Lectio lun, 31 de oct, 2022

Oración inicial

Señor de poder y de misericordia, que has querido hacer digno y agradable por favor tuyo el servicio de tus fieles; concédenos caminar sin tropiezos hacia los bienes que pos prometes. Por nuestro Señor.

Lectura del Evangelio según Lucas 14,12-14

Jesús dijo al jefe de los fariseos que lo había invitado a comer:

«Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque puede ser que ellos te inviten a su vez, y con eso quedarías recompensado.

Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos; y así serás dichoso, porque ellos no tienen con qué pagarte; pero ya se te pagará, cuando resuciten los justos».

Reflexión

El evangelio de hoy continúa la enseñanza que Jesús estaba dando alrededor de diversos asuntos, todos ellos enlazados con la mesa y la comida: sana durante una comida (Lc 14,1-6); un consejo para no ocupar los primeros puestos (Lc 14,7-12); un consejo para invitar a los excluidos (Lc 14,12-14). Esta organización de las palabras de Jesús alrededor de una determinada palabra, como mesa o comida, ayuda a percibir el método usado por los primeros cristianos para guardar en la memoria las palabras de Jesús.

Lucas 14,12: Convite interesado. Jesús está comiendo en casa de un fariseo que le había invitado (Lc 14,1). La invitación a comer constituye el asunto de la enseñanza del evangelio de hoy. Hay diversos tipos de invitación: invitaciones interesadas en beneficio propio e invitaciones desinteresadas en beneficio de otros. Jesús dice: «Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez y tengas ya tu recompensa”. La costumbre normal de la gente era ésta: para almorzar o cenar invitaban a amigos, hermanos y parientes. Pero nadie se sentaba alrededor de la mesa con personas desconocidas. ¡Comían sólo con gente conocida! Esta era una costumbre entre los judíos y sigue siendo una costumbre que usamos hasta hoy. Jesús piensa de forma distinta y manda invitar de forma desinteresada como nadie solía hacer.

Lucas 14,13-14: Invitación desinteresada. Jesús dice: “Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos”. Jesús manda romper el círculo cerrado y pide que invitemos a los excluidos: a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos. No era la costumbre y nadie hace esto, ni siquiera hoy. Pero Jesús insiste: “¡Convida a esas personas!” ¿Por que? Porqué en la invitación desinteresada, dirigida a personas excluidas y marginadas, existe una fuente de felicidad: “y serás dichoso, porque no te pueden corresponder”. ¡Felicidad extraña, diferente! Tú serás feliz porque ellos no pueden corresponderte. Es la felicidad que nace del hecho de haber hecho un gesto de total gratuidad. Un gesto de amor que quiere el bien del otro y para el otro, sin esperar nada en cambio. Es la felicidad de aquel que haces las cosas gratuitamente, sin querer ninguna retribución. Jesús dice que esta felicidad es semilla de la felicidad que Dios dará en la resurrección. Resurrección no sólo al final de la historia, sino ya desde ahora. Actuar así es ya una resurrección.

Es el Reino que acontece ya. El consejo que Jesús nos da en el evangelio de hoy evoca el envío de los setenta y dos discípulos para la misión de anuncia el Reino (Lc 10,1-9). Entre las diversas recomendaciones dadas en aquella ocasión como señales de la presencia del Reino, están (a) la comunión alrededor de la mesa (b) la acogida de los excluidos: “En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: El Reino de Dios está cerca de vosotros.” (Lc 10,8-9) Aquí, en estas recomendaciones, Jesús manda transgredir aquellas normas de pureza legal que impedían la convivencia fraterna.

Para la reflexión personal

Invitación interesada e invitación desinteresada: ¿cuál de las dos acontece más en mi vida?
Si tu hicieses sólo invitaciones desinteresadas, ¿esto te traería dificultades? ¿Cuáles?

Oración final

Mi corazón, Yahvé, no es engreído, ni son mis ojos altaneros.
No doy vía libre a la grandeza, ni a prodigios que me superan.
No, me mantengo en paz y silencio, como niño en el regazo materno.
¡Mi deseo no supera al de un niño! (Sal 131,1-2)

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Lectio Dom, 30 de oct, 2022

La conversión de Zaqueo Lucas 19, 1-10

Oración inicial:

Oh Dios, creador y Padre de todos los hijos de Abraham, concédenos la luz de tu Espíritu para poderte servir de un modo meritorio y digno, haz que caminemos sobre los pasos de tu Palabra demostrando con las obras que somos discípulos del único Maestro que se ha hecho hombre por nuestro amor y por nuestra salvación.

Lectura del evangelio:

Jesús entró en Jericó, y al ir atravesando la ciudad, sucedió que un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de conocer a Jesús; pero la gente se lo impedía, porque Zaqueo era de baja estatura. Entonces corrió y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por ahí. Al llegar a ese lugar, Jesús levantó los ojos y le dijo: «Zaqueo, bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa».

Él bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, comenzaron todos a murmurar diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».

Zaqueo, poniéndose de pie, dijo a Jesús: «Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más». Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham, y el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido».

Momentos de silencio:

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

MEDITATIO

Clave de lectura:

En el relato del Evangelio, Lucas gusta mostrar la misericordia del Maestro hacia los pecadores. Lc 19, 1-10 es un ejemplo. La narración de la conversión de Zaqueo nos demuestra que ninguna condición humana es incompatible con la salvación: Hoy la salvación ha entrado en esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, (Lc 19, 9) declara Jesús. El texto que abre el capítulo 19, viene después de las enseñanzas y comportamientos de Jesús, que nos ha presentado en el capítulo 18. En este capítulo encontramos la parábola del fariseo que juzga y el publicano que se humilla delante de Dios y pide perdón (Lc 18, 9-14). En seguida tenemos la escena de Jesús que acoge a los niños, advirtiendo a los discípulos que a quien es pequeño como ellos le pertenece el reino de Dios… el que no acoge el reino de Dios como un niño no entrará en él (Lc 18, 16- 17). A renglón seguido Jesús demuestra al rico notable que quiere alcanzar la vida eterna (Lc 18, 18), la necesidad de vender todo y distribuir los bienes a los pobres para poder seguir a Jesús y obtener un tesoro en los cielos (Lc 18, 22). Sigue después la enseñanza de Jesús sobre las riquezas que obstaculizan la salvación y la promesa de ser recompensados a aquellos que renuncian a todo por causa del Reino de Dios (Lc 18, 24-30). Estas partes del capítulo 18 parecen conducirnos al relato de la conversión de Zaqueo. Antes de este relato siguen otros dos textos con detalles importantes.

El tercer anuncio de la Pasión donde una vez más Jesús nos recuerda que andamos a Jerusalén (Lc 18, 31). Parece que Lucas quisiera meter todo en el contexto del sequela Christi (seguimiento de Cristo); y

La curación del ciego de Jericó, que llamaba a Jesús, aunque la gente le impedía acercarse al Maestro (Lc 18, 35-39). Jesús dando de nuevo la luz a los ojos entenebrecidos, declara que la fe ha salvado a este ciego (Lc 18, 42). Recobrada la vista, el ciego podía seguir glorificando a Dios (Lc 18, 43).

