f3n. Es inestable e inseguro, es inquietado por dudas y escr\u00fapulos o se estanca en su error. Ante esta situaci\u00f3n no hay m\u00e1s curaci\u00f3n que el camino del seguimiento de Cristo: del Hijo del Hombre, el cual no s\u00f3lo obedeci\u00f3 directamente al Padre celestial, sino que se someti\u00f3 a los hombres que la voluntad del Padre hab\u00eda colocado sobre \u00c9l. La obediencia establecida por Dios libera de las ataduras de las criaturas a la voluntad esclavizada y la lleva de nuevo a la libertad. Es por eso, tambi\u00e9n, el camino que conduce a la pureza del coraz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ninguna cadena de esclavitud es m\u00e1s fuerte que la de las pasiones. Bajo su peso, el cuerpo, el alma y el esp\u00edritu pierden fuerza y salud, claridad y belleza. Igual que los hombres marcados por el pecado original son casi incapaces de no apegarse a los bienes que poseen, as\u00ed toda afecci\u00f3n puramente natural corre el peligro de degenerar en pasi\u00f3n, con todas sus desastrosas consecuencias. Para ello Dios nos ha concedido dos remedios: el matrimonio y la virginidad. La virginidad es el camino m\u00e1s radical y por eso el m\u00e1s f\u00e1cil. Pero este no es, ciertamente, el motivo m\u00e1s profundo por el cual Cristo la eligi\u00f3 para precedernos. Ya el mismo matrimonio es un gran misterio en cuanto s\u00edmbolo y signo de la uni\u00f3n de Cristo con la Iglesia y, al mismo tiempo, como su instrumento. Pero la virginidad es un misterio a\u00fan m\u00e1s profundo: no es s\u00f3lo s\u00edmbolo e instrumento, sino tambi\u00e9n participaci\u00f3n de la uni\u00f3n conyugal con Cristo y de su fecundidad sobrenatural. Tiene su origen en lo m\u00e1s profundo de la vida divina y nos conduce nuevamente a ella. El Padre eterno entreg\u00f3 con amor incondicional la totalidad de su esencia al Hijo. Y de la misma manera se la regala nuevamente el Hijo al Padre. En nada pod\u00eda cambiar esa entrega sin reservas de Persona a Persona el de paso Dios hecho hombre por la vida temporal. \u00c9l pertenece al Padre por toda la eternidad y no pod\u00eda entregarse a ninguna persona humana. \u00c9l pod\u00eda, solamente, acoger a todo hombre que quiera entregarse a \u00c9l, y acogerles en la unidad de su Persona divina-humana y, como miembros de su cuerpo m\u00edstico, ofrecerlos al Padre. Para eso vino al mundo. Esa es la divina fecundidad de su virginidad eterna: que puede regalar la vida sobrenatural a las almas. Y esa es tambi\u00e9n la fecundidad de las v\u00edrgenes que siguen al Cordero: que acogen la vida divina con una gran fortaleza y una entrega indivisa para, en \u00edntima uni\u00f3n con la Cabeza humano-divina, transmitirla a otras almas y despertar nuevos miembros para la Cabeza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Resulta connatural a la virginidad divina una esencial repugnancia por el pecado como contrario a la santidad divina. Pero de esta repugnancia por el pecado nace un amor insuperable al pecador. Cristo vino para arrancar del pecado a los pecadores y restablecer la imagen de Dios en las almas profanadas. Viene como Hijo del pecado, -as\u00ed nos lo demuestra su genealog\u00edas y toda la historia del Antiguo Testamento-, y busca la compa\u00f1\u00eda de los pecadores para tomar sobre s\u00ed todos los pecados del mundo y llevarles consigo al madero ignominioso de la cruz, que de este modo se convirti\u00f3 en el signo de su victoria. Por eso las almas virginales no conocen la repugnancia por los pecadores. La fuerza de su pureza sobrenatural no tiene miedo de mancharse. El amor de Cristo las empuja a penetrar en la noche m\u00e1s profunda. Y ninguna alegr\u00eda maternal se puede comparar con la felicidad del alma capaz de encender la luz de la gracia en la noche del pecado. El camino es la cruz. Bajo la cruz la Virgen de las v\u00edrgenes se convirti\u00f3 en Madre de la Gracia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>.\u00cdndice: Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), Elevaci\u00f3n de la Cruz \u00a0 Elevaci\u00f3n de la Cruz14 &#8211; IX &#8211; 1941 \u00a0 San Benito determin\u00f3 en su Sancta Regula que el tiempo de ayuno para los religiosos deb\u00eda comenzar &hellip; <a href=\"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=6451\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":""},"categories":[36],"tags":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p2dsrC-1G3","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6451"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=6451"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6451\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6452,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6451\/revisions\/6452"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=6451"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=6451"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ocdmx.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=6451"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}