Lectio sáb, 23 nov, 2019

Lucas 20,27-40

1) Oración inicial

Señor, Dios nuestro, concédenos vivir siempre alegres en tu servicio, porque en servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 20,27-40

Se acercaron algunos de los saduceos, los que sostienen que no hay resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito que si a uno se le muere un hermano casado y sin hijos, debe tomar a la mujer para dar descendencia a su hermano. Pues bien, eran siete hermanos. El primero tomó mujer y murió sin hijos; la tomó el segundo, luego el tercero; y murieron los siete, sin dejar hijos. Finalmente, también murió la mujer. Ésta, pues, ¿de cuál de ellos será mujer en la resurrección? Porque fue mujer de los siete.»
Jesús les dijo: «Los hijos de este mundo toman mujer o marido; pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios por ser hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven.»
Algunos de los escribas le dijeron: «Maestro, has hablado bien.» Pues ya no se atrevían a preguntarle nada.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos informa sobre la discusión de los Saduceos con Jesús acerca de la fe en la resurrección.
• Lucas 20,27: La ideología de los Saduceos. El evangelio de hoy comienza con esta afirmación: “Los saduceos sostienen que no hay resurrección. Los saduceos eran una élite aristocrática de latifundistas y comerciantes. Eran conservadores. No aceptaban la fe en la resurrección. En aquel tiempo esta fe comenzaba a ser valorada por los fariseos y por la piedad popular. Animaba a la resistencia de la gente en contra de la dominación tanto de los romanos como de los sacerdotes, de los ancianos y de los saduceos. Para los saduceos, el reino mesiánico estaba ya presente en la situación de bienestar que ellos estaban viviendo. Así seguían la llamada “Teología de la Retribución” que distorsiona la realidad. Según esta teología, Dios retribuye con riqueza y bienestar los que observan la ley de Dios, y castiga con el sufrimiento y la pobreza a los que practican el mal. Así, se entiende que los saduceos no querían mudanzas. Querían que la religión permaneciera tal y como era, inmutable como Dios mismo. Por esto, para criticar y ridiculizar la fe en la resurrección, contaban casos ficticios para mostrar que la fe en la resurrección llevaría a la persona al absurdo.
• Lucas 20,28-33: El caso ficticio de la mujer que se casó siete veces. Según la ley de la época, si el marido muere sin hijos, su hermano tiene que casarse con la viuda del fallecido. Era para evitar que, en caso de que alguien muriera sin descendencia, su propiedad pasara a otra familia (Dt 25,5-6). Los saduceos inventaron la historia de una mujer que enterró a siete maridos, hermanos entre sí, y ella misma acabó muriendo sin hijos. Y le preguntaron a Jesús. “Ésta, pues, ¿de cuál de ellos será mujer en la resurrección? Porque fue mujer de los siete.” Caso inventado para mostrar que la fe en la resurrección crea situaciones absurdas.
• Lucas 20,34-38: La respuesta de Jesús que no deja dudas. En la respuesta de Jesús aflora la irritación de aquel que no aguanta el fingimiento. Jesús no aguanta la hipocresía de la élite que manipula y ridiculiza la fe en Dios para legitimar y defender sus propios intereses. Su respuesta tiene dos partes: (a) vosotros no entendéis nada de la resurrección: «Los hijos de este mundo toman mujer o marido; pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios por ser hijos de la resurrección.” (vv. 34-36). Jesús explica que la condición de las personas después de la muerte será totalmente diferente de la condición actual. Después de la muerte no habrá bodas, todos serán como ángeles en el cielo. Los saduceos imaginaban la vida en el cielo igual a la vida aquí en la tierra. (b) Vosotros no entendéis nada de Dios: “Y que los muertos resucitan lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”. Y al final concluye: “¡No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven!” Los discípulos y las discípulas, que estén alerta y aprendan. Quien está del lado de estos saduceos, estará del lado opuesto a Dios.
• Lucas 20,39-40: La reacción de los otros ante la respuesta de Jesús. “Algunos de los escribas le dijeron: «Maestro, has hablado bien.» Pues ya no se atrevían a preguntarle nada”. Muy probablemente estos doctores de la ley eran fariseos, pues los fariseos creían en la resurrección (Cf. Hechos 23,6).

4) Para la reflexión personal

• Hoy los grupos de poder ¿cómo imitan a los saduceos y arman manifestaciones para impedir mudanzas en el mundo y en la Iglesia?
• ¿Tú crees en la resurrección? Al decir que crees en la resurrección, ¿piensa en algo del pasado, del presente o del futuro? ¿Has tenido en tu vida alguna experiencia de resurrección?

5) Oración final

Creo que gozaré
de la bondad de Yahvé
en el país de la vida.
Espera en Yahvé, sé fuerte,
ten ánimo, espera en Yahvé. (Sal 27,13-14)

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Lectio vie, 22 nov, 2019

Lucas 19,45-48

1) Oración inicial

Señor, Dios nuestro, concédenos vivir siempre alegres en tu servicio, porque en servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Lucas 19,45-48

Jesús entró en el Templo y comenzó a echar fuera a los que vendían, diciéndoles: «Está escrito: Mi Casa será Casa de oración. ¡Pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos!»
Enseñaba todos los días en el Templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y también los notables del pueblo buscaban matarle, pero no encontraban modo de hacerlo, porque todo el pueblo le oía pendiente de sus labios.

3) Reflexión

• El contexto. Tras describir la subida de Jesús a Jerusalén (17,11-19,28), Lucas lo presenta ahora realizando su acción en el contexto del templo. Después de la entrada del enviado del Señor a Jerusalén pasando por la puerta de oriente (19,45), el templo es el primer lugar en que Jesús lleva a cabo su acción: las controversias que se narran tienen lugar en este sitio y a él hacen referencia. La subida de Jesús al templo no es sólo una acción personal sino que afecta también a la “multitud de los discípulos” (v.37) en su relación con Dios (vv.31-34). Lucas narra ante todo un primer episodio en el que presenta los preparativos de la entrada de Jesús en el templo (vv.29-36) y su realización (vv.37-40); sigue después una escena en la que se presenta a Jesús llorando sobre la ciudad (vv.41-44), mientras que en la siguiente encontramos la narración de nuestro pasaje de hoy: su presencia en el templo y la expulsión de los vendedores (vv.45-48).
• El gesto de Jesús. No tiene un valor político, sino una significación profética. Parecerá al lector que la meta del gran viaje de Jesús a Jerusalén es su ingreso en el templo. Es evidente la referencia a la profecía de Malaquías y su cumplimiento con la entrada de Jesús en el templo: “Y enseguida vendrá a su Templo el Señor a quien vosotros buscáis…” (3.1). Jesús une al gesto de expulsar del templo a los vendedores dos referencia a la Escritura: Ante todo Is 56, 7: “Mi casa será casa de oración”. El templo es el lugar en el que Jesús se dirige al Padre. La actividad comercial y especulativa ha convertido el templo en una cueva de ladrones y lo ha desprovisto de su única y exclusiva misión: el encuentro con la presencia de Dios. La segunda referencia a la Escritura está tomada de Jr 7,11: “¿En cueva de bandoleros se ha convertido a vuestros ojos esta Casa que se llama por mi Nombre?”. La imagen de cueva de ladrones le sirve a Jesús para condenar el tráfico material en sentido amplio y no sólo los tráficos deshonestos que de manera velada e ilegal se cometían en el templo. Jesús exige un cambio de rumbo: purificar el templo de todas aquellas negatividades humanas y conducirlo a su función originaria: rendir verdadero servicio a Dios. Expulsando a estos impostores del comercio se cumple la profecía de Zacarías: “Y no habrá más comerciante en la Casa de Yahvé Sebaot aquel día” (14,21). Al pronunciarse así Jesús sobre el templo, no se refiere a una restauración de la pureza del culto, como era la intención de los zelotas. La intención de Jesús va más allá de la pureza del culto, es más radical, es intransigente: el templo no es una obra realizada por el esfuerzo humano; la presencia de Dios no está ligada a su aspecto material; el autentico servicio a Dios lo realiza Jesús en su enseñanza. Con motivo de esta predicación “los sumos sacerdotes, los escribas y los notables del pueblo buscaban matarlo” (v.47). En los límites temporales del espacio del templo, Jesús lleva a cabo una enseñanza altamente significativa, es más, es justamente en este lugar tan fundamental para los judíos donde su enseñanza alcanza el vértice, y será desde aquí desde donde partirá la palabra de los apóstoles (Hch 5,12.20.25.42). La difusión de la Palabra de gracia de la que Jesús es el único portador se abre como un arco que tiene su inicio cuando con doce años discute entre los Doctores de la ley en el templo; continúa con su enseñanza mientras atraviesa Galilea y durante el camino hacia Jerusalén; y se completa con la entrada en el templo donde toma posesión de la casa de Dios. En este lugar se echan los fundamentos para la futura misión de la Iglesia: la difusión de la palabra de Dios. Los principales del pueblo no pretenden suprimir a Jesús por haber destruido los negocios económicos del templo, sino que sus motivos alcanzan a toda su anterior actividad docente y se hacen patentes ante el discurso contra el templo. Jesús reivindica algo que desencadena la reacción de los sumos sacerdotes y de los escribas. En contraste con esta actitud hostil aparece la actitud del pueblo “que le oía pendiente de sus labios”. Jesús es visto como el mesías que, con su Palabra de gracia, reúne en torno a él al pueblo de Dios.

