Lectio sábado, 6 julio, 2019

Mateo 9,14-17

1) Oración inicial

Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz; concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor.

2) Lectura del Evangelio

Del Evangelio según Mateo 9,14-17

Entonces se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: « ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?» Jesús les dijo: « ¿Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, porque lo añadido tira del vestido, y se produce un desgarrón peor. Ni tampoco se echa vino nuevo en pellejos viejos; pues de otro modo, los pellejos revientan, el vino se derrama, y los pellejos se echan a perder; sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos, y así ambos se conservan.»

3) Reflexión

• Mateo 9,14: La pregunta de los discípulos de Juan entorno a la práctica del ayuno. El ayuno es una costumbre muy antigua, practicada por casi todas las religiones. Jesús mismo la practicó durante casi 40 días (Mt 4,2). Pero no insiste con los discípulos para que hagan lo mismo. Les deja libertad. Por esto, los discípulos de Juan Bautista y de los fariseos, que se veían obligados a ayudar, quieren saber porqué Jesús no insiste en el ayuno. «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos y tus discípulos no ayunan?»

• Mateo 9,15: La respuesta de Jesús. Jesús responde con una comparación en forma de pregunta: “¿Pueden acaso los amigos del novio ponerse tristes, estar de luto, cuando el novio está con ellos?” Jesús asocia el ayuno con el luto, y él se considera el novio. Cuando el novio está con los amigos del novio, esto es, durante la fiesta de la boda, los amigos no necesitan ayunar. Durante el tiempo en que Jesús está con los discípulos, es la fiesta de la boda. No precisan ni pueden ayunar. Quizá un día el novio se vaya, entonces será un día de luto. En ese día, si quieren, pueden ayunar. Jesús alude a su muerte. Sabe y siente que, si continúa por este camino de libertad, las autoridades querrán matarle.

• Mateo 9,16-17: Vino nuevo en ¡pellejos nuevos! En estos dos versículos, el evangelio de Mateo presenta dos frases de Jesús sobre el remiendo de vestido nuevo y sobre el vino nuevo en pellejo nuevo. Estas palabras arrojan luz sobre las discusiones y los conflictos de Jesús con las autoridades de la época. No se coloca remiendo de vestido nuevo en ropa vieja. Porque al lavarla, el remiendo tira del vestido y se produce un desgarrón peor. Nadie pone vino nuevo en pellejo viejo, porque el vino nuevo por la fermentación hace estallar el pellejo viejo. ¡Vino nuevo en pellejo nuevo! La religión defendida por las autoridades religiosas era como ropa vieja, como pellejo viejo. Tanto los discípulos de Juan como los fariseos, trataban de renovar la religión. En realidad, lo que hacían era poner remiendos y por ello corrían el peligro de comprometer y echar a perder la novedad y las costumbres antiguas. No es posible combinar lo nuevo que Jesús nos trae con las costumbres antiguas. ¡O el uno o el otro! El vino nuevo hace estallar el pellejo viejo. Hay que saber separar las cosas. Muy probablemente, Mateo repite estas palabras de Jesús para poder orientar a las comunidades de los años 80. Había un grupo de judíos cristianos que querían reducir la novedad de Jesús al judaísmo de antes de la llegada de Jesús. Jesús no está contra lo que es “viejo”. Lo que él no quiere es que lo viejo se imponga a lo nuevo, y así empieza a manifestarse. No es posible releer el Vaticano II con mentalidad pre-conciliar, como algunos tratan de hacer hoy.

4) Para la reflexión personal

• ¿Cuáles son los conflictos entorno a las prácticas religiosas que hoy traen sufrimiento a las personas y son causa de mucha discusión y polémica? ¿Cuál es la imagen de Dios que está por detrás de todos estos preconceptos, normas y prohibiciones? • ¿Cómo entender la frase de Jesús: “No colocar un remiendo nuevo en un vestido viejo?” ¿Qué mensaje saco de todo esto para mi comunidad, hoy?

5) Oración final

Escucharé lo que habla Dios. Sí, Yahvé habla de futuro para su pueblo y sus amigos, que no recaerán en la torpeza. (Sal 85,9)

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Lectio viernes, 5 julio, 2019

Mateo 9,9-13

1) Oración inicial

Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz; concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor.

2) Lectura del Evangelio

Del Evangelio según Mateo 9,9-13

Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme.» Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando él a la mesa en la casa, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?» Mas él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.»

3) Reflexión

• El Sermón de la Montaña ocupa los capítulos de 5 a 7 del Evangelio de Mateo. La parte narrativa de los capítulos 8 y 9 tiene como finalidad mostrar cómo Jesús practicaba lo que acababa de enseñar. En el Sermón de la Montaña Jesús enseñó la acogida (Mt 5,23-25.38-42.43). Ahora, él mismo la practica al acoger a leprosos (Mt 8,1-4), extranjeros (Mt 8,5-13), mujeres (Mt 8,14-15), enfermos (Mt 8,16-17), endemoniados (Mt 8,28-34), paralíticos (Mt 9,1-8), publicanos (Mt 9,9-13), personas impuras (Mt 9,20-22), etc. Jesús rompe con las normas y costumbres que excluían y dividían a las personas, esto es, el miedo y la falta de fe (Mt 8,23-27) y las leyes de pureza (9,14-17), e indica claramente cuáles son las exigencias de quienes quieren seguirle. Tienen que tener el valor de abandonar muchas cosas (Mt 8,18-22). Así, en las actitudes y en la práctica de Jesús, aparece en qué consisten el Reino y la observancia perfecta de la Ley de Jesús. • Mateo 9,9: El llamado para seguir a Jesús. Las primeras personas llamadas a seguir a Jesús fueron cuatro pescadores, todos judíos (Mt 4,18-22). Ahora Jesús llama a un publicano, considerado pecador y tratado como impuro por las comunidades más observantes de los fariseos. En los demás evangelios, este publicano se llama Leví. Aquí su nombre es Mateo, que significa don de Dios o dado por Dios. Las comunidades, en vez de excluir al publicano como impuro, deben considerarlo como un Don de Dios para la comunidad, pues su presencia hace que la comunidad se vuelva ¡señal de salvación para todos! Como los primeros cuatro llamados, así el publicano Mateo deja todo lo que tiene y sigue a Jesús. El seguimiento de Jesús exige ruptura. Mateo deja su despacho de impuestos, su fuente de renta, y sigue a Jesús. • Mateo 9,10: Jesús se sienta en la mesa con los pecadores y los publicanos. En aquel tiempo, los judíos vivían separados de los paganos y de los pecadores y no comían con ellos en la misma mesa. Los judíos cristianos tenían que romper este aislamiento y crear comunión con los paganos e impuros. Fue esto lo que Jesús enseñó en el Sermón de la Montaña, como expresión del amor universal de Dios Padre (Mt 5,44-48). La misión de las comunidades era ofrecer un lugar a los que no tenían lugar. En algunas comunidades, las personas venidas del paganismo, aún siendo cristianas, no eran aceptadas en la misma mesa (cf. Hec 10,28; 11,3; Gal 2,12). El texto del evangelio de hoy indica cómo Jesús comía con publicanos y pecadores en la misma casa y en la misma mesa. • Mateo 9,11: La pregunta de los fariseos. A los judíos estaba prohibido sentarse en la mesa con publicanos y paganos, pero Jesús no presta atención a esto, por el contrario, confraterniza con ellos. Los fariseos, viendo la actitud de Jesús, preguntan a los discípulos: “¿Por qué vuestro maestro come con los recaudadores de impuestos y con los pecadores?» Esta pregunta puede ser interpretada como expresión del deseo de éstos, que quieren saber porqué Jesús actúa así. Otros interpretan la pregunta como una crítica de los comportamientos de Jesús, pues durante más de quinientos años, desde el tiempo del cautiverio en Babilonia hasta la época de Jesús, los judíos habían observado las leyes de pureza. Esta observancia secular se volvió para ellos una fuerte señal de identidad. Al mismo tiempo, era factor de su separación en medio de los otros pueblos. Así, por las causas de las leyes de pureza, no podían ni conseguían sentarse en la mesa para comer con los paganos. Comer con los paganos significaba volverse impuro Los preceptos de la pureza eran rigurosamente observados, tanto en Palestina como en las comunidades judaicas de la Diáspora. En la época de Jesús, había más de quinientos preceptos para guardar la pureza. En los años setenta, época en que Mateo escribe, este conflicto era muy actual. • Mateo 9,12-13: Misericordia quiero y no sacrificios. Jesús oye la pregunta de los fariseos a los discípulos y responde con dos aclaraciones. La primera está sacada del sentido común: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal”. La otra está sacada de la Biblia: “Aprendan, pues, lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio”. Por medio de estas dos aclaraciones Jesús explicita y aclara su misión junto con la gente: “No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores». Jesús niega la crítica de los fariseos, y no acepta sus argumentos, pues nacían de una falsa idea de la Ley de Dios. El mismo invoca la Biblia: «¡Misericordia quiero y no sacrificio!» Para Jesús la misericordia es más importante que la pureza legal. Apela a la tradición profética para decir que para Dios la misericordia vale más que todos los sacrificios (Os 6,6; Is 1,10-17). Dios tiene entrañas de misericordia, que se conmueven ante las faltas de su pueblo (Os 11,8-9).

