Lectio lun, 21 dic 2020

Lucas 1,39-45

Cuarta semana de Adviento

Oración inicial

Escucha, Señor, la oración de tu pueblo, alegre por la venida de tu Hijo en carne mortal, y haz que cuando vuelva en su gloria, al final de los tiempos, podamos alegrarnos de escuchar de sus labios la invitación a poseer el reino eterno. Por nuestro Señor.

Lectura

Del santo Evangelio según Lucas 1,39-45

En aquellos días, se puso en camino María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, Isabel quedó llena de Espíritu Santo y exclamó a gritos: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que venga a verme la madre de mi Señor? Porque apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!»

Reflexión

  • Lucas acentúa la prontitud de María en servir, en ser sierva. El ángel habla del embarazo de Isabel e, inmediatamente María se dirige de prisa a su casa para ayudarla. De Nazaret hasta la casa de Isabel hay una distancia de más de 100 Km., cuatro días de viaje, ¡como mínimo! No había ni bus, ni tren. María empieza a servir y a cumplir su misión a favor del pueblo de Dios.
  • Isabel representa el Antiguo Testamento que estaba terminando. María representa el Nuevo que está empezando. El Antiguo Testamento acoge el Nuevo con gratitud y confianza, reconociendo en ello el don gratuito de Dios que viene a realizar y a completar la expectativa de la gente. En el encuentro de las dos mujeres se manifiesta el don del Espíritu. La criatura salta de alegría en el seno de Isabel. Esta es la lectura de fe que Isabel hace de las cosas de la vida.
  • La Buena Nueva de Dios revela su presencia en las cosas más comunes de la vida humana: dos mujeres se visitan para ayudarse mutuamente. Visita, alegría, embarazo, niños, ayuda mutua, casa, familia: en esto Lucas quiere que las comunidades y todos nosotros percibamos y descubramos la presencia de Dios.
  • Isabel dice a María: “¡Bendita eres tú entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!” Hasta hoy, estas palabras forman parte del salmo más conocido y más rezado en el mundo entero, que es el Dios te salve María.
  • «¡Dichosa por haber creído que de cualquier manera se cumplirán las promesas del Señor!”. Es el elogio de Isabel a María y lo que recuerda Lucas a las comunidades: creer en la Palabra de Dios, pues la Palabra de Dios tiene la fuerza para realizar todo aquello que nos dice. Es Palabra creadora. Engendra vida en el seno de la virgen, en el seno de la gente pobre que la acoge con fe.
  • María e Isabel se conocían ya. Y sin embargo, en este encuentro, descubren, la una en la otra, un misterio que aún no conocían y que las llenó de mucha alegría. Hoy también encontramos a personas que nos sorprenden con la sabiduría que poseen y con el testimonio de fe que nos dan.
  • ¿Te ha sucedido algo parecido? ¿Has encontrado a personas que te han sorprendido? ¿Qué me impide descubrir y vivir la alegría de la presencia de Dios en nuestra vida?
  • La actitud de María ante la Palabra expresa el ideal que Lucas quiere comunicar a las Comunidades: no encerrarse en ellas mismas, sino salir de casa, estar atentas a las necesidades concretas de las personas, y tratar de ayudar a los demás en la medida de las necesidades.

Para la reflexión personal

  • Colocándome en la posición de María e Isabel: ¿soy capaz de percibir y experimentar la presencia de Dios en las cosas sencillas y comunes de la vida de cada día?
  • El elogio de Isabel a María: “¡Has creído!” Su marido tuvo problema en creer lo que el ángel le decía. ¿Y yo?

Oración final

Esperamos anhelantes a Yahvé, él es nuestra ayuda y nuestro escudo; en él nos alegramos de corazón y en su santo nombre confiamos. (Sal 33,20-21)

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Lectio Dom, 20 dic 2020

Lucas 1,26-38

Cuarta semana de Adviento

Oración inicial

¡Oh Dios!, que has preparado bienes inefables para los que te aman; infunde tu amor en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas, consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor.

Lectura del Evangelio

Del Evangelio de Lucas 1,26-38

Al sexto mes envió Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y, entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se conturbó por estas palabras y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande, se le llamará Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y se le llamará Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez y este es ya el sexto mes de la que se decía que era estéril, porque no hay nada imposible para Dios.» Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel, dejándola, se fue.

Reflexión

  • Hoy es la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. El texto que meditamos en el evangelio describe la visita del ángel a María (Lc 1,26-38). La Palabra de Dios llega a María no a través de un texto bíblico, sino a través de una experiencia profunda de Dios, manifestada en la visita del ángel. Así también acontece con la visita de ángel. En el AT, muchas veces, el ángel de Dios es Dios mismo. Fue gracias a rumiar la Palabra escrita de Dios en la Biblia, que María fue capaz de percibir la Palabra viva de Dios en la visita del Ángel. Así también acontece con la visita de Dios en nuestras vidas. Las visitas de Dios son frecuentes. Pero porque no rumiamos la Palabra escrita de Dios en la Biblia, no percibimos la visita de Dios en nuestras vidas. La visita de Dios es tan presente y tan continua que, muchas veces, no la percibimos y por ello perdemos una gran oportunidad de vivir en paz y en alegría.
  • Lucas 1,26-27: La Palabra entra en la vida. Lucas presenta a las personas y los lugares: una virgen llamada María, prometida a un hombre, llamado José, de la casa de David. Nazaret, una pequeña ciudad en Galilea. Galilea era periferia. El centro era Judea y Jerusalén. El ángel Gabriel es el enviado de Dios para esta virgen que moraba en la periferia. El nombre Gabriel significa Dios es fuerte. El nombre María significa amada por Yavé o Yavé es mi Señor. La historia de la visita de Dios a María comienza con una expresión: “En el sexto mes”. Se trata del “sexto mes” de embarazo de Isabel, parienta de María, una mujer ya avanzada en edad, precisando ayuda. La necesidad concreta de Isabel es el trasfondo de todo este episodio. Se encuentra al comienzo (Lc 1,26) y al final (Lc 1,36.39).
  • Lucas 1,28-29: La reacción de María. Fue en el Templo que el ángel apareció a Zacarías. A María le aparece en su casa. La Palabra de Dios alcanza a María en el ambiente de vida de cada día. El ángel dice: “¡Alégrate! ¡Llena de gracia! ¡El Señor está contigo!” Palabras semejantes ya habían sido dichas a Moisés (Ex 3,12), a Jeremías (Jr 1,8), a Jedeón (Jz 6,12), a Ruth (Rt 2,4) y a muchos otros. Abren el horizonte para la misión que estas personas del Antiguo Testamento debían realizar al servicio del pueblo de Dios. Intrigada con el saludo, María trata de conocer el significado. Es realista, usa la cabeza. Quiere entender. No acepta cualquier aparición o inspiración.
  • Lucas 1,30-33: La explicación del ángel. “No temas, María!” Este es siempre el primer saludo de Dios al ser humano: ¡No temas! Enseguida, el ángel recuerda las grandes promesas del pasado que se realizarán a través del hijo que va a nacer en María. Ese hijo debe recibir el nombre de Jesús. Será llamado Hijo del Altísimo, y en él se realizará, finalmente, el Reino de Dios prometido a David, que todos estaban esperando ansiosamente. Esta es la explicación que el ángel da a María para que no quede asustada.
  • Lucas 1,34: Nueva pregunta de María. María tiene conciencia de la misión importante que está recibiendo, pero permanece realista. No se deja embalar por la grandeza de la oferta y mira su condición: “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?” Ella analiza la oferta a partir de los criterios que nosotros, los seres humanos, tenemos a nuestra disposición. Pues, humanamente hablando, no era posible que aquella oferta de la Palabra de Dios se realizara en aquel momento.
  • Lucas 1,35-37: Nueva explicación del ángel. «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y se le llamará Hijo de Dios”. El Espíritu Santo, presente en la Palabra de Dios desde el día de la Creación (Génesis 1,2), consigue realizar cosas que parecen imposibles. Por esto, el Santo que va a nacer de María, será llamado Hijo de Dios. Cuando hoy la Palabra de Dios es acogida por los pobres sin estudio, algo nuevo acontece ¡por la fuerza del Espíritu Santo! Algo tan nuevo y tan sorprendente como que un hijo nace de una virgen o como que un hijo nace a Isabel, una mujer avanzada en edad, de la que todo el mundo decía que no podía tener hijos. Y el ángel añade: “Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez y este es ya el sexto mes”.
  • Lucas 1,38: La entrega de María. La respuesta del ángel aclara todo para María. Ella se entrega a lo que Dios le está pidiendo: “He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu Palabra”. Maria usa para sí el título de Sierva, empleada del Señor. El título viene de Isaías, quien presenta la misión del pueblo no como un privilegio, sino como un servicio a los otros pueblos (Is 42,1-9; 49,3-6). Más tarde, Jesús, el hijo que estaba siendo engendrado en aquel momento, definirá su misión: “¡No he venido para ser servido, sino para servir!” (Mt 20,28). ¡Aprendió de su Madre!
  • Lucas 1,39: La forma que María encuentra para servir. La Palabra de Dios llega y hace con que María se olvide de sí para servir a los demás. Ella deja el lugar donde estaba y va hacia Judea, a más de cuatro días de camino, para ayudar a su prima Isabel. María empieza a servir y a cumplir su misión a favor del pueblo de Dios.

