El libro del arte de vivir

GRÜN, A.,

El libro del arte de vivir

Sal Terrae, Santander, 2002, 295 pp.

Este es el objetivo de A. Grün: «Saber pararse, en lugar de correr alocadamente. Permitir que las cosas maduren a su propio ritmo. Hallar la medida exacta en cada cosa. Hacer lo que es bueno para el cuerpo y para el alma. Mirarse a sí mismo y a los demás con ojos indulgentes». Este es el ARTE DE VIVIR: entrar a fondo en la vida permaneciendo abiertos a cuanto de sorpresivo la vida misma nos depare a todos, todos los días.

El título general va desarrollándose a través de unos epígrafes generales con su subtítulo correspondiente. La pista clave del epígrafe, por ejemplo: «La esencia de la felicidad: sé el que eres» queda clarificada con «Acéptate y sé bueno contigo». Y así, con cada uno. En «Déjate transformar, las crisis ayudan a crecer y a madurar», desarrolla la clave. En general, El arte de vivir nos da la impresión de ser unas pláticas religiosas (muy breves) de A. Grün, que completa o amplía y desarrolla con sus aspectos culturales, psicológicos, sociológicos, etc. No es una gran obra (las tiene mejores) pero son agradables sus contenidos, y amenos, pedagógicos… En concreto, son nueve capítulos que nos indican el arte de vivir o vivir con arte. «La esencia de la felicidad: sé el que eres. La vida merece vivirse. Da un sentido a tu trabajo. Busca profundidad en todas tus relaciones. Recibe a tus amigos como un regalo. Confía en el amor y llega hasta sus raíces. Déjate transformar. Asómate a tus deseos. Vive y que no vivan otros por ti». «El que mira fijamente a las estrellas tiene el peligro de perder contacto con el suelo», nos ofrece una ráfaga de luz para descubrir cuáles son las sendas por donde A. Grün quiere ayudar a vivir. Si vivir es un arte (para el autor lo es) necesitamos aprenderlo. Vivir a presión no es positivo. Y comentando los sueños nos dice que equivale a mirar hacia dentro; y este mirar hacia dentro es despertar.

– Ildefonso Peñas.

Cincuenta ángeles para el alma

GRÜN, A.,

Cincuenta ángeles para el alma

Sal Terrae, Madrid, 2000, 156 pp.

No es una enciclopedia o un tratado de los Ángeles (Angeología), sino una antología (llamémosla así) para que el alma se sienta protegida y esperanzada en su vivir. A. Grün, como si fuera un filólogo, describe el significado de las palabras claves de esta obra (alma, virtud, psique, etc.) y, después, su comentario desde la teología espiritual. Buen pedagogo. Nos habla de los ángeles de la paz, de la propia decisión, de la distensión, de la sabiduría, del conocimiento de sí mismo, del olvido, de la fortaleza, de la obediencia, de la prudencia, de la discreción, del silencio, de la justicia, de la integridad, de la insobornabilidad, de la longanimidad, de la sonrisa, del sueño reparador, del placer de vivir, de la propia medida, de la tranquilidad, del amor al prójimo, de la amistad, de la perseverancia, de la fidelidad, de la franqueza, del compromiso, del servicio, de la vigilancia, de la ecuanimidad, de la tolerancia, de las celebraciones, de la solidaridad, del humor, de la renuncia, de la hospitalidad, de las pequeñas atenciones, del juego limpio, de la no violencia, de la bondad, de la inspiración, de la esperanza, de la fe, del dominio de sí mismo, del respeto, de la bendición, del compartir, de la compasión, de la integración, de la alabanza, de la luz.

Todos son ángeles. En total: 50. Todos son virtudes. Todos son apoyos. Todos son lámparas de luz. Todos son impulsos interiores que desarrollan las potencialidades de nuestro espíritu; potencialidades o dones divinos. Todos son alas para desarrollar estos dones de Dios. Todos son compañeros de la vida. Todos son fuerzas o dones de Dios. Como lectura espiritual para cada día, será un ángel que nos acompaña en nuestro caminar. Camino, a veces solitario, a veces a oscuras, a veces luminoso, a veces como en un atardecer, a veces anochecen las fuerzas. A veces… Así los concibe A. Grün, y así nos los presenta. Razones y experiencias, título y contenido. Cincuenta ángeles. Ni más ni menos.

– Ildefonso Peñas.

La esencia del cristianismo

FORTE, B.,

La esencia del cristianismo

Sígueme, Salamanca, 2002.