4) Para la reflexión personal

• Hoy, en nuestra sociedad, ¿quién es marginado y quién es excluido? ¿Por qué? En nuestra comunidad ¿tenemos ideas preconcebidas? ¿Cuáles? ¿Cuál es el desafío que las palabras de Jesús plantean a nuestra comunidad, hoy? • Jesús ordena al pueblo que lea y que entienda el Antiguo Testamento que dice: «Misericordia quiero y no sacrificios». ¿Qué quiere decir con esto Jesús, hoy?

5) Oración final

Señor, dichosos los que guardan sus preceptos, los que lo buscan de todo corazón; los que, sin cometer iniquidad, andan por sus caminos. (Sal 119,2-3)

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Lectio jueves, 4 julio, 2019

Mateo 9,1-8

1) Oración inicial

Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz; concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 9,1-8

Subiendo a la barca, Jesús pasó a la otra orilla y vino a su ciudad. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡Ánimo!, hijo, tus pecados te son perdonados.» Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: «Éste está blasfemando.» Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: `Tus pecados te son perdonados’, o decir: `Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice entonces al paralítico-: `Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’.» Él se levantó y se fue a su casa. Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.

3) Reflexión

• La autoridad extraordinaria de Jesús. Jesús aparece ante el lector como persona investida de una extraordinaria autoridad mediante la palabra y el signo (Mt 9,6.8). La palabra autoritaria de Jesús ataca el mal en su raíz: en el caso del paralítico ataca el pecado que corroe al hombre en su libertad y bloquea sus fuerzas vivas: “Tus pecados te son perdonados” (v.2); “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa” (v.6). En verdad, todas las parálisis del corazón y de la mente con las que uno está encadenado, las anula la autoridad de Jesús (9,6), el hecho de encontrarse con él en la vida terrena. La palabra autoritaria y eficaz de Jesús despierta a la humanidad paralizada (9,5-7) y le da el don de caminar (9,6) con una fe renovada.

• El encuentro con el paralítico. Jesús, después de la tempestad y de una visita al país de los gadarenos, vuelve a Cafarnaúm, su ciudad. Durante el regreso tiene lugar el encuentro con el paralítico. La curación no se realiza en una casa, sino a lo largo del camino. Así pues, durante el camino que conduce a Cafarnaúm le llevaron un paralítico y Jesús se dirige a él llamándolo “hijo”, un gesto de atención que pronto se convertirá en un gesto salvífico: “tus pecados te son perdonados” (v.2). El perdón de los pecados que Jesús invoca sobre el paralítico de parte de Dios alude al nexo entre enfermedad, culpa y pecado. Es la primera vez que el evangelista atribuye a Jesús de manera explícita este particular poder divino. Para los judíos, la enfermedad en el hombre era considerada un castigo por los pecados cometidos; el mal físico, la enfermedad, siempre era signo y consecuencia del mal moral de los padres (Jn 9,2). Jesús restituye al hombre su condición de salvado al liberarlo tanto de la enfermedad como del pecado.

• Para algunos de los presentes, como los escribas, las palabras de Jesús anunciando el perdón de los pecados son una verdadera blasfemia. Para ellos Jesús es un arrogante, ya que sólo Dios puede perdonar. Este juicio sobre Jesús no lo manifiestan abiertamente, sino murmurando entre ellos. Jesús, que escruta sus corazones, conoce sus consideraciones y les reprocha su incredulidad. La expresión de Jesús “para que sepáis que el Hijo del hombre tiene poder de perdonar los pecados…” (v.6) indica que no sólo puede perdonar Dios, sino que en Jesús, también puede perdonar un hombre (Gnilka).

• A diferencia de los escribas, la multitud se llena de asombro y glorifica a Dios ante la curación del paralítico. La gente está impresionada por el poder de perdonar los pecados manifestado en la curación, y se alegra porque Dios ha concedido tal poder al Hijo del hombre. ¿Es posible atribuir esto a la comunidad eclesial donde se concedía el perdón de los pecados por mandato de Jesús? Mateo pone este episodio sobre el perdón de los pecados con la intención de aplicarlo a las relaciones fraternas dentro de la comunidad eclesial. En ella se tenía ya la práctica de perdonar los pecados por delegación de Jesús; era ésta una práctica que la sinagoga no compartía. El tema del perdón de los pecados aparece de nuevo en Mt 18 y al final del evangelio se afirma que ello tiene sus raíces en la muerte de Jesús en la cruz (26,28). Pero en nuestro contexto el perdón de los pecados aparece unido a la exigencia de la misericordia como se hace presente en el siguiente episodio, la vocación de Mateo: “…misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (Mt 9,13). Estas palabras de Jesús pretenden decir que él ha hecho visible el perdón de Dios; sobre todo en sus relaciones con los publicanos y pecadores, al sentarse con ellos a la mesa.

• Este relato que retoma el problema del pecado y reclama la conexión con la miseria del hombre, es una práctica del perdón que se ha de ofrecer, pero es sobre todo una historia que debe ocupar un espacio privilegiado en la predicación de nuestras comunidades eclesiales.

4) Para la reflexión personal

• ¿Estás convencido de que Jesús, llamado amigo de los pecadores, no desprecia tus debilidades y tus resistencias, sino que las comprende y te ofrece la ayuda necesaria para vivir en harmonía con Dios y con los hermanos? • Cuando vives la experiencia de negar o rechazar la amistad con Dios, ¿recurres al sacramento que te reconcilia con el Padre y con la Iglesia y que hace de ti una nueva creatura por la fuerza del Espíritu Santo?

5) Oración final

Los preceptos de Yahvé son rectos, alegría interior; el mandato de Yahvé es límpido, ilumina los ojos. (Sal 19,9)

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Lectio miércoles, 3 julio, 2019

Juan 20,24-29

1) Oración inicial

Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz; concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según san Juan 20,24-29

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.» Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros.» Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.» Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío.» Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído.»

3) Reflexión

• Hoy, en la fiesta de Santo Tomás, el evangelio nos presenta el encuentro de Jesús resucitado con el apóstol Tomás, que quería ver para poder creer. Por esto muchos lo llaman Tomás, el incrédulo. En realidad, el mensaje de este evangelio es bien diferente. Es mucho más profundo y actual.

• Juan 20,24-25: La duda de Tomás. Tomás, uno de los doce, no estaba presente cuando Jesús aparece a los discípulos la semana anterior. Tomás no cree en el testimonio de los demás que decían: “Hemos visto al Señor”. Pone condiciones: ««Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.”. Tomás es exigente. Quiere ver para creer. No quiere un milagro para poder creer. ¡No! Quiere ver las señales en las manos, en los pies y en el costado. No cree en un Jesús glorioso, desligado del Jesús humano que sufre en la cruz. Cuando Juan escribe, al final del siglo primero, había personas que no aceptaban la venida del Hijo de Dios en la carne (2 Jn 7; 1Jn 4,2-3). Eran los gnósticos que despreciaban la materia y el cuerpo. Y para criticar a los gnósticos, el evangelio de Juan habla de la preocupación de Tomás que quiere “ver para creer”. La duda de Tomás deja transparentar también lo difícil que era creer en la resurrección.

