La Vida de Cristo

LUDOLFO DE SAJONIA

La Vida de Cristo

Madrid, Universidad de Comillas, 2010, 2 vols., IXXVIII + 766 y 895 p.

Introducción, traducción y notas de EMILIO DE RÍO, SJ

Los amantes de la espiritualidad del siglo XIV están de enhorabuena al saber que se ha hecho una nueva edición de la Vita Christi del “Cartujano”, una de las obras más clásicas de toda la historia de la espiritualidad de la edad media, leída y aprovechada por todos los grandes espirituales del siglo XVI y también leída en los hogares cristianos. La transmisión textual se hizo primero en copias manuscritas y después difundida por la imprenta en muchas ediciones en la lengua latina original y en traducciones a las lenguas nacionales que no puedo especificar en esta breve recensión.

El autor es alemán, nacido hacia 1295-1300. Fue primero dominico y después cartujo en la Cartuja de Coblenza y de Estrasburgo, donde murió, probablemente, en 1378, con fama de santidad. Su producción literaria es amplia, pero adquirió fama, sobre todo, por esta obra que presentamos. En castellano existe una edición de principios del siglo XVI, realizada por un clásico de la lengua, el franciscano Ambrosio de Montesino, una verdadera joya de la literatura ascético-mística que se estrenaba entonces para exponer los caminos de la espiritualidad y la mística para acercarla al pueblo.

¿De qué trata esta obra y cuáles son las condiciones y novedades de esta edición? Basta una somera presentación para que el lector se haga una idea de ella y se aproveche de su contenido.

El trabajo del editor de esta obra ha sido inmenso. En primer lugar, ha acometido la empresa de traducir de nuevo el texto latino original al castellano actual. El lector, sobre todo conocedor de la clásica traducción del franciscano Ambrosio de Montesino, se preguntará por qué el editor no ha reproducido esa traducción ya clásica, sobre todo porque fue leída y utilizada por los autores espirituales del siglo XVI, entre otros por san Ignacio de Loyola y santa Teresa de Jesús. En su favor tenía el hecho de que en esta edición tiene en cuenta la referencia constante al autor de los Ejercicios Espirituales.

Personalmente, y en principio, fui favorable a la opinión de que debería haber reproducido aquella edición del siglo XVI por la razón obvia de que era un clásico de espiritualidad y un monumento de la lengua castellana, y, sobre todo, porque es la que leyeron y citaron nuestros autores; pero, en un segundo momento y pensándolo más en profundidad, he llegado a la conclusión de que también hay razones, y ahora pienso que más valiosas, para hacer lo que ha hecho el traductor.

La primera es que la traducción de Montesino constaba de cuatro gruesos volúmenes en folio. Y segunda, que no es una traducción literal del latín sobrio del original, sino libre, y más bien termina siendo una paráfrasis al texto latino, una redundancia verbal propia de un poeta y embellecedor de la lengua. La traducción de Emilio del Río se atiene con rigor al texto latino del autor. Si queremos comprobar los textos mismos citados por nuestros clásicos del siglo XVI, habrá que acudir a la floreada prosa del franciscano. Así que el lector de hoy pierde algo, pero también gana. Desde entonces no había tenido la suerte de una edición completa.

La presente traducción se hace desde la edición latina del siglo XIX, de. L. M. Rigollot, París, 1878. El traductor divide en dos partes la obra original, el volumen primero con 92 capítulos (desde la generación eterna del Verbo hasta la curación del ciego de Betsaida) y el segundo, de 89 (desde la confesión de fe de Pedro en Cesarea de Filipo hasta el infierno y la gloria).

La obra de Ludulfo es de valor inmenso; lo fue en el siglo XVI, cuando el laico no podía leer las Escrituras en la lengua vulgar, sobre todo a partir del Índice de Valdés, de 1559. Y en esta obra, el privilegiado que sabía leer y poseía medios económicos suficientes, tenía aquí no sólo la traducción de los textos de los cuatro Evangelios y otros textos del N. y del A. Testamento, sino un amplísimo y riquísimo comentario de este sabio dominico-cartujo, enriquecido, además, con comentarios de los santos Padres y escritores medievales. Y presentaba al lector culto, o lectores sencillos, un comentario exegético de propia cosecha, con mucho ingenio y sentido pastoral, según las normas de los cuatro sentidos, tradicionales desde los SS. Padres: literal-histórico, alegórico-teológico, antropológico-moral, anagógico-místico. De este modo el lector, tenía ante sí una verdadera enciclopedia del saber bíblico, de exégesis culta para aquel momento, un encuentro con los Padres de la Iglesia y escritores posteriores y un verdadero manual de vida espiritual.