Para la reflexión personal

  • ¿Cómo percibes la visita de Dios en tu vida? ¿Has sido visitado/a alguna vez? ¿Fuiste ya una visita de Dios en la vida de los otros, sobre todo de los pobres? ¿Cómo este texto te ayuda a descubrir las visitas de Dios en tu vida?
  • La Palabra de Dios se encarnó en María. ¿Cómo la Palabra de Dios está tomando carne en mi vida personal y en la vida de la comunidad?

Oración final

¡Den gracias a Yahvé por su amor,
por sus prodigios en favor de los hombres! Pues calmó la garganta sedienta,
y a los hambrientos colmó de bienes. (Sal 107,8-9)

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Lectio sáb, 19 dic 2020

Lucas 1,5-25

Tercera semana de Adviento

Oración inicial

Dios y Señor nuestro, que en el parto de la Virgen María has querido revelar al mundo entero el esplendor de tu gloria: asístenos con tu gracia, para que proclamemos con fe integra y celebremos con piedad sincera el misterio admirable de la encarnación de tu Hijo. Que vive y reina ….

Lectura

Del santo Evangelio según Lucas 1,5-25

Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote, llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una mujer descendiente de Aarón, que se llamaba Isabel; los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin tacha en todos los mandamientos y preceptos del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos de avanzada edad.

Sucedió que, mientras oficiaba delante de Dios, en el grupo de su turno, le tocó en suerte, según el uso del servicio sacerdotal, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso. Toda la multitud del pueblo estaba fuera en oración, a la hora del incienso.

Se le apareció el ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verle Zacarías, se sobresaltó, y el temor se apoderó de él. El ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará un hijo, a quien pondrás por nombre Juan; será para ti gozo y alegría y muchos se gozarán en su nacimiento, porque será grande ante el Señor; no beberá vino ni licor; estará lleno de Espíritu Santo ya desde el seno de su madre, y convertirá al Señor su Dios a muchos de los hijos de Israel e irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos y a los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.» Zacarías dijo al ángel: «¿En qué lo conoceré? Porque yo soy viejo y mi mujer de avanzada edad.» El ángel le respondió:

«Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena noticia. Mira, por no haber creído mis palabras, que se cumplirán a su tiempo, vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas.» El pueblo estaba esperando a Zacarías y se extrañaban de que se demorara tanto en el Santuario. Cuando salió no podía hablarles, y comprendieron que había tenido una visión en el Santuario; les hablaba por señas y permaneció mudo.

Una vez cumplidos los días de su servicio se fue a su casa. Días después, concibió su mujer Isabel y estuvo durante cinco meses recluida diciendo: «Esto es lo que ha hecho por mí el Señor en los días en que se dignó quitar mi oprobio entre la gente.»

Reflexión

  • El evangelio de hoy nos habla de la visita del ángel Gabriel a Zacarías (Lc 1,5-25). El evangelio de mañana nos habla de la visita del mismo ángel Gabriel a María (Lc 1,26-38). Lucas coloca las dos visitas la una al lado de la otra, para que nosotros, leyendo los dos textos con atención, percibamos las pequeñas y significativas diferencias entre las dos visitas, entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Trata de descubrir las diferencias entre las visitas del ángel Gabriel a Zacarías y a María por medio de las siguientes preguntas: ¿Dónde aparece el ángel? ¿A quién aparece? ¿Cuál es el anuncio? ¿Cuál es la respuesta? ¿Cuál es la reacción de la persona visitada después e la visita? Etc.
  • El primer mensaje del ángel de Dios a Zacarías es: “¡No temas!” Hasta hoy, Dios sigue causando miedo a mucho gente y hasta hoy el mensaje sigue siendo válido: “¡No temas!” Inmediatamente después, el ángel dice: “¡Tu oración ha sido escuchada!” En la vida, ¡todo es fruto de oración!
  • Zacarías representa el Antiguo Testamento. El cree, pero su fe es débil. Después de la visita, se queda mudo, incapaz de comunicar con los demás. La economía anterior, revelada en Zacarías, estaba en el final de sus capacidades, había agotado sus recursos. La nueva economía de Dios estaba por llegar en María.
  • En el anuncio del ángel aparece la importancia de la misión del niño que va a nacer y cuyo nombre será Juan: “No beberá vino ni licor, y estará lleno de Espíritu Santo ya desde el seno de su madre”, esto es, Juan será una persona enteramente consagrada a Dios y a su misión. “Por él muchos hijos de Israel volverán al Señor su Dios, pues el abrirá el camino al Señor con el espíritu y el poder del profeta Elías para reconciliar a los padres con los hijos. Hará que los rebeldes vuelvan a la sabiduría de los buenos, con el fin de preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.», esto es, en el niño Juan acontecerá el esperado retorno del profeta Elías que vendrá a realizar la reconstrucción de la vida comunitaria: reconciliar a los padres con los hijos y hacer que los rebeldes vuelvan a la sabiduría de los buenos.
  • De hecho, la misión de Juan fue muy importante. Para la gente él era un profeta (Mc 11,32). Muchos años después, en Efeso, Pablo encontró a personas que habían sido bautizadas en el bautismo de Juan (Hch 19,3)
  • Cuando Isabel, siendo ya vieja, concibe y queda embarazada, se escondió por cinco meses. Por el contrario, María en vez de esconderse salió de su casa, para servir.

Para la reflexión personal

  • ¿Qué te llama más la atención en esta visita del ángel Gabriel a Zacarías?
  • Convertir el corazón de los padres hacia los hijos y de los hijos hacia los padres, esto es, reconstruir el tejido de relaciones humanas en la base y rehacer la vida en comunidad. Esta es la misión de Juan. Fue también la misión de Jesús y sigue siendo hoy la misión más importante.
  • ¿Cómo contribuyo en esta misión?

Oración final

Pues tú eres mi esperanza, Señor, mi confianza desde joven, Yahvé. En ti busco apoyo desde el vientre, eres mi fuerza desde el seno materno. (Sal 71,5-6)

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Lectio vie, 18 dic 2020

Mateo 1,18-24

Tercera semana de Adviento

Oración inicial

Concede, Señor, a los que vivimos oprimidos por la antigua esclavitud del pecado, ser liberados por el nuevo y esperado nacimiento de tu Hijo. Que vive y reina ….

Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 1,18-24

El origen de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, que era justo, pero no quería infamarla, resolvió repudiarla en privado. Así lo tenía planeado, cuando el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.» Todo esto sucedió para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta: Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros». Despertado José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer.

Reflexión

  • En el Evangelio de Lucas, la historia de la infancia de Jesús (capítulos 1 y 2 de Lucas) está centrada entorno a la persona de María. Aquí en el Evangelio de Mateo, la infancia de Jesús (capítulos 1 y 2 de Mateo) está centrada alrededor de la persona de Josés, el prometido esposo de María. José era de la descendencia de David. A través de él Jesús pertenece a la raza de David. Así, en Jerusalén, se realizan las promesas hechas por Dios a David y a su descendencia.
  • Como vimos en el evangelio de ayer, en la cuatro mujeres compañeras de María, en la genealogía de Jesús, había algo anormal que no estaba de acuerdo con las normas de la ley: Tamar, Raab, Ruth y Betsabé. El evangelio de hoy nos muestra que también en María había algo anormal, contrario a las leyes de la época. A los ojos del pueblo de Nazaret, ella se preentó embarazada antes de convivir con José. Ni la gente, ni José, su futuro marido, sabían el origen de su embarazo. Si José

hubiese sido justo según la justicia de los escribas y de los fariseos, hubiera tenido que denunciar a María, y la pena para ella hubiera sido la muerte por apedreamiento José era justo, ¡sí!, pero su justicia era diferente. Ya antes é practicaba aquello que Jesús enseñaría más tarde: “Si su justicia no supera la justicia de los escribas y de los fariseos, no entraren en el Reino de los Cielos” (Mt 5,20). Por ello José, sin comprender los hechos, decide despedirla en secreto.

