Camino de transformación personal

Garrido, J.,

Camino de transformación personal.
Sabiduría cristiana.

San Pablo, Madrid, 2008, 245 pp.

El prólogo arranca con una convicción del autor: «no cabe evangelizar sin acompañar procesos de experiencia religiosa». Cuando Dios se autocomunica, lo hace en nuestra carne, y mediante el Espíritu Santo. Después del prólogo el autor presenta unas pautas que hay que tener en cuenta y nunca se deben olvidar.

El subtítulo «sabiduría cristiana» señala las raíces de identidad en el camino espiritual. El libro tiene cuatro partes y una conclusión larga, de 15 páginas. La primera parte (iniciación) nos habla de Ponerse en marcha, Historia vivida, Dar paso a Dios, Vivir en proceso. La segunda (fundamentación), toca los temas: Nuevo nivel de conciencia, Confianza fundante, Pecado y gracia, Obediencia de amor, Vida teologal. La tercera (seguimiento), reflexiona sobre El Reino en Galilea, Pasión y muerte, Resurrección y misión.

La conclusión finaliza con el tema de Permanecer en Jesús. Todo creyente está llamado a tener una vida plena, permaneciendo unido a Jesús. «Quien no se atreve a pedir y desear el permanecer en Jesús es que tiene a Dios en poco». Éstas son las últimas palabras con las que termina el libro.

Este libro, nos dice Javier, no es para ser leído, sino para ser trabajado; el mismo autor nos indica cómo usar este libro. Esta obra está pensada para cristianos adultos que sienten la necesidad de liberarse de una fe ideológica y han de hacer un camino altamente personal. y también para «buscadores» que han intuido la verdad de Jesús y su Evangelio para fundamentar el sentido de la existencia. Se inspira en el modelo de personalización, que ha caracterizado la pastoral del autor desde hace tiempo. Respetar las fases del proceso de transformación (iniciación, fundamentación y seguimiento) es requisito esencial para que la vida cristiana integre los presupuestos humanos y la acción de la Gracia.

Javier Garrido, franciscano, realizó sus estudios superiores en Friburgo (Suiza). Su vida la ha dedicado a la pastoral de adultos seglares, ha alternado su reflexión sobre la vida franciscana con la reflexión sobre la experiencia cristiana, la cultura actual y las ciencias humanas.

– Eusebio Gómez Navarro.

Sobre todo, el amor

Ratzinger, J. Benedicto XVI,

Sobre todo, el amor.
Confiarse a Dios, confiar en la vida

Sal Terrae, Santander, 2008, 166 pp.

El amor es lo más importante y es lo único que se debería enseñar. Sólo hay un pecado: el no amar. «Ante todo, tened entre vosotros intenso amor, pues el amor cubre multitud de pecados» (1P 4, 8). Todos estamos bien seguros de que sin amor la humanidad acabará por destruirse. Ya lo dijo el poeta W. H. Auden, «Tenemos que amarnos los unos a los otros o morir». «Estoy convencido, decía Dostoievski, de que el único infierno que existe es la incapacidad para el amor». El cielo está donde hay amor, «el infierno es no amar ya» (Georges Bernanos). «El amor es cosa buena, porque dobla la alegría y parte entre dos la pena» (Copla popular española).

El amor es todo en la vida: fuerza, motor, vida… En las primeras intervenciones de Benedicto XVI afirmaba estas ideas fundamentales: «Lo que redime no es el poder, sino el amor». «Si el mundo se salva será por quienes se entregan generosamente al servicio de los demás». «El amor es el que impulsa a la persona al servicio de la verdad, a la justicia y al bien».

Dios es amor, así nos lo ha recordado el Papa en su primera encíclica. De esta experiencia han vivido los seres humanos. De esta absoluta verdad está convencido san Bernardo cuando exclama: «Dios es Amor y nada creado puede colmar a la criatura hecha a imagen de Dios, sino Dios Amor, solo Él es mas grande que cualquier criatura».

