Lectio divina vie, 28 may 2021

Tiempo Ordinario

Oración inicial

Señor, Padre misericordioso. Tú has elegido a algunos hijos tuyos para que anuncien tu amor en el mundo, y así haces posible que llegue a todos los pueblos el fruto sabroso de tu Presencia. Haz que nuestro fruto permanezca a través de nuestra comunión contigo y con tu Hijo Jesús; ayúdanos a acogerlo como al Amigo y Maestro que cada día entra en el templo santo de nuestra vida.» Que él renueve cada día su alianza con nosotros por nuestra fe y nuestra oración, que rebosen de confiado abandono. Amén.

Lectura

Del Evangelio según San Marcos 11, 11-25

Y entró en Jerusalén, en el Templo, y después de observar todo a su alrededor, siendo ya tarde, salió con los Doce para Betania. Al día siguiente, saliendo ellos de Betania, sintió hambre. Y viendo de lejos una higuera con hojas, fue a ver si encontraba algo en ella; acercándose a ella, no encontró más que hojas; es que no era tiempo de higos. Entonces le dijo: «¡Que nunca jamás coma nadie fruto de ti! «Y sus discípulos oían esto. Llegan a Jerusalén; y entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y a los que compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo. Y les enseñaba, diciéndoles: «¿No está escrito: “Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las gentes? “¡Pero vosotros la tenéis hecha una ”cueva de bandidos!». Se enteraron de esto los sumos sacerdotes y los escribas y buscaban cómo podrían matarle; porque le tenían miedo, pues toda la gente estaba asombrada de su doctrina. Y al atardecer, salía fuera de la ciudad.

Al pasar muy de mañana, vieron la higuera, que estaba seca hasta la raíz. Pedro, recordándolo, le dice: «¡Rabí, mira!, la higuera que maldijiste está seca.» Jesús les respondió: «Tened fe en Dios. Yo os aseguro que quien diga a este monte: «Quítate y arrójate al mar» y no vacile en su corazón sino que crea que va a suceder lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis. Y cuando os pongáis de pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas.»

Meditación

  • “Jesús entró en Jerusalén, en el templo”. Una de las características de este pasaje es el continuo movimiento de Jesús, expresado en la repetición alternativa de los verbos “entrar” y “salir” (vv. 11; 12; 15; 19). Realmente el Señor viene continuamente a nuestra vida, entra en nuestros espacios, en nuestra experiencia, pasa, anda entre nosotros y con nosotros, pero luego se va, se aleja, se deja buscar y esperar, y vuelve de nuevo y se deja encontrar. No desdeña entrar en la ciudad Santa, en el templo, ni tampoco dentro de nosotros, en nuestro corazón, ofreciéndonos su visita salvadora.
  • “Sintió hambre”. El verbo usado por la pluma de Marcos es el mismo que usan Mateo y Lucas al narrar las tentaciones en el desierto (Mt 4, 2: Lc 4, 2), y pretende concretar una situación de debilidad, de fragilidad, de necesidad, de cansancio. Jesús busca algo más que un simple alimento para calmar su hambre; no es a la higuera a la que pide algo fuera de tiempo, sino que pide a su pueblo, a nosotros, el buen fruto del amor, que se sirve en la mesa de la alianza, del sí pronunciado con fe y con confianza.
  • “una higuera con hojas”. La figura de la higuera, que en este pasaje ocupa un lugar central, es un símbolo muy fuerte del pueblo elegido, Israel; del templo y del culto ofrecido en él a Dios; e incluso de nosotros mismos, si así lo aceptamos, es decir, de la verdad más profunda que hay en nuestro corazón. Las hojas de la higuera remiten claramente a la experiencia de Adán en el jardín del Edén, a su implicación con el pecado, a su desnudez y a su vergüenza posterior. En realidad, al pararse ante la higuera mientras iba de camino hacia Jerusalén y dirigir su mirada a las hojas que ocultan la falta de fruto, Jesús desvela nuestra verdad y deja al desnudo nuestro corazón, no para condenarlo, sino para salvarlo, para curarlo. De hecho, el fruto de la higuera es dulce; el Señor, para hablar a nuestra vida, busca la dulzura del amor. De esta manera, la higuera estéril, priva de fruto y de vida, hace presente el tiempo vacío de sentido y profanado, usado no para la relación con Dios, sino para la huida y para el no-encuentro. Como sucedió a Adán, así sucedió a Israel y tal vez lo mismo nos sucede también a nosotros.
  • “los que vendían y compraban”. La escena de la purificación del templo (vv. 15-17), que Marcos introduce entre los dos momentos del relato, anticipando la maldición de la higuera sin fruto, es muy fuerte y viva. Ahora se nos invita a prestar atención a verbos y vocablos como “echar fuera”, “volcó”, “no permitía”, “vendían”, “compraban”, “cambistas”, “vendedores”, “bandidos”, transportar cosas”. Jesús inaugura una economía nueva en la que “hemos sido vendidos sin precio y rescatados sin dinero” (Is 52, 3), “hemos sido rescatados no por dinero ni por regalos” (Is 45, 13) y “hemos sido liberados no a precio de plata y oro, sino con la sangre preciosa de Cristo, el cordero sin defecto y sin mancha” (1 P 1, 18-19).
  • “casa de oración”. Desde el templo somos conducidos a la casa, Morada de Dios, donde el verdadero sacrificio es la oración, es decir, el encuentro con Él cara a cara, como los hijos con su Padre. Aquí no se compra nada, no hay dinero, sino sólo el don del corazón que se abre con toda confianza a la oración y a la fe.
  • “la higuera seca hasta la raíz”. Realmente estos son los nuevos temas que las palabras de Marcos quieren proponer a nuestra meditación mientras seguimos la lectura del pasaje. Es necesario salir del templo para entrar en la casa, es necesario salir de la compraventa para entrar en el don de la confianza: el árbol sin fruto está seco y parece estar a nuestro paso sólo para indicar el camino nuevo que hay que recorrer, en una nueva mañana (V, 20); un camino hacia Dios y hacia los hermanos.
  • “tened fe sin vacilar”. Con esta hermosísima expresión Jesús nos enseña a descender a lo más profundo de nosotros mismos y a tantear nuestro corazón desde la verdad. El texto griego pone un verbo estupendo, que ha sido traducido como “vacilar” y que quiere expresar al respecto una ruptura interior, una división, un combate entre partes contrarias. De esta manera, Jesús nos invita a tener plena confianza en Él y en el Padre, a fin de evitar rompernos por dentro. Podemos acercarnos a Dios de manera plena y total, podemos estar en relación con Él, sin que sean necesarias hojas para enmascararnos, sin tener que contar monedas y calcular el precio a pagar, sin hacer compartimentos dentro de nosotros, sino ofreciéndonos totalmente a Él, tal como somos, los que somos, llevando en nosotros el fruto bueno y dulce del amor.
  • “cuando os pongáis de pie para orar, perdonad”. No puede ser de otra manera: en la vida del cristiano, el término y el iniciar de nuevo el camino de la fe y de la oración se concretan en la relación con los hermanos y las hermanas, en el encuentro con ellos, en el diálogo, en el don recíproco. No existe oración, ni culto a Dios, ni templo santo, ni sacrificio agradable a Dios, no existe fruto ni dulzura, sin el amor hacia el hermano y la hermana. Marcos lo llama perdón, Jesús lo llama amor, que es el único fruto capaz de saciar nuestra hambre, de aliviar nuestro cansancio.

Algunas preguntas

  • Al meditar este pasaje, he encontrado dos figuras muy fuertes: la higuera y el templo, ambos sin fruto, sin vida y sin amor. He visto a Jesús que con su venida y con su obrar firme y seguro ha cambiado esta situación y ofrece un nuevo rostro de la vida ¿Reconozco que necesito dejarme alcanzar por el Señor, dejarme tocar por Él? ¿Me veo, en alguno de los aspectos de mi vida, como la higuera estéril, sin fruto, o como el templo, lugar frío de comercio y de cálculos? ¿Siento dentro de mí el deseo de producir el fruto dulce del amor, de la amistad, del compartir? ¿Tengo hambre de orar, de tener una verdadera relación con el Padre?
  • Siguiendo a Jesús a lo largo del camino, también yo puedo entrar en la nueva mañana de su Ley, de su enseñanza. ¿Reconozco las rupturas que hay en mi corazón? ¿En qué siento especialmente que estoy dividido, inseguro y desorientado? ¿Por qué no consigo fiarme totalmente de mi Padre? ¿Por qué aún cojeo de los dos pies, como dice el profeta Elías (cfr. 1 R 18, 21)? ¡Yo sé que el Señor es Dios y por eso deseo seguirlo! Pero no yendo solo, sino abriendo el corazón a muchos hermanos y hermanas, ofreciéndome como amigo y compañero de viaje, para compartir la alegría y las fatigas, los miedos y el entusiasmo del camino; estoy seguro de que siguiendo al Señor seré feliz. Amén.