Quiero insistir también en la idea de que la Vita Christi es, además de todo lo que vengo diciendo, un manual para hacer oración y meditación, ya que sigue el triple estadio clásico de la Lectio, Meditatio, Oratio, que concluye en la Contemplatio. Y, a partir del capítulo 59 de la parte II, casi todo el relato de la pasión, añade la conformatio, me parece que es una novedad en el método oración, y que sitúa al orante ante Cristo paciente para sacar conclusiones prácticas.

Me parece que se trata de una obra gigantesca que renace ahora de las cenizas y será útil no sólo para los especialistas en la historia de la espiritualidad y de la exégesis, sino para un cristiano que quiera estar bien informado de un patrimonio cultural de la Iglesia.

Los trabajos del editor, además de la paciencia y los años de trabajo empleados en la traducción, han sido varios. En primer lugar, una jugosa y suficiente “introducción” (pp. VIIXXVIII), útil para cualquier lector, también para los especialistas, que podrán seguir leyendo las citas bibliográficas utilizadas si lo desean. Y, al final del segundo volumen, unos “Índices” muy útiles. I Los textos de los Evangelios y algunos otros libros del N. T. que comenta Ludulfo, con las referencias a la parte y capítulos de la obra (pp. 783789). II Citas del A. y del N. Testamento (pp. 791-827), con las mismas referencias. III “Índice de materias”, abundantísimo (pp. 829863). IV “Índice general de la vida de Cristo” (pp. 865-894).

Quisiera resaltar también la confrontación que el editor hace del texto con el uso que de él hicieron algunos autores del siglo XVI, especialmente la confrontación constante con san Ignacio y sus Ejercicios Espirituales.

Por todo ello, me parece que esta obra puede hacer historia en la actual publicística, tan necesitada de obras antiguas o modernas que de verdad hagan ciencia, ayuden al conocimiento de la historia y también a la reflexión y a la oración meditada. Gracias al editor que ha puesto tanto esfuerzo e ilusión en este trabajo y le deseo que tenga mucha difusión. Que, al menos, no falte en las grandes librerías y bibliotecas.-

Daniel de Pablo Maroto.

ENEMIGO

I. EL HECHO DE LA ENEMISTAD

1. Constancia y límites.

El hombre bíblico está siempre frente a su enemigo: es un hecho sobre el que ni siquiera se plantea cuestiones. Ya en el círculo familiar una enemistad operante opone a Caín y Abel Gen 4,1-16, a Sara y Agar Gen 16,1-7, a Jacob y a Esaú Gen 27-29, a José y a sus hermanos Gen 37,4, a Ana y Penina 1Sa 1,6s. En la ciudad, los profetas y los salmistas se quejan de sus enemigos Sal 31 35 42,10 Jer 18,18-23. Éstos pueden ser deudos Miq 7,6 Jer 12,6 o antiguos amigos Sal 55,13ss. Ha venido a ser como un esquema de pensamiento: tras toda adversidad se descubre un adversario, y el enfermo de los Salmos es casi siempre un perseguido Sal 13 38,1-16. Sin embargo, si el enemigo pertenece a la comunidad de Israel, la ley ve en él un sujeto de derechos Ex 23,4 Num 35,15. La nación misma se construye en este mundo de la Pero la hostilidad conoce matices: sin piedad en el caso de los cananeos o de los amalecitas Ex 17,16 1Sa 15, acaba por no ser más que una guerra fría para con Moab y Amón Dt 23,4-7, y el Deuteronomio deja entender a propósito de Edom y de Egipto Dt 23,8 que extranjero no significa necesariamente enemigo.

2. Origen.

¿Cómo explicarse en la historia sagrada la permanencia de este fenómeno? En realidad, es sencillamente un fenómeno o dato de la historia desde el día en que el pecado introdujo el odio. Israel adquiere conciencia de sí mismo en un mundo sin piedad. Querer verlo inmune en este aspecto sería querer que fuera de otra esencia que la humanidad de su tiempo. Dios toma al hombre al nivel en que lo halla. Los cananeos son atacados porque son idólatras Gen 15,16 Dt 20,16ss, pero también porque ocupan el territorio, la tierra prometida Dt 2,12. En este estadio se comprueba cierta identificación entre enemigos de Dios y enemigos de la nación: «Yo seré enemigo de tus enemigos» Ex 23,22.

