Lectio divina, lun, 4 ene, 2021

Juan 1,35-42

Venid y veréis

La llamada de los primeros discípulos Juan 1,35-42

Oración inicial

Pastor bueno, Padre mío, también Tú hoy desciendes de los montes eternos y llevas contigo a tu rebaño a las verdes praderas, de hierba fresca y agua buena. Tú hoy manda delante de ti a tu oveja predilecta, al Cordero a quien amas con amor inconmensurable; Tú nos das a tu Hijo Jesús, el Mesías. Míralo, está aquí. Te pido que me ayudes a reconocerlo, a fijar sobre Él mi mirada, mi deseo, mi esperanza. Haz que yo lo siga, que no me separe de Él, que entre en su casa y allí me quede, para siempre. Su casa, oh Padre, eres Tú mismo. En Ti yo quiero entrar, quiero vivir. El soplo de tu Espíritu me atraiga, me sostenga y me una en amor a Ti y a tu Hijo, mi Señor, hoy y por todos los siglos de los siglos. Amén

Lectura

Para colocar el pasaje en su contexto:

Este pasaje se encuentra al principio de la narración evangélica de Juan, medida por el recorrido de una semana, día tras día. Aquí estamos ya en el tercer día, cuando Juan el Bautista ha comenzado a dar su testimonio sobre Jesús, que llega a su plenitud, con la invitación a los discípulos de seguir al Señor, al Cordero de Dios. En estos días se inaugura el ministerio de Jesús, Palabra del Padre, que desciende en medio de los hombres para encontrarlos y hablar con ellos y vivir en medio de ellos. El lugar es Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba: aquí se realiza el encuentro con el Verbo de Dios y comienza la vida nueva.

Para ayudar a la lectura del pasaje:

  • 35-36: Juan Bautista vive una experiencia fortísima a raíz del encuentro con Jesús: de hecho, es precisamente aquí, al tercer día, cuando él lo reconoce plenamente, cuando lo proclama con todas las fuerzas y lo señala como verdadero camino que se debe seguir, como vida, que se debe vivir. Aquí Juan disminuye hasta desaparecer y se agiganta como testimonio de la Luz.
  • 37-39: Habiendo acogido el testimonio de su maestro, los discípulos de Juan comienzan a seguir a Jesús; después de haber escuchado la voz, ellos encuentran la Palabra y se dejan interrogar por ella. Jesús los mira, los conoce y comienza su diálogo con ellos. Él los lleva consigo, los introduce en el lugar de su morada y les hace estar con Él. El evangelista registra la hora precisa de este encuentro cara a cara, de este cambio de vida entre Jesús y los primeros discípulos.
  • 40-42: De repente cunde el testimonio: Andrés no puede callar lo que ha oído y visto, lo que ha experimentado y vivido y se convierte en misionero, llamando a su hermano Pedro para que él también encuentre a Jesús. Él, fijando su mirada sobre aquel hombre, lo llama y transforma su vida; era Simón, ahora se ha convertido en Pedro.

El texto:

Del Evangelio según Juan 1,35-42

35 Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos.36 Fijándose en Jesús que pasaba, dice: «He ahí el Cordero de Dios». 37 Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. 38 Jesús se volvió y, al ver que le seguían, les dice: “¿Qué buscáis?” Ellos le respondieron: “Rabbí” -que quiere decir “Maestro- ¿dónde vives?” 39 Les respondió: «Venid y lo veréis.» Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima.

40 Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. 41 Éste encuentra primeramente a su propio hermano, Simón, y le dice: “Hemos encontrado al Mesías» – que quiere decir, Cristo. 42 Y le llevó a Jesús. Fijando Jesús su mirada en él, le dijo:«Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas» – que quiere decir, ‘Piedra.’”

Un momento de silencio orante

Estoy en silencio y dejo que estas palabras tan sencillas, pero poderosas, me envuelvan, tomando posesión de mi vida. Dejo que Jesús, viniendo, fije sobre mí su mirada, dejo que me pregunte, como a ellos: “¿Qué buscas?” y dejo que me lleve consigo, a su casa. Porque, sí, quiero vivir junto a Él …

Algunas preguntas

Trato ahora de escuchar todavía mejor este pasaje, recogiendo cada palabra, cada concepto, estando atento a los movimientos, a las miradas. Trato de encontrar verdaderamente al Señor en esta página, dejándome escrutar y conocer por Él.

  • “Al día siguiente Juan estaba todavía allí”

Siento, en estas palabras, la insistencia de la búsqueda, de la esperanza; siento la fe de Juan Bautista que crece. Los días están pasando, la experiencia del encuentro con Jesús se intensifica: Juan, no ceja, no se cansa, al contrario, cada vez está más seguro, más convencido, luminoso. Él está, se queda. Me comparo con la figura del Bautista: ¿Soy yo uno que está, que se queda? ¿O más bien, me retiro, me canso, me fatigo y dejo que mi fe se apague? ¿Yo estoy o me siento, atiendo o no espero más?.

  • “Fijando la mirada sobre Jesús”

Hay aquí un verbo bellísimo, que significa” mirar con intensidad”, “penetrar con la mirada” y se repite también en el v. 42, referido a Jesús, que mira a Pedro para cambiarlo de vida. Muchas veces, en los evangelios, se dice que Jesús fija su mirada sobre sus discípulos (Mt 19,26), o sobre una persona en particular (Mc 10,21); sí, Él fija para amar, para llamar, para iluminar. Su mirada no se separa nunca de nosotros, de mí. Sé que sólo puedo encontrar la paz intercambiando esta mirada. ¿Cómo puedo simular que no lo veo? ¿Por qué continuar fijando la mirada allí y allá, huyendo del amor del Señor, que sí se ha fijado en mí y me ha elegido?

  • “Siguieron a Jesús”

Esta expresión, referida a los discípulos, no significa solamente que ellos comienzan a caminar en la misma dirección que Jesús, sino mucho más: que ellos se consagran a Él, que comprometen su vida por Él, para Él. Es Él quien toma la iniciativa, lo sé y el que me dice: “Tú sígueme”, como al joven rico (Mt 19,21), como a Pedro (Jn 21,22); pero yo ¿cómo respondo en verdad? ¿Tengo el valor el amor, el ardor para decirle: “Maestro, yo te seguiré adondequiera que vayas” (Mt 8,19) confirmando las palabras con los hechos? ¿O también digo yo como aquel del evangelio: “Te seguiré, pero deja primero que ”(Lc 9,61)?