«Nosotros hemos creído en el amor» (1 Jn 4,16). Esto es lo que define a los cristianos, lo que constituye el núcleo más íntimo de la experiencia cristiana. Y merece la pena ponerlo de relieve precisamente hoy, en un momento en que el cristianismo aparece a los ojos de muchos como una pura doctrina moral o una mera visión del mundo entre otras muchas opciones. Dios no es un principio abstracto ni un producto de nuestro pensamiento o de nuestra orientación política. La llamada que Dios nos hace es, sobre todo, una llamada al amor, y ser cristiano es responder a Su amor.

«En el abismo de la noche más oscura», el discurso pronunciado en la visita al campo de concentración de Auschwitz…: «En un lugar como éste se queda uno sin palabras; en el fondo, sólo se puede guardar un silencio de estupor, un silencio que es un grito interior dirigido a Dios: ¿Por qué, Señor, callaste? ¿Por qué toleraste todo esto?». un grito dirigido a Dios y, por tanto, un acto de esperanza, de confianza y de resistencia contra el abismo y su oscuridad» (Prólogo).

Este libro consta de siete capítulos: Prólogo 1. Dios es amor 2. El amor es comprensivo 3. El amor es bondadoso 4. Todo lo excusa 5. Todo lo espera 6. Todo lo soporta 7. El amor no pasa nunca Fuentes.

Benedicto XVI no necesita presentación. Es bien conocida su persona y su obra. «Al elegir Papa a Joseph Ratzinger, la iglesia católica ha puesto de manifiesto su vitalidad histórica y su muy probada sabiduría; no ha elegido a un rancio conservador, sino a un testigo de nuestra dramática época, uno de los actores del inesperado reencuentro entre la cultura laica y cristiana» (Ernesto Galli Della Loggia). La sabiduría y el testimonio de este Papa, son un faro de luz para nuestro mundo en crisis. Él conoce el corazón del ser humano y sabe que la sed de Dios permanece y se expresa de muchas maneras a nuestro alrededor.

– Eusebio Gómez Navarro

Lecturas y maestros de santa Teresa

Pablo Maroto, D. de,

Lecturas y maestros de santa Teresa

 Madrid, Editorial de Espiritualidad, 2009, 300 pp.

Mucho se está escribiendo sobre santa Teresa en estos últimos años. Ahora bien, no todo lo que se publica merece la pena, y mucho de ello no aporta prácticamente nada al quedarse en esos reinos de lo facilón, de lo espiritualista, de lo psicológico o sociosicológico sin nada que ver con santa Teresa y con planteamientos anacrónicos que incluso la desfiguran. Por eso, es de agradecer este libro que tiene una base muy seria de investigación, bien escrito (quiero decir que es muy claro) y que se enfrenta con un tema de evidente interés teresiano: el conocimiento del proceso de formación de Teresa, sus maestros, sus lecturas, en los diversos tiempos de su vida, de su experiencia espiritual, de los compromisos eclesiales de su obra.

Se disponía de estudios de muy diversa índole sobre la relación de la madre Teresa con maestros, consejeros, confesores de las principales órdenes religiosas, o con corrientes espirituales llegadas de lejos y difíciles, en ocasiones, de detectar. Se necesitaba, no obstante, una visión conjunta de todos ellos, o de los más decisivos, y esta demanda se ve satisfecha, hay que decir desde el principio que con competencia, con este libro de Daniel de Pablo Maroto.

Es posible que algunos hayan leído buena parte de sus contenidos, publicados por entregas, a lo largo de los últimos nueve años, en la revista Teresa de Jesús. El autor ha recogido aquellos artículos, los ha estructurado temática y cronológicamente, ha actualizado alguna citación, introducido leves aditamentos, más que cambios, en alguna ocasión, y así, con una introducción oportuna, ha elaborado este libro.