  • En la Biblia, el descubrimiento del llamado de Dios en los hechos acontece de distintas formas. Por ejemplo, rumiando los hechos (Lc 2,19.51), a través de la meditación de la Biblia (At 15,15- 19; 17,2-3), a través de los ángeles (la palabra ángel significa mensajero), che ayudan a descubrir el significado de los hechos (Mt 28,5-7). José llegó a percibir el significado de lo que estaba ocurriendo a María a través de un sueño. En el sueño un ángel se sirvió de la Biblia para aclarar el origen del embarazo de María. Venía de la acción del Espíritu de Dios.
  • Cuando para María todo fue claro, ella exclamó: “ìHe aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra!” Cuando para José todo fue claro, tomó a María como su esposa, y fueron a vivir juntos. Gracias a la justicia de José, María no fue apedreada y Jesús siguió viviendo en su seno.

Para la reflexión personal

  • A los ojos de los escribas, la justicia de José sería una desobediencia. ¿Hay en esto un mensaje para nosotros?
  • ¿Cómo descubre el llamado de la Palabra de Dios en los hechos de tu vida?

Oración final

Pues librará al pobre suplicante, al desdichado y al que nadie ampara; se apiadará del débil y del pobre, salvará la vida de los pobres. (Sal 72.12-13)

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Lectio jue, 17 dic 2020

Mateo 1,1-17

Tercera semana de Adviento

Oración inicial

Dios, creador y restaurador del hombre, que has querido que tu Hijo, Palabra eterna, se encarnase en el seno de María siempre Virgen, escucha nuestras súplicas y que Cristo, tu Unigénito, hecho hombre por nosotros, se digne hacernos partícipes de su condición divina. Por nuestro Señor.

Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 1,1-17

Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán: Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos, Judá engrendró, de Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrón, Esrón engendró a Arán, Arán engendró a Aminadab, Aminadab engrendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rajab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed, Obed engendró a Jesé, Jesé engendró al rey David. David engendró, de la mujer de Urías, a Salomón, Salomón engendró a Roboán, Roboán engendró a Abiá, Abiá engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Jorán, Jorán engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatán, Joatán engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amón, Amón engendró a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando la deportación a Babilonia. Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliaquín, Eliaquín engendró a Azor, Azor engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Ajín, Ajín engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Matán, Matán engendró a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. Así que el total de las generaciones son: desde Abrahán hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

Reflexión

  • La genealogía define la identidad de Jesús. El es el «hijo de David y el hijo de Abrahán” (Mt 1,1; cf 1,17). Como hijo de David, es la respuesta de Dios a las expectativas del pueblo judío (2Sam 7,12-16). Como hijo de Abrahán, es una fuente de bendición para todas las naciones (Gn 12,13). Judíos y paganos ven realizadas sus esperanzas en Jesús.
  • En la sociedad patriarcal de los judíos, las genealogías traían a menudo nombres de hombres. Sorprende el que Mateo coloque a cinco mujeres entre los antenatos de Jesús: Tamar, Raab, Ruth, la mujer de Urías y María. ¿Por qué Mateo escoge precisamente a estas cuatro mujeres como compañeras de María? A ninguna reina, a ninguna matriarca, a ninguna de las mujeres luchadoras del Éxodo: ¿Por qué? Es ésta la pregunta que el Evangelio de Mateo nos deja en la cabeza.
  • En la vida de las cuatro mujeres compañeras de María hay algo anormal. Las cuatro son extranjeras, concebirán a sus hijos fuera de los patrones normales y no cumplirán con las exigencias de las leyes de pureza del tiempo de Jesús. Tamar, una Cananea, viuda, se viste de prostituta para obligar al patriarca Judá a que sea fiel a la ley y a que le dé un hijo (Gn 38,1-30). Raab, una Cananea de Jericó, era una prostituta que ayudó a los Israelitas a entrar en la Tierra Prometida (Js 2,1-21). Ruth, una Moabita, viuda y pobre, optó por quedarse al lado de Noemí y adherir al Pueblo de Dios (Rt 1,16-18). Tomó la iniciativa de imitar a Tamar y de pasar la noche en la era, junto con Booz, obligándolo a observar la ley y a darle un hijo. De la relación entre los dos nació Obed, el abuelo del rey David (Rt 3,1-15; 4,13-17). Betsabé, una Hitita, mujer de Urías, fue seducida, violentada y quedó embarazada por el rey David, quien, además mandó matar a su marido (2Sm 11,1-27). La forma de actuar de estas cuatro mujeres estaba en desacuerdo con las normas tradicionales. Y sin embargo fueron estas iniciativas poco convencionales las que dieron continuidad al linaje de Jesús y trajeron la salvación de Dios a todo el pueblo. Todo esto nos hace pensar y nos cuestiona cuando damos demasiado valor a la rigidez de las normas.
  • El cálculo de 3 x 14 generaciones (Mt 1,17) tiene un significado simbólico. Tres es el número de la divinidad. Catorce es el doble de siete. Siete es el número de la perfección. Por medio de este simbolismo, Mateo expresa la convicción de los primeros cristianos según la cual Jesús aparece en el tiempo establecido por Dios. Con su llegada la historia llega a su plenitud.

Para la reflexión personal

  • ¿Cuál es el mensaje que tú descubres en la genealogía de Jesús? ¿Has encontrado una respuesta a la pregunta que Mateo nos deja en la cabeza?
  • Las compañeras de María, la madre de Jesús, son bien distintas de como nos la imaginábamos.
  • ¿Cuál es la conclusión que tú sacas para tu devoción por Nuestra Señora?

Oración final

¡Que su fama sea perpetua, que dure tanto como el sol!
¡Que sirva de bendición a las naciones, y todas lo proclamen dichoso! (Sal 72,17)

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Lectio mie, 16 dic 2020

San Lucas 7,18b-23

Tercera semana de Adviento

Oración

Concédenos, Dios todopoderoso, que la fiesta ya cercana del nacimiento de tu Hijo nos conforte en esta vida y nos obtenga la recompensa eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.

Lectura

Evangelio según San Lucas 7,18b-23

En aquel tiempo, Juan envió a dos de sus discípulos a preguntar al Señor: «¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?» Los hombres se presentaron a Jesús y le dijeron: «Juan, el Bautista, nos ha mandado a preguntarte: «¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?»». Y en aquella ocasión Jesús curó a muchos de enfermedades, achaques y malos espíritus, y a muchos ciegos les otorgó la vista.

Después contestó a los enviados: «Id a anunciar a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Y dichoso el que no se escandalice de mí».

Reflexión

Se trata de un texto común para Mateo y Lucas, en este último ubicado entre el relato del milagro de la resurrección del hijo de la viuda de Naín (pasaje propio de Lucas) y el elogio que Jesús hace de Juan Bautista. Es en este contexto que se nos sugiere una especie de paso entre la imagen de Jesús que sana, incluso de la muerte, y la invitación a la conversión, hecha por Jesús mismo en los tres pasajes sucesivos: poner en plena luz la figura de Juan, juzgar a su generación y acoger el gesto de la pecadora en casa del fariseo. Este texto también se puede leer a la luz de un contexto más remoto: en todo el recorrido del Bautista y en la experiencia profética de Israel que espera y hace experiencia del Dios que escucha y visita.

Los discípulos de Juan tienen aquí un rol de primer plano; son ellos los que abren y cierran el pasaje; son ellos los que crean el vínculo comunicativo entre su maestro, detenido en la prisión de Herodes (cfr. Lc 3,19-20), y Jesús. Ellos informan al Bautista y dos de ellos son mandados de parte suya con una pregunta directa para el maestro de Nazaret: dos veces Lucas nos pone delante esta cuestión de capital importancia. Y la pregunta se enfoca en la espera. Juan sabe que alguien debe venir. El problema es entender si ese alguien es Jesús o si se necesita esperar a otro. El hecho que Juan mande a preguntarle explícitamente esto a Jesús, significa que él confía en él. Talvez él puede haber estado algo equivocado sobre el cumplimiento del balance judicial vinculado a la imagen bíblica del “día del Señor”, tema que se encuentra en el trasfondo de toda su predicación (cfr. Lc 3,7ss).