Oración final

Señor, quiero cantar un canto nuevo.

Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles. Que se alegre Israel por su creador, los hijos de Sión por su rey. Alabad su nombre con danzas, cantadle con tambores y cítaras.

Porque el Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria y canten jubilosos en filas: con vítores a Dios en la boca y espadas de dos filos en las manos.

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Lectio divina jue, 27 may 2021

Tiempo Ordinario

Oración inicial

Concédenos tu ayuda, Señor, para que el mundo progrese, según tus designios; gocen las naciones de una paz estable y tu Iglesia se alegre de poder servirte con una entrega confiada y pacífica. Por nuestro Señor.

Lectura

Del santo Evangelio según Marcos 10, 46-52

Llegan a Jericó. Y cuando salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!» Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!» Jesús se detuvo y dijo: «Llamadle.» Llaman al ciego, diciéndole: «¡Ánimo, levántate! Te llama.» Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino ante Jesús. Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: «¿Qué quieres que te haga?» El ciego le dijo: «Rabbuní, ¡que vea!» Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado.» Y al instante recobró la vista y le seguía por el camino.

Reflexión

El evangelio de hoy describe la curación del ciego Bartimeo (Mc 10, 46-52) que encierra la larga instrucción de Jesús sobre la Cruz. Al inicio de la instrucción, había la curación de un ciego anónimo (Mc 8, 22-26). Las dos curaciones de ciegos son el símbolo de lo que pasaba entre Jesús y los discípulos.

  • Marcos 10, 46-47: El grito del ciego Bartimeo. Finalmente, después de una larga travesía, Jesús y los discípulos llegan a Jericó, última parada antes de la subida a Jerusalén. El ciego Bartimeo está sentado junto al camino. No puede participar en la procesión que acompaña a Jesús. Pero grita, invocando la ayuda de Jesús: “¡Jesús, hijo de David, ten piedad de mí!”. A lo largo de los siglos, mediante la práctica de los monjes del desierto, esta invocación del pobre Bartimeo llegó a ser aquello que se tiene la costumbre de llamar “La oración de Jesús”. Los monjes lo repiten con los labios, sin parar, y va de los labios al corazón. La persona, dopo poco tiempo, no reza ya, sino que toda ella se vuelve oración.
  • Marcos 10, 48-51: Jesús escucha el grito del ciego. El grito del pobre incomoda. Los que van en procesión tratan de acallarlo. Pero “¡él gritaba mucho más!” Y Jesús, ¿qué hace? El escucha el grito del pobre, se para y ¡manda llamarle! Los que querían hacer callar el grito incómodo del pobre, ahora, a petición de Jesús, se ven obligados a llevar al pobre ante Jesús: “Animo. Levántate. Te llama». Bartimeo deja todo y va hacia Jesús. No tiene mucho. Apenas un manto. Era lo que tenía para cubrir su cuerpo (cf. Ex 22, 25-26). Era su seguridad, ¡su tierra! Jesús pregunta: “¿Qué quieres que te haga?” No basta gritar. Hay que saber el porqué uno grita. “¡Rabbuni” Maestro! ¡Que vea!” Bartimeo había invocado a Jesús con ideas no del todo correctas, pues el título “Hijo de David” no era muy bueno. Jesús mismo lo había criticado (Mc 12, 35-37). Pero Bartimeo tenía más fe en Jesús que en sus propias ideas. Dio en el blanco. No fue exigente como Pedro. Supo entregar su vida, aceptando a Jesús, sin imponer condiciones, y el milagro aconteció.
  • Marcos 10, 52: Tu fe te ha salvado. Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado.» En ese mismo instante, Bartimeo empezó a ver de nuevo y seguía a Jesús por el camino, su curación es fruto de su fe en Jesús. Curado, lo deja todo, sigue a Jesús por el camino y sube con él hacia el Calvario en Jerusalén. Bartimeo se vuelve discípulo modelo para todos nosotros que queremos “seguir a Jesús por el camino” en dirección hacia Jerusalén. En esta decisión de caminar con Jesús está la fuente del valor y la semilla de la victoria sobre la cruz. Pues la cruz no es una fatalidad, ni una exigencia de Dios. Es la consecuencia del compromiso asumido con Dios: servir a los hermanos y no aceptar el privilegio.
  • La fe es una fuerza que transforma a las personas. La curación del ciego Bartimeo aclara un aspecto muy importante de cómo debe ser la fe en Jesús. Pedro había dicho a Jesús: “¡Tú eres el Cristo!” (Mc 8, 29). Su doctrina era correcta, porque Jesús es el Cristo, el Mesías. Pero cuando Jesús dice que el Mesías ha de sufrir, Pedro reacciona y no acepta. Pedro tiene una doctrina correcta, pero se fe en Jesús no lo era mucho. Por el contrario, Bartimeo, había invocado a Jesús con el título de “¡Hijo de David!” (Mc 10, 47). A Jesús no le gustaba mucho este título (Mc 12, 35-37). Así que, aún invocando a Jesús con una doctrina no del todo correcta, Bartimeo tiene fe ¡y es curado! Diferentemente de Pedro (Mc 8, 32-33), cree más en Jesús que en las ideas que tenía sobre Jesús. Se convierte, lo deja todo y sigue a Jesús por el camino hacia el Calvario. (Mc 10, 52). La comprensión total del seguimiento de Jesús, no se obtiene por la instrucción teórica, sino por el compromiso práctico, caminando con él por el camino del servicio y de la gratuidad, desde Galilea hasta Jerusalén. Quien insiste en mantener la idea de Pedro, es decir, del Mesías glorioso sin la cruz, no va a entender nada de Jesús y nunca llegará a tener una actitud de verdadero discípulo. Quien sabe creer en Jesús y hacer “entrega de sí” (Mc 8, 35), aceptar “ser el último” (Mc 9, 35), “beber el cáliz y cargar con su cruz” (Mc 10, 38), éste, al igual que Bartimeo, aún teniendo ideas no enteramente correctas, logrará entender y “seguirá a Jesús por el camino” (Mc 10, 52). En esta certeza de caminar con Jesús está la fuente de la audacia y la semilla de la victoria sobre la cruz.

Para la reflexión personal

  • Una pregunta indiscreta: “Yo, en mi forma de vivir la fe, ¿soy como Pedro o como Bartimeo?
  • Hoy, en la iglesia, la mayoría de la gente ¿es como Pedro o como Bartimeo?

Oración final

Pues bueno es Yahvé y eterno su amor, su lealtad perdura de edad en edad. (Sal 100, 5).

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Lectio divina mié, 26 may 2021

Tiempo Ordinario

Oración inicial

Concédenos tu ayuda, Señor, para que el mundo progrese, según tus designios; gocen las naciones de una paz estable y tu Iglesia se alegre de poder servirte con una entrega confiada y pacífica. Por nuestro Señor.

Lectura

Del santo Evangelio según Marcos 10, 32-45

Iban de camino subiendo a Jerusalén, y Jesús marchaba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que le seguían tenían miedo. Tomó otra vez a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder: «Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, y se burlarán de él, le escupirán, le azotarán y le matarán, y a los tres días resucitará.» Se acercan a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: «Maestro, queremos nos concedas lo que te pidamos.» Él les dijo: «¿Qué queréis que os conceda?» Ellos le respondieron: «Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.» Jesús les dijo: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?» Ellos le dijeron: «Sí, podemos.» Jesús les dijo: «La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado; pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado.» Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. Jesús, llamándoles, les dice: «Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.»

