Lectio lun, 27 sep 2021

Tiempo Ordinario

Oración inicial

¡Oh Dios!, que manifiestas especialmente tu poder con el perdón y la misericordia; derrama incesantemente sobre nosotros tu gracia, para que, deseando lo que nos prometes, consigamos los bienes del cielo. Por nuestro Señor.

Lectura del santo Evangelio según Lucas 9,46-50

Surgió entre los discípulos una discusión sobre quién era el más grande de ellos. Dándose cuenta Jesús de lo que estaban discutiendo, tomó a un niño, lo puso junto a sí y les dijo: «El que reciba a este niño en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe también al que me ha enviado. En realidad el más pequeño entre todos ustedes, ése es el más grande».

Entonces, Juan le dijo: «Maestro, vimos a uno que estaba expulsando a los demonios en tu nombre; pero se lo prohibimos, porque no anda con nosotros». Pero Jesús respondió: «No se lo prohíban, pues el que no está contra ustedes, está en favor de ustedes».

Reflexión

  • El texto se ilumina. Si anteriormente Lucas nos presentaba cómo se reunían los hombres en torno a Jesús para reconocerlo por la fe, para escucharlo y presenciar sus curaciones, ahora se abre una nueva etapa de su itinerario público. La atención a Jesús no monopoliza ya la actitud de la muchedumbre, sino que Jesús se nos presenta como el que poco a poco es quitado a los suyos para ir al Padre. Este itinerario supone el viaje a Jerusalén. Cuando está a punto de emprender este viaje, Jesús les revela el final que le espera (9,22). Después se transfigura ante ellos como para indicar el punto de partida de su “éxodo” hacia Jerusalén. Pero inmediatamente después de la experiencia de la luz en el acontecimiento de la transfiguración, Jesús vuelve a anunciar su pasión dejando a los discípulos en la inseguridad y en la turbación. Las palabras de Jesús sobre el hecho de su pasión, “el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres”, encuentran la incomprensión de los discípulos (9,45) y un temor silencioso (9,43).
  • Jesús toma a un niño. El enigma de la entrega de Jesús desencadena una disputa entre los discípulos sobre a quién le corresponderá el primer puesto. Sin que sea requerido su parecer, Jesús, que como el mismo Dios lee en el corazón, interviene con un gesto simbólico. En primer lugar toma a un niño y lo pone junto a él. Este gesto indica la elección, el privilegio que se recibe en el momento en que uno pasa a ser cristiano (10,21-22). A fin de que este gesto no permanezca sin significado, Jesús continúa con una palabra de explicación: no se enfatiza la “grandeza” del niño, sino la tendencia a la “acogida”. El Señor considera “grande” al que, como el niño, sabe acoger a Dios y a sus mensajeros. La salvación presenta dos aspectos: la elección por parte de Dios simbolizada en el gesto de Jesús acogiendo al niño, y la acogida de Jesús (el Hijo) y de todo hombre por parte del que lo ha enviado, el Padre. El niño encarna a Jesús, y los dos juntos, en la pequeñez y en el sufrimiento, realizan la presencia de Dios (Bovon). Pero estos dos aspectos de la salvación son también indicativos de la fe: en el don de la elección emerge el elemento pasivo, en el servicio, el activo; son dos pilares de la existencia cristiana. Acoger a Dios o a Cristo en la fe tiene como consecuencia acoger totalmente al pequeño por parte del creyente o de la comunidad. El “ser grandes”, sobre lo cual discutían los discípulos, no es una realidad del más allá, sino que mira al momento presente y se expresa en la diaconía del servicio. El amor y la fe vividos realizan dos funciones: somos acogidos por Cristo (toma al niño), y tenemos el don singular de recibirlo (“el que acoge al niño, lo acoge a él y al Padre”, v.48). A continuación sigue un breve diálogo entre Jesús y Juan (vv-49-50). Este último discípulo es contado entre los íntimos de Jesús. Al exorcista, que no forma parte del círculo de los íntimos de Jesús, se le confía la misma función que a los discípulos. Es un exorcista que, por una parte, es externo al grupo, pero por la otra, está dentro porque ha entendido el origen cristológico de la fuerza divina que lo asiste (“en tu nombre”). La enseñanza de Jesús es evidente: un grupo cristiano no debe poner obstáculos a la acción misionera de otros grupos. No existen cristianaos más “grandes” que otros, sino que se es “grande” por el hecho de ser cada vez más cristiano.

Además, la actividad misionera debe estar al servicio de Dios y no para aumentar la propia notoriedad. Es crucial el inciso sobre el poder de Jesús: se trata de una alusión a la libertad del Espíritu Santo cuya presencia en el seno de la Iglesia es segura, pero puede extenderse más allá de los ministerios constituidos u oficiales.

Para la reflexión personal

  • Como creyente, como bautizado, ¿cómo vives tú el éxito y el sufrimiento?
  • ¿Qué tipo de “grandeza” vives al servir a la vida y a las personas? ¿Eres capaz de transformar la competitividad en cooperación?

Oración final

Me postraré en dirección a tu santo Templo. Te doy gracias por tu amor y tu verdad, pues tu promesa supera a tu renombre.El día en que grité, me escuchaste, aumentaste mi vigor interior. (Sal 138,3-4)

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Lectio Dom, 26 sep 2021

Acoger a los pequeños y marginados Ninguno es el dueño de Jesús Marcos 9,38-43.47-48

Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

Lectura

a)     Clave de lectura:

El texto del Evangelio de este 26º Domingo del tiempo ordinario nos presenta parte de una larga instrucción hecha por Jesús a sus discípulos (Mc 8,22 a 10,52). (Véase el comentario del evangelio del 24º Domingo). Esta vez el Evangelio expone, sobre todo, tres exigencias de conversión para las personas que quieran seguirlo: (i) corrige la mentalidad equivocada de quien piensa ser el dueño de Jesús (Mc 9,38-40); (ii) insiste en la acogida que hay que dar a los pequeños (Mc 9,41-42) y (iii) manda comprometerse radicalmente por el Evangelio (Mc 9,43-48).

b)     Una división del texto para ayudarnos en su lectura:

Marcos 9,38-40: Jesús corrige la mentalidad cerrada del apóstol Juan

Marcos 9,41: Quien da un vaso de agua a un discípulo de Jesús será recompensado Marcos 9,42: Evitar escandalizar a los pequeños
Marcos 9,43-48: Comprometerse radicalmente por el Evangelio

c)     Texto:

Juan le dijo a Jesús: «Hemos visto a uno que expulsaba a los demonios en tu nombre, y como no es de los nuestros, se lo prohibimos». Pero Jesús le respondió: «No se lo prohíban, porque no hay ninguno que haga milagros en mi nombre, que luego sea capaz de hablar mal de mí. Todo aquel que no está contra nosotros, está a nuestro favor.

Todo aquel que les dé a beber un vaso de agua por el hecho de que son de Cristo, les aseguro que no se quedará sin recompensa.

Al que sea ocasión de pecado para esta gente sencilla que cree en mí, más le valdría que le pusieran al cuello una de esas enormes piedras de molino y lo arrojaran al mar.

Si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela; pues más te vale entrar manco en la vida eterna, que ir con tus dos manos al lugar de castigo, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo; pues más te vale entrar cojo en la vida eterna, que con tus dos pies ser arrojado al lugar de castigo. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo; pues más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos al lugar de castigo, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga»

Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

  1. ¿Cuál es el punto del texto que más te ha gustado o que ha llamado más tu atención?
  2. ¿Qué significa hoy, para nosotros, la afirmación de Jesús: “Quien no está en nuestra contra está a nuestro favor”?
  3. ¿Cómo traducir hoy el “vaso de agua” del que habla Cristo?
  4. ¿Quiénes eran los “pequeños”? ¿Qué significa “ser motivo de escándalo para los pequeños”? (v.42).
  5. “Soga al cuello”, “Corta la mano o el pie”, “Saca tu ojo”: ¿Estas expresiones pueden ser tomadas literalmente? ¿Qué querrá decir Jesús con estas expresiones?
  6. En nuestra sociedad y en nuestra comunidad, ¿quiénes son los pequeños y los marginados? ¿Cuál y cómo es la acogida que les damos a ellos?

Para aquellos que quisieran profundizar todavía más en el tema

a)     Contexto de ayer y de hoy:

  • Como decíamos antes, el Evangelio de este domingo presenta tres importantes exigencias de conversión para el que quiera ser discípulo de Jesús: (i) No tener la mentalidad cerrada del discípulo Juan, que pensaba ser el dueño de Jesús, sino tener una actitud abierta y ecuménica, capaz de reconocer el bien en los otros, aunque sean de otra religión. (ii) Superar la mentalidad de aquellos que se consideraban superiores a los otros, y que , por esto, despreciaban a los pequeños y pobres y se alejaban de la comunidad. Para Jesús esta persona merecía la soga al cuello y ser arrojado al fondo del mar. (iii) Jesús pide no dejar que entre la rutina en el vivir el Evangelio, sino que pide que seamos capaces de romper los lazos que nos impiden vivirlo en plenitud.
  • Son tres recomendaciones que tienen mucha actualidad hoy por hoy. En muchas personas que pertenecen a la Iglesia católica existe la tendencia anti-ecuménica de encerrarse en sí mismas, como si nosotros fuésemos cristianos mejores que los otros. En el mundo de hoy, dominado por el sistema neoliberal, existe el desprecio por los pequeños, y de hecho aumenta por todas partes la pobreza, el hambre y el número de prófugos y de abandonados. Falta entre nosotros los cristianos el compromiso de vivir el Evangelio. Pero si nosotros , millones de cristianos, viviésemos realmente el Evangelio, el mundo no estaría como está.

b)     Comentario del texto:

Marcos 9;38-40: La mentalidad cerrada

Alguno que no era de la comunidad usaba el nombre de Jesús para arrojar a los demonios. Juan, el discípulo, lo ve y prohíbe hacerlo: “Se lo habíamos prohibido, porque no era de los nuestros”. ¡En nombre de la comunidad Juan impide que otro pueda hacer una buena acción! Por ser discípulo, él pensaba tener el monopolio de Jesús y , por esto, quería prohibir que otros usasen el nombre de Jesús para hacer el bien. Era esta una mentalidad cerrada y antigua del “¡Pueblo elegido, pueblo separado!” Jesús responde: “No se lo prohibáis. ¡Quien no está en mi contra, está a por mí!” Para Jesús, lo que importa no es si la persona forma parte o no de la comunidad, sino si hace el bien que la comunidad debe hacer. Jesús tenía una mentalidad ecuménica.

