Cómo seguir a Jesús
Cuidado de los discípulos, curación de los
ciegos Marcos 8,27-35
Oración inicial
Señor Jesús,
envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con
el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de
la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de
Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que
parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida
y resurrección.
Lectura
a) Clave de lectura:
El texto del evangelio de este 24º domingo del tiempo
ordinario trae el primer anuncio de la pasión y muerte de Jesús a los discípulos,
el intento de Pedro de eliminar la cruz y la enseñanza de Jesús sobre las
consecuencias de la cruz para ser sus discípulos.
Pedro no
entiende la propuesta de Jesús sobre la cruz y el sufrimiento. Él aceptaba a
Jesús Mesías, pero no como Mesías sufriente. Pedro estaba condicionado por la
propaganda del gobierno de la época que hablaba del Mesías sólo en términos de
rey glorioso. Pedro parecía ciego. No entreveía nada y quería que Jesús fuese
como él.
Pedro,
deseaba e imaginaba. Hoy todos creemos en Jesús, Pero no todo lo entendemos en
la misma forma. ¿Quién es Jesús para mí? ¿Cuál es hoy la imagen más común que
la gente tiene de Jesús? ¿Existe hoy una propaganda que intenta interferir
nuestro modo de ver a Jesús? ¿Quién soy yo para Jesús?
b) Una división del texto para ayudarnos
en la lectura:
Marcos
8,27-28: La pregunta de Jesús sobre la opinión de la gente y la respuesta de
los discípulos
Marcos
8,29-30: La pregunta de Jesús y la opinión de sus discípulos
Marcos
8,31-32ª: El primer anuncio de la pasión y muerte
Marcos
8,32b-33: La conversación entre Pedro y Jesús
c) El texto:
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a los
poblados de Cesarea de Filipo. Por el camino les hizo esta pregunta:
«¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos le contestaron:
«Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que
alguno de los profetas». Entonces él les preguntó: «Y ustedes, ¿quién
dicen que soy yo?» Pedro le respondió: «Tú eres el Mesías». Y él
les ordenó que no se lo dijeran a nadie. Luego se puso a explicarles que era
necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho, que fuera rechazado por los
ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte
y resucitara al tercer día. Todo esto lo dijo con entera claridad. Entonces
Pedro se lo llevó aparte y trataba de disuadirlo. Jesús se volvió, y mirando a
sus discípulos, reprendió a Pedro con estas palabras: «¡Apártate de mí,
Satanás! Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres». Después
llamó a la multitud y a sus discípulos, y les dijo: «El que quiera venir conmigo,
que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que
quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el
Evangelio, la salvará».
Un momento de silencio orante
para que la
Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.
Algunas preguntas
para
ayudarnos en la meditación y en la oración.
- ¿Cuál es el
punto de este texto que más te ha gustado y que ha llamado más tu atención?
- ¿Cuál es la
opinión de la gente y de Pedro sobre Jesús? ¿Por qué Pedro y la gente piensan
de este modo?
- ¿Cuál es la
relación entre la curación del ciego, descrita un poco antes (Mc 8,22-26) y la
conversación de Jesús con Pedro y los otros discípulos?
- ¿Qué pide
Jesús a aquéllos que lo quieren seguir?
- ¿Qué nos
impide hoy reconocer y asumir el proyecto de Jesús?
Para aquéllos que desean profundizar en el
tema
a) Contexto de ayer y de hoy:
- En el texto
de Marcos 8,27 comienza con una larga instrucción de Jesús a sus discípulos que
llega hasta el pasaje de Marcos 10,45. Tanto al principio como al final de esta
instrucción, Marcos coloca la curación del ciego: Marcos 8,22-26 y Marcos
10,46-52). Al comienzo la curación del ciego no fue fácil y Jesús tuvo que
curarlo en dos etapas. También fue difícil la curación de la ceguera de los
discípulos. Jesús tuvo que dar una larga explicación sobre el significado de la
Cruz para ayudarles a atisbar la realidad, porque era la cruz la que provocaba
su ceguera. Al final la curación del ciego Bartimeo es el fruto de la fe en
Jesús. Sugiere el ideal del discípulo: creer en Jesús y aceptarlo como es, y no
como yo quiero y me lo imagino.
