Lectio jue, 9 jun, 2022

Lucas 22, 14-20
En aquel tiempo, llegada la hora de cenar, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo: «Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes, antes de padecer, porque yo les aseguro que ya no la volveré a celebrar, hasta que tenga cabal cumplimiento en el Reino de Dios». Luego tomó en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias y dijo: «Tomen esto y repártanlo entre ustedes, porque les aseguro que ya no volveré a beber del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios». Tomando después un pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio diciendo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía». Después de cenar, hizo lo mismo con una copa de vino, diciendo: «Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes». Palabra del Señor.

REFLEXIÓN:

• El jueves posterior a Pentecostés celebramos la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. En ella recordamos y agradecemos el que Jesús sea el Sacerdote de la Nueva Alianza que nos ha reconciliado con Dios y nos ha llamado a formar parte de su santa Iglesia. Nos ha comunicado, además, una nueva vida en el Espíritu y nos ha convertido en «pueblo sacerdotal», llamado a extender el Reino de Dios entre todos los hombres. Dentro de este pueblo, Él elige libremente a algunos para que lo representen como singulares servidores de la Palabra, de los Sacramentos y de la Caridad…

• Esta fiesta invita, por tanto, a toda la Iglesia a contemplar la santidad y la belleza del sacerdocio de Cristo, animando a los fieles en su común compromiso bautismal –impulsando una intensa y continua oración por la santificación del clero– y exhortando a todos los que son llamados con el sacramento del Orden al sacerdocio ministerial a vivir un firme y fiel compromiso de superación personal, en la entrega total a Dios y a la Iglesia.