La amistad de Dios. Santo Tomás de Villanueva.

La amistad de Dios.
Santo Tomás de Villanueva: maestro de espiritualidad agustiniana
GARCÍA ÁLVAREZ, J.,

Guadarrama (Madrid), Edit. Agustiniana, 2010. 160 pp.

«Tomás de Villanueva [1486-1555] es uno de los grandes maestros espirituales del siglo XVI. Su doctrina es la misma de San Agustín adaptada a las circunstancias y a los problemas de su época. Es el fundador de la Escuela Moderna de Espiritualidad Agustiniana. Su influencia tanto pastoral como espiritual ha sido sumamente profunda, y no solamente en su época, sino igualmente en los siglos posteriores. Incluso llega hasta nuestros días» (p. 7). Un ejemplo de ello es esta misma obra, del agustino Jaime García Álvarez, estudioso agustiniano, profesor en diversas facultades teológicas, director de la edición española del Diccionario de San Agustín (Monte Carmelo, 2001) y un sinfín de cargos y entradas bibliográficas más. Estamos en buenas manos al leer este libro, porque el autor, conocedor de la temática y sabedor del estilo que ha de emplear al dirigirse al lector, ha hecho una obra muy clara, sencilla y a la vez profunda, dividida en quince capítulos con títulos muy expresivos, que atraen la atención nada más leerlos: 1. Prepárate para acoger al Señor; 2. Llevas impresa en ti mismo la imagen de Dios; 3. ¡Retorna a tu corazón! En él habita Dios; 4. El portal de Belén: cátedra de la Sabiduría de Dios; 5. Mediante su nacimiento Jesús nos enseña a nacer en el corazón de los otros; 6. En nuestro corazón hay una escala para subir hasta Dios; 7. Asciende en tu corazón para encontrar a Dios; 8. María, madre y modelo de nuestra vida; 9. El Espíritu Santo es el alma de nuestra alma; 10. ¡Grande es el misterio de nuestra fe!; 11. Lo que hemos visto, lo que hemos oído, eso es lo que os anunciamos; 12. Testigos de la misericordia de Dios; 13. Dios continúa naciendo en el hueco de la pobreza; 14. Lo que no compartimos se pudre en nuestro corazón; 15. Dichosos los que trabajan por la paz. En estos quince capítulos y a partir de los textos de este maestro, el autor recorre el itinerario de su teología espiritual.

La clave de interpretación de toda la obra está en el título principal: la amistad de Dios. Desde ahí, surge una corriente atractiva y atrayente que recorre tanto el Evangelio como las homilías del santo obispo, con citas muy generosas por lo general, pues el objetivo es que el Santo hable directamente al lector y, por medio de él, llegue la voz de Dios al corazón del que tenga este libro en sus manos. Porque, no lo olvidemos, es un libro de la colección «Espiritualidad Agustiniana» (nº 3) y llega después de dos tomos sobre la regla de san Agustín y sobre la vida monástica del mismo obispo de Hipona; de ahí, se salta al siglo XVI en el tercer tomo, con este otro obispo, español y proverbial en su trato amistoso con todas las gentes y, en especial, con los pobres. Ése es el espíritu que recorre todo el libro: con notas brevísimas y directas (en p. 10 nota 1 dice el autor de dónde saca las citas: de las obras completas editadas en Filipinas, Manila 188197, 6 vols., y, en menor medida, de las obras completas en francés, París 1866-68, 5 vols., y de los sermones de la Virgen, BAC, Madrid 1952), con una bibliografía final de apenas dos páginas (p. 153-4) que orientan al lector curioso (en esta obra no se necesita más), y con una edición más que manejable, limpia y atractiva. Características necesarias para introducir al lector en los textos y en la espiritualidad de santo Tomás de Villanueva, especialmente a los que la desconocen y también a los que, conociéndola, desean profundizar en ella y seguirse alimentando del testimonio y de la palabra sabia del santo obispo manchego.

– Ignacio Husillos Tamarit.

