Lectio lun, 21 oct, 2019

Lucas 12,13-21

1) Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno, te pedimos entregarnos a ti con fidelidad y servirte con sincero corazón. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 12,13-21
Uno de la gente le dijo: «Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo.» Él le respondió: «¡Hombre! ¿Quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?» Y les dijo: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aunque alguien posea abundantes riquezas, éstas no le garantizan la vida.» Les dijo una parábola: «Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: `¿Qué haré, pues no tengo dónde almacenar mi cosecha?’ Y dijo: `Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, edificaré otros más grandes, reuniré allí todo mi trigo y mis bienes y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea.’ Pero Dios le dijo: `¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?’ Así es el que atesora riquezas para sí y no se enriquece en orden a Dios.»

3) Reflexión

● El relato del evangelio de hoy se encuentra sólo en el Evangelio de Lucas y no tiene paralelo en otros evangelios. Forma parte de la descripción del camino de Jesús, desde Galilea hasta Jerusalén (Lc 9,51 a 19,28), en el que Lucas coloca la mayor parte de las informaciones que consigue recoger respecto de Jesús y que no se encuentran en los otros tres evangelios (cf. Lc 1,2-3). El evangelio de hoy nos trae la respuesta de Jesús a la persona que le pidió que mediara en el reparto de una herencia.
● Lucas 12,13: Un pedido para repartir la herencia. “Uno de la gente le dijo: «Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo.” Hasta hoy, la distribución de la herencia entre los familiares es siempre una cuestión delicada y, muchas veces, ocasiona infinitas discusiones y tensiones. En aquel tiempo, la herencia tenía que ver también con la identidad de las personas (1Re 21,1-3) y con su supervivencia (Núm 27,1-11; 36,1-12). El mayor problema era la distribución de las tierras entre los hijos del fallecido padre. Siendo una familia grande, se corría el peligro de que la herencia se desmenuzara en pequeños pedazos de tierra que no podrían garantizar la supervivencia de todos. Por esto, para evitar la desintegración o pulverización de la herencia y mantener vivo el nombre de familia, el mayor de los hijos recibía el doble de la herencia (Dt 21,17. cf. 2Re 2,11).
● Lucas 12,14-15: Respuesta de Jesús: cuidado con la ganancia. “Jesús respondió: «¿Hombre, ¿Quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?” En la respuesta de Jesús se ve la conciencia que tenía de su misión. Jesús no se siente enviado por Dios para atender el pedido de arbitrar entre los parientes que se pelean entre sí por el reparto de la herencia. Pero el pedido despierta en él la misión de orientar a las personas, pues: “Les dijo: Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aunque alguien posea abundantes riquezas, éstas no le garantizan la vida.” Formaba parte de su misión el esclarecer a las personas respecto del sentido de la vida. El valor de una vida no consiste en tener muchas cosas, sino en ser rico para Dios (Lc 12,21). Pues, cuando la ganancia ocupa el corazón, no se llega a repartir la herencia con equidad y con paz.
● Lucas 12,16-19: La parábola que hace pensar en el sentido de la vida. Inmediatamente después Jesús cuenta una parábola para ayudar a las personas a reflexionar sobre el sentido de la vida: «Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: ¿Qué haré, pues no tengo dónde almacenar mi cosecha” El hombre rico está totalmente encerrado en la preocupación de sus bienes que aumentarán de repente por causa de una cosecha abundante. Piensa sólo en acumular para garantizarse una vida despreocupada. Dice: Y dijo: Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, edificaré otros más grandes, reuniré allí todo mi trigo y mis bienes y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea.’
● Lucas 12,20: Primera conclusión de la parábola. “Pero Dios le dijo: ¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?’ La muerte es una llave importante para redescubrir el sentido verdadero de la vida. Relativiza todo, pues muestra lo que perece y lo que permanece. Quien sólo busca tener y olvida el ser pierde todo en la hora de la muerte. Aquí se evidencia un pensamiento muy frecuente en los libros sapienciales: para qué acumular bienes en esta vida, si no sabes dónde poner los bienes que acumulas, ni sabes lo que el heredero va a hacer con aquello que tu le dejas (Ecl 2,12.18-19.21).
● Lucas 12,21: Segunda conclusión de la parábola. “Así es el que atesora riquezas para sí y no se enriquece en orden a Dios.”. ¿Cómo volverse rico para Dios? Jesús dio diversas sugerencias y consejos: quien quiere ser el primero, que sea el último (Mt 20,27; Mc 9,35; 10,44); es mejor dar que recibir (At 20,35); el mayor es el menor (Mt 18,4; 23,11; Lc 9,48) guarda su vida aquel que la pierde (Mt 10,39; 16,25; Mc 8,35; Lc 9,24).

4) Para la reflexión personal

● El hombre pide a Jesús que le ayude en el reparto de la herencia. Y tú ¿qué pides a Dios en tus oraciones?
● El consumismo crea necesidades y despierta en nosotros el deseo de acumular. ¿Qué haces tú para no ser víctima de la sociedad de consumo?

5) Oración final

¡Aclama a Yahvé, tierra entera,
servid a Yahvé con alegría,
llegaos a él con júbilo! (Sal 100,1-2)

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Lectio Dom, 20 oct, 2019

Una verdadera oración:
el ejemplo de la viuda

Lucas 18, 1-8

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Clave de lectura:

La liturgia de este domingo nos pone delante un texto del Evangelio de Lucas que habla de oración, un tema muy querido para Lucas. Es la segunda vez que este evangelista trae palabras de Jesús para enseñarnos a orar. La primera vez (Lc 11,1-13), introduce el texto del Padre Nuestro y mediante comparaciones y parábolas, nos enseña que debemos orar siempre, sin desfallecer. Ahora, esta segunda vez, (Lc 18,1-4), Lucas recurre de nuevo a parábolas extraídas de la vida de cada día para dar instrucciones sobre la oración: la parábola de la viuda y del juez (18,1-8), del fariseo y del publicano (Lc 18,9-14). Lucas presenta las parábolas de un modo didáctico. Para cada una de ellas, prepara una breve introducción que sirve de clave de lectura. Después viene la parábola, y, finalmente, Jesús mismo aplica la parábola a la vida. El texto de este domingo se limita a la primera parábola de la viuda y del juez (Lc 18,1-9). En el curso de la lectura es bueno prestar atención a cuanto sigue: “¿Cuáles son las actitudes de las personas que aparecen en esta parábola?”

b) Una división del texto para ayudar a leerlo:

Lucas 18,1: Una clave que Jesús ofrece para entender la parábola
Lucas 18,2-3: El contraste entre el Juez y la Viuda
Lucas 18 4-5: El cambio del juez y el porqué de tal cambio
Lucas 18, 6-8a: Jesús aplica la Parábola
Lucas 18,8b: Una frase final para provocar

c) El texto:

1 Les propuso una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer: 2 «Había en una ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. 3 Había en aquella misma ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: `¡Hazme justicia contra mi adversario!’ 4 Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: `Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, 5 como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que deje de una vez de importunarme.’»
6 Dijo, pues, el Señor: «Oíd lo que dice el juez injusto; 7 pues, ¿no hará Dios justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche? ¿Les hará esperar? 8 Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?»

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Qué punto de este texto te ha gustado más?
b) ¿Cuáles son las actitudes de la viuda? O ¿qué es lo que más llama la atención de lo que hace y dice?
c) ¿Qué es lo que llama la atención en la actitud y hablar del juez? ¿Por qué?
d) ¿Qué aplicación hace Jesús de la parábola?
e) ¿Qué nos enseña la parábola sobre el modo de ver la vida y las personas?

5. Una clave de lectura

para profundizar mayormente en el tema

a) El contexto histórico

En el análisis del contexto histórico del Evangelio de Lucas debemos tener siempre en cuenta esta doble dimensión: la época de Jesús después de los años treinta y la época de los destinatarios del Evangelio de los años ochenta. Estas dos épocas influyen, cada una a su modo, en la redacción del texto y deben estar presentes en el esfuerzo que hacemos para descubrir el sentido que las palabras de Jesús tienen hoy para nosotros.

b) El contexto literario:

El contexto literario inmediato nos presenta dos parábolas sobre la oración: orar con insistencia y perseverancia (la viuda y el juez) (Lc 18, 1-8); orar con humildad y realismo (el fariseo y el publicano) (Lc 18, 9-14). A pesar de su diferencia, estas dos parábolas tienen algo en común. Nos enseña que Jesús tenía un modo diverso de ver las cosas de la vida. Jesús descubría una revelación de Dios allí donde todo el mundo descubría algo negativo. Por ejemplo, descubría algo de positivo en el publicano, de quien todos decían; “¡No sabe rezar!” Y en la viuda pobre, de quien se decía: “¡Es tan insistente que importuna incluso al juez!” Jesús vivía tan unido al Padre que todo se transformaba para Él en fuente de oración. Son muchos los modos con los que una persona puede expresarse en la oración. Hay personas que dicen: “ No sé rezar”, pero conversan con Dios todo el día. ¿Conocéis personas así?

c) Comentando el texto:

Lucas 18,1: La clave para entender la parábola
Lucas comienza una parábola con la frase siguiente: “Les propuso una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer”. La recomendación “orar sin desfallecer” aparece muchas veces en el Nuevo Testamento (1 Tes 5,17; Rom 12,12; Ef 6,8; etc.). Era una de las características de la espiritualidad de las primeras comunidades cristianas. Y también uno de los puntos en los que Lucas insiste mayormente, tanto en el Evangelio como en las Actas. Si os interesa descubrir esta dimensión en los escritos de Lucas, haced un ejercicio: leed el Evangelio y las Actas y anotad los versículos en los que Jesús u otras personas están orando. ¡Os sorprenderíais!