Estos dos textos, junto a los precedentes, iluminan la narración de la conversión de Zaqueo. En el relato encontramos detalles sorprendentes que están ya presentes en los textos citados:

Zaqueo, un hombre rico, jefe de publicanos – Lc 19,2
Trataba de ver a Jesús, pero a causa de la muchedumbre no lo conseguía – Lc 19,3
Era pequeño de estatura – Lc 19,3
El juicio de la muchedumbre que señala a Zaqueo como: pecador – Lc 19,7
La distribución de los bienes a los pobres – Lc 19,8
La declaración de Jesús diciendo que la salvación ha entrado en casa de Zaqueo – Lc 19,9.

Zaqueo, pequeño de estatura, hombre rico, jefe de publicanos, acoge el reino de Dios como un niño. Humillándose y arrepintiéndose de su pasado encuentra la salvación que viene de Dios en Jesús Cristo buen Samaritano (Lc 10, 29-37) que nos viene al encuentro a buscar y salvar lo que estaba perdido (Lc 19, 10). Un tema al gusto de Lucas que puede verse en otras partes de su narración evangélica (ejemplo: Lc 15, 11-31)

Tema para la reflexión personal:

Colócate en silencio delante de la Palabra de Dios, reflexiona sobre los textos presentados en esta clave de lectura. Pregúntate:

¿Qué conexión existe entre estos textos?
¿Qué significa la salvación para ti?
Zaqueo, pequeño de estatura, nos muestra su disponibilidad para acoger a Jesús.
¿Qué haces tú para demostrar tu disponibilidad para recibir la salvación de Dios?
El gesto de Zaqueo nos recuerda la curiosidad de Moisés que le empuja hacia la zarza ardiente. También Moisés encontró la salvación. ¿Te acercas tú al Señor? ¿Te sientes atraído por Él?
Jesús va al encuentro de Zaqueo en su pecado y en aquella casa le dona la salvación.
¿Cuál es tu atadura al pecado? ¿Deja que el Maestro te encuentre allí, en aquella casa obscura?

ORATIO

La oración de la comunidad:

Oh Dios, que en tu Hijo has venido a buscar y salvar lo que estaba perdido, haznos dignos de tu llamada: lleva a buen fin toda nuestra voluntad de bien, para que sepamos acogerte con gozo en nuestra casa para compartir los bienes de la tierra y del cielo. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

Momento de silencio:

para la oración personal.

CONTEMPLATIO

Tú me indicas el sendero de la vida, Señor,
gozo pleno en tu presencia. (Salmo 15/16, 11)

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Lectio sáb, 29 de oct, 2022

Tiempo Ordinario

Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno, aumenta nuestra fe, esperanza y caridad; y, para conseguir tus promesas, concédenos amar tus preceptos. Por nuestro Señor.

Lectura del santo Evangelio según Lucas 14,1.7-11

Un sábado, Jesús fue a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y éstos estaban espiándolo. Mirando cómo los convidados escogían los primeros lugares, les dijo esta parábola:

“Cuando te inviten a un banquete de bodas, no te sientes en el lugar principal, no sea que haya algún otro invitado más importante que tú, y el que los invitó a los dos venga a decirte: ‘Déjale el lugar a éste’, y tengas que ir a ocupar, lleno de vergüenza, el último asiento. Por el contrario, cuando te inviten, ocupa el último lugar, para que, cuando venga el que te invitó, te diga: ‘Amigo, acércate a la cabecera’.

Entonces te verás honrado en presencia de todos los convidados. Porque el que se engrandece a sí mismo, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido’’.

Reflexión

El contexto. La Palabra de gracia que Jesús revela con su enseñanza y sus curaciones, corre el riesgo de ser anulada; para Jesús, cada día está más cerca el hecho de la muerte, como ocurrió a todos los profetas que lo precedieron. Esta realidad, hacia la que Jesús se dirige, muestra con claridad el rechazo del hombre y la paciencia de Dios. Rechazando a Jesús como el primer enviado, como la única Palabra de gracia del Padre, el hombre se acarrea su propia condenación y cierra la posibilidad que el Padre le había abierto de acceder a la salvación. Sin embargo, todavía no se ha apagado la esperanza: es posible que un día reconozca el hombre a Jesús como “aquel” que viene en el nombre del Señor, lo cual será un motivo de alegría. Por tanto, la conclusión del cap. 13 de Lucas nos hace comprender que la salvación no es una empresa humana, sino que sólo puede ser recibida como un don absolutamente gratuito. Veamos, pues, cómo acontecerá este don de la salvación, teniendo siempre presente este rechazo de Jesús como enviado único de Dios.

La invitación al banquete. Ante el peligro de ser obligado a callar, fue sugerido a Jesús que huyese, y sin embargo acepta la invitación a una comida. Esta actitud de Jesús hace comprender que él no teme las tentativas de agresión a su persona, ni siquiera le dan miedo. El que lo invita es “uno de los jefes de los fariseos”, una persona con autoridad. La invitación tiene lugar en sábado, un día ideal para las comidas festivas, que normalmente se tenía hacia mediodía, después que todos habían participado en la liturgia sinagogal. Durante la comida, los fariseos “lo estaban observando” (v.1): una acción de control y de vigilancia que hace alusión a la sospecha sobre su comportamiento. Con otras palabras, lo observaban esperando de él alguna acción incompatible con la idea que ellos tenían de la ley. Pero a fin de cuentas lo controlan no tanto para salvaguardar la observancia de la ley, sino para atraparlo en algún gesto. El sábado, después de haber curado ante los fariseos y doctores de la lay a un hidrópico, ofrece dos reflexiones sobre cómo hay que acoger la invitación a la mesa y con qué ánimo hay que hacer la invitación (vv. 12-14).

La primera la llama Lucas “una parábola”, es decir, un ejemplo, un modelo o enseñanza a seguir. Ante todo, hay que invitar gratuitamente y con libertad de ánimo. Con frecuencia, los hombres, en vez de esperar la invitación, se adelantan y se hacen invitar. Para Lucas, el punto de vista de Dios es el contrario, el de la humildad: “Ha derrocado del trono a los poderosos y ha ensalzado a los humildes”. La llamada a participar de la “gran cena” del Reino tiene como éxito la mejora del nivel de vida del que sabe acoger gratuitamente la invitación a la salvación.

