{"id":9158,"date":"2023-09-23T12:00:00","date_gmt":"2023-09-23T18:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=9158"},"modified":"2023-09-20T11:32:00","modified_gmt":"2023-09-20T17:32:00","slug":"lectio-dom-24-sep-2023","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ocdmx.org\/?p=9158","title":{"rendered":"Lectio, Dom, 24 sep, 2023"},"content":{"rendered":"<p><em>Par\u00e1bola de los obreros enviados a la vi\u00f1a La gratuidad absoluta del amor de Dios Mateo 20, 1-16<\/em><\/p>\n<h2>Oraci\u00f3n inicial<\/h2>\n<p>\u00a1Oh, Padre! Tu Hijo Jes\u00fas, que t\u00fa nos has dado, es nuestro reino, nuestra riqueza, nuestro cielo; \u00c9l es el due\u00f1o de la casa y de la tierra donde vivimos y sale continuamente a buscarnos, porque desea llamarnos, pronunciar nuestro nombre, ofrecernos su amor infinito. No podremos nunca pagarle, ni devolver la sobreabundancia de su compasi\u00f3n y misericordia por nosotros: podemos s\u00f3lo decirle nuestro s\u00ed, el nuestro: \u201cAqu\u00ed estoy\u201d o repetirle con Isa\u00edas: \u201c\u00a1Se\u00f1or, aqu\u00ed estoy, env\u00edame!\u201d Haz que esta palabra entre en mi coraz\u00f3n, en mis ojos, en mis o\u00eddos y me cambie, me transforme, seg\u00fan este amor sorprendente, incomprensible que Jes\u00fas me est\u00e1 ofreciendo, tambi\u00e9n hoy, en este momento. Cond\u00faceme al \u00faltimo puesto, al m\u00edo, al que \u00c9l ha preparado para m\u00ed all\u00e1 donde yo puedo ser verdaderamente yo mismo. Am\u00e9n.<\/p>\n<h2>Lectura<\/h2>\n<p>Para colocar el pasaje en su contexto:<\/p>\n<p>Este pasaje nos coloca dentro de la secci\u00f3n del Evangelio de Mateo, que precede directamente a los relatos de la pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Esta secci\u00f3n comienza en 19,1, donde se dice que Jes\u00fas abandona definitivamente el territorio de la Galilea para ir a Judea, dando as\u00ed comienzo a su camino de acercamiento a Jerusal\u00e9n y se concluye en 25,46, con el cuadro sobre la venida y el juicio del Hijo de Dios. M\u00e1s en particular, el cap\u00edtulo 20 se coloca a lo largo del recorrido de Jes\u00fas hacia la ciudad santa y su templo, en un contexto de ense\u00f1anzas y de pol\u00e9mica con los sabios y potentes del tiempo, que \u00c9l realiza con par\u00e1bolas y encuentros.<\/p>\n<p>Para ayudar a la lectura del pasaje:<\/p>\n<p>20,1\u00aa: Con las primeras palabras de la par\u00e1bola, que es una especie de introducci\u00f3n, Jes\u00fas quiere acompa\u00f1arnos al interior del tema m\u00e1s profundo del que intenta hablar, quiere abrir ante nosotros las puertas del reino, que es \u00c9l mismo y se presenta como due\u00f1o de la vi\u00f1a que necesita ser trabajada.<\/p>\n<p>20,1b-7: Estos vers\u00edculos constituyen la primera parte de la par\u00e1bola; en ella Jes\u00fas narra la iniciativa del due\u00f1o de la vi\u00f1a para reclutar sus trabajadores, describiendo sus cuatro salidas, en las cu\u00e1les se ajusta con los trabajadores estableciendo un contrato y la \u00faltima salida, ya al final de la jornada.<\/p>\n<p>20,8-15: Esta segunda parte comprende, por el contrario, la descripci\u00f3n de la paga a los trabajadores, con la protesta de los primeros y la respuesta del due\u00f1o.<\/p>\n<p>20,16: Finalmente viene la sentencia definitiva, que revela la clave del pasaje y la aplicaci\u00f3n: aqu\u00e9llos que en la comunidad son considerados \u00faltimos, en la perspectiva del reino y del juicio de Dios, ser\u00e1n los primeros.