Una vida sobria, honrada y religiosa

Una vida sobria, honrada y religiosa.
Propuesta para vivir en comunidad
,

EIZAGUIRRE, J.,

Madrid, Narcea, 2010, 162 pp.

He leído varias veces estas páginas que voy a presentar. El tema de este libro ha suscitado en mí un interés especial. Hoy que buscamos nuevos horizontes merece la pena escuchar y pensar las distintas propuestas que se ofrecen.

El autor quiere poner de manifiesto un sueño que lleva acariciando durante muchos años. Estas son sus palabras: “Se trata de una “propuesta de vida” que he querido resumir con estas tres palabras de san Pablo: “sobria, honrada y religiosa”. Tal vez algo de esto encuentre eco en alguno de estos fueguitos que hay repartidos por el mundo” (p. 10).

Un punto de partida que me parece fundamental y que puede ser un buen comienzo de este nuevo estilo de vida es la búsqueda de Dios. En este sentido cita unas palabras de Pedro Arrupe, ex General de los jesuitas y un hombre profético, que me han llamado la atención. “Nada puede importar más que encontrar a Dios. Es decir, enamorarse de una manera definitiva y absoluta. Aquello de lo que te has enamorado atrapa tu imaginación y acaba por dejar su huella en todo. Será lo que decida qué es lo que te saca de la cama por la mañana, qué haces con tus atardeceres, en qué empleas tus fines de semana, lo que lees, lo que conoces, lo que rompe tu corazón y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud.

¡Enamórate! ¡Permanece enamorado! Todo será de otra manera” (p. 11).

Este nuevo estilo de vida está caracterizado por una búsqueda apasionada de Dios por medio de la oración en común y otras formas. Me ha llamado la atención lo que dice sobre una vida alternativa y especialmente cuando desciende al silencio, al ayuno y la austeridad. Propone lo siguiente: “un día a la semana para hacer silencio, ayuno y oración. Seguramente nuestras actividades y responsabilidades no nos dejarán estar todo el día en silencio, pero hay otras cosas que sí podríamos hacer en nuestro ámbito personal (no laboral): un día a la semana sin música ni radio, sin televisión, sin Internet, evitando hacer llamadas de teléfono” (p. 38).

Hay otros aspectos interesantes para una vida comunitaria que no podemos comentar. El autor, José Eizaguirre es un religioso marianista, autor de diversos artículos relacionados con la ecología, el consumo y la vida consagrada. Gracias por la experiencia que nos ofrece en el momento actual que se están buscando nuevos horizontes.

– Lucio del Burgo.

El libro del discípulo

El libro del discípulo
El acompañamiento espiritual
GARCÍA DOMÍNGUEZ, L. Mª.,

Santander, Sal Terrae, 2011 pp., 204

Luis Mª García Domínguez, jesuita, con formación en Filosofía y Letras, Teología y Psicología. Ha trabajado como pastoralista juvenil, formador de jesuitas y profesor de teología espiritual. Ha dedicado mucho tiempo a acompañar espiritualmente a muchas personas. El libro consta de una Presentación, cinco capítulos y un Epílogo. En esta obra habla de lo que es el acompañamiento espiritual, de la entrevista y de discernir la vocación. Desde los tiempos antiguos se viene practicando el acompañamiento espiritual. En unas épocas más que en otras, se ha visto la necesidad de tener maestros espirituales La labor de un gran maestro facilita enormemente cualquier aprendizaje. El tema del acompañamiento despierta gran interés en las personas comprometidas seriamente, especialmente en algunos ambientes. Todos aquellos que se dedican al acompañamiento necesitan prepararse mejor, para no dejar lugar a la improvisación. Tres palabras, creo yo, nos pueden dar el perfil del acompañante: persona bien preparada, con experiencia de Dios y con gran sentido común. Quien acompaña no debe olvidar que en este proceso hay tres personas: Dios, el acompañado y el acompañante. No se puede hablar de un crecimiento cristiano sin tener en cuenta a Dios, quien es el principal agente.