4) Pare el examen personal

• Tu oración al Señor ¿consiste en una relación sencilla de padre a hijo como fuerza para comunicarte con Dios, o más bien está recubierta de costumbres y prácticas con la pretensión de conseguir su benevolencia?
• Al escuchar la palabra de Jesús, ¿te sientes cogido por su enseñanza como la multitud que estaba pendiente de sus labios? Es decir, ¿prestas la debida atención a la escucha del Evangelio para unirte a Cristo? 5) Oración final
Considero un bien la ley de tu boca,
más que miles de monedas de oro y de plata.
¡Qué dulce me sabe tu promesa,
más que la miel a mi boca! (Sal 119,72.103)

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Lectio jue, 21 nov, 2019

Lucas 19,41-44

1) Oración inicial

Señor, Dios nuestro, concédenos vivir siempre alegres en tu servicio, porque en servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 19,41-44

Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: «¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita.»

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos dice que Jesús, al llegar cerca de Jerusalén, viendo la ciudad, empieza a llorar y a pronunciar palabras que hacían vislumbrar un futuro muy sombrío para la ciudad, capital de su pueblo.
• Lucas 19,41-42 Jesús llora sobre Jerusalén. “Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: ¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! ¡Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos!”. Jesús llora, pues ama su patria, a su pueblo, la capital de su tierra, el Templo. Llora porque sabe que todo va a ser destruido por culpa del pueblo mismo que no sabe percibir ni valorar la llamada de Dios dentro de los hechos. La gente no percibe el camino que podría llevarlo a la Paz, Shalóm. Pero ahora esto está oculto a tus ojos. Esta afirmación evoca la crítica de Isaías a la persona que adoraba los ídolos: “Se alimenta de ceniza, un corazón engañado le extravía y no salva su alma, diciéndose: ¿No es mentira lo que tengo en mi diestra?» (Is 44,20). La mentira estaba en sus ojos y por esto se volvieron incapaces de percibir la verdad. Como dice San Pablo: “Ellos se rebelan a la verdad y obedecen a la injusticia” (Rom 2,8). La verdad se hace presa de la injusticia. En otra ocasión, Jesús lamenta que Jerusalén no sepa percibir ni acoger la visita de Dios: «¡Jerusalén, Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas, y no habéis querido! Pues bien, se os va a dejar desierta vuestra casa” (Lc 13,34-35).
• Lucas 19,43-44 Anuncio de la destrucción de Jerusalén. “Porque vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti y no dejarán en ti piedra sobre piedra.». Jesús describe el futuro que le va a tocar a Jerusalén. Usa las imágenes de guerra que eran comunes en aquel tiempo, cuando un ejército atacaba a una ciudad: trincheras, cerco cerrado alrededor, matanza de la gente y destrucción total de las murallas y de las casas. Así, en el pasado, Jerusalén fue destruida por Nabucodonosor. Así, las legiones romanas solían hacer con las ciudades rebeldes y así se hará nuevamente cuarenta años después, con la ciudad de Jerusalén. De hecho, en el año 70, Jerusalén fue cercada e invadida por los ejércitos romanos. Todo fue destruido. Ante este trasfondo histórico, el gesto de Jesús se convierte en una advertencia muy seria a todos los que pervierten el sentido de la Buena Nueva de Dios. Ellos tienen que escuchar la advertencia final: “Porque no has conocido el tiempo de tu visita”. En esta advertencia, toda la labor de Jesús está definida como una “visita”, la visita de Dios.

4) Para la reflexión personal

• ¿Lloras a veces viendo la situación del mundo? Mirando la situación del mundo, ¿Jesús lloraría ahora? La previsión es sombría. Desde el punto de vista de la ecología, pasamos ya el límite. La previsión es trágica.
• La labor de Jesús está visto como una visita de Dios. ¿Has recibido en tu vida alguna visita de Dios?

5) Oración final

¡Cantad a Yahvé un cántico nuevo:
su alabanza en la asamblea de sus fieles!
¡Regocíjese Israel en su Hacedor,
alégrense en su rey los de Sión. (Sal 149,1-2)

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Lectio mié, 20 nov, 2019

Lucas 19,11-28

1) Oración inicial

Señor, Dios nuestro, concédenos vivir siempre alegres en tu servicio, porque en servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 19,11-28