El último lugar. Es verdad que ceder el propio sitio a los otros no resulta gratificante, sino que puede ser humillante; es una limitación del propio orgullo. Pero resulta más humillante y motivo de vergüenza cuando hay que cambiarse al último lugar; entonces es un deshonor ante los ojos de todos. Por una parte, Lucas piensa en todas las situaciones humillantes y dolorosas en las que el creyente se puede encontrar, y por otra, en el sitio reservado para el que vive estos acontecimientos ante los ojos de Dios y de su reino. Los orgullosos, los que buscan los primeros lugares, los notables, se pavonean de su situación social. Al contrario, cuando Jesús vino a habitar entre nosotros, “no había sitio para él” (2,7) y decidió seguir ocupando un lugar entre la gente humilde y pobre. Por esto Dios lo ha ensalzado. De aquí, la preciosa sugerencia de optar por su misma actitud, escogiendo el último lugar. El lector puede encontrarse incómodo ante estas palabras de Jesús que minan el sentido utilitarista y egoísta de la vida; pero a la larga, su enseñanza se muestra determinante para subir más alto; el camino de la humildad conduce a la gloria.

Para la reflexión personal

En tu relación de amistad con los demás ¿prevalece el cálculo interesado, la búsqueda de recibir recompensa?
Al relacionarte con los demás, ¿está tu yo siempre y a toda costa en el centro de la atención, incluso cuando haces algo a favor de los hermanos? ¿Estás dispuesto a dar lo que tú eres?

Oración final

Como anhela la cierva los arroyos,
así te anhela mi ser, Dios mío.
Mi ser tiene sed de Dios, del Dios vivo;
¿cuándo podré ir a ver
el rostro de Dios? (Sal 42,2-3)

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Lectio vie, 28 de oct, 2022

Santos Simón y Judas, apóstoles, fiesta

Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno, aumenta nuestra fe, esperanza y caridad; y, para conseguir tus promesas, concédenos amar tus preceptos. Por nuestro Señor.

Lectura del Evangelio según Lucas 6,12-19

Jesús se retiró al monte a orar y se pasó la noche en oración con Dios.

Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, eligió a doce de entre ellos y les dio el nombre de apóstoles. Eran Simón, a quien llamó Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y Juan; Felipe y Bartolomé; Mateo y Tomás; Santiago, el hijo de Alfeo, y Simón, llamado el Fanático; Judas, el hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.

Al bajar del monte con sus discípulos y sus apóstoles, se detuvo en un llano. Allí se encontraba mucha gente, que había venido tanto de Judea y Jerusalén, como de la costa de Tiro y de Sidón. Habían venido a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; y los que eran atormentados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.

Reflexión

El evangelio de hoy trae dos asuntos: la elección de los doce apóstoles (Lc 6,12-16) y la multitud enorme de gente queriendo encontrarse con Jesús (Lc 6,17-19). El evangelio de hoy nos invita a reflexionar sobre los Doce que fueron escogidos para convivir con Jesús, como apóstoles. Los primeros cristianos recordaron y registraron los nombres de estos Doce y de algunos otros hombres y mujeres que siguieron a Jesús y que después de la resurrección fueron creando comunidades para el mundo. Hoy también, todo el mundo recuerda el nombre de algún catequista o profesora que fue significativo/a para su formación cristiana.

Lucas 6,12-13: La elección de los 12 apóstoles. Antes de proceder a la elección de los doce apóstoles, Jesús pasó una noche entera en oración. Rezó para saber a quién escoger y escogió a los Doce, cuyos nombres están en los evangelios y que recibirán el nombre de apóstol. Apóstol significa enviado, misionero. Fueron llamados para realizar una misión, la misma que Jesús recibió del Padre (Jn 20,21). Marcos concretiza más y dice que Dios los llamó para estar con él y enviarlos en misión (Mc 3,14).

Lucas 6,14-16: Los nombres de los 12 apóstoles. Con pequeñas diferencias los nombres de los Doce son iguales en los evangelios de Mateo (Mt 10,2-4), Marcos (Mc 3,16-19) y Lucas (Lc 6,14-16). Gran parte de estos nombres vienen del AT. Por ejemplo, Simeón es el nombre de uno de los hijos del patriarca Jacob (Gén 29,33). Santiago es el mismo nombre que Jacob (Gén 25,26). Judas es el nombre de otro hijo de Jacob (Gén 35,23). Mateo también tenía el nombre de Levi (Mc 2,14), que fue otro hijo de Jacob (Gén 35,23). De los doce apóstoles, siete tienen el nombre que vienen del tiempo de los patriarcas: dos veces Simón, dos veces Santiago, dos veces Judas, y una vez ¡Levi! Esto revela la sabiduría y la pedagogía del pueblo. A través de los nombres de patriarcas y matriarcas, dados a sus hijos e hijas, mantuvieron viva la tradición de los antiguos y ayudaron a sus hijos a no perder la identidad. ¿Qué nombres les damos hoy a nuestros hijos e hijas?

Lucas 6,17-19: Jesús baja de la montaña y la multitud lo busca. Al bajar del monte con los doce, Jesús encuentra a una multitud inmensa de gente que trataba de oír su palabra y tocarle, porque de él salía una fuerza de vida. En esta multitud había judíos y extranjeros, gente de Judea y también de Tiro y Sidón. Y la gente estaba desorientada, abandonada. Jesús acoge a todos los que le buscan. Judíos y paganos. ¡Este es uno de los temas preferidos por Lucas!

Estas doce personas, llamadas por Jesús para formar la primera comunidad, no eran santas. Eran personas comunes, como todos nosotros. Tenías sus virtudes y sus defectos. Los evangelios informan muy poco sobre la forma de ser o el carácter de cada una de ellas. Pero lo poco que informan es motivo de consolación para nosotros.

Pedro era una persona generosa e entusiasta (Mc 14,29.31; Mt 14,28-29), pero a la hora del peligro y de la decisión, su corazón sigue encogido y se vuelve atrás (Mt 14,30; Mc 14,66-72). Llega a ser satanás para Jesús (Mc 8,33). Jesús le dio el apellido de Piedra (Pedro). Pedro, por si mismo, no era Piedra. Se volvió piedra (roca), porque Jesús rezó por él (Lc 22,31-32).

Santiago y Juan estaban dispuestos a sufrir con Jesús y por Jesús (Mc 10,39), pero eran muy violentos (Lc 9, 54). Jesús los llama “hijos del trueno” (Mc 3,17). Juan parecía tener ciertos celos. Quería Jesús sólo para su grupo (Mc 9,38).

Felipe tenía una forma de ser acogedora. Sabía poner a los demás en contacto con Jesús (Jn 1,45-46), pero no era muy práctico en resolver los problemas (Jn 12,20-22; 6,7). A veces era medio ingenuo. Hubo momentos en que Jesús perdió la paciencia con él: “Pero Felipe, ¿tanto tiempo que estoy contigo, y aún no me conoces?” (Jn 14,8-9)

Andrés, hermano de Pedro y amigo de Felipe, era más práctico. Felipe recurre a él para resolver los problemas (Jn 12,21-22). Fue Andrés el que le llamó a Pedro (Jn 1,40-41), y fue Andrés el que encontró al niño con los cinco panes y los dos peces (Jn 6,8-9).

Bartolomé parece haber sido el mismo que Natanael. Este era del barrio, y no podía admitir que nada bueno pudiera venir de Nazaret (Jn 1,46).