El acompañamiento es una escuela de aprendizaje, tanto para quien acompaña, como para el acompañado. En estos encuentros, ambos, experimentan la obra de Dios, lo que él realiza, las etapas por las que pasa el acompañado hasta llegar a ser cada vez más la imagen de Dios. “En el acompañamiento espiritual, nos dice el autor, la persona acompañada (el discípulo) es la principal responsable de su propio proceso, tanto para iniciar su propio camino espiritual como para relacionarse con Dios y comprometerse con los demás; lo cual incluye discernir y decidir cada día sobre muchas opciones vitales, grandes y pequeñas, incluida su vocación cristiana particular. El acompañante, por su parte, trata de ayudar en ese generoso esfuerzo”. El Epílogo se titula: “Dios nos acompaña en nuestra vida espiritual”. Dios acompaña a su pueblo en su camino. Jesús también acompaña a los discípulos, a la gente cansada, a los pecadores, enfermos… Dios también nos acompaña a nosotros en nuestro y lo hace en nuestras perplejidades y desconciertos, en nuestras decisiones y proyectos, en los aciertos y desconciertos… A todos quiere salvar. Por diversos motivos, la lectura de este libro puede interesar a todos aquellos que tratan de acompañar a distintas personas y a los mismos acompañados.

– Eusebio Gómez Navarro.

La sencilla verdad de Edith Stein. Vivir en las manos del Señor

GARCÍA ROJO, E.,

La sencilla verdad de Edith Stein. Vivir en las manos del Señor

Madrid, EDE, 2011, 194 pp.

Son muchas los temas y cuestiones que nos oferta esta interesante mujer del siglo XX. Su inteligencia despierta, su interés por la historia, su afición por lo humano, el descubrimiento del mundo divino, son todas facetas que se hacen presentes de manera vigorosa en Edith Stein. El libro que presentamos se centra en un aspecto de su vida y de su legado, lo que podría calificarse de enseñanza espiritual, en el sentido fuerte del adjetivo ‘espiritual’: estamos ante el resultado de lo que el espíritu humano y divino son capaces de alcanzar, cuando se alcanza la armonía de ambos.

En el texto pueden distinguirse dos partes. En la primera, que se corresponde con los dos capítulos primeros, se ofrece la experiencia de fe de la autora; se desatacan los momentos en los que su vida es un fiel reflejo de la verdad en la que cree y enseña: saberse en las manos del Señor, no obstante las pruebas y obstáculos que irán aflorando por el camino. Se reseñan las vivencias cristianas tras la conversión, y la etapa de carmelita descalza, que culminarán en el martirio. La parte segunda recoge aquellos temas espirituales con los que se identifica Edith Stein, y que ha dejado a nuestra disposición y provecho. Ahí está el capítulo dedicado a cómo avanzar por este mundo confiando en el Dios que nos ama entrañablemente; o el otro, donde defiende el poder apostólico de la oración silenciosa. Interesante son las páginas en que la carmelita alemana apuesta por la preferencia divina hacia la mujer, al igual que el interés en proponer que en principio toda persona está llamada a la experiencia mística. Cierra el libro un capítulo ineludible para quien conozca a la autora: cruz y noche constituyen referentes obligados del legado steiniano, pero lo fueron igualmente de su existencia. Se trata de una obra ágil, oportuna, y muy apropiada para conocer la riqueza que Teresa Benedicta de la Cruz experimentó y dejó a nuestra consideración.- Eusebio Gómez Navarro.

El Padrenuestro. Una ayuda para vivir de verdad.

GRÜN, A.

El Padrenuestro. Una ayuda para vivir de verdad

Santander, Sal Terrae, 2010, 142 pp.