Es como si la narración aquí sufriese un salto: la pregunta parece que permanece como suspendida y, con la probabilidad de un evento instantáneo, se mencionan todas las obras de sanación realizadas por Jesús a favor de “muchos”. Como obra final se menciona el don de la vista a los ciegos. Y después de las obras, las palabras de respuesta. “Id”, dice Jesús a los discípulos de Juan: es una misión, respecto a aquél que ya había –con sus medios y sus perspectivas- evangelizado (cfr. Lc 3,18). Pero ahora la buena noticia está completa y realizada porque las obras que Jesús hace son justamente aquéllas mencionadas por los profetas (es como una “lectio” de varios pasajes del profeta Isaías; con la diferencia que esta vez la vista a los ciegos es la primera de las obras mencionadas). Un mensaje inequívoco para un hombre como Juan, sobre quien la Palabra de Dios había venido (cfr. Lc 3,2). Y, al final, el anuncio de una bienaventuranza que puede sonar extraña, porque aparece en forma negativa: bienaventurado el que no encuentra en Jesús ocasión de tropiezo, de obstáculo en el camino de la fe. ¿Cómo comprender esto? De hecho es una bienaventuranza que va más allá del mensaje para el Bautista, y que se dirige al que escucha la Palabra.

Meditatio

El contexto ya nos ha sugerido la circularidad entre la gracia y el compromiso, entre la iniciativa de Dios en Cristo y la necesaria correspondencia del hombre. Dios ama y llama en primer lugar, pero pide el asentimiento libre y responsable; este asentimiento es posible en cuanto Dios ama en primer lugar.

El hecho que entren en juego algunos discípulos demuestra que la pregunta de Juan es de interés no sólo en este momento, sino también de interés para la “descendencia espiritual” de los movimientos cuyo exponente es Juan. Ya al inicio del ministerio público de Jesús dos discípulos del Bautista se convierten en sus discípulos (cfr. Jn 1,37) e incluso Pablo, años después, encontrará individuos que habían recibido el bautismo de Juan (cfr. Act 19,1-7).

En el centro del pasaje esté el tema de la espera realizada, pero según el proyecto de Dios, anunciado por los profetas de Israel según coordinadas que no son simples.

También la palabra de Jesús no hace descuentos y saber ser severa, pero el Dios que ama en primer lugar ha ofrecido en su Hijo un espacio inédito de acercamiento y misericordia. Una posibilidad de acoger con fe, como nos sugiere la prioridad dada en la ceguera sanada.

Y es justamente la fe que conduce a la bienaventuranza. Aquella fe proclamada por Jesús al final del pasaje se comprende solamente si se considera que el peso de la responsabilidad está de parte del observador, allí donde hay el riesgo de producir el escándalo; se necesita entonces deponer la mirada inquisidora, que proyecta las pretensiones humanas o los propios prejuicios, para abrirse con libertad y simplicidad a lo que Dios en Jesús está realizando. Es la lógica del Reino de Dios, que supera también la heroica coherencia de Juan (cfr. Lc 7,28).

Nos preguntamos:

  • ¿Vivimos a la escucha de la Palabra como dinámica de conversión?
  • ¿Sabemos acoger los signos de la presencia operante de Jesús también en nuestros tempo?
  • ¿Sabemos confiarnos al Evangelio de manera activa, como verdaderos discípulos?

Oratio

Danos, Señor, ojos para ver y oídos para escuchar.
Danos, Señor, el coraje de buscar siempre tu verdad y de pedirte su revelación en la oración.
Danos, Señor, el saber caminar con todos, con quien ha comprendido más de cerca tu proyecto, con quien aún le cuesta ver tu cercanía.

Contemplatio

El pasaje evangélico nos invita a reconocer el estilo de Jesús: paciente, acogedor, iluminador. La escucha de la Palabra requiere de una visión inclusiva de lo que ha sido revelado, sin absolutizaciones: en cada caso la Escritura viene plenamente iluminada en Jesús.

Nos invita además a saber leer la acción de Dios en el mundo; lo que puede ser extendido a los “signos de los tiempos”.

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Lectio mar, 15 dic 2020

Mateo 21,28-32

Tercera semana de Adviento

Oración

Concede, Señor, a los que vivimos oprimidos por la antigua esclavitud del pecado, ser liberados por el nuevo y esperado nacimiento de tu Hijo. Que vive y reina ….

Lectura

Del Evangelio según Mateo 21,28-32

«Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: `Hijo, vete hoy a trabajar en la viña.’ Y él respondió: `No quiero’, pero después se arrepintió y fue. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: `Voy, Señor’, y no fue.¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?» -«El primero»- le dicen. Díceles Jesús: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas llegan antes que vosotros al Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en él.

Reflexión

  • El evangelio de hoy trae una parábola. Como de costumbre, Jesús cuenta una historia sacada de la vida cotidiana de las familias; una historia común que habla por si sola y no necesita de mucha explicación. Por medio de una historia muy sencilla, Jesús trata enseguida de implicar a los oyentes y comunicar un mensaje. Se implican en la historia, sin, de momento, darse cuenta del objetivo que Jesús tenía en mente. Después que dieran una respuesta a la pregunta, Jesús aplica la historia y los oyentes se dan cuenta de que ellos se condenaron a sí mismos.
  • Mateo 21,28-30: La historia de los dos hijos. Jesús hace una pregunta inicial: «Pero, ¿qué os parece?” Es para llamar la atención de las personas para que presten mucha atención a la historia que sigue. En seguida viene la historia: «Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: `Hijo, vete hoy a trabajar en la viña.’ Y él respondió: `No quiero’, pero después se arrepintió y fue. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: `Voy, Señor’, y no fue”. Se trata de una historia de la vida familiar de cada día. Las personas que escuchan a Jesús entienden del asunto, pues ya lo habían vivido, a lo mejor, muchas veces en su propia casa. De momento no se percibe lo que Jesús tiene en mente. ¿Qué quiere alcanzar con esta historia?
  • Mateo 21,31ª: La implicación de las autoridades en la historia de los dos hijos. Jesús formula la historia en forma de pregunta. Al comienzo dice: “Pero, ¿qué os parece?” y al final termina preguntando: “¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?» Los que escuchan son padres de familia y responden desde lo que debe haber acontecido varias veces con sus hijos: Los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo respondieron «El primero». Esta es la respuesta que Jesús quería oír de ellos y por donde los coge en flagrante para comunicar su mensaje.
  • Mateo 21,31b-32: La conclusión de Jesús. “En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas llegan antes que vosotros al Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en él”. La conclusión de Jesús es evidente y muy dura. En la opinión de los sacerdotes y de los ancianos, los publicanos y las prostitutas eran personas pecadoras e impuras que no hacían la voluntad del Padre. En opinión de Jesús, publicanos y prostitutas, de hecho, decían “No quiero”, pero acababan haciendo la voluntad del Padre, pues se arrepienten ante la predicación de Juan Bautista. En cuanto a ellos, los sacerdotes y los publicanos que oficialmente siempre dicen “¡Sí, señor, voy!”, pero acaban no observando la voluntad del Padre, pues no quisieron creer en Juan Bautista.

Para la reflexión personal

  • ¿Con cuáles de los dos hijos me identifico?
  • ¿Quiénes son hoy las prostitutas y los publicanos que dicen “¡No quiero!”, pero terminan haciendo la voluntad del Padre?

Oración final

Bendeciré en todo tiempo a Yahvé, sin cesar en mi boca su alabanza; en Yahvé se gloría mi ser, ¡que lo oigan los humildes y se alegren! (Sal 34,2-3)

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Dichos de luz y amor

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Índice: San Juan de la Cruz, Dichos de luz y amor

Dichos de luz y amor

Prólogo
I Transcripción del autógrafo de Andújar
1     2     3     4     5     6     7     8     9     10     11     12     13     14     15     16     17   18     19     20     21     22     23     24     25     26     27     28     29     30     31     32     33   34     35     36     37     38   39     40     41     42     43     44     45     46     47     48     49     50     51     52     53     54     55     56     57     58     59     60     61     62     63     64     65     66     67     68     69     70     71     72     73     74     75     76     77     78

II Puntos de amor
79     80     81     82     83     84     85     86     87     88     89     90     91     92     93     94     95     96     97     98     99     100     101     102     103     104     105     106     107     108     109     110     111     112     113     114     115     116     117     118     119     120     121     122     123     124     125     126     127     128     129     130     131     132     133     134     135     136     137     138     139     140     141     142     143     144     145     146     147     148     149     150     151     152   153     154     155     156     157

III (Recogidos por Magdalena del Espíritu Santo, carmelita descalza de Beas)
158     159     160     161     162     163     164     165

IV (Recordados por María de Jesús)
166     167     168     169

V Otros avisos
170     171     172     173     174     175     176     177     178     179     180     181     182     183     184     185     186

 

 

      

 

 


Prólogo

También, ¡oh Dios y deleite mío!, en estos dichos de luz y amor de ti se quiso mi alma emplear por amor de ti, porque ya que yo, teniendo la lengua de ellos, no tengo la obra y virtud de ellos, que es con lo que, Señor mío, te agradas más que con el lenguaje y sabiduría de ellos, otras personas, provocadas por ellos, por ventura aprovechen en tu servicio y amor en que yo falto y tenga mi alma en qué se consolar de que haya sido ocasión que lo que falta en ella halles en otras.

