Lectio divina lun, 19 abr 21

Tiempo de Pascua

Oración inicial

¡Oh Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados, para que puedan volver al buen camino!; concede a todos los cristianos rechazar lo que es indigno de este nombre y cumplir cuanto en él se significa. Por nuestro Señor.

Lectura

Del Evangelio según Juan 6, 22-29

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún, en busca de Jesús. Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabí, ¿cuándo has llegado aquí?» Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello.» Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?» Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado.»

Reflexión

En el evangelio de hoy iniciamos la reflexión sobre el Discurso del Pan de Vida (Jn 6,22- 71), que se prolongará durante los próximos seis días, hasta el final de esta semana.

Después de la multiplicación de los panes, el pueblo se fue detrás de Jesús. Había visto el milagro, había comido hasta saciarse y ¡quería más! No trató de buscar la señal o la llamada de Dios que había en todo esto. Cuando la gente encontró a Jesús en la sinagoga de Cafarnaún, tuvo con él una larga conversación, llamada el Discurso del Pan de Vida. No es propiamente un discurso, pero se trata de un conjunto de siete breves diálogos que explican el significado de la multiplicación de los panes como símbolo del nuevo Éxodo y de la Cena Eucarística.

Es bueno tener presente la división del capítulo para poder percibir mejor su sentido:

  • 6, 1-15: el pasaje sobre la multiplicación de los panes
  • 6, 16-21: la travesía del lago, y Jesús que camina sobre las aguas
  • 6, 22-71: el diálogo de Jesús con la gente, con los judíos y con los discípulos
    • 1º diálogo: 6, 22-27 con la gente: la gente busca a Jesús y lo encuentra en Cafarnaún
    • 2º diálogo: 6, 28-34 con la gente: la fe como obra de Dios y el maná en el desierto
    • 3º diálogo: 6, 35-40 con la gente: el pan verdadero es hacer la voluntad de Dios
    • 4º diálogo: 6, 41-51 con los judíos: murmuraciones de los judíos 5º diálogo: 6, 52- 58 con los judíos: Jesús y los judíos
    • 6º diálogo: 6, 59-66 con los discípulos: reacción de los discípulos
    • 7º diálogo: 6, 67-71 con los discípulos: confesión de Pedro

La conversación de Jesús con la gente, con los judíos y con los discípulos es un diálogo bonito, pero exigente. Jesús trata de abrir los ojos de la gente para que aprenda a leer los acontecimientos y descubra en ellos el rumbo que debe tomar en la vida. Pues no basta ir detrás de las señales milagrosas que multiplican el pan para el cuerpo. No de sólo pan vive el hombre. La lucha por la vida sin una mística no alcanza la raíz. En la medida en que va conversando con Jesús, la gente se queda cada vez más contrariada por las palabras de Jesús, pero él no cede, ni cambia las exigencias. El discurso parece moverse en espiral. En la medida en que la conversación avanza, hay cada vez menos gente que se queda con Jesús. Al final quedan solamente los doce, y Jesús ¡no puede confiar ni siquiera en ellos! Hoy sucede lo mismo. Cuando el evangelio empieza a exigir un compromiso, mucha gente se aleja.

  • Juan 6, 22-27: La gente busca a Jesús porque quiere más pan. La gente va detrás de Jesús. Ve que no ha entrado en la barca con los discípulos y, por ello, no entiende cómo ha hecho para llegar a Cafarnaúm. Tampoco entiende el milagro de la multiplicación de los panes. La gente ve lo que acontece, pero no llega a entender todo esto como una señal de algo más profundo. Se detiene en la superficie: en la hartura de la comida. Busca pan y vida, pero sólo para el cuerpo. Según la gente, Jesús hizo lo que Moisés había hecho en el pasado: alimentar a todos en el desierto, hasta la saciedad. Yendo detrás de Jesús, ellos querían que el pasado se repitiera. Pero Jesús pide a la gente que dé un paso más. Además del trabajo por el pan que perece, debe trabajar por el alimento que no perece. Este nuevo alimento lo dará el Hijo del Hombre, indicado por Dios mismo. El nos da la vida que dura por siempre. El abre para nosotros un horizonte sobre el sentido de la vida y sobre Dios.
  • Juan 6, 28-29: ¿Cuál es la obra de Dios? La gente pregunta: ¿Qué debemos hacer para realizar este trabajo (obra) de Dios? Jesús responde que la gran obra que Dios nos pide “es creer en aquel que Dios envió”. O sea, ¡creer en Jesús!

Para la reflexión personal

  • La gente tenía hambre, comió el pan y buscó más pan. Buscó el milagro y no la señal de Dios que en el milagro se escondía. ¿Qué es lo que más busco en mi vida: el milagro o la señal?
  • Por un momento, haz silencio dentro de ti y pregúntate: “Creer en Jesús: ¿qué significa esto para mí, bien concretamente en mi vida de cada día?”

Oración final

Señor, te conté mi vida y me respondiste, enséñame tus preceptos. Indícame el camino hacia tus mandatos y meditaré en todas tus maravillas. (Sal 119, 26-27)

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Lectio divina Dom, 18 abr 21

Tiempo de Pascua

Jesús aparece a sus apóstoles Lucas 24, 35-48

Oración inicial

Shaddai, Dios de la montaña, que haces de nuestra frágil vida la peña de tu morada, conduce nuestra mente a golpear la roca del desierto. La pobreza de nuestro sentir nos cubra como un manto en la obscuridad de la noche y abra nuestro corazón para atender al eco del Silencio hasta el alba, envolviéndonos en la luz del nuevo amanecer, nos lleve con las cenizas consumadas del fuego de los pastores del Absoluto que han vigilado por nosotros junto al Divino Maestro, el sabor de la santa memoria.

Lectio

El texto:

Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.» Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero él les dijo: «¿Por qué os turbáis? ¿Por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved, porque un espíritu no tiene carne y huesos como véis que yo tengo.» Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Como no acababan de creérselo a causa de la alegría y estaban asombrados, les dijo: «¿Tenéis aquí algo de comer?» Ellos le ofrecieron un trozo de pescado. Lo tomó y comió delante de ellos. Después les dijo: «Éstas son aquellas palabras mías que os dije cuando todavía estaba con vosotros: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí.» Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras y les dijo: «Así está escrito: que el Cristo debía padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día y que se predicaría en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas.

Momento de silencio:

Dejamos que la voz del Verbo resuene en nosotros.

Meditatio

Algunas preguntas:

  • Había sucedido en el camino; lo habían reconocido: ¿Cuántos momentos de gracia en el camino de nuestra existencia?¿Lo reconocemos mientras parte con nosotros el pan del presente en el mesón del hacerse tarde?
  • Jesús en persona aparece en medio de ellos. ¡Palpadme y ved. Soy yo mismo! ¿Tocamos con la mano los dones de la libertad en la persona de Cristo viviente y en la fracción del estar juntos?
  • Sobresaltados y asustados creían ver un espíritu: ¿Qué Dios nos fascina? ¿El Dios de lo imprevisto que está siempre al otro lado de nuestro pequeño mundo o el Dios “espíritu” de nuestro deseo omnipotente?
  • No acababan de creérselo a causa de la alegría: ¿Es el gozo nuestro bastón de viaje?¿Vive en nosotros el sentido de la espera o nos movemos en las sombras de la resignación?
  • Abrió sus inteligencias para comprender las Escrituras: ¿Dónde está la criatura imagen en nuestro investigar? ¿Hemos hecho de la Escritura la nostalgia de una Palabra dejada al andar como brisa del Amor eterno entre los ramos del dolor humano?

Clave de lectura:

La categoría del camino aclara bien en Lucas el itinerario teológico de aquel camino de gracia que interviene en los sucesos humanos. Juan prepara la senda al Señor que viene (Lc 1, 76) e invita a allanar sus caminos (Lc 3, 4); María se pone en camino y va con prisa hacia la montaña (Lc 1, 39); Jesús, camino de Dios (Lc 20, 21), camina con los hombres y señala el camino de la paz (Lc 1, 79) y de la vida (Act 2, 28), recorriéndolo en primera persona con su existencia.

Después de la resurrección continúa el camino junto a sus discípulos (Lc 24, 32) y queda el protagonista del camino de la Iglesia que se identifica con el suyo (Act 18, 25). Toda la razón de ser de la Iglesia está en este camino de salvación (Act 16, 17) que conduce a Dios (Act 18, 2). Ella está llamada a vivirlo y a indicarlo a todos para que cada uno, abandonando el propio camino (Act 14, 16) se oriente hacia el Señor que camina con los suyos.

  • v. 35 Ellos por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido al partir el pan. La experiencia del encuentro con la Vida permite volver sobre sus propios pasos. No es el regreso del remordimiento, ni el retorno del lamento.

Es el regreso de quien relee la propia historia y sabe encontrar, a través del camino recorrido, el lugar del memorial. Dios se encuentra en lo que acaece. Es Él el que viene al encuentro y se para en el camino a veces árido y desnudo de lo no cumplido.. Se hace reconocer a través de los gestos familiares de una experiencia saboreada de lejos. Son los surcos del ya consumado que acogen la novedad de un hoy sin ocaso. El hombre es llamado a tomar la nueva presencia de Dios sobre su camino en aquel viajero que se hace reconocer a través de los signos fundamentales para la vida de la comunidad cristiana: las Escrituras, leídas en clave cristológica y la fracción del pan (Lc 24, 1-33). La historia humana, espacio privilegiado de la acción de Dios, es historia de salvación que atraviesa todas las situaciones humanas y el discurrir de los siglos en una forma de éxodo perenne, cargado de la novedad del anuncio.