Lucas 18, 2-3: El contraste entre la viuda y el juez
Jesús nos muestra dos personajes de la vida real: un juez sin consideración a Dios ni al prójimo, y una viuda que no desiste en luchar por sus derechos ante el juez. El simple hecho de que Jesús nos muestre estos dos personajes revela que conoce la sociedad de su tiempo. La parábola no sólo presenta a la pobre gente que lucha ante los tribunales para ver reconocido sus derechos, sino deja también entrever el contraste violento entre los grupos sociales. Por un lado, un juez insensible, sin religión. Por otro, la viuda que sabe a qué puerta llamar para obtener lo que le es debido.

Lucas 18, 4-5: El cambio que se da en el juez y el por qué del cambio
Por mucho tiempo, pidiendo la misma cosa cada día, la viuda no obtiene nada del juez inicuo. Finalmente el juez, a pesar de que “no temía Dios ni respetaba a ninguno”, decide atender a la viuda y hacerle justicia. El motivo es: liberarse de las continuas molestias. Motivo para su interés. ¡ Pero la viuda obtiene lo que quería! Es esto un hecho de la vida de cada día, del que Jesús se sirve para enseñarnos a orar.

Lucas 18, 6-8: Una aplicación de la parábola
Jesús aplica la parábola: “Oíd lo que dice el juez injusto; pues ¿no hará Dios justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche? ¿Les hará esperar?” Y añade que Dios hará justicia en breve. Si no fuese Jesús el que nos habla, no tendríamos el valor de comparar a Dios con un juez en la forma de comportarse moralmente. Lo que importa en la comparación es la conducta de la viuda que gracia a su insistencia, obtiene lo que quiere.

Lucas 18,8b: Palabras sobre la fe
Al final, Jesús expresa una duda: “ Pero cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?” ¿Tendremos el valor de esperar, de tener paciencia, aunque Dios tarde en respondernos? Es necesario tener mucha fe para continuar resistiendo y para obrar, a pesar de que no se vean los resultados. Quien espera resultados inmediatos, se dejará vencer por el desaliento. En otros diversos puntos de los salmos se habla de esta resistencia dura y difícil delante de Dios, hasta que Él responda (Sal 71,14; 37,7;69,4; Lm 3,26). Citando el salmo 80, San Pedro dice, que para Dios un día es como mil años (2 Pe 3,8; Sal 90,4).

d) Profundizando: La oración en los escritos de Lucas

i. El Jesús que ora en el Evangelio

Los evangelios nos presentan una imagen de Jesús que ora, que vive en contacto permanente con el Padre. La aspiración de vida de Jesús es hacer la voluntad del Padre (Jn 5,19). Lucas es el evangelista que nos dice más cosas sobre la vida de oración de Jesús. Nos presenta a Jesús en constante oración. Jesús oraba mucho e insistía, para que la gente y sus discípulos hiciesen lo mismo. Y es en el confrontarse con Dios donde aparece la verdad y la persona se encuentra consigo misma en toda su realidad y humildad. He aquí algunos momentos en el Evangelio de Lucas en los que aparece Jesús orando:

Lc 2,46-50: Cuando tiene doce años va al templo a la Casa del Padre
Lc 3,21: Cuando es bautizado y asume su misión, ora
Lc 4,1-2: Cuando empieza su misión, pasa cuarenta días en el desierto
Lc 4,3-12: En la hora de la tentación, se enfrenta al diablo con textos de la Escritura
Lc, 4,16: Es costumbre de Jesús participar en las celebraciones, en las sinagogas, el sábado
Lc 5,16; 9,18: Busca la soledad del desierto, para orar
Lc 6,12: La tarde antes de escoger a los Apóstoles, pasa la noche orando
Lc 9,16; 24,30: Reza antes de las comidas
Lc 9,18: Antes de hablar de la realidad y de su pasión, ora
Lc 9,28: Durante la crisis, en el Monte para orar, se transfigura cuando ora
Lc 10,21: Cuando el Evangelio es revelado a los pequeños, dice: “Te doy gracias, Padre…”
Lc 11,1: Orando, despierta en los discípulos deseos de orar
Lc 22,32: Ora por Pedro, para aumentar su fe
Lc 22, 7-14: Celebra la Cena Pascual con sus discípulos
Lc 22, 41- 42: En el Huerto de los Olivos ora, sudando sangre
Lc 22, 40.46: En la angustia de la agonía pide a sus amigos que oren con él
Lc 23, 34: En el momento de ser clavado en la cruz, pide perdón para sus verdugos
Lc 23,46: Sal 31,6: En la hora de la muerte dice: “En tus manos encomiendo mi espíritu”
Lc 23,46: Jesús muere teniendo en los labios el grito del pobre

Este elenco de citas indica que, para Jesús, la oración estaba íntimamente unida a su vida, a los hechos concretos, a las decisiones que debía tomar. Para ser fiel al proyecto del Padre, trataba de permanecer a solas con Él. De escucharlo. En los momentos difíciles y decisivos de su vida, Jesús rezaba los Salmos. Como cualquier otro judío piadoso, los conocía de memoria. La recitación de los salmos no apagó en Él el espíritu creativo. Al contrario, Jesús inventa él mismo un salmo: Es el Padre Nuestro. Su vida fue una plegaria perenne: “En cada momento hago lo que el Padre pide que haga” (Jn 5, 19.30) Él se aplica lo que dice el salmo: “…mientras yo estoy en oración “ (Sal 109,4)

ii. Las Comunidades orantes en las Actas de los Apóstoles

Como sucede en el Evangelio, también en las Actas, Lucas habla a menudo de la oración. Los primeros cristianos son los que continúan la oración de Jesús. A continuación, un elenco de textos que de un modo u otro, hablan de oración. Si observáis con mucha atención, descubriréis también algunos más:

Act 1,14: La comunidad persevera en oración con María, la Madre de Jesús
Act 1,24: La comunidad reza para saber cómo elegir al sustituto de Judas
Act 2, 25-35: Pedro cita los salmos durante la predicación
Act 2,42: Los primeros cristianos son asiduos en la oración
Act 2, 46-47: Frecuentan el templo para alabar a Dios
Act 3,1: Pedro y Juan van al templo para la oración de la tarde
Act 3,8: El tullido curado alaba a Dios
Act 4,23-31: La comunidad ora en la persecución
Act 5,12: Los primeros cristianos permanecen en el pórtico de Salomón (templo)
Act 6,4: Los apóstoles se dedican a la oración y a la palabra
Act 6,6: Rezan antes de imponer las manos sobre los diáconos
Act 7,59: En la hora de la muerte, Esteban reza: “ Señor, recibe mi espíritu”
Act 7,60: Y antes, Esteban reza: “Señor, no les impute este pecado”
Act 8,15: Pedro y Juan rezan para que los convertidos reciban el Espíritu Santo
Act 8,22: Al pecador se le dice: “ Conviértete y reza, así obtendrás el perdón”
Act 8,24: Simón dice: “Orad por mí al Señor para que no me suceda nada de lo que habéis dicho”
Act 9,11: Pablo está orando
Act 9,40: Pedro reza por la curación de “Gacela”
Act 10,2: Cornelio oraba a Dios constantemente
Act 10,4: La oración de Cornelio sube al cielo y es escuchada
Act 10,9: En la hora de sexta, Pedro se halla orando en la terraza de la casa
Act 10,30-31: Cornelio ora en la hora nona y su oración es escuchada
Act 11,5: Pedro informa a la gente de Jerusalén: “Él estaba en oración”
Act 12,5: La comunidad reza cuando Pedro está en la cárcel
Act 12,12: En casa de María, hay muchas personas recogidas en oración
Act 13, 2-3: La comunidad reza y ayuna antes de enviar a Pablo y Bernabé
Act 13,48: Los misioneros rezan para nombrar los coordinadores de las comunidades
Act 16,13: En Filipos, junto al río, hay un lugar de oración
Act 16,16: Pablo y Silas van a la oración
Act 16,25: De noche, Pablo y Silas cantan y rezan en la prisión
Act 18,9: Pablo tiene una visión del Señor durante la noche
Act 19,18: Muchos confiesan sus pecados
Act 20,7: Estaban reunidos para la fracción del pan (Eucaristía)
Act 20, 32: Pablo recomienda a Dios los coordinadores de las comunidades
Act 20,36: Pablo reza de rodillas por los coordinadores de las comunidades
Act 21,5: Se arrodillan en la playa para rezar
Act 21,14: Ante lo inevitable, la gente dice: “¡Hágase la voluntad de Dios!
Act 21,20: Glorifican a Dios por cuanto ha hecho por Pablo
Act 21,26: Pablo va al templo a cumplir una promesa
Act 2,17-21: Pablo va al templo, tiene una visión y habla con Dios
Act 23,11: En la cárcel de Jerusalén: Pablo tiene una visión de Jesús
Act 27,23ss: Pablo tiene una visión de Jesús durante la tormenta en el mar
Act 27,35: Pablo toma el pan, da gracias a Dios antes de llegar a Malta
Act 28,8: Pablo reza por el padre de Publio enfermo por la fiebre
Act 28,15: Pablo da gracias a Dios cuando ve a los hermanos en Pozzuoli

Este elenco indica dos cosas muy significativas. Por una parte que los primeros cristianos conservan la liturgia tradicional del pueblo. Como Jesús, rezan en casa, en familia, en la comunidad, en la sinagoga y junto a la gente en el templo. Por otro lado, más allá de la liturgia tradicional, surge en ellos un nuevo modo de rezar con un nuevo contenido. La raíz de esta nueva oración nace de la nueva experiencia de Dios en Jesús y de la conciencia clara y profunda de la presencia de Dios en medio de la comunidad:”¡En Él vivimos, nos movemos y existimos!” (Act 17,28)

6. Oración: Salmo 63 (62)

El deseo de Dios que se muestra en la plegaria

Dios, tú mi Dios, yo te busco,
mi ser tiene sed de ti,
por ti languidece mi cuerpo,
como erial agotado, sin agua.
Así como te veía en el santuario,
contemplando tu fuerza y tu gloria,
-pues tu amor es mejor que la vida,
por eso mis labios te alaban-,
así quiero bendecirte en mi vida,
levantar mis manos en tu nombre;
me saciaré como de grasa y médula,
mis labios te alabarán jubilosos.