II. LUCES SOBRE EL MUNDO DE LA ENEMISTAD

1. Un caso típico.

La lucha de Saúl contra David es el relato más detallado que nos queda de una enemistad personal. Sólo Saúl es aquí el enemigo. Se la ha tomado con la vida de David 1Sa 18,10s 19,9- 17 y se opone a un designio a la vez divino y terreno: la realeza de su rival. El móvil profundo de su odio es el que presenta la Biblia más frecuentemente: la envidia. En cuanto a David, evita dejarse contaminar por el odio de Saúl, y su actitud es tal que un cristiano, que debería superarla, tiene todavía mucho que hacer para igualarla. No pocos amigos de Dios debieron vivir, a su nivel, un drama semejante al de David, en el que abundan los signos de cierto afinamiento moral. El llamamiento de Dios, insertándose plenamente en su deseo de vivir, los condujo a deshacerse de su egoísmo sin perder sus contactos con la existencia.

2. La experiencia de la derrota

Israel como nación pasó por una experiencia bastante parecida. Por una guerra infligida a los otros (como la de la conquista), ¡qué de guerras tuvieron que afrontar! Con el tiempo la imagen del enemigo se confundió progresivamente con la del opresor; en ello no hay nada con qué alimentar sueños de poder. Así aprendió Israel que Yahveh, lejos de hacer al justo más fuerte, prefiere liberarlo él mismo Ex 14,13s.30. El enemigo no es vencido por el justo al que oprimía; perece víctima de sí mismo Sal 7,13-17; Saúl, Amán… En tanto llega su derrota, no triunfa sin razón; castiga en nombre de Dios y sin quererlo, enseña. Su eliminación completa está ligada con la plenitud de la bendición Gen 22,17 49,8 Dt 28,7. Ahora bien, a través de la historia, Yahveh lo deja subsistir Jue 2,3 2,20-23 Dt 7,22. Esta persistencia señala dos cosas: el nivel de cumplimiento de la promesa y el de la fidelidad del pueblo. Por una parte y por otra no ha llegado todavía el tiempo de la plenitud.

3. La obra del tiempo

Los que repetían las maldiciones del salmista mucho tiempo después de él no podían hacerlo en nombre de los mismos intereses particulares ni respecto a las mismas personas: en ello hay ya cierta purificación. Cierto despego de esta índole se nota en el libro de la Sabiduría Sab 10-19, que en la historia ve más los conflictos ideológicos que los conflictos de intereses. Cuando los Macabeos, reanudando la tradición de la guerra santa, luchan «por su vida y por sus leyes» 1Mac 2,40 3,21, lo hacen con clara conciencia del doble fin que expresa esta fórmula, que une sin confundir. En una palabra, por una parte no se reniega nunca el principio jurídico del talión, que, por lo demás, ponía cierto freno a la venganza Gen 4,15.24, y se concibe la victoria de Israel como la destrucción de sus enemigos (Est); por otra parte, la experiencia y la luz divina orientan los corazones hacia el amor. En medio de los consejos de prudencia, Ben Sira pide que el hombre perdone para ser perdonado por Dios Eclo 28,1-7 Prov 24,29. Es la exigencia de Jesús mismo.

III. JESÚS TRIUNFA DE LA ENEMISTAD

1. El mandamiento y el ejemplo

«Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian» Mt 5,44 p. Este mandamiento destaca entre las exigencias más nuevas 5,43 de Jesús. Él mismo tuvo enemigos, que no «lo quisieron como rey», como dice una parábola Lc 19,27. Le dieron muerte, y él en la cruz los perdonó Lc 23,34. Así debe hacerlo el discípulo a imitación de su maestro 1Pe 2,23, a imitación del Padre que está en los cielos Mt 5,45ss, cuyo perdón podrá obtener así Mt 6,12. El cristiano que perdona no se hace ilusiones acerca del mundo en que vive, como tampoco Jesús se hacía ilusiones acerca de los fariseos y de Herodes. Pero practica a la letra el consejo de la Escritura: amontonar carbones ardientes sobre la cabeza del enemigo Rom 12,20=Prov 25,21s. Esto no es venganza; este fuego se cambiará en amor si el enemigo consiente en ello; el hombre que ama a su enemigo aspira a convertirlo en amigo y toma para ello los medios con prudencia. En estas atenciones Dios mismo le precedió: cuando éramos sus enemigos nos reconcilió consigo por la muerte de su Hijo Rom 5,10.