Mientras la gente escuchaba estas cosas, añadió una parábola, porque estaba él cerca de Jerusalén y creían ellos que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro. Dijo, pues: «Un hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y volverse. Llamó a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: `Negociad hasta que vuelva.’ Pero sus ciudadanos le odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijese: `No queremos que ése reine sobre nosotros.’ «Cuando regresó, después de recibir la investidura real, mandó llamar a aquellos siervos suyos a los que había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno. Se presentó el primero y dijo: `Señor, tu mina ha producido diez minas.’ Le respondió: `¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo insignificante, toma el gobierno de diez ciudades.’ Vino el segundo y dijo: `Tu mina, Señor, ha producido cinco minas.’ Dijo a éste: `Ponte tú también al mando de cinco ciudades. ‘ «Vino el otro y dijo: `Señor, aquí tienes tu mina, que he tenido guardada en un lienzo; pues tenía miedo de tí, que eres un hombre severo; que tomas lo que no pusiste y cosechas lo que no sembraste.’ Dícele: `Por tu propia boca te juzgo, siervo malo; sabías que yo soy un hombre severo, que tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembré; pues, ¿por qué no colocaste mi dinero en el banco? Y así, al volver yo, lo habría cobrado con los intereses.’ Y dijo a los presentes: `Quitadle la mina y dádsela al que tiene las diez minas.’ Dijéronle: `Señor, tiene ya diez minas.’ -`Os digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.’
«`Y a esos enemigos míos, que no querían que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí.’» Y dicho esto, marchaba por delante, subiendo a Jerusalén.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos trae la Parábola de los Talentos, en la que Jesús nos habla de los dones que las personas reciben de Dios. Toda persona tiene alguna cualidad, recibe algún don o sabe alguna cosa que puede enseñar a los otros. Nadie es sólo alumno, nadie es sólo profesor. Aprendemos unos de otros.
• Lucas 19,11: La llave para entender la historia de la parábola. Para introducir la parábola Lucas dice lo que sigue: “Mientras la gente escuchaba estas cosas, añadió una parábola, porque estaba él cerca de Jerusalén y creían ellos que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro”. En esta información inicial, Lucas destaca tres motivaciones que llevan a Jesús a contar la parábola: (a) La acogida que hay que dar a los excluidos, pues, diciendo “mientras la gente escuchaba estas cosas”, se refiere al episodio de Zaqueo, el excluido que fue acogido por Jesús (b) La proximidad de la pasión, de la muerte y de la resurrección, pues decía que Jesús estaba cerca de Jerusalén donde iba a morir en breve. (c) La llegada inminente del Reino de Dios, pues las personas que acompañaban a Jesús pensaban que el Reino de Dios llegaría luego.
• Lucas 19,12-14: El inicio de la Parábola. “Dijo, pues: Un hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y volverse. Llamó a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: `Negociad hasta que vuelva.’ Pero sus ciudadanos le odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijese: `No queremos que ése reine sobre nosotros”. Algunos estudiosos piensan que en esta parábola Jesús se refiere a Herodes quien setenta años antes (40 aC), había ido a Roma con el fin de recibir el título y el poder de Rey de Palestina. A la gente no le gustaba Herodes y no quería que fuera rey, pues la experiencia que habían tenido con él como comandante para reprimir las rebeliones en la Galilea contra Roma fue una experiencia trágica y dolorosa. Por esto decían: “No queremos que ése reine sobre nosotros” A este mismo Herodes se aplicaría la frase final de la parábola: “Y a esos enemigos míos, que no querían que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí.” De hecho, Herodes mató a mucha gente.
• Lucas 19,15-19: Rendimiento de cuentas de los primeros empleados que recibieron cien monedas de plata. La historia nos dice que Herodes recibió el título de rey y volvió a Palestina para asumir el poder. En la parábola, el rey llama a los empleados a los que había dado cien monedas de plata, para saber cuánto habían ganado. Se presentó el primero y dijo: `Señor, tu mina ha producido diez minas.’ Le respondió: `¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo insignificante, toma el gobierno de diez ciudades. Vino el segundo y dijo: `Tu mina, Señor, ha producido cinco minas.’ Dijo a éste: `Ponte tú también al mando de cinco ciudades.’ Según la historia, tanto Herodes Magno como su hijo Herodes Antipas, ambos sabían tratar con el dinero y promover a las personas que los ayudaban. En la parábola, el rey da diez ciudades al empleado que multiplicó por diez las cien monedas que había recibido, y cinco ciudades al empleado que las multiplicó por cinco.
• Lucas 19,20-23: Rendimiento de cuentas del empleado que no ganó nada. El tercer empleado llegó y dijo: »Señor, aquí tienes tu mina, que he tenido guardada en un lienzo; pues tenía miedo de ti, que eres un hombre severo; que tomas lo que no pusiste y cosechas lo que no sembraste”. En esta frase aflora una idea equivocada de Dios que es criticada por Jesús. El empleado ve a Dios como a un dueño severo. Ante un Dios así, el ser humano siente miedo y se esconde detrás de la observancia exacta y mezquina de la ley. Piensa que, al actuar así, no será castigado por la severidad del legislador. En realidad, una persona así no cree en Dios, sino que cree solamente en si misma, en su propia observancia de la ley. Ella se cierra en sí misma, se aleja de Dios y no consigue ocuparse y preocuparse de los otros. Se vuelve incapaz de crecer como persona libre. Esta imagen falsa de Dios aísla al ser humano, mata la comunidad, acaba con la alegría y empobrece la vida. “El rey responde: ‘`Por tu propia boca te juzgo, siervo malo; sabías que yo soy un hombre severo, que tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembré; pues, ¿por qué no colocaste mi dinero en el banco? Y así, al volver yo, lo habría cobrado con los intereses.” El empleado no fue coherente con la imagen que tenía de Dios. Si imaginaba a un Dios tan severo, hubiera tenido que colocar, por lo menos, el dinero en el banco. Así que es condenado no por Dios, sino por la idea errada que tenía de Dios y que le vuelve temeroso e inmaduro. Una de las cosas que más influye en la vida de la gente es la idea que nos hacemos de Dios. Entre los judíos de la línea de los fariseos, algunos imaginaban a Dios como a un Juez severo que los trataba de acuerdo con el mérito conquistado por las observancias. Esto producía miedo e impedía a las personas el poder crecer. Sobretodo, impedía que las personas pudiesen abrir un espacio dentro de sí para acoger la nueva experiencia de Dios que Jesús comunicaba.
• Lucas 19,24-27: Conclusión para todos. “Y dijo a los presentes: `Quitadle la mina y dádsela al que tiene las diez minas.’ Dijéronle: `Señor, tiene ya diez minas.’ -`Os digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”. El señor manda quitarle las cien monedas y darlas a aquel que ya tenía mil, porque “a todo el que tiene, se le dará, pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. En esta frase final está la clave que aclara la parábola. En el simbolismo de la parábola, las monedas de plata del rey son los bienes del Reino de Dios, esto es, todo aquello que hace crecer a las persona y revela la presencia de Dios: amor, servicio, compartir. Aquel que se cierra en si mismo con miedo a perder lo poco que tiene, éste va a perder lo poco que ya tiene. La persona, pues, que no piensa en sí, sino que se entrega a los otros, ésta va a crecer y a recibir a su vez, de forma inesperada, todo lo que entregó y mucho más: “cien veces más, con persecuciones” (Mc 10,30). “Pierde la vida quien quiere salvarla, gana su vida quien tiene el valor de perderla” (Lc 9,24; 17,33; Mt 10,39;16,25;Mc 8,35). El tercer empleado tiene miedo y no hace nada. No quiere perder nada y, por esto, no gana nada. Pierde hasta lo poco que tiene. El Reino es riesgo. Aquel que no quiere correr riesgos, ¡pierde el Reino!
• Lucas 19,28: Volviendo a la triple llave inicial. Al final, Lucas concluye el asunto con esta información: “Y dicho esto marchaba por delante, subiendo a Jerusalén”. Esta información final evoca la triple llave dada al comienzo: acogida a los excluidos, proximidad de la pasión, muerte y resurrección de Jesús en Jerusalén y la idea de la inminente llegada del Reino. A los que pensaban que el Reino de Dios estaba por llegar, la parábola manda mudar la mirada. El Reino de Dios llega, sí, pero a través de la muerte y de la resurrección de Jesús que acontece en breve en Jerusalén. Y el motivo de la muerte fue su acogida, la acogida que Jesús daba a los excluidos como Zaqueo y a tantos otros. Molestaba a los grandes y ellos lo eliminaron condenándolo a muerte y a una muerte de cruz.

4) Para la reflexión personal

• En nuestra comunidad, ¿tratamos de conocer y valorar los dones de cada persona? A veces los dones de unos generan envidia y competitividad en otros. ¿Cómo reaccionamos?
• Nuestra comunidad ¿es un espacio donde las personas pueden explayar sus dones?

5) Oración final

Alabad a Dios en su santuario,
alabadlo en su poderoso firmamento,
alabadlo por sus grandes hazañas,
alabadlo por su inmensa grandeza. (Sal 150,1-2)

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Lectio mar, 19 nov, 2019

Lucas 19,1-10

1) Oración inicial

Señor, Dios nuestro, concédenos vivir siempre alegres en tu servicio, porque en servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 19,1-10

Entró en Jericó y cruzaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.» Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador.» Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más.» Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.»