Tomás fue capaz de sustentar su opinión, una semana entera, contra el testimonio de todos los demás (Jn 20,24-25). Pero cuando vio que estaba equivocado, no tuvo miedo en reconocer su error (Jn 20,26-28). Era generoso, dispuesto a morir con Jesús (Jn 11,16).

Mateo o Levi era publicano, cobrador de impuestos, como Zaqueo (Mt 9,9; Lc 19,2). Eran personas comprometidas con el sistema opresor de la época.

Simón, por el contrario, parece haber sido del movimiento que se oponía radicalmente al sistema que el imperio romano imponía al pueblo judío. Por eso tenía el apellido de Zelota (Lc 6,15). El grupo de los Zelotas llegó a provocar una rebelión armada contra los romanos.

Judas era lo que se ocupaba del dinero del grupo (Jn 13,29). Llegó a traicionar a Jesús.

Santiago de Alfeo y Judas Tadeo, de estos dos los evangelios sólo informan del nombre.

Para la reflexión personal

Jesús pasó la noche entera en oración para saber qué escoger, y escogió a estos doce.
¿Cuál es la lección que sacas de aquí?
Los primeros cristianos recordaban los nombres de los doce apóstoles que estaban en el origen de sus comunidades. Y tú ¿recuerdas los nombres de las personas que están en el origen de la comunidad a la que perteneces? Recuerda el nombre de algún/a catequista o profesor/a que fue significativa para tu formación cristiana. ¿Qué es lo que más recuerdas de ellas: el contenido de lo que te enseñaron o el testimonio que dieron?

Oración final

Pues bueno es Yahvé y eterno su amor,
su lealtad perdura de edad en edad. (Sal 100,5)

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Lectio jue, 27 de oct, 2022

Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno, aumenta nuestra fe, esperanza y caridad; y, para conseguir tus promesas, concédenos amar tus preceptos. Por nuestro Señor.

Lectura del Evangelio según Lucas 13,31-35

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le dijeron: “Vete de aquí, porque Herodes quiere matarte”.

Él les contestó: “Vayan a decirle a ese zorro que seguiré expulsando demonios y haciendo curaciones hoy y mañana, y que al tercer día terminaré mi obra. Sin embargo, hoy, mañana y pasado mañana tengo que seguir mi camino, porque no conviene que un profeta muera fuera de Jerusalén.

¡Jerusalén, Jerusalén, que matas y apedreas a los profetas que Dios te envía! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus pollitos bajo las alas, pero tú no has querido!

Así pues, la casa de ustedes quedará abandonada. Yo les digo que no me volverán a ver hasta el día en que digan: ‘¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!’ ”

Reflexión

El evangelio de hoy nos hace sentir el contexto amenazador y peligroso en el que Jesús vivía y trabajaba. Herodes, el mismo que había matado a Juan Bautista, quiera matar a Jesús.

Lucas 13,31: El aviso de los fariseos a Jesús. “En aquel mismo momento se acercaron algunos fariseos y le dijeron: «Sal y vete de aquí, porque Herodes quiere matarte.” Es importante notar que Jesús recibió el aviso de parte de los fariseos. Algunas veces, los fariseos están juntos con el grupo de Herodes queriendo matar a Jesús (Mc 3,6; 12,13). Pero aquí, se solidarizan con Jesús y quieren evitar el que muera. En aquel tiempo, el poder del rey era absoluto. No daba cuenta a nadie de su manera de gobernar. Herodes había matado a Juan Bautista y ahora está queriendo terminar con Jesús.

Lucas 13,32-33: La respuesta de Jesús. “Jesús dijo: «Id a decir a ese zorro: Yo expulso demonios y llevo a cabo curaciones hoy y mañana, y al tercer día soy consumado.”. La respuesta de Jesús es muy clara y valiente. Llama a Herodes ‘zorro’. Para anuncia el Reino Jesús no depende del permiso de las autoridades políticas. Manda un recado informando que va a continuar su trabajo hoy y mañana y que seguirá hasta pasado mañana, es decir el tercer día. En esta respuesta se percibe la libertad de Jesús ante el poder que quería impedirle de realizar la misión recibida del Padre. ¡Pues, quien determina los plazos y la hora es Dios y no Herodes! Al mismo tiempo, en la respuesta se deja ver un cierto simbolismo relacionado con la muerte y la resurrección en el tercer día en Jerusalén. Es para decir que no morirá en Galilea, sino en Jerusalén, capital de su pueblo, y que resucitará el tercer día.

Lucas 13,34-35: Lamento de Jesús sobre Jerusalén. «¡Jerusalén, Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas, y no habéis querido” Este lamento de Jesús sobre la capital de su gente evoca la larga y triste historia de la resistencia de las autoridades a los llamamientos de Dios que les llegaban a través de los profetas y de los sabios. En otro lugar Jesús habla de los profetas perseguidos y matados desde Abel hasta Zacarías (Lc 11,51). Llegando a Jerusalén justo antes de su muerte, mirando hacia la ciudad desde lo alto del Monte de los Olivos, Jesús llora sobre ella, porque no reconoció en tiempo en que Dios vio a visitarla » (Lc 19,44).

Para la reflexión personal

Jesús califica el poder político como zorro. El poder político de tu país, ¿merece esta calificación?
Jesús trató muchas veces de convertir a la gente de Jerusalén, pero las autoridades religiosas se resistían. Yo, ¿cuántas veces me he resistido?

Oración final

¡Buscad a Yahvé y su poder,
id tras su rostro sin tregua,
recordad todas sus maravillas,
sus prodigios y los juicios de su boca!
(Sal 105,4-5)

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Lectio mié, 26 de oct, 2022

Tiempo Ordinario

Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno, aumenta nuestra fe, esperanza y caridad; y, para conseguir tus promesas, concédenos amar tus preceptos. Por nuestro Señor.

Lectura del Evangelio según Lucas 13,22-30

Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos, mientras se encaminaba a Jerusalén. Alguien le preguntó: «Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?»

Jesús le respondió: «Esfuércense en entrar por la puerta, que es angosta, pues yo les aseguro que muchos tratarán de entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante de la mesa y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y se pondrán a tocar la puerta, diciendo: ‘Señor, ábrenos’. Pero él les responderá: ‘No sé quiénes son ustedes’. Entonces le dirán con insistencia: ‘Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas’. Pero él replicará: ‘Yo les aseguro que no sé quiénes son ustedes. Apártense de mí, todos ustedes los que hacen el mal’. Entonces llorarán ustedes y se desesperarán, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes se vean echados fuera. Vendrán muchos del oriente y del poniente, del norte y del sur, y participarán en el banquete del Reino de Dios.

Pues los que ahora son los últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos».

Reflexión

El evangelio de hoy nos relata un episodio acontecido durante el largo camino de Jesús desde Galilea hasta Jerusalén, cuya descripción ocupa más de una tercera parte del evangelio de Lucas (Lc 9,51 a 19,28).