  • v. 36. Estaban hablando de estas cosas, cuando Él se presentó en medio de ellos y les dijo: “¡La paz con vosotros!” Lucas enlaza sabiamente los sucesos para dar fundamento y continuidad a la historia de la salvación. Los gérmenes anunciados florecen y la atmósfera de novedad que aletea en las páginas de estos sucesos hacen de telón de fondo al desenvolverse en una memoria Dei que se propone nuevo de vez en vez; Jesús vuelve a los suyos. Está en medio de ellos como persona, todo entero, también como antes, aunque en una condición diferente y definitiva. Se manifiesta en su corporeidad glorificada para demostrar que la resurrección es un hecho que ha acaecido realmente.
  • v. 37. Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. La reacción de los discípulos parece no concordar bien con la narración precedente desde el momento que se creía ya en la resurrección de Jesús por la palabra de Pedro (v.34). De todas maneras su perplejidad no se refiere a la convicción de que Jesús ha resucitado, sino a la naturaleza corpórea de Jesús resucitado. Y en tal sentido no hay contradicción en la narración. Era necesario para los discípulos hacer una experiencia intensa de la realidad corpórea de Jesús para realizar de un modo adecuado su futura misión de testigos de la buena noticia y aclarar las ideas sobre el Resucitado; no creían que fuese Jesús en persona, sino pensaban que lo veían sólo en espíritu.
  • v. 38-40. Pero él les dijo: “¿Por qué os turbáis? ¿Por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo: Palpadme y ved, porque un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo”. El Jesús del evangelio de Lucas es casi un héroe que afronta su suerte con seguridad y las pocas sombras que permanecen sirven simplemente para comprender y subrayar su plena realidad. Lucas había recordado los humildes orígenes y la genealogía, del todo común y despojada de figuras prestigiosas, una muchedumbre de individuos obscuros de los cuales surgía la figura de Cristo. En la turbación y en la duda de los discípulos después de la resurrección aparece evidente que Jesús no es el Salvador de los grandes, sino de todos los hombres, por sobresaltados o asustados que estén.. Él, protagonista del camino de la Iglesia, recorre los senderos humanos de la incredulidad para sanarlos con la fe, y continúa caminando en el tiempo, mostrando las manos y los pies en la carne y en los huesos del creyente.
  • vv. 41-43. Como no acababan de creérselo a causa de la alegría y estaban asombrados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer?. Ellos le ofrecieron un trozo de pescado. Lo tomo y lo comió delante de ellos. Cada invitación a comer esconde el deseo de intimidad, es un permanecer, un compartir. La resurrección no quita a Jesús el presentarse como el lugar del compartir. Aquel pez asado, comido por años junto a los suyos, continúa siendo vehículo de comunión. Un pez cocinado en el amor, el uno por el otro: un alimento que no cesa de asegurar el hambre escondida del hombre, un alimento capaz de desbaratar la ilusión de algo que termina entre las ruinas del pasado.
  • v. 44. Después les dijo: “Éstas son aquellas palabras mías que os dije cuando todavía estaba con vosotros: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí”. Los momentos de ansia, de conmoción, de llanto por la propia nación (Lc 9, 41), la fatiga subiendo a Jerusalén, las tentaciones habían marcado aquel confín perennemente presente entre la humillación-escondimiento y afirmación–gloria focalizado en las varias fases de la vida humana de Jesús a través de la luz del querer del Padre. Amargura, obscuridad y dolor habían alimentado el corazón del Salvador: “Tengo que recibir un bautismo ¡y como estoy angustiado hasta que se cumpla!” (Lc 12, 50). Ahora es plenamente visible, positiva la obra de la gracia, porque a la obra del Espíritu el escatón ya actuado en Cristo y en el creyente, crea una atmósfera de alabanza, un clima de gozo y de paz profunda, típicas de las cosas cumplidas. La parusía señalará el final del camino salvífico, tiempo de consolación y de restauración de todas las cosas. (Act 3, 21).
  • v. 45. Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras. La fe apostólica en la resurrección de Jesús constituye la clave hermenéutica para la interpretación de las Escrituras y el fundamento del pregón pascual. La Biblia se cumple en Cristo, en Él se unifica en su valor profético y adquiere su pleno significado. El hombre no puede por sí solo entender la Palabra de Dios. La presencia del Resucitado abre la mente a la comprensión plena de aquel Misterio escondido en las palabras sagradas de la existencia humana.
  • vv. 46-47. Y les dijo: “Así está escrito: que el Cristo debía padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día y que se predicará en su nombre la conversión para el perdón de los pecados a todas las naciones empezando por Jerusalén.” En Lucas la salvación toca todas las dimensiones humanas a través de la obra de Cristo que salva del mal, que libra de las tinieblas (Act 26, 18) y del pecado (Lc 5, 20-26; Act 2, 38), de la enfermedad y del sufrimiento, de la muerte, de la incredulidad, de los ídolos: que realiza la vida humana en el ser comunidad de Dios, fraternidad alegre en el amor; que no deja huérfanos, sino que se vuelve presente incesantemente con su Espíritu de lo alto (Act 2, 2). La salvación radical del hombre está en el librarse de su corazón de piedra y en recibir un corazón nuevo que comporta un dinamismo que libra de toda forma de esclavitud (Lc 4, 16-22). Dios dirige la historia; es Él el que obra la evangelización y guía el camino de los suyos. El evangelista de los grandes horizontes – desde Adán al Reino, de Jerusalén a los confines de la tierra – y también el evangelista de la cotidianidad. Es en acto el proceso histórico-escatológico por el cual la historia completa se cumple transcendiendo la historia humana y Jesús continúa ofreciendo la salvación mediante su Espíritu que crea testigos capaces de profecía que difunden la salvación hasta que en la venida de Cristo (Lc 21, 28) se vuelva manifiesto la plena liberalización del hombre. En Act 2, 37 se encuentra resumido todo el iter salutis que aquí se ha apuntado: acoger la palabra, convertirse, creer, hacerse bautizar, obtener el perdón de los pecados y el don del Espíritu. La palabra de salvación, palabra de gracia, despliega su potencia en el corazón que escucha. (Lc 8, 4-15) y la invocación del Nombre del Salvador sella la salvación en aquel que se ha convertido a la fe. Hay complementariedad entre la acción de Jesús por medio del Espíritu, actuada sin la mediación de la Iglesia (Act 9, 3-5) y aquella cumplida mediante la Iglesia a la cual el mismo envía como en el caso de la llamada de Pablo (Act 9, 6-19).
  • v. 48. Vosotros sois testigos de estas cosas. Llamada a trazar en la historia humana el camino del testimonio, la comunidad cristiana proclama con palabras y obras el cumplimiento del reino de Dios entre los hombres y la presencia del Señor, que continúa obrando en su Iglesia como Mesías, Señor, profeta. La Iglesia crecerá y caminará en el temor del Señor, llena de la fortaleza del Espíritu Santo (Act 9, 31). Es un camino de servicio, trazado para hacer resonar en los extremos confines de la tierra (Act 1, 1-11) el eco de la palabra de Salvación. Poco a poco el camino se aleja de Jerusalén para dirigirse al corazón del mundo pagano. A su llegada a Roma, capital del imperio, Lucas pondrá la firma a sus pasos de evangelizador. Ninguno en verdad será excluido en el camino. Destinatarios de la salvación son todos los hombres, en particular los pecadores, por cuya conversión hay gran gozo en cielo (Lc 15, 7.10). Como María, que para Lucas es el Modelo del discípulo que camina en el Señor, los creyentes somos llamados a ser transformados enteramente para vivir la maternidad mesiánica, no obstante la propia condición “virginal” expresión de la propia pobreza de criatura (Lc 1, 30-35). El sí del Magnificat es el camino que hay que recorrer. Caminando llevando en nosotros la palabra de salvación; caminando en la fe, fiándonos de Dios que mantiene las promesas: caminando en el gozo de Áquel que nos hace dichosos, no por nuestros méritos sino por la humildad de vida. Sea el itinerario de María, nuestro itinerario: andar llevados del Espíritu, hacia nuestros hermanos teniendo como único equipaje la Palabra que salva: Cristo Señor (Act 3, 6).

Reflexión:

Jesús en el encuentro personal con los hombres ofreció su benévola presencia y esperó que las semillas de la palabra y de la fe germinasen. El abandono de los apóstoles, la negación de Pedro, el amor de la pecadora, la cerrazón de los fariseos no lo han escandalizado, ni turbado. Sabía que no se perdería lo que les había dicho y propuesto… y de hecho después de Pentecostés los mismos hombres se presentan delante del sanedrín sin temor, para afirmar que es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. Pedro predica abiertamente hasta morir en una cruz como su Maestro, las mujeres son enviadas como testigos de la resurrección a los apóstoles, y un fariseo hijo de fariseo, Pablo de Tarso, se convierte en el apóstol de las gentes. Si no puedes, hombre, substraerte a vivir cotidianamente la muerte de ti mismo, no debes al menos olvidar que la resurrección se esconde en tus heridas para hacerte vivir de él, desde ahora. En el hermano que para ti puede ser sepulcro de muerte y de fango, una cruz maldita, encontrarás la vida nueva. Sí; porque Cristo Resucitado asumirá la semblanza de tus hermanos: un hortelano, un caminante, un espíritu, un hombre a la orilla del lago…Cuando sepas acoger “el reto” de Pilato que penetra los siglos y no aceptes el cambio propuesto (Jn 18, 39-40), porque hayas aprendido en la noche del abandono que no se puede cambiar la vida de un bandolero, tú que llevas indignamente su nombre: Bar-Abba, hijo del Padre, por la vida de Jesús, el Hijo unigénito del Dios viviente, el Señor de la vida y de la muerte…entonces gritarás también tú como el apóstol Tomás en el estupor de la fe: “Señor mío y Dios mío” (Jn 20,28), mi Dios y mi todo, y no tramontará más en el horizonte de tus días la belleza de la alegría.