  • “¿Qué buscáis?”

Por fin el Señor pronuncia sus primeras palabras en el evangelio de Juan y son una pregunta bien precisa, dirigida a los discípulos que lo están siguiendo, dirigida a nosotros, a mí personalmente. El Señor fija su mirada sobre mí y me pide: “¿Qué estás buscando? No es fácil responder a esta pregunta; debo bajar al fondo de mi corazón y allí escucharme, medirme, verificarme. ¿Qué busco yo verdaderamente? ¿Mis energías, mis deseos, mis sueños, mis haberes a donde se dirigen?

  • “Se quedaron con Él”

Los discípulos se quedan con Jesús, empiezan a vivir junto a Él, a tener la casa en común con Él. Aun más, quizás empiezan a experimentar que el mismo Señor es su nueva casa. El verbo que aquí usa Juan, puede significar simplemente habitar, pararse, pero también morar en el sentido fuerte de habitar uno en el otro. Jesús habita en el seno del Padre y nos ofrece también a nosotros la posibilidad de habitar en Él y en toda la Trinidad. Él se ofrece hoy, aquí, a mí, para vivir juntos esta indecible, espléndida experiencia de amor. ¿Qué decido, por tanto? ¿Me paro también yo como los discípulos y me quedo con Él, en Él? ¿O me voy, me sustraigo de su amor y corro a buscar otra cosa?

  • “Y lo condujo a Jesús”

Andrés corre a llamar a su hermano Simón, porque quiere compartir con él el don infinito que ha recibido. Da el anuncio, proclama al Mesías, al Salvador y tiene la fuerza de llevar consigo a su hermano. Se convierte en guía, se convierte en luz, vía segura. Es este un pasaje muy importante: del encuentro y del conocimiento de Jesús, al anuncio. No sé si estoy preparado para esto, no sé si soy lo suficientemente abierto y luminoso para hacerme testigo de Él, que se me ha revelado con tanta claridad. ¿Tengo quizás miedo, me avergüenzo, no tengo fuerzas, soy perezoso, soy un pasota?

Una clave de lectura: El Cordero de Dios:

En el v. 36 Juan anuncia a Jesús como el cordero de Dios, repitiendo el grito ya emitido antes, el día anterior: “He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. La identificación de Jesús con el cordero está rebosante de alusiones bíblicas, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

El cordero aparece ya en el libro del Génesis, en el cap. 22, en el momento del sacrificio de Isaac; Dios provee un cordero, para que sea ofrecido como holocausto en vez del hijo. El cordero desciende del cielo y toma sobre sí la muerte del hombre; el cordero es inmolado para que el hijo viva.

En el libro del Éxodo, en el cap. 12, se ofrece el cordero pascual, sin mancha, perfecto; su sangre derramada salva a los hijos de Israel del exterminador, que pasa de casa en casa, en la noche. Desde aquel momento todo hijo quedará señalado, sellado, por aquella sangre de salvación. Así viene abierto el camino de la libertad, la vía del éxodo, para llegar a Dios, para entrar en la tierra por Él prometida. Empieza aquí la senda, que conduce hasta el Apocalipsis, hasta la realidad del cielo.

El elemento del sacrificio, de la degollación, del don total acompaña constantemente la figura del cordero; los libros del Levítico y de los Números nos ponen delante continuamente esta presencia santa del cordero: éste viene ofrecido todos los días en el holocausto cotidiano; se inmola en todos los sacrificios expiatorios, de reparación, de santificación.

También los profetas hablan de un cordero preparado para el sacrificio: oveja muda, esquilada sin abrir siquiera la boca, manso cordero conducido al matadero (Is 53,7; Jer 11,19). Cordero sacrificado sobre el altar, todos los días.

En el evangelio, es Juan el Bautista el que anuncia y descubre a Jesús como verdadero cordero de Dios, que toma sobre sí el pecado del hombre y lo borra con la efusión de su pura y preciosa sangre. Es Él, de hecho, el cordero inmolado al puesto de Isaac; es Él el cordero asado al fuego la noche de Pascua, Cordero de la liberación: es Él el sacrificio perenne al Padre, ofrecido por nosotros; es Él el siervo sufridor, que no se rebela, no recrimina, sino que se entrega silencioso por nuestro amor. San Pedro lo dice claramente: “Vosotros estáis liberado de vuestra conducta gracias a la sangre preciosa de Cristo, como cordero sin defecto y sin mancha (1Pet 1,19).

El Apocalipsis revela todo sobre el Cordero. Es Él el que puede abrir los sellos de la historia, de la vida de cada hombre, del corazón escondido, de la verdad (Ap 7,1.3.5.7.9.12.;8,1), es el vencedor, aquél que se sienta sobre el trono (Ap 5,6), es él el rey, digno de honor, alabanza, gloria, adoración (Ap 5, 12) Es Él el Esposo, que invita a su banquete de bodas (Ap 19,7); es la lámpara (Ap 21,23), el templo (Ap 21,22), el lugar de nuestro descanso eterno; Él es el pastor (Ap 7,17), al que seguiremos adonde vaya (Ap 14,4).