Reflexión

El evangelio de hoy presenta el tercer anuncio de la pasión y, de nuevo, como en las veces anteriores, muestra la incoherencia de los discípulos (cf. Mc 8, 31-33 e Mc 9, 30-37). Mientras que Jesús insistía en el servicio y en la entrega de su vida, ellos seguían discutiendo sobre los primeros puestos en el Reino, uno a la derecha y el otro a la izquierda del trono. Y todo esto indica que los discípulos ¡seguían ciegos! Señal de que la ideología dominante de la época había penetrado profundamente en su mentalidad. A pesar de la convivencia de varios años con Jesús, todavía no habían renovado su manera de ver las cosas. Miraban hacia Jesús con la vieja mirada. Querían una retribución por el hecho de seguir a Jesús.

  • Marcos 10, 32-34: El tercer anuncio de la pasión. Ellos van camino de Jerusalén. Jesús los precede. Tiene prisa. Sabe que van a matarlo. El profeta Isaías lo había anunciado ya. (Is 50, 4-6; 53, 1-10). Su muerte no es fruto de un destino ciego o de un plan ya preestablecido, sino que es la consecuencia del compromiso asumido con la misión que recibió del Padre al lado de los excluidos de su tiempo. Por esto, Jesús alerta a los discípulos sobre la tortura y la muerte a la que se va a enfrentar, allí en Jerusalén. Pues el discípulo tiene que seguir a su maestro, aunque fuera para sufrir como él. Los discípulos estaban espantados, y los que le seguían estaban con miedo. No entendían lo que estaba aconteciendo. El sufrimiento no se combinaba con la idea que ellos tenían del mesías.
  • Marcos 10, 35-37: Piden el primer puesto. Los discípulos no sólo no entendían, sino que seguían con sus ambiciones personales. Santiago y Juan piden un lugar preferencial en la gloria del Reino, uno a la derecha y el otro a la izquierda de Jesús. Quieren ¡adelantarse a Pedro! No entienden la propuesta de Jesús. Estaban preocupados sólo por sus propios intereses. Esto refleja el enfrentamiento y las tensiones que existían en las comunidades, en el tiempo de Marcos, y que existen hasta hoy en nuestras comunidades. En el evangelio de Mateo es la madre de Santiago y de Juan la que pide para los hijos (Mt 20,20). Probablemente, ante la difícil situación de pobreza y de falta de empleo creciente en aquella época, la madre intercede por los hijos e intenta garantizar el que tengan un empleo en la venida del Reino del que Jesús hablaba tanto.
  • Marcos 10, 38-40: La respuesta de Jesús. Jesús reacciona con firmeza: “No sabéis lo que pedís”. Y pregunta si son capaces de beber el cáliz que él, Jesús, beberá, y si están dispuestos a recibir el bautismo que él va a recibir. ¡Es el cáliz del sufrimiento, el bautismo de sangre! Jesús quiere saber si ellos, en vez de un lugar destacado, aceptan entregar la vida hasta la muerte. Los dos responden: “¡Podemos!” Parece una respuesta de labios para fuera, pues a los pocos días, abandonarán a Jesús y lo dejarán solo en la hora del sufrimiento (Mc 14,50). Ellos no tienen mucha conciencia crítica, ni perciben su realidad personal. Cuanto al lugar destacado, de honra, en el Reino al lado de Jesús, quien lo da es el Padre. Lo que el Jesús tiene para ofrecer es el cáliz y el bautismo, el sufrimiento y la cruz.
  • Marcos 10, 41-44: Entre vosotros no sea así. Al final de la instrucción sobre la Cruz, Jesús habla, de nuevo, sobre el ejercicio del poder (Mc 9, 33-35). En aquel tiempo, los que detenían el poder en el Imperio Romano no tenían en cuenta a la gente. Actuaban según entendían (Mc6, 17-29). El Imperio Romano controlaba el mundo y lo mantenía sometido por la fuerza de las armas y, así, a través de tributos, impuestos y tasas, conseguía concentrar la riqueza de la gente en mano de pocos allá en Roma. La sociedad estaba caracterizada por el ejercicio represivo y abusivo del poder. Jesús tenía otra propuesta. Dice: “¡Entre vosotros no ha de ser así! El que quiera ser grande entre vosotros, será vuestro servidor.” El enseña contra los privilegios y contra la rivalidad. Invierte el sistema e insiste en el servicio como remedio en contra de la ambición personal. La comunidad tiene que presentar una alternativa para la convivencia humana.
  • Marcos 10, 45: El resumen de la vida de Jesús. Jesús define su misión y su vida: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos”. Jesús es el Mesías Siervo, anunciado por el profeta Isaías (cf. Is 42, 1-9; 49, 1-6; 50, 4-9; 52, 13-53, 12). Aprendió de su madre que dijo al ángel: “¡He aquí la esclava del Señor!” (Lc 1, 38). Propuesta totalmente nueva para la sociedad de aquel tiempo. En esta fraseen la que él define su vida, aparecen los tres títulos más antiguos, usados por los primeros cristianos para expresar y comunicar a los demás lo que Jesús quería indicar al usarlos: Hijo del Hombre, Siervo de Yavé, Rescate de los excluidos (libertador, salvador). Humanizar la vida, Servir a los hermanos y a las hermanas, Acoger a los excluidos.

Para la reflexión personal

  • Santiago y Juan pidieron el primer puesto en el Reino. Hoy mucha gente reza a Dios pidiendo dinero, promoción, sanación, éxito. Yo, ¿qué es lo que busco en mi relación con Dios y qué le pido en la oración?
  • Humanizar la vida, Servir a los hermanos y a las hermanas, Acoger a los excluidos. Es el programa de Jesús, y nuestro programa. ¿Cómo lo estoy llevando a cabo?

Oración final

Yahvé ha dado a conocer su salvación, ha revelado su justicia a las naciones; se ha acordado de su amor y su lealtad para con la casa de Israel. (Sal 98, 2-3).

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Lectio divina mar, 25 may 2021

Tiempo Ordinario

Oración inicial

Concédenos tu ayuda, Señor, para que el mundo progrese, según tus designios; gocen las naciones de una paz estable y tu Iglesia se alegre de poder servirte con una entrega confiada y pacífica. Por nuestro Señor.

Lectura

Del santo Evangelio según Marcos 10, 28-31

Pedro se puso a decirle: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.» Jesús dijo: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora, al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros.»

Reflexión

En el evangelio de ayer, Jesús hablaba de la conversión que tiene que existir en la relación de los discípulos con los bienes materiales: desprenderse de las cosas, venderlo todo, darlo a los pobres y seguir a Jesús. Es decir, al igual que Jesús, vivir en una total gratuidad, entregando la propia vida a Dios y poniéndola en sus manos al servicio de los hermanos y de las hermanas (Mc 10, 17-27). En el evangelio de hoy, Jesús explica mejor cómo debe ser esta vida de gratuidad y de servicio de los que abandonan todo por Jesús y por el Evangelio (Mc 10, 28-31).

  • Marcos 10, 28-31: El ciento por uno, pero con persecuciones. Pedro observa: «Ya lo ves, nosotros hemos dejado todo y te seguimos». Es como si dijera: “Hicimos lo que el Señor pidió al joven rico. Lo dejamos todo y te seguimos. ¿Nos explica cómo debe ser nuestra vida?” Pedro quiere que Jesús explicite un poco más el nuevo modo de vivir con espíritu de gratuidad y de servicio. La respuesta de Jesús es bonita, profunda y simbólica: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora, al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna”. El tipo de vida que resulta de la entrega de todo es lo que Jesús quiere realizar:

(a) Ensancha la familia y crea comunidad, pues aumenta cien veces el número de hermanos y hermanas.

(b) Hace que los bienes se compartan, pues todos tendrán cien veces más casas y campos. La providencia divina se encarna y pasa por la organización fraterna, donde todo es de todos y no habrá más necesitados. Ellos cumplen la ley de Dios que pide “entre vosotros no haya pobres” (Dt 15, 4-11). Fue lo que hicieron los primeros cristianos (He 2, 42-45). Es la vivencia perfecta del servicio y de la gratuidad.

(c) No deben esperar ninguna ventaja en cambio, ni seguridad, ni promoción de nada. Por el contrario, en esta vida tendrán todo esto, pero con persecuciones. Pues los que en este mundo organizado a partir del egoísmo y de los intereses de grupos y personas, viven a partir del amor gratuito y de la entrega de sí, éstos, al igual que Jesús, serán crucificados.

(d) Serán perseguidos en este mundo, pero, en el mundo futuro tendrán la vida eterna de la que hablaba el joven rico.