3) Reflexión

• En el evangelio de hoy, estamos llegando al final de la larga caminada que empezó en el capítulo 9 (Lc 9,51). Durante esa caminada, no se sabía bien por dónde Jesús iba. Lo único que se sabía era que iba hacia Jerusalén. Ahora, al final, la geografía queda clara y definida. Jesús lleva a Jericó, a la ciudad de las palmeras, en el valle del Jordán. Última parada de los peregrinos, antes de subir para Jerusalén. Allí en Jericó terminó la larga caminada del éxodo 40 años por el desierto. También el éxodo de Jesús está terminando. Al entrar a Jericó, Jesús encuentra a un ciego que quería verle (Lc 18,35-43). Ahora, al salir de la ciudad, encuentra a Zaqueo, un publicano, que también quiere verle. Un ciego y un publicano. Los dos eran excluidos. Los dos molestaban a la gente: el ciego con sus gritos, el publicano con sus impuestos. Los dos son acogidos por Jesús, cada cual a su manera.
• Lucas 19,1-2: La situación. Jesús entra en Jericó y atraviesa la ciudad. «Había un hombre llamado Zaqueo, muy rico, jefe de los publicanos». Publicano era la persona que cobraba el impuesto público sobre la circulación de la mercancía. Zaqueo era el jefe de los publicanos de la ciudad. Sujeto rico y muy ligado al sistema de dominación de los romanos. Los judíos más religiosos argumentaban así: “El rey de nuestro pueblo es Dios. Por esto, la dominación romana sobre nosotros es contra Dios. ¡Quien colabora con los romanos peca contra Dios!” Así, los soldados que servían en el ejército romano y los cobradores de impuestos, como Zaqueo, eran excluidos y considerados como pecadores e impuros.
• Lucas 19,3-4: La actitud de Zaqueo. Zaqueo quiere ver a Jesús. Siendo pequeño, corre hacia delante, sube a un árbol, y espera para ver a Jesús que pasa. ¡Tiene enormes ganas de ver a Jesús! Anteriormente, en la parábola del pobre Lázaro y del hombre rico, sin nombre, (Lc 16,19-31), Jesús mostraba lo difícil que es para que un rico se convierta y abra la puerta de separación para acoger al pobre Lázaro. Aquí aparece el caso de un rico que no encierra en si riqueza. Zaqueo quiere algo más. Cuando un adulto, persona de peso en la ciudad, sube a un árbol es porque no está de acuerdo con la opinión de los demás. Algo más importante lo mueve por dentro. Está queriendo abrir la puerta al pobre Lázaro.
• Lucas 19,5-7: La actitud de Jesús, reacción del pueblo y de Zaqueo. Al llegar cerca y viendo a Zaqueo sobre un árbol, Jesús no pregunta ni exige nada. Apenas responde al deseo del hombre y dice: «Zaqueo, ¡baja pronto! Porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.» Zaqueo baja y recibe a Jesús en su casa, con mucha alegría. Todos murmuraban: «¡Ha ido a hospedarse en casa de un hombre pecador!» ¡Lucas dice que todos murmuraban! Esto significa que Jesús estaba quedándose solo en su actitud de acoger a los excluidos, sobre todo a los colaboradores del sistema. Pero a Jesús no le importan las críticas. Va a casa de Zaqueo y lo defiende contra las críticas. En vez de pecador, le llama “hijo de Abrahán” (Lc 19,9).
• Lucas 19,8: Decisión de Zaqueo. «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más.” Esta es la conversión en Zaqueo por la acogida de parte de Jesús. Devolver cuatro veces lo que la ley mandaba en algunos casos (Ex 21,37; 22,3). Dar la mitad de los bienes a los pobres era una novedad que producía el contacto con Jesús. Era el compartir que tenía lugar de hecho.
• Lucas 19,9-10: Palabra final de Jesús. «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán» La interpretación de la Ley por a Tradición antigua excluía a los publicanos de la raza de Abrahán. Jesús dice que vino a buscar y a salvar a lo que estaba perdido. El Reino es para todos. Nadie podía ser excluido. La opción de Jesús es clara, su llamada también: no es posible ser amigo de Jesús y seguir apoyando el sistema que margina y excluye a tanta gente. Al denunciar las divisiones injustas, Jesús abre el espacio para una nueva convivencia, regida por los nuevos valores de verdad, justicia y amor.
• Hijo de Abrahán: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán!» A través de la descendencia de Abrahán, todas las naciones de la tierra serán bendecida (Gén 12,3; 22,18). Para las comunidades de Lucas, formadas por los cristianos de origen judaica como de origen pagana, la afirmación de Jesús llamando a Zaqueo “hijo de Abrahán” era muy importante. En ella encontraban la confirmación de que, en Jesús, Dios estaba cumpliendo las promesas hechas a Abrahán, dirigidas a todas las naciones, tanto a los judíos como a los gentiles. Estos son también hijos de Abrahán y herederos de las promesas. Jesús acoge a los que no eran acogidos. Ofrece un sitio a los que no lo tienen. Recibe como hermano y hermana a las personas que la religión y el gobierno excluían y etiquetaban como:
– inmorales: prostitutas y pecadores (Mt 21,31-32; Mc 2,15; Lc 7,37-50; Jo 8,2-11),
– herejes: paganos y samaritanos (Lc 7,2-10; 17,16; Mc 7,24-30; Jn 4,7-42),
– impuras: leprosos e poseídos (Mt 8,2-4; Lc 17,12-14; Mc 1,25-26),
– marginados: mujeres, niños y enfermos (Mc 1,32; Mt 8,16;19,13-15; Lc 8,2-3),
– luchadores: publicanos y soldados (Lc 18,9-14;19,1-10);
– pobres: la gente de la tierra y los pobres sin poder (Mt 5,3; Lc 6,20; Mt 11,25-26).

4) Para la reflexión personal

• Nuestra comunidad, ¿cómo acoge a las personas despreciadas y marginadas? ¿Somos capaces de percibir los problemas de las personas y de prestarles atención, como lo hizo Jesús?
• ¿Cómo percibimos que la salvación entra hoy en nuestra casa y en nuestra comunidad? La ternura acogedora de Jesús produce un cambio total en la vida de Zaqueo. La ternura acogedora de nuestra comunidad ¿está provocando algún cambio en el barrio? ¿Cuál?

5) Oración final

Te busco de todo corazón,
no me desvíes de tus mandatos.
En el corazón guardo tu promesa,
para no pecar contra ti. (Sal 119,10-11)

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Lectio lun, 18 nov, 2019

Lucas 18,35-43

1) Oración inicial

Señor, Dios nuestro, concédenos vivir siempre alegres en tu servicio, porque en servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del evangelio de Lucas 18,35-43