Si acostado me vienes a la mente,
quedo en vela meditando en ti,
porque tú me sirves de auxilio
y exulto a la sombra de tus alas;
mi ser se aprieta contra ti,
tu diestra me sostiene.

Mas los que tratan de acabar conmigo,
¡caigan en las honduras de la tierra!
¡Sean pasados a filo de espada,
sirvan de presa a los chacales!
Pero el rey en Dios se alegrará,
el que jura por él se felicitará,
cuando cierren la boca a los mentirosos.

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

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Lectio sáb, 19 oct, 2019

Lucas 12,8-12

1) Oración inicial

Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos dispuestos a obrar siempre el bien. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Lucas 12,8-12
«Yo os digo: Por todo el que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios. Pero el que me niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios.
«A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará.
«Cuando os lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué os defenderéis, o qué diréis, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene decir.»

3) Reflexión

• El contexto. En el cap. 11 que precede a nuestro relato, Lucas, en el camino de Jesús hacia Jerusalén, muestra su intención de revelar los abismos del obrar misericordioso de Dios y, al mismo tiempo, la profunda miseria que se esconde en el corazón del hombre, y en particular en los que tienen la misión de ser testimonios de la Palabra y de la obra del Espíritu Santo en el mundo. Jesús presenta estas realidades con una serie de reflexiones que surten efecto en el lector: verse atraído por la fuerza de su Palabra hasta el punto de sentirse interiormente juzgado y despojado de las pretensiones de grandeza que inquietan al hombre (9,46). El lector se identifica, además, con algunas actitudes provocadas por la enseñanza de Jesús: ante todo, se reconoce en el discípulo que sigue a Jesús y es enviado delante de él como mensajero del reino; en el que tiene dudas para seguirlo; en el fariseo o doctor de la ley, esclavos de sus propias interpretaciones y estilo de vida. En síntesis, el recorrido del lector por el cap. 11 tiene como característica encontrarse con la enseñanza de Jesús que le revela la intimidad de Dios, la misericordia del corazón de Dios, pero también la verdad de su ser como hombre. Sin embargo, en el cap. 12 Jesús contrapone al corazón pervertido del hombre la benevolencia de Dios, que siempre da de manera sobreabundante. Está en juego la vida del hombre. Hay que estar atento a la perversión del juicio humano, o mejor, a la hipocresía que distorsiona los valores para sólo favorecer el propio interés y las propias ventajas más que para interesarse por la vida, la que se recibe de manera gratuita. La palabra de Jesús dispara al lector un interrogante sobre cómo afrontar la cuestión de la vida: el hombre será juzgado por su comportamiento ante los peligros. Hay que preocuparse no tanto de los que pueden “matar el cuerpo”, sino tener en el corazón el temor de Dios que juzga y corrige. Jesús no promete a los discípulos que se ahorrarán las amenazas y las persecuciones, pero les asegura la ayuda de Dios en el momento de la dificultad.
• Saber reconocer a Jesús. El compromiso valiente de reconocer públicamente la amistad con Jesús comporta, en consecuencia, la comunión personal con él cuando vendrá para juzgar al mundo. Al mismo tiempo, “el que me niegue”, el que tenga miedo de confesar y reconocer públicamente a Jesús, él mismo se condena. Se invita al lector a reflexionar sobre la importancia crucial de Jesús en la historia de la salvación: es necesario decidirse, o con Jesús o contra Él y contra su Palabra de gracia; de esta decisión, reconocer o negar a Jesús, depende nuestra salvación. Lucas evidencia que la comunión que en el tiempo presente ofrece Jesús a sus discípulos será confirmada y llegará a la perfección en el momento de su venida en la gloria (“vendrá en su gloria, en la de su Padre y en la de los santos ángeles”: 9,26). Es evidente la referencia a la comunidad cristiana: aunque se está expuesto a la hostilidad del mundo, es indispensable que el testimonio valiente de Jesús y de la comunión con Él no disminuya, es decir, no hay que avergonzarse de ser y de manifestarse cristianos.
• La blasfemia contra el Espíritu Santo. Blasfemar es entendido aquí por Lucas como hablar de manera ofensiva o en contra. Este verbo se aplicó a Jesús cuando, en 5,21, perdonó los pecados. La cuestión que plantea nuestro pasaje puede presentar alguna dificultad para el lector: ¿Es menos grave la blasfemia contra el Hijo del hombre que la que va contra el Espíritu Santo? El lenguaje de Jesús puede resultar un poco fuerte para el lector del evangelio de Lucas: a lo largo del evangelio ha visto a Jesús mostrando la actitud de Dios que va en búsqueda del pecador, que es exigente pero sabe esperar el momento de la vuelta a Él y la madurez del pecador. En Marcos y en Mateo, la blasfemia contra el Espíritu Santo es la falta de reconocimiento del poder de Dios en los exorcismos de Jesús. Pero en Lucas más bien significa el rechazo consciente y libre del Espíritu profético que actúa en las obras y enseñanzas de Jesús, es decir, el rechazo del encuentro con el obrar misericordioso y salvífico del Padre. La falta de reconocimiento del origen divino de la misión de Jesús, la ofensa directa a la persona de Jesús, pueden ser perdonadas, pero el que niega el obrar del Espíritu Santo en la misión de Jesús no será perdonado. No se trata de la oposición entre la persona de Jesús y el Espíritu Santo, o de un contraste o símbolo de dos períodos diversos de la historia, el de Jesús y el de la comunidad post-pascual, sino que, en definitiva, el evangelista trata de demostrar que negar la persona de Cristo equivale a blasfemar contra el Espíritu Santo.

4) Para la reflexión personal

• ¿Eres consciente de que ser cristiano reclama afrontar dificultades, insidias y peligros, hasta el punto de arriesgar la propia vida para dar testimonio de la amistad personal con Jesús?
• ¿Te avergüenzas de ser cristiano? ¿Prefieres el juicio de los hombres, su aprobación, o el hecho de no perder tu amistad con Cristo?

5) Oración final

¡Yahvé, Señor nuestro,
qué glorioso es tu nombre en toda la tierra!
Tú que asientas tu majestad sobre los cielos. (Sal 8,2)

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Lectio vie, 18 oct, 2019

Lc. 10,1-9

1) Oración inicial

Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos dispuestos a obrar siempre el bien. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 10,1-9
Convocando a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. Y les dijo: «No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno. Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí. Y si algunos no os reciben, salid de aquella ciudad y sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos.» Partieron, pues, y recorrieron los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes.
Se enteró el tetrarca Herodes de todo lo que pasaba y estaba perplejo, porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, que Elías se había aparecido, y otros, que uno de los antiguos profetas había resucitado. Herodes dijo: «A Juan, le decapité yo.¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?» Y buscaba verle.

3) Reflexión

● Hoy es la fiesta de San Lucas, y el evangelio nos habla del envío de los setenta y dos discípulos que deben anunciar la Buena Noticia de Dios en los poblados, en las aldeas y en las ciudades de Galilea. Los setenta y dos somos todos y todas nosotros que vivimos después de los Doce. Mediante la misión de los discípulos y de las discípulas, Jesús trata de rescatar los valores de la tradición de la gente que estaban siendo encubiertos por el doble cautiverio del dominio romano y de la religión oficial. Jesús trata de renovar y de reorganizar las comunidades para que sean de nuevo una expresión de la Alianza, una muestra del Reino de Dios. Por esto, insiste en la hospitalidad, en el compartir, en la acogida a los excluidos. Esta insistencia de Jesús se percibe en los consejos que daba a los discípulos y discípulas cuando los enviaba en misión. En el tiempo de Jesús había diversos otros movimientos que, al igual que Jesús, trataban de presentar una nueva manera de vivir y convivir, por ejemplo Juan Bautista, los fariseos y otros. Ellos también formaban comunidades de discípulos (Jn 1,35; Lc 11,1; He 19,3) y tenían a sus misioneros (Mt 23,15). Pero como veremos había una gran diferencia.