• Juan 20,26-27: No seas incrédulo, sino creyente. El texto dice “seis días después”. Esto significa que Tomás fue capaz de sostener su opinión durante una entera semana, contra el testimonio de los otros apóstoles. ¡Vaya tozudez! ¡Gracias a Dios, para nosotros! Y así, seis días después, durante la reunión de la comunidad, ellos tuvieron de nuevo una profunda experiencia de la presencia de Jesús resucitado en medio de ellos. Las puertas cerradas no pudieron impedir que El estuviera en medio de los que creían en El. Hoy pasa lo mismo. Cuando estamos reunidos, aunque tengamos las puertas cerradas, Jesús está en medio de nosotros. Y hasta hoy, la primera palabra de Jesús, es y será siempre: “¡La Paz esté con vosotros!» Lo que llama la atención es la bondad de Jesús. No critica, ni juzga la incredulidad de Tomás, sino que acepta el reto y dice: “Tomás, ¡ven, pon tu dedo en mis heridas!». Jesús confirma la convicción de Tomás y de las comunidades, a saber: el resucitado glorioso es ¡el crucificado torturado! El Jesús que está en la comunidad, no es un Jesús glorioso que no tiene nada en común con nuestra vida de gente normal. Es el mismo Jesús que vivió en esta tierra y que tiene en el cuerpo las señales de su pasión. Las señales de su pasión están hoy en el sufrimiento de la gente, en el hambre, en las señales de tortura, de injusticia. Y en las personas que reaccionan, que luchan por la vida y no se dejan abatir, Jesús resucita y se hace presente en medio de nosotros. Y ¡Tomás cree en este Cristo, y nosotros también!

• Juan 20,28-29: Felices los que no vieron y creyeron. Con él decimos: «¡Señor mío y Dios mío!» Esta entrega de Tomás es la actitud ideal de la fe. Y Jesús completa con el mensaje final: «Has creído porque has visto. ¡Dichosos los que no han visto y han creído ¡» Con esta frase, Jesús declara felices todos los que estamos en esta condición: sin haber visto, creemos que el Jesús que está en medio de nosotros, es el mismo Jesús que ¡murió crucificado!

El envío: «¡Como el Padre me ha enviado, yo también os envío!» De este Jesús, crucificado y resucitado, recibimos la misión, la misma que él recibió de su Padre (Jn 20,21). Aquí, en la segunda aparición, Jesús repite: «La paz sea con vosotros.” Esta repetición acentúa la importancia de la Paz. Construir la paz forma parte de la misión. Paz, significa mucho más que la ausencia de guerra. Significa construir una convivencia humana armoniosa, en la que las personas puedan ser ellas mismas, teniendo todas lo necesario para vivir, conviviendo felices y en paz. Fue ésta la misión de Jesús, y es también nuestra misión. Jesús sufrió y dijo:”Recibid al Espíritu Santo” (Jn 20,22). Solamente con la ayuda del Espíritu de Jesús, seremos capaces de realizar la misión que El nos dio. Enseguida Jesús comunicó el poder de perdonar los pecados: «A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.» El punto central de la misión de paz está en la reconciliación, en el intento de superar las barreras que nos separan. Este poder de reconciliar y de perdonar es dado a la comunidad (Jn 20,23; Mt 18,18). En el evangelio de Mateo es dado también a Pedro (Mt 16,19). Aquí se percibe que una comunidad sin perdón ni reconciliación no es una comunidad cristiana. Dicho con una palabra, nuestra misión es crear comunidad a ejemplo de la comunidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

4) Para la reflexión personal

• En la sociedad de hoy, las divergencias y tensiones de raza, clase, religión, género y cultura son enormes y crecen cada día. ¿Cómo realizar hoy la misión de reconciliación? • En tu familia y en tu comunidad, ¿hay algún grano de mostaza que apunta hacia una sociedad reconciliadora?

5) Oración final

¡Alabad a Yahvé, todas las naciones, ensalzadlo, pueblos todos! Pues sólido es su amor hacia nosotros, la lealtad de Yahvé dura para siempre. (Sal 117)

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Lectio martes, 2 julio, 2019

Mateo 8,23-27

1) Oración inicial Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz; concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor.

2) Lectura del Evangelio

Del Evangelio según Mateo 8,23-27 Subió a la barca y sus discípulos le siguieron. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero él estaba dormido. Acercándose ellos le despertaron diciendo: « ¡Señor, sálvanos, que perecemos!» Díceles: « ¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?» Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. Y aquellos hombres, maravillados, decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?»

3) Reflexión

• Mateo escribe para las comunidades de judíos convertidos de los años 70 que se sentían como un barco perdido en el mar revuelto de la vida, sin mucha esperanza de poder alcanzar el puerto deseado. Jesús parece que duerme en el barco, porque ellos no veían ningún poder divino que los salvara de la persecución. Mateo recoge diversos episodios de la vida de Jesús para ayudar las comunidades a descubrir, en medio de la aparente ausencia, la acogedora y poderosa presencia de Jesús vencedor, que domina el mar (Mt 8,23-27), que vence y expulsa el poder del mal (Mt 9,28-34) y que tiene poder de perdonar los pecados (Mt 9,1-8). Con otras palabras, Mateo quiere comunicar la esperanza y sugerir que las comunidades no deben temer nada. Este es el motivo del relato de la tormenta calmada del evangelio de hoy.

• Mateo 8,23: El punto de partida: entrar en el barco. Mateo sigue el evangelio de Marcos, pero lo acorta y lo incluye en el nuevo esquema que él adoptó. En Marcos, el día fue pesado por el mucho trabajo. Una vez terminado el discurso de las parábolas (Mc 4,3-34), los discípulos llevan a Jesús al barco y, de tan cansado que está, Jesús se duerme encima de una travesera (Mc 4,38). El texto de Mateo es mucho más breve. Solamente dice que Jesús entra en el barco, y los discípulos lo acompañan. Jesús es el Maestro, los discípulos siguen al maestro.

• Mateo 8,24-25: La situación es desesperada: “! Estamos a punto de perecer!” El lago da Galilea está cerca de altas montañas. A veces, por los resquicios de las rocas, el viento sopla fuerte sobre el lago produciendo repentinas tormentas. Viento fuerte, mar agitado, barco lleno de agua. Los discípulos eran pescadores experimentados. Si ellos piensan que están a punto de hundirse, quiere decir que la situación es peligrosa. Pero Jesús no parece darse cuenta, y sigue durmiendo. Ellos gritan: “Señor, ¡sálvanos! Que estamos pereciendo». En Mateo, el sueño profundo de Jesús no es sólo señal de cansancio, es también expresión de confianza tranquila de Jesús en Dios. ¡El contraste entre la actitud de Jesús y de los discípulos es grande!