Ver:

En este pasaje encontramos por cinco veces expresiones referentes al ver, al encuentro de las miradas El primero es Juan, que tiene ya el ojo habituado a ver en lo profundo y a reconocer al Señor que viene y pasa; él debía dar testimonio a la luz y por esto tiene los ojos iluminados por dentro. En efecto, junto al río Jordán, él ve al Espíritu posarse sobre Jesús (Mt 3,16); lo reconoce como cordero de Dios (Jn 1, 29) y continuó mirando y fijando la mirada (v. 36) sobre Él para señalarlo a los discípulos. Y si Juan lo ve así, si es capaz de penetrar las apariencias, significa que ya antes había sido alcanzado por la mirada de Jesús, ya antes había sido iluminado. Como somos también nosotros. Apenas la mirada del testigo se apaga, se consigue la luz de los ojos de Cristo. En el v. 38 se dice que Jesús ve a los discípulos que lo siguen y el evangelista usa un verbo muy bello, que significa “fijar la mirada sobre alguno,” “mirar con penetración e intensidad”. El Señor obra verdaderamente así con nosotros: Él se vuelve hacia nosotros, se acerca, toma en serio nuestra presencia, nuestra vida, nuestro caminar en pos de Él y nos mira, a lo largo, sobre todo con amor, pero también con intensidad, con detención, con profunda atención. Su mirada no nos deja nunca solos. Sus ojos están fijos dentro de nosotros; están estampados en nuestras entrañas, como canta San Juan de la Cruz en su Cántico Espiritual.

Y después el Señor nos invita a abrir a su vez nuestros ojos, a comenzar a mirar de verdad; dice: “Venid y veréis”. Cada día nos lo repite, sin cansarse de dirigirnos esta invitación tierna y fuerte, rebosante de promesas y de dones. “Vieron donde moraba”, anota Juan, usando un verbo algo diverso, muy fuerte, que indica un ver profundo, que va más allá de las superficies y contactos, que entra en la comprensión, en el conocimiento y en la fe de lo que se ve. Los discípulos – y nosotros con ellos, en ellos – vieron, aquella tarde, donde moraba Jesús, o sea comprendieron y conocieron cual era su verdadera casa, no un lugar, no un espacio …

De nuevo vuelve el verbo gramatical del principio. Jesús fija su mirada sobre Simón (v. 42) y con aquella luz, con aquel encuentro de ojos, de almas, lo llama por el nombre y le cambia de vida, lo vuelve un hombre nuevo. Los ojos del Señor están también abiertos sobre nosotros y nos lavan de las obscuridades de nuestras tinieblas, iluminándolos de amor; con aquellos ojos Él nos está llamando, está haciendo de nosotros una nueva creación, está diciendo: “Sea la luz” y la luz fue.

Permanecer – morar: Este es otro verbo importantísimo, fortísimo, otra perla preciosa del Evangelio de Juan. En nuestro pasaje se encuentra tres veces, con dos significados diversos: habitar y permanecer. Los discípulos preguntan inmediatamente a Jesús dónde vive Él, dónde está su casa y Él los invita a caminar, a entrar, a quedarse. “Se quedaron con Él aquel día” (v.39). No es un quedarse físico, temporal; los discípulos no son sólo huéspedes de paso, que pronto se irán. No, el Señor les da espacio en su lugar interior, en su relación con el Padre y allí los acoge para siempre; pues dice: “Como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, estén también ellos en nosotros … yo en ellos y tú en mí” (Jn 17,21.23). Nos deja entrar y entra; nos deja tocar en la puerta y toca Él mismo; nos hace morar en Él y pone en nosotros su morada junto al Padre (Jn 14,23). Nuestra llamada a ser discípulos de Cristo y para ser sus anunciadores ante nuestros hermanos tiene su origen, su fundamento, su vitalidad, precisamente aquí, en esta realidad de la recíproca inhabitación del Señor en nosotros y de nosotros en Él; nuestra felicidad duradera y verdadera surge de la realización de este nuestro permanecer. Hemos visto donde Él vive, hemos conocido el lugar de su presencia y hemos decidido permanecer con Él, hoy y por siempre. “Permaneced en mí y yo en vosotros … Quien permanece en mí y yo en él lleva mucho fruto … Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y os será dado … Permaneced en mi amor” (Jn 15)

¡No, no iré a ningún otro, no me refugiaré en otro lugar sino en Ti Señor, mi morada, mi lugar de salvación! Permite, te ruego, que yo permanezca aquí, junto a ti, por siempre. Amén.

Un momento de oración: Salmo 34

Rit. Tu rostro, oh Señor, yo busco, no me escondas tu rostro.

Consulté a Yahvé y me respondió: me libró de todos mis temores.

Los que lo miran quedarán radiantes, no habrá sonrojo en sus semblantes. Si grita el pobre, Yahvé lo escucha, y lo salva de todas sus angustias.

El ángel de Yahvé pone su tienda en torno a sus adeptos y los libra.

Gustad y ved lo bueno que es Yahvé, dichoso el hombre que se acoge a él. Respetad a Yahvé, santos suyos, que a quienes le temen nada les falta. Los ricos empobrecen y pasan hambre, los que buscan a Yahvé de ningún bien carecen. Venid, hijos, escuchadme, os enseñaré el temor de Yahvé. Los ojos de Yahvé sobre los justos, sus oídos escuchan sus gritos;

Cuando gritan, Yahvé los oye y los libra de sus angustias; Yahvé está cerca de los desanimados, él salva a los espíritus hundidos.

Muchas son las desgracias del justo, pero de todas le libra Yahvé;

Oración final

Padre, te doy gracias por haberme concedido la presencia de tu Hijo Jesús en las palabras luminosas de este evangelio; gracias por haberme hecho escuchar su voz, por haber abierto mis ojos para reconocerlo; gracias por haberme puesto en el camino para seguirlo y entrar en su casa. Gracias porque puedo morar con Él, en Él y porque Él, y contigo, estáis en mí. Gracias por haberme, una vez más llamado, haciendo nueva mi vida. Haz de mí, te ruego un instrumento de tu amor: que yo no deje nunca de anunciar al Cristo que viene; que yo no me avergüence, no me cierre, no me apague, sino que me vuelva siempre más feliz, por llevar a Él, a los hermanos y hermanas que tú me haces encontrar cada día. Amén.

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Lectio divina, Dom, 3 ene, 2021

Juan 1,1-18

Domingo segundo después de Navidad

Un retrato diverso de Jesús – Las palabras de un Cántico de la Comunidad (Juan 1,1-18)

Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

Lectura

Clave de lectura – el contexto literario:

Este domingo meditamos sobre el Prólogo solemne del Evangelio de Juan. El Prólogo es el portón de entrada. Es la primera cosa que se escribe. Es como un resumen final, puesto al principio. Bajo la forma de una poesía profunda, misteriosa y muy solemne, Juan ofrece un resumen de todo aquello que dirá sobre Jesús en los veintiún capítulos de su evangelio. Probablemente esta poesía era de un cántico de la comunidad, utilizado y adaptado después por Juan.