  • Jesús y la opción por los pobres. Un doble cautiverio marcaba la situación de la gente en la época de Jesús: el cautiverio de la política de Herodes, apoyada por el Imperio Romano y mantenida por todo un sistema bien organizado de exploración y de represión, y el cautiverio de la religión oficial, mantenida por las autoridades religiosas de la época. Por esto, el clan, la familia, la comunidad, se estaba desintegrando y una gran parte de la gente vivía excluida, marginada, sin techo, sin religión, sin sociedad. Por esto había varios movimientos que, al igual que Jesús, buscaban una nueva manera de vivir y convivir en comunidad: esenios, fariseos y, más tarde, los celotes. Dentro de la comunidad de Jesús, sin embargo, había algo nuevo que marcaba la diferencia con los otros grupos. Era la actitud ante los pobres y excluidos. Las comunidades de los fariseos vivían separadas. La palabra “fariseo” quiere decir “separado”. Vivían separadas del pueblo impuro. Muchos fariseos consideraban al pueblo como ignorante y maldito (Jn 7, 49), lugar de pecado (Jn 9, 34). Jesús y su comunidad, por el contrario, vivían mezclados con las personas excluidas, consideradas impuras: publicanos, pecadores, prostitutas, leprosos (Mc 2, 16; 1, 41; Lc 7, 37). Jesús reconoce la riqueza y el valor que los pobres poseen (Mt 11, 25- 26; Lc 21, 1-4). Los proclama felices porque el Reino es de ellos, de los pobres (Lc 6, 20; Mt 5, 3). Define su propia misión como “anunciar la Buena Nueva a los pobres” (Lc 4, 18). El mismo vive como pobre. No posee nada suyo, ni siquiera una piedra donde reclinar la cabeza (Lc 9, 58). Y a quien quiere seguirle para vivir con él, manda escoger: ¡o Dios, o el dinero! (Mt 6, 24). ¡Manda hacer la opción por los pobres! (Mc 10, 21) La pobreza que caracterizaba la vida de Jesús y de los discípulos, caracterizaba también la misión. Al contrario d los otros misioneros (Mt 23, 15), los discípulos y las discípulas de Jesús no podían llevar nada, ni oro, ni plata, ni dos túnicas, ni saco, ni sandalias (Mt 10, 9-10). Debían confiar en la hospitalidad (Lc 9, 4; 10, 5-6). Y en caso de que fueran acogidos por la gente, debían trabajar como todo el mundo y vivir de lo que recibían a cambio (Lc 10, 7-8). Además de esto, debían ocuparse de los enfermos y necesitados (Lc 10, 9; Mt 10, 8). Entonces podían decir a la gente: “¡El Reino de Dios ha llegado!” (Lc 10, 9).

Para la reflexión personal

  • En tu vida, ¿cómo acoges la propuesta de Pedro: “Dejamos todo y te seguimos”?
  • Compartir, gratuidad, servicio, acogida a los excluidos son signos del Reino. ¿Cómo los vivo hoy?

Oración final

Los confines de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios. ¡Aclama a Yahvé, tierra entera, gritad alegres, gozosos, cantad! (Sal 98, 3-4).

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Lectio divina lun, 24 may, 2021

Tiempo Ordinario

Jn 19: 25-34

Oración inicial

Padre, mantén ante nosotros la sabiduría y el amor que has revelado en tu Hijo. Ayúdanos a ser como Él en palabra y obra, porque él vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Lectura

Del santo Evangelio según Juan 19: 25-34

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, esposa de Cleofás, y María de Magdala. Cuando Jesús vio a su madre y al discípulo a quien amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y a partir de esa hora el discípulo la llevó a su casa. Después de esto, consciente de que ya todo había terminado, para que se cumpliera la Escritura, Jesús dijo: «Tengo sed». Había una vasija llena de vino común. Así que le pusieron una esponja empapada en vino en una ramita de hisopo y se la llevaron a la boca. Cuando Jesús hubo tomado el vino, dijo: «Consumado es». E inclinando la cabeza, entregó el espíritu. Ahora que era día de preparación, para que los cuerpos no permanecieran en la cruz en sábado, porque el sábado de esa semana era solemne, los judíos le pidieron a Pilato que les rompiera las piernas y los bajara. Entonces vinieron los soldados y le rompieron las piernas al primero y luego al otro que estaba crucificado con Jesús. Pero cuando llegaron a Jesús y vieron que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas, sino que un soldado le clavó la lanza en el costado e inmediatamente brotó sangre y agua.

Reflexión

  • Jn 19, 25-29: María, la mujer fuerte que comprendió el sentido pleno de este acontecimiento, nos ayudará a dirigir una mirada contemplativa al crucificado. El cuarto evangelio especifica que estos discípulos «estaban junto a la cruz» (Jn 19, 25- 26). Este detalle tiene un significado profundo. Solo el cuarto Evangelio nos dice que estas cinco personas estaban junto a la cruz. Los otros evangelistas no lo dicen. Lucas, por ejemplo, dice que todos los que lo conocieron siguieron los hechos desde la distancia (Lc 23, 49). Mateo también dice que muchas mujeres siguieron estos eventos desde lejos. Estas mujeres habían seguido a Jesús desde Galilea y le habían servido. Pero ahora lo seguían de lejos (Mt 27: 55-56). Como Mateo, Marcos nos da los nombres de los que siguieron desde lejos la muerte de Jesús (Mc 15, 40-41). Así, sólo el cuarto Evangelio dice que la madre de Jesús y las otras mujeres y el discípulo amado «estaban junto a la cruz». Se quedaron allí como sirvientes ante su rey.
  • Jn 19, 30-34: Están presentes con valentía en un momento en el que Jesús ya ha declarado que «se ha cumplido» (Jn 19, 30). La madre de Jesús está presente en la hora que finalmente «ha llegado». Esa hora fue predicha en las bodas de Caná (Jn 2, 1ss). El cuarto evangelio había señalado entonces que «la madre de Jesús estaba allí» (Jn 2, 1). Así, la persona que permanece fiel al Señor en su destino, es un discípulo amado. El evangelista mantiene en el anonimato a este discípulo para que cada uno de nosotros se vea reflejado en el que conoció los misterios del Señor, que recostó la cabeza sobre el pecho de Jesús en la última cena (Jn 13, 25). La madre, de pie debajo de la cruz (cf. Jn 19, 25), aceptó el testimonio de amor de su Hijo y acogió a todas las personas en la persona del discípulo amado como hijos e hijas para renacer para la vida eterna.
  • Jesús participa activamente en su muerte, no se deja matar como los ladrones a quienes se les rompieron las piernas (Jn 19: 31-33), sino que compromete su espíritu (Jn 19: 30). Los detalles que recuerda el evangelista son muy importantes: al ver a su madre y al discípulo a quien amaba parados cerca de ella, Jesús le dijo a su madre: «Mujer, éste es tu hijo». Luego al discípulo le dijo: «Esta es tu madre». (Jn 19, 26-27). Estas sencillas palabras de Jesús tienen el peso de una revelación, palabras que nos revelan su voluntad: «este es tu hijo» (v. 26); «esta es tu madre» (v. 27). Estas palabras recuerdan también las pronunciadas por Pilato en el Lithostroto: «Este es el hombre» (Jn 19, 5). Con estas palabras, Jesús en la cruz, su trono, revela su voluntad y su amor por nosotros. Él es el cordero de Dios, el pastor que da su vida por sus ovejas. En ese momento, junto a la cruz, da a luz a la Iglesia, representada por María, María de Cleofás y María Magdalena, junto con el discípulo amado (Jn 19, 25.

Para la reflexión personal

  • ¿Cómo te ha dado María un modelo de paternidad, discipulado y amor? ¿Qué de estos he aplicado en mi propia vida?
  • María ejemplificó la humildad y la obediencia, pero también dirigió (como en Caná). ¿Cómo dirijo a los demás, de qué manera, siendo yo también verdaderamente humilde y obediente?

Oración final

Los preceptos de Yahvé son honestos, gozo para el corazón; el mandamiento de Yahvé es puro, luz para los ojos. (Salmos 19: 8).