● Lucas 10,1-3: La Misión. Jesús envía a los discípulos a los lugares donde el mismo tiene que ir. El discípulo es el portavoz de Jesús. No es el dueño de la Buena Noticia. El los envía de dos en dos. Esto favorece la ayuda mutua, pues la misión no es individual, sino comunitaria. Dos personas representan mejor la comunidad.

● Lucas 10,2-3: La Corresponsabilidad. La primera tarea es rezar para que Dios envíe obreros. Todo discípulo y discípula debe sentirse responsable de la misión. Por esto tiene que rezar al Padre para que haya continuidad en la misión. Jesús envía a sus discípulos como corderos en medio de lobos. La misión es tarea difícil y peligrosa. Pues el sistema en que los discípulos vivían y en el que seguimos viviendo era y sigue siendo contrario a la reorganización de la gente en comunidades vivas.

● Lucas 10,4-6: La Hospitalidad. Al contrario de los otros misioneros, los discípulos y las discípulas no pueden llevarse nada, ni bolsa, ni sandalias. Pero deben llevar la paz. Esto significa que deben confiar en la hospitalidad de la gente. Pues el discípulo que va sin nada, llevando apenas la paz, muestra que confía en la gente. Piensa que va a ser recibido, y la gente se siente respetada y confirmada. Por medio de esta práctica el discípulo critica las leyes de exclusión y rescata los valores de la convivencia comunitaria. No saludéis a nadie por el camino significa que no se debe perder tiempo en cosas que no pertenecen a la misión.

● Lucas 10,7: El compartir. Los discípulos no deben andar de casa en casa, pero sí permanecer en la misma casa. Esto es, deben convivir de forma estable, participar en la vida y en el trabajo de la gente y vivir de lo que reciben en cambio, pues el obrero merece su salario. Esto significa que deben confiar en el compartir. Así, por medio de esta nueva práctica, rescatan una antigua tradición de la gente, critican la cultura de acumulación que marcaba la política del Imperio Romano y anuncian un nuevo modelo de convivencia.

● Lucas 10,8: La Comunión de mesa. Los fariseos, cuando iban en misión, iban prevenidos. Pensaban que no podían confiar en la comida que no siempre era ritualmente “pura”. Por esto llevaban alforja y dinero para poder cuidar de su propia comida. Así, en vez de ayudar a superar las divisiones, las observancias de la Ley de pureza, enflaquecían mucho más la vivencia de los valores comunitarios. Los discípulos de Jesús deben comer lo que la gente les ofrece. No pueden vivir separados, comiendo de su propia comida. Esto significa que deben aceptar compartir la mesa. En el contacto con la gente, no pueden tener miedo a perder la pureza legal. Actuando así, critican las leyes de la pureza en vigor y anuncian un nuevo acceso a la pureza, esto es a la intimidad con Dios.
● Lucas 10,9
aLa acogida a los excluidos. Los discípulos deben curar enfermedades, curar a los leprosos y expulsar los demonios (Mt 10,8). Esto significa que deben acoger dentro de la comunidad a los que fueron excluidos. Esta práctica solidaria critica a la sociedad que excluye y apunta hacia salidas concretas. Es lo que hoy hace la pastoral de los excluidos, migrantes y marginados.
● Lucas 10,9
bLa llegada del Reino. Si cumplen con todas estas exigencias, los discípulos pueden y deben gritar a los cuatro vientos: ¡El Reino ha llegado! Anunciar el Reino no es en primer lugar enseñar verdades y doctrinas, sino llevar a una nueva manera de vivir y de convivir como hermanos y hermanas desde la Buena Noticia que Jesús nos trae: que Dios es Padre y Madre de todos nosotros.

4) Para la reflexión personal

● Hospitalidad, compartir, comunión alrededor de la mesa, acogida a los excluidos: son los pilares que sostienen la vida comunitaria. ¿Cómo se realiza esto en mi comunidad?

● ¿Qué es para mí ser cristiano, ser cristiana? En una entrevista en televisión, alguien respondió al reportero: “Soy cristiano, trato de vivir el evangelio, pero no participo en la comunidad de la Iglesia”. El reportero comentó: “¡Así que usted se considera como un buen jugador de football, pero no forma parte de ningún equipo!” ¿Es mi caso?

5) Oración final

Alábente, Yahvé, tus criaturas,
bendígante tus fieles;
cuenten la gloria de tu reinado,
narren tus proezas, (Sal 145,10-11)

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Lectio jue, 17 oct, 2019

Lucas 11,47-54

1) Oración inicial

Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos dispuestos a obrar siempre el bien. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 11,47-54
«¡Ay de vosotros, porque edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron! Por tanto, sois testigos y estáis de acuerdo con las obras de vuestros padres; porque ellos los mataron y vosotros erigís monumentos.
«Por eso dijo la Sabiduría de Dios: Les enviaré profetas y apóstoles; a algunos los matarán y perseguirán, para que se pidan a esta generación cuentas de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, el que pereció entre el altar y el Santuario. Sí, os aseguro que se pedirán cuentas a esta generación. «¡Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido.»
Y cuando salió de allí, comenzaron los escribas y fariseos a acosarle implacablemente y hacerle hablar de muchas cosas, buscando, con insidias, cazar alguna palabra de su boca.

3) Reflexión

• De nuevo, por enésima vez, el evangelio de hoy habla del conflicto entre Jesús y las autoridades religiosa de la época.
• Lucas 11,47-48: «¡Ay de vosotros, porque edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron! Por tanto, sois testigos y estáis de acuerdo con las obras de vuestros padres; porque ellos los mataron y vosotros erigís monumentos”. Mateo dice que se trata de escribas y de fariseos (Mt 23,19). La lógica de Jesús es clara. Si los padres mataron a los profetas y los hijos construyen los túmulos, es porque los hijos aprueban los crímenes cometidos por los padres. Además de esto, todo el mundo sabe que el profeta muerto, no incomoda. De este modo, los hijos se vuelven testigos y cómplices del mismo crimen (cf. Mt 23,29-32).
• Lucas 11,49-51: Pedir cuenta de la sangre derramada desde la creación del mundo. “Por eso dijo la Sabiduría de Dios: Les enviaré profetas y apóstoles; a algunos los matarán y perseguirán, para que se pidan a esta generación cuentas de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, el que pereció entre el altar y el Santuario. Sí, os aseguro que se pedirán cuentas a esta generación”. Comparado con el evangelio de Mateo, Lucas acostumbra ofrecer una versión abreviada del texto de Mateo. Pero aquí aumenta la observación: “derramado desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel”. Hizo lo mismo con la genealogía de Jesús. Mateo, que escribía para los judíos convertidos, empieza con Abrahán (Mt 1,1.2.17), mientras que Lucas va hasta Adán (Lc 3,38). Lucas universaliza e incluye a los paganos, pues escribe su evangelio para los paganos convertidos. La información sobre el asesinato de Zacarías en el Templo la da el libro de las Crónicas: “Entonces el espíritu de Dios revistió a Zacarías, hijo del sacerdote Joyadá, que, presentándose delante del pueblo, les dijo: ‘Así dice Dios: ¿Por qué traspasáis los mandamientos de Yahvé? No tendréis éxito, porque habéis abandonado a Yahvé, él os abandonará a vosotros.’ Mas ellos conspiraron contra él y, por mandato del rey lo apedrearon en el atrio de la casa de Yahvé”. (2Cr 24,20-21). Jesús conocía la historia de su pueblo hasta en las minucias. Sabe que va a ser el siguiente en la lista de Abel, hasta Zacarías. Hasta hoy la lista sigue abierta. Mucha gente ha muerto por causa de la justicia y de la verdad.
• Lucas 11,52: “Ay de vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido.”. ¿Cierran el Reino? ¿Y cómo lo hacen? Piensan tener el monopolio de la ciencia respecto de Dios y de la ley de Dios e imponen su manera de ver a los demás, sin dejar margen a otra idea, a una idea diferente. Presentan a Dios como a un juez severo y en nombre de Dios imponen leyes y normas que no tienen nada que ver con los mandamientos de Dios, falsifican la imagen del Reino y matan en los demás el deseo de servir a Dios y al Reino. Una comunidad que se organiza alrededor de este falso dios “no entra en el Reino”, ni tampoco es expresión del Reino, e impide que sus miembros entren en el Reino Es importante notar la diferencia entre Mateo y Lucas. Mateo habla de entrada en el Reino de los cielos y redacta en la forma verbal del presente: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar” (Mt 23,13). La expresión entrar en el Reino de los Cielos puede significar entrar en el cielo después de la muerte, pero es más probable que se trate de entrada en la comunidad alrededor de Jesús y en las comunidades de los primeros cristianos. Lucas habla de llave de la ciencia y la frase está redactada con el verbo en pasado. Lucas simplemente constata que la pretensión de los escribas de poseer la llave de la ciencia respecto de Dios y de la ley de Dios les impide reconocer a Jesús como Mesías e impide al pueblo judío el hecho de reconocer a Jesús como Mesías: Os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido.
• Lucas 11,53-54: Reacción en contra de Jesús. La reacción de las autoridades religiosas contra Jesús fue inmediata. “Y cuando salió de allí, comenzaron los escribas y fariseos a acosarle implacablemente y hacerle hablar de muchas cosas, buscando, con insidias, cazar alguna palabra de su boca. Al considerarse los únicos y verdaderos intérpretes de la ley de Dios, tratan de provocar a Jesús alrededor de la interpretación de la Biblia para poder cazar con insidias algunas palabras de su boca. Así continúa y crece la oposición contra Jesús y crece el deseo de eliminarlo (Lc 6,11; 11,53-54; 19,48; 20,19-20; 22,2).