En todas las etapas y ante las instituciones «viejas», el hombre —y el pensador, sobre todo— se hace la misma pregunta: ¿qué es lo esencial? Porque siempre corremos el riesgo de perder el norte y de vivir de relativos circunstanciales. Sígueme nos ofrece en este estudio de Bruno Forte pistas suficientes para encontrar hoy la «esencia del cristianismo». Comienza, con buena lógica, preguntándose e invitando al lector a preguntarse dónde estamos y quiénes somos. Una pregunta de situación, imprescindible. Escrutando el alma del mundo se encuentran luces y sombras. Los grandes deseos y proyectos de autonomía resultan insuficientes. En lugar de matar al Padre, habrá que re-encontrarse con el Dios Padre-Madre de amor. Y vivir en diálogo abierto y respetuoso con las religiones no cristianas y «universales», ya que en todas existen detalles divinos. Un segundo capítulo presenta lo que el autor juzga la esencia del cristianismo, percibida desde la fe. Sólo la fe nos acerca a la Palabra que sale del Padre —éxodo— y que se hace historia de libertad salvadora para el hombre. Jesús da sentido definitivo al cristianismo, desde la cruz, desde la Pascua, desde la Trinidad, revelándonos al Padre-Amor y al Espíritu de Vida. El siguiente capítulo ha de leerse a la luz de los Tres, para entender la vocación de seguimiento que hace posible la Iglesia como sacramento de Cristo. De ahí las exigencias como testigos de fe, con razones para la esperanza y siempre tocados por el amor trinitario, para un servicio permanente de reconciliación que el mundo espera.

Un tema original para poner broche final: Hacia la belleza de Dios. Y camino hacia esa belleza o expresión de la misma, María de Nazaret, a quien se califica con acierto realista icono del misterio. Ella es la mejor antropología de Dios y la mejor teología del hombre (p.141). La cercanía de María nos descubre el verdadero rostro del Dios trinitario y enseña a ser Iglesia, nacida de la Trinidad. El segundo apartado está dedicado a la belleza como «kenosis» y como esplendor. O, lo que es lo mismo, de la tragedia de la Cruz a la gloria de la Pascua. Una belleza positiva, porque salva. La obra se cierra con un «apéndice», en que la pregunta que sirve de título al autor, la formula a tres grandes maestros que respondieron desde perspectivas parciales: Feuerbach, con el amor infeliz. Harnack, con el amor intimista y conciliador. Guardini, con el amor paradójico. La crítica de Bruno Forte la resume en el último título: El amor crucificado, porque sólo él, a juicio del autor, constituye el Evangelio para el tiempo postmoderno.

– Gratiniano Turiño

Recuperar el alma

ÁLVAREZ, R. J.,

Recuperar el alma.
Hacia la psicología de los valores

Sal Terrae, Santander, 2003, 181 pp.

Cambiar desde dentro, y no desde fuera. Este es el objetivo que busca presentar el autor. Este cambio implica el incremento de la autoestima, mejora las relaciones interpersonales, y logra la sensación de control del tiempo propio. El propósito central de las 181 páginas de la obra se funda en estos dos pilares: la Logoterapia de V. Frankl y la psicología de los valores. Desde el cuento de «La camisa del hombre feliz» —no se olviden de él— y como introducción, J. Álvarez desarrolla los contenidos de su obra en nueve capítulos: Provocación, reacción; El arte de cambiar proactivamente; Caretas fuera; A la búsqueda del alma; Los paradigmas del alma; Efectos secundarios; Superar los escollos; Caminar por la vida.

Este cambio, desde dentro, no el de fuera, es clave: el esquema de este cambio nos lo presenta en la página 23, para que el lector comience su tarea. Obsérvenlo. Son muchos los rodeos, las pistas, las técnicas… que ofrece… muchos árboles que pueden entorpecer la vista del bosque de la vida. Vida que se presenta muy misteriosa, pero es legible. Y hay que aprender a leer… Las conclusiones a las que nos remite el autor las enuncia y semidesarrolla en las páginas 179-181. Muy acertadas.

Los dos cuentos y la fábula, en los cuales J. Álvarez se apoya, son clarificadores por sus sensatas propuestas: si «La camisa del hombre feliz» prologaba la obra, el «Sueño del aldeano» cierra todos los capítulos.

Nos apoyamos en las tres moralejas vitales con las que el autor finaliza la obra que reseñamos. Dice así J. Álvarez, y nosotros con él: lo verdaderamente valioso no está en ningún lugar lejano, sino en lo más familiar que tenemos: en nosotros mismos. Lo más poderoso es a menudo lo más pequeño, lo más sencillo. Para no dejarnos embaucar por vendedores de maravillas, lo más seguro es mirar directamente con nuestros propios ojos y no con el filtro de los prejuicios ajenos (p.181). Manos a la obra, pues, y el cambio desde «dentro» se realizará día a día.

– Ildefonso Peñas