Lucas 13,22: El camino de Jerusalén. “Atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén.”. Más de una vez Lucas dice que Jesús está de camino hacia Jerusalén. En los diez capítulos que describen el viaje hasta Jerusalén (Lc 9,51 a 19,28), Lucas, constantemente, recuerda que Jesús está de camino hacia Jerusalén (Lc 9,51.53.57; 10,1.38; 11,1; 13,22.33; 14,25; 17,11; 18,31; 18,37; 19,1.11.28). lo que es claro y es definido desde el comienzo el es destino del viaje: Jerusalén, la capital, donde Jesús será condenado a muerte (Lc 9,31.51). Raramente, informa sobre el recorrido y los lugares por donde Jesús pasaba. Sólo al comienzo del viaje (Lc 9,51), en medio (Lc 17,11) y al final (Lc 18,35; 19,1), sabemos algo respecto del lugar por donde Jesús estaba pasando. De este modo, Lucas sugiere la siguiente enseñanza: tenemos que tener claro el objetivo de nuestra vida, y asumirlo decididamente como hizo Jesús. Debemos caminar. No podemos detenernos. Pero no siempre es claro y es definido por dónde pasamos. Lo que es cierto es el objetivo: Jerusalén, donde nos espera el “éxodo” (Lc 9,31), la pasión, la muerte y la resurrección.

Lucas 13,23: La pregunta sobre los pocos que se salvan. A lo largo del camino hacia Jerusalén acontece de todo: informaciones sobre las masacres y los desastres (Lc 13,1-5), parábolas (Lc 13,6-9.18-21), discusiones (Lc 13,10-13) y, en el evangelio de hoy, preguntas de la gente: «Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?» ¡Siempre la misma pregunta alrededor de la salvación!

Lucas 13,24-25: La puerta estrecha. Jesús dice que la puerta es estrecha: » Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán.”. Jesús ¿dijo esto para llenarnos de miedo y obligarnos a observar la ley como enseñaban los fariseos? ¿Qué significa esta puerta estrecha? ¿De qué se trata? En el Sermón de la Montaña Jesús sugiere que la entrada en el Reino tiene ocho puertas. Son las ocho categorías de personas de las bienaventuranzas: (a) pobres de espíritu, (b) mansos, (c) afligidos, (d) hambrientos y sedientos de justicia, (e) misericordiosos, (f) limpios de corazón, (g) constructores da paz y (h) perseguidos por causa de la justicia (Mt 5,3-10). Lucas las reduce a cuatro: (a) pobres, (b) hambrientos, (c) tristes y (d) perseguidos (Lc 6,20-22). Solamente entran en el Reino los que pertenecen a una de estas categorías enumeradas en las bienaventuranzas. Esta es la puerta estrecha. Es la nueva mirada sobre la salvación que Jesús nos comunica. ¡No hay otra puerta! Se trata de la conversión que Jesús nos pide. Insiste en lo siguiente: » Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: `¡Señor, ábrenos!’ Y os responderá: `No sé de dónde sois.”. El tiempo hasta la hora del juicio, es tiempo favorable para la conversión, para cambiar nuestra visión sobre la salvación y entrar en una de estas ocho categorías.

Lucas 13,26-28: El trágico malentendido. Dios responde a los que llaman a la puerta: “No sé de dónde sois”. Pero ellos insisten y argumentan: ¡Hemos comido y bebido contigo y has enseñado en nuestras! No basta haber convivido con Jesús, no basta haber participado en la multiplicación de los panes y haber escuchado sus enseñanzas en las plazas de las ciudades y en los poblados. No basta haber ido a la iglesia y haber participado en las instrucciones del catecismo. Dios responderá: ¡No sé de dónde sois!. Retiraos de mí, todos los malhechores!”. Trágico malentendido y falta total de conversión, de comprensión. Jesús declara injusticia aquello que los demás consideran ser cosa justa y agradable a Dios. Es una visión totalmente nueva sobre la salvación. La puerta es realmente estrecha.

Lucas 13,29-30: La clave que explica el malentendido. “Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. Pues hay últimos que serán primeros y hay primeros que serán últimos.”. Se trata de un gran cambio que se operó con la venida de Dios hasta nosotros en Jesús. La salvación es universal y no sólo del pueblo judío. Todos los pueblos tendrán acceso y podrán pasar por la puerta estrecha.

Para la reflexión personal

Tener el objetivo claro y caminar hacia Jerusalén: ¿mis objetivos son claros o me dejo llevar por el viento del momento?
La puerta es estrecha. ¿Qué idea tengo de Dios, de la vida, de la salvación?

Oración final

Alábente, Yahvé, tus criaturas,
bendígante tus fieles;
cuenten la gloria de tu reinado,
narren tus proezas. (Sal 145,10-11)

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Lectio mar, 25 de oct, 2022

Tiempo Ordinario

Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno, aumenta nuestra fe, esperanza y caridad; y, para conseguir tus promesas, concédenos amar tus preceptos. Por nuestro Señor.

Lectura del santo Evangelio según Lucas 13,18-21

Jesús dijo: “¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo? Se parece a la semilla de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció y se convirtió en un arbusto grande y los pájaros anidaron en sus ramas”.

Y dijo de nuevo: “¿Con qué podré comparar al Reino de Dios? Con la levadura que una mujer mezcla con tres medidas de harina y que hace fermentar toda la masa”.

Reflexión

El contexto. A lo largo del camino que lo conduce a Jerusalén, Jesús estaba rodeado por “miles” de personas (11,29) que se agolpaban en su entorno. El motivo de esta atracción de las multitudes es la Palabra de Jesús. En el cap. 12 aparece la sucesión alterna de los destinatarios de la Palabra: los discípulos (12,1-12), la multitud (vv.13-212), los discípulos (vv.22-53) la multitud (vv.54-59). Sin embargo, en Lc 13,1-35 el tema dominante es el escándalo de la muerte. En la primera parte se habla de la muerte de todos (vv.1-9), mientras que en la segunda se habla de la muerte de Jesús (vv.31-35) y de la muerte ahorrada a los pecadores para que puedan disponerse a la conversión. Pero al lado del tema dominante hay otro: la salvación ofrecida a los hombres. La curación de la mujer encorvada: una hija de Abraham a la que Satanás mantenía atada hacía dieciocho años, es liberada por Jesús. Además, en el corazón de este cap. 13, encontramos dos parábolas que forman una unidad temática: el reino de Dios comparado con el “grano de mostaza” y con la “levadura”.

El Reino de Dios es semejante a una semilla de mostaza. Esta semilla es muy común en Palestina, de modo particular junto al lago de Galilea. Es conocida por su singular pequeñez. En Lc 17,6 Jesús usa esta imagen para expresar su esperanza de que sus discípulos tengan un mínimo de fe: “Si tuviereis fe como un grano de mostaza…”. Esta parábola tan sencilla compara dos momentos de la historia de la semilla: cuando es enterrada (los inicios modestos) y cuando se hace un árbol (el milagro final). Por tanto, la función del relato es explicar el crecimiento extraordinario de una semilla que se entierra en el propio jardín, a lo que sigue un crecimiento asombroso al hacerse un árbol. Al igual que esta semilla, el Reino de Dios tiene también su historia: el Reino de Dios es la semilla enterrada en el jardín, lugar que en el Nuevo Testamento indica el lugar de la agonía y de la sepultura de Jesús (Jn 18,1.26; 19.41); sigue después el momento del crecimiento en el que llega a ser un árbol abierto a todos.