Amas tú, Señor, la discreción, amas la luz, amas el amor sobre las demás operaciones del alma; por eso, estos dichos serán de discreción para el caminar, de luz para el camino y de amor en el caminar.

Quédese, pues, lejos la retórica del mundo; quédense las parlerías y elocuencia seca de la humana sabiduría, flaca e ingeniosa, de que nunca tú gustas, y hablemos palabras al corazón bañadas en dulzor y amor, de que tú bien gustas, quitando por ventura delante ofendículos y tropiezos a muchas almas que tropiezan no sabiendo, y no sabiendo van errando, pensando que aciertan en lo que es seguir a tu dulcísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y hacerse semejantes a él en vida, condiciones y virtudes y en la forma de la desnudez y pureza de su espíritu; mas dala, tú, Padre de misericordia, porque sin ti no se hará nada, Señor.

 


I
Transcripción del autógrafo de Andújar

1 Siempre el Señor descubrió los tesoros de su sabiduría y espíritu a los mortales; mas ahora que la malicia va descubriendo más su cara, mucho los descubre.


2
¡Oh Señor Dios mío!, ¿quién te buscará con amor puro y sencillo que te deje de hallar muy a su gusto y voluntad, pues que tú te muestras primero y sales al encuentro a los que te desean?


3
Aunque el camino es llano y suave para los hombres de buena voluntad, el que camina caminará poco y con trabajo si no tiene buenos pies y ánimo y porfía animosa en eso mismo.


4
Más vale estar cargado junto al fuerte que aliviado junto al flaco: cuando estás cargado, estás junto a Dios, que es tu fortaleza, el cual está con los atribulados; cuando estás aliviado, estás junto a ti, que eres tu misma flaqueza: porque la virtud y fuerza del alma en los trabajos de paciencia crece y se confirma.


5
El que solo se quiere estar, sin  arrimo de maestro y guía, será como el árbol que está solo y sin dueño en el campo, que, por más fruta que tenga, los viadores se la cogerán y no llegará a sazón.


6
El árbol cultivado y guardado, con el beneficio de su dueño, da la fruta en el tiempo que de él se espera.


7
El alma sola, sin maestro, que tiene virtud, es como el carbón encendido que está solo; antes se irá enfriando que encendiendo.


8
El que a solas cae, a solas se está caído y tiene en poco su alma, pues de sí solo la fía.


9
Pues no temes el caer a solas, ¿cómo presumes de levantarte a solas? Mira que más pueden dos juntos que uno solo.


10
El que cargado cae, dificultosamente se levantará cargado.


11
Y el que cae ciego, no se levantará ciego solo; y, si se levantare solo, encaminará  por donde no conviene.


12
Más quiere Dios de ti el menor grado de pureza de conciencia que cuantas obras puedes hacer.


13
Más quiere Dios en ti el menor grado de pureza de conciencia que todos esos servicios que le piensas hacer.


14
Más estima Dios en ti el inclinarte a la sequedad y el padecer por su amor que todas las consolaciones y visiones espirituales y meditaciones que puedas tener.


15
Niega tus deseos y hallarás lo que desea tu corazón; ¿qué sabes tú si tu apetito es según Dios?


16
¡Oh dulcísimo amor de Dios mal conocido! El que halló sus venas descansó.


17
Pues se te ha de seguir doblada amargura de cumplir tu voluntad, no la quieras cumplir, aunque quedes en amargura.


18
Más indecencia e impureza lleva el alma para ir a Dios si lleva en sí el menor apetito de cosa del mundo que si fuese cargada de todas las feas y molestas tentaciones y tinieblas que se pueden decir, con tal que su voluntad razonal no las quiera admitir; antes el tal entonces puede confiadamente llegar a Dios por hacer la voluntad de su Majestad que dice: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados y yo os recrearé (Mt 11, 28).


19
Más agrada a Dios el alma que con sequedad y trabajo se sujeta a lo que es razón que la que, faltando en esto, hace todas sus cosas con consolación.


20
Más agrada a Dios una obra, por pequeña que sea, hecha en escondido, no teniendo voluntad de que se sepa que mil hechas con ganas de que las sepan los hombres; porque el que con purísimo amor obra por Dios, no solamente no se le da nada de que lo vean los hombres, pero ni lo hace porque lo sepa el mismo Dios; el cual, aunque nunca lo hubiese de saber, no cesaría de hacerle los mismos servicios con la misma alegría y pureza de amor.


21
La obra pura y entera, hecha por Dios, en el seno puro hace reino entero para su dueño.


22
Dos veces trabaja el pájaro que se asentó en la liga, es a saber: en desasirse y limpiarse de ella; y de dos maneras pena el que cumple su apetito: en desasirse y, después de desasido, en purgarse de lo que de él se le pegó.


23
El que de los apetitos no se deja llevar volará ligero según el espíritu, como el ave a que no falta pluma.


24
La mosca que a la miel se arrima impide su vuelo; y el alma que se quiere estar asida al sabor del espíritu impide su libertad y contemplación.


25
No te hagas presente a las criaturas si quieres guardar el rostro de Dios claro y sencillo en tu alma; mas vacía y enajena mucho tu espíritu de ellas y andarás en divinas luces, porque Dios no es semejante a ellas.


26
Oración de alma enamorada :
¡Señor Dios, Amado mío!

  • Si todavía te acuerdas de mis pecados para no hacer lo que te ando pidiendo, haz en ellos, Dios mío, tu voluntad, que es lo que yo más quiero, y ejercita tu bondad y misericordia, y serás conocido en ellos.
  • Y si es que esperas a mis obras para por ese medio concederme mi ruego, dámelas tú y óbramelas, y las penas que tú quisieras aceptar, y hágase.
  • Y si a las obras mías no esperas, ¿qué esperas, clementísimo Señor mío?; ¿por qué te tardas?
  • Porque si, en fin, ha de ser gracia y misericordia la que en tu Hijo te pido, toma mi cornadillo pues le quieres, y dame este bien, pues que tú también lo quieres.
  • ¿Quién se podrá librar de los modos y términos bajos si no le levantas tú a ti en pureza de amor, Dios mío? ¿Cómo se levantará a ti el hombre engendrado y criado en bajezas, si no le levantas tú, Señor, con la mano que le hiciste?
  • No me quitarás, Dios mío, lo que una vez me diste en tu único Hijo Jesucristo, en que me diste todo lo que quiero; por eso me holgaré que no te tardarás si yo espero.
  • ¿Con qué dilaciones esperas, pues desde luego puedes amar a Dios en tu corazón?
  • Míos son los cielos y mía es la tierra; mías son las gentes, los justos son míos, y míos los pecadores; los ángeles son míos, y la Madre de Dios, y todas las cosas son mías, y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí. Pues, ¿qué pides y buscas alma mía? Tuyo es todo esto, y todo es para ti. No te pongas en menos ni repares en meajas que se caen de la mesa de tu Padre.
  • Sal fuera y gloríate en tu gloria; escóndete en ella y goza, y alcanzarás las peticiones de tu corazón.


27
El espíritu bien puro no se mezcla con extrañas advertencias ni humanos respectos, sino solo, en soledad de todas las formas, interiormente, con sosiego sabroso, se comunica con Dios, porque su conocimiento es en silencio divino.