Cuando se acercaba a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna; al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello. Le informaron que pasaba Jesús el Nazareno y empezó a gritar, diciendo: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!» Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!» Jesús se detuvo, y mandó que se lo trajeran. Cuando se acercó, le preguntó: «¿Qué quieres que te haga?» Él dijo: «¡Señor, que vea!» Jesús le dijo: «Recobra la vista. Tu fe te ha salvado.» Y al instante recobró la vista y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy describe la llegada de Jesús a Jericó. Es la última parada antes de la subida a Jerusalén, donde se realiza el “éxodo” de Jesús según había anunciado en su Transfiguración (Lc 9,31) y a lo largo de la caminada hasta Jerusalén (Lc 9,44; 18,31-33).
• Lucas 18,35-37: El ciego sentado junto al camino. “Cuando se acercaba a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna; al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello. Le informaron que pasaba Jesús”. En el evangelio de Marcos, el ciego se llama Bartimeo (Mc 10,46). Al ser ciego, no podía participar en la procesión que acompañaba a Jesús. En aquel tiempo, había muchos ciegos en Palestina, pues el sol fuerte golpeando contra la tierra pedregosa emblanquecida hacía mucho daño a los ojos sin protección.
• Lucas 18,38-39: El grito del ciego y la reacción de la gente. “Entonces el ciego gritó: «Jesús, hijo de David, ¡ten piedad de mí!» E invoca a Jesús usando el título de “Hijo de David”. El catecismo de aquella época enseñaba que el mesías sería de la descendencia de David, “hijo de David”, mesías glorioso. A Jesús no le gustaba este título. Citando el salmo mesiánico, él llegó a preguntar: “¿Cómo es que el mesías puede ser hijo de David si hasta el mismo David le llama “mi Señor” (Lc 20,41-44) ? El grito del ciego incomodaba a la gente que acompañaba a Jesús. Por esto, “Los que iban delante le increpaban para que se callara”. Ellos trataban de acallar el grito, pero él gritaba mucho más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!” Hoy también, el grito de los pobres incomoda la sociedad establecida: migrantes, enfermos de SIDA, mendigos, refugiados, ¡tantos!
• Lucas 18,40-41: La reacción de Jesús ante el grito del ciego. Y Jesús ¿qué hace? “Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran”. Los que querían acallar el grito del pobre, ahora, a petición de Jesús, se ven obligados a ayudar al pobre a que llegue hasta Jesús. El evangelio de Marcos añade que el ciego dejó todo y se fue hasta Jesús. No tenía mucho. Apenas un manto. Pero era lo que tenía para cubrir su cuerpo (cf. Es 22,­25-26). Era su seguridad, ¡su tierra firme! Hoy también Jesús escucha el grito de los pobres que a veces nosotros no queremos escuchar. Cuando se acercó, le preguntó: “¿Qué quieres que te haga?” No basta gritar. ¡Hay que saber porqué se grita! Él dijo: “¡Señor, que vea!”.
• Lucas 18,42-43: “Recobra tu vista.” Jesús dice: «Recobra tu vista Tu fe te ha salvado. Y al instante recobró la vista y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios”. El ciego había invocado a Jesús con ideas no totalmente correctas, pues el título de “Hijo de David” no era muy exacto. Pero él tiene más fe en Jesús que en sus ideas sobre Jesús. Dio en el blanco. No expresa exigencias como Pedro (Mc 8,32-33). Sabe entregar su vida aceptando a Jesús sin imponer condiciones. La curación es el fruto de su fe en Jesús. Curado, sigue a Jesús y sube con él a Jerusalén. De este modo, se vuelve discípulo, modelo para todos nosotros que queremos “seguir a Jesús por el camino” hacia Jerusalén: creer más en Jesús que en nuestras ideas sobre Jesús. En esta decisión de caminar con Jesús está la fuente de valor y la semilla de la victoria sobre la cruz. Pues la cruz no es una fatalidad, ni una exigencia de Dios. Es la consecuencia del compromiso de Jesús, en obediencia al Padre, de servir a los hermanos y no aceptar privilegios.
• La fe es una fuerza que transforma a las personas. La Buena Nueva del Reino estaba escondida entre la gente, escondida como el fuego bajo las cenizas de las observancias sin vida. Jesús sopla sobre las cenizas y el fuego se enciende, el Reino aparece y la gente se alegra. La condición es siempre la misma: creer en Jesús. La curación del ciego aclara un aspecto muy importante de nuestra fe. A pesar de invocar a Jesús con ideas no del todo correctas, el ciego tuvo fe y fue curado. Se convirtió, lo dejó todo y siguió a Jesús por el camino del Calvario. La comprensión total del seguimiento de Jesús no se obtiene por la instrucción teórica, sino por el compromiso práctico, caminando con él por el camino del servicio, desde Galilea hasta Jerusalén. Aquel que insiste en mantener la idea de Pedro, esto es, del Mesías glorioso sin la cruz, no va a entender nada de Jesús y no llegará nunca a tomar la actitud del verdadero discípulo. Aquel que sabe creer en Jesús y se entrega (Lc 9,23-24), que acepta ser el último (Lc 22,26), beber el cáliz y cargar con su cruz (Mt 20,22; Mc 10,38), éste, al igual que el ciego, aún teniendo las ideas no enteramente justas, “seguirá a Jesús por el camino” (Lc 18,43). En esta certeza de caminar con Jesús está la fuente de la audacia y la semilla de la victoria sobre la cruz.

4) Para la reflexión personal

• ¿Cómo veo y siento el grito de los pobres: migrantes, negros, enfermos de SIDA, mendigos, refugiados, tantos?
• ¿Cómo es mi fe: me fijo más en las ideas sobre Jesús o en Jesús?

5) Oración final

Feliz quien no sigue consejos de malvados
ni anda mezclado con pecadores
ni en grupos de necios toma asiento,
sino que se recrea en la ley de Yahvé,
susurrando su ley día y noche. (Sal 1,1-2)

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Lectio Dom, 17 nov, 2019

Lucas 21, 5-19

1. Oración inicial

Señor, tú que has creado el cielo, la tierra , el mar y cuanto en ellos hay, tú que por medio del Espíritu Santo por boca de nuestro padre David, tu siervo, dijiste:
¿Por qué braman las gentes y
los pueblos meditan cosas vanas? Los reyes de la tierra han conspirado
y los príncipes se han confederado
contra el Señor y contra su Ungido;
…Extiende la mano para que se realicen curaciones, milagros y prodigios en el nombre de tu santo siervo Jesús (Act. 4,24-25.30)”. Llénanos de tu Espíritu como lo hiciste con los apóstoles después de esta plegaria, en los tiempos de prueba, para que también nosotros podamos anunciar la Palabra con franqueza y dar testimonio como profetas de esperanza.

2. Lectio

a) El contexto:

El pasaje se relaciona con el comienzo del discurso de Jesús sobre el final de los tiempos. El pasaje 21,5-35 es toda una unidad literaria. Jesús se encuentra en Jerusalén, en los atrios del Templo, se acerca la hora de su Pasión. Los Evangelios sinópticos (ver también Mt 24; Mc 13) hacen preceder al relato de la pasión, muerte y resurrección, el discurso llamado “escatológico”. La atención no va puesta sobre cada palabra, sino sobre el anuncio del acontecimiento total. La comunidad de Lucas ya tenía conocimiento de los sucesos relacionados con la destrucción de Jerusalén. El evangelista universaliza el mensaje y pone en evidencia el tiempo intermedio de la Iglesia en espera de la venida del Señor en la gloria. Lucas hace referencia al final de los tiempos en otras partes (12,35-48; 17,20-18,18).

b) Una posible división del texto:

Lucas 21, 5-7: introducción
Lucas 21, 8-9: advertencia inicial
Lucas 21, 10-11: las señales
Lucas 21, 12-17: los discípulos puestos en la prueba
Lucas 21, 18-19: protección y confianza

c) El texto:

5 Como algunos hablaban del Templo, de cómo estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, él dijo: 6 «De esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida.» 7 Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?»
8 Él dijo: «Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: `Yo soy’ y `el tiempo está cerca’. No les sigáis. 9 Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas,
 pero el fin no es inmediato.» 10 Entonces les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. 11 Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas y grandes señales del cielo.
12 «Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, os entregarán a las sinagogas y cárceles y os llevarán ante reyes y gobernadores por mi nombre; 13 esto os sucederá para que deis testimonio. 14 Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, 15 porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios.16 Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros. 17 Todos os odiarán por causa de mi nombre. 18 Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza.19 Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

3. Momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nuestro corazón e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

– ¿Qué sentimientos me embargan: angustia, espanto, seguridad, confianza, esperanza, duda…?
– ¿Dónde está la buena noticia en este discurso?
– ¿Amamos lo que esperamos y nos conformamos a sus exigencias?
– ¿Cómo reacciono en la pruebas de mi vida de fe?
– ¿Puedo hacer una conexión con los sucesos históricos actuales?
– ¿Qué puesto tiene Jesús hoy en la historia?

5. Meditatio

a) Una clave de lectura:

No nos dejemos arrastrar por las convulsiones exteriores, típicos del lenguaje apocalíptico, sino de los interiores, necesarios, que preanuncian y preparan el encuentro con el Señor. Aunque estamos conscientes que también hoy, en diversas partes del mundo se viven situaciones “apocalípticas”, es posible también una lectura personalizada, ciertamente no evasiva que dirige la atención sobre la responsabilidad personal. Lucas, respecto a los otros evangelistas, subraya que no ha llegado el final, que es necesario vivir la espera con empeño. Abramos los ojos sobre las tragedias de nuestro tiempo, no para ser profeta de desventuras, sino valerosos profetas de un nuevo orden basado en la justicia y la paz.

b) Comentario:

[5] Como algunos hablaban del templo, de cómo estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, él dijo: Probablemente Jesús se encuentra en los atrios del templo, considerado el sitio señalado para los dones votivos. Lucas no especifica quiénes son los oyentes, es dirigido a todos, universaliza el discurso escatológico. Este discurso puede referirse al final de los tiempos, pero también al final de cada persona, del propio tiempo de vida. En común está el encuentro definitivo con el Señor resucitado.