• Mateo 8,26: La reacción de Jesús: “¿Por qué tenéis miedo?” Jesús se despierta, no por las olas, sino por el grito desesperado de los discípulos. Se dirige a ellos y dice: “¿Por qué tenéis miedo? ¡Hombres de poca fe!” Luego, él se levanta, amenaza los vientos y el mar, y todo queda en calma. La impresión que se tiene es que no era necesario aplacar el mar, pues no había ningún peligro. Es como cuando uno llega a casa de un amigo, y el perro, al lado del dueño de la casa, empieza a ladrar al visitante. Pero no es necesario tener miedo, porque el dueño está presente y controla la situación. El episodio de la tormenta calmada evoca el éxodo, cuando la multitud, sin miedo, atravesó las aguas del mar (Ex 14,22). Jesús rehace el éxodo. Evoca al profeta Isaías, que decía al pueblo: “Cuando atravieses las aguas, ¡yo estaré contigo!” (Is 43,2). Por fin, el episodio de la tormenta calmada evoca la profecía anunciada en el Salmo 107:

Los que viajaron en barco por el mar,
para traficar por las aguas inmensas,
contemplaron las obras del Señor,
sus maravillas en el océano profundo.
Con su palabra desató un vendaval,
que encrespaba las olas del océano:
ellos subían hasta el cielo,
bajaban al abismo,
se sentían desfallecer por el mareo,
se tambaleaban dando tumbos como ebrios,
y su pericia no les valía de nada.
Pero en la angustia invocaron al Señor,
y él los libró de sus tribulaciones:
cambió el huracán en una brisa suave
y se aplacaron las olas del mar;
entonces se alegraron de aquella calma,
y el Señor los condujo al puerto deseado. (Sal 107,23-30)

• Mateo 8,27: El miedo de los discípulos: “¿Quién es este hombre?” Jesús preguntó: “¿Por qué tenéis miedo?” Los discípulos no saben qué responder. Admirados, se preguntan: “¿Quién es éste, a quien hasta los vientos y el mar obedecen?” A pesar de haber vivido tanto tiempo con Jesús, no saben todavía quién es. ¡Jesús sigue siendo un extraño para ellos! ¿Quién es éste?

• ¿Quién es éste? ¿Quién es Jesús para nosotros, para mí? Esta debe ser la pregunta que nos lleva a continuar la lectura del Evangelio, todos los días, con el deseo de conocer más y más el significado y el alcance de la persona de Jesús para nuestra vida. De esta pregunta nace la Cristología. No nació de altas consideraciones teológicas, sino del deseo que los primeros cristianos tenían de encontrar siempre nuevos nombres y títulos para expresar lo que Jesús significaba para ellos. Son decenas y decenas los nombres, los títulos y los atributos, desde carpintero hasta hijo de Dios, que Jesús recibe: Mesías, Cristo, Señor, Hijo amado, Santo de Dios, Nazareno, Hijo del Hombre, Esposo, Hijo de Dios, Hijo del Dios altísimo, Hijo de María, carpintero, Profeta, Maestro, Hijo de David, Rabuni, Bendito el que viene en el nombre del Señor, Hijo, Pastor, Pan de vida, Resurrección, Luz del mundo, Camino, Verdad, Vida, Rey de los judíos, Rey de Israel, etc., etc. Cada nombre, cada imagen es un intento para expresar lo que Jesús significaba para ellos. Pero un nombre, por muy bonito que sea, nunca llega a revelar el misterio de una persona, mucho menos de la persona de Jesús. Jesús no cabe en ninguno de estos nombres, en ningún esquema, en ningún título. El es mayor que todo, supera todo. No puede ser enmarcado. El amor capta, la cabeza ¡no! Es a partir de la experiencia viva del amor, que los nombres, los títulos y las imágenes reciben su pleno sentido. Al final, ¿quién es Jesús para mí, para nosotros?

4) Para la reflexión personal

• ¿Cuál era el mar agitado en el tiempo de Jesús? ¿Cuál era el mar agitado en la época en que Mateo escribió su evangelio? ¿Cuál es hoy el mar agitado para nosotros? Alguna vez, ¿las aguas agitadas de la vida han amenazado con ahogarte? ¿Qué te salvó? • ¿Quién es Jesús para mí? ¿Cuál es el nombre de Jesús que mejor expresa mi fe y mi amor?

5) Oración final

Una edad a otra encomiará tus obras, pregonará tus hechos portentosos.
El esplendor, la gloria de tu majestad, el relato de tus maravillas recitaré. (Sal 145,4-5)

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Lectio lunes, 1 julio, 2019

Mateo 8,18-22

1) Oración inicial

Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz; concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 8,18-22

Viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre, mandó pasar a la otra orilla. Y un escriba se acercó y le dijo: « Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.» Dícele Jesús: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.»Otro de los discípulos le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre.» Dícele Jesús: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.»

3) Reflexión

• Desde la 10ª Semana del Tiempo Ordinario hasta la 12ª Semana, durante tres semanas, meditamos los capítulos de 5 a 8 del evangelio de Mateo. Dando secuencia a la meditación del capítulo 8, el evangelio de hoy presenta las condiciones del seguimiento de Jesús. Jesús decide ir para otra orilla del lago y una persona le pide seguirle (Mt 8,18-22).

• Mateo 8,18: Jesús manda pasar a la otra orilla del lago. Jesús había acogido y curado a todos los enfermos que la gente le había traído (Mt 8,16). Mucha gente se juntó a su alrededor. Viendo esa multitud, Jesús decidió ir para la otra orilla del lago. En el evangelio de Marcos, de donde Mateo saca gran parte de sus informaciones, el contexto es diferente. Jesús acababa de terminar el discurso de las parábolas (Mc 4,3-34) y dijo: “¡Vamos para el otro lado!” (Mc 4,35), y en el barco de donde había hecho el discurso (cf. Mc 4,1-2), los discípulos lo llevan a otro lado. De tan cansado que estaba, Jesús se durmió en la popa sobre el cojín. (Mc 4,38).

• Mateo 8,19: Un doctor de Ley quiere seguir a Jesús. En el momento en que Jesús decide atravesar el lago, un doctor de ley se acerca y dice: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.” Un texto paralelo de Lucas (Lc 9,57-62) trata el mismo asunto, pero de una forma algo distinta. Según Lucas, Jesús había decidido ir para Jerusalén donde iba ser condenado a muerte. Tomando rumbo hacia Jerusalén, entra en el territorio de Samaría (Lc 9,51-52), donde tres personas piden seguirle (Lc 9,57.59.61). En Mateo, que escribe para judíos convertidos, la persona que quiere seguir a Jesús es un doctor de la ley. Mateo acentúa el que es una autoridad de los judíos la que reconoce el valor de Jesús y que pide ser discípulo. En Lucas, que escribe para paganos convertidos, las personas que quieren seguir a Jesús son samaritanos. Lucas acentúa una apertura ecuménica de Jesús que acepta también a no judíos como discípulos.

• Mateo 8,20: La respuesta de Jesús al doctor de la Ley. La respuesta de Jesús es idéntica tanto en Mateo como en Lucas, y es una respuesta muy exigente que no deja dudas: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.” Quien quiere ser discípulo de Jesús tiene que saber lo que hace. Tiene que examinar las exigencias y calcular bien, antes de tomar una decisión (cf. Lc 14,28-32). “Del mismo modo, cualquiera de ustedes que no renuncia a todo lo que tiene, no puede ser discípulo mío” (Lc 14,33).

• Mateo 8,21: Un discípulo pide poder enterrar a su padre que ha fallecido. Alguien que era discípulo pide permiso para poder enterrar a su padre: «Señor. Déjame ir primero a enterrar a mi padre». Con otras palabras, pide a Jesús que remita a más tarde la travesía del lago, para después del entierro de Jesús. Enterrar a los padres era un deber sagrado de los hijos (cf Tb 4,3-4).

• Mateo 8,22: La respuesta de Jesús. De nuevo, la respuesta de Jesús es muy exigente. Jesús no aplaza su viaje para el otro lado del lago y dice a su discípulo: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos”. Cuando Elías llamó a Eliseo, dejó que Eliseo volviera a casa para despedirse de sus padres (1Reyes 19,20). Jesús es mucho más exigente. Para entender todo el alcance de la respuesta de Jesús conviene recordar que la expresión Deja que los muertos sepulten a sus muertosera un proverbio popular usado por la gente para significar que no hay que gastar energía en cosas que no tienen futuro y que no tienen nada que ver con la vida. Un proverbio así no puede tomarse al pie de la letra. Debe mirarse el objetivo con qué fue usado. Así que, aquí en nuestro caso, por medio del proverbio, Jesús acentúa la exigencia radical de la vida nueva a la que llama a las personas y que exige abandonarlo todo para poder seguir a Jesús. Describe las exigencias del seguimientode Jesús.