28
El alma enamorada es alma blanda, mansa, humilde y paciente.


29
El alma dura en su amor propio se endurece.


30
Si tú en tu amor, ¡oh buen Jesús!, no suavizas el alma, siempre perseverará en su natural dureza.


31
El que la ocasión pierde es como el que soltó el ave de la mano, que no la volverá a cobrar.


32
No te conocía yo a ti, ¡oh Señor mío!, porque todavía quería saber y gustar cosas.


33
Múdese todo muy enhorabuena, Señor Dios, porque hagamos asiento en ti.


34
Un solo pensamiento del hombre vale más que todo el mundo; por tanto, sólo Dios es digno de él.


35
Para lo insensible, lo que no sientes; para lo sensible, el sentido, y para el espíritu de Dios, el pensamiento.


36
Mira que tu ángel custodio no siempre mueve el apetito a obrar, aunque siempre alumbra la razón; por tanto, para obrar virtud no esperes al gusto, que bástate la razón y entendimiento.


37
No da lugar el apetito a que le mueva el ángel cuando está puesto en otra cosa.


38
Secado se ha mi espíritu, porque se olvidó de apacentarse en ti.


39
Eso que pretendes y lo que más deseas no lo hallarás por esa vía tuya ni por la alta contemplación, sino en la mucha humildad y rendimiento de corazón.


40
No te canses, que no entrarás en el sabor y suavidad de espíritu si no te dieres a la mortificación de todo eso que quieres.


41
Mira que la flor más delicada más presto se marchita y pierde su olor; por tanto, guárdate de querer caminar por espíritu de sabor, porque no serás constante; mas escoge para ti un espíritu robusto, no asido a nada, y hallarás dulzura y paz en abundancia; porque la sabrosa y durable fruta en tierra fría y seca se coge.


42
Cata  que tu carne es flaca y que ninguna cosa del mundo puede dar fortaleza a tu espíritu ni consuelo, porque lo que nace del mundo, mundo es, y lo que nace de la carne, carne es; y el buen espíritu sólo nace del espíritu de Dios, que se comunica no por mundo ni carne (cfr. Jn 3, 6).


43
Entra en cuenta con tu razón para hacer lo que ella te dice en el camino de Dios, y valdráte más para con tu Dios que todas las obras que sin esta advertencia haces y que todos los sabores espirituales que pretendes.


44
Bienaventurado el que, dejado aparte su gusto e inclinación, mira las cosas en razón y justicia para hacerlas.


45
El que obra razón es como el que come sustancia, y el que se mueve por el gusto de su voluntad como el que come fruta floja.


46
Tú, Señor, vuelves con alegría y amor a levantar al que te ofende, y yo no vuelvo a levantar y honrar al que me enoja a mí.


47
¡Oh poderoso Señor!, si una centella del imperio de tu justicia tanto hace en el príncipe mortal que gobierna y mueve las gentes, ¿qué hará tu omnipotente justicia sobre el justo y el pecador?


48
Si purificares tu alma de extrañas posesiones y apetitos, entenderás en espíritu las cosas, y si negares el apetito en ellas, gozarás de la verdad de ellas, entendiendo en ellas lo cierto.


49
¡Señor Dios mío!, no eres tú extraño a quien no se extraña contigo; ¿cómo dicen que te ausentas tú?


50
Verdaderamente aquel tiene vencidas todas las cosas que ni el gusto de ellas le mueve a gozo, ni el desabrimiento le causa tristeza.


51
Si quieres venir al santo recogimiento, no has de venir admitiendo sino negando.


52
Yéndome yo, Dios mío, por doquiera contigo, por doquiera me irá como yo quiera para ti.


53
No podrá llegar a la perfección el que no procura satisfacerse con nonada, de manera que la concupiscencia natural y espiritual estén contentas en vacío; que para llegar a la suma tranquilidad y paz de espíritu esto se requiere; y de esta manera, el amor de Dios en el alma pura y sencilla casi frecuentemente está en acto.


54
Mira que, pues Dios es inaccesible, no repares en cuanto tus potencias pueden comprehender y tu sentido sentir, porque no te satisfagas con menos y pierda tu alma la ligereza conveniente para ir a él.


55
Como el que tira el carro la cuesta arriba, así camina para Dios el alma que no sacude el cuidado y apaga el apetito.


56
No es de voluntad de Dios que el alma se turbe de nada ni que padezca trabajos; que, si los padece en los adversos casos del mundo, es por la flaqueza de su virtud, porque el alma del perfecto se goza en lo que se pena la imperfecta.


57
El camino de la vida de muy poco bullicio y negociación es, y más requiere mortificación de la voluntad que mucho saber; el que tomare de las cosas y gustos lo menos andará más por él.


58
No pienses que el agradar a Dios está tanto en obrar mucho como en obrarlo con buena voluntad, sin propiedad y respectos.


59
A la tarde  te examinarán en el amor; aprende a amar como Dios quiere ser amado y deja tu condición.


60
Cata que no te entremetas en cosas ajenas, ni aun las pases por tu memoria, porque quizá no podrás tú cumplir con tu tarea.


61
No pienses que, porque en aquél no relucen las virtudes que tú piensas, no será precioso delante de Dios por lo que tú no piensas.


62
No sabe el hombre gozarse bien ni dolerse bien, porque no entiende la distancia del bien y del mal.


63
Mira que no te entristezcas de repente de los casos adversos del siglo, pues que no sabes el bien que traen consigo ordenado en los juicios de Dios para el gozo sempiterno de los escogidos.


64
No te goces en las prosperidades temporales, pues no sabes de cierto que te aseguran la vida eterna.


65
En la tribulación acude luego a Dios confiadamente, y serás esforzado y alumbrado y enseñado.


66
En los gozos y gustos acude luego a Dios con temor y verdad, y no serás engañado ni envuelto en vanidad.


67
Toma a Dios por esposo y amigo con quien te andes de contino, y no pecarás, y sabrás amar, y haránse las cosas necesarias prósperamente para ti.


68
Sin trabajo sujetarás las gentes, y te servirán las cosas si te olvidares de ellas y de ti mismo.


69
Date al descanso echando de ti cuidados y no se te dando nada de cuanto acaece, y servirás a Dios a su gusto, y holgarás en él.


70
Mira que no reina Dios sino en el alma pacífica y desinteresada.


71
Aunque obres muchas cosas, si no aprendes a negar tu voluntad y sujetarte, perdiendo cuidado de ti y de tus cosas, no aprovecharás en la perfección.


72
¿Qué aprovecha dar tú a Dios una cosa si él te pide otra? Considera lo que Dios querrá y hazlo, que por ahí satisfarás mejor tu corazón que con aquello a que tú te inclinas.


73
¿Cómo te atreves a holgarte tan sin temor, pues has de parecer delante de Dios a dar cuenta de la menor palabra y pensamiento?


74
Mira que son muchos los llamados y pocos los escogidos (Mt 22, 14) y que si tú no tienes cuidado, más cierta está tu perdición que tu remedio, mayormente siendo la senda que guía la vida eterna tan estrecha (Mt 7, 14).


75
No te alegres vanamente, pues sabes cuántos pecados has hecho y no sabes cómo está Dios contigo, sino teme con confianza.


76
Pues que en la hora de la cuenta te ha de pesar de no haber empleado este tiempo en servicio de Dios, ¿por qué no le ordenas y empleas ahora como lo querrías haber hecho cuando te estés muriendo?


77
Si quieres que en tu espíritu nazca la devoción y que crezca el amor de Dios y apetito de las cosas divinas, limpia el alma de todo apetito y asimiento y pretensión, de manera que no se te dé nada por nada; porque, así como el  enfermo, echado fuera el mal humor, luego siente el bien de la salud y le nace gana de comer, así tú convalecerás en Dios si en lo dicho te curas; y sin ello, aunque más hagas, no aprovecharás.


78
Si deseas hallar paz y consuelo de tu alma y servir a Dios de veras, no te contentes con eso que has dejado, porque por ventura te estás en lo que de nuevo andas tan impedido o más que antes; mas deja todas esotras cosas que te quedan y apártate a una sola que lo trae todo consigo, que es la soledad santa, acompañada con oración y santa y divina lección, y allí persevera en olvido de todas las cosas, que, si de obligación no te incumben, más agradarás a Dios en saberte guardar y perfeccionar a ti mismo que en granjearlas todas juntas; porque, ¿qué le aprovechará al hombre ganar todo el mundo si deja perder su alma? (Mt 16, 26).

 


II
Puntos de amor

79 Refrene mucho la lengua y el pensamiento, y traiga de ordinario el afecto en Dios, y calentársela ha el espíritu divinamente.


80
No apaciente el espíritu en otra cosa que en Dios. Deseche las advertencias de las cosas, y traiga paz y recogimiento en el corazón.


81
Traiga sosiego espiritual en advertencia de Dios amorosa, y, cuando fuere necesario hablar, sea con el mismo sosiego y paz.