4) Para la reflexión personal

• Muchas personas que querían entrar fueron impedidos o dejaron de creer por causa de las actitudes anti-evangélicas de sacerdotes. ¿Tienes experiencias de este tipo?
• Los escribas comenzaron a criticar a Jesús que pensaba y actuaba de forma distinta. No es difícil encontrar motivos para criticar a quien piensa de forma distinta a mí. ¿Tienes experiencias de este tipo de cosas?

5) Oración final

Yahvé ha dado a conocer su salvación,
ha revelado su justicia a las naciones;
se ha acordado de su amor y su lealtad
para con la casa de Israel. (Sal 98,2-3)

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Lectio mié, 16 oct, 2019

Lucas 11,42-46

1) Oración inicial

Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos dispuestos a obrar siempre el bien. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 11,42-46
Pero, ¡ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar, aunque sin omitir aquello.¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis el primer asiento en las sinagogas y que se os salude en las plazas! ¡Ay de vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo!»
Uno de los legistas le respondió: «¡Maestro, diciendo estas cosas también nos injurias a nosotros!» Pero él dijo: «¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!

3) Reflexión

• En el Evangelio de hoy sigue la relación conflictiva entre Jesús y las autoridades religiosas de la época. Hoy, en la Iglesia, se vive el mismo conflicto. En una determinada diócesis, el obispo convocó a los pobres a que participaran activamente. Ellos escucharon las peticiones y muchos de ellos empezaron a participar. Surgió un serio conflicto. Los ricos decían que habían sido excluidos y algunos sacerdotes empezaron a decir: “¡El obispo hace política y olvida el evangelio!”
• Lucas 11,42: “Pero, ¡ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar, aunque sin omitir aquello.”. Esta crítica de Jesús contra los líderes religiosos de aquella época puede ser repetido contra muchos líderes religiosos de los siglos siguientes, hasta hoy. Muchas veces, en nombre de Dios, insistimos en detalles y olvidamos la justicia y el amor. Por ejemplo, el jansenismo volvió árida la vivencia de la fe, insistiendo en observancias y penitencias que desviaban a la gente del camino de amor. La hermana carmelita Santa Teresa de Lisieux se crió en ese ambiente jansenista que caracterizaba a Francia hacia los finales del siglo XIX. Fue a partir de una dolorosa experiencia personal, que ella supo recuperar la gratuidad del amor de Dios como una fuerza que tiene que animar por dentro la observancia de las normas. Pues, sin la experiencia del amor, las observancias hacen de Dios un ídolo.
La observación final de Jesús decía: “No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Os lo aseguro: mientras duren el cielo y la tierra, no dejará de estar vigente ni una i ni una tilde de la ley sin que todo se cumpla. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos. Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos”. Jesús llama la atención de los discípulos sobre el comportamiento hipócrita de algunos fariseos. A ellos les gustaba circular por las plazas con largas túnicas, recibir el saludo de la gente, ocupar los primeros lugares en las sinagogas y lugares de honor en los banquetes (cf. Mt 6,5; 23,5-7). ¡Marcos añade que a ellos les gustaba entrar en las casas de las viudas y hacer largas preces en cambio de dinero! Personas así recibirán un juicio muy severo (Mc 12,38-40). Hoy en nuestra Iglesia ocurre lo mismo.
• Lucas 11,44: Ay de vosotros, sepulcros que no se ven. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia! Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad” (Mt 23,27-28). La imagen de los “sepulcros blanqueados” habla por sí sola y no necesita comentarios. Por medio de ella, Jesús condena a los que tienen una apariencia ficticia de persona correcta, pero cuyo interior es la negación total de aquello que quieren hacer por fuera. Lucas, habla de sepulcros escondidos: “¡Ay de vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo». Quien pisa o toca un sepulcro se vuelve impuro, lo mismo cuando el sepulcro está escondido bajo tierra. La imagen es muy fuerte: por fuera, el fariseo de siempre parece justo y bueno, pero ese aspecto es un engaño, pues en su interior existe un sepulcro escondido que, si la gente no sabe darse cuenta, difunde un veneno que mata, comunica una mentalidad que aleja de Dios, sugiere una comprensión errada de la Buena Noticia del Reino. Una ideología que hace del Dios vivo, ¡un ídolo muerto!
• Lucas 11,45-46: Crítica del doctor de la ley y la respuesta de Jesús. “Uno de los legistas le respondió: «¡Maestro, diciendo estas cosas también nos injurias a nosotros!” En la respuesta Jesús no se vuelve atrás, sino que deja bien claro que la misma crítica vale también para los escribas: «¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!”. En el Sermón de la Montaña, Jesús expresa la misma crítica que sirve de comentario: “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas” (Mt 23,2-4).

4) Para la reflexión personal

• La hipocresía mantiene una apariencia engañadora. ¿hasta dónde actúa en mí la hipocresía? ¿Hasta dónde actúa en nuestra Iglesia?
• Jesús criticaba a los escribas que insistían en la observancia disciplinar de las cosas minutas de la ley como el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y olvidan insistir en el objetivo de la ley que es la práctica de la justicia y del amor. Esta crítica ¿vale también para mí?

5) Oración final

Feliz quien no sigue consejos de malvados
ni anda mezclado con pecadores
ni en grupos de necios toma asiento,
sino que se recrea en la ley de Yahvé,
susurrando su ley día y noche. (Sal 1,1-2)

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Lectio mar, 15 oct, 2019

Lucas 11,37-41

1) Oración inicial

Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos dispuestos a obrar siempre el bien. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 11,37-41
Cuando terminó de hablar, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entró, pues, y se puso a la mesa. El fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer. Pero el Señor le dijo: «¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. ¡Insensatos! El que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis y entonces todo será puro para vosotros.

3) Reflexión

• En el evangelio de hoy sigue la relación tensa entre Jesús y las autoridades religiosas de aquel tiempo. A pesar de la relación tensa, había algo familiar entre Jesús y los fariseos. Convidado a comer en casa de ellos, Jesús acepta la invitación. Jesús no pierde ante ellos la libertad, ni los fariseos ante Jesús.
• Lucas 11,37-38: Admiración del fariseo ante la libertad de Jesús. “Cuando terminó de hablar, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entró, pues, y se puso a la mesa”. Jesús acepta la invitación de comer en casa del fariseo, pero no cambia su manera de actuar, pues se sienta sin antes lavarse las manos. Ni el fariseo muda de actitud ante Jesús, pues expresa su admiración por el hecho que Jesús no se lava las manos. En aquel tiempo, lavarse las manos antes de las comidas era una obligación religiosa, impuesta a la gente en nombre de la pureza, exigida por la ley de Dios. El fariseo se extrañó viendo que Jesús no observa esta norma religiosa. Y, a pesar de ser totalmente diferentes, el fariseo y Jesús tenían algo en común: la seriedad de vida. La forma de vivir de los fariseos era así: cada día dedicaban ocho horas al estudio y a la meditación de la ley de Dios, otras ochos horas al trabajo para poder dar de comer a la familia, y dedicaban otras ocho horas al descanso. Este testimonio serio de su vida les daba un gran sentido de liderazgo popular. Quizá era por esto que, a pesar de ser totalmente diferentes, los dos, Jesús y los fariseos, se entendían y se criticaban mutuamente, sin perder la posibilidad de diálogo.
• Lucas 11,39-41: La respuesta de Jesús. “¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad!. ¡Insensatos! El que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis y entonces todo será puro para vosotros”. Los fariseos observaban la ley al pie de la letra. Miraban sólo la letra y, por esto, eran incapaces de percibir el espíritu de la ley, el objetivo que la observancia de la ley quería alcanzar en la vida de las personas. Por ejemplo, en la ley está escrito: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Lv 19,18). Y ellos comentaban: “Debemos amar al prójimo, pero sólo al prójimo, a los otros ¡no!” Y de allí nacía la discusión sobre la cuestión: “¿Quién es mi prójimo?” (Lc 10,29) El apóstol Pablo escribe en la segunda carta a los Corintios: La ley escrita da muerte, mientras que el Espíritu da vida” (2Cor 3,6). En el Sermón de la Montaña, Jesús crítica a los que observan la letra de la ley, pero que no acata el espíritu de la Ley (Mt 5,20). Para ser fiel a lo que Dios pide de nosotros no basta observar sólo la letra de la ley. Esto sería lo mismo que limpiar el vaso o el plato por fuera y dejar el interior lleno de suciedad: robo y maldad. No basta no matar, no robar, no cometer adulterio, no jurar. Sólo observa plenamente la ley de Dios aquel que, más allá de la letra, va hasta la raíz y arranca desde dentro de sí los deseos de “robo y de maldad” que pueden llevar al asesinato, al robo, al adulterio. La plenitud de la ley se realiza en la práctica del amor (cf. Mt 5,21-48).

4) Para la reflexión personal

• Nuestra Iglesia, ¿merece hoy esta acusación de Jesús contra los escribas y los fariseos? ¿Y yo, la merezco?
• Respetar la seriedad de vida de los demás que piensan de forma diferente de nosotros puede facilitar el diálogo tan necesario y tan difícil hoy en día. ¿Cómo practico el diálogo en familia, en el trabajo y en la comunidad?