• Seguir a Jesús. Como los rabinos de la época, Jesús reúne a discípulos y discípulas. Todos ellos «siguen a Jesús». Seguirera el término que se usaba para indicar la relación entre el discípulo y el maestro. Para los primeros cristianos, Seguir a Jesús significaba tres cosas muy importantes, enlazadas entre sí:

a) Imitar el ejemplo del Maestro: Jesús era el modelo que había que imitar y re-crear en la vida del discípulo y de la discípula (Jo 13,13-15). La convivencia diaria permitía un confronto constante. En la «escuela de Jesús” se enseñaba sólo una única materia: el Reino, y este Reino se reconocía en la vida y en la práctica de Jesús.

b) Participar del destino del Maestro: Quien seguía a Jesús debía comprometerse con él a «estar con él en sus en sus pruebas» (Lc 22,28), inclusive en las persecuciones (Mt 10,24-25) y en la cruz (Lc 14,27). Tenía que estar dispuesto a morir con él (Jn 11,16).

c) Tener la vida de Jesús dentro de sí: Después de Pascua, a la luz de la resurrección, el seguimiento asume esta tercera dimensión: «Vivo, más no vivo yo, es Cristo que vive en mí» (Gl 2,20). Se trata de la dimensión mística del seguimiento, fruto de la acción del Espíritu. Los cristianos tratan de rehacer en sus vidas el camino que Jesús había recorrido, muriendo en defensa de la vida y resucitado por el poder de Dios (Fil 3,10-11).

4) Para la reflexión personal

• Ser discípulo, discípula, de Jesús. Seguir a Jesús. ¿Cómo estoy viviendo el seguimiento de Jesús? • Las zorras tienen guaridas y las aves del cielo tienen nido; pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza. ¿Cómo vivir hoy esta exigencia de Jesús?

5) Oración final

Los que lo miran quedarán radiantes, no habrá sonrojo en sus semblantes. Si grita el pobre, Yahvé lo escucha, y lo salva de todas sus angustias. (Sal 34,6-7)

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Lectio Domingo, 30 junio, 2019

Lucas 9,51-62
El difícil proceso en la formación de los discípulos.
Cómo nacer de nuevo.

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Clave de lectura:

En el contexto del Evangelio de Lucas, el texto de este domingo se encuentra al principio de la nueva fase de las actividades de Jesús. Los frecuentes conflictos de mentalidad con el pueblo y con las autoridades religiosas (Lc 4,28; 5,21.30; 6,2.7; 7,19.23.33-34.39) confirmaron a Jesús a lo largo del camino como el Mesías Siervo, previsto por Isaías (Is 50, 4-9; 53,12) y asumido por Él desde el comienzo de su actividad apostólica (Lc 4,18). A partir de esto, Jesús empieza a anunciar su pasión y muerte (Lc 9,22.43-44) y decide ir a Jerusalén (Lc 9,51) Este cambio de ruta de los acontecimientos produce una crisis en los discípulos (Mc 8,31-33). Ellos no entienden y tienen miedo (Lc 9,45), porque en ellos continúa dominando la mentalidad antigua sobre el Mesías glorioso. Lucas describe varios episodios en los que aflora la vieja mentalidad de los discípulos: deseo de ser el más grande (Lc 9,46-48); voluntad de controlar el nombre de Jesús (Lc 9,49-50); reacción violenta de Santiago y de Juan ante el rechazo de los samaritanos de acoger a Jesús (Lc 9,51-55). Lucas indica también cómo Jesús se esfuerza en hacer entender a sus discípulos la nueva idea de su misión. El texto de este domingo (Lc 9,51-62) describe algunos ejemplos de cómo hacía Jesús para formar sus discípulos.

b) Una división del texto para ayudar en su lectura:

Lucas 9,51-52: Jesús decide ir a Jerusalén Lucas 9,52b-53: Una aldea de Samaría no ofrece acogida Lucas 9,54: Reacción de Juan y Santiago frente al no samaritano Lucas 9,55-56: Reacción de Jesús frente a la violencia de Santiago y Juan Lucas 9,57-58: Primera propuesta de seguir a Jesús Lucas 9,59-60: Segunda propuesta de seguir a Jesús Lucas 9,61-62: Tercera propuesta de seguir a Jesús

c) El texto:

51 Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén. 52 Envió, pues, mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; 53 pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. 54 Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?» 55Pero, volviéndose, les reprendió; 56 y se fueron a otro pueblo. 57 Mientras iban caminando, uno le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas.» 58 Jesús le dijo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.» 59 A otro dijo: «Sígueme.» Él respondió: «Déjame ir primero a enterrar a mi padre.» 60 Le respondió: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios.» 61 También otro le dijo: «Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa.» 62 Le dijo Jesús: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios.»

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Cuál es el punto del texto que te ha gustado más y que más te ha impresionado? b) ¿Qué defectos y limitaciones de los discípulos se descubren en el texto? c) ¿Cuál es la pedagogía de Jesús y que Él usa para corregir estos defectos? d) ¿Cuáles son los hechos del Antiguo Testamento que se recuerdan en los textos? e) ¿Con cuáles de estas tres vocaciones (vv. 57-62) te identificas? ¿Por qué? f) ¿Cuál es el defecto de los discípulos de Jesús más presente en nosotros, sus discípulos de hoy?

5. Una clave de lectura

para profundizar mucho más en el tema.

a) Contexto histórico de nuestro texto:

El contexto histórico del Evangelio de Lucas tiene siempre estos dos aspectos: el contexto del tiempo de Jesús de los años treinta, en Palestina, y el contexto de las comunidades cristianas de los años ochenta, en Grecia, para las que Lucas escribe su Evangelio.

En el tiempo de Jesús en Palestina. Para Jesús no fue cosa fácil formar a sus discípulos y discípulas. Porque no es por el hecho de que una persona vaya con Jesús o que vive en comunidad, por lo que esta persona es ya santa y perfecta. La mayor dificultad viene de “la levadura de los fariseos y de Herodes” ( Mc 8,15), o sea, de la ideología dominante de la época, promovida por la religión oficial (fariseos) y por el gobierno ( herodianos). Combatir esta levadura hacía parte de la formación que Jesús daba a sus discípulos. Porque el modo de pensar de los grandes tenía raíces profundas y renacía, siempre de nuevo, en la cabeza de los pequeños, de los discípulos. El texto que meditamos este domingo nos da una idea de cómo Jesús afrontaba este problema.

Al tiempo de Lucas, en las comunidades de Grecia. Para Lucas era importante ayudar a los cristianos a no dejarse llevar por “la levadura” del imperio romano y de la religión pagana. Lo mismo vale para hoy. El “fermento” del sistema neoliberal, divulgado por los medios de comunicación, propaga la mentalidad consumística, contraria a los valores del Evangelio. No es fácil para la persona descubrir que la están engañando: “¿Esto que tengo en la mano acaso no es falso?” (Is 44,20)

b) Comentario del texto:

Lucas 9,51-52 : Jesús decide ir a Jerusalén “Mientras se iban cumpliendo los días de su asunción”. Esta afirmación indica que Lucas lee la vida de Jesús a la luz de los profetas. Quiere dejar bien claro a los lectores que Jesús es el Mesías, en el que se cumple lo que los profetas anunciaron. El modo mismo de hablar aparece en el evangelio de Juan: “Sabiendo Jesús que era llegada su hora de pasar de este mundo al Padre,…” (Jn 3,1). Jesús, obediente al Padre, “se dirige decididamente a Jerusalén”.

Lucas 9,52b-53: Una aldea de Samaría no ofrece hospitalidad. La hospitalidad era una de las bases de la vida comunitaria. Difícilmente, dejaba la gente pasar la noche a alguno fuera, sin acogerlo (Gén 18,1-5; 19,1-3; Jue 19,15-21). Pero en el tiempo de Jesús la rivalidad entre judíos y samaritanos empujaba a la gente de la Samaría a no acoger a los judíos en peregrinación hacia Jerusalén y esto obligaba a los judíos a no pasar por la Samaría, cuando se dirigían a Jerusalén. Preferían caminar por la parte del valle de Jordán. Jesús no está de acuerdo con esta discriminación y pasa por la Samaría. Por lo que sufre las consecuencias de la discriminación y no recibe hospitalidad.