El Reino de Dios es semejante a la levadura. La levadura se esconde en tres medidas de harina. En la cultura hebrea, la levadura era considerada un factor de corrupción, hasta el punto que se eliminaba en las casas para no contaminar la fiesta de Pascua, que justamente empezaba la semana de los ázimos. El uso de este elemento negativo para describir el Reino de Dios era un motivo de perturbación para los oídos de los judíos. Pero el lector percibe su fuerza convincente: es suficiente meter una pequeña cantidad de levadura en tres medidas de harina para conseguir una gran cantidad de pasta. Jesús anuncia que esta levadura, escondida o desaparecida en las tres medidas de harina, después de un tiempo, hace crecer la masa.

Efectos del texto en el lector. ¿Qué nos dicen a nosotros estas dos parábolas? El Reino de Dios, comparado por Jesús a una semilla que se convierte en árbol, nos acerca a la historia de Dios como la historia de su Palabra: está escondida en la historia humana y va creciendo; Lucas piensa en la Palabra de Jesús (el reino de Dios está en medio de vosotros) que ya está creciendo pero que todavía no se ha convertido en árbol. Jesús y el Espíritu Santo están dando soporte a este crecimiento de la palabra. La imagen de la levadura completa el cuadro de la semilla. La levadura es el Evangelio que actúa en el mundo, en la comunidad eclesial y en cada creyente.

Para la reflexión personal

¿Eres consciente de que el Reino de Dios está presente en medio de nosotros y que crece de manera misteriosa difundiéndose en la historia de cada hombre, en la Iglesia?
El Reino es una realidad humilde, escondida, pobre y silenciosa, mezclado con las luchas y placeres de la vida. ¿Has aprendido en las dos parábolas que sólo verás el reino en ti si adoptas una actitud de servicio humilde y de escucha silenciosa?

Oración final

¡Dichosos los que temen a Yahvé y recorren todos sus caminos!
Del trabajo de tus manos comerás,
¡dichoso tú, que todo te irá bien! (Sal 128,1-2)

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Lectio lun, 24 de oct, 2022

Tiempo Ordinario

Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno, aumenta nuestra fe, esperanza y caridad; y, para conseguir tus promesas, concédenos amar tus preceptos. Por nuestro Señor.

Lectura del Evangelio según Lucas 13,10-17

Un sábado, estaba Jesús enseñando en una sinagoga. Había ahí una mujer que llevaba dieciocho años enferma por causa de un espíritu malo. Estaba encorvada y no podía enderezarse. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: “Mujer, quedas libre de tu enfermedad”. Le impuso las manos y, al instante, la mujer se enderezó y empezó a alabar a Dios.

Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiera hecho una curación en sábado, le dijo a la gente: “Hay seis días de la semana en que se puede trabajar; vengan, pues, durante esos días a que los curen y no el sábado”.

Entonces el Señor dijo: “¡Hipócritas! ¿Acaso no desata cada uno de ustedes su buey o su burro del pesebre para llevarlo a abrevar, aunque sea sábado? Y a esta hija de Abraham, a la que Satanás tuvo atada durante dieciocho años, ¿no era bueno desatarla de esa atadura, aun en día de sábado?”

Cuando Jesús dijo esto, sus enemigos quedaron en vergüenza; en cambio, la gente se alegraba de todas las maravillas que él hacía.

Reflexión

El evangelio de hoy describe la curación de la mejor encorvada. Se trata de uno de los muchos episodios que Lucas nos narra, sin mucho orden, al describir el largo camino recorrido por Jesús hacia Jerusalén (Lc 9,51 a 19,28).

Lucas 13,10-11: La situación que provoca la acción de Jesús. Jesús está en la sinagoga en un día de reposo. Cumple con la ley, guardando el sábado y participando en la celebración con su gente. Lucas informa que Jesús estaba enseñando. Había en la sinagoga una mujer encorvada. Lucas dice que un espíritu de flaqueza le impedía asumir una postura recta. En aquel tiempo la gente explicaba así las dolencias. La mujer llevaba dieciocho años en esta situación. No habla, no tiene nombre, no pide la curación, no toma ninguna iniciativa. Su pasividad llama la atención.

Lucas 13,12-13: Jesús cura la mujer. Viendo a la mujer, Jesús la llama e le dice: “¡Mujer, queda libre de tu enfermedad!”. La acción de liberar se realiza por medio de la palabra, dirigida directamente a la mujer, y por el toque de la imposición de las manos. Inmediatamente, se pone de pie y empieza a alabar al Señor. Hay una relación entre el ponerse de pie y dar gloria a Dios. Jesús hace que la mujer se ponga de pie para que pueda alabar a Dios en medio del pueblo reunido en asamblea. La suegra de Pedro, una vez curada, se levanta y se pone a servir (Mc 1,31). ¡Alabar a Dios y servir a los hermanos!

Lucas 13,14: La reacción del jefe de la sinagoga. El jefe de la sinagoga se volvió furioso viendo la acción de Jesús, porque había curado a la mujer un día de sábado: “Hay seis días en que se puede trabajar; venid, pues, esos días a curaros, y no en día de sábado.” . En la crítica del jefe de la sinagoga resuena la palabra de la Ley de Dios que decía: “Acuérdate del día de sábado para santificarlo. Trabaja seis días y, en ellos, haz todas tus faenas. Pero el día séptimo es día de descanso, consagrado a Yahvé, tu Dios. Que nadie trabaje”. (Ex 20,8-10). En esta reacción autoritaria del jefe tenemos una llave para entender por qué motivo la gente estaba tan oprimida y por qué la mujer no podía participar en aquel tiempo. El dominio sobre las conciencias a través de la manipulación de la ley de Dios era muy fuerte. Era ésta la manera en que mantenían a la gente sometida y encorvada.

Lucas 13,15-16: La respuesta de Jesús al jefe de la sinagoga. El jefe condenó a las personas porque quería que observasen la Ley de Dios. Aquello que para el jefe de la sinagoga es observancia de la ley de Dios, para Jesús es hipocresía: «¡Hipócritas!¿No desatáis del pesebre todos vosotros en sábado a vuestro buey o vuestro asno para llevarlos a abrevar? Y a ésta, que es hija de Abrahám, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?” Con este ejemplo sacado de la vida diaria, Jesús muestra la incoherencia de este tipo de observancia de la ley de Dios. Si está permitido desatar un buey en el día de sábado, sólo para darle de beber, mucho más está permitido desatar a una hija de Abrahám para liberarla del poder del mal. El verdadero sentido de la observancia de la Ley que agrada a Dios es éste: liberar a las personas del poder del mal y ponerlas de pie, para que puedan glorificar a Dios y rendirle homenaje. Jesús imita a Dios que endereza a los encorvados (Sal 145,14; 146,8).