Difícilmente podría entenderse el cristianismo sin la oración que Jesús mismo nos enseñó, el Padrenuestro. La Didajé recomendaba a los primeros cristianos rezarla tres veces al día y Tertuliano la define como un verdadero “compendio de todo el Evangelio”, pero, ¿cuánto tiempo hace -si es que aún no lo hemos hecho- que no nos paramos a meditar en la radicalidad que supone cada una de las partes que constituye la oración por antonomasia de los cristianos? Puede que nos hayamos podido acostumbrar a recitarla, pero si procuramos atender de un modo más reflexivo a la riqueza del significado de sus palabras, podemos descubrir en ellas, una ayuda para saber vivir y una guía para recorrer el camino de la fe. Anselm Grün nos recuerda que existen dos versiones del Padrenuestro, la del evangelio de Mateo que es la que hemos conservado más específicamente para rezar litúrgicamente, y la de Lucas, de quién se dice que fue el evangelista que mejor conservó prístinamente las palabras de Jesús. “En Mateo se trata de qué debemos de orar; en Lucas se trata sobre todo de cómo debemos de orar y qué actitud interior debemos adoptar para ello”.

El monje benedictino analiza el Padrenuestro en la primera parte del libro siguiendo a Mateo y encuentra en él tres significados importantes. El primero de ellos nos lleva directamente a la mentalidad de Jesús, es decir, rezar el Padrenuestro consiste en participar en su propia experiencia, en acercarnos a Dios Padre. La segunda dimensión hermenéutica nos introduce en el contenido esencial del Evangelio, en efecto, recitar esta oración nos mueve hacia Dios por medio del Espíritu Santo y nos transfigura en el modo de convertirnos en buenos cristianos. Por último, Grün reconoce la unidad intrínseca que existe entre la oración y la acción que se hacen visibles en el Padrenuestro. El sermón de la montaña no se encuentra en torno a esta oración por accidente. Las ocho bienaventuranzas constituyen en realidad toda una declaración de intenciones sobre las exigencias y las responsabilidades que adopta todo cristiano cuando reza el Padrenuestro.

La última parte del libro se completa con una serie de reflexiones sobre la oración en el evangelio de Lucas y que pueden resultar muy útiles para conseguir, Dios lo quiera, que el Padrenuestro nos configure plenamente como cristianos.

– Pedro José Grande Sánchez.

La azucena de Vic Beata María del Patrocinio

LÓPEZ MELÚS, R.-M.,

La azucena de Vic Beata María del Patrocinio, Carmelita mártir de la pureza

Onda (Castellón), AMACAR, 2007, 230 pp.

AMACAR (Apostolado Mariano-Carmelita) y el entusiasta P. Rafael María López Melús son una fuente para conocer la Espiritualidad del Carmelo. En este contexto se enmarca el libro que comentamos a nuestros lectores.

En las primeras páginas aparece una presentación bella y significativa de Fernando Millán Romeral O.Carm, Prior General. Es una introducción a la vida y espiritualidad de la Beata María del Patrocinio. Termina con estas palabras: “Que la azucena de Vic, interceda por nosotros para que, como carmelitas, sepamos mirar al futuro con valentía y con total confianza en Dios y, como ella, exclamemos siempre: “No hay que tener miedo. Pasará lo que el Señor quiera. Estamos en sus manos…” (p. 17).

López Menús nos ofrece algunos datos de la persecución religiosa en España, en Cataluña y más en concreto en Vic. A continuación describe la comunidad carmelitana de esta ciudad. El testimonio evangélico de la Beata María del Patrocinio y sus virtudes específicas en la vida del Carmelo. Termina con la crónica del martirio de esta carmelita. Hay varias cosas que quiero resaltar. Enriquece la biografía las citas de los documentos que ha empleado. Me han llamado la atención algunas cartas. De esta forma podemos entender con más profundidad el espíritu de la Beata. Las fotografías nos acercan a esta carmelita y la impresión del libro nos hace atractiva esta figura del Carmelo.

Hoy que la Iglesia está embarcada en una Nueva Evangelización, necesitamos testigos vivos del Evangelio, hombres y mujeres que nos hablen de Dios y de su misterio desde lo cotidiano de la vida. En este sentido la Beata Carmelita María del Patrocinio es portadora de una gran actualidad.