El cántico comunicaba la experiencia que la comunidad tenía de Jesús, Palabra de Dios. También hoy, tenemos muchos cantos y poesías que tratan de traducir y comunicar quién es Jesús para nosotros. Revelan la experiencia que nuestras comunidades tienen de Jesús. Una poesía es como un espejo. Ayuda a descubrir las cosas que están dentro de nosotros. Cada vez que escuchamos o repetimos con atención una poesía, descubrimos cosas nuevas, sea en la poesía misma, como dentro de nosotros. En el curso de la lectura del prólogo del evangelio de Juan es bueno activar la propia memoria y tratar de recordar cualquier cántico o poesía sobre Jesús, de nuestra infancia, una que haya marcado nuestra vida.

Una división del texto para ayudarnos en la lectura:

  • Juan 1,1-5: La Palabra de Dios es luz para todos los seres humanos Juan 1,6-8: Juan Bautista no era la Luz
  • Juan 1,9-11: Los suyos no lo han recibido
  • Juan 1, 12-13: Los que lo reciben llegan a ser hijos de Dios Juan 1,14: La Palabra se hizo carne
  • Juan 1,15-17: Moisés dio la Ley, Jesús da la Gracia y la Verdad.
  • Juan 1,18: Es como la lluvia que lava

El texto:

Del Evangelio según Juan 1,1-18

En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio junto a Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada Lo que se hizo en ella era la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre, viniendo a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; los cuales no nacieron de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre sino que nacieron de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Unigénito, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y clama: «Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.» Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, él lo ha contado.

Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

  • Qué frase del Prólogo te ha llamado más la atención?
  • ¿Cuáles son las imágenes usadas por Juan en esta poesía para decir qué era Jesús para la Comunidad?
  • ¿Cuál es la cosa nueva que la poesía de Juan hace descubrir en mi?
  • La poesía de Juan dice: “La Palabra vino entre su gente, pero los suyos no la recibieron” (Jn 1,11). ¿Qué significa esta frase? ¿Cómo sucede esto hoy?
  • ¿Cuáles son los hechos o las personas del Antiguo Testamento que se recuerdan en el Prólogo?

Para aquellos que desean profundizar más en el texto

El contexto:

Sobre el Prólogo de Juan se han escrito multitud de libros. Y cada año se publican nuevos. Pero no agotarán el contenido del tema. Y esto porque el Prólogo es como un manantial, como una fuente. Cuanto más agua se saca del manantial, más agua dará. Quien mete su cabeza sobre el mismo manantial o fuente y mira dentro, ve su rostro reflejado en el agua de la fuente. Describiendo el rostro que se ve, se describen dos cosas: se comenta el agua de la fuente, el prólogo, y se dice aquello que se ha descubierto en el interior de la persona misma.

El Prólogo ayuda a entender porqué el IV Evangelio es tan diverso de los otros evangelios. En el Prólogo Juan nos presenta la visión que él tiene de Jesús, Palabra de Dios y describe el recorrido de la Palabra. Ella estaba junto a Dios desde el principio de la creación y por medio de ella todo fue creado. Todo cuanto existe es una expresión de la Palabra de Dios. Y aún estando presente en todo, el Verbo ha querido meterse todavía más junto a nosotros y por esto se ha hecho carne en Jesús, ha vivido en medio de nosotros, ha desarrollado su misión y ha vuelto al Padre. Jesús es la Palabra viva de Dios. En todo lo que dice y hace se revela el Padre: “¡Quien me ve , ve al Padre! (Jn 14,9). Él y el Padre “somos una misma cosa” (Jn 10,30)

Comentarios al texto:

  • Juan 1,1-5: La Palabra de Dios es luz para todo ser humano

Diciendo “Al principio existía la Palabra”, Juan nos hace pensar en la primera frase de la Biblia que dice: “Al principio Dios creó el cielo y la tierra” (Gén 1,1). Dios creó mediante su Palabra. “Él habló y las cosas comenzaron a existir” (Sal 33,9; 148,5). Todas las creaturas son una expresión de la Palabra de Dios. Aquí, desde el principio, tenemos la primera señal de la apertura ecuménica y ecológica del Cuarto Evangelio.

El Prólogo dice que la presencia universal de la Palabra de Dios es vida y luz para todo ser humano. Pero la mayoría de las personas no perciben la Buena Noticia de la presencia luminosa de la Palabra de Dios en sus vidas. La Palabra viva de Dios, presente en todas las cosas, brilla en las tinieblas, pero las tinieblas no la vencieron.

  • Juan 1,6-8: Juan Bautista no era la Luz

Juan Bautista vino para ayudar a la gente a descubrir esta presencia luminosa y consoladora de la Palabra de Dios en la vida. El testimonio de Juan Bautista fue tan importante, que hasta el final del primer siglo, época en que fue escrito el Cuarto Evangelio, vivían personas que pensaban que él, Juan, ¡fuese el Mesías! (Act 19,3; Jn 1,20). Por esto, el Prólogo aclara diciendo: “¡Juan no era la Luz! ¡Vino para dar testimonio de la luz!”

  • Juan 1,9-11: Los suyos no la acogieron

Así como la Palabra de Dios se manifiesta en la naturaleza, en la creación, así ciertamente se manifiesta en el “mundo”, o sea, en la historia de la humanidad, y en particular, en la historia del pueblo de Dios.

Cuando se habla de mundo, Juan quiere indicar un sistema, sea el del imperio como el de la religión de la época, sistemas cerrados en sí mismos y por tanto incapaces de reconocer y de recibir la presencia luminosa de la Palabra de Dios. El “mundo”, ni lo reconoció, ni acogió la Palabra. Desde los tiempos de Abrahán y Moisés, la Palabra “vino a los suyos, pero los suyos no la reconocieron.”