2. La victoria sobre la enemistad

Jesús no viene, pues, a negar la enemistad, sino a manifestarla en su dimensión completa al momento de vencerla. No es un hecho como los otros; es un misterio, signo del reinado de Satán, el enemigo por excelencia: desde el huerto del Edén una enemistad lo opone a los hijos de Eva Gen 3,15. Enemigo de los hombres y enemigo de Dios, siembra en la tierra la cizaña Mt 13,39; por eso estamos expuestos a sus ataques. Pero Jesús dio a los suyos poder sobre todo poder que venga del enemigo Lc 10,19. Les viene del combate en que Jesús triunfó por su misma derrota, habiéndose ofrecido a los golpes de Satán a través de los de sus enemigos y habiendo vencido a la muerte con la muerte. Así derribó el «muro de enemistad» que cruzaba por la humanidad Ef 2,14-16. En tanto llega el día en que Cristo, para poner «a todos sus enemigos a sus pies», destruye para siempre a la muerte, que es «el último enemigo» 1Cor 15,25s, el cristiano combate con Jesús contra el viejo enemigo del género humano Ef 6,11-17. En torno a él, algunos se conducen como enemigos de la cruz de Cristo Flp 3,18, pero él sabe que la cruz lo lleva al triunfo. Esta cruz es el lugar, fuera del cual no hay reconciliación con Dios ni entre los hombres.

Todos los derechos: Vocabulario de teología bíblica, X. Léon-Dufour

Los Carmelitas en Sevilla, 650 años de presencia

MARTÍNEZ CARRETERO, I.

Los Carmelitas en Sevilla, 650 años de presencia, (1358-2008)

Sevilla, Ediciones de la Provincia Bética, 2009, 810 pp.

El Autor, muy conocido en trabajos históricos sobre la Orden Carmelitana, y enamorado del Carmelo y de su historia, nos brinda una historia completa, detallada y fundada en una documentación abundante, la peripecia histórica del Carmelo sevillano, que arranca del año 1358, cuando aparecen, procedentes de Huelva, los primeros carmelitas en Sevilla. Y a partir de esa fecha nos va narrando detalladamente la historia real que ha vivido durante todo este tiempo la Orden del Carmen en Sevilla. La extensión tan abultada de esas 810 páginas bien impresas y con todas las garantías de su objetividad, como lo muestran las numerosas notas que adornan todas sus páginas nos hace asistir a la vida envuelta en luces y sombras, miserias y grandezas humanas, de pecado y de gracia como acontece en la historia de todo acontecimiento humano personal y colectivo. Y agradecemos al Autor que no esconda ninguno de esos elementos. Los analiza, y los juzga. No siempre podremos estar de acuerdo con su juicios, pero nunca podremos decir que no sean reales los hechos que el autor relata.

Después de una introducción sobre los orígenes de la Orden y los primeros siglos hasta el generalato de Nicolas Audet, el lector queda ya en condiciones de comprender y enmarcar el momento en el que nace el Carmelo sevillano en 1358. Es a partir de de ese momento cuando el P. Ismael Martínez estudia la historia que sufre y construye el Carmelo sevillano y también la Provincia Bética, que se desgaja de la Provincia de Castilla en 1498.

A través de sus páginas conocemos momentos turbulentos producidos por la reforma, primero, del General de la Orden, después la llevada a cabo por Trento y condicionada por la del Rey español Felipe II, las relaciones con la Reforma iniciada por Santa Teresa y San Juan de la Cruz, no siempre tranquilas y pacíficas, para seguir la historia del Carmen sevillano con las distintas exclaustraciones acaecidas en España, su experiencia de la Guerra civil, para terminar con la historia en los años de la posguerra civil hasta 2008 con el final de la historia estudiada por él.

Felicitamos al Autor por su trabajo serio, que nos ayuda a conocer mejor la historia del Carmelo español en general y del sevillano en particular, del que conocemos sus religiosos, sus riquezas culturales y artísticas y su servicio pastoral a la Iglesia y sociedad española.