– Lucio del Burgo.

Beata María Teresa Scrilli

LÓPEZ MELÚS, R.-M.,

Beata María Teresa Scrilli, Carmelita

Onda (Castellón), AMACAR, 2007, 90 pp.

En 1825 vino a este mundo en un pueblo de la Toscana italiana la beata carmelita María Teresa Scrilli. En 1854 fundó en Florencia “el Instituto de Nuestra Señora del Carmelo”, cuyo carisma era la educación

cristiana de la juventud. En 2006 era beatificada. La aventura de su vida sencilla estaba marcada por esta frase del evangelio: ”Si el grano de trigo muere, llevará mucho fruto” (Jn 12,24). Este libro de carácter popular trata de ofrecer a los lectores la sencillez de una mujer del siglo XIX y su camino espiritual.

El autor, reconocido escritor carmelita, pretende en esta breve biografía, dar a conocer la santidad que ha florecido en el Carmelo y la propone a los hombres y mujeres de nuestro tiempo como modelo en el seguimiento de Jesús: “Hemos intentado hacer pasar ante nuestra mente, y ojalá también haya sido ante nuestro corazón y vida, esta sencilla biografía de una religiosa carmelita italiana del siglo XIX, que, al nacer, no fue recibida con el cariño debido por su madre, pero que cuando llegó al uso de razón, supo abrazarse al amor del Padre y de la Madre del cielo, que suplieron con creces las deficiencias del amor materno terreno” (p. 83).

– Lucio del Burgo.

La violeta de Venezuela, Beata madre Candelaria

LÓPEZ MELÚS, R.-M.,

La violeta de Venezuela, Beata madre Candelaria, Carmelita,

AMACAR, Onda (Castellón), 2008, 232 pp.

El autor presenta la vida y doctrina de la Beata Candelaria de San José. Nacida en Altagracia de Orituco (Venezuela). Es fundadora de las “Hermanitas de los Pobres de Altagracia de Orituco”. Beatificada por Benedicto XVI en 2008.

El autor ha tenido muy en cuenta los testimonios que se han elaborado para su beatificación y otros documentos. Además los lectores pueden ver distintas fotografías que se exponen a través de estas páginas.

El Episcopado venezolano, cuando anunció a toda la Iglesia el acontecimiento de la beatificación resumió admirablemente la figura y la obra de Madre Candelaria de San José, Carmelita y Fundadora: “por su ardiente amor a Dios y por su entrega generosa y abnegada a los pobres, bajo la dirección de los Obispos y en compañía de las religiosas de su Congregación, esta nueva Beata venezolana es hoy ejemplo de virtudes, entre las cuales se destaca su fe viva e intensa en Jesucristo… y la más viva caridad para con los más pobres”.

– Lucio del Burgo.

«El Padre de los pobres», Beato Ángel Paoli

LÓPEZ MELÚS, R.-M.

El Padre de los pobres”, Beato Ángel Paoli, Carmelita,

Onda (Castellón), AMACAR, 2010, 188 pp.

En las primeras páginas aparece un cuadro del Beato Ángel Paoli que es muy elocuente y sintetiza la experiencia religiosa de este Carmelita. En la mano izquierda se muestra el crucifijo y la mano derecha abierta indicando algo que fue el lema de su vida: “Cuando hay confianza en Dios la Providencia no falta nunca”. Los que conocieron a este Carmelita italiano recuerdan algo que era muy frecuente en sus labios: “Quien busca a Dios vaya a encontrarlo entre los pobres”.

Nace en Argigliano (Italia) el 1642. A los 18 años toma el hábito carmelitano. Se ordena sacerdote en 1667. Desde muy pequeño siente una especial inclinación a los pobres. Es conventual de muchos monasterios de su provincia y en todos destaca su cariño y ternura con los desheredados de este mundo. Su residencia en Roma durante 33 años, hasta su muerte, destaca por su labor social con los más marginados de la sociedad: los pobres y los enfermos. Sus coetáneos cuentan muchos prodigios a favor de los últimos, especialmente narran cómo los alimentos se multiplican para que su labor de caridad tenga un radio de acción mayor. Cuando muere el Papa Clemente XI lamenta el acontecimiento y manda que en su tumba aparezcan estas palabras: “Padre de los pobres”.