Marcos 9,41: Quien da un vaso de agua recibe recompensa

Una frase de Jesús ha sido colocada aquí: En verdad os digo: quien os dé de beber un vaso de agua porque sois de Cristo, no quedará sin su recompensa. Dos pensamientos para comentar esta frase: i) “Quien da un vaso de agua”: Jesús se está dirigiendo a Jerusalén para dar su vida. ¡Gesto de gran donación! Pero Él no se olvida de los gestos pequeños de donación en la vida de cada día : un vaso de agua, una acogida, una limosna, y tantos otros gestos con los cuales podemos revelar el amor. ¡Quien desprecia al ladrillo no podrá nunca edificar la casa! ii) “Porque sois de Cristo”, Jesús se identifica con los que quieren pertenecer a Él. Esto significa que, para Él, valemos mucho. Por esto, debemos preguntarnos siempre. “¿Quién es Jesús para mí?” y también es bueno preguntarse: ¿Quién soy yo para Jesús? En este versículo encontramos una respuesta que nos da valor y esperanza.

Marcos, 9,42: Escándalo para los pequeños

Escándalo es aquello que desvía a una persona del buen camino. Escandalizar a los pequeños es ser motivo para que los pequeños se desvíen del camino y pierdan la fe en Dios. Quien hace esto, recibe la siguiente sentencia: “¡Soga al cuello, con una piedra de molino para ser arrojado al fondo del mar!” ¿Por qué tanta severidad? ¡Porque Jesús se identifica con los pequeños! (Mt 25,40.45). Quien los toca, toca a Jesús. Hoy, en muchos lugares, los pequeños, los pobres, muchos de ellos abandonaron la Iglesia católica y las iglesias tradicionales y van a otras iglesias. ¡No pueden creernos! ¿Por qué? Antes de acusar a los que pertenecen a otras iglesias es bueno preguntarse: ¿Por qué se van de nuestra casa? Si se van es porque no se sienten en casa con nosotros. Algo nos falta.

¿Hasta que punto somos culpables? ¿Merecemos la soga al cuello? Marcos, 9,43-48: Cortar pies y manos

Jesús ordena a la persona cortarse la mano, pie y sacarse el ojo, si fuesen motivo de escándalo. Dice: “Es mejor entrar en el Reino de Dios con un pie (mano, ojo) que entrar en el infierno-Gehenna con dos pies (manos, ojos)”. Estas frases no pueden ser tomadas literalmente. Significan que la persona debe ser radical en su opción por Dios y por el Evangelio. La expresión “Gehenna” (infierno) donde su gusano no muere y el fuego no se extingue” es una imagen que indica una situación de la persona que se queda sin Dios. La Gehenna era el nombre de un valle vecino a Jerusalén, donde se arrojaba toda la inmundicia de la ciudad y donde había siempre un fuego encendido que quemaba toda la porquería. Este pestífero lugar se usaba por el pueblo para simbolizar la situación de una persona que no participaba del Reino de Dios.

Jesús acoge y defiende la vida de los pequeños

Varias veces Jesús insiste en la acogida que hay que dar a los pequeños. “Quien acoge a uno de estos pequeños en mi nombre, me acoge a mí” (Mc 9,37). Quien da un vaso de agua a uno de estos pequeños no perderá su recompensa (Mt 10,42). Pide no despreciar a los pequeños (Mt 18,10). Y en el juicio final los justos serán recibidos porque dieron de comer “a uno de estos más pequeños” (Mt 25.40).

Si Jesús insiste tanto en la acogida, es porque muchos pequeños de hecho no eran acogidos. En efecto, mujeres y niños no contaban (Mt 14,21; 15,38), eran despreciados (Mt 18,10) y obligados al silencio (Mt 21,15-16). Incluso los apóstoles impedían que se acercasen a Jesús (Mt 19,13; Mc 10,13-14). En nombre de la ley de Dios, mal interpretada por las autoridades religiosas, muchas personas buenas eran marginadas. En vez de acoger a los marginados, la ley se usaba para legitimar la exclusión.

En los evangelios la expresión “pequeños” (en griego se dice elachistoi, mikroi o nepioi) a veces indica “ los niños”, otras veces indica sectores excluidos de la sociedad.. No es fácil distinguir. A veces lo que es “pequeño” en el evangelio, quiere decir “niño”, porque los niños pertenecían a la categoría de los “pequeños”, de los excluidos. Además, no siempre es fácil distinguir lo que viene del tiempo de Jesús y lo que viene del tiempo de las comunidades para las cuales se escribieron los evangelios. Pero, sea lo que sea, lo que está claro es el contexto de exclusión vigente de la época, y la imagen que las primeras comunidades tenían de Jesús: Jesús se pone de parte de los pequeños y asume su defensa. Llama la atención lo que Jesús hace en defensa de la vida de los niños, de los pequeños.

  • Acoger y no escandalizar. Una de las palabras más duras de Jesús es contra aquellos que causan escándalo a los pequeños, o sea, los que con su conducta quitan a los niños la fe en Dios. Para ellos sería mejor ponerse una piedra al cuello y ser arrojados al profundo del mar (Mc 9,42; Lc 17,2; Mt 18,6).
  • Acoger y tocar. Cuando los niños se acercan a Jesús para pedir su bendición, los apóstoles se enfadan y quieren alejarlos. Según las normas de la época, tanto las madres como los niños pequeños, vivían todos prácticamente en un permanente estado de impureza legal. ¡Tocar quería decir contraer impureza! Pero Jesús corrige a los discípulos y acoge a las madres y a los niños. Y los abraza. “¡Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis!” (Mc 10,13-16; Mt 19,13-15).
  • Identificarse con los niños. Jesús abraza a los niños y se identifica con ellos. Quien recibe a un niño, “ me recibe a Mí” (Mc 9,37). “Y todo lo que hagáis a uno de estos pequeños, me lo hacéis a Mí” (Mt 25,40).
  • Llegar a ser como niños. Jesús dice a los apóstoles que se conviertan en niños y acepten el Reino como niños. De otra manera, no es posible entrar en el Reino (Mc 10,15, Mt 18,3; Lc 9,46-48). Él está indicando que los niños son los profesores de los adultos. Y esto no era normal. Queremos hacer lo contrario.
  • Defender el derecho de gritar. Cuando Jesús entra en la ciudad de Jerusalén, son los niños los que más gritan: “¡Hosanna al hijo de David!” (Mt 21,15). Criticado por los jefes de los sacerdotes y de los escribas, son defendidos por Jesús que invoca incluso las Escrituras para defenderlos (Mt 21,16).
  • Dar gracias por el Reino presente en los niños. La alegría de Jesús es grande, cuando se da cuenta de que los pequeños, entienden las cosas del Reino que Él anunciaba a la gente. “Padre, yo te doy gracias!” (Mt 11,25-26). Jesús reconoce que los pequeños entienden mejor las cosas del reino que los doctores.
  • Acoger y curar. Son muchos los niños y jóvenes que Él acoge, cura o resucita: la hija de Jairo, de 12 años (Mc 5,41-42), la hija de la cananea (Mc 7,29-30), el hijo de la viuda de Naín (Lc 7,9-10), el hijo del funcionario público (Jn 4,50), el niño que tenía cinco panes y cinco peces (Jn 6,9).

Orar con el Salmo 34 (33)

Un pobre comparte con nosotros su fe Bendeciré en todo tiempo a Yahvé,
sin cesar en mi boca su alabanza; en Yahvé se gloría mi ser,
¡que lo oigan los humildes y se alegren! Ensalzad conmigo a Yahvé,
exaltemos juntos su nombre. Consulté a Yahvé y me respondió: me libró de todos mis temores.
Los que lo miran quedarán radiantes, no habrá sonrojo en sus semblantes. Si grita el pobre, Yahvé lo escucha,
y lo salva de todas sus angustias. El ángel de Yahvé pone su tienda en torno a sus adeptos y los libra.
Gustad y ved lo bueno que es Yahvé, dichoso el hombre que se acoge a él. Respetad a Yahvé, santos suyos,
que a quienes le temen nada les falta. Los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan a Yahvé de ningún bien carecen. Venid, hijos, escuchadme,
os enseñaré el temor de Yahvé.
¿A qué hombre no le gusta la vida, no anhela días para gozar de bienes?
Guarda del mal tu lengua,
tus labios de la mentira; huye del mal y obra el bien, busca la paz y anda tras ella.
Los ojos de Yahvé sobre los justos, sus oídos escuchan sus gritos;
el rostro de Yahvé hacia los bandidos, para raer de la tierra su recuerdo.
Cuando gritan, Yahvé los oye y los libra de sus angustias;
Yahvé está cerca de los desanimados, él salva a los espíritus hundidos.
Muchas son las desgracias del justo, pero de todas le libra Yahvé;
cuida de todos sus huesos, ni uno solo se romperá.
Da muerte al malvado la maldad, los que odian al justo lo pagarán. Rescata Yahvé la vida de sus siervos,
nada habrán de pagar los que a él se acogen.

Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

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Lectio sáb, 25 sep 2021

Tiempo Ordinario

Oración inicial

¡Oh Dios!, que has puesto la plenitud de la ley en el amor a ti y al prójimo; concédenos cumplir tus mandamientos para llegar así a la vida eterna. Por nuestro Señor.

Lectura del santo Evangelio según Lucas 9,43b-45

Como todos comentaban, admirados, los prodigios que Jesús hacía, éste dijo a sus discípulos: «Presten mucha atención a lo que les voy a decir: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres».

Pero ellos no entendieron estas palabras, pues un velo les ocultaba su sentido y se las volvía incomprensibles. Y tenían miedo de preguntarle acerca de este asunto.

Reflexión

  • El evangelio de hoy nos habla del segundo anuncio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Los discípulos no entendieron la palabra sobre la cruz, porque no son capaces de entender ni di aceptar a un Mesías que se hace siervo de los hermanos. Ellos siguen soñando con un mesías glorioso.
  • Lucas 9,43b-44: El contraste. “Estando todos maravillados por todas las cosas que hacía, dijo a sus discípulos: “Poned en vuestros oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.” El contraste es muy grande. Por un lado la gente vibra y admira todo aquello que Jesús decía y hacía. Jesús parece corresponder a todo aquello que la gente sueña, crea y espera. Por otro lado, la afirmación de Jesús que será preso y que será entregado en manos de los hombres. Es decir, la opinión de las autoridades sobre Jesús es totalmente contraria a la opinión de la gente.
  • Lucas 9,45: El anuncio de la Cruz. “Pero ellos no entendían lo que les decía; les estaba velado su sentido de modo que no lo comprendían y temían preguntarle acerca de este asunto.” Y tenían miedo a hacer preguntas sobre el asunto”. Los discípulos lo escuchaban, pero no entendían las palabras sobre la cruz. Pero con todo, no piden aclaraciones. ¡Tienen miedo en dejar aflorar su ignorancia!
  • El título de Hijo del Hombre. Este nombre aparece con gran frecuencia en los evangelios: 12 veces en Juan, 13 veces en Marcos, 28 veces en Lucas, 30 veces en Mateo. En todo, 83 veces en los cuatro evangelios. A Jesús le gustaba mucho usar este nombre, más que todos los demás. Este título viene del AT. En el libro de Ezequiel, indica la condición bien humana del profeta (Ez 3,1.4.10.17; 4,1 etc.). En el libro de Daniel, el mismo título aparece en una visión apocalíptica (Dan 7,1-28), en la que Daniel describe los imperios de los Babiloneses, de los Medos, de los Persas y de los Griegos. En la visión del profeta, estos cuatro imperios tienen la apariencia de “animales monstruosos” (cf. Dan 7,3-8). Son imperios animalescos, brutales, deshumanos, que persiguen, deshumanizan y matan (Dan 7,21.25). En la visión del profeta, después de los reinos anti-humanos, aparece el Reino de Dios que tiene apariencia no de animal, sino que de figura humana, Hijo de hombre. Es decir, se trata de un reino con apariencia de gente, reino humano, que promueve la vida. Humaniza. (Dan 7,13-14). En la profecía de Daniel la figura del Hijo del Hombre representa, no a un individuo, sino, como el mismo dice, al “pueblo de los Santos del Altísimo” (Dan 7,27; Cf. Dan 7,18). Es el pueblo que no se deja deshumanizar ni engañar o manipular por la ideología dominante de los imperios animalescos. La misión del Hijo del Hombre, esto es, del pueblo de Dios, consiste en realizar el Reino de Dios como un reino humano. Reino que no persigue la vida, ¡sino que la promueve! Humaniza a las personas.

Al presentarse a los discípulos como a Hijo del Hombre, Jesús asume como suya esta misión que es la misión de todo el Pueblo de Dios. Y es como si les dijera a ellos y a todos nosotros: “¡Vengan conmigo! Esta misión no es sólo mía, sino que es de todos nosotros. ¡Vamos juntos a realizar la misión que Dios nos ha entregado, a realizar el Reino humano y humanizador que él soñó!” Y fue lo que él hizo y vivió durante toda la vida, sobre todo, en los últimos treinta años. Decía el Papa León Magno: “Jesús fue tan humano, pero tan humano, como sólo Dios puede ser humano”. Cuando más humano, tanto más divino. ¡Cuando más “hijo del hombre” tanto más “hijo de Dios!” Todo aquello que deshumaniza a las personas aleja de Dios. Fue lo que Jesús condenó, colocando el bien de la persona humana como prioridad encima de las leyes, encima del sábado (Mc 2,27). En la hora de ser condenado por el tribunal religioso del sinedrio, Jesús asumió este título. Al preguntarle si era el “hijo de Dios” (Mc 14,61), responde que es el “hijo del Hombre”: “Yo soy. Y veréis al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Todo-Poderoso” (Mc 14,62). Por causa de esta afirmación fue declarado reo de muerte por las autoridades. El mismo sabía de esto, pues había dicho: “El Hijo del Hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate de muchos” (Mc 10,45).

Para la reflexión personal

  • ¿Cómo combinas en tu vida el sufrimiento y la fe en Dios?
  • En tiempo de Jesús había contrastes: la gente pensaba y esperaba de una forma, mientras que las autoridades religiosas pensaban y esperaban de otra forma. Hoy existe ese mismo contraste.

Oración final

Tu palabra, Yahvé, para siempre,
firme está en los cielos.
Tu verdad dura por todas las edades,
tú asentaste la tierra, que persiste. (Sal 119,89-90)

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Lectio vie, 24 sep 2021

Tiempo Ordinario

Oración inicial

¡Oh Dios!, que has puesto la plenitud de la ley en el amor a ti y al prójimo; concédenos cumplir tus mandamientos para llegar así a la vida eterna. Por nuestro Señor.

Lectura del santo Evangelio según Lucas 9,18-22

Un día en que Jesús, acompañado de sus discípulos, había ido a un lugar solitario para orar, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos contestaron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los antiguos profetas, que ha resucitado».

Él les dijo: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» Respondió Pedro: «El Mesías de Dios». Entonces Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie.

Después les dijo: «Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que sea entregado a la muerte y que resucite al tercer día».

Reflexión

  • El evangelio de hoy retoma el mismo asunto del evangelio de ayer: la opinión de la gente sobre Jesús. Ayer, era a partir de Herodes. Hoy es el mismo Jesús quien pregunta qué dice la opinión pública, y los apóstoles responden dando la misma opinión que ayer. En seguida viene el primer anuncio de la pasión, de la muerte y de la resurrección de Jesús.
  • Lucas 9,18: La pregunta de Jesús después de la oración. “Estando una vez orando a solas, en compañía de los discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?” . En el evangelio de Lucas, en varias oportunidades importantes y decisivas Jesús aparece rezando: en el bautismo, cuando asume su misión (Lc 3,21); en los 40 días en el desierto, cuando vence las tentaciones del diablo con la luz de la Palabra de Dios (Lc 4,1-13); por la noche, antes de escoger a los doce apóstoles (Lc 6,12); en la transfiguración, cuando con Moisés y Elías conversa sobre la pasión en Jerusalén (Lc 9,29); en el huerto, cuando se enfrenta a la agonía (Lc 22,39-46); en la cruz, cuando pide perdón por el soldado (Lc 23,34) y entrega el espíritu a Dios (Lc 23,46).
  • Lucas 9,19: La opinión de la gente sobre Jesús. “Ellos respondieron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos ha resucitado.» Al igual que Herodes, muchos pensaban que Juan Bautista hubiera resucitado en Jesús. Era creencia común que el profeta Elías tenía que volver (Mt 17,10-13; Mc 9,11-12; Mt 3,23-24; Ec 48,10). Y todos alimentaban la esperanza de la venida del profeta prometido por Moisés (Dt 18,15). Respuestas insuficientes.
  • Lucas 9,20: La pregunta de Jesús a los discípulos. Después de oír las opiniones de los demás, Jesús pregunta: “Y vosotros ¿quién decís que soy yo?”. Pedro respondió: “¡El Mesías de Dios!” Pedro reconoce que Jesús es aquel que la gente está esperando y que viene a realizar las promesas. Lucas omite la reacción de Pedro tentando de disuadir a Jesús a que siguiera por el camino de la cruz y omite también la dura crítica de Jesús a Pedro (Mc 8,32-33; Mt 16,22-23).
  • Lucas 9,21: La prohibición de revelar que Jesús es el Mesías de Dios. “Pero les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie”. Les está prohibido el que revelen a la gente que Jesús es el Mesías de Dios. ¿Por qué Jesús lo prohibió? Es que en aquel tiempo, como ya vimos, todos esperaban la venida del Mesías, pero cada uno a su manera: unos como rey, otros como sacerdote, otros como doctor, guerrero, juez, o ¡profeta! Nadie parecía estar esperando al mesías siervo, anunciado por Isaías (Is 42,1-9). Quien insiste en mantener la idea de Pedro, esto es, del Mesías glorioso sin la cruz, no va a entender nada y nunca llegará a tomar la actitud del verdadero discípulo. Continuará ciego, como Pedro, cambiando a la gente por un árbol (cf. Mc 8,24). Pues sin la cruz es imposible entender quién es Jesús y qué significa seguir a Jesús. Por esto, Jesús insiste de nuevo en la Cruz y hace el segundo anuncio de su pasión, muerte y resurrección.
  • Lucas 9,22: El segundo anuncio de la pasión. Y Jesús añadió: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día.” La comprensión plena del seguimiento de Jesús no se obtiene por la instrucción teórica, sino por el compromiso práctico, caminando con él por el camino del servicio, desde Galilea hasta Jerusalén. El camino del seguimiento es el camino de la entrega, del abandono, del servicio, de la disponibilidad, de la aceptación del conflicto, sabiendo que habrá resurrección. La cruz no es un accidente de camino, sino que forma parte del camino. ¡Pues en un mundo organizado desde el egoísmo, el amor y el servicio sólo pueden existir crucificados! Quien hace de su vida un servicio a los demás, incomoda a los que viven agarrados a los privilegios, y sufre.