- En los años
70, cuando Marcos escribe, la situación de la comunidad no era fácil. Había
mucho dolor, eran muchas las cruces. Seis años antes, en el 64, el emperador
Nerón había decretado la primera persecución, matando a muchos cristianos. En
el 70, en Palestina, Jerusalén, estaba por ser destruida por los romanos. En
otros países, se estaba iniciando una fuerte tensión entre judíos convertidos y
judíos no convertidos. La más grande dificultad era la Cruz de Jesús. Los
judíos pensaban que un crucificado no podía ser el Mesías tan esperado de la
gente, porque la ley afirmaba que cualquiera que hubiese sido crucificado debía
ser considerado como un maldito de Dios. (Dt 21,22- 23).
b) Comentario del texto:
Marcos
8,22-26: Curación del ciego
Le llevan a
un ciego, y le piden a Jesús que lo cure. Jesús lo cura, pero de un modo diverso.
Primero lo
lleva fuera de la aldea, después pone saliva en sus ojos, le impone las manos y
le dice: “¿Ves algo?” El hombre responde: “¡Veo a los hombres, algo así como
árboles que andan!” Veía sólo una parte. Veía como árboles y los intercambiaba
por la gente, la gente por árboles. Sólo en un segundo intento Jesús cura al
ciego y le prohíbe entrar en la aldea. ¡Jesús no quiere una propaganda fácil!
Esta descripción de la curación del ciego es una introducción a la instrucción
que le será dada después a los discípulos, porque en realidad, eran ciegos
Pedro y los otros discípulos. Y la ceguera de los discípulos es curada por
Jesús, aunque también ella, no al primer golpe. Ellos aceptaban a Jesús como
Mesías, pero sólo como Mesías glorioso. Notaban sólo una parte. No querían el
compromiso de la Cruz. ¡Cambiaban árboles por personas!
Marcos
8,27-30. Ver: el descubrimiento de la realidad
Jesús
pregunta: “¿Quién dice la gente que soy yo?” Ellos responden indicando las
diversas opiniones de la gente: «Juan Bautista”, “Elías o uno de los
profetas”. Después de escuchar las opiniones de los otros, Jesús pregunta: “Y
vosotros ¿quién decís que soy yo?” Pedro responde: “¡Tú eres el Cristo, el
Mesías!» O sea: “¡El Señor es el que la gente está esperando!” Jesús está
de acuerdo con Pedro, pero le prohíbe hablar de esto con la gente. ¿Por qué
Jesús se lo prohíbe? Porque entonces todos esperaban la venida del Mesías, pero
cada uno a su modo, según la clase y la posición social que ocupaban: algunos
lo esperaban como rey, otros como sacerdote, doctor, guerrero, juez o profeta!
Ninguno parecía esperar al Mesías Siervo, anunciado por Isaías (Is 42,1-9).
Marcos
8,31-33. Juzgar: aclaración de la situación: primer anuncio de la pasión
Jesús
comienza a enseñar que Él es el Mesías Siervo anunciado por Isaías, y será
preso y muerto en el ejercicio de su misión de justicia (Is 49,4-9; 53,1-12).
Pedro se llena de temor, llama a Jesús aparte para desaconsejarlo. Y Jesús
responde a Pedro: “¡Quítate de mi vista, Satanás! Porque tus pensamientos no
son los de Dios, sino los de los hombres!” Pedro pensaba que había dado la
respuesta justa. Y , en efecto, dice la palabra justa: “¡Tú eres el Cristo!”