– Segundo Fernández.

La cuestión del ser en Hans Urs von Baltasar, Nicolás de Cusa y Juan de la Cruz

MEIS, A, HUBERT A., PINILLA, J. F.

La cuestión del ser en Hans Urs von Baltasar, Nicolás de Cusa y Juan de la Cruz

Chile, Pontificia Universidad Católica de Chile, 2011, 279 pp.

Se trata de tres investigaciones en torno a la vieja cuestión metafísica del ser, tomando como referentes a un teólogo moderno, como Han Urs von Baltasar, y a otros dos autores medievales, pertenecientes a la esfera mística: Nicolás de Cusa y Juan de la Cruz. El planteamiento pone a confronto la noción de ser y no-ser en sus distintas expresiones; ser-nada, ser-negatividad. La tesis que preside los trabajos está formulada en los siguientes términos: ‘La negatividad del ser es positiva en la medida en que se constituye don en el Espíritu Santo’.

Para Urs von Baltasar el ser es una ‘plenitud atravesada por la nada’, y esta noción de ser halla su sentido a la luz del misterio de Dios. La nada pertenece al acontecer del hombre, en cuanto criatura que se mueve, que deviene, llegando a ser consciente de la distinción tomasiana de esencia y existencia. Dios al hacerse hombre asume este modo del ser. La experiencia de Cristo es a la vez revelación y ocultación de Dios, su anonadamiento y humillación constituyen a la vez su glorificación y plenitud.

Nicolás de Cusa, mediante un discurso metafísico trata de expresar su experiencia mística, fijada en su obra De Visione Dei; su lenguaje apela a una vida en Dios y desde Dios, forzando la lógica del razonamiento, hasta la coincidencia de los opuestos. A Dios que es infinito e incomprensible se asciende por la ignorancia y oscuridad de nuestro intelecto. Saber e ignorar se potencian cuando van unidos, con lo que la tiniebla es a la vez luz.

En el caso de Juan de la Cruz el binomio ser-nada, todo-nada abunda a la hora de describir el camino del alma a Dios. Las criaturas son más bien nada, comparadas con Dios, que es el ser en plenitud. Conceptos como nada, desnudez, vacío, negación, etc., se aplican a la condición humana. El autor se detiene en analizar la obra Llama de amor viva del místico carmelita, prefiriendo centrarse en el término ‘sustancia’: sustancia del alma y sustancia de Dios. Calificando la culminación de la experiencia mística de ‘toque de sustancias’, allí donde el ser de Dios es participado por el ser de las criaturas.

– Ezequiel García Rojo.

El poder de la religión en la esfera pública

MENDIETA, E., VANANTWERPEN, J., (eds.)

 El poder de la religión en la esfera pública

Madrid, Trotta, 2011, 145 pp.

El libro recoge las intervenciones de cuatro destacados pensadores de la filosofía y de la política, fruto de un coloquio cruzado entre ellos. Se trata de Jürgen Habermas, Charles Taylor, Judith Butler y Cornel West.

No siempre ha sido fácil deslindar el ámbito de competencias, la legitimidad y los influjos tanto de la religión hacia la política, como de la política hacia la religión. Se admite que la religión no ha de reducirse a la esfera privada y que el conocimiento que brinda no de rechazarse por irracional, en contraposición a la política, que habría de abarcar la escena pública y regirse por criterios de legalidad y por principios convincentes y pragmáticos. Los autores traídos son filósofos de escuelas y estilos diferentes. Habermas, defiende una sociedad postsecular, en la que los valores religiosos ya han sido asumidos por aquella, y que gracias a los mismos, es posible no sucumbir a la presión de ese monstruo contemporáneo que es el mercado, la fuerza económica que parece extender sus tentáculos por doquier. Charles Taylor aboga por una sociedad en la que prime un orden moral moderno, obligando a redefinir el ‘secularismo’ dominante, en beneficio de una sociedad plural, en la que el elemento religioso sea respetado. Según el estudio de Butler la multiplicidad de formas políticas obedece a diferentes tradiciones religiosas, lo que obliga a asumir la cohabitación como supuesto de vida pública. Por su parte Cornel West, crítico norteamericano de la religiosidad pero también de las formas políticas reinante en su país, apuesta por un humanismo existencialista, en el que el aporte religiosoprofético tiene mucho que decir. Un epílogo de Craig Calhoun examina el lugar que corresponde a la religión en la sociedad norteamericana, destacando el papel positivo de la misma en la organización de la vida pública de los EEUU. La idea principal que aúna los diversos artículos se concreta en el poder y el papel que la religión desempeña en la esfera pública.