Para la reflexión personal

  • Creemos todos en Jesús. Pero algunos entienden a Jesús de una manera y otros de otra. Hoy ¿cuál es el Jesús más común en la manera de pensar de la gente?
  • La propaganda ¿cómo interfiere en mi modo de ver a Jesús? ¿Qué hago para no dejarme embaucar por la propaganda? ¿Qué nos impide hoy reconocer y asumir el proyecto de Jesús?

Oración final

Bendito Yahvé, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la batalla.
Es mi aliado y mi baluarte,
mi alcázar y libertador,
el escudo que me cobija. (Sal 144,1-2)

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Lectio jue, 23 sep 2021

Tiempo Ordinario

Oración inicial

¡Oh Dios!, que has puesto la plenitud de la ley en el amor a ti y al prójimo; concédenos cumplir tus mandamientos para llegar así a la vida eterna. Por nuestro Señor.

Lectura del santo Evangelio según Lucas 9,7-9

El rey Herodes se enteró de todos los prodigios que Jesús hacía y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado; otros, que había regresado Elías, y otros, que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.

Pero Herodes decía: «A Juan yo lo mandé decapitar. ¿Quién será, pues, éste del que oigo semejantes cosas?» Y tenía curiosidad de ver a Jesús.

 

Reflexión

  • El evangelio de hoy nos presenta la reacción de Herodes ante la predicación de Jesús. Herodes no sabe situar a Jesús. Había matado a Juan Bautista y ahora quiere ver a Jesús de cerca. En el horizonte despuntan amenazas.
  • Lucas 9,7-8: ¿Quién es Jesús? El texto empieza con un balance de las opiniones de la gente y de Herodes sobre Jesús. Algunos asociaban a Jesús con Juan Bautista y Elías. Otros lo identificaban como Profeta, esto es, como alguien que habla en nombre de Dios, que tiene el valor de denunciar las injusticias de los poderosos y que sabe animar la esperanza de los pequeños. Es el profeta anunciado en el Antiguo Testamento como un nuevo Moisés (Dt 18,15). Son las misma opiniones que Jesús mismo recoge de los discípulos al preguntarle: «¿Quién dice los demás que o soy?» (Lc 9,18). Las personas trataban de comprender a Jesús desde lo que ellos mismos conocían pensaban y esperaban. Trataban de enmarcarle dentro de los criterios familiares del Antiguo Testamento, con sus profecías y esperanza, y de la Tradición de los Antiguos, con sus leyes. Pero eran criterios insuficientes. Jesús no cabía allí dentro, ¡era más grande!
  • Lucas 9,9: Herodes quiere ver a Jesús. “Entonces Herodes dijo: «A Juan, le decapité yo.¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?” Y buscaba verle”. Herodes, hombre supersticioso y sin escrúpulos, reconoce ser el asesino de Juan el Bautista. Ahora quiere ver a Jesús. Lucas sugiere así que hay amenazas que empiezan a despuntar en el horizonte. Herodes no tuvo miedo de matar a Juan Bautista. No lo tendrá tampoco a la hora de matar a Jesús. Cuando le dijeron que Herodes trataba de hacerle preso, mandó a decirle: “«Id a decir a ese zorro: Yo expulso demonios y llevo a cabo curaciones hoy y mañana, y al tercer día soy consumado.” (Lc 13,32). Herodes no tiene poder sobre Jesús. Cuando en la hora de la pasión, Pilatos manda Jesús donde Herodes para que investigue sobre él, Jesús no le da ninguna respuesta (Lc 23,9). Herodes no merecía respuesta.
  • De padre en hijo. Hay veces en que se confunden los tres Herodes que vivieron en aquella época, pues los tres aparecen en el Nuevo Testamento con el mismo nombre: a) Herodes, llamado el Grande, gobernó sobre Palestina del 37 al 4 antes de Cristo. Aparece en el nacimiento de Jesús (Mt 2,1). Mató a los niños de Belén (Mt 2,16). b) Herodes, llamado Antipas, gobernó sobre Galilea del 4 al 39 después de Cristo. Aparece en la muerte de Jesús (Lc 23,7). Mató a Juan Bautista (Mc 6,14-29). c) Herodes, llamado Agripa, gobernó sobre toda Palestina del 41 al 44 después de Cristo. Aparece en los Hechos de los Apóstoles (Hec 12,1.20). Mató al apóstol Santiago (He 12,2).

Cuando Jesús tenía más o menos cuatro años, murió el rey Herodes. Aquel que mató a los niños de Belén (Mt 2,16). Su territorio fue dividido entre los hijos. Arquéalo, uno de sus dos hijos, recibió el gobierno sobre la Judea. Era menos inteligente que el padre, pero más violento. Solamente en su toma de posesión fueron masacradas casi 3000 personas, ¡en la plaza del Templo! El evangelio de Mateo informa que María y José, cuando supieron que este Arquéalo había asumido el gobierno de Judea, tuvieron miedo de volver por allá y fueron a morar en Nazaret, en Galilea (Mt 2,22), gobernada por otro hijo de Herodes, llamado Herodes Antipas (Lc 3,1). Este Antipas quedó en el poder por más de 40 años. Durante los treinta y tres años que Jesús vivió nunca huno cambios en el gobierno de Galilea.

Herodes el Grande, el padre de Herodes Antipas, había construido la ciudad de Cesaréa Marítima, inaugurada en el año 15 antes de Cristo. Era el nuevo puerto de desagüe de los productos de la región. Debía competir con el gran puerto de Tiro en el Norte, y así ayudar para el fomento del comercio en Samaria y en Galilea. Por esto, desde los tiempos de Herodes el Grande, la producción agrícola en Galilea empezaba a orientarse no más a partir de las necesidades de las familias, como era antes, sino desde las exigencias de mercado. Este proceso de cambio en la economía continuó durante todo el gobierno de Herodes Antipas, más de cuarenta años, y encontró en él a un organizador eficiente. Todos estos gobernantes estaban bajo dueño. Quien mandaba e Palestina, desde el 63 antes de Cristo, era Roma, el Imperio.

Para la reflexión personal

  • Tengo que preguntarme siempre: ¿quién es Jesús para mí?
  • Herodes quiere ver a Jesús. Era curiosidad morbosa y supersticiosa. Otros quieren ver a Jesús, porque quieren encontrar un sentido a la vida. Y ¿qué motivación tengo que me empuja a ver y a encontrar a Jesús?

Oración final

Sácianos de tu amor por la mañana,
y gozaremos y cantaremos de por vida.
Alégranos por los días que nos humillaste,
por los años en que conocimos la desdicha. (Sal 90,14-15)

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Lectio mié, 22 sep 2021

Tiempo Ordinario

Oración inicial

Oh Dios!, que has puesto la plenitud de la ley en el amor a ti y al prójimo; concédenos cumplir tus mandamientos para llegar así a la vida eterna. Por nuestro Señor.

Lectura del santo Evangelio según Lucas 9,1-6

Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a predicar el Reino de Dios y a curar a los enfermos.

Y les dijo: «No lleven nada para el camino: ni bastón, ni morral, ni comida, ni dinero, ni dos túnicas. Quédense en la casa donde se alojen, hasta que se vayan de aquel sitio. Y si en algún pueblo no los reciben, salgan de ahí y sacúdanse el polvo de los pies en señal de acusación».

Ellos se pusieron en camino y fueron de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio y curando en todas partes.