<\/p>\n<p>El Texto:<\/p>\n<p>En aquel tiempo, Jes\u00fas dijo a sus disc\u00edpulos esta par\u00e1bola: \u00abEl Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, sali\u00f3 a contratar trabajadores para su vi\u00f1a. Despu\u00e9s de quedar con ellos en pagarles un denario por d\u00eda, los mand\u00f3 a su vi\u00f1a. Sali\u00f3 otra vez a media ma\u00f1ana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: &#8216;Vayan tambi\u00e9n ustedes a mi vi\u00f1a y les pagar\u00e9 lo que sea justo&#8217;. Sali\u00f3 de nuevo a medio d\u00eda y a media tarde e hizo lo mismo.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, sali\u00f3 tambi\u00e9n al caer la tarde y encontr\u00f3 todav\u00eda a otros que estaban en la plaza y les dijo: &#8216;\u00bfPor qu\u00e9 han estado aqu\u00ed todo el d\u00eda sin trabajar?&#8217; Ellos le respondieron: &#8216;Porque nadie nos ha contratado&#8217;. \u00c9l les dijo: &#8216;Vayan tambi\u00e9n ustedes a mi vi\u00f1a&#8217;.<\/p>\n<p>Al atardecer, el due\u00f1o de la vi\u00f1a dijo a su administrador: &#8216;Llama a los trabajadores y p\u00e1gales su jornal, comenzando por los \u00faltimos hasta que llegues a los primeros&#8217;. Se acercaron, pues, los que hab\u00edan llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.<\/p>\n<p>Cuando les lleg\u00f3 su turno a los primeros, creyeron que recibir\u00edan m\u00e1s; pero tambi\u00e9n ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, dici\u00e9ndole: &#8216;Esos que llegaron al \u00faltimo s\u00f3lo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del d\u00eda y del calor&#8217;.<\/p>\n<p>Pero \u00e9l respondi\u00f3 a uno de ellos: &#8216;Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. \u00bfAcaso no quedamos en que te pagar\u00eda un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que lleg\u00f3 al \u00faltimo lo mismo que a ti. \u00bfQu\u00e9 no puedo hacer con lo m\u00edo lo que yo quiero? \u00bfO vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?&#8217;<\/p>\n<p>De igual manera, los \u00faltimos ser\u00e1n los primeros, y los primeros, los \u00faltimos\u00bb.<\/p>\n<h2>Un momento de silencio orante<\/h2>\n<p><em>para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.<\/em><\/p>\n<h2>Algunas preguntas<\/h2>\n<p><em>para ayudarnos en la meditaci\u00f3n y en la oraci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>Este pasaje se abre con una part\u00edcula conectiva, \u201cen efecto\u201d que es muy importante, porque me remite al vers\u00edculo que precede (Mt 19,30), donde Jes\u00fas afirma que \u201clos primeros ser\u00e1n los \u00faltimos y los \u00faltimos los primeros\u201d con las mismas palabras que repetir\u00e1 al final de esta par\u00e1bola. Palabras, por tanto, important\u00edsimas, fundamentales, que quieren indicarme la direcci\u00f3n que hay que tomar. Jes\u00fas es el Reino de Dios, el reino de los cielos; \u00c9l es el mundo nuevo, al cu\u00e1l estoy invitado a entrar. Pero el suyo es un mundo al rev\u00e9s, donde nuestra l\u00f3gica de poder, ganancia, recompensa, habilidad, esfuerzo, no vale y se substituye por otra l\u00f3gica, la de la gratuidad absoluta, del amor misericordioso y sobreabundante, Si yo creo ser el primero, ser fuerte y capaz; si ya me he colocado en el primer puesto en la mesa del Se\u00f1or, es mejor que me levante ya y me vaya a ocupar el \u00faltimo puesto. All\u00ed el Se\u00f1or vendr\u00e1 a buscarme, y llam\u00e1ndome, me levantar\u00e1, me colocar\u00e1 en alto hacia \u00c9l.