Lucas 13,17: La reacción de la gente ante la acción de Jesús. La enseñanza de Jesús deja confusos a sus adversarios, pero la multitud se llena de alegría por las maravillas que Jesús está realizando: “toda la gente se alegraba con las maravillas que hacía”. En la Palestina del tiempo de Jesús, la mujer vivía encorvada, sometida al marido, a los padres y a los jefes religiosos de su pueblo. Esta situación de sumisión estaba justificada por la religión. Pero Jesús no quiere que ella siga encorvada. Desatar y liberar a las personas no tiene un día marcado. Es todos los días, ¡y hasta el día de sábado!

Para la reflexión personal

La situación de la mujer ¿ha cambiado mucho o es la misma que en el tiempo de Jesús? ¿Cuál es la situación de la mujer hoy en la sociedad y en la Iglesia? ¿Hay alguna relación entre religión y opresión de la mujer?

La multitud se alegra con la acción de Jesús. ¿Cuál es la liberación que está aconteciendo hoy y que está llevando a la multitud a alegrarse y a dar gracias a Dios?

Oración final

Feliz quien no sigue consejos de malvados ni anda mezclado con pecadores ni en grupos de necios toma asiento, sino que se recrea en la ley de Yahvé, susurrando su ley día y noche. (Sal 1,1-2)

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Domingo, 23 de oct, 2022

La parábola del fariseo y del publicano
¿Dónde pongo la base de mi seguridad? Lucas 18,1-14

Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

Lectura

Clave de lectura:

El Evangelio de este domingo nos coloca delante la parábola del fariseo y del publicano (Lc 18, 9-14). Nosotros le hemos añadido la parábola de la viuda y del juez (Lc 18,1-8), puesto que ambas forman una pequeña unidad, cuyo objetivo es el de ayudarnos a descubrir cómo debe ser nuestro comportamiento orante ante Dios. Las dos parábolas nos demuestran que Jesús tenía una forma diferente de ver las cosas de la vida y de la oración. Conseguía ver una revelación de Dios allí donde otros veían sólo una ruina. Ve algo positivo en el publicano, de quien todos decían: “¡No sabe rezar!” y en la pobre viuda, de la que la sociedad murmuraba: “Molesta e importuna hasta al juez!”. Jesús vivía de tal modo unido al Padre por medio de la oración, que para Él todo se convertía en una expresión de oración.

Hoy las personas sencillas del pueblo que dicen que no saben rezar, saben hablar con Jesús, expresando su devoción y oración.

Durante la lectura intentemos poner atención a las dos siguientes cuestiones: ¿Cuál es el objetivo y cuáles son los destinatarios de las dos parábolas? ¿Cuáles son las conductas de las personas que aparecen en las parábolas?

Una división del texto para ayudarnos en su lectura:
Lucas 18,1: El objetivo de la primera parábola
Lucas 18,2: Descripción de la conducta del juez
Lucas 18,3: Conducta de la viuda ante el juez
Lucas 18,4-5: Reacción del juez ante la viuda
Lucas 18,6-8: Jesús aplica la parábola
Lucas 18,9: Los destinatarios de la segunda parábola
Lucas 18,10: Introducción al tema de la parábola
Lucas 18,11-12: Describe cómo reza el fariseo
Lucas 18,13: Describe cómo reza el publicano
Lucas 18,14: Jesús da su opinión sobre los dos

Texto:

Jesús dijo esta parábola sobre algunos que s tenían por justos y despreciaban a los demás:
«Dos hombres subieron al templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: ‘Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos y adúlteros; tampoco soy como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todas mis ganancias’.
El publicano, en cambio, se quedó lejos y no se atrevía a levantar los ojos al cielo. Lo único que hacía era golpearse el pecho, diciendo: ‘Dios mío, apiádate de mí, que soy un pecador’.
Pues bien, yo les aseguro que éste bajó a su casa justificado y aquél no; porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido».

Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

¿Cuál es el punto que más te ha gustado de las dos parábolas? ¿Por qué?
¿Cómo es la conducta de la viuda y del juez? ¿Qué llama más tu atención en el comportamiento de cada uno? ¿Por qué?
¿Cómo es el comportamiento del fariseo y del publicano? ¿Qué llama más tu atención en los dos? ¿Por qué?
¿Cuál es la aplicación que Jesús hace de la parábola?
¿Qué nos enseñan estas dos parábolas sobre la oración?

Para aquéllos que quisieran profundizar más en el tema

Contexto de ayer y de hoy:

El contexto del tiempo de Jesús y de Lucas viene expresado en las dos frases introductivas que hablan de la “necesidad de orar siempre, sin cansarse” (Lc 18,1) y de “algunos que presumían de ser justos y despreciaban a otros” (Lc 18,9).

Comentario del texto:

Lucas 18,1: El objetivo de la primera parábola
Lucas comienza esta parábola con la frase: “sobre la necesidad de orar siempre, sin cansarse”. En otros pasajes insiste del mismo modo sobre la perseverancia en la oración y sobre la necesidad de creer que Dios escucha nuestra oración y responde a nuestras peticiones. La fe en Dios que responde a nuestras peticiones es el hilo rojo que atraviesa toda la Biblia, donde, desde el Éxodo se repite incesantemente que “Dios escucha el clamor de su pueblo” (Éx 2,24; 3,7).

Lucas 18,2: Descripción de la conducta del juez
Jesús quiere aclarar para aquéllos que lo escuchan, cómo se comporta Dios ante nuestras oraciones. Para esto, hablando del juez, piensa en Dios Padre que es el término de la comparación que está haciendo. Si no fuese Jesús, nosotros no tendríamos el valor de comparar a Dios con un juez “ que no teme a Dios, y que no le importa nadie”. Esta audaz comparación, hecha por el mismo Jesús, refuerza por un lado la importancia de la perseverancia en la oración y, por otro, la certeza de ser escuchado por Dios Padre.

Lucas 18,3: La conducta de la viuda ante el juez
En la conducta de la viuda ante el juez aparece la condición de los pobres en la sociedad del tiempo de Jesús. Viudas y huérfanos no tenían quién los defendiese y sus derechos no eran respetados. El hecho de que Jesús compare nuestro comportamiento con el de una viuda pobre, sin defensa, que pretende hacer valer sus derechos ante un juez sin conciencia y sin sensibilidad humana, muestra la simpatía de Jesús por las personas pobres que luchan con insistencia por hacer valer sus derechos.

Lucas 18,4-5: Reacción del juez ante la viuda
El juez acaba por ceder ante la insistencia de la viuda. Hace justicia no por amor a la justicia, sino para poder liberarse de la viuda que no se cansa de importunarlo.