5) Oración final

¡Llegue a mí tu amor, Yahvé,
tu salvación, conforme a tu promesa!
Y daré respuesta al que me insulta,
porque confío en tu palabra. (Sal 119,41-42)

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Lectio lun, 14 oct, 2019

Lucas 11,29-32

1) Oración inicial

Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos dispuestos a obrar siempre el bien. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 11,29-32
Habiéndose reunido la gente, comenzó a decir: «Esta generación es una generación malvada; pide un signo, pero no se le dará otro signo que el signo de Jonás. Porque así como Jonás fue signo para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará; porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos presenta una acusación muy fuerte de Jesús contra los fariseos y los escribas. Ellos querían que Jesús diera una señal, pues no creían en las señales y en los milagros que estaba haciendo. Esta acusación de Jesús sigue en los evangelios de los próximos días. Al meditar estos evangelios, debemos tomar mucho cuidado para no generalizar la acusación de Jesús como si fuera dirigida contra el pueblo judío. En el pasado, la ausencia de esta atención contribuyó, lamentablemente, a aumentar en los cristianos el anti-semitismo que tantos males acarreó a la humanidad a lo largo de los siglos. En vez de levantar el dedo en contra de los fariseos del tiempo de Jesús, es mejor mirarnos en el espejo de los textos, para percibir en ellos al fariseo que vive escondido en nuestra Iglesia y en cada uno de nosotros, y que merece la misma crítica de parte de Jesús.
• Lucas 11,29-30: El señal de Jonas. “Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás.» Habiéndose reunido la gente, comenzó a decir: Esta generación es una generación malvada; pide un signo, pero no se le dará otro signo que el signo de Jonás”. El evangelio de Mateo informa que algunos escribas y fariseos: pidieron una señal (Mt 12,38). Querían que Jesús realizara para ellos una señal, un milagro, para que pudiesen verificar si era él mismo el enviado de Dios según se lo imaginaban. Querían que Jesús se sometiera a los criterios de ellos. No había en ellos apertura para una posible conversión. Pero Jesús no se sometió a sus pedidos. El evangelio de Marcos dice que Jesús, ante el pedido de los fariseos, soltó un profundo respiro (Mc 8,12), probablemente de disgusto y de tristeza ante tanta ceguera. Porque de nada sirve poner un bonito cuadro ante alguien que no quiere abrir los ojos. La única señal es la señal de Jonás. “Porque así como Jonás fue signo para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación”. ¿Como será esta señal del Hijo del Hombre? El evangelio de Mateo responde: “ Porque de la misma manera que Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches.” (Mt 12,40). La única señal será la resurrección de Jesús. Esta es la señal que, en el futuro se dará a los escribas y a los fariseos. Jesús, condenado por ellos a una muerte de cruz, será resucitado por Dios y seguirá resucitando de muchas maneras en aquellos que creen en él. La señal que convierte no son los milagros, sino ¡el testimonio de vida!
• Lucas 11,31: Salomón y la reina del Mediodía. La alusión a la conversión de la gente de Nínive asocia y hace recordar la conversión de la Reina del Mediodía: “La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará; porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón”. Esta evocación casi ocasional del episodio de la Reina del Mediodía que reconoció la sabiduría de Salomón, muestra cómo se usaba la Biblia en aquel tiempo. Era por asociación. La interpretación principal era ésta: “La Biblia se explica por la Biblia”. Hasta hoy, ésta es una de las normas más importantes para la interpretación de la Biblia, sobre todo para la Lectura Orante de la Palabra de Dios.
• Lucas 11,32: Aquí hay algo más que Jonás. Después de la digresión sobre Salomón y la Reina del Mediodía, Jesús vuelve a hablar de la señal de Jonás: “Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás”. Jesús es mayor que Jonás, mayor que Salomón. Para los cristianos, es la clave principal para la Escritura (2Cor 3,14-18).

4) Para la reflexión personal

• Jesús critica a los escribas y a los fariseos que llegaban a negar la evidencia, volviéndose incapaz de reconocer la llamada de Dios en los acontecimientos. Y nosotros, los cristianos de hoy, y yo: ¿merecemos esta misma crítica de Jesús?
• Nínive se convirtió ante la predicación de Jonás. Los escribas y los fariseos no se convirtieron. Hoy, lo que acontece provoca mutaciones y conversiones en la gente del mundo entero: amenaza ecológica, la urbanización que deshumaniza, el consumismo que masifica y aliena, las injusticias, la violencia, etc. Muchos cristianos vivimos ajenos a estos clamores de Dios que vienen de la realidad.

5) Oración final

¡Alabad, siervos de Yahvé,
alabad el nombre de Yahvé!
¡Bendito el nombre de Yahvé,
desde ahora y por siempre! (Sal 113,1-2)

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Lectio Dom, 13 oct, 2019

Lucas 17, 11-19

Oración inicial

Señor, mientras sigues caminando y atravesando nuestras tierras, hoy te has detenido y has entrado en mi aldea, en mi casa, en mi vida. No has tenido miedo, no has desdeñado la profunda enfermedad de mi pecado, más aún, Tu me has amado. Me detengo a distancia, o Maestro, junto con mis hermanos y hermanas, que andan conmigo por este mundo. Levanto mi voz y te llamo; te muestro la herida de mi alma. Te ruego, sáname con el ungüento de tu Palabra, nada más puede sanarme, solamente Tú que eres el Amor…

1. Leo la Palabra

a) Texto:

11 De camino a Jerusalén, pasó por los confines entre Samaría y Galilea. 12 Al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia 13 y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!» 14 Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes.» Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. 15 Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz, 16 y, postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. 17 Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? 18 ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?» 19 Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado.»

b) El contexto:

Este pasaje coloca nuestros pasos en la tercera etapa del camino de Jesús hacia Jerusalén. La meta está cerca y el maestro llama con más intensidad aún a sus discípulos, es decir a nosotros, a que le sigamos hasta entrar con El en la ciudad santa, en el misterio de la salvación, del amor. El paso se da sólo mediante la fe, alimentada por una intensa, incesante, insistente y confiada oración. Lo vemos recorriendo los capítulos que preceden y siguen este relato (17, 6; 17, 19; 18, 7-8; 18, 42). Estas palabras nos invitan a identificarnos con los leprosos, que se hacen niños (cf. Lc 18, 15-17) y con el rico que se convierte y acoge la salvación en su casa (Lc 18, 18 ss.); si las acogemos verdaderamente y las guardamos para ponerlas en práctica, podremos por fin llegar nosotros también a Jericó (19, 1) y desde allí empezar a subir con Jesús (19, 28), hasta el abrazo gozoso con el Padre.

c) La estructura:

v. 11: Jesús camina y atraviesa Samaria y Galilea; se acerca lentamente a Jerusalén, visita todo, no deja nada sin visitar, no deja nada no tocado por su mirada de amor y de misericordia.
vv. 12-14a: Jesús entra en una aldea, que no tiene nombre, porque es el lugar, es la vida de todos y aquí encuentra a diez leprosos, hombres enfermos, ya tocados por la muerte, excluidos y lejanos, marginados y despreciados. Inmediatamente acoge su oración, que es un clamor que brota del corazón y los invita a que entren en Jerusalén, a que no se queden lejos, sino a que alcancen el corazón de la Ciudad santa, el templo, a los sacerdotes. Los invita a que vuelvan a la casa del Padre.
v. 14b: En el momento mismo en que empieza el santo viaje hacia Jerusalén, los diez leprosos son sanados, se convierten en hombres nuevos.
vv. 15-16: Pero uno solamente vuelve atrás para dar gracias a Jesús: parece casi verlo correr y saltar con gozo. Alaba a Dios a gran voz, se postra en adoración y hace eucaristía.
vv. 17-19: Jesús constata que de los diez solamente uno ha vuelto, un samaritano, uno que no pertenecía al pueblo elegido: la salvación es para todos, también para los lejanos, los extranjeros. Nadie es excluido del amor del Padre, que salva gracias a la fe.

2. Medito la Palabra

a) Entro en el silencio:

La invitación está ya clara en mi corazón: el Amor del Padre me espera, como aquel único samaritano que ha vuelto lleno de gozo y de agradecimiento. La Eucaristía de mi sanación está lista ya; la sala de arriba está adornada, el banquete está preparado, el cordero ha sido inmolado, el vino ha sido servido… mi lugar está listo. Vuelvo a leer con atención el pasaje deteniéndome en las palabras, en los verbos, miro los movimientos de los leprosos, los repito, los hago míos, yo también me muevo, hacia el encuentro con el Señor Jesús. Y me dejo guiar por El, escucho su voz, su mandamiento. Yo también voy hacia Jerusalén, hacia el templo, que es mi corazón y al realizar este santo viaje vuelvo a pensar en todo el amor que el Padre me tiene. Me dejo envolver por su abrazo, siento en mi alma la sanación… Y por esto, lleno de alegría, me levanto, vuelvo atrás, corro hacia la fuente de la verdadera felicidad que es el Señor. Me preparo para decirle gracias, para cantarle el cántico nuevo de mi amor para con El. ¿Cómo devolveré al Señor todo el bien que me ha hecho? …

b) Profundizo en algunos términos:

Durante el viaje: En su hermosa lengua griega, Lucas nos dice que Jesús está continuando su viaje hacia Jerusalén y utiliza un muy hermoso e intenso verbo, aunque común y muy usado. Solamente en esta breve frase vuelve tres veces:
v. 11: en viajar
v. 14: id
v. 19. va
Es un verbo que indica movimiento, muy fuerte, que expresa plenamente todas las dinámicas típicas del viaje; podríamos traducirlo con todos estos matices: voy, salgo, me acerco, voy detrás, recorro. Además encierra el significado de atravesamiento, de mirar, de ir más allá, superando los obstáculos. Es Jesús el gran viajero, el peregrino incansable: El es el primero que ha dejado su morada, en el seno del Padre, y ha bajado hasta nosotros, cumpliendo el éxodo eterno de nuestra salvación y liberación. El conoce todos los caminos, todos los recorridos de la experiencia humana, ningún trecho del camino le queda escondido o imposible de andar. Por esto nos puede invitar también a nosotros a andar, a movernos, a atravesar, a ponernos en una situación continua de éxodo. Para que podamos por fin volver, con El, e ir de este mundo al Padre.