<\/p>\n<p>Jes\u00fas se compara aqu\u00ed a un due\u00f1o de casa, usando una figura particular, que aparece muchas veces en el evangelio. Intento seguirla, atento a las caracter\u00edsticas que ella presenta y tratando de verificar cu\u00e1l es mi relaci\u00f3n con \u00c9l. El due\u00f1o de casa es el amo de la vi\u00f1a, que se cuida de ella, rode\u00e1ndola con un muro, excavando un foso, cultiv\u00e1ndola con amor y sudor (Mt 21,33ss), para que pueda dar sus mejores frutos. Es el due\u00f1o de casa que ofrece una gran cena, con muchos invitados, llamando a su mesa a los m\u00e1s abandonados, los cojos, los ciegos (Lc 14,21ss). Es el que vuelve de las bodas y al que debemos esperar vigilando, porque no sabemos ni el d\u00eda ni la hora (Lc 12,36); es el due\u00f1o de casa que ha salido para un largo viaje, que ha mandado vigilar, para estar preparados para abrirle, en cuanto regrese y toque a la puerta a la tarde, a medianoche, al canto del gallo o de madrugada (Mc 13,35). Comprendo, pues, que el Se\u00f1or est\u00e1 esperando de m\u00ed, el fruto bueno; que me ha elegido como invitado a su mesa; que volver\u00e1 y vendr\u00e1 a buscarme y llamar\u00e1 a mi puerta&#8230;\u00bfEstoy preparado para responderle? \u00bfPara abrirle? \u00bfPara ofrecerle el fruto del amor que \u00c9l espera de m\u00ed? O por el contrario \u00bfestoy durmiendo, preocupado con otros miles intereses, esclavizado por otros due\u00f1os de casa, diversos y lejanos de \u00c9l?<\/p>\n<p>El Se\u00f1or Jes\u00fas, due\u00f1o de la casa y de la vi\u00f1a, sale repetidamente para llamarme y enviar: al alba, a las nueve, a mediod\u00eda, a las tres de la tarde, a las cinco, cuando ya la jornada est\u00e1 por finalizar. \u00c9l no se cansa; viene a buscarme, para ofrecerme su amor, su presencia, para estrechar un pacto conmigo. \u00c9l desea ofrecerme su vi\u00f1a, su belleza. Cuando nos encontremos, cuando \u00c9l fij\u00e1ndose en m\u00ed, me ame (Mc 10,21) \u00bfqu\u00e9 le responder\u00e9? \u00bfMe entristecer\u00e9 porque tengo muchos bienes? (Lc 18,23) \u00bfLe pedir\u00e9 que me d\u00e9 por excusado, porque yo ya tengo otros compromisos? (Lc 14,18).\u00a0\u00bfHuir\u00e9 corriendo desnudo, perdiendo lo poco de felicidad que me ha quedado para cubrirme? (Mc 14,52) O, m\u00e1s bien, le dir\u00e9: \u201cS\u00ed, s\u00ed\u201d y luego no ir\u00e9 (Mt 21,29). Siento que esta palabra me pone en situaci\u00f3n dif\u00edcil, me escruta hasta el fondo, me revela a m\u00ed mismo&#8230; quedo at\u00f3nito, asustado por mi libertad, pero decido, delante del Se\u00f1or que me habla, hacer como Mar\u00eda y decir: \u201cSe\u00f1or, h\u00e1gase en m\u00ed como t\u00fa has dicho\u201d con humilde disponibilidad y abandono.<\/p>\n<p>Ahora el evangelio me coloca de frente a mi relaci\u00f3n con los otros, los hermanos y hermanas que comparten conmigo el camino del seguimiento a Jes\u00fas. Todos estamos llamados a estar con \u00c9l, a la tarde, despu\u00e9s del trabajo de cada d\u00eda: \u00c9l abre su tesoro de amor y comienza a distribuir, a repartir gracia, misericordia, compasi\u00f3n, amistad, todo \u00c9l mismo. Mateo hace notar en este punto, que alguno murmura contra el due\u00f1o de la vi\u00f1a, contra el Se\u00f1or. Nace la indignaci\u00f3n, porque \u00c9l trata a todos igualmente, con la misma intensidad de amor, con la misma sobreabundancia. Quiz\u00e1s est\u00e1 escrito tambi\u00e9n de m\u00ed estas l\u00edneas: el evangelio sabe poner un nudo a mi coraz\u00f3n, la parte m\u00e1s escondida de mi mismo. Quiz\u00e1s el Se\u00f1or dirige precisamente a m\u00ed aquellas palabras cargadas de tristeza: \u201c\u00bfAcaso t\u00fa tambi\u00e9n eres envidioso?.