Oración

Señor, nosotros te buscamos y deseamos tu rostro: un día, quitado el velo, podremos contemplarte.

Te buscamos en las Escrituras que nos hablan de ti: bajo el velo de la sabiduría acogemos la cruz, tu don a las gentes. Te buscamos en los rostros radiantes de hermanos y hermanas: te vemos en la impronta de tu pasión en sus cuerpos sufrientes.

No los ojos, sino el corazón tiene la visión de ti: al resplandor de la esperanza, nosotros esperamos encontrarte para hablar contigo.

Contemplación

Señor, danos la tenacidad de caminar hacia las cumbres, a la luz de la única Palabra que salva. Como hermana de sangre, de aquella Sangre que nos hace a todos hermanos, yo me quedo aquí, junto a la tumba de toda muerte interior para dirigirme como un caminante por los senderos del no sentido y situarme en los senderos de la amistad y del encuentro. Quiero hoy compartir la maravilla del amor humano, el gozo de las personas maravillosas que viven junto a mi, no en la periferia de su existencia, sino en sus pasajes secretos, allí donde el corazón abraza el Absoluto de Dios. Gracias a Ti que me das tu rostro resucitado, por tu corazón enamorado de la Vida y besado del Eterno. Gracias por tu libertad de explorador que se sumerge en los abismos del Esencial. Dios del desierto que se hace jardín, que yo sea una pequeña llama encendida en la obscuridad de la búsqueda humana, un calor que se esparce allí donde el gélido viento del mal destruye y aparta del horizonte de la Verdad y de la Belleza, para narrar al mundo la estupenda aventura del amor humano resucitado, aquel amor que sabe morir para encarnar la sonrisa de Dios. Amén.

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Lectio divina sáb, 17 abr 21

Tiempo de Pascua

Oración inicial

Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor.

Lectura del Evangelio

Del Evangelio según Juan 6, 16-21

Al atardecer, bajaron sus discípulos a la orilla del mar, y subiendo a una barca, se dirigían al otro lado del mar, a Cafarnaún. Había ya oscurecido, y Jesús todavía no había venido a ellos; soplaba un fuerte viento y el mar comenzó a encresparse. Cuando habían remado unos veinticinco o treinta estadios, ven a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y tuvieron miedo. Pero él les dijo: «Soy yo. No temáis.» Quisieron recogerle en la barca, pero en seguida la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.

Reflexión

El evangelio de hoy nos habla del episodio de la barca en el mar agitado. Jesús se encuentra en la montaña, los discípulos en el mar y el pueblo en tierra. En la manera de describir los hechos, Juan trata de ayudar a las comunidades a descubrir el misterio que envuelve a la persona de Jesús. Lo hace evocando los textos del Antiguo Testamento que aluden al éxodo.

En la época en que Juan escribe, el barquito de las comunidades se enfrentaba a un viento contrario tanto de parte de algunos judíos convertidos que querían reducir el misterio de Jesús a profecías y figuras del Antiguo Testamento, como de parte de algunos paganos convertidos que pensaban que fuera posible una alianza entre Jesús y el imperio.

  • Juan 6, 15: Jesús en la Montaña. Ante la multiplicación de los panes, la gente concluyó que Jesús debía de ser el mesías esperado. Pues, de acuerdo, con la esperanza de la época, el Mesías repetiría el gesto de Moisés de alimentar al pueblo en el desierto. Por esto, de acuerdo con la ideología oficial, el pueblo pensaba que Jesús era el mesías y, por ello, quiso hacer de él un rey (cf. Jn 6, 14-15). Este llamado del pueblo era una tentación tanto para Jesús como para los discípulos. En el evangelio de Marcos, Jesús obligó a sus discípulos a embarcar inmediatamente y a ir para el otro lado del lago (Mc 6, 45). Quería evitar que ellos se contaminaran con la ideología dominante. Señal de que el “fermento de Herodes y de los fariseos”, era muy fuerte (cf. Mc 8, 15). Jesús, él mismo, se enfrenta con la tentación y la supera por medio de la oración en la Montaña.
  • Juan 6, 16-18. La situación de los discípulos. Ya era tarde. Los discípulos bajaron al mar, subieron a la barca y se dirigieron a Cafarnaún, al otro lado del mar. Juan dice que ya había oscurecido y que Jesús todavía no había venido a ellos. Además de esto, soplaba un fuerte viento y la mar había empezado a encresparse. Por un lado evoca el éxodo: atravesar el mar en medio de las dificultades. Por otro evoca la situación de las comunidades en el imperio romano: al igual que los discípulos, vivían en medio de la noche, con el viento contrario y el mar agitado y ¡Jesús parecía ausente!
  • Juan 6, 19-20. El cambio de situación. Jesús llega andando sobre las aguas del mar de la vida. Los discípulos tuvieron miedo. Como en el relato de los discípulos de Meaux, ellos no le reconocen (Lc 24, 28). Jesús se acerca y dice: “¡Soy yo! ¡No temáis!” Aquí, de nuevo, quien conoce la historia del Antiguo Testamento, recuerda algunos hechos muy importantes: (a) Recuerda como el pueblo, protegido por Dios, atravesó sin miedo el Mar Rojo. (b) Recuerda como Dios, al llamar a Moisés, declaró su nombre diciendo: “¡Yo soy!” (cf. Ex 3, 15). (c) Recuerda también el libro de Isaías que presenta el retorno del exilio como un nuevo éxodo, donde Dios aparece repitiendo numerosas veces: “¡Yo soy!” (cf. Is 42, 8; 43, 5. 11-13; 44, 6. 25; 45, 5-7).
  • Para el pueblo de la Biblia, el mar era el símbolo del abismo, del caos, del mal (Ap 13, 1). En el Éxodo, el pueblo hace la travesía para la libertad enfrentando y venciendo el mar. Dios divide el mar a través de su soplo y el pueblo lo atraviesa a pie enjuto (Es 14, 22). En otros pasajes la Biblia muestra a Dios que vence el mar (Gen 1, 6-10; Sal 104, 6-9; Pro 8, 27). Vencer el mar significa imponerle sus límites e impedir que engulla la tierra con sus olas. En este pasaje Jesús revela su divinidad dominando y venciendo el mar, impidiendo que la barca de sus discípulos sea tragada por las olas. Esta manera de evocar el Antiguo Testamento, de usar la Biblia, ayudaba a las comunidades a percibir mejor la presencia de Dios en Jesús y en los hechos de la vida. ¡No temáis!
  • Juan 6, 22. Llegaron al puerto deseado. Ellos quieren recoger a Jesús en la barca, pero no es necesario, porque llega a la tierra hacia donde iban. Llegan al puerto deseado. El Salmo dice: “Cambió la tempestad en suave brisa, y las olas del mar se aquietaron. Se alegraron al verlas tranquilas, y el los llevó al puerto deseado”. (Sal 107, 29-30)

Para la reflexión personal

  • En la montaña: ¿Por qué Jesús busca la manera de quedarse solo para rezar después de la multiplicación de los panes? ¿Cuál es el resultado de su oración?
  • ¿Es posible caminar hoy sobre las aguas del mar de la vida? ¿Cómo?

Oración final

¡Aclamad con júbilo, justos, a Yahvé, que la alabanza es propia de hombres rectos!
¡Dad gracias a Yahvé con la cítara, tocad con el arpa de diez cuerdas. (Sal 33, 1-2)

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Lectio divina vie, 16 abr 21

Oración inicial

Oh Dios!, que, para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo muriera en la cruz; concédenos alcanzar la gracia de la resurrección. Por nuestro Señor.

Lectura

Del Evangelio según Juan 6, 1-15

Después de esto, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían los signos que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos.

Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: « ¿Dónde nos procuraremos panes para que coman éstos?» Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco.» Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?» Dijo Jesús: «Haced que se recueste la gente.» Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda.» Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. Al ver la gente el signo que había realizado, decía: «Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo.» Sabiendo Jesús que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte él solo.

Reflexión

Hoy empieza la lectura del capítulo 6 del evangelio de Juan que trae dos señales o milagros: la multiplicación de los panes (Jn 6, 1-15) y Jesús que camina sobre las aguas (Jn 6, 16-21). Inmediatamente después, aparece el largo diálogo sobre el Pan de Vida (Jn 6, 22-71). Juan sitúa el hecho cerca de la fiesta de Pascua (Jn 6, 4). El enfoque central es la confrontación entre la antigua Pascua del Éxodo y la nueva Pascua que se realiza en Jesús. El diálogo sobre el pan de vida aclarará la nueva Pascua que se realiza en Jesús.