Reflexión

  • El evangelio de hoy nos trae la descripción de la misión que los Doce recibieron de Jesús. Más adelante, Lucas habla de la misión de los setenta y dos discípulos (Lc 10,1-12). Los dos se completan y revelan la misión de la iglesia.
  • Lucas 9,1-2: Envío de los doce para la misión. “Les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar”. Llamando a los doce, Jesús intensifica el anuncio de la Buena Nueva. El objetivo de la misión es simple y claro: reciben el poder y la autoridad para expulsar a los demonios, para curar las dolencias y para anunciar el Reino de Dios. Así como la gente quedaba admirada ante la autoridad de Jesús sobre los espíritus impuros y ante su manera de anunciar la Buena Nueva (Lc 4,32.36), lo mismo deberá acontecer con la predicación de los doce apóstoles.
  • Lucas 9,3-5: Las instrucciones para la Misión. Jesús los envió con las siguientes recomendaciones: no pueden llevar nada “ni bastón, ni alforja, ni dinero, ni dos túnicas”. No pueden andar de casa en casa, sino que “Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí.” En caso de que no os reciban “sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos”. Como veremos, estas recomendaciones extrañas para nosotros, tienen un significado muy importante.
  • Lucas 9,6: La ejecución de la misión. Y ellos se fueron. Es el comienzo de una nueva etapa. Ahora ya no es sólo Jesús, sino es todo el grupo que va a anunciar la Buena Nueva de Dios a la gente. Si la predicación de Jesús ya causaba conflictos, cuánto más ahora, con la predicación de todo el grupo.
  • Los cuatro puntos básicos de la misión. En el tiempo de Jesús, había diversos movimientos de renovación: esenios, fariseos, zelotes. Ellos también buscaban una nueva manera de convivir en comunidad y tenían a sus misioneros (cf. Mt 23,15). Pero éstos, cuando iban en misión, iban prevenidos. Llevaban alforja y dinero para cuidar de su propia comida. Pues no confiaban en la comida de la gente que no siempre era ritualmente “pura”. Al contrario de los otros misioneros, los discípulos y las discípulas de Jesús recibieron recomendaciones diferentes que nos ayudan a entender los puntos fundamentales de la misión de anunciar la Buena Nueva:
    • Deben ir sin nada (Lc 9,3; 10,4). Esto significa que Jesús obliga a confiar en la hospitalidad. Pues, quien va sin nada, va porque confía en la gente y piensa que va a ser recibido. Con esta actitud, critican las leyes de la exclusión, enseñadas por la religión oficial, y por la nueva práctica, mostraron que tenían otros criterios de comunidad.
    • Deben quedarse hospedados en la primera casa hasta retirarse del lugar (Lc 9,4; 10,7). Esto es, deben convivir de forma estable y no andar de casa en casa. Deben trabajar como todo el mundo y vivir de lo que reciben a cambio, “pues el obrero merece su salario” (Lc 10,7). Con otras palabras, tienen que participar de la vida y del trabajo de la gente, y la gente los acogerá en su comunidad y compartirá con ellos casa y comida. Esto significa que deben confiar en el compartir. Esto explica también la severidad de la crítica contra los que no aceptan el mensaje: sacudirse el polvo de los pies, como pretexto contra ellos (Lc 10,10-12), pues no rechazan algo nuevo, sino que su propio pasado.
    • Tienen que curar a los enfermos y expulsar los demonios (Lc 9,1; 10,9; Mt 10,8). Esto es, deben ejercer la función de “defensor” (goêl) y acoger para dentro del clan, dentro de la comunidad, a los excluidos. Con esta actitud critican la situación de desintegración de la vida comunitaria del clan y apuntan hacia salidas concretas. La expulsión de demonios es señal de que el Reino de Dios ha llegado (Lc 11,20).
    • Tienen que comer lo que el pueblo les da (Lc 10,8). No pueden vivir separados con su propia comida, sino que han de aceptar la comunión de mesa. Esto significa que, en contacto con la gente, no deben tener miedo a perder la pureza como era enseñada en la época. Con esta actitud critican las leyes de la pureza en vigor y muestran, por medio de la nueva práctica, que poseen otro acceso a la pureza, esto es, a la intimidad con Dios.

Estos eran los cuatro puntos básicos de la vida comunitaria que debían marcar la actitud de los misioneros o de las misioneras que anunciaban la Buena Nueva de Dios en nombre de Jesús: hospitalidad, compartir, comunión de mesa, y acogida a los excluidos (defensor, goêl). Si estas cuatro exigencias se cumplen, entonces pueden y deben gritar a los cuatro vientos: “¡El Reino ha llegado!” (cf. Lc 10,1-12; 9,1-6; Mc 6,7-13; Mt 10,6-16). Pues el Reino de Dios que Jesús nos ha revelado no es una doctrina, ni un catecismo, ni una ley. El Reino de Dios acontece y se hace presente cuando las personas, motivadas por su fe en Jesús, deciden convivir en comunidad para así testimoniar y revelar a todos que Dios es Padre y Madre y que, por consiguiente, nosotros, los seres humanos, somos hermanos y hermanas unos de otros. Jesús quería que la comunidad local fuera de nueva una expresión de la Alianza, del Reino, del amor de Dios como Padre, que nos hace a todos hermanos y hermanas.

Para la reflexión personal

  • La participación en la comunidad ¿te ha ayudado a acoger y a confiar más en las personas, sobre todo en los más sencillos y en los pobres?
  • ¿Cuál es el punto de la misión de los apóstoles que tiene más importancia para nosotros hoy? ¿Por qué?

Oración final

Mi porción es Yahvé.
He decidido guardar tus palabras.
Busco con anhelo tu favor,
tenme piedad por tu promesa. (Sal 119,57-58)

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Lectio mar, 21 sep 2021

Tiempo Ordinario

Oración inicial

Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz; concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor.

Lectura del santo Evangelio según Mateo 9,9-13

Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió.

Después, cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: «¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?» Jesús los oyó y les dijo: «No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores».

 

Reflexión

  • El Sermón de la Montaña ocupa los capítulos de 5 a 7 del Evangelio de Mateo. La parte narrativa de los capítulos 8 y 9 tiene como finalidad mostrar cómo Jesús practicaba lo que acababa de enseñar. En el Sermón de la Montaña Jesús enseñó la acogida (Mt 5,23-25.38-42.43). Ahora, él mismo la practica al acoger a leprosos (Mt 8,1-4), extranjeros (Mt 8,5-13), mujeres (Mt 8,14-15), enfermos (Mt 8,16-17), endemoniados (Mt 8,28-34), paralíticos (Mt 9,1-8), publicanos (Mt 9,9-13), personas impuras (Mt 9,20-22), etc. Jesús rompe con las normas y costumbres que excluían y dividían a las personas, esto es, el miedo y la falta de fe (Mt 8,23-27) y las leyes de pureza (9,14-17), e indica claramente cuáles son las exigencias de quienes quieren seguirle. Tienen que tener el valor de abandonar muchas cosas (Mt 8,18-22). Así, en las actitudes y en la práctica de Jesús, aparece en qué consisten el Reino y la observancia perfecta de la Ley de Jesús.
  • Mateo 9,9: El llamado para seguir a Jesús. Las primeras personas llamadas a seguir a Jesús fueron cuatro pescadores, todos judíos (Mt 4,18-22). Ahora Jesús llama a un publicano, considerado pecador y tratado como impuro por las comunidades más observantes de los fariseos. En los demás evangelios, este publicano se llama Leví. Aquí su nombre es Mateo, que significa don de Dios o dado por Dios. Las comunidades, en vez de excluir al publicano como impuro, deben considerarlo como un Don de Dios para la comunidad, pues su presencia hace que la comunidad se vuelva ¡señal de salvación para todos! Como los primeros cuatro llamados, así el publicano Mateo deja todo lo que tiene y sigue a Jesús. El seguimiento de Jesús exige ruptura. Mateo deja su despacho de impuestos, su fuente de renta, y sigue a Jesús.
  • Mateo 9,10: Jesús se sienta en la mesa con los pecadores y los publicanos. En aquel tiempo, los judíos vivían separados de los paganos y de los pecadores y no comían con ellos en la misma mesa. Los judíos cristianos tenían que romper este aislamiento y crear comunión con los paganos e impuros. Fue esto lo que Jesús enseñó en el Sermón de la Montaña, como expresión del amor universal de Dios Padre (Mt 5,44-48). La misión de las comunidades era ofrecer un lugar a los que no tenían lugar. En algunas comunidades, las personas venidas del paganismo, aún siendo cristianas, no eran aceptadas en la misma mesa (cf. Hec 10,28; 11,3; Gal 2,12). El texto del evangelio de hoy indica cómo Jesús comía con publicanos y pecadores en la misma casa y en la misma mesa.
  • Mateo 9,11: La pregunta de los fariseos. A los judíos estaba prohibido sentarse en la mesa con publicanos y paganos, pero Jesús no presta atención a esto, por el contrario, confraterniza con ellos. Los fariseos, viendo la actitud de Jesús, preguntan a los discípulos: “¿Por qué vuestro maestro come con los recaudadores de impuestos y con los pecadores?» Esta pregunta puede ser interpretada como expresión del deseo de éstos, que quieren saber porqué Jesús actúa así. Otros interpretan la pregunta como una crítica de los comportamientos de Jesús, pues durante más de quinientos años, desde el tiempo del cautiverio en Babilonia hasta la época de Jesús, los judíos habían observado las leyes de pureza. Esta observancia secular se volvió para ellos una fuerte señal de identidad. Al mismo tiempo, era factor de su separación en medio de los otros pueblos. Así, por las causas de las leyes de pureza, no podían ni conseguían sentarse en la mesa para comer con los paganos. Comer con los paganos significaba volverse impuro Los preceptos de la pureza eran rigurosamente observados, tanto en Palestina como en las comunidades judaicas de la Diáspora. En la época de Jesús, había más de quinientos preceptos para guardar la pureza. En los años setenta, época en que Mateo escribe, este conflicto era muy actual.
  • Mateo 9,12-13: Misericordia quiero y no sacrificios. Jesús oye la pregunta de los fariseos a los discípulos y responde con dos aclaraciones. La primera está sacada del sentido común: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal”. La otra está sacada de la Biblia: “Aprendan, pues, lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio”. Por medio de estas dos aclaraciones Jesús explicita y aclara su misión junto con la gente: “No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores». Jesús niega la crítica de los fariseos, y no acepta sus argumentos, pues nacían de una falsa idea de la Ley de Dios. El mismo invoca la Biblia: «¡Misericordia quiero y no sacrificio!» Para Jesús la misericordia es más importante que la pureza legal. Apela a la tradición profética para decir que para Dios la misericordia vale más que todos los sacrificios (Os 6,6; Is 1,10-17). Dios tiene entrañas de misericordia, que se conmueven ante las faltas de su pueblo (Os 11,8-9).