\u201d Me debo dejar interrogar, debo permitir que \u00c9l entre dentro de m\u00ed y me mire con sus ojos penetrantes, porque s\u00f3lo si \u00c9l me mira, podr\u00e9 ser curado. Ahora rezo as\u00ed: \u201cSe\u00f1or, te ruego, ven a m\u00ed, echa tu palabra en mi coraz\u00f3n y germine nueva vida, vida de amor\u201d.<\/p>\n<h2>Una clave de lectura<\/h2>\n<p>En la figura de la vi\u00f1a, aparentemente sencilla y cotidiana, la Escritura condensa una realidad, mucha m\u00e1s rica y profunda, siempre m\u00e1s densa de significado, a medida que los textos se acercan a la revelaci\u00f3n plena en Jes\u00fas. En el primer libro de los Reyes, en el cap. 21, se narra el hecho violento que envuelve a Nabot, un simple s\u00fabdito del corrupto rey Acab, el cu\u00e1l pose\u00eda una vi\u00f1a, plantada, para su desdicha, precisamente junto al palacio del rey. La narraci\u00f3n nos hace comprender cu\u00e1nto fuera importante la vi\u00f1a, una propiedad inviolable: por nada del mundo Nabot la hubiera cedido, como dijo: \u201c\u00a1Me guarde el Se\u00f1or de cederte la heredad de mis padres!\u201d (1 Re 21,3). Por amor a ella, \u00e9l perdi\u00f3 la vida. Como se ve, la vi\u00f1a representa el bien m\u00e1s precioso, la heredad de la familia, por cierta parte, la identidad de la persona; no se la puede malvender, ceder a los otros, cambiarlo por otros bienes, que no consiguen igualarla.<\/p>\n<p>Ella esconde una fuerza vital, espiritual.<\/p>\n<p>Isa\u00edas 5 dice claramente que bajo la figura de la vi\u00f1a se significa al pueblo de Israel, como est\u00e1 escrito: \u201cLa vi\u00f1a del Se\u00f1or de los ej\u00e9rcitos es la casa de Israel: los habitantes de Juda su plantaci\u00f3n favorita\u201d (Is 5,7). Este pueblo el Se\u00f1or lo ha amado con amor infinito y eterno, sellado por una alianza inviolable; \u00c9l la cuida, igualmente como si lo hiciera un vi\u00f1ador con su vi\u00f1a, haciendo de todo para que ella pueda dar sus frutos m\u00e1s bellos. Israel somos cada uno de nosotros, toda la Iglesia: el Padre nos ha encontrado como tierra abandonada, reseca, devastada, rellena de piedras y nos ha cultivado, regado a cada instante; nos ha plantado como vi\u00f1a escogida, toda de cepas genuinas (Jer 2,21). \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s pudo hacer por nosotros, que no lo haya hecho? (Is 5,4) En su anonadamiento infinito \u00c9l mismo se ha hecho vi\u00f1a; se ha convertido en la verdadera vid (Jn 15,1ss), de la que nosotros somos los sarmientos: se ha unido a nosotros 59<\/p>\n<p>como la vi\u00f1a est\u00e1 unida a sus sarmientos. El Padre que es el vi\u00f1ador, contin\u00faa su obra de amor con nosotros, para que llevemos frutos y pacientemente espera; \u00c9l poda, cultiva, pero luego nos env\u00eda a trabajar a recoger los frutos para ofrec\u00e9rselos. Somos enviados a su pueblo, a sus hijos: no nos podemos echar para atr\u00e1s, porque estamos hechos para esto: para que vayamos y llevemos fruto y nuestro fruto permanezca (Jn 15,16). Se\u00f1or, vu\u00e9lvete: mira desde el cielo y ve y visita tu vi\u00f1a (Salmo 79,15).<\/p>\n<p>La promesa: un denario<\/p>\n<p>El due\u00f1o de la vi\u00f1a establece como recompensa del trabajo de la jornada un denario; una buena suma, que permit\u00eda vivir desahogadamente. M\u00e1s o menos corresponde al dracma pactado del viejo Tob\u00edas con el acompa\u00f1ante del hijo hacia la Media (Tb 5,15).