Lectio sáb, 11 jun, 2022

Mateo 5, 33-37
Jesús dijo a sus discípulos: «Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y le cumplirás al Señor lo que le hayas prometido con juramento. Pero yo les digo: No juren de ninguna manera, ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es donde él pone los pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey. Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro uno solo de tus cabellos. Digan simplemente sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que se diga de más, viene del maligno». Palabra del Señor.

REFLEXIÓN:

• Judío de la tribu de Leví y nacido probablemente en Chipre, su nombre original era el de José. Los Apóstoles, sin embargo, se lo cambiaron por el de Bernabé, que significa “el esforzado”, “el que anima y entusiasma”. Los Hechos de los Apóstoles nos hablan también de que Bernabé vendió su finca y –con gran generosidad– entregó todo el dinero a los Apóstoles para que fuera luego distribuido entre los pobres (Hech, 4). Ahí mismo se le llega a catalogar como «un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe» (Hech 11, 24)…

• Bernabé fue un gran colaborador de San Pablo, lo acompañó en su primer viaje apostólico y muy probablemente se contaba entre los setenta y dos discípulos mencionados en el Evangelio (Cfr. Lc 10, 1). Durante toda su vida fue un gran conciliador entre los representantes de la cultura hebrea y los provenientes de cultura la griega. Escritos apócrifos hablan de un hipotético viaje a Roma y de su martirio, hacia el año 70, en Salamina, por mano de los judíos de la diáspora, que lo lapidaron.