Una cosa quiero destacar, la cantidad de cuadros y fotografías que ayudan a comprender mejor al Beato y lo hacen más cercano a nosotros.

– Lucio del Burgo.

Bien y mal

«Vio Dios cuanto había hecho, y era muy bueno» (Gén 1,31). Sin embargo, para acelerar la venida del reino escatológico nos invita Cristo a pedir en el padrenuestro: «Líbranos del mal» (Mt 6,13). La oposición de estas dos fórmulas plantea al creyente de nuestros días, para el que la Biblia misma ofrece elementos de solución: ¿de dónde viene el mal en este mundo creado bueno?, ¿cuándo y cómo se le vencerá?

I. EL BIEN Y EL MAL EN EL MUNDO.

1. Para el que las ve o las experimenta, ciertas cosas son subjetivamente buenas o malas. La palabra hebrea tób (traducida indistintamente por las palabras griegas kalos y agathos, bello y bueno [cf. Lc 6, 27-35]) designa primitivamente a las personas o a los objetos que provocan sensaciones agradables o la euforia de todo el ser: una buena comida (Jue 19,6-9; 1Re 21,7; Rut 3,7), una muchacha hermosa (Est 1,11), personas benéficas (Gén 40,14), en una palabra, todo lo que procura la felicidad o facilita la vida en el orden físico o psicológico (cf. Dt 30,15); por el contrario, todo lo que conduce a la enfermedad, al sufrimiento en todas sus formas y sobre todo a la muerte, es malo (hebr. ra; gr. poneros y kakos).

2. ¿Se puede también hablar de una bondad objetiva de las criaturas en el sentido en que la entendían los griegos? Éstos imaginaban para cada cosa un arquetipo a imitar o a realizar; proponían al hombre un ideal, el kalos kagathos que, poseyendo en sí mismo todas las cualidades morales, estéticas y sociales, ha llegado a su pleno desarrollo, es agradable y útil a la república. En esta óptica particular, ¿cómo concebir el mal? ¿Cómo imperfección, pura negatividad, ausencia de bien, o, por el contrario, como una realidad que tiene su existencia propia y deriva del principio malo que desempeñaba tan gran papel en el pensamiento iranio? Cuando la Biblia atribuye bondad real a las cosas, no lo entiende así. Diciendo: «Vio Dios que era bueno» (Gén 1,4…) muestra que esta bondad no se mide en función de un bien abstracto, sino en relación con el Dios creador, único que da a las cosas su bondad.

3. La bondad del hombre constituye un caso particular. En efecto, depende en parte de él mismo. Ya en la creación, le situó Dios ante «el árbol del conocimiento del bien y del mal», dejándole la posibilidad de obedecer y de gozar del árbol de la vida, o de desobedecer y de ser arrastrado a la muerte (Gén 2,9.17), prueba decisiva de la libertad, que se repite para cada hombre. Si rechaza el mal y hace el bien (Is 7,15; Am 5,14; cf. Is 1,16s), observando la ley de Dios y conformándose con su voluntad (cf. Dt 6,18; 12,28; Miq 6,8), será bueno y le agradará (Gén 6,8); si no, será malo y le desagradará (Gén 38,7). Su elección determinará su calificación moral y, consiguientemente, su destino.