Pero no da a esta palabra el significado justo. Pedro no entiende a Jesús. Es
como el ciego de Betsaida. ¡Cambiaba la gente por árboles!. La respuesta de
Jesús fue durísima. ¡Llama a Pedro, Satanás! Satanás es una palabra hebrea que
significa acusador, aquél que aleja a otros del camino de Dios. Jesús no
permite que nadie lo aleje del camino de Dios, de su misión. Literalmente,
Jesús dice: “¡Ponte detrás!” O sea, Pedro debe caminar detrás de Jesús, debe
seguir a Jesús y aceptar el trayectoria o la dirección que Jesús indica. Pedro
quería ser el primero en indicar la dirección . Quería un Mesías a su medida y
a su deseo.
Marcos
8,34-37. Obrar: condiciones para seguir
Jesús saca
conclusiones que son válidas para hoy mismo:¡Quien quiera venir detrás de mí
coja su cruz y sígame! En aquel tiempo, la cruz era la pena de muerte que el
imperio romano imponía a los marginados. Tomar la cruz y cargársela detrás de
Jesús quería decir, por tanto, aceptar ser un marginado por el injusto sistema
que legitimaba la injusticia. Indicaba una rotura radical y total. Como dice
San Pablo en la carta a los Gálatas: “En cuanto a mí, jamás me gloriaré a no
ser en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado
para mí y yo para el mundo” (Gál 6,14). La Cruz no es fatalismo, ni siquiera
una exigencia del Padre. La cruz es la consecuencia del compromiso libremente
asumido por Jesús para revelar la Buena Noticia que Jesús es Padre y por tanto
todos deben ser aceptados y tratados como hermanos. Por causa de este anuncio
revolucionario, fue perseguido y no tuvo miedo de dar su vida. ¡Prueba mayor
que dar a vida por el propio hermano!
c) Ampliando conocimientos:
La
instrucción a los discípulos
Entre las dos
curaciones del ciego (Mc 8,22-26 y Mc 10,46-52), se encuentra una larga
instrucción de Jesús a sus discípulos, para ayudarles a entender el significado
de la cruz y sus consecuencias para la vida (Mc 8,27 a 10,45). Parece un
documento, una especie de catecismo, hecho por el mismo Jesús. Habla de la cruz
en la vida del discípulo Es una especie de esquema de instrucción:
Mc 8,22-26: Curación de un ciego
Mc 8,27-38: Primer anuncio de la Pasión
Mc 9,1-29: Instrucción sobre el Mesías Siervo Mc 9,30-37: Segundo anuncio
de la Pasión
Mc 9,38 a 10-31: Instrucciones sobre la conversación Mc 10,32-45: Tercer anuncio
de la Pasión
Mc 10,46-52:
Curación de un ciego.
Como se ve en
el cuadro anterior, la instrucción está compuesta de tres anuncios de la
pasión.
El primero es
de Mc 8,27-38, el segundo de Mc 9,30-37 y el tercero de Mc 10,32-45. Entre el
primero y el segundo hay una serie de instrucciones que aclaran la conversión
que debe acaecer en la vida de los que aceptan a Jesús como Mesías Siervo (Mc 9,38 a 10,31). El conjunto de
la instrucción tiene como fondo el camino de la Galilea a Jerusalén, del lago a
la Cruz. Jesús está en camino hacia Jerusalén (Mc 8,27; 9,30.33; 10, 1.17.32),
donde encontrará la cruz.
En cada uno
de estos tres anuncios, Jesús habla de su pasión, muerte y resurrección como
parte del proyecto de Jesús: “El Hijo del Hombre debe sufrir mucho, y ser
rechazado por los ancianos, por los sumos sacerdotes y por los escribas, para
después ser muerto y, después de tres días, resucitaré” (Mc 8,31; 9,31; 10,33).