  • Juan 6, 1-4: La situación. En la antigua pascua, el pueblo atravesó el Mar Rojo. En la nueva pascua, Jesús atraviesa el Mar de Galilea. Una gran multitud siguió a Moisés. Una gran multitud siguió a Jesús en este nuevo éxodo. En el primer éxodo, Moisés subió a la montaña. Jesús, el nuevo Moisés, también sube a la montaña. El pueblo seguía Moisés que realizó señales. El pueblo sigue a Jesús porque había visto las señales que él realizaba para los enfermos.
  • Juan 6, 5-7: Jesús y Felipe. Viendo a la multitud, Jesús confronta a los discípulos con el hambre de la gente y pregunta a Felipe: «¿Dónde nos procuraremos panes para que coman éstos?» En el primer éxodo, Moisés había obtenido alimento para el pueblo hambriento. Jesús, el nuevo Moisés, hará lo mismo. Pero Felipe, en vez de mirar la situación a la luz de la Escritura, miraba la situación con los ojos del sistema y respondió: «¡Doscientos denarios de pan no bastan!» Un denario era el salario mínimo de un día. Felipe constata el problema y reconoce su total incapacidad para resolverlo. Se queja, pero no presenta ninguna solución.
  • Juan 6, 8-9: Andrés y el muchacho. Andrés, en vez de quejarse, busca soluciones. Encuentra a un muchacho con cinco panes y dos peces. Cinco panes de cebada y dos peces eran el sustento diario del pobre. El muchacho entrega su alimento. Hubiera podido decir: «Cinco panes y dos peces, ¿qué es esto para tanta gente?
  • ¡No va a servir para nada! ¡Vamos a compartirlos entre nosotros con dos o tres personas!» En vez de esto, ¡tuvo el valor de entregar los cinco panes y los dos peces para alimentar a 5000 personas (Jn 6, 10)! ¡Quien hace esto o es loco o tiene mucha fe, pensando que, por amor a Jesús, todos se disponen a compartir su comida como hizo el muchacho!
  • Juan 6, 10-11: La multiplicación. Jesús pide que la gente se recueste por tierra. En seguida, multiplica el sustento, la ración del pobre. El texto dice: “Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, y comieron todo lo que quisieron.» Con esta frase, escrita en el año 100 después de Cristo, Juan evoca el gesto de la Ultima Cena (1Cor 11, 23-24). La Eucaristía, cuando se celebra como es debido, llevará a compartir como hizo el muchacho, y a entregar el propio sustento para ser compartido.
  • Juan 6, 12-13: Sobraron doce canastos. El número doce evoca la totalidad de la gente con sus doce tribus. Juan no informa si sobraron peces. Lo que le interesa es evocar el pan como símbolo de la Eucaristía. El evangelio de Juan no tiene la descripción de la Cena Eucarística, pero describe la multiplicación de los panes como símbolo de lo que debe acontecer en las comunidades a través de la celebración de la Cena Eucarística. Si entre los pueblos cristianos hubiese un verdadero compartir, habría comida abundante para todos y sobrarían doce canastas ¡para mucha más gente!
  • Juan 6, 14-15: Quieren hacerlo rey. La gente interpreta el gesto de Jesús diciendo: «¡Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo!» La intuición de la gente es correcta. De hecho, Jesús es el nuevo Moisés, el Mesías, aquel que el pueblo estaba esperando (Dt 18, 15- 19). Pero esta intuición estaba siendo desviada por la ideología de la época que quería un gran rey que fuera fuerte y dominador. Por esto, viendo la señal, ¡el pueblo proclamaba a Jesús como Mesías y avanza para hacerle rey! Jesús percibiendo lo que iba a acontecer, se refugia sólo en la montaña. Y así no acepta ser mesías y espera el momento oportuno para ayudar a la gente a dar un paso.

Para la reflexión personal

  • Ante el problema del hambre en el mundo, ¿tú actúas como Felipe o como el muchacho?
  • La gente quería un mesías que fuera rey fuerte y poderoso. Hoy, muchos van detrás de líderes populistas. ¿Qué nos tiene que decir sobre esto el evangelio de hoy?

Oración final

Yahvé es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
Yahvé, el refugio de mi vida, ¿ante quién temblaré? (Sal 27, 1)

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Lectio divina jue, 15 abr 21

Tiempo de Pascua

Oración inicial

Te pedimos Señor, que los dones recibidos en esta Pascua den fruto abundante en toda nuestra vida. Por nuestro Señor.

Lectura

Del Evangelio según Juan 3, 31-36

El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz.

Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que resiste al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.»

Reflexión

En el mes de enero hemos meditado el texto de Juan 3, 22-30, que nos habla del último testimonio de Juan Bautista respecto a Jesús. Era la respuesta que Jesús da a sus discípulos, y en el cual vuelve a afirmar que él, Juan, no es el Mesías sino solamente el precursor (Jn 3, 28). En aquella ocasión, Juan dijo aquella frase tan bonita que resume su testimonio: «¡Es necesario que él crezca y que yo disminuya!» Esta frase es el programa de todos los que quieren seguir a Jesús.

Los versículos del evangelio de hoy son, de nuevo, un comentario del evangelista para ayudar las comunidades a comprender mejor todo el alcance de las cosas que Jesús hizo y enseñó. Aquí tenemos otra muestra de aquellos tres hilos de los que hablamos ayer.

  • Juan 3, 31-33: Un refrán que vuelve siempre. A lo largo del evangelio de Juan, muchas veces aparece el conflicto entre Jesús y los judíos que contestan las palabras de Jesús. Jesús habla a partir de lo que oye del Padre. Es transparencia total. Sus adversarios, por no abrirse a Dios y por agarrarse a sus propias ideas aquí sobre la tierra, no son capaces de entender el significado profundo de las cosas que Jesús vive, dice y hace. Al final, este malentendido llevará a los judíos a detener y condenar a Jesús.
  • Juan 3, 34: Jesús nos da el Espíritu sin medida. El evangelio de Juan usa muchas imágenes y símbolos para significar la acción del Espíritu. Como en la creación (Gen 1, 1), así el Espíritu baja sobre Jesús «como una paloma, venida del cielo” (Jn 1, 32). ¡Es el inicio de la nueva creación! Jesús dice las palabras de Dios y nos comunica el Espíritu sin medida (Jn 3, 34). Sus palabras son Espíritu y vida (Jn 6, 63). Cuando Jesús se despide, dice que enviará a otro consolador, a otro defensor, para que se quede con nosotros. Es el Espíritu Santo (Jn 14, 16- 17). A través da su pasión, muerte y resurrección, Jesús conquistó el don del Espíritu para nosotros. A través del bautismo todos nosotros recibimos este mismo Espíritu de Jesús (Jn 1, 33). Cuando apareció a los apóstoles, sopló sobre ellos y dijo: «¡Recibid el Espíritu!» (Jn 20, 22). El Espíritu es como el agua que brota de dentro de las personas que creen en Jesús (Jn 7, 37-39; 4, 14). El primer efecto de la acción del Espíritu en nosotros es la reconciliación: «A quienes perdonan los pecados, quedarán perdonados; a quienes no perdonaréis sus pecados, quedarán atados» (Jn 20, 23). Es Espíritu nos es dado para que podamos recordar y entender el significado de las palabras de Jesús (Jn 14, 26; 16, 12-13). Animados por el Espíritu de Jesús podemos adorar a Dios en cualquier lugar (Jn 4, 23-24). Aquí se realiza la libertad del Espíritu de la que habla San Pablo: «Donde está el Espíritu allí hay libertad» (2Cor 3, 17).
  • Juan 3, 35-36: El Padre ama al hijo. Reafirma la identidad entre el Padre y Jesús. El Padre ama al hijo y entrega todo en sus manos. San Pablo dirá que en Jesús habita la plenitud de la divinidad (Col 1, 19; 2,9). Por esto, quien acepta a Jesús y cree en Jesús ya tiene la vida eterna, porque Dios es vida. Quien no cree en Jesús se pone a sí mismo fuera.

Para la reflexión personal

  • Jesús nos comunica el Espíritu, sin medida. ¿Has tenido alguna experiencia de esta acción del Espíritu en tu vida?
  • Quien cree en Jesús tiene vida eterna. ¿Cómo acontece esto en la vida de las familias y de las comunidades?

Oración final

Bendeciré en todo tiempo a Yahvé, sin cesar en mi boca su alabanza; Gustad y ved lo bueno que es Yahvé, dichoso el hombre que se acoge a él. (Sal 34, 2. 9)

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Lectio divina mie, 14 abr 21

Tiempo de Pascua

Oración inicial

Al revivir nuevamente este año el misterio pascual, en el que la humanidad recobra la dignidad perdida y adquiere la esperanza de la resurrección futura, te pedimos, Señor de clemencia, que el misterio celebrado en la fe se actualice siempre en el amor. Por nuestro Señor.

Lectura

Del Evangelio según san Juan 3, 16-21

Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios. Y el juicio está en que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.»