Es posible también que alguien, a la vista del título, piense solo en personas o en libros y lecturas. De ellos tratan estas páginas. Pero no sólo de ellos, puesto que en la formación y en la sensibilidad de Teresa actuaron también otras mediaciones como, por ejemplo, los ambientes en que vivió y que observó con su capacidad bien probada de asimilación. De hecho, el libro se abre con las presencias e influencias del ambiente familiar, con las enseñanzas de los padres, las lecturas de la infancia y de la adolescencia, el ambiente agustino de Santa María de Gracia personificado en una maestra decisiva, en doña María Briceño.

El apartado segundo, con un título poco expresivo, expone el magisterio de la Sagrada Escritura en Teresa de Jesús; lo que significó y fue el maestro interior, «el libro vivo», en una espiritualidad tan cristocéntrica como la suya; el recurso a María, como modelo espiritual de una mujer (con todo lo que implicaba este modelo contra el rechazo generalizado de la experiencia espiritual en las mujeres), o como madre de su orden, la del Carmelo. Como ejemplares también se propone a los santos de los que era tan devota quien, como Teresa, participó plenamente de la religiosidad popular, lo cual lleva a Maroto a incluir (y es un acierto el hacerlo) al demonio como maestro de quien fuera tan experta en el arte de espantarlo. Pero queremos insistir en otro magisterio tan cordial para ella y que capta el autor de libro a la perfección, el de san José: «quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este glorioso santo por maestro y no errará en el camino».

En el sector que engloba bajo el título de la tradición presenta a san Pablo, a los personajes bíblicos y evangélicos (mujeres y hombres), algunos tan expresivos para ella como la Samaritana o Marta y María, Elías y Eliseo. Y se detiene en los padres de la Iglesia que tanto la impresionaron y enseñaron también: Jerónimo, Agustín, San Gregorio Magno. En continuidad con lo anterior dibuja las lecturas de la literatura medieval que tuvieron tanto éxito, corriendo manuscritas o después, con velocidad inaudita, cuando la imprenta se apoderó de la «Vita Christi» Cartujano, la «Leyenda dorada» o «Flos sanctorum», y la Imitación de Cristo o, mejor dicho, «El contemptus mundi» que es como se llamaba entonces, como lo leyó y lo recomienda la madre Teresa.

La parte más amplia es la que se dedica a los maestros de las diversas órdenes religiosas (escuelas las llama el autor). Se corresponde con la realidad social del clero, más activo en este sentido de dirección y control de conciencias el regular que el secular. En relación con Teresa, llama la atención que entre tanto confesor como desfila por sus relaciones, por su vida, en el momento crítico de la Encarnación Gaspar Daza (y su amigo seglar Salcedo), es decir, los consejeros de Ávila, anden tan desatinados; y, en segundo lugar, que no aparezca ningún carmelita pese a la cercanía física de ambos conventos. Y sin embargo, la orden del Carmen fue un ámbito fecundo que compensó la carencia de los frailes. La ausencia se compensaría con la intensidad de los maestros (y alumnos) descalzos fray Juan de la Cruz y Gracián. Se detiene en los maestros y confesores de las escuelas u órdenes clásicas que la ayudaron en su camino, en su experiencia espiritual y con su magisterio: los dominicos, como los libros —que recomendaba— de Granada, los padres Ibáñez, Báñez, el más entrañable García de Toledo; los franciscanos, con libros que la animaron y con los que estaba de acuerdo o en desacuerdo (Osuna, Laredo, el venerado fray Pedro de Alcántara, etc.); los jesuitas, gracias a los cuales se liberó de consejos errados y pudo vivir y proclamar su cristocentrismo radical. En cuanto a los jesuitas, Cetina, Prádanos, Francisco de Borja, eran más modernos, tenían otros métodos que iban más con Teresa, que a su vez influyó en algunos de ellos (Baltasar Álvarez). Dentro de la escuela ignaciana incluye al Maestro Juan de Ávila, cuya carta sobre el espíritu de la Madre se valora, creo, más de lo debido ya que, bien leída, resulta bastante cicatera y prevenida. No tan presentes estuvieron los agustinos si bien, después, y sin que la conociera personalmente, con la Madre Teresa, con sus hijas y sus libros, se entusiasmaría fray Luis de León.