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Lectio divina Dom, 23 may 2021

Domingo de Pentecostés

El testimonio del Espíritu Santo y el testimonio de los discípulos Juan 15, 26-27. 16, 12-15

Oración inicial

¿Cuándo vendrá el Consolador, oh Padre mío? ¿Cuándo llegará a mí tu Espíritu de verdad? El Señor Jesús nos lo ha prometido, dijo que lo enviaría desde tu seno hasta nosotros. Padre, ¡abre tu corazón y envíalo desde los cielos santos, desde tus altas moradas! No tardes más, sino cumple la antigua promesa; ¡sálvanos hoy, para siempre! Abre y danos tu Amor por nosotros, para que también yo pueda abrirme y ser liberado por ti y en Ti. Que esta Palabra tuya sea hoy el lugar santo de nuestro encuentro, la estancia nupcial de la inmersión en ti, ¡oh Trinidad Amor! Ven a mí y yo a ti. ¡Permanece, oh Padre! ¡Permanece, oh Hijo Jesucristo! ¡Permanece para siempre, oh Espíritu Consolador, no me abandones jamás! Amén.

Lectura

Para situar el pasaje en su contexto:

Los pocos versículos que nos ofrece la liturgia hoy para la meditación, pertenecen al gran discurso de despedida dirigido por Jesús a sus discípulos antes de la Pasión, que Juan prolonga desde el cap. 13, 31 hasta el final del cap. 17. Jesús comienza a hablar aquí de las consecuencias inevitables del seguimiento y de la opción de fe y de amor por Él; el discípulo debe estar pronto a sufrir persecución por parte del mundo. Pero en este combate, en este sufrimiento, hay un Consolador, un Defensor, un Abogado, que testimonia por nosotros y nos salva: el don del Espíritu ilumina los acontecimientos humanos del discípulo, y lo llena de esperanza viva. Él ha sido enviado para hacernos comprender el misterio de Cristo y para hacernos partícipes del mismo.

Para ayudar en la lectura del pasaje

  • 15, 26-27: Jesús anuncia el envío del Espíritu Santo, como Consolador, como Abogado defensor; será el que actúe en el proceso acusatorio que el mundo hace contra los discípulos de Cristo. Será Él, el que los haga fuertes en la persecución. El Espíritu da testimonio ante el mundo respecto al Señor Jesús; Él defiende a Cristo, contestado, acusado, rechazado. Pero, es necesario también el testimonio de los discípulos; el Espíritu debe servirse de ellos para proclamar con poder al Señor Jesús en este mundo. Es la belleza de nuestra vida convertida en testimonio de amor y fidelidad a Cristo.
  • 16, 12: Jesús coloca a sus discípulos – y por lo tanto a nosotros – frente a su condición de pobreza, de incapacidad, por la cual no les es dado comprender muy bien, ni las palabras de Jesús, ni las palabras de la Escritura. Su verdad es todavía un peso, que no pueden recibir, sostener y llevar.
  • 16, 13-15: En estos últimos versículos, la Palabra de Jesús revela a los discípulos cuál será la acción del Espíritu en ellos. Será Él el que los lleve hasta la verdad completa, es decir, les hará comprender el misterio de Jesús en su totalidad, en la totalidad de su verdad. Él guiará, revelará, anunciará, iluminará, dándonos a nosotros, discípulos, las mismas palabras del Padre. Y así, seremos conducidos al encuentro con Dios; se nos hará capaces, por gracia, de comprender la profundidad del Padre y del Hijo.

El Texto:

Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio.

Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os explicará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo explicará a vosotros.Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo explicará a vosotros.

Un momento de silencio orante

Hago silencio. De vez en cuando repito en voz baja: “Ven, Espíritu Santo”.

Algunas preguntas

  • “Cuando venga el Paráclito”. Jesús me pone frente a una realidad bien concreta; Él abre ante mí, un tiempo nuevo, un tiempo distinto y me dice que existe una espera en mi vida. Está para llegar el Paráclito, el Espíritu Santo. ¿Por qué, Señor, te he esperado tan poco, por qué ha sido tan frágil, tan hipócrita, mi atención hacia Ti? Tu mandas a Alguien a buscarme, y ni tan siquiera me doy cruenta, ni tan siquiera muestro interés.
  • “También vosotros daréis testimonio”. Jesús afirma esto, dirigiéndose a los discípulos de entonces y de ahora. Me habla y me dice: “También tú darás testimonio”. Tengo miedo, tú lo sabes. ¿Por qué dar la cara ante todos: a mis compañeros de colegio, de universidad, de equipo, a mis amigos, que me invitan a salir con ellos? ¿Por qué este esfuerzo? ¿No puedo ser cristiano igualmente? ¡Tú eres mi principio y mi fin; tú eres mi entera existencia! ¿Cómo es, Señor, que no doy testimonio? ¿Cómo puedo continuar así?
  • “Os guiará hasta la verdad completa”. Siempre he programado mis cambios, mis decisiones de cambio: siempre me las he arreglado bien solo. Y ahora, Señor, tú me dices que otro me guiará. No es una elección fácil, te lo confieso. Pero, deseo probar, deseo acogerte, ¡oh Tú, que eres el Amor, que yo me deje aferrar por tu Espíritu! ¿Me llevará al desierto, como hizo contigo? (cf. Lc 4,1) ¿Abrirá mi vida, como abrió el seno de la Virgen María? (Lc 1,35) ¿Me invadirá como hizo con Pedro, con los otros, con cuantos creyeron en la predicación, como narran los Hechos de los Apóstoles? No sé lo que me sucederá, pero deseo decirte que sí.

Una clave para la lectura

El Espíritu Santo Paráclito

En un primer momento, este término puede sonar un poco raro; me confunde, me desorienta. Sé que es una palabra griega bastante extendida ya en la antigüedad, un poco en todo el mundo mediterráneo. San Juan la utilizó un poco más arriba, diciendo: “Yo rogaré al Padre y Él os dará otro Paráclito, para que permanezca en vosotros para siempre” (Jn 14, 16) y revelando que el Espíritu viene a consolar, a permanecer junto a nosotros, a defender, a proteger. Aquí, sin embargo, en este versículo, parece que emerge otro significado un tanto diverso: el Espíritu Santo se presenta a nosotros como el Abogado, es decir, el que está junto a nosotros en el juicio, en las acusaciones, en el tribunal de la persecución. Lo sabemos, toda la historia, incluso la de nuestros días, lleva en su corazón la acusación, el desprecio, la condenación hacia el Señor Jesús y hacia cuantos lo aman. Es la historia de cada día de todos. En el banco de los acusados, junto a Jesús, nos sentamos también nosotros. Pero no estamos solos. Tenemos un Abogado. El Espíritu del Señor viene y actúa en el juicio en nuestro favor: habla, da testimonio, trata de convencer y de probar. Es inmensa su obra en medio de nosotros y en favor de nosotros. Junto al Padre, nuestro Abogado es Jesús, como escribe Juan en su Primera Carta (1 Jn 2, 1); pero ante el mundo, nuestro Abogado es el Espíritu, que Él nos envía desde el Padre. No debemos preparar antes nuestra defensa (Lc 21, 14), pensando que podremos disculparnos por nosotros solos, sino que debemos dejar un espacio al soplo del Espíritu Santo dentro de nosotros, dejar que sea Él el que hable, el que diga, el que pruebe. También Pablo tuvo que hacer esta dura experiencia; lo escribe en su Segunda Carta a Timoteo: “En mi primera defensa nadie me asistió, antes bien todos me desampararon ” (2 Tim 4, 16). Y es así: no hay defensa para nosotros, ni inocencia, ni liberación, ni excarcelación verdadera, si no es en relación íntima con el Espíritu del Señor. Él se nos envía, para que podamos dejarnos arrebatar por su presencia, como en un abrazo, como en una relación íntima e intensa de amistad, de confianza, de abandono y de amor.

El testimonio

Empiezo a comprender, cuando continúo acogiendo las palabras de este evangelio en mi corazón, que la relación de nosotros, discípulos, con el Espíritu Santo tiene por finalidad el hacernos capaces de dar nuestro testimonio de Jesús. Se nos une indeciblemente al Espíritu Santo, somos aferrados por Él, atraídos por su fuego, que es el Amor recíproco del Padre y del Hijo, para que podamos nosotros iluminar también, ser fuente de amor en este mundo.