Para la reflexión personal

  • Hoy, en nuestra sociedad, ¿quién es marginado y quién es excluido? ¿Por qué? En nuestra comunidad ¿tenemos ideas preconcebidas? ¿Cuáles? ¿Cuál es el desafío que las palabras de Jesús plantean a nuestra comunidad, hoy?
  • Jesús ordena al pueblo que lea y que entienda el Antiguo Testamento que dice: «Misericordia quiero y no sacrificios». ¿Qué quiere decir con esto Jesús, hoy?

Oración final

Señor, dichosos los que guardan sus preceptos,
los que lo buscan de todo corazón;
los que, sin cometer iniquidad,
andan por sus caminos. (Sal 119,2-3)

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Lectio lun, 20 sep 2021

Tiempo Ordinario

Oración inicial

¡Oh Dios!, que has puesto la plenitud de la ley en el amor a ti y al prójimo; concédenos cumplir tus mandamientos para llegar así a la vida eterna. Por nuestro Señor.

Lectura del santo Evangelio según Lucas 8,16-18

Jesús dijo a la multitud: «Nadie enciende una vela y la tapa con alguna vasija o la esconde debajo de la cama, sino que la pone en un candelero, para que los que entren puedan ver la luz. Porque nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público.

Fíjense, pues, si están entendiendo bien, porque al que tiene se le dará más; pero al que no tiene se le quitará aun aquello que cree tener».

Reflexión

  • El evangelio de hoy nos trae tres pequeños dichos de Jesús. Son frases sueltas que Lucas coloca aquí después de la parábola de la simiente (Lc 8,4-8) y de su explicación a los discípulos (Lc 8,9-15). En este contexto literario Lucas coloca las tres frases, y ayuda a comprender la manera en que quiere que la gente entienda estas frases de Jesús.
  • Lucas 8,16: La lámpara que ilumina. «Nadie enciende una lámpara y la tapa con una vasija, o la pone debajo de un lecho, sino que la pone sobre un candelero, para que los que entren vean la luz.”. Esta frase de Jesús es una pequeña parábola. Jesús no explica, pues todo el mundo sabía de qué se trataba. Era algo da la vida de todos los días. En aquel tiempo, no había luz eléctrica. Uno se puede imaginar lo siguiente. La familia está reunida en casa. Comienza a caer la noche. Alguien se levanta, toma la lámpara, la enciende y la pone debajo de una cama o la tapa con algo. ¿Qué dirán los demás? Todos gritarán: ¿Estás loco/a, o qué? ¡Pon la lámpara encima de la mesa!” En una reunión bíblica, alguien hizo el siguiente comentario: la palabra de Dios es una lámpara para ser encendida en la oscuridad de la noche. Si se queda en el libro cerrado de la Biblia, es como una lámpara tapada con una vasija. Está colocada encima de la mesa e ilumina la casa cuando es leída por la comunidad y está enlazada con la vida.

En el contexto en que Lucas coloca esta frase, se refiere a la explicación que Jesús dio de la parábola de la semilla (Lc 8,9-15). Es como si dijera: las cosas que tú acabas de oír, no debes guardarlas para ti, sino que debes irradiarlas para los demás. Un cristiano no debe tener miedo a dar testimonio y a irradiar la Buena Nueva. La humildad es importante, pero es falsa la humildad que esconde los dones de Dios dados para edificar la comunidad (1Cor 12,4-26; Rom 12,3-8).

  • Lucas 8,17: Lo escondido se volverá manifiesto. “Pues nada hay oculto que no quede manifiesto, y nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto.” Esta segunda frase de Jesús, de acuerdo con el contexto que fue puesto por Lucas, también se refiere a las enseñanzas que Jesús dio en particular a sus discípulos (Lc 8,9-10). Los discípulos no pueden conservarlas para sí, sino que deben divulgarlas, pues forman parte de la Buena Nueva de Dios que Jesús nos trae.
  • Lucas 8,18: Prestar atención a las ideas preconcebidas. “Mirad, pues, cómo oís; porque al que tenga, se le dará; y al que no tenga, aun lo que crea tener se le quitará». En aquel tiempo, había muchas ideas preconcebidas sobre el Mesías que impedían a la gente el que entendiera de forma correcta la Buena Nueva del Reino que Jesús anunciaba. Por esto, esta advertencia de Jesús con relación a ideas preconcebidas es de mucha actualidad. Jesús pide a los discípulos que tomen conciencia de las ideas preconcebidas con que escuchan la enseñanza que él les ofrece. A través de esta frase de Jesús, Lucas está diciendo a las comunidades y a todos nosotros: “¡Prestad atención a las ideas con que miráis a Jesús!” Pues, si el color de los ojos es verde, todo será de color de verde. ¡Si fuera azul, todo será de color de azul! Si la idea con la que miro a Jesús fuera equivocada, todo lo que pienso, recibo y enseño sobre Jesús estará amenazado de error. Si yo pienso que el mesías ha de ser un rey glorioso, no voy a entender nada de lo que Jesús enseña sobre la Cruz, sobre el sufrimiento, la persecución y el compromiso, y hasta voy a perder aquello que yo pensaba poseer. Uniendo esta tercera fase a la primera, se puede concluir lo siguiente: quien quiera quedarse con lo que recibe, sin compartirlo con los demás, pierde aquello que tiene, pues se va a pudrir.

Para la reflexión personal

  • ¿Tienes experiencia de idas preconcebidas que te impiden percibir y apreciar en su justo valor, las cosas buenas que las personas hacen?
  • ¿Te has dado cuenta de las ideas preconcebidas que están detrás de ciertas historias, anécdotas y parábolas que las personas cuentan?

Oración final

Dichosos los que caminan rectamente, los que proceden en la ley de Yahvé.
Dichosos los que guardan sus preceptos, los que lo buscan de todo corazón. (Sal 119,1-2)

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Lectio Dom, 19 sep 2021

El más grande en el Reino Marcos 9,30-41

Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz , que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

Lectura

a)     Clave de lectura:

El texto del evangelio que nos propone la liturgia de este domingo nos trae el segundo anuncio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Como sucede en el primer anuncio (Mc 8,31-33), también ahora los discípulos se han atemorizado y están sobresaltados por el miedo. No entienden nada acerca de la cruz, porque no son capaces de entender, ni de aceptar un Mesías que se convierta en siervo de los hermanos. Ellos continúan soñando con un Mesías glorioso (Mt 16,21-22). Existe una gran incoherencia en los discípulos. Cuando Jesús anuncia su Pasión-Muerte, ellos discuten quién será el más grande entre ellos (Mc 9,34). ¡Jesús quiere servir y ellos piensan sólo en mandar! La ambición los lleva a querer colocarse junto a Jesús. ¿Qué es lo que mayormente me estimula en mi vida: la competitividad o el deseo de mandar o el deseo de servir y de promover a las personas?

La reacción de Jesús a la pretensión de los discípulos ayuda a percibir algo de la pedagogía fraterna usada por Él para formar a sus discípulos. Indica cómo le ayudaba a superar “ la levadura de los Fariseos y de Herodes” (Mc 8,15). Esta levadura tiene raíces profundas. ¡Renace de nuevo cada vez! ¡Pero Jesús no desiste! Combate y critica siempre la “levadura” mala. También hoy existe una levadura de la ideología dominante. Una propaganda del sistema neoliberal, del comercio, del consumismo, de las novelas, de los juegos, todo esto influye profundamente en nuestro modo de pensar y de obrar. Como los discípulos de Jesús, también nosotros, no siempre somos capaces de mantener una conducta crítica ante la invasión de todo esto. El talante formador de Jesús nos sigue ayudando.

b)     Una división del texto para ayudarnos en la lectura:

Marcos 9,30-32: el anuncio de la Pasión

Marcos 9,33-37: discusión sobre quién es el más grande Marcos 9,38-40: el uso del nombre de Jesús

Marcos 9,41: la recompensa de un vaso de agua

c)     El texto:

Jesús y sus discípulos atravesaban Galilea, pero él no quería que nadie lo supiera, porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le darán muerte, y tres días después de muerto, resucitará». Pero ellos no entendían aquellas palabras y tenían miedo de pedir explicaciones.

Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutían por el camino?» Pero ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido sobre quién de ellos era el más importante. Entonces Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos».

Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe. Y el que me reciba a mí, no me recibe a mí, sino a aquel que me ha enviado».

Momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

  1. ¿Cuál es la frase de este texto que más me ha gustado o atraído mi atención?
  2. ¿Cuál es la actitud de los discípulos en cada pasaje: vv 30-32; vv 33-37; vv 38-40?
  3. ¿Cuál es la enseñanza de Jesús en cada episodio?
  4. ¿Qué significa hoy para nosotros la frase: “Quien no está contra nosotros está con nosotros?»