[6] “De esto que véis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida” Jesús introduce un lenguaje de desgracias (17,22; 19,43) y vuelve a repetir las admoniciones de los profetas con respecto al templo (Micheas 3,12: Jer 7,1-15; 26,1-19). Es también una consideración sobre la caducidad de toda realización humana, por más maravillosa que sea. La comunidad lucana ya conocía la destrucción de Jerusalén (año 70). Consideremos nuestra conducta con las cosas que perecen con el tiempo.

[7] Le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?”. Los oyentes están interesados sobre los sucesos trastornantes exteriores que caracterizan este acontecimiento. Jesús no responde a esta específica pregunta. El “cuándo” no lo coloca Lucas en relación con la destrucción de Jerusalén. Subraya que “el fin no es inmediato” (versículo 9) y que “ antes de todo esto…” (v. 12) deberán acontecer otras cosas. Nos interroga sobre la relación entre los acontecimientos históricos y el cumplimiento de la historia de la salvación. Los tiempos del hombre y los tiempos de Dios.

[8] Él dijo: Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: «Yo soy» y «el tiempo está cerca». No les sigáis. Lucas, a diferencia de los otros evangelistas, añade la referencia al tiempo. La comunidad de los primeros cristianos está superando la fase de un regreso próximo del Señor y se prepara al tiempo intermedio de la Iglesia. Jesús recomienda no dejarse engañar o mejor, no ser seducidos por impostores. Hay dos tipos de falsos profetas: los que pretenden venir en nombre de Jesús diciendo “soy yo” o los que afirman que el tiempo ha llegado, que ya se conoce la fecha (10,11; 19,11).

[9] “Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato” También los acontecimientos bélicos, y hoy diremos, la acciones terroristas, no son principio del fin. Todo esto sucede, pero no es la señal del final (Dn 3,28). Lucas quiere prevenir la ilusión del final inminente de los tiempos con la consiguiente desilusión y abandono de la fe.

[10] Entonces les dijo: “Se levantará nación contra nación y reino contra reino,
[11] Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas y grandes señales del cielo”. La frase: “entonces les dijo” es una vuelta al discurso después de las advertencias iniciales. Estamos en pleno lenguaje apocalíptico que quiere decir revelación (Is 19,2; 2Cor 15,6) y ocultamiento o velación al mismo tiempo. Se usan imágenes tradicionales para describir la aceleración del cambio de la historia (Is 24,19-20; Zc 14,4-5; Ez 6,11-12, etc.). Lo imaginario catastrófico es como un telón que oculta la belleza del escenario que está detrás: la venida del Señor en la gloria (v.27).

[12] Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, os entregarán a las sinagogas y cárceles y os llevarán ante reyes y gobernadores por mi nombre.
[13] Esto os sucederá para que déis testimonio. El cristiano está llamado a conformarse con Cristo. Me han perseguido a mí, también os perseguirán a vosotros. Lucas tiene presente la escena de Pablo delante del rey Agripa y del gobernador Festo (Act. 25,13-26,32). He ahí pues el momento de la prueba. No necesariamente bajo forma de persecución. Santa Teresa del Niño Jesús ha sufrido por 18 meses, desde el descubrimiento de su enfermedad, la ausencia de Dios. Un tiempo de purificación que prepara al encuentro. Es la condición normal del cristiano, la de vivir en una sana tensión, que no es frustración. Los cristianos están llamados a dar testimonio de la esperanza de la que están animados.

[14] Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa,
[15] yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Llega el momento de poner la confianza total en Dios, sólo Dios basta. Es aquella misma sabiduría con la que Esteban refutaba a sus adversarios (Act 6,10). Se le garantiza al creyente la capacidad de resistir a la persecución.

[16] Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros;
[17] Todos os odiarán por causa de mi nombre. Para recordar la protección divina asegurada en los momentos de prueba. Está garantizada también al creyente la custodia de su integridad física.

[19] Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas. La perseverancia (cf.r también: Act 11,23; 13,43; 14,22) es indispensable para producir fruto (8,15), en las pruebas cotidianas y en las persecuciones. Quiere decir el “permanecer” en Cristo del que habla Juan. La victoria final es cierta: el reino de Dios será instaurado por el Hijo del hombre. Es necesario ahora ser perseverantes, vigilantes y en oración (v.36 y 12,35-38). El estilo de vida del cristiano debe convertirse en signo del futuro que vendrá.

6. Oratio: Salmo 98

Cantad al Señor un cántico nuevo

¡Aclama a Yahvé, tierra entera,
gritad alegres, gozosos, cantad!
Tañed a Yahvé con la cítara,
con la cítara al son de instrumentos;
al son de trompetas y del cuerno
aclamad ante el rey Yahvé.
Brame el mar y cuanto encierra,
el mundo y cuantos lo habitan,
aplaudan los ríos,
aclamen los montes,
ante Yahvé, que llega,
que llega a juzgar la tierra.
Juzgará el mundo con justicia,
a los pueblos con equidad.

7. Contemplatio

Dios bueno, cuyo reino es todo amor y paz, crea tú mismo en nuestra alma aquel silencio que te es necesario para comunicarte con ella.
Obrar tranquilo, deseo sin pasión, celo sin agitación: todo esto no puede provenir sino de ti, sabiduría eterna, actividad infinita, reposo inalterable, principio y modelo de la verdadera paz.
Tú nos ha prometido esta paz por boca de los profetas, la has hecho llegar por medio de Jesucristo, y se nos ha dado la garantía con la efusión de tu Espíritu.
No permita que la envidia del enemigo, la turbación de las pasiones, los escrúpulos de la conciencia, nos hagan perder este don celestial, que es la prenda de tu amor, el objeto de tus promesas, el premio de la sangre de tu Hijo. Amén (Teresa de Avila, Vida, 38,9-10)

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Lectio sáb, 16 nov, 2019

Lucas 18,1-8

1) Oración inicial

Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podamos libremente cumplir tu voluntad. Por nuestro Señor.

 2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 18,1-8

Les propuso una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer: «Había en una ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella misma ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: `¡Hazme justicia contra mi adversario!’ Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: `Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que deje de una vez de importunarme.’»
Dijo, pues, el Señor: «Oíd lo que dice el juez injusto; pues, ¿no hará Dios justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche? ¿Les hará esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?»