– Ezequiel García Rojo.

Buenos días, esperanza

MERINO SANTOS, L.

Buenos días, esperanza

Guadarrama (Madrid), Edit. Agustiniana, 2009, 257 pp.

“Mientras respiro, espero”, decían los romanos. Y nosotros podemos afirmar que respiramos porque esperamos; si no esperáramos moriríamos. Igual que el que no ama no tiene vida, el que no espera, muere. La esperanza da fuerzas, rejuvenece, allana las dificultades. Un hombre sin esperanza es un hombre muerto. Mientras hay esperanza, hay vida. Y hay esperanza mientras seamos capaces de sufrir, comprometernos, orar y llorar. Y todos podemos esperar si es que creemos en el amor, y al esperar seremos capaces de hacer de las espadas arados, de las lanzas podaderas.

Quien cree, ama y espera, tiene vida y comunica vida. Por muy malos que corran los tiempos, no cabe el desaliento, la desesperación, para el que cree, ama y espera. El creer, el amar y el esperar los recibimos como don de Dios y es, al mismo tiempo, una tarea de cada momento. Cada día podemos renovar y avivar nuestra fe, esperanza y amor.

No se puede entender la esperanza cristiana sin la fe y el amor. La esperanza se realiza en la vida concreta de cada uno. “Somos pasajeros en ruta. Estamos en libertad. Cada día es un instante que nos regalan, una oportunidad para soñar, para jugar, para recordar y para compartir”. Son palabras tomadas de la contraportada.

Buenos días, esperanza, nació en momentos de agobio, turbulencia y soledad. Esta era la noche por la que pasaba Licesio cuando se encontró con una niña que se llamaba Esperanza. Y de este encuentro brotó la sonrisa y el deseo de saludar a cada mañana con una esperanza nueva y “mirar a la esperanza como una tabla de salvación que nos permita ser diferentes, sentir mejor, pensar mejor, trabajar mejor”.

Este libro se lee con gusto y es útil para nuestro caminar por la vida. 50 pequeños artículos invitan a sembrar vida, a luchar, a soñar, a levantarse y caminar, a valorarse, a perdonar, a la “operación esperanza”. A pesar de todos los problemas y crisis, no hay que dejarse amilanar por las noches, hay que vivir el presente con una esperanza viva y activa.-

Eusebio Gómez Navarro.

Una carta de consuelo

NOUWEN, H. J. M.,

Una carta de consuelo,

Santander, Sal Terrae, 2009, 101 pp.

Cualquier muerte provoca un dolor inenarrable. Henri Nouwen, uno de los mayores maestros y escritores de espiritualidad de nuestro tiempo, reflexiona sobre el significado de la muerte y de la vida en el horizonte de la fe en la resurrección.

Unos meses después de la muerte de su madre, Nouwen escribe una larga carta a su padre. Al meditar sobre las complejas cuestiones que surgen a raíz de esa muerte lleva a Henri de vuelta a la cruz, a la idea de que de alguna forma, en alguna parte, Dios está compartiendo la angustia de cada muerte. Sólo la promesa de la resurrección, la sólida garantía de que el amor es más fuerte que la muerte, puede hacer que la separación sea tolerable e incluso una fuente de gracia.

Pasaba el tiempo y Nouwen seguía ocupado en sus tareas diarias y trató de prestar la atención debida a su familia, pero se dio cuenta de que no había derramado una sola lágrima antes o después de la muerte de su madre. Le parecía como si las voces de quienes le rodeaban le estuvieran diciendo: “Tienes que seguir adelante, la vida continúa. Las personas mueren, pero tú tienes que seguir viviendo, trabajando, luchando. El pasado no se puede cambiar. Mira hacia delante”. El había obedecido.

Fue, precisamente, en un retiro que hizo donde empezó a derramar lágrimas y, en aquellos momentos, se dio cuenta que el duelo había comenzado. Al sentir el consuelo que recibía cuando leía las cartas de su padre, decidió compartir su dolor con el suyo. Decidió escribir para su padre, para él y, tal vez, para muchas personas que se hacían las mismas preguntas que ellos. Así nacieron las nueve cartas de este libro.