Una clave de lectura

para los que quisieran profundizar más en el texto

a)     Comentario

Marcos 9,30-32: El anuncio de la Pasión

Jesús atravesaba la Galilea, pero no quiere que la gente lo sepa, porque está ocupado en la formación de los discípulos. Habla con ellos sobre el “Hijo del Hombre” que debe ser entregado. Jesús aporta en sus enseñanzas las profecías. En la formación de los discípulos se orienta en la Biblia. Los discípulos escuchan, pero no entienden. Pero tampoco piden aclaraciones. ¡Quizás tienen miedo de que se les descubra su ignorancia!

Marcos 9,33-34: Una mentalidad competitiva

Llegando a casa, Jesús pregunta: ¿De qué estabais discutiendo durante el camino? Ellos no responden. Es el silencio de los que se sienten culpables, porque en el camino discutían sobre quién fuese el más grande. La “levadura” de la competitividad, y del prestigio, que caracterizaba a la sociedad del Imperio Romano, ¡se infiltraba ya en la pequeña comunidad que estaba a punto de comenzar! ¡Aquí aparece el contraste!

Mientras Jesús se preocupaba de ser el Mesías –Siervo, ellos piensan sólo en quién fuese el más grande. ¡Jesús trata de descender, ellos de ascender!

Marcos 9,35-37: Servir y no mandar

La respuesta de Jesús es un resumen del testimonio de vida que estaba dando desde el principio: ¡Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el siervo de todos! El último no gana nada. Es un siervo inútil (cfr Lc 17,10). Usar el poder no para ascender o dominar, sino para descender y servir. Este es el punto sobre el cual Jesús insiste mayormente y sobre el que fundamenta su testimonio (cfr Mc 10,45; Mt 20,28; Jn 13,1- 16).Jesús pone en medio de ellos a algunos niños. Una persona que sólo piensa en ascender y dominar no piensa en los pequeños, en los niños. ¡Pero Jesús lo invierte todo! Y dice: Quien acoge a uno de estos niños en mi nombre, a mí me acoge; quien me acoge, no me acoge a mí, sino a áquel que me ha enviado. ¡Él se identifica con ellos!

¡Quien acoge a los pequeños en nombre de Jesús, acoge a Dios mismo! Marcos 9, 38-40: La mentalidad estrecha

Alguno que no pertenecía a la comunidad se servía del nombre de Jesús para arrojar los demonios. Juan, el discípulo, lo ve y lo prohíbe: Se lo hemos prohibido, porque no era de los nuestros. En nombre de la comunidad, Juan impide una acción buena. Él pensaba que era el dueño de Jesús y quería prohibir que otros usasen su nombre para hacer el bien. Era una mentalidad estrecha y antigua del “¡Pueblo elegido, Pueblo separado!” Jesús responde: ¡No se lo prohibáis! ¡Quien no está contra nosotros está con nosotros! (Mc 9,40). Para Jesús, lo que importa no es si la persona forma o no parte de la comunidad, sino si hace el bien que la comunidad debe hacer.

Marcos 9,41: Un vaso de agua por recompensa

Aquí se coloca una frase de Jesús: Quien os dé un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, os digo en verdad que no perderá su recompensa. Dos pensamientos: 1) Quien os dé un vaso de agua: Jesús está caminando hacia Jerusalén para dar la propia vida. ¡Gesto de gran donación! Pero Él no desprecia los pequeños gestos de donación en la vida de cada día: un vaso de agua, una acogida, una palabra, muchos gestos.

También el mínimo gesto es apreciado. 2) En mi nombre porque sois de Cristo: Jesús se identifica con nosotros que queremos pertenecer a Él. Esto significa que para Él nosotros valemos mucho.

b)     Más informaciones para poder entender mejor el texto

  • Jesús, el “Hijo del Hombre”

Es el nombre que más le gusta a Jesús. Aparece con mucha frecuencia en el evangelio de Marcos (Mc 2,10-28; 8,31-38; 9,9-12.31; 10,33-45; 13,26; 14,21.41.62). Este título viene del A.T. En el libro de Ezequiel, indica la condición humana del profeta (Ez 3,1.10.17; 4,1 etc.)

En el libro de Daniel, aparece el mismo título en una visión apocalíptica (Dn 7,1-28), en la que Daniel describe los imperios de los babilonios, medas, persas y griegos. En la visión del profeta, estos grandes imperios tienen una apariencia de “animales monstruosos” (cf Dn 7,3-8). Son imperios animalescos, brutales, inhumanos, que persiguen y matan (Dn 7,21-25). En la visión del profeta, después de dos reinos inhumanos, aparece el Reino de Dios que tiene la apariencia, no de un animal, sino de una figura humana, Hijo del Hombre. O sea, es un reino con apariencia de gente, reino humano, que promueve la vida, que humaniza (Dn 7,13-14).

En la profecía de Daniel, la figura del Hijo del Hombre representa, no un individuo, sino, como dice él mismo, el “pueblo de los Santos del Altísimo” (Dn 7,27; cfr Dn 7,18). Es el pueblo de Dios que no se deja engañar ni manipular de la ideología dominante de los imperios animalescos. La misión del Hijo del Hombre, esto es, del pueblo de Dios, consiste en realizar el Reino de Dios como un reino humano. Reino que no mata la vida, más bien la defiende y promueve. Humaniza las personas.

Presentándose a los discípulos como el Hijo del Hombre, Jesús asume como suya esta misión que es la misión de todo el pueblo de Dios. Es como si dijese a ellos y a todos nosotros: “¡Venid conmigo! Esta misión no es sólo mía, sino de todos nosotros. Juntos, cumplamos la misión que Dios nos ha confiado: edificar el Reino humano y humanizante que Él soñó.

Hagamos lo que Él hizo y vivió durante toda su vida, sobre todo, en los tres últimos años. El Papa León Magno decía: “Jesús fue tan humano, como sólo Dios puede serlo”. Cuanto más humano, tanto más divino. Cuanto más “hijo del hombre”, tanto más “hijo de Dios”. Todo lo que hace a las personas menos humanas aleja de Dios, también la vida religiosa, e incluso la vida carmelita. Fue lo que Jesús condenó, poniendo el bien de las personas sobre toda ley, sobre el sábado (Mc 2,27).

  • Jesús, el Formador

“Seguir” era un término que hacía parte del sistema de la época. Se usaba para indicar la relación entre discípulo y maestro. La relación entre discípulo y maestro es diversa de la que hay entre profesor y alumno. Los alumnos asisten a las lecciones del profesor de una determinada materia. Los discípulos “siguen” al maestro y viven con él, todo el tiempo.

Es propio en esta “convivencia” de tres años con Jesús, que los discípulos reciban su formación. Una formación de “seguimiento de Jesús”, no es en primer lugar la transmisión de verdades para repetir, sino la comunicación de una nueva experiencia de Dios y de la vida que irradiaba de Jesús para los discípulos. La comunidad misma que se formaba alrededor de Jesús era la expresión de esta nueva experiencia. La formación llevaba a las personas a tener una visión distinta, una actitud diversa. Hacía nacer en ellos una nueva conciencia de la misión y el respeto de uno mismo. Operaba de modo que se alineasen de parte de los excluidos. Producía una “conversión”, consecuencia de haber aceptado la Buena Noticia (Mc 1,15).

Jesús es el eje, el centro, el modelo, la referencia para la comunidad. Él indica el camino a seguir, es “camino, verdad y vida” (Jn 14,6). Para sus conductas es la prueba y la muestra del Reino: vuelve transparente y encarna el amor de Dios y lo revela (Mc 6,31; Mt 10,30; Lc 15,11-32). Jesús es una “persona significativa” para ellos, que dejará por siempre una impronta en ellos. Muchos pequeños gestos reflejarán este testimonio de vida con el cual Jesús señalaba su presencia en la vida de los discípulos. Era su modo de dar forma humana a la experiencia que Él mismo tenía del Padre. En este su modo de ser y de convivir, de relacionarse con las personas, de guiar al pueblo y de escuchar a los que venían a hablar con Él, Jesús aparece:

  • como una persona de paz, que inspira paz y reconciliación: “¡La Paz sea con vosotros!” (Jn 20,19; Mt 10,26-33; Mt 18,22; Jn 20,23; Mt 16,19; Mt 18,18);
  • como una persona libre y que libera, que despierta la libertad y la liberación: “El hombre no se ha hecho para el sábado, sino el sábado para el hombre” (Mc 2,27 2,18-23);
  • como una persona de oración, al que vemos orar en todos los momentos importantes de su vida y que despierta en los otros las ganas de rezar: “Señor, enséñanos a orar” (Lc 11,1-4; Lc 4,1-13, 6,12-13; Jn 11,41-42; Mt 11,25; Jn 17,1-26; Lc 23,46; Mc 15,34);
  • como una persona afectuosa, que provoca respuestas llenas de amor (Lc 7,37-38; 8,2- 3; Jn 21,15-17; Mc 14,3-9; Jn 13,1);
  • como una persona acogedora, que está siempre presente en la vida de los discípulos y que los acoge a la vuelta de la misión (Lc 10,7);
  • como una persona realista y observadora, que despierta la atención de los discípulos por las cosas de la vida mediante la enseñanza de las Parábolas (Lc 8,4-8);
  • como una persona atenta, preocupada por los discípulos (Jn 21,9) , que cuida hasta de su descanso y que quiere estar con ellos de modo que puedan descansar (Mc 6,31);
  • como una persona preocupada con la situación, que olvida la propia fatiga y el propio descanso cuando ve que la gente lo busca (Mt 9,36-38);
  • como una persona amiga, que comparte todo, hasta el secreto del Padre (Jn 15,15);
  • como una persona comprensiva, que acepta a los discípulos como son, hasta en su huída, la negación, la traición, sin romper con ellos (Mc 14,27-28; Jn 6,67);
  • como una persona empeñada, que defiende a sus amigos cuando son criticados por los adversarios (Mc 2,18-19; 7,5-13);
  • como una persona sabia, que conoce la fragilidad del ser humano, sabe lo que sucede en su corazón, y por esto insiste en la vigilancia y enseña a orar (Lc 11,1-13; Mt 6,5-15).