 

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos relata otro asunto muy importante para Lucas, a saber: la oración. Es la segunda vez que Lucas nos trae palabras de Jesús para enseñar a rezar. (Lc 11,1-13). Nos ha enseñado el Padre Nuestro y, por medio de comparaciones y de parábolas, nos enseña que debemos rezar con insistencia, sin desfallecer. Ahora, esta segunda vez, recurre de nuevo a una parábola sacada de la vida para enseñar la insistencia en la oración (Lc 18,1-8). Es la parábola de la viuda que incomoda al juez sin moral. La manera de presentar la parábola es muy didáctica. Primero, Lucas da una breve introducción que sirve de llave de lectura. Luego cuenta la parábola. Al final, Jesús mismo la aplica.
• Lucas 18,1: La introducción. Lucas introduce la parábola con la siguiente frase: » Les propuso una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer». La recomendación a “orar Sin desfallecer” aparece muchas veces en el Nuevo Testamento (1 Tes 5,17; Rom 12,12; Ef 6,18; etc.). Este es un rasgo característico de la espiritualidad de las primeras comunidades cristianas.
• Lucas 18,2-5: La parábola. Luego Jesús presenta dos personajes de la vida real: un juez sin consideración para Dios y sin consideración para las personas, y una viuda que lucha por sus derechos ante el juez. El simple hecho que Jesús presenta estos dos personajes revela la conciencia crítica que tenía de la sociedad de su tiempo. La parábola presenta a la gente pobre luchando en el tribunal por sus derechos. El juez decide atender a la viuda y hacerle justicia. El motivo es éste: dejaré libre de la obstinación de la viuda y ésta deje de importunarle. Motivo bien interesado. ¡Pero la viuda obtuvo lo que quería! Es éste el hecho de la vida diaria del que Jesús se sirve para enseñar cómo rezar.
• Lucas 18,6-8: La aplicación. Jesús aplica la parábola: » Oíd lo que dice el juez injusto; pues, ¿no hará Dios justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche? ¿Les hará esperar? Os digo que les hará justicia pronto”. Si no fuera Jesús, nosotros no tendríamos el valor de comparar a Dios con un Juez inmoral. Al final Jesús expresa una duda: » Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?» Es decir, ¿vamos a tener el valor de esperar, de tener paciencia, aunque Dios se demora en atendernos?
• Jesús orante. Los primeros cristianos tenían una imagen Jesús orante, en contacto con el Padre. De hecho, la respiración de la vida de Jesús era hacer la voluntad del Padre (Jn 5,19). Jesús rezaba mucho e insistía para que la gente y sus discípulos rezaran también. Pues es en la confrontación con Dios donde aparece la verdad y la persona se encuentra consigo misma en toda su realidad y humildad. Lucas es el evangelista que más nos informa sobre la vida de oración de Jesús. Nos presenta a Jesús en constante oración. He aquí algunos de los momentos en los que Jesús aparece rezando. Tú puedes completar la lista:
– A los doce años de edad va al Templo, a la Casa del Padre (Lc 2,46-50).
– Reza cuando es bautizado y asume la misión (Lc 3,21).
– Cuando inicia la misión, pasa cuarenta días en el desierto (Lc 4,1-2).
– En la hora de la tentación, se enfrenta al diablo con textos de la Escritura (Lc 4,3-12).
– Jesús tiene costumbre de participar en las celebraciones en las sinagogas, los sábados (Lc 4,16)
– Busca la soledad del desierto para rezar ( Lc 5,16; 9,18).
– La víspera de elegir a los doce Apóstoles, pasa la noche en oración (Lc 6,12).
– Reza antes de comer (Lc 9,16; 24,30).
– Cuando explica la realidad y habla de su pasión, reza (Lc 9,18).
– En la hora de la crisis sube al Monte para rezar y es transfigurado cuando reza (Lc 9,28).
– Ante la revelación del Evangelio a los pequeños, dice: “¡Padre, yo te alabo!” (Lc 10,21)
– Rezando, despierta en los apóstoles la voluntad de rezar (Lc 11,1).
– Reza por Pedro para que no desfallezca en la fe (Lc 22,32).
– Celebra la Cena Pascual con sus discípulos (Lc 22,7-14).
– En el Jardín de los Olivares, reza, sudando sangre (Lc 22,41-42).
– En la angustia de la agonía, pide a los amigos que recen con él (Lc 22,40.46).
– En la hora de ser clavado en la cruz, pide perdón por los ladrones (Lc 23,34).
– En la hora de la muerte, dice «¡En tus manos entrego mi espíritu!» (Lc 23,46; Sal 31,6)
– Jesús muere soltando el grito del pobre (Lc 23,46).
• Esta larga lista indica lo siguiente. Para Jesús, la oración estaba íntimamente unida a la vida, a los hechos concretos, a las decisiones que debía tomar. Para poder ser fiel al proyecto del Padre, trataba de quedarse a solas con él. De escucharlo. En los momentos difíciles y decisivos de su vida, Jesús rezaba los Salmos. Al igual que todo judío piadoso, los conocía de memoria. La recita de los Salmos no mató en él la creatividad. Por el contrario, Jesús llega a componer él mismo un Salmo que nos transmite. Es el Padre Nuestro. Su vida era una permanente oración. “No busco mi voluntad, sino la voluntad de Aquel que me envió.» (Jn 5,19.30) A él se aplica lo que dice el Salmo: «¡No hago más que orar!» (Sal 109,4)

4) Para la reflexión personal

• Hay gente que dice que no sabe rezar, pero conversa con Dios todo el día. ¿Conoces a personas así? Cuenta cómo son. Hay muchas maneras que la gente usa para expresar su devoción y oración. ¿Cuáles son?
• ¿Qué nos enseñan estas dos parábolas sobre la oración? ¿Qué nos enseñan sobre la manera de ver la vida y las personas?

5) Oración final

¡Dichoso el hombre que teme a Yahvé,
que encuentra placer en todos sus mandatos!
Su estirpe arraigará con fuerza en el país,
la raza de los rectos será bendita. (Sal 112,1-2)

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Lectio vie, 15 nov, 2019

Lucas 17,26-37

1) Oración inicial

Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podamos libremente cumplir tu voluntad. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del evangelio según Lucas 17,26-37

Y dijo Jesús a sus discípulos: “Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre. Comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca; vino el diluvio y los hizo perecer a todos. Lo mismo sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían; pero el día que salió Lot de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo que los hizo perecer a todos. Así sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste. «Aquel Día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y, de igual modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará. Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: al uno tomarán y al otro le dejarán; habrá dos mujeres moliendo juntas: a una la tomarán y a la otra la dejarán.» Y le dijeron: «¿Dónde, Señor?» Él les respondió: «Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres.» 