Dar testimonio significa atestiguar con claridad, dando pruebas de ello. En primer lugar es el Espíritu Santo el que realiza este testimonio, continuamente, en todo lugar, en todo tiempo; Él actúa con potencia en nosotros y alrededor de nosotros. Él es el que mueve los corazones. Él es el que cambia nuestros pensamientos altaneros y endurecidos, el que une, el que reconcilia, el que impulsa al perdón y a la unión; más aún, es Él el que cura el alma, la psiche, el cuerpo y el corazón enfermos. Él es el que enseña, amaestra y hace dóciles, el que nos hace sabios, sencillos, pobres y puros. Da testimonio del Señor Jesús, el Salvador, a través de todas estas operaciones, toques leves de amor y comunión sobre nuestras tierras áridas y secas. Él da testimonio del Crucificado, del Sufriente por amor; pregona al Resucitado, que derrotó a la muerte para siempre; testimonia del Viviente, del Glorificado, de Aquél que está con nosotros hasta el final de los tiempos. Este es el testimonio. El Espíritu lo introduce en este mundo, nos lo trae; no podemos quedar indiferentes, continuar somnolientos, eligiendo un poco de aquí y otro poco de allá. Él es la verdad. Y, solamente hay una verdad: la de Dios, su Hijo Jesucristo. Estamos llamados a testimoniar todo esto, es decir, a poner y empeñar nuestra vida por amor a esta verdad. Testimoniar es convertirse en mártires, por amor. No solos, ni por nuestra fuerza, ni por nuestra sabiduría. “También vosotros daréis testimonio”, dice Jesús. Nuestro testimonio solamente puede subsistir dentro del testimonio del Espíritu Santo; no son testimonios paralelos, sino vidas fundidas juntas: la del Espíritu y la nuestra. Esto se realiza delante de los infinitos tribunales del mundo cada día. Nuestra vida se convierte, entonces, en un lugar sagrado, casi en un santuario, del testimonio al Señor Jesús. No se trata de realizar grandes obras, o demostrar sabiduría e inteligencia, atraer muchedumbres; no, solamente basta una cosa: decir al mundo que el Señor está vivo, que está aquí en medio de nosotros y que anuncia su misericordia, su amor infinito.

El Padre

El contacto con el Espíritu Santo, el dejarse abrazar e invadir por Él, nos lleva al Señor Jesús; nos conduce hasta su corazón, hasta la fuente de su amor. Desde allí nosotros alcanzamos al Padre, recibimos al Padre. No teníamos nada, no hemos podido traer nada con nosotros al venir a este mundo, y ahora, ¡he aquí que somos colmados de dones! Imposible poder contenerlos todos. Hace falta dejar rebosar el recipiente, dejarlo salir fuera, hacia los hermanos y hermanas que encontremos, e incluso, dejarlo que florezca apenas en brevísimas experiencias de vida.

El Espíritu habla de Jesús y utiliza las palabras del Padre; Él nos repite lo que oye en el seno del Padre. El Padre es su morada, su casa; viniendo a nosotros, el Espíritu trae su impronta, el sello de aquella morada, de aquel lugar de comunión infinita, que es el seno del Padre. Y nosotros comprendemos muy bien, que aquella es nuestra casa; reconocemos el lugar de nuestro origen y de nuestro fin. Descubrimos, al recibir el Espíritu de Jesús, que también nosotros venimos del Padre, que nacemos de Él y vivimos en Él. Si nos buscamos a nosotros, si deseamos encontrar el camino, el sentido de nuestra vida, todo está escrito en las palabras que el Espíritu pronuncia para nosotros, dentro de nosotros, respecto a nosotros. Hace falta hacer un gran silencio, para poderlo escuchar, para comprenderlo. Hace falta volver a casa, pensar en nuestro Padre y decir dentro de nosotros: “Sí, ¡basta ya! He vagado demasiado tiempo lejos y me he perdido… Volveré a mi Padre”. Contemplo cuántas maravillas puede obrar el Espíritu de la verdad, que mi Señor Jesucristo me envía desde el Padre. No será Pentecostés, si no me dejo aferrar por Él, ser llevado con Él hasta el seno del Padre, donde ya me espera el Cristo, donde ya está encendido para mí el fuego del Espíritu Santo.

Un momento de oración

Salmo 68

(La ternura del Padre es la morada del pobre)

Rit. ¡Abbà Padre, soy tu hijo!

Pero yo te dirijo mi oración, Yahvé, en el tiempo propicio: por tu inmenso amor respóndeme, oh Dios, por la verdad de tu salvación.

¡Respóndeme, Yahvé, por tu amor y tu bondad, por tu inmensa ternura vuelve a mí tus ojos; no apartes tu rostro de tu siervo, que estoy angustiado, respóndeme ya; acércate a mí, rescátame, líbrame de mis enemigos!

Celebraré con cantos el nombre de Dios, lo ensalzaré dándole gracias;

Lo han visto los humildes y se alegran, animaros los que buscáis a Dios. Porque Yahvé escucha a los pobres, no desprecia a sus cautivos.

¡Alábenlo los cielos y la tierra, el mar y cuanto bulle en él! Pues Dios salvará a Sión, reconstruirá los poblados de Judá: la habitarán y la poseerán; la heredará la estirpe de sus siervos, en ella vivirán los que aman su nombre.

Oración final

Gracias, oh Padre, por la venida del Consolador, del Abogado; gracias por su testimonio de Jesús en el mundo y en mí, en mi vida. Gracias, porque es Él el que me hace capaz de recibir y llevar el peso glorioso de tu Hijo y mi Señor. Gracias, porque Él me guía a la verdad, me entrega la verdad toda entera y me revela las palabras que Tú mismo pronuncias. Gracias, Padre mío, porque en tu bondad y ternura, tú me has alcanzado hoy, me has atraído a Ti, me has hecho entrar en la casa de tu corazón; me has inmerso en el fuego de amor trinitario, donde tú y el Hijo Jesús sois una sola cosa en el beso infinito del Espíritu Santo. Aquí también estoy yo, y por eso mi alegría es desbordante. Te ruego, Padre, haz que yo pueda dar a todos este gozo en el testimonio amoroso de Jesús Salvador, cada día de mi vida. Amén.

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Lectio divina sab, 22 may 2021

Tiempo de Pascua

Oración inicial

Dios todopoderoso, concédenos conservar siempre en nuestra vida y en nuestras costumbres la alegría de estas fiestas de Pascua que nos disponemos a clausurar. Por nuestro Señor.

Lectura

Del santo Evangelio según Juan 21, 20-25

Pedro se vuelve y ve, siguiéndoles detrás, al discípulo a quien Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?» Viéndole Pedro, dice a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?» Jesús le respondió: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme.» Corrió, pues, entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro: «No morirá», sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga.» Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran.

Reflexión

El evangelio de hoy empieza con una pregunta de Pedro sobre el destino del discípulo amado Señor, y éste, ¿qué? Jesús acababa de conversar con Pedro, anunciando el destino o tipo de muerte con que Pedro iba a glorificar a Dios. Y al final añade: Sígueme. (Jn 21, 19).

  • Juan 21, 20-21: La pregunta de Pedro sobre el destino de Juan. En aquel momento, Pedro se volvió y vio al discípulo a quien Jesús amaba y preguntó: Señor, y a éste ¿qué le va a ocurrir? Jesús acababa de indicar el destino de Pedro y ahora Pedro quiere saber de Jesús cuál es el destino de este otro discípulo. Curiosidad que no merece una respuesta adecuada de parte de Jesús.
  • Juan 21, 22: La respuesta misteriosa de Jesús. Jesús dice: Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué te importa? Tú: sígueme. Frase misteriosa que termina de nuevo con la misma afirmación que antes: ¡Sígueme! Parece como si Jesús quiera borrar la curiosidad de Pedro. Así, como cada uno de nosotros tiene su propia historia, así cada uno tiene su manera de seguir a Jesús. Nadie repite a nadie. Cada uno debe ser creativo en seguir a Jesús.
  • Juan 21, 23: El evangelista aclara el sentido de la respuesta de Jesús. La tradición antigua identifica al Discípulo Amado con el Apóstol Juan e informa que él murió muy tarde, cuando tenía alrededor de 100 años. Al enlazar la avanzada edad de Juan con la misteriosa respuesta de Jesús, el evangelista aclara: “Por esto corrió la voz entre los hermanos de aquel discípulo que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro: «No morirá», sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, a ti, ¿qué?» Tal vez sea una alerta para estar muy atentos a la interpretación de las palabras de Jesús y no basarse en cualquier rumor.
  • Juan 21, 24: Testimonio sobre el valor del evangelio. El Capítulo 21 es un apéndice que fue aumentando cuando se hizo la redacción definitiva del Evangelio. El capítulo 20 tiene este final que lo encierra todo: “Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran. Han sido escritas para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios. Y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Jn 20, 30-31). El libro estaba listo. Pero había muchos otros hechos sobre Jesús. Por esto, en ocasión de la edición definitiva del evangelio, algunos de estos «muchos otros hechos» sobre Jesús fueron seleccionados y acrecentados, muy probablemente, para aclarar mejor los nuevos problemas de finales del siglo primero. No sabemos quién hizo la redacción definitiva como tampoco el apéndice, pero sabemos que es alguien de confianza de la comunidad, pues escribe: “Este es el discípulo que da testimonio de las cosas y que las escribió. Y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero”.
  • Juan 21, 25: El misterio de Jesús ¡es inagotable! Frase bonita para encerrar el Evangelio de Juan: “Jesús hizo además muchas otras cosas. Si se escribiesen una por una, pienso que no cabrían en el mundo los libros que se escribirían”. Parece una exageración pero es pura verdad. Nadie jamás sería capaz de escribir todas las cosas que Jesús hizo y que sigue haciendo en la vida de las personas que siguen a Jesús hasta hoy.