Lucas 9,54: Reacción violenta de Santiago y Juan ante el rechazo samaritano Inspirado por el ejemplo del profeta Elías, Santiago y Juan quieren que descienda fuego para que extermine a los habitantes de aquella aldea. (2Re 1,10.12; 1Re 18,38). Piensan que por el simple hecho de que están con Jesús, todos deben acogerlos. Ellos poseen la vieja mentalidad, la de ser gente privilegiada. Piensan tener a Dios de su parte para defenderlos.

Lucas 9,55-56: Reacción de Jesús ante la violencia de Santiago y Juan “Jesús se volvió y los reprendió”. Algunas biblias basándose en manuscritos antiguos, dicen también: “Vosotros no sabéis de qué espíritu sois. El Hijo del hombre no ha venido para tomar la vida de los hombres, sino para salvarla”. El hecho de que alguien esté con Jesús, no da derecho a nadie a pensar que es superior a los otros o que los otros deben rendirle honores. El “Espíritu” de Jesús pide lo contrario: perdonar setenta veces siete (Mt 18,22). Jesús escoge el perdonar al ladrón que le rogaba en la cruz. (Lc 23,43).

Lucas 9,57-58: Primera propuesta de seguir a Jesús Uno le dice: “Te seguiré adondequiera que vayas”. La respuesta de Jesús es muy clara y sin tapujos. No deja dudas: el discípulo que quiere seguir a Jesús debe imprimir en la mente y en el corazón lo siguiente: Jesús no tiene nada, ni siquiera una piedra donde reclinar la cabeza. Las zorras y los pájaros le llevan en esto ventaja, porque por lo menos tienen guaridas y nidos.

Lucas 9, 59-60: Segunda propuesta de seguir a Jesús Jesús dijo a otro: “¡Sígueme!” Esta misma palabra les fue dirigida a los primeros discípulos: “¡Sígueme!” (Mc 1,17.20; 2,14). La reacción de la persona llamada es positiva. Está dispuesta a seguir a Jesús. Sólo pide permiso para poder enterrar a su padre. La respuesta de Jesús es dura: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios”. Probablemente que se trata de un proverbio popular usado para decir que se debe ser radical en las decisiones que se toman. Aquel que se dispone a seguir a Jesús debe dejar todo detrás de sí. Es como si muriese a todo lo que posee y resucitase a otra vida.

Lucas 9,61-62: Tercera propuesta de seguir a Jesús Un tercer caso: “Te seguiré, pero déjame antes despedirme de los de mi casa”. De nuevo la respuesta de Jesús es dura y radical: “Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás, es apto para el Reino de Dios”. Jesús es más exigente que el Profeta Elías cuando éste llamó a Eliseo para que fuera su discípulo (1 Re 19,19-21). El Nuevo Testamento supera al Antiguo en la exigencia y en la práctica del amor.

c) Profundizando: Jesús Formador:

El proceso de formación de los discípulos era exigente, lento y doloroso. Porque no es fácil hacer nacer en ellos una nueva experiencia de Dios, una nueva visión de la vida y del prójimo. ¡Es como nacer de nuevo! (Jn 5-9). La mentalidad antigua renace y reaparece en la vida de las personas, de las familias y de las comunidades. Jesús no escatima esfuerzos para formar a sus discípulos. Dedicaba a esto mucho tiempo. No siempre lo consiguió. Judas lo traicionó, Pedro lo negó y, en el momento de la prueba, todos le abandonaron. Solamente las mujeres y Juan permanecieron cercanos a Él, junto a la cruz. Pero el Espíritu Santo que Jesús les envió después de la resurrección, completó la operación iniciada por Él (Jn 14,26; 16,13). Además de lo que ya hemos observado en el texto de este domingo (Lc 9,51-62), Lucas habla de otros muchos casos para indicar cómo hacía Jesús para formar a los discípulos y ayudarlos a superar la mentalidad engañosa de la época.

En Lucas 9,46-48 los discípulos discuten entre ellos para saber quién es el más grande. Aquí, la mentalidad competitiva y de lucha por el poder, característica de la sociedad del Imperio Romano, se infiltraba ya en la pequeña comunidad de Jesús, que apenas está comenzando. Jesús ordena tener una mentalidad contraria. Toma a un niño, lo coloca junto a Él y se identifica con él diciendo: “¡El que acoge a un pequeño como éste, me acoge a mí, y el que me acoge a mi, acoge al Padre!” Los discípulos discuten sobre quién era el más grande, y Jesús ordena mirar y acoger al más pequeño. Y este es el punto sobre el que Jesús insiste mayormente y sobre el que dió más testimonio: “No he venido para ser servido, sino para servir” (Mc 10,45).

En Lucas 9,49-50, una persona que no era del grupo de los discípulos, se servía del nombre de Jesús para expulsar los demonios. Juan lo vió y se lo prohibió: “Se lo hemos impedido porque no era de los nuestros”. En nombre de la comunidad Juan impide una buena acción. Él pensaba que era el dueño de Jesús y quería prohibir que otros usaran el nombre de Jesús para hacer el bien. Quería una comunidad cerrada en sí misma. Aquí se manifiesta la vieja mentalidad del “¡Pueblo elegido, Pueblo separado! Jesús responde: “No se lo impidáis, porque quien no está contra vosotros, está por vosotros. El objetivo de la formación no puede conducir a un sentimiento de privilegio y de posesión, sino que debe conducir a una actitud de servicio. Para Jesús, lo que importa no es si la persona forma parte o no de la comunidad, sino más bien si hace o no el bien que la comunidad debe hacer.

He aquí otros casos de cómo Jesús educa a sus discípulos y discípulas. Una manera de dar forma humana a la experiencia que Él mismo tenía de Dios Padre. Vosotros podéis completar la lista: * los compromete en la misión y al regreso hace la revisión con ellos (Mc 6,7; Lc 9,1-2; 10,1-12,17-20) * les corrige cuando se equivocan (Lc 9,46-48; Mc 10,13-15) * les ayuda a discernir (Mc 9,28-29) * les pregunta cuando no comprenden o son tardos en entender (Mc 4,13; 8,14-21) * les prepara para la lucha (Mt 10,17s) * reflexiona con ellos sobre los problemas del momento (Lc 13,1-5) * les manda observar la realidad (Mc 8,27-29; Jn 4,35; Mt 16,1-3) * les coloca frente a las necesidades de las gentes (Jn 6,5) * les enseña que las necesidades de las gentes están sobre cualquier prescripción ritual (Mt 12,7.12) * les defiende cuando son criticados por los adversarios (Mc 2,19; 7,5-13) * se ocupa de su descanso y de su alimentación (Mc 6.31; Jn 21,9) * pasa momentos solo con ellos para poder instruirlos (Mc 4,34; 7,1; 9,30-31; 10,10; 13,3) * insiste en la vigilancia y enseña a orar (Lc 11,1-13; Mt 6,5-15)

6. Salmo 19 (18) , 8-15

La ley de Dios fuente de formación

La ley de Yahvé es perfecta,
hace revivir;
el dictamen de Yahvé es veraz,
instruye al ingenuo.
Los preceptos de Yahvé son rectos,
alegría interior;
el mandato de Yahvé es límpido,
ilumina los ojos.
El temor de Yahvé es puro,
estable por siempre;
los juicios del Señor veraces,
justos todos ellos,
apetecibles más que el oro,
que el oro más fino;
más dulces que la miel,
más que el jugo de panales.
Por eso tu siervo se empapa en ellos,
guardarlos trae gran ganancia;
Pero ¿quién se da cuenta de sus yerros?
De las faltas ocultas límpiame.
Guarda a tu siervo también del orgullo,
no sea que me domine;
entonces seré irreprochable,
libre de delito grave.
Acepta con agrado mis palabras,
el susurro de mi corazón,
sin tregua ante ti, Yahvé,
Roca mía, mi redentor.