4. Ahora bien, desde los orígenes, el hombre, seducido por el maligno (cf. Satán), escogió el mal. Buscó su bien en las criaturas «buenas para comer y seductoras a la vista» (Gén 3,6), pero fuera de la voluntad de Dios, lo cual es la esencia misma del pecado. En ello no halló sino los frutos amargos del sufrimiento y de la muerte {Gén 3,16-19). A consecuencia de su pecado se introdujo; pues, el mal en el mundo y luego proliferó. Cuando Dios mira a los hijos de Adán los halla tan malos que se arrepiente de haberlos hecho (Gén 6,Sss): no hay ni uno que haga el bien aquí en la tierra (Sal 14,1ss; Rom 3,10ss). Y el hombre hace la misma experiencia: se siente frustrado en sus deseos insaciables (Ecl 5,9ss; 6,7), impedido de gozar plenamente de los bienes de la tierra (Ecl 5,14; 11,2-6), incapaz hasta de «hacer el bien sin jamás pecar» (Ecl 7,20), pues el mal sale de su propio corazón (Gén 6,5; Sal 28,3; Jer 7, 24; Mt 15,19s).

Viciando el orden de las cosas, llama al bien mal y al mal bien (Is 5,20; Rom 1,28.32). Finalmente, hastiado y decepcionado, se hace cargo de que «todo es vanidad» (Ecl 1,2); experimenta duramente que «el mundo entero está en poder del maligno» (1Jn 5,19; cf. In 7,7). El mal, en efecto, no es una mera ausencia de bien, sino una fuerza positiva que esclaviza al hombre y corrompe el universo (Gén 3,17s). Dios no lo creó, pero ahora que ha aparecido, se opone a él. Comienza una guerra incesante, que durará tanto tiempo como la historia: para salvar al hombre, Dios todopoderoso deberá triunfar del mal y del maligno (Ez 38-39; Ap 12,7-17).

II. SÓLO Dios ES BUENO. La bondad de Dios es una revelación capital del AT. Habiendo conocido el mal en su paroxismo durante la servidumbre de Egipto, Israel descubre el bien en Yahveh su libertador. Dios lo arranca a la muerte (Éx 3, 7s; 18,9), luego lo conduce a la tierra prometida, aquel «buen país» (Dt 8,7-10), «en el que fluyen leche y miel» y «en el que Yahveh tiene constantemente los ojos», y donde Israel hallará la felicidad (cf. Dt 4,40) si se mantiene fiel a la alianza (Dt 8,11-19; 11,8-12.18-28).

2. Dios pone una condición a sus dones. Israel, como Adán en el paraíso, se ve situado frente a una elección que determinará su destino. Dios pone ante él la bendición y la maldición (Dt 11,26ss), puesto que el bien físico y el bien moral están igualmente ligados con Dios: si Israel «olvidara a Yahveh», cesara de amarle, no observara ya sus mandamientos y rompiera la alianza, sería inmediatamente privado de estos bienes terrenales (Dt 11,17) y enviado en servidumbre, mientras que su tierra se convertiría en un desierto (Dt 30,15-20; 2Re 17,7-23; Os 2,4-14). A lo largo de su historia experimenta Israel la verdad de esta doctrina fundamental de la alianza: como en el drama del paraíso, la experiencia de la desgracia sigue a la del pecado.

3. La felicidad de los impíos y la desgracia de los justos. Pero en este punto capital parece fallar la doctrina: ¿no parece Dios favorecer a los impíos y dejar a los buenos en la desgracia? Los justos sufren, el servidor de Yahveh. Es perseguido, los profetas son entregados a muerte (cf. Jer 12,1s; 15,15-18; Is 53; Sal 22; Job 23-24). Dolorosa y misteriosa experiencia del sufrimiento cuyo sentido no aparece inmediatamente. Sin embargo, por ella aprenden poco a poco los pobres de Yahveh a despegarse de los «bienes de este mundo», efímeros e inestables (Sof 3,11ss; cf. Mt 6,19ss; Lc 12, 33s), para hallar su fuerza, su vida y su bien en Dios, único que les queda cuando todo se ha perdido, y al que se adhieren con una fe y una esperanza heroicas (Sal 22,20; 42,6; 73,25; Jer 20,11). Ciertamente están todavía sometidos al mal, pero tienen consigo a su salvador, que triunfará en el día de la salvación; entonces recibirán esos bienes que ha prometido Dios a sus fieles (Sal 22,27; Jer 31,10-14). En toda verdad, Dios «solo es bueno» (Mc 10, 18 p).