En las últimas palabras de este escrito confiesa: “No sé si he sido capaz de alcanzarte en tu soledad y en tu duelo. Tal vez mis palabras hayan sido más útiles para mí que para ti. Pero, aunque así fuera, espero de todas formas que el simple hecho de que estas palabras hayan sido escritas por tu hijo sobre la persona a la que tanto hemos amado ambos sea para ti fuente de consuelo”.

Como la muerte alcanza a todos, es bueno prepararse para la muerte, aunque no encontremos apoyo en nuestra cultura. Nouwen sabe que la mayoría de la gente aspira a vivir el mayor tiempo posible en nuestra tierra y, de alguna forma, no trata de pensar en la muerte, porque la considera como un trago amargo. Así afirma en otro de sus libros, Pan Para El Viaje. La Muerte: un nuevo nacimiento: “Sin embargo, morir, como dar a luz, es un camino hacia una nueva vida… Debemos prepararnos para nuestra muerte con el mismo cuidado y atención con que nuestros padres se prepararon para nuestro nacimiento».

– Eusebio Gómez Navarro

15 días con Ramón Llul

PONS, G.,

15 días con Ramón Llull

Madrid, Ciudad Nueva, 2005, 125 pp.

Dentro de la colección “15 días con” dirigida por el P. José-Damián Gaitán, OCD, el número 16 se encuentra dedicado a la figura del beato Ramón Llull (1232-1316), el filósofo, misionero, teólogo y místico medieval, conocido también como el Doctor iluminado, que es autor de obras tan fundamentales y diversas como Blanquerna, el Libro del gentil y los tres sabios, Horas de Nuestra Señora, Libro de la contemplación, el Libro de la Orden de Caballería, Félix o maravillas del mundo y Ars magna entre otras muchas, hasta un total de 243. Resultan innegables para la historia y la cultura universal su ingenio, su labor enciclopédica escrita en árabe y latín, y la creación del catalán literario.

Sin embargo, en esta colección de “15 días con”, el objetivo consiste en acercar al gran público, el tesoro de los grandes maestros de la vida espiritual a través de quince temas que han sido escogidos especialmente para poder acompañarnos en medio de nuestro caminar cotidiano. El lector irá descubriendo a lo largo de sus páginas la vida y obra de este laico mallorquín, casado y padre de familia. Lull a raíz de su conversión, que algunos han querido comparar con la de san Pablo, manifestó un deseo ardiente por salir de su isla para llevar la palabra de Dios a todos los pueblos y gentes, hasta el punto de anhelar el martirio como de hecho llegó a experimentar. Aunque, si bien es cierto, que no hay datos suficientes para conocer si su muerte tuvo lugar en las tierras del norte de África o mas bien de regreso a su patria, el martirio le llegó como consecuencia de haber sufrido persecución precisamente por su afán apostólico.

Ramón Llull fue un hombre de fe y muy devoto de la Virgen María, prueba de ello son sus numerosas peregrinaciones y viajes por los distintos santuarios de la cristiandad. Desde el amor que profesó por la Iglesia y por la unidad de los cristianos, hasta el ideario de caballero cristiano que elaboró, pasando por las descripciones de la vida eremítica y de las mirabilia Dei que podemos contemplar en la naturaleza. Todos ellos temas que desprenden el bonus odor Christi de quien ha decidido seguir verdaderamente a Cristo. Pero Ramón Llull, muy influido por el franciscanismo, fue también un hombre racional, profesor en la Universidad de París en donde aprendió y enseñó que el diálogo y la razón son siempre necesarios para el ejercicio de la actividad ecuménica. En resumen, la lectura de este pequeño libro, muy recomendable, nos sumerge por tanto en la vida del beato Ramón Llull por medio de sus textos y de los comentarios realizados por su autor.

– Pedro José Grande Sánchez.

El Evangelio reencontrado

PRONZATO, A.

El Evangelio reencontrado

Santander, Sal Terrae, 2011, pp.

Alessandro Pronzato no necesita presentación. Sacerdote italiano, maestro y periodista, es autor de más de ochenta obras. Es un autor que no se cae de las manos. La lectura de este libro fluye con interés creciente por su estilo ágil, por la manera de presentar los temas y por las ideas que sugiere.