Reflexión

El evangelio de Juan es como un tejido, hecho con tres hilos diferentes pero parecidos. Los tres se combinan tan bien entre sí que, a veces, no da para percibir cuando se pasa de un hilo al otro. (a) El primer hilo son los hechos y las palabras de Jesús de los años treinta, conservados por los testigos oculares que guardaron las cosas que Jesús hizo y enseñó. (b) El segundo hilo son los hechos de la vida de las comunidades. A partir de su fe en Jesús y convencidas de la presencia de Jesús en medio de ellas, las comunidades iluminaban su caminar con las palabras y los gestos de Jesús. Esto ha tenido un impacto sobre la descripción de los hechos. Por ejemplo, el conflicto de las comunidades con los fariseos del final del primer siglo marcó la forma de describir los conflictos de Jesús con los fariseos. (c) El tercer hilo son comentarios hechos por el evangelista. En ciertos pasajes, es difícil percibir cuando Jesús deja de hablar y cuando el evangelista empieza a hacer sus comentarios. El texto del evangelio de hoy, por ejemplo, es una bonita y profunda reflexión del evangelista sobre la acción de Jesús. La gente casi no percibe la diferencia entre las palabras de Jesús y las palabras del evangelista. De cualquier forma, tanto las unas como las otras, son palabras de Dios.

  • Juan 3, 16: Dios amó el mundo. La palabra mundo es una de las palabras más frecuentes en el Evangelio de Juan: ¡78 veces! Tiene diversos significados. En primer lugar, mundo puede significar la tierra, el espacio habitado por los seres humanos (Jn 11, 9; 21, 25) o el universo creado (Jn 17, 5. 24). Mundo puede significar también las personas que habitan esta tierra, la humanidad toda (Jn 1, 9; 3, 16; 4, 42; 6, 14; 8, 12). Puede significar también un gran grupo, un grupo numeroso de personas, en el sentido de la expresión “todo el mundo” (Jn 12, 19; 14, 27). Aquí, en nuestro texto, la palabra mundo tiene el sentido de humanidad, de todo ser humano. Dios ama la humanidad de tal modo que llegó a entregar a su hijo único. Quien acepta que Dios llega hasta nosotros en Jesús, éste ya pasó por la muerte y ya tiene vida eterna.
  • Juan 3, 17-19: El verdadero sentido del juicio. La imagen de Dios que aflora de estos tres versículos es la de un padre lleno de ternura y no la de un juez severo. Dios mandó a su hijo no para juzgar y condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. Quien cree en Jesús y lo acepta como revelación de Dios no es juzgado, pues ya ha sido aceptado por Dios. Y quien no cree en Jesús, ya ha sido juzgado. Se excluye él mismo. Y el evangelista repite lo que ya ha dicho en el prólogo: muchas personas no quieren aceptar a Jesús, porque su luz revela la maldad que en ellas existe (cf. Jn 1, 5. 10-11).
  • Juan 3, 20-21: Practicar la verdad. Existe en todo ser humano una semilla divina, un rasgo del Creador. Jesús, como revelación del Padre, es una respuesta a este deseo más profundo del ser humano. Quien quiere ser fiel a lo más profundo de sí mismo, aceptará a Jesús. Es difícil encontrar una visión ecuménica más amplia que lo que el Evangelio de Juan expresa en estos versículos.

Completando el significado de la palabra mundo en el Cuarto Evangelio. Otras veces, la palabra mundo significa aquella parte de la humanidad que se opone a Jesús y a su mensaje. Allí la palabra mundo toma el sentido de “adversarios” u “opositores” (Jn 7, 4.7; 8, 23. 26; 9, 39; 12 ,25). Este mundo contrario a la práctica libertadora de Jesús está gobernado por el Adversario o Satanás, también llamado “príncipe de este mundo” (Jn 14, 30; 16, 11). El representa el imperio romano y, al mismo tiempo, los líderes de los judíos que están expulsando a los seguidores de Jesús de las sinagogas. Este mundo persigue y mata las comunidades, trayendo tribulaciones a los fieles (Jn 16, 33). Jesús las liberará, venciendo al príncipe de este mundo (Jn 12, 31). Así, mundo significa una situación de injusticia, de opresión, que engendra odio y persecución contra las comunidades del Discípulo Amado. Los perseguidores son aquellas personas que están en el poder, los dirigentes, tanto del imperio como de la sinagoga. En fin, todos aquellos que practican la injusticia usando para esto el nombre de Dios (Jn 16, 2). La esperanza que el evangelio trae a las comunidades perseguidas es que Jesús es más fuerte que el mundo. Por esto dice: “En el mundo tendréis tribulaciones. Pero ¡ánimo: yo vencí el mundo!” (Jn 16, 33).

Para la reflexión personal

  • Tanto amó Dio al mundo que llegó a entregar a su propio hijo. Esta verdad ¿ha llegado a penetrar en lo más profundo de mi ser, de mi conciencia?
  • La realidad más ecuménica que existe es la vida que Dios nos da y por la que entregó a su propio hijo. ¿Cómo vivo el ecumenismo en mi vida de cada día?

Oración final

Bendeciré en todo tiempo a Yahvé, sin cesar en mi boca su alabanza; en Yahvé se gloría mi ser, ¡que lo oigan los humildes y se alegren! (Sal 34, 2-3)

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Lectio divina mar, 13 abr 21

Tiempo de Pascua

Oración inicial

Te pedimos, Señor, que nos hagas capaces de anunciar la victoria de Cristo resucitado; y pues en ella nos has dado la prenda de los dones futuros, haz que un día los poseamos en plenitud. Por nuestro Señor.

Lectura – Juan 3: 7b-15

Del Evangelio según san Juan 3, 7b-15

«Tenéis que nacer de nuevo. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.» Respondió Nicodemo: «¿Cómo puede ser eso?» Jesús le respondió: «Tú eres maestro en Israel y ¿no sabes estas cosas? «En verdad, en verdad te digo: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no aceptáis nuestro testimonio.

Si al deciros cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo vais a creer si os digo cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga en él la vida eterna, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.»

Reflexión

El evangelio de hoy nos trae la conversación de Jesús con Nicodemo. Nicodemo había oído hablar de las cosas que Jesús hacía, se había quedado impresionado y quería hablar con Jesús para poder entender mejor. Pensaba saber las cosas de Dios. Vivía con la libreta del pasado en la mano para ver si la novedad que Jesús anunciaba era conforme con lo antiguo. En la conversación, Jesús dice a Nicodemo que la única manera que él, Nicodemo, tiene de entender las cosas de Dios es ¡nacer de nuevo! Hay veces que somos como Nicodemo: aceptamos solamente aquello que concuerda con nuestras viejas ideas. Otras veces, nos dejamos sorprender por los hechos y no tenemos miedo a decir: «¡Nací de nuevo!»

Cuando los evangelistas recuerdan las palabras de Jesús, tienen bien presentes los problemas de las comunidades para quienes escriben. Las preguntas de Nicodemo a Jesús son un espejo de las preguntas de las comunidades de Asia Menor del final del siglo primero. Por esto, las respuestas de Jesús a Nicodemo son, al mismo tiempo, una respuesta para los problemas de aquellas comunidades. Así los cristianos hacían la catequesis en aquel tiempo. Muy probablemente, el relato de la conversación entre Jesús y Nicodemo formaba parte de la catequesis bautismal, pues allí se dice que las personas han de renacer del agua y del espíritu (Jn 3, 6).

  • Juan 3, 7b-8: Nacer de lo alto, nacer de nuevo, nacer del Espíritu. En griego, la misma palabra significa de nuevo y de lo alto. Jesús había dicho: “Quien no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios” (Jn 3, 5). Y añadió: «Lo que nace de la carne es carne. Lo que nace del Espíritu es Espíritu» (Jn 3, 6). Aquí, carne significa aquello que nace solamente de nuestras ideas. Lo que nace de nosotros tiene nuestro tamaño. Nacer del Espíritu es ¡otra cosa! Y Jesús vuelve a afirmar otra vez lo que había dicho antes: “Tenéis que nacer de lo alto (de nuevo)”. O sea, debéis renacer del Espíritu que viene de lo alto. Y explica que el Espíritu es como el viento. Tanto en hebraico como en griego, se usa la misma palabra para decir espíritu y viento. Jesús dice: «El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.” El viento tiene, dentro de sí, un rumbo, una dirección. Nosotros percibimos la dirección del viento, por ejemplo, el viento del Norte o el viento del Sur, pero no conocemos ni controlamos la causa a partir de la cual el viento se mueve en una u otra dirección. Así es el Espíritu. «Nadie es seño del Espíritu» (Ecl 8, 8). Lo que más caracteriza el viento, el Espíritu, es la libertad. El viento, el Espíritu, es libre, no puede ser controlado. Actúa sobre los otros y nadie consigue actuar sobre él. Su origen es misterio, su destino es misterio. El barquero tiene que descubrir, primero, el rumbo del viento, luego debe poner las velas según ese rumbo. Es lo que Nicodemo y todos nosotros debemos hacer.
  • Juan 3, 9: Pregunta de Nicodemo: Cómo puede ocurrir esto? Jesús no hace nada más que resumir lo que enseñaba el Antiguo Testamento sobre la acción del Espíritu, del viento santo, en la vida del pueblo de Dios y que Nicodemo, como maestro y doctor, debía de saber. Pero a pesar de ello, Nicodemo queda espantado antes la respuesta de Jesús y se deja pasar por ignorante:»¿Cómo puede ocurrir esto?»
  • Juan 3, 10-15: Respuesta de Jesús: la fe nace del testimonio y no del milagro. Jesús da vuelta a la pregunta: «Tú eres maestro en Israel ¿y no sabes esto?» Pues para Jesús, si una persona cree sólo cuando las cosas concuerdan con sus propios argumentos e ideales, su fe todavía no es perfecta. Perfecta es sí la fe de la persona que cree por el testimonio. Deja de lado sus propios argumentos y se entrega, porque cree en aquel que dio testimonio.