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

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Lectio sábado, 29 junio, 2019

 

Mateo 16,13-23
Jesús dice a Pedro: «Tú eres Piedra» Piedra de apoyo y piedra de escándalo

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia,

Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Tí, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Una clave de lectura:

El texto litúrgico de la fiesta de San Pedro y San Pablo está tomado del Evangelio de Mateo: 16,13-19. En el comentario que haremos incluimos también los versículos 20-23. Porque en el conjunto del texto, del versículo 13 al 23, Jesús volviéndose a Pedro por dos veces lo llama «piedra». Una vez piedra de fundamento (Mt 16,18) y otra vez piedra de escándalo. (Mt 16,23). Las dos afirmaciones se complementan mutuamente. Durante la lectura del texto sería bueno poner atención al modo de conducirse de Pedro y a las solemnes palabras, que Jesús le dirige en dos ocasiones.

b) Una división del texto para ayudar en la lectura:

13-14: Jesús quiere saber las opiniones del pueblo sobre su persona. 15-16: Jesús pregunta a los discípulos y Pedro confiesa: «¡Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios!» 17-20: Respuesta solemne de Jesús a Pedro (frase central de la fiesta de hoy). 21-22: Jesús pone en claro el significado de Mesías, pero Pedro reacciona y no lo acepta. 22-23: Respuesta solemne de Jesús a Pedro.

c) El texto:

Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas.»

Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.»

Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.» Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo.

Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día.

Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: «¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!» Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!

3. Un momento de silencio orante

Para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración. a) ¿Qué punto ha llamado más mi atención? b) ¿Cuáles son las opiniones del pueblo sobre Jesús? ¿Qué piensan Pedro y los discípulos sobre Jesús? c) ¿Quién es Jesús para mi? ¿Quién soy yo para Jesús? d) Pedro es piedra de dos modos: ¿cuáles? e) ¿Qué tipo de piedra es nuestra comunidad? f) En el texto aparecen muchas opiniones sobre Jesús y varias maneras de presentarse la fe. Hoy también existen muchas opiniones diferentes sobre Jesús. ¿Qué opiniones son las conocidas por nuestra comunidad? ¿Qué misión resulta de todo esto para nosotros?

5. Una clave de lectura

para profundizar en el tema.

i) El contexto:

En las partes narrativas de su Evangelio, Mateo acostumbra seguir el orden del Evangelio de Marcos. Tal vez él cita otra fuente conocida por él y por Lucas. Pocas veces presenta informaciones propias que aparezcan sólo en su Evangelio, como en el caso del evangelio de hoy. Este texto, con el diálogo entre Jesús y Pedro, recibe diversas interpretaciones, incluso hasta opuestas, en las iglesias cristianas. En la iglesia católica constituye el fundamento del primado de Pedro. Sin disminuir a propósito la importancia de este texto, conviene situarlo en el contexto del Evangelio de Mateo, en el cual, en otros textos las mismas cualidades conferidas a Pedro son atribuidas casi todas también a otras personas. No son una exclusiva de Pedro.

ii) Comentario del texto:

a) Mateo: 16,13-16: Las opiniones del pueblo y de los discípulos con respecto a Jesús.

Jesús quiere saber la opinión del pueblo sobre su persona. Las respuestas son muy variadas: Juan Bautista, Elías, Jeremías, uno de los profetas. Cuando Jesús pide la opinión a los mismos discípulos, Pedro en nombre de todos, dice: «¡Tú eres el Cristo el Hijo de Dios vivo!» Esta respuesta de Pedro no es nueva. Anteriormente, después de caminar sobre las aguas, ya los mismos discípulos habían hecho una confesión de fe semejante: «¡Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios!» (Mt 14, 33). Es el reconocimiento de que en Jesús se realizan las profecías del Antiguo Testamento. En el Evangelio de Juan la misma profesión de fe se hace por medio de Marta: «¡Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios que ha venido a este mundo!» (Jn 11,27).

b) Mateo: 16-17: La respuesta de Jesús a Pedro: ¡Dichoso tú, Pedro!

Jesús proclama «dichoso» a Pedro, porque ha recibido una revelación del Padre. Tampoco aquí es nueva la respuesta de Jesús. Anteriormente Jesús había hecho una idéntica proclamación de beatitud a los discípulos porque veían y oían cosas que ninguno antes había conocido (Mt 13,16), y había alabado al Padre porque había revelado el Hijo a los pequeños y no a los sabios (Mt 11,25). Pedro es uno de los pequeños a los que el Padre se revela. La percepción de la presencia de Dios en Jesús no «viene de la carne ni de la sangre», o sea, no es fruto de estudio, ni es mérito de ningún esfuerzo humano, sino que es un don que Dios concede a quién quiere.

c) Mateo: 16,18-20: Las calificaciones de Pedro: Ser piedra de fundamento y recibir en posesión las llaves del Reino.

1. Ser Piedra: Pedro debe ser la piedra, a saber, debe ser el fundamento firme para la Iglesia, de modo que pueda resistir contra los asaltos de las puertas del infierno. Con estas palabras de Jesús a Pedro, Mateo animaba a las comunidades de la Siria o de la Palestina, que sufrían y eran perseguidas y que veían en Pedro el jefe que las había sellado desde los orígenes. A pesar de ser débiles y perseguidas, ellas tenían un fundamento sólido, garantizado por la palabra de Jesús. En aquel tiempo, las comunidades cultivaban una estrecha relación afectiva muy fuerte con los jefes que habían dado origen a la comunidad. Así las comunidades de la Siria y Palestina cultivaban su relación con la persona de Pedro. La de la Grecia con la persona de Pablo. Algunas comunidades de Asia con la persona del Discípulo amado y otras con la persona de Juan el del Apocalipsis. Una identificación con estos jefes de sus orígines les ayudaba a cultivar mejor la propia identidad y espiritualidad. Pero podía ser también motivo de conflicto, como en el caso de la comunidad de Corinto (1Cor 1,11-12). Ser piedra como fundamento de la fe evoca la palabra de Dios al pueblo en el destierro de Babilonia: «Oídme vosotros, los que seguís la justicia, los que buscáis a Yahvé. Considerad la roca de la que habéis sido tallados y la cantera de la que habéis sido sacados. Mirad a Abrahán, vuestro padre y a Sara que os dio a luz; porque sólo a él lo llamé yo, lo bendije y lo multipliqué.» (Is 51,1-2). Aplicada a Pedro, esta cualidad de piedra-fundamento, indica un nuevo comienzo del pueblo de Dios.

2. Las llaves del Reino: Pedro recibe las llaves del Reino para atar y desatar, o sea, para reconciliar entre ellos y con Dios . El mismo poder de atar y desatar se les ha sido dado a las comunidades (Mt 18,8) y a los discípulos (Jn 20,23). Uno de los puntos en el que el Evangelio de Mateo insiste más, es el de la reconciliación y el perdón. (Mt 5,7.23-24.38-42.44-48; 6,14-15; 18,15-35). El hecho es que en los años 80 y 90, allá en la Siria existían muchas tensiones en las comunidades y divisiones en las familias por causa de la fe en Jesús. Algunos lo aceptaban como Mesías y otros no, y esto era fuente de muchos desavenencias y conflictos. Mateo insiste sobre la reconciliación. La reconciliación era y sigue siendo uno de los más importantes deberes de los coordinadores de las comunidades. Imitando a Pedro, deben atar y desatar, esto es, trabajar para que haya reconciliación, aceptación mutua, construcción de la verdadera fraternidad.

3. La Iglesia: La palabra Iglesia, en griego ekklesia, aparece 105 veces en el Nuevo Testamento, casi exclusivamente en las Actas de los Apóstoles y en las Cartas. Solamente tres veces en los Evangelios, y sólo en Mateo. La palabra significa» asamblea convocada» o » asamblea elegida». Esta indica el pueblo que se reúne convocado por la Palabra de Dios, y trata de vivir el mensaje del Reino que Jesús nos ha traído. La Iglesia o la comunidad no es el Reino, sino un instrumento y una señal del Reino. El Reino es más grande. En la Iglesia, en la comunidad, debe o debería aparecer a los ojos de todos, lo que sucede cuando un grupo humano deja a Dios reinar y tomar posesión de su vida.

d) Mateo: 16,21-22: Jesús completa lo que falta en la respuesta de Pedro y éste reacciona y no acepta.