El Evangelio reencontrado no es otro Evangelio más. Lo que propone el autor es el viejo Evangelio que la Iglesia nos ha transmitido y que todos conocemos, pero que no siempre lo presentamos por medio de nuestros comportamientos, nuestro modo de pensar y de hablar.

Si verdaderamente las personas hicieran suyas sus exigencias más radicales, nos dice Pronzato que “lo encontrarían en las calles, lo leerían en los rostros, en la entonación de la voz o en una cierta luz que brilla en los ojos, y se quedarían asombrados, tal vez también seducidos”. Y Dios necesita personas radicales en el amor, locos, locos por Cristo, personas con un corazón enloquecido, ya que el amor verdadero solamente puede ser loco. “El cristiano, y en particular quien se dedica al ejercicio de la caridad, sabe que el Señor exige un amor como el suyo: excesivo, pródigo, loco”

El libro se estructura en un prólogo, 32 temas y un epílogo. Me ha llamado la atención las ideas que usa Pronzato cuando habla del dinero, del Hijo Pródigo, de la vanidad en la Iglesia, de los ídolos…

“Ve adonde el Evangelio te lleve”, es el título del epílogo. Y cita a Marcos, 1,14-15 “convertíos y creed el Evangelio”. Esta invitación de Jesús constituía el núcleo esencial de su predicación y ésta es la receta para nuestros males, según apunta Alessandro. Convertirse es entrar en otro camino y creer en el Evangelio significa ceñirse con un cinturón ajustado a la cintura, que nos ayuda a ponernos en camino, a caminar por rutas imprevisibles. “No es posible decidir, y ni siquiera prever, adónde llegaremos. Pero es seguro que habrá muchas sorpresas en nuestro itinerario. Para nosotros y para los demás”.

– Eusebio Gómez Navarro.

Plenitud y vacío. Cristo y el camino Zen

RAGUIN, Y.

Plenitud y vacío. Cristo y el camino Zen

Madrid, Narcea, 2010, 91 pp.

Este libro comienza con un prólogo de Benoît Vermander. En él nos habla de Yves Raguin. Yves Raguin, jesuita, autor del Diccionario Ricci de la Lengua China y director de Instituto Ricci de Taipei, fue un gran conocedor del mundo oriental, sobre todo Taiwán y Vietnam, donde fue profesor. Gran maestro espiritual, además de su amplia bibliografía, mantuvo una amplia correspondencia con personas de todas las latitudes en las que se trasluce su deseo de integrar la tradición oriental con los valores occidentales.

  1. Vermander, cuando habla de Raguin nos dice que los dos “relatos espirituales” presentados en este volumen es lo mejor de la obra de Yves. Estos textos nos explican con fuerza y exactitud de una cuestión cuya importancia y actualidad no ha cesado de confirmarse: ¿de qué manera la experiencia espiritual cristiana se encuentra con la experiencia espiritual de otras tradiciones, sobre todo con el budismo? La experiencia decisiva para todo ser humano, afirma el autor, es la vivencia de su naturaleza original en su relación con el Absoluto. Esta experiencia la viven de distinto modo el cristiano y el budista. Estas dos experiencias son por una parte semejantes y, por otra, diferentes.

Yves Raguin, se nos dice en la contraportada, nos relata en este libro el proceso de su meditación durante varios años practicando Zen y es la experiencia de quien se atreve pacientemente a descubrir un mundo interior… Con sencillez, reflexiona sobre la plenitud divina que sólo se deja encontrar en el vacío; se pregunta sobre la naturaleza de la palabra que ilumina el silencio más total y sobre el vacío que habita en lo más profundo del ser y que permite que se encienda nuestra llama interior.

Los dos relatos de esta obra son: El vacío interior, camino hacia Dios y Relato de Roucas. En el primero se habla de Cristo en la mismidad de mi ser, el camino del vacío interior, el camino en la plenitud del vacío, más allá del vacío que es el Fuente. El segundo, comprende las siguientes reflexiones: Te necesito, la puerta secreta de la naturaleza, el perfecto amor, el camino recorrido.

El libro se cierra con un Epílogo. En él nos dice Raguin que Dios le había querido hacer comprender su deseo de vivir en él. “Tenía ante mí, agrega el autor, la evidencia de que Dios tenía necesidad de mí, de todo lo que yo era, y que, por otra parte, todo era Él… todo de Él y todo de mí”.

– Eusebio Gómez Navarro