82
Tenga ordinaria memoria de la vida eterna, y que los que más abatidos y pobres y en menos se tienen gozarán de más alto señorío y gloria en Dios.


83
Alégrese ordinariamente en Dios, que es su salud (Lc 1, 47), y mire que es bueno el padecer de cualquier manera por el que es bueno.


84
Consideren cómo han menester ser enemigas de sí mismas y caminar por el santo rigor a la perfección, y entiendan que cada palabra que hablaren sin orden de obediencia se la pone Dios en cuenta.


85
Íntimo deseo de que Dios la dé lo que su Majestad sabe que le falta para honra suya.


86
Crucificada interior y exteriormente con Cristo, vivirá en esta vida con hartura y satisfacción de su alma, poseyéndola en su paciencia (Lc 21, 19).


87
Traiga advertencia amorosa en Dios, sin apetito de querer sentir ni entender cosa particular de él.


88
Ordinaria confianza en Dios, estimando en sí y en las hermanas lo que Dios más estima, que son los bienes espirituales.


89
Éntrese en su seno y trabaje en presencia del Esposo, que siempre está presente, queriéndola bien.


90
Sea enemiga de admitir en su alma cosas que no tienen en sí sustancia espiritual, porque no la hagan perder el gusto de la devoción y el recogimiento.


91
Bástele Cristo crucificado, y con él pene y descanse, y por esto aniquilarse en todas las cosas exteriores e interiores.


92
Procure siempre que las cosas no sean nada para ella, ni ella para las cosas; mas, olvidada de todo, more en su recogimiento con el Esposo.


93
Ame mucho los trabajos y téngalos en poco por caer en gracia al Esposo, que por ella no dudó morir.


94
Tenga fortaleza en el corazón contra todas las cosas que le movieron a lo que no es Dios, y sea amiga de la pasión de Cristo.


95
Traiga interior desasimiento a todas las cosas, y no ponga el gusto en alguna temporalidad, y recogerá su alma a los bienes que no sabe.


96
El alma que anda en amor ni cansa ni se cansa.


97
Al pobre que está desnudo le vestirán, y el alma que se desnudare de sus apetitos, quereres y no quereres, la vestirá Dios de su pureza, gusto y voluntad.


98
Hay almas que se revuelcan en el cieno como los animales que se revuelcan en él, y otras que vuelan como las aves, que en el aire se purifican y limpian.


99
Una palabra habló el Padre, que fue su Hijo, y ésta habla siempre en eterno silencio, y en silencio ha de ser oída del alma (2S 22, 3-6).


100
Los trabajos los hemos de medir a nosotros, y no nosotros a los trabajos.


101
El que no busca la cruz de Cristo no busca la gloria de Cristo.


102
Para enamorarse Dios del alma, no pone los ojos en su grandeza, mas en la grandeza de su humildad.


103
El que tuviera vergüenza de confesarme delante de los hombres, también la tendré yo de confesarle delante de mi Padre, dice el Señor (Mt 10, 33).


104
El cabello que se peina a menudo estará esclarecido y no tendrá dificultad en peinarse cuantas veces quisiere. Y el alma que a menudo examinare sus pensamientos, palabras y obras, que son sus cabellos, obrando por amor de Dios todas las cosas, tendrá muy claro su cabello, y mirarle ha el Esposo su cuello, y quedará preso en él y llagado en uno de sus ojos, que es la pureza de intención con que obra todas las cosas. El cabello se comienza a peinar de lo alto de la cabeza si queremos esté esclarecido; todas nuestras obras se han de comenzar desde lo más alto del amor de Dios si quieres que sean puras y claras.


105
El cielo es firme y no está sujeto a generación, y las almas que son de naturaleza celestial son firmes, no están sujetas a engendrar apetitos ni otra cualquier cosa, porque se parecen a Dios en su manera, que no se mueve para siempre.


106
No comer en pastos vedados, que son los de esta vida presente, porque bienaventurados son los que han hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos (Mt 5, 6). Lo que pretende Dios es hacernos dioses por participación, siéndolo él por naturaleza, como el fuego convierte todas las cosas en fuego.


107
Toda la bondad que tenemos es prestada, y Dios la tiene por propia obra; Dios y su obra es Dios.


108
La sabiduría entra por el amor, silencio y mortificación. Grande sabiduría es saber callar y no mirar dichos ni hechos ni vidas ajenas.


109
Todo para mí y nada para ti.


110
Todo para ti y nada para mí.


111
Déjate enseñar, déjate mandar, déjate sujetar y despreciar y serás perfecta.


112
Cinco daños causa cualquier apetito en el alma: el primero, que la inquieta; el segundo, que la enturbia; el tercero, que la ensucia; el cuarto, que la enflaquece; el quinto, que la oscurece (1S cc. 6-10).


113
La perfección no está en las virtudes que el alma conoce de sí, mas consiste en las que nuestro Señor ve en el alma, la cual es carga cerrada; y así, no tiene de qué presumir, mas estar el pecho por tierra acerca de sí.


114
El amor no consiste en sentir grandes cosas, sino en tener grande desnudez y padecer por el Amado.


115
Todo el mundo no es digno de un pensamiento del hombre, porque a solo Dios se debe; y así, cualquier pensamiento que no se tenga en Dios, se le hurtamos.


116
Las potencias y sentidos no se han de emplear todas en las cosas, sino lo que no se puede excusar, y lo demás dejarlo desocupado para Dios.


117
No mirar imperfecciones ajenas; guardar silencio y continuo trato con Dios desarraigarán grandes imperfecciones del alma, y la harán señora de grandes virtudes.


118
Las señales del recogimiento interior son tres: la primera, si el alma no gusta de las cosas transitorias; la segunda, si gusta de la soledad y silencio y acudir a todo lo que es más perfección; la tercera, si las cosas que solían ayudarle le estorban, como son las consideraciones y meditaciones y actos, no llevando el alma otro arrimo a la oración sino la fe y la esperanza y la caridad.


119
Si un alma tiene más paciencia para sufrir y más tolerancia para carecer de gustos, es señal que tiene más aprovechamiento en la virtud.


120
Las condiciones del pájaro solitario son cinco: la primera, que se va a lo más alto; la segunda, que no sufre compañía, aunque sea de su naturaleza; la tercera, que pone el pico al aire; la cuarta, que no tiene determinado color; la quinta, que canta suavemente. Las cuales ha de tener el alma contemplativa: que se ha de subir sobre las cosas transitorias, no haciendo más caso de ellas que si no fuesen, y ha de ser tan amiga de la soledad y silencio; que no sufra compañía de otra criatura; ha de poner el pico al aire del Espíritu Santo, correspondiendo a sus inspiraciones, para que, haciéndolo así, se haga más digna de su compañía; no ha de tener determinado color, no teniendo determinación en ninguna cosa, sino en lo que es voluntad de Dios; ha de cantar suavemente en la contemplación y amor de su Esposo.


121
Los hábitos de voluntarias imperfecciones que nunca acaban de vencerse no solamente impiden a la divina unión, pero para llegar a la perfección, como son costumbre de hablar mucho, algún asimientillo sin vencer, como a persona, vestido, celda, libro, tal manera de comida y otras conversaciones y gustillos en querer gustar de las cosas, saber y oír y otras semejantes (1S 11, 3-4).


122
Si gloriarte quieres y no quieres parecer necio y loco, aparta de ti las cosas que no son tuyas, y de lo que queda habrás gloria. Mas, por cierto, si todas las cosas que no son tuyas apartas, en nada serás tornado, pues de nada te debes gloriar si no quieres caer en vanidad. Mas descendamos ahora especialmente a los dones de aquellas gracias que hacen a los hombres graciosos y agradables delante de los ojos de Dios; cierto es que de aquellos dones no te debes gloriar, que aún no sabes si los tienes.


123
¡Oh, cuán dulce será a mí la presencia tuya, que eres sumo bien! Allegarme he yo con silencio a ti y descubrirte he los pies, porque tengas por bien de juntarme contigo en matrimonio a mí, y no holgaré hasta que me goce en tus brazos (Rut 3, 4-9). Y ahora te ruego, Señor, que no me dejes en ningún tiempo en mi recogimiento, porque soy desperdiciadora de mi alma.


124
Desasida de lo exterior, desaposesionada de lo interior, desapropiada de las cosas de Dios, ni lo próspero la detiene ni lo adverso la impide.