Como colofón casi, en la última parte va presentando los elementos naturales que tanto juego le dieron en sus imágenes, en sus metáforas, en su lenguaje. Y cierra todo con breves trazos en torno a los amigos. Entre tantos amigos y amigas a los que alude (una legión que pide otro libro), entre las amistades femeninas sólo se detiene en la tan eficaz y cordial doña Guiomar de Ulloa, en cuya casa aprendió de consejeros tan eximios, y en doña Luisa de la Cerda, gracias a la cual tomó decisiones convenientes para el estilo de vida de sus conventos y en cuyas mansiones se afianzó su postura social de rechazo de las aristocracias honrosas («aborrecí el desear ser señora»).

Hay que notar que la biografía de estos personajes suele cerrarse con el dibujo que de ellos traza la madre Teresa, y huelga advertir que algunos de estos retratos, como es bien sabido, son, sencillamente, magistrales.

Daniel de Pablo Maroto ha optado por publicar estos materiales, con unidad perfecta, tal y como aparecieron en la revista Teresa de Jesús (algunos hace nueve años). No hubiera estado de más alguna actualización, no tanto en el cuerpo de los capítulos cuanto en la bibliografía. Alguna, mínima, reiteración (por ejemplo cuando habla del padre Prádanos y de la amiga, de ambos, doña Guiomar) es comprensible al tratarse de artículos de revista inicialmente.

Es un libro, en definitiva, muy actual, serio y, además, muy legible puesto que está escrito con naturalidad y muy bien fundado como obra que es de uno de los más cualificados teresianistas. Me parece muy oportuno y una buena ayuda para una lectura integral e inteligente de santa Teresa en estos años previos al centenario de su nacimiento.

– Teófanes Egido

Nuño de santa María, Carmelita

López Melús, R. M.,

Nuño de santa María, Carmelita.
Un santo de ayer con un mensaje para hoy

AMACAR, Onda, 2009, 214 pp.

El 26 de abril de este año 2009 el santo Padre Benedicto XVI ha proclamado santo al Beato Nuño de Santa María, carmelita. un santo de ayer con un mensaje para hoy es lo que ha resaltado el P. Rafael María López Melús en este libro que ha sido publicado en vistas a esta canonización con el fin de dar a conocer la actualidad de un Carmelita del siglo XV que tiene una palabra de que decir a los Carmelitas del siglo XXI. Así lo ha presentado el P. Fernando Millán Romeral, General de la Orden del Carmen, en este libro, resaltando de la vida del nuevo santo su amor, casi romántico y caballeresco, por la vida cristiana en toda su plenitud. Amor que se ha hecho visible en la vida de san Nuño en su honda piedad eucarística, en la devoción tierna y filial hacia la Virgen María que plasmó de mil maneras y que será la que le llevará a ingresar el 15 de agosto de 1422 como hermano «donado» en la Orden del Carmen en la ciudad de Lisboa y en su verdadera humildad del héroe de Portugal y Condestable que ha pasado a ser el hermano donado que realiza los trabajos más humildes y sencillos del convento.

Esta es la vida sencilla de un gran santo que apenas es conocido fuera de su Orden y que con sencillez nos quiere presentar el P. Melus en este libro. La lectura del mismo es sencilla, aunque tenga un leguaje de hace unos cincuenta años, no por ello tiene desperdicio el contenido del mismo. Podemos encontrar interesantes noticias históricas digna de admiración y algunos ejemplos de vida cristiana y carmelitana que pueden ayudar al lector y lectora a imitar la vida de un santo que de Condestable pasó a ser el último de su comunidad religiosa.

– Celedonio Martínez Daimiel