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Lectio divina lun, 12 abr 21

Tiempo de Pascua

Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno, a quien confiadamente podemos llamar ya Padre nuestro, haz crecer en nuestros corazones el espíritu de hijos adoptivos tuyos, para que merezcamos gozar, un día, de la herencia que nos has prometido. Por nuestro Señor Jesucristo.

Lectura

Del Evangelio según Juan 3, 1-8

Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. Fue éste a Jesús de noche y le dijo: «Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar los signos que tú realizas si Dios no está con él.» Jesús le respondió: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios.» Dícele Nicodemo: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?» Respondió Jesús: «En verdad, en verdad te digo: El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de nuevo. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.»

Reflexión

El evangelio de hoy nos trae una parte de la conversación de Jesús con Nicodemo. Nicodemo aparece varias veces en el evangelio de Juan (Jn 3, 1-13; 7, 50-52; 19, 39). Era una persona que tenía una cierta posición social. Tenía lideranzgo entre los judíos y formaba parte del supremo tribunal llamado Sinedrio. En el evangelio de Juan, él representa al grupo de los judíos que eran piadosos y sinceros, pero que no llegaban a entender todo lo que Jesús hacía y hablaba. Nicodemo había oído hablar de señales, de las cosas maravillosas que Jesús hacía y quedó impresionado. El quiere conversar con Jesús para poder entender mejor. Era una persona cultivada que pensaba entender las cosas de Dios. Esperaba al Mesías con un librito de la ley en la mano para verificar si lo nuevo anunciado por Jesús estaba de acuerdo. Jesús hace percibir a Nicodemo que la única manera que alguien tiene para poder entender las cosas de Dios es ¡nacer de nuevo! Hoy acontece lo mismo. Algunos son como Nicodemo: aceptan como nuevo sólo aquello que está de acuerdo con sus propias ideas. Aquello con lo que uno no está de acuerdo se rechaza como contrario a la tradición. Otros se dejan sorprender por los hechos y no tienen miedo a decir: «¡Nací de nuevo!»

  • Juan 3, 1: Un hombre, llamado Nicodemo. Poco antes del encuentro de Jesús con Nicodemo, el evangelista hablaba de la fe imperfecta de ciertas personas que se interesan sólo en los milagros de Jesús (Jn 2, 23-25). Nicodemo era una de estas personas. Tenía buena voluntad pero su fe era aún imperfecta. La conversación con Jesús le va a ayudar a percibir que debe dar un paso más para poder profundizar en su fe en Jesús y en Dios.
  • Juan 3, 2: 1ª pregunta de Nicodemo: tensión entre lo viejo y lo nuevo. Nicodemo era un fariseo, persona conocida entre los judíos y con un buen raciocinio. Se fue a encontrar a Jesús de noche y le dice: «Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar los signos que tú realizas si Dios no está con él.» Nicodemo opina sobre Jesús desde los argumentos que él, Nicodemo, lleva dentro de sí. Esto es un paso importante, pero no basta para conocer a Jesús. Las señales que Jesús hace pueden despertar a la persona e interesarle. Pueden engendrar curiosidad, pero no engendran la entrega, en la fe. No hacen ver el Reino de Dios presente en Jesús. Por esto es necesario dar un paso más. ¿Cuál es este paso?
  • Juan 3, 3: Respuesta de Jesús: «Tienes que nacer de nuevo!» Para que Nicodemo pueda percibir el Reino presente en Jesús, el tendrá que percibir el Reino presente en Jesús, tendrá que nacer de nuevo, de lo alto. Aquel que trata de comprender a Jesús sólo a partir de sus propios argumentos, no consigue entenderlo. Jesús es más grande. Si Nicodemo se queda sólo con el catecismo del pasado en la mano, no va a poder entender a Jesús. Tendrá que abrir del todo su mano. Tendrá que dejar de lado sus propias certezas y seguridades y entregarse totalmente. Tendrá que escoger entre, de un lado, guardar la seguridad que le viene de la religión organizada con sus leyes y tradiciones y, de otro, lanzarse a la aventura del Espíritu que Jesús le propone.
  • Juan 3, 4: 2ª pregunta de Nicodemo: ¿Cómo es posible nacer de nuevo? Nicodemo no quiere dar su brazo a torcer y pregunta con una cierta ironía: «¿Cómo una persona puede nacer de nuevo siendo vieja? Podrá entrar una segunda vez en el vientre de su madre y nacer?» Nicodemo se tomó las palabras de Jesús al pie de la letra y, por esto, no entendió nada. El hubiera tenido que percibir que las palabras de Jesús tenían un sentido simbólico.
  • Juan 3, 5-8: Respuesta de Jesús: Nacer de lo alto, nacer del espíritu. Jesús explica lo que quiere decir nacer de lo alto, o nacer de nuevo. y «nacer del agua y del Espíritu». Aquí tenemos una alusión muy clara al bautismo. A través de la conversación de Jesús con Nicodemo, el evangelista nos convida a hacer una revisión de nuestro bautismo. Relata las siguientes palabras de Jesús: «Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es Espíritu». Carne significa aquello que nace sólo de nuestras ideas. Lo que nace de nosotros tiene nuestra medida. Nacer del Espíritu ¡es otra cosa! El Espíritu es como el viento. «El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.»

El viento tiene, dentro de sí, un rumbo, una dirección. Percibimos la dirección del viento, por ejemplo, el viento del Norte o el viento del Sur, pero no conocemos ni controlamos la causa a partir de la cual el viento se mueve en esta u otra dirección. Así es el Espíritu. «Nadie es señor del Espíritu» (Ecl 8, 8). Lo que más caracteriza al viento, al Espíritu, es la libertad. El viento, el espíritu, es libre, no puede ser controlado. El actúa sobre los otros y nadie consigue actuar sobre él. Su origen es el misterio, su destino es el misterio. El barquero tiene que describir, en primer lugar, el rumbo del viento. Después tiene que colocar las velas según ese rumbo. Es lo que Nicodemo y todos nosotros debemos hacer.

  • Una llave para entender mejor las palabras de Jesús sobre el Espíritu Santo. La lengua hebraica usa la misma palabra para decir viento y espíritu. Como ya dicho, el viento tiene, dentro de sí, un rumbo, una dirección: viento del Norte, viento del Sur. El Espíritu de Dios tiene un rumbo, un proyecto, que ya se manifestaba en la creación bajo la forma de una paloma que aleteaba sobre el caos (Gn 1, 2). Año tras año, él renueva la faz de la tierra y coloca en movimiento la naturaleza a través de la secuencia de las estaciones (Sl 104, 30; 147, 18). Este mismo Espíritu está presente en la historia. Hace secar el Mar Rojo (Ex 14, 21) hace pasar las codornices y las deja caer sobre el campamento (Nm 11, 31). Está con Moisés y, a partir de él, se distribuye entre los líderes de la gente (Núm 11, 24-25). Estaba en los líderes y los llevaba a realizar acciones libertadoras: Otoniel (Jz 3, 10), Gedeón (Jue 6, 34), Jefté (Jue 11, 29), Sansón (Jue 13, 25; 14, 6. 19; 15, 14), Saúl (1Sm 11, 6), y Débora, la profetisa (Jz 4, 4). Estuve presente no grupo dos profetas e agia neles con fuerza contagiosa (1Sm 10, 5- 6. 10). Su acción en los profeta produce envidia en los demás, pero Moisés reacciona: «¡Ojalá que Dios comunicara su Espíritu a todo el pueblo y profetizara!» (Núm 11, 29).
  • A lo largo de los siglos, creció la esperanza de que el Espíritu de Dios orientara al Mesías en la realización del proyecto de Dios (Is 11, 1-9) y bajara sobre todo el pueblo de Dios (Ez 36, 27; 39, 29; Is 32, 15; 44, 3). La gran promesa del Espíritu se manifiesta de muchas formas en los profetas del exilio: la visión de los huesos secos, resucitados por la fuerza del Espíritu de Dios (Ez 37, 1-14); la efusión del Espíritu de Dios sobre todo el pueblo (Jl 3, 1-5); la visión del Mesías-Siervo que será ungido por el Espíritu para establecer el derecho en la tierra y anunciar la Buena Nueva a los pobres (Is 42, 1; 44, 1-3; 61, 1-3). Ellos vislumbran un futuro, en que la gente, cada vez de nuevo, renace por la efusión del Espíritu (Ez 36, 26-27; Sl 51, 12; cf Is 32, 15-20).
  • El evangelio de Juan usa muchas imágenes y símbolos para significar la acción del Espíritu. Como en la creación (Gén 1, 1), así el Espíritu desciende sobre Jesús «como una paloma, venida del cielo” (Jn 1, 32). ¡Es el comienzo de la nueva creación! Jesús habla las palabras de Dios y nos comunica al Espíritu sin medida (Jn 3, 34). Sus palabras son Espíritu y vida (Jn 6, 63). Cuando Jesús se despide, dice que enviará a otro consolador, a otro defensor, para que quede con nosotros. Es el Espíritu Santo (Jn 14, 16-17). A través de su pasión, muerte y resurrección, Jesús conquistó el don del Espíritu para nosotros. A través del bautismo todos nosotros recibimos este mismo Espíritu de Jesús (Jn 1, 33). Cuando apareció a los apóstoles, sopló sobre ellos y dijo: «¡Recibid al Espíritu Santo!» (Jn 20, 22). El Espíritu es como el agua que brota desde el interior de las personas que creen en Jesús (Jo 7, 37-39; 4, 14). El primer efecto de la acción del Espíritu en nosotros es la reconciliación: » A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.” (Jn 20, 23). El Espíritu se nos da para que podamos recordar y entender el significado pleno de las palabras de Jesús (Jn 14, 26; 16, 12-13). Animados por el Espíritu de Jesús, podemos adorar a Dios en cualquier lugar (Jn 4, 23-24). Aquí se realiza la libertad del Espíritu del que nos habla San Pablo: «Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad» (2Cor 3, 17).