En una palabra, Jesús se presenta como una persona humana, muy humana, tan humana como sólo Dios puede ser humano. ¡Hijo del Hombre!

Salmo 30 (29)

Acción de gracias después de un período mortal

Te ensalzo, Yahvé, porque me has levantado, no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Yahvé, Dios mío, te pedí auxilio y me curaste.
Tú, Yahvé, sacaste mi vida del Seol, me reanimaste cuando bajaba a la fosa.
Cantad para Yahvé los que lo amáis, recordad su santidad con alabanzas.
Un instante dura su ira, su favor toda una vida;
por la tarde visita de lágrimas, por la mañana gritos de júbilo.
Al sentirme seguro me decía:
«Jamás vacilaré».
Tu favor, Yahvé, me afianzaba más firme que sólidas montañas;
pero luego escondías tu rostro y quedaba todo conturbado.
A ti alzo mi voz, Yahvé,
a mi Dios piedad imploro:
¿Qué ganas con mi sangre, con que baje a la fosa?
¿Puede el polvo alabarte, anunciar tu verdad?
¡Escucha, Yahvé, ten piedad de mí!
¡Sé tú, Yahvé, mi auxilio!
Has cambiado en danza mi lamento:
me has quitado el sayal, me has vestido de fiesta.
Por eso mi corazón te cantará sin parar;
Yahvé, Dios mío, te alabaré por siempre.

Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

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Lectio sáb, 18 sep 2021

Tiempo Ordinario

Oración inicial

¡Oh Dios!, creador y dueño de todas las cosas, míranos; y, para que sintamos el efecto de tu amor, concédenos servirte de todo corazón. Por nuestro Señor.

Lectura del santo Evangelio según Lucas 8,4-15

En aquel tiempo, mucha gente se había reunido alrededor de Jesús, y al ir pasando por los pueblos, otros más se le unían. Entonces les dijo esta parábola:

«Salió un sembrador a sembrar su semilla. Al ir sembrando, unos granos cayeron en el camino, la gente los pisó y los pájaros se los comieron. Otros cayeron en terreno pedregoso, y al brotar, se secaron por falta de humedad. Otros cayeron entre espinos, y al crecer éstos, los ahogaron. Los demás cayeron en tierra buena, crecieron y produjeron el ciento por uno». Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga».

Entonces le preguntaron los discípulos: «¿Qué significa esta parábola?» Y él les respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer claramente los secretos del Reino de Dios; en cambio, a los demás, sólo en parábolas para que viendo no vean y oyendo no entiendan.

La parábola significa esto: la semilla es la palabra de Dios. Lo que cayó en el camino representa a los que escuchan la palabra, pero luego viene el diablo y se la lleva de sus corazones, para que no crean ni se salven. Lo que cayó en terreno pedregoso representa a los que, al escuchar la palabra, la reciben con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba, fallan. Lo que cayó entre espinos representa a los que escuchan la palabra, pero con los afanes, riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no dan fruto. Lo que cayó en tierra buena representa a los que escuchan la palabra, la conservan en un corazón bueno y bien dispuesto, y dan fruto por su constancia».

 Reflexión

  • En el evangelio de hoy vamos a meditar la parábola de la simiente. Jesús tenía una manera bien popular de enseñar por medio de parábolas. Una parábola es una comparación que usa las cosas conocidas y visibles de la vida para explicar las cosas invisibles y desconocidas del Reino de Dios. Jesús tenía una capacidad muy grande de encontrar imágenes bien simples para las cosas de Dios con las cosas de la vida que la gente conocía y experimentaba en su lucha diaria por la sobre vivencia. Esto supone dos cosas: estar dentro de las cosas de la vida y estar dentro de las cosas de Dios, del Reino de Dios. Por ejemplo, la gente de Galilea entendía de simiente, de terreno, de lluvia, de sol, de sal, de cosecha, de pesca, etc. Ahora bien, son exactamente estas cosas conocidas por la gente las que Jesús usa en las parábolas para explicar el misterio del Reino. El agricultor que escucha, dice: “Simiente en el terreno, ¡yo sé lo que es! Jesús dice que esto tiene que ver con el Reino de Dios ¿qué será?” ¡Y es posible imaginar las largas conversaciones de la gente! La parábola se mezcla con la gente y lleva a escuchar la naturaleza y a pensar en la vida.
  • Al terminar de contar una parábola, Jesús no explicaba, pero solía decir: “¡Quién tiene oídos para oír que oiga!” Lo que significaba: “¡Y esto! Vosotros lo habéis oído.

¡Ahora tratad de entender!” De vez en cuando, explicaba para los discípulos. A la gente le gustaba esta manera de enseñar, porque Jesús creía en la capacidad que las personas tienen de descubrir el sentido de las parábolas. La experiencia que la gente tenía de la vida era para él un medio para descubrir la presencia del misterio de Dios en sus vidas y engendrar valor para no desanimar a lo largo del camino.

  • Lucas 8,4: La multitud detrás de Jesús. Lucas dice: Se iba reuniendo mucha gente, a la que se añadía la que procedía de las ciudades. Entonces el contó esta parábola. Marcos describe como Jesús contó la parábola. Y se reunió tanta gente junto a él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar (Mc 4,1).
  • Lucas 8,5-8a: La parábola de la simiente retrata la vida de los campesinos. En aquel tiempo, no era fácil vivir de la agricultura. El terreno era muy pedregoso. Había mucho matorral. Poca lluvia, mucho sol. Además de esto, muchas veces, la gente acortaba el camino y, pasando en medio del campo, pisoteaba las plantas (Mc 2,23). Sin embargo, a pesar de todo esto, cada año, el agricultor sembraba y plantaba, confiando en la fuerza de la simiente, en la generosidad de la naturaleza.
  • Lucas 8,8b: ¡Quién tiene oído para oír, que oiga! Al final, Jesús termina diciendo: “¡Quien tiene oído para oír, que oiga!” El camino para llegar a comprender la parábola es la búsqueda: “¡Tratad de entender!” La parábola no entrega el significado de inmediato, pero lleva a la persona a que piense. Le lleva a descubrir el mensaje desde la experiencia que la persona misma tiene de la simiente. Despierta la creatividad y la participación. No es una doctrina que ya viene pronta para ser enseñada y decorada. La Parábola no da agua en botella, sino que entrega la fuente.
  • Lucas 8,9-10: Jesús explica la parábola a los discípulos. En casa, a solas con Jesús, los discípulos quieren saber el significado de la parábola. Jesús respondió por medio de una frase difícil y misteriosa. Dice a los discípulos: «A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que viendo, no vean y, oyendo, no entiendan”. Esta frase hace que la gente se pregunte: Al final, la parábola ¿sirve para qué? ¿Para aclarar o para esconder? Jesús ¿usaba las parábolas, para que la gente continuara en la ignorancia y no llegara a convertirse? ¡Ciertamente que no! Pues en otro lugar se dice que Jesús usaba parábolas “según la capacidad de los oyentes” (Mc 4,33). La parábola revela y esconde ¡al mismo tiempo! Revela para “los de dentro”, que acepan a Jesús como Mesías Servidor. Esconde para los que insisten en ver en él al Mesías como Rey grandioso. Estos entienden las imágenes de la parábola, pero no llegan a comprender su significado.
  • Lucas 8,11-15: La explicación de la parábola, parte por parte. Una por una, Jesús explica las partes de la parábola, desde la simiente y el terreno hasta la cosecha. Algunos estudiosos piensan que esta explicación fue añadida después. No sería de Jesús, sino de alguna comunidad. ¡Es bien posible! ¡No importa ¡pues dentro del germen de la parábola está la flor de la explicación. Germen y flor, ambos tienen el mismo origen que es Jesús. Por esto, nosotros también podemos continuar la reflexión y descubrir otras cosas bonitas dentro de la parábola. Una vez alguien preguntó en una comunidad: “Jesús dijo que teníamos que ser sal. ¿Para qué sirve la sal?” Las personas fueron dando su opinión a partir de la experiencia que cada cual tenía de la sal. Discutían y, al final, encontraron más de diez finalidades diferentes para la sal. Y aplicaron todo esto a la vida de la comunidad y descubrieron que ser sal es difícil y exigente. ¡La parábola funcionó! Lo mismo vale para la simiente. Todo el mundo tiene alguna experiencia de la simiente.

Para la reflexión personal

  • La simiente cae en cuatro lugares diferentes: camino, piedra, espinos y tierra buena. ¿Qué significa cada uno de estos cuatro terrenos? ¿Qué tipo de tierra soy yo? A veces la gente es piedra, otra vez espinos. Otras veces es camino o tierra buena. En nuestra comunidad, ¿qué somos normalmente?
  • ¿Cuáles son los frutos que la Palabra de Dios está produciendo en nuestra vida y en nuestra comunidad?

Oración final

Señor, explicando tus proezas a los hombres, el esplendor y la gloria de tu reinado.
Tu reinado es un reinado por los siglos,
tu gobierno, de edad en edad. (Sal 145,12-13)

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