<\/p>\n<p>Pero en el relato evang\u00e9lico este denario viene llamado enseguida con otro nombre por el due\u00f1o; dice de hecho: \u201cos dar\u00e9 lo que es justo\u201d (v.4). Nuestra herencia, nuestro salario es el justo, el bueno: el Se\u00f1or Jes\u00fas. \u00c9l, en efecto, no da, no promete otra cosa que a s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Nuestra recompensa est\u00e1 en los cielos (Mt 5,12), junto a nuestro Padre (Mt 6,1). No es el denario que se utilizaba para pagar el tributo a los romanos, sobre el que estaba la imagen y la inscripci\u00f3n del rey Tiberio C\u00e9sar (Mt 22,20), sino que es el rostro de Jes\u00fas, su nombre, su presencia. \u00c9l nos dice: \u201cYo estar\u00e9 con vosotros no s\u00f3lo hoy, sino todos los d\u00edas hasta el fin del mundo; Yo mismo ser\u00e9 tu recompensa\u201d.<\/p>\n<p>El texto ofrece a nuestra vida una energ\u00eda muy fuerte, que sale de los verbos \u201cenviar\u201d, mandar\u201d y \u201candar\u201d repetido dos veces; todos se refieren a nosotros, nos llaman, nos ponen en movimiento. Es el Se\u00f1or Jes\u00fas el que env\u00eda, haciendo de nosotros ap\u00f3stoles: \u201cHe aqu\u00ed que yo os env\u00edo\u201d (Mt 10,16). Cada d\u00eda \u00c9l nos llama para su misi\u00f3n y repite sobre nosotros aquello de \u201c\u00a1Andad!\u201d y nuestra felicidad precisamente est\u00e1 escondida aqu\u00ed, en la realizaci\u00f3n de estas palabras suyas. Andar donde \u00c9l nos manda, en el modo que \u00c9l lo indica, hacia la realidad y las personas que \u00c9l nos pone delante.<\/p>\n<p>La murmuraci\u00f3n y el refunfu\u00f1o<\/p>\n<p>Palabras important\u00edsimas, verdaderas y muy presentes en nuestra vida de cada d\u00eda; no podemos negarlo: habitan en nuestro coraz\u00f3n, en nuestros pensamientos y a veces nos atormentan, nos desfiguran, nos cansan profundamente, nos alejan de nosotros mismos, de los otros, del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>S\u00ed, en medio de aquellos trabajadores que se lamentan y refunfu\u00f1an, murmurando contra el due\u00f1o, tambi\u00e9n estamos nosotros. El rumor de la murmuraci\u00f3n viene de muy lejos, pero de todos modos, consigue anidarse en el coraz\u00f3n. Israel en el desierto ha murmurado duramente contra el Se\u00f1or y nosotros hemos recibido en herencia aquellos pensamientos y palabras: \u201cEl Se\u00f1or nos odia, por esto nos ha hecho salir del pa\u00eds de Egipto para ponernos en manos del Amorreo y para destruirnos\u201d (Dt 1,27) y dudamos de su capacidad de alimentarnos, de llevarnos hacia delante, de protegernos. \u201c\u00bfQuiz\u00e1s puede el Se\u00f1or prepararnos una mesa en el desierto? (Salmo 77,19) Murmurar significa no escuchar la voz del Se\u00f1or, no creer m\u00e1s en su amor por nosotros. Entonces nos escandalizamos, nos irritamos fuertemente contra el Se\u00f1or misericordioso y nos indignamos contra su manera de obrar y queremos cambiarlo, recomponerlo seg\u00fan nuestros esquemas: \u00a1Se ha alojado en casa de un pecador! \u00a1Come y bebe con pecadores! (Lc 5,30; 15,2; 19, 7). Si escuchamos bien, \u00e9stas son las murmuraciones secretas de nuestro coraz\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo curarlas? San Pedro sugiere este v\u00eda: \u201cPracticad la hospitalidad los unos con los otros, sin murmurar\u201d (1 Pet 4,9); s\u00f3lo