Para la reflexión personal

  • ¿Cómo acostumbras reaccionar ante las novedades que se presentan? ¿Cómo Nicodemo que acepta la sorpresa de Dios?
  • ¿Jesús compara la acción del Espíritu Santo con el viento (Jn 3, 8). ¿Que nos revela esta comparación sobre la acción del Espíritu de Dios en mi vida? ¿Has pasado por alguna experiencia que te dio la sensación de nacer de nuevo?

Oración final

Bendeciré en todo tiempo a Yahvé, sin cesar en mi boca su alabanza; en Yahvé se gloría mi ser, ¡que lo oigan los humildes y se alegren! (Sal 34, 2-3)

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Lectio divina Dom, 11 abr 21

Tiempo de Pascua

La misión de los discípulos y el testimonio del apóstol Tomás Juan 20,19-31

Oración inicial

¡Oh Padre!, que en el día del Señor reúnes a todo tu pueblo para celebrar a Aquél que es el Primero y el Último, el Viviente que ha vencido la muerte; danos la fuerza de tu Espíritu, para que, rotos los vínculos del mal, abandonados nuestros miedos y nuestras indecisiones, te rindamos el libre servicio de nuestra obediencia y de nuestro amor, para reinar con Cristo en la gloria.

LECTIO

Clave de lectura:

Estamos en el así llamado “libro de la resurrección” donde se narran, sin una continuidad lógica, diversos episodios que se refieren a Cristo Resucitado y los hechos que lo prueban. Estos hechos están colocados, en el IV Evangelio, en la mañana (20, 1-18) y en la tarde del primer día después del sábado y ocho días después, en el mismo lugar y día de la semana. Nos encontramos de frente al acontecimiento más importante en la historia de la Humanidad, un acontecimiento que nos interpela personalmente. “Si Cristo no ha resucitado vana es nuestra predicación, y vana es también nuestra fe.. y vosotros estáis aún en vuestros pecados” (1Cor 15, 14. 17) dice el apóstol Pablo, que no había conocido a Jesús antes de la Resurrección, pero que lo predicaba con toda su vida, lleno de celo. Jesús es el enviado del Padre. Él también nos envía. La disponibilidad de “andar” proviene de la profundidad de la fe que tenemos en el Resucitado. ¿Estamos preparado para aceptar Su “mandato” y a dar la vida por su Reino? Este pasaje no se refiere sólo a la fe de aquéllos que no han visto (testimonio de Tomás), sino también a la misión confiada por Cristo a la Iglesia.

Una posible división del texto para facilitar la lectura:

  • 20, 19-20: aparición a los apóstoles y muestra de las llagas
  • 20, 21-23: don del Espíritu para la misión
  • 20, 24-26: aparición particular para Tomás ocho días después
  • 20, 27-29: diálogo con Tomás
  • 20, 30-31: finalidad del evangelio según Juan

El texto:

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.» Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.» Dicho esto, sopló y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.» Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.»

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros.» Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.» Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío.» Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído.»

Jesús realizó en presencia de los discípulos otros muchos signos que no están escritos en este libro. Éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.

Un momento de silencio

para conseguir depositar la Palabra en nuestro corazón

MEDITATIO

Algunas preguntas para ayudar a la meditación:

  • ¿Quién o qué cosa ha suscitado mi interés y maravilla en la lectura que he hecho?

¿Es posible que haya algunos que se profesen cristianos, pero que no crean en la Resurrección de Jesús?

  • ¿Tan importante es creer? ¿Qué cambia si sólo nos quedásemos con su enseñanza y su testimonio de vida? ¿Qué significado tiene para mí el don del Espíritu para la misión? ¿Cómo continúa, después de la Resurrección, la misión de Jesús en el mundo? ¿Cuál es el contenido del anuncio misionero? ¿Qué valor tiene para mí el testimonio de Tomás? ¿Cuáles son, si las tengo, las dudas de mi fe? ¿Cómo las afronto y progreso? ¿Sé expresar las razones de mi fe?

Comentario:

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana: los discípulos están viviendo un día extraordinario. El día siguiente al sábado, en el momento en el que viene escrito el IV evangelio, es ya para la comunidad “ el día del Señor” (Ap 1-10), Dies Domini (domingo) y tiene más importancia que la tradición del sábado para los Judíos.

Mientras estaban cerradas las puertas: una anotación para indicar que el cuerpo de Cristo Resucitado, aún siendo reconocible, no está sujeto a las leyes ordinarias de la vida humana.

Paz a vosotros: no es un deseo, sino la paz que había prometido cuando estaban afligidos por su partida (Jn 14, 27; 2Tes 3, 16; Rom 5, 3), la paz mesiánica, el cumplimiento de las promesas de Dios, la liberación de todo miedo, la victoria sobre el pecado y sobre la muerte, la reconciliación con Dios, fruto de su pasión, don gratuito de Dios. Se repite por tres veces en este pasaje, como también la introducción (20, 19) se repite más adelante (20, 26) de modo idéntico.

Les mostró las manos y el costado: Jesús refuerza las pruebas evidentes y tangibles de que es Él el que ha sido crucificado. Sólo Juan recuerda especialmente la herida del costado producida por la lanza de un soldado romano, mientras Lucas tiene en cuenta las heridas de los pies (Lc 24-39). Al mostrar las heridas quiere hacer evidente que la paz que Él da, viene de la cruz (2Tim 2, 1-13). Forman parte de su identidad de Resucitado (Ap 5, 6)

Los discípulos se alegraron de ver al Señor: Es el mismo gozo que expresa el profeta Isaías al describir el banquete divino (Is 25, 8-9), el gozo escatológico, que había preanunciado en los discursos de despedida, gozo que ninguno jamás podrá arrebatar (Jn 16, 22; 20, 27). Cfr. También Lc 24, 39-40; Mt 28, 8; Lc 24, 41.

Como el Padre me envió, también yo os envío: Jesús es el primer misionero, el “apóstol y sumo sacerdote de la fe que profesamos” (Ap 3, 1). Después de la experiencia de la cruz y de la resurrección se actualiza la oración de Jesús al Padre (Jn 13, 20; 17, 18; 21, 15, 17). No se trata de una nueva misión, sino de la misma misión de Jesús que se extiende a todos los que son sus discípulos, unidos a Él como el sarmiento a la vid (15, 9), como también a su Iglesia (Mt 28, 18-20; Mc 16, 15-18; Lc 24, 47-49). El Hijo eterno de Dios ha sido enviado para que “el mundo se salve por medio de Él” (Jn 3, 17) y toda su existencia terrena, de plena identificación con la voluntad salvífica del Padre, es una constante manifestación de aquella voluntad divina de que todos se salven. Este proyecto histórico lo deja en consigna y herencia a toda la Iglesia y de modo particular, dentro de ella, a los ministros ordenados.

Sopló sobre ellos: el gesto recuerda el soplo de Dios que da la vida al hombre (Gn 2, 7); no se encuentra otro en el Nuevo Testamento. Señala el principio de una creación nueva.

Recibid el Espíritu Santo: después que Jesús ha sido glorificado viene dado el Espíritu Santo (Jn 7, 39). Aquí se trata de la transmisión del Espíritu para una misión particular, mientras Pentecostés (Act 2) es la bajada del Espíritu Santo sobre todo el pueblo de Dios.

A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos: el poder de perdonar o no perdonar (remitir) los pecados se encuentra también en Mateo de forma más jurídica (Mt 16, 19; 18, 18). Es Dios quien tiene el poder de perdonar los pecados, según los escribas y fariseos (Mc 2, 7), como según la tradición (Is 43, 25). Jesús tiene este poder (Lc 5, 24) y lo transmite a su Iglesia.

Conviene no proyectar sobre este texto, en la meditación, el desarrollo teológico de la tradición eclesial y las controversias teológicas que siguieron. En el IV evangelio la expresión se puede considerar de un modo amplio. Se indica el poder de perdonar los pecados en la Iglesia como comunidad de salvación, de la que están especialmente dotados aquéllos que participan por sucesión y misión del carisma apostólico. En este poder general está también incluso el poder de perdonar los pecados después del bautismo, lo que nosotros llamamos “sacramento de la reconciliación” expresado de diversas formas en el curso de la historia de la Iglesia.

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo: Tomás es uno de los protagonistas del IV evangelio, se pone en evidencia su carácter dudoso y fácil al desánimo (11, 16; 14, 5). “Uno de los doce” es ya una frase hecha (6, 71), porque en realidad eran once. “Dídimo” quiere decir Mellizo , nosotros podremos ser “mellizos” con él por la dificultad de creer en Jesús, Hijo de Dios muerto y resucitado.

¡Hemos visto al Señor! Ya antes Andrés, Juan y Felipe, habiendo encontrado al mesías, corrieron para anunciarlo a los otros (Jn 1, 41-45). Ahora es el anuncio oficial por parte de los testigos oculares (Jn 20, 18).

Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré: Tomás no consigue creer a través de los testigos oculares. Quiere hacer su experiencia. El evangelio es consciente de la dificultad de cualquiera para creer en la Resurrección (Lc 24, 34-40; Mc 16, 11; 1Cor 15, 5- 8), especialmente aquéllos que no han visto al Señor. Tomás es su (nuestro ) intérprete. Él está dispuesto a creer, pero quiere resolver personalmente toda duda, por temor a errar. Jesús no ve en Tomás a un escéptico indiferente, sino a un hombre en busca de la verdad y lo satisface plenamente. Es por tanto la ocasión para lanzar una apreciación a hacia los futuros creyentes (versículo 29).

Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente: Jesús repite las palabras de Tomás, entra en diálogo con él, entiende sus dudas y quiere ayudarlo. Jesús sabe que Tomás lo ama y le tiene compasión, porque todavía no goza de la paz que viene de la fe. Lo ayuda a progresar en la fe. Para profundizar más en la meditación, se pueden confrontar los lugares paralelos: 1Jn 1-2; Sal 78, 38; 103, 13- 14; Rom 5, 20; 1Tim 1, 14-16.

¡Señor mío y Dios mío!: Es la profesión de fe en el Resucitado y en su divinidad como está proclamado también al comienzo del evangelio de Juan (1, 1) En el Antiguo Testamento “Señor” y “Dios” corresponden respectivamente a ”Jahvé” y a “Elohim” (Sal 35, 23-24; Ap 4, 11). Es la profesión de fe pascual en la divinidad de Jesús más explicita y directa. En el ambiente judaico adquiría todavía más valor, en cuanto que se aplicaban a Jesús textos que se refieren a Dios. Jesús no corrige las palabras de Tomás, como corrigió aquéllas de los judíos que lo acusaban de querer hacerse “igual a Dios” (Jn 5, 18ss), aprobando así el reconocimiento de su divinidad.

Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído: Jesús nunca soporta a los que están a la búsqueda de signos y prodigios para creer (Jn 4, 48) y parece reprochar a Tomás. Encontramos aquí un pasaje hacia una fe más auténtica, un “camino de perfección” hacia una fe a la que se debe llegar también sin las pretensiones de Tomás, la fe aceptada como don y acto de confianza. Como la fe ejemplar de nuestros padres (Ap 11) y como la de María (Lc 1, 45). A nosotros, que estamos a más de dos mil años de distancia de la venida de Jesús, se nos dice que, aunque no lo hayamos visto, lo podemos amar y creyendo en Él podemos exultar de “un gozo indecible y glorioso” (1Pt 1, 8).

Estos [signos] han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre: El IV evangelio, como los otros, no tiene la finalidad de escribir la vida completa de Jesús, sino sólo demostrar que Jesús era el Cristo, el Mesías esperado, el Liberador y que era Hijo de Dios. Creyendo en Él tenemos la vida eterna. Si Jesús no es Dios, ¡vana es nuestra fe!

ORATIO

Salmo 118 (117)

¡Aleluya!
¡Dad gracias a Yahvé, porque es bueno, porque es eterno su amor!
¡Diga la casa de Israel: es eterno su amor!
¡Diga la casa de Aarón: es eterno su amor!
¡Digan los que están por Yahvé: es eterno su amor!
¡Cómo me empujaban para tirarme!, pero Yahvé vino en mi ayuda. Mi fuerza y mi canto es Yahvé, él fue mi salvación.
Clamor de júbilo y victoria se oye en las tiendas de los justos.
La piedra que desecharon los albañiles se ha convertido en la piedra angular; esto ha sido obra de Yahvé, nos ha parecido un milagro.
¡Éste es el día que hizo Yahvé, exultemos y gocémonos en él!
¡Yahvé, danos la salvación!
¡Danos el éxito, Yahvé!

CONTEMPLATIO

Oración final

Te doy gracias Jesús, mi Señor y mi Dios, que me has amado y llamado, hecho digno de ser tu discípulo, que me has dado el Espíritu, el mandato de anunciar y testimoniar tu resurrección, la misericordia del Padre, la salvación y el perdón para todos los hombres y todas las mujeres del mundo. Verdaderamente eres Tú el camino, la verdad y la vida, aurora sin ocaso, sol de justicia y de paz. Haz que permanezca en tu amor, ligado como sarmiento a la vid, dame tu paz, de modo que pueda superar mis debilidades, afrontar mis dudas, responder a tu llamada y vivir plenamente la misión que me has confiado, alabándote para siempre. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

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Lectio divina sáb, 10 abr 21

Tiempo de Pascua

Oración inicial

¡Oh Dios!, que con la abundancia de tu gracia no cesas de aumentar el número de tus hijos; mira con amor a los que has elegido como miembros de tu Iglesia, para que quienes han renacido por el bautismo obtengan también la resurrección gloriosa. Por nuestro Señor.

Lectura

Del Evangelio según Marcos 16, 9-15

Jesús resucitó en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a comunicar la noticia a los que habían vivido con él, que estaban tristes y llorosos. Ellos, al oír que vivía y que había sido visto por ella, no creyeron. Después de esto, se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos cuando iban de camino a una aldea. Ellos volvieron a comunicárselo a los demás; pero tampoco creyeron a éstos. Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado. Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación.

Reflexión

  • El evangelio de hoy forma parte de una unidad literaria más amplia (Mc 16, 9-20) que trae una lista o un resumen de diversas apariciones de Jesús: (a) Jesús aparece a María Magdalena, pero los discípulos no aceptan su testimonio (Mc 16, 9-11); (b) Jesús aparece a los dos discípulos, pero los demás no creen en el testimonio de ellos (Mc 16, 12-13); (c) Jesús aparece a los Once, critica la falta de fe y les ordena que anuncien la Buena Nueva a todos (Mc 16, 14-18); (d) Jesús sube al cielo y sigue cooperando con los discípulos (Mc 16, 19-20).
  • Además de esta lista de apariciones del evangelio de Marcos, hay otras listas que no siempre coinciden entre sí. Por ejemplo, la lista conservada por Pablo en la carta a los Corintios es bien diferente (1 Cor 15, 3-8). Esta variedad muestra que, inicialmente, los cristianos no se preocupaban de probar la resurrección por medio de apariciones. Para ellos la fe en la resurrección era tan evidente y tan vivida que no había necesidad de pruebas. Una persona que se toma el sol no se preocupa de probar que el sol existe. Ella misma, bronceada, es la prueba misma de que el sol existe. Las comunidades, ellas mismas, al existir en medio de aquel imperio inmenso, eran una prueba viva de la resurrección. Las listas de las apariciones empiezan a aparecer más tarde, en la segunda generación, para rebatir las críticas de los adversarios.
  • Marcos 16, 9-11: Jesús aparece a María de Mágdala, pero los otros discípulos no creen en ella. Jesús aparece primero a María Magdalena. Ella fue a anunciarlo a los demás. Para venir al mundo, Dios quiere depender del seno de una joven de 15 o 16 años, llamada María, la de Nazaret (Lc 1, 38). Para ser reconocido como vivo en medio de nosotros, quiso depender del anuncio de una chica que había sido liberada de siete demonios, ella también llamada María, la de Mágdala! (Por esto, era llamada María Magdalena). Pero los demás no le creen. Marcos dice que Jesús aparece primero a Magdalena. En la lista de las apariciones, transmitida en la carta a los Corintios (1 Cor 15, 3-8), no constan las apariciones de Jesús a las mujeres. Los primeros cristianos tuvieron dificultad en creer en el testimonio de las mujeres. ¡Es una lástima!
  • Marcos 16, 12-13: Jesús aparece a los discípulos, pero los demás no creen en ellos. Sin muchos detalles, Marcos se refiere a una aparición de Jesús a dos discípulos, “que iban de camino por los campos”. Se trata, probablemente, de un resumen de la aparición de Jesús a los discípulos de Emaús, narrada por Lucas (Lc 24, 13-35). Marcos insiste en decir que “tampoco creyeron en éstos”.
  • Marcos 16, 14-15: Jesús critica la incredulidad y manda anunciar la Buena Nueva a todas las criaturas. Por fin, Jesús aparece a los once discípulos y los reprende por no haber creído en las personas que lo habían visto resucitado. De nuevo, Marcos se refiere a la resistencia de los discípulos en creer en el testimonio de quienes han experimentado la resurrección de Jesús.
  • ¿Por qué será? Probablemente, para enseñar tres cosas. Primero, que la fe en Jesús pasa por la fe en las personas que dan testimonio de él. Segundo, que nadie debe desanimarse, cuando la duda y la incredulidad nacen en el corazón. Tercero, para rebatir las críticas de los que decían que el cristiano es ingenuo y acepta sin crítica cualquier noticia, ya que los discípulos tuvieran mucha dificultad en aceptar la verdad de la resurrección.
  • El evangelio de hoy termina con el envío: “Id por el mundo entero y proclamad a Buena Nueva a toda criatura.” Jesús les confiere la misión de anunciar la Buena Nueva a toda criatura.

Para la reflexión personal

  • María Magdalena, los dos discípulos de Emaús y los once discípulos: ¿quién tuvo mayor dificultad en creer en la resurrección? ¿Por qué? ¿Con quién de ellos me identifico?
  • ¿Cuáles son los signos que más convencen a las personas de la presencia de Jesús en medio de nosotros?

Oración final

El Señor tenga piedad nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación. (Sal 66)

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