  • Juan 1,12-13: Los que lo aceptan llegan a ser hijos de Dios

Pero aquellas personas que se abrieron aceptando la Palabra, llegaron a ser hijos de Dios. La persona llega a ser hijo de Dios no por propio mérito, sino por el simple hecho de tener confianza y creer que Dios, en su bondad, nos acepta y nos acoge. La Palabra entra en la persona y hace que ésta se sienta acogida por Dios como hijo, como hija. Es el poder de la gracia de Dios.

  • Juan 1,14: La Palabra se hizo carne

Dios no quiere estar lejos de nosotros. Por esto su Palabra se hizo vecina a nosotros y se hizo presente en medio de nosotros en la persona de Jesús. El Prólogo dice literalmente: “La Palabra se hizo carne y puso su tienda entre nosotros”. Antiguamente, en el tiempo del Éxodo, Dios moraba en una tienda, no en medio del pueblo. Ahora la tienda donde Dios mora con nosotros es Jesús “lleno de gracia y de verdad”. Jesús viene a revelar quién es este Dios que está presente en todo, desde el principio de la creación.

  • Juan 1,15-17: Moisés dio la Ley, Jesús ha venido a traer la Gracia y la Verdad

Estos versos nos dan testimonio de Juan Bautista. Juan comenzó su predicación antes que Jesús, pero Jesús existía antes que él. Jesús es la Palabra que ya estaba en Dios desde antes de la creación. Moisés, dándonos la Ley, nos manifestó la voluntad de Dios. Jesús nos da la plenitud de la gracia y de la verdad que nos ayudan a entender y a observar la Ley.

  • Juan 1,18: Es una lluvia que lava

Este último verso lo resume todo. Evoca la profecía de Isaías, según la cual la Palabra de Dios es como una lluvia que viene del cielo y no regresa a él sin haber realizado su misión aquí sobre la tierra (Is 55,10-11). Así es el camino de la Palabra de Dios. Viene de Dios y desciende entre nosotros en la persona de Jesús. Mediante la obediencia de Jesús, realiza su misión aquí en la tierra. En la hora de su muerte, Jesús entrega su espíritu y vuelve al Padre (Jn 19,30). Cumplida la misión que había recibido.

Profundizando: las raíces del Prólogo del evangelio de Juan:

  • La raiz de la Sabiduria Divina – El Evangelio de Juan es un texto poético y simbólico. Es difícil decir de dónde extrae el autor las ideas e imágenes tan bellas para construir esta poesía. Una cosa sin embargo es cierta: que en su cabeza rondaba la preocupación por demostrar que en Jesús se realizaron todas las profecías del Antiguo Testamento. Por esto, hablando de Jesús, evoca puntos centrales del Antiguo Testamento. En el Prólogo, encontramos muchas semejanzas con los poemas del Antiguo Testamento que presentan a la Sabiduría Divina bajo la forma de una persona (Pro 9,1-6), que ya existía antes de todas las cosas. Participó en la creación del mundo como artista y artífice del universo, recreándose en la superficie de la tierra y regocijándose con la humanidad (Pro 8,22-31). Deseosa de relaciones amistosas, invita a las personas a probar la dulzura de su miel y de sus frutos (Eccl 22,18-20). Por las calles, en las plazas y en las encrucijadas anuncia su palabra y pide seguir sus consejos (Pro 1,18-20). La Sabiduría es luz y vida: “Si bien es única, ella lo puede todo; aún permaneciendo en sí misma, todo lo renueva. Ella es en realidad más bella que el sol y supera a cualquier constelación de astros” (Sab 7,26-29; cfr 1 Jn 1,5). Ciertamente las comunidades de Juan conocían estos pasajes y Juan se inspiró en ellos para componer el poema con el que empieza su evangelio.
  • La raiz apocalíptica – Hay otro punto de vista que tuvo su influjo en el prólogo del Cuarto Evangelio. En el Antiguo Testamento había una creencia popular, llamada Apocalíptica, según la cual junto a Dios, en el cielo, estaban dos personajes para ayudarlo a gobernar el mundo y a juzgar la humanidad: un acusador (Jn 1,6) y un defensor o redentor (Jn 19,25). El Acusador mantenía a Dios informado sobre nuestras fechorías. El Defensor o Abogado asumía nuestra defensa ante el Juez. El Acusador en hebreo se dice Satanás. El Defensor es Go’el. Los primeros cristianos decían: “Jesús es nuestro Defensor o Salvador ante Dios (Lc 2,11). Para defendernos ha bajado del cielo y , estando aquí en la tierra, tomó nuestros dolores, vino a vivir como nosotros y se hizo nuestro siervo. Cargó sobre él las acusaciones que el acusador hacía contra nosotros y las eliminó, clavándolas en la cruz” (Col 2,13-15). Así el Acusador (satanás) perdió su función y fue arrojado fuera del cielo (Ap 12,7-9). ¡ Jesús vino a liberarnos! Mediante su muerte y resurrección, Él se convirtió en nuestro Defensor (Goel). Resucitado, volvió al Padre abriendo el camino a todos nosotros. Él es el camino, la verdad y la vida que nos devuelve a la casa del Padre. Este es el resumen del prólogo que es también el resumen de todo el evangelio de Juan.

Oración:

Salmo 19 (18) “¡La Palabra de Dios es la verdad!”

Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento anuncia la obra de sus manos; el día al día comunica el mensaje, la noche a la noche le pasa la noticia. Sin hablar y sin palabras, y sin voz que pueda oírse, por toda la tierra resuena su proclama, por los confines del orbe sus palabras. En lo alto, para el sol, plantó una tienda, y él, como esposo que sale de su alcoba, se recrea, como atleta, corriendo su carrera. Tiene su salida en un extremo del cielo, y su órbita alcanza al otro extremo, sin que haya nada que escape a su ardor. La ley de Yahvé es perfecta, hace revivir; el dictamen de Yahvé es veraz, instruye al ingenuo. Los preceptos de Yahvé son rectos, alegría interior; el mandato de Yahvé es límpido, ilumina los ojos. El temor de Yahvé es puro, estable por siempre; los juicios del Señor veraces, justos todos ellos, apetecibles más que el oro, que el oro más fino; más dulces que la miel, más que el jugo de panales. Por eso tu siervo se empapa en ellos, guardarlos trae gran ganancia;

Pero ¿quién se da cuenta de sus yerros? De las faltas ocultas límpiame. Guarda a tu siervo también del orgullo, no sea que me domine; entonces seré irreprochable, libre de delito grave. Acepta con agrado mis palabras, el susurro de mi corazón, sin tregua ante ti, Yahvé, Roca mía, mi redentor.

Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

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Lectio divina, sab, 2 ene, 2021

Juan 1,19-28

Tiempo de Navidad

Oración inicial

Dios todopoderoso: que tu Salvador, luz de redención que surge en el cielo, amanezca también en nuestros corazones y los renueva siempre. Por nuestro Señor. Amen.

Lectura

Del Evangelio según Juan 1,19-28

Y este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: «¿Quién eres tú?» Él confesó, y no negó; confesó: «Yo no soy el Cristo.» Y le preguntaron: «¿Qué pues?; ¿Eres tú Elías?» Él dijo: «No lo soy».» – «¿Eres tú el profeta?» Respondió: «No.» Entonces le dijeron: «¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?» Dijo él: «Yo soy la voz del que clama en el desierto:

Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías». Habían sido enviados por los fariseos. Y le preguntaron: «¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?» Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia.» Esto ocurrió en Bethabara, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

Reflexión

  • El evangelio de hoy habla del testimonio de Juan Bautista. Los judíos enviaron a “sacerdotes y levitas” para interrogarlo. Asimismo, algunos años después, mandaron a algunas personas a que controlaran la actividad de Jesús (Mc 3,22). Hay una semejanza muy grande entre las respuestas de la gente respecto a Jesús y las preguntas que las autoridades hicieron a Juan. Jesús preguntó a los discípulos: “¿Quién dice la gente que yo soy?” Ellos respondieron: “Elías, Juan Bautista, Jeremías; algunos de los profetas” (cf. Mc 8,27-28). Las autoridades plantearon las mismas preguntas a Juan: “¿Quién eres: el Mesías, Elías, el Profeta?” Juan respondió citando al profeta Isaías: “Yo soy la voz del que grita en el desierto: preparad el camino al Señor”. Los otros tres evangelios tienen también la misma afirmación respecto de Juan: no es el Mesías, pero vino a preparar la llegada del Mesías. (cf. Mc 1,3; Mt 3,3; Lc 3,4). Los cuatro evangelios prestan una gran atención a la actividad y al testimonio de Juan Bautista. ¿Cuál es el motivo de esta insistencia de los evangelios en decir que Juan no es el Mesías?
  • Juan Bautista había sido ejecutado por Herodes, alrededor del año 30. Pero hasta finales del siglo primero, época en la que fue escrito el Cuarto Evangelio, el liderazgo de Juan Bautista seguía siendo muy fuerte entre los judíos. Hasta después de su muerte la memoria de Juan seguía ejerciendo una gran influencia en la vida de fe de la gente. Era considerado como un profeta (Mc 11,32). Era el primer gran profeta que apareció después de siglos de ausencia de profetas. Muchos le consideraban como el Mesías. Cuando en los años 50, Pablo pasó por Efeso allí en Asia Menor, encontró a un grupo de personas que habían sido bautizadas en el nombre de Juan (cf. He 19,1-4). Por ello, era importante divulgar el testimonio de Juan Bautista quien afirmaba que no era el Mesías y apuntaba a Jesús como el Mesías. Y así Juan contribuía a irradiar mejor la Buena Noticia de Jesús.
  • “¿Por qué bautizas entonces, si no eres el Cristo, ni Elías, ni el Profeta?” La respuesta de Juan es otra afirmación que apunta hacia Jesús como el Mesías: «Yo bautizo con agua, pero hay uno en medio de ustedes a quien no conocen. El viene detrás de mí, y yo no merezco soltarle la correa de la sandalia». Y un poco más adelante (Jn 1,33), Juan hace alusión a las profecías que anunciaban la efusión del Espíritu para los tiempos mesiánicos: “Verás el Espíritu bajar sobre aquel que ha de bautizar con el Espíritu Santo, y se quedará en él” (cf Is 11,1-9; Ez 36,25-27; Joel 3,1-2).

Para la reflexión personal

  • ¿Ha habido en mi vida algún Juan Bautista que preparaba el camino a Jesús?
  • Juan fue humilde: no se hizo mayor de lo que era en realidad. ¿Has sido bautista para alguien?

Oración final

Los confines de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios. ¡Aclama a Yahvé, tierra entera, gritad alegres, gozosos, cantad! (Sal 98,3-4)

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Lectio divina, vie, 1 ene, 2021

Lucas 2,16-21

Santa María, Madre de Dios

Visita de los Pastores a Jesús y a su Madre Los marginados son preferidos por Dios

Lucas 2,16-21

Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

Lectura

Clave de lectura:

El motivo que mueve a José y a María a llegarse a Belén fue un censo impuesto por el emperador de Roma (Lc 2,17). Periódicamente, las autoridades romanas decretaban estos censos en las diversas regiones del inmenso imperio. Se trataba de controlar a la población y saber cuántas personas debían pagar los impuestos. Los ricos pagaban los impuestos sobre los terrenos y bienes que poseían. Los pobres por el número de hijos que tenían. A veces el impuesto total superaba el 50% del rédito de la persona.

En el evangelio de Lucas notamos una diferencia significativa entre el nacimiento de Jesús y el nacimiento de Juan Bautista. Juan nace en su casa, en su tierra, en medio de sus parientes y vecinos y es acogido por todos. (Lc 1,57-58). Jesús nace desconocido, fuera del ambiente familiar y de los vecinos, fuera de su tierra. “ No había puesto para ellos en el mesón”. Debió ser dejado en un pesebre (Lc 2,7). Intentemos colocar y comentar nuestro texto (Lc 2,16-21) en el amplio contexto de la visita de los pastores (Lc 2,8-21). Durante la lectura tratemos de estar atento a lo que sigue: ¿Cuáles son las sorpresas y contrastes que aparecen en este texto?