Lucas 18,6-8: Jesús hace la aplicación de la parábola
Jesús saca la conclusión: si un juez ateo y deshonesto presta atención a una viuda, que insiste en su demanda, cuanto más Dios Padre oirá a aquellos que le suplican noche y día aunque Él se haga esperar. Este es el punto central de la parábola, confirmado por la pregunta final de Jesús: Pero el Hijo del Hombre, cuando venga, ¿encontrará fe sobre la tierra? O sea, ¿nuestra fe será tan persistente como la de aquella viuda, que soporta sin cansarse, hasta obtener la respuesta de Dios? Porque como dice el Eclesiástico: “¡Es duro soportar la espera de Dios!”

Lucas 18, 9: Los destinatarios de la segunda parábola
Esta segunda parábola del fariseo y del publicano comienza con la siguiente frase: “Dijo aun esta otra parábola por algunos que presumían de ser justos y despreciaban a los otros”. La frase de Lucas se refiere, tanto al tiempo de Jesús como al tiempo de Lucas simultáneamente. Pues en las comunidades de los años ochenta a las que Lucas dirige su Evangelio había personas aferradas a la antigua tradición del judaísmo, que despreciaban a las que venían del paganismo (Cf. Act 15,1-5)

Lucas 18,10: Comienza el tema de la parábola
Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo y el otro publicano. No podía darse un contraste mayor. En la opinión de la gente de aquel tiempo, un publicano no valía nada y no podía dirigirse a Dios, por ser una persona impura, en cuanto publicano, mientras el fariseo era una persona honorable y muy religiosa.

Lucas 18,11-12: Describe cómo reza el fariseo
El fariseo reza en pie y da gracias a Dios por no ser como los otros: ladrones, deshonestos, adúlteros. Su oración no es otra cosa que un elogio para sí mismo y de las cosas que hace: ayuna, paga las décimas. Es una exaltación de sus buenas cualidades y un desprecio para los demás, sobre todo para el publicano que se encuentra junto a él en el mismo banco. No se siente hermano.

Lucas 10, 13: Describe cómo reza el publicano
El publicano no osa levantar la mirada, se golpea el pecho y apenas dice: “¡Dios mío, ten piedad de mí pecador!”. Se ha colocado en supuesto delante de Dios.

Lucas 18, 14: Jesús da su opinión sobre los dos
Si Jesús hubiese pedido a las gentes quién volvió a casa justificado, todos habrían respondido: “¡El fariseo!” Pero Jesús piensa de un modo diferente. Quien vuelve justificado (con buenas relaciones con Dios) no es el fariseo, sino el publicano. De nuevo, Jesús da a todo la vuelta al revés. A muchas personas no le agradará la aplicación que hace de esta parábola.

Ampliando informaciones:
Los primeros cristianos nos presentan una imagen de Jesús orante, que vivía en contacto permanente con el Padre (Jn 5,19). Jesús oraba mucho e insistía para que la gente y sus discípulos orasen. Porque es en el confrontarse con Dios, cuando emerge la verdad y cuando la persona se vuelve a encontrar consigo misma en toda su realidad y humildad.

Las dos parábolas revelan algo de cómo se comportaba Jesús orante ante el Padre. Revelan que ni siquiera para Él ha sido siempre fácil. Como la viuda, debía insistir mucho, como aparece en la oración en el Huerto de los Olivos (Lc 22,41-42). Él insistió mucho hasta la muerte, no desistió, y fue escuchado (Heb 5,7). Las dos parábolas revelan que también su experiencia e intimidad con Dios como Padre que acoge a todos y cuyo amor tiene como marca central la gratuidad. El amor de Dios para con nosotros no depende de lo que hagamos por Él. Él nos ha amado primero. Acoge al publicano.

Lucas el evangelista es quien más nos informa sobre la vida de oración de Jesús. Presenta a Jesús en continua oración. He aquí algunos momentos en los que Jesús aparece en oración en el Evangelio de Lucas:

Cuando tiene doce años, va al templo, a la casa del Padre (Lc 2,46-50)
En el momento de ser bautizado y asumir su misión, reza (Lc 3,21)
Cuando comienza su misión, pasa cuarenta días en el desierto (Lc 4,1-2)
En la hora de la tentación, se enfrenta al diablo con textos de la Escritura (Lc 4,3-12)
Cuando, como es su costumbre, participa en las celebraciones en las sinagogas el sábado (Lc 4,16)
Busca la soledad del desierto para orar (Lc 5,16; 9,18)
Antes de escoger a los doce Apóstoles, pasa la noche en oración (Lc 6,12)
Reza antes de las comidas (Lc 9,16; 24,30)
Antes de hablar de la realidad y de su pasión, reza (Lc 9,18)
En las crisis, sube al Monte para orar y se transfigura mientras reza (Lc 9,28)
Cuando revela el Evangelio a los pequeños dice: “¡Padre yo te doy las gracias!” (Lc 10,21)
Orando, despierta en los apóstoles el deseo de rezar (Lc 11,1)
Reza por Pedro para que sea fuerte en la fe (Lc 22,32)
Celebra la Cena Pascual con sus discípulos (Lc 22,7-14)
En el Huerto de los Olivos, reza, y suda incluso sangre (Lc 22,41-42)
En la angustia de la agonía pide a sus amigos que oren con Él (Lc 22,40-46)
A la hora de ser clavado en la cruz, pide perdón por aquéllos que no saben lo que hacen (Lc 23,34)
En la hora de su muerte, dice : “¡En tus manos entrego mi espíritu!” (Lc 23,46; Sl 31,6)

Esta larga lista indica lo que sigue. Para Jesús, la oración estaba íntimamente ligada a la vida, a los hechos concretos, a las decisiones que debía tomar. Para poder ser fiel al proyecto del Padre, trataba de permanecer a solas con Él. Lo escuchaba. En los momentos difíciles y decisivos de la vida, Jesús rezaba los salmos. Como cualquier judío piadoso, los conocía de memoria. La recitación de los Salmos no apagó su creatividad. Por el contrario, Jesús compuso Él mismo un Salmo que nos ha transmitido. Es el Padre Nuestro. Su vida era una oración permanente: “¡Busco siempre la voluntad de mi Padre!” (In 5,19.30) A Él se le aplica lo que dice el salmo: “¡Yo estoy en oración!” (Sl 109,4)

Oración de un Salmo

Salmo 146(145):
Un Retrato del rostro de Dios
¡Aleluya!¡Alaba, alma mía, a Yahvé!
A Yahvé, mientras viva, alabaré,
mientras exista tañeré para mi Dios.
No pongáis la confianza en los nobles,
en un ser humano, incapaz de salvar;
exhala su aliento, retorna a su barro,
ese mismo día se acaban sus planes.
Feliz quien se apoya en el Dios de Jacob,
quien tiene su esperanza en Yahvé, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en ellos;
que guarda por siempre su lealtad,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
Yahvé libera a los condenados.
Yahvé abre los ojos a los ciegos,
Yahvé endereza a los encorvados,
Yahvé protege al forastero,
sostiene al huérfano y a la viuda.
Yahvé ama a los honrados,
y tuerce el camino del malvado.
Yahvé reina para siempre,
tu Dios, Sión, de edad en edad.

Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

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