Pedro había confesado: «¡Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo!» Conforme a la ideología dominante del tiempo, él se imaginaba un Mesías glorioso. Jesús lo corrige: Es necesario que el Mesías sufra y sea muerto en Jerusalén». Diciendo «es necesario», Él indica que el sufrimiento ya estaba previsto en las profecías (Is 53, 2-8). Si los discípulos aceptan a Jesús como Mesías e Hijo de Dios, deben aceptarlo también como Mesías Siervo que va a morir. ¡No sólo el triunfo de la gloria, sino también el camino de la cruz! Pero Pedro no acepta la corrección de Jesús y trata de disuadirlo.

e) Mateo: 16-23: La respuesta de Jesús a Pedro: piedra de escándalo.

La respuesta de Jesús es sorprendente: «¡Retírate de mi, Satanás! Tú me sirves de escándalo, porque no sientes las cosas de Dios sino la de los hombres». Satanás es el que nos aparta del camino que Dios ha trazado para nosotros. Literalmente Jesús dice: «¡Colócate detrás de mi!» (Vada retro! En latín). Pedro quería tomar la guía e indicar la dirección del camino. Jesús dice: «¡Detrás de mí!» Quien señala la dirección y el ritmo no es Pedro, sino Jesús. El discípulo debe seguir al maestro. Debe vivir en conversión permanente. La palabra de Jesús era también un mensaje para todos aquéllos que guiaban la comunidad. Ellos deben «seguir» a Jesús y no pueden colocarse delante como Pedro quería hacer. Non son ellos los que pueden indicar la dirección o el estilo. Al contrario, como Pedro, en vez de piedra de apoyo, pueden convertirse en piedra de escándalo. Así eran algunos jefes de las comunidades en tiempos de Mateo. Había ambigüedad. ¡Así nos puede suceder a nosotros hoy!

iii) Ampliando informaciones del evangelio sobre Pedro: un retrato de San Pedro

Pedro de pescador de peces se transformó en pescador de hombres (Mc 1,7). Estaba casado (Mc 1,30). Hombre bueno, muy humano. Estaba llamado naturalmente a ser el jefe entre los doce primeros discípulos de Jesús. Jesús respetó esta tendencia natural e hizo de Pedro el animador de su primera comunidad (Jn 21, 17). Antes de entrar en la comunidad de Jesús, Pedro se llamaba Simón bar Jona (Mt 16,17), Simón hijo de Jonás. Jesús le dió el sobrenombre de Cefas o Piedra, que luego se convirtió en Pedro. (Lc 6,14).

Por naturaleza, Pedro podía serlo todo, menos una piedra. Era valiente en el hablar, pero a la hora del peligro se dejaba llevar del miedo y huía. Por ejemplo, aquella vez que Jesús llegó caminando sobre las aguas, Pedro pidió: «Jesús, ¿puedo yo también ir a ti sobre las aguas?» Jesús respondió «¡Ven, Pedro!» Pedro desciende de la barca, se pone a caminar sobre las aguas. Pero cuando llega una ola un poco más alta de lo acostumbrado, se asusta, comienza a hundirse y exclama: «¡Sálvame, Señor!» Jesús lo tomó de la mano y lo salvó (Mt 14, 28-31). En la última cena, Pedro dice a Jesús: «¡Yo no te negaré jamás, Señor!» (Mc 14,31), pero pocas horas después, en el palacio del sumo sacerdote, delante de una sierva, cuando Jesús ya había sido arrestado, Pedro negó con juramento el tener algo que ver con Jesús (Mc 14, 66-72). En el huerto de los olivos, cuando Jesús fue arrestado, él llega hasta desenvainar la espada (Jn 18, 10), pero luego huyó, dejando solo a Jesús (Mc 14,50). Por naturaleza ¡Pedro no era piedra

Sin embargo, este Pedro tan débil y tan humano, tan igual a nosotros, se convirtió en Piedra, porque Jesús ha rezado por él diciendo: «¡Pedro, yo he orado por ti, para que no desfallezca tu fe. Y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos!» (Lc 22,31-32). Por esto, Jesús podía decir: «¡Tú eres Pedro y sobre esta piedra yo edificaré mi Iglesia!» (Mt 16,18). Jesús le ayudó a ser piedra. Después de la resurrección, en Galilea, Jesús se apareció a Pedro y le pidió dos veces: «¿Pedro me amas?» Y Pedro dos veces respondió: «Señor, Tú sabes que te amo.». » (Jn 21, 15.16). Cuando Jesús hizo la misma pregunta por tercera vez, Pedro se entristeció. Debió recordar que lo había negado tres veces. A la tercera pregunta, él respondió: «Señor, Tú lo sabes todo. Tú sabes que yo te amo». Y fue en aquel momento cuando Jesús le confió el cuidado de las ovejas, diciendo: ¡Pedro, apacientas mis ovejas! Con la ayuda de Jesús la firmeza de la piedra crecía en Pedro y se reveló en el día de Pentecostés.

En el día de Pentecostés, después de la venida del Espíritu Santo, Pedro abrió la puerta de la sala, donde estaban todos reunidos, a puertas cerradas por miedo de los judíos (Jn 20,19), se llenó de valor y comenzó a anunciar la Buena Noticia de Jesús al pueblo (Act 2,14-40). ¡Y no se paró nunca más!. Por causa de este anuncio valeroso de la resurrección, fue arrestado (Act 4,3). En el interrogatorio le fue prohibido anunciar la buena noticia (Act 4,18), pero Pedro no obedeció la prohibición. Él decía: «¡Nosotros pensamos que debemos obedecer a Dios antes que a los hombres!» (Act 4, 19; 5,29). Fue arrestado de nuevo y (Act 5,18.26). Fue castigado (Act 5,40). Pero el dijo: «Muchas gracias. Pero nosotros continuaremos» (cfr. Act 5,42).

La tradición cuenta que, al final de su vida, cuando estaba en Roma, Pedro tuvo todavía un momento de miedo. Pero luego volvió sobre sus pasos, fue arrestado y condenado a la muerte de cruz. Él pidió que le crucificasen con la cabeza hacia abajo. Pensaba que no era digno de morir del mismo modo que su maestro Jesús. ¡Pedro fue fiel así mismo hasta el final!

6. Salmo 103 (102)

Acción de gracias
Bendice, alma mía, a Yahvé,
el fondo de mi ser, a su santo nombre.
Bendice, alma mía, a Yahvé,
nunca olvides sus beneficios.
Él, que tus culpas perdona,
que cura todas tus dolencias,
rescata tu vida de la fosa,
te corona de amor y ternura,
satura de bienes tu existencia,
y tu juventud se renueva como la del águila.
Yahvé realiza obras de justicia
y otorga el derecho al oprimido,
manifestó a Moisés sus caminos,
a los hijos de Israel sus hazañas.
Yahvé es clemente y compasivo,
lento a la cólera y lleno de amor;
no se querella eternamente,
ni para siempre guarda rencor;
no nos trata según nuestros yerros,
ni nos paga según nuestras culpas.
Como se alzan sobre la tierra los cielos,
igual de grande es su amor con sus adeptos;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros crímenes.
Como un padre se encariña con sus hijos,
así de tierno es Yahvé con sus adeptos;
que él conoce de qué estamos hechos,
sabe bien que sólo somos polvo.
¡El hombre! Como la hierba es su vida,
como la flor del campo, así florece;
lo azota el viento y ya no existe,
ni el lugar en que estuvo lo reconoce.
Pero el amor de Yahvé es eterno
con todos que le son adeptos;
de hijos a hijos pasa su justicia,
para quienes saben guardar su alianza,
y se acuerdan de cumplir sus mandatos.
Yahvé asentó su trono en el cielo,
su soberanía gobierna todo el universo.
Bendecid a Yahvé, ángeles suyos,
héroes potentes que cumplís sus órdenes
en cuanto oís la voz de su palabra.
Bendecid a Yahvé, todas sus huestes,
servidores suyos que hacéis su voluntad.
Bendecid a Yahvé, todas sus obras,
en todos los lugares de su imperio.
¡Bendice, alma mía, a Yahvé!

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén

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