3) Reflexión

• El evangelio de hoy sigue la reflexión sobre la llegada del fin de los tiempos y trae palabras de Jesús sobre cómo preparar la llegada del Reino. Era un asunto candente, que en aquel tiempo, causaba mucha discusión. Quien determina la hora de la llegada del fin es Dios. Pero el tiempo de Dios (kairós) no se mide por el tiempo de nuestro reloj (chronos). Para Dios, un día puede ser igual a mil años, y mil años igual a un día (Sal 90,4; 2Pd 3,­8). El tiempo de Dios corre de forma invisible dentro de nuestro tiempo, pero es independiente de nosotros y de nuestro tiempo. Nosotros no podemos interferir en el tiempo, pero debemos estar preparados para el momento en que la hora de Dios se hizo presente en nuestro tiempo. Puede ser hoy, puede ser de aquí a mil años. Lo que da seguridad, no es saber la hora del fin del mundo, sino la certeza de la presencia de la Palabra de Jesús presente en la vida. El mundo pasará, pero su palabra no pasará jamás (Cf. Is 40,7-8).
• Lucas 17,26-29: Como en los días de Noé y de Lot. La vida corre normalmente: comer, beber, casarse, comprar, vender, plantar, construir. La rutina puede envolvernos de tal forma que no conseguimos pensar en otra cosa, en nada más. Y el consumismo del sistema neoliberal contribuye a aumentar en muchos de nosotros esta total desatención a la dimensión más profunda de la vida. Dejamos entrar la polilla en la viga de la fe que sustenta el tejado de nuestra vida. Cuando la tormenta derriba la casa, muchos dan la culpa al carpintero: “¡Mal servicio!” En realidad, la causa de la caída fue nuestra prolongada desatención. La alusión a la destrucción de Sodoma como figura de lo que va a suceder al final de los tiempos, es una alusión a la destrucción de Jerusalén de parte de los romanos en el año 70 dC (cf Mc 13,14).
• Lucas 17,30-32: Así será en los días del Hijo del Hombre. “Así sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste.”. Difícil para nosotros imaginar el sufrimiento y el trauma que la destrucción de Jerusalén causó en las comunidades, tanto de los judíos como de los cristianos. Para ayudarlas a entender y a enfrentar el sufrimiento, Jesús usa comparaciones sacadas de la vida: “Aquel Día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y, de igual modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás”. La destrucción vendrá con tal rapidez que no merece la pena bajar a la casa para buscar algo dentro (Mc 13,15-16). “Acordaos de la mujer de Lot” (cf. Gén 19,26), esto es, no miréis atrás, no perdáis tiempo, tomad la decisión e id adelante: es cuestión de vida o de muerte.
• Lucas 17,33: Perder la vida para ganar la vida. “Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará”. Sólo se siente realizada la persona que es capaz de darse enteramente a los demás. Pierde la vida la que la conserva sólo para sí. Este consejo de Jesús es la confirmación de la más profunda experiencia humana: la fuente de la vida está en la entrega de la vida. Dando, se recibe. “En verdad os digo: el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo. Pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12,24). Lo importante es la motivación que añade el evangelio de Marcos: “Por mí y por el Evangelio” (Mc 8,35). Al decir que nadie es capaz de conservar su vida con su propio esfuerzo, Jesús evoca el salmo donde se dice que nadie es capaz de pagar el precio del rescate de la vida: “Nadie puede rescatar al hombre de la muerte, nadie puede dar a Dios su rescate; pues muy caro es el precio de rescate de la vida, y ha de renunciar por siempre continuar viviendo indefinidamente sin ver la fosa”. (Sal 49,8-10).
• Lucas 17,34-36: Vigilancia. “Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: al uno tomarán y al otro le dejarán; habrá dos mujeres moliendo juntas: a una la tomarán y a la otra la dejarán.” Evoca la parábola de las diez vírgenes. Cinco eran prudentes y cinco necias (Mt 25,1-11). Lo que importa es estar preparado/a. Las palabras: “Una la tomarán y otra la dejarán” evocan las palabras de Pablo a los Tesalonicenses (1Tes 4,13-17), cuando dice que en la venida del Hijo seremos arrebatados al cielo junto con Jesús. Estas palabras “dejados atrás” proporcionan el título de una terrible y peligrosa novela de extrema derecha fundamentalista de Estados Unidos: “Left behind!” Esta novela no tiene nada que ver con el sentido real de las palabras de Jesús.
• Lucas 17,37: ¿Dónde y cuándo? “Los discípulos preguntaron: «¿Señor, dónde ocurrirá esto?» Jesús respondió: «Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres». Respuesta enigmática. Algunos piensan que Jesús evoca la profecía de Ezequiel, retomada en el Apocalipsis, en la cual el profeta se refiere a la batalla victoriosa final contra los poderes del mal. Las aves de rapiña o los buitres serán invitadas a comer la carne de los cadáveres (Ez 39,4.17-20; Ap 19,17-18). Otros piensan que se trata del valle de Josafat, donde tendrá lugar el juicio final según la profecía de Joel (Joel 4,2.12). Otros piensan que se trata simplemente de un proverbio popular que significaba más o menos lo mismo que dice nuestro proverbio: “¡Cuando el río suena, agua lleva!” 

4) Para la reflexión personal

• ¿Soy del tiempo de Noé y de Lot?
• Novela de extrema derecha. ¿Cómo me sitúo ante esta manipulación política de la fe en Jesús? 

5) Oración final

Dichosos los que caminan rectamente,
los que proceden en la ley de Yahvé.
Dichosos los que guardan sus preceptos,
los que lo buscan de todo corazón. (Sal 119,1-2)

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Lectio jue, 14 nov, 2019

Lucas 17,20-25 

1) Oración inicial

Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podamos libremente cumplir tu voluntad. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 17,20-25

Habiéndole preguntado los fariseos cuándo llegaría el Reino de Dios, les respondió: «La venida del Reino de Dios no se producirá aparatosamente, ni se dirá: `Vedlo aquí o allá’, porque, mirad, el Reino de Dios ya está entre vosotros.» Dijo a sus discípulos: «Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: `Vedlo aquí, vedlo allá.’ No vayáis, ni corráis detrás. Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su Día. Pero antes tendrá que padecer mucho y ser reprobado por esta generación. 

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos trae una discusión entre Jesús y los fariseos sobre el momento de la venida del Reino. Los evangelios de hoy y de los próximos días tratan de la llegada del fin de los tiempos.
• Lucas 17,20-21: El Reino en medio de nosotros. “Habiéndole preguntado los fariseos cuándo llegaría el Reino de Dios, les respondió: «La venida del Reino de Dios no se producirá aparatosamente ni se dirá: `Vedlo aquí o allá’, porque, mirad, el Reino de Dios ya está entre vosotros». Los fariseos pensaban que el Reino podía llegar solamente si la gente llegaba a la perfecta observancia de la Ley de Dios. Para ellos, la venida del Reino sería la recompensa de Dios al buen comportamiento de la gente, y el mesías llegaría de forma solemne como un rey, recibido por su pueblo. Jesús dice lo contrario. La llegada del Reino no puede ser observada como se observa la llegada de los reyes de la tierra. Para Jesús, el Reino de Dios ¡ha llegado! Ya está en medio de nosotros, independientemente de nuestro esfuerzo o de nuestro mérito. Jesús tiene otro modo de ver las cosas. Tiene otra mirada para leer la vida. Prefiere al samaritano que vive en la gratitud a los nueve que piensan que merecen el bien que reciben de Dios (Lc 17,17-19).
• Lucas 17,22-24: Señales para reconocer la venida del Hijo del Hombre. “Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: `Vedlo aquí, vedlo allá.’ No vayáis, ni corráis detrás. Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su Día.”. En esta afirmación de Jesús existen elementos que vienen de la visión apocalíptica de la historia, muy común en los siglos antes y después de Jesús. La visión apocalíptica de la historia tiene la siguiente característica. En épocas de gran persecución y de opresión, los pobres tienen la impresión de que Dios perdió el control de la historia. Ellos se sienten perdidos, sin horizonte y sin esperanza de liberación. En estos momentos de aparente ausencia de Dios, la profecía asume la forma de apocalipsis. Los apocalípticos, tratan de iluminar a la situación desesperada con la luz de la fe para ayudar a la gente a no perder la esperanza y para que siga con valor la caminada. Para mostrar que Dios no ha perdido el control de la historia, ellos describen las varias etapas de la realización del proyecto de Dios a través de la historia. Iniciado en un determinado momento significativo en el pasado, este proyecto de Dios avanza, etapa por etapa, a través de la situación actual vivida por los pobres, hasta la victoria final al final de la historia. De este modo, los apocalípticos sitúan el momento presente como una etapa ya prevista dentro del conjunto más amplio del proyecto de Dios. En general, la última etapa antes de la llegada del final se presenta como un momento de sufrimiento y de crisis, del que muchos quieren aprovechar para ilusionar a la gente diciendo: “Está aquí’ o: ‘Está allí’. No vayáis, ni corráis detrás. Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su Día.” Con la mirada de fe que Jesús comunica, los pobres van a poder percibir que el reino está ya en medio de ellos (Lc 17,21), como un relámpago, sin sombra de duda. La venida del Reino trae consigo su propia evidencia y no depende de los pronósticos de los demás.
• Lucas 17,25: Por la Cruz hasta la Gloria. “Pero antes tendrá que padecer mucho y ser reprobado por esta generación”. Siempre la misma advertencia: la Cruz, escándalo para los judíos y locura para los griegos, pero para nosotros es expresión de la sabiduría y del poder de Dios (1Cor 1,18.23). El camino para la Gloria pasa por la cruz. La vida de Jesús es nuestro canon, es la norma canónica para todos nosotros. 

4) Para la reflexión personal

• Jesús dice: “¡El reino está en medio de vosotros!” ¿Has descubierto alguna señal de la presencia del Reino en tu vida, en la vida de tu gente o en la vida de tu comunidad?
• La cruz en la vida. El sufrimiento. ¿Cómo ves el sufrimiento y qué haces con él? 

5) Oración final

Dios guarda por siempre su lealtad,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
Yahvé libera a los condenados. (Sal 146,6-7)

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