125
El alma que está unida con Dios el demonio la teme como al mismo Dios (CA 15, 3; CB 24, 4).


126
El más puro padecer trae y acarrea más puro entender (CA 35, 8; CB 36, 12-13).


127
El alma que quiere que Dios se le entregue todo se ha de entregar toda, sin dejar nada para sí.


128
El alma que está en unión de amor, hasta los primeros movimientos no tiene.


129
Los amigos viejos de Dios por maravilla faltan a Dios, porque están ya sobre todo lo que les puede hacer faltar (CA 16, 8-10; CB 25, 9-11).


130
¡Amado mío, todo lo áspero y trabajoso quiero para mí, y todo lo suave y sabroso quiero para ti!


131
La mayor necesidad que tenemos para aprovechar es de callar a este gran Dios con el apetito y con la lengua, cuyo lenguaje que él más oye sólo es el callado amor (Carta 8, 22-XI-1587).


132
Desancillar para buscar a Dios: la luz que aprovecha en lo exterior para no caer es al revés en las cosas de Dios, de manera que es mejor no ver, y tiene el alma más seguridad.


133
Más se granjea en los bienes de Dios en una hora que en los nuestros toda la vida.


134
Ama el no ser conocida de ti ni de los otros. Nunca mirar los bienes ni los males ajenos.


135
Andar a solas con Dios, obrar en el medio, esconder los bienes de Dios.


136
Andar a perder y que todos nos ganen es de ánimos valerosos, de pechos generosos; de corazones dadivosos es condición dar antes que recibir, hasta que vienen a darse a sí mismos, porque tienen por gran carga poseerse, que más gustan de ser poseídos y ajenos de sí, pues somos más propios de aquel infinito bien que nuestros.


137
Grande mal es tener más ojo a los bienes de Dios que al mismo Dios. Oración y desapropio.


138
Mire aquel infinito saber y aquel secreto escondido, ¡qué paz, qué amor, qué silencio está en aquel pecho divino, qué ciencia tan levantada es la que Dios allí enseña, que es lo que llamamos actos anagógicos, que tanto encienden el corazón!


139
Mucho se desmejora y menoscaba el secreto de la conciencia todas las veces que alguno manifiesta a los hombres el fruto de ella, porque entonces recibe por galardón el fruto de la fama transitoria.


140
Hable poco, y en cosas que no es preguntado no se meta.


141
Siempre procure traer a Dios presente y conservar en sí la pureza que Dios le enseña.


142
No se disculpe ni rehúse ser corregido de todos; oiga con rostro sereno toda reprensión; piense que se lo dice Dios.


143
Viva como si no hubiese en este mundo más que Dios y ella, para que no pueda su corazón ser detenido por cosa humana.


144
Tenga por misericordia de Dios que alguna vez le digan alguna buena palabra, pues no merece ninguna.


145
Nunca deje derramar su corazón, aunque sea por un credo.


146
Nunca oiga flaquezas ajenas; y si alguna se quejare a ella de otra, podrále decir con humildad no le diga nada.


147
No se queje de nadie, no pregunte cosa alguna; y si le fuere necesario preguntar, sea con pocas palabras.


148
No rehúse el trabajo, aunque le parezca no lo podrá hacer. Hallen todos en ella piedad.


149
No contradiga; en ninguna manera hable palabras que no vayan limpias.


150
Lo que hablare sea de manera que no sea nadie ofendido, y que sea en cosas que no te pueda pesar que lo sepan todos.


151
No niegue cosa que tenga, aunque la haya menester.


152
Calle lo que Dios le diere y acuérdese de aquel dicho de la esposa: Mi secreto, para mí (Is 24, 16).


153
Procure conservar el corazón en paz; no le desasosiegue ningún suceso de este mundo; mire que todo se ha de acabar.


154
No pare mucho ni poco en quién es contra ella o con ella, y siempre procure agradar a su Dios. Pídale se haga en ella su voluntad. Ámele mucho, que se lo debe.


155
Doce estrellas para llegar a la suma perfección: amor de Dios, amor del prójimo, obediencia, castidad, pobreza, asistir al coro, penitencia, humildad, mortificación, oración, silencio, paz.


156
Nunca tomes por ejemplo al hombre en lo que hubieres de hacer, por santo que sea, porque te pondrá el demonio delante sus imperfecciones, sino imita a Cristo, que es sumamente perfecto y sumamente santo, y nunca errarás.


157
Buscad leyendo y hallaréis meditando; llamad orando y abriros han contemplando.

 


III
(Recogidos por Magdalena del Espíritu Santo, carmelita descalza de Beas)

158 El que con puro amor obra por Dios, no solamente no se le da de que lo sepan los hombres, pero ni lo hace porque lo sepa el mismo Dios; el cual, aunque nunca lo hubiese de saber, no cesaría de hacer los mismos servicios y con la misma alegría y amor.


159
Otro para vencer los apetitos: traer un ordinario apetito de imitar a Jesucristo en todas sus obras, conformándose con su vida, la cual debe considerar para saberla imitar y haberse en todas las cosas corno él se hubiera (1S 13, 3).


160
Para poder hacer esto, es necesario que cualquier apetito o gusto, si no fuere puramente por honra y gloria de Dios, renunciarlo y quedarse en vacío por amor del que en esta vida no tuvo ni quiso más de hacer la voluntad de su Padre, la cual llamaba su comida y manjar (Jn 41 34).


161
Para mortificar las cuatro pasiones naturales, que son: gozo, tristeza, temor y esperanza, aprovecha lo siguiente:
– Procurar siempre inclinarse no a lo más fácil, sino a lo más dificultoso.
– No a lo más sabroso, sino a lo más desabrido; no a lo más gustoso, sino a lo que no da gusto.
– No inclinarse a lo que es descanso, sino a lo más trabajoso.
– No a lo que es consuelo, sino a lo que no es consuelo; no a lo más, sino a lo menos.
– No a lo más alto y precioso, sino a lo más bajo y despreciado.
– No a lo que es querer algo, sino a lo que no es querer nada.
– No andar buscando lo mejor de las cosas, sino lo peor, y traer desnudez y vacío y pobreza por Jesucristo de cuanto hay en el mundo (cfr. 1S 13, 5-6).


162
Para la concupiscencia:
– Procurar obrar en desnudez y desear que los otros lo hagan.
– Procurar hablar en desprecio y desear que todos lo hagan.
– Procurar pensar bajamente de sí y desear que los otros lo hagan (cfr. 1S 13, 8-9).


163
Tenga fortaleza en el corazón contra todas las cosas que le movieren a lo que no es Dios y sea amiga de las pasiones por Cristo.


164
Prontitud en la obediencia, gozo en el padecimiento, mortificar la vista, no querer saber nada, silencio y esperanza.


165
Refrene mucho la lengua y el pensamiento y traiga de ordinario el afecto en Dios, y calentársela ha el espíritu divino mucho. Léale muchas veces.

 


IV
(Recordados por María de Jesús)

166 Levantarse sobre sí, no hacer asiento en cosa criada.


167
Estar vuelta contra sí, airada y jamás parada.


168
Huir con el pensamiento de cabe ellas, cerrando la puerta a todas.


169
Limpio de todas aficiones, pensamientos e imágenes, el dulce canto suspires con compunción y lágrimas.

 


V
Otros avisos

170 Cuanto más te apartas de las cosas terrenas, tanto más te acercas a las celestiales y más hallas en Dios.


171
Quien supiere morir a todo tendrá vida en todo.


172
Apártate del mal, obra el bien y busca la paz.


173
Quien se queja o murmura ni es perfecto ni aun buen cristiano.


174
Humilde es el que se esconde en su propia nada y se sabe dejar a Dios.


175
Manso es el que sabe sufrir al prójimo y sufrirse a sí mismo.


176
Si quieres ser perfecto, vende tu voluntad y dala a los pobres de espíritu, y ven a Cristo por la mansedumbre y humildad y síguelo hasta el calvario y sepulcro.


177
Quien de sí propio se fía peor es que el demonio.


178
Quien a su prójimo no ama a Dios aborrece.


179
Quien obra con tibieza cerca está de la caída.


180
Quien huye de la oración huye de todo lo bueno.


181
Mejor es vencerse en la lengua que ayunar a pan y agua.


182
Mejor es sufrir por Dios que hacer milagros.


183
¡Oh, qué bienes serán aquellos que gozaremos con la vista de la Santísima Trinidad!


184
No tengas sospecha contra tu hermano, que perderás la pureza del corazón.


185
De trabajos, cuanto más, mejor.


186
¿Qué sabe quien no sabe padecer por Cristo?