Entrando en una aldea: Jesús pasa por, atraviesa, recorre, se mueve y nos alcanza; a veces, luego, decide entrar, deteniéndose más. Como ocurre en este relato. Lucas se detiene sobre este particular y escribe que Jesús entró en una aldea. En sentido bíblico, entrar es una penetración, es ingresar en lo profundo, lo cual implica compartir y participar. Una vez más nos encontramos ante un verbo muy común y muy usado; solamente en el Evangelio de Lucas recurre muchísimas veces e indica claramente la intención de Jesús que quiere hacerse próximo, amigo y amante. El no desprecia ningún ingreso, ninguna comunión. Entra en la casa de Simón, el leproso (4, 38), en la casa del fariseo (7, 36 y 11, 37), luego en la casa del jefe de la sinagoga (8, 51) y de Zaqueo el publicano (19, 7). Entra continuamente en la historia del hombre y participa, come junto con él, sufre, llora y goza, compartiendo todo. Basta abrirle, como El mismo nos dice (Ap 3, 20) y dejarlo entrar, para que se quede (Lc 24, 29).

Diez leprosos: Me pregunto qué significa verdaderamente esta condición humana, esta enfermedad que se llama lepra. Parto del texto mismo de la Escritura que describe el status para el leproso en Israel. Dice así: “El afectado por la lepra llevará los vestidos rasgados, se cubrirá hasta el bigote e irá despeinado gritando: ¡Impuro! Impuro! Todo el tiempo que dure la llaga, quedará impuro. Es impuro y habitará solo; fuera del campamento tendrá su morada” (Lev 13, 45-46). Así que entiendo que el leproso es una persona que ha recibido golpes y heridas: algo lo ha alcanzado con violencia, con fuerza, dejando en él una señal de dolor, una herida. Es una persona enlutada, que lleva un gran dolor dentro, como lo indican sus vestiduras rotas y la cabeza al descubierto; es uno que tiene que cubrirse la boca, porque no tiene derecho a hablar, ni siquiera a respirar en medio de los demás, es como un muerto. Es uno que no puede rendir culto a Dios, no puede entrar en el templo, ni tocar las cosas santas. Es por ello que los diez leprosos van al encuentro de Jesús, se detienen lejos de El, gritándole su dolor, su desesperación.

¡Jesús maestro!: Es estupenda esta exclamación de los leprosos, esta oración. En primer lugar todos llaman al Señor por su nombre, como se hace entre amigos. Parece que se conocen desde hace mucho, que sepan los unos del otro, que se hayan encontrado ya a nivel de corazón. Estos leprosos han sido ya admitidos al banquete de la intimidad con Jesús, a la fiesta de las nupcias de la salvación. Después de ellos, solamente el ciego de Jericó (Lc 18, 38) y el ladrón en la cruz (Lc 23, 42) repetirán esta invocación con la misma familiaridad, con el mismo amor: ¡Jesús! Solamente aquel que se reconoce enfermo, necesitado, pobre malhechor, se convierte alguien en quien Dios se complace. Luego lo llaman ‘maestro’, con un término que significa más propiamente ‘aquel que está en lo alto’, expresión que encontramos de nuevo en boca a Pedro, cuando en el barco, es llamado por Jesús a que le siga (Lc 5, 8) y el se reconoce pecador. Y aquí estamos en el corazón de la verdad, aquí se ha desvelado el misterio de la lepra, aquella enfermedad del alma: es el pecado, es la lejanía de Dios, la falta de amistad, de comunión con El. Esto hace que nuestra alma se seque, haciéndola morir poco a poco.

Volvió atrás: No es un simple movimiento físico, un cambio de dirección y de sentido, sino que más bien es un verdadero y profundo vuelco interior. Es cambiar una cosa por otra (Ap 11, 6); es volver a casa (Lc 1, 56; 2, 43), tras haberse alejado, como ha hecho el hijo pródigo, perdido en el pecado. Así hace este leproso: cambia su enfermedad en bendición, su extrañeza y lejanía de Dios en amistad, en relación de intimidad, como ocurre entre un padre y un hijo. Cambia, porque se deja cambiar por Jesús, se deja alcanzar por su amor.

Para agradecerle: Estupendo este verbo, en todos los idiomas, pero en particular en griego, porque encierra el significado deeucaristía. Sí, es así: el leproso ‘¡hace eucaristía’! Se siente a la mesa de la misericordia, allí donde Jesús se ha dejado herir y llagar antes que él, allí donde se ha convertido en el excluido, en el maldito, en aquel echado fuera del campamento, para acoger a todos nosotros en su corazón. Recibe el pan y el vino del amor gratuito, de la salvación, del perdón, de la vida nueva; y por fin puede entrar de nuevo en el templo y participar en la liturgia, en el culto. Por fin puede rezar, acercándose a Dios con total confianza. Ya no tiene las vestiduras rotas, sino que lleva el traje de fiesta, la túnica nupcial; lleva sandalias y al anillo al dedo. Ya no tiene que cubrirse la boca, sino que puede cantar y alabar a Dios, puede sonreír abiertamente; puede acercarse a Jesús y besarle, como un amigo hace con el amigo. La fiesta es completa, el gozo es desbordante.

!Levántate y anda!: Es la invitación de Jesús, del Señor. ¡Levántate, es decir ‘Resucita!’. Es la vida nueva después de la muerte, el día tras la noche. También para Saulo, por el camino de Damasco, resuena esta invitación, este mandamiento de amor: “Resucita!” (Hc 22, 10. 16) y ha nacido de nueve, de las entrañas del Espíritu Santo; ha vuelto a ver, ha empezado a comer, ha recibido el bautismo y el nuevo nombre. Su lepra había desaparecido.

Tu fe te ha salvado: Releo esta expresión de Jesús, la escucho en sus diálogos con las personas que encuentra, con la pecadora, con la hemorroisa, con el ciego…
● Jesús volviéndose, la vio y dijo: «Animo, hija, tu fe te ha salvado». Y en aquel instante la mujer se sanó (Mt 9, 22; Lc 8, 48).
● Y Jesús le dice: «Tu fe te ha salvado». E inmediatamente la mujer recobró la vista y lo siguió por el camino (Mc 10, 52).
● El dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado: vete en paz» (Lc 7, 50).
● Y Jesús le dijo: «¡Recobra la vista! Tu fe te ha salvado» (Lc 18, 42).
Entonces rezo, junto con los apóstoles y yo también digo: “¡Señor, aumenta mi fe!” (cf. Lc 17, 6); “Ayúdame en mi falta de fe!” (Mc 9, 24).

3. Rezo la Palabra

a) La confrontación con la vida:

Señor, he recogido la buena miel de tus palabras de la Escritura; tú me has dado luz, me has alimentado el corazón, me has indicado la verdad. Sé que en el número de aquellos leprosos, de aquellos enfermos, estoy yo también y sé que tú me estás esperando, para que yo vuelva, lleno de gozo, a hacer Eucaristía con te, en tu amor misericordioso. Te pido todavía la luz de tu Espíritu para poder ver con claridad, para dejarme conocer y cambiar por ti. Heme aquí, abro mi corazón, mi vida, ante ti… mírame, interrógame, sáname.

b) Unas preguntas:

* Si en este momento, Jesús pasara por mi vida y se detuviera para entrar en mi aldea, ¿estaría dispuesto a acogerle? ¿Le dejaría entrar con alegría? ¿Lo invitaría, insistiría, al igual que los discípulos de Emaús? Hele aquí: está a la puerta y llama… ¿Me levantaré para abrir a mi Amado? (Ct 5, 5).

* Y ¿cómo es mi relación con El? ¿Procuro llamarle por su nombre, como han hecho los leprosos, aunque de lejos, pero con toda la fuerza de su fe? ¿Nace, nunca, la invocación del nombre de Jesús sobre mis labios? Cuando me encuentro en el peligro, en el dolor, en el llanto, ¿cuáles son las exclamaciones que me salen espontáneas? ¿No podría procurar estar más atento a este aspecto, que parece secundario, que no cuenta mucho, pero que revela una realidad más fuerte y profunda? ¿Por qué no empiezo a repetir el nombre de Jesús en mi corazón, luego quizás sobre mis labios, como una oración o como un canto? Podría hacerme compañía mientras voy al trabajo, mientras ando, mientras hago esto o aquello…

* ¿Tengo el valor de poner al descubierto mi mal, mi pecado, que son mi verdadera enfermedad? Jesús invita a los diez leprosos a que vayan donde los sacerdotes, según la ley hebraica, pero para mí también hoy es importante, indispensable, da este paso: contarme, arrojar luz sobre aquello que me hace daño internamente y que me impide ser sereno, feliz, estar en paz. Si no es ante el sacerdote, por lo menos es necesario que me ponga ante el Señor, cara a cara con El, sin máscaras, sin escondites, y que le diga toda la verdad sobre mí. Solamente así será posible ser verdaderamente curado.