Una división del texto para ayudarnos en la lectura:

  • Lucas 2,8-9: Los pastores en el campo, los primeros invitados
  • Lucas 2,10-12: El primer anuncio de la Buena Noticia se hace a los pastores
  • Lucas 2,13-14: La alabanza de los ángeles
  • Lucas 2,15-18: Los pastores van a Belén y cuentan la visión de los ángeles
  • Lucas 2,19-20: Comportamiento de María y de los pastores ante los hechos
  • Lucas 2, 21: La circuncisión del pequeño Jesús

Texto:

Del Evangelio según Lucas 2:8-21

8 Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño.9 Se les presentó el ángel del Señor, la gloria del Señor los envolvió en su luz y se llenaron de temor. 10 El ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: 11 os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; 12 y esto os servirá de señal:  encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» 13 Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial que alababa a Dios diciendo: 14 «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace.» 15 Cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vamos a Belén a ver lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado.» 16 Fueron a toda prisa y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 17 Al verlo, contaron lo que les habían dicho acerca de aquel niño; 18 y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. 19 María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón. 20 Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como se les había dicho. 21 Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le puso el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.

Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

  • ¿Qué es lo que más te ha gustado en este texto? ¿Por qué?
  • ¿Cuáles son las sorpresas y contrastes que aparecen en el texto?
  • ¿De qué modo el texto enseña que el pequeño es el más grande en el cielo y el más pobre en la tierra?
  • ¿Cuáles son las conductas de María y de los pastores ante el Misterio de Dios que se les revela?
  • ¿Cuál es el mensaje que Lucas quiere comunicarnos por medio de estos detalles?

Para aquéllos que desean profundizar más en el tema

Contexto de entonces y de hoy

El texto de esta fiesta de la Madre de Dios (Lc 2,16-21) forma parte de la descripción más amplia del nacimiento de Jesús (Lc 2,1-7) y de la visita de los pastores (Lc 2,8-21). El ángel había anunciado el nacimiento del Salvador, dando una señal para reconocerlo: “Encontraréis un niño envuelto en pañales, y acostado en un pesebre.” Ellos esperaban al Salvador de todo un pueblo y deberán reconocerlo en un niño recién nacido, pobre, que yace entre dos animales. ¡Gran sorpresa!

El plan de Dios acontece de modo inesperado, lleno de sorpresa. Esto sucede hoy también.

¡Un niño pobre será el Salvador del mundo! ¿Te lo puedes creer?

Comentario del texto:

  • Lucas 2,8-9: Los primeros invitados

Los pastores eran personas marginadas, poco apreciadas. Vivían junto con los animales, separados del resto de la humanidad. A causa del contacto permanente con los animales eran considerados impuros. Nunca, nadie les hubiera invitado a visitar a un recién nacido. Pero precisamente a estos pastores aparece el Ángel del Señor para transmitirle la gran noticia del nacimiento de Jesús. Ante la aparición de los ángeles ellos se llenan de temor.

  • Lucas 2,10-12: El primer anuncio de la Buena Nueva

La primera palabra del ángel es: ¡No temáis! La segunda es: ¡Gozo para todo el pueblo! La tercera es: ¡Hoy! Para enseguida dar tres nombres como queriéndonos indicar quien es Jesús: ¡Salvador, Cristo y Señor! ¡Salvador es aquél que libera a todos de todo lo que les ata! A los gobernantes de aquel tiempo les gustaba usar el título de Salvador. Ellos mismos se atribuían el título de Soter = Salvador). Cristo significa ungido o mesías. En el Viejo Testamento éste era el título que se le daba a los reyes y a los profetas. Era también el título del futuro Mesías que cumpliría las promesas de Dios con respecto al pueblo. Esto significa que el recién nacido, que yace en un pesebre, viene a realizar la esperanza del pueblo. ¡Señor era el nombre que se daba a Dios mismo! Aquí tenemos los tres títulos más grandes que se pueda imaginar. A partir de este anuncio del nacimiento de Jesús Salvador Cristo Señor, imagínate alguno con una categoría más elevada. El ángel te dice: “¡Atención! Te doy esta señal de reconocimiento: encontrarás a un niño en un pesebre, en medio de los pobres!” ¿Tú lo creerías? ¡El modo como Dios obra es diverso del nuestro!

  • Lucas 2,13-14: Alabanza de los ángeles: Gloria a Dios en lo más alto del cielo, Paz en la tierra a los hombres en quienes Él se complace

Una multitud de ángeles aparece y desciende del cielo. Es el cielo el que se plega sobre la tierra. Las dos frases del versículo resumen el proyecto de Dios, su plan. La primera dice qué sucede en el mundo de arriba: Gloria Dios en lo más alto del cielo. La segunda dice lo que sucederá en el mundo de aquí abajo: ¡Paz en la tierra a los hombres que Él ama! Si la gente pudiera experimentar lo que verdaderamente significa ser amados por Dios, todo cambiaría y la paz habitaría en la tierra. Y sería ésta la mayor gloria de Dios que vive en lo más alto.

  • Lucas 2, 15-18: Los pastores van hasta Belén y cuentan la visión de los ángeles

La Palabra de Dios no es un sonido producido por la boca. Es sobre todo ¡un acontecimiento! Los pastores dicen literalmente: “Vayamos a ver esta palabra que se ha verificado y que el Señor nos ha manifestado” En hebreo, la expresión DABAR puede significar al mismo tiempo palabra y cosa (acontecimiento), generado por la palabra. La palabra de Dios tiene fuerza creadora. Cumple lo que dice. En la creación dijo Dios: “¡Hágase la luz! ¡Y la luz se hizo!” (Gén 1,3). La palabra del ángel a los pastores es el acontecimiento del nacimiento de Jesús.

  • Lucas 2,19-20: Conducta de María y de los pastores ante los hechos, ante la palabra

Lucas añade enseguida que “María conservaba estas palabras (acontecimientos) meditándolos en su corazón”. Son dos modos de percibir y acoger la Palabra de Dios: (i) Los pastores se levantan y van para ver los hechos y verificar en ellos la señal que se les había dado por el ángel, y después, vuelven a sus rebaños glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían visto y oído. (ii) María, por su parte, conservaba con cuidado todos los acontecimientos en la memoria y los meditaba en su corazón. Meditar las cosas significa rumiarlas e iluminarlas con la luz de la Palabra de Dios, para así llegar a entender mejor todo el significado para la vida.