la hospitalidad, o sea, la acogida puede, poco a poco, cambiar nuestro coraz\u00f3n y hacerlo receptivo, capaz de llevar dentro de s\u00ed a las personas, situaciones, realidades que encontramos en nuestra vida. \u201cAcogeos\u201d dice la Escritura. As\u00ed es: debemos aprender a acoger ante todo a Jes\u00fas, como \u00c9l es, con su modo de amar, de permanecer, de hablarnos y cambiarnos, de esperarnos y atraernos. Acogerlo es acoger al que est\u00e1 al lado, al que nos viene al encuentro, s\u00f3lo este movimiento puede romper la dureza de la murmuraci\u00f3n.<\/p>\n<p>La murmuraci\u00f3n nace de la envidia, de nuestro ojo malo, como dice el due\u00f1o de la vi\u00f1a, el mismo Jes\u00fas. \u00c9l sabe mirarnos dentro, sabe penetrar nuestra mirada y llegar al coraz\u00f3n, al alma.<\/p>\n<p>\u00c9l sabe c\u00f3mo somos, nos conoce, nos ama y por el amor por el que \u00c9l saca de nosotros todo mal, quita el velo de nuestro ojo malo, nos ayuda a tomar conciencia de c\u00f3mo somos, de lo que vive dentro. En el momento en el que dice: \u201c\u00bfAcaso tu ojo es malo?\u201d, como est\u00e1 haciendo hoy, en este evangelio, \u00c9l nos cura, toma el ung\u00fcento y lo unta, toma el fango hecho con su saliva y unge nuestros ojos hasta lo \u00edntimo.<\/p>\n<p>Se\u00f1or, te ruego: haz que yo vea: Con ojos buenos, sin envidia, con la acogida, sin murmurar.<\/p>\n<h2>Un momento de oraci\u00f3n: Salmo 136<\/h2>\n<p>Rit. \u00a1Infinito es tu amor por nosotros!<\/p>\n<p>\u00a1Aleluya!\u00a1Dad gracias a Yahv\u00e9, porque es bueno, porque es eterno su amor!<br \/>\nDad gracias al Dios de los dioses, porque es eterno su amor; dad gracias al Se\u00f1or de los se\u00f1ores, porque es eterno su amor.<br \/>\nAl \u00fanico que ha hecho maravillas, porque es eterno su amor.<br \/>\nAl que hiri\u00f3 en sus primog\u00e9nitos a Egipto, porque es eterno su amor; y sac\u00f3 a Israel de entre ellos, porque es eterno su amor; con mano fuerte y tenso brazo, porque es eterno su amor.<br \/>\nAl que parti\u00f3 en dos el mar de los Juncos, porque es eterno su amor; e hizo pasar por medio a Israel, porque es eterno su amor; y hundi\u00f3 en \u00e9l al fara\u00f3n con sus huestes, porque es eterno su amor.<br \/>\nAl que guio a su pueblo en el desierto, porque es eterno su amor.<br \/>\nAl que se acord\u00f3 de nosotros humillados, porque es eterno su amor; y nos libr\u00f3 de nuestros adversarios, porque es eterno su amor.<br \/>\nAl que da pan a todo viviente, porque es eterno su amor.<br \/>\n\u00a1Dad gracias al Dios de los cielos, porque es eterno su amor!<\/p>\n<h2>Oraci\u00f3n final<\/h2>\n<p>Gracias, Se\u00f1or, por haberme revelado tu Hijo, y haberme hecho entrar en su heredad, en su vi\u00f1a. T\u00fa me has hecho sarmiento, me has hecho uva: s\u00f3lo me queda permanecer, permanecer en ti y dejarme prender, como fruto bueno, maduro, para ser puesto en la prensa. Si, Se\u00f1or, lo s\u00e9: \u00e9ste es el camino. No tengo miedo porque t\u00fa est\u00e1s conmigo. Yo s\u00e9 que el \u00fanico camino de la felicidad es el darme a ti. A los hermanos. Que yo sea sarmiento, que yo sea uva buena, para ser exprimida, como t\u00fa quieras. Am\u00e9n.<\/p>\n<h1>Todos los derechos: www.ocarm.org<\/h1>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Par\u00e1bola de los obreros enviados a la vi\u00f1a La gratuidad absoluta del amor de Dios Mateo 20, 1-16 Oraci\u00f3n inicial \u00a1Oh, Padre! 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