III.Dios TRIUNFA DEL MAL. 1. De la ley al llamamiento de la gracia. Al revelarse como salvador anunciaba Dios ya su futura victoria sobre el mal. Pero todavía debía afirmarse ésta en forma definitiva, haciendo al hombre bueno y sustrayéndolo al poder del maligno (1Jn 5,18s), «príncipe de este mundo» (Lc 4,6; Jn 12,31; 14,30). Es cierto que Dios había dado ya la ley, que era buena y estaba destinada a la vida (Rom 7,12ss); si practicaba el hombre los mandamientos, haría el bien y obtendría la vida eterna (Mt 19,16s). Pero esta ley era por sí misma ineficaz, en tanto no cambiara el corazón del hombre, prisionero del pecado. Querer el bien está al alcance del hombre, pero no realizarlo: no hace el bien que quiere, sino el mal que no quiere (Rom 7,18ss). La concupiscencia le arrastra como contra su voluntad, y la ley, hecha para su bien, redunda finalmente en su mal (Rom 7,7.12s; Gál 3,19). Esta lucha interior lo hace infinitamente desgraciado; ¿quién, pues, lo libertará? (Rom 7,14-24).

2. Sólo «Jesucristo Nuestro Señor» (Rom 7,25) puede atacar al mal en la raíz, triunfando de él en el corazón mismo del hombre (cf. Ez 36,26s). Es el nuevo Adán (Rom 5,12-21), sin pecado (Jn 8,46), sobre el que Satán no tiene ningún poder. Se hizo obediente hasta la muerte de cruz (,Flp 2,8), dio su vida a fin de que sus ovejas hallen pasto (Jn 10,9-18). Se hizo «maldición por nosotros a fin de que por la fe recibiéramos el Espíritu prometido» (Gál 3,13s).

3. Los bienes otorgados. Así, renunciando Cristo a la vida y a los bienes terrenales (Heb 12,2) y enviándonos el Espíritu Santo, nos procuró las «buenas cosas» que debemos pedir al Padre (Mt 7,11; cf. Lc 11,13). No se trata ya de los bienes materiales, como los que estaban prometidos en otro tiempo a los hebreos; son los «frutos del Espíritu» en nosotros (Gál 5,22-25). Ahora ya el hombre, transformado por la gracia, puede «hacer el bien» (Gál 6,9s); «hacer buenas obras» (Mt 5,16; 1Tim 6,18s; Tit 3,8.14), «vencer el mal por el bien» (Rom 12,21). Para hacerse capaz de estos nuevos bienes, debe pasar por el desasimiento, «vender sus bienes» y seguir a Cristo {Mt 19,21), «negarse a sí mismo y llevar su cruz con él» (Mt 10,38s; 16,24ss).

4.La victoria del bien sobre el mal. Escogiendo el cristiano vivir así con Cristo para obedecer a los impulsos del Espíritu Santo, se desolidariza de la opción de Adán. Así el mal moral queda verdaderamente vencido en él. Desde luego, sus consecuencias físicas y psicológicas permanecen mientras dura el mundo presente, pero el cristiano se gloría en sus tribulaciones, adquiriendo con ellas la paciencia (Rom 5,4), estimando que «los sufrimientos del tiempo presente no se pueden comparar con la gloria futura que se ha de revelar» (8,18-25). Así desde ahora está por la fe y la esperanza en posesión de las riquezas incorruptibles (Lc 12, 33s) que se otorgan por mediación de Cristo «sumo sacerdote de los bienes venideros» (Heb 9,11; 10,1). Es sólo un comienzo, pues creer no es ver; pero la fe garantiza los bienes esperados (Heb 11,1), los de la patria mejor (Heb 11,16), los del mundo nuevo que Dios creará para sus elegidos (Ap 21,1ss).

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