Para una reflexión personal

  • En tu vida ¿hay cosas que Jesús hizo y que podrían escribirse en ese libro que no se escribirá jamás?
  • Pedro se preocupa de unos y otros y olvida realizar su propio “Sígueme”. ¿Te pasó a ti también?

Oración final

Yahvé en su santo Templo, Yahvé en su trono celeste; sus ojos ven el mundo, sus pupilas examinan a los hombres. (Sal 11, 4).

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Lectio divina vie, 21 may 2021

Tiempo de Pascua

Oración inicial

¡Oh Dios!, que por la glorificación de Jesucristo y la venida del Espíritu Santo nos has abierto las puertas de tu reino; haz que la recepción de dones tan grandes nos mueva a dedicarnos con mayor empeño a tu servicio y a vivir con mayor plenitud las riquezas de nuestra fe. Por nuestro Señor.

Lectura

Del santo Evangelio según Juan 21, 15-19

Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos.» Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón de Juan, ¿me amas?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas.» Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas. «En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras.» Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme.»

Reflexión

Estamos en los últimos días de Pentecostés. Durante la cuaresma, la selección de los evangelios del día sigue la antigua tradición de la Iglesia. Entre Pascua y Pentecostés, la preferencia es para el evangelio de Juan. Así, en estos últimos dos días antes de Pentecostés, los evangelios diarios presentan los últimos versículos del evangelio de Juan. Luego retomamos el Tiempo Común, y volvemos al evangelio de Marcos. En las semanas del Tiempo Común, la liturgia diaria hace la lectura continua del evangelio de Marcos (desde la1ª hasta la 9ª semana común), de Mateo (desde la 10º hasta la 21ª semana común) y de Lucas (desde la 22ª hasta la 34ª semana común).

Los evangelios de hoy y de mañana presentan el último encuentro de Jesús con sus discípulos. Fue un reencuentro de celebración, marcado por la ternura y por el cariño. Al final, Jesús llama a Pedro y le pregunta tres veces: «¿Me amas?» Solamente después de haber recibido, por tres veces, la misma respuesta afirmativa, Jesús da a Pedro la misión de cuidar de las ovejas. Para que podamos trabajar en la comunidad Jesús no pregunta si sabemos muchas cosas. ¡Lo que pide es que tengamos mucho amor!

  • Juan 21, 15-17: El amor en el centro de la misión. Después de una noche de pesca en el lago sin pescar ni un pez, al llegar a orillas de la playa, los discípulos descubren que Jesús había preparado una comida con pan y pescado asado sobre las brasas. Terminada la comida, Jesús llama a Pedro y le pregunta tres veces: «¿Me amas?» Tres veces, porque fue por tres veces que Pedro negó a Jesús (Jn 18, 17. 25-27). Después de tres respuestas afirmativas, también Pedro se vuelve hacia el «Discípulo Amado» y recibe la orden de cuidar de las ovejas. Jesús no pregunta a Pedro si había estudiado exégesis, teología, moral o derecho canónico. Sólo le pregunta:»¿Me amas?» El amor en primer lugar. Para las comunidades del Discípulo Amado la fuerza que las sustenta y que las mantiene unidas no es la doctrina, sino el amor.
  • Juan 21, 18-19: La previsión de la muerte. Jesús dice a Pedro: En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras. A lo largo de la vida, Pedro y todos vamos madurando. La práctica del amor se irá estableciendo en la vida y la persona deja de ser dueña de sí misma. El servicio de amor a los hermanos y hermanas nos ocupará del todo y nos conducirá. Otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras. Este es el sentido del seguimiento. Y el evangelista comenta: “Con esto indicaba la clase de muerte conque Pedro iba a glorificar a Dios”. Y Jesús añadió: «Sígueme.»

El amor en Juan – Pedro, ¿me amas? – El Discípulo Amado. La palabra amor es una de las palabras que más usamos, hoy en día. Por esto mismo, es una palabra muy desgastada. Pero es con esta palabra que las comunidades del Discípulo Amado manifestaban su identidad y su proyecto. Amar es ante todo una experiencia profunda de relación entre personas, donde existe una mezcla de sentimientos y valores como alegría, tristeza, sufrimiento, crecimiento, renuncia, entrega, realización, donación, compromiso, vida, muerte, etc. Este conjunto en la Biblia se resume en una única palabra en lengua hebraica. Esta palabra es Hesed. Es una palabra de difícil traducción para nuestra lengua. En nuestras Biblias generalmente se traduce por caridad, misericordia, fidelidad o amor. Las comunidades del Discípulo Amado tratan de vivir esta práctica de amor en toda su radicalidad. Jesús la revela a los suyos en sus encuentros con las personas, con sentimientos de amistad y de ternura, como, por ejemplo, en su relación con la familia de Marta en Betania: “Jesús amaba a Marta y a su hermana y a Lázaro”. Llora ante la tumba de Lázaro (Jn 11, 5. 33- 36). Jesús encarnó siempre su misión como una manifestación de amor: “Habiendo amado a los suyos los amó hasta el fin” (Jn 13, 1). En este amor Jesús manifiesta su profunda identidad con el Padre (Jn 15, 9). Para las comunidades no había otro mandamiento que éste: “Actuar como actuaba Jesús” (1 Jn 2, 6). Esto implica “amar a los hermanos”(1 Jn 2, 7-11; 3, 11-24; 2 Jn 4-6). Siendo un mandamiento tan central en la vida de la comunidad, los escritos joaneos definen así el amor: “En esto conocemos el Amor: que el dio su vida por nosotros. Nosotros también debemos dar nuestra vida por nuestros hermanos y hermanas”. Por esto no debemos “amar sólo de palabra, sino dar la vida por nuestros hermanos”.(1 Jn 3, 16-17). Quien vive el amor lo manifiesta en sus palabras y actitudes y se vuelve también Discípula Amada, Discípulo Amado.

Para la reflexión personal

  • Mira dentro de ti y di cuál es el motivo más profundo que te lleva a trabajar en comunidad. ¿Es el amor o te preocupan las ideas?
  • A partir de las relaciones que tenemos entre nosotros, con Dios y con la naturaleza, ¿qué tipo de comunidad estamos construyendo?

Oración final

Bendice, alma mía, a Yahvé, el fondo de mi ser, a su santo nombre. Bendice, alma mía, a Yahvé, nunca olvides sus beneficios. (Sal 103, 1-2).

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Lectio divina jue, 20 may 2021

Tiempo de Pascua

Oración inicial

Que tu Espíritu, Señor, nos penetre con su fuerza, para que nuestro pensar te sea grato y nuestro obrar concuerde con tu voluntad. Por nuestro Señor.

Lectura

Del santo Evangelio según Juan 17, 20-26

No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo.

Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos.»

Reflexión

El evangelio de hoy nos presenta la tercera y última parte de la Oración Sacerdotal, en la que Jesús mira hacia el futuro y manifiesta su gran deseo de unidad entre nosotros, sus discípulos, y para la permanencia de todos en el amor que unifica, pues sin amor y sin unidad no merecemos credibilidad.