  • Lucas 2,21: La circuncisión y el Nombre de Jesús.

De acuerdo con una norma de la Ley, el pequeño Jesús es circuncidado el octavo día después de su nacimiento (cf Gén 17,12). La circuncisión era una señal de pertenencia al pueblo. Daba identidad a la persona. En esta ocasión cada niño recibía su nombre (cf Lc 1,59-63). El niño recibe el nombre de Jesús que le había sido dado por el ángel, antes de ser concebido. El ángel había dicho a José que el nombre del niño debía ser Jesús “él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1,21). El nombre de Jesús es Cristo, que significa Ungido o Mesías. Jesús es el Mesías esperado. Un tercer nombre es Emmanuel, que significa Dios con nosotros (Mt 1,23). ¡El nombre completo es Jesús Cristo Emmanuel!

Ampliando informaciones: María en el evangelio de Lucas

  • La función de los dos primeros capítulos del Evangelio de Lucas:

Se trata de dos capítulos bastantes conocidos, pero pocos profundizados. Lucas los escribe imitando los escritos del Viejo Testamento. Es como si estos dos capítulos fuesen los últimos del Viejo Testamento abriendo la puerta para la llegada del Nuevo Testamento. En estos capítulos nos hace sentir el perfume de un ambiente de ternura y alabanza. Del principio al fin, se alaba y canta la misericordia de Dios que, finalmente, viene a cumplir sus promesas. Lucas nos muestra cómo Jesús, cumple el Viejo Testamento iniciando el Nuevo Testamento. Y lo cumple a favor de los pobres, de los anawim, de aquéllos que sabrán esperar su venida: Isabel, Zacarías, José, Simeón, Ana , los pastores. Por esto, los dos primeros capítulos no son historia según el sentido que hoy le damos a la historia. Sirven mucho más como un espejo, en el que los destinatarios, los cristianos convertidos del paganismo, podían descubrir quién era Jesús y cómo había venido para realizar las profecías del Viejo Testamento, respondiendo a las más profundas aspiraciones del corazón humano. Era espejo también de lo que estaba acaeciendo en las comunidades del tiempo de Lucas. Las comunidades venidas del paganismo nacerán de las comunidades de los judíos convertidos. Pero ellos eran diferentes. El Nuevo Testamento no correspondía a lo que el Viejo Testamento imaginaba y esperaba. Era “la señal de contradicción” (Lc 2,34), causaba tensión y era fuente de muchos dolores. En la conducta de María, Lucas presenta un modelo de cómo las comunidades podían reaccionar y perseverar en el Nuevo.

  • La clave de lectura:

En estos dos capítulos Lucas presenta a María como modelo para la vida de las comunidades. La clave nos viene dada en aquel episodio en la que una mujer del pueblo elogia a la madre de Jesús. Jesús modifica el elogio y dice : “Dichosos aquéllos que escuchan la palabra de Dios y la guardan” (Lc 11,27-28) Aquí está la grandeza de María. Es en el modo en el que María sabe referirse a la Palabra de Dios en el que las comunidades contemplan el modo más correcto de relacionarse con la Palabra de Dios: acogerla, encarnarla, vivirla, profundizarla, rumiarla, hacerla nacer y crecer, dejarse plasmar por ella, aun cuando no se entienda o cuando nos hace sufrir. Es ésta la visión que subyace en los dos títulos de los capítulos 1 y 2 del Evangelio de Lucas, que hablan de María, la madre de Jesús.

Aplicando la clave a los textos:

  • Lucas 1,26-38 – La Anunciación:

“¡Hágase en mí según tu palabra! Saber abrirse, de modo que la Palabra de Dios sea acogida y se encarne.

  • Lucas 1,39-45 – La Visitación:

¡Dichosa la que ha creído!” Saber reconocer la Palabra de Dios en los hechos de la vida

  • Lucas 1,46-56 – El Magnificat:

“¡El Señor ha hecho cosas grandes en mí!” Un canto subversivo de resistencia y esperanza

  • Lucas 2,1-20: El Nacimiento:

“Ella conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” No había puesto para ellos. Los marginados acogen la Palabra

  • Lucas 2,21-32: La Presentación:

¡Mis ojos han visto tu salvación!” Los muchos años purifican los ojos

  • Lucas 2,33-38: Simeón y Ana:

“Una espada te traspasará el alma” Ser cristianos quiere decir ser señales de contradicción

  • Lucas 2,39-52: A los doce años:

“¿No sabíais que yo debo ocuparme de las cosas de mi Padre?” ¡Ellos no entendieron lo que les decía!

Los contrastes que más resaltan en nuestro texto:

  • En las tinieblas de la noche brilla una luz (2,8-9)
  • El mundo arriba, el cielo parece envolver a nuestro mundo aquí abajo (2,13)
  • La grandeza de Dios se manifiesta en la pequeñez de un niño (2,7)
  • La gloria de Dios se hace presente en un pesebre, junto a animales (2,16)
  • El miedo provocado por la repentina aparición del ángel se convierte en alegría (2,910)
  • Las personas marginadas de todo son las primeras invitadas (2,8). Los pastores reconocen a Dios presente en un niño (2,20)

Rezar con el Salmo 23 (22)

“¡El Señor es mi pastor!”

Yahvé es mi pastor, nada me falta. En verdes pastos me hace reposar. Me conduce a fuentes tranquilas, allí reparo mis fuerzas.

Me guía por cañadas seguras haciendo honor a su nombre. Aunque fuese por valle tenebroso, ningún mal temería, pues tú vienes conmigo; tu vara y tu cayado me sosiegan. Preparas ante mí una mesa, a la vista de mis enemigos; perfumas mi cabeza, mi copa rebosa.

Bondad y amor me acompañarán todos los días de mi vida, y habitaré en la casa de Yahvé un sinfín de días.

Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

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