La expresión debe indica que la cruz
ha sido anunciada ya en las profecías (cf Lc 24,26)
Cada uno de
estos tres anuncios de la pasión está acompañado por gestos o palabras de
incomprensión por parte de los discípulos. En el primero, Pedro no quiere la
cruz y critica a Jesús (Mc 8,32). En el segundo, los discípulos no entienden a
Jesús, tienen miedo y quieren ser grandes (Mc 9,3-34). En el tercero, tienen
miedo y buscan promociones (Mc 10,35-37). Y esto porque en las comunidades para
las cuáles Marcos escribe su evangelio había muchas personas como Pedro; ¡no
querían la cruz! Eran como los discípulos: no entendían lo de la cruz, tenían
miedo y quería ser los más grandes; vivían en el temor y querían ser
promocionados. Cada uno de estos tres anuncios deja una palabra de orientación
por parte de Jesús, criticando la falta de comprensión de los discípulos y
enseñando cómo debe ser su comportamiento. Así, en el primer anuncio, Jesús
exige de los que quieren seguirlo, llevar la cruz detrás de Él, perder la vida
por amor a Él y su evangelio, no avergonzarse de Él y de su palabra (Mc
8,34-38). En el segundo, exige: hacerse siervos de todos, recibir a los niños,
los pequeños, como si fuese Jesús mismo (Mc 9,35-37). En el tercero exige beber
el cáliz que Él beberá, no imitar a los poderosos que explotan a los demás,
sino imitar al Hijo del Hombre, que no ha venido a ser servido, sino a servir y
dar la vida para rescate de muchos (Mc 10,35-45)
La
comprensión total del seguimiento de Jesús no se obtiene por la instrucción
teórica, sino por el empeño práctico, caminando
con Él a lo largo del camino del servicio, de la Galilea a Jerusalén. Quien
insista en mantener la idea de Pedro, o sea, la del Mesías glorioso sin la
cruz, no entenderá y no alcanzará a asumir el comportamiento del verdadero
discípulo.
Continuará
siendo ciego, cambiando gente por árboles (Mc 8,24). Porque sin la cruz es
imposible entender quién es Jesús y qué significa seguir a Jesús.
El camino del
seguimiento es el camino de la dedicación, del abandono, del servicio, de la
disponibilidad, de la aceptación del dolor, sabiendo que habrá resurrección. La
cruz no es un accidente del recorrido, sino que forma parte del camino. Porque
en el mundo, organizado a partir del egoísmo, el amor y el servicio pueden
existir sólo crucificados. Quien da la vida en servicio por los demás, incomoda
a los otros que viven prendidos de los privilegios, y sufre
Oración del Salmo 25 (24)
¡Muéstrame, Señor, tus caminos!A ti, Yahvé, dirijo mi anhelo. A ti, Dios mío.
En ti confío, ¡no quede defraudado, ni triunfen de mí mis enemigos!
El que espera en ti no queda defraudado, queda defraudado el que traiciona sin motivo. Muéstrame tus caminos, Yahvé,
enséñame tus sendas. Guíame fielmente, enséñame,
pues tú eres el Dios que me salva. En ti espero todo el día,
por tu bondad, Yahvé. Acuérdate, Yahvé, de tu ternura
y de tu amor, que son eternos.
De mis faltas juveniles no te acuerdes, acuérdate de mí según tu amor.
Bueno y recto es Yahvé:
muestra a los pecadores el camino, conduce rectamente a los humildes y a los pobres enseña su sendero.
Amor y verdad son las sendas de Yahvé
para quien guarda su alianza y sus preceptos. Haz gala de tu nombre, Yahvé,
y perdona mi culpa, que es grande. Cuando un hombre respeta a Yahvé, él le indica el camino a seguir;
vivirá colmado de dicha, su estirpe poseerá la tierra.
Yahvé se confía a sus adeptos, los va instruyendo con su alianza.
Mis ojos están fijos en Yahvé,
que sacará mis pies de la trampa. Vuélvete a mí, tenme piedad,
me siento solo y desdichado.
La angustia crece en mi corazón, hazme salir de mis tormentos.
Mira mi aflicción y mi penar, perdona todos mis pecados. Mira cuántos son mis enemigos,
la violencia del odio que me tienen. Guarda mi vida, ponme a salvo,
no me avergüence por confiar en ti. Integridad y rectitud me ampararán, porque espero en ti, Yahvé.
Redime, Dios, a Israel de todas sus angustias.
Oración final
Señor Jesús,
te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del
Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza
para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu
Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú
que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los
siglos de los siglos. Amén.
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