  • Juan 17, 20-23: Para que el mundo crea que tú me enviaste. Jesús alarga el horizonte y reza al Padre: No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Aquí aflora la gran preocupación de Jesús por la unión que debe existir en las comunidades. Unidad no significa uniformidad, sino permanecer en el amor, a pesar de todas las tensiones y de todos los conflictos. El amor que unifica al punto de crear entre todos una profunda unidad, como aquella que existe entre Jesús y el Padre. La unidad en el amor revelada en la Trinidad es el modelo para las comunidades. Por esto, a través del amor entre las personas, las comunidades revelan al mundo el mensaje más profundo de Jesús. Como la gente decía de los primeros cristianos: “¡Mirad como se aman!” Es trágica la actual división entre las tres religiones nacidas de Abrahán: judíos, cristianos y musulmanes. Más trágica todavía es la división entre los cristianos que dicen que creen en Jesús. Divididos, no merecemos credibilidad. El ecumenismo está en el centro de la última plegaria de Jesús al Padre. Es Su testamento. Ser cristiano y no ser ecuménico es un contrasentido. Contradice la última voluntad de Jesús.
  • Juan 17, 24-26: Que el amor con que tú me amaste esté en ellos. Jesús no quiere quedar solo. Dice: Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. La dicha de Jesús es que todos nosotros estemos con él. Quiere que sus discípulos tengan la misma experiencia que él tuvo del Padre. Quiere que conozcan al Padre como él lo conoció. En la Biblia, la palabra conocer no se reduce a un conocimiento teórico racional, sino que implica experimentar la presencia de Dios en la convivencia de amor con las personas en la comunidad.

¡Que sean uno como nosotros! (Unidad y Trinidad en el evangelio de Juan) El evangelio de Juan nos ayuda mucho en la comprensión del misterio de la Trinidad, la comunión entre las. personas divinas: el Padre, el Hijo y el Espíritu. De los cuatro evangelios, Juan es el que acentúa la profunda unidad entre el Padre y el Hijo. Por el texto del Evangelio (Jn 17, 6-8) sabemos que la misión del Hijo es la suprema manifestación del amor del Padre. Y es justamente esta unidad entre el Padre y el Hijo la que hace proclamar a Jesús: Yo y el Padre somos una cosa sola (Jn 10, 30). Entre él y el Padre existe una unidad tan intensa que quien ve el rostro del uno, ve también el rostro del otro. Cumpliendo esta misión de unidad recibida del Padre, Jesús revela al Espíritu. El Espíritu de la Verdad viene del Padre (Jn 15, 26). El Hijo pide (Jn 14, 16), y el Padre envía el Espíritu a cada uno de nosotros para que permanezca en nosotros, dándonos ánimo y fuerza. El Espíritu nos viene del Hijo también (Jn 16, 7-8).Así, el Espíritu de la Verdad, que camina con nosotros, es la comunicación de la profunda unidad que existe entre el Padre y el Hijo (Jn 15, 26-27). El Espíritu no puede comunicar otra verdad que no sea la Verdad del Hijo. Todo lo que se relaciona con el misterio del Hijo, el Espíritu lo da a conocer (Jn 16, 13-14). Esta experiencia de la unidad en Dios fue muy fuerte en las comunidades del Discípulo Amado. El amor que une a las personas divinas Padre e Hijo y Espíritu nos permite experimentar a Dios a través de la unión con las personas en una comunidad de amor. Así, también, era la propuesta de la comunidad, donde el amor debería ser la señal de la presencia de Dios en medio de la comunidad (Jn 13, 34-35). Y este amor construyó la unidad dentro de la comunidad (Jn 17, 21). Ellos miraban la unidad en Dios para poder entender la unidad entre ellos.

Para la reflexión personal

  • Decía el obispo Don Pedro Casaldáliga: “La Trinidad es aún mejor que la comunidad”. ¿En la comunidad de la que tú eres miembro, percibes algún reflejo humano de la Trinidad Divina?
  • Ecumenismo. ¿Soy ecuménico?

Oración final

Señor, tu me enseñarás el camino de la vida, me hartarás de gozo en tu presencia, de dicha perpetua a tu derecha. (Sal 16, 11).

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Lectio divina mié, 19 may 2021

Tiempo de Pascua

Oración inicial

Padre lleno de amor, concede a tu Iglesia, congregada por el Espíritu Santo, dedicarse plenamente a tu servicio y vivir unida en el amor, según tu voluntad. Por nuestro Señor.

Lectura

Del santo Evangelio según Juan 17, 11b-19

Así habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad.

Reflexión

Estamos en la novena de Pentecostés, esperando la venida del Espíritu Santo. Jesús dice que el don del Espíritu Santo se da sólo a quien lo pide en la oración (Lc 11, 13). En el cenáculo, durante nueve días, desde la ascensión hasta Pentecostés, los apóstoles perseveraron en la oración junto con María la madre de Jesús (He 1, 14). Por esto conseguirán en abundancia el don del Espíritu Santo (He 2, 4). El evangelio de hoy continúa colocando ante nosotros la Oración Sacerdotal de Jesús. Es un texto muy bien apto para prepararnos en estos días a la venida del Espíritu Santo en nuestras vidas.

  • Juan 17, 11b-12: Cuídalos en tu nombre. Jesús transforma su preocupación en plegaria: “¡Cuídalos en tu nombre, el nombre que tu me diste, para que sean uno como nosotros!» Todo lo que Jesús hizo en su vida, lo hizo en Nombre de Dios. Jesús es la manifestación del Nombre de Dios. El Nombre de Dios es Yavé, JHWH. En el tiempo de Jesús, este Nombre era pronunciado como Adonai, Kyrios, Señor. En el sermón de Pentecostés, Pedro dice que Jesús, por su resurrección, fue constituido Señor: “Sepa, entonces, con seguridad toda la gente de Israel que Dios ha hecho Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros crucificasteis”. (Hec 2,36). Y Pablo dice que esto se hizo: “para que toda lengua proclame, para gloria de Dios Padre: ¡Jesús Cristo es el Señor!” (Fil 2, 11). Es el “Nombre sobre todo nombre” (Fil 2, 9), JHWH o Yavé, el Nombre de Dios, recibió un rostro concreto en Jesús de Nazaret. Y es entorno a este nombre que hay que construir la unidad: Guárdalos en tu nombre, el nombre que tú me diste, para que sean uno como nosotros. Jesús quiere la unidad de las comunidades, para que puedan resistir frente al mundo que las odia y persigue. El pueblo unido alrededor del Nombre de Jesús ¡jamás será vencido!
  • Juan 17, 13-16: Que en sí mismos mi alegría sea colmada. Jesús se está despidiendo. Dentro de poco se irá. Los discípulos continúan en el mundo, serán perseguidos, tendrán aflicciones. Por esto están tristes. Jesús quiere que tengan alegría plena. Ellos tendrán que continuar en el mundo sin formar parte del mundo. Esto significa, bien concretamente, vivir en el sistema del imperio, sea romano o neoliberal, sin dejarse contaminar por él. Al igual que Jesús y con Jesús, deben vivir en el mundo sin ser del mundo.
  • Juan 17, 17-19: Como tú me enviaste, yo los envío al mundo. Jesús pide que sean consagrados en la verdad. Esto es, que sean capaces de dedicar toda su vida para testimoniar sus convicciones respecto de Jesús y de Dios Padre. Jesús se santificó en la medida en que, en su vida, fue revelando al Padre. Pide que sus discípulos entren en el mismo proceso de santificación. Su misión es la misma que la de Jesús. Ellos se santifican en la misma medida en que, viviendo el amor, revelan a Jesús y al Padre. Santificarse significa volverse humano, como lo fue Jesús. Decía el Papa León Magno: “Jesús fue tan humano, pero tan humano, como sólo Dios puede ser humano”. Por esto debemos vivir en el mundo, sin ser del mundo, pues el sistema deshumaniza la vida humana y la vuelve contraria a las intenciones del Creador.

Para la reflexión personal

  • Jesús vivió en el mundo, pero no era del mundo. Vivió en el sistema sin seguir el sistema, y por esto fue perseguido y condenado a muerte. ¿Yo? ¿Vivo hoy como Jesús lo hizo en su tiempo, o adapto mi fe al sistema?
  • Preparación para Pentecostés. Invocar el don del Espíritu Santo, el Espíritu que animó a Jesús. En esta novena de preparación a Pentecostés es bueno sacar un tiempo para pedir el don del Espíritu de Jesús.

Oración final

Bendigo a Yahvé, que me aconseja; aun de noche me instruye la conciencia; tengo siempre presente a Yahvé, con él a mi derecha no vacilo. (Sal 16, 7-8).

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