* La salvación del Señor es para todos; El ama a todos de un amor infinito. Pero son pocos aquellos que se abren a acoger su presencia en la propia vida. Uno de diez. Yo ¿al lado de quién estoy? ¿Logro reconocer todo el bien que el Señor ha hecho a mi vida? O ‘¿sigo quejándome, esperando siempre algo más, recriminando, protestando, amenazando? ¿Sé decir realmente gracias con sinceridad, con gratitud, convencido/a de que he recibido todo, que el Señor me da siempre el céntuplo? Sería realmente estupendo tomarme un poco de tiempo para agradecer todos los beneficios que El ha derramado en mi vida, desde que tengo memoria hasta ahora. Pienso que no podría terminar, porque pensaría siempre en algo más. Así que no me queda más remedio que hacer como el leproso, el único de entre los diez: volver atrás, correr hasta el Señor y echarme a sus pies, alabando a Dios a gran voz. Puedo hacerlo cantando un canto, o solamente repitiendo mi agradecimiento, o quizás llorando de alegría.

* Y ahora escucho la invitación de Jesús: “Levántate y anda”. Después de esta experiencia no puede quedarme parado/a, encerrarme en mi mundo, en mi tranquila beatitud y olvidarme de todos. Tengo que levantarme, salir fuera, ponerme en camino. Si el Señor me ha beneficiado, es para que yo lleve su amor a mis hermanos y hermanas. El gozo del encuentro con El y de la curación del alma no será verdadera si no la compartimos y si no la ponemos al servicio de los demás. Me basta un momento, para pensar en tantos amigos/as, personas más o menos cercanas que necesitan un poco de gozo y de esperanza. Y entonces, ¿por qué no me muevo de inmediato? Puede llamar por teléfono, puedo enviar un mensaje, escribir aunque fuera una tarjeta, o puede ir a ver a alguien, hacerle compañía un rato, y encontrar el valor de anunciar la belleza y el gozo de tener a Jesús como amigo, como médico, como salvador. Este es el momento.

c) Rezo con un salmo:

Hacia ti, grité, Señor y tú me sanaste.

Dichoso el hombre a quien Yahvé
no le imputa delito,
y no hay fraude en su interior.
Guardaba silencio y se consumía mi cuerpo,
cansado de gemir todo el día,
Reconocí mi pecado
y no te oculté mi culpa;
me dije: «Confesaré
a Yahvé mis rebeldías».
Y tú absolviste mi culpa,
perdonaste mi pecado.

Por eso, quien te ama te suplica
llegada la hora de la angustia.
Y aunque aguas caudalosas se desborden
jamás le alcanzarán.
Tú eres mi cobijo,
me guardas de la angustia,
me rodeas para salvarme.

«Voy a instruirte, a mostrarte el camino a seguir;
sin quitarte los ojos de encima, seré tu consejero».
¡Alegraos en Yahvé, justos, exultad,
gritad de gozo los de recto corazón!

4. Contemplo y alabo

Señor, desde la soledad y el aislamiento he venido hacia ti, con todo el peso y la vergüenza de mi pecado, de mi enfermedad. He gritado, he confesado, he pedido tu misericordia, a ti que eres el amor. Tú me has escuchado antes de que pudiera yo terminar mi pobre oración; aunque de lejos tú me has conocido y me has acogido. Tú sabes todo de mí, pero no te escandalizas, no desprecias, no alejas. Me has dicho que no tenía que temer, que no me escondiera. Lo único necesario ha sido confiar en ti, abrir una hendidura en el corazón y tu salvación me ha alcanzado, he sentido ya el bálsamo de tu presencia. He comprendido que tú me has sanado. Entonces, Señor, no he podido hacer otra cosa que volverme hacia ti, para decirte por lo menos gracias, para llorar de gozo. Pensaba que no tenía a nadie, que de ésta no iba a salir, que no aguantaría. Y, sin embargo, tú me has salvado, me has dado otra vez la posibilidad de empezar.
Señor, gracias a ti ¡he dejado de ser un leproso! He echado mis vestiduras rotas y me he puesto el traje de fiesta. He roto el aislamiento de la vergüenza, de la dureza y he empezado a salir de mí, dejándome a las espaldas mi cárcel. Me he levantado, he resucitado. Hoy, contigo, he empezado de nuevo a vivir.

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Lectio sáb, 12 oct, 2019

Lucas 11,27-28

1) Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno, que con amor generoso desbordas los méritos y deseos de los que te suplican; derrama sobre nosotros tu misericordia, para que libres nuestra conciencia de toda inquietud y nos concedas aun aquello que no nos atrevemos a pedir. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 11,27-28
Estaba él diciendo estas cosas cuando alzó la voz una mujer de entre la gente y dijo: «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!» Pero él dijo: «Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la guardan.»

3) Reflexión

• El evangelio de hoy es bien breve, pero encierra un significado importante en el conjunto del evangelio de Lucas. Nos da la clave para entender lo que Lucas enseña respecto de María, la Madre de Jesús, en el así llamado Evangelio de la Infancia (Lc 1 y 2).
• Lucas 11,27: La exclamación de la mujer.“Estaba él diciendo estas cosas cuando alzó la voz una mujer de entre la gente y dijo: «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!» La imaginación creativa de algunos apócrifos sugiere que aquella mujer era una cecina de Nuestra Señora, allá en Nazaret. Tenía un hijo, llamado Dimas, que, como tantos otros chicos jóvenes de Galilea de aquella época, entró en la guerrilla contra los romanos, fue llevado a la cárcel y ejecutado junto con Jesús. Era el buen ladrón (Lc 23,39-43). Su madre, al oír que Jesús hablaba tan bien a la gente, recordó a María, su vecina y dijo: “¡María debe ser tan feliz teniendo a un hijo así!”.
• Lucas 11,28: La respuesta de Jesús. Jesús responde, haciendo el mayor elogio de su madre: “Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la guardan”. Lucas habla poco de María: aquí (Lc 11,28) y en el Evangelio de la Infancia (Lc 1 y 2). Para Lucas, María es la hija de Sión, imagen del nuevo pueblo de Dios. Presenta a María como modelo para la vida de las comunidades. En el Concilio Vaticano II, el documento preparado sobre María, fue inserto como capítulo final en el documento Lumen Gentium sobre la Iglesia. María es modelo para la Iglesia. Y sobre todo en la manera de relacionarse con la Palabra de Dios Lucas ve en ella el ejemplo para las comunidades. María nos enseña cómo acoger la Palabra de Dios, cómo encarnarla, vivirla, profundizarla, rumiarla, hacerla nacer y crecer, dejarnos plasmar por ella, aún cuando no la entendemos o cuando nos hace sufrir. Es ésta la visión que subyace detrás del Evangelio de la Infancia (Lc 1 e 2). La llave para entender estos dos capítulos nos es dada en el evangelio de hoy: “Dichosos, más bien, los que oyen la palabra de Dios y la guardan”. Veamos cómo en estos capítulos María se relaciona con la Palabra de Dios.
a) Lucas 1,26-38:
La Anunciación: «¡Hágase en mí según tu palabra!»
Saber abrirse, para que la Palabra de Dios sea acogida y se encarne.
b) Lucas 1,39-45:
La Visitación: «¡Dichosa aquella que creyó! »
Saber reconocer la Palabra de Dios en una visita y en tantos otros hechos de la vida.
c) Lucas 1,46-56:
El Magnificat: “¡El Señor hizo en mí maravillas!”
Reconocer la Palabra en la historia de la gente y producir un canto de resistencia y de esperanza.
d) Lucas 2,1-20:
El nacimiento: “Ella meditaba todas estas cosas en su corazón.»
No había sitio para ellos. Los marginados acogen la Palabra.
e) Lucas 2,21-32:
La presentación: «¡Mis ojos vieron tu salvación!»
Los muchos años de vida purifican los ojos.
f) Lucas 2,33-38:
Simeón y Ana: «Una espada atravesará su alma»
Acoger y encarnar la palabra en la vida, ser señal de contradicción.
g) Lucas 2,39-52:
A los doce años en el Templo: «Entonces, ¿no sabían que tengo que estar con el Padre?»
Ellos no comprendieron las Palabras que les fueron dichas!
h) Lucas 11,27-28:
El elogio de la madre: «Dichoso el vientre que te llevó!»
Dichoso aquel que escucha y pone en práctica la Palabra.

4) Para la reflexión personal

• ¿Consigues descubrir la Palabra viva de Dios en tu vida?
• ¿Cómo vives la devoción a María, la madre de Jesús?

5) Oración final

¡Cantadle, tañed para él,
recitad todas sus maravillas;
gloriaos en su santo nombre,
se alegren los que buscan a Yahvé! (Sal 105,2-3)

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